Blogia

Antón Castro

CERCAS: 'EL GRAN ROMEO'

[El escritor Javier Cercas publica hoy en el suplemento dominical de ‘El País’ un artículo extraordinario sobre Félix Romeo. Es una obra maestra de la evocación, de la amistad, del retrato y de la literatura. Félix Romeo ha sido, es, una criatura inagotable e irrepetible. Este texto es una prueba más.]

 

EL GRAN ROMEO

 

Por Javier CERCAS

 

Se llamaba Félix Romeo, pero no siempre fue muy afortunado en el amor; en la muerte no lo fue en absoluto. Falleció el 8 de octubre pasado, en Madrid, a los 43 años, de un paro cardiaco. Decir que era un hombre excepcional es decir bien poco, porque en la hora de la muerte todos somos excepcionales. Ante todo era un escritor. Publicó infinidad de artículos y crónicas; publicó tres libros. El primero, de 1995, se titula Dibujos animados y le colocó en el grupo de cabeza de la narrativa de su generación. El segundo, Discothèque, se publicó seis años más tarde; aunque el libro sea una mezcla feliz, improbable y gamberra de Kurt Vonnegut y Rafael Azcona, puede que Romeo viviera su publicación como un fracaso: quizá pensó que la novela no se había entendido; más probablemente, que no había estado a la altura de lo que él se exigía a sí mismo. De esta derrota (o de esta ilusión de derrota) salió su mejor libro: Amarillo, un gran interrogante sin respuestas sobre un hecho que el vitalismo desaforado de Romeo se negaba a entender -el suicidio a los 24 años de su amigo el escritor Chusé Izuel-, un libro extraño, perturbador y necesario donde su prosa adrenalínica brillaba con todo su sombrío esplendor. Lo dije en esta columna cuando el libro apareció, hace tres años, y conviene repetirlo.

Pero Romeo no era sólo un escritor; para muchos era sobre todo un personaje. Ahora que está muerto -ahora que su vida empieza a cobrar un sentido ajeno a sí misma-, sería fácil compararlo con los protagonistas de las novelas de Saul Bellow, con uno de esos intelectuales desmesurados que, como Humboldt o Ravelstein, parecen encarnar toda la magnificencia contradictoria del ser humano. Como Ravelstein, Romeo era a su modo un pedagogo. Poseía una cultura exuberante, y parecía disfrutar lo mismo adquiriéndola que repartiéndola. Fabricó lectores, cinéfilos, escritores. Como promotor de su propia obra era pésimo -de hecho, era totalmente incapaz de promoverla, no digamos de promoverse a sí mismo-, pero como promotor de la obra ajena era imbatible. Su conversación era una pirotecnia perpetua de lecturas, de historias, de ideas. La última vez que le oí hablar en público razonó su rechazo de gran parte de la literatura española con el argumento atendible de que es una literatura de señoritos (una literatura de primero de la clase, creo que dijo), una literatura que mira a los seres humanos por encima del hombro, de arriba abajo y no de abajo arriba, incapaz de mostrarlos en toda su desoladora grandeza, una literatura mezquina, costumbrista y petulante; cuando Romeo terminó de hablar le dije que me gustaría tener por escrito lo que había dicho, y él me miró extrañado, como si le molestase un poco que los demás creyésemos que tenía tiempo de escribir todo lo que se le ocurría. Su pasión por los libros obraba prodigios. Una vez aseguró en un artículo no haber leído una gran novela inédita en castellano: The man who loved children, de Christina Stead; como yo sabía que no le gustaba que hubiera por ahí obras maestras sobre las que no podía emitir una opinión, cuando nos vimos le regalé mi ejemplar; él lo aceptó, pero años después convirtió una charla pública en un acto dadaísta con el fin de poder devolvérmelo; y justo el día siguiente de su muerte me enteré por Abc, el periódico donde últimamente colaboraba, de que el libro de Stead se acaba de traducir al castellano. Podía ser dogmático, arbitrario y provocador, aunque sus intemperancias sólo molestaban a los fanáticos y a los canallas. En política era un excéntrico: no sólo creía fervientemente en la democracia; creía fervientemente en esta democracia. Más de una vez demostró ser valiente. Si la palabra no estuviera llena de sangre y de mierda, sentiría la tentación de decir que era un patriota: detestaba el nacionalismo, pero amaba su tierra y a su gente. En Zaragoza deja un agujero del tamaño de una explosión nuclear.

Creía en la amistad entre escritores, lo que tiene un gran mérito. Cada vez que pasaba junto al pueblo donde nací, entre Trujillo y Mérida, me llamaba por teléfono o me enviaba un sms. Sus sms. En el penúltimo que me envió, un par de semanas antes de morir, me daba las gracias porque, en un reportaje publicado en este periódico, le mencionaba entre los escritores que merecen más lectores de los que tienen. "Qué alegría que me tengas en tu corazón", escribía. Le contesté que siempre le tenía en mi corazón y en mi cabeza; me contestó: "Sí, pero verlo en EL PAÍS es como ver un corazón de enamorado en un árbol". Uno entiende perfectamente que todos tenemos que morir, pero no que, habiendo tanto hijo de puta suelto, la muerte venga a reclamar, a los 43 años, a un tipo como Félix Romeo. Cuando me dijeron que había muerto me fui a caminar por el Ampurdán; el cielo estaba negro y soplaba una tramontana tan furiosa que parecía querer arrancar los árboles de cuajo y llevárselos volando: tuve la impresión de que la naturaleza estaba de acuerdo conmigo. No es fácil dejar que un hombre como Romeo se marche así como así.

 

*Esta foto de Félix corresponde a los archivos de Heraldo de Aragón y la realizó Esther Casas.

 

EL GARRAPINILLOS SIGUE LÍDER

EL GARRAPINILLOS SIGUE LÍDER

EL GARRAPINILLOS VENCE AL

ANENTO AMESA PUESTA EN SU CANCHA: 1-2

 

Amesa Puesta Anento había perdido el liderato el pasado fin de semana. Hoy visitábamos su campo, en el campo de Giner, frente al cementerio de Torrero, en lo alto de la tabla. Nos habían advertido de que el Anento es un equipo muy físico, correoso, sin apenas transiciones en el centro del campo y con jugadores combativos. De brega, pero también de calidad: algunos han jugado en categorías superiores.

De inmediato vimos que era así: el Anento es un equipo intenso, trabajador, que intenta arrinconar al rival en su área. De entrada, parecían más fuertes y más entonados. Aunque luego entramos más en juego y las primeras ocasiones fueron nuestras. Sin embargo, marcaron primero en una jugada al contragolpe; empatamos cuando finalizaba el primer tiempo, con un gol lejano, que nació de un largo rechace, de Óscar Cambra (poco antes había ensayado su disparo con rosca al palo: el ‘efecto Cambra’, como empezamos a denominarle). Había caído la noche: la segunda parte se iba a jugar por entero bajo los focos. El partido adquirió un aspecto entre onírico e impreciso, un partido con sombras sobre un suelo regado.

En la segunda parte, la tónica siguió igual: pelea en todas las líneas, contragolpes constantes, balones en largo del Anento, y respuesta inmediata del Garrapinillos, que pareció llevarse esa ilusoria balance del dominio. En uno de nuestros ataques, Diego Rodríguez recogió el balón en la izquierda, desbordó y se acomodó el tiro desde fuera del área: soltó un trallazo impresionante y limpio que se coló por toda la escuadra. Era el 1-2, que sería definitivo. Un golazo, y todo un regalo porque va a estar dos jornadas ausente: en Leicestar en concreto. Su primeros ocho partidos han sido de un elevado nivel de regularidad y de compromiso.

El Anento siguió buscando la igualada, y tuvo sus oportunidades, sobre todo por los balones altos. Estrelló dos balones en el palo merced a su acoso. Temblaba nuestra defensa y el campo, pero el Garrapinillos aguantó el resultado y logró su séptima victoria consecutiva. Y se afirma en la cabeza de la clasificación con cinco puntos sobre los segundos: el propio Anento y el Santa Isabel, que se ha rehecho y sigue mirando hacia arriba, y un poco más lejos sigue el Movera, que perdió en casa.

Magnífico partido del bloque: brillaron el trabajo, la concentración, la intensidad, la disciplina y la solidaridad más que la calidad del juego en el sentido más estético. Todos han obtenido una buena calificación, pero quizá merezca una mención muy especial el altísimo rendimiento de nuestro arquero Luis. Estuvo espléndido en todos los lances.

Como suele sucedernos en todos los partidos, formamos con un equipo inédito. En ninguno de los ocho partidos hemos repetido la alineación. Formamos así: Luis; Mateo, Jorge Beltrán, Lacabe, Dani Pequerul; Diego, Kike Alcubierre, Fran; Óscar, Eloy y Jorge Rodríguez. Entraron luego Jorge Blasco, Eduardo Pirri, Alberto Luna, Jesús Ángel y Néstor; el jugador a los dos minutos de estar en el campo se resintió de un golpe en la rodilla. La próxima semana nos medimos al Movera, en el que juegan tres ex jugadores del Garrapinillos: los hermanós Ángel y José Cambra, y Fernando Larrosa ‘Caspolino’. Va a ser un partido especial.

 

*En la foto de archivo, Diego y Óscar Cambra.

REDIFUSIÓN DE 'BORRADORES': ALEGRE / ROMEO, Mª J. HERNÁNDEZ, URBIZU, LAFARGA, HORTALÀ....

Esta mañana, a las 11.30, se redifunde el programa ‘Borradores’ (en su emisión del martes, a las 0.50, obtuvo un 9 % de audiencia), donde se ofrece un primer homenaje a Félix Romeo, a través de uno de sus grandes amigos: Luis Alegre.

He aquí el menú de esta mañana:

Actuación musical: María José Hernández presenta ‘Señales de humo’ y toca dos temas con Rafa Domínguez, ‘Guisante’.

Plató: Luis Alegre recuerda a Félix Romeo; Paco Lafarga, pintor que expone en Torreón Fortea y que trae una obra original.

Reportajes: Amaral y el disco ‘Hacia lo salvaje’, Enrique Urbizu y Helena Miquel hablan de ‘No habrá paz para los malvados’, y Lluis Hortalà en el CDAN.

 

JAVIER ROMERO: UN CUENTO

Javier Romero acaba de ganar el premio Isabel de Portugal de Narrativa. Y tiene la gentileza de enviarme un cuento inspirado en un texto del pintor Jorge Gay.

 

Un cuadro de Gay

 

Oh, where oh where can my baby be?
The Lord took her away from me

 

The last kiss

Wayne Cochran

 

El cuadro de Gay me hizo reparar en mí mismo después de muchos meses en los que sólo fui una especie de cuerpo inerte. Mis zapatos, empujados por una fuerza ajena        --llámala inercia, llámala espíritu santo--, me habían traído a Zaragoza pocas semanas después de matar a mi novia. Vine huyendo de mi sombra y de un insondable sentimiento de culpa. Pero la culpa y la sombra estaban demasiado pegadas como para quedarse atrás.

 

Llovió sin parar durante tres o seis meses y el viento sopló como si quisiera llevársenos a todos. Pero un día empezó a clarear cuando Concha Monserrat me dijo en los pasillos de las Cortes de Aragón: “mira, ese del cuadro se parece a ti”. Allí tumbado y desnudo, pintado en colores fríos, alguien muy parecido a mí, dormía en la parte inferior de la escena. A su alrededor, varias figuras de hombres y mujeres parecían hablar ajenos al bello durmiente. Todos no. Uno tenía la pierna ligeramente doblada como si estuviera a punto de darle un puntapié.

 

No soy yo pero podría serlo. Me dio por pensar en ello cada vez que subía hacia las cabinas de radio y pasaba por delante del cuadro. Con la mejilla apoyada en una mano mi retrato descansaba con placidez. Sus labios a ratos parecían sonreír o se fruncían sutilmente como si alguna duda lo embargase. Pero las más de las veces, sonreía.

 

Una noche soñé que iba en mi moto a más de 100, con mi amor agarrada a mi espalda. Formábamos un solo cuerpo, especialmente cuando nos tumbábamos en la trazada de las curvas y sus uñas se clavaban en mi pecho. Soñé que nos acercábamos a un cruce con el semáforo en verde y nos lanzaba por los aires un coche que surgía de la nada. Yo flotaba sobre el capó a cámara lenta, como un cosmonauta en un paseo espacial, y me acordaba de una conversación de besugos que tuve con mi profesora cuando apenas tenía 8 años. A ver, Javi, ¿cuándo debemos cruzar la calle? Pues, cuando el semáforo se pone rojo. ¡Qué dices, siempre debes cruzar cuando el semáforo está verde! Pero si cruzo cuando el semáforo está verde, me pillarán los coches. Tú hazme caso. En el sueño, el conductor que nos estaba arrollando me miraba sorprendido, como el que mira llover motociclistas, y luego pisaba bruscamente el freno.

“Abrázame, mi amor, tengo miedo”. Nos quedábamos los dos tumbados, como dormidos, mejilla con mejilla, con un rictus que más que de dolor era de nostalgia, como posando para un cuadro de Gay. Así permanecíamos hasta que llegaban las luces azules de la Guardia Civil y las naranjas de las ambulancias, y nos separaban, y nos convertían en una crónica de sucesos. Cuando desperté, resulta que era verdad.

 

La cara de Jorge Gay se tornó amarillo cadmio al verme en el quicio de la puerta de su estudio.

-Eres Ernesto- dijo, y no quedó claro si era una pregunta o una afirmación. Esbocé mi primera sonrisa en meses, y no porque tuviera muchas ganas. Fue una sonrisa social para ayudar al pintor a reponerse del sobresalto que le produjo mi inesperada visita. No recordaba haberme llamado nunca Ernesto. Mi DNI lo decía bien claro, y el DNI no suele mentir.

- No. No soy Ernesto, aunque me han dicho que me parezco un poco a él.

-¿Un poco? Juraría que sois hermanos gemelos.

Me invitó a pasar y tomar asiento en un sofá desvencijado repleto de manchas de pintura acrílica. Me excusé por lo que pudiera haber de morboso en mi curiosidad por aquel que tanto se asemejaba a mí y le pedí que me contara todo lo que sabía de él.

-Me lo presentó una amiga común y decidí usarlo como modelo por su extraña mirada. Y lo que son las cosas, al final le pinté dormido. Supongo que me cansé de intentar plasmar, sin mucho éxito, la tristeza inquisitiva que poseían sus ojos…-. Gay hizo una pausa y, sin darle mucha importancia, lo soltó:

-Murió hace unos meses en un accidente de tráfico.

Mientras me hablaba con su voz pausada, se limpió las manchas de las manos con un trapo impregnado en disolvente y paseó su mirada por las pilas de cuadros y botes de pintura que se amontonaban junto a la pared tras de mí. Rehuía mis ojos. Pese a lo que la razón le dictaba, mi presencia invocaba al fantasma de quién posó para él posiblemente en esa misma nave. Finalmente, dejó de sacar lustre a sus dedos con el paño y me miró

-Debo tener por ahí algunos bocetos que le hice a Ernesto. ¿Quieres verlos?

Gay rebuscó entre los anaqueles hasta que dio con un fajo desordenado de cartulinas. Creí notar una duda en el pintor antes de extender sus dibujos sobre la mesa; un pellizco de pudor antes de mostrar su obra desnuda. Fui pasando hoja tras hoja como si mirara fotos antiguas en el álbum de un amigo. Fotos con imágenes de uno mismo, para las que no recuerda haber posado pero que allí están, hipnóticas, fascinantes y tozudamente reales.

Al llegar a la penúltima lámina fue mi cara la que se volvió amarillo cadmio.

-¿Quién es esa chica que abraza a Ernesto?- balbuceé alterado.

-Era su novia. Se marchó de Zaragoza poco después de la muerte de Ernesto.

 

            -¿Su novia?

Aquel pelo liso, aquella piel perfecta, aquellos ojos claros, aquel perfil de pin-up feliz, aquella cara. Toda ella era idéntica a mi amada. Ladeaba la cabeza y juntaba su mejilla a la de Ernesto como lo hubiera hecho ella. Con la respiración entrecortada, con un embalse de lágrimas no derramadas que intentaban resquebrajar mi pecho, saqué un hilo de voz para preguntar:

-Conducía ella, ¿verdad?

-Sí. Eso me dijeron.

*Javier Romero es periodista y escritor. La ilustración corresponde a 'Vacaciones en Roma', con Gregory Peck y Audrey Hepburn.

 

 

 

ANTONIO IBÁÑEZ EVOCA A FÉLIX

ANTONIO IBÁÑEZ EVOCA A FÉLIX

Recibo este correo de Ángel Petisme, a propósito de un artículo de Antonio Ibáñez sobre Félix Romeo Pescador, el amigo inolvidable. [Querido Antón, hay un artículo precioso de Antonio Ibañez sobre Félix, que escribió cuando estaba de vacaciones en Argentina y le sorprendió la noticia, que no has colgado en tu blog:

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/felix-romeo_706354.html

Es de recibo, hermano, porque quería a Félix como todos nosotros y Felix nos quería a todos mucho. Un besazo. Ángel.]

  

 FÉLIX ROMEO

 

Antonio IBÁÑEZ 09/10/2011

Se comió la vida a bocados y se nos ha ido inesperadamente, dejándonos noqueados. Sin saber qué hacer ni qué decir, sin volver a entender por qué la muerte nos sacude de forma tan cruel y nos arranca despiadadamente a un amigo. Félix Romeo se ha ido y la Zaragoza que tanto quiso y disfrutó se ha quedado muy vacía. Fue un precoz escritor interesado por las personas, que nos regaló a muchos parte de las cosas que hacen más preciada la vida: el sentido de la conversación, de la amistad, de la literatura, de las noches de juerga, del amor, de un partido del Real Zaragoza, de la generosidad, del afecto... del intentar, en definitiva, que la gente fuera feliz.

Creyente del individuo, de la libertad y de la pasión, la misma que puso en todo lo que hizo, Félix Romeo es ya una parte imprescindible de la historia de la cultura y un recuerdo imborrable para quienes le quisimos. Félix fue un hombre curioso que lo sabía casi todo. Que escribió pocas novelas pero imprescindibles, que fue un notable traductor, que hizo extraordinaria y abundante crítica, que modernizó los espacios culturales de la televisión y que tuvo buenas ideas para agitar la coctelera cultural de Zaragoza sin encontrar demasiado eco entre los políticos, más preocupados por otras cosas. Fue maestro de una extraordinaria generación de escritores, aragoneses y de fuera, y uno de los hombres de la cultura más querido por su arrolladora vitalidad y su desprendido afecto. Con una vida tan corta, pero tan intensa, fue el más brillante de una generación joven que rejuveneció además a otra anterior.

Hizo de puente entre ambas y fue la pieza integradora, sin exclusiones y dispuesto siempre a ampliar los círculos. De curiosidad sin límites, no olvidaba nunca un nombre, y era capaz de someter a intensos interrogatorios a su interlocutor movido por su ansia por saber. Un hombre grande en todos los aspectos que bajo sus atuendos negruzcos escondía a un excéntrico inconformista, a un niño pequeño y a veces ingenuo, siempre desbordante, a un auténtico líder.

A Félix le admiramos y quisimos mucha gente. Y brillantes autores. Algunos tan jóvenes como Daniel Gascón; otros tan míticos y más mayores que él como Javier Tomeo y, sobre todo, José Antonio Labordeta. Las dos últimas décadas han sido las más prolíficas e intensas de la literatura escrita por aragoneses, y se debe al ímpetu de Félix, que fue capaz de aglutinar en torno a él a un buen número de autores a los que con su arrolladora pasión empujaba a escribir.

Ahora que muchos lloramos su ausencia, incluso a miles de kilómetros, separados por el océano y en misteriosas ciudades que él tanto amó, poco importan sus virtudes intelectuales, su imborrable legado o que fuera uno de los hombres más inteligentes que ha dado esta tierra.

Poco importa ahora todo eso, cuando maldecimos su muerte y todavía somos incapaces siquiera de escribir algunas líneas con sentido. Si Félix no hubiera existido, muchos habríamos tomado caminos distintos a los que elegimos. Si nunca le hubiéramos conocido, nuestras vidas serían ahora un poco menos ricas. Por eso ahora, y a pesar de que no volveremos a contar con su llamada, su correo o su presencia en la librería, la taberna o la calle, y su ausencia será atosigante, sirvan estas líneas para expresarle el cariño y gratitud como él siempre quiso que se hiciera: escribiendo y disfrutando con rabia de cada instante de nuestras vidas.

 

*Antonio Ibáñez es periodista de 'El Periódico de Aragón', gran amigo de Félix y biógrafo de Miguel Labordeta. Esta foto me la envió Lina Vila: es de un reciente viaje de Félix a Venecia con Lina, con Vicky Méndiz y Víctor Forniés.

 

BORRADORES RECUERDA A FÉLIX ROMEO, Y ENTREVISTA A LAFARGA, AMARAL, Mª J. HERNÁNDEZ

BORRADORES RECUERDA A FÉLIX ROMEO, Y ENTREVISTA A LAFARGA, AMARAL, Mª J. HERNÁNDEZ

 

Borradores recuerda esta medianoche al escritor y crítico literario Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011), fallecido recientemente de un paro cardíaco en Madrid. Luis Alegre, uno de sus grandes amigos, evocará la vida, las pasiones y los libros –‘Dibujos animados’, ‘Discotheque’ y ‘Amarillo’- del escritor que protagonizó hace casi veinte años el documental ‘Salida de la cárcel de Torrero del insumiso Félix Romeo’ de Fernando Trueba y que dirigió durante un lustro  ‘La Mandrágora’ en TVE. El pintor Paco Lafarga habla de su pasión por la pintura y de su vocación de artista que anhela vivir de su trabajo con motivo de su exposición ‘Instante-alambre’ en el Torreón Fortea. Lafarga analiza su modo de pintar, su inclinación por el color y la búsqueda de la intensidad y de la emoción a través de un cuadro que se exhibe en el plató.

La actuación musical corre a cargo de María José Hernández, que acaba de publicar su cuarto disco, ‘Señales de humo’: acompañada de Rafa Domínguez, a la guitarra eléctrica, interpreta la canción que da título al disco y ‘No voy a llorar’. La cantante dice que este es un disco de amor y desamor, del deseo, de los vaivenes de la pasión.

Borradores también ofrece una entrevista con el grupo Amaral: Juan Aguirre y Eva Amaral explican su nuevo disco, ‘Hacia lo salvaje’, la relación con el público zaragozano, la mayor presencia de guitarras en el álbum y cuentan sus últimas lecturas. Enrique Urbizu y Helena Miquel hablan de la película ‘No habrá paz para los malditos’, un ‘thriller’ intenso y violento, protagonizado por José Coronado y la propia Helena Miquel, que desvela la preparación de un terrible atentado terrorista. Y el artista Lluis Hortalà y el comisario de arte y escritor Alejandro Ratia explican la exposición del escultor y dibujante en el CDAN, que gira en torno a las montañas, a las ‘caras norte’ de los picos, y a Riglos y Montserrat. Lluis Hortalà fue escalador entre 1975 y 1982; en los años 90 incorporó esa experiencia a la obra plástica y en el CDAN presenta un trabajo escultórico, gráfico y eminentemente físico y a la vez muy espiritual.

 

*Esta foto de Amaral es de Gustaff Choos.

CON EDUARDO ARROYO EN LA ALJAFERÍA

CON EDUARDO ARROYO EN LA ALJAFERÍA

EDUARDO ARROYO, HOY, EN ‘CONVERSACIONES EN LA ALJAFERÍA’

Eduardo Arroyo (Madrid, 1937) conversa esta tarde con el psiquiatra, escritor y coleccionista de arte Javier Lacruz, director artístico de la colección ‘De Pictura’, que tiene varias obras de Arroyo, y conversa también con Antón Castro, un servidor, en el ciclo ‘Conversaciones en La Aljafería’, que coordina Fernando Sanmartín. Arroyo suele definirse como “un pintor que escribe”: ha firmado libros sobre Panamá al Brown, sobre la relación del boxeador panameño con Jean Cocteau, sobre ‘El trío Calaveras: Goya, Benjamin y Byron’ y es autor de un espléndido libro de memorias: ‘Minuta de un testamento’, absolutamente recomendable. Tengo en la mano la edición de Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores y es muy sugerente, un libro extraordinario de texto e ilustraciones. Arroyo es un pintor mediatizado por la literatura y por la cultura: ha pintado a Ángel Ganivet, ha pintado contra la España negra, ha pintado a los boxeadores, que encarnan para él “el sentimiento efímero y una metáfora de la vida”. Es un espléndido cartelista y ha hecho decorados para óperas y obras de teatro. Suele decir que puede charlar y charlar sin parar, y que los amigos son muy indulgentes con su cháchara. Recibió el premio Aragón-Goya.

VICTORIA DEL GARRAPINILOS 6-3

VICTORIA DEL GARRAPINILOS 6-3

GARRAPINILLOS 6- EL BURGO 3

 

[El Garrapinillos vence a El Burgo de Ebro y se coloca líder en solitario, con dos puntos de ventaja, tras la derrota del Anento A Mesa Puesta y la derrota del Movera. El equipo rojillo logra su sexta victoria consecutiva.]

José Antonio Melendo, el fotógrafo, me anunció que iba a venir a hacerle fotos al Garrapinillos. Jugábamos contra uno de los equipos fuertes de la categoría: El Burgo. De poderío físico, con buenas cifras: dos victorias, tres empates y una derrota. En total nueve puntos. Durante la semana hemos tenido, como suele ocurrir con la llegada del mal tiempo, algunos resfriados. Anoche, cuando teníamos que descartar a un jugador, el centrocampista Alberto Luna me llamó para decirme que no podía jugar.

La tarde exhibía un abanico de luces: el sol aparecía y desaparecía, y con él una luz especial, a veces tamizada, a veces casi invernal. Cuando apareció José Antonio, me dijo: “Tenemos una buena luz para la fotografía”. Y para el fútbol, pensé yo. Estrenaba objetivos y creo que una cámara nueva. Me enseñó, mientras calentaban los chicos, las fotos que hace a modelos despampanantes en hoteles de Zaragoza y Huesca. Con su picardía lenta, susurró: “Algunas son menores de edad, pero están realmente bonitas y posan muy bien”. El campo estaba estupendo: en su apogeo, recién cortado el césped y con algún que otro presagio: en las porterías ya asoman las calvas, en el centro se multiplican los primeros baches, pero en las bandas está bien, como una alfombra doméstica, no como La Romareda que es maravillosa. Al final, tras solventar algunas dudas, jugamos así: Sergio Calvo; David Mateo, Jorge Beltrán, Jorge Blasco, Dani Pequerul; Diego Rodríguez, Kike Alcubierre, Enrique Romero; Óscar Cambra, Eduardo Pirri y Eloy Mateo. Quedaron en el banquillo, y dispusieron de minutos, Jorge Rodríguez, Fran, Jaime, Jesús Ángel y Alberto Rubio. Este año montamos un sistema sencillo y clásico: el 1-4-3-3. Exige mucho trabajo a los medios, mucha pelea, mucho control de balón y mucha creación, pero también logramos ser más peligrosos arriba, marcamos más goles.

El Garrapinillos se plantó pronto en el campo y tomó las riendas del choque. El Burgo realizó algunas escaramuzas de ataque, sin demasiado peligro, buscando sobre todo su extremo izquierdo. Arriba tenía delanteros peleones. Hoy, por el centro, Jorge Beltrán y Jorge Blasco fueron dos torres; Mateo fijó su posición en el lateral derecho y Dani Pequerul se iba arriba con cierta generosidad, o quizá con alguna despreocupación, pero logró ir remontando. Poco a poco empezaron a llegar los goles. Marcaron Óscar Cambra, Jorge Blasco y Eloy Mateo en dos ocasiones. Con ese resultado nos fuimos al descanso. Todo había funcionado a la perfección: el equipo había controlado el centro del campo (estuvieron a gran nivel, otra vez, todos, Diego, que no para, Alcubierre, que se fue entonando y acabó madurando su posición de eje, Quique Romero, luego Fran...), había entrado por las alas y por el centro. Y había jugado como se sueña: con calidad, con tensión y con eficacia. Con sacrificio y con constancia.

En la segunda parte, Mateo dejó su sitio a Jaime, que es un jugador que crece día a día; no es un defensa, pero es polivalente y tiene una buena salida de balón. Y Fran relevó a un enfriado Enrique Romero, que cada día va a más: dispone de más minutos y posee una enorme clase. Y luego entró Jorge Rodríguez por Pirri, que lo intentó todo, pero no logró marcar. En la segunda parte, el Garrapinillos siguió jugando a su ritmo, desbordando al contragolpe, tiró peligrosos saques de esquina, Fran falló un cabezazo a bocajarro, Blasco un remate con el pie, pero también El Burgo se vino arriba: en la segunda parte se colocó 1-4; marcó Eloy el quinto y ellos redujeron distancias con su segundo tanto; Jorge Rodríguez marcó un espléndido gol desde la derecha (miró al cielo, elevó las manos y pensó en Félix Romeo, con quien ha comido tantos fines de semana, con quien ha discutido tan menudo de fútbol), y El Burgo redondeó su tentativa de remontada con su tercer tanto. Al final, Garrapinillos 6 (con tantos de Eloy Mateo, tres, Óscar, Jorge Blasco y Jorge Rodríguez), El Burgo 3. El partido fue realmente bonito: los ‘rojos’ de San Lorenzo no bajaron la guardia: siguieron buscando el gol y un claro triunfo hasta el final del choque.

Da gusto ver tantos goles, algunos maravillosos (un golazo de falta de Eloy, por ejemplo, el gol de Jorge Rodríguez al final, etc.) y da más gusto aún ver al equipo serio, compacto, imaginativo en muchos momentos, y con ambición de victoria. Da mucho gusto ganar así con tanto público en el campo; entre ellos, algunos componentes del grupo Voyeur o el pintor Lalo Cruces. Para el final, si no mienten los resultados que nos han ido diciendo, tras la derrota del Movera y del Anento A Mesa Puesta, el azar de los domingos reservaba una agradable sorpresa: el Garrapinillos se coloca líder, con dos puntos de ventaja sobre el segundo (Anento) y tres puntos sobre el tercero (Movera). Lo mejor, más allá de lo que dice la tabla de la clasificación, es la ilusión del colectivo, de los veintidós jugadores, y de la afición. El campo de San Lorenzo disfruta con su equipo, con este equipo de Primera Regional, y con todos los demás de categorías inferiores, ocho más, creo.

José Antonio Melendo hizo muchas, muchas fotos. “Capté todos los goles del Garrapinillos y también los que recibió el Garrapinillos”, dijo con su bondadosa sonrisa. El domingo, otro choque apasionante fuera de casa: Anento-Garrapinillos. Eso sí, regresa Javier Lacabe, que hoy estaba excluido por acumulación de tarjetas.

 

*En la foto de Archivo de Aloma Rodríguez, Diego Rodríguez pelea por un balón cerca de Óscar Cambra.