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Antón Castro

ESTHER BUBLEY: RETRATO CON MÚSICA

ESTHER BUBLEY: RETRATO CON MÚSICA

Esther Bubley (Philips, Wisconsin, 1912-1998) ha sido una personalísima fotógrafa  norteamericana a la que le interesó, sobre todo, la gente cotidiana, las pequeñas cosas de cada día. Captó como nadie la soledad, momentos íntimos como cuando se visitan las tumbas de los familiares muertos, los niños tras la sesión de natación o la penumbra de una habitación donde se besan las parejas o donde descansa, en dulce abandono, una joven hermosa. Quizá Esther Bubley sea la fotógrafa norteamericana que más se parece a la pintura de Edward Hopper; al menos en algunas tomas.

 

De ella se dice que, a diferencia de otros fotógrafos que formaron parte de la FAS (Farm Security Administration; entre ellos Walker Evans y Dorothea Lange), poseía un talante romántico, soñador y sensual. Fue capaz de captar un erotismo delicado y la separación entre roles de la sociedad norteamericana. Esta foto es probablemente de su hermana (los Bubley eran cinco hermanos, hijos de una pareja de inmigrantes judíos) en una pensión, y está realizada en 1943. Me encanta la instantánea, la atmósfera y esa radio. ¿Estará apagada o sonará una canción de amor, una melodía de jazz o un poema de Langston Hughes, por ejemplo?

DIÁLOGO CON BERNABÉ MARTÍ

DIÁLOGO CON BERNABÉ MARTÍ

Inicialmente Bernabé Martí no tenía ganas de hablar. Decía que la famosa era su mujer, que a ella sí que había que entrevistarle y que llevaba con orgullo eso de ser el señor Caballé. La entrevista se realizó en compañía de su amigo José Luis Lasala, y cuando caía la noche, Bernabé Martí salió disparado para dormir en su pueblo, su refugio a voces. Antes nos dejó sus recuerdos.

            --Nací en una familia muy humilde. Mis padres eran ya muy mayores. Tenía un hermano de padre que me llevaba 31 años. Mi padre se casó dos veces y la primera mujer se le murió a los dos años, y luego fue cuando se casó con la que era mi madre. Con mi hermana mayor, Inocencia, me llevo 24 ó 25 años. Yo era el tardano. Hay una ermita que se llama la Virgen de la Sierra, de finales del siglo XV, dicen que si fue un monasterio del camino del Santiago. Era grande, con muchas habitaciones; hubo sacerdotes y santeros que vivían allí. El santero que subía tenía ganado y administrada un poco las tierras que había, pero se trasladaba más por vocación que por enriquecerse. Mis padres, en los años de la Guerra Civil, que afortunadamente apenas llegó a Villarroya, al saber que la casa se iba a cerrar sin nadie, pensaron que no podía ser que el santuario de la Virgen de la Sierra se quedase solo. Dejamos lo poco que teníamos en el pueblo y junto con un cuñado, mi hermana, que ya tenía una hija, y mis padres nos subimos allí con un rebaño de cabras y unas ovejitas. A mí me tocó ir con las cabras los dos años que estuve allí. Contaba nueve años.

            --Ha dicho que ustedes eran los santeros. O sea, los ermitaños...

            --Sí, sí. Vivíamos allí toda la familia. Mi padre y mi cuñado subían y bajaban.Teníamos tierras pobres, campitos muy pequeños. Sembrábamos un poco de cereal, sin descuidar lo poco que había en el pueblo, mi cuñado bajaba con las mulas por un camino infernal. Recuerdo que alguna vez se nos murió una oveja y que la bajamos al hombro los catorece kilómetros que hay. Teníamos dos o tres cerdos grandes y, como allí no podíamos matarlos, los bajamos a Villarroya por el sendero cubierto de peñascos y matorrales. Salimos mi hermana y yo con los cerdos antes del alba, y los dos o tres primeros kilómetros caminaban bien, pero luego empezó a salir el sol. Nos costó bajar dos días con los cerdos a Villarroya. Los animales andaban uno, dos, tres pasos y se echaban. No había forma de obligarlos a avanzar.

            --Cuando cuenta que en la Guerra Civil no ocurrió nada, ¿qué significa eso? ¿No hubo asesinatos ni paseos ni venganzas?

            --Muy pocos porque hubo unas personas que fueron muy inteligentes y supieron poner paz. Entre ellos, el cura que está enterrado en la Virgen de la Sierra, Bienvenido Moreno. Y otras personas que eran buenas y que amortiguaron todo lo que podían. Porque, como pasó en todos los pueblos, había aquellas envidias y odios de las derechas y las izquierdas, más que nada fruto de la ignorancia.

            --Pero, ¿se daba cuenta el niño de lo que ocurría?

            --Se oían los estruendos de los cañonazos que venían de cerca o de la parte de Zaragoza. Eso era casi todo.

            --Villarroya de la Sierra es tierra de músicos. No lo digo sólo por usted, sino por don Manuel Cestero que tocaba el trombón, o por el director Ángel Millán.

            --Este Manuel, Patato lo llamamos, es cuñado mío y aún vive. Tendrá 84 u 85 años. Fue el primero que quiso que yo entrase en la academia para que aprendiese mis primeras notas de solfeo. Mis padres me compraron un saxofón, y empecé a tocar en la banda, claro, hasta los 20 años, en que me fui del pueblo. No sabe lo que nos divertíamos allí porque salíamos a los pueblos de los alrededores y casi todo lo que ganábamos lo gastábamos después en meriendas. Villarroya llegó a tener 3.000 habitantes, ahora sólo quedan 600 ó 700.  En la banda estaríamos unos cuarenta miembros o así.

            --Si uno va a Villarroya y pregunta por usted, los vecinos desovillan una atractiva leyenda: que si el joven rabadán cantaba entre los rebaños, y de repente todos se quedaban deslumbrados. ¿Es verdad?

            --No tanto. Cantábamos en la misa y el cura me decía: "Tú tienes una voz, Bernabé". Yo tenía un hermano aquí en Zaragoza, en la polícia armada. Vine aquí unos días, y no sé quién me dijo que había una señora mayor que entendía mucho de voces. Se llamaba Ascensión Vitored. Me hizo vocalizar y ahí descubrí lo que era un do de pecho. Se lo expliqué a don Bienvenido. "Ya te lo decía yoooo", contestó. Era muy baturrico. "Mira, tenemos que ir a que te oiga don Juan Azagra, el maestro de capilla del Pilar". Regresé ex profeso y me acompañó el cura. Don Juan Azagra me oyó. "Ay, tiene una gran voz, pero esta carrera es muy difícil". Estuve un año aquí en Zaragoza viviendo en casa de mi hermana e iba a estudiar todos los días con los Infanticos del Pilar y con don Juan, que me daba lecciones de solfeo.

            --Aún no ha aparecido la figura de Calixto Martínez.

            --Viene más tarde. Don Juan Azagra me dijo: "En fin, ahora de solfeo conoces bastante, tendrías que irte con un profesor bueno de canto". Me fui a Madrid. Y allí estuve dos años estudiando en el Conservatorio; volví a Zaragoza, y solicité una beca de la Diputación para ir a estudiar afuera. Aquí intervienen don Calixto Martínez y don Constancio Estéve. Los dos fueron mis segundos padres. Calixto tenía varias tiendas y Constancio pertenecía a una familia de Calatayud, que tenía fábrica de harinas y de licores, y el mismo monasterio de Piedra. Ambos fueron los que ayudaron los dos años que estuve primero en Roma, en el Conservatorio de Santa Cecilia, y luego un año y medio en Milán. En Siena vencí en un concurso y me eligieron para cantar una ópera, Hécuba, del maestro Bruno Rigazzi. Le voy a contar una anécdota pero esto no tiene gracia precisamente. A  mí me vistieron de romano con aquellas falditas cortas y la que nos dirigía la escena, Marcela Bogoni, me preguntó: "¿Llevará pantalones debajo?" "Me he olvidado", le dije con malicia. "No puede salir así..." "Ahora ya no tengo tiempo de ir a ponerme nada --contesté-- Ya ataca el maestro". "Madre mía, no se le ocurra agacharse". La estaba engañando: llevaba mis slips, naturalmente.

            --Estuvo en Roma, en Siena y en Milán. Parece que Italia es el gran mundo de la ópera. ¿Qué sensaciones experimentó en aquel mundo profesionalizado y sugerente?

            --Milán era entonces la cuna del canto en Italia. Vivir en Italia te daba la oportunidad, aunque tuvieses poco dinero, de ver alguna representación, y allí vi a Corelli, Di Stefano, Del Monaco, me parecieron semidioses. Me quedé deslumbrado por los teatros, la preparación, la orquesta, aquellos escenarios.

            Atraído por la sabiduría de Alberto Herede, se trasladó a Düsseldorf donde intervino en La vida breve, El caballero de la Rosa, Salomé. Las cosas no fueron demasiado bien, pero le dieron unas cartas de recomendación para Basilea y Bremen --entonces iniciaba su carrera una joven soprano llamaba Montserrat Caballé--, y retornó a Zaragoza desesperanzado. Volvería a Villarroya de la Sierra a cumplir su sueño infantil de vivir en el campo entre los animales y los surcos. Tiempo atrás había estado enamorado de una joven del lugar que no le hacía caso. No lo hizo: lo esperaba el Liceo y La cabeza del dragón. 

            --Esto fue después, en Barcelona. Me vine a Zaragoza y le dije a mi hermano: "Dejo la carrera de canto y me voy al pueblo". De pastor yo era el hombre más feliz del mundo. No pensé nunca irme del pueblo porque me gustaba la tierra y me sigue gustando. Don Calixto me dijo que eso no podía hacerlo. Me marché a Barcelona y efectué una audición en el Liceo y me eligieron para cantar La cabeza del dragón. La noche del estreno me aplaudieron después de la romanza. Tan nervioso estaba que dije: "No me aplaudan a mí, aplaudan ustedes al maestro". Alargué la mano como si quisiera decir: "Maestro, vamos a repetir". Tuve que hacer un bis. Ya no hice ese gesto nunca más.

            --¿Por qué tenía tanto miedo?

            --Voy a decirle una cosa: muchos años más tarde, cuanto tuvimos que suspender Norma en París con Montserrat, por primera vez fui a un especialista de tráquea, pulmones, etc. Y en cuanto me vio me dijo: "¿Cómo hace usted para cantar? Usted ha debido de tener dificultades de joven: la mitad del pulmón izquierdo la tiene toda enquistada, con una pleuritis, y no le funciona. Ha debido tener un principio de tuberculosis, pero hace mucho años. Cantar le habrá costado un tremendo esfuerzo". La belleza de mi voz, si es que tenía alguna, estaba sobre todo en el registro agudo. "Afortunadamente --me dijo el médico--, usted ha nacido con una tráquea amplia, si no usted sería asmático. No se va a morir de esto, tampoco se va a curar pero se aliviará tomando unas pastillas de Bisolvón". No descansaba nada cantando. Después de que llevaba un tiempo tomándomelas, llegué a disfrutar en la función porque podía hacer lo que sentía. Vino mi mujer aquel día al médico y nos dijo: "Para su mujer cantar es fácil porque si tiene un 90 de ventilación puede dar el 90. A usted, el 90 que tenía se le queda en un 70. Sé lo que le cuesta cantar".

            --Ya ha salido su mujer. Creo que se conocieron en La Coruña.

            --Sí, sí. Cuando yo vine después de cantar La cabeza del dragón del Liceo, estaba viviendo en casa de Miguel Fleta Pierre en Barcelona. Miguel es un hombre todo corazón y espontaneidad y conmigo se portó de maravilla. Una mañana me dijo: "Bernábe, tienes que ir a cantar Madame Butterfly a La Coruña". "¿Cómo? Si no me la sé". "Sí que te la sabes, has cantado el dúo". Cantar Madame Butterfly era una locura y yo debía sustituir al prometedor Alfonso de la Morena. Compré la partitura en la Carrera de San Jerónimo y me la fui estudiando en el tren de La  Coruña hasta las nueve de la mañana. Yo había cantado ya un Rigoletto, sin apenas ensayos ni nada, en Barcelona, en el Teatro Calderón, Montserrat me oyó porque había venido de vacaciones. Le interesó mi voz y se acordó de mí para Madame Butterfly. Se ve que estaba tan preocupado que al terminar --Madame Butterfly acaba con un beso--, ni beso ni nada. O no lo di o lo di mal. A Montserrat no le gustó. Teníamos un amigo común en Barcelona. "Ha estado la Caballé". "¿Y qué?". "Dijo de ti que tenías buena voz, pero que parecías ser un poco tímido". Me enfadé o me dio un arrebato de coraje: por tonto no quería que me tomasen. Resulta que yo ya tenía el contrato firmado para cantar un concierto en el Liceo de Madame Butterfly con Montserrat. La partitura la estudié y la aprendí en seguida, tenía facilidad. Nos salió una representación espléndida, el teatro se venía abajo. Terminó el dúo, nos abrazamos y nos arreamos un beso como Dios manda. Debió ser el destino, no sé: a los 30 ó 40 días ya salíamos y ocho meses más tarde estábamos casados.

            --¿Había dejado de ser tímido?

            --Empecé a conocer a Montserrat, empecé a tratarla, empecé a ver sus cualidades, cómo era. ¿Que qué me atrajo de ella? Vi que era una persona extraordinaria, que amaba a la familia, a sus padres, a sus hermanos, y yo pensé que si era así, también podría amar a los hijos y al marido. No me equivoqué en este sentido porque los padres siempre estuvieron viviendo con nosotros. Los suyos, los míos ya habían muerto, aunque mi madre vivió hasta los 97 años y aún me oyó cantar.

            --A partir de aquí empezó usted a cantar en todas partes: en el Carneggie Hall, en el Metropolitan, La Fenice de Venecia, el Teatro de Palermo, el Principal de Zaragoza. Conoció usted a todas las grandes artistas: Renata Tebaldi, Joan Sutherland…

            --Con ella canté Norma, tres o cuatro veces...

            --¿Y María Callas?      

            --La conocimos en Nueva York porque una noche nos llamó una señor de la casa discográfica La voz de su amo, y nos invitó a cenar. María fue muy amable y simpática, mostró una gran cariño hacia Montserrat y hacia mí. Nos dio consejos extraordinarios, no sé si ella ya conocía un poco nuestra trayectoria. Nos dijo: "Continuad como estáis. Vais bien". Ella no tuvo suerte en su vida sentimental. Volvimos a verla en París. Montserrat y yo teníamos que cantar Norma, en el Teatro de los Campos Elíseos, en una función en forma de concierto. Estando en el hotel, hacia las cinco o seis de la tarde, recibimos una llamada. "Montserrat, soy María". "¿María, María?". "Soy la Callas". "¡Oh! ¡Qué tal! ¿Qué quieres?". "He pensado que por qué no os venís a cenar en mi casa esta noche". Montserrat no conocía todavía la anulación del concierto, se había cancelado por una huelga de sindicatos. Fuimos a cenar a su casa, pero entonces ya estaba muy tocada. Eran los años 70 y se le veía una cierta tristeza porque su gran ilusión, su gran amor, había sido Onassis. Se le escapó de las manos y le quedó una gran amargura.

            --Y cuando usted le dijo que era aragonés como su maestra de canto, Elvira de Hidalgo, ¿se emocionó?

            --Habló algo de ella, tampoco demasiado. Sentía un gran cariño, un gran respeto. Sabía que le debía mucho a Elvira de Hidalgo.

            --Eso de cantar con su mujer y ver cómo se convierte en una de las prima donnas de la ópera, ¿cómo lo llevó?

            --Fantásticamente bien. Canté, procuré hacerlo lo mejor posible, me entregué a ello con toda mi pasión, sé que en algunos sitios lo hice no mal del todo, y ahí dejé lo que dejé. Pero para mí, después de casarme con Montserrat Caballé y después de haber tenido un pequeño aviso del corazón, estando en San Francisco, pues probablemente hubiera sido lo mismo. Para mí lo importante era mi familia, mi mujer y mis hijos, claro. Nunca sentí nostalgia o envidia, nunca me dije: "¡Caray, la carrera que podía haber hecho yo!" Me he empeñado en hacerlo todo con instinto de perfección. El día que supe que no podía responder a cierta cosas que yo sentía dentro de mí por una dificultad física me quedé hasta más tranquilo. Aliviado. Más que tenor, soy campesino. Me gusta la naturaleza, el campo, el paisaje, mi pueblo. Me dije: "Si Dios no ha querido que yo fuese mejor, pues, alabado sea". Soy creyente, rezo todas las noches a la Virgen de la Sierra y a la Virgen del Pilar.

*Hace algunos años le hice esta entrevista a Bernabé Martí. La encuentro entre algunos archivos míos y la rescato para el blog. Me parece muy interesante. En la foto, vemos a Montserrat Caballé y Bernabé Martí, tenor de Villarroya de la Sierra (Zaragoza).

XI PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA

XI PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA

ÚLTIMOS DÍAS PARA VOTAR EN

LOS XI PREMIOS DE LA MÚSICA ARAGONESA

31 DE DICIEMBRE, ÚLTIMO DÍA

 

Últimos días para poder votar en los XI Premios de la Música Aragonesa. Hasta el próximo 31 de diciembre, se podrá votar desde Internet,  para elegir a los mejores de 2009 en cada una de las 14 categorías, a las que los artistas aragoneses optan, con sus trabajos musicales editados o actividades realizadas durante este año.

 

La elección de los cuatro candidatos en las distintas categorías, son elegidos mediante votación popular y exclusivamente desde Internet, siendo válido un solo voto por persona y categoría. Una vez elegidos por votación popular los cuatro candidatos, este año como novedad, será un jurado establecido con un amplio número de miembros involucrados directa o indirectamente con la cultura aragonesa, el que decida, el mejor en cada categoría.

 

Los Premios de la Música Aragonesa (PMA) son la puesta de largo anual que sirve como reconocimiento a la labor de los distintos implicados en la música aragonesa. La entrega de los mismos se realizará en una gala el próximo 2 de febrero, en el Teatro Principal de Zaragoza, donde se darán lugar distintas actuaciones relacionadas de algún modo con las propuestas musicales votadas y otras no musicales que amenizan el evento. Estos  son unos premios organizados por Aragón Musical, con el patrocinio del  Ayuntamiento de Zaragoza, Zaragoza 2016 Diputación General de Aragón y Ambar.

 

 

LAS CATEGORÍAS:

Mejor Web. Sitio en Internet relacionado con la escena musical aragonesa.

Mejor Vídeo. Trabajo en formato audiovisual correspondiente a una canción, reportaje, documental, concierto ó videoclip de cualquier aspecto relacionado con la música en Aragón.

Mayor Apoyo. Entidad pública o privada, colectivo o persona que ha apoyado al panorama musical aragonés.

Mejor  Discjockey. Artista encargado de seleccionar y poner música, sea del estilo y formato que sea, en diferentes escenarios aragoneses.

Mejor  Directo. Concierto de grupo o solista aragonés.

Mejor Canción. Tema musical de grupo o solista aragonés.

Mejor Canción en Lengua Minoritaria de Aragón. Tema musical cuya letra esté escrita en alguna de las distintas hablas minoritarias autóctonas aragonesas.

Mejor EP. Grabación presentada en cualquier formato de audio, también desde Internet, con un mínimo de 3 y un máximo de 6 canciones.

Mejor Álbum autoeditado. Grabación autoeditada presentada en cualquier formato de audio, también desde Internet, con un número mayor de 6 canciones.

Mejor Álbum. Grabación no autoeditada, presentada en cualquier formato de audio, también desde Internet, con un número mayor de 6 canciones.

Mejor Portada. Mejor diseño gráfico correspondiente a la portada de una grabación sonora, en formato físico o digital.

Mayor Proyección. Grupo o solista aragonés con mayor posibilidad de comenzar una trayectoria profesional en el mundo de la música

Mejor Solista. Artista masculino o femenino -en singular- cuyo proyecto musical no necesite la implicación de otros miembros.


Mejor Grupo. Conjunto formado por dos o más personas que desarrollen cualquier estilo musical con una formación estable.


Premio Especial a una trayectoria musical destacada. Reconocimiento a una trayectoria relacionada con la música aragonesa de un grupo, solista, persona o entidad (premio que otorga directamente, Aragón Musical).

 

Web oficial:  www.premiosdelamusicaragonesa.com

*Esta información pertenece al propio portal. La foto es de Alec Soth: ellos son laura y steve.

XI CONGRESO DE PERIODISMO DIGITAL

XI CONGRESO DE PERIODISMO DIGITAL

Recibo esta carta de Fernando García Mongay y este dossier sobre el XI Congreso de Periodismo Digital de Huesca:

 

Queridos amigos:

El martes, 29 de diciembre, presentaremos en Huesca el cartel y las fechas del XI Congreso de Periodismo Digital.

Antes de abrir la inscripción, es tradicional que presentemos el cartel y demos algunas pistas de por dónde va a ir el congreso en la siguiente edición.

Después, semana a semana se envían notas de prensa con más información del congreso.
Os adelanto la nota de prensa (que está embargada hasta el martes) y la imagen del cartel que ha creado Gabi Campanario.


Empezamos el camino para marzo de 2010. Nos vemos pronto en Huesca.

Aprovecho para desearos un feliz año.

Fernando García Mongay.

 

EL XI CONGRESO DE PERIODISMO DIGITAL

SE CELEBRARÁ EN HUESCA LOS DÍAS 11 Y 12 DE MARZO


_______________________________
Gabriel Campanario, ilustrador de The Seattle Times, es el autor del cartel de la edición de 2010


Gabriel Campanario es el autor de la obra que servirá de imagen para la undécima edición del Congreso de Periodismo Digital, que se celebrará en el Palacio de Congresos de Huesca los días 11 y 12 de marzo de 2010. El Congreso de Periodismo Digital está organizado la Asociación de la Prensa y el Ayuntamiento de Huesca y cuenta con el patrocinio de Gobierno de Aragón, Ibercaja, Diputación Provincial de Huesca, Telefónica, Microsoft y Ayuntamiento de Huesca.

              La previsión de los organizadores es que asistan  más de 300 periodistas en un tiempo especialmente complicado para los medios y los profesionales de la información, que están viviendo uno de los momentos más convulsos de la historia de la comunicación.

De la crisis y el nuevo papel de Internet como nuevo soporte de comunicación, surge la ilustración de Campanario. “"Para los medios tradicionales el auge de Internet es una tormenta de la que no saben cómo escapar. Las noticias en papel no pueden competir y el chaparrón se las lleva por delante. Hay que cambiar de estrategia para sobrevivir el nuevo panorama informativo que nos espera cuando se levante el temporal”, explica Gabriel Campanario, nacido en Barcelona en 1969, es licenciado en Ciencias de la Información (Universidad de Navarra, 1992) y en la actualidad trabaja como ilustrador en el rotativo norteamericano The Seattle Times, donde publica la columna “Seattle Sketcher,” un diario ilustrado de la vida en Seattle. Campanario reside en Estados Unidos desde 1998 y ha trabajado como subdirector de diseño y fotografía en The Desert Sun, Palm Springs (California), y jefe de diseño de la sección Life de USA TODAY. Al margen de su trabajo en el periódico, Campanario lanzó a finales del 2008 el blog colectivo Urban Sketchers, donde un centenar de corresponsales comparten sus dibujos y observaciones sobre las ciudades donde viven.


¿Se encuentra en extinción el periodismo de sucesos?, la exploración de nuevas narrativas en Internet, periodismo digital en Portugal y la irrupción de los libros digitales como nuevo soporte para la prensa, son algunos de los temas que se abordarán en el congreso de Huesca de 2010.

Han confirmado su asistencia los periodistas: José Martí Gómez (reportero), Ramón Lobo (El País y Ramonlobo.com), Ramón Salaverría (profesor de la Universidad de Navarra y e-periodistas.blogspot.com), Jesús Duva (El País), Mayka Navarro (El Periódico), Chiqui Esteban (La Información.com), Gabi Campanario (The Seattle News - www.urbansketchers.com), Antonio Granado (Publico, Portugal, Publico.pt), Enrique Flores (ilustrador, 4ojos.com), Joao Catarino (ilustrador, desenhosdodia.blogspot.com), Joao Pina (fotógrafo de The New Yorker y New York Times, entre otros, joao-pina.com), Monica Bello (iOnline, Portugal, ionline.pt), Jorge Alcalde (revista Quo), Albert Cuesta (Albertcuesta.com) y Antón Castro (Heraldo de Aragón, Aragón Televisión y antoncastro.blogia.com).
Por otra parte, el día 10 de marzo, el Congreso de Periodismo reunirá en Huesca a 40 directores de medios digitales de Europa y América Latina en un 'workshop' que se celebrará a puerta cerrada. En la reunión de directores, además de compartir experiencias, se debatirá sobre el rol que deben desempeñar los responsables de los periódicos digitales y cómo encaran el futuro de su trabajo al frente de las redacciones digitales.

A partir del día 20 de enero se publicará el programa completo y los interesados podrán realizar las inscripciones al Congreso en la renovada página del evento: www.congresoperiodismo.com.

ENTREVISTA: SANDRA ANDRÉS BELENGUER

ENTREVISTA: SANDRA ANDRÉS BELENGUER

ENTREVISTA. La joven narradora zaragozana Sandra Andrés Belenguer, nacida en 1982, debuta en la literatura juvenil, de carácter fantástico, con una inquietante novela de misterio e intriga, ‘El violín negro’ (Laberinto. Madrid, 2009), que recrea el mito del fantasma de la Ópera. El libro se presentó hace algunas semanas en la Casa del Libro de la mano del narrador David Lozano, que ha completado este año su trilogía ‘La Puerta Oscura’, con ‘Réquiem’ (SM).

 

“El violín negro’ ha sido una catarsis para mí”

 

“Víctor Hugo fue mi mentor:

él me inició en la narrativa”

 

“Del fantasma de la Ópera me atrae todo:

el misterio, su destino trágico, su tormento”

 

¿Desde cuándo escribe?

Comencé  a escribir redacciones y cuentos infantiles en el colegio y en algunas ocasiones obtuve el primer premio. Cuando tenía once años pasé de la colección ‘Barco de Vapor’ a Víctor Hugo. Él fue, de alguna manera, mi mentor  y mi iniciador en la narrativa. ‘Nuestra Señora de París’ y ‘Los Miserables’ fueron mi punto de partida en este mundo tan apasionante como es la literatura.

¿Cómo nació en usted esa pasión tan grande por ‘El fantasma de la Ópera’?

A los trece años mis padres me regalaron esta novela. Casi sin darme cuenta fue creciendo en mí la idea de averiguar e investigar si el personaje principal, Erik, había existido. Sigo con este tema, bien cuando puedo ir a París o mediante mis contactos en Internet. Sí puedo asegurar, por boca de una descendiente del autor, Gastón Leroux, que más de la mitad de la historia es verídica: en los subterráneos de la Opera Garnier de París vivió oculto un hombre con habilidades extraordinarias, que era un apasionado de la música.

-¿Qué es lo que la emociona tanto de esa narración?

El misterio que la envuelve por completo otorgándole una tensión y una intriga fascinantes; el trágico final que aguarda a su protagonista, que tiene que dejar partir a un amor no correspondido, probablemente por la deformación física en su rostro que padecía desde niño; la psicología atormentada del fantasma que, siendo un hombre de una capacidad intelectual extraordinaria, tiene que conformarse con vivir bajo tierra. Y algo que me encantó es que cuando acaba esta historia comienza el mito y la leyenda.

-Parecía lógico, pues, que en su debut literario le rindiese homenaje a esa obsesión…

Siempre había tenido la idea de realizar algo sobre esta historia, de hecho, en el año 2000 escribí un ensayo comparativo sobre la novela original y el famoso musical de Andrew Lloyd Webber. Una vez acabada mi carrera de Filología Hispánica diseñé una web en inglés en la que fui exponiendo todo lo que había recopilado sobre ‘El fantasma de la Ópera’. Esta web me llevó a conocer muchísimos fans de todo el mundo sobre este tema. En París, una amiga norteamericana me preguntó por qué no escribía una novela sobre esta leyenda. Así nació ‘El violín negro’.

-¿Qué quería hacer con ‘El violín negro’ (Laberinto)? ¿Rendir homenaje a Gaston Leroux, recrear ese ámbito misterioso o forjar una historia suya personal, inquietante?

Seguramente, fueron las tres cosas. Mezclo ficción con datos contrastados y posibles realidades de de cuando se construyó la Opera Garnier en el siglo XIX.

Su novela alterna dos períodos en París: el de 1907, en torno al mundo de los subterráneos y de las antigüedades, con crimen incluido, y el presente, que propone un enigma en torno al violín del título.

Siempre me ha gustado en la literatura que el pasado y la actualidad tengan cierta interacción. Aquí estaba justificada para que el lector pudiera comprender las raíces de donde nacían los sucesos que ocurren en la época actual. La novela es como un pequeño puzle que poco a poco se va desarrollando y unificando hasta llegar a las escenas finales.

-¿Hay algo de cierto en la narración de ese violín de sonidos esotéricos  o es una invención absoluta en torno a la música?

Según la leyenda, el fantasma no solo era un apasionado de la música sino que sabía ejecutar a la perfección diversos instrumentos, entre ellos el piano, el órgano y el violín. A partir de ahí, tuve la idea de crear un misterioso violín de color negro que de tuviera un profundo vínculo con su dueño, incluso con el paso de todo un siglo. Quería que el personaje principal de mi novela fuera alguien sensible como la joven Christelle, capaz de amar la música como el propio fantasma y a la vez dotada de la valentía suficiente para implicarse de lleno en el misterio que debía desentrañar y afrontar los peligros que conllevaba el descubrimiento del violín.

-Acude en ayuda de la muchacha el enigmático Kyriel…

Personifica el misterio, los interrogantes y la intriga. Incluso su propio nombre tiene una significación muy especial que está unida a su propia personalidad. Esta primera novela para mí ha sido una catarsis porque he volcado en ella años de investigación acerca de la leyenda del fantasma y la pasión que siento por este misterioso personaje.

-¿Quién es ‘Ladyghost’?

Ladyghost es mi nick en Internet y nace allá por el año 1996, año en el que comienzo a interrelacionarme con más fans de todo el mundo por el tema del fantasma de la Ópera. A nivel internacional y por mi web actual soy conocida por este nick. Aparte, soy la creadora y moderadora de un grupo dedicado a este tema con más de mil quinientos miembros de todo el mundo.

-¿En qué está trabajando?

Preparo una nueva novela con mucha ficción, misterio, romanticismo… y mucho miedo. Y no tiene nada que ver con ‘El violín negro’.

MILTON GREENE: RETRATO DE AVA GARDNER

MILTON GREENE: RETRATO DE AVA GARDNER

Uno de los grandes fotógrafos de ‘Life’, y son muchos, fue Milton Greene. Este fin de semana, mientras preparaba algunos artículos, repasé las fotos de muchos grandes reporteros norteamericanos.

 

Me ha gustado mucho esta foto con ese color imperfecto y envejecido, lleno de glamour. Ella es una de las mujeres más hermosas de la vida y del cine: Ava Gardner. Aquí la dejo para alegría de aquellos que se extravíen por estas páginas virtuales.

ABELEIRA: UN POEMA A ALBARRACÍN

ABELEIRA: UN POEMA A ALBARRACÍN

CUEVA DE LOS JUDÍOS

 

A montaña vai falar por boca do seu Rabí.

É a incontinencia da auga, a súa paixón verbalizada o que agudiza o desespero destas rochas. Durante séculos viron fluír e bulir, ensarillarse entre os seus pés iste fiado seminal que aínda hoxe as mortifica.

A montaña vai falar. Renxe o preludio do trebón.

Riba da aba, as cotovías, e os cirros, e os pedreiros apíñanse pra debelar o Inimigo. As nubes son unha cadea. Os amantes acubillan a súa nudez baixo a Torre. Os mortos congratúlanse en secreto. Treman os balcóns. Liscan os rabaños. Choutan, entolecidos, os cadelos.

Abaixo, na solaina agora gris, na concavidade áspera dos matos, reina o furor do vento. O río perdeu por un intre o seu poder. Bolboretas isabelinas, libélulas e abellóns baten no ar musitando rogativas de clemencia.

Mais nada as resgarda. Nada as defende. Nin sequera a alcazaba das flores. Nin os álamos que se pandean, xemendo de raíz, contra os petóns aguzados.

A montaña vai falar, xaora. A montaña vai racharse ó proferir o seu turbillón encerrado.

Mais o que ecoa, de súpeto, na Gorxa non é un brúo, nin o que chove a arroiar un alude de maldicións, senón unha resina celeste, abafante, a enzoufar os seres e o seren das cousas.

Despois, silencio en recendo. Ceo opalino. Irisacións e escumas ó redor. E a montaña alá enriba. Coma outrora, coma sempre, fosilizada nun xesto. Exposta á ollada dun home que acha nela a simetría da súa anguria.

 

(Poema en prosa, incluído no libro inédito Pan de Ánimas, que hoxe publica o suplemento cultural do ABC de Galicia. A Cova dos Xudeos -unha sorte de boca enorme, na que aniñan os morcegos e varias clases de aves- áchase na parte posterior de Albarracín, e ós seus pés bule o río Guadalaviar.)

 

*O poeta e traductor Xoán Abeleira envíame este texto, que pendurou no seu blog. Viviu hai anos en Albarracín durante algún meses e aquela estadía déixoulle unha pegada especial. O poeta prepara agora un novo libro tras a aparición en edición bilingüe de ‘Animais animais’ (Bartleby). Dase a casualidade que hoxe, no edición aragonesa de ‘Artes & Letras’ Hilario J. Rodríguez publica un artigo sobre a miña traxectoria. Esta mañá chamoume Pedro Rújula para dicirmo, e logo tamén o meu fillo Daniel. O artigo de Hilario é moi garimoso, a foto de Fabián Simón é moi bonita. (Xan engade no seu blog explicacións a este poema, pero parécenme excesivas para aquí. Calquera as pode ver no seu blog).

** A fotografía é de Loomis Dean. Está tomada en París en 1957.

SANDRA ANDRÉS BELENGUER: FRAGMENTO DE 'EL VIOLÍN NEGRO'

SANDRA ANDRÉS BELENGUER: FRAGMENTO DE 'EL VIOLÍN NEGRO'

EL VIOLÍN NEGRO

(Fragmento)

 

Por Sandra Andrés BELENGUER*

 

Avanzaron varios metros hasta situarse ante la estatua de bronce de una mujer, emplazada en una cavidad que a modo de pequeña gruta, parecía cerrarse en torno a ella.

Los contraídos rasgos de su rostro, reflejaban cólera e ira y su boca entreabierta, parecía contener una expresión que sus labios nunca materializarían.

Su cabello corto  y enmarañado se hallaba surcado por sinuosas serpientes,  que le conferían un extraño aspecto en un ritual de erótico exotismo.

Se hallaba sentada sobre un pedestal en cuya base podían vislumbrarse diversas salamandras mordiéndose entre sí en una brutal vorágine. Ataviada con un voluptuoso vestido que ocultaba parte de sus esbeltas piernas, sus senos permanecían desnudos y uno de sus brazos, extendido hacia los que allí la observaban, parecía alertarles de algún oscuro secreto con su gesto de rechazo. Todo su cuerpo mostraba signos de tensión, como si tratase de reprimir una violenta reacción que alterase su broncínea inmovilidad.

La figura estaba tenuemente iluminada por dos espléndidos candelabros que hacían resaltar no sólo sus rígidas facciones sino los relieves florales y las sonrientes máscaras que confeccionaban aquél recargado alveolo.

Christelle nunca había comprendido la razón por la que aquella enigmática estatua se encontraba en la Ópera, pero sentía que encajaba perfectamente con la insomne magia que envolvía el lugar, formando parte de sus misterios.

Observando la ornamentación que rodeaba la figura femenina descubrió, entre las voluminosas columnas, múltiples liras que parecían proteger aquel extraño santuario invocando la imagen del dios de la Música.

“La Ópera está llena de liras como estas…me pregunto qué sentido tiene un símbolo así en el violín”.

La suave voz de Kyriel le despertó de sus pensamientos.

—Te presento a la Pythie —dijo, extendiendo su mano hacia la estatua -; es una abreviación de pitonisa.

—¿Una pitonisa…en la Ópera?

—Su nombre deriva de la serpiente Pitón…

—¡Delfos! —exclamó ella adivinando su significado.

Los ojos de Kyriel centellearon con un repentino brillo.

—Exacto —convino sonriente -, es una de las pitonisas de Apolo en Delfos. Su trabajo consistía en predecir el futuro a todos aquellos que le otorgasen una ofrenda a su dios.

—Ahora comprendo su relación con las liras que la rodean… pero aunque sea una de las sacerdotisas de Apolo, no tiene mucho sentido que una estatua así se encuentre en la Ópera…

—En realidad, Garnier quería colocar en este habitáculo una escultura en mármol blanco de Orfeo.

—El hijo de Apolo, representante de su música…

Kyriel asintió.

—¿Y por qué cambió de parecer?

—Se dice que se encaprichó de la Pythie en una exposición en Roma y que la adquirió sin dudarlo aún a pesar de su desorbitado precio.

—Qué extraño… ¿Y quién la esculpió?

—Su autor es otra de sus curiosidades. Se hacía llamar así misma Marcello, pero su nombre real era Adèle d'Affry, duquesa de Castiglione-Colonna. Se dice que fue la escultora más célebre del Segundo Imperio.

Christelle no podía apartar su mirada de aquella figura que rezumaba una extraña belleza salvaje.

Todo su conjunto parecía haber sido extraído de una leyenda atemporal perdida entre los siglos.

En silencio, se aproximó hacia ella atravesando los márgenes que a modo de fuente seca, circundaban la estatua como una advocación de mármol.

¿Por qué la autora había esculpido la cólera en su rostro? ¿Qué significaría su mano extendida? ¿Estaba intentando detener algo…o alguien?

Súbitamente se estremeció dando un paso atrás.

—¿Qué ocurre? —preguntó Kyriel.

—Sus dedos… —señaló Christelle — ¡he visto cómo se movían!

Él entró en el semicírculo que circunvalaba la estatua y se detuvo junto a la joven que permanecía observando intensamente aquellos dedos de bronce, tensos como una garra.

—Es imposible —le dijo -, debes estar muy cansada, eso es todo.

—Pero…—comenzó a explicar volviéndose hacia él —estoy segura de que…

No pudo concluir. Con el rostro desencajado, indicó a Kyriel que se girara.

Ambos contemplaron, atónitos, cómo los numerosos visitantes que paseaban en el exterior de aquellos límites de mármol, habían ralentizado su velocidad natural, transformándose paulatinamente en coloridos espectros desdibujados que parecían vagar con dolorosa lentitud ante sus ojos.

Christelle se cubrió la boca con las manos y sintiendo que los precipitados latidos de su corazón aceleraban su ritmo, gimió desconcertada:

—Dios mío, ¿qué está pasando?

Kyriel no tuvo tiempo de contestar.

Una espesa neblina surgió tras la estatua, apoderándose de la pequeña cavidad donde se encontraban al tiempo que la luz proveniente de los candelabros fue atenuando su luminosidad, cegando su visión casi por completo.

—Kyriel… —musitó Christelle, aterrada.

En la penumbra, sintió sus masculinas manos sobre sus hombros.

—Estoy aquí.

La joven trató de respirar hondo, sin éxito.

La figura de bronce de la Pythie comenzó a impregnarse de un paulatino resplandor; un halo de luz blanca y pura que cubrió completamente su sombría silueta.

Christelle sintió que la sangre abandonaba su rostro cuando vió cómo aquel brazo extendido de la sacerdotisa comenzaba a moverse con rotunda decisión hasta detenerse ante ellos, señalándoles inquisitoriamente con el dedo.

Sus ojos, instantes antes inertes, parpadearon enérgicamente al tiempo que giraba su cabeza, observándoles sin que de su rostro se evaporase aquella mirada enfurecida.

En sus cabellos, las serpientes se retorcían y entrecruzaban en una insaciable confluencia y las extrañas salamandras que se hallaban a sus pies, parecían engullirse unas a otras entre la niebla, formando una imagen de pesadilla.

Christelle quiso gritar, pero el miedo atenazaba su garganta e inmovilizaba todo su cuerpo, obligándole a asistir a aquella quimera imposible que estaba teniendo lugar ante sus aterrorizados ojos.

La pitonisa se irguió en su pedestal con voluptuosa ondulación, como si ella misma fuera parte de los reptiles que la rodeaban y con una dantesca expresión en su rostro, de sus labios brotó una sonora exclamación:

—¡Deteneos ante vuestro destino!

Su voz parecía surgir del abismo más profundo y su poderoso eco resonó en aquella cavidad con fuerte y atronador estrépito. Christelle creyó que su corazón había dejado de latir.

—¡Buscáis aquello que está escrito pero incompleto, aquello que sin ello, lo que portáis no tiene vida! ¡Seguid la senda ya marcada y que vuestra voluntad cumpla con el hado!

Sus palabras quedaron flotando en el aire y tras pronunciar su misterioso mensaje, comenzó a recuperar lentamente su posición original adquiriendo la rigidez que caracterizaba a toda estatua.

Christelle sintió un acerado escalofrío penetrando en su carne como un cuchillo de hielo, congelándole desde los pies hasta las sienes. En ese momento, cerró los ojos con fuerza y deseó que aquel  aciago sueño se evaporase.

Cuando finalmente los abrió, comprobó que todo había vuelto a la normalidad.

Su cuerpo seguía tiritando más por miedo que por el frío que había envuelto aquella oquedad durante un tiempo que le había parecido  infinito.

Con el rostro desencajado, observó la estatua que hacía tan sólo unos segundos les había comunicado tan crípticas frases. Todavía podía escuchar su rugiente eco resonando en sus oídos.

La luz  había regresado a los candelabros y la neblina había desaparecido por completo devolviendo a la normalidad aquella cóncava zona.

Confusa y estremecida, se giró para ver cómo los visitantes no sólo no habían presenciado aquella especie de alucinación espectral, sino que seguían paseando con naturalidad deteniéndose de vez en cuando para realizar alguna foto.

Las manos de Kyriel permanecían sobre sus hombros, pero al igual que ella, su silencio era un signo evidente de su perplejidad.

 

 

*Fragmento de la novela juvenil ‘El violín negro’, escrita por la autora zaragozana Sandra Andrés Belenguer (1982), que narra dos historias paralelas, una de 1907 y otra de 2007 en París, en torno a la música y al enigma de ‘El fantasma de la Ópera’ de Gaston Leroux, escritor que también aparece en el volumen. En este fragmento, cedido por la autora y por la editorial Laberinto, aparecen dos de los personajes fundamentales: la joven virtuosa del violín Christelle y el misterioso Kyriel que le ayudará a resolver una inquietante trama. La foto pertenece a los archivos de la editorial Laberinto y de la propia Sandra, que es entrevista hoy en 'Heraldo'.