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Antón Castro

SHELLY-ANN FRASER: REINA DE LA VELOCIDAD

SHELLY-ANN FRASER: REINA DE LA VELOCIDAD

Shelly-Ann Fraser ha dado a Jamaica la medalla de oro en la final femenina de 100 metros con la mejor marca de su vida (10.78), que refrenda la nueva hegemonía de la isla antillana en la velocidad mundial un día después de que su compatriota Usain Bolt estremeciera el estadio con un nuevo récord mundial. Jamaica logró un triplete histórico en el hectómetro femenino. Sherone Simpson y Kerron Stewart subieron con Fraser al podio compartiendo la medalla de plata con la misma marca de 10.98. La foto-finish no fue capaz de dilucidar quién había llegado antes.

Las semifinales habían atizado la rivalidad entre jamaicanas y estadounidenses. En la primera, Shelly-Ann Fraser (11.00) se impuso a las norteamericanos Muna Lee y Lauryn Wlliams, y en la segunda Kerron Stewart (11.05) batió con holgura a Torri Edwards (11.18). La carrera por las medallas, sin embargo, acabó por hundir la reputación de las velocistas estadounidenses, incapaces de ganar una sola medalla. Lauryn Williams, campeona mundial en 2005, y Muna Lee terminaron cuarta y quinta, y Torri Edwards, una de las favoritas, fue última.

 

Ahora entrará en juego una nueva reina de los juegos: Allyson Felix. Ella probablemente gane a las jamaicanas, que parecen las herederas de la inolvidable Merlene Ottey. [Los dos primeros párrafos pertenecen al diario El País.]

 

DIEZ MONOGRAFÍAS DE LA EXPO EN ARAGÓN TELEVISIÓN

DIEZ MONOGRAFÍAS DE LA EXPO EN ARAGÓN TELEVISIÓN

Aragón TV estrena “Las huellas de la Expo”, una invitación a conocer a quienes han pensado y diseñado la nueva ciudad de Zaragoza

 

Arquitectos, ingenieros y paisajistas han dejado una profunda huella en la Expo. Nuevos puentes, edificios, parques y pasarelas dibujan el futuro de Zaragoza.

 

 

Aragón TV estrena el lunes 18 de septiembre el espacio “Las Huellas de la Expo”, una serie de diez capítulos dedicada a dar a conocer los nuevos edificios, parques, puentes y pasarelas que con motivo de la celebración de la Exposición Internacional han dejado una profunda huella en la ciudad de Zaragoza.

 

El periodista Pablo Carreras dirigirá este nuevo programa de la cadena autonómica (de lunes a viernes en torno a la medianoche) en la que los autores de la nueva arquitectura de la ciudad serán los protagonistas absolutos del espacio. Durante 20 minutos, los arquitectos, ingenieros y paisajistas que han diseñado obras como el Pabellón Puente, el puente del Tercer Milenio, la pasarela del Voluntariado o la Torre del Agua, entre otros, invitarán a los aragoneses a reflexionar sobre la arquitectura actual al tiempo que ofrecerán su visión de las ciudades, el urbanismo y la ingeniería.

 

PROGRAMAS

 

A lo largo de diez capítulos, “Las huellas de la Expo” dará a conocer las nuevas obras más emblemáticas de Zaragoza y a sus autores.  

 

1:- JAVIER MANTEROLA: Pasarela Del Voluntariado (lunes 18, a las 23:55 horas).

2: CÉSAR AZCÁRATE Y RAIMUNDO BAMBÓ: Pabellones participantes (martes 19, a las 23:55 horas).

3: IÑAKI ALDAY y MARGARITA JOVER: Parque Metropolitano del Agua. (Miércoles 20, a las 00:20 horas)

4: ENRIQUE DE TERESA: Torre del Agua (Jueves 21, a las 00:15 horas)

5: JUAN JOSE ARENAS: Puente del Tercer Milenio (viernes 22, a las 23:35 horas)

6: PATXI MANGADO: Pabellón de España (lunes 25 a las 23:55 horas)

7: ZAHA HADID: Pabellón Puente (martes 26 a las 23:55 horas)

8: ALVARO PLANCHUELO: Acuario fluvial. (Miércoles 27 a las 23:40 horas)

9: DANIEL LOLANO Y ALBERTO MENDO: Pabellón de Aragón (jueves 28 a las 00:15 horas).

10: FUENSANTA NIETO Y ALBERTO SOBEJANO: Palacio de Congresos (viernes 29 a las 00:25 horas.

 

*La nota corresponde a prensa de Aragón Televisión, el departamento que dirige María José Mozota. La foto del interior del Pabellón Puente de Zaha Hadid y su equipo, tratado con tanto desdén por Patxi Mangado una y otra vez, corresponde a José Antonio Melendo.

JEFF WALL / 2. HISTORIA DE UNA FOTO DE CINE

JEFF WALL / 2. HISTORIA DE UNA FOTO DE CINE

En Wikipedia se cuenta así la historia de esta foto de 1982, una de las más famosas de Jeff Wall, que explica su forma de trabajo, la meticulosa planificación:

 

“Resulta ser una transparencia de color de 198 cm por 229 cm. En ella, vemos a tres personas, una pareja y un hombre, caminando hacia la cámara sobre un lado de la acera. La calle pertenece a un suburbio en una ciudad norteamericana, un área residencial mezclada con pequeñas industrias. La pareja, a la derecha en la imagen, es blanca, y el hombre de la izquierda es de origen asiático. La mujer lleva unos pantalones cortos rojos y un top blanco mostrando su ombligo. Su novio lleva un chaleco, con una barba poblada y pelo despeinado; dan la impresión de ser de clase trabajadora. El hombre asiático está vestido elegantemente, con una camisa gris; da la impresión de ser de clase media. El novio hace un gesto racista al girar su cara hacia fuera para mirar de reojo al hombre asiático. La imagen ha sido tomada en el momento justo en que se produce el gesto y revela la tensión social. Sin embargo, esta escena ha sido construida meticulosamente al igual que si fuera una imagen cinematográfica”

JEFF WALL / 1. CASI UN FOTÓGRAFO DE CINE

JEFF WALL / 1. CASI UN FOTÓGRAFO DE CINE

Hace unos días conocí a la joven fotógrafa y cantante Cecilia de Val, que expone en la Caja de la Mujer y ha ganado el premio Isabel de Portugal. Me dijo que una de sus referencias es el fotógrafo canadiense Jeff Wall (Vancouver, 1946), que suele tratar sus fotos como si fueran secuencias de cine, escenas, fotogramas. También le interesan mucho los bodegones, más o menos desordenados, y suele exponer su obra en grandes cajas de luz.

WILLIAM OSPINA: POETA Y NARRADOR DE COLOMBIA

WILLIAM OSPINA: POETA Y NARRADOR DE COLOMBIA

Ayer estuve un momento en una librería céntrica y buscando buscando encontré algunos libros curiosos: uno de Eugene Atget, otro sobre Alphonse Mucha, ese artista del Art Nouveau que me fascinó por completo en CaixaForum de Madrid. Qué refinamiento, qué inventiva, qué capacidad de crear atmósferas, tipografías, ornatos, grandes decorados más o menos ilusorios. Me encantó el montaje de la muestra: muy pensada, muy teatral, con una revelación insospechada: Mucha era un hombre sensual, un embrujado de las mujeres y, sobre todo, un espléndido fotógrafo. Andaba por ahí, curioseando, cuando vi la “Poesía completa, 1974-2004” del colombiano William Ospina (1954), un autor de verbo exuberante al que le interesa mucho la historia de su país: “Las auroras de sangre” es todo un viaje en torno a la vida y la obra del cronista Juan de Castellanos; “Ursúa” es una novela histórica sobre Pedro de Ursúa, y la poesía es su obra lírica de treinta años. García Márquez pone a Ospina por las nubes una y otra vez, le dedica esas frases explosivas de elogio que quedan muy bien luego en las fajas y en las portadas o contraportadas.

 

Leí varias cosas. Y hoy, interesado por este autor, copio su poema dedicado a Franz Kafka...

 

 FRANZ KAFKA

 

Padre, le digo, dame tres granos de cebada para despertar al
durmiente.
Pero mi padre no responde:
es un enorme jinete de bronce, alto sobre colinas y sinagogas.
Madre, le digo, aparta tanta niebla,
muéstrame un rostro dulce, del que broten palabras ingenuas.
Pero ella se ha perdido por los callejones de piedra
y sólo encuentro en el espejo sus ojos inmensos.
Abuelo, digo entonces, ya no luches más con el ángel,
ven a contarme historias junto al niego, mientras se hiela el Elba.
Pero el viejo me mira con ojos ausentes, y comprendo
que no es éste mi abuelo sino un viejo gitano que quiere venderme
un recuerdo.
Hermana, bella hermana, le digo,
toma mi mano que está oscuro en esta casa inmensa.
Pero a mi lado pasa una condesa polaca monumental y arrogante
y se escucha un violín, y se cierra una puerta.
Hermano, digo, qué bello cabalgas sobre el potro de madera y
de laca,
¿hacia dónde nos llevan estas tardes inciertas?
Pero él es sólo una imagen, una gris fotografía en mis nimios,
y a lo lejos, atroces, los cañones resuenan.
Goethe, le digo, cántame una canción romana,
haz que yo sienta en mi corazón esta antigua tristeza.
Pero la tumba calla y sobre ella vuelan grises palomas
y no puedo abrir este libro porque sus páginas son de ceniza.
Milena, digo luego, tal vez tú puedas finalmente salvarme,
dime que soy de carne y de sangre, que esto que me atenaza es un deseo
Pero ella se afantasma entre miles de seres escuálidos
y apenas si percibo dos llamas que se apagan muy lejos.

¿Entonces es delirio todo esto? ¿A quién puedo llamar que me
salve?
Su reino es de este mundo. Todos están aceptados y absueltos.
Son demasiado humanos, son demasiado justos,
y yo no logro hablarles con mi estruendo de élitros.
y no aprendí a cruzar las puertas,
y no sé defenderme.

Si ves dos grises ojos de gato en la gótica noche de Praga
comprenderás que temo morir si me duermo.
Si oyes una canción en la gótica noche de Praga
comprenderás que intento saber dónde me encuentro.
Si oyes un corazón en la gótica noche de Praga
comprenderás quién sostiene todo este sueño.

CARMEN ARBUÉS & FRANÇOIS POIRIER, EN JOAQUÍN RONCAL

[La peluquera y maquilladora Carmen Arbués Miró y el fotógrafo François Poirier, asentados en Murillo de Gállego, firman un deslumbrante libro sobre la mujer embarazada: “De un mundo a otro”. Inauguran la muestra del libro en la sala Joaquín Roncal de la CAI, sita en la calle San Braulio. Recupero este texto sobre su obra.]   

Desde hace varios días, me atraía poderosamente la atención un libro de gran formato. Una mujer desnuda y embarazada, con el cabello plateado y metálico, extiende su mano derecha mientras luce su perfil orondo sobre un fondo de papel de aluminio pintado. Ése es el motivo de portada. Veía el libro una y otra vez en la mesa de novedades, casi como una tentación. Miraba los cuerpos desnudos, miraba las esculturas pintadas, las mujeres-lienzo, las mujeres de arena, las mujeres-flor,  y siempre me quedaba un tanto perplejo. ¿Qué era aquello, en realidad: la memoria de Venus, madre y tierra? ¿Un libro sobre el embarazo, un tratado sobre la exultante y nada convencional belleza de la gestación? ¿El relato visual de un cuerpo que cambia y que se hincha con el milagro de la vida en su interior? ¿Un manual en imágenes, próximas al arte contemporáneo, sobre la mujer que desarrolla, con gozosa opulencia, una nueva forma de energía o la semilla del mundo?


Me fijaba en sus autores, Carmen Arbués Miró y François Poirier, y me quedaba indeciso. ¿Quiénes serían? Siendo tan aficionado a los libros de fotografía, sospechaba que un día u otro acabaría por adquirirlo. Un día, recibí una llamada del cineasta y etnógrafo Eugenio Monesma: me habló de una pareja de creadores, repletos de fuerza e imaginación, que vivían en Murillo de Gállego. Me dijo que habían publicado un libro extraordinario, pero creo que no me dijo nada más. Tal vez añadiese: “Te va a encantar”. Hace unos días, en una pequeña bolsa de plástico, recibí un libro de gran formato. Era “De un mundo a otro”, y lo firmaban François Poirier y Carmen Arbués Miró. Por  supuesto, era el libro que me perseguía en todas las librerías. Me gustaron las dedicatorias. Carmen le dedica el trabajo a su madre, Carmen Miró Polo. Y Poirier, a todas las madres del mundo.

Volví a zambullirme en sus páginas. No cabía duda: era un libro sobre la feminidad, sobre la condición de madre, sobre el instante en que “el vientre se va agrandando como anuncio de una vida”. Es un libro sobre la esperanza, sobre el misterio del espermatozoide que se encuentra con el óvulo, es un libro sobre la metamorfosis más hermosa y sobre el porvenir. Escriben los autores, bajo una parábola gráfica que anuncia la curva del embarazo y la hendidura del ombligo: “Piel dilatada, ensanchada, estirada, que respira por los poros  un ansia de futuro”. Arbués y Poirier comparan a sus mujeres con heroínas, vulnerables y enérgicas a la vez, con diosas, y a continuación abordan las diversas suertes del desnudo más iluminado por dentro.

         Carmen es maquilladora, figurinista, peluquera, y es una creadora de atmósferas, de guaridas para el sueño y de espacios abiertos, que ha trabajado mucho en el cine y que sigue haciéndolo, sobre todo, en Francia. François es director de fotografía de películas y es fotógrafo de arte con sobrados recursos, enorme paciencia y con una sensibilidad especial. El lector-espectador se sumerge en las páginas para verlo todo: esa belleza sangrante, y tal vez telúrica, que se cuartea como un fruto al final de su sazón cuando está a punto de sobrevenir el definitivo vómito de vida, la humana certeza de un pálpito. Aquí hay muchas cosas, muchas mujeres que son actrices o máscaras de una gran función teatral que es la pura ostentación del embarazo. Hay mujeres árbol, esculturas en proceso, amazonas indómitas, mujeres que aparecen recortadas sobre un fondo que evoca a Dalí o Tanguy, mujeres que han sido soñadas por Rousseau el Aduanero, mujeres que parecen estudios de pintor o bocetos de escultor, mujeres con mantillas que remedan a preñadas manolas de la España cañí. Hay mujeres que se asoman a las azoteas de la gran ciudad, mujeres que acarician la viola con una gran nota musical inscrita entre los senos y su protuberancia dichosa. Mujeres que han sido captadas en París o en Venecia, en pleno carnaval, y a orillas del río Gallego. Este libro tan solar lleva un escueto prólogo, una “Carta desde el interior” de Pierre Jouannet, que se cierra con un hermoso grito: “¡Bienvenido a la vida!”.

 

JEANNE MOREAU: EL CINE, LA VIDA Y LUIS BUÑUEL

JEANNE MOREAU: EL CINE, LA VIDA Y LUIS BUÑUEL

Probablemente una de las mejores actrices francesas de todos los tiempos sea Jeanne Moreau, que el pasado 23 de enero cumplió 80 años. El domingo, El Semanal publica una espléndida y más bien breve entrevista con ella, que le hizo Cristina Carrillo de Albornoz. Es una conversación sin desperdicio: destaca la lucidez, la inteligencia, la sensibilidad y la precisión del discurso de esta mujer que actuó en más de 120 películas con directores de la talla de Louis Malle, Orson Welles, François Truffaut, Elia Kazan o Luis Buñuel. Todos, y otros muchos más, la vieron como una auténtica musa: luminosa, profesional y a veces con un huraño gesto de gata desdeñosa, como una de enigmáticas mujeres de cine negro. Cristina Carrillo recuerda una frase que le dedicó Marguerite Duras: “Posee una fuerza estupefaciente envuelta en una dulzura inaudita”. Siempre recordaré cuando a principios de los 80, en una matinal de los Buñuel, vi Jules et Jim de François Truffaut: me perturbó la película, me perturbó su libertad, su sensualidad, ese desenfado audaz de vivir. Dice Moreau: “…no hay diferencias entre mi vida privada y profesional: soy una mujer-artista. El cine me interesa más allá de mí. Es mi forma de vida, mi ética, mi moral, mi manera de existir plenamente. Nunca acepté cualquier cosa; siempre me guió una especie de juez interior con una gran exigencia. (…) espero que el flujo creativo del cine me atrape hasta el final”.

 

Jeanne Moreau habla de distintos directores, especialmente de Orson Welles y de Luis Buñuel, de quien se dijo y se ha escrito que estuvo enamorada. Explica:

“[Luis Buñuel] Es el padre que me habría gustado tener. Una vez se lo dije. ‘Oh, no, eso habría sido horrible –me respondió-: te habría encerrado en un armario para que nadie pudiera verte ni robarte.’ Era una persona con un enorme sentido del humor, aunque casi siempre negro. Por otra parte, para comprender sus películas, es necesario entender su ateísmo. Atacaba y satirizaba mucho al clero y la religión: era un ateo con necesidad de fe poseído por Dios, un enemigo de la iglesia educado por jesuitas y con un profundo sentido de lo ritual y de lo simbólico. Siempre estuve convencida de que negaba tan enérgicamente porque a la vez sentía una gran ansia hacia ella. Repetía que buscaba algo que nunca encontraría. Se refería al absoluto, aquello de lo que no sabemos nada. Buñuel y yo buscábamos lo mismo e íbamos los más lejos que podíamos”.

 

Sobre Orson Welles [con quien rodó en España Una historia inmortal, película basada en el cuento homónimo de Isak Dinesen], declara:

“Con él todo fue magnífico desde el primer encuentro y descubrí la intensidad del nuevo cine. Entendí también que ser una estrella no significa nada; son la humanidad y la sensibilidad lo que cuentan. Welles era poderoso y frágil a la vez, muy autodestructivo, siempre vulnerable, como un alma errante. Yo le he estado siempre muy agradecida porque cuando dije que me gustaría dirigir películas fue el único que me ayudó”.

PACO GAUDIOSO (JAVIER CERCED) ESTRENA BLOG

PACO GAUDIOSO (JAVIER CERCED) ESTRENA BLOG

[Paco Gaudioso también es Javier Cerced. Javier Cerced también es Paco Gaudioso, un viejo-joven amigo de la familia: de Carmen Gascón y sus hermanas, de mis suegros Isabel y Leoncio, que falleció hace más de dos años. Hace muy pocos días, perdían a una amiga de juventud: Maribel, madre de un niño de diez años. Paco, es decir Javier Cerced, cogió su coche y condujo al funeral en Irún en compañía de las hermanas Gascón y de otra amiga de entonces: Ascen. Recorren los buenos días, rieron, lloraron, recontaron una y mil historias de la vida, y Javier Cerced, es decir Paco Gaudioso, les contó a Carmen y sus hermanas –que sí, es cierto, tienen algo de personajes de Woody Allen- que acudía a talleres literarios con Julio Espinosa, el poeta chileno, y que había empezado a redactar sus primeros textos. Paco ha creado el blog: El canto del jilguero, cuya ruta de acceso es http://el-canto-del-jilguero.blogspot.com.

 

Copio aquí uno de los últimos textos de Paco Gaudioso, que ha dedicado a la finada y llorada Maribel.]

 

EL DÍA EN QUE YO QUISE DESPEDIRME DEL MUNDO

 

Un día. El día en el que yo quería despedirme del mundo. Ella estaba allí. A mi lado. Cogimos el coche y estuvimos recorriendo las calles y las carreteras sin rumbo fijo, hablando, o más bien hablando yo y escuchando ella. En mi huida llegamos a los montes de Torrero, a los más altos desde donde se divisa todo Zaragoza. Se veía pequeña, compacta y sobresalía, iluminada por las luces pálidas, de la noche oscura. Era como una mancha que resplandecía en medio de la nada. Salimos del coche. Yo, apoyado sobre uno de sus laterales me puse a contemplar con ojos vidriosos aquella mancha. Ella se colocó delante de mí y apoyó su espalda contra mi pecho. Me tomó de las manos e hizo que la abrazara. Después cruzó sus brazos sobre los míos. Yo la abrazaba a ella y ella se abrazaba a sí misma y, de alguna manera, me abrazaba también a mí. Estuvimos así largo rato, callados, apenas sin respirar. La ciudad nos ignoraba por completo. Poco a poco mi ánimo se fue serenando. La mancha empezó a parecerme más dorada, más humana. Detrás de cada puntito de luz surgieron en mi imaginación personas. Personas alegres y tristes. Jóvenes que iban a las discotecas y otros que iban a los hospitales o tal vez a los dos sitos alternativamente. Parejas que se amaban en aquel instante y parejas que se lanzaban insultos. Hombres con corbatas serias que se sentaban detrás de las mesas de dirección de los bancos y hombres con cartones que dormían en las entradas de los mismos en las noches de invierno. Personas con suerte y otras sin ella. Niños que no dejaban dormir a sus padres con sus llantos primerizos. Personas que nacían. Personas que morían.
Lo que en mi ánimo aparecía como una despedida se fue convirtiendo en un... ¡esperadme!


Salimos de aquella contemplación, volvimos a entrar en el coche y regresamos a casa. No recuerdo que habláramos nada en el camino. Al despedirnos simplemente le dije: “Gracias”. “De nada” contestó ella.

Para Maribel (In memorian)

*La foto corresponde a Bruce Weber.