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Antón Castro

'ESTÉTICAS DE LA CRISIS': UN CURSO

'ESTÉTICAS DE LA CRISIS': UN CURSO

‘ESTÉTICAS DE LA CRISIS’

CURSO DE LA INSTITUCIÓN FERNANDO EL CATÓLICO

 

MIÉRCOLES, 24 DE FEBRERO

16.30 h. Entrega de documentación.
16.45 h. Palabras inaugurales del Dr. D. Carlos FORCADELL
ÁLVAREZ, director de la Institución «Fernando el Católico».
17.00 h. La novela norteamericana: de la caída de las Torres a la era Obama, por el Dr. D. Francisco COLLADO (Universidad de Zaragoza).
18.30 h. Paisajes después de la batalla, por el Dr. D. Luis BELTRÁN ALMERÍA (Universidad de Zaragoza).
20.00 h. Discursos científicos en tiempos de crisis, por el Dr. D. Javier ORDÓÑEZ RODRÍGUEZ (Universidad Autónoma de Madrid).

JUEVES 25

17.00 h. Espectáculo versus racionalidad en la política contemporánea, por el Dr. D. Ignacio GÓMEZ DE LIAÑO (Universidad Complutense).
18.30 h. La crisis como historia de terror, por el Dr. D. Enrique GIL CALVO (Universidad Complutense).
20.00 h. Mesa redonda: La mutante realidad contemporánea en sus relatos. Participantes: Fernando AÍNSA, Enrique GIL CALVO, Ignacio Gómez DE LIAÑO y Manuel VILAS. Moderador: José Luis CALVO CARILLA.

VIERNES 26
17.00 h. El fenómeno de la novela negra en Suecia ¿Un producto de la crisis?, por D. Francisco ÚRIZ (escritor, poeta y traductor de poesía y novela sueca).
18.30 h. De los grandes relatos a sus migajas: vertientes de la atomización narrativa actual, por el Dr. D. Fernando VALLS (Universidad Autónoma de Barcelona).


CURSO DIRIGIDO POR EL PROFESOR JOSÉ LUIS CALVO CARILLA. UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA.

 

*Hace unos días, la profesora y ensayista Isabel Carabantes me mandó el programa de este curso de la Institución Fernando el Católico. Cuelgo aquí una estupenda fotografía de Alberto García-Alix de 1988.

HOY, BUÑUEL EN LA LONJA

Esta tarde, a las 19.00, se presenta la exposición ‘Un perro andaluz 80 años después’, que coordina esa profesora tan entusiasta, trabajadora y rigurosa como Amparo Martínez. Le pido algunos detalles de la muestra y me manda varios textos que explican cómo está concebida, ordenada y desarrollada. Pongo los fragmentos iniciales.

 

 

Un perro andaluz 80 años después

 

 

Presentación exposición

 

La bicicleta de BUSTER KEATON no tiene el sillón de caramelo y los pedales de azúcar como quisieran los hombre malos. Es una bicicleta como otras, pero la única empapada de inocencia.

Federico García Lorca, El paseo de Buster Keaton, 1927-1928

 

Cuando los soldados de Napoleón entraron en Zaragoza en la VIL ZARAGOZA, no encontraron más que viento por las desiertas calles. Solo en un charco croaban los ojos de Luis Buñuel. Los soldados de Napoleón los remataron a bayonetazos.

Luis Buñuel, Palacio de hielo, 1929

 

Mi mano ha llegado por los caminos blancos,

a sus pechos claros y blancos

antes he tenido que separar una camisa blanca

llena de luna blanca.

 

Salvador Dalí, Era mi novia

 

Ochenta años después de su estreno Un perro andaluz sigue impactado como lo hiciera en 1929. Desde el principio resulta una película incómoda nada reconfortante. Y es ese estado de indefensión embarazosa, cuidadosamente elaborado por Buñuel y Dalí, el que prepara para asimilar el resto de la propuesta cinematográfica que pasa ante los ojos del espectador.

En ella es posible encontrar desde el cegado de la mirada externa para acceder al interior, al subconsciente; pasando por el papel del ciclista y de las bicicletas como máquinas perversas para el divertimento sexual; la constatación de la presencia del cuerpo en su ausencia; el juego con las cajas y el placer que produce el misterio de su contenido; la identificación de la amputación con la pérdida, ya sea de una mano o de la libertad; lo que nos lleva a los asnos en descomposición evocando la idea de podredumbre social, en la que los pianos son la materialización de la muerte de lo espontáneo. También están las mujeres como encajeras y costureras, vírgenes maternales y, con el tiempo, intrigantes malévolas; el protagonismo del los insectos como manifestación de la pureza del instinto que termina siendo  retenido y apresado por cuerdas y ligaduras; hasta llegar al binomio entre erotismo y muerte, que habita en esta película desde la primera hasta la última imagen.

Para entender el clima social y las circunstancias culturales que propiciaron la creación de una obra como Un perro andaluz es necesario hablar de la agonía de la dictadura de primo de Rivera o de los viajes y estancias en el París de las vanguardias. Una atmósfera en la que fueron fundamentales las complicidades y los aprendizajes compartidos en la Residencia de Estudiantes de Madrid, así como la influencia de Ramón Gómez de la Serna, quien contribuyó a que el surrealismo tuviese en España una idiosincrasia particular y una espontaneidad especialmente vigorosa. En este ámbito es imprescindible entender la amistad y el enigma que unió a Buñuel, Lorca y Dalí, sin la que es imposible explicar Un perro andaluz. Titulo que desde su primera proyección se convirtió en una obra de referencia para el grupo surrealista y en todo un manifiesto audiovisual de este movimiento.

 

Un perro andaluz y su tiempo. La Residencia de Estudiantes

Complicidades y aprendizajes

Nuestro grupo se formaba básicamente por Juan Vicens, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Juan Centeno, José Moreno Villa, Diego Buigas de Dalmau, Luis Eaton Danil, Federico García Lorca, el poeta malagueño José María Hinojosa y yo. Éramos todos enormemente wagnerianos. Fue Luis Buñuel quien nos introdujo a todos esa pasión por el músico alemán. Luego utilizó La muerte de Isolda de una forma obsesiva como banda sonora en Un perro andaluz.

Pepín Bello

Ramón Gómez de la Serna

La influencia de Ramón Gómez de la Serna sobre los jóvenes españoles que se acercaban a las vanguardias resulto ser fundamental durante la década de los veinte. El intercambio de ideas en distintos foros, como las tertulias celebradas en el Café Pombo, su obra y su prestigio intelectual se convirtieron el referente de un nutrido grupo de creadores que por entonces iniciaban su andadura artística. De hecho, las greguerías de Ramón Gómez de la Serna son la matriz de la que nace el concepto de gag trágico, o microrrelato de tintes humorísticos con un desenlace absurdo o fatal. Un elemento imprescindible para entender la producción literaria y cinematográfica de Dalí y Buñuel.

 

Inicios artísticos y orígenes de la obra literaria

Durante la década de los años veinte además de pintar, dibujar o preparar los primeros proyectos cinematográficos, Buñuel, Lorca y Dalí iniciaron su producción literaria en verso y prosa. Muchos de estos trabajos contienen ya de forma embrionaria temas e imágenes (ojos cortados, ciclistas, lunas, nubes filosas, hormigas, mariposas, burros podridos, pianos,…) que después se convertirían en piezas claves en la construcción cinematográfica de Un perro andaluz. Película que debemos entender, por tanto, como el resultado de un largo y fructífero proceso de gestación.

 

Lorca

Marineros que ignoran el vino y la penumbra

decapitan sirenas en los mares de plomo.

La Noche, negra estatua de la prudencia, tiene

el espejo redondo de la luna en su mano.

 Un deseo de formas y límites nos gana.

Viene el hombre que mira con el metro amarillo.

Venus es una blanca naturaleza muerta

y los coleccionistas de mariposas huyen.

 

Federico García Lorca,  Oda a salvador Dalí, 1926

 

Buñuel

San Bartolomé y el fauno danzaban cuando

las piedras salían disparadas de la tierra

como besos tirados con la punta de los dedos

Al morir se lo comieron unas hormigas alegres

que tampoco eran hormigas

eran unas bayaderas silenciosas

 

Luis Buñuel,  Bacanal, 1929

 

Dalí

Una oreja quieta encima de un pequeño humo derecho

indicando lluvia de hormigas sobre el mar.

Al lado de la roca fría hay un pelo de pestaña.

Un pedazo de carne desgarrada señalando el mal tiempo.

Hay seis pechos extraviados dentro de un agua cuadrada.

Un burro podido zumbante de pequeñas minuteras

representando el principio de la primavera.

 

Salvador Dalí, Poema. A Lydia de Cadaqués

 

'AVANTI', MÉNDEZ, SMALL, COPLA

'AVANTI', MÉNDEZ, SMALL, COPLA

Avanti

Poetas españoles de entresiglos XX-XXI

Edición de Pablo Luque Pinilla

Olifante. Ediciones de Poesía

Zaragoza, 2009

252 páginas.

 

Pablo Luque Pinilla es poeta, crítico y divulgador de la poesía a través de una revista digital. A él se le debe uno de los últimos títulos del sello Olifante: ‘Avanti. Poetas españoles de entresiglos XX-XXI’, una antología muy personal de catorce poetas que escriben desde los años 60 hasta nuestros días. La selección incluye a Pere Gimferrer, a Jenaro Talens y a Antonio Colinas, de los ‘Novísimos’, fascinados por el culturalismo, por el cine, el cómic y Venecia; a poetas tan solitarios como Miguel d’Ors o Ángel Campos Pámpano, el gran cantor de Lisboa, ‘la ciudad blanca’. Figuran mujeres como Aurora Luque, Amalia Iglesias y Chantal Maillard. El único aragonés de la antología es Ángel Guinda. El volumen contiene poéticas de cada autor, manifiestos y análisis críticos, y poemas que destacan por “su belleza, su eufonía, su hondura emocional y su capacidad de penetración”. Como este de Ángel Guinda.

 

‘La edad de Oro’ de Ángel Guinda

 

No lamentes

haber perdido el esplendor juvenil,

los estallidos de la vida,

a cambio

de un horizonte de cenizas.

Nadie puede avanzar

en medio de un bosque en llamas,

sí a través del desierto.

 

Página 83. Fotos: Página web de Olifante, Gimferrer, Talens, Antonio Colinas, cine, cómic, Venecia.

 

Tal vez la lluvia

Juan Carlos Méndez Guédez

XL Premio Ciudad de Barbastro de Novela Corta

DVD

Barcelona, 2009

154 páginas

 

El Premio de Novela Ciudad de Barbastro ha cumplido 40 años. La novela ‘Tal vez la lluvia’, del venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, fue la ganadora de esa edición. La narración transcurre entre Caracas, Madrid y Salamanca, y cuenta la amistad entre dos jóvenes, Adolfo y Federico, que comparten películas como ‘Casablanca’, la música de Los Beatles o de Queen. Adolfo y Federico se extravían de aquí para allá entre mujeres bonitas como Miroslawa, como Ivonne, como Luisa, que convierte la minifalda en una revolución. O Albertina, que parece escapada de un poema de Neruda y que conduce una y otra vez a la perdición. Y siempre, en los viajes, en los paseos por Caracas o Madrid, casi siempre aparece la lluvia y un Mercedes desportillado. Méndez Guédez escribe con transparencia y emotividad, con humor y con ternura.

 

Stitches

Una infancia muda

David Small

Traducción de Rocío de la Maya

Mondadori: Reservoir Books

Barcelona, 2010

330 páginas

 

David Small es uno de los grandes ilustradores del momento y ha realizado numerosos libros infantiles. Quizá ninguno tenga la hondura y el desgarro de su novela gráfica ‘Stiches. Una infancia muda’. Se trata de un libro inquietante, extraño, acaso feroz, que transcurre en Detroit. Narra la vida de un muchacho, desde los seis hasta los quince años en un ámbito muy especial: su madre siempre está enfadada, la abuela parece perturbada y su padre, médico, dedica muchas horas al hospital. Y su hermano anda por ahí apurando la pubertad mientras descubre revistas de chicas desnudas. El niño va y viene, y padece pesadillas horribles en un cómic excepcional, complejo, de increíbles imágenes, que funciona como una película que lo tiene casi todo: emoción, dolor, misterio, poesía, locura y rabia. Y un inequívoco sentido autobiográfico.

 

 

Un siglo de copla

Manuel Francisco Reina

Incluye la película ‘La España de la copla: 1908’

de Emilio Ruiz Barrachina

Ediciones B

Barcelona, 2009

392 páginas

La palabra copla, tan vinculada al flamenco, procede de cópula, que significa unión, lazo, ilación. Este género musical es como una novela cantada. Su desarrollo y esplendor está emparentado con los músicos Falla, Granados y Pau Casals, y los poetas del 27, especialmente Lorca y Alberti. Los temas de la copla son eternos: el amor, la muerte, la mujer, los celos, los toros. Manuel Francisco Reina acaba de publicar ‘Un siglo de copla’, que incluye una película de Emilio Ruiz Barrachina. El libro recorre la historia de un género tan autóctono, ofrece un cancionero y el anecdotario de cada canción, e incorpora un diccionario de compositores, entre los que figura el oscense Daniel Montorio, y de intérpretes, donde se encuentra Raquel Meller, la cupletista de Tarazona. Con ella están Concha Piquer, Estrellita Castro, Miguel de Molinos, Lola Flores, Clara Montes, Pasión Vega, incluso Joaquín Sabina o Joan Manuel Serrat. Por algo dice Reina que la copla se convirtió en el franquismo en “canción protesta” o “canción de denuncia”.

*Recomendaciones del programa 'Borradores' emitido anoche, que se redifundirá el próximo sábado a partir de las 9.15 de la mañana. Las cuatro fotos corresponden a Dmitry Chapala, que es un joven fotógrafo ruso especializado en el cuerpo de la mujer, que trabaja muy bien el procesado digital.

EN EL CASTILLO DE LORD DUNSANY

EN EL CASTILLO DE LORD DUNSANY

Hace unos días, la editora Diana Zaforteza vino a Zaragoza a presentar su editorial. Me dijo que iba a visitar con algunos periodistas el castillo de Lord Dunsany en Irlanda. Me pareció maravilloso publicar un reportaje sobre ese autor, al que he leído a través de las sugerencias de Álvaro Cunqueiro y Jorge Luis Borges. El escritor y traductor Daniel Gascón tenía la posibilidad de ir y de hacer un amplio reportaje para ‘Artes & Letras’ y para su propio blog. Este es el texto que apareció en el suplemento de los jueves de ‘Heraldo de Aragón’, que también es una reflexión y una lectura sobre la obra del escritor dublinés.

 

EN EL CASTILLO DE LORD DUNSANY

Por Daniel GASCÓN

 

EL VIAJE

Edward John Moreton Drax Plunkett, Lord Dunsany, es uno de los padres de la literatura fantástica. Su obra influyó a autores como Borges, Lovecraft o Tolkien. La semana pasada fui a visitar su castillo, que empezó a construirse a finales del siglo XII y es una de las casas más antiguas de Irlanda. Allí viven los actuales señores de Dunsany, la arquitecta retirada Maria Alice de Marsillac y el pintor Edward Carlos Plunkett, nieto del escritor.

El Dunsany Castle está en County Meath, a unos 40 minutos en coche de Dublín. Nada más entrar en la propiedad, se ve la iglesia de San Nicolás, del siglo XV, donde se rodó una secuencia de ‘Braveheart’. El día anterior me había enterado de que la actual Lady Dunsany echó a unos cazadores de sus terrenos con una escopeta en la mano, así que fue un alivio que abriera la puerta del castillo Randall, el heredero del título. Las paredes de la entrada están cubiertas de espadas y pistolas, hay dos armaduras y un mueble oriental con un par de cascos persas. En esa atmósfera medieval y bélica, un cuadro y una escultura de Edward Carlos Plunkett, con formas geométricas, parecen fuera de contexto. El de barón de Dunsany es uno de los títulos nobiliarios más antiguos de Irlanda; data del siglo XV y, como lo concedían los británicos, la familia resalta su origen normando y su vinculación con Francia: tiene un banco con una estatua de Napoleón y recuerda que tuvo que abandonar Irlanda en el siglo XVII, a causa de la invasión de Cromwell. Según Lady Dunsany –que hace de guía por el castillo porque su marido está enfermo- parte de la familia huyó por un túnel parcialmente conservado que comunica el castillo con el cercano Killeen Castle.

Autor de más de 80 volúmenes de narrativa, memorias, teatro y poesía, pintor, cazador en África y en la India (la leyenda dice que mató a dos cebras en Piccadilly Circus porque nunca pudo cazar una en libertad), político frustrado, apasionado del cricket, campeón de tiro y creador de una variante de ajedrez, Lord Dunsany fue un amateur y excéntrico profesional. Nacido en Londres en 1878, el 18º barón de Dunsany es el personaje más destacado de una familia en la que también se encuentra el arzobispo católico Oliver Plunkett, ahorcado y descuartizado en 1681 y canonizado en 1975; por el lado materno, está emparentado con Richard Burton, traductor de ‘Las mil y una noches’. Recibió el título en 1899, tras estudiar en Eton y la escuela militar de Sandhurst. Ese mismo año, después de servir en Gibraltar, participó en la segunda guerra de los bóers. Sería el primero de una larga serie de encuentros con el peligro.

En 1904 se casó con Beatrice Child-Villiers, la acaudalada hija del conde de Jersey, y se trasladó al castillo. Beatrice se dedicó a él con fervor y toleró sus rarezas: Dunsany –que pasó gran parte de su vida entre sus fincas rurales en Inglaterra e Irlanda- estaba en contra de la sal de mesa de los restaurantes y siempre llevaba la suya encima, y no toleraba que se abrillantaran los muebles. Escribía en una habitación de lo alto del castillo, o en las cabañas de la propiedad; en los últimos años, él, que había matado rinocerontes, gacelas y leopardos –en expediciones que a veces requerían 72 porteadores-, emprendió una campaña para que no se cortara el rabo de los perros. “Más que escritor, quería ser pintor”, cuenta Lady Dunsany. “Fue a París con su mujer y vieron un cuadro de Renoir. A Beatrice le gustaba, pero Edward dijo: ‘¿Para qué queremos un Renoir? Yo ya soy un gran pintor’.” Aficionado a los cuentos de los hermanos Grimm, de Andersen y Poe, en 1905 publicó su primer libro, ‘Los dioses de Pegana’, donde elaboraba una cosmogonía con ecos del simbolismo y un lenguaje arcaizante, heredado de la Biblia del rey Jacobo. En obras como ‘El tiempo y los dioses’, ‘La espada de Welleran’ o ‘Cuentos de un soñador’ elaboró un imaginario del que han bebido Cunqueiro, C.S. Lewis o Robert E. Howard.

A través de su tío Horace –un modernizador agrícola que gastó buena parte de la fortuna familiar con sus experimentos-, entabló amistad con intelectuales como Lady Gregory; Gogarty, que serviría de inspiración para el personaje de Buck Mulligan en el ‘Ulises’ de Joyce, o  el poeta nacionalista AE, que dijo que era “tan puro, fabuloso y raro como el unicornio”. Aunque luego se distanciaron, también despertó la admiración de W.B. Yeats, que prologó una selección de sus cuentos y lo animó a escribir teatro: Lord Dunsany compuso ‘The Glittering Afternoon’ en una sola tarde de 1909, y la pieza se representó un mes después en el Abbey Theatre. A Yeats le angustiaban su irregularidad e indolencia (“Es una desgracia haber nacido noble. Le vendrían bien serían cincuenta libras al año y una amante borracha”), pero aseguraba que sus obras “hacen que piense en joyas irlandesas, en una espada cubierta de arabescos indios, de San Marcos en Venecia, en palacios cubiertos de nubes al atardecer; pero todavía con más frecuencia en un estado de ánimo que alcancé durante unas semanas de sueño profundo y que desde entonces siempre he añorado y deseado”

En la creación de ese mundo también fueron importantes las ilustraciones de Sidney Sime, que están expuestas en el pasillo que lleva a una antigua capilla. En ella se ve una alfombra de tigre y medio cuerpo de un león. Hay un cuadro de Hamilton a medio restaurar y un tablero de ajedrez: Dunsany, que escribió uno de los mejores relatos sobre este deporte, ‘El gambito de los tres marineros’, empató con Capablanca. Un arcón contiene cientos de cartas en desorden (Plunkett se escribió con Kipling y Arthur C. Clarke, pero también hay cartas suyas dirigidas a su mujer); en otro lugar vemos los manuscritos. Lord Dunsany escribía a mano, con un lápiz de color, y luego repasaba el texto con tinta. “Mi marido se crió con su abuelo. A veces, después de que se mecanografiara el texto, copiaba un ejemplar a mano y lo firmaba por si la familia necesitaba venderlo.”

Vemos el manuscrito de ‘Carcasona’; de ‘My Talks with Dean Spanley’, en el que se basa la película ‘Dean Spanley’, con Sam Neill y Peter O’Toole; de ‘The Old Folk of Centuries’, lleno de dibujos de brujas y soles. También vemos un álbum de fotos de la guerra de los bóers y de la Primera Guerra Mundial. Junto a las fotos de los soldados, o de él en el frente –decía que las trincheras solo tenían 1,80 de alto y él medía 1,95-, hay dibujos de Lord Dunsany, que proponen una “Sugerencia de reorganización del vestido militar”. Se libró por poco de ir a Galípoli y perdió a un amigo en la Gran Guerra, F. Ledwidge, cuya poesía editó póstumamente. En la Segunda Guerra Mundial se enroló en la Home Guard en Inglaterra –le decepcionó que los nazis no llegaran a invadir la isla: quería combatirlos-, y ocupó la cátedra Lord Byron en Atenas, que abandonó ante el avance alemán. Sin embargo, sufrió su herida más grave en Irlanda en 1916, cuando ayudaba a las fuerzas británicas frente a los rebeldes irlandeses. Y murió de apendicitis en 1957, a los 79 años.

 

Después de comer en una sala en la que cuelgan retratos de los personajes de la familia, cerca de una colección de objetos del movimiento Arts & Crafts, subimos a la biblioteca. La piel de un tigre blanco y de un leopardo están debajo de dos mesas; los libros que poseía Lord Dunsany ocupan varios cuerpos de estanterías; en un armario hay ediciones de sus obras y en una mesilla traducciones a muchos idiomas. Es una biblioteca gótica, que contrasta con la atmósfera luminosa y femenina del salón, donde hay dos cuadros atribuidos a Van Dyck, otro a Fabrice y un pequeño Constable, pero hace el mismo frío: no me quito el abrigo en las cinco horas que paso en el castillo. Tampoco lo hace Lady Dunsany; la cocinera lleva un gorro de lana.

En un ala del castillo Maria Alice quiere construir una galería para mostrar la obra de su marido. Vamos a una sala donde se ve la vajilla que diseñan y venden, con las paredes repletas de cabezas de antílopes, de un rinoceronte y la piel de una pitón. En otra, transformada en un gimnasio, hay cuadros de Lord Dunsany: ofrecen una perspectiva inquietante de una habitación, unas flores o un árbol con una amenaza velada. Aun así, no habría estado mal que compraran ese cuadro de Renoir. Al final vemos el estudio del actual Lord Dunsany. Junto al caballete, con un cuadro sin terminar, hay un montón de armas falsas. En una percha cuelgan varios uniformes militares. El heredero de Lord Dunsany, Randall, está rodando una película en la propiedad.

 

SCOTT, CUNQUEIRO Y ZARAGOZA

Lord Dunsany escribió durante cinco decenios y al morir dejó numerosos textos inéditos. En una época, Evelyn Waugh o Elizabeth Bowen reseñaban sus obras, Yeats lo comparó a Baudelaire, cinco obras suyas se representaron simultáneamente en Broadway, y Amory Blaine, el protagonista de ‘A este lado del paraíso’ (1920), la primera novela de Scott Fitzgerald, recitaba sus versos. Después de la década de 1920, siguió teniendo éxito, pero la crítica dejó de prestarle la misma atención.

Su defensor más entusiasta, H. P. Lovecraft, admiraba sobre todo sus primeros libros, en los que “extiende una atmósfera de ingenuidad cultivada e ignorancia propia de un niño”, con “una prosa cristalina y musical”. El crítico S. T. Joshi los ha definido como “Nietszche en un cuento de hadas”. Lord Dunsany publicó colecciones de relatos sobre la guerra, ‘Tales of War’ (1918) y ‘Unhappy Far-Off Things’ (1919), se acercó a la tradición del romance, tiñó de ironía sus aproximaciones a la fantasía y sus cosmologías –o de cierto fatalismo, como en ‘La hija del rey de los elfos’ (Visión Libros, 1983)-, y escribió novelas de ambiente español como ‘Don Rodrigo’ (1922; Blanco Satén, 1991), donde figura un profesor de la reputada cátedra de magia de la Universidad de Zaragoza, y ‘The Charwoman’s Shadow’ (1926), en la que aparece un lugar llamado “Aragona” y donde algunos críticos ven un homenaje a Ramón Llull. Coqueteó con el terror, la sátira y la ciencia ficción, viajó a Estados Unidos varias veces y recibió distinciones. Creó el personaje de Joseph Jorkens, dispuesto a narrar cuentos extraordinarios a cambio de whisky, y, escribió novelas irlandesas, relatos y memorias, pero es recordado por su contribución al universo fantástico, que ha fascinado a Guillermo del Toro o Neil Gainman. Borges incluyó ‘Los días del Yann’ en su Biblioteca de Babel; Álvaro Cunqueiro, que tradujo alguna de sus obras teatrales y le dedicó un poema y varios artículos, escribió “la de Lord Dunsany es una obra riquísima y compleja, que hace de él uno de los grandes escritores de este siglo”. Él decía que había inventado sus dioses porque en la escuela se le daba mal el griego.

Lord Dunsany paseaba con un bastón de empuñadura de oro que le había regalado el Nawab de Rampur en un viaje a la India y  temía sobre todo que lo tomaran por un diletante. Según su biógrafo Mark Amory, “continuó como un superviviente de la época eduardiana, en disonancia con los tiempos modernos”. Detestaba la poesía de T.S. Eliot, y escribió a un amigo que “el genio es una capacidad infinita para no pasarlo mal”. Pese a su simpatía por el unionismo, parecía que pocas cosas podían afectarle, y no discutió con sus amigos nacionalistas ni sus vecinos por motivos políticos (cuando Yeats creó la Academia Irlandesa, solo le ofreció una membresía parcial: la completa estaba reservada para quienes hablaban de Irlanda y temas irlandeses). Amory cuenta que en 1919 empezó un cuaderno con un recorte de periódico que decía “Es una gran responsabilidad haber sobrevivido a la guerra”. A pesar de su facilidad para escribir, lo dejó en blanco.

EL LIBRO

‘El libro de las maravillas. Cuentos asombrosos’ (Alfabia, 2009) recoge muchos de los mejores relatos de Lord Dunsany. Se publicaron respectivamente en 1912 y 1916 y representan el final de su primera etapa de narrador fantástico: algunos inventan mundos imposibles; ‘La angustiosa historia de Thangobrind el joyero’ o ‘La ciudad en el Páramo de Mallington’ tienen la gravedad, la fabulación constante y el tono alegórico e ingenuo que cautivaban a Lovecraft. En otros, la fantasía irrumpe en un mundo algo más verosímil, como en ‘La ventana maravillosa’, donde un dependiente de Londres compra una ventana que da a una ciudad medieval; en ‘La coronación del señor Thomas Shap’, en el que un comercial sueña –al estilo del Walter Mitty, o incluso de Juan Dahlmann- con una vida heroica; o en ‘Trece a la mesa’, donde un cazador llega exhausto a un castillo. Son cuentos que tienen sentido del humor: uno habla de una oficina donde la gente se intercambia los males, otro de tres chistes infernales, otro de un pirata que, rodeado por barcos enemigos, escapa navegando sobre el desierto del Sáhara.

Lord Dunsany. ‘El libro de las maravillas. Cuentos asombrosos’. Traducción de María M. Ponce, Adriana Velázquez y Nicolás Valencia Campuzano. Alfabia, 2009. 295 páginas.

*Este artículo apareció en Artes & Letras de ‘Heraldo de Aragón’. Puede leerse en el blog del autor: danielgascon.blogia.com

SOBRE ALEJANDRO CORTÉS

SOBRE ALEJANDRO CORTÉS

PÁJAROS DE CIERZO EN EL BOSQUE

 

Alejandro Cortés tiene algo de torbellino. Siempre anda de aquí para allá con la cabeza inundada de proyectos. Pictóricos, escultóricos, fotográficos, videográficos o de ilustración. Es un creador hiperactivo, de esos seres que pasean por la vida con un manojo de papeles, de delirios y de sueños en los bolsillos o en el cerebro, de esos que concentran la fuerza del mundo y el temblor de la belleza en un portfolio. Te encuentras con él, o recibes de golpe su llamada, y tienes la sensación de que hay varios Alejandro Cortés: uno anda por Córdoba (Argentina), otro sueña con marchar a Roma o a Venecia, otro cruza el Pacífico para hacer un máster de guión o para completar un proyecto de vídeo. O si no, cuando llega el verano, como si fuera el embajador de quimeras o un caballero medieval con mando en plaza en Farasdués, recibe gentes y gentes del arte, de la música, de la literatura, del periodismo, y es capaz de lograr un caserón de leyenda donde sus artistas comen, beben, conversan y enredan con la creación.

Alejandro siempre sorprende. Y envuelve por contagio irresistible de entusiasmo. Vuelve a hacerlo ahora con este trabajo de un acentuado sentido lírico, una alegoría del silencio y sus magias: se trata de un bosque de raíces, de una escenografía onírica con invisibles presencias, con pájaros de fuego. En este bosque dialogan la tierra y sus misterios con los árboles y la luz. La propuesta tiene una atmósfera de cuento de hadas y a la vez de naturaleza pintada o de paisaje esculpido con el soplo de un dios oculto. Alejandro, con la sutileza de un miniaturista, crea un microespacio que congrega su memoria de infancia, el rastro de un paraíso hecho de sedimentos, de texturas y del murmullo del cierzo que empuja y empuja los recuerdos.

*Alejandro Cortés expone estos días en la sala Mariano Barbasán de la CAI. Esta es una nota que figura en el tríptico de la muestra. Esta foto es de Primo, tomada de su estupendo blog fotográfico. El acceso es http://primo.com.es

ESTRELLA DE DIEGO Y SIRUELA

ESTRELLA DE DIEGO Y SIRUELA

Estrella de Diego, nueva directora de la colección

Biblioteca Azul Mínima de Ediciones Siruela

 

Siguiendo la línea editorial que abrió Juan Antonio Ramírez, que falleció el pasado mes de septiembre, la idea de esta colección continúa siendo la de editar libros sobre aspectos o autores menos conocidos de la Historia del Arte, pensados para un público amplio, a un precio asequible y de utilidad para estudiantes. En esta nueva etapa se incidirá en el arte más actual, sin olvidar textos clásicos de teóricos, artistas o arquitectos de difícil acceso en castellano, así como cuestiones relativas a América Latina y a la teoría de género. 

Estrella de Diego es ensayista y Catedrática de Arte Contemporáneo en la Universidad Complutense de Madrid y ha sido profesora invitada en numerosas universidades españolas y extranjeras. Entre otras ha ocupado la  Cátedra  King Juan Carlos I of Spain of Spanish Culture and Civilization en la New York University (1998-99). Su investigación se centra en la teoría de género, los estudios visuales y los orígenes de la Modernidad. Ha sido comisaria de numerosas exposiciones como Los cuerpos perdidos. Fotografía y surrealistas  (Fundación "la Caixa", 1996), A vueltas con los sentidos (Casa de América de Madrid, 1999), Visiones huidizas  (Fundación Carlos de Amberes,  2001), la representación española en la 22 Bienal de Sao Paulo (1994) y en la 49 Bienal de Venecia  (2001), Warhol sobre Warhol (La Casa Encendida, Madrid, 2007) y Sophie Tauber-Arp (Museo Picasso de Málaga, 2009). Es autora, entre otros, de los siguientes libros: La mujer y la pintura en la España del siglo XIX, El andrógino sexuado. Eternos ideales, nuevas estrategias de género, Querida Gala. Las vidas ocultas de Gala Dalí, Travesías por la incertidumbre,  Remedios Varo y  Maruja Mallo. En Ediciones Siruela ha publicado Tristísimo Warhol, El filósofo y otros relatos sin personajes y Contra el mapa.

La colección Biblioteca Azul Mínima fue creada en 2003 y dirigida desde sus inicios por el catedrático de Historia del Arte y ensayista Juan Antonio Ramírez. Hasta el momento se han publicado 27 títulos. Puedes encontrar más información en www.siruela.com

SÁNCHEZ VIDAL, MICOLAU, MELERO, D. SMALL Y PRAU, HOY EN 'BORRADORES'

SÁNCHEZ VIDAL, MICOLAU, MELERO, D. SMALL Y PRAU, HOY EN 'BORRADORES'

Actuación musical: Prau, banda de rock en aragonés

Plató: Agustín Sánchez Vidal e Ignacio Micolau

Reportajes: José Luis Melero, bibliófilo y escritor; Lorena Domingo, pintora.

Secciones: Los elegidos de Borradores

 [En la foto, José Luis Melero en Albarracín. Autor de 'La vida de los libros'. Hoy vemos en 'Borradores' una parte de su biblioteca casi infinita. Más de 30.000 volúmenes]

El programa ‘Borradores’ recibe esta noche, a las 0.25 horas, al escritor e investigador Agustín Sánchez Vidal, que hablará de su tercera novela, ‘Esclava de nadie’ (Espasa), donde narra la historia de Elena de Céspedes, una mujer morisca y mulata que se convertirá en hombre y en cirujano, y que se sería juzgada por la Inquisición en 1587, en uno de los primeros casos sobre la transexualidad y el hermafroditismo. El otro invitado al plató es el bibliotecario e historiador Ignacio Micolau, autor del volumen ‘Cuestiones bajoaragonesas’, donde reconstruye la historia cultural y social de Alcañiz de los últimos dos siglos. En el libro se habla de Mariano Nifo, de Clarín, de Ramón José Sender o de la ceramista Teresa Jassá, entre otros, así como de la tradición periodística de la capital del Bajo Aragón.

Además, ‘Borradores’ visita la biblioteca de José Luis Melero Rivas, escritor y bibliófilo que acaba de publicar ‘La vida de los libros’ (Xordica), una selección de artículos sobre escritores, ediciones, críticos, curiosidades, libros olvidados o raros. Melero habla de cómo es su biblioteca, de la encuadernación, de las dedicatorias, de primeras ediciones y confiesa algunas de sus pasiones: el fútbol, las bellas artes o la jota. La joven pintora Lorena Domingo, que expone estos días en Ibercaja-Patio de la Infanta, aborda la clave de sus obras, que recogen el influjo del expresionismo norteamericano y a la par acusan la huella de la pintura de Pablo Picasso, especialmente en todo lo relacionado con los payasos, los arlequines o el mundo del circo.

[Ignacio Micolau hablará hoy de Ramón José Sender y de su libro 'Crónica del alba' y de un poema que publicó en Alcañiz a los 17 años]

El programa se completa con la sección ‘Los elegidos de Borradores’, donde se recomiendan la antología ‘Avanti’, publicada por Olifante; la novela ganadora del XL premio de novela Ciudad de Barbastro, ‘Tal vez la lluvia’ (DVD) de Juan Carlos Méndez Guédez, el cómic ‘Stitcher’ de David Small, y el libro ‘Un siglo de copla’ de Manuel Francisco Reina, que incorpora una película de Emilio Ruiz Barrachina.

[La banda Prau, que toca dos temas esta noche en Borradores: 'O chilo' y 'A linia', con gaita y dulzaina.]

La actuación musical corre a cargo del grupo Prau, que canta en aragonés y publicaba en 2009 su tercer disco: ‘A fin de l’agüerro’ (El fin del otoño). Este sexteto interpreta dos temas de su característico rock sazonado con elementos célticos, no en vano usa la gaita y la dulzaina: ‘O chilo’ (El grito) y ‘A linia’ (La línea).

KATIA ACÍN: VIDA Y CREACIÓN

KATIA ACÍN: VIDA Y CREACIÓN

Y ME QUITÉ LA ESPINA

Katia Acín (1923-2004) vivió varias vidas en una sola. Y siempre, siempre, profesó la alegría, el optimismo y la curiosidad. El álbum de su existencia está marcado por un edén inicial, la muerte de sus padres (asesinados por algunos de los “buenos vecinos de Huesca”), un período oscuro donde perdió hasta su nombre, el amor y la maternidad, la pedagogía; finalmente, en un auténtico reencuentro con su padre Ramón Acín, consumó una vocación aparcada: el arte a través del dibujo y, sobre todo, del grabado, disciplinas que estudió con casi 70 años. En la última década de su existencia, estaba tan poseída por el espíritu de la creación que no tenía ni tiempo para ordenar sus bosquejos, sus pruebas, sus notas: trabajaba y trabajaba con frenesí, con intuición, como si le faltara oxígeno o le restase una tarea ingente y a contrapelo. Aún así, expuso en varias ocasiones y en particular en el año 2001 presentó en Barbastro una muestra de su obra junto a la de su padre, aquel pacifista que fue profesor de dibujo, pintor y escultor, periodista, etnógrafo y político. Entonces, Katia Acín estaba feliz, estaba impregnada de luz y de felicidad, y tenía la sensación de que el azar, al menos simbólicamente, reparaba una vieja deuda con ella y con su progenitor. El sábado, bajo un aliento poético unánime de cariño y reconocimiento, se inauguró una antológica de grabados de Katia en la Diputación oscense, coordinada por Alicia Vela y Antonia Vila: maternidades, mujeres desnudas, escenas ecuestres y de guerra, bocetos y otras sombras, piezas inspiradas en su propia invención y en sus diálogos con Matisse, Picasso, Gericault, Goya, Luis Seoane, Castelao o su padre. Katia Acín solía decir que con los ácidos, en el otoño de su existencia, se quitaba una espina clavada en el corazón y en la memoria. Y ella se asomaba a las ventanas de la calle del aire.