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Antón Castro

GABRIEL LATORRE, GALAGAR

GABRIEL LATORRE, GALAGAR

EL OTRO GABRIEL LATORRE: EL FOTÓGRAFO NECESARIO
Gabriel Latorre se crió, como actor, al amparo de la inolvidable Pilar Delgado en La Taguara. Luego, con una magnífica versatilidad, fue haciendo muchas cosas: teatro, cine, televisión. Siempre con una calidad difícil de definir: con oficio, con hondura y con sensibilidad. Con el inadvertido primor de los secundarios imprescindibles. Pero Gabriel Latorre tiene varias vidas: una de las más activas y sólidas, más allá de la interpretación, es su condición de fotógrafo. Fotógrafo con vocación artística, fotógrafo que también documenta lo que sucede, lo que sueña, lo que imagina, lo que le atrapa o le incomoda. Merced a su gran gentileza, hoy muestro aquí una selección de su obra. Hay de todo: retratos, formas, piezas teatrales, puesta en escena, sueños... Como fotógrafo, Gabriel Latorre se hace llamar también Galagar: Gabriel Latorre García. Los artistas son así: artistean hasta con el nombre.

SACRISTÁN, POR SERGIO CASADO

SACRISTÁN, POR SERGIO CASADO

[Sergio Casado es un cinéfilo incansable, pero también es biógrafo de Sinead O’Connor, Enya o Alanis Morrisette. Ha publicado un libro sobre Adolfo Aristarain, trabaja en otro sobre Mario Camus y siempre está lleno de proyectos. Uno de ellos es, con la ayuda de algunos amigos, la reapertura de los cine Renoir, donde trabajaba. Acaba de publicar en Soyuz este artículo sobre José Sacristán, que, esta noche, podría recibir el premio Goya a la mejor interpretación por ‘El muerto y ser feliz’ de Javier Rebollo. Cuelgo aquí esta foto y la foto de Sergio con Luis Alegre y José Sacristán.]

  

El Actor Labrador

 

 

“Estimo a quien de un revés

echa por tierra un tirano:

lo estimo, si es cubano;

lo estimo, si aragonés”.   

José Martí.

 

 Por Sergio CASADO

Daba la impresión de no ser casual entrar en la sala Amparo Poch (anarquista y librepensadora) del Paraninfo de Zaragoza con tiempo de sobra.   Apenas había todavía periodistas en una fría tarde de Enero, así que pude acercarme a la placa con la cita de José Martí.  La apunté en una pequeña libreta mientras esperábamos a Pepe Sacristán, que venía a Zaragoza, al Teatro Principal, a representar su nueva obra “Yo soy Don Quijote de la Mancha”.

 

La tiranía de estos días, de la ignorancia, del conformismo, del desánimo, siempre estuvo ahí, como tal.   Pero a veces parece atenazarnos, recordarnos con más fuerza que está a nuestro lado, permanentemente.  Pepe Sacristán nos estrecha la mano con fuerza, sonriente, con un espíritu joven.    Tiene setenta y cinco años, pero su voz honda, serena, no es la de alguien cansado de vivir, sino la de alguien lúcido, sano, muy vivo.   Mientras se sienta, pletórico, su voz inunda la sala: “Aquí no hay nada que celebrar.  De momento”.  

 

Luis Alegre le pregunta por su momento de oro, actual, el del éxito de su obra teatral y sus recientes trabajos para el cine en “Madrid, 1987” y “El muerto y ser feliz”, dos películas arriesgadas que él engrandeció y le engrandecen a él.  El premio Goya parece esperarle este año, pero él no parece tomarlo en serio (“¡si no lo gano, peor para mí!”) y de inmediato intenta dejar claro que el Sacristán actor es también Sacristán ciudadano, mientras comenta y se indigna por el esperpento cotidiano de periodistas falsas pagadas a precio de oro, o tesoreros con cuentas en Suiza.   Insiste en que el Sacristán cómico y el Sacristán ciudadano van de la mano, deseando pensar “que somos de alguna utilidad al que nos escucha”.  En varias ocasiones, en esta sala, y después en el Aula Magna, recordará la figura de Fernando Fernán-Gómez, espíritu que le guía, al que admiró y sin duda quiso parecerse.  Quizá, pensó el joven Pepe Sacristán, si se esforzaba, si dedicaba su máximo interés a la interpretación, a su oficio, podría soñar con ser algún día un actor de auténtica talla, como Fernán-Gómez.  Así que se refiere a la necesidad, que aprendió de Fernando, de no descuidar el trabajo del actor respecto a la sociedad.

 

¿Qué sucedió? ¿Cómo ha llegado a ser el que es?  Sacristán era hijo de un republicano que estuvo en las cárceles franquistas, militante del partido comunista en la clandestinidad: “Vengo de la Castilla campesina de los años treinta”.  Actor labrador, pero que se define sanchesco de origen y quijotesco de aspiración.  Aquel joven Sacristán de la posguerra vivía con su familia, todos juntos, cinco en una habitación, aprendiendo en clases con profesores republicanos represaliados, que en lugar de imponerle oraciones por las noches, le leían un trocito del Quijote.

 

Un actor que sabía lo que es el hambre, un actor labrador con sabañones, que no quiso ser mecánico, y que haciendo el servicio militar en Melilla, declaró la guerra a la tiranía de la ignorancia, de no saber, de no leer, de no formarse.  Sacristán compró el libro de Stanislavsky, la preparación del actor, y como aficionado primero, luego con pequeños papeles, estaba dispuesto a todo por no conformarse en la oscuridad franquista.  De las bibliotecas públicas a las lecturas recomendadas por compañeros y amigos, y de ahí a trabajar cuantas horas fueran necesarias.  Recuerda hacer siete papeles distintos en una representación de “Julio César”, en 1964.  

 

La vida es a menudo representación, y nada mejor para un actor que pasar por Zaragoza, por el Teatro Principal, que es la Vida, y referirse a la interpretación como a un juego (“Es como un juguete, divertido”).  La vida también es juego.  El Juego.  Y Sacristán se empeñó en ganar en ese Juego.  Sin él la vida sería un absurdo para él: “Si no estoy ahí no me divierto”.  Por eso cuando le pregunto que significa para él trabajar en el Teatro Principal de Zaragoza, sonríe: “¿Cómo me preguntas eso, si ya sabes la respuesta?”  Le respondo que quiero escucharlo en sus palabras y sitúa el Teatro Principal entre lo mejor de lo mejor: “Estar en el Teatro Principal es un privilegio”. 

 

“Aquel crío de Chinchón vio una película en su pueblo y quiso ser aquel comanche, mosquetero, gángster...”  Son sus palabras.  El origen de ese inconformista que de nuevo vuelve a Fernando Fernán-Gómez.  El sueño de ser como él, de tener su estatura, de seguir la disciplina que él le aconsejaba, pero desde la humildad: “La cultura de Fernando era inmensa”.

 

Sacristán, ya actor, duda de todo, como buen lector. Vuelve a referirse a la incertidumbre de estos días, a la necesidad de tener una voz propia. ¿Lee el periódico todavía, cada día?: “Tengo que comprar más de uno.  No me fío y después de leerlos todos me fío menos”.

 

Desde su debut con Fernando Palacios en “La familia y uno más” (1965), el conformismo nunca llegó y por eso Sacristán ya no sólo se alimentó y aprendió del trabajo de los compañeros, sino también de los grandes papeles, teatrales y cinematográficos, como el Martín Marco de “La colmena”, el Carlos Galván de “El viaje a ninguna parte”, o el geólogo Hans Mayer Plaza de “Un lugar en el mundo”.

 

Y Sacristán podía trabajar en musicales, siendo ya ese Don Quijote que soñaba ser, en “El hombre de la Mancha”.  Actor labrador y cantante. Y ya la minúscula se hacía mayúscula, Actor, como el Maestro Fernando Fernán-Gómez.  Antes de que los fotógrafos le retraten en el Paraninfo, su ejemplo, la figura en la que se ha convertido, resuenan en su reflexión, en la necesidad de “presentar batalla a la necedad y el atropello”.  Continúa: “Hemos estado alimentando al monstruo y nos tiene cogidos por los huevos”.  Así el arte se convierte en un instante de felicidad, ese juego al que se refiere, pero el ciudadano, formado, luchará como actor para que además de ese instante de felicidad exista, quepa también una reflexión: “Quiero salir todos los días a librar la batalla de la dignidad, incluso de la alegría, de la felicidad y la lealtad”. 

 

Lo ha logrado. Pepe Sacristán es Fernando Fernán-Gómez. Pepé Sacristán es Don Quijote.

 

 

XIV: PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA

MÁS SORPRESAS EN LOS XIV PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA

Habrá alguna actuación no anunciada así como el lanzamiento de una nueva actividad del colectivo Aragón Musical.

Aragón Musical sigue aportando nuevos datos sobre la gala del próximo lunes, 18 de febrero, a las 20h, en el Teatro Principal de Zaragoza. Al parecer los XIV Premios de la Música Aragonesa van a contar con más de una sorpresa. Por una parte, desde Aragón Musical, aseguran que va a haber alguna actuación inesperada, pero, además, en el transcurso de la jornada, anunciarán la puesta en funcionamiento de una nueva actividad como colectivo.

Estos son los escuetos datos que han aportado tras informar hace solo unos días de que el Premio Global de la Música Aragonesa de este año recaería en Loquillo que ha asegurado ya su asistencia a la gala. También aportaron el nombre de las últimas nominaciones que quedaban por difundirse así como el anuncio de que gracias al apoyo extra del Ayuntamiento de Zaragoza así como de la empresa Insertos, el acto podrá televisarse de nuevo en directo desde aragonmusical.com y aragonmusicaltv.com. También se hará en diferido desde ZTV y distintas televisiones de las tres provincias aragonesas.

La gala de este año contará con las actuaciones de The Faith KeepersLírico y Gavy Sander’s & Los Vibrants. Además, Gavy, recogerá el Premio Especial a una Trayectoria como despedida definitiva de los escenarios tras más de medio siglo desde sus inicios como pionero del rock en Aragón y en España.

Más que nunca, la labor de los patrocinadores ha sido esencial, y su esfuerzo mayor que nunca: Ayuntamiento de ZaragozaCovah y Ámbar.

Los nominados en los XIV Premios de la Música Aragonesa son:

 

Mejor Grupo:
Cube
RedRum
Tako
The Faith Keepers

Mejor Solista:
Aer
Bunbury
David Sancho
Lírico

Mejor Álbum:
“A la Deriva” de Interlude
“De Vito” de De Vito
“Leap of Faith” de The Faith Keepers
“Un antes y un después” de Lírico

Mejor Tema Musical:
“Canción para Dimitris” de Joaquín Carbonell
“Coche” de Aer
“El Alma Atada” de Tako
“A fuego lento” de Lírico

Mejor Directo:
Amaral
Dadá
Después de Todo
The Faith Keepers

Mejor Álbum Autoeditado:
“Envasado en hechos reales” de Guisante
“Iluminando los Colores” de Mister Hyde
“Origen” de Cube
“Recuerdos del Futuro” de Aer

Mejor EP:
“Canciones con(de) Coraz(i)ón” de Stabilito & The Space Oddithree
“Interludio” de Pecker y Manso
“La Revolución de Terciopelo” de Crisálida
“Try” de The Bärds

Mayor Proyección:
Amorica
Esparatrapo
Mercury Rex
Ticket

Mejor Programación:
Avv Arrebato
El Veintiuno
Pirineos Sur
Sala López

Mejor Portada:
“Envasado en Hechos Reales” de Guisante por Münster Studio
“Iluminando los Colores” de Mister Hyde por Gustaff Choos
“Leap of Faith” de The Faith Keepers por Raúl Mest
“Zona Hostil” de Urban Contack Clan por Isaac Mahow

Mejor Vídeo:
“Licenciado Cantinas” de Bunbury dirigido por Alexis Morante
“Hoy es el principio del final” de Amaral dirigido por Alberto Van Stokkum
“Subir los Colores” de Limnopolar dirigido por Iván Castell
“Tanto te dirán” de Aer dirigido por Beatriz Abad

Mejor Canción en Lengua Autóctona Aragonesa:
“A mía Tierra” de Jesús Viñas
“Mosica, Parola y Movimiento” de Prau
“Olivera d’ Aragó” de Ángel Villalba
“Os Pietz en a Tierra” de Prau

Mejor Producción:
“Envasado en hechos reales” de Guisante por Rafael Domínguez
“Las Campanas de la Vergüenza” de Tako por Daniel Alcover
“Origen” de Cube por Jorge Escobedo
“Un antes y un después” de Lírico por Lírico y R de Rumba

Mejor Disc Jockey:
DJ Pendejo
DJ Potas
R de Rumba
Simon Zico

Mayor Apoyo:
Mondosonoro
Pablo Ferrer
Periferias
Ztv

Mejor Web:
Aragón Metal
Aragón También Tiene Sed
Capitán Lillo
Zaragoza Conciertos

Los medios de comunicación, podrán disponer de los distintos artistas nominados en el photocall, desde media hora antes del comienzo de la gala.

CITA CON MANUEL PEREIRA, POETA

CITA CON MANUEL PEREIRA, POETA

EL POETA MANUEL PEREIRA, HOY, A LAS 19.00, EN EL COLEGIO JOAQUÍN COSTA

Esta tarde, en el colegio Joaquín Costa, a las 19.00, Manuel Pereira, un gallego de Ouzande-A Estrada (Pontevedra) que estudió y se formó en Zaragoza, presenta su nuevo poemario: ‘Interior con frutero y heridas / Interior con froiteiro e feridas’, que publica Aqua e ilustra Ana Cristina Lapiedra con una colección muy personal de grabados. Manuel Pereira vivió aquí el despertar a la vida, al arte, a la creación y a un sinfín de sensaciones. Habla de los días del colegio, del clima hostil, de los días de cine, de alguna pelea (de golpe se descubría entre los escasos amigos del perdedor), del Tubo, de los bocadillos o del fútbol de ‘Los Cinco Magníficos’. O de aquella profesora francesa, Nicole, a la que todos veían pasar. Entre los textos, de evocación y recuperación, de fijación del almanaque de los horas y circunstancias en la memoria, hay este poema vinculado al cine, a la película ‘La hija de Ryan’. Entre otros amigos, estaré con Manuel Pereira y Ana Cristina Lapiedra en la presentación. Lo copio aquí en castellano.

 

Algunas películas quedan para siempre.

Inauguran algo en nosotros.

Era una historia de lealtad, amor,

traición, valor y desprecio.

Una playa inmensa,

la música de Maurice Jarre,

y un oficial inglés desabrochando

la blusa de Sarah Miles.

La titulaba ‘La hija de Ryan’, la vi en el

teatro Fleta y al salir todo había cambiado.

RAMÓN ACÍN: DOS CUENTOS

Ramón Acín Fanlo, escritor y crítico literario, está trabajando en un nuevo proyecto literario. Me envía estos dos relatos, y dice: “Forman parte de mi libro inédito titulado Monte Oscuro, que, en gran medida, en su conjunto, se centra en una ciudad -y su atmósfera- reconocible, con los Pirineos al fondo, cómo no. Son cincuenta relatos que pueden leerse individualmente, pero que, a su vez, conforman un libro compacto en torno a la familia con circunstancias de todo tipo”

 

DOS RELATOS DE RAMÓN ACÍN

 

 

 

CARTÓN PIEDRA, SIN CUENTOS

 

Que no venga con cuentos.  Aunque le comprendamos –conocemos su calvario- puede decir cuánto quiera y lo que quiera, pero, por lo general, la realidad es tozuda.  Ésta, abogado,  es la verdad: Su progenitor fue un tarambana miserable que, además, de quemar la herencia familiar, necesitó que muchas veces sus concuñados, nuestros respectivos padres, le sacasen del apuro. Él supo, desde siempre, sin lugar a la duda que, así, sus concuñados cortaban de raíz el lacerante llanto de las respectivas esposas, sus hermanas pequeñas, nuestras madres. Era muy consciente de ser el mayor de la estirpe y de que por ello, como tal,  podía ejercer el dominio. Desde muy  niño. Todos en la ciudad estaban al corriente de que, en la Casa, apenas se le presentaba una ocasión, sacaba a relucir alguno de sus encantos y que, después, no dudaba en ejercer su condición de embaucador. Cayese quien cayese, aunque el sacrificado fuese carne de su carne.  Sí, abogado, fue en la niñez -¿quién puede dudarlo?- cuando forjó esa variopinta maestría suya para hacer uso de las añagazas. Por eso mismo, sus hermanas, nuestras madres, más que hermanas, fueron su mejor probeta de ensayo y, por supuesto -¿alguien lo duda?-, víctimas. Ahí nace y reside la permanente influencia sobre ellas. Y, de rondón, también, sobre sus concuñados quienes, una vez tras otra, comprendieron  muy bien cuál debía ser la manera de su proceder: antes de ahogarse y ahogarnos a todos en un valle de lágrimas familiar, prefirieron soltar los cuartos o, incluso, aunque la vergüenza les corroyese, mover los hilos de sus amistades en las alturas. Porque sonrojo de verdad es lo que en la familia se ha padecido, pese a haber evitado la ignominia. En muchas ocasiones ante los agremiados, amigos o, como dice él, ante nuestros conmilitones, se vieron forzados a obrar contra su voluntad. No seremos nosotros quienes ahora aticemos la hoguera, pero, usted sabe bien, abogado, que, en la ciudad, aun está muy viva, porque se comenta a menudo, la más sonada de sus hazañas; aquella en la que sus concuñados, con su aval, cubrieron la deuda contraída en la más famosa partida de póquer de la región. Famosa porque, pese a los años, todavía anda en boca como la línea roja que nadie debe traspasar. Nos referimos, abogado, al fatídico amanecer en el que nuestros padres, como ángeles custodios, acudieron malvestidos para cubrir el farol –un miserable trío- que él había avalado con su hija mayor que “aún era virgen”. Fue, precisamente, esa barbaridad  ofrecida como prenda lo que movilizó a nuestros padres, sacándoles de la cama y viajando con el alma en vilo tantos kilómetros. Y todo para ver -eso aseguraron ellos varias veces- cómo él sorbía el humo de su puro, detrás del que, en apariencia, pretendía disimular y desleer la verdad de su mirada. Entre la supremacía y la súplica, pero jamás ni un viso de agradecimiento. Una barbaridad muy semejante, abogado -también nos la relataron- a la de su adversario, un caradura parecido, que no tragó la bravata y pujó fuerte, más retador todavía. Y, como ya conoce, la algarabía fue de tal órdago a la grande que, por milagro, no acabó en tragedia, pues la sangre tenía ya todas las compuertas abiertas.  Varios prohombres de la ciudad –entonces aún jóvenes-, asustados, hicieron de bombero conteniendo al retador y permitiendo que nuestros padres, los concuñados del tarambana, acudieran con la ya consabida lluvia de billetes y de esta manera que nuestra prima salvase su virginidad.

 

DE “PIEDRA” EN “PIEDRA” Y JUEGO PORQUE ME TOCA

 

De tal palo, señoría, tal astilla. El refrán acierta. No quiero cargar las tintas, sólo acudir a la realidad que es verdad, la verdad. Sin intereses de por medio. Simplemente, concretar lo que sucedió y cuanto sucedió. He admitir que era guapa, muy guapa, pero también que sabía –lo sé- que era –espero que aún no haya dejado serlo-  tía carnal. Como afirmaba la abuela, la naturaleza –en concreto, ella hablaba de Dios- le había dotado de esa hermosura que encela a los hombres inclinándoles a la sinrazón. Yo, no puedo probarlo, porque apenas la traté. Que recuerde, tan sólo unas semanas, en verano, cuando vino a la Casa para curarse de una tisis.  Aún vislumbro su indolencia sobre la cama durante los primeros días de su enfermedad. Maliciosa, torciendo el rictus mientras yo, asombrada, miraba aquello a hurtadillas Me llevaba más de diez años. Por aquel entonces, señoría, yo tendría  siete u ocho, quizá nueve. Luego, después de ese verano sanador, ella marchó a Londres. A perfeccionar su inglés, creo. Y ya perdí su pista hasta quedar convertida en una difusa fotografía, agrietada y sin el brillo de la vida. Quizá, no tan agrietada y sin brillo como en el resto de mi familia que, supongo, alguna noticia tendrían de sus andanzas. Porque, en aquel tiempo, nuestros padres aún se cruzaban cartas con ella.

Se desgajó así de mi vida de manera muy simple. Cubriéndose poco a poco de sombras, oscuridad y, olvido.  Ella, y todo cuanto sucedió mientras se recuperaba de su postración, fue desliándose como el paseo militar de las sombras cuando mordisquean la luz hasta transformarla en tiniebla y negrura.

Supongo que lo que hacía conmigo, también lo haría con otras. Digo, supongo. Sin embargo, sí puedo decirle que era ladina, no en un sentido de indecorosa, que también, sino en el de la pericia. Cegaba, una a una, todas las salidas posibles para que no tuvieras más remedio que aceptar lo que ella proponía. Lo que se proponía. Primero encelaba y, cuando, vislumbraba atisbos de incomodidad en su contendiente, empujaba a lo incierto y, así, sucesivamente hasta que una caía rendido a sus pies.  Ahora creo que la normalidad le resultaba aburrida y que necesitaba no amputarse los arrebatos más íntimos. La locura era su tabla de salvación. La demencia de esperar lo imprevisible, sabiendo que ésta nunca llega del todo. Tal vez, así  escapaba a la vida. Y se saciaba. Por eso, me reafirmo en lo de tal palo tal astilla.

El niño, señoría, me recuerda a su madre, mi prima agrietada y sin brillo.

CARLOS CASTÁN: UN DIÁLOGO

Esta tarde, a las 20.00, en compañía de Ismael Grasa, Carlos Grasa presentará su libro ‘Polvo en el neón’, un proyecto literario que se ve enriquecido con las fotos narrativas y sugerentes del artista norteamericano Dominique Leyva, afincado en Huesca desde hace algún tiempo. El libro ha sido publicado por Tropo editores y ya ha sido publicado en varias ciudades. Un resumen de esta entrevista aparece hoy en ‘Heraldo de Aragón’.

 

“Quizás la única huida posible esté en la literatura”

 

 

¿Adónde lleva la Ruta 66?

 Geográficamente hablando va desde el lago Michigan hasta Santa Mónica en la costa Oeste de los Estados Unidos, es decir, va al océano pasando por kilómetros de desierto y un montón de ciudades a lo largo de varios estados. Desde un punto de vista más metafórico se supone que también puede acercar al viajero hacia algún lugar extremo de sí mismo hasta el que nunca antes había llegado. La perdición y la gloria han pasado mil veces por allí.

  

Querría saber: ¿has hecho esa ruta? ¿Cómo la definirías: es un territorio literario o un territorio musical?

En realidad nunca he hecho esa ruta. Mi fascinación por ella proviene tanto de la literatura (Steinbeck, Kerouac, Sam Sephard) como del cine (‘Paris Texas’, ‘Corazón salvaje’ y tantas otras), sin olvidar la música que contribuyó a hacer de ella un territorio legendario. He viajado mucho en ese modo, aunque por otras rutas del mundo, solo en el coche, con el mapa de carreteras en el asiento del copiloto, un cuaderno, unos cuantos CD’s y sin tener un rumbo demasiado claro, eligiendo sobre la marcha un lugar donde pasar la noche.

 

¿Cómo surge este libro: nace primero el relato, nacen primero las fotos, se gesta todo a la vez?

Nacen primero las fotos. Yo conozco a Dominique Leyve desde que hace unos cuantos años aterrizó en Huesca procedente de su Albuquerque natal. El fotografía escenarios que le son absolutamente familiares y cotidianos pero lo yo que veo en esas imágenes tiene que ver con la fascinación de lo lejano. Vi esas fotos por primera vez en un ordenador, como si fuera una presentación, una tras otra y comprendí que esa secuencia era algo así como el storyboard del relato que más tarde terminaría por escribir. Creo que es un tipo de fotografía muy narrativa, es casi imposible mirar una de ellas (y no digamos ya la serie completa) sin pensar algo en términos de historia.

 

¿Qué querías hacer: la crónica de un viaje, de motel en motel, como Sam Sheppard, o contar una historia de amor?

Ambas cosas. Aparece el amor entendido como un viaje con sus etapas, sus minutos intensos, sus pinchazos y sus contratiempos. Y también quiere ser una reflexión acerca de la idea de irse, del intento tantas veces repetido de querer salvarse poniendo distancia cuando a menudo las sombras que nos acucian forman en realidad parte del equipaje; de la imposibilidad de huir del todo de nada ni de nadie.

 

Hablemos de la historia: es como un relato de dobles parejas, una doble aventura. Quinn y Jessica; Sally y John Perkins..., y a la vez es una peregrinación. ¿Es la Ruta 66 el escenario ideal de una aventura de amor?

Cualquier escenario sirve para una aventura de amor, pero me gustan las connotaciones que tiene la carretera, los lugares de paso, todos esos espacios que no están en un lugar ni están en otro sino en el camino, como un paréntesis abierto en medio del mundo. La ruta permite además jugar con conceptos como velocidad, distancia, lejanía y extravío; muestra muy plásticamente esa salir en busca de algo dejando atrás cosas y mundos enteros.

 

Dices: “Irse era para Quinn el pánico y a la vez el nombre de la felicidad”. Me parece que esta frase resume el espíritu del libro ¿no?

Sí, ahí subyace un poco esa contradicción entre el deseo de ser otro, de ensanchar al menos la propia vida y perseguir la intensidad, por una parte, y por otra la querencia a nuestro rincón de siempre, a nuestro propio descontento que, por conocido, no deja de ser una especie de hogar con sus comodidades y su calidez. Y aparece el miedo a la intemperie que pueda estar aguardándonos tras esos límites, las cautelas, el temor a arrepentirse después.

 

¿Qué sucede en las áreas de servicio?

En realidad casi nada: gente que reposta, que estira las piernas, que se refresca un poco. Pero a mí me gusta verlas como templos del azar, puntos en medio de la nada donde las historias de los hombres se cruzan unas con otras pudiendo llegar a enmarañarse. Sobre esa gran superficie de asfalto con manchas de aceite hay un bullir de gente de paso. A escala, es lo mismo que sucede sobre nuestro planeta.

 

¿Cuál sería el encanto de los moteles, tan literarios?

Creo que, aparte de las innegables referencias cinematográficas que a todos nos sugieren, puede tener que ver con eso que comentaba antes de que se constituyen en nuestro imaginario a modo de lugares al margen del mundo, a resguardo de las miradas y hasta del peso de la ley, lo que hace que los relacionamos con amores clandestinos, escondrijos de criminales y todo lo demás.

 

Otra frase perturbadora, que tiene mucho que ver con nuestra vida también y con nuestra incertidumbre: “Los padres viajan toda la noche hacia el lugar de la tragedia”. ¿Por qué?

Es cierto, van siempre ahí, arrastrando todo su cansancio, con fuerzas o sin ellas, arruinados, cojos, pero van. Si están a tiempo tapan la hemorragia con sus propias manos; si llegan demasiado tarde mueren también ahí de alguna manera, en las cunetas, en las salas de espera de los hospitales. Siempre me ha interesado el tema de la angustia asociada a la paternidad, esa especie de condena. Y también la cuestión de cómo repercuten nuestras decisiones en esos espectadores de nuestra vida que son los padres. Espectadores por lo general con localidades bastante malas, que lo ven todo desde lejos y esquinado, que no saben de la misa la media pero a los que les va la vida en lo que sucede en escena.

 

Otra frase: “El amor tiene naturaleza de pregunta (...) Dudar es ya amar”.

Pascal cuenta que Dios le dijo algo así como “si estás buscándome es porque ya me has encontrado”. Cuando alguien se sorprende cuestionándose a sí mismo acerca de si se ha enamorado, generalmente es ya demasiado tarde. Ya se ha visualizado, todo lo borrosamente que se quiera, un futuro. Ya el mundo a su alrededor es otro.

 

¿En qué medida todo el viaje es también una toma de conciencia, la constatación de un error? Insisto: ¿Para qué sirven los viajes?

 

Como la literatura y el arte en general, los viajes nos ponen en contacto con otras realidades, abren ventanas por todas partes, nos conducen a gentes y parajes que no habríamos podido ni imaginar. Necesitamos viajar de la misma manera que necesitamos leer, para obtener el ensanchamiento de un mundo que a menudo se nos antoja escaso, limitado y repetido. Viajamos y al regresar encontramos nuestro espacio habitual más habitable de lo que era, pero el bagaje interior lo traemos de vuelta a casa prácticamente intacto: ahí siguen los miedos, las preocupaciones, roto lo que estaba roto. Existe una tendencia a pensar que la vida (la intensidad, la magia) está en otra parte, y creo que es un error común, aunque puede que inevitable, entender eso en términos espaciales. Quizás la única huida posible esté en la literatura.

 

¿Por qué siempre hay un tono de desgarro, de dolor, de inefable melancolía en tus libros?

Me ha interesado siempre el tema del descontento en general, de la insatisfacción humana, la dificultad de ser felices en un sentido muy amplio que iría desde las pequeñas frustraciones más o menos domésticas y cotidianas hasta las raíces últimas de la angustia y la locura. He procurado mediante la escritura ahondar en eso y en la distancia insalvable entre la realidad y el deseo, intentar darle forma a lo que sentimos que nos falta.

 

¿Qué músicas se oyen en la Ruta 66?

Hay una canción de la ruta por excelencia que compuso Bobby Troup en 1946 titulada Gets Your Kicks On (Route 66) y que después ha conocido versiones de todo el mudo: Nat King Cole, Chuck Berry, The Rolling Sotenes, Depeche Mode, Manhattan Transfer, John Mayer, The Cheeta Girls, Pappo, Bob Dylan… Yo echaría también en la guantera mis discos de Johnny Cash, Nebraska de Bruce Springsteen y algo de Willy Neville.

 

Has entregado una novela a Destino, ¿qué nos puedes decir de ella?

Se publicará seguramente en septiembre de este año y es, en muy resumidas cuentas, una historia de amor y violencia, de tono intimista y con ciertos ecos existenciales, que quiere tratar también sobre la cuestión del sentido de las cosas, el peso de lo ya vivido, el deseo, la culpa, el cansancio. Ante todo es la peripecia y la circunstancia de unos pocos personajes medio perdidos, en plena búsqueda de su ración de dicha, en nuestra ciudad, en nuestro tiempo.

 

LUISA GAVASA, POR ALBERTO BONGIORNO

LUISA GAVASA, POR ALBERTO BONGIORNO

LUISA GAVASA: RETRATO DE UNA ACTRIZ CON VERDAD

Luisa Gavasa es una actriz impresionante: llena la pantalla con su hondura, con sus gestos medidos, con su dominio del espacio y de la voz, con su energía. Se formó en Barcelona y con Mariano Cariñena en el Teatro Estable. Ha trabajado en teatro, cine y televisión, y siempre ha sido una rebelde apacible, una mujer de emociones que no va de nada. Mira el mundo y el mundo se tambalea: registra como un espejo o una cámara su verdad. La hemos visto en muchos lugares, pero sobre todo conmovía, de nuevo, en ‘De tu ventana a la mía’, en la calle Alfonso. Este año será distinguida por las Jornadas de Cine de La Almunia. Esta preciosa foto es de Alberto Bongiorno, que le ha hecho una de retratos y me ha cedido este para la página con absoluta gentileza.

CRISTINA FALLARÁS, EN PORTADORES

Eva Cosculluela y Félix González remiten esa invitación a clientes, amigos y cómplices de Los Portadores de Sueños:

 

El viernes 15 de febrero a las 20h tendrá lugar en Los portadores de sueños (C/Blancas, 4 - Zaragoza) la presentación de ÚLTIMOS DÍAS EN EL PUESTO DEL ESTE, de la escritora zaragozana CRISTINA FALLARÁS (Ed. Salto de Página), novela que ganó el Premio «Ciudad de Barbastro» de novela corta en 2011. Acompañando a la autora, contaremos con la presencia de ANTÓN CASTRO.

 

Al terminar, tomaremos un vino por cortesía de las Bodegas Luis Alegre y brindaremos juntos por el éxito de la autora.

 

ÚLTIMOS DÍAS EN EL PUESTO DEL ESTE

Una mujer, la Polaca, sitiada con sus hijos y un pequeño grupo de resistentes. Su compañero, el Capitán, ha partido por vituallas y aguardan su regreso, cada vez con menos esperanzas. Los fundamentalistas —no sabemos exactamente quiénes son, aunque sí sabemos lo que son— han despedazado el mundo que conocemos y rodean la casa. Permanece cerrada, pero los sitiados pueden oír afuera la amenaza, los gritos en la noche, las uñas de los perros, los sacrificios. Mientras espera el desenlace ella construye con su voz un relato de amor desesperado, de rabia y de muerte.

Con un lenguaje, duro y febril, Últimos días en el Puesto del Este resulta un retrato poderosamente lírico de nuestros días, una metáfora de la hecatombe que la crisis ha instalado entre nuestras certezas.

«¿Digo que la leí de un tirón y que se me pusieron en los ojos lágrimas de emoción en las últimas páginas y que a la vez ese desenlace me dio miedo? ¿Digo que llegué a querer y, por supuesto, admiré a la protagonista? ¿Digo que todos somos el Capitán? (…) No. Sólo les pido que si se consideran lectores del siglo XXI y creen en la literatura de resistencia ideológica y están interesados en las novelas que hacen preguntas hondas que da miedo responder, ésta es su novela.»

Fernando Marías

 

LA AUTORA

Cristina Fallarás (Zaragoza, 1968) es periodista y escritora. Ha publicado los libros Rupturas (2003), No acaba la noche (2006), Así murió el poeta Guadalupe (2009), Las niñas perdidas (Premio L’H Confidencial de Novela Negra 2011, Premio del Director de la Semana Negra de Gijón 2012 y Premio Dashiell Hammett de novela negra 2012), convirtiéndose con este último en la primera mujer en recibirlo en toda la historia del galardón. Además cuenta con libros traducidos en Francia e Italia y tiene relatos dispersos por una docena de antologías de ficción.

 

Ha ejercido como periodista en El Mundo, Cadena Ser, Radio Nacional de España, El Periódico de Cataluña, Antena3 Televisión, Cuatro televisión, Telecinco y La Sexta, y el diario ADN. Ha creado y actualmente dirige la página de debate y libros y la editorial Sigueleyendo.es.

Últimos días en el Puesto del Este obtuvo el Premio Ciudad de Barbastro de novela corta en 2011.