NUEVO CALVOMOÑACO
Alberto Calvo me envía uno de sus espectaculares 'Calvomoñacos', dedicado a la actriz y poeta Kiki Járboles.
Alberto Calvo me envía uno de sus espectaculares 'Calvomoñacos', dedicado a la actriz y poeta Kiki Járboles.
El Jurado formado por los escritores Andrés Barba y Andrés Neuman y por la directora de la revista Eñe, Camino Brasa, han determinado que la ganadora del Gran Premio Final sea la zaragozana Patricia Esteban Erlés
El Premio está dotado con 3.000€ y llega tras ocho semanas durante las cuales se ha recibido un total de 12.415 relatos
El relato ganador es un ejemplo de síntesis y misterio.
Tienes las manos pequeñas, le dijo ella, con un deje de decepción en la voz, a su asesino.

A pesar de que todos los miembros del jurado han elogiado la alta calidad de los relatos finalistas, la elección final del relato ganador del Gran Premio Final, dotado con 3.000 euros, resultó sencilla: los tres jurados coincidieron en que el relato de Patricia Esteban Erlés debía ser el ganador.
Ha sabido, en apenas dos líneas, escribir un verdadero relato en el que todo está contenido: narración, sorpresa, ambigüedad, pasado y resolución. Resuelto con sencillez y, al mismo, tiempo, de una manera brillante, comenta Andrés Barba. Me gustó su potente capacidad de inquietud en un mínimo espacio, y la brutal eficacia con que abre y cierra una historia en una misma frase sintáctica, nos cuenta Andrés Neuman.
Según ha contado la autora, escribió el relato en un momento, en realidad. Su novela tiene tintes policiacos y estaba pensando en un crimen que aparece en ella, en las palabras que podrían cruzar una víctima y su asesino. Digamos que el microcuento que presenté en vuestra revista supone una síntesis de ese momento, de los últimos y decepcionantes momentos en la vida de esa mujer que tenía una imagen diferente del malo, afirma Patricia Esteban.
[Tienes las manos pequeñas, le dijo ella, con un deje de decepción en la voz, a su asesino.]
Premio Revista Eñe de Literatura Móvil
Desde que se iniciara el concurso el pasado 12 de abril de 2010 se ha alcanzado una suma final que superó las expectativas más generosas: 12.415 relatos.
La complejidad del género no ha amedrentado a los lectores, que se animaron semana tras semana a la difícil tarea de contar una historia en menos de 480 caracteres.
Patricia Esteban Erlés (Zaragoza, 1972), es profesora de Lengua y ha publicado hasta el momento tres libros de cuentos: Manderley en venta (Tropo Editores), Abierto para fantoches (Diputación Provincial de Zaragoza) y Azul ruso (Páginas de Espuma) y escribe el blog Todoslosdias. Es colaboradora de ’Heraldo de Aragón’.
Eñe. Revista para leer
Eñe es una revista literaria que se publica con cada estación del año. Su objetivo es ofrecer lecturas en torno a un tema concreto. Eñe es una revista para leer, y leer bien, incluye cuentos, artículos, ensayos o textos de escritores consagrados internacionalmente y también de creadores menos conocidos. Además, rescata del olvido a viejos autores de calidad y presenta nuevos nombres que empiezan a despuntar, por los que la revista apuesta.
En Eñe, la forma es tan importante como el fondo: la revista se imprime con las mejores calidades e incluye cinco tipos distintos de papel. En lugar de imágenes convencionales, cada número viene ilustrado por un artista de renombre, que realiza la portada y varias obras para el interior inspirándose en el tema general del volumen.
Está dirigida por Camino Brasa y cuenta con un Consejo Editorial integrado por Bernardo Atxaga, Miguel García Sánchez, Luis García Montero, Margo Glanzt, Antonio Muñoz Molina, Rosa Regàs y Juan Villoro.
*Esta información pertenece a Judith Herrero y el gabinete de comunicación de la revista. La fotografía es de Daniel Mordzinski.
José Antonio Labordeta recibe el homenaje de los Autores y Editores
La SGAE concede al cantautor aragonés la Medalla
de Honor de la entidad en reconocimiento a su trayectoria
El cantautor aragonés José Antonio Labordeta (Zaragoza, 1935) ha recibido la Medalla de Honor de la Sociedad General de Autores y Editores, merecido homenaje a un gran creador por parte de sus compañeros de profesión. El emotivo y sencillo acto de entrega ha tenido lugar en su casa de Zaragoza, con la presencia del presidente de la SGAE, el también aragonés José Luis Borau, los consejeros Jaume Sisa, Caco Senante y Marina Rossell, los autores Carmen París y Gonzalo de la Figuera, y el director de la SGAE en Aragón, Ignacio Casado.
Voz imprescindible de la canción de autor, sin su obra creativa –musical, pero también poética y narrativa- y su compromiso político –ha sido diputado por la Chunta Aragonesista en las Cortes de Aragón y en el Congreso de los Diputados- resultaría difícil entender el devenir de España en las últimas décadas.
Miembro de la SGAE desde 1968, tiene registradas en la entidad más de 150 canciones, que han representado para varias generaciones de españoles auténticos himnos de libertad y esperanza. Entre sus trabajos discográficos más emblemáticos destacan Cantar i Callar (sic), publicado en la primavera de 1974, Cantes de la tierra adentro (1976), Cantata para un País (1979), Aguantando el temporal (1985), Qué vamos a hacer (1987), Trilce (1989), el directo Tú y yo y los demás (1991), Con la voz a cuestas (2001) o 19 grandes canciones (2003).
En noviembre de 2008, la SGAE y Rolde de Estudios Aragoneses editaron conjuntamente el libro-disco Creación, compromiso, memoria, una aproximación a la vida y la obra de una persona singular. El volumen incluía colaboraciones de artistas plásticos, dibujantes, poetas, escritores, investigadores, etc., en lo que era una hermosa muestra de agradecimiento a alguien que ha sabido sintetizar el trabajo por Aragón con un sentimiento universal, apasionado y razonado de libertad y justicia y con una forma de ser y de actuar a lo largo de toda su vida que lo convierten en patrimonio de todos.
Madrid, a 21 de junio de 2010
*La foto es de Raquel Carceller.
La presentación del libro-disco:
“MÚSICAS PARA INSTRUMENTOS TRADICIONALES”.

Esta misiva tiene una doble intencionalidad:
1º Invitaros al acto en sí
2º Solicitar humildemente vuestra colaboración para dar una adecuada difusión del mismo.
1.-DATOS DE LA PRESENTACIÓN:
DÍA: 21 DE JUNIO (DÍA DE LA MÚSICA)
LUGAR: CONSERVATORIO SUPERIOR DE ARAGÓN (AUDITORIO EDUARDO DEL PUEYO)
HORA: 20:00h.
El acto lo presidirá María Victoria Broto (Consejera de Cultura del Gobierno de Aragón) y en él participarán Blas Coscollar Santaliestra (Investigador, músico y compositor), Fernando Gabarrús , Rafel Sánchez y Diago Lezaun(Dulzaineros del Bajo Aragón).
El acto será presentado por Manuel Domínguez (Ronda de Boltaña).
2.-DATOS DEL LIBRO-DISCO
TÍTULO: “Músicas Para Instrumentos Tradicionales” consta de la transcripción de 33 piezas de Dulzaina de nueva composición y una descripción organológica del tambor y la dulzaina. También hay un capítulo específico para cada instrumento, describiendo, ritmos, patrones, efectos, rudimentos…También una reflexión sobre la música popular en Aragón. Aparece por primera vez el concepto de “música endémica”…
AUTOR: Blas Coscollar Santaliestra y Dulzaineros del Bajo Aragón
PÁGINAS: 150
COMPLEMENTOS: 1 CD con 33 piezas de composición interpretadas con dos dulzainas y tambor
1 CD con un reproductor que posibilita seleccionar el audio de cada pieza (1ª dulzaina/ 2ª dulzaina/ Tambor) por pistas. Si de una pieza cuya partitura está en el libro quiero ensayar con Dulzaina la 2ª voz, yo deselecciono la pista de la segunda voz y puedo tocar-ensayar directamente con la música grabada por los Dulzaineros del Bajo Aragón.
DISEÑO: Blas y Jaume Coscollar y Rafel Sánchez
ILUSTRACIÓN: Tomás Roures / José Prieto.
IMPRESIÓN: Imprenta Moltó (San Pere de Ribes)
GRABACIÓN: Estudios Kikos (Zaragoza)
TÉCNICOS DE SONIDO: JUANJO GONZÁLEZ Y RICHI MARTÍNEZ.
PROGRAMACIÓN INFORMÁTICA: Ana Delia Campo Sevil.
EDITA:DULZAINEROS DEL BAJO ARAGÓN con la ayuda del GOBIERNO DE ARAGÓN (Departamento de Educación y Cultura)

Foto de músicos de Juan Rulfo.
3.-¿Porqué es importante esta publicación?
a) Utiliza un sistema innovador para la reproducción de audios por pistas que facilita pedagógicamente el ensayo y la práctica instrumental de Dulzaina y Tambor, tanto para las personas instruidas en música como para las que tocan de oído. Creemos que este sistema delimitará un antes y un después en los métodos de música popular.
b) Por primera vez se describe de forma exhaustiva la rítmica, los patrones, la técnica (rudimentos, efectos, zonas de ataque….) de tambor empleados en la música popular de tradición aragonesa.
c) En el libro se plantea una nueva visión sobre la música y la cultura popular. No nos cabe ninguna duda de que a partir de su publicación existirá un debate importante y una “reconceptualización” de la forma de entender la música de raíz popular…
4.-¿Por qué es importante el acto de presentación?
Nos parece importante el hecho de que sea la Consejera de Cultura del gobierno de Aragón, que el lugar sea el conservatorio Superior de Aragón y que se celebre el Día de la Música. Este acto supone un reconocimiento a la música popular y a sus músicos y tiene en él un reconocimiento institucional de primera magnitud.
Entendemos que los responsables políticos y culturales de Aragón son conscientes de que esta música está íntimamente relacionada con la identidad cultura de Aragón y que los colectivos que la disfrutan no solo son meros espectadores sino que participan activamente en la vida cultura del territorio, aportando un color más al arcoíris musical de Aragón y del planeta.
Fernando Gabarrús y Blas Coscollar y otros.
[Los mundiales de fútbol siempre han contado con capitanes heroicos, capaces de estimular a sus compañeros y de sobreponerse a las adversidades: Nasazzi, Obdulio Varela, Fritz Walter, Puskas, Moore o Beckenbauer. Sudáfrica, por ahora, está huérfana de líderes así]

José Nasazzi de Uruguay y 'Nolo' Ferreira de Argentina, 1930.
De Nasazzi a Casillas:
capitanes y reyes
“Ser capitán es un oficio distinto, un trabajo extra” sostiene Luis Villarejo, autor del libro ‘Capitanes’ (LID Ed.). Si vemos ahora el Mundial echamos en falta a esos capitanes que eran una referencia, que tomaban el mando en el campo y en el vestuario, y se echaban el equipo a la espalda ante cualquier adversidad. Uno de los grandes capitanes de todos los tiempos fue José Nasazzi Yarza, el central uruguayo que se proclamó campeón del mundo en 1930, y campeón olímpico en 1924 y 1928. Lo llamaban ‘el Mariscal’: era un portento físico, comparable al brasileño Domingos da Guia. Había trabajado de marmolista y más tarde en los casinos de Montevideo. Viril y caballeroso, nunca destacó por su técnica, pero sí por su colocación, por su energía y por su ascendencia sobre sus compañeros.

El 'Negro' Obdulio Varela.
El francés Alex Villaplane fue el primer capitán de un Mundial. Fue ejecutado por la resistencia francesa bajo los cargos de “asesinato, alta traición y connivencia con los nazis (en 1943, después de obtener la nacionalidad alemana, había sido nombrado teniente de las SS)”, tal como recuerda el cinéfilo y gran apasionado del fútbol Juan Tejero en su libro ‘Grandes momentos de los Mundiales de Fútbol, 1930-1974’ (T&B). Sin embargo, el gran modelo de líder fue Obdulio Varela, ‘el negro’ Varela, el caudillo de Uruguay que asestó el ‘maracanazo’ de 1950. Un directivo uruguayo bajó al vestuario y les dijo a sus jugadores que tuvieran la dignidad de perder por menos seis de goles. “Por cuatro estaría bien”, dijo.
Según una leyenda popular, Varela se dirigió a los compañeros y les mostró los periódicos deportivos brasileños que habían escrito en la portada, “Brasil, campeón”, y orinó sobre ellos. Y ya en el túnel, cuando empezaban a atisbarse los casi 200.000 espectadores de Maracaná, dijo: “No piensen en toda esa gente, no miren para arriba. El partido se juega abajo y si ganamos no va a pasar nada. Nunca pasó nada. ¡Los de afuera son de palo!”. En el descanso, gritó: “No nos pueden ganar. Son japoneses”. Cuando marcó Friaça, Varela enfrió el partido: reclamó un fuera de juego, solicitó traductor y volvió a arengar a los suyos. Schiaffino y Gigghia –aquel que diría luego: “Solo tres personas han podido enmudecer al Maracaná: Frank Sinatra, el Papa y yo”- le dieron la vuelta al choque, y Uruguay obtuvo su segundo título.
Por la noche, Obdulio Varela se mezcló con los derrotados. “La tristeza de la gente fue tal que terminé sentado en un bar bebiendo con ellos. Cuando me reconocieron, pensé que me iban a matar. Por suerte fue todo lo contrario, me felicitaron y nos quedamos bebiendo juntos”, confesó. En su país le regalaron un Ford, que le robaron en menos de una semana.
Los húngaros de 1954 tenían un capitán inolvidable: Ferenc Puskas, el jugador que dos años después, tras la invasión de su país, se vendría al Real Madrid y dejaría a su amigo de la infancia, el formidable medio centro Josef Boszik, para siempre. En la gran final con Alemania, Puskas jugó lesionado y su carisma y la clase de sus compañeros sucumbieron ante el empuje, el entusiasmo y el talento de Fritz Walter. Tenía 34 años y era el imprescindible director de orquesta teutón, empeño que también asumía en los ‘diablos rojos’ del Kaiserlautern.
La selección inglesa de 1966 tenía por capitán a Bobby Moore, el líbero del West Ham, uno de los defensas más elegantes de su tiempo. Beckenbuaer, el gran capitán de Alemania 1974 (reemplazaba a Uwe Seeler, que lo había sido en 1970), se fijó en él para convertirse en el jugador más fino y en el más decisivo desde la retaguardia. Moore poseía una técnica excelente, sosiego y sentido de la anticipación. En 1970 a Moore lo acusaron en Colombia de robar un brazalete de diamantes y esmeraldas cuando entró a una joyería, con Bobby Charlton, para comprarle un regalo a su mujer. Lo retuvieron cuatro días en la ciudad y cuando llegó a la concentración en México, el entrenador Sir Alf Ramsey lo recibió con esta frase: “¿Cómo estás, hijo mío?”. El día que Inglaterra cayó, en Guadalajara, ante Brasil en un partido memorable, por 1-0, Pelé buscó a Moore para intercambiar su camiseta con él. Reconocía así a un gran rival y a un defensa inmejorable.

Kazimierz Deyna, capitán de Polonia 1974.
Grandes capitanes también lo fueron Cruyff, Pasarella, Maradona, Deyna o Facchetti. En Sudáfrica no es fácil encontrar liderazgos tan determinantes: en Alemania manda Lahm; en Francia, Evra; en España, el tímido y buen tipo Casillas… Quizá el que más llame la atención sea Fabio Cannavaro, un gladiador ‘azzurro’ de casi 37 años.
Escribe Eva Cosculluela de Los Portadores de Sueños:

Queridos amigos,
Editorial Eclipsados y la librería Los portadores de sueños tenemos el gusto de invitaros a la presentación de MARTA, de VÍCTOR JUAN. Para presentar el libro, el autor estará acompañado por el escritor y bibliófilo JOSÉ LUIS MELERO. Será el jueves 24 de junio a las 20h.
Como de costumbre, al terminar la presentación tomaremos un vino juntos por cortesía de la D.O. Cariñena.

MARTA
Las historias no han de transcurrir necesariamente en Chicago, Londres, Venecia, Singapur o San Francisco. Mis historias –como mi vida– transcurren en Zaragoza y por eso los personajes de Marta caminan por la calle Alfonso, por la plaza de San Felipe, se citan en la fuente de la pareja del paraguas del Paseo de la Constitución o pasean con su perro por el parque Pignatelli…
Antes de ser una novela, Marta fue un cuento de nueve mil cuatrocientas setenta y dos palabras que hice imprimir y encuadernar en diciembre de 2007 para celebrar el cumpleaños de mi amigo José Luis Melero. Creí que ese iba a ser el final de esta historia, pero Marta Santos y Javier Vidal, los personajes de esta novela, ya estaban ahí, tenían una identidad y enseguida me pidieron más. Marta y Javier querían explicarse, contarse, amarse. Y yo les dejé crecer.
Marta es la historia del reencuentro de dos personas –Marta Santos y Javier Vidal– que se amaron con el amor de la primera vez. Después de encontrarse casual y fugazmente tras treinta años sin verse, Marta y Javier, repasan lo que ha sido su vida, reflexionan sobre quiénes son, sobre cómo han llegado a ser quienes son y cómo querían haber sido.
Víctor Juan acerca de Marta
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Víctor Juan (Zaragoza, 1964) es profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad de Zaragoza y dirige el Museo Pedagógico de Aragón. Tiene varios ensayos y decenas de artículos publicados sobre Historia de la Educación. Es autor de la novela Por escribir sus nombres (Prames, 2007) y del relato De portería a portería, que forma parte del libro de relatos colectivo Cuentos a patadas. Historias del Real Zaragoza. Coordina Rolde. Revista de Cultura Aragonesa.
Os esperamos a todos el jueves 24 de junio a las 20h , no os lo podéis perder.
Librería Los portadores de sueños
c/ Jerónimo Blancas, 4 · 50001 Zaragoza
Tfno/Fax: 976 225 255
www.losportadoresdesuenos.com
libreria@losportadoresdesuenos.com
*Víctor Juan visto por Cano. Y abajo una foto de amor de Robert Doisneau.
Soledad, leyenda y fatalidad de los porteros de fútbol

Vladimir Nabokov fue muchas cosas en la vida: espléndido escritor, profesor de boxeo, cazador de mariposas y portero de fútbol en Cambridge. En ‘Habla, memoria’ recordaba: “Me apasionaba jugar de portero (…) Distante, solitario, impasible, el portero famoso es perseguido por las calles por los niños en éxtasis (…) Es el águila solitaria, el hombre misterioso, el último defensor”. Albert Camus, que también fue arquero en Argelia y en Francia, resumió: “Aprendí que la pelota no viene nunca por donde se la espera. Eso me ha servido en la vida”.
Quizá ninguna demarcación sea tan especial en el fútbol; Peter Handke encontró un título inolvidable que compendia el enigma del oficio de parar: ‘El miedo del portero ante el penalti’ (1970). Es la historia del mecánico Josef Bloch, un guardameta austriaco que una tarde pierde los papeles, se desconcentra y es expulsado; a partir de ese momento inicia una extraña peregrinación que lo lleva a caminar, a encontrarse con mujeres, a amar y matar a una taquillera de cine. Esa narración de aroma existencialista y de un antihéroe contemporáneo, hermano de Kafka y de Camus y primo del Bartleby de Melville, fue trasladada al cine por Wim Wenders en 1971.

Manuel Hidalgo escribió un cuento ‘El portero’ que narra la historia de un hombre que se gana la vida parando penaltis a quien acepte el desafío de tirárselos. Gonzalo Suárez llevó a la gran pantalla en 2000 esa narración limpia y precisa que transcurría en el contexto de la Guerra Civil y en la playa; él, que había firmado maravillosas crónicas deportivas con el seudónimo de Martín Girard, sabía mucho de porteros porque había redactado informes de equipos rivales para su padrastro Helenio Herrera, entrenador del Barcelona y del Inter.
Los porteros suelen vivir entre la gloria y el abismo. Estos días, más allá de la inesperada derrota de España, se habla mucho de fallos calamitosos de Green (se dice, en un arrebato sentimental del forofo, que su pifia podría derivar de la ruptura con su novia, poco antes del choque), de Chaouchi y de Justo Villar; se habla de excentricidades y rarezas: el bronco Chilavert llegó a marcar 62 goles de faltas y penaltis a lo largo de su carrera; de extremadas longevidades, como en el caso de ‘la Tota’ Carbajal, el mexicano de los cinco mundiales, de Dino Zoff, titular y campeón del mundo a los 40 en España-1982, el sempiterno Gatti, o de Peter Shilton, que cumplió 41 años en Italia-1990 y fue doblemente burlado por Maradona.

Una de las historias más literarias y dramáticas que existen es la del cancerbero Moacyr Barbosa, de la selección brasileña que perdió la final de 1950 en Maracaná ante Uruguay. Pocos días antes de morir, medio siglo después de la derrota, una mujer que lo vio pasar, le dijo a su hijo: “Ahí va el hombre que hizo llorar a todo un pueblo”. Otra forma de soledad: la del hombre repudiado por la multitud y la leyenda del tiempo.
*Este artículo apareció el pasado viernes en ‘La Vanguardia’, por gentileza de Miguel Molina, que fue portero de fútbol. En las fotos, vemos a Albert Camus (la foto es de Loomis Dean), Moacyr Barbosa, Carmelo Gómez en 'El portero' de Gonzalo Suárez y a 'La Tota' Carbajal.
[JOSÉ SARAMAGO. El autor de ‘Memorial del convento’, 'El año de Ricardo Reis' y ‘Caín’, entre otras historias, se sentía un contador de historias, “un mixtificador obstinado e impertinente”, próximo a Kafka, que exploraba la verdad de las mentiras y abordaba los temas eternos: la muerte, la religión, la vida y el amor de las mujeres]

José Saramago solía decir que los hombres y los escritores “vamos por el mundo contando el cuento que somos y los cuentos que aprendemos”. Todo son historias, incidencias, paisajes, personajes, sueños, aunque el escritor lleva consigo “un mixtificador obstinado e impertinente”. Es difícil saber la razón, pero el niño José de Sousa, apodado Saramago, convirtió la lectura y las bibliotecas públicas en un reino de evasión. Hijo de campesinos sin tierra, vivió una infancia especial, marcada por la naturaleza, la superstición y la pobreza. De niño nunca logró que su madre le diera un beso, tal como le confesaría a Juan Arias en ‘José Saramago. El amor posible’ (Planeta, 1997). Tejió una particular complicidad con sus abuelos que levantaron ante sus ojos un laberinto de creencias, juegos populares. Eran las cosas del campo en toda su crudeza y su magia inmediata.
Poco después la familia se trasladó a Lisboa y él, que nunca fue universitario, realizó diversos trabajos. La vocación literaria se expandía dentro de sí, hasta tal punto que en 1947 publicó la novela ‘Tierra del pecado’, de inspiración neorrealista. La edición coincidió con el nacimiento de su hija Violante, de su matrimonio con Ilsa Reis. Luego viviría con la escritora Isabel de Nóbrega y finalmente Pilar del Río sería “su compañera y musa imprescindible”. Durante casi veinte años de formación y silencio literario, Saramago fue cerrajero mecánico, diseñador, funcionario de sanidad, traductor. El escritor reapareció en 1966 con un poemario: ‘Los poemas posibles’, al que seguiría otro, ‘Probablemente alegría’ (1970). En esa época ya se vinculó al periodismo y al comunismo, y trabajó en el ‘Diario de Notícias’, del que fue director adjunto, y asumió la coordinación del suplemento literario del ‘Diario de Lisboa’. De algún modo, en esos tiempos convulsos que esclarecería la Revolución de los Claveles, empezó a preparar su salto a la narrativa. Había dirigido su mirada al Alemtejo y al universo labriego para escribir la novela ‘Alzado del suelo’ (1980): fue a conversar con los campesinos, a tomar notas, y así nació la peripecia de la saga Maltiempo, una novela de denuncia social de las condiciones de vida de los campesinos.
En medio, tuvo una especie de crisis creativa y redactó un libro, muy libre de intención, sobre la identidad y la creación, la realidad y la apariencia, o la verdad de las mentiras: ‘Manual de pintura y caligrafía’ (1977). El protagonista era un pintor que intentaba explicarse a sí mismo, y su fracaso como artista, y en ese proceso se transformaba en escritor. Era un volumen premonitorio: en el fondo, en él se encuentran muchos de sus temas. El primer momento decisivo fue la aparición de ‘Memorial del convento’ (1982), donde se narra la historia del rey Joao V que prometió construir un convento en Mafra si Dios le daba un hijo, y se narra, sobre todo, la historia del pueblo, oprimido, que edificó ese sueño, y es también la historia de Blimunda, una mujer que tenía poderes. Ese libro, vigorosamente narrativo y sensual, cautivó a muchos lectores: aparecía una voz nueva, mágica y social a la vez, sincopada, capaz de moverse en diferentes resortes –uno de ellos, capital, es el del amor; en su obra serán las mujeres quienes hacen posible la pasión- con un una escritura hipnótica y lenta, discursiva y envolvente. La novela tenía también un desplazamiento hacia el realismo mágico: poco después, en su primer viaje a Zaragoza, José Saramago reconocía su admiración hacia Gonzalo Torrente Ballester y confesaba que la novela que le habría gustado escribir era ‘La saga-fuga de JB’. El éxito fue fulminante y se acrecentó con ‘El año de la muerte de Ricardo Reis’ (1984), que lo ponía en la senda de heterónimo del gran poeta Fernando Pessoa, cuyo universo reconstruye en la misteriosa y subyugante ciudad blanca de Lisboa.

José Saramago siempre ha dicho que cada libro le orientaba hacia el siguiente en una evolución a menudo enigmática: así, como una parábola para la unión de la Península Ibérica, nació ‘La balsa de piedra’ (1986), y como un juego sobre las falsedades ‘Historia del cerco de Lisboa’ (1989). José Saramago siempre se ha declarado agnóstico, pero quizá no exista nadie que se haya sentido con tanta intensidad la atracción hacia la figura de Cristo y la religión católica, a la que fustigará una y otra vez, en libros como ‘El evangelio según Jesucristo’ (1991) y en su última novela ‘Caín’ (200). Saramago solía decir: “No creo en Dios, pero vivo en un mundo donde Dios existe para la gente y por tanto su presencia, o esa creencia, me condiciona mi propia vida”. Poco a poco, convertido ya en el escritor portugués más importante del siglo XX –rivalizó durante algún tiempo con Miguel Torga, autor de ‘La creación del mundo’ y de ‘Cuentos de la montaña’, como candidato al Premio Nobel de Literatura. Saramago lo obtuvo en 1998- y del XXI, fue ensanchando sus temas (el amor, la felicidad, la muerte, la vida, la divinidad…) y también su visión de la escritura como profecía, como compromiso permanente, como misión solidaria y como ejercicio de combate.
Saramago es un escritor que piensa y que incluso sermonea o advierte, un escritor que aspira a narrar y a despertar conciencias, un autor que explora una y otra vez la condición humana a través de grandes alegorías o metáforas: pensemos en ‘La caverna’ (2000), donde opone el mundo del alfarero al mundo del consumismo; ‘Todos los nombres’ (1997), una parábola, otra más, sobre la identidad, las falsificaciones de la historia y la posibilidad de ser otro; ‘Las intermitencias de la muerte’ (2005), donde se pregunta “qué pasaría si” la gente deja de morir. Saramago fue un escritor que estuvo con los de abajo, que se solidarizó con un sinfín de causas perdidas, un auténtica “mosca cojonera” contra el poder, gubernativo o religioso, un escritor que reconocía a Kafka como “el profeta del siglo XX”. Decía: “Si yo quiero ser absolutamente libre, me convertiré en un modelo de indiferencia y de egoísmo hacia los demás”.
Aunque había declarado que “una carta por email no puede ser emborronada por una lágrima”, creó un blog que atrajo a muchos lectores que buscaban no solo sus ideas o imágenes: lo buscaban a él porque estaba pegado con el alma y con su inefable enfermedad portuguesa a sus palabras.
*Este artículo se publicó ayer en ‘Heraldo de Aragón’. Hoy aparece otro, breve, de un encuentro con el escritor en Zaragoza, que se titula: ‘José se retiró a soñar’. En la segunda, Saramago posa con su mujer Pilar del Río, a la que conoció en 1986.