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Antón Castro

EDUARDO MENDOZA Y JAVIER MARÍAS: HUMOR Y AMOR PARA NIÑOS

[Alfaguara publica en la serie ‘Mi primer’ dos cuentos de ambos: ‘El camino del cole’ del barcelonés y ‘Ven a buscarme’ del madrileño]

 

Han sido muchos los escritores que han escrito para niños. Muchísimos. Escritores cuya obra mayor parecía pensada para adultos: desde Leon Tolstoi a Dino Buzzatti, desde Jules Renard a José Saramago, por ejemplo. La lista sería inacabable: el propio Saint-Exúpery alcanzó la celebridad con ‘El principito’, un libro más bien menor y lleno de buenas intenciones, de sentido poético más bien naïf, y tuvo menos fortuna con otros libros como ‘La ciudadela’ o ‘Vuelo nocturno’. La editorial Alfaguara ha empezado a publicar una colección titulada ‘Mi primer…’ Aunque la idea no es exactamente nueva, en la serie ya se han editado sendos volúmenes de Arturo Pérez-Reverte y Mario Vargas Llosa. Días atrás aparecían dos nuevos títulos: ‘El camino del cole’ de Eduardo Mendoza, con dibujos de Daniel Montero Galán, y ‘Ven a buscarme’ de Javier Marías, con ilustraciones de Marina Seoane Pascual, una editora, escritora e ilustradora a la que vimos hace algunos meses en el palacio de Montemuzo con una antológica de su obra.

Son dos cuentos muy diferentes. Uno, el de Mendoza, más humorístico y el otro, el de Marías, más sentimental y evocador. Mendoza, como si estuviera en la atmósfera de su personaje Gulp, cuenta la historia de una niña, Inés, que hace todos los días el camino al colegio y para no aburrirse convierte a sus vecinos en personajes imaginarios. Eso le da mucho juego, le permite jugar con los cuentos tradicionales, y así aparecen personajes como La pobre Fifí, el Ganso Pablo, el besugo Eladio, aunque el personaje más logrado es el portero de un edificio de oficinas, el señor Atunes, al que convertirá “en un bandido mexicano temido en todo el mundo” que deambula de noche haciendo fechorías como si estuviera en una película. Inés, algunas noches, se desvela con sus tiros: se asoma a la ventana y lo ve corriendo de aquí para allá con su sombrero, los cinturones cruzados llenos de balas y una inmensa sonrisa de pícaro desvelado. El trabajo de Daniel Montero encaja perfectamente con la visión humorística, y en ocasiones festiva, del cuento.

Javier Marías cuenta la historia de Héctor, que tiene una hermana menor, Marina. Los solían llevar a casa de sus abuelos, una casa que estaba muy cerca del inicio de un misterioso bosque. Un día decidieron traspasar una marca que les ponía la abuela, el límite de hasta dónde podían llegar, y se encontraron con una caja que dentro tiene la foto de una hermosa niña y una carta. La carta se dirige hacia el desconocido que la lea con un ruego: “Cuando leas esto, por favor, ven a buscarme”. Y ahí, en realidad, empieza la auténtica aventura, se abre una caja china que le llevará directamente a la hermosa Celia y una especie de círculos concéntricos en torno a los primeros amores. Al primer amor de verano. La obra de Marina Seoane es evocadora y delicada. Dos libros muy distintos, de humor y amor, de fantasía y acción, de dos autores en plena madurez. Eduardo Mendoza sigue disfrutando del éxito de ‘Riña de gatos’, la novela con la que ganó el premio Planeta, y Javier Marías acaba de publicar una de sus mejores novelas de amor: ‘Los enamoramientos’ (Alfaguara).

MONEGROS: ODISEA ENTRE ABUBILLAS

 

 

[Javier Arruga publica ‘En el país de los cucutes’, un divertido y entrañable viaje a las estepas, desde Seno y Sigenas hasta Bujaraloz]

 

Los Monegros son un territorio muy literario. Inspirado en viajeros como Cela, Pla, Julio Llamazares o Bruce Chatwin, entre otros, el escritor Javier Arruga (Perdiguera, 1970) decidió recorrer ese pequeño país de estepas y de paisajes que lo conduce a anotar en su cuaderno de campo que “estaba admirando el lugar más hermoso del mundo”. Así, con esa idea, inicia un viaje que lo llevará desde Sena y Sigena hasta Bujaraloz, cruzando Sariñena, Lalueza, Marcén, Poleñino, Cantalobos, Perdiguera, Farlete, Monegrillo, La Almolda y otros sitios que lo mismo están poblados de gnomos –el viajero llega a conversar con uno en una de las licencias imaginativas que se permite- o de personajes que le recuerdan al Clint Eastwood de las películas del oeste.

El viajero Javier Arruga dialoga con todo el mundo, hasta con el aire, y saca, de cuando en cuando, recortes, libros y notas que le permiten hablar de Miguel Servet, al que rinde un homenaje explícito (incorpora una vida breve de un personaje tan fascinante que fue uno de los pioneros de la libertad de conciencia), de Mariano Gavín, el Bandido Cucaracha, o de Alfonso I el Batallador, que murió en Poleñino.

Javier Arruga es un caminante, un observador y un conversador paciente, protagonista y testigo, cantor y contador. Allá donde va busca al paisano que le puede contar historias de cada lugar: ya sea el herrero que le recuerda cómo compró la casa solariega de los Torre-Solanot y le enseña sus piezas de forja, ya sea un cura asombroso (cureta lo llama él) que fue capaz de crear una carpintería con las gentes del pueblo, ya sea un labrador que podría tener un remoto parentesco con su propia familia o incluso se enamora de una impresionante mujer de ojos azules con la que parece vivir un episodio de amor o más bien una alucinación: esa mujer, desafiante, experta en pasiones y quizá en vivencias sexuales, es en realidad una sabina. La mujer sabina.

A Javier Arruga todo le sirve. Atrapa la vida en pocos días. Y lo hace con un gran sentido del humor. Le gustan las palabras aragonesas y la sintaxis popular. Le gusta asomarse, de repente, a una especie de diluvio universal, le encanta dormir bajo una higuera, que le provoca más bien algo de malestar y alguna que otra pesadilla, y le gusta toparse con esos paisanos que tiene alma de filósofo y que le orientan en el camino. De vez en cuando oye: “Te perderás zagal. Camino no hay”. O se encuentra con aprendices de arqueólogo o con esos ancianos un tanto ansiosos, que le hacen decir: “Pese a su inactividad, los viejos llevan todos el uniforme de faena”. Por citarse, incluso se cita con Lorenzo Lasheras, inventor de chimeneas, que tiene dos hijos ingenieros. Entablada la conversación, el amable interlocutor le dice: “Yo no sé nada. Yo no sé ya nada, pero durante la guerra no había agua. Yo allí pasé de todo. Hambre, sed, piojos… mucha sed. De hecho, perdí la memoria después de beber agua”.

La Guerra Civil está muy presente. En las trincheras, en los búnker, en el recuerdo de personajes como Georges Orwell o en el de la enfermera Agnes Hogdson, autora de un libero como ‘A una milla de Huesca’, que ha suscitado mayor interés por los Monegros. ‘En el país de los cucutes’, de las abubillas, es un libro realmente bonito, sugerente, que rezuma humanidad, respeto, ingenio, osadía y sentido del humor. Y además transcribe con gracia esos diálogos un tanto surrealistas y somardas que mantiene el viajero con los vecinos. El libro es un manifiesto del hombre y la naturaleza, de la historia y del existir diario, y también “una carta de amor”, como se dice en la contraportada, de un caminante a los Monegros y de los Monegros hacia el mundo. El volumen ha estado muchas semanas entre los libros más vendidos: ahora entendemos el motivo.

 

En el país de los cucutes. Javier Arruga. Mira Editores: colección Sueños de tinta. Zaragoza, 2010. 200 páginas. Estas dos fotos son de uno de los grandes fotógrafos de los Monegros: Fernando González Seral, que les ha dedicado un libro.

JORGE GAY EXPONE EN MADRID, EN BAT

JORGE GAY EXPONE EN MADRID, EN BAT

Jorge Gay expone en Madrid, en la galería BAT (Alberto Cornejo) la exposición ’Los Ojos del corazón’. Me manda tres textos: uno dedicado a los pintores, otro que explica el concepto de la muestra y el texto de su bellísimo libro ilustrado, ’Biblos’, que se publicó recientemente.

 

 

a los pintores

 

 

Pintores, poetas de la ausencia y de las fronteras del alma, olvidados del presente urgente, que queréis seguir viviendo entre la luz turbadora de Zattere, la plúmbea de París o la radiante y pulcrísima que envenenó los Alpes.

Pintores que surcasteis mares buscando el cardumen centelleante que hirió vuestros ojos y a la pintura fuisteis, como se iba  a la ilustrada Trieste,  a ofrecer los frutos recogidos. Pintores, exiliados, que amáis lo que merece amarse y habéis quedado aturdidos por los vientos que gritan incesantes: ¡Qué error, que osadía, creer tener todavía la belleza en los ojos!

 Amigos no temáis,  aunque la luz  venerada  narcotice y termine cegando  y el precio del esfuerzo se esparza inerme por las playas del mundo, os invito a arrancar la hiel de vuestros peces aún vivos y de nuevo a frotar con ella vuestros ojos para volver a ver.

La travesía  sigue.

La exploración no acaba.

 

 

 

LOS OJOS DEL CORAZÓN

 

Los ojos del corazón son los que ven el paisaje de dentro.

Los que palpan  la forma en la penumbra, los que oyen el roce de los astros.

Dicen que nacemos con ellos, pero son ciegos hasta no frotarlos con la hiel de los peces.

 

 

 

 

BIBLOS

 

Hace muchos, muchísimos años, de una ciudad cualquiera,

salió un caballo a buscar jinetes para llevarlos lejos.

El caballo se llamaba Biblos. Era bello, luminoso y alto.

Quienes tuvieron la suerte de viajar con él cuentan que

cruzaron desiertos, hielos y ensombrecidos mares; rutas

inmensas que les hacían sabios y sentirse libres: igual

exploraban la feracidad de la selva que se asomaban a la

infinita oquedad de los hombres. Llegaron a ver el alma del

aire y el rostro de los astros.

De tanto esfuerzo acumulado, un día, Biblos murió.

Los que con él viajaron afirman, sin embargo, que se les aparece

en sueños. Como un dibujo acuoso recortado en la sombra,

lentamente se acerca a sus oídos y con voz ronca les susurra una

frase que parece llegada de lugares remotos: “Cuando vuelva a

encontrar las palabras capaces de explicar el mundo os las diré

una a una. Con ellas podréis seguir contando vuestros cuentos.

Cultivadlas. Mantenedlas vivas. Cuidadlas como cuidan las

madres de sus hijos. Ellas os harán creíbles a la nueva mirada

de los hombres y ablandarán su helado corazón en flor”.

Después Biblos desaparece, no sin antes dejar un rastro

perfumado en las estancias.

Esta fragancia despierta a los durmientes.

Envueltos en ella, los jinetes que fueron, se levantan raudos a

cruzar la vida, aunque un viento incierto aturda sus arterias

o invada gélido la quietud del alba.

 

HOY, A LAS DOCE, BORRADORES

HOY, A LAS DOCE, BORRADORES

La escritora Elisa Plana y los fotógrafos Alfonso López y Eduardo García, autores del libro ‘Los pueblos dormidos’ (Rolde / Amarga Memoria) acuden al plató de Borradores para explicar las razones de la despoblación de diversos núcleos rurales de Aragón como Júnez, Lacasta, Castellote, Belchite, Jánovas, etc. Y también visitan el programa los escritores María Pérez Collados, autora del poemario en prosa ‘Diario de invierno’, y Carlos Manzano, que acaba de publicar su novela ‘Lo que fue de nosotros’, la historia de una pareja a la que le matan a un hijo de tres años, hecho que provocará una agria ruptura contada a tres voces. Ambos han publicado sus libros en el sello zaragozano Nuevos Rumbos.

El programa de esta medianoche es esencialmente literario. Ofrece entrevistas con Rafael Reig, autor de ‘Todo está perdonado’ (Premio Tusquets de novela), una narración de inspiración policial que aborda algunas peripecias de la Transición. El poeta y narrador catalán Use Lahoz, que pasó muchos veranos en La Hoz de la Vieja (Teruel), publica ‘Las estaciones perdidas’ (Alfaguara), donde cuenta la historia de un pícaro que va de aquí para allá, de flor en flor, de ciudad en ciudad, y en ese tránsito descubre al amor de su vida. Y también se ofrece un reportaje con el periodista, director de ‘Mercurio’ y escritor Guillermo Busutil, autor de los relatos ‘Vidas prometidas’, publicado en Aragón por el sello Tropo, un libro donde se mezcla la literatura, el cine, especialmente el western, el universo cotidiano del amor y del trabajo, y los mejores fogonazos de la infancia.

El joven pianista Alberto Menjón, que acaba de ser premiado en Vigo, es el encargado de la actuación musical en la que es su primera actuación en televisión. Toca dos temas: uno de Chopin y otro de Rachmaninov.

[*Este programa es la redifusión del del martes, que tuvo una audiencia del 9.1%. Muchísimas gracias a todos los que lo habéis seguido.]

 

 

 

 

 

INDIGNADO ESTOY, POR JAVIER RUEDA

Indignado estoy*

Por José Javier Rueda

LA REALIDAD es poliédrica y a mí, una vez más, me coge en medio. Esta mañana, me he encontrado con un político local que me ha preguntado mi opinión sobre el movimiento 15-M. Llevado por el 'buen rollito', le he comentado que yo estaba esperanzado, que valoraba que los jóvenes fuesen capaces de salir de la atonía para manifestar pacíficamente su indignación. Para mi sorpresa, me ha contestado airado que yo era un optimista trasnochado, un ingenuo ecociclista y un retrógrado verdirrojo. Acaso sea cierto, he pensado.

Después, me he topado con un líder sindicalista, y me ha preguntado lo mismo. «¿Qué te parecen los indignados?». Le he contestado que son una pandilla heterogénea de ingenuos y de extremistas. Hecho un ogro, me ha espetado que yo era un reaccionario, un quintacolumnista y un tránsfuga vendido al capital. Debe de ser verdad, he pensado.

Más tarde me ha abordado un dirigente empresarial. Desbordado por los encuentros anteriores, solo he podido confesarle que no tenía una opinión y que no sabía qué pensar. Me ha llamado alienado, inmaduro y pasota. Tiene razón, he pensado.

Un poco harto ya, cuando me ha preguntado una compañera del periódico, le he explicado que mi opinión es un asunto privado y que no la comento con nadie, aunque tengo un juicio muy firme. Me ha llamado soberbio y asocial. Está en lo cierto, he pensado.

Al llegar a casa, he abrazado a mi mujer y le he susurrado al oído: «Si me preguntas por los jóvenes de Sol, no te vuelvo a hablar».

 

*José Javier RUEDA, escritor y periodista de ‘Heraldo’, publicaba ayer esta columna en la contraportada de ‘Heraldo’. Una pieza espléndida que parece un relato de Dino Buzzati. He tomado la foto de aquí.

ÁLVARO CUNQUEIRO EN SU SIGLO

ÁLVARO CUNQUEIRO EN SU SIGLO

 

[Si he escrito algunos libros, si desde joven me aficioné a la literatura, es porque, entre otros autores (García Márquez, García Lorca y Bécquer serían los otros), leí con absoluta devoción a Álvaro Cunqueiro Mora, el señor de las palabras de Mondoñedo, nacido en 1911, hace ahora un siglo, y fallecido en 1981, hace ahora treinta. En este artículo recuerdo algunos datos de su vida, de su trayectoria, de sus libros.]

 

2011: el año de las mil magias de Cunqueiro

 

[Se cumple el centenario del nacimiento del gran escritor y erudito gallego, nacido en 1911 y fallecido en 1981. Fue narrador, ensayista, poeta, autor de teatro, charlista, gastrónomo y director del periódico ‘Faro de Vigo’]

 

 

Si 2011 es el año de Joaquín Costa y de Miguel Servet, también lo es de otro personaje singular, raro, desubicado en la vida y en la muerte, gallego de Mondoñedo y embajador de los secretos del trasmundo: Álvaro Cunqueiro Mora (1911-1981), un señor divertido que aprendió el arte de narrar en los sótanos del palacio arzobispal y en las tertulias desaforadas de la botica paterna.

Cunqueiro lo fue casi todo: un poeta que perteneció al neotrovadorismo y a las vanguardias cuando andaba por Santiago, bajo la lluvia, esbelto como junto y con paraguas; sería periodista hasta su muerte, dirigió ‘Faro de Vigo’ y escribió los pies de fotos más ingeniosos y poéticos que se recuerdan; elaboró relatos, retratos y novelas; fue viajero, cocinero, andariego y fue, ante todo, un escritor increíble, irreductible, emparentado con Jorge Luis Borges, con Marcel Schwob, con Marguerite Yourcenar, con Alfonso Reyes.

Encarnó al escritor que se sentía hermano de sangre y de invenciones de su paisano Rafael Dieste, aquel que firmó ‘Historias e invenciones de Félix Muriel’, que redactó en buena parte en el café Tortoni, en Buenos Aires y muy cerca de Borges; se sintió pariente de Joan Perucho y de Néstor Luján, entre otros nombres, con quienes firmó algún libro de cocina y anduvo ocasionalmente por Calaceite. Cunqueiro es el autor de dos libros inolvidables sobre gastronomía y cultura: ‘La cocina cristiana de Occidente’ (existe edición en Tusquets y es uno de esos libros que contiene erudición, diversión, picardía y un asombroso conocimiento del alma humana), y ‘Viaje por los montes y chimeneas de Galicia’ (1962), que compuso en colaboración con Xosé María Castroviejo, otro raro al que le gustaba la caza, el paisaje y contar historias hasta que se fundían la noche y la aurora y los espectros.

Álvaro Cunqueiro se inició como poeta en Santiago y perteneció al Partido Galleguista, en el que formaban los pintores y dibujantes Carlos Maside y Castelao, y escritores como Otero Pedrayo o Carballo Calero. En la Guerra Civil se alió con el bando nacional, perteneció a Falange, intentó hacer carrera en Madrid y finalmente abandonó la ciudad y la militancia falangista, y regresó, desposeído del carné de prensa y decepcionado del curso de los acontecimientos y de sí mismo, a Mondoñedo, donde empezó a escribir prosa.

Un día, retirado en una especie de desván con vistas al bosque y a un cielo raso de pájaros errantes, empezó a escribir un libro prodigioso: ‘Merlín e familia’, en el que recuperaba al mago Merlín y a la reina Ginebra. Ahí recomenzó su carrera: Cunqueiro poseyó siempre una sabiduría inagotable, de libros, de autores, de Historia, de lenguas y de la vida popular. Tenía un sexto sentido para los paisanos y captaba las existencias extrañas o exuberantes al vuelo, como se ve en los libros deliciosos de la trilogía compuesta por ‘Escola de menciñeiros’ (Escuela de médicos, 1961), ‘Xente de aquí e de acolá’ (Gente de aquí y de allá, 1970) y ‘Os outros feirantes’ (Los otros feriantes, 1979). Metió en sus libros las consejas populares, las supersticiones, los mitos, los miedos, el universo de la Edad Media y de los monasterios y de las peregrinaciones; metió en sus libros un acerbo cultural inagotable: igual rindió homenaje a Homero -en novelas como ‘Las mocedades de Ulises’ y ‘El hombre que se parecía a Orestes’ (Premio Nadal, 1948)- que a Shakespeare, a Chretien de Troyes y a ‘Las Mil y una noches’, recuperó a Simbad el marino en ‘Si el viejo Simbad volviese a las islas’, hizo desfilar a los muertos (piensen en ‘Las crónicas del sochantre’. Premio Nacional de la Crítica, 1959), narró historias inverosímiles y apócrifas basadas en los sueños, en la erudición o en su portentosa imaginación, que estaba siempre teñida por la melancolía, la vitalidad, el sentido del humor, la poesía y el disparate o la desmesura controlada.

Escribió en gallego y en castellano. Y es difícil hallar un escritor a quien le siente con tanta precisión el nombre de mago. Álvaro Cunqueiro fue un mago de la palabra, de la ficción, un bardo, un trovador de la narración y del verso; él se definía como “vagabundo y dado a la dispersión”. Amancio Prada hizo un disco espléndido con sus poemas: ‘A dama e o cabaleiro’. Cunqueiro falleció hace ahora 30 años y fue enterrado en un día de llovizna. En su tumba pidió que, entre otras cosas, escribiesen: “Eiqui xaz alguén que, coa súa obra, fixo que Galicia durase mil primaveras máis (Aquí yace alguien, que, con su obra, hizo que Galicia durase mil primaveras más)”. La Biblioteca Castro publica dos volúmenes con sus novelas y relatos, con piezas teatrales y poemas: más de 1500 páginas que introduce Miguel González Somovilla.

JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE VISITA ANTÍGONA CON 'LAS OLLERÍAS'

JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE VISITA ANTÍGONA CON 'LAS OLLERÍAS'

 

 

Estimados amigos/as, 

 

El próximo lunes  a las 20 h., Joaquín Pérez Azaústre presentará su último libro de poesía, LAS OLLERÍAS, con el que obtuvo el Premio Loewe, en Librería Antígona de Zaragoza (C/ Pedro Cerbuna, 25).


Acompañando al autor estaremos José Luis Rodríguez García y yo mismo.

Un saludo.

 

David Mayor.



Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976) ha publicado las novelas América (Seix Barral, 2004), El Gran Felton (Seix Barral, 2006) y La Suite de Manolete (Alianza, 2008). Sus libros de poemas son Una interpretación (Rialp, 2001), Delta (Visor, 2004), El jersey rojo (Visor, 2006) y El precio de una cena en Chez Mourice (Algaida, 2007). Incluido en varias antologías, ha sido galardonado con los Premios Adonais y Fundación Loewe de creación joven, entre otros, además del presente.
En palabras de autor, " Las Ollerías es una avenida de Córdoba transformada en un espacio simbólico de la memoria: un territorio en el que es posible la reconstrucción personal a través del poema, convertido en una fortaleza del ser".

 

LA MISIÓN 

 

Se escribe contra todo y contra todos.

Es una realidad:

la vida no es proclive a la escritura.

Esto se comprende en un principio:

luego ya se ha hecho tarde para una retirada.

Primero es una fuerza colosal

y hay que revelarla en la familia,

definir un destino y una vocación.

La etapa dura años. Un libro después,

comprendes que la pugna empieza ahora,

que no acabará nunca, si es que en el trayecto

no terminas tú contigo mismo.

Y no va a pasar nada.

Ver nacer a los hijos, ver sentarse a los viejos

y advertir en sus rasgos nuestros rasgos también.

Escribo como recuerdo,

escribo para acordarme a mí mismo.

Me gustaría volver a escribir:

Al principio dormíamos desnudos.

O escribir: Me despierto. Anochece

y escucho unos murmullos sobre el agua,

el aleteo aterido sin las gotas de sol.

Creo ver a mi padre, anciano y aún robusto,

guiando las primeras brazadas de mi hijo.

Me gustaría, sí, pero no puedo,

por más que esto se trate de una confesión,

aunque yo sea más viejo, aunque mi padre

sea mucho más joven que hace años.

Sin embargo, ¿qué hacer, y hacia dónde mirar,

si no es la sustancia de un buen texto?

No se trata tanto de realismo,

ni de una exactitud artificial:

quizá ser un licántropo del tiempo

consista únicamente en recoger

todos los fragmentos de la foto,

para poder guardarla en el armario

de las horas futuras.

 

(poema incluido en ‘Las Ollerías’)

POESÍA, MÚSICA Y DANZA EN 'LA NOCHE EN BLANCO' DEL PABLO SERRANO

 

Esta noche, dentro de la programación de ‘La noche en blanco’, donde habrá espectáculos de danza, a las 20 horas y a las 22 horas, el Museo Pablo Serrano también programa una doble sesión de lecturas de poemas y textos, a las 21 horas, en la tercera planta, y un recital poético musical a las 22.30, en la gran terraza, que está en la cuarta planta y que tendrá el bar abierto. La entrada es libre y habrá una veintena de escritores, narradores, libreros, rapsodas y músicos, entre ellos Nico Cassinello, que tocará algunos de sus temas. Andarán por allí Mariano Anós, Octavio Gómez Milián, José Luis Melero, David Mayor, Juan Marqués, Nacho Escuín, Almudena Vidorreta, María Coduras, Julio Espinosa, Ana Alcolea, Eva Cosculluela, Marta Fuembuena, Fran Picón, Fernando Burbano, Elia García, Fernando Sanmartín… Y más gente. Los poetas y escritores leerán textos suyos, pero también se leerán textos de Rosendo Tello, José Antonio Labordeta, etc.