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Antón Castro

DUCE, POR F. JAVIER LÁZARO

DUCE, POR F. JAVIER LÁZARO

[Hace algunos días, le pregunté a Francisco Javier Lázaro por su tesis doctoral sobre José Antonio Duce, que acaba de publicar la Institución Fernando el Católico. Podríamos decir que había siete preguntas claras. Aquí están sus respuestas, que han aparecido en una versión reducida abriendo la sección de Cultura de ‘Heraldo de Aragón’. Esta tarde, en la CAI, Independencia 10, hay una charla presentación del libro y de Duce, rodeado de amigos: Julio Sánchez Millán, José Luis Cintora y el propio autor, F. J. Lázaro.]

-1. La razón de realizar una Tesis Doctoral sobre la figura y la obra de José Antonio Duce tiene mucho que ver con la propuesta que me hizo la que fue mi directora de Tesis, la Dra. Amparo Martínez Herranz, profesora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, quien me habló de José Antonio, del inicio de su particular trayectoria en una época en que en Zaragoza había un cierto renacer de las actividades culturales (décadas de los 50-60). Desde este punto de partida, quería conocer un poco más sobre estos aspectos y tratar de reconstruir las condiciones del medio fotográfico y cinematográfico en nuestra ciudad, y el papel desempeñado por Duce en todo ello.

-2. Lo que más me interesó de entrada fue su temprano interés en superar los límites impuestos en aquella época (primeros años cincuenta) (tanto en cuestiones temáticas como formales) por la Sociedad Fotográfica de Zaragoza; sus deseos de experimentación, de abrirse a nuevas experiencias creativas, y el estrecho lazo que unía a toda una generación de jóvenes zaragozanos (nacidos a finales de los años y principios  de los treinta), que, a través de distintos medios (fotografía, cine, literatura y pintura) iniciaron sus trayectorias artísticas.

 

-3. Valoración de su trayectoria y épocas. En materia fotográfica, hablaría de una primera época, la que va desde su ingreso en la Sociedad Fotográfica de Zaragoza (1953) hasta su entrada en el Club Cine Mundo (1957-1958), en que Duce aprende los rudimentos técnicos básicos del medio y los aplica en composiciones y temáticas propias de la tradición tardopictorialista que sigue en pleno vigor en esta época (paisajes urbanos, arquitectura, paisaje, etc.).

             Una segunda época, muy influenciada por el mundo del cine, por sus colaboraciones (como director de fotografía y realizador) con otros miembros del Club Cine Mundo (José Grañena, Rafael Montes, José Allueva, Víctor Monreal, etc.) en sendas películas amateurs, que se aprecia en la aplicación de iluminaciones, poses (cuando hablemos de retratos), etc., derivados de este contexto. Asimismo, encontramos nuevas influencias aprehendidas de la consideración de publicaciones y anuarios internacionales (Photography Year Book, etc.) que reproducen las últimas novedades en materia fotográfica. En esta época asistimos a la instalación y consolidación de Duce en el circuito habitual del fotógrafo amateur en España, participando en numerosos concursos -algunos de los cuales gana-, y que alterna con algunos encargos profesionales procedentes del mundo de la publicidad y del encargo editorial, pero de manera bastante esporádica. Quizás llevaría esta segunda época en fotografía hasta 1969, en que abre su estudio fotográfico (en la c/ Francisco de Vitoria), especializado en la fotografía comercial y publicitaria. Un hito importante de este período, adscrito plenamente a la fotografía como afición y bajo planteamientos exclusivamente artísticos, serían sus años como presidente de la SFZ (1968-1973), donde introdujo algunas novedades en el funcionamiento de la entidad. En este sentido, desde el punto de vista creativo, diversifica sus intereses en función de muy variadas temáticas y estéticas: desde la fotografía de arquitectura, más o menos vinculada a la tradición (serie de El Serrablo), hasta el reportaje (urbano y de espacios concretos), donde podemos destacar los ambientados en distintas ciudades europeas (Hamburgo), y, especialmente, sobre El Oasis, que continuaría de modo intermitente hasta los años noventa.

            A partir de 1969, se incrementan sus encargos profesionales (ilustración de libros, carteles publicitarios (muchos de estos -libros y carteles- encargados por diferentes instituciones locales) publicidad en general (firmas privadas), sin olvidar los reportajes del clásico trío Bodas-Bautizos-Comuniones), que continuarán hasta su jubilación, a finales de 1994.

    Desde 1969 hasta 1994, discurren en paralelo sus trabajos que no tienen otro destino que satisfacer su creatividad (de especial interés sus reportajes de la Semana Santa bajoaragonesa, por los que obtiene importantes galardones a nivel internacional entre 1972-1973; o las Brujas, también de esa época, o los No Identificados, a principios de los ochenta, que finalmente verán la luz como publicación).

      Desde 1994 hasta la actualidad, definiría una nueva época, que tiene que ver con la asunción de las técnicas digitales, que aplica a series tan imaginativas como Twin Girls o sus particulares retratos manipulados digitalmente, algunos de los cuales provienen de los No  Identificados, pero también en trabajos más clásicos, como son los libros sobre diferentes monumentos de la ciudad (El Pilar, La Seo, iglesia de San Miguel, Palacio de la Aljafería, etc.), editados por la C.A.I. y el Arzobispado, realizados ya en el nuevo milenio.

-4. En cuanto al medio cinematográfico, las diferentes fases quedan perfectamente definidas: una primera época, desde que ingresa en el Club Cine Mundo (1957-1958) caracterizada por la orientación amateur de sus trabajos (como realizador y director de fotografía), hasta 1961, en que inicia de manera decidida varios encargos profesionales. No obstante, sí que es cierto que entre 1957-1958, coincidiendo con sus primeros momentos en el cineclub zaragozano antes citado, participó en la realización de tres mediometrajes profesionales producidos por una modesta firma estadounidense con destino a la televisión cubana y también en la filmación de Los Sitiados (1958), producida por Radio Zaragoza. A partir de 1961, se centra exclusivamente en la faceta profesional, siendo inaugurada esta etapa con su cortometraje documental Zaragoza, ciudad inmortal, producido por la firma madrileña Leda Films. En 1962, continuaría con este formato y género gracias a sendos trabajos financiados por la productora Intercine, coincidiendo con la fundación de la productora Moncayo Films, junto con nombres como Víctor Monreal, Emilio Alfaro, Julián Muro, José Luis Pomarón o Manuel Rotellar. Hasta 1968, podríamos situar su plena profesionalización en el campo cinematográfico, de la mano de nuevos cortometrajes documentales (primera fase, filmados entre 1962-63) y, poco después, los cuatro largometrajes, con especial consideración de Culpable para un delito, realizado en 1966. En los años posteriores a 1968, la labor en materia cinematográfica queda un tanto diluida puesto que la productora deja de participar en proyectos, aunque sí que es cierto que se redactan nuevos guiones (por parte de Emilio Alfaro) que nunca se llevaron a la práctica.

-5. La época de reportaje corresponde, principalmente, a los años sesenta, a partir de trabajos como Hamburgo (1963) o el localizado en Nueva York (1967), pero se inicia ya en los años cincuenta, con obras ambientadas en su ciudad. Estas primeras mantienen resabios tardopictorialistas (con gran influencia de Joaquín Gil Marraco, secretario de la SFZ),  y se trata de ejercicios compositivos (calles en perspectiva y buscando efectistas contraluces), donde no existe ninguna clase de problemática social, algo que sí planteaban algunos otros fotógrafos españoles coetáneos (grupo Afal, grupo de Barcelona o la Escuela de Madrid). En ese sentido, interesa más representar un espacio (urbano) concreto que el elemento humano. A partir de los primeros reportajes mencionados, ambientados en ciudades extranjeras, Duce se suma a las tendencias más novedosas dentro de este género, donde una de las premisas más habituales va a ser el “instante decisivo” en la línea de Cartier-Bresson. Otro trabajo singularmente interesante dentro del reportaje va a ser la serie iniciada sobre El Oasis, donde los efectos de movimiento, desenfoque, falta de nitidez y el grano son los definitorios, al igual que estaban planteando otros fotógrafos coetáneos, nacionales y extranjeros, que se movían dentro de la heterodoxia, rompiendo, por tanto, con los cánones academicistas que defendían las agrupaciones fotográficas. Y, por último, debemos destacar sus series dedicadas a la Semana Santa, ya desde mediados de los años sesenta y hasta principios de los setenta, en las que Duce manifiesta un mayor interés por los componentes humanos y culturales del hecho fotografiado, más que la pompa, boato y solemnidad de otras épocas, cuyo mejor exponente fue el fotógrafo sevillano Luis Arenas Ladislao.

            Respecto al retrato, oscila igualmente entre la tradición (un retrato que se asocia bien con el de gabinete) y la modernidad, fijándose en las propuestas, sobre todo, de Irving Penn, uno de sus maestros, en la pose natural y directa y en la iluminación suave, descartando los contrastes, como planteara otro de los grandes, como Richard Avedon.

 

-6. El valor de Duce como innovador en el uso de técnicas y procedimientos informáticos es coherente con todo lo que representa su trayectoria. Ha estado presente desde el principio. Desde el empleo del objetivo “ojo de pez”, en los años sesenta, a los filtros que dieron lugar a sus No Identificados, a principios de los ochenta, creando una imaginería surrealizante de resuelto interés plástico, en sintonía también con la vuelta a una fotografía más plástica que se empezó a dar en los años setenta, después de los años de dominio de la toma directa adscrita al reportaje. Y, finalmente, por supuesto, todo lo relacionado con la técnica digital, desde mediados de los años noventa, en que fue uno de los pioneros en nuestra Comunidad Autónoma, de tal manera que hizo las veces de maestro para otros artistas que siguieron después, como Javier Povar, etc.

           Otro de los aspectos que querría destacar dentro del uso y aplicación de las nuevas tecnologías a la fotografía, sobre todo, la digital, es que ha sido un autor que desde el primer momento ha actuado sin prejuicios; que no le ha importado trabajar con estas nuevas herramientas a su disposición para seguir construyendo un mundo personal y original. Aunque ello le ha servido para granjearse no pocas oposiciones y críticas.

 Personalmente, creo que uno de los valores principales de sus libros sobre Zaragoza es que nos ha permitido conocer, como espectadores, lugares, rincones y detalles que antes nos habían pasado desapercibidos. Por otra parte, es verdad que se ha ocupado de los lugares y elementos característicos, tanto en los templos religiosos como en los edificios civiles (en este último caso, me estoy refiriendo a la Aljafería), pero, a pesar de eso, ha sabido presentar visiones inéditas, no digamos ya cuando ha aplicado efectos digitales (efectos caleidoscópicos, duplicaciones, etc.). Ha desechado la posibilidad de mostrar la imagen característica para intentar ser siempre original.

            Por otra parte, la resolución virtuosa junto con el diseño de maquetación óptimo han permitido desarrollar unas publicaciones donde los monumentos se manifiestan en su mayor esplendor, algo propio de este tipo de publicaciones de carácter institucional.

-6. El cineasta. Se muestra con muchos elementos en común a su faceta como fotógrafo: es un buen ejemplo de transición entre el campo amateur y el profesional. Es un hombre que no se “conforma” con desarrollar trabajos amateurs con una difusión muy limitada (mundo de los cineclubes y asociaciones culturales, etc.) y con pocos medios y, ambiciosamente, quiere dar el salto al profesionalismo. Para ello, se forma en las aulas del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (experiencia formativa con clara vocación práctica que complementa la formación previa asimilada en las sesiones de los cineclubes, donde se conocía la obra de los clásicos, de la vanguardia, etc.), junto con otros jóvenes de su generación que persiguen lo mismo y que lo van a conseguir: José Grañena, Víctor Monreal, José Antonio Páramo, etc. Como ellos, entra en el mundo industrial de la mano de modestos trabajos, cortometrajes documentales, que son fomentados por la Administración cinematográfica del momento y que suponen la salida natural a los titulados, para, posteriormente, afrontar la producción de largometrajes. Asimismo, Duce en su labor de promotor de la productora Moncayo Films, junto con el resto de sus compañeros, se relaciona bien con buena parte de los cineastas españoles de los años sesenta que pretendían hacer un cine de ficción “digno”, resueltamente cosmopolita e internacionalista, asumiendo una la denominada “política de géneros” que se estaba practicando en aquella época (cine policiaco, comedias de intriga, suspense, cine de espías, producido en régimen de coproducción).

 -7. Su película “Culpable para un delito” significa la filmación íntegramente en Zaragoza de un policiaco de gran interés que participa de algunos clichés del cine hollywoodiense (mundo del boxeo, “falso culpable” hitchcockiano) y la estética noir del cine francés. Es un ejemplo perfecto de ese intento -del que hablaba más arriba- de trascender las referencias localistas, de hacer un cine comercial digno para lograr asentarse en la dura y competitiva industria cinematográfica.

BASILIO BALTASAR ESCRIBE DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

BASILIO BALTASAR ESCRIBE DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

Diario de un cínico / Basilio Baltasar.
’El País de Cataluña’.
URNAS Y VOTOS: MANUAL DE INSTRUCCIONES
El voto, cabe insistir en cada ocasión, refunda el contratro social contra la violencia y es el incumplimiento de las cláusulas el que desfigura el sentido de las instituciones

Entender de qué se trata. La conversación con George Steiner que publica Siruela, Un largo sábado, nos ayuda a recordar sus grandes tratados literarios y cómo ha vivido la pasión intelectual este venerable profesor de Cambridge. Mientras recapitula sus ejemplares ejercicios de reflexión crítica, Steiner se detiene en el más aleccionador consejo recibido de su padre. Cuando la turba grita por las calles de París “¡Muerte a los judíos! ¡Muerte a los judíos!”, el señor Steiner levanta las persianas, hace que el joven George se asome al balcón y le dice: “Eso se llama historia y nunca debes tener miedo”.

El origen de la política. El filósofo James Mill lamentaba a principios del siglo XIX que los agitadores sociales inflamaran las mentes de las clases bajas (sic) haciéndoles creer que el gobierno podría ayudarlas. Intentaba demostrar que pertenece al orden de las cosas eximir al gobierno de su responsabilidad. En contra de esta tendencia, extrañamente rescatada del pasado, el Premio Nobel de economía Amartya Sen, profesor en Harvard, articula su Idea de la justicia (Taurus, 2010). Reconoce en la sociedad una resistencia natural a la injusticia y demuestra que ésta vocación brota tanto de la indignación como del argumento. Como la vida de tantas personas en este mundo sigue siendo “desagradable, brutal y breve” (Thomas Hobbes), hay que evaluar las realizaciones sociales, fijarse en lo que realmente sucede y confiar en el razonamiento público. La frustración y la ira, dice Amartya Sen, pueden motivarnos pero debemos apoyarnos en el razonado escrutinio. Ante la precariedad humana cabe desarrollar una triple habilidad: comprender, simpatizar, razonar.

Los que van por libre. En su ensayo sobre Nadine Gordimer, (Las manos de los maestros, Random House), Coetzee hace un interesante ejercicio de vidas paralelas entre la escritora sudafricana, Iván Turgéniev y su propia e ineludible literatura. Cita a Jean Paul Sartre —“el escritor puede ser leal a un grupo político pero nunca deja de criticarlo”— y a Isaiah Berlin cuando evalúa el drama de los liberales rusos: “sufrían formas complejas de culpa, porque simpatizaban con la izquierda, con una fe más humana que la gélida, burocrática y cruel derecha, aunque sólo fuera porque siempre es mejor estar con los perseguidos que con los perseguidores”. Coetzee comprende la encrucijada de fuerzas que pueden destruir la libertad intelectual: “el artista tiene una vocación especial, un talento que le mataría si lo mantuviese oculto”. Escribir, dice Coetzee, es un oficio solitario, pero escribir contra la comunidad en la que uno ha nacido es aún más solitario.

Cómo discernir lo que nos concierne. Ya se ha dicho todo sobre la necesidad de consultar los programas electorales antes de decidir a quién se va a votar. El voto, cabe insistir en cada ocasión, refunda el contrato social contra la violencia y es el incumplimiento de las cláusulas el que desfigura el sentido de las instituciones (algo que la ley, por cierto, no penaliza). Como no parece que la precaución arraigue en los hábitos de una ciudadanía confiada a sus propias intuiciones, habrá que recomendar un ejercicio inteligente que sustituya a la credulidad. La revista Investigación y Ciencia (460) publicó los estudios de un grupo de neurocientíficos: la práctica de la meditación modifica procesos cognitivos y emocionales, incrementa el procesamiento de la atención, disminuye la influencia del miedo, mitiga la inflamación del estrés biológico y auspicia el conocimiento de la consciencia. La idea de que un ciudadano entrene su mente antes de elegir al depositario de su confianza parece un consejo razonable.

*La foto es de Tolo Ramón

BUSUTIL: ELOGIO DE ANTONIO SOLER

HÉROES DE LA FRONTERA

 

Del escritor Antonio Soler. 


Guillermo Busutil* 'Cuaderno de mano'. La Opinión de Málaga.

Un escritor no se titula en la Universidad. Licenciarse en escribir es imposible. La escritura nunca deja de examinarse a sí misma. En cada libro y en su voz, en el viaje por la piel y el interior de lo que se quiere contar, en el proceso de otorgar carnalidad a los personajes en los que se busca y a cuyo retrato uno se va pareciendo. Lo mismo que ellos se van pareciendo a él. El único título del escritor es el de fugitivo de la realidad. Su única especialidad es la frontera. De la primera deserta y escapa, y en la segunda acomoda la identidad en su refugio. El verdadero escritor siempre tendrá la asignatura pendiente de la inseguridad. Esa que precisamente le ayuda a retarse con el lenguaje, con el tiempo sucesivo de su mirada sobre lo que despierta su imaginación en la realidad y sus desequilibrios. También con el tiempo de permanencia en las zonas oscuras de su memoria, donde residen las amenazas que cuelgan como estalactitas. Igual que en los jardines botánicos donde la vida tiene sus pájaros de lo cotidiano, los árboles del bosque a los que encontrarles sus vuelos y sus esquinas.

Es difícil enseñar la manera en la que el rigor de la realidad y las posibilidades de la ficción se ahorman entre sí. Lo mismo que las puede ahormar en su trabajo el escritor. En los estudios académicos, además de la excelencia de los clásicos en su lectura, como mucho se puede encontrar la suerte un profesor que enseñe a mirar, a interrogar, a cruzar por dentro del lenguaje con pasión y honestidad, ambición y humildad. A sacudirse lo accesorio y ajustar el toque de plasticidad.

Escribir no es una disciplina cum laude. Al contrario, es un trabajo cognitivo y sensible que obliga permanentemente a perseverar. Aún así, de vez en cuando, un escritor entra en la Universidad porque sus doctores reconocen la trayectoria y singularidad de una mirada, los territorios de una voz y un lenguaje como mundo y como bisturí de la sociedad. Acaba de suceder merecidamente con Antonio Soler, gaudeamus igitur por « la trasmutación de un espacio extraído de Málaga y convertido en un universo literario con identidad propia, que en su globalidad conforma una sola y poliédrica obra», como lo apadrinó el profesor Hipólito Esteban. E igualmente asintieron en el acto los doctores en su lectura, amigos y compañeros de la tribu. Admiradores también de su capacidad para administrar la temperatura de la escritura y de la historia su reloj; su habilidad para la asistencia decisiva del lenguaje.

Hace muchos años que conocí a Soler, aunque el nombre que ahora digo también respondía entonces al de Solé Vera. Fue en una estación de tren a la que habíamos llegado tarde o tal vez demasiado temprano. En la ciudad, había una feria. Le hacían un homenaje. Alguien debía llegar a recogerlo pero no esperaba nadie. Nadie en la hora que pasó de largo. En ese tiempo, no hablamos demasiado. Él es de los que prefiere observar, de cerca o de lejos. Cuando habla sabe medir las palabras, pie chico, pie largo. Saborea los silencios y las sombras que suceden en una frase. Pienso que así fumaba Solé Vera, las caladas al cigarro que daba a solas en la nieve o en la memoria, ese barrio al que uno siempre regresa solo a ajustar cuentas con sus sueños y sus derrotas. Palabras cortas, intensas, sin ningún escarceo, moviéndose a contraluz, como el humo del cigarrillo en primer plano americano. Igual que en la pantalla del cine Cayri al que iba Soler, sesión de tarde, estreno de El sueño del caimán, aquel invierno donde cada uno de la pandilla ponía color al pelo de la mujer que sería su modelo de pasión.

El humo sí, hipnotizado por una música de fondo desenvolviendo en blanco y negro el rostro de Serena Vergara, las voces de Miguelito Dávila, de Murphy, de la Pegaso, de Paco el Textil, de Róvira el fotógrafo, hablando entre ellos de las bailarinas muertas en el cabaret Bilmore. El local al que nunca regresó desde la muerte del mago Rafael. Su amigo y maestro. Otro que al igual que Solé Vera es una de sus criaturas de sombra y hueso en la delgada línea roja que separa la realidad de la ficción, prófugos que entran y salen de su memoria, marcando a navaja en las páginas de los libros las iniciales de los rebeldes. Soler nunca les pregunta por qué llegan a esas horas, de dónde vienen o si esconden sus jirones de niebla y sueños en la pensión Ríos España donde no importa qué noches esperan sus regresos para empezar de nuevo.

Lo supe enseguida. Sé leer entre las palabras de un hombre y los silencios por los que huye. Cada uno de esos seres fronterizos -sus amigos- son las esquirlas de frío y de culpa que lleva dentro, un naipe en la bocamanga de su partida contra el miedo, las dudas, la muerte a la que un día, en Lausana, soñó como una máquina de coser que cargaba sobre los hombros. Uno siempre carga con algo, generalmente con su pasado. Y también con el destino, al que a veces le falta el dedo de una mano. De la pérdida lo que importa es la manera de contarla. Se lo explicó Marsé, en un taller de relojería en el camino de los ingleses. Lo mismo que Faulkner le enseñó a sudar la furia del lenguaje; Conrad a sacudirse las nieblas del corazón y Onetti que todo es ficticio, hasta uno mismo. El viejo Baroja le dijo que ninguna aventura llega lejos sin unas buenas botas que corran sobre el barro, que se hundan en la hierba. De cada uno de ellos me contó despacio Soler o Solé Vera aquella noche en la que él parecía redondear las palabras con sus manos, dándole forma a una esfera que resultó ser su barrio, el mundo del que un día se marchó Gustavo Sintora en busca de Soledad Rubí.

Cada escritor corta la literatura a su medida. Es como ajustar el asiento del coche y el volante, antes de empezar lo que realmente importa: la manera de conducir y el viaje. La travesía y su espíritu, aquello que la nutre y la certifica por encima de qué son el éxito, la fama, el fracaso, el grado de justicia o de injusticia con que se valora a un escritor. Ese tipo que en su tarea con las palabras se interroga a sí mismo y a sus obsesiones, a los ruidos y quemaduras de la realidad, al mundo que lo empuja nunca se sabe a qué destino. En la trama de la vida y en la cicatriz de su memoria, en la cultura, en los libros y en la prensa, en la calle y en las batallas. Esas son las fronteras a las que siempre vuelve, aunque de tarde en tarde el santuario de la Universidad lo reconozca como un profesor en lo de ser a veces conciencia y siempre fugitivo.

Igual que Solé Vera, eterno niño Salgari al abordaje del horizonte por el que apareció, entre los destellos de unos faros, una voz femenina. Serio, sin prisa, agitó una mano hacia el automóvil de la literatura y me tendió la otra, antes de alejarse. De perfil el rostro, erguida la gabardina, un instante de soslayo en el que me pareció un espiritista melancólico.

Así es como recuerdo aquella noche del escritor y sus novelas sobre las que les he contado.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

NICO ROST, SOBREVIVIR EN DACHAU

NICO ROST, SOBREVIVIR EN DACHAU

NICO ROST, SOBREVIVIR EN DACHAU

 

ContraEscritura publica el diario del escritor y traductor holandés, que combatió en la Guerra Civil y visitó a La Pasionaria

 

 La terrible experiencia del Holocausto ha dado lugar a libros inolvidables y estremecedores de autores tan distintos como Primo Levi, Imre Kertész, Jorge Semprún o Jean Améry, entre los más conocidos. El cuidado sello ContraEscritura publica el diario del escritor y traductor holandés, comunista y combatiente en la Guerra Civil española, Nico Rost, que ingresó en el campo de Dachau el 10 de junio de 1944, y permaneció allí hasta el 30 de abril del año siguiente. Se titula ‘Goethe en Dachau’, y ha sido traducido por Núria Molines Galarza.

Nico Rost (Groninga, 1896- Ámsterdam, 1967) sobrevivió y durante su estancia, a escondidas, logró redactar (y tomar notas) un diario que ofrece una mirada distinta y que concluyó en 1946. En la nota de la editorial, María Martínez Carro se pregunta: “¿Puede un intelectual sobrevivir a un campo de concentración? ¿Le es útil en algún sentido al individuo la cultura adquirida cuando se encuentra sometido a maltrato, hambre y muerte?”. El texto es una perfecta respuesta: “Nico Rost sobrevive no como mero cuerpo, sino como ser humano. La lengua de sus verdugos, su lengua, es justo lo que le permite mantener su humanidad y respuesta”, dice la traductora Núria Molines Galarza. Y añade que, pese a todos los esfuerzos para deshumanizar al prisionero, “es la literatura, la palabra, lo único que logra salvarle, lo único que le permite apartar sus pensamientos de la muerte, el hambre, la nostalgia, el frío y los cadáveres”.

El viaje que propone Nico Rost a Dachau contiene todos los ingredientes ya conocidos: la gente muere a diario, se hacinan las liendres y los piojos, se multiplican el miedo y la crueldad, la fiebre y el hambre, y el cautivo –activo en la defensa de sus ideas, solidario con sus compañeros de viaje y traductor de Alfred Döblin y Joseph Roth, entre otros- va contando cuanto sucede, pero no se regodea en la calamidad, sino que intenta elevarse y pensar, sentir, dialogar con los maestros y con sus compañeros, que también le ceden algunos libros, entre ellos ‘Egmont’ de Goethe, que va a ser un constante compañero de cautiverio. Tras leer su final, “¡Centellean las espadas! ¡Amigos, levantad vuestro ánimo!”, escribe Rost: “En el fondo es cierto: la literatura clásica puede ayudar y dar fuerzas”.

Goethe (también lee su novela ‘Wilhem Meister’) y la literatura alemana en general lo acompañarán. Nico Rost habla de Novalis, recuerda anécdotas poéticas y amorosas del poeta Friedrich Hölderlin, retrata, en diálogo con el sabio E. A. Reinhardt, uno de los grandes personajes del libro, a Bettina Brentano, poeta y todo un personaje que frecuentó a Goethe, a Carolina von Günderrode, poeta suicida, etc. El libro está lleno de reflexiones literarias, de comentarios de lectores y de conversaciones, mientras la muerte –filosa e implacable- se cuela por todas partes. Rost informa de quién perece, de las enfermedades, de los arrestos o de la visita de diez o doce mujeres que acuden al dentista. Rost escribirá: “Fue un acontecimiento de los más sensacional para todos nosotros: ¡mujeres holandesas en Dachau!”. Al día siguiente, el 19 de octubre de 1944, anotará: “Lo que sucedió ayer todavía sigue temblequeando en nosotros. De repente, hay un nuevo elemento en nuestras vidas”.

Nico Rost combatió en la Guerra Civil española. Los prisioneros le preguntaban. Un amigo quería saber cosas del clero español: “Le he estado hablando del padre Lobo, de la postura de algunos religiosos que no se pusieron del lado de Franco y a los que, por tanto, los republicanos dejaron en paz”. Y añade: “También le he relatado mi visita a La Pasionaria y cómo ella, cuando una multitud de monjas en Madrid pidió un edificio para una nueva capilla –pues la suya había sido destruida por las bombas-, hizo que el Partido investigara el caso y se preocupó de que este deseo se cumpliera rápidamente. Luego también le he mencionado que, por aquel entonces, había comunistas que llevaban a las monjas breviarios, rosarios, recipientes con agua bendita y cosas por el estilo (…) Además, le he recomendado encarecidamente que, cuando volvamos a estar libres, se lea los libros de Bergamín”.

Poco a poco la esperanza se hace certeza. El 29 de abril, por la mañana, escribe: “¡Las SS han izado una bandera blanca! A la entrada del Lager (campo de concentración). ¡La emoción entre nosotros es indescriptible!”. Y al día siguiente tomó la última nota: “La gran fuerza de tropas americanas se espere que llegue hoy, como tarde, mañana”. El libro añade un epílogo de la historiadora Rosa Toran, donde habla de los 755 españoles que sufrieron “esclavitud y muerte” con Nico Rost, y entre ellos cita al calandino Pascual Castejón Aznar, que “emprendió camino hasta Dachau desde Mauthausen en uno de los llamados transportes fantasmas”, o al oscense Joaquín Ibarz Ballester, “nacido en la oscense Albelda, La Litera, que constituye un caso peculiar, porque su nombre no aparece en ninguna de las listas publicadas con las identidades de los españoles que sufrieron deportación a los campos nazis durante el período de 1940 a 1945”. La escritora Anna Seghers dijo que “este es el libro, el libro que necesito, el libro que he estado esperando”, el libro donde la palabra, página a página, línea a línea, “le gana terreno a la muerte”.

 

 

LA FICHA

‘Goethe en Dachau’. Nico Rost. Traducción de Núria Molines Galarza. ContraEscritura. Barcelona, 2016. 336 páginas. [El libro se presenta esta tarde, en los Portadores de Sueños, a las 20.00 horas.]

 

MARÍA PILAR PUYUELO: 5 MICRORRELATOS

MARÍA PILAR PUYUELO: 5 MICRORRELATOS

CINCO MICRORRELATOS DE MARÍA PILAR PUYUELO ALFARO

-De ‘Un mundo de naderías’.

 

 

 

Los ojos de mi primo

 

     Volví a la medianoche, arrojé la cuerda y salté el muro del castillo. Debía averiguar que envolvía a aquella hechizante belleza. Los siete perros que ella amaba se lanzaron contra mí, pero en los ojos de uno de ellos reconocí a mi primo, que llevaba desaparecido muchos años. Me miró con lástima, mientras los demás perros seguían ladrando con rabia; mostrando sus afilados colmillos.

     Ella apareció semidesnuda y gritó suavemente a los perros, estos se paralizaron enroscándose como serpientes. Me cogió de la mano y subimos hacia su alcoba, donde me deshice en una lujuria de placer inmenso. Al amanecer salté por el balcón y me uní a ellos, escondiendo el rabo entre mis patas.

 

 

Accidente en el jardín

 

     Mamá me dice que tenga cuidado cuando me encuentre vasos llenos de líquido. Y entonces me contó:

«No se dio ni cuenta, hija mía, solo su olor dulzón la embriagó hasta caer, y una vez dentro nadó revoloteando fuertemente, plegada ante ese líquido amarillo. Las risas de aquel joven, ante el rítmico aleteo negro en la cerveza de su amigo hizo que este la derramara al suelo, justo encima de un hormiguero».

 

 

Venganza

 

     Entré en mi cuarto para vestirme, ese día era especial. Había quedado con Luis. Quería sorprenderle con mi nueva minifalda y aquella camis ta blanca que dejaba muy poco para la imaginación.

Abrí mi armario. Toqué mis blusas de seda, recuerdo de mi viaje a Tailandia, y todas llevaban m´s agujeros que la capa de ozono.

Eché un vistazo a mis pañuelos y bragas. ¡Se los hab´an comid !

Aunque peor fue lo de la minifalda… Me qued´ aterrada, pues era un auténtico colador, carcomida por aquellos miserables insectos.

    No eran polillas, debían de ser el resultado de la mutación de algún gen, que las convirti´ en aquellas miserables ratas con alas. Por supuesto anulé la cita.

    He colocado en todos los caj nes y armarios de mi casa montones de bol tas de naftalina . Pero creo que han volado a mi relato y se lo están comiendo a él tambi´n.

¡Ay..., pero por aquí sí que no paso!

    En cuanto compre la tinta de imprenta, repetiré el microrrelato, (me han dicho que es aut´ntico veneno). 

¡Sí, señor..., para que se den un buen banquete de consonantes y vocales!

«Las pienso fumigar hasta la ext nci´n».

 

                                  

La sopa boba

       —Disculpe, señor, se le ha caído su ojo en mi sopa.

El hombre se palpa la cuenca de su impulsivo ojo.

—¡Por Dios!, ¿Qué dice? —grita con gesto de horror.

—No se preocupe, póngase mis gafas de sol y cambie su plato de sopa por el mío —le sugiere—; nadie se dará cuenta. Mientras tanto, el huevo de codorniz se hace sitio entre los fideos, eso sí, los vigila muy de cerca.

 

 

 En el bosque

 

      Hunde el fuego de su arma eléctrica en el centro de mi cuerpo indefenso. Jamás provoqué su ira, ni cada tajo, cada cuchillada salvaje en mi carne. Los míos me dijeron que no opusiera resistencia. Él, mientras tanto, penetra en mi blanca savia. Qué puedo hacer yo, ante tal agresión que contradice la ley de la naturaleza, sino es sentir aquí, bajo el cielo atormentado, el momento en que me desplome, sin más. Las ramas de mi cenizo cuerpo lloran golpeando contra el suelo.

  

 

Cinco microrrelatos seleccionados del libro: UN MUNDO DE NADERIAS de Mª Pilar Puyuelo Alfaro.

*La foto es de Ferdinando Scianna. Ella es Asia Argento.

 

 

40 VIAJEROS POR ÁFRICA, EN CÁLAMO

40 VIAJEROS POR ÁFRICA, EN CÁLAMO

EDUARDO RIESTRA HOY EN CÁLAMO: 40 VIAJEROS POR ÁFRICA
Esta tarde, a las 19.30, en la librería Cálamo, Eduardo Riestra presentará su edición de ‘Exploradores y viajeros por África’ (Ediciones del Viento, 2016. La Coruña, 683 páginas), una selección de 40 personajes, desde el madrileño Francisco Páez, un personaje del siglo de Oro, hasta el fotorreportero y escritor Alfonso Armada, autor de ‘Cuadernos africanos’. En medio hay personajes fascinantes que viajaron al continente, vivieron aventuras de todo tipo, se citaron con los indígenas y las tribus (algunos caníbales, como los fang), contemplaron los paisajes, soñaron y contaron lo que vieron y lo que les perturbó.
Hay famosos viajeros, claro, como Richard Burton, traductor de ‘Las mil y una noches’ o del ‘Kama Sutra’ y buscador de las fuentes del Nilo, rival de Speke; están Roger Casement, que inspiró ‘El sueño del celta’ a Vargas Llosa, el político y escritor Winston Churchill, autores como André Gide (que viaja con su amante, un joven fotógrafo), Evelyn Waugh, Karen Blixen (Kenia es uno de los países que más llama al viajero), están Livingstone y Stanley, dos españoles tan poco conocidos como José Mas y Ramón Tatay, interesados por Guinea, o Javier Reverte, el autor de ‘Vagabundo en África’ y ‘El sueño de África’. Eduardo Riestra también ha incorporado a Enrique Meneses, periodista y fotógrafo. Y, cómo no, también aparece Kapuscinski: el autor selecciona un fragmento de ‘Ébano’. Y están Arthur Conan Doyle o el poeta Arthur Rimbaud, que murió a los 37 años. Y está el coronel norteamericano Geo W. Williams que estuvo en el Congo belga y mandó una carta al rey Leopoldo.
Entre las mujeres, además de Karen Blixen, figuran Mary Kingsley, Sheila MacDonald, Elspeth Huxley, que se casó con un primo de Aldous Huxley, y Osa Johnson, norteamericana de Chanute, Kansas, que firmó ‘La aventura de mi vida’, donde se puede leer: “A menudo regresaba a casa con los brazos cargados de espárragos y espinacas. Había un arándano negro muy bueno y dulce; café nativo; setas en abundancia; una fruta que parecía un cruce de albaricoque y manzana; una ciruela amarga silvestre que servía para preparar exquisita mermelada; y una espléndida miel marrón. ¡África!”

Eduardo Riestra dice: “Es cierto que África simboliza como ningún otro continente los sueños de la infancia, la evocación de la aventura, el temor y la atracción del peligro. Los viajeros que aquí se reúnen abarcan cuatro largos siglos que, en realidad, son casi toda la historia de la exploración, pues ellos han ido llenando los espacios vacíos de los mapas que mucho antes ya habían sido perfectamente trazados en el resto del mundo”.

*En la foto Osa Johnson. Cortesía de Ediciones del Viento. 

EL CORAZÓN DE ÁFRICA, POR MENESES

EL CORAZÓN DE ÁFRICA, POR MENESES

EXPLORADORES Y VIAJEROS POR ÁFRICA. EN CÁLAMO
[Hoy, 7 de junio y martes, a las 19.30 horas, en la librería Cálamo se presenta el libro ’Exploradores y viajeros por África’, con edición de Eduardo Riestra, en su sello Ediciones del Viento. El libro tiene casi 700 páginas. Eduardo Riestra estará acompañado por el escritor y periodista Antón Castro.]

FRAGMENTO DE ENRIQUE MENESES

V
Mientras estábamos en Juba se hablaba de un cargamento humano que fue hundido ante la orden de un navío inglés de detenerse y dejarse abordar. Días más tarde, en las playas sudanesas, aparecieron los cadáveres encadenados de cientos de esclavos. Los mercaderes, por supuesto, habían tenido tiempo de desaparecer.
Pero Jaime y yo también nos sentimos atrapados. Estábamos con cinco libras esterlinas en el bolsillo, a igual distancia de El Cairo que de El Cabo, un poco más cerca del océano Indico que del Golfo de Guinea. La primera solución que se nos ocurrió fue pedir ayuda económica a Jose María Cavero, duque de Bailén y padre de Jaimito. “He abusado tanto de él que dudo que nos eche una mano”. Quedaba otra: el rey Federico Mutesa II. Este había sido exiliado a Europa por el Gobernador británico Sir Andrew Cohen en 1953, cuando el kabaka se negó a unir Uganda con Kenia y Tanzania para formar la East Africa Federation. El rey baganda, al que todo el mundo llamaba King Freddie, tenía razones poderosas para no aceptar la propuesta. Los ingleses estaban en Uganda a petición de su abuelo, Mutesa I. El régimen colonial sólo era aplicable para Kenia y Tanzania pero no para Uganda que siempre fue un protectorado. Esto significaba que unos territorios dependiesen del Colonial Office de Londres y Uganda del Foreign Office. “Sólo me uno con mis pares”, había respondido Mutesa II al diktat del Gobernador. Y salió de la reunión para Europa en un avión de la RAF.
Durante su exilio, Freddie quiso visitar España y voló desde Londres a Madrid. Allí, el padre de Jaimito, entonces Jefe de Protocolo de Asuntos Exteriores, montó un show en Barajas al enterarse de que llegaba un rey. Guardia de Honor, banda de música, búsqueda apresurada de bandera e himno, etc… La Embajada británica protestó en el acto y el ministro de Asuntos Exteriores desautorizó a su jefe de protocolo que tuvo que alojar a King Freddie en su cigarral de Toledo, la Quinta Maribel. El monarca baganda nunca olvidó aquella acogida, máxime cuando había llegado a España en clase turista y sin esperar ningún trato especial.
Jaime y yo optamos por llamar a Kampala, gastándonos el último dinero en la comunicación. La cuenta del hotel la resolveríamos, cuando fuese, saliendo sin pagar por la ventana del Hotel Juba. Afortunadamente se trataba una planta baja. Mutesa II fue receptivo a nuestra petición de ayuda pero, transferirnos dinero sólo se podía hacer a través de Londres y aquello podía tardar un mes hasta llegar a Juba. La solución que nos propuso fue alcanzar por cualquier medio Kampala donde seríamos sus invitados. Era lo más sensato y lo más rápido.
Aquella misma noche descubrimos un italiano que iba a recoger una mercancía al puerto de Nimulé, a 280 kilómetros de Juba, en la misma frontera sudano-ugandesa. Aceptó llevarnos en su pick-up. La hora de salida nos era muy favorable ya que, a las cuatro de la madrugada, todo el mundo dormía en el Hotel Juba. Nos encontraríamos en la esquina de la calle con nuestras mochilas listas.
El viaje duraba, pese a la corta distancia, unas seis horas por una pista de mala muerte. No tuvimos incidentes en el camino excepto cuando deseé detenerme para fotografiar un pastor que, siguiendo la tradición, se apoyaba en una sola pierna y un bastón mientras la otra reposaba el pie a la altura de la rodilla de la primera. Aquello era tan típico que no quise marcharme sin fotografiarlo. Salí del vehículo y corrí, perpendicularmente a la pista, durante un centenar de metros. El italiano estaba cabreado, tenía prisa. Llegué junto al pastor que no se había inmutado viendo un blanco corriendo como un loco, cámara en mano, hacia él. Me dispuse a hacer la foto. Entonces reparé en que el hombre no seguía la costumbre de los pastores de la región. Sencillamente le faltaba una pierna, probablemente perdida por culpa de alguna fiera. Balbuceé una excusa incomprensible para el hombre y regresé corriendo sin haber hecho la foto.
En Nimulé, nos despedimos de nuestro italiano. Eran las primeras horas del día. En el muelle, flanqueado por dos barcazas, se encontraba el SS Luger II, el vapor que hacía el recorrido hasta Butiaba y vuelta. Nos acercamos a una cabina de madera donde se despachaban los billetes. Jaimito pidió dos billetes de tercera. Nuestras 5 libras sólo daban para eso y nos sobraba 1. El negrito borró su sonrisa inicial del rostro y corrió a llamar al capitán, un inglés escapado de una novela de Sommerset Maugham. Parecía el modelo de las cajas de cigarrillos Navy Cut. Cuidada barba rubia, ojos azules, uniforme blanco almidonado con pantalón corto y medias largas. Por supuesto, pipa y aromático tabaco inglés. Escuchó nuestras explicaciones y dio orden de que se nos cobrasen dos billetes de tercera y se nos instalase en primera. Antes de irse, se volvió hacia nosotros: “You are a disgrace to the white race” (Son ustedes la desgracia de la raza blanca).

*El dibujo de Eduardo Riestra es de Pablo Gallo.

CUENTOS DE JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ

CUENTOS DE JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ

José Luis Rodríguez García (León, 1949) ha regresado a la literatura con dos libros: el poemario ‘Estado de sitio’ y los microcuentos de ‘Incidencias’ (Los libros del señor James). El libro de poemas lo presentará en Cálamo el día 16 de junio y el 30, en Antígona, los cuentos. ‘Incidencias’ es un libro muy imaginativo, con muchos registros y recursos, al que incorpora algunos de sus dibujos y pinturas.

Copio algunos textos.

 

NO COMPRENDE NADA

La niña pensó que lo hermoso eran el cariño, la selva y los muslos de los chicos que la besaban después de que hubiera finalizado el torpe teatro de un Batman al que le gustaban los aguacates. Aparece una mamá en el guión. Rubia, bellísima, dibujada. Por qué la han matado, dice, susurra.

 

JUEGOS

La niña cerró el frasco observando sonriente a la salamandra asustada.

 

FANTASMA

Me alegró encontrármelo en el salón y hablamos largo y tendido sobre Paul Bokuse y las antiguas leyendas de los piratas somalíes. La perplejidad me agobió porque, al rato de despedirnos, me puse a leer el periódico y descubrí su necrológica.

 

CRIMEN IMPERFECTO

Está en el sillón tapizado de azul cobalto. Tiene un puñal de plata clavado en el corazón y una fresa mordida entre los labios. La policía está muy desorientada porque vivía solo y jamás abría el buzón de la correspondencia.

 

HACE TIEMPO QUE TE ESPERABA

La mujer se encerró en el baño. Alguien había entrado en su apartamento. El sabor de las toallas de algodón amarillo es amargo. Como la tinta china o un telegrama.

 

-De ‘Incidencias’. José Luis Rodríguez García. Los Libros del señor James. Zaragoza, 2016.