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Antón Castro

Artistas

ARTE ORIENTAL EN UTEBO

ARTE ORIENTAL EN UTEBO

José Antonio Giménez Mas, médico y coleccionista de arte oriental y buen amigo, me envía esta carta y esta pieza que pertenece a su colección ‘Pájaro Profeta’: “El próximo jueves 16 de enero de 2014, a las 7 de la tarde, en el Centro Mariano Mesonada de Utebo (Zaragoza), se inaugurará una exposición de pintura oriental organizada por el profesor David Almazán de la Universidad de Zaragoza, al que muchos de vosotros conocéis. Adjunto el catálogo en pdf. Si tenéis tiempo, el día de la inauguración, o en otro momento si lo organizamos, él mismo nos explicará estas obras algunas de las cuales proceden de la Colección 'Pájaro Profeta' de la que ya tenéis referencia previa por los Cuadernos de Oriente que tuve el privilegio de compartir con vosotros el años pasado.

Me encantaría compartir con vosotros este momento aunque entiendo la dificultad que puede suponer desplazarse a Utebo. En cualquier caso, disfrutad del catálogo y si surge algún comentario será un placer compartirlo. Aprovecho el momento para desearos un feliz año”.

 

 

http://webmail.unizar.es/upload/download.php?file=1392139555.almazan.php2mT7aY%26name=PAISAJES%2520ORIENTALES%2520Utebo.pdf

 

*La pieza que se reproduce aquí pertenece a la colección 'Pájaro profeta' de José Antonio Giménez Mas.

LOS MODLIN, POR PACO GÓMEZ

LOS MODLIN, POR PACO GÓMEZ

QUÉ BELLO ES VIVIR.

El escritor y periodista Paco Gómez siguió durante diez años la pista de una familia norteamericana

 

Los Modlin: arte, locura y Apocalipsis

 

Uno de los retratos de los Modlin: Margaret pinta uno de sus cuadros con modelo. ARCHIVO GÓMEZ /FRACASO BOOKS

 

“Diez años han pasado desde que los Modlin irrumpieron en mi vida por azar. Ha sido una experiencia intensa e irrepetible persiguiendo las sombras y los sueños de unas personas a las que nunca conocí”. Así abre Paco Gómez (Madrid, 1971), escritor y fotógrafo, la crónica de una búsqueda obsesiva: ‘Los Modlin’ (Fracaso Books). Todo comienza cuando su cuñado Marcos, en la primavera de 2003, le llama y le dice que vaya a “echarle una ojeada a una montaña de fotografías que alguien acaba de tirar al suelo” en la calle del Pez de Madrid. Paco Gómez, que fue asistente del fotógrafo y experto en revelado Juan Manuel Castro Prieto, es un enamorado de los objetos que se encuentran en las basuras e incluso llegó a trabajar de basurero.

Acudió de inmediato y aún pudo rescatar un buen puñado de fotos. Gómez se pregunta: “¿A quién pertenecían aquellas imágenes? ¿Qué tipo de persona puede tirar unas fotografías tan íntimas?”. Tardó casi un año y medio en volver a ellas: entonces, se dio cuenta de que se repetían tres personajes. Una pareja adulta y un joven adolescente que “posaba teatralmente, clamaba al cielo en ropa interior con los brazos en alto, mirando al sol, como si esperase recibir el maná divino o sujetara objetos invisibles”. El hombre maduro hacía lo mismo. En una foto, Gómez descubrió que saludaba a actores tan conocidos como Antonio Ferrandis o José Sacristán y que ella aparecía en una fotografía con Ángela Molina.

Poco a poco, a este “detective de pacotilla”, como se define Paco Gómez, le sonríe el azar: un día le hace una foto a su amigo el fotógrafo Juan Millás y ve que en su estudio hay un marco con cuatro pequeños retratos de “una mujer de rasgos judíos, nariz grande y ojos almendrados. Tenía el pelo negro como el carbón y un aire a Maria Callas”. Su amigo le dice que se llama Margaret y que “fue una pintora famosa que murió”. Esa instantánea se la había regalado a Millás una amiga que la había encontrado en la calle del Pez la misma noche en que él había ido a recoger las fotos.

Gómez casi se puso histérico: puso en Google “Margaret, pintora y calle del Pez”, y apareció un reportaje de ‘El País’ donde se decía que se esperaba un mecenas para salvar la obra de la pintora americana Margaret Modley Modlin, que había fallecido en 1998. En el artículo se decía también que cuando Margaret falleció, “su marido Elmer se sumió en la desesperación y quiso que todo se dejase como su mujer lo había dejado”. Gómez logró entrar en aquella casa fantasmal y arrasada por el polvo.

Gómez siguió un auténtico sendero de pistas que se bifurcan y recompuso la biografía de esta familia enigmática. Elmer, el padre, había sido actor, testimonial o secundario, de muchas películas, entre ellas ‘La semilla del diablo’ de Roman Polanski. Era un amigo y admirador del escritor Henry Miller. Pacifista convencido, se había casado con la rica Margaret y creía sinceramente que ella era una grandísima pintora. Ambos pensaban que, en los años 60, Estados Unidos iba hacia una guerra segura y se vinieron a España. Él aquí continuó haciendo pequeños papeles y ella hacía cuadros más bien relamidos, parecidos a algunos de Dalí, que hablaban de la divinidad y del Apocalipsis. Tanto Elmer como su hijo Nelson solían ser sus modelos. Margaret trabajaba a partir de fotos e idolatraba a su hijo Nelson: lo consideraba algo así como un dios. El joven, muy inteligente y en apariencia pragmático, intentó alejarse de aquel ambiente enfermizo. Fue capaz de convertirse en un empresario solvente del mundo del cine, grabó anuncios y vivió varias historias de amor: la más famosa fue con la presentadora de TVE Olga Barrio (la única que no ha querido hablar), y finalmente, igual que le había pasado a su madre, falleció de un infarto de corazón en su último refugio: Brihuega.

Los cuadros se quedaron un tiempo en la casa de la calle del Pez; luego pasaron a los bajos de un colegio de Móstoles y al parecer ahí siguen. Las pesquisas de Paco Gómez han dado lugar a una novela y un documental de Sergio Oskman, que ganó el premio Goya de 2012. “Los Modlin lo habían sacrificado todo para alcanzar la fama”, dice. La realidad casi siempre dicta las historias más inverosímiles.

 

BAROJA, POR MARCHAMALO Y SANTOS

BAROJA, POR MARCHAMALO Y SANTOS

Pío Baroja con zapatillas, manta y estufa

 

‘Retrato de Baroja con abrigo’ de Jesús Marchamalo y el oscense Antonio Santos]

 

Hace un par de años se publicó un monográfico sobre ‘El árbol de la ciencia’ de Pío Baroja (1872-1956). Al escritor y periodista Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) –autor de uno de los libros infantiles del año: ‘Palabras’, que ilustró Mónica Gutiérrez Serna para Kalandraka- le encargaron que escribiera un retrato del autor de ‘La busca’ y él optó por trazar un daguerrotipo de interiores: la existencia, más o menos anodina, del autor en zapatillas, con su gato, con su pluma, con sus dos abrigos y con su soledad de ermitaño un tanto cascarrabias.

El retrato de ancianidad arrancaba así: “Tenía Baroja un gato, negro como el de los cuentos de brujas, y dos abrigos. Uno oscuro, de paño, de diario, y algo raído, y otro que guardaba en el armario, gris, para los ocasiones especiales”. El texto situaba a Baroja en un momento en que grababa para el cine. Ante el torbellino de cables que iban de habitación en habitación, que cruzaban los pasillos y la mesa camilla, ante “la luz homicida de los focos”, el novelista dijo: “¿Todo esto consumirá con mucha electricidad, no?”. Ya entonces, la corriente resultaba cara.

Ese texto cayó en las manos de un editor tan apasionado como Diego Moreno, del sello Nórdica. Ahora acaba de aparecer en una edición ilustrada por el oscense Antonio Santos (Huesca, 1955), ‘Retrato de Baroja con abrigo’, un libro de bolsillo para leer y mirar y sonreír. Lo fue a visitar pocos días antes de su muerte, lo vio envuelto en uno de sus abrigos y la manta que se colocaba sobre las piernas y le dedicó un ejemplar de su libro ‘Adiós a las armas’: “A usted, don Pío, que tanto nos enseñó a los que, siendo jóvenes, queríamos ser escritores”. El día que supo que su amigo había muerto, un 30 de octubre de 1956 en que nevó en Madrid, el duro y correoso Hemingway no pudo reprimir sus lágrimas. Todo ello lo cuenta Marchamalo.

Félix Romeo (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) escribió un artículo irónico y brillante donde afirmaba que “todos los escritores son aragoneses”. Pío Baroja lo era con más motivos: escribió novelas que suceden en Aragón como ‘Los confidentes audaces’, ‘La venta de Mirambel’ o ‘La nave de los locos’, y se presentó a diputado por Fraga. El libro está dedicado a otros dos autores zaragozanos: Javier Goñi (Zaragoza, 1952) y Manuel Longares, de ascendencia aragonesa, que vivió algún tiempo en la ciudad.

Pío Baroja amaba los gatos. En la calla Mendizábal, donde vivió con su madre, cuidaba dos gatos: Chepa y Apitita. Luego se trasladó a la calle Ruiz de Alarcón y tuvo otro felino doméstico: Miki, que “andaba siempre cerca de la estufa –la chubesqui- en el salón de aquella casa suya fría como el aliento de la muerte”. En casa, Baroja, además de las zapatillas de felpa, llevaba bufanda, las solapas subidas y boina. Quizá por todo ello “alguien dijo que Baroja es uno de los personajes literarios más fotogénicos de su época”. Sale muy bien en las fotos.

Marchamalo también cuenta el famoso incidente que tuvo con los carlistas durante la Guerra Civil; tras un barullo de discusiones, en el que asomó una pistola, “parece que don Pío, pálido como un folio, le llamó cochino carlista” a uno de ellos. Lo prendieron, lo llevaron al calabozo y a la mañana siguiente acudió a buscarlo su nieto Julio Caro Baroja, y “escoltado por un grupo de requetés, se marchó a Francia”. Y también se cuentan las últimas visitas que recibió de Cela, González-Ruano, etc., que le llevaban dulces. Baroja era goloso.

Antonio Santos le ha hecho varios retratos, realmente espléndidos, que presentan al solitario en su laberinto. Todo un clásico de traje gris o negro que solía fumar tabaco rubio y que adoraba el chocolate.

 

*De la serie navideña, 'Qué bello es vivir', que publico todos los días en Heraldo de Aragón. Ilustración de Antonio Santos.

 

PACO PONS: DE AMISTAD Y DE LIBROS

PACO PONS: DE AMISTAD Y DE LIBROS

[Ayer el librero Paco Pons, siempre amable, me escribió a propósito de mi artículo ‘El bibliófilo amable’ y me envió este texto de regalo de Navidad. Paco es así: gentil, dispuesto siempre a contagiar pasión por la cultura, por los libros y por la amistad. La foto de Marilyn leyendo el 'Ulises' de James Joyce es de Eve Arnold.]

 

LARGOS  AÑOS  DE  RECUERDO  AMOROSO

 

Por Paco PONS. Librero

 

En los días finales del año, en algunas culturas, acostumbramos a recibir – y a entregar – regalos, como prueba de cariño.  En España se añaden los regalos de la Epifanía – el día 6 de enero – aunque cualquier fecha es buena, y cualquier motivo, para expresar nuestro cariño a las personas que nos importan. 

 

Hoy he recibido un regalo, en vísperas de Navidad, y me lo ha hecho una vieja amiga, que a menudo me gasta bromas, en ocasiones feroces: Mi memoria.  Me ha venido el intenso recuerdo de un hecho que viví como testigo principal, que no como protagonista. Sucedió en los primeros años de los Setenta, es decir hace algo más de cuatro décadas.  El caso es que lo había olvidado por completo y de repente me ha venido con una precisión casi cinematográfica. Recuerdo ahora los planos, los rostros y las frases, de forma precisa. Bueno, o eso me hace creer la tramposa de mi memoria…

 

Aquel año viajé a Francia, y me desvié un poco de mi itinerario, para llegar hasta la región de Anjou y visitar a un amigo, ya anciano. Se trataba de un sacerdote a quien le estaba agradecido por haber colaborado en conseguir que yo recibiera un complemento indispensable para mi formación cultural y humanística.  Lo vamos a llamar Pére Charles.  Acababa de cumplir los ochenta años y me recibió con su afecto y amistad habituales. Me preguntó si pensaba pasar varios días en esa ciudad – Angers – y al saber que estaría allí dos días, me pidió que le hiciera un favor. Mi respuesta fue inmediata y su ruego consistía en que le llevase a otra ciudad, a unos ochenta kilómetros de Angers.  En ella residía una amiga a la que no había visto en mucho tiempo.

 

Durante el corto viaje hablamos poco, si bien me explicó que en los años 1917 y 1918, durante la Gran Guerra – Primera Guerra Mundial – él había servido como capellán de un regimiento del ejército francés, recién ordenado sacerdote.  Su compañía fue bombardeada por la artillería enemiga y la metralla de un obús hirió a varios soldados, entre ellos al capellán, mi amigo Charles.  Fueron evacuados al hospital y allí permaneció ingresado durante varias semanas, hasta su curación, coincidente casi con el Armisticio y el fin de la contienda.  La sala del hospital donde permaneció Charles era atendida por una joven monja, recién consagrada, quien recibió el encargo de su priora de ir a servir en el hospital, para una tarea más necesaria que la vida contemplativa.

 

Llegamos Charles y yo en mi coche, a la residencia de religiosas, en la que estaba ingresada la monja Soeur Thérése, por la que preguntamos en la recepción.  “Está en el jardín, saliendo a la derecha”, nos dijeron. Charles se acercó a la monja y le dijo, a modo de saludo, “¿Me recuerda Usted?”. Ella se limitó a mirarle a la cara y a contestarle, “No le he olvidado, a pesar de que han pasado más de 50 años…”.  Creí que debía retirarme y dejarles hablar a solas y le dije al Pére Charles que iba a tomarme un café en la máquina situada junto a la recepción. 

 

Casi media hora después, al regresar, los encontré tomados de la mano, mirándose, en silencio. Charles se había sentado junto a la silla de ruedas de la monja y los dos tenían los ojos húmedos. Me acerqué a mi amigo, para decirle que podríamos estar todo el tiempo que él quisiera, y fue ella la que me dijo en un francés con un suave acento alemán, que ya habían hablado todo lo que se tenían que decir y que no debíamos circular de noche, pues las carreteras son peligrosas, cuando no hay luz.

 

La despedida fue un apretón de manos, cálido pero sin efusiones, y una frase de ella a mi emocionado amigo: “Me gustaría volver a verte antes de que pasen otros cincuenta años”.  La respuesta de Charles fue breve: “Sin duda, pero ya será en la Casa del Señor”.  Soeur Thérése replicó un sencillo “Allí estaré esperándote”. 

 

Nos encaminamos al coche y conduje de regreso a Angers, sin que hablásemos más que un par de breves comentarios sobre el tráfico. Yo no quería romper las emociones que intuía habrían vivido los dos protagonistas de esta historia.  No volvimos a comentar este asunto, ni el día siguiente, que estuvimos juntos, ni en las cartas que nos escribimos, hasta que un día me llegó un escrito de otro sacerdote, amigo del Pére Charles, en el que me comunicaba que mi amigo bretón había fallecido en una residencia – hospital, a donde había sido llevado al sufrir un grave percance en su frágil salud.

 

No me cabe duda de que en la Casa del Señor están ahora juntos un sacerdote bretón y una monja alsaciana, compartiendo el Amor de Dios y recordando el amor humano que hubo, pero que dejó que prevaleciera la llamada de la “suave brisa”…

 

Diciembre de 2013.

 

Cuentos de domingo / Antón Castro. Heraldo de Aragón.

 

El bibliófilo amable

 

Érase una vez un hombre bueno que empezó a amar los libros. Los cuidó como se cuida a una familia y se dedicó, en sus viajes, en sus pesquisas, en sus cartas o en sus visitas a librerías y ferias, a buscar aquellos que constituían, volumen a volumen, folleto a folleto, la memoria de su pequeño país de polvo, viento, niebla y sol. Lo acumuló casi todo: lo acumuló, lo hermoseó, lo leyó y divulgó una buena parte de ese patrimonio que tenía que ver, sobre todo, con el vasto legado científico del territorio: desde Servet o Juan Pablo Bonet hasta Miguel Antonio Catalán, Cajal y Oro, pasando por Félix de Azara, Loscos, Pardo Sastrón o Jordán de Asso. Un día decidió que ese tesoro incalculable debería ser para sus paisanos. Aprovechó el momento idóneo y mostró su generosidad más absoluta. Solo exigió un mínimo de respeto, un poco de cariño y primor, los buenos modales que empiezan en la educación y en la conciencia de que se estaba ante un bello arsenal de páginas que resumían una pasión inefable por las vidas ajenas que transformaron, despaciosamente, el mundo. Al principio todo fueron buenas palabras, o quizá las mejores intenciones: se inició la tarea de fichar y ordenar el material. Luego ni los unos ni los otros le hicieron caso, ni siquiera tuvieron la delicadeza de recoger la donación. Se dijo que ni había dotación para mantener ese legado ni espacio para acogerlo. En cambio, sí se podían pagar hasta 1.400.000 euros por una colección de arte. El bibliófilo ni dijo esta boca es mía. No convocó ni a la prensa ni llamó a sus amigos. Aceptó su sino y no acusó el desprecio. Pero pasó lo que también resultaba presumible: otra comunidad, más preocupada por la ciencia y por los saberes, le ofreció un depósito para sus materiales y los cuidados que se merecían. Por amor al conocimiento creyó que debería ceder. Dejarse querer donde le querían: huye de cualquier amago de narcisismo pero cree en la dignidad. En cuanto se supo que los casi 10.000 libros viajaban hacia otro lugar, el propio Gobierno puso el grito en el cielo. Uno de sus responsables llamó a rebato: “Hay que salir a la calle. Nos roban nuestro patrimonio y nuestra historia”. El bibliófilo amable tampoco esta vez dijo nada.

RECUERDO DE ROSSANA PODESTÀ

RECUERDO DE ROSSANA PODESTÀ

[Hace casi diez días empecé en 'Heraldo' una sección navideña diaria, 'Qué bello es vivir' (la tituló así su coordinador Christian Peribáñez, un estupendo compañero desde hace varios años). Ayer publiqué esta nota sobre Alfredo Castellón Molina y la actriz Rossana Podestà.]

QUÉ BELLO ES VIVIR. Hace unos días, fallecía en Roma la mujer que encarnó a ‘Helena de Troya’ de Wise. El cineasta aragonés la recuerda.

 

Alfredo Castellón: una cita en Roma con Rossana Podestà

 

El escritor y realizador Alfredo Castellón Molina (Zaragoza, 1930) experimentó ayer una pequeña conmoción. Hacia la una llamó a algunos de sus mejores amigos y les dejó este mensaje: “Se nos ha muerto Rossana Podestà”. En realidad, la actriz, nacida en Trípoli (Libia) en 1934, había fallecido el pasado diez de diciembre, pero algunos medios publicaban ayer su necrológica. Era la actriz por excelencia del ‘peplum’ italiano y de muchas películas sobre la Segunda Guerra Mundial. Llegó al cine hacia 1950, con apenas 16 años, y reclamó la atención de cinéfilos y espectadores cuando le birló el papel de Helena de Troya, en la película homónima de Robert Wise, a actrices ya consagradas como Liz Taylor, Ava Gardner o Lana Turner.

Rossana había empezado a destacar un poco antes, cuando participó en ‘Ulises’, junto a Kirk Douglas y Sylvana Mangano, y cuando Michelangelo Antonioni le concedió el papel de protagonista para su película ‘Las amigas’ (1955), en la que el joven cineasta aragonés Alfredo Castellón era ayudante de dirección. Castellón se había ido a Italia con una carta de recomendación de Luis García Berlanga y el maestro italiano le dio un modesto empleo hasta que la película se interrumpió por falta de presupuesto. Y le autorizó a observar todos sus rodajes en los estudios de Cinecittà, en Roma.

“Me hice amiga de la madre de Rossana Podestà antes que de ella. Esperaba y vigilaba a su hija que tenía una preciosa y angelical cara de niña”. La acompañaba a todas partes. “Recuerdo que nos citábamos en un café, el Losetti, donde también iba mi gran amiga de entonces, la filósofa María Zambrano, pero a ella no pareció interesarle mucho la joven actriz. Estuve cinco o seis veces con Rossana pero su madre siempre estaba allí de carabina”, recuerda Castellón, que estuvo casi dos años en la Escuela de Cine de Roma.

Rossana, que había empezado con muy buen pie, quería saber, sobre todo, cosas del montaje “y también me preguntaba qué cine quería hacer, y yo le decía que ambicionaba hacer películas surrealistas como las primeras de Luis Buñuel: ‘Un perro andaluz’ y ‘La Edad de Oro’”. En aquellos días de felicidad y de revelaciones, Castellón coincidía con cineastas como Peter Kubelka y Tomás Gutiérrez Alea, con el artista vietnamita Tranto y con un realizador de documentales como Silvio Maestranzi, con el que hizo dos películas: ‘Los techos de Roma’ y ‘Viena, 1956’. “Entonces tenía un proyecto muy ambicioso: quería hacer una película sobre los tapices de Goya y me pasaba horas y horas leyendo y preparando el guión”.

Castellón confiesa que nunca pudo estar a solas con la bella Podestà. Él tomaba café y ella capuchino o Campari. Poco después se casó con el cineasta Marco Vicario, que la convirtió en una musa elegante y ligera de ropa. Castellón intensificó, entre 1954 y 1956, la relación con una de las mujeres de su vida: María Zambrano. Se veían en ese mismo café, el Losetti, o en una plaza solitaria donde la autora de ‘Claro del bosque’ alimentaba a un montón de gatos. “Esa amistad fue realmente preciosa: aprendí mucho. María fue muy generosa conmigo”. Curiosamente, hace poco se supo que la pensadora malagueña vivió una historia de amor a mediados de los años 20, en Segovia y Madrid, con el militar e ingeniero aragonés Gregorio del Campo, de Ambel, y que de esa relación nació una criatura, que falleció a los pocos días. Él sería ejecutado en Pamplona, en 1936, por el ejército nacional.

Alfredo Castellón no se encontró nunca más con Rossana Podestà. Vio cómo se convertía en un icono del cine rosa y erótico de Italia. En 1981, le preguntaron a qué hombre se llevaría a una isla y contestó que al explorador y escalador Walter Bonnatti (1930-2011), “una de las mayores leyendas del alpinismo”, según los expertos. Él se enteró, la llamó y concertaron una cita. Su historia de amor duró treinta años, hasta que él falleció en 2011. Poco después, Rossana publicaría un libro, ‘Walter Bonnatti, una vida libre’. Por todas estas cosas, Alfredo Castellón –fundador de TVE, dramaturgo y autor de películas como ‘Platero y yo’ y ‘Las gallinas de Cervantes’- recuerda con melancolía a aquella belleza casi juvenil que iba a convertirse en Helena de Troya y en musa de muchos italianos de posguerra. En Navidad, la añoranza casi nunca es un error.

 

RAMÓN MAYRATA. MISS MARA

RAMÓN MAYRATA. MISS MARA

[Esta mañana Ramón Mayrata, experto en magia, funambulismo, circo y otras magias, me envió este artículo sobre Miss Mara.]

EN LA MUERTE DE MISS MARA


Por Ramón MAYRATA
Dos años después de que le contratara el Ringling volvió a estrellarse contra el suelo. Pasó dos años en una silla de ruedas. Tras siete operaciones, los médicos se persuadieron de que no volvería a andar. Pero regresó al trapecio en una actuación emocionante en Nueva York, televisada a todo el país, que hizo saltar las lágrimas del más duro de los empresarios de circo, de la estirpe de acero de Barnum, que creía asistir a un imposible. Desde entonces, trabajó en los mejores circos del mundo hasta que se retiró en Valencia, en 1979 en el Circo Atlas de los hermanos Tonetti.
Miss Mara demostró que tener los pies en el suelo es en realidad una limitación. Fue una de los grandes artistas españoles con proyección internacional. A principios de los años 50 fue contratada por el Ringling Bross and Barnum & Baileys, Desde que debutó en Madison Square Garden se convirtió en la gran estrella del mayor de los circos norteamericanos.
María del Pino Papadopoulos nació en San Fernando (Cádiz) en una familia de gentes de circo. Debutó en el Florida, el circo familiar a los cinco años. Su arte consistía en compartir con los espectadores la sensación de peligro. Apenas un escalofrío separa la vida de la muerte. “Más vale pájaro volando que ciento en la mano”, escribió José Bergamín. Ella hizo realidad la frase. Su existencia consistió en caer una y otra vez y en rehacerse para actuar cada vez más arriba, más cerca de las estrellas. En sus inicios se rompió una cadera al caer del trapecio. Cuando empezó a irle bien se incendió el circo que había logrado fundar: el Casablanca. De su grave accidente en el Ringling ya he hablado.
Todas estas cosas se cuentan en la documentada biografía escrita por Manuel González Simón: 'Un desafío a la muerte, Miss Mara, la romántica del Circo', publicada en Zaragoza en 1972. Por fortuna podemos verla en acción. Existe un documental -'Rings Around the World'- escrito por Víctor Wolfson y dirigido por Gilbert Cates que nos permite apreciar su belleza, su elegancia, su gracilidad y la soltura con la que esta mujer se danzaba en el trapecio y el suspense que provocaban sus peligrosas y hermosísimas evoluciones en el aires, cuya culminación era el instante en que resbala desde las corvas hasta sujetarse con los talones, sin red ni protección, en la soledad de la cúpula del circo.

CALERO: ECOS DE 'INUNDAR EL MAR'

CALERO: ECOS DE 'INUNDAR EL MAR'
[Comparto con otros amigos esta carta de Ricardo Calero, con motivo de los actos de su proyecto ’Inundar el mar’]
Queridos Alfonso, John, Pati, Antón, Rafa, Nezha, Iguazel, Lourdes, Juan, Ángel, Carmen, Ángel, Helena, Carlos, Miriam y Juan.
Amigas y amigos: GRACIAS
Por Ricardo CALERO

Para todos los que no pudisteis asistir a las sesiones del 18 de diciembre, os cuento un poco como fue el día, que resulto verdaderamente interesante, eso si, intenso, sin descanso desde las 10 de la mañana que comenzamos en El Cubit de Zaragoza Activa, hasta las 23:30 de la noche, que termino la sesión en Casa Emilio, con tan solo media hora de descanso para tomar una tapa como comida, que apenas me entraba, ni falta que importaba. En distintos momentos pudimos contar en algunos de los espacios de intervención con algunos de vosotros que os desplazasteis para participar presencialmente, algo que os quiero agradecer muchisimo, pues vuestra presencia además de reforzar  y darle más valor al acto, nos cargaba del animo y la buena energía que transmitíais.  Mi agradecimiento especial a Carmen Magallón que por coincidencia horaria con otro acto, se hizo cargo ella sola de todo en el Centro Pignatelli. (adjunto más abajo su email). Muchisimas gracias Carmen.

También el agradecimiento a Javier Espada, que organizó el acto en el Centro Buñuel de Calanda, y asistió posteriormente al Centro de Historias, informándonos de como se había desarrollado en Calanda la sesión, con la intervención y lectura por parte del público de vuestros textos. También a Helena Santolaya que en Alcañiz realizó una sesión con los alumnos del Instituto en el que imparte clases. 

Gracias, gracias a tod@s.

Fue muy gratificante  a lo largo del día ver las positivas respuestas de las personas que participaron activamente en las distintas sesiones y muy especialmente la sesión del Joaquín Roncal con más de 120 alumnos de Institutos más el publico asistente de forma individual, mostrando muchisimo interés por el tema que tratábamos, con preguntas e intervenciones muy interesantes, tan solo limitadas por el tiempo, una hora y media, pues teníamos que salir a continuación para la presentación en otro espacio.

En total más de cuatrocientas personas habrán asistido a las distintas sesiones. Aunque solo fuera que en un % de ellas hubiéramos dejado o sembrado una inquietud...¿?  ya sería un sueño, más allá del mar...

Creo amigas y amigos que la experiencia y el esfuerzo por todos realizado mereció la pena y por los comentarios que me han llegado, vuestras palabras y el proyecto, consiguió llegar a las personas que asistieron, conseguimos acercarnos y "acariciar" los sentimiento del Otro...  Todo esto es  importante para el fin del proyecto, que no es otro que aportar un grano de arena más por la defensa de uno de los derechos fundamentales de los seres humanos, como vosotros muy bien sabéis.
Bueno por otra parte recordaros que esto no ha acabado, pues el día 26 de diciembre se presentará en LA CALA , ese interesante espacio, difusor y oasis de la cultura que hay en Chodes y que será presentado con el buen hacer de Carlos Grassa Toro.

También al día siguiente el 27, en la galería A del Arte de Zaragoza, se presentará el proyecto, en este caso incorporando obras, documentos y piezas-objeto, resultado de la experiencia de todos estos años, y en el que en estarán incluidos vuestros textos.

Este proyecto no acaba..., (nunca le pondremos limites, ni fronteras) habrá otros actos de los que os iré avisando oportunamente.
Seguimos estando en contacto

Besos y abrazos
Ricardo Calero
 
*La foto de Ricardo Calero es de Vicente Almazán.

HOY SE PRESENTA, EN COLEGIO COSTA, 'EL DIBUJANTE DE RELATOS'

HOY SE PRESENTA, EN COLEGIO COSTA, 'EL DIBUJANTE DE RELATOS'

Antón Castro y Juan Tudela publican El dibujante de relatos

[Queridos amigos: hoy jueves 12, a las 19.30, en  el colegio Joaquín Costa (Paseo María Agustín), se presentará el libro ‘El dibujante de relatos’ (Pregunta) con ilustraciones a página completa de Juan Tudela, pintor, diseñador gráfico e ilustrador, que ganó varias veces el premio de carteles del Pilar.Se proyectará un pequeño vídeo con una selección de las imágenes de Juan Tudela. Estáis invitados. Al final se servirá un vino.]         

El escritor y periodista Antón Castro y el diseñador gráfico Juan Tudela han realizado a cuatro manos ‘El dibujante de relatos’, un álbum ilustrado que publica Pregunta Ediciones, en el que Tudela dibuja los personajes de los cuentos de Castro y viceversa, o como dice José Luis Cano en el prólogo del libro: «Juan Tudela realizó unos retratos imaginarios o recordados, y Antón Castro descubrió en ellos el rostro de sus personajes».

            Ambos autores, residentes en Zaragoza, fueron desarrollando ‘El dibujante de relatos’ como un intercambio de imágenes, pictóricas y literarias, complementando cada uno el retrato propuesto por el otro. El libro se compone de treinta relatos de pura ficción y casi cuarenta ilustraciones. ‘El dibujante de relatos’  -que alterna el microrrelato con el cuento, la carta, el poema en prosa, la viñeta o el perfil-, habla de fareros, de carteristas, de profesores de dibujo, de boxeadores, de futbolistas, de tenistas, de prisioneros de los nazis, de bailarines, de gentes del circo, de fotógrafos, de artistas, de mujeres que aceleran el mundo, de músicos Elvis Presley o Django Reinhardt, y hay un homenaje explícito a Torrero, a Zaragoza y a Aragón y sus paisajes como sucede en ‘El paisaje infinito’ o ‘Una aventura salvaje’. Quizá el tema central sean la memoria, el uso de la imaginación y la variedad de historias de amor, algunas tan románticas y desesperadas como ‘La quinta del paraíso’.

            Antón Castro (A Coruña, 1959), que recientemente ha sido galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Cultural, ha publicado libros como El testamento de amor de Patricio Julve, Cariñena, Golpes de mar, El paseo en bicicleta o El niño, el viento y el miedo, coordina desde 2002 el suplemento Artes & Letras de Heraldo de Aragón y colabora en Por amor al arte de Aragón TV.

            Juan Tudela (Murcia, 1940) se dedicó desde 1960 hasta su jubilación al campo de la creatividad publicitaria, recibiendo encargos de todo el territorio nacional. Destacó con sus ilustraciones para los cuentos de Monto y Lío (sobre textos de Gloria Fuertes) y como diseñador de carteles (fueron premiados sus trabajos para Fiestas del Pilar, Feria del Libro de Zaragoza, Estudios Flamencos...). Ha participado en numerosas exposiciones colectivas, y al jubilarse mostró parte de su extensa vida laboral en la muestra Del lápiz al ratón.

            El dibujante de relatos se presentará el 8 de diciembre en la Feria del Libro Aragonés de Monzón, el día 12 en el colegio Joaquín Costa de Zaragoza, y el 18 en la librería Estilo de Huesca.

 

  

Contacto

 

—con la editorial Pregunta: preguntaediciones@gmail.com, 659338198