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Antón Castro

LUIS PASTOR Y OCTAVIO PAZ

LUIS PASTOR Y OCTAVIO PAZ

[El pasado jueves conocí a Carmen Peire, que fue representante de cantautores, entre ellos de Labordeta, y compañera durante varios años de Luis Pastor. Hablamos de una de mis canciones preferidas de Luis, ‘Voy por tu cuerpo’, tomada de ‘Piedra de sol’ de Octavio Paz. Encuentro esta versión más moderna (con Lourdes Guerra) que la que yo conocía, que pertenece a sus primeros discos, en concreto a uno estupendo como ‘Fidelidad’. En spotify puede oírse la primera versión, más lenta, con un especial sonido de flautas. Carmen Peire ha trabajado durante casi cuatro años en la edición de ‘Luis Buñuel, novela’ (Cuadernos del Vigía) y ha editado otros trabajos de Max Aub.]

 

http://www.youtube.com/watch?v=mDfrv953bsI

 

POR TU CUERPO

 

 

Voy por tu cuerpo como por el mundo,

tu vientre es una plaza soleada,

tus pechos dos iglesias donde oficia

la sangre sus misterios paralelos,

mis miradas te cubren como yedra,

eres una ciudad que el mar asedia,

una muralla que la luz divide

en dos mitades de color durazno,

un paraje de sal, rocas y pájaros

bajo la ley del mediodía absorto,

 

vestida del color de mis deseos

como mi pensamiento vas desnuda,

voy por tus ojos como por el agua,

los tigres beben sueño de esos ojos,

el colibrí se quema en esas llamas,

voy por tu frente como por la luna,

como la nube por tu pensamiento,

voy por tu vientre como por tus sueños,

 

tu falda de maíz ondula y canta,

tu falda de cristal, tu falda de agua,

tus labios, tus cabellos, tus miradas,

toda la noche llueves, todo el día

abres mi pecho con tus dedos de agua,

cierras mis ojos con tu boca de agua,

sobre mis huesos llueves, en mi pecho

hunde raíces de agua un árbol líquido,

 

voy por tu talle como por un río,

voy por tu cuerpo como por un bosque,

como por un sendero en la montaña

que en un abismo brusco se termina

voy por tus pensamientos afilados

y a la salida de tu blanca frente

mi sombra despeñada se destroza,

recojo mis fragmentos uno a uno

y prosigo sin cuerpo, busco a tientas...

 

Octavio Paz

 

ADIÓS A JOSÉ ANTONIO NOAIN

ADIÓS A JOSÉ ANTONIO NOAIN

 

María Ruiz-Calvente, gran amiga y antigua alumna de José Antonio Noain, hermano de La Salle que tradujo las memorias de Rubinstein, al que le publiqué una entrevista en HERALDO: http://www.heraldo.es/noticias/suplementos/artes_letras/rubinstein_fue_musico_integral.html me escribe y comunica que acaba de fallecer. Dice María: “Fue mi profesor de Latín durante el Bachillerato en el colegio La Salle Franciscanas Gran Vía (ubicado en la Plaza San Francisco). Ayer recibí una triste llamada de otro hermano de La Salle, exprofesor mío, diciéndome que se lo encontraron ayer por la mañana en su cuarto... Llevaba un tiempo más delgado y débil y creen que tendría cancer pero como era muy reservado se lo callaba...

El funeral se celebrará esta tarde en San Asensio (La Rioja) a las 16.00h. Y el domingo a las 12.00h habrá una misa en el colegio La Salle Gran Vía (plaza San Francisco)”.

 

Reproduzco aquí la entrevista de nuevo.

 

 

 

¿Qué es lo que le atrajo de Arthur Rubinstein? ¿Era uno de tus pianistas favoritos o algo así?
Le ‘conocí’ en Salamanca en 1958 oyendo su vinilo del concierto ‘Emperador’ de Beethoven. En Eibar, tres años después, volví a escucharle en otros vinilos con los conciertos de Grieg en la menor y el número 2 en do menor de Rachmaninov. Pero le descubrí verdaderamente cuando tuve en mis manos el disco con los ‘Scherzos’ y ‘Baladas’ de Chopin. Entonces casi sólo se oía hablar de él y de Wladimir Horowitz. Éste era arrebatador; Rubinstein sin serlo menos, añadía un touché aterciopelado y conseguía hacer cantar al piano como nadie. Era totalmente contrario a considerarlo un simple instrumento de percusión, según Stravinski.

La música clásica está llena de grandes maestros. ¿Cómo definiría al pianista polaco?
Ante todo es un músico integral. Él mismo se considera así. No tocó exclusivamente obras escritas para piano solo sino que dominó de memoria grandes óperas, transcripciones de sinfonías, de obras para órgano, de operetas, algunas de ellas realizadas por él mismo. Wagner estuvo en su punto de mira desde que era jovencísimo estudiante en Berlín a sus diez años. Padecía de ‘wagneritis’. ‘Tristán e Isolda’ fue la obra que le produjo la mayor satisfacción en aquella temprana edad. Rubinstein era absolutamente contrario a clasificaciones en el mundo de la interpretación, y se enfadaba cuando en alguna entrevista le consideraban el mejor pianista de la historia. Es muy interesante la entrevista que le hizo en inglés Robert McNeil, titulada ‘Rubinstein at 90’.

Rubinstein tiene una pequeña leyenda zaragozana: dicen que fue determinante en la carrera de Luis Galve, tocó varias veces en Zaragoza, en el Teatro Principal.
Llegué a Zaragoza el 31 de julio de 1964. Llevaba ya seis años siguiéndole la pista, pues. Tocó en el Teatro Principal en 1973 pero me fue imposible escucharle en directo; no conseguí entrada, ya que entonces yo no era socio de la Filarmónica. En la Sala Rono hay (o, al menos, había) una fotografía del gran pianista dedicada a Mariano García. En Zaragoza he adquirido, sin duda, el 95% de las interpretaciones de Rubinstein grabadas en diversos soportes, más de 200 obras diferentes.

¿Cómo llegan a tus manos sus memorias?
Iba yo detrás de ellas desde que me enteré de su existencia a través de una emisión de 50 programas en RNE de 45 minutos de duración cada uno. Hay que remontarse a 1980-1981. En esas emisiones se intercalaban textos de las ‘Memorias’ con interpretaciones de Arthur. No creo que sobrepasaran las cinco páginas de texto cada vez. A partir de ahí fui tras la totalidad de las mismas. Enseguida supe que no estaban traducidas al español, pues el propio Rubinstein lo dice en el segundo de los tomos de la edición inglesa, ‘My many years’, y en una entrevista posterior; sin embargo, indica: «Pero ya saldrán». Y mira por dónde tuve finalmente la suerte de hacerme con los tres tomos de la edición por medio de una profesora de francés del Instituto de idiomas de nuestra Universidad, que conocía a personas francesas poseedoras de esos volúmenes. Nunca agradeceré suficientemente su gestión. La autobiografía completa estaba en mis manos en enero de 2010.

¿Qué ocurrió cuando vio la edición francesa?
Lógicamente, leí con avidez los tres libros, casi 1.400 páginas muy densas, unas 2.000 en una edición actual al uso. Mientras lo hacía, me rondaba insistentemente la idea de traducir. Fue en abril cuando comencé la versión al español, y a principios de octubre, tras cuatro relecturas, la traducción completa era un hecho. Siempre tuve presente que Rubinstein fue quien de verdad dio a conocer por el mundo entero la música clásica española, con algunas obras emblemáticas que prácticamente llevaba siempre en el zurrón de sus programas.

¿Qué tipo de memorias son, qué destaca de ellas? ¿La pasión, la memoria, la minuciosidad, el hecho de que Rubinstein conociese a casi todo el mundo, su inmensa curiosidad?
Todo eso y algo fundamental: la vitalidad. Él lo decía y lo repetía de sí mismo: «Soy el hombre más feliz que he tenido la suerte de encontrar». Ya en su vejez muy avanzada, dos periodistas franceses hicieron una película sobre él, totalmente espontánea, pues se dedicaron a seguir simplemente sus pasos fuera donde fuera; el filme se tituló ‘L’amour de la vie’. Estuvo varias semanas en los cines comerciales de muchas ciudades, con gran éxito de público. También en Zaragoza. Eran otros tiempos.

Recuérdenos las tres partes y háganos una pequeña síntesis...

La primera corresponde íntegramente al primer volumen en inglés, ‘My young years’, que en francés han titulado ‘Les jours de ma jeunesse’, ‘Los días de mi juventd’. Termina en 1917, a sus treinta años, a punto de acabar la Primera Guerra Mundial. Habla de su infancia en Polonia, de cómo creció en Berlín, de un largo periodo en que estuvo prácticamente solo en la vida entre París, Londres, Polonia, Estados Unidos, Italia, España, aunque, paradójicamente, muy rodeado de gente, buena en general, pero no siempre.

¿La segunda?
La segunda parte de la edición inglesa es ‘My many years’, que en francés la han dividido en dos volúmenes: ‘Grande est la vie’, (‘La vida es grande’) y ‘Ma jeune vielleisse’ (‘Mi joven vejez’). En el primero se describen los años locos de la posguerra, la disipación del virtuoso para quien todo se le presenta demasiado fácil, tanto la existencia como el arte. Río de Janeiro, Buenos Aires, Montevideo, México, New York, París, Londres, España de nuevo ... En el torbellino de fiestas, mujeres e innumerables conciertos, Rubinstein descubre la disciplina en la soledad, lo que hizo de él el gran artista que hemos conocido. Llega hasta el comienzo de los años 30.

Vayamos con el tercer volumen...
En el último libro, se casa con Nela, asienta definitivamente la cabeza. Hay en él medio siglo de vida. Estamos ante un músico que vive la guerra. Como judío, le afecta en gran medida la persecución nazi, pues muchos de sus familiares (hermanos, cuñados, sobrinos) perecieron en los campos de concentración. El suyo es un testimonio contra el holocausto judío. A pesar de todo, ‘Mi joven vejez’ es una magnífica lección de optimismo, de fe en la música, que abre los oídos de los hombres y los lleva a entenderse. Y aún mejor que el amor de la vida, la fidelidad a la vida.

Una de las cosas que más me ha sorprendido de Rubinstein era que siempre ha tenido una vocación asombrosa, desde que se va a Berlín con su madre.
Fue un músico innato, que confió enteramente en sus condiciones naturales. Él dice que no le gustaba trabajar, sobre todo porque las obras que le obligaba a preparar su profesor berlinés Heinrich Barth le parecían muy poco interesantes, rutinarias, una pérdida de tiempo. Tuvo una vocación asombrosa hacia la cultura en general, no exclusivamente la música. Le encantaba y le enseñaron de muy niño a leer obras importantes clásicas, frecuentaba los teatros, visitaba las exposiciones pictóricas o escultóricas, todas las pinacotecas importantes, hablaba con normalidad ocho lenguas, le encantaba el latín, entendía el serbio y el croata por su parecido con el ruso y el polaco respectivamente... Aunque se le atragantaban las matemáticas.

Rubinstein y España. Hay un libro que se titula así de 1990. ¿No se ha llevado una decepción al ver qué poco habla de España?
No creo que hable poco de nuestra nación. Hay que tener en cuenta que visitó los cinco continentes y que siempre tenía algo que decir sobre los países y ciudades donde se encontraba, lo que hacía con gran generosidad y detalle. No sólo existe España. Sobre ella, su música e identidad “hablaba” suficientemente a través de las obras de Albéniz, Falla, Granados, Mompou, que constantemente tenía en dedos y en programas.

Rubinstein tenía fama de ser muy mujeriego...
Lo de mujeriego se sustancia sobre todo en el primer volumen. Arthur tuvo la “desgracia” de contarlo. Hay un artículo periodístico de 1980 del gran musicólogo padre Federico Sopeña titulado ‘Las cochinadas de Rubinstein’ referidas al asunto. Acababan de publicarse las ‘Memorias’ ya completas en ocho idiomas. Resumir los centenares y centenares de páginas de las mismas con ese título no sólo no las reflejan adecuadamente sino que es coger, como se dice vulgarmente, el rábano por las hojas. Se casa en 1932 y, sí, Nela, su esposa, pone orden en su vida, tienen cuatro maravillosos hijos, y ella le inspira y acompaña con mucha frecuencia.

Ha traducido del francés. ¿Cómo fue la experiencia, qué dificultades ha tenido?
De haber conseguido las ‘Memorias’ en inglés, las habría traducido una persona de mi confianza con mi constante apoyo por el conocimiento que tengo del personaje y de la música en general. Cuando las leía yo en francés me parecía muy problemática la versión española. Al ponerme a ello, no es que todo fuera un camino de rosas pero sí mucho más sencillo de lo que pensaba. He sido profesor de francés y, sobre todo, muchos años de latín, por lo que estoy acostumbrado a traducciones de libros originales. No me parece ninguna hazaña lo que he hecho. Si algo hay que valorar es el empeño en la labor.

¿Y ahora qué? ¿Cuál es su sueño: publicarlas, colgarlas en la red? ¿Qué se aprende de una tarea titánica como esta?

Pretendo publicarlas con motivo del 30 aniversario de su muerte. Habrá que hacer previamente el trabajo de campo necesario: permiso de quien tiene los derechos de explotación, con lo que eso supone, editor que se anime a hacerlo, etc. ¿Colgarlas en la red? El tiempo lo dirá. He aprendido que no hay nada imposible y que con constancia y adecuada preparación se puede conseguir todo.

CIERRA EL PEQUEÑO TEATRO DE LOS LIBROS EN LAS FUENTES

CIERRA EL PEQUEÑO TEATRO DE LOS LIBROS EN LAS FUENTES

Ha cerrado El Pequeño Teatro de los Libros. Por un tiempo imaginamos hasta que Ciro Soriano y Carolina Peláez, Carolina y Ciro, encuentren otro lugar, otro empeño, otro campo de sueños. Allí hemos grabado muchas veces (con Ana Catalá, con Yolanda Liesa, con Teresa Lázaro, con Carlota Muñoz) para ‘Borradores’, en ese escenario teatral que hacía pensar en la librería Ateneo de Buenos Aires, y hemos grabado allí desde hacía dos años los libro para la sección de ‘Por amor al arte’, el programa de Montse Alcañiz, Adriana Oliveros y Laura Oliva, entre otros, de Aragón Televisión. He notado día a día la pasión por el oficio de ambos: Carolina, siempre atenta a libros, autores, a proyectos, a revistas; a menudo pendiente de tal o cual presentación o de un libro que aún no les había llegado. Ciro, más concentrado en sus cosas (pedidos y búsquedas), en sus estudios, en sus charlas que daría en CMA Armas, en el Observatorio de Literatura Infantil y Juvenil de Jorge Gonzalvo y otros. Siempre querían saber, siempre quieren contar qué habían descubierto, qué libro les había impresionado. A Carolina, recuerdo ahora, le impactó mucho ‘Stoner’ de John Williams. Allí han organizado conciertos, cuentacuentos, cursillos, charlas, conferencias, audiciones de ópera para niños y el Pequeño Teatro de los Libros también ha querido ser un espacio cálido para exposiciones (Lou Lou, Javier Hernández, Agnes Daroca, la lista es muy extensa...) con una apuesta por la literatura infantil y juvenil.

Allí han tenido su espacio Ignacio Escuín y Javier López Clemente, Agnes Daroca y Jessica Aliaga y Víctor Gomollón, Roberto Malo, Patricia Esteban Erlés, y muchos, muchos otros. El Pequeño Teatro de Los Libros ha querido ser una librería de barrio, en Las Fuentes, y una pequeña fantasía que ensanchaba la imaginación y el imaginario cultural y creativo del barrio. Son muchos los que lamentan el cierre. Somos muchos los que perdemos ahí un espacio de acogida. Desde aquí, mi gratitud, los mejores deseos, todo el afecto y el reconocimiento.

Los Portadores de Sueños ganaron el premio a la mejor librería cultural de 2012 y el Pequeño Teatro quedó finalista con una librería cántabra. Era un primer reconocimiento nacional a su trayectoria; su trabajo calaba en la ciudad y había empezado a ser reconocido fuera. Jot Down, revista que recomendaba, las había saludado como una librería con encanto. Ciro y Carolina, Carolina y Ciro estaban ahí y ahí siguen en nuestra cabeza, en el menú de los buenos recuerdos, de los maravillosos instantes entre libros.

 

*Esta foto es de la revista Jot Down.

SAM LEVINGER EN ARAGÓN

SAM LEVINGER EN ARAGÓN

[Hoy miércoles, a las 20 horas, en la Biblioteca de Aragón se rendirá homenaje a San Levinger, un brigadista norteamericano que combatió con la II República y que pereció en La Puebla de Híjar. Viaja a Zaragoza su hermana Laurie. Aquí se cuenta su historia: este texto apareció en las páginas centrales de 'Artes & Letras' hace algunos meses.] 

Un idealista poeta de Ohio

 

SAM LEVINGER

 

 Antón Castro

 El idealismo es uno de los instrumentos más revolucionarios: puede ser la llama, el camino, la tentativa o la espiral inicial para transformar el mundo. Algo así le ocurrió a Sam Levinger , un joven de Ohio, hijo de un rabino y de una escritora. La historia de su breve vida tiene mucho que ver con el arranque de la historia de 'Tierra y libertad' (1995), la película que Ken Loach rodó en las tierras del Maestrazgo, entre Mirambel y Morella. Un día, el padre de la escritora Laurie E. Levinger, hermano de Sam (1917-1937), le habló de una caja que yacía en el sótano y que contenía «cartas de mi hermano, Sam, cuando estaba en España, me parece. No les he prestado mucha atención. Creo que hay una novela, o puede que dos, que mi madre escribió sobre la vida de Sam».

 

Esas novelas, por razones políticas tal vez, no se publicaron. La anécdota ocurría en la primavera de 2001. Pasaron muchas cosas en la vida de Laurie, se jubiló, publicó su primer libro, y de repente descubrió que «me encontraba a la deriva», sin inspiración. Y se acordó del cajón. «Leyendo su contenido descubrí la historia (muchas historias, en realidad) de un joven lleno de fervor idealista que abandonó su hogar para unirse a un ejército voluntario y luchar contra el fascismo en un país extranjero». En esa narración será determinante Elma, la madre de Sam , que se lamentaba de que abandonase sus estudios universitarios y que interrumpiese una prometedora carrera como periodista y poeta, que abandonase a la familia y a su novia Clara. Elma será su interlocutora desde la distancia.

 

Además, Elma le dedicó dos libros a su hijo, que se encontraban con las cartas, los poemas y las crónicas de Sam en el interior de la caja. Laurie E. Levinger publicaría algunos años más tarde la historia de una obsesión, de una pesquisa, de una sombra: 'Amor y saludos revolucionarios. Un chico de Ohio en la guerra civil española' (Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, AABI, 2013. Traducción de Agustín Lozano de la Cruz).

 

Sam, se dice, «era un observador cuidadoso y astuto, también era un poco manipulador, cambiaba su relato en función de su la audiencia que tenía en su hogar». En los primeros capítulos, se narra cómo era Sam antes de volverse un «revolucionario». Hiperactivo, podía irse detrás de un organillero ambulante, se interesó mucho por la I Guerra Mundial, luego por el paficismo, le encantaba desviarse por el camino más largo del bosque y oír historias. Un médico reveló a sus padres: «El chico necesita aventura, en cantidad». Y no tardaría en tenerla. Por ejemplo, en 1931, su madre ganó un premio de mil dólares con su libro 'Grapes of Canaam' y la familia decidió hacer un viaje por Egipto, Siria, Palestina y varios países de Europa.

 

Recuerda su madre que «en Múnich, Samuel se puso un uniforme de 'boy scout' y fue a la Brown House, donde pidió ver a Hitler, pero no se lo permitieron». Con 17 años sería arrestado y casi a la vez le confesaría a su madre que deseaba ser escritor. No tardaría en colaborar en 'The Columbus Citizen' con una crónica, incorporada al libro.

 

«A finales de diciembre de 1936, un pequeño grupo de voluntarios norteamericanos partieron hacia Francia, planeaban infiltrarse en España para unirse a las Brigadas Internacionales. Muchos de los voluntarios eran miembros del Partido Comunista americano. Sam no lo era, pertenecía a la Liga Socialista Juvenil y tenía su carnet de miembro, aunque estaba en minoría. Otros se unirían pronto a estos voluntarios. Más adelante llegarían a ser dos mil ochocientos. Se autodenominaron la Brigada Abraham Lincoln», cuenta Laurie. Se explica cómo Sam se trasladó a Francia -se embarcó el 16 de enero de 1937 en el 'SS Paris'- y finalmente llegó a España.

 

No tardaría en mandar cartas a casa, especialmente a su madre, con la firma de R.P., para despistar. Cuenta cómo era el saludo del Frente Popular, cruza los Pirineos en ferrocarril y luego en autobús. Más adelante anota diversas anécdotas, recuerda la muerte de Durruti y finalmente recorre Valencia, el frente de Albacete, más tarde pasará a El Jarama. Con el paso de los días, tras recibir sus primeras heridas, llegará a una batalla crucial: la de Belchite. Eso sí, antes de esa empresa terrible, en todos los sentidos, escribirá a su familia, a su amada Clara, firmará crónicas en 'The Nation' y hablará de sus compañeros, del miedo, de la desesperación y de un fusil llamado Mary que llevaba su camarada Jim. En uno de sus conmovedores relatos desde la trinchera, confiesa: «No había luna, solo un atisbo de la luz de las estrellas. Busqué entre las viñas, no encontré nada. Jim solía decir que yo era el mejor guardián del frente, porque siempre estaba muerto de miedo». De vez en cuenta miente: «Querido padre: todo va bien, de maravilla».

 

Lírica de la contienda, cartas

 

Tras ser herido en la batalla de Brunete escribió el poema 'La guerra es larga', que empieza así: «Camaradas, la batalla es cruenta, la guerra es larga, / Grises columnas adelante se escucha el grito de las armas; /Sobre nosotros planean aviones blancos preñados de dolor, / Mirad los tanques sombríos y salvajes, odian la carne; / Y escuchad: los fusiles muestran a los hombres el camino del olvido».

 

Entre el 24 de agosto y el 5 de septiembre participó en la batalla de Belchite. Un compañero brigadista describió así sus últimos instantes: «Rodeando la catedral por todos lados, los americanos, apoyados por batallón español, intentaron cruzar la plaza hacia el edificio, pero fueron rechazados por un fuego enemigo fulminante. Se reagruparon en edificios cercanos y entonces intentaron un segundo asalto que también fracasó. Eran maniobras gravosas, entre los hombres que cayeron muertos estaban Henry Eaton y Samuel Levinger ».

 

Sam fue alcanzado, pero no murió en Belchite: falleció el 5 de septiembre de 1937 en el hospital de campaña de La Puebla de Híjar (Zaragoza). Redactó una carta para sus padres que solo se les debía entregar si fallecía. Les decía: «Ciertamente, no me entusiasma la idea de morir (…) Si volviera a vivir creo que me uniría de nuevo a esta lucha (…) Escribí una vez un pésimo poema: 'Si lo que aguarda es oscuridad dormiré, si es luz despertaré'. Así que, si volvemos a encontrarnos, será genial; si no, hemos disfrutado de muchas alegrías juntos mientras duraron». A su novia le dijo: «Habría sido genial estar a tu lado. (…) Amor, salud, alegría».

 

Laurie E. Levinger llegó en 2010 a La Puebla de Híjar siguiendo el rastro de su tío, que fue objeto de transfusión de sangre y que oyó la melodiosa voz de Miss Silverstine antes del fin. Laurie recompuso la historia, visitó la fosa común del cementerio donde reposan sus restos y compuso este libro conmovedor.

 

Gracias a la iniciativa del escritor y periodista Luis Granell, de Susanna Anglés y Javier Díaz, activos y concienciados libreros en Mas de las Matas, más de una treintena de personas rindieron homenaje a Sam Levinger: leyeron sus poemas y sus cartas. El periodista y escritor Luis Granell describe así el acto para HERALDO: «El clima del acto fue íntimo; yo diría que íntimo, romántico y emocionante; así lo queríamos los amigos que lo pensamos. Asistieron algunos vecinos del pueblo, miembros de la Asamblea local de IU, que lo respetaron. Volví a conmoverme escuchando al fotógrafo Pedro Avellaned leer la carta que Sam había preparado para que la enviasen a su familia si moría. Cuando la leí en el libro lloré».

 

Hay una página web: www.levinger.net

AUB Y BUÑUEL, EN 'LA BUENA ESTRELLA'

AUB Y BUÑUEL, EN LA BUENA ESTRELLA

 

[Nota de Luis Alegre y la Universidad de Zaragoza] La Buena Estrella dedica el jueves su sesión número 133 a la presentación de "Luis Buñuel, novela" (Cuadernos del Vigía), el monumental libro de Max Aub sobre el cineasta aragonés

Agustín Sánchez Vidal, Antón Castro, la investigadora Carmen Peire y el editor Miguel Ángel Árcas participarán en el acto, que tendrá lugar a las 20 horas en la Sala Pilar Sinués del Paraninfo. Una hora antes, a las 19 horas, mantendrán un encuentro con los medios de comunicación

(Zaragoza, martes 14 de enero de 2014). El jueves 16 de enero el ciclo de coloquios “La Buena Estrella”, organizado por el Vicerrectorado de Proyección Cultural y Social de la Universidad de Zaragoza dedicará su sesión número 133 a la presentación del libro de Max Aub “Luis Buñuel, novela”. La presentación contará con la intervención de la investigadora Carmen Peire –encargada de la edición-, el editor de Cuadernos del Vigía, Miguel Ángel Arcas, el escritor y periodista Antón Castro  y el catedrático de la Universidad de Zaragoza Agustín Sánchez Vidal, el mayor experto en la personalidad y la obra de Luis Buñuel.

El acto se celebrará a las 20 horas en la sala Pilar Sinués del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Plaza Basilio Paraíso, 4) y será moderado por el coordinador del ciclo, Luis Alegre, escritor, periodista y profesor de la Universidad de Zaragoza. Una hora antes, en el mismo lugar, los participantes en la sesión mantendrán un encuentro con los medios de comunicación.

 

“Luis Buñuel, novela” es la última gran obra que quedaba inédita de Max Aub, fallecido en México en 1972. El origen del libro fue un encargo que el escritor recibió en 1967 de la editorial Aguilar para que escribiera una biografía de Buñuel. Durante esos cinco años Max Aub acumuló un material que sobrepasaba las cinco mil hojas y que incluía cintas magnetofónicas con las conversaciones de Aub con Buñuel y con personas que le conocieron. Parte de ese material dio lugar a un primer volumen que Aguilar editó en 1985 con el título “Conversaciones con Buñuel”.

 

“Luis Buñuel, novela”, recién editado, es resultado del trabajo de la investigadora Carmen Peire, que ha empleado cuatro años en ordenar y estructurar esas cinco mil hojas, que se guardaban en la Fundación Max Aub de Segorbe (Castellón). El libro es un volumen mestizo que sobrepasa las 600 páginas y que incluye textos de Maux Aub sobre diferentes aspectos de la vida y personalidad de Buñuel, las conversaciones de Aub con el cineasta – en las que éste habla sobre su vida o sobre política, cine o religión - y un extraordinario ensayo de Max Aub sobre las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo XX El volumen incluye también un tesoro: un DVD que recoge las conversaciones de Luis Buñuel con Max Aub

 

Según Carmen Peire el libro es un texto “imprescindible para la recuperación de la memoria colectiva de un pueblo, desde los tiempos de la República, pasando por la Guerra Civil y el exilio, vivencias que compartieron Aub y Buñuel”.

 

Según Agustín Sánchez Vidal “Luis Buñuel, novela” era el único libro sobre su obra que interesaba a Luis Buñuel.

 

Max Aub fue una personalidad muy singular. Nació en París en 1903. Su padre era alemán y su madre francesa de origen judío alemán. Desde sus 11 años residió en Valencia, lugar en el que se encontraba su padre –representante comercial- al estallar la Primera Guerra Mundial. Desde 1916 Max Aub y su familia tuvieron la nacionalidad española. Desde 1922 vivió en Barcelona. En 1928 se afilió al PSOE. En los años 20 comenzó a escribir sus primeras obras, adscritas al teatro de vanguardia. Al poco de estallar la Guerra Civil fue enviado por el gobierno de la República a París y ejerció labores diplomáticas, entre las que destacaron el encargo y la compra del Guernica de Picasso. 

 

Durante la guerra colaboró con André Malraux en la película “Sierra de Teruel”. En enero de 1939 se exilió en París pero, denunciado por comunista, fue detenido, recluido en campos de concentración y luego desterrado a Marsella, y después de una nueva detención, deportado a Argelia. En 1942 se exilió en México, lugar donde murió en 1972. Dejó una obra literaria espléndida, que incluyen obras maestras como la serie “El laberinto mágico” –seis novelas ambientadas en la Guerra Civil-, “Las buenas intenciones”,  “La gallina ciega” o “Diarios”. Con Luis Buñuel colaboró en “Los olvidados”.

 

 

 

ARTE ORIENTAL EN UTEBO

ARTE ORIENTAL EN UTEBO

José Antonio Giménez Mas, médico y coleccionista de arte oriental y buen amigo, me envía esta carta y esta pieza que pertenece a su colección ‘Pájaro Profeta’: “El próximo jueves 16 de enero de 2014, a las 7 de la tarde, en el Centro Mariano Mesonada de Utebo (Zaragoza), se inaugurará una exposición de pintura oriental organizada por el profesor David Almazán de la Universidad de Zaragoza, al que muchos de vosotros conocéis. Adjunto el catálogo en pdf. Si tenéis tiempo, el día de la inauguración, o en otro momento si lo organizamos, él mismo nos explicará estas obras algunas de las cuales proceden de la Colección 'Pájaro Profeta' de la que ya tenéis referencia previa por los Cuadernos de Oriente que tuve el privilegio de compartir con vosotros el años pasado.

Me encantaría compartir con vosotros este momento aunque entiendo la dificultad que puede suponer desplazarse a Utebo. En cualquier caso, disfrutad del catálogo y si surge algún comentario será un placer compartirlo. Aprovecho el momento para desearos un feliz año”.

 

 

http://webmail.unizar.es/upload/download.php?file=1392139555.almazan.php2mT7aY%26name=PAISAJES%2520ORIENTALES%2520Utebo.pdf

 

*La pieza que se reproduce aquí pertenece a la colección 'Pájaro profeta' de José Antonio Giménez Mas.

SERGI BELLVER: TRES CUENTOS

SERGI BELLVER: TRES CUENTOS

Del libro Agua dura (Ediciones del Viento, 2013), de Sergi Bellver. El escritor presentará el libro este jueves en la librería Antígona de Julia Millán y José Fernández Moreno. Lo acompañarán el escritor y profesor Carlos Castán y la poeta y profesora Sandra Santana.

 

TRES TEXTOS DE SERGI BELLVER

 

 

Banana Dream

 

La sala de los espejos del palacio Doria-Pamphili amaneció infestada de ratas. Cientos de ellas se amontonaban sobre los muebles o colgaban en racimos de las lámparas. En la cámara contigua, bajo el retrato de Inocencio X de Velázquez, los guardas encontraron un gato aterrorizado, rodeado por las ratas. Por fortuna, ni un rasguño en el cuadro. Se decidió no abrir el museo aquella mañana y el asunto no trascendió a la prensa.

Días más tarde, cuando comenzó a circular por Internet el vídeo de dos encapuchados soltando una jauría de galgos en el Prado, salió a la luz el suceso de la galería romana. Pronto, un caballo apareció en el Orsay de París, un oso fue reducido con dardos anestésicos en el Hermitage de San Petersburgo y, en Oslo, hallaron un alce bramando junto a «El grito» de Munch. Y siempre, a los pocos días, otro vídeo en la red, sin mensaje ni demandas. Simplemente, lo hacían.

La «performance» fue durante meses todo un reto para las autoridades. Nadie entendía cómo aquellos encapuchados podían burlar las medidas de seguridad de los museos más importantes del mundo para no robar jamás un cuadro. En el atrio del MoMA de Nueva York, sobre el obelisco roto, liberaron una pareja de águilas reales. Y delante de la Tate Modern de Londres, entre el puente del Milenio y el teatro de Shakespeare, dejaron varada una orca. Los activistas por los derechos animales, los medios y las redes sociales se dividieron entre quienes denunciaban o admiraban en todo aquello la acción de militantes radicales. Un reputado crítico de arte publicó un ensayo sobre el supuesto mensaje de los encapuchados, de quienes surgieron torpes imitadores con sus mascotas, que no lograron sino poner más nerviosos a los equipos de seguridad. Todo acabó, sin embargo, una madrugada en el Art Center de Des Moines, Iowa, cuando la policía sorprendió en su huída a los intrusos y, entre el revoloteo de cientos de palomas, creyó abatir a tiros a uno de ellos frente al Inocencio X de Francis Bacon. De milagro, ni un excremento de paloma en el cuadro, desde el que el rostro desencajado del Papa parecía gritarle también, como el agente que acababa de dispararle, al chimpancé adulto que se desangraba en el suelo, todavía con una cámara de vídeo entre las manos.

 

 Deseo de ser Dimitri

 

Rhoda quisiera ahora mismo ser valiente, mezclarse con los demás y atravesar el humo para poder contar después la rabia, para escribir sobre ese silbido en las calles de Grecia. Si pudiera, correría entre la gente por la Plaza Sintagma, detrás del perro anarquista, con la piel hirviendo y las entrañas suspendidas en el miedo, porque tendría miedo, pero montada en él Rhoda podría hablar del otro lado del humo, de ese humo sin fuego, del otro lado de la asfixia y los centinelas hermosos que con sus lágrimas callan lo que Rhoda escribiría, allí, donde el gas no nubla las plazas, ni las calles, ni los sintagmas. Rhoda recuerda esas palabras griegas que se agrupan y la sintaxis que las gobierna y controla. Recuerda la semántica y el riesgo de burlar el significado de las palabras, el riesgo de vivir demasiado tiempo, dicen los que deciden ahora la sintaxis del mundo, el riesgo de no poder pagarse una vida, dicen desde lejos. Y la joven Rhoda está asustada, mientras a su lado, en la fuente, tose un anciano, grita un anciano, derrama en saliva espesa un anciano la vergüenza de los traidores y la dignidad de un pueblo. A Rhoda el gas también le abrasa la garganta y cae, pero el anciano le escupe que no se lave, que el lacrimógeno se agarra al agua y es peor. Sabe resistir, piensa Rhoda, el anciano, como un partisano, que intenta gritar de nuevo, con el crujido de un templo que se raja grita, «Dimitri», el nombre de otro anciano, y con la mano hace el gesto de volarse la cabeza, como ese jubilado que no quería ser perro en la basura, y Rhoda comprende ahora que hay un fuego sin humo contra toda esta sintaxis, y se levanta, monta su miedo y echa ya a correr entre la gente.

 

La manada

 

Domingo, invierno. El sótano parece un congelador y Cervera sale a la portería. Es una finca antigua, no pasa un alma, pero sube por las escaleras para evitar cruzarse con alguien en el ascensor. En sus ratos libres, Cervera suele entrar en los pisos del edificio que sabe vacíos: mientras no le pillen, prefiere no helarse el espinazo en su sótano. Hace semanas que frecuenta el de una anciana medio ciega, convaleciente en el hospital. El piso está lleno de figuritas de tortugas que la anciana colecciona y tiene por costumbre regalar. Una espantosa, de porcelana, luce también en el mostrador de la portería.

Cervera, tumbado en el sofá, ve un documental sobre elefantes. Una manada hambrienta ha invadido las cosechas y los campesinos intentan ahuyentarla con antorchas y estruendo de cacerolas, mientras los elefantes forman un círculo para proteger a sus crías.

Un ruido atropellado de llaves despierta a Cervera, que se seca la mejilla de saliva. La anciana, deduce, que ni siquiera acierta al abrir. Cervera se esconde, no le costará salir sin que se dé cuenta. Oye rumor de bolsas y se escabulle por el pasillo, pero tropieza con un hombre. Junto a él, una mujer de bata blanca, tras la que se refugian dos niñas. La menor abraza una tortuga de peluche. Cervera camina con cuidado hacia la puerta mientras el hombre empuña un destornillador. Se vigilan los pasos, como animales acorralados. Tras el portazo, Cervera ve la cerradura forzada y sabe entonces que todos callarán.

 

 

BIOBIBLIOGRAFÍA

Sergi Bellver nació en Barcelona en 1971. Escritor y guionista, ha trabajado como editor, crítico literario, periodista cultural, profesor de narrativa y librero. Ha participado en una decena de antologías de relatos en España y Latinoamérica, es autor de guiones para cortometrajes y ha publicado cuentos y poesía en revistas y diarios. Editó los libros colectivos Chéjov comentado (2010) y Mi madre es un pez (2011; con Juan Soto Ivars), y ha escrito el prólogo a una nueva traducción de El jugador, de Dostoievski (2013). Ha colaborado como crítico literario y articulista en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia y en revistas como Qué Leer o Tiempo. Ha sido profesor en Escuela de Escritores de Madrid, entre otros centros, y a día de hoy imparte sus propios talleres de narrativa.

DE FÉLIX ROMEO Y GUTIÉRREZ ARAGÓN

DE FÉLIX ROMEO Y GUTIÉRREZ ARAGÓN

Cuentos de domingo / Antón Castro

 

Vivir, soñar, leer y contarlo

 

Casi todos hemos elaborado listas en el fin de año. Listas de películas, de discos, de instantes cómicos o patéticos. En las listas de libros ha aparecido de todo, en algunas aparecen dos aragoneses adoptados como Sergio del Molino, con ‘La hora violeta’ (Mondadori), una novela conmovedora, distinguida y elogiada por doquier, a cuyo tema, el duelo, regresa Ricardo Menéndez Salmón en ‘Niños en el tiempo’ (Seix Barral, 2014), donde también habla de la pérdida de un hijo y reescribe la historia de Jesús, y Carlos Castán con ‘La mala luz’ (Destino), una novela intimista que narra una vida, una amistad y un crimen. Más allá de estos títulos, y de otros escogidos –‘Técnicas de iluminación’ de Eloy Tizón, ‘En la habitación oscura’ de Isaac Rosa o ‘En la orilla’ de Rafael Chirbes-, hay dos que me han conmovido: ‘Por qué escribo’ de Félix Romeo, que han preparado con mimo e inteligencia Ismael Grasa y Eva Puyó para Xordica (que cumple veinte años con casi dos centenares de libros en catálogo), el mejor libro de Félix y el mejor Félix también: el que vivía, leía, soñaba y lo contaba como nadie; y una novela envolvente, ‘Cuando el frío llegue al corazón’ (Anagrama) de Manuel Gutiérrez Aragón, un relato de iniciación donde hay un personaje especial como Ludi, hijo de veterinario republicano, y secundarios magníficos como el fraile profesor de griego que fue boxeador, la lánguida y bella tía Eva Rosa, el tío Pelayo, que posee una tienda y es un magnífico vendedor de garbanzos. Y, por supuesto, está ese padre, más bien enigmático, capaz de perder la cabeza por amor y en las calladas rebeldías contra el régimen. La novela plantea el despertar a la pasión y a la vez revela el poder de las trastiendas de familia y el misterio de unas cartas donde a la enamorada la llaman Falena. O mariposa. Tiene el aire de un guion de cine, donde no sobra ni falta nada: un ambiente social represivo, un torbellino de sensualidad, un paisaje cántabro espectacular, los coqueteos y las tardes en la playa con merienda, la idolatría, las vacas, etc. Una de esas novelas donde el silencio es tan elocuente y poderoso como los secretos del corazón y la libertad de los veranos.

 

*Este texto aparece hoy en mi sección dominical de 'HERALDO DE ARAGÓN'. Este cuadro es de Friedrich.