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Antón Castro

Escritores

MARTÍNEZ DE PISÓN, UN DIÁLOGO SOBRE 'EL DÍA DE MAÑANA'

Cuando apareció ‘El día de mañana’ (Seix Barral) de Ignacio Martínez de Pisón, una espléndida novela, intensa, muy bien construida, una de esas novelas que exaltan el valor de la narración y de los personajes de carne y hueso, le hice esta larga entrevista a Martínez de Pisón. La reedito de nuevo en el blog con motivo del premio narrativa de la Crítica, concedida esta mañana. Otros buenos amigos como Antón Riveiro Coello, autor de ‘Laura no deserto’ y Jaume Cabré, ‘Jo confesso’, al que presenté en Cálamo, han ganado los galardones en gallego y catalán. En Poesía en castellano el premio fue para Tomás Segovia, por ‘Estuario’ (Pre-Textos), y entre los finalistas figuraron Ángel Guinda con ‘Espectral’ y Antón Castro con ‘El paseo en bicicleta’, ambos títulos de Olifante.

 

¿Cuál ha sido el detonante, el origen, el detalle que te ha llevado a escribir esta novela?

 En "Dientes de leche" traté un tema de nuestra historia reciente que no había llamado la atención de los novelistas: la presencia en España de fascistas italianos que vinieron a luchar en el bando nacional durante la Guerra Civil. En esta nueva novela me propuse escribir sobre otro aspecto poco conocido de nuestra historia, la actividad de la Brigada Social, la policía política del franquismo. No hay mucha literatura sobre ella, y la que hay suelen ser textos de carácter testimonial de antifranquistas que sufrieron torturas. Entre ellos, por ejemplo, algún texto del comunista aragonés Vicente Cazcarra. De todos modos, la época en la que sitúo la acción es algo posterior, y las torturas, quizás porque se empezaba a vislumbrar el final del régimen, habían empezado a suavizarse. Así fue al menos en Barcelona en la comisaría de Vía Layetana, donde el comisario Creix, uno de los torturadores más conocidos, estuvo hasta el año 1968.

¿Querías escribir del franquismo y del paso a la Transición o hacer un retrato de la Barcelona anterior a tu llegada?

 Para la gente de mi generación no ha habido acontecimientos de nuestra historia colectiva tan determinantes como ésos: la muerte de Franco, la Transición, el golpe de estado del 23-F... Al margen de algunas circunstancias de índole local, lo esencial de la época fue igual para todos. Fue una época de cambio, inestabilidad, esperanza... En 1975, España era un país que estaba por hacer. De ahí las tensiones, de ahí la violencia política, que se cobró cientos de vidas. Pero el futuro difícilmente podía ser peor que lo que teníamos.

Defíneme esta Barcelona, este país. Me sorprende que no es un territorio marcado por las pugnas nacionalistas… ¿Es el nacionalismo un fenómeno de la democracia, en realidad?

  La principal fuerza de oposición al régimen fue siempre el comunismo. En Cataluña también ocurrió así. Los nacionalismos son fenómenos de clases medias, que en realidad nunca están dispuestas a arriesgar demasiado. Lo suyo es nadar y guardar la ropa, y durante el franquismo la mayoría de los nacionalistas catalanes se limitó a esto último, a guardar la ropa. Pero es justo reconocer que, a partir de cierto momento, un sector importante de la iglesia catalana tuvo el coraje de denunciar la represión del régimen. En mi novela aparece, aunque de forma marginal, un episodio real que con el tiempo ha adquirido cierto valor simbólico: la manifestación de curas que en mayo de 1966 acudieron a comisaría a protestar por las torturas a estudiantes. La misma institución que había paseado a Franco bajo palio empezaba a mostrar cierta sensibilidad antifranquista.

El libro empieza con la llegada a Barcelona, creo que desde Aragón, de Justo Gil Tello y su madre enferma. ¿Cómo vivían los emigrantes aragoneses en Cataluña?

 La emigración aragonesa, que en gran medida es anterior a la Guerra Civil, se movía en torno a la calle Joaquín Costa. Allí, en la esquina con la Ronda de San Antonio, está el Centro Aragonés de Barcelona, y por esa zona proliferaban los bares con nombres como La Pilarica o Los Maños. Cuando yo me instalé en Barcelona en 1982, todavía esas calles tenían un aire muy aragonés.

Esta es una novela sobre un personaje un tanto siniestro. ¿Por qué querías reconstruir esa vida, qué te interesó, cómo lo defines tú?

 Me interesaba contar la historia de una degradación. Cuando vemos a un mendigo durmiendo en un cajero automático, nos preguntamos si ese hombre siempre fue así. Si no fue niño alguna vez y no tuvo sueños, ilusiones... En el caso de mi personaje, se trata de alguien que llega a una ciudad grande con la idea de prosperar pero comete una serie de errores decisivos que marcarán para siempre su destino y le condenarán a ser una persona sin amigos, sin afectos, habituada a traicionar siempre a los suyos.

Sorprende mucho su aventura, su escalada, su travesía: pasa de ser un superviviente en distintos oficios a estafador. En el primer tramo es un pícaro sin demasiado escrúpulos.

 En realidad, es el retrato de un self-made man imposible. Si en vez de nacer en España hubiera nacido en Estados Unidos, tal vez habría acabado triunfando. Pero, aunque él no lo sepa, lo único a lo que en aquella España podía aspirar era a sobrevivir.

¿Cómo logra convertirse en confidente policial?

 La Brigada Social no era la Stasi de la antigua Alemania del Este, que, como vimos en la película La vida de los otros, te llenaban la casa de micrófonos en un par de minutos. La Brigada Social no tenía micrófonos pero disponía de una vasta red de chivatos, a los que eufemísticamente llamaban "colaboradores". Eran ellos los que mantenían a la policía informada acerca de todo lo que se cocía en la universidad, en las fábricas, etcétera. Algunos de esos colaboradores actuaban coaccionados por la propia policía, pero otros cobraban una retribución por su trabajo. En la época de la que estoy hablando, la policía les pagaba unas cuatro mil pesetas al mes. Mi personaje acaba convirtiéndose en uno de estos confidentes profesionales. Al principio lo hace porque cree que así puede beneficiarse de un trato de favor ante ciertas irregularidades cometidas en el pasado, pero al final acaba delatando a unos y a otros porque no tiene dónde caerse muerto y esas cuatro mil pesetas constituyen sus únicos ingresos.

Por cierto, ¿este personaje está inspirado en alguien concreto o es una creación de tu cabecita loca?

 No está inspirado en ningún personaje concreto, pero la parte de la relación con el policía Mateo Moreno reconstruye la historia de un confidente del que me habló un expolicía de la Brigada Social. Cuando un policía conseguía un confidente, la relación con éste era personal, una especie de amistad basada en el intercambio: yo te cuento lo que sé, tú me ayudas o me das dinero. Era "su" confidente, el confidente de ese policía, no el confidente de la policía, y trataba de mantenerlo protegido para que no se quemara.

Espía en Bocaccio, en el ‘encierro de Montserrat’, en la órbita comunista, y sueña dar un braguetazo con Nita Castellnou. Dice de él otro personaje: “Ese tipo no era nadie, un idiota, un paleto”.

 La tragedia de Justo Gil consiste en ser siempre un impostor: se hace pasar por comunista entre comunistas, intenta comportarse como un burgués cuando está entre burgueses... Y esa impostura permanente le lleva a odiar la sociedad que le rodea, contra la que se irá cargando de resentimiento y afán de venganza.

 

La novela está armada con las voces de los personajes que lo conocieron. ¿Por qué lo has hecho así, has querido hacer como un recuento, una ‘quest’?

 Mi idea era, sí, simular una quest, una investigación en torno a un personaje enigmático al que diferentes personas han conocido y tratado a lo largo de su vida. Al final descubrí que, sin pretenderlo, esa estructura parecía inspirada en una vieja película que aparece citada en las últimas páginas de la novela. Me refiero a Forajidos, de Robert Siodmak, basada en el famoso cuento de Hemingway The Killers. El comienzo de la película es fiel al relato de Hemingway y nos presenta a un personaje, Burt Lancaster, que ha renunciado a huir y está dispuesto a asumir el destino que le persigue. El resto de la película es una investigación sobre el pasado de ese personaje, con testimonios de gente que lo conoció. De forma casual, la estructura de mi novela homenajea la de esa película.

¿Qué dificultades supone una construcción así, con esa polifonía de voces? Recuérdanos algunos y sus ocupaciones tan curiosas…

 En total son una docena de narradores, cada uno con su propia vida, sus propias ideas, su propia voz. Hay un eterno opositor a notarías, una mujer que ha tenido un niño con una grave malformación, un vendedor a domicilio, un profesor de expresión corporal, una chica que trabaja de secretaria de un próspero constructor, un periodista que empezó coqueteando con la ultraderecha... Sólo se representan a sí mismos, pero entre todos ellos pueden darnos una idea aproximada de lo que era la sociedad barcelonesa o española del momento.

 

No se oye nunca la voz de Justo Gil Tello, salvo a través de sus amigos o de quienes lo conocieron. ¿Nunca te planteaste incoporarla o has preferido desdibujarlo?

 Mi idea era que Justo Gil, el protagonista, fuera precisamente el vacío que quedaba entre todos los demás. Si Justo Gil hubiera contado su propia historia, las otras habrían corrido el riesgo de resultar redundantes.

Otro detalle: qué ocurrió con la gente que había sido confidente, traidor sin escrúpulos. ¿Qué fue de ellos, terminaron así como Justo?

 Algunos confidentes empezaron a cobrar en drogas y, como tantos drogadictos, se quedaron por el camino en los años ochenta. Otros siguieron siendo utilizados por la policía de forma extraoficial y, como el propio Justo, colaboraron con las organizaciones de ultraderecha que proliferaron durante unos pocos años.

Hay personajes entrañables. Uno de los más conmovedores es Carme Román, una aragonesa –creo- que encarna la honestidad, la fuerza de voluntad y el deseo de construirse a sí misma a través de la cultura…

  Un protagonista como Justo Gil exigía que a su lado hubiera personajes inequívocamente positivos. Carme Román es uno de ellos, y en realidad no es difícil reconocer en ella a toda esa generación de jóvenes que se consideraban merecedores de una España mejor que la del franquismo.

Uno de los capítulos más bonitos del libro es el dedicado a los escritores de palíndromos. Y a ese encuentro nacional de palindromistas en Sos del Rey Católico. ¿Qué hay de eso?

  Me divertí mucho escribiendo sobre esa asociación de palindromistas, que está inspirada en una que existió de verdad y con la que mantuve alguna relación epistolar en los años noventa, después de publicar un artículo sobre palíndromos. Me acuerdo de que en sus boletines celebraban con alborozo el hecho de que eran muy pocas las generaciones que podrían vivir dos años capicúas, el 1991 y el 2002. No recuerdo dónde celebraban sus congresos, pero parece lógico que lo hicieran en localidades de nombre palindrómico, como Sos, Unanu, Aceca, Salas...

Otro aspecto importante en la novela es el humor. ¿Qué importancia le das?

  El humor forma parte de la vida y, por tanto, tiene que formar parte de las novelas. Y aunque hay muchos momentos de dramatismo, no olvidemos que era aquélla una España muy chapucera y de andar por casa. Cuando Justo empieza a colaborar como chivato de la Social, intenta siempre citar a su amigo policía en sitios como la piscina de los delfines del Zoo o el teleférico de Montjuïc. A lo mejor piensa que tiene que comportarse como si fuera un personaje de El tercer hombre, y el policía, mientras se seca el agua que le salpican los delfines, se cabrea con él y le llama peliculero.

El libro tiene otro tema fundamental: el amor, el deseo sexual, el mundo de las queridas, incluso algún que otro arrebato de liberación sexual, como el caso de Chantal Loreto. Todo el mundo está enamorándose locamente… ¿Era así?

 Con lo del amor te digo lo mismo que con lo del humor: que forma parte de la vida. Creo que en la novela hay alguna bonita historia de amor. Creo también que la historia de amor de Justo no podía ser sino retorcida y siniestra.

Dice el propio Justo: “Me gustan los escritores que saben purificarnos con palabras” ¿Es esa la misión del escritor, del novelista?

  Prefiero pensar que los buenos novelistas son aquellos que saben poner palabras a nuestras vidas, nuestros sentimientos, nuestras reflexiones, los que parece que te hablan al oído y han escrito la novela pensando en ti. Me gusta leer novelas en las que me reconozco como persona, esas novelas que te hacen detenerte un instante y decir: "Esto lo he pensado yo alguna vez, y no hay mejores palabras para expresarlo que las que utiliza este escritor."

Termino: ¿Cómo se logra que todos los personajes parezcan tan reales, tan de carne hueso? ¿Qué tipo de escritor quieres ser?

  De eso se ha tratado siempre, ¿no?, de que tus personajes no sean personajes sino personas, seres a los que el lector cree que algún día podrá cruzárselos por la calle. Si ser un escritor realista consiste en eso, lo confieso: soy un escritor realista.

PISÓN, PREMIO DE LA CRÍTICA

MARTÍNEZ DE PISÓN, PREMIO NACIONAL 

DE LA CRÍTICA POR SU NOVELA ‘EL DÍA DE MAÑANA’

[Ignacio Martínez de Pisón, que recibe el Premio de las Letras Aragonesas el viernes 27, acaba de recibir el premio de la crítica, de narrativa, por ‘El día de mañana’, que publicó el sello Seix Barral. El premio de poesía recayó en Tomás Segovia. Pisón está ahora de gira por Estados Unidos. Desde aquí le mandamos una inmensa felicitación. ‘El día de mañana’ es un libro espléndido. Coloco abajo la crítica que publiqué en ‘Heraldo’ hace más de un año. La primera foto es de Heraldo; la segunda de Josean Melendo: Pisón graba una entrevista para 'Borradores'.]

 

LECTURA DE ‘EL DÍA DE MAÑANA’

El día de mañana. Ignacio Martínez de Pisón. Seix Barral: Biblioteca Breve. Barcelona, 2011. 382 páginas.

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es un novelista metódico y talentoso. Y de una constancia imperceptible: se aplica a sus libros sigilosamente, con vehemencia, con una lucidez tranquila y con una especial conciencia del oficio. No quiere deslumbrar a nadie: es un novelista de fondo, realista, natural, el forjador de un estilo casi cinematográfico, tan paciente como invisible. Siempre hace muchas cosas: investiga el misterio y la muerte de José Robles Pazos, escribe guiones como ha hecho en ‘Las trece rosas’ o ‘Chico y Rita’, redacta novelas de excelente factura como ‘Dientes de leche’, ‘El tiempo de las mujeres’ o ‘Carreteras secundarias’. O incluso ordena una antología de cuentos sobre la guerra civil española en ‘Partes de guerra’. Pisón es un parsimonioso pugnaz: obsesivo, perfeccionista, discreto. Al quite y sin obsesión alguna por el desquite. Y es, ante todo, un auténtico novelista, heredero de Pío Baroja y de Sender, de John Cheever y de Patrick Modiano, de Mario Vargas Llosa, por citar algunos ejemplos.

Lleva en Barcelona alrededor de 30 años y ahora ha decidido rendirle un homenaje a una de las ciudades más literarias de España con ‘El día de mañana’, una novela que cuenta la vida de un personaje como Justo Gil Tello que será emigrante a la deriva, superviviente, pícaro, delator e iluminado. A través de una especie de casa con muchas ventanas, de un caleidoscopio del recuerdo, a Justo Gil Tello lo irán dibujando quienes lo conocieron, quienes lo ayudaron, quienes sufrieron algunos de sus desmanes y sus muchas deslealtades o aquellos para quienes apenas era un loco, un enamorado que soñaba, como don Quijote, en construirle una mansión o un refugio a una dama que solo era tal en una de sus más extrañas e imprevisibles quimeras.

Ese Justo Gil Tello, de origen aragonés y procedencia rural, llegó a Barcelona a con una madre enferma, a la que cuidará, a la que lavará, a la que sacará a paseo este inicial buen chico. Aquella era una España sórdida: de mentiras y miedos, de delaciones, de amores urgentes y de queridas a las que se conquistaban con perfidia y flores, y de hambre atrasada. Justo, en medio de una selva de hechos, de personajes (como aquella Ju-Ju, mucho más alta que él, tan sensual, tan rebosante de carne y belleza que le hinchaba la falda), intenta encontrar un camino. Va de trabajillo en trabajillo, de afán en afán, de chapuza en chapuza y secreteo, de estafa en estafa, y poco a poco se convierte en confidente de la policía política del régimen. Pisón cuenta todo eso con una fluidez imperceptible: sus criaturas rezuman verdad, verdad literaria y verdad vital, y colaboran en resolver un pequeño enigma: “¿Cuántas cosas se pueden contar de un personaje?”. Un personaje que vivía “en un constante estar alerta”, un personaje que se va haciendo acreedor a epítetos que no honran a nadie: idiota, paleto, “el peor de los confidentes”, que cobrará 4.000 pesetas al mes, capaz de matricularse en Derecho y de zambullirse en círculos nacionalistas, en las noches de Bocaccio o de leer a Jaime Gil de Biedma.

El procedimiento narrativo de Martínez de Pisón es el del ‘quest’: doce seres, con su propio latido y con su propia biografía, recuerdan a Justo. Entran y salen de su vida y de la novela. En cierto modo, Pisón emplea la estética de la mancha de aceite controlada, el mapa de las emociones. Esos doce seres entran y salen en diálogo con el lector, en diálogo con Barcelona y con una época abonada a la marginalidad, a la miseria, a la represión y a la impostura permanente. Justo Gil Tello es un impostor sin escrúpulos, y quizá se corriese el peligro de que la aventura de ese ser repulsivo y antipático pudiera interesarnos algo menos. Sin embargo, ocurre lo contrario: los personajes que cuentan se alzan una y otra vez, como ocurre con Carme Román -que es una mujer noble que se reinventa a sí misma y encarna la capacidad de aprendizaje, de rebeldía y de evolución de muchos españoles-, con Mateo Moreno, con Elvira Solé, con esa Loreto que decide cambiarse el nombre y ser Chantal, casi una diosa cotidiana a la busca del placer y de la libertad, con el periodista Manel Pérez, que escribe de la ultraderecha catalana, con el joven Noel. Esta es una novela de personaje y personajes, de vida y destino, de contexto social, una novela de una ciudad, y es el retrato de un desalmado que se anuda y desanuda a la fatalidad.

Pisón ha manejado mucha documentación y ha desempolvado muchos periódicos y las crónicas de Xavier Vinader. Y traza una paradójica existencia, dibuja numerosas tramas, recrea episodios y personajes –la protesta de los curas, el encierro de Montserrat, el entierro posterior de Carlos Barral, en un viaje al futuro, la evocación de Gil de Biedma…-, mira de frente al pasado (el franquismo y el principio de la Transición), y se permite numerosos detalles de humor (por ejemplo, aquellos “pedos vaginales” de Fina, una novia fugaz de Justo) y da rienda suelta a una vieja obsesión suya: la asociación de escritores de palíndromos, que llegan a reunirse en Sos del Rey Católico y dejan perlas del tipo “Eva usaba rímel y le miraba suave”.

‘El día de mañana’ es una novela compacta, muy bien hilvanada con sus voces y sus elipsis, dotada de una extraordinaria fluidez, una novela que prueba que Ignacio Martínez de Pisón conoce las respuestas más definitivas de los seres humanos, explora el camino del corazón y lo exhibe, sin retórica, en toda su belleza, en todo su dolor y en toda su complejidad.

PINA DE EBRO RECUERDA A F. ROMEO, A LABORDETA Y ANA Mª NAVALES

[Recibo este correo de Ángela Labordeta de un triple homenaje a José Antonio Labordeta, Félix Romeo y Ana María Navales.]

Las IX Jornadas de Creación Literaria en Aragón, organizadas desde el área de Educación de Adultos y Biblioteca del Ayuntamiento de Pina, son un homenaje a tres figuras fundamentales dentro del panorama literario aragonés: José Antonio Labordeta, Félix Romeo Pescador y Ana María Navales.

Marisa Fanlo, concejala responsable del Aula de Educación de Personas Adultas y de la Biblioteca Municipal de Pina, ha señalado que “las jornadas arrancan el día 25 de abril con la inauguración de la exposición ‘Canto a la libertad. Himno de Aragón’, exposición que podrá visitarse hasta el 1 de mayo en la Sala Multiusos”. El mismo 25, dentro de la jornada dedicada a la figura de José Antonio Labordeta, lo recordarán su hija Ángela Labordeta, Antonio Pérez Lasheras, profesor de la Universidad, amigo del escritor y estudioso de su obra y Carlos Serrano, en representación del Rolde de Estudios Aragoneses.

El día 26, en la misma Sala Multiusos, se celebrará una mesa redonda para recordar la figura de Félix Romeo Pescador. En la misma participará su amigo y también escritor José Luis Melero, la escritora Eva Puyo y Eva Cosculluela, de la librería Los Portadores de sueños; se presentará la novela póstuma “Noche de los enamorados” (Mondadori).

El día 27 Juan Domínguez Lasierra hablará de su compañera la escritora Ana María Navales, de la que acaba de aparecer su novela póstuma ‘El fin de una pasión’. Durante la jornada se proyectara un documental, que recorre toda la biografía de Navales, realizado por Paula Labordeta y que se incluye dentro de la serie de televisión “20 del XX”, que proyectó Aragón Televisión.

SANTIAGO GASCÓN: NUEVA NOVELA

SANTIAGO GASCÓN: NUEVA NOVELA

SANTIAGO GASCÓN: LORI Y SU NUEVA NOVELA

Santiago Gascón es para mí, además de un amigo de hace unos cuantos años, el joven escritor que conocí en un taller que impartía Félix Romeo en Ibercaja. Y es, sobre todo, el autor de un espléndido libro de relatos: ‘Manila’ (Xordica). El próximo lunes firmará en la caseta de Xordica su primera novela, ‘Una familia normal’, donde cuenta la vida de una pareja con dos hijos que quizá se parezca algo a la suya. Solo un poco. Es una novela de invención y algún que otro desafuero. Santiago, que es un contador de historias, me manda esta foto de Lori Needleman. Me dice sobre esta fotógrafa: “Es una californiana que entró en la web de las bodas y se entusiasmó. Vino varias veces, ella trabajaba en Hollywood. Hasta que conoció a un Diego (el guía de la Torre del Salvador) y decidió quedarse con él para siempre. Es una fotógrafa estupenda, ha ganado un premio en USA por un libro ‘Mirada de España’. Ahora firman en pareja: Lori Needleman & Diego HE”. Y además de contarnos esta bonita historia de amor y fotografía me envía, a petición mía, un fragmento de la novela:

 

UNA FAMILIA NORMAL

 

Por Santiago GASCÓN. Xordica. Zaragoza, 2012.

 

 

 

Al volver del funeral de la tía de mi padre, encontramos al hámster de mi hermano, tieso en su jaula.

Había superado su media de edad, vivió durante más de dos años y medio. Pero era demasiada muerte para un solo fin de semana y Fran se encontraba desconsolado.

No sabía cómo animarle. Aquel ratón no tenía nada que ver conmigo. Jamás lo había tomado en mis manos como hacía él a diario.

Busqué una caja que me había regalado la abuela. Una caja de té pequeña, de madera, con letras de Ceilán, sea cual sea la lengua que allí se hablé. La forré de algodón, introduje ahí al animal y la cerré. Después la uní con cinta de embalar a una tabla de corcho y le pedí a Papá que nos permitiera realizar un funeral vikingo.

— ¿Un funeral vikingo?

— Sí — le dije, rociaremos todo con gasolina, lo arrojaremos al Ebro y así tendrá una despedida digna.

Papá nos prohibió utilizar combustibles. Teníamos muy malas experiencias con el fuego.

Aquella tarde llovía a cántaros. Dijo que era mejor realizar la ceremonia en el río Huerva. Al fin y al cabo, afirmó, todos los ríos van a dar a la mar.

A Fran le pareció bien, pasó la tarde pensando en el último recorrido de Sony, seguro que llegaba al Delta y, de ahí, al Mediterráneo. Fantaseaba con que un pescador siciliano lo encontrara y que Sony descansaría para siempre en una playa hermosa.

Bajamos al Huerva por las escaleras de Gran Vía. La zona escogida no nos permitía acercarnos a la orilla. El agua, por las lluvias de los últimos días, bajaba a mucha velocidad. Papá propuso lanzarlo con fuerza hacia el medio de la corriente. Así lo hizo y cayó boca abajo. Mi padre respondió que daba igual la forma de viajar, que antes de llegar a casa estaría en el Ebro y que el jueves emprendería viaje hacia las islas del Mediterráneo. Fran se quedó mucho más tranquilo.

Papá le dijo que le compraría otro hámster. Pero Fran bajó la jaula al contenedor de reciclaje y no volvió a nombrarlo nunca más.

BEATRIZ PITARCH EN COREA DEL NORTE

 

[Beatriz Pitarch (Jaca, 1977) acaba de publicar 'Cerrado 24 horas. Viaje a Corea del Norte'. Editorial Laertes. Es el segundo título que publicó con el selló barcelonés, tras 'El chador azul'. Aquí responde a algunas cuestiones sobre el libro. Esta foto la he tomado de Aragón Musical.]

-Habías publicado ‘El chador azul’, sobre Irán. ¿Qué aprendiste de aquel viaje?

Aprendí mucho. Fue un viaje que marcó un antes y un después. Antes me limitaba a ver monumentos y llevarme algunas fotos de recuerdo, ahora  viajo siempre con la intención de conocer a las personas. Intentar comprender cómo viven, cómo piensan en sociedades distintas a la nuestra. Ahora prefiero dejar a un lado la parte turística de los países, para aprender de los habitantes.

-¿Qué llevó a Corea del Norte? Hay un instante en que dices que no te llevó la política, sino la curiosidad. ¿De qué tenías curiosidad?

 Quería descubrir la belleza en un lugar hostil. Todos los relatos que había leído sobre Corea del Norte lo pintaban como un lugar gris y robotizado. Me parecía el destino más horrible para unas vacaciones. Por eso fui. Quería saber si sería capaz de hallar en ese marco algo que pudiera emocionarme de forma positiva.


-¿Por qué has elegido ese título?

Corea del Norte es un lugar aislado. Ni los norcoreanos saben exactamente qué sucede fuera, ni nosotros sabemos con claridad qué ocurre dentro.  Para el norcoreano medio, la frontera está cerrada 24 horas. No hay posibilidad de salir del país. Y para el extranjero, entrar tampoco es una tarea sencilla. Tener algo cerrado las 24 horas es extraño. Es como si no existiera. Si un supermercado lo cierras 24 horas, nadie va a ir hasta allí. Eso es lo que quería reflejar.


-Hasta el último momento no te dan el visado. ¿En qué casos lo dan y en cuales no? Creo que tú disimulas tu condición de periodista y casi ruegas al destino que no pulsen tu nombre en Google...

Fue una recomendación de mis intermediarios. Algunos periodistas han tardado más de diez años en obtener un visado norcoreano. Escritores y fotógrafos tampoco lo tienen demasiado fácil, por lo que me contaban. Así que la vía más sencilla, y la más rápida, era solicitar un visado de turismo. Supe que me lo habían concedido un día antes de partir.

-Se prohíbe ir con cámara de fotos y sin embargo, en el aeropuerto te das cuenta de que el control no es tan feroz... ¿no?

 Fue de las primeras sorpresas en el viaje. Después de advertirme que no se permitía la entrada en el país de cámaras profesionales ni de teleobjetivos, al llegar al aeropuerto de Pyongyang, no pasé ningún control. El escáner estaba apagado y, aleatoriamente, paraban a alguien, pero no nos revisaron nada de forma exhaustiva.


Viajas en grupo, con tu compañero Pau, y con gente muy diferente. La rusa sexy y joven, Irina; el mexicano desastrado y gordo, Horacio; el norteamericano Jason; la argentina Marina... ¿Te diste cuenta en algún momento que parecían personajes de novela?

 Solo en el caso de Irina, la jovencita rusa. Siempre que la miraba me parecía estar viendo una película. El resto no sé si son personajes de novela o no, en todos los casos son personas reales. Lo que cuento en el libro es lo que viví junto a ellos.


-Qué es lo que más te impresionó al llegar ahí: la absoluta dependencia del Amado Líder, quizá...

 Entre otras muchas cosas. Corea del Norte es un destino paradójico en el que muchos aspectos impresionan, para bien o para mal. Por ejemplo, también me impactó el orgullo con el que se muestra el pueblo. Siempre con la cabeza alta, asegurando que ellos son felices por vivir en lo que consideran el paraíso. 

-¿Crees que para ellos es como la divinidad, el Dios?

Algún habitante nos lo dijo literalmente: “No creo en ningún dios, solo creo en el Líder. Él es mi dios”. El líder es considerado como un padre, un guía, alguien a quien venerar y honrar constantemente. Lo ven como un protector ante la maldad capitalista y alguien a quien amar por encima de todo. Así nos lo explicaban los norcoreanos, ya sea de forma voluntaria o por obligación, la versión siempre era la misma.

¿Qué pasó en el Palacio de Amistad, en su mausoleo, en su chabola de nacimiento, hasta en una galería de arte, donde todo el arte contemporáneo, a la témpera, idealiza al líder?

Es que todo idealiza al líder. No solo el arte contemporáneo. La vida del norcoreano se centra en engrandecer la imagen del líder. Le llevan flores, colocan sus fotos en las casas, le cantan canciones en su honor. El arte, como el resto de disciplinas, colabora al ensalzamiento del líder con dibujos explícitos donde, de forma muy simplificada,  los americanos son muy malos y los norcoreanos son muy buenos.

-¿Te sorprendió el odio a los norteamericanos? Todo lo malo que les pasa es por su culpa.

Ya nos habían advertido. Nuestros intermediarios insistieron en que escuchásemos lo que escuchásemos, debíamos mantener la seriedad, puesto que no hacerlo se consideraría una deshonra con consecuencias para el viajero. También nos dijeron que en la versión de Corea del Norte, los norteamericanos se sitúan en la cúspide de la maldad. Así que una vez allí, solo confirmé lo que me habían explicado previamente.


-¿Qué te pareció lo más inquietante, lo más perturbador? Lo digo porque todo el libro parece como una inmensa impostura, da la sensación de que a todos los habitantes, 22 millones, les hubieran hecho una lobotomía... El país es un decorado de megalomanía...

Tanto que a veces me parecía estar en un videojuego. Todo era exactamente igual. Filas ordenadas para esperar el autobús, sonrisas milimétricamente idénticas para dar la bienvenida, desfiles masivos con una sincronización exacta. Es todo tan perfecto que parece irreal. Eso era inquietante.


-Hay un momento en que uno de los guías te dice que son un país democrático, que hay tres partidos, pero que siempre gana el mismo porque es el mejor... ¿Intuiste que existía descontento, masa crítica?

No, al menos no de forma evidente. Los norcoreanos nos explicaban con orgullo su sistema de gobierno. Tanto si lo piensan realmente como si no lo hacen, lo único que pueden hacer es venerarlo. Hacer lo contrario supondría un delito. 


-Hay un momento en el que se habla de centro de ‘reeducación’ donde se practica la tortura... ¿Qué hay de ello?

Esos centros, evidentemente, no son mostrados al turista. Aparecen en las denuncias de organizaciones humanitarias, en documentales y en las palabras de los poquísimos que han conseguido escapar, pero en Corea del Norte se niega su existencia sistemáticamente.  Su versión es que no existen, que son aulas de enseñanza de valores.


-¿Tuviste la sensación de que siempre estabais vigilados? Cuentas la anécdota de alguien que se masturba en su cuarto y al día siguiente se lo reprochan...

Más que una sensación, es un hecho. Hay dos personas durante toda la jornada que se preocupan de seguir tus pasos, ver lo que dices, comprobar lo que escribes y revisar lo que fotografías. Todo el rato. La anécdota de la masturbación me la explicaron allí. Podría ser una leyenda urbana, pero podría ser real. Me creo todo y, a la vez, no me creo nada.

-¿Crees que se unificarán algún día las dos Coreas, que se derribará ese muro de más de 200 kilómetros?

Los norcoreanos con los que hablábamos nos decían que lo estaban deseando. Que se trata del mismo pueblo y que los líderes en realidad luchan por volver a unir las dos Coreas. Desde fuera no me parece tan sencillo.

Se habla mucho de Cuba y de Corea. ¿Cómo definirías el vínculo?

Hay un vínculo político, aunque son dos sociedades muy distintas. En Cuba hay vida, sexo, música, risa y espontaneidad. Esa parte no la encontré en Corea del Norte. No digo que no exista, pero lo que se mostraba al turista era mucho más robotizado.

Te habías preparado muy bien el viaje. ¿Cuál es el balance, qué quieres decirle al mundo? ¿En qué medida te confirmó lo que habías leído o te lo ha desmentido?

Hubo de todo. Confirmé mucho de lo que había leído pero también hubo aspectos que me sorprendieron, como perderme sola, sin guías, en un parque de atracciones. El balance fue positivo. No repetiría, pero me alegra haber aprendido de este viaje. Aprender que casi todo, también en Occidente, es mentira.

FÉLIX G. MODROÑO, HOY EN CÁLAMO

[Esta tarde, a las 19.30 horas, en la librería Cálamo, el escritor y fotógrafo Félix G. Modroño presenta su última novela: ’La ciudad de los ojos grises’(Algaida), donde narra una historia de amor, de espionaje, de secretos, de suspense y nostalgia, que transcurre entre París, Bilbao y San Sebastián. Junto a los personajes de ficción, aparecen personajes reales como María de Maeztu, Mari Curie u Óscar Wilde, que no pagó su última noche en un hotel de París. Félix G. Modroño es también el creador de un detective en el siglo de Oro, Fernando de Zúñiga. Acompañará al autor la periodista y presentadora Maricruz Soriano. Publico aquí una entrevista rápida, vía email, que le mandé ayer.]

 

¿Cómo nace esta novela, del cine, de la necesidad del retorno a los orígenes?

Supongo que el aire evocador tiene que ver con mi vida itinerante y los recuerdos que todos tenemos de la infancia y la adolescencia. Pero no niego que el poso de todas esas novelas leídas y películas vistas -me reconozco cinégafo-, han tenido que sentar un poso a partir del cual he construido esta novela.


 Qué novela querías escribir: un policial, un relato de espías, una novela de amor...

Quería escribir una historia ambientada en la Belle Époque. Dado que ‘La ciudad de los ojos grises’ arranca en la Nochebuena de 1914, me resultaba difícil eludir la trama criminal, espías incluidos. Pero yo creo que, sobre todo, esta es una novela de amor en el sentido más amplio de la palabra.


Hablemos de los personajes: del arquitecto y de Izarbe. Una historia de amor interrumpido y a la vez constante.

Como tantas otras que transcurren o nos imaginamos a lo largo de nuestra vida. No fui yo quien dijo: es tan corto el amor y tan largo el olvido...

Me gustan mucho los personajes femeninos: Raimunda y Mata: esas vedettes bellísimas capaces de desordenar cualquier corazón.

Son mujeres que se defienden en un mundo de hombres. Personajes con mucha fuerza que, sin embargo, no pueden luchar contra su propio destino. Una de ellas tiene una clara inspiración real.


¿Qué significó el arte decó en la cultura?

Aunque el art decó es un movimiento que tuvo lugar poco después de la época en la que se desarrolla la novela, supuso una evolución de las viejas tendencias. Y es que el modernismo, tan pomposamente llamado, se quedó anticuado en muy poco tiempo. Fueron unos tiempos de cambios permanentes que se vieron reflejados en todos los órdenes sociales y, por supuesto, en la cultura.

Existían ese tipo de espionaje y de tráfico de prostitutas a principios de  los años 10 del siglo XX en Bilbao, en París, en Donostia.
El espionaje y el tráfico de mujeres es tan antiguo casi como la humanidad. Yo diría que desde el hombre comenzó a ser malvado. Nuestra curiosidad y el animal sexual que todos llevamos dentro forman parte de nuestro ser.

Háblanos del estilo: fluido, rápido, con mucho diálogo...
En mis novelas están pasando cosas continuamente y, por eso, procuro que mi estilo sea ágil. Quizás eso conlleva que tenga todo tipo de lectores y que muchos emprendan la maravillosa aventura de leer con alguna de mis novelas. Para mí, sin duda, constituye una de las más bonitas satisfacciones como escritor.

 

FERNANDO SANMARTÍN PUBLICA 'TE VEO TRISTE' EN XORDICA

 

«Dile a Carmen Cabrera que he muerto.» Es la nota que el escritor Luis Sampiero, antes de morir, le deja a su hija, Marta, que vive en Bruselas y ha regresado a Zaragoza con urgencia, que se hace a sí misma la promesa de encontrar a esa mujer «para compensar viejos errores».

Al tiempo que Marta, gracias a las cartas y a los cuadernos de viaje de su padre, va averiguando quién es y dónde puede encontrar a Carmen Cabrera, una mujer de la que nunca había oído hablar, descubre a un Luis Sampiero desconocido, diferente, del que a veces se distanciaba como una equivocación más.

Te veo triste es la narración de la búsqueda que lleva a cabo su protagonista, búsqueda que la llevará a Varsovia, Dublín y Madrid, pero es también la historia de un amor apasionado y la crónica de la reconciliación entre una hija y el recuerdo de su padre.

 

FERNANDO SANMARTÍN

(Zaragoza, 1959)

Es autor de los libros de narrativa Apuntes de París (Xordica, 2000) y La infancia y sus cómplices (Xordica, 2002; 2ª edición, 2005), así como de los dietarios Los ojos del domador (1997), Hacia la tormenta (Xordica, 2005) y Heridas causadas por tres rinocerontes (2008). Ha publicado también varios libros de poesía –el último ha sido El llanto de los boxeadores (2012)–. Con Viajes y novelerías (2004) obtuvo el XI Premio Café Bretón.

Fue codirector de la revista La expedición y actualmente dirige la colección de poesía La

Gruta de las palabras, de Prensas Universitarias de Zaragoza

 

 

xordica editorial, S. L.

apartado de correos 1536 – 50.080 Zaragoza

telf. 608 033 949 – 976 180 295

prensa@xordica.

JUAN LUIS SALDAÑA EN ACCIÓN

JUAN LUIS SALDAÑA EN ACCIÓN

 

Recibo esta nota del escritor, periodista, música y activista cultural Juan Luis Saldaña: [El lunes presento un libro cartonero en Zaragoza Activa en la presentación del proyecto libropensadores (ver antoncastro.blogia.com). Será a las 19 horas. Lunes, día 16. Todo los ejemplares van pintados por artistas de aquí y todos son benéficos. Sería una falta de delicadeza con ellos. No es poesía... Ni relato. Quizá haya un poema. Solo uno. Se puede pujar en mi web www.juanluissaldana.com para reservar algunos. Ya hay 30 libros en subasta y la cosa irá subiendo. Colaboran J. M. Valtueña, Marisa Lanca, Amalia Barrachina, Víctor Montalbán, Pepe Murillo, Federico Contín, Javier Aquilué, Ramón Zaragozano y algunos otros. Esta foto es de Zaragozame.]

 


 

Presentación del proyecto Libropensadores                         

Nota de prensa

Cada préstamo en la biblioteca del Cubit supondrá un Euro para un proyecto de la Fundación Canfranc  a favor del desarrollo de la mujer en Costa de Marfil.

ZARAGOZA.  El próximo día 16 de abril a las 19 horas, se presenta en la plaza de Zaragoza Activa el proyecto Libropensadores, una iniciativa de la Fundación Canfranc con el patrocinio de Caja de la Inmaculada y la colaboración del Ayuntamiento de Zaragoza y la Biblioteca Cubit.

El  proyecto consiste en que por cada préstamo que se realice en la biblioteca Cubit del 16 al 30 de abril, CAI donará un euro al proyecto que desarrolla la Fundación Canfranc en Costa de Marfil y que puede conocerse en profundidad en el archivo adjunto o en este enlace.

 

El marcapáginas solidario

Las personas que quieran volcarse especialmente en el proyecto pueden adquirir el marcapáginas solidario de forma gratuita. El marcapáginas lleva diez espacios dibujados en los que se sellará cada vez que se realice un préstamo en la biblioteca Cubit. Las personas que presenten el marcapáginas completamente sellado en la sede de la Fundación Canfranc recibirán un obsequio y un título de libropensador.

El diseño de los carteles, el marcapáginas solidario y el sello de caucho es obra de Víctor Montalbán. Adjuntamos diseño en .jpg.

Acto de presentación

La presentación del acto tendrá lugar el lunes 16 de abril a las 19 horas en la plaza de Zaragoza Activa. Contará con la presencia de:

-Fundación Canfranc: Concha Durán, miembro del patronato.

-CAI: Fernando Arcega, Director de Marketing de Caja3

-Biblioteca Cubit: Cruz Acín, Directora del Cubit.

-Representante del Ayuntamiento de Zaragoza.

 

 

Además, la editorial Cartonerita Niña Bonita presentará el libro de Juan Luis Saldaña “Entré en, salí de”. Los libros cartoneros se caracterizan por estar pintados por artistas en tapas de cartón de embalaje. Cada libro es único. En este caso, se podrán adquirir libros pintados por los siguientes artistas: J. M. Valtueña, Marisa Lanca, Amalia Barrachina, Víctor Montalbán, Pepe Murillo, Federico Contín, Javier Aquilué, Ramón Zaragozano y algunos otros.

Para finalizar, la bodega Torrelongares ofrecerá una degustación de su vino joven que lleva microrrelatos de autores jóvenes aragoneses en las contraetiquetas de las botellas. Será un maridaje perfecto entre vino y literatura.