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Antón Castro

GYENES, VISTO POR FERNANDO OLMEDA

El artista de las bellezas españolas

 

[Fernando Olmeda publica ‘Gyenes. El fotógrafo del optimismo’ (Península), la historia del maestro del claroscuro que captó el mundo del teatro y de la música, y al general Franco, entre otros muchos]

 

Los húngaros han tenido una relación muy especial con la fotografía. Hungría ha producido un sinfín de maestros: desde André Kertész y Martin Munkacsi a Felics Holczer, François Kollar y Josef Pecsi; desde Brassaï y Moholy-Nagy a Robert Capa. Y entre ellos, y entre otros muchos, debemos citar a Jonás Henry Gyenes, que llegaría a España con el éxodo provocado por el ascenso del nazismo y abriría estudio en Madrid en 1948. A este fotógrafo de la sociedad, de Franco y de las “bellezas españolas” dedica un libro el periodista Fernando Olmeda (Madrid, 1962), biógrafo de Gerda Taro, la novia de Capa arrollada por una tanqueta en Brunete en el verano de 1937: ‘Gyenes. El fotógrafo del optimismo’ (Península, Barcelona, 2011. 334 páginas).

Juan Gyenes era hijo de un violinista y profesor de música y pertenecía a la alta sociedad de Budapest. Antes de dar el paso definitivo hacia la fotografía trabajó de electricista, pero descubrió la cámara y una de sus máximas: “Ver con los oídos y oír con los ojos”. Pronto se incorporaría a la red de colaboradores de la revista ‘Színházi  Élet’ y se dedicaría sobre todo a la fotografía cultural y especialmente musical. Dice Olmeda, que ha estudiado minuciosamente su trayectoria en multitud fuentes, que fue uno de los grandes testigos de la edad dorada del Festival de Salzburgo: allí captó a Casals, hacia 1932, a numerosos directores e intérpretes, entre ellos a Prokofiev. También realizó tareas de reportero gráfico, aunque su especialidad eran los estrenos teatrales y musicales, las fiestas de sociedad y los banquetes. E incluso, con bastante argucia y ayudado por dos cámaras (una de ellas la ocultó en un lugar estratégico), realizó una labor de ‘paparazzi’ antes de que existieran los cazadores de fotos: captó, en 1935 durante un viaje a Budapest, a Eduardo de Inglaterra y a Wallis Simpson en una foto que probaba su relación. También realizó foto deportiva, y en 1936, en los Juegos Olímpicos de Berlín, presididos por Hitler y dominados por Jesse Owens, realizó magníficas fotos: el libro muestra una escena en la que le enseña a Jesse Owens las páginas de la revista donde sale el campeón de velocidad y salto de longitud. Aquellos juegos también fueron los de Hungría, especialmente los de la nadadora Ferenc Csik.

Más tarde, Gyenes realizó una suerte de peregrinaje como corresponsal: estuvo en Sudán, en Egipto, y finalmente recaló en España. Poco a poco se abrió camino, y pronto se convertiría en un fotógrafo de referencia como retratista profesional y como colaborador para muchas revistas como ‘Semana’ o diarios como ‘Abc’, en cuya portada publicará sus famosos retratos de actrices y aristócratas españolas, entre ellas Sara Montiel, a quien le hizo estupendas fotos, o Cayetana de Alba; Gyenes era muy amigo de su padre.

Se consolidó de inmediato y fue uno de los grandes fotógrafos de estudio de la posguerra. Se especializó en la música, en el teatro, en la burguesía y en la moda. Era un hombre refinado, de buenos modales y muy halagador con las damas. Y además tenía una prodigiosa técnica que le permitía corregir imperfecciones en el negativo y luego en la copia en papel. Decía: “Si tienes un grano, el objetivo te saca dos. Cuando alguien me dice: ‘Tengo aquí una arruga’, yo le contesto que no la veo. El retoque es necesario. Arreglamos cosas que hay que corregir”. También dijo: “Necesito crear mi propio ambiente en el estudio, para captar el alma dentro del cuerpo. Ahí está el secreto. Encontrar el ‘duende’. Hacer visible lo invisible”.

Realizó varios retratos a Franco, algunos de ellos pasaron a la filatelia, y publicó varios libros sobre ‘Don Juan’ o sobre el Teatro Real.  En este libro, Antonio Fernández-Cid dice de Gyenes: “Nadie más celoso y atento, más sensible y discreto. Hijo de músico, músico él mismo por impulsos de sangre y afición, su cámara supo registrar momentos cumbres en la historia del Teatro, con la suprema virtud del tacto, en las antípodas del profesional ruidoso y desconocedor”. La frase es todo un retrato de este maestro de la foto de estudio, cuidadosamente iluminada, y del claroscuro. El libro de Olmeda está lleno de conocimiento, de detalles y de optimismo, como reza el título. Y es un magnífico documento sobre el arte y las relaciones de poder.

MARCHAMALO O BICICLETAS MIL

MARCHAMALO O BICICLETAS MIL

Jesús Marchamalo, ese sabio de escritores y de bibliotecas, ese mitómano de los libros dedicados, me envía este regalo de medianoche. Y lo titula con sencillez: ‘Bicicletas mil’. Dentro de muy pocos días, Jesús publica un libro de su amado Julio Cortázar.

XOÁN ABELEIRA: UN POEMA

XOÁN ABELEIRA: UN POEMA

El poeta Xoán Abeleira –traductor de Sylvia Plath, de Ted Hughes, Robert Desnos, Apollinaire y Rimbaud, entre tantos otros- me envía este poema en edición bilingüe de su próximo libro que aparecerá en breve en Xerais, la espléndida editorial que dirige un tipo extraordinario, formado en universidades laborales: Manolo Bragado. Este texto pertenece a su orientación más mística y metafísica, a su poesía más depurada. Casi del silencio. [Ilustro esta entrada con un hermoso retrato de Lois Pereiro, a quien se le ha dedicado o Día das Letras Galegas, Libros del Silencio acaba de publicar su obra completa (una hermosa apuesta del gallego en Barcelona Gonzalo Canedo), retrato que ha realizado un gallego en Bilbao: Pablo Gallo, con quien tanto quiero.]

 

 

A CHAIRA EN PRIMAVERA

 

Ei-lo voso oenach

O voso santuario –

 

A foz interior

Do mar onde conflúen

O voso novo Alén

O voso vello Aquén

 

A terra devida

Un cortizo

Policárpico –

 

Agora que todo rompe a xenar todo

Gaña a súa xeira

 

Que as lamelas e as fragas bourean

Ó doután sen párroco nin patrón

A lla garduñar

 

Vide

As abellas doentes da Negrume

 

Vide

As derviches do Pobo dos Soños

 

Libade a vosa flor

Levade o voso mel

 

Vós

A quen Nada lle pertence

 

  

 

LA LLANURA EN PRIMAVERA 

 

Ahí está vuestro oenach

Vuestro santuario –

 

La desembocadura interior

Del mar donde confluyen

Vuestro nuevo Más Allá

Vuestro viejo Más Acá

 

La tierra transformada

En un panal

Policárpico –

 

Ahora que todo rompe a florecer todo

Gana su jornal

 

Que los prados y los bosques trajinan

A su antojo sin párroco ni patrón

Que se lo pueda hurtar

 

Venid

Las abejas dolientes de lo Oscuro

 

Venid

Las derviches del Pueblo de los Sueños

 

Libad vuestra flor

Llevad vuestra miel

 

Vosotras

A quien Nada pertenece

PREMIO DE ILUSTRACIÓN PARA HELENA Y ANTONIA SANTOLAYA EN CANARIAS

LA OBRA “NADA EL PENSAMIENTO” OBTIENE EL PREMIO

DEL VI CONCURSO INTERNACIONAL ÁLBUM ILUSTRADO

BIBLIOTECA INSULAR DEL CABILDO GRANCANARIO

El mago Vicente Almazán todo lo ve y así vio a Antonia y a Helena, dos 'hermanas de hecho en la creación'.

El jurado de la sexta edición del “Concurso Internacional Álbum Ilustrado Biblioteca Insular Cabildo de Gran Canaria” ha otorgado el premio de la convocatoria impulsada por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo grancanario y la Editorial Edelvives, a la obra Nada el pensamiento, escrito por Helena Santolaya e ilustrado por la autora Antonia Santolaya Ruiz-Clavijo.


El jurado del citado concurso, dotado con 8.500 euros para el primer premio y 2.000 euros para el premio especial Autores Canarios, destaca la coherencia y la combinación perfecta entre el texto y las ilustraciones logradas en la obra ganadora.


El jurado, integrado por la ilustradora peninsular Elisa Arguilé Martínez, Dolores Soto Díaz, profesora de la Escuela de Arte y Superior de Diseño Gran Canaria, el escritor Pablo Albo y la consejera de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo grancanario, Luz Caballero, actuando en calidad de presidenta, decidió otorgar el premio especial en la modalidad de Autores Canarios, dotado con 2.000 euros, a la obra La gota, con texto e ilustraciones del autor Daniel Martín Castellano y la ilustradora Rosa Delia Marrero Santana. Según recoge el acta del jurado se otorga este premio por su valor poético así como por la utilización de la técnica del lápiz de color que imprime ternura a las ilustraciones.

La ganadora del premio convocado por el Cabildo grancanario, la zaragozana Helena Santolaya, es Licenciada en Filología Hispánica y en Bellas Artes. Ha sido docente y ha coordinado congresos como el dedicado al escritor Jaime Gil de Biedma y a su generación poética, entre otros. Por su parte, la ilustradora Antonia Santolaya es licenciada en BBAA por la Universidad Complutense de Madrid. Ha obtenido el premio Apel-les-Mestres por su libro ‘Las damas de la luz’, que ha editado Destino. Es también autora de las ilustraciones de los volúmenes ‘Isadora Duncan, la bailarina del mar’, ‘Nico y el bebé estrella’, ‘María Zambrano’, ‘Martín y la pirata Candela’, ‘Cuentos y leyendas de Japón’ y ‘Un día de estos’.

 

[Ayer, en el Teatro Principal, en la presentación de la ‘Poesía reunida 1945-2010’ (Eclipsados, 2011) –oficiaron Ángela Labordeta, Antonio Pérez Lasheras, Alfredo Saldaña y el editor Ignacio Escuín-, Helena Santolaya me dio esta buena noticia. Y esta mañana me ha escrito un correo. Y me dice: “La verdad es que me hizo mucha ilusión que una ilustradora del calibre de Antonia Santolaya me propusiera una colaboración. Yo conocía muchos trabajos suyos y todos me parecían geniales. Pero es cierto también que cuando vi las ilustraciones sobre las que tenía que trabajar casi me muero del susto, porque no tenían nada que ver con lo que yo conocía de ella. Me costó meses encontrar la manera de hilvanar un discurso que abrazara las ilustraciones. Antonia fue muy paciente conmigo y, sobre todo, tuvo una confianza absoluta en mí, cosa que le agradezco profundamente. Aunque creo que el resultado final es de verdad bueno, no estoy acostumbrada al reconocimiento. ‘¿Habré hecho algo mal -pensé- para que me premien?’.  (…) La alegría del premio se multiplica por mucho al compartirlo. Compartir premio y apellido nos convierte a Antonia y a mí en ‘hermanas de hecho’”. Así, ya era sabido, es Helena Santolaya, artista, activista, madre y abuela joven en la vida. Conozco a Antonia Santolaya, es una mujer encantadora, suave y tímida, suele venir mucho por Aragón, participa en los congresos y encuentros de cuadernos ilustrados de Clara Marta y comparte la vida y algunos hijos y sueños con el dibujante e ilustrador Enrique Flores.]

CRISTINA GRANDE: UN DIÁLOGO

CRISTINA GRANDE: UN DIÁLOGO

Cristina Grande recoge sus dos primeros libros, ‘La novia parapente’ y ‘Dirección noche’ en un tomo: ‘Tejidos y novedades’ (Xordica, 2011), que cuenta con siete nuevos cuentos, tan humanos y turbadores como los anteriores. Cristina sigue trabajando en silencio, viaja mucho, ha vuelto a enamorarse y trabaja en una nueva novela. 

-Han pasado casi diez años desde la aparición de su primer libro: ‘La novia parapente’. ¿Qué significó para ti ese libro, mirando ahora hacia atrás?

-Mirar hacia atrás es como mirar hacia abajo desde mucha altura, da un poco de vértigo. ‘La novia parapente’ fue una especie de milagro. Lo escribí con la libertad que da la ignorancia inocente o la inocencia ignorante. Tiene la espontaneidad de la primera vez, algo que se pierde automáticamente y que se recuerda con cierta nostalgia. 

-¿Por qué has elegido el cuento, y además corto, como una forma natural de expresión?

-En principio es la extensión natural para mí. La comodidad también es natural en mí. Tengo bastante aversión a todo aquello que parezca muy elaborado. 

-Cuatro años más tarde apareció ‘Dirección noche’, otro conjunto de relatos que ahondaba en la poética de los objetos. ¿Son los objetos como animales de compañía para ti?

-Sí. Los objetos guardan muchos secretos, recuerdos y vivencias que me acompañan. Quizás porque tengo mala memoria recurro a ellos como a un álbum familiar. A diferencia de los animales, tienen la ventaja de que no mueren. 

-Y añades siete piezas nuevas y aparece ‘Tejidos y novedades’ ¿Qué hay de tejido y qué hay de novedad?

-Los tejidos ahí están, como una vieja colcha patchwork en la que no se puede cambiar el orden de los pedazos. Y las novedades suman una fila más para abrigarte un poco mejor.  

 -Una característica de casi todos tus relatos es la elección de la primera persona. ¿No temes que se confunda persona y personaje?

-Siempre hay una distancia entre mis personajes y yo. La primera persona me permite alejarme más porque la controlo como yo quiero. A mis personajes les permito más cosas si hablan en primera persona. 

-El libro se cierra con el cuento ‘Cáscara amarga’ y narra una historia de amor más o menos imposible. ¿Eres consciente de que ese personaje central siempre está malquistado consigo mismo, a la defensiva, y que es un náufrago?

-La imagen del náufrago siempre me ha interesado y el amor sería en mis historias el remedio a la soledad del náufrago. Nada me da más miedo que la soledad, que en realidad se parece mucho al vacío. 

-Otra de las características de tus relatos es un cierto pesimismo y que no existe el futuro. “Nunca he creído en el futuro”, dice. ¿Es usted así?

-Aunque parezca contradictorio, soy profundamente optimista. Y tiendo a creer que el futuro será por lógica mejor que el pasado. Nunca volvería a mis veinte años. Quizás mi pesimismo es un afán por encontrar el equilibrio. Me gusta pensar que lo mejor está por llegar, y no creo en el pasado si no es como un mero almacén de experiencias (muy atiborrado, eso sí). 

-¿Qué hay en los secretos de familia, qué tesoro o qué atmósfera de inquietud y de frío encuentras ahí?

-Tesoro es la palabra que más relaciono con la familia. Soy un poco siciliana en ese sentido. En el entorno familiar y doméstico me siento muy cómoda. 

-Si tuviéramos que buscar afinidades en tu obra, ¿deberíamos pensar en Natalia Ginzburg, en Anne Tyler, en Clarice Lispector? ¿Qué escritores viajan con Cristina Grande?

-No leo para aprender, sólo para reconocerme. Me reconozco en muchos autores, en la Ginzburg por supuesto, pero también en Miguel Torga, en Julio Ramón Ribeyro, en Javier Tomeo, en Irene Nemirovski, en Agota Kristof, en Thomas Bernhard, en Ramón J. Sender...

-Uno de los cuentos nuevos se titula ‘Volanderas’ y mezcla la historia de unas amigas con otro de tus símbolos: las capitanas.¿Por qué la atraen tanto las capitanas?

-Que puedan echar raíces después de muertas me parece fascinante. Vencer a la muerte es el gran tema. 

-Uno de los cuentos más brillantes, entre los nuevos, es ‘Reserva especial’: ¿Cómo nace esa historia de amor, de vino, y de un joven despeñado por un precipicio?

-Quizás también tiene que ver con el afán de trascendencia. El vino, en esas botellas, no sólo sobrevive a las personas, sino que además es capaz de tirarse por un precipicio para advertirnos del peligroso espejismo del amor. El vino no miente. 

-¿Crees, de veras, que las verdades sin tapujos solo se pueden decir cuando apenas conoces al otro?

-No lo sé, pero he comprobado que cuando no tienes nada que perder puedes comportarte de forma más auténtica. 

-¿Por qué tus criaturas son tan frágiles que están siempre al borde del abismo?

-No creo que sean tan frágiles, al contrario, hay que ser muy fuerte y valeroso para vivir al borde del precipicio. Admiro a Philippe Petit, el funambulista que paseó entre las torres gemelas sin ningún miedo, y no precisamente por dinero. 

-Tus personajes siempre están de caza. ¿Es ese nuestro estado natural: buscar, intentar cazar, seducir?

-La cosa está en no quedarse quieto, y para eso hace falta un poco de entusiasmo, "ligerezza" y desprendimiento. Sobre todo busco reconocerme en mis semejantes.

 

ESTA MEDIANOCHE, BORRADORES

 

El vaquero Giuliano Gemma.

Faustino Cortés y María Pérez Collados: el dúo Mariaconfussion.

La escritora Elisa Plana y los fotógrafos Alfonso López y Eduardo García, autores del libro ‘Los pueblos dormidos’ (Rolde / Amarga Memoria) acuden esta  noche, a las 1.05, a Borradores para explicar las razones de la despoblación de diversos núcleos rurales de Aragón como Júnez, Lacasta, Castellote, Belchite, Jánovas, etc. Y también visitan el programa los escritores María Pérez Collados, autora del poemario en prosa ‘Diario de invierno’, y Carlos Manzano, que acaba de publicar su novela ‘Lo que fue de nosotros’, la historia de una pareja a la que le matan a un hijo de tres años, hecho que provocará una agria ruptura contada a tres voces. Ambos han publicado sus libros en el sello zaragozano Nuevos Rumbos.

El programa de esta medianoche es esencialmente literario. Ofrece entrevistas con Rafael Reig, autor de ‘Todo está perdonado’ (Premio Tusquets de novela), una narración de inspiración policial que aborda algunas peripecias de la Transición. El poeta y narrador catalán Use Lahoz, que pasó muchos veranos en La Hoz de la Vieja (Teruel), publica ‘Las estaciones perdidas’ (Alfaguara), donde cuenta la historia de un pícaro que va de aquí para allá, de flor en flor, de ciudad en ciudad, y en ese tránsito descubre al amor de su vida. Y también se ofrece un reportaje con el periodista, director de ‘Mercurio’ y escritor Guillermo Busutil, autor de los relatos ‘Vidas prometidas’, publicado en Aragón por el sello Tropo, un libro donde se mezcla la literatura, el cine, especialmente el western, el universo cotidiano del amor y del trabajo, y los mejores fogonazos de la infancia.

El joven pianista Alberto Menjón, que acaba de ser premiado en Vigo, es el encargado de la actuación musical en la que es su primera actuación en televisión.

TODO LABORDETA EN VERSO

TODOS LOS VERSOS DE JOSÉ ANTONIO LABORDETA

[Antonio Pérez Lasheras publica en el sello Eclipsados la ‘Poesía reunida 1945-2010’ del cantautor, escritor y político bajo el título ‘Setenta y cinco veces uno’]

 

 

Todos hemos repetido casi una y mil veces en los últimos tiempos que José Antonio Labordeta Subías (1935-2010) era esencialmente poeta. Es decir, su modo de ver el mundo empezaba en su percepción especial de poeta, y desde ahí había sido capaz de desplegar un sinfín de talentos y ocupaciones. En 1959, publicó su primer poemario, ‘Sucede el pensamiento’, con diez poemas que, entonces, parecían seguir la huella de Antonio Machado, aunque luego iría abrazando nuevos credos: la lírica de Juan Ramón Jiménez, la de Cesare Pavese, y la de dos grandes maestros: César Vallejo, que fue su modelo, y Miguel Labordeta, aquel “orangután celeste”, su hermano mayor, que se encerraba con su pipa, su bata y sus sombras a leer a sus poetas chinos favoritos.

Si el peruano taciturno César Vallejo fue una referencia, una enciclopedia de versos y emociones al que acudía constantemente, Miguel Labordeta fue para su hermano pequeño algo más: un fantasma, una sombra y una obsesión. Pasaría a su poesía casi como un temblor de energía: hubo un instante en que –y así lo recuerda Antonio Pérez Lasheras, uno de los grandes estudiosos de la lírica del autor de ‘Monegros’ o ‘Diario de un náufrago’- parecía imitar su propia sintaxis, sus imágenes. José Antonio sintió que debía vindicar a su hermano, rescatarlo del olvido y esa ha sido otra de sus tareas literarias importantes.

Pérez Lasheras, estudioso gongorino y director durante diez años de Prensas Universitarias de Zaragoza, publica un estuche con la ‘Poesía reunida 1945-2001’ (Eclipsados, el sello de Nacho Escuín, que se ha volcado en este proyecto) de José Antonio Labordeta que recoge sus nuevos libros publicados, y plaquettes, fragmentos de un diario y poemas sueltos. Se recogen más de 300 composiciones en total que revelan la energía creador del Labordeta, que se sentía atraído por el paisaje y los hermosos topónimos (“Albarracín, / quilla de piedra, / rojo penacho de cuestas y de arcas, /sobre ti duerme el tiempo, / solo pervive el agua”, escribió), por la recuperación de la memoria, por la melancolía, por el otoño (su estación preferida: José Antonio se preguntaba: “¿otoñea?”), por los hombres inscritos en una naturaleza dura y a la vez benefactora, y por la infancia, concebida como paraíso perdido y por un laboratorio de incitaciones y de imágenes. Zaragoza es Zaragoza y es la Sansueña cervantina: ya en 1963 escribió: “Sansueña: te blasfemo y te amo, / te odio y te acaricio. Te acurruco / en mis labios, te pronuncio / porque he visto en tus calles / amanecer mis años”.

El estuche consta de dos partes: ‘La duda en el paisaje. Vida y obra de José Antonio Labordeta’, que va de adelante hacia atrás, de sus últimos años y de su proyección pública hasta la configuración, paso a paso, de su biografía y de sus referentes, ya conocidos: la huella de los padres, el colegio Santo Tomás, el mundo íntimo y la generación Niké, los años turolenses, el movimiento de la canción popular. Pérez Lasheras cita a sus estudiosos y al propio Labordeta, que fue un intenso y siempre memorialista de sí.

El segundo tomo, ‘Setenta  y cinco veces uno. Poesía Reunida (1945-2010)’, contiene la lírica que publica el autor de ‘El canto a la libertad’: desde ese poema escrito con diez años hasta los que redactó en junio de 2010, muy poco antes de fallecer, poemas que aparecieron en libros como ‘Las sonatas’, ‘Cantar y callar’, ‘Treinta y cinco veces uno’, ‘Tribulatorio’, ‘Método de lectura’, ‘Jardín de la memoria’, ‘Monegros’ o, entre otros, ese proyecto tan emocionante que es ‘Foto de familia’, que publicó en su blog y en la revista ‘Rolde’, donde evoca a sus padres, a su hermano, ese universo que siempre llevó consigo como quien lleva un saco de espectros y de emociones indelebles. Decía: “Se vuelve siempre / a la ojeriza de los atardeceres, / a la lentitud de las noches, / y al amargo sabor / de los amaneceres: / se vive al fin y al cabo”.

José Antonio Labordeta fue un poeta de lo íntimo, irónico y nostálgico, un poeta del amor (de la familia, de su amada Juana, un poeta reconcentrado en el seno matricial). Labordeta fue un poeta de la soledad, un poeta solidario, y un poeta del paisaje y del paisanaje.

 

Poesía reunida 1945-2010. Edición de Antonio Pérez Lasheras. I. La duda del paisaje (Vida y obra de José Antonio Labordeta). II. Setenta y cinco veces uno (Poesía reunida, 1945-2010). Eclipsados / Rolde. 2011. 312 y 506 páginas. [Los dos volúmenes se presentan esta tarde en el Teatro Principal, a las 20.00, con la presencia de Ángela Labordeta, Antonio Pérez Lasheras, Ignacio Escuín y Alfredo Saldaña, entre otros. Arriba, la caricatura de Labordeta que hizo Cano para el proyecto 'Labordeta clásico', coordinado por Javier Ares.]

MATHIAS ENARD: UN DIÁLOGO

Mathias Enard (Niort, Francia, 1972) es uno de los principales escritores franceses de la última hornada. Fue premio Goncourt en 2010 con ‘Habladles de batallas, elefantes y reyes’ (Mondadori, 2011. Traducción de Robert-Joan Cantavella). Fue profesor de árabe en la Universidad de Barcelona, ciudad donde reside desde el año 2000; está casado con una catalana. Se formó en Irán, Egipto y Siria. Y ha firmado novelas como ‘El manual del perfecto terrorista’ (La otra orilla, 2007) y ‘Zona’ (La otra orilla, 2008). Aquí habla de su nuevo libro, centrado en un viaje imaginario de Miguel Ángel a Constantinopla en 1506, y de otros asuntos como la muerte de Bin Laden o los conflictos sociales y políticos en Oriente. Mathias Enard, a quien conocí el pasado jueves en Cálamo y El Hemisferio (allí le rodamos para ‘Borradores’) es un hombre cálido y con gran sentido del humor.

 

Usted ha sido profesor de árabe y ha vivido en Oriente Medio. En primer lugar, ¿qué opinión tiene lo que de está ocurriendo en lugares tan literarios y conflictivos como Siria, Libia, Egipto?

 Fue para mí una gran sorpresa y una inmensa alegría. Nunca habría podido pensar que Ben Ali y Mubarak caerían tan rápidamente. Gadafi es otro problema, igual que (pero de forma distinta) Bashar el Asad. El régimen sirio está acostumbrado a la violencia política; se aguanta desde hace 30 años gracias a la represión, la masacre y la tortura y si no hay un cambio (hasta ahora, difícil de imaginar) en el ejercito, es casi imposible que cambie de rumbo. Pero crucemos los dedos.

 

¿Se ha encendido un volcán? ¿Cuál debiera ser el lugar de Europa?

 

Más que un volcán, son muchos volcanes. Todos estos países son muy distintos. Cada uno tiene sus particularidades que hacen que una visión política global de lo que llamamos “mundo árabe” sea muy difícil, hay que tomar los casos uno por uno. Pero lo que sí han demostrado Túnez, Egipto, Siria o el Yemen es que pueden inspirarse de lo que pasa en los países vecinos para sus propias reivindicaciones. Europa tiene un papel muy difícil que jugar, por varios motivos. Primero, porque ha sido el soporte principal de las dictaduras árabes durante décadas (sólo hay que recordar la, penosa, última visita de Gadafi a Europa para darse cuenta de ello) y dos, porque su capacidad de proyección político-militar depende no sólo de su propia unidad, sino también de sus relaciones con Estados Unidos, Rusia y las demás potencias de la zona. Todo esto hace que sus reacciones sean muy lentas, o poco eficaces (como se ha visto ahora con Siria).

 

Una persona que ha reflexionado tanto sobre la guerra, pienso en dos libros como 'El manual del perfecto terrorista' y 'Zona', ¿cómo ve la muerte de Bin Laden? ¿Le parece correcto lo que se ha hecho o es una barbaridad o una insensatez?

 

Ni una cosa ni la otra. Se trata de un asesinato político en un país (en teoría) aliado de Estados Unidos, y eso obviamente plantea problemas jurídicos, pero no es lo más importante. Osama Bin Laden, más que un terrorista activo, era un símbolo, el símbolo de un pensamiento yihadista al cual se habían emparado muchos activistas para sus propias organizaciones locales, como AQMI en el Magreb, por ejemplo. Y no se mata un símbolo. A lo mejor se puede cambiar su sentido, pero no se puede matar. Entonces, francamente, no creo que la muerte de Bin Laden en sí cambie muchas cosas en el terreno de la lucha contra la violencia ciega de estos grupos.

 

¿Piensa que se ha dicho toda la verdad o que hay demasiados lugares oscuros?

 

La verdad en estos asuntos es desgraciadamente siempre relativa. Creo que nadie tiene interés en que salga todo a la luz en este asunto; ni los Pakistaníes, ni los Americanos, ni los propios miembros de Al Qaeda. Y visto que son los únicos que tienen las informaciones, es muy improbable que sepamos todo lo que pasó allí si no cambia nada en este conjunto. Pero tampoco creo que sea muy relevante lo que podamos aprender allí. 

 

Usted ha meditado mucho sobre la violencia. ¿Es posible que el mundo se desembarace alguna vez de la violencia?

 

¿Por qué no? Esto es como cuando usted tira su basura orgánica en el contenedor verde: lo hace porque cree que esto sirve de algo. Es, más o menos, un acto de fe. Y sirve de algo. En una parte mínima, infinitésima, influye sobre el medioambiente. Creo que con la violencia pasa lo mismo. Si no pensamos que algo pueda cambiar, si no actuamos (mínimamente) en esta dirección diciendo “es que no va a cambiar nada nunca” pues segurísimo que no nos vamos a desembarazar de la violencia. Cuesta poco intentarlo.

 

El mundo oriental sigue siendo una obsesión para usted, ¿Qué le llevó a citarse con Miguel Ángel, con Constantinopla y con el siglo XVI?

 

El azar. Descubrí la anécdota de la invitación del Sultán a Miguel Ángel en la biografía de Giorgio Vasari por casualidad y casi inmediatamente me dije: esto es una historia para mí. 

 

La novela tiene diversas lecturas. ¿Ha querido escribir una historia sobre los misterios de la creación o una narración de amor?

 

No lo sé. No creo. Quería intentar imaginar los días que pasa Miguel Ángel en Estambul en la primavera 1506. Eso me llevó a hablar de amor, de arte, de las relaciones entre la política y la creación, es cierto, pero sobre todo quería describir ciudades desaparecidas en el tiempo y cosas que nunca llegaron a ser reales.

 

Insisto un poco más. En ‘Habladles de batallas, de reyes y elefantes’,  se cruzan varias historias de amor: la de Miguel Ángel con la hermosa andaluza, tan decisiva en el final del relato, la de Mesihi de Pristina, el poeta enamorado. ¿Qué lugar ocupó la pasión en la vida del pintor? Dice usted: “Miguel Ángel busca el amor. Miguel Ángel teme al amor como teme al infierno”.

 

Intenté no inventar demasiado en cuanto a la personalidad de Miguel Ángel. Los biógrafos en los que me apoyo no están siempre de acuerdo y, a menudo, se contradicen. Así que tomé el partido de no decidir, de dejar las dudas que nos ha dejado la historia. Lo único que sabemos seguro sobre la vida sexual (por llamarla de algún modo) de Miguel Ángel, es que nunca se casó y escribió poemas de amor (muy castos, casi místicos) a hombres y a mujeres. Y nada más.

 

A Miguel Ángel lo llaman para construir un puente. En su cuaderno solo dibujaba “caballos, elefantes y astrágalos”. ¿Cómo era ese cuaderno, qué significaba para el artista, qué significa para la narración?

 

Cuando descubrí las páginas de sus cuadernos, como la que se reproduce en la primera página del libro, me puse muy feliz. ¡Cuántas listas! ¡Cuántos esbozos y bocetos, detalles arquitecturales, versos de poesías, todos juntos! Imaginé mi novela así: como un cuaderno de capítulos muy breves, como dibujos, listas y miniaturas que el lector va pasando, uno tras otro.

 

El episodio es sustancialmente real. ¿Cómo iba a ser aquel puente? ¿Por qué el artista dilataba una y obra vez su ejecución?

 

Me gustan les palabras “sustancialmente real”. Eso significa que le he dado realidad. Lo único que está atestado en las fuentes de la época es la invitación del sultán. Lo demás… Lo demás no lo sabremos nunca. Lo que imaginé, es que Miguel Ángel, como el gran arquitecto que será diez o quince años más tarde, no dibuja un puente así como así. Tiene que integrarse en una ciudad, en las dos orillas que va a unir, y esto requiere tiempo. Necesita entender un poco el lugar donde se va a construir. Por esto tarda un poco en empezar a dibujar.

 

Quería haber dicho que es “sustancialmente real” en la ficción, porque creo que Miguel Ángel nunca estuvo en Constantinopla. ¿Cómo se acerca el artista, que ya acaba de hacer el 'David', al mundo otomano, tan sensual, tan opulento, tan impredecible? Insiste usted muchas veces que vive “estremecido por la emoción”.

 

Creo que Miguel Ángel tiene una sensibilidad fuera de lo común. Tiene una mirada muy especial. Es lo que le permite, creo, entrar en el ambiente otomano. Esto y los guías que tiene…

 

Acaba de publicar 'El alcohol y la nostalgia'. ¿Qué nos puede avanzar sobre ella?

 

Es una “novela de viaje”, por así decir. Es una ficción que escribí primero para la radio francesa que se basa en un viaje que hice hace un año, en el Transiberiano entre Moscú y Novosibirsk. Cuenta la historia de tres drogadictos moscovitas… Es mi novela rusa, un homenaje a Tolstoi, Gogol, Tchejov, Mandelstam, a todos estos autores rusos que fueron tan importante para mí.

 

Me ha gustado esta frase: “La arquitectura es el arte del equilibro”. ¿Podría explicármela un poco?

 

¡Esto requeriría todo un tratado! Es más o menos una frase del gran crítico de arquitectura Argan, hablando de Miguel Ángel arquitecto, tema que se impone poco a poco en la parte final de la novela.

 

La novela es muy bella: está escrita en fragmentos cortos, en veces en forma de narraciones breves que serían micropoemas y hay varias voces. ¿Cómo definiría su novela? En cierto modo, por su atmósfera y por su estructura me ha hecho pensar en 'Seda' de Baricco...

 

Gracias. No sé si tiene mucho que ver con ‘Seda’. Pero lo que quería hacer era una novela, simple, corta, pero a la vez implacable. Como un cuaderno de dibujos, con capítulos breves, casi miniaturas. Pero que estas miniaturas lleven al lector, sin que se de cuenta, a un final potente e inevitable.

 

Lleva varios años en Barcelona. ¿Cómo vive la ciudad, qué piensa de ella? En algunos textos la acusó de ser desaliñada, poco respetuosa con su historia y con sus hombres ilustres como Manuel Vázquez Montalbán.

 

Estoy muy a gusto en Barcelona. Es la ciudad donde más tiempo he vivido con diferencia. Me gustan sus idiomas, sus vistas, su gente. (Sin nombrar al Barça…) Es un buen lugar para escribir, para mí. Me estimula. Es verdad que a veces mis personajes son muy críticos con ella, tal vez más que yo. Exageran. Pero obviamente no todo es perfecto en Barcelona, ni mucho menos: qui bene amat bene castigat, dice el cliché latín.

 

Cuando se habla de usted se le coloca al lado de autores como Celine, Burroughs o Pierre Michon. ¿Son ellos sus escritores más afines?

 

No exageremos, no se me coloca al lado de ellos. Los cito a menudo, incluso salen como personajes de alguno de mis libros. Son mis maestros… Me han dado mucho: placer y libertad a la hora de escribir. Los escritores que me han influenciado son tantos que la lista sería infinita: Thomas Bernhard, Javier Marías, Raymond Carver, Danilo Kis… y sobre todo el desconocido pero imprescindible Miodrag Bulatovic.