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Antón Castro

Artistas

SERGIO ALGORA: ALOMA RODRÍGUEZ, DE 'LOS IDIOTAS PREFIEREN LA MONTAÑA'

SERGIO ALGORA: ALOMA RODRÍGUEZ, DE 'LOS IDIOTAS PREFIEREN LA MONTAÑA'

 

[Aloma Rodríguez (Zaragoza, 1983) presenta mañana  viernes, a las 20.00, en la librería Antígona su cuarto libro, ‘Los idiotas prefieren la montaña’ (Xordica), una novela fragmentada sobre el poeta, narrador y cantante Sergio Algora (Zaragoza, 1969-2008). En esta entrevista explica algunas características del libro, del personaje y de su contexto. La acompañarán Octavio Gómez Milián y Rodolfo Notivol.]

 

 

“La novela es una carta, quiere

ser un diálogo, nunca un llanto”

 

 

-“Sergio Algora tenía una sensibilidad fuera de lo común, era muy culto y tenía una gran curiosidad y odiaba aburrirse”

-El título es es un verso de ‘Mi última mujer’. Dice: “Los idiotas prefieren la montaña / y en mi interior yo tengo una playa / donde fabrico mis recuerdos perfectos”.

 -“Como escritor creía en la imaginación y en la forma. Era un poeta muy intelectual, nada fácil ni ligero. En su narrativa la premisa es la libertad creadora más absoluta”


 


 

LA ENTREVISTA

-¿Qué es ‘Los idiotas…’ una carta a un amigo muerto [Sergio Algora, Zaragoza, 1969-2008], un diálogo con él o el llanto por un artista? 

Es un libro en el que trato de reconstruir mi amistad con Sergio Algora para que no se la lleve el tiempo, es una carta, a sabiendas de que el destinatario no la va a leer, quiere ser un diálogo con él, pero no un llanto. Más bien una fiesta.

  

-¿Puede leerse en clave de libro del duelo, con ecos de ‘Amarillo’ de Félix Romeo o ‘El año del pensamiento mágico’ de Joan Didion, pongamos por caso? 

El duelo es uno de los temas del libro, pero no quería que fuera el principal. Leí algunos libros de duelo, como el de Didion, también ‘Tiempo de vida’, de Marcos Giralt Torrente, ‘Patrimonio’, de Philip Roth, o ‘La otra hija’, de Annie Ernaux. Ramón González Férriz, mi jefe en el periódico semanal ‘Ahora’, vio las primeras páginas en uno de los últimos juegos de pruebas y dijo que los zaragozanos hemos inventado un género: biografía de muerto en segunda persona. Se refería a dos textos que han sido fundamentales para este libro: ‘Amarillo’, de Félix Romeo, y el relato ‘Despedida’, de Daniel Gascón.

 

-¿Podría ser, en cierta forma, un perfil novelado e impresionista, suspenso en los recuerdos más o menos caprichosos o azarosos? 

Es una especie de retrato íntimo del Sergio Algora que yo conocí, el de los últimos años. Los recuerdos, anécdotas, poemas que cito y las canciones componen ese retrato cubista e incompleto, pero hay que alejarse para verlo bien. He intentado también que estuviera la voz de Sergio a través de sus canciones y sus textos, que no solo hablara a través de mis recuerdos.

 

-¿Qué te ha llevado a escribir un libro como éste, qué te removía por dentro? 

La necesidad de continuar una conversación abruptamente interrumpida por la muerte. El deseo de contarle a mi amigo muerto qué había pasado desde que se fue. La necesidad de decirle que lo quería. También quería dejar testimonio de esos meses en los que trabajé en el Bacharach. Con Sergio cerca,  la vida parecía un crucero en el que el champán nunca se agotaba.

 

[Cinco poetas: Ángel Guinda, Manuel Vilas, Octavio Gómez Milián, Jesús Jiménez y Sergio Algora.]

-¿Quién fue Sergio Algora? 

Uno de los tipos más brillantes y generosos que he tenido la suerte de conocer. Tenía una sensibilidad fuera de lo común, era muy culto y tenía una gran curiosidad y odiaba aburrirse. Fue cantante, pero sobre todo fue escritor: tenía un gran talento para contar historias, era un inventor. Algunos títulos de sus canciones podrían servir para definirlo: “El hombre bombilla”, “El fabricante de alas de mariposa”.

 

-¿Cómo era como músico, cuáles fueron sus características y que influjo ejerció sobre su entorno y en la música española? 

Esta pregunta me queda un poco grande. Pero creo que la medida del impacto que ha tenido con sus canciones se puede medir: casi todos los grupos del indie nacional reconocen su talento. En Pequeño circo Nando Cruz recoge declaraciones de otros grupos sobre El Niño Gusano. Me gusta especialmente la de Abel Hernández, dice que tocaban muy mal pero eran muy buenos. El Niño Gusano fue un soplo de aire fresco: por las letras y su actitud desenfadada. Es difícil encontrar alguna banda que no admire las canciones de Sergio Algora.

  

-Fue poeta y narrador y también dietarista. ¿Cómo lo defines, qué tipo de escritor era? 

Como escritor creía en la imaginación y en la forma. Era un poeta muy intelectual, nada fácil ni ligero. En su narrativa la premisa es la libertad creadora más absoluta. Todo es posible, se suspenden las leyes de la realidad y operan solo las de la imaginación y las que impone la propia narración.

 

-¿Quiénes eran sus influencias, a quién admiraba, cuáles serían sus afinidades o sus pares? 

En poesía, Paul Celan, Rimbaud, Luis Cernuda o John Ashbery eran los que más citaba. Uno de sus interlocutores y poetas más admirados era Fernando Andú. Le vi comprar y leer con placer a John Connolly, a Jonathan Littell o los relatos de Rudyard Kipling. Estaba muy al día de lo que se publicaba en Zaragoza en particular y en España en general. Algunos de sus referentes eran Philip K. Dick, Boris Vian o Hermann Hesse. Una de las cosas que hace que su mundo sea tan fresco y original es que sus referentes no son solo literarios: también bebe del cine, del arte. Y es una de las razones por las que sus canciones eran tan frescas y originales, porque no se nutrían solo del pop.

  

-¿Piensas que, cada vez más y salvadas las distancias, se parece a Serge Gainsbourg? 

No. Creo que Gainsbourg era un personaje que tenía un poso de amargura. Algora, no. En todo caso, cierta melancolía. Pero no era un cínico, jamás lo fue. Y Gainsbourg, que tenía un enorme talento, a veces se comportó como un cínico.

  

-El libro es el documento de un soñador incesante en un cuerpo frágil. ¿Era consciente Sergio Algora del peligro que corría y lo desafiaba sin más? 

No lo creo. Algora era un vitalista y le gustaba la vida. Su muerte fue una desagradable sorpresa. Siento estropear el tópico de que vivió deprisa para morir joven. No creo que fuera consciente de la gravedad de su dolencia.

  

-¿Qué aportan los textos de los amigos, escritores, músicos, críticos musicales a tu novela? ¿Cómo lo has ido incorporando? 

Tienen una doble función: por un lado, cumplen el papel de interlocutores, por otro, son otro punto de vista y cuentan cosas que yo no sabía y otras que yo sabía. Era un poco como cuando te pellizcas para saber que no estaban soñando y una manera de añadir otro punto de vista. También dan una dimensión mayor al personaje.

  

-¿Qué sucedía en el bar Bacharach? 

En realidad solo éramos gente divirtiéndonos mucho. Poníamos discos, copas para otros y hacíamos bromas. Bailábamos y charlábamos de libros o pelis. Lo extraordinario venía de la manera que tenía Sergio de ver la vida y su capacidad para convertir un día de trabajo en una aventura. A Algora le gustaba parafrasear ‘El club de la lucha’: lo que pasa en el bar Bacharach se queda en el bar Bacharach y si es tu primera noche, tienes que pelear.

  

-¿Sabemos algo nuevo después de haber leído el libro sobre Algora? 

No hay grandes revelaciones: lo único que hago es construir un puzzle con piezas que ya estaban ahí. Como dice una canción de El Niño Gusano, “todo lo que digo lo dijo alguien ya”.

 

[Sergio Algora, Aloma Rodríguez e Ismael Grasa en la presentación de ’París tres’ de Aloma en Antígona.]

-¿En qué medida el libro es también una historia de amor, de complicidad, el relato de un Pigmalión inadvertido y su camarera? 

Más que historia de amor, hablaría de historia de admiración y fascinación. Sergio y yo tejimos una extraña complicidad: es una relación que añoro y anhelo y que, desgraciadamente, no he vuelto a tener. Sergio era tremendamente divertido y generoso. Era muy listo y se preocupaba por que todos estuvieran bien. Y siempre estaba dispuesto a reírse.

  

-Parece que has tenido en la cabeza libros como los de Valérie Mréjen, el propio Félix Romeo, no sé si Francesco Piccolo. ¿Por qué has elegido esa estructura tan fragmentada? 

Siempre pensé el libro así: con espacios entre los párrafos. Quería que la estructura no se viera, que desaparecieran los mimbres. Por otro lado, la escritura del libro ha sido dolorosa por momentos, necesitaba descansar, no era capaz de mantener esa intensidad emocional. Y creo que el lector también agradece eso. Además de que puede completar esos espacios en blanco. Valérie Mréjen es una de mis escritoras favoritas, Félix Romeo es un referente. Pero también Marguerite Duras, Natalia Ginzburg, Annie Ernaux o Patrick Modiano.

 

-¿Y el estilo? Deshuesado, directo, rápido pero también envolvente. ¿Qué buscabas, qué buscas como narradora? 

Buscaba la contención. Los escritores que me gustan no se regodean, no le dan todo masticado al lector, lo respetan y también a sus personajes. He trabajado mucho el tono del libro buscando el equilibrio entre la sobriedad y la emoción.

 

-Último asunto: ¿cuál es la razón del título? Y no me refiero solo a que sea un verso de una canción suya… ¿Es la última o penúltima provocación de Sergio Algora? 

En primer lugar es un verso de ‘Mi última mujer’. Dice: “Los idiotas prefieren la montaña / y en mi interior yo tengo una playa / donde fabrico mis recuerdos perfectos”. Este libro es algo así como un compendio de mis recuerdos perfectos de Sergio Algora. De ser una provocación, será la penúltima: Algora se aparece en los sueños de todos sus amigos para recordarles que sigue por ahí, atento a todo y mirando con una botella de champán en la mano.

Los idiotas prefieren la montaña. Aloma Rodríguez. Xordica. Zaragoza, 2016. 112 páginas.


*Las fotos de Aloma las tomo de aquí:

-http://imworld.aufeminin.com/dossiers/D20130510/AlomaOK-135449_L.jpg

http://imworld.aufeminin.com/dossiers/D20130510/aloma001-1-135149_L.jpg

** La de Sergio Algora con Algora, Aloma e Ismael y otros amigos ya estaban en este blog.

*** La foto de Sergio Algora es de Óscar Sanmartín Vargas. 

 

 

MAENZA, LA LEYENDA QUE NO CESA

MAENZA, LA LEYENDA QUE NO CESA

Antonio Maenza, una leyenda que no cesa

 

Graciela de Torres desvela, en una tesis doctoral, los vínculos entre cine y literatura del cineasta maldito y contracultural turolense

 

 

“La obra de Antonio Maenza (Teruel, 1948- Zaragoza, 1979), autor marginal de la literatura y cinematografía española de finales de los años sesenta, presenta un rasgo revolucionario desde el punto de vista teórico-literario: utiliza tanto la pluma como la cámara como elementos escriturales, identificando en consecuencia el papel y la pantalla de una manera consciente y activa. Su críptica poética literaria se aplica por igual a sus películas, en las que los libros, carteles y pancartas son elementos fundamentales que obligan al espectador a convertirse en un nuevo lector, llegando el autor a escribir sobre el propio celuloide”, explica la profesora Graciela de Torres Olson, que acaba de leer su tesis doctoral, ‘Literatura, cine o escritura: la obra de Antonio Maenza’, dirigida por el catedrático Túa Blesa, dedicada a este realizador inclasificable. Recibió el sobresaliente cum laude.

Maenza tiene el perfil de “un cineasta maldito”, así lo bautizó Emma Cohen con quien trabajó. Filmó tres películas: ‘El lobby contra el cordero’, en Zaragoza, en el verano  e invierno de 1968, donde el poeta Miguel Labordeta oficiaba de cura y Enrique Murillo fue coguionista; ‘Orfeo filmado en el campo de batalla’ (1968-1969), que rodó en Valencia en una época agitada en la que frecuentó al joven poeta Eduardo Hervás y al futuro editor de Pre-Textos Manuel Borrás, y en Barcelona trabajó en un proyecto de diez horas que se tituló ‘Hortensia-Beancé’ (1969), con la complicidad del director y productor Pere Portabella, pero también de los escritores Enrique Vila-Matas y Félix de Azúa o de la citada Emma Cohen, que se desnudaba en la cinta. Maenza, fascinado por el estructuralismo francés y la obra de Pasolini, quiso conocer a toda costa al novelista e ingeniero Juan Benet.

Antonio Maenza ha sido recuperado por distintos estudiosos: Javier Hernández y Pablo Pérez editaron su novela inacabada ‘Séptimo medio indisponible’ (Mira editores, 1997) y le dedicaron una biografía: ‘Antonio Maenza filmando en el campo de batalla’ (DGA, 1997); Vicente Molina Foix lo retrataba en su novela ‘El abrecartas’ (Angrama, 2006) y la propia Graciela de Torres, con Francisco Plou, le dedicó un documental de 52 minutos: ‘In girum imus nocte et consumimur igni. Filmbiografía de Antonio Maenza’ (2002). 

Desde entonces, Graciela ha trabajado en torno a su figura con auténtico entusiasmo y habló con sus grandes amigos: Suso Navarrete, que conservó muchos de sus materiales (que Maenza había dejado en la nevera), el cineasta y fotógrafo Alejo Lorén, con quien mantuvo una extensa correspondencia el director de ‘El lobby’, el escritor y editor Enrique Murillo, el escritor y cineasta Vicente Molina Foix, el galerista y psiquiatra Javier Lacruz, etc. Ha revisado todos sus materiales: las películas y sus escritos, dispersos, inacabados, pero “en perfecta sintonía con su cine” En sus diarios, anotó este autorretrato: “Soy muy sensible a lo bueno y más a lo bello. Sensible a la sensibilidad”. Agrega Graciela: “Antonio Maenza no se quedó en el plano teórico. Su premisa fundamental fue la de experimentar el proceso contracultural por encima de sus resultados, lo que tuvo como consecuencia que dejara sus obras inacabadas o incompletas, imposibilitándolas así para su comercialización o inserción en el sistema artístico tradicional y provocando que durante años hayan permanecido en el olvido”. Sus películas fueron recuperadas por Pere Portabella, que tenía la intención de producir ‘Hortensia-Beancé’. 

 “Mi tesis doctoral rescata buena parte de esos documentos inéditos -entre los que se encuentran apuntes, poemas y guiones- y trata de reivindicar la lucidez salvaje de un autor que empleó el cine y la literatura como medios de escritura e identificó su propia vida con su obra, hasta sus últimas consecuencias”, concluye Graciela de Torres, que fue felicitada por el tribunal por asomarse a una figura fascinante y con tendencia a la autodestrucción, de la que se sabía muy poco, y por la belleza literaria de su prosa. La profesora de la Universidad de Vigo, Carmen Becerra, le dijo: “Escribe usted muy bien”.

La existencia de Antonio Maenza está poblada de misterio. Fue lector de Martín Vigil, de William Blake y de Lautréamont, era cleptómano y visitó varios psiquiátricos. Conoció la desesperación durante el servicio militar en Huesca, a partir de entonces ya fue otro, y hasta su propia muerte está envuelta en sombras: se arrojó a la calle por la ventana, en la casa de su padre, vendedor de colchones. Se ha escrito que quizá fuese un arrebato, que fuese su propio padre quien lo empujase o que fuese víctima de una venganza de homosexuales. Dos días después de la caída, Antonio Maenza moría en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza.

 

Un cineasta al margen, desde Pamplona

Nuevo documental de Carles Candela

 

El Festival Punto de Vista dedicaba la pasada semana una retrospectiva a la obra de Antonio Maenza bajo el título ‘¡Maenza existe!’. Se proyectaron ‘El lobby contra el cordero’ y ‘Orfeo’, con sonorización en directo; se celebró una mesa redonda en la que intervino la propia Graciela de Torres  junto a Javier Hernández, Alejo Lorén y Vicente Molina Foix, y se emitió  ‘Hortensia-Beancé’, presentada por Pere Portabella. Una de las grandes novedades del homenaje fue que el cineasta Carles Candela presentó un nuevo documental sobre Maenza: ‘Materialista, idealista, cinematógrafo, magnetófono, buen chico y sádico’, que refleja un poco su condición de creador inabarcable y complejo que hizo su obra en apenas dos años, entre 1968 y 1969. Para Candelas Antonio Maenza es “un personaje constantemente enchufado a una red eléctrica” y un director “al margen de cualquier esquema”.

 

-Aquí se puede leer una estupenda entrevista con Carles Candela.

http://www.noticiasdenavarra.com/2016/02/10/ocio-y-cultura/cultura/mi-vida-tiene-un-antes-y-un-despues-de-maenza

 

PEPE MELERO & NACHO DEL RÍO: JOTAS Y COPLAS MÁS ANTIGUAS

PEPE MELERO & NACHO DEL RÍO: JOTAS Y COPLAS MÁS ANTIGUAS

NACHO DEL RÍO Y JOSÉ LUIS MELERO OFRECEN UN RECORRIDO ERUDITO POR LAS JOTAS MÁS ANTIGUAS Y DESCONOCIDAS EN IBERCAJA PATIO DE LA INFANTA

 

  • El primer recital se escuchará mañana, viernes 12 de febrero, a las 19:30h horas  

 

  • La rondalla estará dirigida por Javier Badules, Premio Ordinario del Certamen Oficial de Jota

 

 

ZARAGOZA.-  Nacho del Río, cinco veces ganador del Premio Extraordinario del Certamen Oficial de Jota, interpretará mañana en el monumento Ibercaja Patio de la Infanta, jotas aragonesas antiguas y desconocidas con los más hermosos y más puros estilos y tonadas. El recital irá precedido por una conferencia de José Luis Melero, escritor, bibliófilo y actual Jurado del Certamen Oficial de Jota, quien, desde su acreditada erudición, descubrirá a los asistentes coplas de jota aragonesa desconocidas hasta hoy y extraídas de libros raros y de casi imposible localización. Nacho del Río cantará acompañado de tres músicos a modo de pequeña rondalla dirigida por el maestro Javier Badules, Premio Ordinario del Certamen Oficial de Jota.

Conocer y disfrutar la Jota como una de las manifestaciones culturales más antiguas del pueblo aragonés es el objetivo del ciclo “La Jota Aragonesa en algunas de sus coplas más antiguas o desconocidas” que comienza mañana en Ibercaja Patio de la Infanta. El ciclo está dirigido por Nacho del Río y José Luis Melero, ambos académicos de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.

 

Las coplas seleccionadas para ser interpretadas en este ciclo van desde el siglo XVIII hasta la actualidad y pretenden enriquecer el valiosísimo legado que los cancioneros históricos nos dejaron. El Ciclo comenzará mañana 12 de febrero con el recital titulado “Del Coplerillo zaragozano de 1783 a La pata de Cabra de Grimaldi”, que incluye coplas que Vicente Fernández de Córdoba y Alagón, Conde de Sástago, mandó recopilar e imprimir en 1783.

 

Las cantas que se interpretarán son las menos conocidas de la jota, pero tienen un enorme poso histórico y son la prueba inequívoca de que la jota se canta en Aragón desde hace siglos. El segundo recital, “De María Pilar Sinués a Miral y Domingo Martínez”, se podrá escuchar el viernes 17 de febrero. Incluye tres coplas de 1862 que la escritora zaragozana María Pilar Sinués incorporó a una de sus novelas, una que apareció en el Almanaque de El Diario de Zaragoza para 1874 y dos que Luis Royo Villanova -que fue en Madrid redactor-jefe de Blanco y Negro- inventarió en 1897 en el famoso “Homenaje a la jota aragonesa” celebrado en la capital de España.

El ciclo concluirá el 24 de febrero con un homenaje a los cantadores históricos. En este último recital se interpretarán dos coplas que llevaba en su repertorio Domingo Martínez, el cantador que le ganó a Miguel Fleta ese año el Certamen Oficial de Jota; una copla que el cubano José María Chacón y Calvo, una de las personalidades más relevantes de la cultura cubana del siglo XX, doctor en Derecho y Letras, presidente del Ateneo de La Habana, director de la Academia Cubana de la Lengua y creador de la Revista Cubana, escuchó en Sallent de Gállego y que recogió en uno de sus libros.

El ciclo pretende enriquecer la historia de la jota y  poner a disposición de investigadores y aficionados un material de primerísima calidad, no conocido en buena medida hasta hoy.  Aúna la expectación de oír cantar en vivo y en directo a Nacho del Río las viejas coplas aragonesas con la de oír hablar de la jota desde el mundo de la alta cultura y la erudición.

Nacho del Río es también Académico correspondiente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis y miembro de la Comisión Asesora para la declaración de la Jota Aragonesa como Bien de Interés Cultural Inmaterial. Cinco veces ganador del Premio Extraordinario del Certamen Oficial de Jota, es en la actualidad, junto con Vicente Olivares, el cantador más laureado de la historia del Certamen. Grabó con Beatriz Bernad los tres disco-libros de La jota ayer y hoy y recientemente ha publicado su último CD: Batebancos. Fue coordinador general de la Jota en la Exposición Internacional de Zaragoza 2008. Cantó en 2009 en el Palau de la Música de Barcelona y ha participado en los más importantes festivales nacionales e internacionales.

 

Nacho del Río bebe en la tradición del gran cantador Jesús Gracia, otro gran maestro que también se tomó siempre la jota muy en serio, y que la estudió, defendió y dignificó en unos años muy difíciles. Esa pasión por hacer las cosas bien se la transmitió Jesús Gracia a su discípulo más dilecto y de él le viene a Nacho del Río su obsesión por el perfeccionismo. Nadie como él representa hoy el esfuerzo por hacer del  canto de la jota una de las señas de identidad más importantes de todos los aragoneses de cualquier signo y condición.

José Luis Melero es miembro del Consejo Aragonés de la Cultura y de la Comisión Asesora para la declaración de la Jota Aragonesa como Bien de Interés Cultural Inmaterial. Académico correspondiente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis. Bibliófilo y escritor, ha publicado más siete libros y ha participado en otros cincuenta publicaciones colectivas.  Fue uno de los fundadores del Rolde de Estudios Aragoneses y de la revista Rolde, de cuyo Consejo de Redacción forma parte desde entonces. Fue Secretario de Dirección de la Colección “Poemas” de libros de poesía entre 1983 y 1986 y es columnista de Heraldo de Aragón.

Fruto de su pasión por la jota aragonesa (ha sido en nueve ocasiones miembro del Jurado del Certamen Oficial de Jota de las Fiestas del Pilar de Zaragoza) son los tres disco-libros que publicó en Prames,  La jota ayer y hoy,  y su colaboración en los disco-libros de algunos de los cantadores más relevantes de Aragón como Roberto Ciria, Yolanda Larpa o Beatriz Bernad. Ha participado en los programas de Aragón Televisión “Música & Patrimonio: la jota ayer y hoy”, “Dándolo todo jota” y “Se escribe con jota”; y ha colaborado en los dos últimos grandes suplementos que Heraldo de Aragón ha dedicado a la jota (2011 y 2015). Ha formado parte del Jurado del I y II Concurso de Cuadrillas de Rondadores “Ronda del Gancho” (2014 y 2015) y de diferentes Certámenes de Jota Aragonesa. Recientemente ha prologado el libro que recoge las coplas que se cantan en la Ronda de San Martín del Río.

 

RECITAL: DEL COPLERILLO ZARAGOZANO DE 1783 A LA PATA DE CABRA DE GRIMALDI

Día 12 de febrero a las 19.30h en Patio de la Infanta

http://obrasocial.ibercaja.es/zaragoza/recital-del-coplerillo-zaragozano-de-1783-a-la-pata-de-cabra-de-grimaldi

 

*Esta nota es del gabinete de prensa y comunicación de Ibercaja.

 

'VIDA EN FICCIONES' CON DIEGO GALÁN Y MARÍA LUISA SAN JOSÉ

'VIDA EN FICCIONES' CON DIEGO GALÁN Y MARÍA LUISA SAN JOSÉ

El ciclo ‘Vida en Ficciones’ está diseñado desde una doble función en tanto en cuanto se ha concebido como una actividad de proyección cultural y social hacia la ciudad de Zaragoza, organizada desde la Universidad y abierta al público en general. Al mismo tiempo se trata de un seminario asociado a las asignaturas  Historia del cine y otros medios audiovisuales, Géneros Audiovisuales y Cine Español del Grado en Historia del Arte y también al módulo Lenguaje y cultura audiovisual: interpretación y análisis dentro del Master Universitario de Estudios avanzados en Historia del Arte. El ciclo está coordinado por la profesora titular Amparo Martínez Herranz, especialistas en el Teatro Principal, los cines y teatros de Zaragoza y actualmente prepara una gran investigación sobre Luis Buñuel.

 

En esta VI edición de Vida en ficciones, se propone un ciclo de conversaciones sobre la corriente cinematográfica Tercera Vía. Se trata de una tendencia impulsada por el productor José Luis Dibildos, que apostó por películas a medio camino entre el cine comercial y el cine intelectual. Resulta interesante observar el papel que desempeñaron estos planteamientos en los años setenta, ya que aportarían toda una serie de comedias que incluían una cierta perspectiva crítica.

 

-La sesión de hoy, que en realidad es la primera (por enfermedad de Manuel Gutiérrez Aragón, no se pudo celebrar el diálogo entre él y Agustín Sánchez Vidal el pasado jueves 4), corre a cargo de María Luisa San José y Diego Galán Fernández, que disertarán sobre Dibildos y su visión del cine.         

Los ponentes son dos de las personalidades más importantes de la tendencia: María Luisa San José (actriz fetiche de la misma) y Diego Galán (periodista que, desde la revista Triunfo, apostó por la corriente). Biógrafo de Pilar Miró, dirigió durante años el Festival de Cine de San Sebastián y es asiduo columnista cinematográfico de ‘El País. Ambos darán su testimonio en primera persona de lo que supuso la Tercera Vía en aquellos años. 

 

 

 

CARLOS CORTÉS: UN DIÁLOGO DE ARTE

CARLOS CORTÉS: UN DIÁLOGO DE ARTE

PRESENTACIÓN DE LA EXPOSICIÓN EN LONDRES: ‘PROSPETO BOOK’S’,

‘EL LIBRO DE PRÓSPERO’ DEL ARTISTA Y EX BAILARÍN CARLOS CORTÉS

 

-EXPONE EN LA TORRE THE GHERKIN DE NORMAN FOSTER, UNO

DE LOS EDIFICIOS ICÓNICOS DEL NUEVO LONDRES

 

Las  pinturas y esculturas del artista aragonés Carlos Cortés están inspiradas por una de los dramas más complejos y ambiguos que escribió Shakespeare, “La Tempestad”, y  contemplan desde las alturas las calles y edificios que se extienden bajo las faldas de esta torre de cristal curvado.

Es uno de los personajes protagonistas de la obra -Prospero- el que da título a esta muestra en la que Cortés insiste en su vocabulario de materiales reciclados.

Maderas y metales, -objetos encontrados que son fragmentos de otras vidas-, crean un entorno para personajes enigmáticos que oscilan entre el dolor y el sentido del humor, la ansiedad y la ironía.

Son figuras que comparten la estilizada distorsión y la intensidad de gamas cromáticas de el Greco, con la profundidad dramática de algunos grabados goyescos.

Una vibrante gama de colores denota sus orígenes mediterráneos, y la combinación de elementos pictóricos y escultórico-arquitectónicos  nos remite a referencias al arte religioso, a templos y a formas de espiritualidad reimaginadas: Pequeños altares  para el ciudadano urbano contemporáneo...

Hay puertas que se abren y cierran, personajes que se ocultan o se nos revelan. A través del movimiento, y de la interacción con el espectador, sus obras oscilan con frecuencia entre el cuadro figurativo y la escultura abstracta, dejando al descubierto vínculos también a esa trayetoria paralela del aragonés en el campo de las artes escénicas que puede ser rastreada  a sus raíces zaragozanas en la escuela de María de Avila -en la que estudió- y el antiguo Ballet de Zaragoza para el que trabajó como fotógrafo y escenógrafo.

 

Esta es la primera muestra de Carlos Cortés después de su reciente exposición “BLACK BOX”, en el CDAN de Huesca. Un montaje que reunió esta pasado verano más de 100 obras de numerosas colecciones particulares y oficiales, y que abarcaba  unos 25 años de su carrera, siendo a la vez una de las escasas oportunidades que sus paisanos han tenido de contemplar la obra de este artista aragonés.

Tras casi dos décadas de creación en el extranjero y de proyección internacional, Carlos Cortés sigue siendo quizás uno de los grandes desconocidos en su propia tierra.

 

 

DIÁLOGO CON CARLOS CORTÉS

 

¿Por qué William Shakespeare y por qué ‘La Tempestad’?

 La razón por la que Shakespeare fue la inspiración en este caso tiene que ver quizás con una etapa específica de mi vida y también con mi experiencia en mi reciente exposición en el CDAN, ‘Black Box’. La oportunidad de contemplar en un solo lugar obras que abarcan 25 años de mi carrera me permitió trazar un mapa del viaje realizado hasta ahora, y entender muchas de las razones que han  impulsado mi creación. Este proceso de asumir  tu papel como creador y también de tomar conciencia de los recursos empleados me llevó directamente a releer ‘La Tempestad’  y a identificarme con la figura de Próspero. Este usa sus poderes mágicos para dominar un mundo -su isla- que es totalmente su creación. De vez en cuando crea tempestades para romper esa barrera que le separa de una realidad que le traicionó, para atraer a la isla a personajes que a pesar de toda su magia son necesarios para hacer que ese mundo auto suficiente de frutos  a través del amor. Y esto, aunque parezca muy alambicado, es el diario de un artista maduro reflexionando sobre su propia obra.

¿Significa algo especial para ti el dramaturgo o te ha parecido oportuno rendirle un homenaje en el IV centenario de su nacimiento?

 Shakespeare está en todas partes siempre, y más en este país en el que vivo. Yo quizás me siento más cercano a título personal al Quijote o incluso a algunos textos de Calderón de la Barca, pero en este caso la relación entre ‘La Tempestad’ y mi evolución personal se manifestó de una forma muy especial.

 

¿Qué vínculo estético guarda tu trabajo, sobre todo la escultura, con el Greco?

 Supongo que el vínculo viene más de una espiritualidad inherente en mi trabajo que de una semejanza formal. Podemos hablar de realidad cotidiana y del surrealismo como polos opuestos de la percepción. Pero creo que hay otras opciones. La visión del universo como algo gobernado por fuerzas superiores pero intangibles hace que los personajes y los entornos en los que estos habitan sufren un proceso de deformación, de intensificación extrema. Y creo que ahí es donde encuentro la similitud entre el Greco y mi obra. No solo son las formas distorsionadas, o los colores, de una intensidad telúrica...es también reflejo de un intento de trascendencia que al mismo tiempo está intrínsecamente unido a una experiencia totalmente individual, e incluso sensorial, un poco en la línea de los místicos como SantaTeresa o San Juan de La Cruz.

¿Has querido rendir homenaje a distintas artes con este proyecto?

No empiezo un proyecto pensando en ideas como rendir homenaje a distintas artes, pero inevitablemente mi trabajo transcurre en diferentes disciplinas creativas y existen las influencias lógicas que eso conlleva. En el caso de esta exposición si algo ajeno a mi propia forma de trabajar hubo es la necesidad de adaptar la muestra a un entorno arquitectónico muy particular. La forma convexa de las paredes de gran parte del espacio y la proximidad a grandes superficies de cristal desde las que se contemplan unas impresionantes vistas de la ciudad me hizo decantarme por un énfasis en obras pequeñas. Hay muchos cuadros con puertas que se abren y se cierran, esculturas que sobresalen de la pared...es un intento de responder a un entorno muy particular y potente con un contraste marcado, que te hace acercarte a la obra e interactuar con ella.

 

¿Qué te dan los objetos encontrados, dónde los recoges y qué elementos suelen interesarte?

Los objetos encontrados aparecieron en mis primeros trabajos y se han mantenido como una constante que con los años se ha hecho cada vez más importante. Yo los considero como un mapa de experiencias vividas, o un diario que refleja en la forma que algo se desgasta, se raya o se rompe, las vivencias de personas a las que nunca conoceré. En ocasiones forman parte de mi propia vida, como los fragmentos que guardo de nuestra antigua cocina, u objetos que rescataba de lugares en los que trabajaba construyendo decorados para los espectáculos del West end... Hay elementos con un origen más dramático, como cuando hice estallar un vehículo y luego trabajé sobre las formas escultóricas que los explosivas generaron. Con frecuencia una obra contiene fragmentos de varios muebles, paneles o maderas fruto de diferentes "encuentros". Cada fragmento está unido a un lugar y a un tiempo, y todo eso está en mi memoria. Con frecuencia pienso que de alguna manera toda esa información tendría que integrarse en la obra, pero no me gusta la idea de tener una hoja enorme llena de datos al lado de un cuadro. Es algo que no he conseguido solucionar, y mucha gente que se queda fascinada cuando se los cuento me dicen que les hubiera gustado tener acceso a esa información para entender mejor la obra. Un tema por resolver.

 

¿Cómo es la vida de un artista español/ aragonés en Londres?

La vida de un aragonés en Londres es lo que es después de tantos años. Empiezas a no saber a donde perteneces, aunque como yo me fuí a Londres con casi 30 años yo creo que el molde ya estaba hecho y hay cosas que ya no van a cambiar. Echo de menos el sol de Aragón, los tapeos por el casco viejo... Alguien ha puesto estos días en Facebook un vídeo de esos de promoción del turismo y aparte del paisaje y la arquitectura, me emocionaba al recordar los ratos con los amigos y la familia probando delicias gastronómicas y caminando al azar por esas calles estrechas y llenas de historia.

 

¿Te molesta, te incomoda algo?

Me avergüenza por eso la forma en que nuestros políticos y la sociedad en general han dejado corromperse el bonito sueño que fue el inicio de la democracia, y solo espero que seamos capaces de un proceso de regeneración que nos haga volver a levantar la cabeza y a ser una sociedad más sana. Tiene que haber una concienciación de lo que es justo, de la honradez y la eficacia, y de tomar responsabilidades cuando alguien cruza determinadas líneas.

 

Dices que no eres conocido en Aragón. ¿Cómo valoras tu exposición en el CDAN?

Mi exposición en el CDAN fue una sorpresa muy agradable y una oportunidad fantástica de mostrar mi trabajo en un espacio incomparable. El director Antonio González [que acaba de ser destituido por el nuevo Gobierno] y su equipo se portaron muy bien conmigo y les estoy muy agradecido. Por otra parte yo llevo casi veinte años fuera, he expuesto mi obra pictórica dos veces en Aragón desde que me fui ( la otra vez fue en la Galería Pilar Ginés durante la Expo) todavía no he conseguido una sola crítica en los medios, lo cual te hace sentir que de cara a tus colegas y al panorama artístico de Aragón, instituciones etc... eres casi invisible. Te duele también saber que aparte de menciones puntuales como noticias el día de la inauguración, hay gente que se preocupa de escribir sobre una exposición tuya en Bélgica, o por supuesto en Londres-  pero nadie lo hace en la ciudad en la que naciste y creciste.  Supongo que eso puede tener que ver también con el hecho de que la primera parte de mi carrera transcurrió en el mundo de la danza, viví fuera de Zaragoza unos años y nunca llegué a integrarme en los círculos artísticos locales antes de dejar la ciudad para venir a Londres. Por otra parte hay que reflexionar y darse cuenta de que al final lo que de verdad cuenta es encontrarse en una situación en la que puedes vivir de tu trabajo creativo y de que hay un público que valora tu trabajo, aunque ese público no sea o siempre el que uno quisiera.

 

¿Qué supone para ti exponer en ese edificio de Londres, The Gherkin, de Norman Foster? 

Exponer en uno de los edificios más conocidos de Londres ha sido una experiencia extraña. Indudablemente hay algo metafórico en el hecho de mostrar tu obra en un espacio arquitectónico de tal calibre, un lugar intrínsecamente asociado al poder económico y al maquinaria financiera de la City. Desde allá arriba es muy fácil sentirse por encima de todo -literalmente- Como creador es un entorno en el que no me encuentro muy a gusto a nivel personal, pero el Arte y la riqueza o el poder han coexistido siempre, y supongo que lo importante es saber que cada uno tiene su sitio y que aunque te pases por allí de vez en cuando, lo tuyo es otra cosa.

 

¿Cuál sería entonces tu sitio, ese sitio? 

Como yo siempre digo, mi inspiración y mis raíces vienen de un pueblecito de Teruel llamado Seno, donde vamos de vacaciones siempre que podemos, y que es donde la magia ocurre. Me impacta más la experiencia  del padre de un amigo mío, que tiene ochenta y pico años y todavía se preocupa de lo que ocurrirá con olivos recién plantados -que aún tardarán treinta años en dar frutos-, que los millonarios que verán mis cuadros en ese edificio antes de viajar a las Bahamas o coger su yate. Ese hombre tiene una conexión con la realidad y el paisaje que va más allá de su propia existencia, y eso se parece mucho más a lo que yo siento sobre lo que el arte debería ser. Y todo lo demás, son pamplinas.

'VIDA EN FICCIONES': EL MARTES CON MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN

[La infatigable Amparo Martínez -especialista en teatros, cines y en Luis Buñuel, entre otros asuntos- coordina una nueva edición de ’Vida en ficciones’ con la presencia de Manuel Gutiérez Aragón, cineasta, escritor y académico recién electo que conversará con Agustín Sánchez Vidal, la actriz María Luisa San José, los críticos e historiadores del cine Diego Galán y Bernardo Sánchez, y un clásico de estos pagos: José Luis García Sánchez, director y guionista de cine.]

Una nueva edición del ciclo ‘Vida en ficciones’ aborda la

Tercera Vía del cine español

 

El ciclo ‘Vida en Ficciones’ está diseñado desde una doble función en tanto en cuanto se ha concebido como una actividad de proyección cultural y social hacia la ciudad de Zaragoza, organizada desde la Universidad y abierta al público en general. Al mismo tiempo se trata de un seminario asociado a las asignaturas  Historia del cine y otros medios audiovisuales, Géneros Audiovisuales y Cine Español del Grado en Historia del Arte y también al módulo Lenguaje y cultura audiovisual: interpretación y análisis dentro del Master Universitario de Estudios avanzados en Historia del Arte. El ciclo está coordinado por la profesora titular Amparo Martínez Herranz.

 

En esta VI edición de Vida en ficciones, se propone un ciclo de conversaciones sobre la corriente cinematográfica Tercera Vía. Se trata de una tendencia impulsada por el productor José Luis Dibildos, que apostó por películas a medio camino entre el cine comercial y el cine intelectual. Resulta interesante observar el papel que desempeñaron estos planteamientos en los años setenta, ya que aportarían toda una serie de comedias que incluían una cierta perspectiva crítica.

Siendo Ágata Films la productora que llevó a cabo la mayor parte de estas películas, hay que resaltar el papel de directores como Roberto Bodegas (Españolas en ParísVida conyugal sanaLos nuevos españoles) o Antonio Drove (Tocata y fuga de LolitaMi mujer es muy decente dentro de lo que cabe) y de actores como José Sacristán (prototipo del español medio) o María Luisa San José.

 

En este curso 2015-2016 las sesiones se estructuran como diálogos entre expertos en Historia del cine y profesionales del Séptimo Arte, que aportarán su punto de vista y sus impresiones sobre la Tercera Vía, una corriente cinematografía crucial para entender el cine  español de finales del siglo XX y comienzos del XXI. 

-La primera sesión tendrá lugar el martes 2 de febrero a cargo de Manuel Gutiérrez Aragón y Agustín Sánchez Vidal que abordarán el tema del El cine español en los años setenta.  

Esta primera sesión se articula a modo de introducción de la época en la que se sitúa la corriente Tercera Vía (años setenta), haciendo especial hincapié en el contexto cinematográfico de aquellos instantes. Para ello se cuenta no solo con un investigador especialista en la materia (Agustín Sánchez Vidal), sino también con uno de los cineastas que trabajó en dicho periodo (Manuel Gutiérrez Aragón).

 

-La segunda sesión tendrá lugar el jueves 11 febrero a cargo de María Luisa San José y Diego Galán Fernández, que disertarán sobre Dibildos y su visión del cine              

Los ponentes son dos de las personalidades más importantes de la tendencia: María Luisa San José (actriz fetiche de la misma) y Diego Galán (periodista que, desde la revista Triunfo, apostó por la corriente). Ambos darán su testimonio en primera persona de lo que supuso la Tercera Vía en aquellos años. 

 

-La tercera y última sesión se celebrará el jueves 18 de  febrero  con José Luis García Sánchez y Bernardo Sánchez Salas que conversarán sobre Más allá de Ágata Films.

Ambos proporcionarán un punto de vista de la tendencia fuera de los círculos de José Luis Dibildos y su productora Ágata Films (considerado históricamente como artífice de la Tercera Vía). Además mostrarán las repercusiones que tuvo la corriente posteriormente.

Las sesiones tendrán lugar en el Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Pza. de Paraíso, 4)  a las 19:30 h. 

El ciclo de conversaciones se acompañará a su vez de un ciclo de películas representativas de la tercera vía del cine español durante el mes de marzo de 2016:

 

Ciclo LA TERCERA VÍA DEL CINE ESPAÑOL

Programa

03/03   Españolas en París, de Roberto Bodegas. 91 min. 1971, España

04/03   Tocata y fuga de Lolita, de Antonio Drove. 87 min. 1974, España

10/03   Los nuevos españoles, de Roberto Bodegas. 88 min. 1974, España

11/03   Mi mujer es muy decente, dentro de lo que cabe, de Antonio Drove. 87 min. 1975, España

17/03   Hasta que el matrimonio nos separe, de Pedro Lazaga. 95 min. 1977, España

18/03   Asignatura pendiente, de José Luis Garci. 109 min. 1977, España

 ENTRADA LIBRE

C.M.U. Pedro Cerbuna (C/ Domingo Miral, s/n). Las sesiones comenzarán a las 19:30 horas

**Este texto pertenece al gabinete de prensa y comunicación de la Universidad de Zaragoza.

 

*La foto de Manuel Gutiérrez Aragón la cojo de aquí:

http://hipermedula.org/wp-content/uploads/2011/05/manuel_gutierrez_malabo.jpg

*La foto de María Luisa San José la tomo de aquí.

https://albherto.files.wordpress.com/2014/02/13926665036763.jpg

MARIO ORNAT: FRAGMENTOS DE SU LIBRO 'BIENVENIDO MR. LOACH'

MARIO ORNAT: FRAGMENTOS DE SU LIBRO 'BIENVENIDO MR. LOACH'

[Hace pocas semanas, Mario Ornat, escritor y periodista deportivo, publicaba su primer libro: una investigación en torno a la película 'Tierra y libertad', que se rodó en el Maestrago. He aquí un fragmento de un libro que mezcla periodismo, investigación y pasión por el cine.]

 

Mister Loach: el artista y el hombre

Por Mario ORNAT. Del libro 'Bienvenido, Mr. Loach' (Doce Robles)

Fragmento

Nadie habría podido rodar las historias que ha llevado a la pantalla Ken Loach si no estuviera tocado por una inquebrantable determinación. El nervio, el compromiso, el atrevimiento y la ocasional confrontación dialéctica han formado parte del cine y la figura del director británico. Paradójicamente, en la distancia corta Loach ofrece al interlocutor un perfil contrario al del hombre resoluto que reflejan sus películas. Se mueve siempre de manera cuidadosa, tanto por el rodaje como en la modesta sala en la que accede a dialogar, 20 años después de su estreno, sobre Tierra y Libertad. El lugar es el piso más alto de la oficina de Sixteen Films en la capital británica, en el 187 de Wardour Street: un sencillo edificio georgiano de dos plantas situado en el Soho, en la calle que fue, a partir de la segunda mitad del siglo XX, la de las compañías cinematográficas en Londres. La estancia tiene un aire rural, como de silenciosa buhardilla; con vigas de madera a la vista e inundada de la luz del mediodía que entra por las clásicas ventanas de guillotina inglesas. Una mesa de madera rústica y varias sillas de un desleído turquesa, un mueble metálico sin ningún uso particular, una silla de oficina vuelta contra la pared, que mira a un póster de Sólo un beso; y, sobre los muros, las reproducciones enmarcadas de los carteles de tres películas más de Ken Loach: Kes, en un evocador blanco y negro; Pan y Rosas, con una nostálgica imagen casi vacía, también átona; y, por fin, el de Oranges and Sunshine, debut como director de Jim Loach, hijo de Ken, con Emily Watson como protagonista.

En ese escenario, Loach deambula con movimientos callados, como si acabara de entrar en una biblioteca y procurase no hacer ruido. Su cálido saludo, la disposición a conversar acerca de su obra o de las ideas que la inspiran, componen un perfil que parece la quintaesencia de la afabilidad, al tiempo cruzada por el aire de tímida extrañeza de su rostro y de los gestos, siempre a punto de la timidez: incluso pregunta dónde debe sentarse. Se diría que está de visitante, cuando en realidad ejerce de anfitrión junto a su productora, Rebecca O’Brien. Loach sonríe con facilidad y a veces parece incluir en el afectuoso gesto una implícita disculpa. Sus asistentes, interesados desde el primer momento en rememorar los días de Tierra y Libertad en Mirambel, advierten de la apretada agenda del director y de que Loach dispondrá de aproximadamente media hora para conversar. Lejos de exhibir cualquier apunte de inquietud por la duración de la entrevista, él mismo la alarga hasta la hora y cuarto. Cuando se le pide una fotografía, compone ese tipo de mueca incómoda de quien abre la puerta de un aula equivocada y, al darse cuenta de que no conoce ningún rostro y que todos lo miran, murmura una apresurada petición de perdón. Pero enseguida se presta a posar. Le cuesta mantener la mirada a la cámara. Por momentos parece azorado. En ninguna de las imágenes se sacará las manos de los bolsillos.

En cualquier otra persona todos estos rasgos definirían a alguien despistado, ajeno, pero bajo esa apariencia Loach oculta una finísima antena y no pierde detalle: “Aparentemente ausente y sin embargo al tanto de todo”[1]. Así lo definió Icíar Bollaín, después de trabajar a sus órdenes en Tierra y Libertad. Si uno observa a Ken Loach fuera de un ámbito cinematográfico –digamos, en la ceremonia de algún festival, durante un rodaje o en el espacio acotado de las entrevistas promocionales-  resulta complicado distinguirlo como alguien célebre: tiende a confundirse con el resto de la gente. Su modo relajado de vestir, el uso de tonos suaves, una americana nada ostentosa. Un inglés a la manera de otros muchos ingleses medios. La mímesis del hombre sin pretensiones. Ni estridente ni anodino. En la distancia corta, Loach dialoga sin altanería, de igual a igual, aun cuando deba responder a preguntas ya conocidas o no esté de acuerdo con una apreciación concreta. Le gusta escuchar tanto o más que ser escuchado… y esto lo ratifica cualquiera de los actores que ha trabajado con él. Su lucidez argumental resulta en una conversación luminosa, que pondera las palabras pero tiene muy definidos los principios que las sostienen. Sus característicos anteojos, que alterna para cerca y lejos, han perdido aquel tamaño considerable de antaño y ahora son de carey negro. Pero aún inspiran una curiosa idea: los usa desde luego para ver pero se diría que, de ser posible, hubiera preferido que le sirvieran para no ser visto.

Nada en Ken Loach llama la atención, salvo el propio Ken Loach. Su modo de apartarse del foco recuerda a su forma despojada de rodar, alejando la cámara de la acción. Si tiene que hablar de sí mismo en una entrevista, uno enseguida percibe de qué modo teje una guardia de entretelas con las palabras: y detrás de ella sitúa su figura, rebajada de cualquier protagonismo, ajena a la menor tentación de trascendencia. Por ejemplo, cuando se refiere a la gestión de Sixteen Films, la productora que gestiona junto a Rebecca O’Brien y Paul Laverty: “Paul escribe los guiones, Rebecca se encarga de la producción y yo… bueno, yo intento dirigir”[2]. Es decir: los demás hacen; Ken Loach lo intenta.

Y, sin embargo, cuando se trata de dirigir, Ken Loach es otro: “Delgado y encogido, pasea por los decorados con la nariz por delante y los puños apretados, sin ruido, sin levantar la voz casi nunca. (…) Una presencia física como imperceptible creando terremotos sentimentales”[3]. Ahí, cuando se dispone a contar una historia, Loach se comporta con la osadía, con la voluntad innegociable de una fiera ideológica, alguien que ha de defender sus convicciones como el boxeador que en cada puñetazo defiende el pan en la boca de sus hijos. Su obra habla de un director independiente, alejado de las atracciones del cine como gran industria comercial: “El problema es que el cine es visto básicamente como un bien, como una mercancía. No es considerado un medio de comunicación sino un producto. Es una inversión en la cual la gente que está en la industria busca recuperar las inversiones que han hecho y sacar ganancias. (…) Mucha gente está enamorada de lo que es el cine, en vez de estarlo de lo que podría ser y sus potencialidades”[4]. Esa radical visión no incurre, sin embargo, en ningún exceso de impostura artística. Loach escapa a la dicotomía entre el cine de entretenimiento y las películas de arte y ensayo. Si alguien tiene la tentación de adscribirlo a esta última categoría, aunque juegue a su favor, Loach aclara que incurre en un error de base. Y lo argumenta con la solidez característica: “En realidad creo que la palabra arte es muy peligrosa. Creo que simplemente lo que ocurre es que uno comunica lo que quiere comunicar de la manera en que mejor le sale. Quizás deberíamos hablar de comunicador en vez de artista, porque es una palabra menos ambiciosa. Si uno está en la situación de poder comunicar tiene la responsabilidad (como ser humano) de tratar de interpretar el mundo en el que vivimos, expresar dicha visión y compartirla: y si uno tiene una idea, debería luchar por ella”.



[1] Icíar Bollaín. ‘Ken Loach. Un observador solidario’. 1996, Madrid. Ed. El País/Santillana

[2] The Scotsman, 15 de marzo de 2011 

[3] Icíar Bollaín. ‘Ken Loach. Un observador solidario’. 1996, Madrid. Ed. El País/Santillana

[4] A Alejandra Ríos, en la revista digital ‘Estrategia Internacional’, nº10, noviembre/diciembre 1998

 

JESUSA VEGA ESCRIBE DE GOYA

[Hace unos días se instalaba en el Museo Goya de Ibercaja la obra 'Marianito Goya', de Francisco de Goya, que pertenece al Duque de Alburquerque. Es una de esas obras a las que la conservadora Manuela Mena le ha retirado la atribución de pertenecer al maestro de Fuendetodos. Jesusa Vega, que sostiene todo lo contrario, firmaba le domingo este artículo en 'ABC'. En la foto la pieza del artista aragonés.]

 

 

Siempre hay motivos para ir a Zaragoza. Sus edificios y calles, sus cafés y viandas, sus gentes con tantos modismos y ese acento particular a la hora de hablar…, todo hace que pasar un tiempo por allí resulte agradable. Pero ahora hay un motivo más: ver uno de los retratos más íntimos y personales pintados por Goya, el de su nieto Mariano a la edad temprana de entre 6 y 8 años, hecho en tiempos de la guerra contra Napoleón. En la parte trasera del retrato el pintor escribió: «Goya a su nieto», un guiño a la complicidad de ambos, pues esta misma dedicatoria figura en la trasera del retrato que le pintó en 1828, siendo ya un joven de 22 años, y que ha sido recientemente adquirido por el Meadows Museum de Dallas (Estados Unidos).
«En la Guerra de la Independencia, cuando la vida en Madrid solo ofrecía hambre, dolor y desolación, Goya se mira en su nieto»
En plena Guerra de la Independencia, cuando la vida en Madrid solo ofrecía hambre, dolor y desolación, Goya se miraría en su nieto pensando en un futuro mejor. Por eso resulta fácil imaginárselo reciclando un tablero de madera de un mueble -el lienzo era tan escaso por entonces que Goya donó las varas que tenía para vestir al ejército aragonés-, y aprestándose a cubrir con destreza y rapidez (dos características de su forma de hacer) ese tablero con la efigie de un ser tan querido. Aplicó con brocha y espátula una capa enriquecida en blanco de plomo y con una preparación de tono ligeramente anaranjado, similar a la que observamos en otras obras de esa época, y se dispuso a pintar al niño en una de sus grandes aficiones: la música.
Retrato de Marianito Goya, expuesto estos días en el Museo de Ibercaja en Zaragoza como obra del Sordo de Fuendetodos, 20 años después de la polémica sobre su autoría
Hace apenas unas semanas me encontraba en Londres para pronunciar la conferencia de clausura de un pequeño simposio dedicado a Goya organizado por Artes (Iberian & Latin American Visual Culture Group) en el Instituto Cervantes, con motivo de la exposición de retratos abierta en la National Gallery. Mi tema era el retrato de familia. Tras hablar de otras familias, me concentré en la de Goya. Mi discurso fue desgranando la manera en la que se ocupó, a través de su arte, de sí mismo y sus gentes, gustoso de mostrar el progresivo estatus y bienestar que iba alcanzando y que culminaría con su nombramiento como primer pintor de cámara.
N. Glendinning, uno de los especialistas que más defendió la autenticidad del cuadro
Su fama como artista, su triunfo social, su capacidad y estabilidad económica le hacían afrontar a Goya la última etapa de su vida con confianza y en paz, superadas todas las rencillas familiares y consolidada su descendencia por el ventajoso matrimonio de su hijo Javier, el único logrado de los siete que alumbró su esposa Josefa Bayeu, con Gumersinda Goicoechea, miembro de una próspera familia. El consuegro, Martín Miguel Goicoechea, era un activo e ilustrado comerciante, importante accionista de la Compañía de Filipinas con puesto relevante en el Banco de San Carlos, el actual Banco de España. Pero todo se vino abajo. En tiempos de guerra ver crecer a ese niño, ajeno a las dramáticas circunstancias, sería una auténtico solaz y consuelo.
Las sensaciones y los testimonios que es capaz de despertar cualquier buena pintura se ven desbordados con la imagen de este niño lleno de vida que se siente director, concentrado en el ritmo, sabiéndose mirado y mimado. Más allá del estatus social, que denota la elegancia del traje, y la conciencia de herencia familiar -era su único nieto-, encontramos el afecto y la implicación emocional, la generosidad y la tradición pictórica que lleva a su más alta expresión la lección velazqueña. Esta no se encuentra solo en la diestra y ágil pincelada que imprime dinamismo y genera el efecto ilusionístico del movimiento, permanente desafío para Goya. Tampoco radica esa lección en la rica gama tonal del negro que recuerda la ligereza y destreza del sevillano en la construcción de las texturas. Es en la condición de niño heredero que comparte con el príncipe Baltasar Carlos donde definitivamente se funde el arte de los dos maestros.
Jonathan Brown también participó en la polémica a favor del cuadro
Sería maravilloso que el Museo del Prado cediera temporalmente el retrato de «Baltasar Carlos cazador» para poder contemplar simultáneamente ambas pinturas. No es probable que esto pueda suceder. Lamentablemente, «El Marianito», como se conoce hoy el retrato, fue la primera víctima del proceso de «purificación» de Goya del que ha hecho bandera la institución, y hacemos nuestras laspalabras empleadas por el profesor Jonathan Brown en este mismo periódico en 2009 [en este artículo en Tercera de ABC]. El cuestionamiento de esta pintura, que colgó en las paredes del Museo del Prado durante dieciocho años, fue el pistoletazo de salida de una carrera plagada de desatinos en la que, incomprensiblemente, el museo ha perseverado en un ejercicio de tozudez que se ha llevado por delante, en el tema de Goya, el rigor y la calidad científica que lo habían caracterizado.
«En estos tiempos de zozobra que atravesamos pero que están lejos de los dramáticos días en los que vio la luz el cuadro, solo puedo animar a ver el cuadro»
Este cuadro, propiedad de la familia Alburquerque, fue declarado BIC en 1987 y a instancias del entonces director del Museo del Prado, Alfonso Pérez Sánchez. Así se evitaba que pudiera ser vendido en el extranjero, y se daba tiempo para que fuera adquirido por el Estado para la pinacoteca. Pero todo se torció cuando en un artículo de prensa se calificó a la obra como el posible paradigma de los falsos Goyas, remitiendo a un informe que nunca vio la luz. Quedó el retrato en una tierra de nadie, pasando sin solución de continuidad de ser admirado y codiciado a dormir el sueño de los justos en la caja fuerte de una entidad financiera, a la espera de que el sentido común y la cordura vinieran a rescatarlo. Con elgesto de exponerlo al público, el Museo Goya-Colección Ibercaja de Zaragoza da paso a ese tiempo nuevo. Por eso desde estas páginas, en estos tiempos de zozobra que atravesamos pero que están lejos de los dramáticos días en los que vio la luz el cuadro, solo puedo animar a verlo. Con ello no solo podrán admirar el arte de Goya, sino también su humanidad y sus afectos, dos aspectos que nos son vitales siempre, pero sobre todo en los momentos difíciles.

JESUSA VEGA ES CATEDRÁTICA DE HISTORIA DEL ARTE (UAM)