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Antón Castro

PEPE Y JULIA: 25 AÑOS DE ANTÍGONA

PEPE Y JULIA: 25 AÑOS DE ANTÍGONA

 

PEPITO Y JULIA: 25 AÑOS DE PASIÓN

Y LIBROS DESDE ANTÍGONA

Dos estupendos, necesarios e imprescindibles libreros: José Fernández Moreno, Pepito, y Julia Millán. Son los dueños de Antígona, una auténtica caja de sorpresas con fondos admirables, de casi todo, y de algunas cosas más: por ejemplo, de poesía, uno de los mejores arsenales de lírica de Aragón y de España. Y de arte, de fotografía, de literatura infantil y juvenil (Julia ahora también es editora), de filosofía. Varios miles de libros. Este año, estos jóvenes emprendedores que empezaron en Muriel celebran sus primeros veinticinco años de Antígona; el nombre, si no recuerdo mal, estaba inspirado en un título de María Zambrano: ‘La tumba de Antígona’. Esta foto pertenece a una de las ediciones de ‘La noche en blanco’: así están de luminosos, felices, enamorados de la vida y de los libros, siempre luchando, sin aspavientos... Ellos pertenecen a esa estirpe inagotable de grandes libreros de Zaragoza, que sigue y sigue también en otros establecimientos. Y que probablemente continuará con sus dos hijos: Violeta y Eloy.

Otro detalle para finalizar: son magníficos compañeros. Gente de bien.

JUAN ÁNGEL JURISTO: 'VIDA FINGIDA' (AVANCE)

[Juan Ángel Juristo (Madrid, 1961), escritor y critico literario, acaba de publicar en Izana editores su nueva novela Vida fingida. La trama se resume así: "Compuesta por dos ’nouvelles’, La telaraña y Vida fingida, que da título al libro, establece una correspondencia entre dos historias que no son paralelas pero si complementarias: el laberinto de la ciudad como reflejo de la propia red de la mente y el espíritu; el deambular errático por calles que se parecen demasiado a los recorridos por nuestros sueños, lo que le da un aire fantasmagórico al libro, en especial en La telaraña. En ésta se juega con un enfoque de lo que significan los ángeles hoy día en una especie de metáfora sobre Jacob y su lucha. En Vida fingida, por otra parte, se trata de establecer la imposibilidad de atisbar la vida de otro, en este caso un Premio Nobel de Literatura español, en un paralelismo con las tortuosas calles de una ciudad, Roma, con un final imprevisible". Aquí ofrezco, por gentileza de su autor, el arranque del libro, la 'nouvelle', La telaraña.]

LA TELARAÑA

 

Por Juan Ángel JURISTO

 

1

Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas

lo son cada una a su manera. Cuando leí por vez primera esa

frase era la hora de la siesta, justo cuando notaba cómo se me

iba empinando hiciera lo que hiciera, no había manera de

controlarlo, sentí que algo dentro de mí se recomponía porque

por fin podía pensar que tanto mi padre, como mi

madre, mis hermanos y mis tíos, por no hablar de los abuelos,

los abuelos, tan lejanos y solos, casi siempre sentados como

minerales, constituíamos una familia, por muy extraña que

pareciese en el barrio. Tenía quince años y desde entonces

siempre me ha acompañado, y he echado mano de ella, sobre

todo en los momentos en que la contemplación de alguna

escena familiar hacía que se me saltaran las lágrimas de nostalgia,

aunque no supe nunca el porqué ya que no se puede

sentir nostalgia de algo que nunca se ha vivido aunque si

anhelado, vaya que lo anhelé, y por mucho tiempo. Todas las

familias dichosas se parecen. Qué frase. Y qué verdad contiene.

Más quizá que las palabras que le siguen porque lo de

ser a su manera todo el mundo lo procura pero igualarse a

nadie le gusta, ni siquiera en la dicha. Pero todo eso tardé

mucho tiempo en aprenderlo, tanto como lo que separa

aquellos quince años de mis cuarenta de ahora, con un estanco

por medio y una viudedad no deseada.

Fue lo único que retuve del libro aunque la tortura a

que sometían a esa mujer era terrible y una sensación de pena,

de querer ayudarla, me duró lo que tardé en devorar aquellas

páginas, unas veinte siestas. Pero el autor desde luego no se

había dedicado a pasear por mi barrio donde no había domingo

por la tarde, ante los descampados desde donde se adivinaba

Madrid a lo lejos, con la cúpula de San Francisco el

Grande en primer plano y la Torre de Madrid en la línea del

horizonte, en que no se asistiera a alguna que otra pelea

donde siempre, detrás de los gritos, arreciaban las hostias por

lo general o algún que otro puñetazo a alguna que otra mujer

y siempre, siempre, alguien que increpaba al tipo, y siempre,

siempre, los gritos de ella en defensa de su macho. Aquello

llegó a divertirnos, aquel espectáculo que se producía justo

antes del crepúsculo, cuando el domingo iba cayendo, y todo

el mundo se resistía a ir a sus casas intentando prolongar

aquellas horas que conducían fatalmente al trabajo del día siguiente.

Al fin y al cabo era un aristócrata y tenía el colchón

protector de haber nacido así, en una familia distinta, aun

sólo fuera eso.

Aquello llegó a divertirnos. Tanto que durante aquel verano

en que leí Ana Karenina me aficioné a ir con Lorenzo a

ver lo de las hostiadas, como él lo llamaba. Nos sentábamos

en el dintel de una casa abandonada, chamuscada, y de la que

sólo quedaban los muros en cuyas paredes se descubrían formas

caprichosas, único vestigio en pie de lo que había quedado

de la línea del frente de Carabanchel, y sólo nos restaba

esperar, no más de una hora, fumando mientras a nuestros

pies, en la hondonada, paseaban parejas intentando hacerse

las remolonas, dándose un beso furtivo mientras ella recha-

zaba una mano que se había dejado caer rozándole una teta,

se dejaba ver alguna que otra familia paseando a los niños y

pasaba el barquillero o el de los helados con sus barras de

hielo y sus botellas alineadas con unos líquidos coloreados

que eran como los de una película de ciencia ficción, tan brillantes,

y allí estaban, de pronto, él con su pelo lleno de brillantina

y el pañuelo saliendo alborotado del bolsillo de una

chaqueta que le queda pequeña; ella, con un rostro consumido

y unos labios que quiere pasarse por el lápiz de vez en

cuando. Entonces sucede. Él le recrimina que se esté pintando

por coqueta y puta y ella, entonces, por no ser menos,

le grita, porque siempre grita, cabrón, y de inmediato el

guantazo se lo lleva. Luego los lloros, más gritos, de cabrón

para arriba, vamos, hijo de puta, momento que él aprovecha

para largarle otra hostia o una patada antes de que se oiga al

indignado que habla de llamar a la guardia civil. Ahora parecen

enzarzarse el pegador y el indignado mientras se forma

el círculo de gente alrededor, y ella sigue gritando mientras

intercala insultos a su marido, sí es mi marido, no mi chulo,

¿qué se ha creído?, con alguno al indignado, mientras reculan

y reculan gasta que Lorenzo grita, entonces, la guardia civil

y el pegador y la hostiada salen corriendo mientras nos partimos

de la risa y comienzan ahora a decirnos de todo los padres

de familia mientras el de los helados, que conoce a Lorenzo

porque vive en el solar de al lado de su casa, le guiña

un ojo. Así durante más de un mes y da lo mismo que cada

semana cambie el hostiador y la hostiada. Lo que a Lorenzo

y a mí nos tenía pegados a aquel aburrido mirador los do-

mingos por la tarde era que siempre se repetía la misma historia.

Todas las familias felices se parecen, ¿no?

Todo esto lo digo por lo de la adúltera de la novela. Sin

aire alguno de nostalgia. Todo aquello ya desapareció. Para

siempre. Y bien enterrado esté. Como Lorenzo, que no se

merecía morir tan joven.

 

*La foto de Juan Ángel Juristo la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-60585d2d817b6bd09acbb2a6a5716beb.jpg

DIÁLOGO CON GABI MARTÍNEZ

El escritor Gabi Martínez (Barcelona, 1971) presentó el pasado martes el libro de viajes ’En la Barrera’ (Altaïr), sobre la costa de arrecifes de coral de Queensland. Antes había publicado, entre otros títulos, ’Suud’, ’Los mares de Wang’ o ’Solo para gigantes’. Este es un libro ameno poblado de historias, de personajes y de citas.

 

 

-Habías recorrido medio mundo ya... pero ¿cómo nació este libro?
Mentras paseaba con mi hijo por el Aquarium de Barcelona. En un rincón, bajo una cristalera con corales, leí que si la temperatura del planeta aumentaba dos grados, la mayor parte de los corales de la Gran Barrera morirían. Hablamos de una de las grandes maravillas naturales, del único animal visible desde la luna, de más de dos mil kilómetros de ser vivo extendiéndose por la costa de Queensland. Que iba a morir. Pensé en mi hijo, en que él podía ni siquiera tener la posibilidad de disfrutar de ese regalo. Y que junto a la Gran Barrera estaban sucumbiendo muchos otros espacios naturales. Me obsesioné con la idea –me cuesta trabajar de otra forma- y decidí viajar para ver qué podía aportar desde mi nicho de escritor.


-¿Qué es, qué contiene, la Gran Barrera?
900 islas, 400 tipos de corales, 1.500 de peces, 2.900 arrecifes... el espectáculo de la vida en una de sus versiones más fascinantes... y unos cuantos miles de personas con historias que parecen mentira y sirven para volver a confiar en la fuerza –de todo tipo- de los seres humanos.


-¿Cómo se organiza un viaje así, cuáles son los preparativos, qué materiales llevas?
Antes de salir intento leer mucho sobre el territorio que atravesaré. Eso no ocupa espacio y ayuda a establecer conexiones de forma mucho más rápida, a entender o al menos intuir el porqué de algunas cosas. En cuanto a materiales, llevo ropa ligera, sombrero, repelente de mosquitos, protección solar, una navaja multiusos, calzado más cómodo e impermeable posible... varias libretitas que caben en un bolsillo del pantalón, varios bolígrafos y un cámara compacta. Tanto la libreta como la cámara deben ser pequeñas para desenfundar en cuanto salte la idea, la imagen, la inspiración.


-¿Tienes una idea en la cabeza o vas un poco a la aventura y te dejas guiar por la intuición?
Siempre me impulsa una idea de partida que los kilómetros van matizando, perfeccionando, y eso incluye cambios que pueden ser muy grandes en el punto de vista Por ejemplo, en Los mares de Wang, el viaje me ofreció a un protagonista, Wang, que aparece incluso en el título. Y desde luego que no estaba pensado que fuera así. Para la Gran Barrera sabía que iba a hablar de unas personas de las que se había escrito muy poco en los últimos años porque todas las palabras se dedicaban a la flora y la fauna, olvidándose de los que al fin y al cabo más están interviniendo en esa geografía. Digamos que parto con una idea pero intentando ser lo bastante flexible y poroso como para que los hechos e intuiciones del recorrido acaben transformando a esa idea en lo que en realidad “necesitaba” ser.


-Llegas allí. Y decir eso es muy arriesgado. Ese allí es casi infinito: el mar inmenso. ¿Cuál es la primera impresión ante tanta belleza? 
Una exaltación radiante. Y la duda habitual: ¿cómo transmito esta alegría, esta sensación? Pronto entendí que Queensland me pedía poesía. ’En la Barrera’ es el libro sin duda más lírico que he escrito, aunque no se pueda describir como un libro de poesía.


-Explícanos esa vinculación entre el coral y los antepasados. Parece un cuento, una leyenda...
Por una parte, la Gran Barrera está compuesta de pólipos que en sí mismos son insignificantes pero que unidos unos a otros dan forma a una de las grandes maravillas del mundo. Por otra, la capa visible de los corales es la más superficial, la que sobresale mínimamente sobre las aguas del océano, pero está soportada por una montaña submarina de ancestros, ya muertos. Y quise que ese apilamiento invisible que permite que aflore una vida preciosa cobrara forma literaria. Por eso reuní voces del pasado -como Darwin, novelistas, capitanes de barco, viajeros- con otras del presente de cualquier condición -desde economistas a arqueólogos, vendedores de aparatos de ventilación, geólogos, pescadores o poetas- y también del futuro, acudiendo a visionarios que predijeron muy bien el mundo actual. Con las voces del pasado, el presente y el futuro he intentado hablar de lo que ocurre hoy y de lo que, si no reaccionamos, probablemente ocurrirá dentro de no tantos años.


-¿Por qué desaparece aquí casi tu presencia y hablan los indígenas, la gente que vive allí?
Yo soy una voz más de esa constelación, alguien que mira desde fuera y desea saber más. ¿Quién nos puede enseñar mejor? Los que viven allí. Mi experiencia de visitante es una anécdota al lado de su bagaje vital sobre aquella tierra.


-¿Como eliges a los personajes?
Por sus historias, su carácter. Un libro, como cualquier obra, tiene unos límites físicos donde se trata de concentrar la mayor fuerza simbólica posible. Mi aspiración es reunir voces que de algún modo resuman de manera poderosamente natural el carácter de la tierra sobre la que escribo.


-¿Cómo reciben las gentes al viajero occidental: como un intruso, como un cómplice?
En Australia la colonización inglesa fue decisiva, y junto a la Gran Barrera hay bastantes pequeñas poblaciones dedicadas a la ganadería, la caña de azúcar... pero que también ingresan una buena tajada por el turismo a la Gran Barrera así que la tendencia es a la cordialidad. Es una zona muy relajada, con una naturaleza asombrosa pero pasada por el control anglosajón. El punto donde la vida se asilvestra en serio es en Cape York. De hecho, ahí se concentra buena parte de la población aborigen, en una especie de reservas. Los aborígenes viven muy aparte, presas de una tristísima resignación.


-Si tuvieras que explicar tu poética de escribir de viajes, qué me dirías: qué buscas, cómo se escribe un viaje...
Es tan difícil... acabo de terminar un libro para intentar explicar justo eso. Sobre todo después de Sólo para gigantes, mucha gente me pregunta cómo he escrito y viajado tanto siendo tan joven (41 años ya no es tan joven pero gracias, gracias). Y decidí escribir algo que respondiera a esa curiosidad. En lugar de escribir un ensayo, me salió otro libro de viajes en el que vengo a decir que yo viajaba sin saber muy bien qué buscaba, más allá del estímulo que me impulsaba en cada ocasión. Cada lugar requería una forma distinta de encararlo, y me daba cosas diferentes que después adquirían una plasmación artística también autónoma. Lo único seguro es que detrás de todas esas historias, estructuras, iba comprendiendo un poco mejor a otras personas y, con ellas, me intuía yo. Cada vez necesito menos ansiosamente viajar, supongo que he alcanzado algunas respuestas que me están llevando a otra parte, a una más cercana. Creo que he hecho un viaje de fuera hacia adentro y que posiblemente en los próximos años acabaré escribiendo sobre España, sobre Barcelona. Quizá, sobre una familia de Barcelona.


-A menudo se te sitúa entre Paul Theroux o Bruce Chatwin. ¿Son ellos tus maestros o son las referencias obligadas, antes que Norman Lewis, por ejemplo u otros?
Hay varias grandes referencias. Robert Byron, Bouvier, Alí Bey, Mathiessen... Para mí, la novela total es en realidad una especie de libro de viajes, Los siete pilares de la sabiduría, de Lawrence de Arabia. De Theroux aprecio su descaro y la falta de tapujos para decir lo que piensa, al margen de cualquier corrección política, y a Chatwin le debo el atrevimiento formal. Tardé un tiempo en entender la dimensión de En la Patagonia pero cuando lo hice, quedé impresionado. Con ese libro Chatwin rompió el molde del género al introducir la abstracción y demostrar que el relato de un viaje no debe ceñirse al parto de un lugar – hago un recorrido- llego aun destino. Amplió los límites creativos del viaje y En la Barrera recoge precisamente ese testigo.

Finalmente: ¿qué hay de ficción en tus textos? ¿Por qué acudes a tantas imágenes, a tanto tejido literario?
Ni Capote está libre de la ficción, ¿no? Pero hay ficciones que pervierten la realidad y otras que contribuyen a transmitir la atmósfera “auténtica”. Mis libros de viaje tienen dosis bajas de ficción. Sea como sea, ficcionar es sencillo en Australia, donde a menudo pasan cosas que parecen mentira. Para explotar esa obviedad recurrí a las fotografías. A veces, acompañé un episodio difícil de creer con una foto que certificaba su “realismo”, autoconcediéndome así la licencia para en algún momento inventar una historia que, al estar acompañada por una foto más o menos consecuente, gozara del aura de lo auténtico. Por supuesto que prácticamente la totalidad del libro alude a hechos verídicos pero sea como sea, la clave de su engranaje estaba en que todo lo que se contara fuera posible en los límites de la Gran Barrera. La exactitud no es lo más importante en un libro de viajes, sino la atmósfera, el latido, el aire y tantos de aquellos intangibles que a fin de cuentas son la verdad de los lugares.

 

*Gabi Martínez presentó su libro ’En la Barrera’ (Altaïr, 2012) el pasado martes en la librería Cálamo en compañía de Antón Castro.

La primera foto de Gabi es de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-39269887a59f89408dbfdc20bbec28ca.jpg

 

La segunda es del autor durante el viaje.

 

DIÁLOGO CON R. MARTÍN GIRÁLDEZ

DIÁLOGO CON R. MARTÍN GIRÁLDEZ

[Rubén Martín Giráldez acaba de publicar en Jekyll & Jill, el sello de Jessica Aliaga y Víctor Gomollón, una novela infrecuente: osada, verborreica, paródica, de una extraña originalidad. 'Menos joven', que habla de un programa de radio, de un extraño personaje, Bogdano, y del intento de acabar con la cultura. O de exaltarla a través de su negación. Conversamos con el joven escritor catalán, nació en 1979, y estas son sus respuestas. Una parte amplia de la entrevisa aparecía el jueves en 'Artes & Letras' de HERALDO. La foto es de Alfonso Rodríguez Barrera; cortesía del autor y de la editorial]

 

 

¿Cuál es el punto de partida, la reflexión previa, esa imagen que es la primera detonación?
 La primera frase que escribí para Menos joven (y que en la versión definitiva se convertiría en la segunda) fue algo así como: «Lo que está haciendo ahora Bogdano es ensillar su cabeza; asegura las hebillas, sube a su frente y pica espuelas en sus mejillas», y el motivo, creo, hay que buscarlo en la determinación de hacer una novela breve, feroz y con su poco de absurdo controlado.

¿Desde el punto de vista de la idea o del concepto: querías criticar la cultura, matar al padre?
Para ser honesto, diría que la tesis del libro es más esa afirmación con la que abre —que «el padre de Bogdano siempre ha confundido trabajo y realidad»— que la serie de materiales conductores de que se sirve para hacer pasar ese puñetazo por narración. Está claro que para no limitarme a hacer una novela de ideas necesitaba algunos niveles de lectura mucho más reconocibles; crear una falsa sensación de familiaridad que impidiese al lector abandonar el libro. Espero que al avanzar no lo abandone por una cuestión de dignidad y amor propio, pero en ese punto aún no nos conocemos y no es justo pedirle otra cosa. Luego sí. Sin embargo, es muy probable que el relato ataque con más crueldad a la idea de esfuerzo=resultados positivos / mérito=consideración que a la del padre.

¿Cómo te gusta definir el libro: como un libro experimental, lleno de ironía, como un juego literario o quizá como una aventura literaria que tiene mucho de parodia?
 Pues, muy al estilo del narrador, voy a ponerle una etiqueta… Podría llamarla «una jeremiada bufa», me parece que eso le cuadra (ahora que la he releído editada): una especie de lamento impostado que sirve para humillar a los que se lamentan, a los que se autocompadecen.

Vayamos directamente con el argumento. ¿Qué es, qué quiere ser «El peinado de Calígula»?
«El peinado de Calígula» es el nombre de un concurso radiofónico que consiste en buscar a la gente que intervino en la formación de tu carácter, a los responsables de que éste haya salido algo, digamos, estragado, y sostener una «charla de devastación» con ellos, un ajuste de cuentas. La reflexión, en realidad, es si de verdad podemos hacer recaer la responsabilidad de nuestras decisiones en otros sin convertirnos en seres ridículos y lloricas. Seguramente la respuesta es no.

¿Por qué un programa de radio para jóvenes protagonizado por adultos y conducido por un locutor entre ambiguo e inquietante?
A esto me refiero cuando hablo de niveles de lectura más o menos reconocibles. El nivel simbólico me causa la repugnancia natural que necesariamente debe de causarle a cualquiera de mi generación. Eso de «matar al padre» es un constructo que se desintegra rápidamente entre las manos modernas. Menos joven habla de cosas más tangibles, habla de que la formación total del ser humano es imposible (por lo tanto habla también de ambición) y de que un padre o una madre deben aprender a asumir esa impotencia casi con alegría: no van a poder hacer gran cosa por su hijo. Así que ahí está: resulta que el padre de Bogdano no está puesto al servicio de una alegoría, sino que la alegoría «padre cultural» está puesta al servicio de un tema menos abstracto. Otro revés cabrito de la novela.
 
¿Quién es Bogdano? ¿Un exterminador, un hombre con problemas con los nombres propios?
Yo creo que es un hombre incapaz de atenuarse y ya definitivamente perdido en la multiplicidad de referencias cultas mentirosas y verdaderas que le ha proporcionado su padre falsificando su biblioteca. Por desgracia, lo que le mueve es el miedo, el terror a que esos genios que han formado su carácter le pidan algún día que se lo devuelva.

¿Por qué has elegido nombres como Gombrowicz, Webern, Lucia Joyce, Celan, los Roth o Kim Bassinger?
Ahora que ya estoy metido en la treintena me he dado cuenta de que sólo consigo retener en la memoria o que únicamente fui capaz de asumir lo que se me puso por delante entre los dieciséis y los diecinueve o veinte años, así que yo también voy dándome testarazos bogdanos contra lo mismo una y otra vez.
 
¿Qué relación tiene esta novela con el apócrifo? Empezando por la portada oculta, por la idea de traducción de Jessica Aliaga, por las vida inventadas de Kim Bassinger...  Háblame de la edición: con un diseño tan particular, con apostillas al margen, con dos portadas, con dibujos... ¿Cuál ha sido tu relación con la editorial? ¿Cómo valoras el libro formalmente?
El apócrifo es fundamental en la vida de Bogdano y en la novela: al protagonista lo han educado con libros retapados, de manera que cree haber leído a los grandes clásicos cuando ha leído obras de segunda, y todo lo que se nos cuenta llega por boca de un narrador de una ambigüedad diabólica, así que es muy probable que lo que leemos en Menos joven sea una mentira a la manera de El charlatán de Louis-René des Fôrets, una pura actuación oral impulsada por la incontinencia. En ese sentido el libro tiene su razón de ser precisamente en la edición de Jekyll & Jill, ¿qué otra editorial se atrevería a preparar dos portadas con distintos títulos, a mentir a sus lectores en la página de derechos, a elaborar una falsificación de un ejemplar de Gallimard, a incluir anotaciones a lápiz en los márgenes y rematar la faena con unas calcomanías de los personajes? No extrañará a nadie que luego, en lo personal, sean tan exquisitos y acertados como…, bueno: se les puede conocer muy bien por los libros que hacen.

¿Cómo debemos entender que todos, niños, el propio Bogdano o el locutor vayan a caballo?
 
Seguramente detrás de eso no haya más que la sospecha de que necesitaba que los personajes se moviesen a una gran velocidad y que el narrador se viese obligado a soltar un chorro de voz desbocado y discontinuo, alternando la asfixia con una euforia verbal exultante. Todo es verbo de una sola persona ahí, así que no os creáis todo lo que os cuente.

¿Qué quieres que haya de realidad o de ficción? ¿A qué lector te diriges con una novela, qué le pides?
Quiero que haya equívocos. Los hay, desde luego, incluso involuntarios: en los datos concretos y en las diversas interpretaciones que se le pueden dar a la novela. En realidad, Menos joven está escrita para descubrir cuál es mi postura frente a los temas que plantea, pero imagino (de hecho, espero: no tengo miedo a exponerme tanto, pero sí de esa manera) que el lector no podrá resolver cuál es mi postura, sino cuál es la suya propia. El dramatis personae que hay al inicio del libro tiene más de humildad que de insolencia.

¿Qué relación hay para ti entre literatura y transgresión? ¿En qué medida quieres criticar los lugares comunes de la cultura, las famas de laboratorio?
Me interesa mucho la figura de aquel que se convierte en el primero en decir algo de una determinada manera. El marqués de Sade: quiere tratar un determinado tema y necesita crear una nueva forma para ello. Cuando uso el término «fama» (y soy consciente de que he recurrido a él en las tres ocasiones en que me han publicado) lo hago en un sentido un tanto peculiar, me refiero al instante en que uno ve cómo su obra pasa de ser privada a ser pública, independientemente de si tiene uno o diez mil lectores. Es así como percibo a los grandes nombres de toda la vida. Y cuando digo «genios» imagino que precisamente me refiero a eso, a si han logrado esquivar el lugar común. Lo criticable es la falta de valentía y el ofrecer formas narrativas e historias convenientes con la seguridad de que van a encontrar una agradable acogida entre el público. No se trata de elitismo, ni mucho menos. Es más bien pudor: no voy a entregarle al lector algo que yo no perdería el tiempo en leer, sino algo que espero que le dará unas horas de placer.

¿Qué escritores te interesan? ¿Por qué es tan importante Pynchon en tu vida y en tu trayectoria?
Me interesan Rabelais, Sterne, Quevedo, Benet, Céline, Manganelli… Humoristas verborreicos. Creo que encuentro una parte de lo que necesito en el uso del lenguaje de Julián Ríos y Miguel Espinosa (aunque no conecte tanto con el contenido), y otra en la manera de elaborar sus posturas gente como Juan Francisco Ferré en Karnaval, o Antoine Volodine en todo lo que hace: ahí el problema es que, como yo no soy un animal político ni filosófico, me doy cuenta de que entro en terreno vedado, de que no lo entiendo todo, por más que lo disfrute. En ese sentido, Thomas Pynchon: Un escritor sin orificios venía a ser la confesión de cierta impotencia, y la resolución de usar esa impotencia como el más honesto de mis temas. Sencillamente porque imagino que habrá muchos lectores en mi situación.

Es un libro pop, mestizo, de fusión de géneros, y a la vez muy culturalista...
Lo cierto es que sentía recelos ante ese culturalismo, y entiendo que tal vez sea uno de los elementos que provoquen rechazo en algunos lectores. Los tranquilizaría diciéndoles que donde hay name-dropping hay parodia del name-dropping; que donde hay expresión atractiva, queridamente atractiva, narcisista y juguetona hasta lo cabreante hay también una reflexión sobre la incontinencia del lenguaje, de la palabra furiosa, y una rebelión ante el recuerdo de las decenas de párrafos que he omitido por respeto a ese mismo lector y a mí mismo. Es una novela sobre un señor que intenta salir del embrollo de referencias de su propia mente y que lo niega todo; en Menos joven se niega hasta la existencia real del idioma francés.

MELENDO: EXPOSICIÓN Y WEB

MELENDO: EXPOSICIÓN Y WEB

JOSÉ ANTONIO MELENDO ESTRENA WEB

Ese viejo amigo que es José Antonio Melendo me escribía anoche con la siguiente noticia: “Este viernes en el lounge del Club Náutico (Paseo Echegaray) nos juntaremos para brindar por mi nueva web: www.melendofotografia.comy además expondré unas muestras de mis trabajos”. José Antonio Melendo ha sido el fotógrafo que estaba en todas partes durante unos años –presentaciones, ciclos, conferencias, reuniones de amigos, etc.-, sin dejar de atender bodas o publicidad. De golpe, el azar le puso ante maravillosas modelos, actrices y otras mujeres de fantasía, y ahí ha realizado una amplia parte de su obra en los últimos tiempos. Con los ojos deslumbrados, afectos a la hermosura indecible. En su web hay muchas cosas, aunque por ahora parece un poco exigua. He aquí una pequeña muestra de su quehacer...

ACTORES Y POLÍTICA: DANIEL GASCÓN

Actores y política

  

El cine español es una categoría extraña, que arrastra muchos tópicos y confusiones, empezando por el propio uso de esa categoría. Hemos visto la mayoría de ellos en funcionamiento estos días, a raíz de la gala de los Goya, los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas.

A un escritor español no le echan en cara los libros de los demás escritores españoles, por ejemplo: bastante tiene con los suyos. Tampoco le adscriben las opiniones de los demás escritores españoles. No hay mucha gente que diga “yo no leo novelas españolas”, y tampoco se piensa que todas las novelas españolas hablen de la guerra civil, porque más o menos se asume que las novelas son diferentes y que entre ellas hay algunas que hablan de la guerra civil. En un país en el que se nacionalizan bancos y se dan ayudas a multinacionales, parece que el cine es la única industria que recibe dinero público, y esa es una impresión que cómicamente alientan medios que reciben subvenciones. Existe también la idea, profundamente divertida por su total desconexión con la realidad, de que se trata de un sector de millonarios. Se podría entender, sin recurrir a la teoría de la conspiración, que en algunas profesiones hay más gente de izquierdas o de derechas, pero la versión más imaginativa del mito del cine español presenta a todo el sector tomando el sol al borde de piscinas de lujo, conspirando a favor de Zapatero, Fidel Castro y otros miembros del eje del mal. Por otra parte, la gala de los Goya, emitida cada año por la televisión pública, siempre despierta interés: se sigue y se comenta, los periódicos dedican páginas a los vestidos, los chistes y al contenido de los discursos.

Este año, el ambiente venía caldeado. El asunto era si, en medio de una brutal crisis económica y cuando la industria suma al problema de la piratería el recorte de las ayudas y la subida de 13 puntos porcentuales en el IVA de las entradas, los profesionales del cine iban a hacer declaraciones políticas. La especulación acaparó espacio en los medios. En la alfombra roja, los periodistas preguntaban a los nominados qué les parecía que alguien protestara.

Media docena de los galardonados hicieron críticas a la gestión del gobierno. Una actriz dedicó su premio “a los que han perdido sus casas, sus ilusiones, sus esperanzas e incluso sus vidas por culpa de un sistema quebrado, injusto, obsoleto, que permite robar a los pobres para dárselo a los ricos”. Otra dijo que su padre había muerto en un hospital donde no había agua ni mantas y declaró que apenas había tenido trabajo en tres años. El presidente de la Academia criticó las medidas del gobierno que perjudican a la industria. Asombrosamente, los chistes de la presentadora recaían más en el gobierno que en la oposición.

Nadie debería escandalizarse por esto. El representante de un sector defiende sus intereses. Ocupar el poder tiene algunas contrapartidas, como por ejemplo que hagan más chistes sobre ti. Y uno puede compartir o no el discurso de Maribel Verdú –Christopher Hitchens usó la fórmula “socialismo para los ricos y capitalismo para los pobres” para describir la crisis financiera, y hace unas semanas Ulrich Beck hablaba de “socialismo de Estado para los ricos y los bancos, neoliberalismo para las clases medias y los pobres”– o el de Candela Peña –que me pareció desafortunado y poco hábil si lo que pretendía era defender la sanidad pública–, pero no parece que fuesen un abuso de la libertad de expresión.

Sin embargo, algunos han intentado desacreditar a esos peligrosos subversivos. El periodista Santiago González escribió sobre la gala. Según González, en la actuación de la presentadora “hubo momentos inenarrables, como cuando definió la especial jurisdicción de los actores: ‘la máxima autoridad para nosotros, el presidente de la Academia, Enrique González Macho’”. Como Santiago González es un hombre inteligente, no pienso que realmente se tome en serio lo que insinúa: más o menos, que los miembros de la industria del cine no reconocen a las instituciones de este país y se consideran parte de una especie de república sectorial al margen de la ley. La distorsión intelectual de la insinuación me recordó lo que le dijo a Harold Ross uno de sus redactores: “Eres tan retorcido que comes un clavo y cagas un tornillo”.

El texto de González tenía el encanto de pedir equidistancia a un monólogo cómico. Reprochaba, por ejemplo, que hubiera un chiste acerca de los sobres de Bárcenas. Pero ¿qué guionista podría resistirse en este momento? A todos nos seduce la posibilidad de hacer una broma fácil, y González lo sabe bien: él mismo aprovecha la ocasión para hacer un chiste de sobres a partir de un error de la gala.

Candela Peña dijo que solo había trabajado en una película en los últimos tres años. González la corregía:

“No sé si recollir-lo en català com a actriu catalana que sóc, o decir: “Thank you very much. I’m very, very happy… [grandes aplausos] Quiero decir que hace tres años que no trabajaba [desde 2008 ha trabajado en 6 películas, lo que hace una media de 1,2 películas por año, a saber: tres en 2008, una en 2009, una en 2012, por la que ha recibido el premio y la que está haciendo con Isabel Coixet, que se estrenará en abril] (los corchetes son de González)

A mí también me sorprendieron los aplausos. Pero yo no estaba al corriente de que en los Premios Gaudí Candela Peña había recibido críticas por dar su discurso de agradecimiento en castellano y por no aplaudir una declaración independentista de la actriz Montserrat Carulla. La contabilidad de González (que esta vez no pone link a su fuente) es curiosa. Decide remontarse hasta el 2008, un año en el que Peña hizo tres películas (entre ellas un cortometraje), y así le sale esa media de 1,2 películas anuales. Si en el 2009 Peña hizo The Island Inside, en 2010, 2011 y 2012 solo aparece una película suya en imdb.com, Una pistola en cada mano, por la que recibió el Goya.

El periodista establecía una analogía entre las palabras de la gala con el caso de “un joven dirigente de IU en Vitoria escribió una carta abierta a Cosme Delclaux, entonces secuestrado por ETA, en el diario Egin. El espíritu de la misma venía a ser un ‘jódete, Cosme’”. Posiblemente él mismo se dio cuenta de que la comparación era un tanto excesiva, ya que matizaba antes que se trataba de “un caso más severo”.

La Razón dedicó una portada a Maribel Verdú, bajo un titular que decía “La doble cara del cine español”, con un fotomontaje sobre el rostro de la actriz y el letrero: “Maribel Verdú, de multipropietaria, vendedora de hipotecas y accionista de una clínica privada a heroína antidesahucios y abanderada de las críticas al Gobierno por los recortes”. Es decir: cuando recibes un premio por tu trabajo decides solidarizarte con gente que lo está pasando mal, y un par de días después te encuentras una campaña llena de insultos y especulaciones sobre tu vida privada. Bajo la retórica ampulosa que presenta a Verdú como “vendedora de hipotecas” y luego como una especie de Agustina de Aragón antisistema, se encuentra el dato de que la actriz había hecho un anuncio en el que se fomentaba la contratación de hipotecas. Parece un poco extraño que haber hecho un anuncio te impida criticar algo –especialmente en un medio que publica anuncios–, o pensar que una persona que se encuentre en una situación económicamente cómoda no pueda defender a los que están en una situación peor. Y, en todo caso, sería mejor presentar argumentos que lanzarse a un ataque personal.

En la línea de quienes reprochan a los actores que lleven ropa de gala en una gala y aun así critiquen al sistema –por lo visto, serían mucho más convincentes si fueran desharrapados–, este fin de semana ABC publicaba tres páginas tituladas “El capitalismo sienta bien a los actores más críticos”, que denunciaban que a estrellas de Hollywood como Penélope Cruz y Javier Bardem les vayan bien las cosas. Se detallaban inmuebles y empresas de gente que ha criticado al gobierno, o de gente que es próxima a gente que ha criticado al gobierno, o de gente de quien se sospecha que podría criticar al gobierno si tuviera la oportunidad. Se hablaba de “prebendas que el ciudadano de a pie no disfruta” cuando un registrador de la propiedad se negó a informar del patrimonio de un actor. El artículo estaba lleno de insinuaciones malintencionadas: la empresa de Pilar Bardem tiene un “nombre casi guerracivilista”, la productora de Pedro Almodóvar es un “emporio cinematográfico” y José Corbacho recibió un préstamo de La Caixa.

Aun así, es el estilo que eligen esos medios, y resulta mucho más preocupante la respuesta del ministro de Hacienda, que dijo que “alguno de nuestros famosos actores no pagan impuestos en España”. En un momento chanante, añadió que, cuando paguen en nuestro país, “las bases imponibles y la recaudación serán más amplias”, como si la culpa del déficit fuera de los actores. Esas palabras, que pretenden desacreditar a todo un sector, son irresponsables, tienen un tono levemente mafioso y no están a la altura de lo que debería ser un ministro de un país democrático. No es la primera vez que el ministro Montoro, que amenazó a los medios críticos con airear sus deudas tributarias, adopta maneras que recuerdan a Cristina Kirchner.

Se dice con frecuencia que damos demasiada importancia a las opiniones políticas de las celebridades, y posiblemente sea cierto, aunque no creo que sea culpa suya. Como en profesionales de todo tipo, hay opiniones más o menos discutibles, más o menos fundadas. Tienen derecho a exponerlas y nosotros a criticarlas: yo lo he hecho en más de una ocasión. Lo peligroso es que se intente difamar a quien piensa de otra manera, que se creen categorías groseras e indiscriminadas, y que quien nos representa a todos se comporte como un cacique o un aprendiz de Joe McCarthy.

 

*Este artículo lo ha publicado Daniel Gascón (Zaragoza, 1981), escritor y traductor y redactor de la revista ’Letras Libres’ en la edición española de la revista mexicana.

El enlace es este:

http://letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/actores-y-politica?page=full

22 AÑOS DE LA SALA JUANA FRANCÉS

Una retrospectiva. 22 años de la Sala Juana Francés

 

Por Paula GONZALO LES

Desde que abrió sus puertas en 1990, la Sala Juana Francés de la Casa de la Mujer de Zaragoza ha centrado sus esfuerzos en visibilizar a las artistas aragonesas, apoyar a artistas noveles y presentar la obra de artistas varones comprometidos con el género y la identidad. Una retrospectiva. 22 años de la Sala Juana Francés revisa la trayectoria de este espacio expositivo, referente local del arte contemporáneo. La muestra, que se nutre fundamentalmente de los fondos de la Casa de la Mujer de Zaragoza, se articula en torno a cinco bloques: identidades, cuerpo, violencia de género, nuevas masculinidades y videoteca. Este proyecto se enmarca dentro del II Festival Miradas de Mujeres (II FMM)que en 2013 reúne un total 13 comunidades autónomas, 800 mujeres artistas y 190 centros de arte, pretendiendo conceder prestigio y visibilidad al trabajo de nuestras artistas nacionales.

Comisaria: Paula Gonzalo Les

http://www.facebook.com/SalaJuanaFrancesZaragoza
http://www.festivalmiradasdemujeres.com/

Inauguración 7 de marzo. Período expositivo 7 marzo-3 mayo 2013

Casa de la Mujer, C/ Don Juan de Aragón nº2, 50001, Zaragoza

Artistas participantes:

Katia Acín, Paco Algaba, Javier Almalé, Rosalía Banet, Cabello/Carceller, José Luis Cano, Cecilia Casas, Soledad Córdoba, Roberto Coromina, María Enfedaque, Virginia Espá, Antonio Fernández Alvira, Elena Fraj, Jorge Fuembuena, Louisa Holecz, Javier Joven, Julio Lanao, Enrique Larroy, Las tAradas, Luis Marco, Vicky Méndiz, Carmen Molinero, Sandra Montero, Begoña Morea Roy, Beth Moysés, Raquel Muñoz, Rosa Muñoz, Marina Núñez, Paula Ortiz, Sylvia Pennings, Enrique Radigales, Mabi Revuelta, Miriam Reyes, Mapi Rivera, Gema Rupérez, Sarah Shackleton, Cecilia de Val, Eulàlia Valldosera, Alicia Vela, Lina Vila.

 

*Tomo esta información de mi querida Paula Gonzalo Les. Conservo un gran recuerdo de su papá: Francisco Gonzalo, un tipo maravilloso que leía con cariño a José Luis Sampedro.

 

PALMIRA MÁRQUEZ Y LA EDICIÓN

PALMIRA MÁRQUEZ Y LA EDICIÓN

Recibo esta nota de Daniel Heredia, escritor y periodista cultural gaditano, que posee un espléndido blog. La foto la tomo de ahí.

[¿Conoces el trabajo que realiza una agente literaria? ¿Qué cualidades se necesitan para desempeñar esta profesión? ¿Por qué la gran mayoría de ellas son mujeres?

PALMIRA MÁRQUEZ, de Dos Passos Agencia literaria y Comunicación, responde a estas y otras cuestiones en una entrevista de ¡A los libros!

http://danielheredia.com/palmira-marquez-acepto-a-un-escritor-si-me-gusta-lo-que-escribe-creo-en-ello-y-veo-en-el-un-autor-de-futuro/

Buena lectura.]