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Antón Castro

EL TOUR DE VÍCTOR GUIU

Víctor Guiu, ‘Mestizo’, uno de los poetas y dinamizadores culturales más activos de la Tierra Baja, publica ‘Le Tour Cartonero’ en el sello Cartonerita Niña Bonita, que dirige David Giménez o David Liquen desde Remolinos. Víctor presentaba esta mañana en El Poeta Eléctrico su poemario: todos los ejemplares, de original manufactura, son distintos entre sí. Excelente labor la de Víctor y la de David. Víctor, por cierto, publicaba hace no demasiado otro poemario o plaquette: ‘La Europa del aborigen’ en la colección Resurrección que coordina Octavio Gómez Milián.

 

 

Víctor Guiu Aguilar, Mestizo.

 

Etapa Duodécima

 

(Empieza la fiesta…Te echo de menos Txurruca*)

 

Pirineos de agua; montañas de cielo.

 

Españoles periféricos,

de centro,

insulares zurdos,

africanos diestros,

de izquierda,

libres y laterales derechos.

 

Pirineos de agua; montañas de cielo.

 

Catorce de Julio,

francés caliente,

salida a muerte,

marea naranja y luz ardiente.

 

Pirineos de agua; montañas de cielo.

 

Seguir arriba,

morir matando,

Dios que ampara,

Tourmalet, bravuconadas.

 

Pirineos de agua; montañas de cielo.

 

Marcaje, retrovisor.

Amarillo y humildad.

Fantasmada y pasión,

algarabía sin grada.

 

Pirineos de agua; montañas de cielo.

 

Ciclismo, antiguo, Samu**, “aupa”, cabalga.

 

 

*Valiente corredor vasco campeón de la combatividad del Tour que tuvo que retirarse por fractura de clavícula.

**Samuel Sanchez, campeón olímpico y ganador en la meta de Luz Ardiden, la montaña de los españoles.

  

Víctor con el maillo de la montaña en el Tour.

 

Etapa Vigésima

 

(Grenoble se escribe Grenoble pero se pronuncia -en francés- Grenoble)

 

 

Cuarentaydosmilquinientos metros de crono individual.

Cuarentaydosmilquinientos metros para decidir un Tour y consagrar una vida.

Cuarentoydosmilquinientos metros.

Rodillo.

Sudor.

Ojos en blanco.

Dolor.

 

Surgirán las dudas. El perdón. Los perdones.

Y sobre todo las preguntas.

¿Por qué no ataqué?

¿Por qué reservé?

¿Por qué me caí?

¿Por qué no sufrí?

¿Por qué?

 

Cuarentaydosmilquinientos metros hasta la meta.

Solo.

¡Allez, Allez!*

 

Tresmiltrescientoscuarenta.

Tresmiltrescientoscuarenta segundos.

Tresmiltrescientoscuarenta pulsos en la sien.

Un salto de canguro.

París.

La gloria cartonera.

 

 

*En Aragón se suele usar el “Tira, Tira”. La marea naranja apuesta por el “Aupa, Aupa”. Funciona mejor enfatizándolo con un juramento en condiciones. Y para jurar, como no, la lengua peninsular más extendida (¿se puede decir español en este libro?).

SEMANA DEL CICLO 'ESCRIBIT 2011'

Recibo de Miguel Ángel Yusta esta convocatoria de la próxima semana: las jornadas de 'Escribit 2011'.

Jorge Carrión, en una foto del sello DVD.

 

CONVOCATORIA Y NOTA DE PRENSA

 

3Escribit2011, Lecturas y escrituras del tecnoConocimiento

 

El próximo miércoles, 27 de octubre, el presidente de  la Asociación Aragonesa de Escritores, José Luis Corral, la directora general de Nuevas Tecnologías, María Ángeles Rincón, el gerente del Patronato Municipal de Educación y Bibliotecas del Ayuntamiento de Zaragoza, Javier Peiro, y el director de Zaragoza Activa, Raúl Olivan, presentan 3Escribit2011, Lecturas y escrituras del tecnoConocimiento. (La Azucarera, c/Mas de las Matas, 20). 11 horas.

  

Toda la programación y documentación en http://escribit.net 

 

            Organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores, el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza, 3Escribit2011 quiere ser un foro de reflexión y práctica sobre las transformaciones que las tecnologías de la información están produciendo en la literatura y, en general, en las posibilidades creativas de la sociedad.

 

            Durante los próximos días 26 a 28 de octubre, y en las sedes de La Azucarera y el CPEE Ángel Riviere, 3Escribit2011 contará con las aportaciones de relevantes firmas de la literatura y la crítica literaria española actual (Jorge Carrión, Vicente Luis Mora, Manuel Vilas, Fernando Aínsa, Francisca Noguerol, etc) y también con destacados profesionales del ámbito de la edición, las bibliotecas y la educación (Javier Valbuena, Pilar Bes, Mª Cruz Acín, Vicente Zalaya…)

El escritor Vicente Luis Mora, en una foto de Páginas de Espuma.

           

            Una primera reflexión

            

                                  “La revolución digital, en cuyo comienzo estamos inmersos, tiene y tendrá consecuencias muchísimo más importantes y de un alcance en absoluto comparable a la revolución vivida hace siglos con la llegada de la imprenta. Los cambios a los que asistiremos construirán un mundo profundamente distinto al que hoy reconocemos.

La diferencia cualitativa entre ambos hechos y sus instrumentos (la diferencia entre el libro y entre un ordenador o un e-book, por ejemplo –todos objetos más o menos planos-,) no está realmente en la forma de esos soportes. Sino en que la información digitalmente manejada permite ir de un medio a otro sin solución de continuidad.”

La literatura y la tecnología informativa

La tecnología es un factor decisivo en la democratización de la cultura y de las posibilidades de expresión creativas.

Las transformaciones producidas por el desarrollo tecnológico afectan a todos los aspectos de la vida y la sociedad. También a la creación y a la literatura en concreto: literatura en la red, poesía electrónica, novela hipertextual e hipermedia, series televisivas, son algunos de los temas que tratará 3Escribit2011, que también debatirá sobre las profundos cambios conceptuales y de comportamientos que los nuevos parámetros tecnológicos introducen en las fórmulas literarias, como en el resto de las artes y los modos sociales: deslocalización cultural, globalización, fragmentación y mutación continuada de los discursos, cibercepción, indefinición  de autorías, etc.

Nativos digitales

Además de las charlas y debates, 3Escribit2011 va a desarrollar una serie de actividades prácticas y talleres dirigidas en especial a los más jóvenes, aquellos que ya pueden considerarse “nativos digitales”, y que son realmente los mejor capacitados para entender y desarrollar en todo su alcance las transformaciones que nuestro mundo actual tan solo imagina.

La educación es fundamental a este respecto. Por eso 3Escribit2011 integra talleres sobre radio creativa, escritura electrónica, cómic electrónico y construcción de cuentos mediante tecnologías de comunicación aumentativa.

Este último taller se realizará en el Colegio Público de Educación Especial Ángel Riviere (c/José Galiay, 4). La educación especial ha sido pionera en la inclusión y desarrollo de tecnología por necesidades obvias. Los chicos y chicas con diversidades funcionales están acostumbrados a utilizarla y compartirán sus conocimientos en el uso de dispositivos  como tableros de comunicación, reproductores de voz, pizarras y mesas digitales, etc, con compañeros del CEIP Calixto Ariño; todos juntos contarán a los asistentes un cuento mediante estos recursos.

 

MANUEL JABOIS: FICCIÓN EN PRENSA

Manuel Jabois (Sanxenxo, Pontevedra, 1978) ha sido la última revelación del periodismo español: una voz fresca, a contrapelo, irónica y cínica a la vez, que se instala en la frontera. Hace periodismo y ficción, inventa y recrea, y le encanta vapulear a quien sea con la misma contundencia que lo hace consigo mismo. Sea Manuel Fraga, José Tomás, Ernst Junger, Eduardo Galeano o el nacionalista Anxo Quintana. O el seleccionador Camacho.

Manuel Jabois ha publicado en Pepitas de calabaza ‘Irse a Madrid y otras columnas’, una colección de artículos, reportajes, notas de su blog y piezas de difícil clasificación: algunas auténticos microrrelatos como ‘Novia’, un episodio de amor demasiado fugaz, o ‘Performance’, el relato de un pene que se desplazó sobre ruedas por las calles de Pontevedra. Incluso ‘Karaoke’ puede leerse como las andanzas de un seductor sin suerte (“yo quiero, y ellas no”, dice) que intenta aliviar “una gran melancolía: no ser un figurón de la canción ligera”.

Jabois es heredero directo de Julio Camba, sobre todo, de Cunqueiro y por momentos de Rafael Dieste. Posee la ironía de los tres, el sentido del humor, incluso esa textura de frase, impregnada de sintaxis gallega y de arcaísmos más o menos buscados, pero con más mala leche. Jabois es fresco, desenfadado, maledicente, a veces resulta un periodista patético o paleto de provincias (quiero decir que asume esa pose) y a la par es un ciudadano un poco a la deriva: no sabemos si son reales o no (ni importa demasiado) sus aventuras nocturnas con algunas mujeres, y pienso en esa pieza magistral ‘El último morreo del siglo XX’, donde se besa sin mucha afición con una joven y aparece un tipo que le da cuatro o cinco puñetazos limpios, o con algunas sustancias peligrosas que le llevan a una embarazosa resaca. El amor y sus caricaturas están muy presentes: hay otra pieza, ‘Morir en Caneliñas’, que es un formidable retrato de la afectación y del engreimiento. ‘Me recuerda tanto a Lugo’ empieza así: “Entonces yo creía que el paraíso era un chalé lleno de putas escandinavas que supiesen hacer el pulpo á feira sin que se les moviesen los pechitos”. Y lo que sigue aún es más gracioso.

Y, por otra parte, Jabois es un periodista incisivo, casi sin escrúpulos, como dice en ‘Off the record’, pero todo el libro está lleno de esa insolencia real y teatral a la vez. Firma algunas piezas extraordinarias, que te hacen reír a carcajadas como ‘Un despido procedente’, el relato de un hombre que escribe correos subidos de tono a un amigo, que jamás le contesta, y de pronto descubre que en realidad le llegan al jefe de finanzas del periódico; es antológico ‘Cuando a doña Emilia un loro la llamó puta’, y doña Emilia no es otra que la condesa de Pardo Bazán; de ese mismo tono sería ‘Un número equivocado’, y ‘José Tomás ha muerto, ¡viva la Fiesta!’ tiene algo de ejercicio de futurismo antitaurino con tanta mala baba como lucidez. Jabois habla de casi todo, también de las nuevas tecnologías, y elogia a Antonio Ozores –que participaba en películas que componía “el cuadro de la España de entonces: alocada y medio febril, con prisas por follar”- y confiesa que “encuentro, por ejemplo, un placer revolucionario en las películas de Paco Martínez Soria”. Más allá del sarcasmo y de la sátira, Jabois es distinto, divertido, genial y provocador.

 

Irse a Madrid y otras columnas. Manuel Jabois. Pepitas de Calabaza. Logroño, 2011. 188 páginas. [He tomado la foto de Jabois de 'Revista de letras' en internet.]

ÁNGEL PETISME, EN EL JOAQUÍN RONCAL

La poesía cibernética de Ángel Petisme

 

El escritor y cantante aragonés publica ‘Poemails’ (Amargord): composiciones donde juega con las nuevas tecnologías y aborda sus temas de siempre: el amor, el viaje, el poder, la solidaridad, el sexo y la cultura. Esta tarde, ofrece un recital en el Centro Joaquín Roncal a partir de las 19.30.

 

 

Ángel Petisme (Calatayud, 1961) es compositor, cantante y poeta. Y además es un viajero pertinaz alrededor de las injusticias del mundo: está con los desheredados, ya sea en África, en Asia o en Latinoamérica. De esos viajes han nacido algunos de sus diarios o libros de crónicas, y nacen bastantes de sus poemas. Petisme es autor de diferentes discos, pero tres de ellos son fundamentales en la música popular de Aragón: pienso en ‘Turistas en el paraíso’, ‘El Singapur’ y ‘Cierzo’. Petisme, por otra parte, es un poeta torrencial, que posee una enorme facilidad: se le escapan las palabras a chorros; se le escapan las palabras, las situaciones, las criaturas y la ironía y la sátira, que en él conviven por igual.

Posee una capacidad particular para interpretar la vida cotidiana: para interpretarla e integrarla en su poesía con pasmosa naturalidad, como se ve en libros de poesía como ‘Constelaciones al abrir la nevera’, ‘Cinta transportadora’ o ‘Buenos días, colesterol’, pongamos por caso. Y todo ello, lo cotidiano se mezcla con las referencias culturales: la música, la literatura, la poesía, el cine, el viaje, la pintura y, por supuesto, el sexo. En los poemas de Petisme no se hace el amor: se folla bastante.

Petisme, por otra parte, es un creador laborioso. Y ocurrente. Y lúdico. A lo largo de estos treinta años ha descansado poco, ha escrito mucho y ha compuesto más de un centenar de canciones. El sello Amargord ediciones publicaba a principios de verano ‘Poemails’. En realidad, son dos libros en uno: el citado ‘Poemails’, que lleva por subtítulo “Nuestra venganza es ser felices”, y ‘Cuatro días de alquiler’, una colección de ‘Ciberpoemas’ redactada entre 2001 y 2003, donde el poeta habla de casi todo: de sí mismo y del poder, del amor y del dolor, de sus odiseas y de los contratiempos diarios (como en ‘Desagüies’, donde lamenta con humor no haber sido fontanero), escribe cartas a los Reyes Magos, glosa a personajes tan distintos como Monica Bellucci, Luis Eduardo Aute o Cela, tras el Nóbel.

En esta parte, el texto que más llama la atención es ‘Nuevos exilios, demonios ancestrales’, donde Ángel Petisme evoca el desencuentro de Goya con Zaragoza para narrar su propio desencuentro, ese “amor no correspondido” con su ciudad, que “está infectada ahora. Duele y es difícil dormir”; más arriba había escrito: “Solo hiel, acíbar, pus, veneno. Hay una herida abierta en mi interior / y solo el tiempo, poderoso bálsamo, con suerte podrá sajarla”. Hacía tiempo que nadie se expresaba en estos términos hacia Zaragoza: desde el dolor y con unos gramos de resentimiento en un auténtico ajuste de cuentas.

En ‘Poemails’ está el Petisme de siempre: el maledicente, el tierno, el enamorado, el que mira en derredor, el que viaja a Nueva Delhi, el que se desplaza por la realidad virtual con google, con la webcam o con el skype. Todos esos elementos de las nuevas tecnologías, tan corrientes ya en nuestras vidas, están aquí y son materia literaria: se prestan al juego de palabras, al equívoco, a la confesión, a la paráfrasis del ‘Padre Nuestro’; leemos: “Satélite del amor nuestro que estás en el cielo, /acelerado sea tu ‘link’. / Venga a nosotros tu hipertexto. /(...) No nos dejes caer la conexión, / y líbranos de todo virus y basura digital. / Amén, digo, Amen”.

Madrid aparece en varios poemas dedicados a Vallecas, Lavapiés o la Gran Vía, y por haber hasta hay una carta a José Antonio Labordeta y un homenaje al poeta Ángel Guinda, un modelo de creador para Petisme: “He soltado unas lágrimas de vodka leyéndote. / Te adoro y te admiro, mejor por este orden. / Uno sabe que aún queda / el futuro interior / cuando tropieza con alguien como tú, / que este planeta se hizo para bailar”. Petisme, mitómano constante, también dedica un poema a la actriz maldita Jean Seberg y otro a su hija adoptada.

‘Poemails’ es un libro de circunstancias y de esencias. Un libro azaroso y un libro de compendio. Un libro moderno, rebelde, provocador; un libro arebatado de amor, de locura, de peligrosas noches, de sexo (véase ‘Fucking good date’) y de solidaridad; al fin y al cabo, si algo caracteriza a Petisme es su vocación de denuncia. Y su permanente incomodidad: consigo mismo y con el mundo.

 

Poemails. Ángel Petisme. Amargord Ediciones. Colmenar Viejo, Madrid, 2011. 118 páginas.
La foto de Ángel la tomo de aquí:

http://ubiku.blogspot.com/2010_12_01_archive.html

 

DIÁLOGO CON EDUARDO ARROYO

DIÁLOGO CON EDUARDO ARROYO

 

[Este lunes, en el ciclo ‘Conversaciones en la Aljafería’, Javier Lacruz, escritor, psiquiatra y coleccionista de arte, y yo conversaremos con Eduardo Arroyo: de arte, de literatura, de exilio, de boxeo y supongo que de política. Hace algunos años, Jesús Marchamalo conversó largo y tendido con Arroyo, Premio Aragón-Goya: con absoluta gentileza, me ha mandado la entrevista que cuelgo aquí. Es, como dice Rosa Montero, el hermoso cuento de una vida.]

 

ENTREVISTA CON EDUARDO ARROYO  

 

Por Jesús MARCHAMALO.

‘Cuadernos Hispanoamericanos’, febrero de 2005

 

A las cinco en punto de la tarde, como en el poema. Dos operarios trajinan en la entrada de su casa con unas alfombras. Al amplio salón, con las contraventanas entornadas, llega el eco bullicioso de la calle: motos que pasan a todo gas, camiones y cláxones de coches, el sonido lejano de una ciudad eternamente en obras, y alguna inoportuna sirena de ambulancia.  

Se sienta en el sofá, con las gafas en la mano. Una gafas con las que juguetea a lo largo de la entrevista, que apoya sobre la rodilla o que se coloca abandonadamente en la frente. Camisa de rayas con las iniciales bordadas, corbata con el nudo flojo, pantalones oscuros y unos traviesos zapatos de color rojo intenso.

Pintor y escritor nacido en Madrid en 1937, estudió periodismo y en 1958 se exilió en París, ciudad en la que vivió durante más de cuarenta años. Ha publicado tres libros: La biografía del boxeador Panamá Al Brown, Sardinas en aceite y El trío calaveras. En 1982, el Centro Georges Pompidou le dedicó una antológica, y ese mismo año le fue concedido el Premio Nacional de Artes Plásticas.

 

- Comenzamos, si le parece, hablando de Argensola, la calle de su infancia, su primer universo.

- La verdad es que sí era un pequeño universo, una calle completa, ya no hay calles así, allí estaba todo: la tienda de ultramarinos, la de flores, la planchadora, la ferretería, la tienda de zapatos, bodega, la peluquería que recuerdo como un verdadero suplicio. En realidad, había dos, una arriba de la calle, y otra al lado de la farmacia de mi padre. Y luego había otra más que era la que a mí más me gustaba, en el hotel Regina. Los domingos tenía una cita con mi abuelo, él se afeitaba y se cortaba el pelo, y a mí me arreglaban. Y era un suplicio: la raya a un lado, el tupé, todo aquello, sobre todo cuando con doce o trece años ya no estabas en la edad en que te divertía que te sentaran en un sillón de peluquería que parecía un caballo. Todo eso ha desaparecido barrido por el prêt-à-porter, y ahora todo son tiendas finas de decoración y galerías de arte, lo único que sobrevive es la confitería, que ya estaba instalada en la calle antes de que mis padres llegaran a vivir en 1936.

 

- Hace unas descripciones muy literarias, creo que fue Calvo Serraller quien dijo que usted siempre se había tenido que enfrentar a esa  encrucijada entre la literatura y la pintura.

- Yo creo que no existe tal encrucijada, soy solamente un pintor, un pintor que escribe, pero un pintor. Pero sí es cierto que vivo en una ensoñación literaria, que me ha acompañado toda mi vida y que no me dejará jamás: mi biblioteca, el amor por la literatura, el amor por los libros. Y es verdad que me siento mucho más cómodo en las librerías que en los museos.

 

- Volviendo a su infancia, imagino una cierta paranoia entre el Liceo Francés, donde estudió, y esa España de los cuarenta que usted dibuja en negro, el negro de los tupés, el de las botas de los falangistas, y el de los tricornios de charol negro de la Guardia Civil.

- Y no se olvide de las sotanas, negras, ala de mosca, cuerpo de mosca. Creo que aquel colegio fue un privilegio del que no me daba cuenta en su momento. Que mi padre, del bando victorioso, un hombre tremendamente creyente, enviara a su hijo al colegio maldito, el de los perdedores, el de los refugiados, el de los judíos y los masones, es algo bastante sorprendente. Quizá su muerte, cuando yo tenía seis años, me haya hecho mixtificar todo aquello, pero me sigue emocionando el rechazo de mi padre a la victoria, y esa decisión que de algún modo me salvó, siquiera temporalmente, porque el Liceo Francés tuvo la delicadeza de echarme cuando tenía 15 años, por mala conducta. Pero sí pienso que la semilla de un colegio de este tipo, comparado con los que tuvieron que sufrir otras personas de mi generación, me ha ayudado si no a vivir, sí por lo menos a sobrevivir.

 

- ¿Qué hizo para que le echaran, por curiosidad?

- Bueno, en realidad fue una sucesión de cosas, argumentaron que no era escolarizable, y me echaron. Pero mi madre en ese momento duro de la expulsión, merecidísima, interviene en segunda opción, después de mi padre, y en vez de meterme en sitios antipáticos me mete en un colegio surrealista, muy divertido, cuyo lema era que si tú pegabas a un profesor, echaban al profesor a la calle, y conservaban al alumno, que en realidad era el que pagaba. Y eso, claro, te da una cierta fuerza.  

 

- Acaba de contarnos que su padre murió cuando usted tenía seis años, ¿Vivió una infancia marcada de algún modo por su ausencia?

- Perder al padre era entonces pecado, y en la sociedad española de la época no se soportaba la figura de la viuda, la viuda era siempre sospechosa. Es verdad que viví marcado durante mucho tiempo más por la viudez de mi madre que por mi propia orfandad, porque la viudez era la exclusión. Después he leído que en muchas sociedades y culturas primitivas se penaliza la desgracia, y algo de eso era lo que ocurría.  

 

- Se hizo periodista, hizo la mili y se marchó al exilio.

- No sé si exilio es la palabra adecuada, porque queda muy bien ahora hablar del exilio, es una cosa un tanto heroica. Yo prefiero hablar de alejamiento porque tiene menos énfasis y más sentido, al menos en mi caso. Yo pertenezco a una generación que  vivía sueños literarios, una generación que quería escribir, pero que quería irse, escapar… Nosotros leíamos a los escritores americanos que, desde Hemingway trabajaban en periódicos y nos hicimos periodistas porque en realidad queríamos ser escritores.

Entonces existía la Escuela Superior de Periodismo, un lugar surrealista lleno de locos; locos los que nos inscribíamos y locos los profesores, un lugar muy divertido y absurdo. Y con dieciséis y diecisiete años se nos asignaban prácticas en diferentes diarios, y había que ver cómo eran en aquel momento las redacciones de Pueblo, o del Arriba, todo absurdo, prehistórico. Y nada, te mandaban a llevar el café al redactor jefe, era un mundo por el que pensábamos que había que pasar para escribir. Pero en mi caso fue más fuerte el deseo de irme que el deseo de escribir, realmente no se podía vivir en esa España insoportable, aburrida, negra, idiota, zafia, vulgar…Y me fui.  

 

-  París, 1958, ¿qué recuerda de la ciudad?

- Recuerdo una gran sorpresa, una gran curiosidad, mucha retórica, fantasía, un poco de estupidez, de ingenuidad… Sobre todo en aquella época en que había pasado muy poco tiempo de la liberación de París, de la Segunda Guerra Mundial. Era un país todavía de acogida, donde se vivía una cierta tolerancia, se respiraba mucha libertad, no tiene nada que ver con el París de hoy, una ciudad tremendamente hostil y difícil. No envidio a ningún joven que vaya ahora a París, pero entonces era una ciudad acogedora, generosa. Y luego estaban los personajes que estaban allí, con los que también había una relación de complicidad.

 

- ¿Habla de Giacometti, y De Chirico?

- A De Chirico le conocí más tarde, en Roma, pero sí, por allí estaban Calder, y Giacometti, a quien veía casi todas las noches en el Dôme, donde uno podía comer con él y nunca se sabía quien pagaba. Tenía una relación muy simpática conmigo porque le gustaban los españoles, yo creo que todavía tenía vivo el mito de la Guerra Civil.

 

- Nunca les contó que pintaba.

- No, en aquella época era difícil ser artista, estaba en cierto modo mal visto hasta por nosotros mismos. Era una profesión como de mal gusto, así que era preferible no decir nada.

 

- Y se hizo pintor casi de la noche a la mañana.

-  Hubo un cúmulo de coincidencias afortunadas, la suerte de cara. Fue muy sorprendente cómo ocurrió todo, nunca había puesto los pies en una escuela de arte, no tenía ese pasado que tenían todos los artistas que habían hecho Bellas Artes y que ya tenían obra. Yo empecé a pintar y mis cuadros empezaron a funcionar tanto en la crítica, que entonces era importante, no como ahora, y también en las ventas. Y a partir de ese momento me di cuenta de que, de la noche a la mañana, me había convertido en un pintor que vivía de su pintura. Fue bastante sorprendente, sí.  

 

- ¿Es fácil para un pintor habituarse a tener que desprenderse de todos sus cuadros, no hay un cierto desgarro?

- Ah, no, yo no he tenido nunca ese problema, afortunadamente. Lo que yo hago me interesa únicamente cuando lo estoy pintando, después ya no me pertenece. En esta casa no hay ni un solo cuadro mío, ni en ninguna de las casas en las que he vivido. Yo no vivo con mis cuadros, sino con los cuadros de los demás. Cuando los termino, los firmo y los vuelvo contra la pared. Y cuando presto un cuadro para museos o exposiciones, alguno de esos invendidos que tiene cualquier pintor de buena educación, y vuelven embalados, no les quito nunca el papel. Estoy completamente seguro de que me voy a morir sin ver cuadros que están embalados y contra la pared en mi estudio desde hace años. No tengo ningún apego por ellos, tienen sentido para mí sólo mientras los estoy pintando.

 

- Se confiesa un asiduo visitante de cementerios, le interesan los escritores muertos, las lápidas…

- Tengo mucho interés por la desaparición, la cancelación, las lápidas, los monumentos funerarios, todo eso me interesa mucho. Es algo que no tiene mucho mérito, soy supersticioso y he comprendido lo inteligentes que son los mexicanos que se comen los muertos de mazapán, y convierten el día de los difuntos en una fiesta. De algún modo, hablar de la muerte es conjurarla. Yo he hecho bastantes vanitas, y algunas las he regalado a mis amigos, y esa idea de la cosa un poco tétrica, que a mí me divierte mucho, la calavera y la vela, siempre me ha producido cierto regocijo.

 

- ¿Y la ceguera, creo que también es otra de sus grandes obsesiones?

- Los artistas, es lógico, tienen siempre miedo a la ceguera y a la mutilación. Pero yo procuro no pensar nunca en ello, es algo que no me quita el sueño.

 

- ¿Y qué se lo quita?

- Los lunes por la mañana, la angustia del lunes por la mañana, es una catástrofe. Tiene que ver, yo creo, con  el colegio: levantarse todos los días a la misma hora, hacer los deberes… Pintar es igual.

 

- Me he fijado en los títulos de sus cuadros; “El final trágico de Marcel Duchamp”; “Retrato de Lenin en 1968 con una chaqueta de un solo botón”; “Hay una cierta diferencia entre las tonsuras de la columna de la izquierda y las de la derecha”. Parece que tienen gran importancia para su pintura.

- Mi pintura ha sido siempre literaria, podríamos decir, anecdótica, que es una de las peores cosas que se pueden decir de la pintura de alguien. Los gurús siempre han criticado todo lo que no fuera pintura, de modo que la abstracción sería la gran pintura, podríamos decir. Pero a mí me gusta reivindicar esa parte antipática del oficio, la de contar historias. Y respecto a los títulos es algo en lo que pienso desde que empiezo un cuadro, hay veces que incluso empiezo un cuadro por el título que siempre tiene que ver con la pequeña historia, el relato que hay en él.

 

- Hay un cuadro suyo de 1970, “Diferentes tipos de bigote reaccionario español”, con el que se organizó un considerable escándalo cuando lo adquirió el Museo Municipal de Madrid.

- Fue el típico escándalo provinciano, donde el protagonista fue, en la oposición a Tierno Galván, un personaje que desgraciadamente sufriríamos después como alcalde, un personaje miserable y detestable que es Álvarez del Manzano. El pobre se puso pesado, él además que no tenía bigote de la División Azul, se hizo solidario con los bigotes de la División Azul. Me da igual. Es un cuadro que forma parte de una serie que se llamaba “25 años de paz”, y acompañaba a otros que están dispersos en colecciones, en museos, en diferentes sitios, y en los que intenté reflejar aquella época.   

 

- No es el único escándalo en que se ha visto envuelto.

- Los escándalos me producen una profunda indiferencia. No hay nada más patético que organizar escándalos, el fabricante de escándalos es un personaje lamentable. Cuando ves al pobre Arrabal intentando provocar y ves que nadie le toma en serio es realmente patético. Sí es verdad que me he visto envuelto en treinta mil ensaladas, algunas bastante violentas, pero nunca lo he buscado, no me acuerdo de haber hecho una provocación en mi vida de una manera premeditada, tal vez uno hace o dice cosas que a veces provocan escozores, pero nunca los busco.

 

- Muchas veces me he preguntado por lo que pasa por la cabeza de un pintor cuando se reencuentra con alguno de sus cuadros.

- Hay varias sensaciones, a veces una cierta curiosidad cuando hace veinte o treinta años que no ves un cuadro. Hace unos meses se inauguró una exposición en Segovia donde se exponían unos cuadros míos que venían de Berlín, y otro de una colección belga que no veía desde hace tiempo, y me sorprendí metiendo la nariz para ver cómo estaba pintado. Pero es una curiosidad que inmediatamente se transmuta en una sensación ligeramente angustiosa porque te fijas en las carencias. Por eso digo que son desaconsejables demasiadas retrospectivas porque son vengadoras. Cuando uno recuerda lo que ha pintado, en realidad lo disfraza, pero ante el cuadro se da cuenta de las carencias, aunque también se da cuenta de que cuanto más viejo es el cuadro, más indulgente es la gente y dice: claro, es que esto lo pintó en el año sesenta… En la historia del arte se dice que cuando el pintor no sabe pintar unas manos, pone delante un florero, y suele ocurrir que cuando ves tus cuadros te fijas sobre todo en los floreros.

 

- ¿Y las moscas? Creo que tienen una cierta atracción por su pintura, hasta el punto de que a veces se quedan pegadas al óleo.

- Si, es curioso, tal vez sea la misma pintura al óleo, o el aceite de lino. Pero sí, se ha convertido en una situación bastante familiar. Vivo bastante con las moscas, he vivido toda mi infancia porque en casa de mi bisabuela había mucho ganado, y muchas moscas. Pero es verdad que la mosca me interesa mucho, y de la misma manera que persigo textos en torno a los cementerios y la muerte, persigo también textos sobre moscas.

 

- En algún libro he visto reproducido su pasaporte parisino, de un deprimente color gris, creo que con rayas verdes

- Eran negras, las bandas, y sí, era un pasaporte un poco triste, de refugiado político, bastante preciado porque te permitía ir a todo el mundo, incluso a Mongolia Exterior. De hecho, era un pasaporte que me permitía ir a cualquier lugar del mundo con excepción de España. Pero tenías esa satisfacción de levantarte por la mañana y poder ir libremente a Mongolia.

 

- Incluso los lunes.

- Sí, a veces no estaría mal irse los lunes a Mongolia Exterior para vencer un poco esa frontera insalvable… Últimamente estoy leyendo cosas que no me ayudan mucho a sobrevivir a mis lunes, los diarios de John Cheever, por ejemplo, fantásticos, aunque tremendamente melancólicos, así que la tristeza se instala de una manera tal que estoy deseando terminar porque mi melancolía natural se va a hacer crónica.  

 

- Los toreros como tú nunca atraviesan la calle corriendo. Es algo que le dijo, creo, a Ortega Cano.

- En realidad, se lo escribí. Lo que le dije a Ortega Cano en los burladeros de la Feria de Nimes, y que no le gustó nada, es que se vestía fatal, con unos colores horribles, apastelados, color rosa pompón, verde manzana… Era un momento en que me interesaba muchísimo Ortega Cano porque pasaba de ser ese torero valiente, terriblemente valiente, que toreaba lo que le echaran, a ser una auténtica figura del toreo. Y yo le aconsejaba que no pusiera más banderillas, que no lo necesitaba porque ya se había convertido en un maestro, y que se vistiera mejor. Y aquello no le gustó nada, y lo comprendo porque es un poco estúpido decirle a un torero antes de la corrida que va mal vestido.

 

- Se dice que su problema es que es un afrancesado, dicen que en el fondo usted es un parisino, ¿es un piropo, una lacra?

- Yo creo que lo segundo. Lo que sí es cierto es que cuando te has pasado más de cuarenta años viviendo fuera de España, te conviertes en una persona, no sé si parisino o no, pero sí un poco particular. Porque el aprendizaje de España es duro, sobre todo si es tardío. Es como querer aprender el ruso siendo mayor, o alemán, así que al final eres una persona singular, sobre todo por las carencias.

 

- Me resultó divertida aquella anécdota en la entrega del Premio Nacional de Artes Plásticas, cuando el ministro Solana lo llamó al estrado por su verdadero nombre: Eduardo Juan González Rodríguez…

- Si, fue muy divertido… Yo siempre he querido tener muchos nombres, con ése, por ejemplo, entraba en España durante el franquismo: Eduardo González, periodista, que era alguien que no tenía nada que ver con Eduardo Arroyo, pintor. Siempre he querido tener muchos nombres para combatir la violencia de la Administración, sea cual sea. Hay que ponérselo difícil al recaudador de impuestos, al policía, al representante de esta sociedad cada vez más lamentable y más aburrida. Ahora ya no lo practico, porque ya no me lo permitirían, pero sí es cierto que he practicado mucho ese juego de nombres que en un cierto sentido me ha sido bastante útil. El problema es que, al final, siempre se descubre.

 

- Definitivamente, en lo que no me lo imagino es en el boxeo… 

- Pues se equivoca. En realidad, es lo que más me interesa, el boxeo para mí es más bien un sueño, y como todos los sueños es inexistente. El boxeo, gracias a toda la estupidez, el conformismo, el miedo, lo políticamente correcto, se ha convertido en una entelequia, el boxeo no existe. Existe únicamente en mí, al menos mi modo de sentirlo. Yo duermo en una biblioteca pugilística, y duermo en una ensoñación de puños, duermo en unas batallas campales de guantes y puños y es algo que no me interesa más que a mí. Sigo escribiendo, sigo pensando y soñando. El otro día estuve en un combate hasta las tres de la mañana, es una locura, pero una locura que no quiero abandonar. Es algo que está muerto y que está solamente en mí, y que ya no puedo compartir con nadie.

 

- Ahora que ha llegado Zapatero al gobierno, va Aznar y dice que usted es su pintor favorito. Hay quien dice que fue un regalo envenenado.

- Pues no, en realidad no, porque yo tengo un enorme respeto por una persona que ha sido elegida en las urnas, y si esa persona dice que le gusta mi trabajo, lo que produjo cierto sarcasmo entre amigos míos y sobre todo enemigos, pues me parece muy bien. Y no veo por qué no puede interesarle la pintura a un presidente de Gobierno de derechas y por qué únicamente debe estar entusiasmado por los escritores aburridos como Saramago, por ejemplo.

 

-  Creo que se pregunta a menudo por los cuadros que le quedan por pintar.

- No sé, la vida pasa y esto es una banalidad más de las que he dicho. Lo que te interesa te angustia, lo que quieres hacer se te escapa, y cada vez es todo más complicado. Cada vez piensas más a menudo en cuánto te queda, cuántos cuadros vas a pintar. Porque siempre he defendido con mucho tesón que me gustaría que se me juzgara por la obra completa, desde el primer cuadro hasta el último, por todo, en su conjunto, y no sólo a mí sino a todo el mundo. Pero siempre llega alguien que dice que la primera obra de uno es la mejor, que la última época de Picasso era una porquería, que De Chirico no pintó nada desde 1950. Hay que perder la esperanza, por eso lo que verdaderamente me interesa hoy es saber si soy capaz de pintar un cuadro o no, y por eso vivo esa angustia de lunes, porque quiero pintarlo, perseguir esa idea, que seguramente me va a llevar hasta el final.

 

- Pues si es verdad que tiene que dejar de leer a Cheever…

- Sí (se ríe), tengo que dejar de leer a varios.

 

        

         Y acto seguido nos sumergimos, ya en son de paz, en ese universo de libros y puños, sueños de golpes enguantados y fotos dedicadas de boxeadores que miran, los ojos cristalinos, desde las paredes.

 

ÉL FOTÓGRAFO EVGEN BAVCAR

ÉL FOTÓGRAFO EVGEN BAVCAR

UNA FOTO DESDE LAS SOMBRAS
DEL FOTÓGRAFO CIEGO EVGEN  BAVCAR

Hace unos días escribí aquí del fotógrafo Paco Grande, de quien estoy preparando un reportaje extenso. Y hablaba de los fotógrafos ciegos: uno de los más conocidos es Evgen Bavcar, nacido en Eslovenia en 1946 y ciego desde los once años. Empezó a tomar fotos a los 16 años y suele decir que lo que más le interesa es la realidad, a la que le da algunos mordiscos entre sombras. Ha fotografiado ciudades, gentes, atmósferas, ha intuido lo que hay en la desdibujada zona tenebrosa. Y dice: "Nunca hay que confiar en el ojo ajeno, sino solamente en el propio, aún si bizquea." Aquí fotografía a Hanna Schygulla, musa de Fäsbinder y de muchos de nosotros. Para mí fue una musa personal como lo fueron, pongamos por caso, Dominique Sanda o Debra Winger.

LA CAMPAÑA 'NOSOTRAS' CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

 

Mara Torres colabora en esta campaña. 

Con motivo de la celebración el 19 de octubre del Día Contra el Cáncer de Mama, Aecc y Pandora quieren hacer llegar a las mujeres enfermas de cáncer de mama las respuestas a todas las preguntas sobre la enfermedad que surgen en su día a día alejándola de los falsos tópicos que la rodean, de una forma fácil, cercana, amable y amena. Porque ante el cáncer, estando informados somos más fuertes.

 

Nosotras está dirigido a mujeres con cáncer de mama y mujeres sin cáncer pero susceptibles de padecerlo (por edad o herencia genética) especialmente, aunque también trata otras partes importantes de la enfermedad como los aspectos sociales, en los que estamos todos involucrados.

 

Así, la aecc en colaboración con Pandora lanza el libro interactivo “Nosotras”, también editado en papel, compuesto por 7 relatos cortos de ficción escritos por 7 escritoras españolas de renombre: Cristina López Schlichting, Carmen Amoraga, Matilde Asensi, Marta Robles, Charo Izquierdo, Mara Torres y Beatriz Peña. Sin su colaboración altruista y solidaria, así como la de los profesionales y voluntarios que han participado en este proyecto, Nosotras no habría sido posible.

Carmen Amorafa, finalista del Premio Planeta.

 

Estos relatos tratan distintos temas relacionados con el cáncer de mama, resolviendo preguntas concretas:

 

¿Qué es el cáncer de mama?

 

¿Cómo se diagnostica?

 

¿Cómo se trata?

 

¿En qué consiste la reconstrucción de la mama y cómo ser lleva a cabo?

 

¿Qué aspectos psicológicos rodean al cáncer de mama? ¿Y qué aspectos sociales?

 

¿Qué cuidados estéticos pueden ayudarnos a conllevar el cáncer de mama?

 

La versión física de Nosotras, que se podrá conseguir en las tiendas Pandora el día 19 de octubre por la compra de cualquier artículo de la marca, incluye códigos QR a través de los cuales se puede acceder a estos mismos relatos online para descargarlos, así como a los contenidos específicos sobre el cáncer de mama que se tratan en cada uno de ellos. Además La campaña tendrá difusión en varios de los canales multimedia de la Asociación Española contra el cáncer: Facebook, Twitter y Youtube.

 

Nosotras también tiene forma de libro interactivo y se encuentra alojado en la página web de la aecc, www.aecc.es, con todos los enlaces correspondientes y la posibilidad de compartirlo en las redes sociales.

 

Además, en la página de Facebook de la Asociación Española Contra el Cáncer, Unidos Contra el Cáncer http://www.facebook.com/unidoscontraelcancer se encuentra la aplicación de Nosotras, donde los usuarios pueden compartir estos relatos con quien quieran para así puedes hacerlo llegar a esa persona que pueda aprovecharlo, sentirse apoyado o simplemente emocionarse con su lectura.

 

Queremos que Nosotras llegue a todos, y por eso también a través de Twitter proponemos un hashtag para todos los tweets que a lo largo del día hablen del cáncer de mama y se publiquen junto con el más generalizado #cáncermama: #yotambiénsoynosotras.

 

Como material gráfico te adjuntamos las fotos oficiales del libro y dos módulos que puedes emplear en tu canal como “amigo de Nosotras”, como uno de los embajadores de nuestra campaña y responsable de hacer llegar esta información esencial sobre el cáncer de mama a la sociedad para ayudar en esta lucha.

 

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HOY, A LAS 0.55, BORRADORES

El escritor y periodista José Ramón Marcuello y la profesora Carmen Ibáñez son dos de los invitados al plató de Borradores para hablar del libro ‘El viento en Aragón’ (DGA). Los autores del volumen, del que también es coautor Sergio Breto, analizan las fuentes mitológicas del viento, las fuentes de energía, la navegación y su presencia en las tradiciones y en la arquitectura populares. El otro invitado a plató es el también periodista y escritor Jordi Siracusa, que ha publicado la biografía novelada ‘Al hilo de la vida. Eulalia de Borbón, la indómita’, donde reconstruye la existencia de esta mujer, hermana de Alfonso XIII, que vivió de exilio en exilio, que se casó sin amor, que tuvo varios enamorados, que se divorció y que incluso redactó unas memorias que no gustaron a su familia.

Borradores ofrece tres reportajes: la ilustradora Sara Morante habla de su proyecto ‘Diccionario de literatura para esnobs’ de Fabrice Gaignault, que ha publicado el sello Impedimenta, en el que ella retrata a autores como Marguerite Duras, Sylvia Plath, William S. Burroughs, Óscar Wilde, etc., con un estilo muy particular, en el que dominan el rojo y el negro y las técnicas de la litografía. Mamen Delpón, Jorge Gonzalvo y Pedro Alejandro Filgueira son los coordinadores del encuentro de literatura infantil y juvenil ‘Envuelto para relato’: hablan de las jornadas, del compromiso de los creadores, de las actividades y del deseo de que un evento así se prolongue en el tiempo. Y el poeta y profesor Antonio Méndez Rubio, un poeta del silencio y de la concentración expresiva, analiza su obra, próxima a la línea de Celan, Gamoneda y Valente, y reflexiona sobre estos nuevos tiempos de civilización y barbarie.

La actuación musical corre a cargo del grupo Chico Raro, de Zaragoza, que ganó el II Concurso de Cantera Fnac. Arranca su actuación con ‘Los sobrinos de Ángel Nieto’.

 

*La ilustración inicial es de Elisa Arguilé, que participó en las jornadas 'Envuelto para relato', y el retrato de abajo es de Eulalia de Borbón.