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Antón Castro

GATOS, POR PABLO NERUDA

GATOS, POR PABLO NERUDA

[Visor publica un “Bestiario” de Pablo Neruda, en edición de Giuseppe Bellini. En mi casa hay cuatro gatos, pero compruebo que a Marta y Julia de Entrenómadas les apasionan estos felinos, casi tanto como a Charles Baudelaire. Copio este texto de Neruda, que escribió mucho sobre gatos, y lo coloco aquí en homenaje a su pasión por los animales y otros fantasmas.]   

GATO III

Cuántas estrellas tiene un gato
me preguntaron en París
y comencé tigre por tigre
a acechar las constelaciones:
porque los ojos acechantes
son palpitaciones de Dios
en los ojos fríos del gato
y dos centellas en el tigre. 

Pero es una estrella la cola
de un gato erizado en el cielo
y es un tigre de piedra azul
la noche azul de Antofagasta. 

La noche gris de Antofagasta
se eleva sobre las esquinas
como una derrota elevada
sobre la fatiga terrestre
y se sabe que es el desierto
el otro rostro de la noche
tan infinita, inexplorada
como el no ser de las estrellas. 

Y entre las dos copas del alma
los minerales centellean.

Nunca vi un gato en el desierto:l
a verdad es que nunca tuve
para dormir más compañía
que las arenas de la noche,
las circunstancias del desierto
o las estrellas del espacio. 

Porque así no son y así son
mis pobres averiguaciones.

PABLO LOZADA: DIÁLOGO Y EVOCACIÓN DE PABLO SERRANO

PABLO LOZADA: DIÁLOGO Y EVOCACIÓN DE PABLO SERRANO

Arte. Pablo Lozada (Córdoba, Argentina, 1925) fue coleccionista y editor de arte y galerista de arte. Desde 1970 asumió la representación de Pablo Serrano en Francia. Hace un par de años, al menos, visitó el museo del escultor de Crivillén en Zaragoza y donó cartas, fotos, dibujos, cuadernos y manifiestos. Recupero esta entrevista porque el año 2008 se celebra el centenario del escultor Pablo Serrano (1908-1985), y siempre me gusta trasladar mi fondo de armario a este blog. Dolores Durán y su equipo, Miriam, Paloma y Valeria, entre otras, preparan el catálogo razonado de la obra de Pablo Serrano.

   1. “Pablo Serrano buscó la luz interior del hombre”
2. “Pablo Serrano fue un creador auténtico”  

-Empecemos por el principio. ¿Cómo entró en contacto con Pablo Serrano?
-Antes debiera contarle dos historias: la de mi origen y una historia de amor. Yo soy argentino de Córdoba, nací en 1925. Mi padre era coleccionista de arte argentino, poseía una gran colección, y fue él quien me enseñó a amar el arte. A finales de los años 40, tras finalizar mis estudios, realicé un viaje por Europa, recorrí diferentes universidades europeas, y conocí a Françoise Benard, me enamoré y decidí volver a la Argentina para anunciar que iba a casarme. Y ahí empezó todo…

-¿Qué quiere decir todo?
-Bueno, yo ya tenía inoculada la pasión del arte. Me iba a París a casarme y a trabajar con mi suegro, que poseía una importante empresa de cosmética, Garnier. Entonces se viajaba en barcos y mis baúles venían llenos de  telas. Yo no puedo vivir sin tener pinturas colgadas en casa, incluso las tenemos en el baño. Recuerdo que mi novia se quedó un poco extrañada de mis pertenencias.

-¿Qué le sugiere, qué le da la pintura?
-La pintura es una pasión. Ofrece diferentes facetas del espíritu, transmite un mensaje de vida y humanismo.

-Sigamos.
-Trabajé. Fui desarrollando mi trabajo y hacia 1965 mi suegro vendió la empresa a L’Oreal. Nos hicimos un poco ricos. En todos esos años, nosotros nos habíamos ido haciendo una importante colección de grabados de Picasso, teníamos pinturas de Serge Poliakoff, varias obras de André Masson, de Joan Miró, de Pierre Soulages o de Maurice Esteve. Al vender decidimos abrir una galería, centrada en la obra gráfica. Y seguimos incrementando nuestras colecciones y fondos con más obra de Soulages y con el pintor polaco Jean Kwiatkowski, que llegó a hacer telas con Raoul Dufy. Empezó haciendo una pintura naïf, pero luego estalló un poco a la manera de Van Gogh o Modigliani y realizó una gran obra plena de luminosidad.

-Y es entonces cuando apareció Pablo Serrano en su vida…
-Sí, Pablo Serrano es un verdadero creador. Un creador auténtico. Creo que no se ha entendido bien el mensaje de su obra: esa búsqueda del misterio profundo de la creación que se encuentra en el interior del ser humano. Todo en él es una constante lucha, una defensa de una filosofía humanista, y una manera de estar inmerso en las ideas y las corrientes sociales, anímicas y estéticas de su tiempo, en estrecha vinculación con una formidable generación de pintores como Canogar, Saura o Millares.

-Se conocieron en…
-En  Roma, hacia 1969, en casa de la marchante Carla Panicali, representante de la galería Marlborough en Italia. Yo hice un viaje a Roma, y como en París me habían dado su dirección y me la habían recomendado, fui a su casa y allí estaba Pablo Serrano. Como él era uruguayo, si me permite decirlo así, y yo argentino, la charla se animó de inmediato y nos hicimos grandes amigos. Me quedé ocho días en Roma, y por allí andaban Francis Bacon, con el que hablé poco, y estaba la escultora Beverly Pepper, de la cual hemos visto hace poco una gran exposición en los jardines del Palais Royal de París. Serrano se encontró allí con Bacon, que venía de la  isla de Capri y permaneció muy poco tiempo.

-¿Qué le atrapó de Pablo Serrano?
-Estaba allí invitado por Carla Panicali, y al parecer había conocido a Beverly Pepper en Madrid. De inmediato percibí su poética de artista: esa búsqueda y esa peregrinación incesante para resolver el misterio de la luz interior de los seres humanos, como le digo, y eso lo hacía con una especie de pasión, de fuerza continua. Juana no estaba entonces en Roma: una mujer que, sin saberlo, se estaba anticipando a su época, sobre en los collages. Allí en Roma estaban amigos íntimos de Serrano como Antonio Saura y Millares con su mujer Elvireta. Qué pena me dio la muerte tan temprana de Millares.

-¿Cómo se consolidó luego su amistad?
-En 1970 fui a Madrid visitó su taller en Madrid, y muy pronto decidió confiarme su representación en Francia. Lo puse en contacto con Jacques Lasaigne, conservador-jefe del Museo de Arte Moderno de la ciudad de París, y con Michel Hoog, que era el director del Museo Nacional de Arte Moderno de París y gracias a él se adquirió una cabeza de Antonio Machado para su museo. Con Lasaigne se desarrolló la amistad y le organizó una antológica de 52 obras con un estupendo catálogo en el que escribían José Camón Aznar, Moreno Galván, Michel Tapie o Eduardo Westerdhal, su primer biógrafo.

-¿Qué había en la muestra?
-Todas sus series: “Quema del objeto”, “Lumínicas”, “Unidades-Yunta”, “Hombres –Bóveda”... Ya le digo que nos veíamos a menudo, le he editado obra gráfica y algunos libros de autor. ¿Sabe usted que Pablo Serrano alquiló primero y compró luego el estudio de Alberto Giacometti?

-Habían coincidido en la Bienal de Venecia y se habían llevado los dos primeros premios.
-Fue muy curioso. Alberto Giacometti, mucho antes de ser tan famoso, había hecho un montón de dibujos en una pared. Unos dibujos preciosos sobre estuco, sobre yeso. Cuando se murió y alquilaron su angosto estudio, sus herederos decidieron quitar aquella pared, arrancarla. Fue algo muy laborioso. Fui con Pablo Serrano a aquel lugar.

-Usted recibió cartas, dibujos, catálogos…
-… y fotos y manifiestos de Pablo Serrano. Y eso es lo que vengo a entregar a este museo tan bonito. Me alegra saber que lo van a ampliar. Pablo Serrano era un hombre encantador en el trato humano, poseía sentido de urbanidad, cortesía, una capacidad para escuchar, sabía calar el pensamiento de su interlocutor. Desarrollaba con cortesía su generosidad de espíritu, nunca lo he visto con rabia o enojado. Tenía un dominio de sí mismo extraordinario y era la bondad misma. Era como un hermano para mí.

-¿Cómo eran sus cartas?

-Siempre afectuosas y a veces me mandaba auténticos manifiestos y poemas. Mire éste: “La guerra existirá siempre por habernos creado en guerra contra nosotros mismos. La lucha permanentemente por existir, en lucha permanentemente por ‘el ser’. Nos va matando la vida, esta vida, mientras otra vida nos da aquella muerte. Sin conciencia de la limitación del tiempo entre vida y muerte, ‘tiempo para crear la otra vida’, la muerte es muerte en vida”. Está fechado en marzo de 1972. Creo que aquí está su forma de ver el mundo y la creación.

*Una unidad-yunta de 1973-1974.

CHEMA LERA Y ROMÁN LEDO

CHEMA LERA Y ROMÁN LEDO

Escribe Chema Lera en su blog: http://chemalera.blogia.com.  

El director de la Revista Barataria, José Angel Monteagudo, me invitó a participar en el número extraordinario dedicado a su anterior director, el escritor y amigo José Antonio Román Ledo, que falleció el 23 de abril de este año, y me pidió que hiciera un retrato de él. La revista salió hace un mes poco más o menos. Hace días que quería escribir un post para contarlo. Hoy he visto reproducida mi ilustración en el suplemento Artes y Letras de Heraldo de Aragón.

Copio aquí la reseña que publican junto al retrato:
"El escritor y gestor cultural José Antonio Román Ledo dejó una gran huella entre sus amigos. Ahora, le rinden homenaje en la revista que él dirigió: ‘Barataria’. Entre otros, escriben José Luis de Arce, Javier Aguirre, Amadeo Cobas, J. A. Monteagudo, Angélica Morales, Gracia Mosteo, Juan Marín y Fernando Villacampa. El retrato supone la vindicación del hombre bueno, del palabrista, y la refutación de una escritura presidida por el humor, el ingenio y la facilidad para crear historias". 

Añado yo:  

[Bien se ve que en esa nota de urgencia que redacté junto al retrato de Chema Lera, no puse que él era el autor de la ilustración. También escriben en el número Clavileño el alígero, Miguel Ángel Marín Uriol, Miguel Carcasona, Luciano Varea, Mary Carmen Alejaldre, Javier Aguirre (reproduce la despedida que publicó en Heraldo); su propio hermano Santiago le hizo un retrato hacia 1960 a Pepe. Ese dibujo de contraportada lleva un poema de uno de los grandes amigos de Román Ledo: el malogrado poeta Ignacio Prat. De esa amistad y de otras, versa el estupendo artículo de Fernando Villacampa, que concluye así: “Había una biopsia en sus palabras.] 


POEMA DE IGNACIO PRAT 
Ese techo es azul,  y se confunden,
verde amargo y viento amargo,
los cipreses de Sol del cementerio. 

Ni el silencio les rodea;
son los mudos vencedores de mi tierra,
de mi todo que es amigo
y que se llama
verde gris y vientos grises,
como el polvo de sus pies y la ceniza.
Se  despiertan con la noche
de la cama de luz del viento ciego. 

¿Me respetan, o se inclinan
al destino de mi sangre...? 

Todo el techo es azul, y me golpean
,
verde amargo y viento amargo,
los  cipreses de Sol del cementerio. 

ADOLESCENCIA, UN POEMA DE VICENTE ALEIXANDRE

ADOLESCENCIA, UN POEMA DE VICENTE ALEIXANDRE

[Vicente Aleixandre fue durante muchos años mi poeta predilecto. Cuando vine a Aragón hacia 1978 llevaba su edición de Sombra del paraíso, que publicó Leopoldo de Luis en Castalia, con un prólogo intenso e extenso, donde anotaba hasta el vocabulario del escritor y establecía la variada familia de palabras que usaba. Ese libro fue como un devocionario para mí, un libro que me invitaba a escribir, casi el libro de cabecera permanente, un libro para viajar y para atravesar el desconcierto de una primera juventud muy lejos de casa, entre los pámpanos de Cariñena, los alcornoques del Levante  en noches de aguacero y bajo los naranjos de Chilches y Alcira cuando empezaba a ser nómada. Pero antes había leído otras cosas de Aleixandre, prácticamente su obra completa, y me gustaban especialmente dos poemas que fueron decisivos para mí: “Se querían”, de La destrucción o el amor, y “Adolescencia”, de su primer poemario: Ámbito. Lo encuentro en la red y lo traigo aquí, porque me recuerda otros tiempos en que esperaba la primavera y la poesía bajo sauces llorones allá en Galicia.] 

Adolescencia

Vinieras y te fueras dulcemente,
de otro camino
a otro camino. Verte,
y ya otra vez no verte.
Pasar por un puente a otro puente.
—El pie breve,
la luz vencida alegre—.

Muchacho que sería yo mirando
aguas abajo la corriente,
y en el espejo tu pasaje
fluir, desvanecerse.

Vicente Aleixandre
 

DÍAS DE NAVIDAD

DÍAS DE NAVIDAD

  

Cuando llegan estos días, siempre abro algunos libros que invitan a pensar, a soñar y a sentir: son libros de poemas, de intuiciones y confidencias, de aforismos. Por pura casualidad, abro “Ironías” (Eclipsados, 2007) de un autor que desconozco, Ramón Eder, y me encuentro con esta nota: “Haber sido de niño el rey de la casa te convierte para siempre en un rey en el exilio”. La Navidad durante años fue la evidencia de una pérdida (de un territorio, de la proximidad de la familia, de una luz de mar) y solo deseaba encerrarme en una concha de caracol ensimismado, víctima de un dolor tan tornadizo e irreductible como la melancolía. Percibía un exilio llevadero, tamizado de añoranzas. Desde algunos años, me ocurre todo lo contrario: la Navidad es un tiempo de plenitud, de afirmación, de encuentro, un tiempo que tiene una temperatura especial, un tiempo sin tiempo en el que me apetece pasear, extraviarme, ir de tiendas, conversar, oír y contar historias, desafiar la hora de la cena. Incluso detecto un frío diferente que te pide abrigo, calor de hogar, anillo de tertulia junto a los tuyos. En Navidad siento más que nunca que en ningún lugar se está mejor en que en casa, cerca del ladrido de los perros, de las bicicletas, de los balones de fútbol de reglamento, de los periódicos atrasados. Hasta la gastronomía me parece más razonable. Sigo leyendo “Ironías” y descubro esta cita: “Los domingos son la eternidad en miniatura”. Yo cambiaría el sustantivo y diría: “La Navidad es la eternidad en miniatura”. En ella sientas a tu mesa y en el pozo de tu corazón a todos los que quieres: vivos, muertos y aparecidos.

*La foto "Carmen Peche" (1930) del fotógrafo Luis Ramón Marín.

MIENTRAS ESCRIBO, UN POEMA DE OCTAVIO PAZ

MIENTRAS ESCRIBO,  UN POEMA DE OCTAVIO PAZ

Cuando sobre el papel la pluma escribe,
a cualquier hora solitaria,
¿quién la guía?
¿A quién escribe el que escribe por mí,
orilla hecha de labios y de sueño,
quieta colina, golfo,
hombro para olvidar el mundo para siempre? 

Alguien escribe en mí, mueve mi mano,
escoge una palabra, se detiene,
duda entre el mar azul y el monte verde.
Con un ardor helado
contempla lo que escribo.
Todo lo quema, fuego justiciero.
Pero este juez también es víctima
y al condenarme, se condena:
no escribe a nadie, en sí se olvida,
y se rescata, y vuelve a ser yo mismo. 

 

[Ese hombre inagotable, con sus propias historias y poemas y con los ajenos, que es Luis Antonio de Villena acaba de publicar una antología de Octavio Paz en Visor, “Piedra y sol (Poemas escogidos)”, de donde recojo este poema: “Mientras escribo”, uno de esos textos que definen la tarea del escritor, las palabras imposibles del soñador, la impresión de que alguien escribe bellamente lo que tú imaginas o concibes, e impulsa misteriosamente las adivinaciones del autor. ]

*El poeta pasea con su primera esposa, la escritora Elena Garro.    

ANA ALCOLEA EN NORUEGA, ENTRE MONTAÑAS

ANA ALCOLEA EN NORUEGA, ENTRE MONTAÑAS

[Carta con postal de Ana Alcolea desde sus montañas del paraíso en Noruega, donde tiene a su amor y un refugio para la pasión junto a un lago.] 

Decir eso de FELIZ NAVIDAD es demasiado tópico, dicen. Pero de vez en cuando está muy bien caer en los llamados tópicos. Tal vez éste es uno de esos momentos.
 
Así pues, os deseo una FELIZ NAVIDAD Y UN BUEN AÑO 2008.
Ojalá traiga AMORES, AMISTADES, ALEGRÍAS. Y ya con otra letra diferente a la "A": SALUD.

 
Os lo deseo con una fotografía de Noruega. Unas montañas a cuya cima nunca he subido, pero cuya contemplación siempre me ha fascinado. Se llaman "Trollheta" y "Rindhatten" y están en la cordillera de Trollheimen, cerca de cierta cabaña donde paso mucho tiempo. Me gusta mucho mirarlas, sobre todo, así, cuando están cubiertas de nieve, y apenas puedes pararte a verlas si la temperatura es demasiado baja.

 
Un abrazo.

Ana Alcolea

ESCRIBO PARA SER FELIZ. POR ORHAN PAMUK

ESCRIBO PARA SER FELIZ. POR ORHAN PAMUK

 [Mondadori acaba de publicar un libro estupendo: La maleta de mi padre (Traducción de Rafael Carpintero) del Nobel turco Orhan Pamuk. En ese texto que da título al conjunto hay páginas admirables y evocadoras, y por la intensidad y la sinceridad de su conjunto, me gustan especialmente  estas líneas. Con éxito o sin éxito, y alejados de la brillantez del turco, por ahí andamos muchos, muchísimos, aunque cambien algunas circunstancias y algunos nombres propios.]  

Como todos ustedes saben, la pregunta que más a menudo se nos hace a los escritores, la que más gusta, es la siguiente: ¿Por qué escribe? ¡Escribo porque me sale de dentro! Escribo porque soy incapaz de hacer un trabajo normal como los demás. Escribo para que se escriban libros parecidos a los míos y yo pueda leerlos. Escribo porque estoy muy, muy enfadado con todos ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me gusta pasarme el día entero en una habitación escribiendo. Escribo porque solo puedo soportar la realidad si la altero. Escribo para que el mundo entero sepa la vida que hemos llevado y seguimos llevando yo, los otros, todos, nosotros, en Estambul, en Turquía. Escribo porque me gusta el olor del papel, de la pluma, de la tinta. Escribo porque más que en cualquier otra cosa creo en la literatura y en la novela. Escribo porque me da miedo ser olvidado. Escribo porque me gustan la fama y la atención que me ha proporcionado la escritura. Escribo para estar solo. Escribo porque puede que así comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo. Escribo para ver si acaba de una vez esa novela, ese artículo, esa página que he comenzado. Escribo porque eso es lo que todos esperan de mí. Escribo porque inútilmente creo en la inmortalidad de las bibliotecas y en cómo mis libros están en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo, es increíblemente hermoso y sorprendente. Escribo porque me resulta agradable verter en palabras toda esa belleza y esa riqueza de la vida. Escribo no para contar una historia sino para crear una historia. Escribo para librarme de la sensación de que hay un sitio al que  debo ir  pero al que no consigo llegar, como en un sueño. Escribo porque no consigo ser feliz. Escribo para ser feliz.