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Antón Castro

LOS VERANOS DE LUIS ALEGRE

LOS VERANOS DE LUIS ALEGRE

LOS VERANOS DE... LUIS ALEGRE

 

Luis Alegre (Lechago, Teruel, 1962) es profesor de economía, escritor y agitador cultural del universo del cine. Ha sido director de programas de televisión, en Tele 5 o Aragón Televisión, y de documentales como ‘La silla de Fernando’, y es responsable del Festival de Cine de Tudela. Dirige el ciclo ‘La Buena Estrella’.

 

 

“Lo peor es la melancolía de la gente que ya no está”

“¿El momentazo? Mis charlas sobre sexualidad en el bar El Chato”

 

ANTÓN CASTRO

 

-1. ¿Qué hace un artista en verano?

Un artista no lo sé. Yo, pensar hasta que me quedo dormido.

 

-2. ¿Dónde has veraneado a lo largo de los años?

En mi infancia y adolescencia, en Lechago y Calamocha, mis dos pueblos, con un paréntesis de dos años en los que vivimos en Fuentes de Jiloca. Luego, en Zaragoza y en los lugares a los que he viajado. En 2004 arreglamos la casa familiar de Lechago –en la que nos parió mi madre, que también nació en ella- y desde entonces ese es nuestro refugio.

 

-3. ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Soy un chico de pueblo.

 

-4. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? 

He tenido suerte con mis viajes de verano. Uno de los más inolvidables lo hice con Mariano Gistaín y José Antonio Labordeta el 18 de julio de 1986. Fuimos a Toulouse, a la conmemoración del 50ª aniversario del comienzo de la Guerra Civil. Unos anarquistas de la CNT invitaron a Labordeta y él nos animó a acompañarle en su coche. Fue delirante el viaje y fue delirante nuestra estancia en Toulouse.

 El primero inolvidable fue uno del verano del 79. Tenía 17 años. Hice el viaje “a dedo” desde Calamocha para ir a las fiestas de Villanueva de la Jara (Cuenca), el pueblo de Emiliano Albarrilla, compañero de bachillerato. Era la primera vez que viajaba solo.

También recuerdo muchos otros que asocio a los amigos con los que los compartí: con David Trueba, los viajes a Lisboa, Praga o al impresionante Karlovi Vary; con Javier Gurruchaga a La Habana; con José María Gómez, ‘Cuchi’, al Festival de San Sebastián; con Maribel Verdú a Venecia; con Javier Tomeo y Blanca Carvajal a Segovia; con Concha García Campoy, Andrés Vicente Gómez y Verónica Forqué a París; con Concha a Marbella, a la casa de Antonio Banderas y Melanie; con David y Santiago Segura a Ibiza, durante muchos veranos, a la casa de Concha; con Penélope y su familia, a la Toscana y a las Bahamas. Un verano fui a ver a Penélope a Cefalonia, una isla griega, del archipiélago de las Jónicas, donde rodaba una película. Tal vez haya sido el lugar que más me ha impresionado. Qué belleza.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Me recuerdo de muchas maneras: en Lechago, con mi madre cantando jotas mientras ella fregaba; con mi padre enseñándome a jugar al ajedrez y corriendo detrás de mí cuando me quemé las manos al caerme en la hoguera de su huerto; la mañana en la que mi madre echó un bando porque creía que me había perdido con Merceditas, mi amiga y hermana de leche; con mis hermanos Salvador y Carmen en la cama en la que dormíamos los tres juntos; la muerte de Caracola, nuestra perra, el primer gran sofoco de mi vida; en el bar del Calamochilla y en el de mi tío Eduardo, con todo el pueblo jugando al guiñote y la tele en blanco y negro de fondo; en brazos de mi tío Paco, con dos años; con mi tía Amalia en casa de su amiga Juana viendo por la tele las corridas de El Cordobés y El Viti. Luego, en Calamocha, las tardes lentas, los ratos tontos que perdíamos mirando las matrículas de los coches que pasaban; las clases particulares que daba a chicos del pueblo; los cromos del fútbol; las carreras con la bici entre Lechago y Navarrete; las revistas ‘Lib’ e ‘Interviú’, grandes estrellas de los 70; los partidos de fútbol con los amigos; mis tíos y primos; las peñas; los bailes agarrados; las fiestas de Calamocha y Lechago; la piscina; los futbolines; el ping pong; el tenis; las discotecas, las primeras chicas que te volvían loco, los encuentros furtivos; los bares, la gramola, las canciones del verano. Y, como momentazos cumbre, las charlas sobre sexualidad que daba a mis amigos y amigas en el bar El Chato, después de leer el Consultorio sexológico que el doctor Luis Serrat llevaba en ‘Interviú’. Casi todas estas cosas las viví con Pascual Peiró, mi inseparable amigo de la infancia y adolescencia.

 

-7. Y entre tantos recuerdos, ¿cuál es el mejor?

La primera vez que una chica de Lechago, Conchita, me dijo que sí cuando la saqué a bailar en una peña del pueblo. Estaba muy oscuro y sonaba ‘Michelle’ de Los Beatles en el radiocassette. Fue muy emocionante. Tendría unos 13 años. También fue muy eufórica la tarde en la que en Calamocha recuperé una bicicleta azul que me habían robado.

 

-8. ¿Qué tipo de lecturas hace en estos días?

 Me han encargado el prólogo de la nueva edición de ‘El tiempo amarillo’, las memorias de Fernando Fernán-Gómez, de 720 páginas. Con ese pretexto, las releo. Menuda delicia.

 

-9. ¿Qué libro, qué cuadro, qué museo, qué película está asociados a un verano inolvidable?

En los veranos de finales de los 70 y primeros 80 iba mucho a Madrid. A cada rato iba al Museo del Prado. Un día fui a ver ‘El Guernica’ de Picasso con mi tía María, que no entendía por qué estábamos tanto tiempo delante del cuadro. También fueron más que inolvidables los veranos en los que devoré ‘El largo adiós’, ‘Cosecha roja’ y ‘El guardián entre el centeno’, tres de las lecturas de mi vida.

 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de tus veranos?

Las chicas de las que me enamoraba en la adolescencia.

 

11. ¿En qué han cambiado los veranos?

Ahora transcurren a una velocidad desesperante. Es para cabrearse.

 

-12. ¿Cómo resumiría en un tuit el espíritu veraniego?

Los veranos siempre pasan demasiado rápidos. Hasta cuando pasaban lentos.

-13.¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

En el verano de 1987 Mariano Gistaín y José Antonio Ciria escribieron un libro sobre Perico Fernández, ‘La vida en un puño’ (El Día-Ediciones del Valle). Me pegué a ellos con el pretexto de echarles una mano. Pasamos un verano formidable, al lado de Benito Escriche y de Perico, uno de los tipos más surrealistas y divertidos que he conocido. Al verano siguiente, 1988, volví a ayudar a Mariano en ‘No me esperes a comer’, un programa que Pepe Royo le encargó para el centro regional de TVE. Con nosotros estaba la fantástica Pilar Labadía. Por las noches no salíamos de dos bares, ‘La avenida de la Ópera’ y ‘La Marioneta’, en la calle del Olmo. Ese fue uno de los grandes veranos de mi vida. También fueron muy divertidos los veranos que, con mi amigo de la infancia José Luis Campos, presenté el programa especial que la tele de Calamocha dedicaba a las fiestas de agosto. Yo salía de madrugada a hacer reportajes por las calles y peñas, tratando de poner el micrófono a los que más mamados iban. Y, luego, también, recuerdo muy bien algunos cursos de verano. Por ejemplo, uno sobre cine español que, con la ayuda de Cristina Palacios, dirigí en El Escorial para la Universidad Complutense. Fue en el 2005. A ese curso asistieron, entre otros, Luis Berlanga, Rafael Azcona y Juan Luis Galiardo. Eso es lo peor. La melancolía de la gente que ya no está. 

JORGE USON Y SU BANDA, EN LAS ARMAS

“La música es una necesidad

y una liberación imprescindible”

Dice el polifacético Jorge Usón, líder del grupo De Carne y Hueso, que actúa el domingo en Las Armas, a las 20.00.

    
   
Jorge Usón, actor de cine, televisión y teatro, y también cantante de De Carne y Hueso.
Jorge Usón, actor de cine, televisión y teatro, y también cantante. Enrique Cidoncha

El grupo De Carne y Hueso ofrece este domingo, 24 de septiembre, a las 20.00, en el espacio Las Armas de Zaragoza, su espectáculo de café concierto ‘Esperando’. El polifacético Jorge Usón (Zaragoza, 1980), vocalista, es uno de los líderes de la banda y lo acompañan Adán Carreras (guitarra, bajo y voces), Jesús Garrido (guitarras, teclados, voces) y Nelson Dante (percusión y voces).

¿Desde cuándo canta Jorge Usón?

Canto desde que empecé a hablar me temo. Creo que lo primero fue ‘Amor de hombre’ de Mocedades y de ahí la jota de ‘La Segadora’ y ‘Cantinero de Cuba’. Se me ha ido de las manos.

¿Qué significa la música en su carrera?

La música en mi vida es una necesidad y una liberación imprescindible. Y luego está la voz que es un mundo en expansión y una salvación para el alma.

¿Es, también, un divertimento, una pasión, una vocación, una aspiración a hacerlo todo como showman?

Has dado en la tecla. Efectivamente para bien o para mal no me quiero perder nada de este mundo; lo sabe muy bien mi psicoanalista. Pudiendo cantar hay que cantar. Al fin y al cabo está hecho de la misma matriz con la que se actúa o se baila o se pinta... y para mí es ganarle ventaja a la muerte.

¿Cómo es su grupo, cuál es su papel?

Mi grupo es un cuarteto de folclore latinoamericano y mediterráneo que entremezcla poesía y encuentro. Hacemos café concierto (como un cabaret latino), versiones de otros y temas propios. Un tótum revolútum. Yo canto y estoy moviendo energías. Me he sabido juntar muy bien. Además este domingo nos acompañará Carmen París con el percusionista Fernando Favier. Yo estoy que no duermo.

¿De qué ritmos, autores y poetas hablamos?

Canciones como el son, el bolero, la zamba, la cueca, el landó peruano o ritmos afro cubanos de autores como Carnota, Atahualpa Yupanqui, Andrés Soto, Serrat, Peteco Carabajal, trío Matamoros.…, con textos y versos propios y de poetas universales: Gil de Biedma, Tonino Guerra, Anne Sexton, Saul Bellow o José Antonio Labordeta.

La banda De Carne y Hueso.

¿Cuál es el espíritu del concierto?

‘Esperando’ es un café concierto con aires de ‘cabaret ultramarino’ donde no faltan las raíces, el humor, el exilio, el calor que no abrasa, la parca, los amigos, la yerbabuena, el más allá, el más acá, una sombra impertinente, una negra mentirosa, un duende quechua que tira de mis venas, un remedio para las penas o un recuerdo al cantante chileno Víctor Jara...

A la vez, anda en el teatro, en el cine, en la televisión. ¿Cómo lleva tantos frentes abiertos, cómo se vence el estrés?

Con esfuerzo seguro pero también con mucho placer, el de sentir que con lo que hago estoy siendo congruente con mis pasiones. Por eso no hay nada de loable. Luego está el equipo que me rodea que me ayuda con todo.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Volvemos con el ‘Cabaré de caricia y puntapié’ al Teatro Principal el 8 de noviembre y con ‘Arte’ de Miguel del Arco ese mismo mes. Dos citas en un mismo mes en Zaragoza, ojalá el público responda. Y sigue en televisión ‘Grupo 2 Homicidios’ y ‘Amar es para siempre’.

 

*Esta entrevista apareció ayer en Herado.es.

 

 

MANGUEL, PREMIO FORMENTOR

MANGUEL, PREMIO FORMENTOR

Por ITA FÁBREGAS

Pollença (Mallorca), 23 de septiembre 2017.- El escritor, traductor y editor argentino-canadiense, Alberto Manguel recibió anoche en los jardines del Hotel Formentor Royal Hideaway el Premio Formentor de las Letras 2017 de manos de Marta Buadas en representación de su familia y Simón Pedro Barceló, impulsores del prestigioso premio.

Manguel recibió el galardón, dotado con 50.000€, en reconocimiento al conjunto de su obra en una ceremonia a la que han asistido cerca de 400 invitados. Numerosos editores, escritores, críticos, especialistas literarios, amantes de la literatura, empresarios y representantes de la vida social y cultural de las Islas Baleares, entre ellos Ignacio Polanco, Presidente de la Fundación Santillana entidad que organiza las Conversaciones Literarias.

"Las Lágrimas de Isaac. De cómo la lectura inventa la realidad” es el título del discurso con el que Alberto Manguel agradeció la concesión del Premio Formentor de las Letras y recordó en rueda de prensa, que fue una enorme sorpresa conocer la noticia,  sobre todo porque “es un premio que tiene una reputación increíble” añadió.  

Manguel dedicó su discurso a hacer un recorrido a través de la historia de la lectura visto desde su punto de vista. Explicó que la lectura le ha influido desde la adolescencia sintiéndose protagonista  y viviéndola a través de sus personajes.

Para Manguel la invención de la escritura nos concedió una suerte de modesta inmortalidad. “Eso sentí yo allá lejos y hace tiempo, la tarde, por ejemplo, en que, acompañando al joven Axel de Hamburgo, descendí por el volcán Sneffells al centro de la Tierra, siguiendo las huellas de Arne Saknussemm. Yo estaba allí, con esos intrépidos aventure­ros, allí en uno de los confines del mundo, allí en un siglo que no era el mío. Con el libro de Verne en la mano, yo me despojaba de mi identidad convencional, del nombre que mis padres me habían dado, de mi edad y nacionalidad declaradas en mi par­tida de nacimiento, de todo límite salvo aquel que mis temores imponían a mi incipiente curiosidad. Entonces supe, intuitiva­mente, que aquello que me alentaba no era una necesidad como respirar o beber agua, sino algo que yo no supe entonces nom­brar y que ahora sé era deseo: el deseo de eso que aún no había ocurrido, que yacía más allá del horizonte y que se convertiría con el correr de los años en costumbre esencial. La lectura me ofrecía, y me ofrece aún, como espectador privilegiado, el reino de este mundo y de todo otro mundo imaginable, de manera más íntima y convincente que la realidad misma.”

En este sentido añadió “mis lecturas componen una monstruosa cosmología de espejos en la que está presente todo instan­te y todo lugar de mi biografía. En mi vida de lector, La República Madame Bovary, El Idiota El Capital, La noche oscura del alma El día de los trífidos son capítulos aislados en una inmensa saga cuya coherencia y sentido no puedo sino intuir. La Biblia, compuesta de relatos, crónicas histó­ricas, proverbios, poemas líricos, textos proféticos y códigos legales, ejemplo insigne de este género literario polimórfico, es otro capítulo más de mi voraz libro que contiene todas mis lecturas. A pesar de tales ambiciones, soy penosamente consciente que aun este vasto volumen no es, por cierto, el universo mismo.

La ceremonia de entrega del Premio da inicio a las Conversaciones Literarias en Formentor, que este año cumplen su décimo aniversario, y coinciden con la publicación en España del libro de Alberto Manguel, Mientras embalo mi biblioteca de Alianza Editorial. 

El jurado del Premio Formentor de las Letras 2017, presidido por Basilio Baltasar y formado por, Inger EnkvistLila Azam ZanganehDaniel Fernández y Jarauta, decidió por unanimidad conceder a Manguel el galardón porque “su obra constituye una de las más lúcidas indagaciones en la historia orgánica de la biblioteca universal” 

El jurado argumentó que “sus elocuentes ensayos nos han permitido seguir la pista del largo peregrinaje de los libros del orden prodigioso que los acoje en las instituciones vertebrales de la cultura. La minuciosa recreación del arte de leer, la pericia con que los lectores aprenden a comprender la inmensidad del mundo, pertenecen al enciclopédico saber con que Alberto Manguel ha retratado la vida de los libros”.

 

El Premio Formentor

El Premio Formentor de las Letras se convoca para reconocer la obra narrativa de aquellos escritores cuya trayectoria prolonga la alta tradición literaria europea. Es un reconocimiento a la calidad, integridad y prestigio de la gran literatura.

El galardón prolonga el impulso de la primera fase del Premio Formentor creado por Carlos Barral y un reputado grupo de editores europeos (Gallimard, Einaudi, Rowolt…).

En Formentor fueron premiados, entre otros, Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, Saul Bellow y Jorge Semprún. Y en esta nueva fase del premio, recuperado en 2011, lo han recibido Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia y el escritor y editor italiano Roberto Calasso.

La familia Barceló, actuales propietarios del hotel, y la familia Buadas son los mecenas del Premio Formentor de las Letras, dotado con cincuenta mil euros.

 

 

 

EDUARDO HALFON: UN DIÁLOGO EN TORNO A 'DUELO'

EDUARDO HALFON: UN DIÁLOGO EN TORNO A 'DUELO'

 

El escritor guatemalteco Eduardo Halfon (1971) publica en Libros del Asteroide una nueva novela: ‘Duelo’, un texto preciso y transparente donde relata una historia familiar vinculada con un antepasado que se ahogó en un lago. La presentó el pasado martes en la librería Cálamo de Zaragoza, donde publicó el año pasado una nueva edición de otro libro espléndido: ‘Saturno’, su personal carta al padre. Aquí explica las claves de su nueva novela.

¿Existe el ‘efecto Halfon’?

Eso puede admitirlo o negarlo cualquiera, excepto Halfon. Aunque sí existe un efecto que ese otro Halfon, el Halfon narrador, provoca en mí. A veces ya no sé cuál de los dos fuma, ni cuál de los dos viaja tanto, ni cuál de los dos responde en las entrevistas.

¿De dónde procede esa mezcla de sencillez y de hondura a través de una mirada totalizadora sobre el mundo que parece domina en tus libros?

Se me ocurre que ésa, precisamente, podría ser una buena definición de la literatura. Así es el oficio literario, ¿no? Crear algo a la vez sencillo y profundo, tan individual como universal. En mi caso, ese oficio tiene mucho que ver con trabajar el lenguaje, lo cual significa no sólo limpiar y pulir y atornillarlo, sino principalmente eliminar todo aquello que sobra, que estorba. Creo que esa hondura que mencionas, en apariencia sencilla, se puede alcanzar únicamente a través de silencios. Es decir, se siente, no se dice. Algo que los poetas entienden mucho mejor que la mayoría de narradores.

 

¿Cuándo te diste cuenta de que la familia era como un arsenal de historias?

Nunca fue una decisión consciente, simplemente empecé a narrar así desde el inicio, desde mi primer libro, ‘Saturno’, publicado en Guatemala en 2003, que es una carta escrita por un narrador que se parece mucho a mí, a un padre que se parece mucho a mi padre. Y ahí sigo, narrando desde ese yo que necesita hablarle a su padre, a su madre, a su hermano, a su hermana, a sus abuelos. Ese yo no existe sin ellos.

 

Publicabas hace poco en Jekyll & Jill ese libro deslumbrante: tu homenaje particular a Kafka, ‘Saturno’, que también era un libro familiar y un diálogo con tus orígenes literarios. ¿Como se hilvana en ti lo que viviste, lo que sueñas e imaginas con lo que soñaron otros?

Creo que la ficción es el escenario ideal donde los sueños de uno se mezclan y confunden con los sueños de otros. En mi caso, lo vivido no es más que un telón de fondo, y esos sueños compartidos son la historia o la trama que sucede ante él.

 

¿Qué hay de cierto o de leyenda en la historia del fondo de ‘Duelo’?

Como en toda historia familiar —en especial las prohibidas—, uno ya no sabe qué es verdad y qué es leyenda. Y esa confusión, justamente, es el punto de partida del libro. El nudo inicial. Pero la historia de Salomón, para mí, sigue siendo un enigma. Y está bien que así sea. No escribí el libro para resolverla o descifrarla o para llegar a saber qué tanto de ella era cierto. Ésa nunca es la búsqueda literaria que mi interesa, sino una mucho más íntima y misteriosa.

 

¿Cómo y cuándo se te ocurrió esa frase tan precisa y que a la vez abre una puerta al misterio: “Se llamaba Salomón. Murió cuando tenía cinco años, ahogado en el lago Amatitlán”?

Fue la primera frase que escribí, tal cual. Es muy raro que eso suceda, que la primera frase escrita se mantenga y termine siendo la primera frase de un cuento o de un libro. Pero en este caso fue así. La escribí en agosto de 2015, mientras pasaba unos días en Guatemala, y tras una conversación con mi padre sobre la muerte de su hermano Salomón, en la cual él me pedía u ordenaba que no escribiera nada sobre ello. Pero yo sólo escribo lo prohibido. Hay que escribir con miedo.

 

¿Qué buscabas aquí: recomponer un puzle o crear un clima tan realista como onírico?

No sé qué buscaba. Nunca, cuando empiezo a escribir, sé qué busco o qué busca mi narrador. Hay un puzle que recomponer, sí, pero nunca es el que me espero, ni tampoco el que el lector espera. Dicho de otro modo, no es un puzle sobre la muerte de Salomón el que se aclara o recompone al final del libro, sino otro. Y quizás para hacerlo era necesario crear esa atmósfera tan real como onírica.

 

¿En qué medida la novela es una novela de investigación o la crónica de múltiples viajes de la familia?

 

Es que, para mí, una investigación literaria implica múltiples viajes de la familia. Para entender la muerte de un niño necesito viajar al lago en Guatemala donde se ahogó o donde quizás se ahogó, y al Estados Unidos de mi infancia, y al campo de concentración en Alemania donde estuvo preso mi abuelo polaco. El libro, entonces, es la suma de esos viajes, de esas crónicas.

 

¿Cómo se alían en tu obra los hechos y los símbolos; la existencia del lago y lo que significa el lago: espejo, abismo sin fondo, depósito de lo desconocido?

El lago en el libro es tóxico. No purifica. No salva. No es una fuente de vida sino de muerte, o de amenaza de muerte. El agua del lago está contaminada, podrida. Parece tragarse los pequeños cuerpos de tantos niños que en ella nadan. El lago, pues, como sarcófago. Pero el lago se convierte también en un espacio que separa dos mundos: niños y adultos, realidad y magia, memoria y ficción, el lado de los vivos y el lado de los muertos. Y aquel viejo muelle de tablones, entonces, donde empieza la narrativa con dos pequeños hermanos rezando antes de lanzarse al agua, es el puente que une esos mundos opuestos.

 

¿Cuál es la importancia en tus novelas del paisaje de fondo, de las historias secundarias, de tantas y tantas acciones como hay aquí, cómo las mezclas sin que el lector se despiste?

Más que historias como paisaje de fondo, yo las veo como partes de un mosaico. Todas integrales, ninguna secundaria. Es decir, el efecto que quiero provocar en el lector sólo se consigue viendo o sintiendo el mosaico completo, en el orden en que los fragmentos o segmentos se van presentando e intercalando. La línea que esos fragmentos trazan no es recta, pero es precisa.

 

Todo el mundo pondera tu lenguaje, tu exactitud cargada de matices. ¿Como te planteas el lenguaje?

El lenguaje es todo. Pero decir eso suena trillado. Entonces te lo diré de otra manera. El primer manuscrito del libro lo terminé muy rápido, en tres o cuatro meses, pero luego me quedé trabajando el lenguaje otro año y medio. La música de las palabras, principalmente. Su cadencia, su ritmo, sus tambores y címbalos. Todo esencial, al igual que en la música, para crear una reacción visceral y emotiva en el lector.

 

¿Pueden tener las familias historias tan poderosas como la tuya?

La historia de toda familia es igual de poderosa. Pero su poder no reside ahí, en la historia misma, sino en cómo se cuenta.

 

¿El enigma es consustancial a la literatura? ¿En qué medida la escritura es una forma de indagación?

La escritura es una indagación frustrada. Uno empieza a escribir sabiendo dos cosas: que está buscando algo, y que jamás lo encontrará. Lo sabe desde el inicio. Entiende perfectamente que jamás resolverá el enigma, que jamás llegará al puerto que se propone, pero igual zarpa de nuevo y se deja llevar y, con suerte, no se marea tanto.

 

*Tomo la foto de Eduardo Halfon de aquí.

 

EL PERIODISTA DEL SIGLO XXI

Tomo este artículo de aquí, tras leer la recomendación de Pedro Zapater, periodista de 'Heraldo de Aragón'. Muy recomendable. Para jóvenes, para gente en ejercicio, para aquellos a los que les da pereza asomarse al nuevo mundo tecnológico...
http://mip.umh.es/blog/2017/09/12/retos-formacion-periodista-siglo-xxi/
POR JOSE A. GARCÍA AVILÉS — 12 SEPTEMBER, 2017

La formación periodística del siglo XXI:

tecnohumanistas con herramientas… y buenas botas

El periodista de El Confidencial Daniele Grasso, en un seminario celebrado recientemente en Málaga, criticaba que algunos profesores de periodismo “se han quedado atascados en el pasado” y reivindicaba este lema: “Menos Kapuściński y más ProPublica”. La reflexión de Grasso me ha llevado a escribir estas líneas.

Por un lado, a Grasso no le falta razón: en buena parte de la universidad pervive un núcleo de profesores de periodismo, jóvenes y menos jóvenes, —no es cuestión de edad, me parece que se trata más bien de mentalidad— anclados en una visión utópica que poco o nada tiene que ver con la realidad de la profesión y lo que sucede en los medios. En este sentido, el lema “Menos Kapuściński y más ProPublica”, que me recuerda al de “Más Platón y menos Prozac” de la filosofía de andar por casa, reivindica la necesidad de que en las facultades orientemos a los futuros periodistas por los derroteros del periodismo del siglo XXI, inmerso en el tremendo tsunami que ha desencadenado la digitalización, las redes sociales, las cambiantes audiencias y la crisis de los modelos de negocio. Debemos trasladar a los estudiantes los lenguajes, formatos, procesos y tendencias en la profesión, con un estilo adaptado a la realidad en la que van a trabajar, en cualquier soporte e iniciativa periodística. Hemos de ilusionarles con las enormes posibilidades que ofrece el periodismo en este momento, a pesar de la crisis de las empresas informativas y de los vaivenes que experimenta el sector.

image alt textDaniele Grasso durante su intervención en Málaga. Foto: La chica imposible.

Entiendo que el lema acuñado por Grasso busca enfatizar la renovación de los contenidos que se imparten en las facultades de periodismo. Sin embargo, me parece un error “tirar a Kapuściński por la borda” y prescindir de aquello que el periodista polaco representa. Ryszard Kapuściński, considerado uno de los mejores reporteros internacionales, ha aportado una mirada humanista al periodismo, con sus reportajes en África, Latinoamérica y Europa, su independencia y su preocupación por “el otro”, como le gustaba referirse al interlocutor objeto de sus coberturas. Algunas de sus reflexiones sobre el periodismo han contribuido a fortalecer la ética y calidad de la profesión en estos tiempos de cinismo. Por ejemplo, su taller “Los cinco sentidos del periodista (pdf)” ofrece numerosas claves sobre el oficio de contar periodísticamente lo que sucede. Me parece que cualquiera que se dedique a esto debe conocer la obra del periodista polaco, al igual que la de otros profesionales que son modelos de referencia. Leamos pues a Kapuściński, García Márquez, Xavier Aldecoa, Martín Caparrós… y a tantos otros que aportan un sólido bagaje humanístico a la profesión.

La transformación de los perfiles profesionales

Hace tan solo una década, en las facultades formábamos esencialmente periodistas especializados en radio, televisión, prensa e internet. Hoy tratamos de formar una variedad de perfiles: editor de vídeo, diseñador, productor, periodista de datos, analista web, editor de redes sociales, podcaster, experto en SEO, fotorreportero, jefe de producto, portadista, desarrollador de audiencias, etc. Los perfiles han cambiado y seguirán cambiando conforme los medios hagan periodismo en distintos soportes y plataformas, pero el sustrato básico de la profesión continuará siendo el mismo.

Lo primero y fundamental es que el periodista sepa contar cosas y se exprese bien en cualquier lenguaje (texto, vídeo, audio…). Que identifique qué es noticiay sea capaz de jerarquizar e investigar un tema, que posea los rudimentos necesarios para analizar la actualidad y hacer buenas preguntas. Luego viene la segunda parte: tener conocimientos de internet, manejar programas de edición de vídeo y audio, dominar las redes sociales y saber de SEO y analítica web. Los conocimientos técnicos es algo que se aprende rápido, con la práctica y las herramientas disponibles. Sin embargo, lo imprescindible es que el periodista tenga bien amueblada la cabeza y sea capaz de buscar la verdad y contarla con criterio.

Los equipos han cambiado. Francesco Marconi, director de innovación de la agencia Associated Press, explica que sus reporteros antes viajaban con un bolígrafo, un cuaderno y una cámara de fotos. Ahora se desplazan con este equipo que aparece en la imagen, que incluye varios objetivos, cámaras de 360º y drones.

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El equipo que suele llevar un reportero de Associated Press. Fuente: Francesco Marconihttps://twitter.com/fpmarconi/status/890632242027913216

Las tecnologías son muy importantes, pero de nada sirven si no existe ese compromiso con la verdadMiguel Carvajal, director del Máster de Innovación en Periodismo, pone el dedo en la llaga en una reciente entrevista: “Unos medios han apostado decididamente por aportar valor con informaciones propias y verificadas para evitar la falsedad. Ofrecen reportajes y temas propios muy cuidados. Otros se dedican a buscar el clic fácil y hacer un refrito de todo lo que les llega sin aportar valor. El modelo que sobrevivirá será el primero”.

Lucy Küng, investigadora del Reuters Institute for the Study of Journalism(Universidad de Oxford), es experta en estrategia, innovación y gestión de medios. Entre sus libros figura “Innovators in Digital News”, donde identifica las claves del éxito en medios como Buzzfeed, Vice, Quartz, The New York Times y The Guardian. En la conferencia inaugural del XXIII Congreso de la Sociedad Española de Periodística, celebrado en la Universidad Miguel Hernández de Elche, Küng habló de las dificultades que afrontan los medios en la era digital y de la innovación en las organizaciones periodísticas. “El verdadero desafío para las empresas tradicionales es la complejidad de tener que operar en numerosas plataformas a la vez”. Küng incidió en la necesidad de ofrecer un periodismo de calidad, que cuesta mucho dinero y no centrarse en las bagatelas tecnológicas -shiny new things, como ella las llamó-, que difuminan la verdadera innovación.

Consejos para tu propia formación

Si ahora comienzas tus estudios de grado o máster en periodismo, me permito ofrecerte estos consejos, por si te resultan útiles:

  • Sé curioso. Ten iniciativa. Experimenta y aprende todo lo que puedas.

  • Dedica 30 minutos todos los días a estudiar cómo está cambiando la profesión: artículos, revistas especializadas, tutoriales, herramientas web, apps y un sinfín de recursos. Crea tu carpeta de recursos y fuentes propias.

  • Suscríbete a un par de newsletters que te aporten valor añadido sobre los cambios en el periodismo. Para empezar, te recomiendo estas:

    • Tendenci@s, el boletín semanal sobre las principales novedades en el sector de los medios digitales, que edita el periodista Ismael Nafría.

    • Los imperdibles de Nextmedia: cada semana recopilan los 10 mejores artículos sobre marketing, periodismo, televisión y tecnología.

  • Escribe a diario al menos unas 500 palabras. Este es uno de los mejores consejos que me dieron mientras estudiaba la carrera.

  • Lee mucho. Libros de historia, arte, economía, política… Y devora novelas que te permitan construirte tu propia biblioteca de autores indispensables.

  • Ve buen cine y series de calidad: te ayudarán a conocer mejor al ser humano, que siempre es el objeto de tus informaciones.

  • Haz buenas preguntas. El periodista es un profesional de la pregunta: nos pagan para averiguar lo que los demás ignoran.

  • Identifica a los farsantes, a los cenizos, a los vendedores de humo. Y no les hagas caso, por más que cacareen continuamente su perorata cansina, tratando de persuadirte de que te has equivocado de profesión.

  • Sal a andar por tu barrio, patea tu ciudad, conoce todos sus recovecos. Pisa la calle: el periodista es un infatigable trabajador que sigue un tema hasta donde le lleve, si es necesario, hasta los confines más remotos. Descubre esas historias que aguardan agazapadas donde menos te lo esperas. El reportero donostiarra Ander Izagirre lo llama “periodismo con botas”. Consiste en “documentarse, ir a los sitios, observar, tomar nota, hablar, regresar y contarlo bien textual y visualmente”. El profesor de periodismo de la Universidad de Navarra, Miguel Ángel Jimeno, ha creado en su Twitter la etiqueta #PeriodismoConBotas que alude precisamente a eso. Impresiona ver las fotos de decenas de reporteros que muestran sus propios zapatos, que les han llevado a la caza de historias singulares. Fíjate, por ejemplo, en las botas de Javier Bauluz, el primer fotoperiodista español con un premio Pulitzer, que recorrió a pie con los refugiados la ruta desde Grecia hasta Alemania. El resultado es este impresionante reportaje: “Buscando refugio para mis hijos”.

image alt textLa botas de Javier Bauluz. Fuente.

  • Aprende a mirar para fijarte en lo que sucede a tu alrededor. El fundador del @DNLaboratorioAlfredo Casares, recomienda cultivar la mirada y pararse a pensar en lo que ocurre, para evitar la vorágine de la cobertura instantánea las 24 horas. Como afirma en su artículo Periodismo lento para tiempos acelerados, “los ciudadanos se merecen medios que dediquen tiempo a mirar, entender y contar, para poder cambiar el mundo”.

  • Sigue a aquellos periodistas con iniciativa que están contribuyendo a cambiar la profesión y abrir vías innovadoras. Por ejemplo, conoce la historia de @politibot en @NiemanLab, la página de innovación periodística más influyente del mundo y lee este artículo de uno de sus creadoresEduardo Suárez. Este bot especializado en información política acaba de ser nominado a los Premios García Márquez en la categoría de innovación periodística.

image alt textEl chat de Politibot (Fuente: Nieman Lab).

En definitiva, se trata de fomentar un periodismo que abrace la innovación tecnológica y narrativa, tanto en los contenidos y formatos como en los lenguajes, fortaleciendo su esencia: seleccionar los hechos relevantes, jerarquizar, investigar, contextualizar y contarlos del mejor modo posible.

DIÁLOGO CON ÓSCAR SIPÁN

DIÁLOGO CON ÓSCAR SIPÁN

El escritor y editor Óscar Sipán (Huesca, 1974) presenta esta tarde, a las 19.30, en compañía del escritor Sergio Royo su nuevo libro de relatos: ’La novia francesa de Ho Chi Minh’, que publica el sello Limbo errante. Será en la librería La Pantera Rossa.

 

¿Dices que la buena literatura sirve para “salvarte la vida”? ¿En qué sentido, de qué modo te la ha salvado a ti?

 En estos tiempos donde un sector numeroso de la población reconoce, y se vanagloria, de no haber leído un libro al año, en estos tiempos del todo gratis y sin esfuerzo, de pastillas para frenar la primera tristeza, la cultura funciona como un salvavidas. Como dice uno de los personajes del libro “Nadie te enseña qué hacer con los sentimientos. Sin las canciones o los libros o las películas nos volaríamos la cabeza”. La cultura es aliento, esperanza, luz. Como editor, viví situaciones muy duras: un sábado, a las dos de la mañana, un escritor al que admiro, premio nacional para más señas, me ofreció toda su obra por tres mil euros. Aquella noche fui consciente de la sociedad en la que vivimos y del valor material de una obra importante, de toda una vida.

 

-Dices: “Escribir hasta quedarte vacío”. ¿Escribir es una desposesión, entonces, la entrega absoluta?

 Escribes para entender y entenderte, para ser libre. Escribir es la perfecta máquina de vaciar. Y por eso, para llegar al lector, toca mancharse.

 

-¿Por qué te has especializado en el cuento? ¿Qué te da, de cuántas maneras puedes entender un cuento?

Fui un lector tardío. A los veinte años descubrí los cuentos de Gabriel García Márquez; veinte años después, me nominaron por mi libro “Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas” (Editorial Base) al Premio Hispanoamericano García Márquez, y pude compartir mis historias, en Bogotá, con la familia del gran escritor, el año de su muerte. El buen cuento se gana el efecto compulsivo de volver a leerlo, de tomarlo de la estantería y sumergirte en él, otra vez más, con ojos nuevos. Sin intensidad, la vida es un fotograma de días repetidos. Y eso lo tiene el cuento, al que John Cheever definió como “la literatura de los nómadas”.

 

-”Escribir es cuidar los detalles”. ¿Por eso hay tantos matices e imágenes y pequeños hechos en los tuyos?

 Creo en el dios de las pequeñas cosas.

 

-¿Cómo surge el volumen de ‘La novia francesa de Ho Chi Minh’ (Limbo Errante)?

Nace en medio de la tormenta: un embarazo con muchas complicaciones y, por fin, el nacimiento de mi hija Lara. A ella va dedicada el libro.

 

¿Es un libro acumulativo o tiene como elementos motores la imaginación y las mujeres?

Como tituló Gabriel Ferrater, ’Mujeres y días’; no encuentro mejor motor para contar historias. 

 

¿Te has dado cuenta de que tus personajes son un tanto periféricos y están obsesionados, son como enfermos de un sueño?

No importa que el cielo se desplome sobre mi cabeza si estoy escribiendo; me gusta habitar la historia y pelear con el lenguaje.  Me gusta obsesionarme con el cuento, sentir lo que sienten mis personajes, extrañarme de las cosas que les extrañan. Su piel es la mía.

 

-Vayamos con algunos. ¿Cómo equilibras la realidad y la fantasía? ¿Qué hay de cierto en ese aprendiz de fotógrafo que va a hacer fotos a Franco con el maestro fotógrafa y la deslumbrante jardinera Nora?

Por muy extraños o extravagantes que sean los personajes, me gusta partir de datos reales. Siempre me ha fascinado el papelón de fotógrafos como Jalón Ángel y otros, que asistían al Palacio del Pardo, una vez al año, para retratar al Caudillo en las fotos oficiales que presidían escuelas, embajadas o sellos de correos. Nora es una cara con rasgos árabes que encontré en una foto de la misma época. Haciéndole las preguntas adecuadas, el relato salió fácil.

 

-¿Estuvo alguna vez Drácula o Christopher Lee en Zaragoza?

 En 2006, tuve una sección semanal (Tornaviajes) en Aragón Radio. Allí buscaba historias y personajes curiosos aragoneses. Los oyentes me escribían contándome anécdotas y tuve la suerte de conocer a la protagonista del cuento, zaragozana, que me enseñó las fotos de su romance con Christopher Lee. Lee, el Drácula más famoso, rodó varias películas en España, entre ellas “Pánico en el transiberiano”, donde supuestamente lo conoció.

 

-Uno de los elementos constantes en tus cuentos es el factor sorpresa. ¿Buscas el brillo y el asombro del desenlace deliberadamente o te los encuentras?

Lo que me apasiona y me divierte es encontrar la frase inicial del cuento (las llamo frase de publicista, frase ganadora); sin ellas no soy capaz de construir. Si el conejo quiere salir de la chistera al final del cuento, perfecto. En caso contrario, dejo a los personajes que tomen las riendas y  decidan.

 

-¿Por qué todas las mujeres ocultan un secreto? Aquí son espías, seductoras, revolucionarias, jardineras…

No podría enamorarme de una mujer sin misterio, y menos escribir sobre ella. Todo lo demás es secundario.

 

-También te has especializado en el microcuento. ¿Qué pide este género, cómo son los tuyos?

 Los microcuentos son rayos sin trueno: lucen unos pocos segundos y luego explotan en la cabeza del lector.

 

“Descubro en las memorias póstumas de mi escritor favorito su fobia a abrir cartas: por eso no se tomó en serio mis repetidas amenazas de muerte”. Dices en un microcuento. ¿A qué escritor habrías querido matar de veras y a quién o quiénes amas o admiras con locura?

Amo encontrar un libro inesperado, por casualidad, como acaba de sucederme con ‘Las cosas que perdimos en el fuego’, de la argentina Mariana Enriquez.

 

*Foto de Antón Castro, tomada en la Feria de Huesca.

'LITORAL' ANALIZA LA LOCURA

'LITORAL' ANALIZA LA LOCURA

‘LITORAL’ ANALIZA LA LOCURA

 

Goya, Antonio Saura, Dino Valls y Susana Blasco participan en un cuidado número sobre la dolencia y sus vínculos con el arte y la literatura

ZARAGOZA. La locura es uno de los grandes temas de la creación: el hombre que enloquece, como Don Quijote y que va por el mundo con su insondable lucidez, el artista loco, las descontroladas formas del caos y de la enfermedad que dan lugar a la transgresión, la rebeldía, el inconformismo, la posesión, la paranoia, la destrucción y su reverso, la melancolía, y por supuesto, el amor, que desemboca a menudo en locura de amor. A todo ello, la cuidadísima revista ‘Litoral’, que dirige Lorenzo Saval y que fundaron los poetas e impresores Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, publica uno de sus espectaculares monográficos sobre ‘La locura. Arte & literatura’, casi 300 páginas donde conviven la poesía, el ensayo, el relato y los aforismos con cuidadas ilustraciones: óleos, dibujos, grabados, fotografía, collages, etc.

Es precisamente en el terreno de las imágenes donde es importante la presencia de cuatro autores aragoneses. Francisco de Goya -que en cierto modo encarna al artista loco como el Bosco, Gericault, Van Gogh o Bacon, por citar a algunos que aparecen en ‘Litoral’-, ilustra con dos cuadros, ‘El patio de una casa de locos’ (1794) y ‘Casa de locos’ (1812), un fragmento de ‘El pabellón nº 6’ de Antón Chéjov, que aborda uno de los grandes epígrafes del número: los manicomios. Aquí aparecen varios textos de Leopoldo María Panero, uno se titula ‘Los manicomios o la fábrica de la locura’, y Jorge Alemán firma una ‘Evocación de Panero (Presencia de Panero)’.

Antonio Saura fue un maestro no solo en la pintura sino en ilustrar libros. Lo hizo a su modo y fue capaz de ponerle sus líneas ensortijadas a Baltasar Gracián, Camilo José Cela, Carlo Collodi o San Juan de la Cruz. También ilustró los dos volúmenes del Caballero de la Triste Figura. Se reproduce un dibujo de 1987 y se ve, a la perfección, la eficacia y el sentido de síntesis del artista oscense. El Quijote protagoniza en buena medida uno de los artículos más atractivos del conjunto: ‘Melancolía española’, que firma Andrés Trapiello.

El pintor zaragozano Dino Valls explora las psicopatías y los desvíos del alma. Ilustra con su retrato ‘Silentium’ (2014) un artículo de Amalia Rodríguez Monroy sobre ‘El silencio’, donde se habla de la poeta norteamericana Emily Dickinson, “que nos asoma a la intemperie y la soledad del afuera”, y del autor francés Michel Foucault, que escribió: “Todo ser que habla hace uso, al menos en secreto, de la absoluta libertad de estar loco”. En esa misma pieza se incorporan tres collages de la diseñadora y artista zaragozana Susana Blasco de la serie ‘Antihéroes’, que se pudieron ver en el Centro de Historias. Valls, con una de sus piezas más complejas, ‘Dies Irae’ (2012), acompaña el poema ‘Hipocondría’ de Virginia Aguilar, que empieza así: “Conozco muy bien mis males, y por eso / sin número, / sola, me diagnostico / enfermedades muy sofisticadas”.

Se analizan otros temas como el extravío de la razón –donde figuran algunos locos egregios como Robert Walser, Virginia Woolf, Nietzsche, Kafka o Pessoa–, la alteridad, la tempestad de las almas, los soñadores de la razón perdida, las pasiones más desgarradas, el suicidio y la muerte. La locura es tan antigua como el hombre, ya Platón o Aristóteles escribieron de ella. Isaac Newton ofrece una dimensión abierta de esta dolencia tan enigmática: “Puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente”.

 

 

*Este artículo apareció en Heraldo de Aragón. La ilustración es de Dino Valls, 'Silentium'.

DIÁLOGO CON JORGE ASÍN, ACTOR

 

Soy muy feliz porque trabajo en lo que quiero y eso, en los tiempos que corren, es una bendición. Yo voy conquistando sueños, así que agacho la cabeza, sonrío y tiro hacia adelante”. Este es el estado de ánimo del actor, guionista y ex cantante de heavy metal Jorge Asín (Zaragoza, 1972), que se ha hecho popular gracias a ‘Oregón Televisión’, a su matrimonio en la ficción con Marisol Aznar y a una ya nada incipiente carrera en el cine. Acaba de participar en ‘Yucatán’ de Daniel Monzón, en ‘La tribu’ de Fernando Colomo y en ‘Los Futbolísimos’ de Miguel Ángel Lamata, y dentro de unos días empieza ‘Miau’, la segunda película de Estaregui.

-¿Recuerda desde cuándo le interesa este oficio?

-Yo he sido un niño del centro. Iba a todos los cines: Don Quijote, el Mola, el Teatro Fleta y los multicines Buñuel, donde me aficioné a los grandes cómicos: desde Woody Allen y Buster Keaton a los hermanos Marx, pero también Harold Lloyd, del que TVE emitió una serie que me interesó mucho.

-Era chico de cines. ¿Lo fue también de teatro?

-Menos. Pero mi padre, que empezó de botones y acabó de jefe de cartera del Banco Central, era muy aficionado al teatro y actuaba con una compañía amateur. Era primo del director de cine José María Forqué, y yo lo saludé de niño en la presentación de un libro sobre él. De mi padre heredé una colección de textos teatrales de Enrique Jardiel Poncela, Tono, Mihura, y los dos nos enganchábamos a ‘Estudio 1’. Recuerdo cuánto me impactó ‘Doce hombres sin piedad’. Desde niño, siempre he querido ser actor.

-Quería ser actor y empezó siendo fontanero. Y trabajó en el hotel Boston.

-Es cierto. He sido muy mal estudiante. Cuando estaba en el instituto, solo aprobé historia y literatura. Mis padres me llevaron a un psicólogo y les recomendó que me dedicase a trabajos manuales. A los 17 empecé a trabajar en el Boston. Trabajé un año. Tenía un compañero, que diseñaba los circuitos y tuberías, y dormía todos los días con aquellos planos. Me impresionaba.

-¿Qué pasó luego?

-Me fui a la mili y volví, primero a la Escuela-Taller de Veruela y luego a la Plaza de Toros, y después me incorporé a mi empresa. Siempre había alguien que te empujaba hacia la escena. Una novia, mientras ejercía de fontanero, me llevó a unos cursos en el Teatro de la Estación. Sería hacia 1996. Y un día, uno de nuestros profesores, el actor Miguel Pardo me dijo si quería trabajar en un grupo de teatro infantil La Carrucha. Dije que sí, claro. Y allí recibí mi primera nómina en el mundo del espectáculo.

-Había oído que también pasó por la Escuela Municipal de Teatro.

-Sí. Me apunté a los 28 años. Tenía dos años de paro, y con el subsidio pude sobrevivir en ese tiempo. Mariano Bartolomé me invitó a hacer monólogos en el Juan Sebastian Bar. Un día un señor mayor nos dijo: “Como no cobráis nada y nos hacéis reír tanto, os hemos comprado unos billetes de lotería”. Y nos tocó. A mí, 6.000 euros, y con aquel dinero pude acabar el tercer curso en la Escuela Municipal de Teatro. La lotería ha sido fundamental en mi vida. Ya lo irá viendo, ja, ja, ja. Poco después, justo cuando Javier Coronas dejó la tele, Marisol Aznar, a quien ya conocía, me dijo si quería probar en ‘Qué viene el lobo’.

-Y conoció a Félix Zapatero.

-Siempre digo que es mi padre artístico. Es un hombre que siempre va más allá: una figura fundamental de la televisión del cine y de la televisión en Aragón. Me hizo la prueba, le gustó y hasta ahora: primero en ‘Qué viene el lobo’, luego en ‘Vaya Comunidad’ y desde hace doce temporadas en ‘Oregón televisión’ con ese equipo extraordinario de actores y amigos con los que reivindico sin complejos el humor y el acento aragonés. Félix Zapatero fue el primero en darse cuenta de que todo Aragón es un plató de cine.

-De golpe dio el salto a la gran pantalla.

-Aragón ha vivido estos años un período importante de apoyo al mundo audiovisual y está dando sus frutos ahora. Empecé con Alejandro Cortés, en ‘Refugios’, donde hice un cameo. Y luego me llamó Ignacio Estaregui para ‘Justi&cia’, aunque la primera gran oportunidad me llegó con ‘Bendita calamidad’ de Gaizka Urresti. Allí era protagonista con Nacho Rubio y aprendí muchísimo del cine. Lo más complicado en el set es saber de dónde vienes y a dónde vas, o que hoy estás rodando una cosa que aún no le ha pasado al personaje… Aprendí muchísimo. Me impresionó Álex Angulo, educado, sabio, todo un caballero. Me dijo. “En esta profesión se empieza desde cero en cada proyecto”. Y lo tengo muy presente.

-¿Cómo dio el salto para trabajar con Daniel Monzón?

-Dos de las grandes directoras de castin de España, Eva Leira, hija de Manuel Carmena, y Yolanda Serrano, zaragozana, me vieron en la película de Gaizka Urresti y se fijaron en mí. Y me llamaron para ‘Villaviciosa de al lado’ de Nacho García Veilla, que giraba en torno a la lotería. Fue una experiencia muy bonita y coral. Me entendí muy bien con el equipo y con García Velilla. Y ellas, Eva Leira y Yolanda Serrano, también fueron claves para que me llamase Monzón. Me vio y le gusté.

-¿Como son la película y su papel?

-La lotería ha sido básica en mi carrera. Esta es la historia de un hombre al que le toca la lotería, el euromillón. Tiene tres hijas, y yo soy el marido de una de ellas. Ha leído que ocho de cada diez agraciados son infelices, y decide, para cambiar la suerte, invitarlas a un crucero. Viajamos en un transatlántico que recorre Francia, Italia, las cosas españolas, etc., y también estamos en Brasil y México… Casi he dado la vuelta al mundo.

-¿Cuál ha sido su relación con Monzón?

-Es una de las mejores personas que he conocido nunca. Es inteligente, lo lleva todo en la cabeza, pero trabajando es divertido, cariñoso, alegre. Yo creo que esta película, que se parece al cine de aventuras de Hollywood de los años 50, va a pegar fuerte. Tiene personajes, acción, viajes, e incluso hay muchos musicales. Lo que más me impresionó de él es que cuando leíamos el guión se reía y se divertía como un niño de ocho años, con gestos, voces, risas constantes. Todos nos partíamos, salvo Luis Tosar, que ya lo conocía. Con un director jasco, duro, esa película no se habría podido hacer.

-¿Y su trabajo en ‘La tribu’ de Fernando Colomo?

-Es más pequeño, de secundario, casi podríamos decir que de figurante con frase. En ‘Miau’, de Estaregui, mi papel será más importante. En ‘La tribu’, de Colomo, soy el marido de Marisol Aznar. La película cuenta la historia de un grupo de madres que llevan a sus hijos a clases de hip hop y deciden apuntarse. Llevo muchos años trabajando con Marisol Aznar, y estoy acostumbrado a todo, posee un talento natural desbordante, pero aquí ha hecho un trabajo impresionante y aquí, además, baila. Colomo es un tipo encantador, sabio y afectuoso.

-¿Alguna sugerencia de futuro?

-Soy un loco de los cómics y soy ‘marvelita’. Ellos suelen recordar la gente que hace posible cada cómic, cada película. Los cineastas deberían hacer lo mismo y poner: “en esta película han trabajado 100, 1000, 2500 personas”, para que nuestros políticos y gestores vean que en caso de que no les interese el arte, el cine es una gran industria.

*La foto es de 'Heraldo'.