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Antón Castro

EL SECTOR EDITORIAL. INFORME

EL SECTOR EDITORIAL. INFORME

Consejo de Ministros

 

Informe de la ministra de Cultura sobre el sector editorial en España

 

23-abril-10. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, presentó ayer al Consejo de Ministros un informe sobre el Sector Editorial en España. El sector del libro en nuestro país ha dado muestras de una gran solidez y capacidad de resistencia en el actual contexto económico, ya que sigue creando empresas sostenibles y proyectos viables, y tiene una enorme proyección de futuro basada en la vitalidad del idioma español. Además afronta con gran solidez el reto tecnológico que implica el libro electrónico.

 

Resultados de la política del Gobierno

El sector editorial constituye un gran motor económico en el panorama cultural español, ya que su aportación al PIB alcanza el 1,3% del total, según datos contenidos en el estudio La cuenta satélite de la cultura en España: avance de resultados, 2000-2007, editado por el Ministerio de Cultura en 2009, superando en porcentaje la de la industria editorial de países de nuestro entorno europeo y del norteamericano.

 

Por otra parte, y como consecuencia de la aplicación de las políticas del Gobierno de apoyo al sector editorial y fomento de la lectura es de destacar la evolución de la dotación presupuestaria para adquisición de libros en bibliotecas públicas, que ha pasado de 1.500.000 euros en 2004  a 22 millones euros en el ejercicio 2009.

 

Asimismo, si en 2004, la ratio documento por habitante (libro, dvd, cd) en bibliotecas públicas era de 1,18%, en el año 2009  esta ratio ha crecido hasta alcanzar el 1,6%, dato que se coloca, por primera vez en la historia, por encima de la recomendación de la UNESCO que es del 1,5%.

 

 

 

 

Datos estadísticos de la lectura y la edición

 

§  El índice de lectura en España es del 55%, en 2009

 

§  Más del 41% de estos lectores declaran hacerlo todos los días, en 2009

 

§  Por sexos, las mujeres lectoras son el 58,4%, mientras que los lectores hombres son el 41,6%, en 2009

 

§  La tasa de lectores de los jóvenes entre 14 y 24 años es del 70,5% (textos no escolares), en 2009

 

§  En el 78,7% de los hogares españoles donde hay niños de menos de 6 años se les lee una media de 3 horas semanales, y el 91,2% de los adolescentes entre 10 y 13 años se declaran lectores, en 2009

 

§  Volumen de negocio: 18.591 millones de euros en 2007, de los cuales corresponden 9.390 millones de euros al subsector edición y 9.201 al subsector de artes gráficas

 

§  Producción editorial: 110.205 títulos en 2009

 

§  Número de ejemplares 367,46 millones en 2008

 

§  Puntos de venta: 33.000 en 2006

 

§  Exportación: 546 millones de euros de exportaciones en 2008. Es el 10º producto de exportación en España, con saldo comercial positivo

 

§  Cuota de mercado internacional: El sector español del libro supone en la actualidad el 3,4% del mercado mundial y sitúa a España como cuarta potencia mundial detrás de Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania

 

 

www.eu2010.es

*Este informe pertenece al Ministerio de Cultura. La ilustración es de Tulio Pericolli.

CARLOS CASTÁN, PREMIADO

Carlos Castán, premio Vargas Llosa

al mejor libro de cuentos de 2008

 

*Artículo que publicaba ayer el ‘Diario del Altoaragón’, que dirige Antonio Angulo.

 

Por Myriam MARTÍNEZ y EFE 

 

 

HUESCA/MADRID.- El escritor Carlos Castán ganó el Premio Mario Vargas Llosa NH al mejor libro de relatos publicado en 2008 por "Sólo de lo perdido". El jurado ha tenido en cuenta "la capacidad del autor para crear atmósferas y dibujar personajes que se enfrentan a la pérdida y al dolor, con un lenguaje amplio y sugerente". Castán recogió el galardón, una estatuilla de hierro y 5.000 euros, en un acto celebrado en el Casino de Madrid, en el que también fueron premiados la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi y los españoles Gustavo Martín Garzo y Juan Bonilla, y en el que Vargas Llosa hizo una encendida defensa del cuento.

El jurado de esta edición estuvo presidido por el presidente de NH Hoteles, Gabriele Burgio, y formado también por Lorenzo Silva, Marta Rivera, Manuel Longares, Santos Sanz Villanueva y José Luis Martín Nogales.

Carlos Castán se mostraba ayer muy feliz y también muy sorprendido, porque él no se había presentado. "Me ha hecho mucha ilusión por muchas cosas, primero porque el premio es muy prestigioso y el jurado es muy competente. Y, segundo, por llevar el nombre de Vargas Llosa, que para mí es un escritor fundamental, sobre todo desde que yo era un adolescente".

El autor altoaragonés explicó a este periódico que prácticamente ha leído todo lo que ha escrito el escritor peruano, pero subrayó que le marcó especialmente el libro "Conversación en la catedral", que en ese momento de su vida "lo fue todo" para él. "No solamente hizo que me quedara en la literatura como lector, sino que me regaló también una determinada manera de mirar el mundo, de estar en él y de entender las cosas".

Al recoger el premio, Carlos Castán aprovechó su intervención ante el público para indicar todo esto y añadir que "Conversación en la catedral" fue para él "uno de esos libros que verdaderamente son importantes en la vida de una persona como sólo lo son tres o cuatro, a lo sumo, o algunos objetos, y algunas personas que hacen que tú seas quien eres y no otro. La verdad es que estoy muy feliz, porque tener un premio que lleve el nombre de Vargas Llosa casi justifica mi tarea de escritor de alguna manera".

LOS OTROS PREMIOS

Peri Rossi, novelista y poeta, ganó el premio en la categoría de mejor colección de relatos ­inéditos, dotada con 20.000 euros, con su libro "Habitaciones privadas", mientras que Martín Garzo lo mereció en la modalidad de cuento independiente (10.000 euros) con "El país de la cebada". Carlos Castán y Juan Bonilla fueron premiados en la modalidad de los mejores libros de cuentos publicados en España en los últimos años, dotada con 10.000 euros, 5.000 para cada autor. "Sólo de lo perdido" fue considerado el mejor de 2008 y "Tanta gente sola", de Juan Bonilla, el mejor de 2009. Peri Rossi, que reside en Barcelona, no pudo asistir al acto de ayer debido a una "inoportuna gripe", según un texto que se leyó en nombre de la autora. Cabe recordar que Tropo Editores, la editorial de Óscar Sipán y Óscar Sanmartín, recuperó el libro "La tarde del dinosaurio", de la escritora uruguaya, que estaba ya descatalogado.

Peri Rossi no pudo asistir, pero sí escribió unas palabras que fueron leídas por Marta Rivera y en las que explicaba que los relatos de "Habitaciones privadas" coin­ciden en expresar "las dificultades de las relaciones humanas, de la comunicación en el mundo contemporáneo, la soledad del hombre". La escritora uruguaya cree que "el auge del género se corresponde con la percepción del yo como algo fragmentario", y se debe también a "su intensidad, algo que también tiene la poesía y a veces la vida".

En cuanto a "Tanta gente sola", la colección de cuentos premiada de Bonilla, que ya ganó este galardón en el 99 con "Las gafas de Spinoza", el jurado la seleccionó por estar escrita con "la tensión y la intensidad que exige el cuento, que forman un conjunto de relatos unitario, con personajes que reaparecen en varias historias y crean un conmovedor mosaico de la soledad".

BUENA SALUD

A la XIII edición de los Premios Mario Vargas Llosa NH de relatos, se presentaron 253 colecciones de cuentos y 1.043 relatos independientes, lo que demuestra la buena salud de un género que, según el escritor peruano, es el "más heroico, porque es el que tiene menos salud editorial". Esta desconfianza de los editores es difícil de entender para Mario Vargas Llosa, dado que en lengua castellana hay grandes cuentistas, como Borges, Cortázar o Juan Rulfo. Es un género "muy difícil", confesaba el autor de "La fiesta del chivo", que ha intentado "muchas veces escribir cuentos" y ha "fracasado".

 

HOY, 'VIVIR DEL AIRE', EN LA FERIA

HOY, 'VIVIR DEL AIRE', EN LA FERIA

Hoy firmo ejemplares de ‘Vivir del aire’ (Olifante. La Casa del Poeta: Papeles de Trasmoz). Descubro que David Mayor, muy gentilmente, le ha dedicado unas palabras al libro. Primero cita el poema ‘La belleza’ y luego describe el libro. Será un placer firmárselo a quien pueda interesarle. Ayer, en ‘Hoy por hoy’, David Marqueta, Cristina Marín y Susana Aperte, ‘Las radioactivas’, le dedicaron un espacio divertido y simpático.

 

 

"Cuántas veces me pregunto cómo se escribe un bello poema. ¿Con palabras, con ideas, con las formas apacibles de la música? A veces, cuando se instala la noche en las higueras y en los setos, miro el cielo: parece una trama oscura de enigmas, un campo de estrellas y de nubes informes. A lo lejos veo algunas luces, a lo lejos se oyen los zumbidos de la aviación; cerca, como un faro inesperado, se alza un depósito de aguas que tiene algo de tótem. Me siento ante el ordenador y observo un instante a través de la ventana. Busco palabras. Busco sensaciones precisas, metáforas, el estremecimiento del cierzo en el nogal. Busco los pájaros desvelados que cantan. Apago la luz y me quedo ante la pantalla vacía. Miro y miro afuera: el muro de setos, el guindo, el velador bajo los pinos. Miro y miro, y no se me ocurre nada."

 

Por David MAYOR

Este precioso texto sobre la creación poética, titulado "La belleza", es de Antón Castro y aparece en su último libro, ‘Vivir del aire’, un apasionado libro de poemas sobre el amor y la memoria, lleno de pequeño detalles y singulares historias. La poesía es un aliento que siempre ha recorrido los libros de Antón Castro con un velo más o menos acusado, pero en este ‘Vivir del aire’ se hace explícito y sugerente, haciendo de la prosa, verso, y de la lírica, apunte de recuerdo o fulgurante sorpresa cotidiana. El libro lo ha publicado Antón Castro con el hermoso diseño de Vicente Pascual para la colección "Papeles de Trasmoz".

*La foto es de Jody Schiesser.

Sobre ‘El monstruo del lago Soledad’. José Orna. Latas de Cartón. Zaragoza, 2010.

 

Hay libros que adquieren un carácter especial de inmediato. Porque son amorosos, artesanales, inquietantes, porque proponen una historia compleja y matizada, porque están destinados a convertirse en un objeto, cálido, sugerente, como un tesoro de letras, como un laberinto de tinta china. O como una película de cine de animación en blanco y negro. Es el caso de ‘El monstruo del lago Soledad’, cuyo título ya resulta muy evocador: pensamos en el lago Ness o en los lagos aragoneses de Mediano o Barasona, pensamos en ese monstruo de varias cabezas que asoma desde el fondo para arrojar el espanto sobre el mundo. Es como si se despertase una fiera en el corazón de la tierra, en el manantial secreto de las todas las fuentes y los ríos.

Hay otra palabra que invita a la reflexión. Cargada de sentido. Sospechosa. La palabra Soledad. El lago Soledad. Todo está lleno de presagios, y en cuanto abrimos las páginas vemos  cómo alguien se cae al vacío por un agujero que invita a pensar en Alicia en el País de las Maravillas y, ya puestos, en Indiana Jones. Vemos a alguien cuyo corazón ya no está en su sitio, alguien que se siente condenado para siempre (y se sugiere con los fusilamientos de Goya), alguien que se ha vuelto insomne, obsesivo, temeroso, alguien que “esté donde esté siempre lleva a sus monstruos dentro”.

José Orna sigue desvelando secretos y nos enfrenta al miedo, a la angustia, a los demonios interiores. Que son codiciosos, que asustan. Son los monstruos de nuestro propio dolor, de una desazón antigua que nos hace a todos ser extranjeros de nosotros mismos, como extraños que penden de la nada y el alambre. Solo esa dolencia, que se agiganta y que podría tornarse insoportable, se alivia con las emociones, con la cultura, con las palabras, con las imágenes, con las letras, letras con las que se pueden construir poemas, mensajes, pócimas de curación para el tormento del alma. El protagonista anda y desanda las páginas, con el desamor a cuestas. El protagonista vive en un poema que atraviesa el libro y va de su corazón a sus asuntos. Y va de espanto en espanto hasta que un día decide mirarse al espejo. En la vida nada es definitivo, salvo la muerte: la vida, con monstruos o no, siempre concede una segunda oportunidad. Y quizá por ello debamos aprender a vivir con el monstruo, como se vive con un lumbago, un dolor de muelas o con la ansiedad.

Hace unos días, José Orna me contestó a un correo con estas palabras: “Hablo del dolor, es verdad. Es casi como una bajada a los infiernos, un tránsito por él y una salida, pero con la sensación de haber quedado cicatriz y con la certeza de que se puede volver a caer”. Creo que con esta línea de intimidad y de confidencia, se explica este texto que nace de una demolición, de una derrota, de un estado de ánimo más bien vulnerable.

 

Para escenificar esta erupción de sentimientos encontrados, José Orna ha elegido un libro cuadrado, en blanco y negro, que ha hecho con cartulina recortada y luego fotografiada. El libro prolonga la atmósfera anunciada y abre un nuevo cauce: aquí hay homenajes a la pintura, a Buñuel y sus arañas, a Isidro Ferrer, a los dibujantes japoneses, a la escultura, a fotógrafos como Brassaï, hay un estudio de la disposición de la tipografía, hay un juego con las letras y sus tamaños, con la página en blanco, con el diálogo del positivo y del negativo, y hay una iconografía muy pensada, clásica y moderna, vinculada con el cine negro y con la apariencia de las cosas. Y por haber hasta hoy un homenaje más o menos explícito a su anterior libro: ‘Me gustan los abrazos’, que firmó con Rosa Blanca Miguel. Aquí el Orna feliz de entonces ha cambiado un poco y dice: “Me acuerdo de abrazos // que ni siquiera sé si existieron”.

El monstruo del lago Soledad quiere ser un libro desnudo, exento, sin otro adorno que lo esencial: muestra el tuétano, un desgarro, el torbellino de la soledad, que es aquí el vocablo que lo abarca todo, es el término síntesis. No hay más color que el hilo rojo del lomo que se muestra: es como un hilo de sangre. Dentro, en las páginas, están el llanto y la belleza, la rotundidad y el temor, la alegría y el sueño, el caracol del tiempo y la circunferencia, la hostilidad y el desamparo, el nadador y el árbol de estrellas, el ahogado y la noche y sus espectros, la pregunta sin respuesta y el diálogo de dos que se aman. Dentro está la multitud y lo inefable, y está la manufactura: el diseño, la invención, la mancha, la silueta, la página en blanco, la página en negro…

Dice José: “Suelo pasar un tiempo largo // cada vez que caigo al lago, // así que construyo mis refugios // en los que poder estar alejado // de los monstruos”.

Este libro, diseñado con un ritmo propio, también es un refugio. Y en el fondo, una forma de consuelo. Todo gran dolor puede mitigarse si se encierra en un cuento, como dijo desde África Isak Dinesen. En un cuento como éste. El monstruo del lago Soledad.

*Texto de la presentación el pasado lunes en la FNAC. Lo presentamos el autor y yo. Y hubo un clima especial de cariño. El acto contó con una exposición de lujo: todas las piezas que José Orna ha hecho para este trabajo.

CUENTO DE '27 PALABRICAS'

CUENTO DE '27 PALABRICAS'

El sello APILA, dirigido por Raquel Garrido, Ramón Aguirre y Edu Flores, acaba de publicar el libro ‘27 palabricas. Primer abecedario aragonés para zagales y talludos’, que ha sido realizado por 27 ilustradores aragoneses: Javirroyo, Rubén Bellido, David Maynar, Miguel Ángel Arteaga, David Guirao, Ana González Lartitegui, Blanca BK, Carlos Velázquez, Silvia Bautista, Álvaro Ortiz, Edu Flores, Mario Ayguavives, María Felices, Jesús Cisneros, Luis Grañena, Fernando G. Grúas, Alberto Aragón, Calpurnio, Ernesto Navarro, Óscar Sanmartín, Ignacio Mayayo, Ana Lóbez, David Vela, Clara Marta, Chema Lera, José Luis Cano y Alberto Gamón. El libro se presentó hace unos días en la Escuela de Bellas Artes. APILA tiene puesto hoy en la Feria del Libro.

El libro lleva este cuento mío. ‘Una maleta de palabras’, que incluye todas las palabras que han utilizado e ilustrado los artistas.

 

UNA MALETA DE PALABRAS

 

Cuando llegué a Aragón, en el tiempo en que los animales hablaban y bramaba la volada de cierzo, un amigo me dio las tres primeras palabras para mi maleta de viajero: Zaragoza, Huesca y Teruel, que existe como la equis. Unos días después, tomé un autobús con dirección al Moncayo: me habían dicho que era la montaña del poeta Gustavo Adolfo Bécquer y que en el invierno la nieve adquiría la forma de una corza blanca. Desde la cúspide se contempla el monasterio de Veruela, como un paraíso de piedra y silencio allá abajo, y se oye el canto de la oliva. Siempre he sido un poco gamberro y, ya que estaba tan cerca del cielo, decidí correr una pequeña aventura: me tiré por las laderas del monte que eran como esbarizaculos: no calculé bien y casi me caigo al vacío. ¡Zas! ¡Zas! Me salvaron los arbustos y algunas rocas. Tras el vuelo inesperado: tozolón, cuquera y manchurrón de sangre. Sobre el peñasco, vi corretear una sargantana. Zigzagueaba y alzaba su cabeza menuda como si quisiera divisar el mundo entero. O como si pensase que yo le podía servir de magra merienda.

Al volver a casa, oí dos expresiones insólitas: “¿En qué chandrío te has metido?”, me dijo la señora de la pensión, que manejaba el badil y la escoba como si fuera una artista de circo. “¿Cuándo dejarás de dar mal, maño?”, preguntó con indiferencia Nicasio Buñuel, el jubilado calandino que solía decir que solo hay tres cosas verdaderamente importantes: las nabatas del Cinca, el guiñote a cualquier hora y la rompida de su pueblo, a los doce en punto del sol de mediodía. Cuando se ponía sentimental añadía una cuarta: la jota cantada al atardecer. La jota de ronda. “Así empecé a festejar con mi única novia –añadía-. Tan pesado me puse, tanto bailé con ella, que desde una ventana nos arrojaron una cubo de agua. Nos capuzaron. A ella no le supo bueno, no. Y ya no se quiso casar conmigo”. La dueña de la pensión me dice que a don Nicasio se le va la cabeza muchas veces, pero no el apetito. En el desayuno es el rey del unto: untaba la mantequilla, la margarina, la mermelada, el queso, el paté de olivas. “Si existiera ese cargo: él sería el rey de los lamineros. Sería capaz de tragarse hasta un kilo de borrajas. ¡Qué malos son los amores estorbados!”.

En cuanto me recuperé, volví a mis viajes. Ya era hora de ir a los Pirineos. ¡Qué grandiosidad! Nunca había visto una cosa igual. Ni siquiera el mar es así. Estuve en un montón de pueblos, de cordilleras, de picos y colinas. Algunos nombres son muy bonitos: Ordesa, Añisclo, las Tres Sorores, Monte Perdido, Peña Oroel, Puyarruego. Y al fin encontré lo que quería: uno de esos ibones que reflejan el cielo. Paseo, busco frambuesas, me zambullo en el agua. Cuando me canso, abro mi maleta de palabras (Aragón, badil, volada de cierzo, Zaragoza…) y empiezo a contarme cuentos como este hasta que me duermo y empiezo a soñar de nuevo con un sinfín de imágenes. A veces preferiría no despertar.

He podido coger en la red dos ilustraciones: una de Blanca  Bk y otra de David Vela, que ha hecho una crónica en su blog y cita la magnífica presentación de Alberto Gamón.

GALAR: 'LA ISLA DE LOS PELÍCANOS'

GALAR: 'LA ISLA DE LOS PELÍCANOS'

FRAGMENTO DE ‘LA ISLA DE LOS PELÍCANOS’

Prames, 2010-04-23

Por José Luis Galar

 

Pretendo contar aquí una historia que siendo sincero conmigo mismo no puedo aspirar a que sea creída por ninguno de los sufridos lectores que en el asiento de un autobús recorriendo las carreteras del anchuroso mundo o en la sala de un aeropuerto o en una estación de ferrocarril o instalados cómodamente en el sillón de su casa bajo una cálida luz irradiada por una lámpara de cristales multicolores, amorosamente colocada junto a un café con leche sobre una mesa camilla vestida con faldas de fieltro verde, tengan la admirable paciencia de leer hasta el final.

Siempre fui un alumno aventajado. Uno de esos que sacan buenas notas en el colegio y del cual sus profesores se sienten orgullosos. Es normal, pues ven que sus esfuerzos invertidos en imbuir conocimientos y en moldear la personalidad de su discípulo no resultan vacuos.

Sin embargo, no querría pecar de inmodesto si añado que para obtener esos magníficos resultados académicos, a los esfuerzos siempre útiles y nunca bien ponderados de mis maestros debía sumarse una media de inteligencia más alta de lo normal (de la cual no me puedo sentir orgulloso por no haber hecho nada para merecerla, siéndome dada en kit de útiles de supervivencia para la vida en el momento de mi nacimiento); y también debía sumarse mi esfuerzo personal, del que sí me siento orgulloso, ya que el esfuerzo depende del libre albedrío del individuo.

Estos éxitos en el colegio me llevaron a la universidad, donde coseché mis buenas matrículas de honor en los estudios; sin embargo, era el mayor cosechero de cucurbitáceas en asuntos del corazón que se había visto en el campus.

Nadie está del todo contento con lo que tiene, por lo que unos envidiaban mis matrículas de honor y yo, aunque nunca lo reconocí en público porque uno tiene su dignidad, envidiaba de alguna manera el éxito de algunos de mis amigos y compañeros con las chicas.

La lima del tiempo nos va igualando a todos, y una vez fuera de la facultad lo que menos importa para el éxito profesional son los conocimientos. Lo que importa es la malla de contactos y relaciones que te envuelve: que tu padre sea de una familia patricia, un funcionario de peso, que tu madre conozca al responsable de la asesoría jurídica de alguna compañía pública o privada, que te pegues el braguetazo con la hija del síndico de la Bolsa y cosas por el estilo.

¿Dije que el tiempo nos iguala a todos? Realmente, me refería a las carreras profesionales, que casi siempre son de fondo, porque en el otro sentido solo me he igualado conmigo mismo, y después de muchos años sigo sin comerme una rosca.

Pero eso ya no me importa, porque el discurrir de los años nos va cambiando el orden de prioridades, y la FEA (feniletilamina), esa hormona juguetona y presunta culpable del enamoramiento, se va eclipsando; y al final te importa un bledo descubrir que la señora rubia teñida y algo ajamonada, que resulta ser la misma compañera fina y linda de tus tiempos de estudiante, no te mira desde el asiento opuesto del autobús urbano en el que viajas. Y con mal disimulado horror piensas si se trata de la misma en realidad, porque ni su cuerpo es el mismo –a la vista está– ni seguramente su alma, porque las vivencias transforman a las personas.

Pero esto que estoy escribiendo no tiene nada de increíble, son simples reflexiones, y me he comprometido a contar una historia por demás inaudita. Ahí va.

Acabé mi carrera y no tardó el Departamento de Botánica en proponerme como becario a cambio de un sueldo miserable y la promesa de que tal vez algún día pudiera optar a plaza y quién sabe si a cátedra –esto último me parecía algo difícil, ya que el dueño actual de la cátedra era solamente diez o doce años mayor que yo–. Además, ya se sabe que el pago con esperanza es el que más agradecen los que nada tienen.

Como en aquel tiempo yo no tenía a nadie que conociera a magnates ni mucho menos la posibilidad de casarme con la hija del síndico de la Bolsa, acepté el trabajo.

Así que fue el más puro azar quien me llevó al camino profesional de la enseñanza y de la investigación, como también ha sido el azar quien me ha llevado después de su mano por tantas sendas y veredas insospechadas que jamás hubiera imaginado.

Invertí –más bien gasté– cinco años de trabajos forzados para doctorarme con una tesis de dudosa utilidad para el mundo real que existe extramuros de las universidades, y puede que también fútil para el campanudo mundo virtual de intramuros.

Mi sobresaliente cum laude en la defensa de mi tesis junto a la sospecha de que podía hacerle frente en la obtención de plaza al hijo de un catedrático de la Universidad con aspiraciones a la misma plaza que yo, pero con menos posibilidades intelectualmente hablando, me valió el destierro en forma de trabajo de campo a la Isla de los Pelícanos.

Fue allí, en aquel lugar situado en medio de la nada, donde comenzó una historia singular.

Los destierros encubiertos siempre vienen rodeados de felicitaciones y caras de alegría. Mis superiores en el departamento me dieron una fiesta de despedida plagada de abrazos y enhorabuenas –no se de qué– deseándome que mi estancia en aquel paraíso fuera enormemente fructífera. Prometían echarme de menos, aunque se quedaban contentos sabiendo que iba a realizar un estudio de campo de tan alta categoría.

 

*José Luis Galar había publicado en 1999 ‘La isla de los pelícanos’ en el sello Egido Editorial. Ahora rescata ese texto y lo reedita en el sello Prames. Hoy firma libros en el paseo de la Independencia. Amablemente, Galar me ha enviado este fragmento de su novela.

EMILIO GAVILANES: CUATRO FÁBULAS

Cuatro fábulas

 

Por Emilio GAVILANES

 

“Contra la seriedad, la risa. Pero contra la risa, la seriedad.”

Gorgias

 

 

 

1. Escribir

            Stevenson estaba escribiendo aquella fábula protagonizada por un objeto cuya posesión proporciona al propietario la satisfacción de todos sus deseos, pero que hay que vender antes de morir por un precio inferior al de la compra para evitar la condenación eterna.

            Stevenson quería llegar al límite. Saber qué haría el hombre al que se le ofreciese el objeto por la última fracción de moneda existente, el hombre que supiese que no iba a poder venderlo. Lo consultó con Lloyd Osbourne, su hijastro. “Ese último hombre”, opinó Lloyd, “no querrá comprarlo, eso está claro. Pero tampoco lo querrá el penúltimo, porque sabrá que nadie se lo compraría. Y del mismo modo, si el penúltimo no lo quiere, el antepenúltimo tampoco, porque tampoco encontraría comprador. Y retrocediendo así, nadie lo querría comprar.” “Tu razonamiento, Lloyd, es impecable. Pero no resuelve nada. Solo es un razonamiento. ¿Cuál crees tú, de verdad, que no lo compraría?” Lloyd lo meditó. “Tú nos sabrás convencer de que ninguno.”

 

Stevenson retratado por John Sargent.

 

2. Descubrimiento

            -Durante tu instrucción –le dijo el chamán al aprendiz, en medio de la selva- lo que más a menudo vas a hacer es caminar por el reino de los espíritus. Al principio, conmigo. Después, con los que a mí me acompañaron. Y finalmente, solo.

            -¿Cuál será mi objetivo?

            -Ninguno. Solo tienes que mirar. No te puedo adelantar lo que vas a ver, porque el mundo está en perpetuo cambio. Verás cosas que yo no vi. Y no verás cosas que yo vi. Tendrás, como yo tuve, una ventaja sobre el primer brujo. Cuando en la Tierra cada planta era la primera planta y los animales aún no habían tenido descendencia y los hombres no sabían nada, tu primer antepasado se echó al camino, con temor, forzado por el hambre de la tribu, pues ni plantas ni animales consentían en servir al hombre. Remontó el gran río, atravesó las montañas y dejó atrás las grandes llanuras, siempre en busca de algo que no se negase a obedecerle. Llegó desnudo al país del frío y las tormentas. Una mañana, a punto de rendirse y darse media vuelta, se encontró, asombrado, con las almas de todos los miembros de su tribu, separadas de sus cuerpos, independientes de ellos, graves, solemnes, formando un rebaño. Aquel mono asustado, que solo buscaba algo de comer, descubrió, sin buscarlo, que era inmortal.

 

 

3. Final

            Tras la batalla, los ángeles consiguieron atravesar los nueve puentes, descerrajar los portones y hacerse con el control de la fortaleza del Infierno. Todos los cautivos recibieron la liberación con entusiasmo. Hasta que se organizó el traslado, la multitud aguardó ociosa, repartida en grupos de todos los tamaños, que paseaban, conversaban...

Cuando partieron los primeros convoyes y se produjeron las primeras separaciones y despedidas, muchos fueron conscientes de que no volverían a encontrarse entre tanta gente. Entonces vieron aquel lugar con nostalgia y en el último momento se rebelaron y se resistieron a abandonarlo.

 

 

4. Alma

            Un hombre fue a la guerra y se llevó a su perro. El perro, que siguió llevando una vida muy parecida a la de casa, ignoraba que estaba en la guerra. El campo de batalla no era más que campo. Comía las mismas sobras. Ladraba al silbido de las balas que pasaban por encima, como insectos.

            El día que mataron a su dueño hubo retirada. El campamento fue abandonado. No dio tiempo a recoger los cuerpos. El perro montó guardia junto al cadáver de su amo. A la mañana del segundo día, los buitres comenzaron a acercarse. Cuando se aproximaban mucho, el perro se arrancaba contra ellos y los espantaba. A cinco metros escasos corría un arroyo. El animal tenía sed. Si se acercaba al agua, los buitres corrían hacia el cadáver. Entonces, antes de conseguir llegar al arroyo, el perro daba media vuelta para ahuyentarlos.

            Una mañana el aire rizaba lo que desde lejos parecía un montón de ropa vieja. Los buitres lo miraban, todavía quietos.

 

 

Mi amigo Emilio Gavilanes me envía, a petición mía, estos cuatro textos.

[Emilio Gavilanes nació en Madrid en 1959. Estudió Geológicas y Físicas, convencido de que iba a hacer grandes aportaciones a la ciencia. Finalmente acabó licenciándose en Filología Románica, tras una “conversión” a la literatura, de la mano de una serie de escritores –Mark Twain, Stevenson, Max Brod, Thomas Mann– en los que, además de los valores literarios y emocionales previstos, encontró algo inesperado: inteligencia. Tanta como en los grandes científicos, a los que tanto admiraba. Ha desempeñado una buena variedad de trabajos (ha sido ordenanza, ha trabajado en Correos, en un diccionario, ha dado clases de español para extranjeros y de lexicografía, ha sido librero, becario de IBM...), pero confiesa que donde más ha aprendido y más ha disfrutado ha sido en las excavaciones arqueológicas en las que ha participado. Además de cuentos, artículos, reseñas, e incluso algún poema, en revistas, ha publicado dos novelas, La primera aventura (Seix Barral, 1991) y El bosque perdido (Seix Barral, 2000), y un libro de relatos, La tabla del dos (premio NH 2004).

**He tomado esta biografía-bibliografía de Emilio Gavilanes de esta página: http://www.ladiscreta.com/emilio_gavilanes.htm

 

EDUARDO ARROYO. BOXEO Y LITERATURA

EDUARDO ARROYO. BOXEO Y LITERATURA

 

 

SERÁ INAUGURADA EL PROXIMO MARTES

CON LA PRESENCIA DEL AUTOR.

 

VALLADOLID SE SUMA AL DIA DEL LIBRO CON LA EXPOSICIÓN “EDUARDO ARROYO. BOXEO Y LITERATURA” QUE ABRE HOY SUS PUERATS EN LA SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DE LA IGLESIA DE LAS FRANCESAS.

 

Valladolid se suma al DIA DE LIBRO que se celebra mañana viernes dia 23 de abril con la apertura en la Sala Municipal de Exposiciones de las Francesas de Valladolid, de la exposiciónEDUARDO ARROYO. BOXEO Y LITERATURA, una muestra articulada a partir de la colección de libros, impresos y  fotografías sobre boxeo de la colección de Eduardo Arroyo, así como de obras realizadas por el artista (dibujos y pinturas), dedicadas a las figuras más significativas del cuadrilátero, presentará ese particular universo, hoy ya casi desaparecido, en el que un deporte de gran dureza, que exigía una gran preparación física, se conjugó con la literatura, el arte, el mundo de los negocios (en muchas ocasiones absolutamente turbios) y la auténtica realidad existencial. Arroyo  asistirá el próximo martes a la inauguración oficial de la muestra.

Eduardo Arroyo, apasionado del boxeo y, en consecuencia, gran conocedor de todos los vericuetos y actos de esa peligrosa tragedia estructurada en asaltos, ha realizado a lo largo de su carrera toda una galería de retratos pugilísticos en la que, como se ha escrito, “reconoce, como artista y aficionado, la distancia justa, la geometría de lo que se dibuja en el cuadrilátero…”. Y en esa galería, destacan personas que, históricamente, representaron mucho más que unos simples gladiadores que pelearon por la bolsa: Jack Johnson, Yanek Walzack, Arthur Cravan, Kid Chocolate o Panama Al Brown. Como ha afirmado el propio Eduardo Arroyo: “El ring es un hombre solo. El boxeador es un hombre solo. El ring es un cuadrado blanco, marcado por la sangre, el sudor, el agua y la resina donde se representa el drama. Sangre, sudor, lágrimas. Éxitos raros y fracasos frecuentes. Una toalla vuela como una paloma derribada por un disparo”.

La exposición incluye alrededor de cien obras entre las cuales varios dibujos a lápiz  ( Panama, Arthur Cravan après son combat contre Jack Johnson, Jack Johnson, Emile Di Christo, Juan Albornoz “Sombrita” boxeador, Pierre Montané champion d’Europe……. ) y litografías (Saverio Turiello, la Pantera de Milán, Jocs d’Olímpia, Direct Panama…), unas pinturas al óleo (Cerdan, Raymond Famechon…),  numerosas fotografías del archivo personal del pintor (Panama Al Brown haciendo guantes con uno de sus sparrings en París, Al Brown y Young Pérez antes de su combate en París, Campeonato del mundo Al Brown-Sangchili, Valencia, 1935, Al Brown se entrena en Valencia, Al Brown y Jean Cocteau, Al Brown y Maurice Chevalier en 1938, Jack Johnson contra Arthur Cravan en la Monumental de Barcelona, 1916…) así como varios artículos de Jean Cocteau y primeras ediciones de libros de Hemingway.

En su colección de libros boxísticos destaca Antonio Ruiz, que Ramón Gómez de la Serna dedicó, en 1926, al boxeador de Vallecas que llegó a ser campeón de Europa de los pesos pluma. Obran en su poder las autobiografías de Sugar Ray Robinson, Tiberio Mitri, Dariusz Michalczeswki, Dum Dum Pacheco, páginas manuscritas de Jean Cocteau dedicadas a Panamá Al Brown. Y, asimismo, carteles de los primeros años del siglo XX y retratos fotográficos de Ernest Hemingway con Kid Tunero. Esta exposición celebra un deporte que como competición y espectáculo es, no sólo una de las actividades más antiguas del mundo, sino un elemento de la cultura popular moderna. Arroyo nos invita a emprender el recorrido por esa pasión tan suya y jamás desmentida

Eduardo Arroyo nació en Madrid el 26 de febrero de 1937. Cursó estudios primarios y secundarios en el Liceo Francés y en el Instituto de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid. Posteriormente ingresó en la Escuela de Periodismo. Con la idea de poder abandonar cuanto antes la atmós­fera irrespirable de la España franquista, adelantó su ingreso en el ejército para cumplir el servicio militar obligatorio. En 1958 se trasladó a París con la intención de dedicarse al periodismo. Sin embargo, no tardó en interesarse por el poder de la imagen y su inteligibilidad inmediata. Así, en 1960 participó en el Salón de la Jeune Peinture. Rechazando tanto los dogmas artísticos como la arbitrariedad política, se convirtió en uno de los principales ins­piradores del movimiento denominado Figuration Narrative. Su obra pictórica, que ofrece periodos violentamente críticos y otros más humorísticos, se basa siempre en la alquimia del collage: «Es precisa­mente ese aspecto serial, fragmentario, dividido, esas diferencias estilísticas, esas mezclas... toda esa incoherencia es la que constituye, finalmente, la coherencia de mi obra», afirma el pintor. Un eclecticismo deliberado lo ha llevado a trabajar también con otros materiales y es así cómo las téc­nicas de la estampa, la cerámica o la es­cultura hacen que vuelva al óleo y al lienzo con más fuerza aún. Su pintura es literaria y autobiográfica. Sin embargo, no renun­cia a la escritura: es autor de la biografía "Panamá" Al Brown; de la obra de teatro Bantam; de la colección de reflexiones ti­tulada Sardinas en aceite; de la obra El Trío Calaveras, Goya, Benjamín, Byron-Boxeur, de Un día sí y otro también, un diario pin­tado-escrito.

*Virgin-Hill. De Arroyo.