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Antón Castro

Escritores

GUILLERMO BUSUTIL Y A. CARVAJAL, PREMIOS DE LA CRÍTICA DE ANDALUCÍA

GUILLERMO BUSUTIL Y A. CARVAJAL, PREMIOS DE LA CRÍTICA DE ANDALUCÍA

A. J. LÓPEZ / Ideal de Granada

A Guillermo Busutil le lleva su tiempo «perseguir una frase». Un luego otra. Y otra más. Y así hasta componer una historia. Y luego otra. Empleó, por ejemplo, unos dos años en tejer las trece narraciones que componen ’Vidas prometidas’, el primer libro de relatos que obtiene el Premio Andalucía de la Crítica en las dieciocho ediciones que lleva celebradas.

«Ya era hora de que el género tenga un reconocimiento análogo a la novela. Además, me parece muy destacable que la distinción sea para una obra editada por una firma independiente», comentaba ayer el escritor malagueño tras conocer el fallo del jurado. En sus primeras palabras, además, se acordaba Guillermo Busutil que la firma que ha llevado ’Vidas prometidas’ a las librerías: Tropo editorial de Zaragoza.

Esa distinción a pequeñas editoriales periféricas ha sido un denominador común en los galardones dados a conocer ayer por la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios. Así, la obra ’Un girasol flotante’ de Antonio Carvajal que se alzó con el premio en la modalidad de poesía lleva el sello de KRK; mientras que ’Los que miran el frío’ de Francisco Onieva, declarada mejor opera prima, está editada por Renacimiento.

En su lectura del fallo, el jurado destacó de ’Vidas paralelas’ la «mirada cervantina de profunda humanidad» y la «contemporaneidad indiscutible» que ofrecen unas historias. Textos «que hablan sobre asuntos actuales como la crisis económica, la soledad de la tercera edad o la violencia de género», en palabras del escritor malagueño.

Apuesta por la reflexión

Busutil también reivindicó su obra como «una apuesta por la reflexión». Al mismo tiempo, el autor de libros como ’Moleskine’, ’Nada sabe tan bien como la boca del verano’ o ’Drugstore’ se mostró «muy agradecido» por haber obtenido una distinción «ante competidores y amigos de la talla de Justo Navarro o Antonio Muñoz Molina».

El Premio Andalucía de la Crítica, promovido con la colaboración de la Junta de Andalucía y de la Obra Social de Unicaja, carece de dotación económica, pero cuenta con un amplio prestigio en el sector. Los galardonados en esta edición número 18 recibirán el próximo 8 de junio en Córdoba una estatuilla del escultor Andrés Alcántara y reproducida por la Escuela de Mármol de Andalucía.

 

*La foto de Guillermo Busutil, que ha publicado su libro en el sello Tropo y que pasó por Los Portadores de Sueños y por ’Borradores’, es de su mujer Pepa Babot.

 

DIÁLOGO SOBRE ‘VIDAS PROMETIDAS’ (TROPO)

DE GUILLERMO BUSUTIL

[Guillermo Busutil acaba de recibir el premio Andalucía de la Crítica por su libro ‘Vidas prometidas’, que ha publicado el sello aragonés Tropo. El libro se presentó en Los Portadores de Sueños. Entonces, conversé con Guillermo para HERALDO y publicamos esta entrevista. Reproduzco aquí la portada de Óscar Sanmartín Vargas.]

 

 

 

Guillermo Busutil (Granada, 1961) es un escritor de libros de cuentos perfectamente unitarios de tono, de tema, de atmósfera, de aliento simbólico. Hace unos días, en compañía del escritor Félix Romeo, presentaba en Los Portadores de Sueños un nuevo volumen: ’Vidas prometidas (Tropo. Zaragoza, 2011), que consta de trece relatos largos y de otros quince, «que funcionan como anuncios publicitarios y a la vez como microrrelatos».


¿A qué se debe esta pasión, casi obsesión, por el cuento?

Nace de mis propios orígenes de escritor: por una parte, como autor nacido en los 60, fue muy importante para nosotros la narrativa latinoamericana del ’boom’, y ahí había muchos cuentistas: Borges, Cortázar, Bioy, Felisberto Hernández, que es anterior y mi favorito, Juan Rulfo. Y por otra parte, están mis raíces rurales.


Explíquese.

Yo nací en Granada, y me crié en el Albaicín y en el pueblo de Víznar, conocido porque en su barranco dicen que fue fusilado García Lorca. Allí, se contaban muchas historias y cuentos: de miedo, de lobos, de ahorcados, de aparecidos tras la tormenta o la lluvia. Mi abuelo tenía un molino de aceite en las afueras del pueblo y allí, probablemente, estuvo Lorca antes de ser asesinado.


Con esos mimbres, tenía que ser escritor. ¿No?


Empecé a escribir desde muy joven. A los ocho años ya escribía relatos, pequeñas novelas del oeste: hacía un ejemplar único y lo vendía en el colegio por diez o quince pesetas. Los compañeros lo compraban a escote.


Eso lo cuenta en el primer cuento, ‘Estrella sin ley’. Ese joven, fascinado con las películas del Oeste, con Giuliano Gemma y con un joven en moto, en una Bultaco, es usted.


Esencialmente soy yo. Y en el cuento -sobre la amistad, el amor, la complicidad y los sueños-, también se rinde otro homenaje al cine y a sus héroes: el joven que se marcha después de haber dado un escarmiento a los malos se parece un poco al Alan Ladd de ’Raíces profundas’.


¿Le marcó el más que probable hecho de que García Lorca estuviese en el molino de su abuelo?


En cierto modo. A los 14 años, cuando llegó el verano, yo iba corriendo al pueblo a encalar la casa con el secreto afán de encontrar un poema inédito, algo de Lorca. Lo que fuera. Y con quince años también me apunté a los trabajos en el río para encontrar vestigios de la Guerra Civil: encontramos un máuser, casquillos de bala... Hay otro cuento autobiográfico en el libro.


¿Cuál? ¿’La siesta de Odiseo’ quizá? ¿La historia del abuelo que le leía las aventuras de Ulises y de Moby Dick a su nieto?

Ese relato es esencialmente real. Yo debía ser un poco bala: había matado dos gallinas y mi abuela me ataba a la pata de la mesa. Una vez, cuando vino un circo, me escapé y me extravié dos horas entre las jaulas de los tigres y los leones, hasta que una trapecista dio conmigo. Mi abuelo me leía después de comer y hasta que bajaba el sol libros extraordinarios: primero viajaba conmigo por el diccionario y luego él me leía a Homero, a Melville y su ’Moby Dick’, a Stevenson y ’La isla del tesoro’. Ahí digo que «el aburrimiento es el pecado más grave».


¿Cuál es el espíritu de sus libros?

Redacto libros de cuentos con una poética común. Y aquí la poética específica es la de las promesas que nos ofrece la vida. También me gusta usar una mirada directa y sensible sobre la compleja realidad contemporánea, y hablo de los hechos infinitos de la realidad, de sus matices. Creo que todo eso se percibe en un libro variado, donde habla de la figura del escritor, de la maestra a la que sorprende el destino, de los secretos de una familia, de la política.

¿Cómo definiría su estilo?

La mía es una prosa contaminada por la poesía, delicada y meticulosa. Mis cuentos tienen sorpresas pero no golpes de efecto. Y a mí me gusta cuidar el lenguaje: la patria del escritor es el lenguaje, que es un protagonista más, y en el fondo un escritor es un ladrón de voces y de vidas humanas que busca el mejor lenguaje.


¿Por qué hay personajes que se apellidan Proust, Gide, Poe?

Me gusta mucho crear personajes, darles una psicología. Los nombres son importantes. Pero, además, este es un libro de homenajes, a los autores que ha citado, pero también a James Joyce.

HOY FIRMO EN VALDERROBRES

HOY FIRMO EN VALDERROBRES

[Salgo ahora mismo para Valderrobres, para la librería de Octavio Serret. Esta mañana, entre las dos y media y las dos firmaré ejemplares de mis últimos libros: ‘El testamento de amor de Patricio Julve’ (Xordica, uno de los libros más importantes de mi vida, sin duda) y ‘Versión original’ (Isla de Siltolá), la primera antología de mi obra poética en verso y prosa. En ese libro va este poema dedicado al gran dibujante, pintor e ilustrador Luis Grañena, autor de este retrato de Lovecraft.]

 

 

ACUARELA DEL MATARRAÑA

 

[A Luis Grañena]

 

1

Le he dado muchas vueltas a nuestro adiós.

Recuerdo la despedida, en medio del puente,

ante el río que tantas veces nos había copiado.

De día, de noche, en la niebla del sueño.

Siempre me decías: “Este es nuestro río,

el Matarraña sereno, como cristal de luna.

El Matarraña seguro, que desconocía fronteras

y puñales. El río de todas las melodías”.

No sé  bien cómo habías llegado ante él:

tú estabas de vacaciones, habías venido a olvidar

un loco amor y a pintar los tejados y los celajes.

Y ahí te vi: asomada a una terraza sobre el agua.

Con tus acuarelas, con la gorra ladeada, sin prisa.

La luz de tus ojos se fundía con el fulgor del mundo.

Regresé para verte. Como un espía. Como alguien

que ha encontrado la cifra de su obsesión, el reclamo

de las horas. La certidumbre de un incendio de amor.

Un día nos vimos. Nos reconocimos en la distancia.

Te atrapé con mi cámara de fotos y con mi osadía.

Me llamaste descarado, ladrón de cuerpos. Mirón.

Sonreí, y eso pareció arreglarlo casi todo. Me acerqué

 y te enseñé todas las fotos: diez, veinte, treinta. Ni lo sé.

Te reíste. “¿Qué se le ha perdido por aquí al cazador?”.

No supe qué responder. Y ensayé con audacia:

“Busco pintoras bonitas. Busco, en el Matarraña,

mujeres que me hagan soñar. Quiero perder la cabeza”.

Seguimos mirando. Añadiste: “Veo que también

le interesan las piernas, mi culo y mi espalda”. Te dije:

“Soy un fotógrafo del arte corporal femenino”.

 

2

 

He contado las horas que hemos estado juntos.

He contado todos los besos, las caricias, los ponientes,

los paseos. He contado casi todos los minutos

de ausencia. Visitábamos Beceite, Fuentespalda,

Calaceite y su cementerio romántico con vistas

hacia un campo de olivos. Me recitabas a Ángel Crespo

que amaba aquí a su musa, en la intimidad de un palomar.

Y estuvimos con Gema Noguera en su taller con bicicleta.

Visitábamos Valdealgorfa y sus altiplanos. 

Y La Cerollera y sus oscuros pájaros legendarios.

Me decías: “Yo he venido a curar una herida de guerra.

Y a ti, ¿qué se te ha perdido en este territorio

de refugio? Aquí todos somos demasiado vulnerables.

Ten cuidado: podría alancearte el corazón”.

Quizá me fui por eso. Porque esperabas a otro.

Porque me sentía emplasto, alivio, medicina fugaz.

Porque anhelabas a otro y hallabas mi sombra.

La lanzada me había llegado hasta el fondo del espanto.

 

3

 

No he contestado a ninguno de tus emails.

Creo que no sabría hacerlo. Y, sin embargo, los espero

con ansiedad. Con devoción. Con añoranza.

Cada día estás en un remanso distinto, en un balcón,

en una terraza que se inclina sobre el Matarraña.

Cada día te multiplicas en las luces de la aurora.

Con tus cabellos al viento, con la espalda desenvuelta

y esa mano que va y viene con ademán de ave.

Me pregunto quién te hace las fotos. Me pregunto

si alguien te ama como deseas: con furia de naufragio.

Cada día, lo percibo, pintas mejor. Son más contundentes

tus colores, las barcazas y los tejados, y el castillo.

Cada día, me doy cuenta, estás más hermosa.

Cualquier día de estos voy a dejar de abrir el ordenador.

SILVIA CASTRO, HOY, EN ANTÍGONA

Recibo este correo de la escritora Silvia Castro. “El día 12 estaré presentando mi nuevo poemario ‘Señales en tiempo discreto’, a las 20 horas, en la librería Antígona (Calle Pedro Cerbuna 25), con la  estupenda compañía de Julio Espinosa Guerra y María Ángeles Naval. Para quienes no puedan llegar el jueves, pero les apetezca un rato de poesía, les recuerdo que también los organizadores de las jornadas poéticas en la Campana de los Perdidos (Calle Prudencio 7) me han invitado a leer junto con la poeta Olga Bernad el próximo sábado 14 a las diez de la noche”.

  

Julia Millán, de Antígona, remite esta nota y este poema:

“Hay un poema datado en 1863, donde Emily Dickinson se hace cargo, una vez más, de la pregunta por la contingencia, por la fragilidad del tiempo, que ahí cobraría la forma de una suspensión “más hostil que la muerte”.  Esta hostilidad se asocia para Dickinson, a un perecer, a una aniquilación o disolución que, sin embargo, es la condición imprescindible “para  vivir de nuevo”.  (…) Estas Señales en tiempo discreto son la prueba de que Silvia Castro, por suerte para quien mire y lea, ha encontrado ese punto de suspensión y lo ha punzado con su lápiz hasta traspasarlo.  Al hacer así, la pregunta por el tiempo alcanza su otro lado, su otra cara, que no es sino la pregunta por el espacio.  Tiempo y espacio son así abiertos, descubiertos, vueltos a la luz precaria y milagrosa de las palabras”.  (Del PRÓLOGO, de Antonio Méndez Rubio).

 

 

Sopla un viento de agujas

y las letras hincan sus mandíbulas

en la acera del párpado.

Palabras que restallan.

 

Al alzarse los ojos

cuatro dunas de tiempo

han posado su polvo en las repisas.

ILDEFONSO-MANUEL GIL SERÁ RECORDADO HOY EN TORRERO

MESA REDONDA SOBRE ILDEFONSO-MANUEL GIL

EN TORRERO, EN GRANADA 43

 

[Esta tarde, a las 20.00 horas, en la Asociación de Vecinos de Torrero, en la calle Granada 43, se realizará una mesa redonda en torno a la figura de Ildefonso-Manuel Gil, con la presencia de grandes amigos suyos: el bibliófilo y escritor Pepe Melero, el profesor y escritor Ramón Acín, que le publicó su novela ‘Concierto al atardecer’, y el escritor y periodista Antón Castro. El epígrafe del acto es: ‘Ildefonso-Manuel Gil: el siglo de un escritor y humanista’. Coloco aquí uno de los artículos que le he dedicado a Ildefonso.]

 

  

Ildefonso Manuel-Gil decía: “Mi vida ha sido como la del niño de ‘Cinema paradiso’. Me gustaba el cine mudo y el teatro. Mi padre alquiló, con otros socios, el Teatro Cervantes de Daroca. Yo hacía teatro con un amigo, Luis Bobed, representábamos fragmentos de los libros de preceptiva literaria y cobrábamos la función a unos céntimos”. Aquel periodo de su niñez en Daroca era como el cuento feliz del que no quería desembarazarse. Recordaba una y otra vez los tratos con los gitanos, las visitas al castillo, los relatos legendarios de moros y princesas encantadas, la revelación de la literatura, incluso de la pornográfica como “La novela nocturna”, y sobre todo la presencia de Victoria, su hermana mayor, con la cual hacía juegos de palabras, construían diccionarios portátiles y absurdos, y luego la oía tocar el piano. Otra emoción insustituible eran los paseos con su padre, farmacéutico, por la vega, entre los pinos y el paisaje. Daroca, que se estaba convirtiendo en una región literaria, quedaba atrás como una ciudad ocre e íntima, encerrada entre murallas y torreones altivos. Empardecía en los collados y los cazadores cantaban a lo lejos entre perros y un polvo de oro.



El estudiante de Escolapios se examinaba en Zaragoza. Hubo un momento en que, deslumbrado por Gabriel y Galán, Campoamor y Bécquer, decidió ser escritor. Leía la solapa de los libros o las notas de autor y comprobaba que muchos de ellos se habían licenciado en Derecho, así que optó por esa carrera, que simultanearía, ya en Madrid, con la de Filosofía y Letras. Muertos prematuramente su padre y Victoria, la familia (la madre, Ildefonso y su hermana Antonia, otro ángel tutelar y casi inadvertido de su existencia) se las apañó como pudo. El joven poeta publicó “Borradores” (1931), y se zambulló en aquella orgía de letras que era Madrid. Conoció a Jarnés, al que visitaba con frecuencia en su casa, y vivió de cerca su pasión clandestina y no correspondida por la novelista Rosa Arciniega, conoció a Rafael Alberti y María Teresa León, “la mujer más bella de Madrid, en efecto”, a Maruja Mallo, que había sido novia de Alberti, iba a serlo de Miguel Hernández y era la mujer “que mejor maldecía de todo Madrid”. Y conoció a Juan Ramón Jiménez, hipersensible y frágil, protegido como un niño asustado por su enfermera de amor, Zenobia. Y visitó a Pedro Salinas, que poseía en casa una jaula de oro y una colección enorme de discos de piedra.


Esos amigos y esa literatura en expansión abonaron su segundo libro: “La voz cálida” (1934). El escuálido muchacho de Paniza y Daroca ya no era un “paleto deslumbrado” por la Biblioteca Nacional. Vivir, hasta entonces, había sido un don, con algunas sombras, que le regaló experiencias, nuevos amigos (Seral y Casas, Ayala, Maravall, Mingote, Sender) una vocación para siempre e incluso amores locos. “Siempre he sido muy enamoradizo. Mi fervor por la pasión nace de la felicidad que yo sentía en los enamoramientos”.


Se marchó a Teruel como funcionario del Estado. Apenas llegó, estalló la Guerra Civil y fue encerrado en el Seminario bajo la amenaza incesante del fusilamiento, la suerte que corrieron tantos otros compañeros. El horror se instaló en su cerebro y en la piel como un estigma inevitable. Sobrevivió. Aquellos siete meses y diez días de incertidumbre reaparecerían una y otra vez en el insomnio y en la escritura. Regresó a Zaragoza y se reenganchó a la vida: dio clases en Santo Tomás, Sagrada Familia y particulares a deshoras, escribió manuales de literatura casi a medianoche en el café Niké, ayudó a un yugoslavo a traducir a Lorca, conoció a un sastre esperantista que le condujo a Pessoa, y fundó una familia: otro centro germinal de su existencia, que ahondó su visión de la añoranza y de la vitalidad. Pilar Carasol, una muchacha de instituto, 14 años más joven que él, venció la huella de todas las novias para ser la única novia, la musa de la luz. Ildefonso-Manuel Gil hizo otras muchas cosas: asentó su poesía, se descubrió narrador, ensayista, traductor de éxito de Camoens. Incluso fue administrador de “Heraldo” a la sombra de Pascual Martín Triep, periodista, fotógrafo y experto gastrónomo bajo el seudónimo de Fabio Mínimo.


En 1962, asumió otro riesgo: emprendió la aventura norteamericana en Nueva Jersey. Allí nacería Victoria, la quinta de sus hijos. Con esas maletas de viajero, regresó en 1985 a Zaragoza, Daroca, Paniza. En estos 17 largos años halló lo que había soñado: amigos (escritores jóvenes y veteranos), reconocimiento oficial, editores y lectores, cariño a espuertas, respeto, y multiplicó su producción literaria con “Concierto al atardecer”, con multitud de poemarios, uno de los más bellos fue “Por no decir adiós”, con sus memorias que aparecieron en Xordica: “Un caballito de cartón” y “Vivos, muertos y otras apariciones”. El cuento de su vida se cerró con un final feliz, hasta que, ya nonagenario, la muerte acudió a cerrarle los ojos. Por eso, entró sereno en el nuevo cielo y en la nueva tierra... Apenas, unos meses más tarde, Pilar Carasol, la musa de sus versos, la luz esencial de su lírica, acudió a su lado.

'VERSIÓN ORIGINAL' Y PATRICIO JULVE VIAJAN EL SÁBADO AL MATARRAÑA

ESTE SÁBADO, A LAS 12.30, ESTARÉ

EN LIBRERÍA SERRET DE VALDERROBRES

[Este sábado día 14 de abril, a las doce y media, en la librería de Octavio Serret de Valderrobres firmaré ejemplares de mis últimos libros: ‘El testamento de amor de Patricio Julve’ (Xordica), en su tercera aparición, con portada ahora de Luis Grañena, residente en Valderrobres, y ‘Versión original’ (Isla de Siltolá. Colección Inklings), la primera antología poética, en verso y prosa, donde hay muchos textos dedicados a Teruel, y en concreto al Matarraña: al río Matarraña, a la pintora Gema Noguera, a los artistas Laia Vaquer y Hugo Roglan, etc. El libro se abre con este texto.

 

EL ESCRITOR IMPOSIBLE

 

Lo que más le gustaba en el mundo era escribir. O quizá oír el gemido del viento, sentir ese latigazo del aire y escribir luego. Las palabras eran como seres vivos, como lagartijas o como salamandras negras que brotaban de su pluma. Para él escribir era como pintar o fundar un mundo intacto, y a medida que inundaba el papel percibía una fuerza interior, una certidumbre de fuego. Al terminar, una vez que había invocado gentes, paisajes y pájaros, matices de la vida, el texto se volvía contra él: le producía espanto. Y al final el miedo se tornaba remordimiento. Decía que ya nunca podría salir a la calle o hablar con los paisanos, que llevaba años sin poder conciliar el sueño, que era incapaz de abandonarse al placer o a la pereza. ¿Qué iban a pensar de sus escritos, cómo iba a justificar los adjetivos, la ironía, la sed de más sílabas o la violencia de su pensamiento? Un día declaró que se sentía culpable de impotencia: las palabras nunca alcanzarán a cifrar la perfección que sueño, la belleza que pretendo, la realidad que me inventa, dijo. Desde entonces ya no vive: se ha quedado inmóvil y mudo ante su ventana, ajeno al río de tinta y de salamandras negras que le ha invadido la casa. Se ha quedado inmóvil y mudo mientras el látigo del viento le platea las sienes. Una mañana cualquiera, lo sabe, aparecerá convertido en un monstruo o en uno de esos seres imposibles que tanto ha soñado.

 

*Mi foto es de Vicente Almazán y está tomada en el balneario de Jaraba. La portada de 'El testamento...' es de Luis Grañena, que reside y trabaja en Valderrobres, cerca del cauce del río Matarraña.

 

'EL GUARDIÁN DE LA LEYENDA': NOVELA DE JAVIER GÓMEZ, RAZONES Y SERES

'EL GUARDIÁN DE LA LEYENDA': NOVELA DE JAVIER GÓMEZ, RAZONES Y SERES

El escritor Javier Gómez Hernández (Alpartir, Zaragoza, 1969) publicaba a finales de año su novela ‘El guardián de la leyenda’, que ha publicado el sello Eride ediciones. Javier me envía esta amplia nota sobre su libro.

 

 

¿CÓMO y por qué decido escribir este libro?

“Allá por el año 2008, estábamos a la espera de asignación de nuestra 2ª hija adoptiva.” Llevábamos esperando varios años, ya que los tiempos de espera se habían eternizado en Colombia. En un foro de adopciones en Internet, llamado TIERRAS COLOMBIANAS, en el que solía participar a menudo, y viendo que al igual que nosotros había muchas familias desesperadas por la espera, decidí comenzar a escribir pequeños relatos, contando las experiencias vividas en nuestra 1ª adopción. Fue una especie de catarsis y una buena forma de levantar el ánimo a todas esas familias que estaban a la espera de su primer hijo adoptivo.
ESTAS breves historias empezaron a gustar y a animar a muchos de los participantes en el foro, o mejor dicho a muchas de las participantes, porque la mayoría eran mujeres. Muchas de ellas esperaban con entusiasmo mi relato semanal, y varias de ellas me animaron a escribir el libro, diciendo que podía recopilar estas historias y publicarlas.


LO CIERTO es, que al principio, no le di mucha importancia a la proposición, pero un día pensé, ¿y por qué no…?


Y ni corto ni perezoso, comencé a escribir el libro, que presentamos hoy. Tardé aproximadamente 9 meses en tenerlo totalmente acabado, corregido y preparado para su publicación.
AUNQUE parezca mentira, no comencé el libro por el principio, ni lo acabé por el final. La estructura de capítulos la diseñé al final, y lo realicé como cuando se editan las películas: se graban las escenas, no siguiendo precisamente el orden cronológico, y después llega el MONTAJE. Se ensamblan las escenas, algunas se descartan (que en los DVD aparecen como escenas eliminadas…) y el resultado final tiene que ser una historia entendible. Pues, así lo hice yo.


¿CÓMO QUERÍA que fuese mi libro?

El tema principal era la adopción, eso estaba claro. Y a partir de ahí iba a novelar diferentes historias.
No quería escribir el típico libro de adopciones, contando una historia real y explicando solamente las experiencias vividas. ESTUVE dándole vueltas a la cabeza, y llegué a la conclusión de que tenía que ser algo diferente. Entonces, decidí que sería una novela basada en hechos reales, pero incluyendo abundante ficción. Y PENSÉ: tengo que incluir intrigas, misterios e incluso la búsqueda de un tesoro, porque realmente son historias que me apasionan desde niño, y que gustan al público en general.
A mí en concreto, siempre me ha atraído el estudio de las antiguas civilizaciones, su cultura y sus logros artísticos y arquitectónicos. Y en particular, siempre me han entusiasmado las civilizaciones precolombinas, y ésta era una buena ocasión para profundizar en su estudio.
DECIDÍ, igualmente, incluir el mito o leyenda de EL DORADO, la ciudad de oro que los conquistadores españoles buscaron tan arduamente por diferentes regiones del continente americano.
EL DORADO es un mito que todavía pervive en el subconsciente de muchos colombianos, y como muestra cabe señalar, que por ejemplo el aeropuerto internacional de Santa Fe de Bogotá (la capital) lleva el nombre de EL DORADO.


¿REALMENTE existió aquella legendaria ciudad dorada?

Posiblemente sí. Recordemos, por ejemplo, que ciudades que se consideraban mitológicas como la ciudad de TROYA (nombrada en la Iliada de Homero), fue recientemente descubierta por la arqueología moderna en la costa mediterránea de Turquía.
También, y hablando del continente americano, podemos señalar otro caso francamente intrigante: la ciudad del MACHU PICHU en el actual Perú. Dicha ciudad fue descubierta a principios del siglo XX, cuando un explorador sobrevolaba en avioneta el altiplano peruano.
¿CÓMO una ciudad del Imperio Inca, y muy cerca de CUZCO, su capital, permaneció oculta durante más de 400 años?


Los conquistadores españoles nunca supieron de su existencia, y durante 4 siglos permaneció escondida sin que nadie supiera nada.

VOLVIENDO a la legendaria ciudad de EL DORADO, y la que sería su principal característica: ciudad de enormes tesoros construida en oro; cabría decir que no es una conjetura tan descabellada, ya que a modo de ejemplo, diversas fuentes de la conquista, incluyendo los relatos de algunos misioneros, describen la capital de los incas –CUZCO- como una ciudad reluciente, cuyos principales edificios como el Korikancha o templo solar y el palacio de Inca supremo, estaban recubiertos exteriormente por placas de oro.
Además, el emperador inca Atahualpa tuvo que entregar ingentes cantidades de oro a los conquistadores españoles, con la promesa de que respetarían su vida; por cierto, no cumplieron los españoles su promesa y finalmente fue ajusticiado por orden de Pizarro.

AL FINAL y con todo, salió una novela muy variopinta: narra la experiencia de una adopción internacional, cuenta la vida de los muiscas, antiguos pobladores del altiplano colombiano, relata pasajes de la conquista española de América, narra la búsqueda de la mítica ciudad de EL DORADO e indaga en la búsqueda de los orígenes del hijo adoptado, entre otras cosas.

COMO VÉIS, un relato muy completo.


LOS MUISCAS, ¿QUIÉNES ERAN?

En uno de los capítulos aparece la civilización muisca, en los albores de la conquista española del continente americano. Los muiscas eran un pueblo de agricultores, cazadores y pescadores. Eran buenos alfareros, extraían de la tierra esmeraldas y sal mineral. Y aun no poseyendo minas de oro, conseguían todo el que necesitaban, intercambiando sus productos con otros pueblos del entorno. Con el paso del tiempo, se convirtieron en excelentes orfebres, mezclando y aleando el oro con el cobre.
A DIFERENCIA de otros pueblos precolombinos, que utilizaban fundamentalmente la piedra, los muiscas construían sus casas, palacios y templos con madera, cañas y barro. De ahí, que no se hayan encontrado importantes vestigios arqueológicos.
SU GRAN LEGADO, que se exhibe en parte, en el Museo del Oro de Bogotá, es la manufactura de pequeños adornos de oro, delicadamente tallados y cuyo trabajo es de una excelente filigrana. La mayor parte de sus adornos y relieves en oro, fueron saqueados, robados y luego fundidos por los codiciosos conquistadores españoles.

SALTOS EN EL TIEMPO

Se estructura la novela en 4 grandes capítulos y un prólogo. Comienza el relato en un hipotético presente, que en realidad es un posible futuro cercano. Luego, la narración se traslada al pasado reciente (15 años atrás), para en el siguiente capítulo retroceder hasta un pasado mucho más antiguo (500 años atrás). En el capítulo final, nuevamente el relato reaparece en el hipotético presente. “A PRIORI, un lío, pero que os puedo asegurar que no será tanto cuando lo comencéis a leer. ¡Ya veréis!” LO ESTRUCTURÉ de esta manera para complicarle la vida al lector, para que trabaje un poquito la lectura. Las historias que siguen la cronología lógica son más fáciles; en cambio, las que saltan en el tiempo varias veces y vuelven al principio son más complicadas de leer. Hacen que el lector tenga que releer pasajes anteriores, para poder seguir el hilo conductor de la narración sin perderse.
AUN ASÍ, no salió una novela muy complicada. Su lectura es ágil y rápida, y muy entretenida. ¡Os lo aseguro! Y os voy a explicar porqué.


LECTURA AGIL Y RÁPIDA


LAS DESCRIPCIONES de paisajes y lugares son pequeños esbozos, sin pormenorizar en detalles; será trabajo de la mente del lector, imaginar el esto y completar la situación y las escenas.
LOS PERSONAJES no aparecen tampoco descritos físicamente, salvo que haya alguna característica especial que lo defina y que no deba pasar desapercibida. En cuanto a la personalidad y carácter de los protagonistas, será en los diálogos donde éstos aparecen retratados; evidentemente, quedan reconocidos por sus actos y por sus palabras.



LENGUAJE DE LA NOVELA


La novela tiene un lenguaje sencillo y directo. El vocabulario es llano y sin artificios. No será necesario recurrir al diccionario para buscar el significado de palabra alguna.
EL FIN último del relato es contar una historia, intentando que su lectura no sea pesada. Por eso, he intentado no recargar la narración con pasajes o escenas extensas, que no ayudarían a la agilidad de la lectura. En mi modesta opinión, para contar una historia normal, no es necesario excederse por encima de las 300 páginas.
COMO YA he comentado, el vocabulario es sencillo, aunque rico y variado. Solamente, quizás, e intentando crear un estilo propio, he utilizado gran variedad de verbos con sus diferentes matices. Los he usado principalmente, para definir los diálogos entre los personajes, aprovechando la riqueza verbal que posee nuestra lengua.

PERSONAJES PRINCIPALES

EN UNO de los capítulos, los personajes principales son un matrimonio y su hijo adoptado. EN DOS de los capítulos, los personajes protagonistas son un padre y su hijo, y la especial relación que les une. Y EN OTRO de los capítulos, el protagonista es la civilización muisca, pueblo precolombino que dominaba el altiplano cundiboyacense –en el centro de Colombia- a la llegada de los conquistadores españoles.


ADEMÁS de diferentes personajes secundarios, que aparecen y desaparecen a lo largo del relato, hay un personaje primordial que acompaña a todos los demás durante toda la novela. Ese personaje inmaterial sería: Colombia, y en particular, la región de Boyacá. Y cuando me refiero a este personaje, quiero englobar en él: la tierra colombiana, sus paisajes, sus gentes, sus mitos y leyendas; en resumen su pasado y su presente.

HILO CONDUCTOR

El hilo conductor del relato es la búsqueda por parte del padre y de su hijo, de la ciudad mitológica de EL DORADO. A partir de ahí, se narra la experiencia adoptiva de una pareja española, desde el mismo momento en que surge la idea hasta la consecución del proceso. En este punto, se relatan cronológicamente todos los sucesos y acontecimientos que llevan a la culminación de la adopción.

Volviendo a la búsqueda del tesoro de EL DORADO, inesperadamente surgirán situaciones que cambiarán la visión inicial de la búsqueda. Datos desconocidos aparecerán en escena, comenzando una búsqueda paralela: la de los orígenes biológicos el hijo adoptado, que sorprendentemente están asociados al linaje de los PRINCIPES muiscas.
DIFERENTES intrigas de por medio, y varios enigmas que empiezan a ver la luz, desembocarán en un final sorprendente e inesperado.


TITULO DE LA NOVELA


Evidentemente, no voy a contar ese aspecto, ya que sino desgranaría uno de los misterios del relato. Para descubrir el significado oculto del título del libro, hay que llegar hasta el final de la narración, por lo que hay que leerse la novela. ¡No hay otra solución!

RASGO QUE VERTEBRA TODA LA NARRACIÓN


El lector podrá observar a lo largo de toda la obra, que diferentes escenas o pasajes son tratados con humor. Esta característica define la actitud que tiene el autor ante las diversas situaciones que se dan en la vida diaria.



OTRAS PECULIARIDADES


LA NOVELA posee, además de lo explicado, diferentes claves:
--- puede servir como GUIA DE ADOPCIÓN, ya que se relatan todos los pasos y procedimientos necesarios para llegar a la conclusión del proceso adoptivo.
--- es también una GUIA TURÍSTICA de la región central de Colombia (Boyacá), ya que se nombran los diferentes atractivos monumentales, artísticos y culturales de esa tierra.
--- y además puede servir de MANUAL DE AUTOAYUDA, ahora que están tan de moda ese tipo de libros. En gran parte del relato, se dan las claves necesarias para superar los distintos obstáculos que van surgiendo en el proceso adoptivo. Pero, con tesón, convicción y confianza en uno mismo, al final se logra el objetivo deseado.

UNA ÚLTIMA COSA: En una parte del libro se hace alusión al conflicto saharaui. Hace unos años y durante 6 veranos, mi mujer y yo tuvimos niños de acogida de los campamentos de refugiados del Sahara. En una escena del libro se refleja la relación que tuvimos con uno de los niños, e intento hacer un homenaje a todas esas personas (300.000 almas) que viven desde hace 40 años en unos campamentos de refugiados en el árido desierto sahariano. “Ellos, en un tiempo, fueron españoles, después los quisieron hacer marroquíes, pero ellos anhelan solamente ser saharauis”.

RETRATO DE SADEQ HEDAYAT

Hace unos días, encontré esta foto del poeta, traductor y narrador persa Sadeq Hedayat, conocido en España por su excepcional libro ‘El búho ciego’ (Hiperión. Traducción de Juan Abeleira y Zara Benham ) o ‘La lechuza ciega’ (Siruela), que ha tenido varias ediciones, con traducción de María Teresa Gallego. Sadeq nació en 1903, se formó en Europa, residió en Francia y suicidó en 1951, a los 48 años de edad. Fijó los textos de Omar Jayyam y tradujo al persa ‘La metamorfosis de Kafka’; su último libro fue ‘El mensaje de Kafka’.

Dijo: “Solo le tengo miedo a una cosa, a morir mañana, después de haberme conocido a mí mismo. Pues el hecho de vivir me ha revelado el abismo que me separa de los demás”.

Su tumba en Pere-Lachaise.

La tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-9d17baa04bf360ea4f3a346b734f6863.jpg

BARTLEBY PUBLICA LA NOVELA PÓSTUMA DE ANA MARÍA NAVALES

El testamento literario y vital de Ana María Navales

 

Ana María Navales, vista por Luis Grañena para ’Artes & Letras’.

 

Bartleby publica la novela póstuma de la escritora, ‘El final de una pasión’, centrada en la relación entre Virginia Woolf y su hermana Vanessa Bell y la relación entre la escritura y la vida

 

Ana María Navales (Zaragoza, 1939-Borja, 2009) fue poeta, narradora y ensayista. Su carrera literaria está asociada a una devoción: la vida, la escritura y el universo de Virginia Woolf, que era para ella una obsesión por su vivencia de la literatura y porque pugnó por encontrar un cuarto propio, un lugar en el mundo a través de la palabra y de la ficción. Quizá por eso a nadie extrañará que su novela póstuma, ‘El final de la pasión’, que publica esta semana el sello madrileño Bartleby, esté dedicada a la autora de ‘Al faro’ u ‘Orlando’, que nació en Londres en 1882 y que se ahogó en el río Ouse, con piedras en los bolsillos, en 1941.

La poeta y profesora Marta Agudo (Madrid, 1971), albacea de Ana María, ha sido la responsable de la edición. Dice: “El libro estaba prácticamente acabado. Y es el testamento literario de Ana con respecto a Virginia Woolf, y también un ajuste de cuentas, y es, a la vez, el testamento literario y vital de ella, de su propia concepción de la literatura, con una carga emocional superior a ninguno de sus libros”.

Marta Agudo, que habló mucho con Ana María Navales cuando estaba enferma, recrea el dolor y el entusiasmo de sus últimos meses de vida. “Ana se recuperaba gracias a la escritura. Y, en cierto modo, se mimetizaba en Virginia Woolf hasta sus últimas consecuencias. Virginia Woolf era su pasión: ambas sentía la literatura como una forma de salvarse. Como una terapia. A veces, en los últimos tiempos, Ana parecía tener visiones, parecía vivir entre fantasmas”.

Dice Marta Agudo que en ‘El final de una pasión’, Ana María Navales intenta responder a todas las cuestiones oscuras o enigmáticas sobre Virginia Woolf: su sexualidad, su frigidez, la relación con su marido Leonard, los celos, la idea del suicidio o los celos. “La novela está estructurada mediante cartas entre Virginia y su hermana Vanessa. Ahí se ve la tensión y la rivalidad entre las dos hermanas, el odio y el cariño, algunos amores más o menos robados. Sacan los trapos sucios, se dicen cosas crueles la una a la otra. Y por otra parte, Ana María Navales también usa, en el tramo final, una escritura en forma de diarios: una escritura en apariencia menos elaborada, pero de gran intensidad. Por ejemplo se percibe que Virginia se sentía atraída por las mujeres, pero más en un sentido espiritual que puramente sexual”, señala Marta Agudo. El servicial Leonard Woolf acaba haciéndose antipático porque es quien le da las pastillas, le ofrece té, casi como si fuera un centinela. Y la novela, poco a poco, describe el mundo interior de la autora, sus sombras, y ese mundo de promiscuidad y de tensiones afectivas, de esnobismo y de creación, que se daba en el núcleo de Bloomsbury con gente tan diferente como Gerald Brenan, Leonora Carrington, Lytton Strachey, Robert Fry, Clive Bell o Duncan Gray. “Hay una cosa incuestionable: la novela tiene un trasfondo triste, pero infunde un gran optimismo por la creación. Ana María Navales tenía una fuerza y una vocación literaria impresionantes”.

 

Ana María Navales retratada por Juan Domínguez. Tomo la foto del blog de Manuel Medrano.

 

AVANCE EDITORIAL

’El final de una pasión’. Ana María Navales. Edición a cargo de Marta Agudo. Bartleby. Madrid, 2012. 164 páginas.

 

[Confidencias de dos hermanas]

 

[Ana María Navales había abordado el mundo de Bloomsbury y de Virginia Woolf en relatos y ensayos. ‘El final de una pasión’ arranca de junio de 1940, apenas dos años antes del suicidio de Virginia. Las dos hermanas Vanessa (Nessa) y Virginia (Gin) realizan, a través de la correspondencia, un viaje por su vida y su insatisfacción, por el arte y la creación, y por el núcleo de sus amantes.]

 

 

 

1 de Junio de 1940. Monk´s House, Rodmell, Sussex

 

 

 

Mi amadísima Nessa: Esta noche apenas he podido dormir y no a causa del nerviosismo, ¿por qué no le llamo miedo?, que me produce oír sobrevolar la zona a los aviones alemanes, el eco del ruido de las bombas que caen sobre Brighton..., esta sombra interminable que es la guerra.

 

Después de mi escapada a Londres, llegué a Monk´s House[s1]  a tiempo de jugar una partida de bolos con Leonardo. Creyó que volvía de mi paseo en bicicleta a Charleston, en busca de algo de carne y mantequilla, así que no adivinó nada y fingió que, abstraído en su trabajo de jardinería, las horas se le habían pasado sin sentir. Escapar de la rígida disciplina de trabajo de Leonardo me despierta la misma excitación que recuerdo de mis travesuras infantiles.

 

Estoy en mi estudio, veo a través de la ventana la tierra que se extiende a mi alrededor. Es asombroso que los árboles sigan verdes, las flores abriendo su perfume y sus colores, el sol de la tarde en lucha con la frescura del viento, como si la naturaleza se mantuviera al margen de la guerra, protegida en una enorme burbuja de indiferencia, contra las atrocidades de que son capaces los seres humanos.

 

Ayer, cuando almorzamos juntas en el Royal Cafe, para celebrar tu cumpleaños antes de la fiesta familiar en Charleston, pensé, mi queridísimo Delfín, mientras disfrutaba la salsa dulce y amarga del pato, que la vida se parecía mucho a aquel sabor que, inesperadamente, suscitó en mí tantas emociones ocultas y la necesidad de recobrar el pasado. Mi pensamiento iba tan rápido, por delante de mi propia voz, que no pude decirte nada.

 

Además, sentada frente a ti, a quien adoro, me preguntaba cómo tú, la diosa, la madre tierra, podías parecer tan frágil en aquel momento en el que estabas obligada a asumir casi toda tu existencia, sesenta años que habían caído de pronto sobre tus hombros, y allí estabas, inmóvil y firme, como una estatua de mármol en un jardín palaciego, hasta que recobré mi ironía y te hice sonreír con alguna maldad que ahora no recuerdo.

 

No puedes imaginar, mi dulcísima Nessa, cuánto deseé entonces que me acariciaras el pelo, tus besos de cuando era niña, saber, de verdad, si tu silencio, esos sentimientos que nunca has sacado fuera, forman  parte de tu naturaleza o has ido levantando con ellos, ladrillo a ladrillo, con la argamasa de la pasión y el dolor, un muro de protección que ni a mí me dejas traspasar. Cómo querría, ahora que la vida empieza a escapar de nuestras manos, ¿será largo el camino de su huida?, que pudieras comunicarte con tus fantasmas sin ningún fingimiento -sabes cuánto odio la hipocresía- y que pudiéramos recorrer, cogidas de la mano, el túnel que conduce a nuestra vida interior, a la luz de lo que hemos sido.

 

Estoy llenando esta carta de motas de tabaco, no soy nada cuidadosa al liar cigarrillos, también de humo, cuando debería tener el mejor perfume. Leonardo me trae mi vaso de leche de media mañana y me siento culpable de no haber empezado a corregir las pruebas de la biografía de Roger. Ardo en deseos de que la leas, sabes cuánto he sufrido con este libro que me temo no va a gustar a nadie. Jamás, me digo, intentaré escribir la biografía de alguien tan próximo como Roger, y mucho menos si ha mantenido una apasionada relación con mi hermana, aunque no pude negarme al requerimiento de Margery.

 

Me pregunto qué sentiste a la muerte de Fry, y si no estaría aún vivo tu amor por él, de no haber aparecido Duncan que, con su fluido encantador, con su belleza excéntrica, lo impregnó todo. Duncan, capaz de desbordar el río Ouse. Hasta por la pintura porosa de tus cuadros respira su aliento ¿me equivoco, mi pequeño Delfín?

 

Escríbeme, mima a este mono que no aspira sino a imitarte, y que se sube a tu hombro para besar tu cuello.

 

                                                                                  V. 

Domingo, 2 de junio de 1940. Charleston, Firle, Sussex

 

 

                  

Mi querida Ginia: No sé cuánto se retrasará la fiesta de mi cumpleaños en Charleston. Duncan aún no ha recobrado su fuego creativo y no está para disfraces, teatros o canciones. Ha vuelto de Plymouth, de lo que él llama su “misión especial”, harto de pintar barcos de guerra. Quizá no encontró atractivos soldados en el puerto, una observación que no es digna de mí y que habría debido evitar. Pero, ya ves, la Santa, que nunca se queja de nada, no ha tachado esa frase para no encubrir sus sentimientos, ni ocultar sus preocupaciones. Algo que no es habitual.

 

Y si empezamos a derribar ese muro, tras el que crees que me protejo, no tan fuerte como piensas puesto que está hecho de lágrimas contenidas, debería decirte que ese exagerado amor tuyo con que siempre me has rodeado, en circunstancias como las que ahora atravieso, más que servirme de consuelo o apoyo, en mi lucha por mantenerme serena, acrecienta mis pesares. No te estoy haciendo reproches, no olvido los cuidados que me prodigaste cuando rodaba por la pendiente de la desesperación hacia un infierno del que creí que no podría liberarme.

 

Sí, me refiero a la muerte de Julián, pronto hará ya tres años, a esa herida en mi corazón que nunca va a cerrarse, y tú me preguntas por la de Fry, por unas emociones que están perdidas en el tiempo y que sería insano recuperar ahora.

 

Nunca podré entender cómo en este ambiente de pacifistas y objetores de conciencia en el que se crió Julián, pudo brotar su deseo de ir a una guerra en la que no tenía nada por qué luchar. Recuerdo que, de pequeño, jugaba a las batallas, a derribar barcos, que él mismo se fabricaba, en la alberca de Charleston, pero yo siempre creí que eran cosas de niños. Nunca le castigué, prefería hablar con él, razonar sobre el motivo y las consecuencias de sus travesuras, y sé que le amaba más que a ninguno, incluso cuando exhibía su aire triunfante, el desafío en sus ojos, si me creía vencida. Pero, después, venían sus besos y caricias. Nuestra relación era muy especial. Y, cuando ya fue mayor, yo seguía siendo su confidente, su refugio seguro. Su alma estaba siempre dentro de la mía. (...)

 

Ya no puedo seguir escribiendo más. Quizá va a ser demasiado doloroso, mi Gin querida, remover el pasado. (...)

Te abraza. Van