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Antón Castro

DE POESÍA. 3 / OCTAVIO GÓMEZ MILIÁN

DE POESÍA. 3 / OCTAVIO GÓMEZ MILIÁN

-¿Está ocurriendo algo especial con la poesía? Vuelve a leerse, se organizan recitales, ciclos poéticas, se programa en los bares, se intercala con la música…

 Yo no diría que es ahora... más bien lleva un tiempo gestándose y desarrollándose de manera clara. Yo colocaría un comienzo en el año 2005, más o menos, un lustro... la aparición de editoriales independientes, la formación de bandas de rock recitado o de poetas que recitan con música en los bares (Puritani, Donoso y los Betorringas, Experimentos in da notte, Rabanaque con los Dadá, ahora Delirium Tremens...), la mezcla de estilos, disciplinas... los primeros espectáculos de El Sótano de Dios auspiciado por La Caja Nocturna o Voces de Zeta que montaron Confesiones de Margot.Los encuentros de este Jueves poesía, con las visitas de Sofía Castañón, de Enrique Cabezón, Lucas Rodríguez, la presentación de Hank Over en el Interferencias, Mar de Dios, Candy Warhol...  Recuerdo el montaje de Jose Luis Esteban y JJGracia de No siempre fue tan feo con textos de Vilas y Miriam Reyes... la llegada de Giorno y su recital de maestro beatnik en el Páramo... los recitales de El Chorrito de Plata, con Julio de la Rosa, las bandas del spoken... todo esto lleva tiempo, creando tejido, público, promoviendo la escrictura y la edición.  

Gómez Milián retratado por Gustaff Choos.

-¿Hay o ha habido algún fenómeno específico que permite ser optimista sobre el lugar de la poesía?

 La aparición de editoriales de poesía independiente en estos últimos cinco o seis años ha sido, sin duda, un punto de inflexión. Empezando por El Chorrito de Plata, por supuesto Eclipsados, algunos títulos de Olifante, la colección Resurrección, la vuelta a la actividad de Lola Editorial... más las autoediciones, la cercanía de la gente de Logroño (sobre todo 4 de Agosto, donde publican autores aragoneses y los riojanos que publican en Aragón)... el Parque de Atracciones de Ediciones de El Imperdible.

 ¿Podría decirse que hay una revitalización, una resurrección, que la poesía es una forma nueva-antigua de transgresión y rebeldía?

 No veo tanto el papel de transgresión y de rebeldía como el de deseo de narrar, de llenar de palabras la vida, de provocar emociones... es el salto cualitativo, el escapar de las formas académicas, las ediciones de transfondo exclusivista, perversamente clásico... y saber que hay algo más, rock, cine, recitado, fotografía... siendo especias y parte del cóctel poético contemporáneo.

-Qué líneas de trabajo, qué estéticas son las dominantes ¿Cómo es el lenguaje? 

Lo junto en una sola pregunta... no hay estética dominante, desde el hermetismo más académico, la exaltación de la arquitectura de las palabras como base de la poesía hasta el realismo sucio, la revisión del beat, el postmodernismo, la hibridación, la poesía de la experiencia...la desfachatez del que se forma leyendo a sus contemporáneos o buscando una métrica y un ritmo más inspirado en la matemática del pop que en las formas clásicas...

¿Han sido, están siendo importantes los premios?

Bueno... todo depende. Pero siempre están bien. Aunque son eso, premios.

-Autores, libros de referencia, maestros.

Me gusta pensar que en este movimiento poético actual  hay una característica que lo hace coherente y auténtico...no existe la ansiedad por la destrucción sistemática de los mayores...todo lo contrario, se les admira, relee y comparte mesa y mantel con ellos. Eso da una solidez muy grande... y crea una atmósfera perfecta para el renacimiento de la poesía. Aquí ya juego en la respuesta a título personal: En Aragón, Manuel Vilas, Ángel Guinda, Sergio Algora, Dolan Mor y Manuel Forega. En España: Pablo García Casado, Luis Alberto de Cuenca, Leopoldo María Panero... y los contemporáneos, de los que hay que alimentarse también: Enrique Cabezón, Vicente Muñoz, Lucas Rodríguez, Elena Medel, Sofía Castañón, Miriam Reyes, Mercedes Cebrián...  

Ángel Guinda, Manuel Vilas, Octavio Gómez, Jesús Jiménez y Sergio Algora.

-¿Cuáles han sido los dos o tres libros importantes del último lustro? 

Fundido en negro de Jesús Jiménez...porque es un libro que te golpea fuerte. Abierto, moderno, trabaja todas las influencias posibles, desde lo más culto hasta lo más cotidiano, el cine, la música y a pesar de mezclar y revisar casi de manera agotadora ciudades, culturas, movimientos... es extremadamente coherente, personal y tiene un poso de obra conceptual que quita la respiración.

 

Resurrección de Manuel Vilas: el estallido, la marejada... parte de la trilogía básica que comienza con El Cielo y termina con Calor, pero la segunda parte, como casi siempre en las trilogías es la mejor. Zaragoza desde una perspectiva delirante, el narrador que se mueve y desenfoca a conciencia hasta que no sabes quién habla, quién lee, quién escribe, postmodernidad, la hibridación, el ritmo salvaje...  

Ademenos de Manuel Martínez Forega: podría hablar de Ángel Guinda también, pero este libro de Forega es, en mi opinión, muy importante... es un libro abierto, emocional y sensible, de línea clara, poderoso en los ritmos... un libro para el ayer, para el hoy y para el mañana. Poemas contundentes sin un ápice de autocomplacencia, se nota en la lectura el poder y la capacidad de manejo del lenguaje del autor pero también se percibe que no hace ostentación del mismo. Y eso, en los tiempos que corren, se agradece. La belleza está en otros sitios.

*La foto de Octavio Gómez Milián la he tomado de zaragózame.

LA AGENCIA MAGNUM Y ARAGÓN

LA AGENCIA MAGNUM Y ARAGÓN

Días atrás se supo que Michael Dell, magnate de la informática, había adquirido los fondos de la agencia fotográfica Magnum, que constan de 200.000 originales o copias de época de 80 de los grandes fotógrafos de los siglos XX y XXI. Magnum fue fundada en 1947 por Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, George Rodger, David ‘Chim’ Seymour y William Vandiver, y ha ido incorporando maestros desde entonces: Elliott Erwitt, Eve Arnold, Bruce Davidson, Rene Burri, el recientemente fallecido Dennis Stock, James Natchwey, Sebastiao Salgado o, entre otros, Fernando Scianna, un enamorado de Aragón. Hace poco tiempo se incorporaba Cristina García Rodero. Magnum contaba con cuatro sedes, Nueva York, París, Londres y Tokio, y ahora los fondos se trasladarán al Ransom Center de Austin, la capital cultural de Texas. Allí se conservará un patrimonio asegurado en 70 millones de euros.

Una foto de Capa en Teruel.

Esa colección contiene retratos, reportajes, testimonios de distintas guerras, un copioso material que resume, desde “la excelencia fotográfica”, los grandes acontecimientos de los últimos 80 años. Y Aragón está presente con alrededor de 250 fotografías cuando menos. La Guerra Civil española está representada en dos fotógrafos de leyenda: André Friedman, alias Robert Capa, y Gerda Taro. Ella estuvo en Huesca en agosto y septiembre de 1936, y fallecería poco después arrollada por un tanque en Brunete. Capa (1913-1954) lo captó casi todo desde sus inicios: estuvo en el frente de Huesca, en Siétamo y Montearagón, tomó algunas espectaculares instantáneas de la batalla de Teruel y finalmente registró la batalla del Ebro y la contienda feroz en Fraga. Sus fotos de Teruel, con la ciudad nevada, con el tránsito de los tanques, con el soldado acribillado en un árbol mientras colocaba las líneas telefónicas o la demolición del viaducto siguen conmoviendo. A veces, da la sensación de que el mundo de Capa es inagotable. En Magnum, además, se muestran muchos retratos que le hizo a Ernst Hemingway en la ciudad mudéjar: comiendo, bebiendo, entre la multitud, escribiendo, mirando mapas en el hotel o posando con Enrique Líster.

Henri Cartier-Bresson estuvo en Aragón en varios momentos: en 1953 realizó un viaje por España y realizó instantáneas en Ariza, una del casco urbano y otra de un pastor, y en Ateca, una de paisaje y una estampa popular de mujeres que cosen y hablan en compañía de un guardia civil que domina el primer plano. Diez años después, Cartier-Bresson regresó a España y captó algunos paisajes fronterizos de Soria y Zaragoza. En 1993, Ibercaja presentó una exposición suya de dibujo y fotografía. Entonces, sigiloso y enigmático, había abandonado la disciplina que le había hecho famoso; no así su esposa Martine Franck, que realizó al menos dos tomas que figuran en los archivos de Magnum: una de un restaurante que parece Casa Lac y otra de Jean Leymarie, el historiador de arte francés que pasea de noche por la ciudad.

En los años 60, Aragón fue visitado al menos por otros dos fotógrafos de Magnum: un jovencísimo Philip Jones Griffiths, que sitúa una foto de una joven en Zaragoza, y Guy le Querrec, que realizó espléndidos retratos de niños en Villarroya de los Pinares (Teruel), y otras instantáneas de reportaje social en Benabarre (1966) y Molina Aragón es Guadalajara, pero lo había puesto por vecindad (1966), centradas en los oficios. Casi veinte años después, en 1982, Jean Gaumy vino a Zaragoza para captar el centenario de la Academia General Militar de Zaragoza, y realizó un exhaustivo reportaje con el Rey Juan Carlos, y captó también a Felipe González en un mitin.

Más tarde, hacia 1985, el fotógrafo siciliano Ferdinando Scianna vino a Belchite en compañía del escritor Leonardo Sciascia. Allí tomó numerosas fotos en blanco y negro y en color, y juntos, Sciascia y Scianna firmaron un libro: ‘Horas de España’ (Tusquets). Diría el fotógrafo: “Belchite me impresionó muchísimo. Es como una Pompeya de la locura, de la tragedia europea. Es un raro monumento de lo que pasó y un escenario de una belleza trágica, tamizada por la rosada luz del día. Leonardo Sciascia caminaba entre las ruinas y yo tenía la sensación de que el peso de la historia se le grababa dentro”. Volvió varias veces, a Zaragoza y a Huesca, y realizó fotos de romerías, de ancianos bailando, de escritores, y todo ello figura en el archivo. Ian Berry también ha visitado Aragón y ha captado los alrededores de Jaca, el embalse de Yesa o el casco urbano de Aranda de Moncayo en 2007, y Carl de Kreyzer, a finales de los 90, firmó una serie de fiestas y ciudades.

FOTOS DE ÁLVARO HERNÁNDEZ

FOTOS DE ÁLVARO HERNÁNDEZ

Esta mañana recibí un correo del fotógrafo zaragozano Álvaro Hernández, cuya página es esta: http://www.flickr.com/photos/alvaristico. Me puse en contacto con él y me ha contestado a estas preguntas sencillas.

 

¿De dónde sale el fotógrafo Álvaro Hernández?

Nací en Zaragoza en 1980, soy licenciado en Derecho y actualmente trabajo en la Universidad de Zaragoza como gestor de valorización de resultados de investigación en la  OTRI de la UZ.


¿Desde cuándo te interesa la fotografía?

Siempre me ha llamado mucho la atención el mundo de la fotografía pero no es hasta el Verano de 2008 cuando me hago con mi primera reflex en un viaje por los EEUU (me la compro en San Francisco). A partir de ahí, es toda una locura; la afición se vuelve pasión y la pasión en obsesión por la belleza. A mi vuelta de ese verano comienzo a estudiar en la escuela Spectrum Sotos donde a fecha de hoy estoy terminando el curso superior de fotografía. A la par he ido haciendo diversos talleres, con Rafael Navarro de desnudos y con Juan Moreno de moda; a éste último fotógrafo tuve el placer de asistirle en un par de ocasiones. 

¿Qué estás haciendo ahora?

En estos momentos estoy dedicando todo mi tiempo disponible a la fotografía y esto fue lo que me impulsó a escribir a grandes fotógrafos para ofrecerles mis servicios como asistente. Me interesé por Richard Warren, le escribí, hable con el él y aceptó que fuera. eso sí, me dijo que igual no tenía un montón de trabajo... Al final de los 30 días que estuve sólo tuve 3 días libres, ¿no es genial? Asistir a Richard Warren ha sido una experiencia inolvidable y es que éste fue uno de los asistentes de Helmut Newton, grandísima inspiración para mí en estos momentos. Considero que fui un privilegiado al ver en la fotografía de Richard como trabaja Hetmut, sus técnicas de iluminación...
Este fotógrafo me brindó la oportunidad de asistir a Francis Hills, renombrado fotógrafo de moda y celebrities en Nueva York con el que pase muchos días también. Durante el poco tiempo que tenía libre estuve apuntado en estudios de iluminación en la ICP (Internacional Center of Photography) y de ahí también tuve la oportunidad de asistir a Noel Spirandelli. Menudo Verano; tampoco me olvido de las colaboraciones con Tat Leong, Monica Stevenson y Borys Makary.

Una foto de Richard Warren, al que alude Álvaro Hernández.

Hablemos de estilos, de estéticas, de maestras, de líneas de trabajo…

Aunque de momento considero que todavía no tengo un estilo definido  (estoy en plena búsqueda), me interesa retratar a personas y además siento debilidad por el blanco y negro. Veo muchas posibilidades en la fotografía de moda y belleza. ¿Mis referencias de fotógrafos? Helmut Newton al que adoro, Eugenio Recuenco, Steven Meisel, Javier Vallhonrat, Tim Walker, Alberto García Alix, Richard Warren, Steven Klein, Mert Alas y Marcus Piggot, Federico Erra, Rodney Smith....y muchos más.

 Tus fotos son muy elaboradas, de puesta en escena. Trabajas con mucha gente: estilistas, maquilladores, figurinistas…

Considero muy importante contar con un equipo de gente motivada y con ganas de expresarse, por eso intento rodearme constantemente de este tipo de personas.

Tengo debilidad por la belleza, modelos del este de Europa, creo que por la influencia que tuvo en mi vida vivir 3 años en Lituania donde trabaje como becario en asuntos culturales en nuestra embajada y donde tenía un grupo de flamenco (pero vamos eso es capítulo aparte; recuerdo que Pilar Palomero me ofreció ir a al programa ‘Borradores’ de Aragón Televisión para contar mi experiencia como músico en el extranjero). Ahora estoy tocando a veces con Nicolás Cassinelli. Y es que siempre he sentido el deseo de expresarme de alguna manera, ya sea tocando un instrumento o ahora haciendo fotos. Es lo que me empuja a seguir y seguir y además nunca poniéndome límites.

¿En qué proyectos concretos trabajas ahora?

Comienzo a retratar a actores y actrices en Madrid como: Michelle Jenner, Juan José Ballesta, Irene Escolar, Carla Nieto, Martín Rivas, Armando del Río… Próximamente retrataré a Ana de Armas y Rodolfo Sancho. Estuve también en Madrid la semana pasada haciendo unas fotos para la Rolling Stone de marzo, para la sección “In the studio” fotografiando al grupo Sidecars y a Leiva, de Pereza.

Por último, también te cuento que estoy abriendo un estudio por Miralbueno como vehículo de pruebas; de momento no vivo ni por asomo de la fotografía ni tampoco busco trabajos por el mero hecho de cobrar, esto es lo que por ahora me da libertad para hacer la fotografía que yo quiero. Aunque si vienen, bienvenidos sean... Creo el salario de los últimos 18 meses ha ido íntegramente para esta gran pasión. Estoy intentando tomarme las cosas con calma ya que llevo este mundillo muy poco tiempo pero es que no sé decir que no frente a las oportunidades que se me brindan. Eso sí, no estoy satisfecho con las fotografías que estoy realizando, ni siquiera me acerco a lo que estoy buscando. Soy consciente que es un trabajo de años y de momento no soy más que un fotógrafo amateur.

LALO CRUCES EN IBERCAJA-ACTUR

Recibo esta nota de Eduardo ‘Lalo’ Cruces, pintor, dibujante e interiorista, vinculado al grupo Voyeur. Durante sus conciertos suele pintar un cuadro. En ‘Borradores’ pintó uno de Bob Dylan. Y también ilustró, con una pintura sobre madera, una de las portadas de 'Artes & Letras'. Este retrato de Audrey Hepburn es de las piezas que presenta en la muestra.

 

Ibercaja Actur le invita a la inauguración de la exposición Cocktail del pintor Lalo Cruces, que tendrá lugar el martes  23 de febrero a las 19.30 horas. 

 

ESCRIBE LALO CRUCES

 

Antes que con la palabra, siempre he preferido hablar con la pintura.

 

Quiero agradecer a todas las personas que me han estado apoyando durante todo el 2009, año de mis primeras experiencias como pintor.

Siempre he considerado la pintura como una forma de expresión, una forma de liberación, sin reglas, sin pautas, sin horas, minutos ni segundos.

No he pretendido nunca marcarme un estilo propio ni extremadamente definido que me lleve a las mismas técnicas o a seguir unas pautas establecidas, por ello soy un seguidor incondicional del trabajo autodidacta.

«Cocktail» de ideas, colores, texturas, técnicas e imágenes que surgen en mi cabeza cuando conduzco, cuando duermo, cuando trabajo, cuando subo al escenario, cuando salgo de marcha o simplemente… cuando lo pienso.

 

El desarrollo y el trabajo de los últimos meses me está ayudando a integrar mis propias obras en mis proyectos de interiorismo e incluso a plantear espacios, texturas o volúmenes que antes ni siquiera me planteaba.

 

Espero que disfrutéis de la exposición y que este «cocktail» que os sirvo… os emborrache y embriague hasta caer rendidos.

 

Lalo Cruces

BRUNO & GAMBA EN LA CAMPANA

BRUNO & GAMBA EN LA CAMPANA

DOS JUGLARES DEL SIGLO XXI

 

EL VIAJE DE LOS TAMBORES, música y humor

 

El cómico Juan Gamba y el músico Bruno Gullo se han unido para formar el dúo Ñaque de Bruno y Gamba. Juntos ponen en escena el relato Los Tambores, del polaco Reiner Zimnik, en una versión irreverente, cómica, musical y frenética. En este tiempo de fronteras, pasaportes y migraciones, he aquí la aventura de un grupo de hombres que atraídos por el retumbar de los Tambores se unen para emprender un viaje fantástico en busca de la tierra soñada.

 

Podremos verles próximamente en Zaragoza en La Campana de los Perdidos, c/ Prudencio 7, el Jueves 25 y el Viernes 26 de Febrero a las  22:00. http://www.campanadelosperdidos.com/

 

Juan Gamba es narrador y clown y con sus espectáculos ha actuado por toda la geografía española, habiendo sido invitado a numerosos festivales tanto nacionales como en Argentina, Brasil y México. Su fusión de humor y cuentos empezó en 2003 con su otro dúo Gamba & Ginny.

 

Bruno Gullo es un músico y trovador romano, líder de la banda de fusión La Malarrazza, que ganó el premio Injuve 2008 y el Fundación Canal 2009. En solitario ha girado con sus espectáculos Mambo Italiano e Historias de un juglar, habiendo estado invitado en el encuentro de Juglares de Cáceres.

 

Juntos cuentan y cantan en un show con un ritmo imparable, fusionando teatro gestual con monólogo, música con poesía; a través de un viaje lleno de ironía actual y humor sorprendente, con una propuesta escénica que mantiene al espectador cautivo y cautivado.

*Esta foto de Bruno y Juan Gamba está tomada de http://abilleira.blogspot.com/2009/11/el-viaje-de-los-tambores.html

 

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL ESCRIBE DE ELEN@A DE CÉSPEDES, CIRUJANA

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL ESCRIBE DE ELEN@A DE CÉSPEDES, CIRUJANA

Agustín Sánchez Vidal presentaba ayer en Madrid, y hoy lo hace en Zaragoza, su nueva novela: ‘Esclava de nadie’, sobre Elena de Céspedes, una mujer que se casó como mujer, combatió en la batalla de las Alpujarras, amó como hombre, contrajo nupcias de nuevo, aprendió el arte de la cirugía y finalmente fue objeto de un proceso inquisitorial en 1587. La novela ha sido publicada por Espasa.

 

¿Quién fue Elena / Eleno de Céspedes? Haznos un retrato de aproximación y vincula un poco la ficción con la realidad

Se trata de un personaje real. Hermafrodita, por más señas. Y uno de los casos más extraordinarios de coraje en nuestra historia. Alguien que nace esclava, mulata, en un entorno morisco, pobre de solemnidad. Que se casa como mujer y tiene un hijo, para luego participar como hombre en la guerra de las Alpujarras. Y termina contrayendo matrimonio con una mujer y siendo cirujano, con dos títulos. El primer caso que se conoce en todo el mundo de alguien que lo lograse teniendo el sexo femenino, porque el oficio estaba prohibido a las mujeres.

¿Qué te atrapó de un personaje así, tan infrecuente en su época, hermafrodita?

Por supuesto el hermafroditismo es esencial, porque lo singulariza ya de un plumazo. También su nacimiento en esclavitud, un tema muy poco tratado en nuestro país. Pero hubo una razón añadida: que el lector actual podía seguir la historia con naturalidad, sin que las truculencias del caso tapasen a la persona. Si hubiera nacido ahora, en Alhama de Granada, Céspedes no tendría ningún problema: habría podido someterse a una operación de cambio de sexo por la Seguridad Social, alistarse en el ejército y, por supuesto, ejercer la cirugía.

Como curiosidad: la acción se desarrolla en el contexto del conflicto entre cristianos y moriscos, y el libro aparece cuando se cumplen 400 años de la expulsión de los moriscos. ¿Hay alguna relación, ha sido casualidad?

Los moriscos están en la novela porque condicionan en todo momento la vida real de Céspedes: crece en ese ambiente, la encarcelan porque la toman por uno de ellos y los combate durante tres años para que no la confundan más con los perdedores.

¿Qué novela querías escribir exactamente porque tiene la estructura de un biopic con las elipsis muy bien elegidas y bien distribuidas: aprendizaje y educación sentimental, casamiento, aventura, identidad, guerra, proceso…?

Al estar narrada desde la doble perspectiva de un proceso judicial y la memoria de Céspedes, puedes detenerte en su vida de una forma selectiva, y eso es muy eficaz para que la acción no se estanque. Además, llevó una vida tan ajetreada que contarla toda habría dado para el doble o triple de páginas. Y yo quería algo sintético, intenso, con mucho nervio.

También podría decirse que es, ante todo, una novela sobre la identidad sexual…

Sin duda. Era una cuestión muy debatida entonces, cuando uno de los discípulos del anatomista Vesalio reivindicaba el descubrimiento del clítoris. Y sigue siéndolo ahora, cuando la transexualidad está a la orden del día, en los titulares de los medios de comunicación.

En la novela no dejan de pasar cosas. ¿Cómo te has planteado el ritmo del libro?

Cada momento tiene su propio ritmo. No puedes contar del mismo modo una guerra que el aprendizaje del oficio de cirujano. Pero he pretendido que fuera ascendente, a partir de los sucesos que van marcando al personaje protagonista. De modo que culmina en un proceso judicial en el que lo tiene todo tan en contra que será un milagro que pueda salir con vida. En realidad, fue lo que pasó.

¿Era tan importante el arte de la costura en la época?

Sí, para una mujer que pretendía vivir de su trabajo con cierto grado de emancipación. La costura era de los pocos dignos que estaban a su alcance. Además, la destreza que adquiere Céspedes como tejedora, calcetera y sastre es fundamental para su desempeño como cirujano. Al parecer, era un cirujano excepcional.

Uno de los capítulos más reveladores del libro es la historia de amor con Ana de Albánchez… Ahí, ya se ve claramente que Elena pasa a ser Eleno…

Ana de Albánchez es algo deslumbrante en su vida. Todavía en el proceso judicial se transmite ese fogonazo. Incluso estando en la sala de audiencias de una cárcel, ante un tribunal inquisitorial, se deduce esa fascinación. Es el deseo en estado puro, la potencia de la sexualidad femenina en todo su esplendor, una fuerza desatada de la Naturaleza.

Nunca había habido tanta descripción sexual en tus libros. ¿Cómo has afrontado el erotismo, el sexo explícito, incluso tan explícito como luego se narra en el juicio?

La clave de todo el juicio y del personaje es el sexo. O coges ese toro por los cuernos, o no hay historia ni protagonista. Cerca de la mitad del proceso --es decir, unos trescientos y pico folios-- hablan una y otra vez del sexo. Y de forma muy pormenorizada, con los detalles más escabrosos.

El otro gran personaje del libro es María del Caño…

Cuando decide casarse con Eleno de Céspedes, María demuestra una determinación y valentía admirables. Tiene poco más de veinte años, es una chica de pueblo y se ve envuelta en turbulencias que habrían echado atrás a la más templada. A mí me parece conmovedor que se comportara como lo hizo, sabiendo que podía acabar en la hoguera por apoyar en todo momento a su marido.

¿Cómo valoras el capítulo de la guerra de las Alpujarras, cómo cambia al héroe? Ahí juegas con el mito de la doncella guerrera.

La guerra contra los moriscos fue una de las más feroces y terribles de este país, quizá sólo superada por la de la Independencia y nuestra última guerra civil. Y el travestismo femenino en los ejércitos europeos, de esa época te deja pasmado. Por aquel entonces se ingresaba en la vida adulta mucho antes que ahora. Se alistaban con 16 y hasta con 14 años. Y muchas mujeres se camuflaban entre estos adolescentes barbilampiños.

¿Ocurrió así la transformación del ex soldado que acaba siendo un gran cirujano? ¿Se parece esa parte tan importante, la relación con León y Francisco Díaz, a  la realidad?

Esa relación y aprendizaje se zanja en las declaraciones de Céspedes con un par de líneas. Ni siquiera dice el nombre del cirujano, sólo insiste en que era de Valencia. Está claro que trataba de encubrirlo. Lo que he hecho ha sido estudiar el perfil personal y profesional de docenas de cirujanos y reconstruirlo del modo más verosímil.

Esa parte, tan decisiva para la historia, supone la reivindicación del humanismo, los ecos del erasmismo…

El humanismo es la espina dorsal de la cultura europea, el momento en que se propone que el destino de cada cual está en sus propias manos, y no en otras ajenas, por muy Altas que se pretendan. Ahí no caben ambigüedades, ni invocar instancias superiores, ya sean dioses, el Estado, el Proletariado o el Mercado.

La novela es un gran flash back, desde la cárcel, en vísperas del gran juicio. En ese instante la novela parece recomenzar de nuevo con una gran fuerza. ¿Te lo habías planteado así, como un recurso, como un nuevo impulso a la trama?

Absolutamente. Esa era la idea. Si la última parte no arrancaba y remataba bien, la narración se habría quedado coja. Es una de las cuestiones que te quitan el sueño: cómo contar las cosas del modo más eficiente y enriquecedor. Lo demás me parece secundario.

Se cita varias veces el ‘Discurso de la dignidad’ de Pico Della Mirandola. ¿La palabra clave de la novela es esa: una defensa de la dignidad?

Sí, y también de la libertad, porque Céspedes nace esclava e hija de esclava. En esa cita de Pico della Mirandola está seguramente la quintaesencia de esta historia: la dignidad humana entendida como la asunción de una identidad propia, a partir de las decisiones individuales.

Esta es tu tercera novela, quizá la más fluida, la más contenida también. ¿Cómo ves tu propia evolución?

Soy consciente de que estoy aprendiendo el oficio. Todavía me siento muy torpe. Miro hacia atrás y lo que veo son fallos, mucho más que logros. Tengo un montón de historias en el telar, bastante más de las que lograré escribir. Cada una plantea sus propios desafíos, y hay algunas que aún no estoy en condiciones de sacarlas adelante. Pero otras espero que sí.

La novela también tiende puentes con la actualidad a través de aspectos como la libertad, la identidad y el cambio de sexo. ¿Cuál sería ese mensaje, qué nos quieres decir, qué quieres reivindicar?

Lo que cuento es real, tiene mucha mayor autoridad de la que yo pueda pretender. Sencillamente, muestro cómo en pleno siglo XVI, alguien muy en su sano juicio, una persona perfectamente productiva, estaba reivindicando algo que hemos tardado cuatrocientos años en asumir con naturalidad: que se puede ser mujer, nacer esclava, y mulata, y ser tan profesional como el mejor cirujano del momento. ¿Necesitamos esperar otros cuatro siglos para proceder en consecuencia con otra serie de reivindicaciones similares?

¿Te ha supuesto muchos viajes, investigación, proceso de escritura? Nos interesa cualquier detalle que te parezca curioso...

Tenía ganas de escribir sobre un caso verídico para tantear algo que hace tiempo barruntaba. Tanto si escribes sobre algo real como si se trata de ficciones, es esencial dosificar la documentación. En el momento en que estés en condiciones de asumir las sensaciones y ambientes a través de la piel de tus personajes, debes echar a andar y primar la lógica narrativa y el ritmo sobre cualquier otra consideración.

 

CHRISTOPHER HITCHENS EN DEBATE

CHRISTOPHER HITCHENS EN DEBATE

El escritor y traductor Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) acaba de publicar en Debate la traducción de ‘Amor, pobreza y guerra’ de Christopher Hitchens, un trabajo en el que ha empleado un verano completo al menos. En su blog, Danielgascon.blogia.com publica este artículo sobre el escritor, su mundo, este proyecto y la experiencia de la versión. Christopher Hitchens podría definirse ahora como un heredero de George Orwell. Es un artículo largo, pero realmente jugoso.

 

AMOR, POBREZA Y GUERRA

La vida, la obra y el pensamiento de Christopher Hitchens

Por Daniel GASCÓN

El primer libro de Christopher Hitchens que leí es Cartas a un joven disidente (Anagrama, 2003), por recomendación de Félix Romeo. Creo que es un libro que no tuvo el éxito que merecía; todavía lo releo de vez en cuando porque está lleno de anécdotas y frases estupendas, y algunas cosas todavía más importantes, como su defensa de la libertad, su reconocimiento de que a veces uno puede encontrarse defendiendo una posición con alguien con quien tiene desacuerdos fundamentales (y que eso no debería echarnos para atrás), el principio de que no hay que perdonar u ocultar los errores de los de “tu bando” para no “ayudar al adversario”, la recomendación de que es más importante cómo se piensa que lo que se piensa exactamente, o la afirmación de que hay algo saludable y revitalizador en leer el periódico y sentir indignación y polemizar.

Después leí La victoria de Orwell (Emecé, 2003), un estupendo ensayo que reivindica la importancia del autor de 1984 por reconocer a tres enemigos fundamentales –el imperialismo, el fascismo y el comunismo-; estudia y rebate las críticas que se le han hecho desde la izquierda, la derecha y la escuela posmoderna; y también refuta las calumnias que vierten sobre Orwell quienes nunca le han perdonado que enseñara la mentira brutal y repugnante del estalinismo.

Hasta entonces el nombre de Hitchens me sonaba por algunas de sus apariciones en Experiencia, de su amigo Martin Amis: allí se cuenta una virulenta discusión sobre Israel con Saul Bellow; en Koba el Temible (por entonces aún no lo había leído: salió en castellano poco después) Amis polemiza con Hitchens. En ese momento, Hitchens era un crítico literario y periodista de izquierdas que se había sentido asqueado por un sector progresista que buscaba la explicación los ataques del 11 de septiembre en la política estadounidense y los “agravios” sufridos por el “mundo islámico”: como si Bin Laden, su grupo de asesinos y su ideología retrógrada representaran, de un modo algo brutal, a la justicia internacional ignorada. En las atrocidades de Nueva York, Washington y Pensilvania y la ideología de muerte y estupidez que había detrás, Hitchens –que ya había defendido robustamente a Salman Rushdie frente a la fetua de Jomeini y las voces de los intelectuales occidentales que pedían “respeto” para las religiones, al igual que a los musulmanes de Bosnia- vio a un enemigo esencial, y eso también le valió su excomunión de la izquierda oficial. Su apoyo a la invasión de Afganistán e Irak lo hicieron aún más polémico.

Fue un descubrimiento, que también me ha llevado a escritores que citaba y a otros libros suyos, como el estupendo Unaknowledged Legislation, sobre los escritores y la política; como Blood, Class and Empire, sobre la relación entre Gran Bretaña (su país de origen) y Estados Unidos (su país de adopción); The Missionary Position, su formidable ataque a la madre Teresa de Calcuta (que no tuvo reparos en aceptar el dinero que Duvalier había robado a los pobres de Haití); o Dios no es bueno (Debate, 2008), una acusación al veneno de las religiones, llena de erudición, indignación e ironía, y la antología de pensadores ateos y anteístas Dios no existe (Debate, 2009), que también puede leerse como una historia de los escritores de la libertad.

Hitchens, que Forbes clasificó en 2009 como uno de los 25 liberales (en el sentido anglosajón) más importantes de Estados Unidos, y al que Foreign Policy y Prospect situaron como número 5 de los 100 intelectuales públicos más importantes del mundo, estudió en Oxford, fue inicialmente trotskista, se define como un “radical”, no como un liberal . Sus visitas a Cuba o Polonia le hicieron desconfiar de las revoluciones y los regímenes socialistas, y le mostraron que muchos de sus principios más queridos solo tienen sitio en una democracia liberal. El disidente polaco Adam Michnik se lo explicó así: “La gran lucha para nosotros es que el ciudadano deje de ser propiedad del estado”. Se oponía al comunismo, pero también tomó parte en muchas batallas de la izquierda, desde Palestina –colaboró con el fatuo Edward Said, de quien luego se distanció- a Vietnam, y se relacionó con la oposición a la dictadura de Pinochet en Chile, o de la dictadura militar argentina (era amigo del periodista secuestrado Jacobo Timerman).

Así posó este chico malo para 'Vanity Fair'.

Hitchens es famoso por sus violentos ataques: a Kissinger, a los Clinton, a Michael Moore o Teresa de Calcuta. Cuando escribió Dios no es bueno, The Guardian dijo: por fin ha encontrado un enemigo a su altura: Dios. Pero también ha dedicado hermosos textos a personas que han defendido la libertad, la razón y la justicia aunque eso también los haya condenado al ostracismo; gente que, por usar una frase de Félix Romeo, “se ha atrevido a estar sola” y defender sus principios aunque sean impopulares: un ejemplo sería George Orwell, pero también Spinoza o Tom Paine, el inglés panfletista en la Revolución americana (donde algunos les parecía demasiado radical), que también participó en la Revolución francesa (donde fue encarcelado por moderado), que escribió los Derechos del Hombre y a cuyo entierro solo acudió media docena de personas. En nuestra época, ha sido un firme defensor de Ayaan Hirsi Ali, una mujer amenazada de muerte por el fascismo islámico, que resulta tremendamente incómoda para ciertos sectores biempensantes (cuando mataron a Theo Van Gogh, El País dijo que el cineasta era un “provocador”; por no hablar de los problemas con el visado de Hirsi Ali o de los vecinos que le pidieron que se marchara de casa...). Paine, Orwell o Thomas Jefferson, “autor de América”, son referentes esenciales para Hitchens, como parte de Marx, Stuart Mill o Victor Serge, o como Auden, Philip Larkin, Anthony Powell u Oscar Wilde.

He tenido mucha suerte: gracias a internet, he podido leer sus artículos cada semana, en Slate, y cada mes en The Atlantic y Vanity Fair, entre otras publicaciones. A veces, he traducido algunos. He podido ver intervenciones de sus debates en Youtube. Lo he visto analizar los acontecimientos de la actualidad: desde la guerra de Irak -que apoyó- a la candidatura de Obama -que defendió- o la denuncia de las torturas en Guantánamo, hasta la matanza de unos cerdos en el Cairo; el uso de la expresión “o sea”, una crítica durísima a Gore Vidal o una lectura de Larrson. Muchas veces, cuando ocurre algo, me pregunto qué pensará Hitchens: no siempre estoy de acuerdo, pero su visión siempre me resulta interesante e iluminadora.

En otros lugares –especialmente The Atlantic- he leído artículos suyos sobre Philip Roth, Saul Bellow, Evelyn Waugh, V. S. Naipaul, Arthur Koestler o Ian McEwan. Hitchens también es un crítico literario perspicaz, con un oído muy fino, erudición y mucho sentido del humor. Un artículo suyo sobre la crisis de los misiles empieza: “Como todo el mundo, recuerdo exactamente el día en que el presidente John Fitzgerald Kennedy estuvo a punto de matarme”. Que Dios no es bueno y Love, Poverty, and War estuvieran dedicados respectivamente a Ian McEwan y Martin Amis me gustaba. También me gustaba leer algunos perfiles, que lo mostraban con sus amigos en casa, comiendo y bebiendo, y yéndose un momento para escribir un artículo. Me dijeron que, cuando viajaba con sus editores, tenían que turnarse por horas, porque les resultaba imposible resistir el ritmo de su ingesta de alcohol.

Y también he tenido suerte por poder traducir este verano Amor, pobreza y guerra, que acaba de salir en Debate. Es uno de los libros más importantes de Hitchens, quizá el que mejor explica sus pasiones y sus facetas intelectuales. La primera parte, “Amor”, son sobre todo artículos literarios y biográficos: repasa las vidas contradictorias de Winston Churchill, que se colgó “las medallas de sus derrotas” y Rudyard Kipling, el imperialista que se pasó la vida alertando de los peligros y la inutilidad del imperio; revisa la aventurera trayectoria de Lord Byron y la biografía de Trotski, desde su trabajo periodístico a sus advertencias sobre el nazismo y Stalin, la caducidad de muchas disputas marxistas y su influencia póstuma –finalmente- en una revolución: contra el socialismo; recuerda una visita a Jorge Luis Borges y analiza con brillantez La suerte de Jim, la obra de Graham Greene y Ulises, prestando una atención especial a las relaciones del libro con la masturbación (Joyce situó la novela en la fecha en la que Nora Barnacle le hizo su primera paja; “¿Puedo besar la mano que ha escrito el Ulises?”, le preguntaron después a Joyce; “No, ha hecho muchas otras cosas”, respondió). Uno de mis capítulos preferidos es el que dedica a Noticia bomba, de Evelyn Waugh, donde recuerda sus años como corresponsal.

 

La parte de “Amor” tiene una sección titulada “Americana”, donde se incluye un reportaje sobre Sunset Boulevard (donde Hitchens viaja con Billy Wilder); un viaje por la Ruta 66 o un bello texto sobre Las aventuras de Augie March: según Hitchens, la importancia de esa novela –que marca la llegada de un grupo brillantísimo de autores judeo-americanos al mainstream de las letras estadounidenses- reside en la “eligibilidad universal”, en la promesa de que cada uno puede ser lo que quiera. El texto final, con el fondo de “Septiembre de 1939” de W. H. Auden, habla de Nueva York: tras el 11-S, Hitchens recuerda los años que vivió en la ciudad, y retrata una ciudad conmocionada.

“Pobreza” incluye algunos de sus ataques más lúcidos y feroces: critica duramente Fahrenheith 9/11 y La Pasión de Cristo y el fanatismo religioso (por ejemplo, habla de Malcolm Muggeridge, y de apariciones de vírgenes). En uno de los artículos más divertidos del libro, Hitchens cuenta cómo el Vaticano lo llamó, después de que publicara su libro, para que testificara en contra en el proceso de canonización de la madre Teresa: esa vez, Hitchens sí que fue verdaderamente “abogado del diablo”. Un texto de unas páginas contiene lo mejor de Dios no es bueno, como su defensa de una moral laica. Pero también visita el corredor de la muerte, critica las regulaciones del alcalde Bloomberg en Nueva York rompiendo leyes que prohíben fumar en restaurantes, dar de comer a los patos o atarse las zapatillas en el metro; estudia la deficiente enseñanza de historia en Estados Unidos o relata un espeluznante encuentro con David Irving (aunque defiende su derecho a publicar sus libros), además de hablar de los judíos y la historia del antisemitismo. A Hitchens le obsesiona una característica de la fama moderna: que se juzguen las acciones de una persona según su reputación, en vez de que la reputación de una persona se construya a partir de sus acciones. Pasajes sobre personajes como el dalai Lama, John Fitzgerald Kennedy, Gandhi denuncian esta práctica que vemos cada día.

La tercera parte, “Guerra”, se divide en dos secciones. En la primera, “Antes de septiembre” Hitchens visita el Kurdistán, y Montenegro poco antes de su separación de Serbia. Habla del régimen atroz de Corea del Norte, y de la corrupción abyecta de la dictadura de Cuba: son artículos que tienen años, pero desgraciadamente conservan una su actualidad. Y siempre tienen una mirada autobiográfica y datos interesantes, como la pasión cinematográfica de Kim Jong il, que llegó a secuestrar a un director y a una actriz chinos para que hicieran películas con él. El último artículo de esta sección denuncia el bombardeo ordenado por Bill Clinton de una fábrica farmacéutica en Sudán –el complejo de Al Shifa, atacado porque supuestamente producía armas químicas en un momento de bajada en las encuestas del presidente-, y de las explicaciones que dio, copiadas de la película El presidente y Miss Wade.

 

La parte final del libro, “Después de septiembre”, recoge los artículos sobre el 11-S. En ellos, Hitchens habla de la perplejidad inicial, del cambio del paisaje y de la irrupción duradera del terror. Después analiza las respuestas: desde algunos despliegues inútiles del Gobierno hasta la reacción pacífica de los neoyorquinos. Y, sobre todo, se enfrenta a quienes buscan “racionalizar” los motivos de los terroristas: aquellos que explican que un ataque diseñado para producir el mayor número de víctimas civiles posible –entre las que había miles de musulmanes- es, por supuesto, un crimen horrible, pero obedece a causas profundas, como la “humillación del mundo islámico” a manos de Occidente, la pobreza, Israel... Según Chomsky, por ejemplo, no era un crimen distinto al bombardeo de la fábrica farmacéutica en Sudán. Hitchens recuerda a Chomsky que no denunció el bombardeo con la misma vehemencia en su momento y también que gran parte de la izquierda no quería exagerar con ese asunto para no dar argumentos a la derecha, y matiza, por ejemplo, que los misiles no estaban cargados de civiles inocentes, o que el objetivo era militar.

Para él, estaban ante una ideología totalitaria (“el fascismo con rostro islámico”), y era mejor escuchar simplemente las reivindicaciones de Al Qaeda en vez de otorgarles una especie de condición justiciera: quizá fuera un buen momento para hablar de la situación de los palestinos, pero desde luego eso debía hacerse al margen de las reivindicaciones al-Qaeda. (Por otra parte, a al-Qaeda los palestinos tampoco parecían importarles mucho, salvo para legitimarse: en sus reivindicaciones en la época, pedían la retirada de tropas estadounidenses de la Península Arábiga, para luego reclamar Cachemira o Palestina... Poco después también reclamaron Al Andalus. Luego, en algún comunicado, han hablado también del cambio climático.) Dice Hitchens:

Para los sectarios de al-Qaeda, adoctrinados en el wahabismo, solo los más puros y fanáticos son dignos de consideración. Las enseñanzas y proclamaciones públicas de esta secta nos han iniciado en la idea de que los tolerantes, los de mente abierta, los apóstatas o los seguidores de distintas ramas de La Fe solo merecen matanza y desprecio. Y eso es antes de considerar siquiera a los cristianos y los judíos, por no hablar de los ateos y los laicistas. Los motivos de queja y la animosidad son anteriores a la Declaración de Balfour, no digamos la ocupación del West Bank. Son anteriores a la creación de Irak como estado. Las puertas de Viena tendrían que haber caído ante la yihad otomana antes de que cualquier bálsamo pudiera aplicarse sobre estas heridas psíquicas. Y ese es precisamente ahora nuestro problema. Los talibanes y sus sucedáneos no se contentan con empobrecer sus sociedades hasta la miseria y la servidumbre. Están condenados, y erróneamente se creen ordenados, a extender el contagio y llevar el infierno hasta los que no son virtuosos. El primer paso que debemos dar, por tanto, es la adquisición del suficiente respeto por nosotros mismos, y la confianza suficiente para decir que hemos encontrado un enemigo y no somos nosotros, sino alguien distinto. Alguien con quien la coexistencia –afortunadamente, creo yo- no es posible. (Digo “afortunadamente” porque también estoy convencido de que esa coexistencia no es deseable.)

Quizá ahora parezca evidente. Pero no lo era en ese momento, ni después: algunos explicaron el atentado del 11-M como una respuesta a la participación de España en la guerra de Irak. El atentado era terrible, injustificable, brutal, claro, pero no hay que jugar con fuego. Lo que pasa es que desde el punto de vista de los fanáticos se juega con fuego enseguida: con unas caricaturas, con una película, con un libro, con que las mujeres vayan descubiertas, con determinadas comidas, con la libertad sexual...

Lo que abominan de “Occidente”, por decirlo en una frase, no es aquello que los progresistas occidentales rechazan y no pueden defender de su propio sistema, sino lo que les gusta y deben defender: sus mujeres emancipadas, su investigación científica, su separación entre religión y estado.

“Amor, pobreza y guerra” reproduce sus polémicas con Chomsky y sus compañeros de The Nation, que abandonó poco después (y contiene un elogio al juez Baltasar Garzón, por ordenar la detención de unos miembros de al-Qaeda y de Pinochet). Incluye un artículo sobre la guerra de Afganistán, señala muchos de problemas que todavía existen en un viaje por Pakistán, donde visita Peshawar y la frontera de Cachemira; y también tiene dos textos escritos en Irak (uno durante la guerra, otro poco después). Según Hitchens, Estados Unidos y Reino Unido no deberían haber recurrido a las armas de destrucción masiva para justificar la invasión: las violaciones de los derechos humanos del régimen de Sadam Husein, el asesinato masivo de los kurdos y la persecución de los opositores habrían sido razones suficientes. Se puede pensar que la exportación de la democracia no funciona fácilmente, que la guerra fue un error, un crimen o un disparate, o que por otra parte no se hizo –ni siquiera nominalmente- por esas nobles razones, pero el relato de los desenterramientos de las víctimas, el terror del régimen de Sadam Husein y el regreso de los exiliados es verdaderamente poderoso.

Al traducir Amor, pobreza y guerra, he vuelto a pensar en algunos debates importantes, he aprendido bastantes cosas de historia, política y literatura; he descubierto novelas, ensayos y poemas, me he desesperado con alguna frase y me he reído bastantes veces. Recorrer sus páginas ha sido una hermosa experiencia, y espero que también lo sea para los lectores.

 

 

RETRATO DEL HURAÑO CELINE

RETRATO DEL HURAÑO CELINE

Hace pocos días, releí con atención el libro ‘Álbum de radiografías secretas’. Uno de los retratos más complejos y fascinantes del libro es el del escritor y médico Louis-Ferdinand Celine (1894-1961). Sender y él no se caen demasiado bien de entrada; la primera conversación que mantienen es un tanto paradójica o chocante: Celine mea y mea y habla de espaldas al escritor oscense. Sender le corresponderá en su libro, muchos años después, con un retrato espléndido que intenta explicar la atracción por el mal, sus rincones oscuros y su entrega generosa a sus pacientes.

Me ha encantado esta foto de Louis-Ferdinand Celine.