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Antón Castro

Escritores

VIDA Y VUELO DE BERYL MARKHAM

Luis Solano es un editor muy especial desde Libros del Asteroide: sensible, atento a los rescates, muy buen lector. Acaba de publicar ‘Al oeste con la noche’ (Traducción de Miquel Izquierdo) de Beryl Markham (1902-1986), una mujer que nació en Inglaterra y vivió una gran parte de su vida en Kenia, primero con su padre y luego como una aventurera, capaz de domar y de entrenar caballos, y como aviadora, que voló en diversos aparatos. Este libro apareció en 1942 y cuenta muchas de sus aventuras, la relación con los indígenas, la vida en la selva y en las cacerías, el círculo de amistades, entre ellos el barón Blixen, la escritora Karen Blixen o el aventurero romántico Denys Finch-Hatton, que enamoró a la joven danesa traicionada por su marido.

El prólogo del libro es de Martha Gelhorn, que no se atreve a aplicarle el concepto de “mujer emancipada” a esta mujer hermosa, seductora, de una agitada vida sentimental (“Rubia, de tez morena y esbelta, se la veía muy glamurosa”). En su prólogo, dice casi al final: “Mi pasaje favorito de ‘Al oeste con la noche’ no se ajusta al resto del libro, está desprovisto de estilo literario alguno. Beryl garabatea un mensaje desde la cabina de su avión y lo lanza, en una bolsa preparada a tal efecto, al barón Blixen, el gran cazador blanco, que espera en tierra. Beryl se encontraba entonces sobrevolando un área de espesa vegetación cerca del tío Tana, contratada para rastrear elefantes a cuenta del cliente de un safari dirigido por Blixen”.

Dice la escritora en la bolsa: “Macho muy grande. Colmillos casi idénticos: diría que más de 70 kilos. (...) Gran manada de búfalos, a suroeste de elefantes. Vuestra ruta a 220 grados. Distancia unos dieciséis kilómetros. Vuelvo en una hora. Trabaja duro, confía en Dios y mantén tu estómago limpio, Oliver Cromwell”.

RAÚL MONTESINOS: UN CUENTO

Raúl Montesinos es estudiante de La Almunia, muy joven, jovencísimo. Con este relato, trágico y próximo a Poe tal vez, ha ganado un premio recientemente. Raúl me manda su cuento y le hago un sitio aquí por su rara atmósfera donde se mezcla la fantasía y el terror.

 

CUENTO

 

Por Raúl MONTESINOS. La Almunia de Doña Godina.

 

Yacía sobre mi butaca sufriendo los horribles pensamientos que me abarcaban en la cabeza. Pues todo empezó años atrás, mi esposa y yo fuimos padres de un hermoso bebé. Durante un largo periodo todo fue muy tranquilo.

Pero un día fuimos al coto de caza privado de mi familia. Mientras yo me dedicaba a cazar, mi esposa  se dedicaba a pasear libremente por el campo. Mi hijo se dedicó a ir solo por el campo. Al principio se sentía observado, como perseguido, no veía nada. Al cabo de diez minutos, observó que era uno de mis perros de caza que le seguía. Mi hijo empezó a acercarse de manera cautelosa para acariciarlo, pero en un repentino arrebato, el perro le propició un mordisco con sus grandes incisivos en su pierna. Él pensaba que el perro lo iba a matar pero uno de mis criados le separó a tiempo de esa cruel criatura.

Meses después del accidente con el can, mi hijo empezó a comportarse de una manera poco habitual, parecía que todo lo que le hacía ser humano había desaparecido de la noche a la mañana. Tras muchos intentos por parar esa catástrofe decidí encadenarlo en el sótano. Mi esposa, un día bajo a alimentarle y este se soltó y la mató. Yo por poner fin a esta maldición encargué a mis criados que lo metiesen en una caja y lo enterrasen en el bosque. Para la demás  gente murió de la peste.

Este recuerdo me atormenta todas las noches, ¿cómo permití que mi hijo muriera en ese infierno de madera, asfixia y desesperación?  En ese instante de reflexión, desesperación y arrepentimiento decidí poner fin a ese tormento, abrí  la ventana, salte al vacío y dejé que mis recuerdos se fundieran con el suelo poniendo fin a mi desdichada vida.

*Las dos fotos son de Elliott Erwitt.

VIRGINIA AGUILERA, CON 'HELENA KÍN' ESTE MARTES 10 EN PORTADORES

Recibo esta carta de Eva Cosculluela y de Félix González de Los Portadores de Libros:

 

[Os enviamos información acerca de la próxima presentación que organiza la librería, en esta ocasión de la autora zaragozana Virginia Aguilera.

El próximo martes 10 de abril a las 20h tendrá lugar en Los portadores de sueños (Blancas, 4 – Zaragoza) la presentación de la novela ganadora del Premio Casino de Mieres 2011: HELENA KÍN, de VIRGINIA AGUILERA (KRK Ediciones).

Acompañando a la autora, contaremos con la presencia del escritor Antón Castro.

 

 

HELENA KÍN

A finales del siglo XIX la joven Helena Kín decide recluirse en un convento de la ciudad de Pittsburg, tratando de eludir los efectos del funesto sortilegio al que dice estar sometida. Un orgulloso psiquiatra acepta su caso sin sospechar la vorágine de acontecimientos que acabarán con su prometedor futuro profesional y borrarán de su carácter cualquier atisbo de soberbia. Locura o maldición, obsesión o embrujo, Helena Kín está poseída de sensuales poderes que la subyugan, gobernando a su antojo a aquellos que la rodean y convirtiéndose en el eje esencial de una trama tejida por obscenas inclinaciones, oscuros intereses económicos y abyecto pragmatismo, en la que nada es exactamente lo que parece.

Redactada en forma epistolar, esta novela de misterio y erotismo está estructurada en dos niveles de lectura complementarios. El lector es libre de disfrutar de una narración de intriga psicológica a través de las cartas del doctor o sumergirse en una historia más profunda y mundana, con las notas del sibilino personaje señor B., para descubrir el significado alegórico de los protagonistas y las veladas referencias a personajes históricos, pudiendo compartir ideas, opiniones y puntos de vista en www.helena-kin.com.

VIRGINIA AGUILERA

Nacida en 1980 en Zaragoza, publica su primera novela como ganadora del Premio Casino de Mieres 2011. Vinculada profesionalmente al comercio internacional, ha vivido en Francia y Reino Unido, y con Helena Kín inicia su andadura en el mundo literario.]

 

La belleza de Helena Kín recuerda a Cleo de Merode.

Incorporo aquí algunos de los textos recientes que le he dedicado a Virginia C. Aguilera.

 

RECOMENDACIONES NAVIDEÑAS / 2

 

La belleza mortal de una mujer maldita

 

Virginia C. Aguilera debuta en la novela con ‘Helena Kín’ (KRK), una novela psicológica y de intriga que ganó el premio Casino de Mieres

 

“Señor, creo que se equivoca. Yo no estoy enferma, estoy maldita”, le dice la joven Helena Kín al psiquiatra que va a visitarla al convento católico de Pittsburgh en 1897, donde se ha recluido voluntariamente. ¿Quién es Helena Kín? De entrada es el personaje que da título a la primera novela de Virginia C. Aguilera (Zaragoza, 1980), que acaba de ganar el premio Casino de Mieres. Y, es, ante todo, una mujer excepcionalmente hermosa, alguien dice que la más bella que ha dado nunca la naturaleza, que ejerce un incontenible poder de seducción sobre los hombres y siembra la perplejidad entre las mujeres.

Helena Kín siempre ha sido especial: ya desde niña, cuando leía poemas en el colegio, cuando paseaba con sus amigas. Ella abunda en aquel verso de Rainer María Rilke: “Todo ángel es terrible”. Su hermosura es de origen sobrenatural, en cierto modo, y a la vez es una inabarcable y fatal: el joven que la protegió algunas noches aparecerá muerto; su cuñado se transformará ante ella sin recato alguno; su propio padre, feliz y enamorado, se suicidará. Helena Kín padece “un complejo entramado psicológico”: es racional, es fría, oculta su emotividad y a la vez es desafiante. Una auténtica e irremisible ‘femme fatale’.

El psiquiatra intenta entender qué le ocurre. Pero lo que iba a ser un caso más en su vida más o menos anodina, está felizmente casado y lleva cuatro años ejerciendo, va a convertirse en un auténtico polvorín o en un viaje hacia la locura, la paranoia, la histeria, hacia el infierno. No sabe bien qué términos emplear: ¿se enfrenta a un sortilegio, a un hechizo, a un enigma? De ahí que la novela sea también una investigación en la vida de la joven: su familia, la relación con su hermana (donde nada es lo que parece) y con su madre, sus comportamientos atrabiliarios, la fuga al convento, donde se dedicará al cuidado de los niños y de los necesitados, en un determinado momento. La novela pertenece al género epistolar: hay cartas del doctor, del pragmático señor B, del cofrade R, de la propia Helena. Y se alternan dos períodos: 1897 y 1898, y 1914. Y nos encontramos ante una narración psicológica, la protagonista presenta diversos vaivenes de caracteres, y a la vez de intriga, donde intervienen patologías, pasiones, la apariencia misma de las cosas y, por supuesto, un bien elaborado clima de inquietud.

Virginia C. Aguilera ha elegido Pittsburgh como podía haber elegido otro lugar cualquiera. No hay demasiadas referencias. ‘Helena Kín’ es una novela con algunos elementos de narración gótica y a la vez está emparentada con novelas del romanticismo más exacerbado y tortuoso, con el mundo de Edgar Allan Poe y los simbolistas, o con ficciones como ‘Rebeca’ de Daphne du Maurer. Y si pensamos en el cine, podríamos pensar en ‘Laura’ de Otto Preminger, por ejemplo. La autora, que se declara admiradora de Alejandro Dumas, ya ha anunciado que ‘Helena Kín’ es el principio de una trilogía.

 

Helena Kín. Virginia C. Aguilera. KRK. Oviedo, 2011. 156 páginas.

 

 

Virgina C. Aguilera

gana el premio de

Novela de Mérida

con ‘Mundo salvaje’

 

Antón CASTRO / Zaragoza

 

 

La escritora Virginia C. Aguilera (Zaragoza, 1980) acaba de ganar el premio de novela de Mérica ‘Juan Pablo Forner’, dotado con 18.000 euros, con ‘Mundo salvaje’, la historia de “una pareja formada por un hombre mayor y una mujer joven que sufren un accidente en una carretera perdida de un país tropical”. Virginia C. Aguilera, vinculada al comercio internacional, acaba de debutar en la narrativa con otra novela premiada: ‘Helena Kín’ (KRK. Oviedo), la historia de una enigmática hermosa mujer, recluida en un convento de Pittsburgh, que mereció el premio Casino de Mieres.

Dice la escritora: “Mundo Salvaje’ es una novela que escribí antes que ‘Helena Kín’, más larga, de unas 250 páginas, narrada con un estilo y un lenguaje más actuales. Recibir este premio ha sido toda una sorpresa. Sabía que era finalista, y aunque consideraba que la historia era atractiva y estaba bien escrita, no podía imaginar que podía ser seleccionada. Estoy muy feliz”. Virginia, a quien le interesan las historias de compleja psicología y un fondo romántico, casi siempre turbador, amplía el argumento de ‘Mundo salvaje’, que será publicada en breve por el sello barcelonés DVD: “Ivi, la protagonista, es una mujer de extraordinarias cualidades que trata de hacerse un hueco en el salvaje y artificial mundo de la política. A su lado, un hombre maduro, su amante y mentor, transita entre la pasión que en él provoca la esencia excepcional de aquella mujer, y el resentimiento que le produce saberse superado por su pupila. Juntos emprenderán una aventura que les llevará a otro mundo, también salvaje, donde los peligros son físicamente reales, y en el que ambos descubrirán que la Bestia que allí habita, y los somete, forma también parte de ellos mismos”, señala esta joven escritora que ha residido en Francia y en Inglaterra. En ‘Helena Kín’, Virginia C. Aguilera planteaba el misterio que envolvía a una mujer joven que ejercía una fascinación irresistible y fatal en su derredor entre 1897 y 1914.

 

 

REYES GUILLÉN: TRES POEMAS

REYES GUILLÉN: TRES POEMAS

[Reyes Guillén fue seleccionada por Ángel Guinda para su antología de poetas aragonesas, ‘Yin’ (Olifante). Desde entonces es una voz revelada y una voz en rebelión. Ha publicado más poemas y hace poco, el pasado febrero, presentaba en Antígona el libro ‘Circular a veces’, que ha escrito con Inés Ramón, en el sello Lola Editorial, que dirige Manuel Forega. He aquí tres poemas de ese volumen. Su compañero David Francisco, ahora distribuidor de Olifante, le ha subido algunos vídeos a youtube.]

 

 

EL ARMARIO

 

 

Tengo el armario lleno de tristezas:

viejas tristezas, tristezas usadas,

alguna tristeza pasada de moda

y últimas tendencias en tristeza.

 

Tengo un fondo de armario lleno de dolor:

dolores apolillados, dolores muy llevados,

pero también algún dolor de usar y tirar.

 

Cuando alguien me coge de la mano

le cuento lo que tengo,

mucho frío y un poco de dolor.

 

Pero cuando alguien me coge de la mano

y me mira a los ojos,

 

entonces

 

le cuento lo que tengo.

 

 

*

 

 

TIERRA

 

 

No me preguntes, tierra,

por qué te llamo.

 

No te extrañes

si a ti me inclino,

si mi inercia

a ti me lleva.

 

Si sabes, tierra, que

dentro, en ti muy dentro

nacen las flores

y viven

las madres muertas.

 

 

 

MI BISABUELA

 

 

Mi bisabuela se cortó las venas,

desde entonces

los sangrados y los cuchillos

se suceden por nuestros genes:

hemorragias, leucemias...

 

En mi familia

las tristezas son los ríos

que van a dar al acero,

silencio que apaga el llanto.

 

Mar que todo consuela.

 

*La foto es de Jean Loup Sieff, 1984. La de la anciana es de Edouard Boubat.

 

 

 

BEGOÑA ABAD: NUEVOS POEMAS

[Hace unos días, viajé a Barcelona con Ángel Guinda y su mujer Raquel Arroyo, Trinidad Ruiz-Marcellán y David Francisco. En el viaje, Trinidad, editora de Olifante, me pasó el nuevo poemario de Begoña Abad, una burgalesa que pone en el alma y la lucidez en cuanto escribe. Reyes Guillén, tan amable siempre, me envía una pequeña selección de poemas de esta mujer que es todo corazón, sinceridad, hondura y temblor. Este sábado, a las 19.30, se presenta el libro en el espacio cultural La Pantera Rosa, en la calle San Vicente de Paúl.]

 

 

Poemas de 'Cómo aprender a volar' de Begoña Abad

 

 

 

 

Me gusta la brevedad, me dijo

sólo te amaré lo que dure la vida.

 

 

 

*

 

 

Mi abuelo no salió de su pueblo.

El pueblo tenía cuatro casas,

cuatro calles, cuatro caminos,

cuatro vecinos, cuatro perros.

No había en él ni obispos, ni ministros,

ni putas, ni altos cargos,

no había empresas, ni banca, ni iglesia había.

En realidad no salió nunca de su molino.

Ya es casualidad que por aquel lugar,

remoto y olvidado,

acertara a pasar la vida.

Mi abuelo hablaba poco, pero sabía mucho,

todo lo aprendió mirando la muela

que, implacable, con el mismo eterno movimiento,

machacaba siempre el grano, hasta hacerlo polvo.

 

 

 

*

 

 

No necesito un hijo que me quiera,

ni que sea feliz, ni hermoso,

ni que triunfe y me sonría,

ni un hijo que me cuide,

me proteja, me tutele.

Necesito, simplemente,

un hijo que me sobreviva

y al que poder amar hasta el final.

Si me faltara,

¿qué haría yo con tanto amor

como me crece para él

cada mañana?

 

 

 

*

 

 

 

A los cincuenta me nacieron alas.

Dejaron de pesarme los senos

y los pensamientos que cargaba desde niña.

A las alas les enseñé a volar

desde mi mente que había volado siempre,

y comprobé desde el aire

que mientras yo anduve dormida tantos años

alguien trabajaba afanosamente

recogiendo plumas para hacer esas alas.

Tuve suerte de que cuando estuvieron hechas

me encontraron despierta en el reparto.

 

 

*

 

 

Si me hubieran leído poemas

desde niña...

nunca habría dejado de ser niña...

 

 

*

 

 

Podría haberme emborrachado

de ansiolíticos potentes

o de vodka barato.

Podría haberme enganchado

a la coca, a las telenovelas

o al chocolate.

Podría haberme hecho adicta

a tus ausencias

a tu malquerer, a tu dolor,

a tu lista de contraindicaciones,

pero preferí averiguar

qué eran los dos bultos

que me nacían en la espalda

y echarme a volar.

 

 

 

*Todas las fotos son de un fotógrafo estupendo, ya fallecido: Jean Loup Sieff.

 

CARLOS ALCORTA: UN POETA EN BICI

Carlos Alcorta (Torrelavega, 1959) me envía esta poema inédito. Es un honor. Es un estupendo poeta, autor de libros como ‘Lusitania’ (1988), ‘Compás de espera’ (2001) o el que acaso sea mi favorito: ‘Corriente subterránea’ (2004). Ha codirigido la revista ‘Ultramar’. Me manda el poema con esta preciosa carta:

 

“Mientras busco el archivo de Corriente subterránea, he comprobado tu pasión ciclista y leído el poema que has colgado en el facebook. Poema que ha provocado que afloraran muchos recuerdos infantiles. Yo iba todos los días en bicicleta al instituto, distante 4 ó 5 kilómetros, hiciera frío o calor, lloviera o helara y, los fines de semana, hacía excursiones de 40 ó 50 kilómetros con algunos amigos. Estaba bien entrenado y no se me daba mal el pedaleo, sobre todo las pendientes. Tenía madera de escalador. Ah, qué años.

Bueno, a lo que iba. Como la afición sigue existiendo, aunque ya no monte ni en una bicicleta de paseo, te envío este poema, escrito hace unos meses, el pasado verano, y que seguramente sufrirá alguna corrección final”

 

 

 

DESCENSO ALPINO

 

Algo no marcha bien.

Desconecta el auricular. Desoye

las órdenes de equipo. Agudiza

el oído tratando de averiguar de dónde

procede el amenazador silbido

que agarrota sus músculos

y desvía su esfuerzo ahora decreciente

hacia un dios cuyo rostro

adivina entre sombras galopantes.

 

Interrumpe por fin el pedaleo.

En el descenso

frena suave a la entrada de una curva

pero no evita que los tubulares

se deslicen romos por el arcén

y siente como si le deslumbrara

una luz negra cuando se reintegra

al asfalto. Confunde la fricción

en las llantas de pinzas y zapatas

con el trino de mirlos y jilgueros,

con un son de punzones que percuten

regulares en las piedras de cantera,

con el violín del viento entre las frondas.

No puede detenerse, aunque presiente

que una rótula, un buje defectuoso

le apartará definitivamente

de la carrera. Pugna contra sí

mismo, contra el dolor y  la fatiga.

 

Cuando cruce la meta,

ensayando un ceremonial privado,

rezará una oración infantil que mitigue 

su infundada desesperanza,

como cuando siendo un adolescente

el deseo era tan intenso

que lograba paralizar su mente

y rogaba a ese dios en el que aún

creía, que suministrara arrojo

a sus manos promiscuas, vacilantes

sobre la cima oscura del pezón

que se yergue complaciente.

 

CARLOS ALCORTA (inédito)

 

*Las cuatro fotos son de un extraordinario fotógrafo, un auténtico especialista en la fotografía con bicicletas: Stanko Abadzic, que nació en Vukovar, Croacia, en 1952. Para mí es un auténtico maestro. Un maestro de la luz y del contraluz, del contraste, de la sombra, un poeta de la sutileza y de la composición que posee una gran variedad de temas.

 

 

 

POEMAS DE JÜRI TALVET, EN OLIFANTE

Albert Lázaro-Tinaut publicaba hace muy pocas semanas la antología 'Del Sueño, de la nieve’ (Antología 2001-2009) del poeta estonio Jüri Talvet, que también es traductor de poesía catalana y española y colaboró en la revisión de las versiones de las composiciones. Ofrezco aquí, por gentileza de Albert y de Jüri, una selección de poemas y un pequeño retrato del vate. El libro ha sido editado en versión bilingüe por Olifante.

 

 

 

[RETRATO DE JÜRI TALVET, POR ALBERT LÁZARO

 

Jüri Talvet, nacido en la ciudad costera de Pärnu, en el sudoeste de Estonia, en diciembre de 1945, era, cuando empezamos a relacionarnos, un estudiante de filología inglesa en la Universidad de Tartu, de la cual es actualmente catedrático de literatura comparada y en la que, en 1992, fundó los estudios hispánicos en todos sus grados, incluido el doctorado. Su labor incansable, sin embargo, ha ido mucho más allá de sus responsabilidades académicas, lo ha convertido en el más prolífico de los traductores estonios de las literaturas ibéricas: suyas son las versiones al estonio del Lazarillo de Tormes y de obras de Quevedo, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Baltasar Gracián, Vicente Aleixandre, Salvador Espriu, Ramón Gómez de la Serna, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Fayad Jamís, Eliseo Diego, Francisco de Oráa, Roberto Fernández Retamar, Fernando Pessoa, Carlos Vitale y un sinfín de autores más de las literaturas española e iberoamericana, catalana, gallega, vasca y portuguesa.]

 

 

 

BREVE TRAYECTORIA PERSONAL

 

Gracias. No hay de qué. Haré todo

lo que esté en mi poder. Excelencia.
Majestad. Os beso las manos. La lluvia caía

con tanta elegancia que invitaba a la pérgola

a desplegarse como un paraguas verde,

empapado sobre nuestros cerebros desnudos

y acartonados. Te sabías mover como nadie

entre los matorrales, pero ¡ay!, de repente

te diste de bruces con un terrón de gleba.

Con el cráneo hecho trizas podías saberlo

todo de antemano, lo que quedaba atrás,

a la derecha y a la izquierda, en qué momento

había que inclinarse cuando desfilaran portando

el Grial. Ahora ya no sabes nada, pero tus ojos

están limpios de nuevo. Adiós, pues. Nos cruzamos

y pasamos de largo: el este del oeste,

el hombre de la mujer, el “otro” del “otro”, 

el amigo del amigo.

 

 

 

EUGENIO

 

En Holstebro adonde llevan desde el aeropuerto

taxis-limusina y donde la gente del lugar

almuerza en lujosos restaurantes

vive Eugenio Barba que no tiene barba y que

no es vikingo ni siquiera danés pero de cuyo

perfil bronceado lanza llamas a un tiempo  

la pasión que tan fácilmente se frunce en Cicerón                      

y la sabiduría del único ojo de Odín y que sabe

cómo hacer que un danés corpulento de piel tersa

y con un aro en la oreja se mueva por la escena

con una chaqueta empapada y que una mujer

a quien amaba locamente otra mujer (que acabaría

quitándose la vida) metamorfosee su fuero interno

ante los grandes ojos verdes que han llegado

en taxis-limusina y que el hermoso joven de pelo

rizado incline tras su acordeón hacia adelante

y hacia atrás su cuerpo siendo ya Guilhermino Barbosa

(¿tenía barba éste? Véase el Dicionário Enciclopédico

Brasileiro vol. 2 p. 659) ya Edipo (léase Freud

Gesämtliche Werke cualquier página) y él que         

aun sin las fábulas del Nuevo Testamento

ha estado en ti desde el principio de los tiempos

y al que todo amanecer eleva a otro tú detrás

del horizonte que hoy coloca su lazo

alrededor de tu cuello  

 

EL HOMBRE Y LA MUJER

 

¡Ay del hombre que transita los caminos

del tiempo, tan a medio hacer que siempre

hacen falta adjetivos para complementarlo!:

homo sapiens, homo ludens,

homo politicus o bien homo sexual.

Pero la que suele conocerse como

costilla del hombre no es un hueso,

porque su nombre tampoco

pende de otro nombre,

sino que huele –independientemente

de la lengua en que se pronuncie–

siempre a lo mismo: a hierba,

a mar, a tierra limpia o a aire,

o, si se quiere una imagen

más precisa, sólo a sí y únicamente

a sí, a sí misma: a mujer.

 

 

A UN ESCRITOR NATURALISTA

 

Te mando un montón de ropa vieja

para que les pongas calcetines, pantalones

y un abrigo ligero, por lo menos,

a tus personajes que, según dices,

han sido tomados de la vida misma.

(Quien haya sido tomado de la tierra, ése ...)

Quien haya sido tomado de la vida, volverá

a la vida. Pero ya que los pintas desnudos

acuérdate que en la calle, mientras tanto,

ha empezado el invierno.

 

 

GARE D’AUSTERLITZ

 

Arden las plantas de los pies después de caminar

muchos kilómetros, trepar y trepar por escaleras

hasta la sonrisa de Monna Lisa, las nieblas de Monet,

el desayuno de Manet sobre la hierba, donde

se ve a una mujer que siente frío −¡y debe

de temer a los mosquitos!−, Gauguin, Cézanne,

Degas, sus bailarinas y sus bañistas, desnudas

algunas, otras tiritando, azules, bajo un leve tul,

las muchachas de Toulouse-Lautrec que se ofrecen

alegremente en la rue Voltaire, aunque ahora

en torno a Saint Denis las que pululen sean negras,

son otros tiempos, éstas conversan a través de

teléfonos móviles y acarician, distraídas, las

cabezas calvas de Rodin, no tengo tiempo, he

de hacer otras cosas, en la plaza de Verlaine

Verlaine no está, una multitud abigarrada pasa

raudamente ante Franciabigio, que, con sus

ojos apresurados hacia el futuro pudo prever

cómo del firmamento azul, a sus espaldas,

surgiría algo nuevo y cómo Courbet, en el sótano,

después de haber levantado apenas veinte

centímentros la ropa de un cuerpo anónimo,

era capaz de seguir balbuciendo sin pudor:

esto sí, esto sí que es el origen del mundo.

 

 

MÍRAME

mira mira mira

hasta que te vuelvas transparente,

hasta que las golondrinas puedan anidar

en ti. Toca mis dedos diminutos para aprender

a mantenerte de pie en el aire por encima

de las sombras. Para que con los ojos

cerrados sepas ajustar las plantas desnudas

de tus pies a las fibras de la cuerda floja.

Bajo las palmas de la mano, sobre la noche

se acumula el murmullo de mi voz.

Yo nunca más me volveré a dormir.

Tú no viajarás nunca a África.

 

 

*La foto del poeta es de Albert Lázaro; todas las demás son de Patrick Demarchelier. 

 

 

 

 

 

 

 

BEATRIZ DE VAL EVOCA AL ESCRITOR MARIANO MIGUEL DE VAL

BEATRIZ DE VAL EVOCA AL ESCRITOR MARIANO MIGUEL DE VAL

[Como publicaba ayer, el pasado febrero, Beatriz de Val, profesora del Instituto Cervantes de París, presentaba su tesis doctoral en la Universidad de Zaragoza bajo la dirección de Jesús Rubio Jiménez sobre el poeta, dramaturgo, periodista y activista cultural Mariano Miguel de Val (Madrid, 1875-1912). Su labor recibió el premio ‘Sobresaliente cum laude’. Aquí, Beatriz de Val responde a algunas cuestiones para conocer mejor a este personaje que fue amigo de Cavia, Juan Ramón, Machado y, muy especialmente, de Rubén Darío.]

 

-¿Cuál es la relación de Val con Zaragoza? Dices que vivió aquí parte de su infancia... ¿Venía a menudo?

 

Él nació en Madrid aunque la familia paterna era aragonesa; de hecho el escritor borjano Romualdo Nogués era tío suyo y fue quizás de él de quien heredó el fervor monárquico que con su padre no compartía. Durante la infancia solo venía a Zaragoza en verano y en algunas fiestas, fue ya en su juventud cuando se instaló aquí un par de años para terminar los estudios y se prometió con la hija de una prima suya: Encarnación Pascual con quien contrajo matrimonio también aquí en 1904.

Lo cierto, es que tuvo siempre muchísimo apego a esta ciudad, desde niño les escribía cartas a sus primos contándoles lo difícil que le resultaba estar lejos y en 1902 en un artículo en el Heraldo de Aragón escribió: 

"No puedo menos que sentir una satisfacción muy honda: la de verme a pesar de la distancia en comunicación con la tierra querida. Soy como aquel aragonés que cuando vino a las fiestas de San Isidro no podía dormir más que cara a su pueblo".

 Para él cualquier ocasión era buena para exaltar las bondades de Aragón, de hecho fue uno de los miembros fundadores del Centro aragonés de Madrid en 1906 y el impulsor de otras muchas empresas culturales relacionadas con Zaragoza.

En 1875, año de su nacimiento, su padre trabajaba en Madrid: era magistrado y tenía un famoso despacho en el centro, era también presidente del Comité republicano federal del distrito de Congreso y un miembro muy activo del Ateneo, por eso no podía ausentarse mucho de la capital y allí nacieron allí sus dos hijos. En realidad, Mariano de Val aunque pasó la mayor parte de su vida en Madrid; allí nació y murió y desde allí, aunque haciendo continuas idas y venidas a Zaragoza, coordinaba las miles de cosas que tenía siempre entre manos.

 

-Dirigió el Diario de Avisos ¿Cómo fue ese período, qué tipo de director era, en qué se notó su mano?

Bueno, desde el año 1900 fue colaborador habitual del Diario de Avisos y también de El Heraldo de Aragón, donde tuvo una sección fija que se titulaba “crónicas madrileñas” con artículos realmente interesantes sobre la actualidad en la corte, que me han sido de grandísima ayuda para reconstruir su vida y recrear el pulso del Madrid de aquellos años.

Mariano Miguel de Val con Galdós y Machaquito II.

En el Diario de Avisos, ya desde 1900 escribía artículos que firmaba con el seudónimo Miguel de Samos. Fue a finales de 1907 y con los ojos puestos en el Centenario de los Sitios y en la Exposición Hispano Francesa, cuando asumió la dirección, buscando modernizarlo, renovarlo y ponerlo al nivel de los grandes diarios nacionales.

Bajo su mandato El Diario vivió, creo, la época más brillante de su vida, una época caracterizada por un inusitado hasta entonces interés por la literatura, que incluyó la publicación de cuentos y firmas de grandes escritores de todo el país, y un aire modernista general que lo enemistó con otros diarios mucho más conservadores como El Noticiero.

 

-¿Qué relación real tuvo con Juan Ramón, con Machado, con Rubén Darío?

Bueno, la verdad es que Mariano Miguel de Val era un conocido de todos en aquellos años, cuando comencé a buscar información en la prensa del momento, comprobé con asombro que no había una sola semana en la que no apareciera en los diarios alguna alusión a su vida, a sus empresas o a sus obras. Durante 4 años fue director del Ateneo de Madrid y fue allí donde trabó amistad con todos los grandes.

Con Juan Ramón tuvo una relación de cariño y admiración, De Val lo admiraba como poeta y Juan Ramón más como hombre,  aunque no comulgaba siempre con su gusto por los actos solemnes y la fundación de Academias.

Rubén Darío. Su gran amigo.

Con Rubén Darío tuvo una relación mucho más intensa e íntima; se conocieron a través del amigo común Mariano Cavia y estrecharon su amistad cuando Rubén volvió en 1908 a Madrid con la misión de la Legación de Nicaragua. Podríamos decir que De Val fue el español que mejor lo conoció y más sinceramente lo ayudó en sus años españoles. Rubén se refería a él con las palabras: ¡hombre admirable, admirable! Compartieron mucho, ¡incluso casa!, porque cuando la legación atravesaba serias dificultades económicas, de Val decidió trasladarla a su propio domicilio para evitar el desahucio y hacerse secretario personal de Darío que también vivía momentos difíciles por culpa de sus desórdenes con el alcohol. Se reunían semanalmente para conversar y hacer versos, frecuentaban los cafés, sobre todo el Ideal Room en la calle Alcalá junto al amigo común Amado Nervo y a otros americanos residentes en Madrid. De Val llegó a escribir para Rubén cartas e incluso dedicatorias de sus libros. La correspondencia entre ellos revela una preciosa y sincera amistad.

 

-Escribió un ’Romancero de los Sitios’. ¿En qué estética se aliaría?

 

En realidad, él no lo escribió sino que lo compiló. Solicitó la participación de escritores de todo el país formar el Romancero. Organizó primero desde el Diario de Avisos un certamen en el que participaron más de 300 poetas, para seleccionar los mejores cantares.  El primer premio lo ganó Carlos Fernández Shaw con un cantar titulado “La Torre Nueva”, con ese texto, los demás seleccionados y algunos otros, que no habían entrado en concurso como su propia “Jota de los Sitios”, armó el Romancero que publicó en su sello editorial “biblioteca Ateneo”. El estilo, al ser una compilación, es variado y diverso.

 ¿Cuál es su libro más importante?

Se titula "Edad Dorada" y fue publicado en 1905, es su más vasto poemario donde, como dijo su amigo Rubén Dario, "quiso poner la flor armoniosa de su juventud". Alternan las estrofas clásicas que van del soneto a la copla pasando por liras y madrigales. Sus amigos lo llamaban El poeta triste porque, como si algo por dentro le hiciera intuir la brevedad de su vida, dejaba entrever en sus versos la sombra de una profunda melancolía. 

 -Desde un punto de vista poético, ¿cómo definiríamos la obra de Miguel de Val? Es de la edad de Machado, ¿estaría cerca de él, en una estética muy distinta?

 Su obra poética no es muy vasta entre otras cosas por su joven muerte. Lo cierto es que en su día fue un poeta aplaudido y respetado. Sus versos son de un modernismo alegre y poco militante que huye de extravagancias o estridencias y que se resiste al verso libre y a los temas no decimonónicos. Juan Ramón dijo de su libro Edad Dorada: me gusta porque es romántico y sentimental dentro de su pseudo-clasicismo aparente, otros lo alabaron por su “clásica modernidad”. (Ya se sabe que en aquellos días el debate entre modernistas y anti-modernistas estaba de actualidad y la definición de modernidad no estaba tan clara.)

Él admiraba mucho a Machado, de hecho declaró en más de una ocasión que le parecía el más hondo e inspirado poeta contemporáneo, fueron muy amigos y creo que a De Val le hubiera gustado mucho firmar los poemas de Machado.

 Hablas mucho de la Academia de Poesía, un asunto controvertido. ¿Cuál fue su protagonismo real, el de Mariano Miguel de Val y el de la propia Academia?

 La Academia de la Poesía Española que llegó a cobrar dimensiones extraordinarias es un único y olvidado episodio de nuestra historia cuyo fundador y motor fue Mariano de Val. La primera noticia escrita de la Academia de la Poesía data de 1909, aunque fue al menos cuatro años antes cuando se empezó a gestar en la mente de Val la idea de crear una casa cobijadora y protectora de los poetas españoles, que fuera algo así como las cortes de la poesía nacional. Es evidente que una idea con tales pretensiones no nace de manera espontánea sino como resultado de un proceso que, en este caso, responde a las particulares circunstancias de la España del cambio de siglo: que van desde el Desastre del 98 hasta la invasión modernista pasando por la incursión del positivismo que muchos interpretaban como principio del fin de la poesía.

La Academia de la Poesía tuvo un importante papel entre 1909-1912 como propagadora de la poesía y difusora y creadora de la estética castiza. La Academia estuvo directamente sancionada por los reyes y domiciliada en unos lujosos locales de la presidencia del consejo de ministros. Adhirieron centenares de poetas de España e Iberoamérica, la nómina de socios es extensa y no faltan los más grandes escritores de aquellos años ( los hermanos Machado, los hermanos Álvarez Quintero, Valle Inclán, Rubén Darío, Amado Nervo, Juan Ramón, Marquina, Martínez Sierra, Santos Chocano, Villaespesa...) Se organizaron veladas y concursos, premios, clases y homenajes, se editaron libros, no se hablaba de otra cosa en la prensa pero sus ambiciones, que iban mucho más lejos, no lograron sobrevivir a la falta de su director y la Academia dejó de existir el mismo día de agosto de 1912 en que moría Mariano de Val en su casa de Madrid.

Murió muy joven. ¿Hacia dónde derivaría, según piensas tú?

Según dicen las notas de prensa, murió a causa de una larga y penosa enfermedad, yo creo que era cáncer aunque no tengo muchos más detalles; en muchas fuentes se insiste en que el ritmo de trabajo febril que llevaba aceleró su muerte, lo cierto es que parece increíble que estando tan enfermo pudiera hacer tantísimas cosas.

¿Se pueden adquirir libros del poeta?

Lamentablemente, nunca se ha reeditado su obra, así que hay que leerlo en las primeras ediciones de principio de siglo. En una reciente antología de jotas creo que apareció alguna suya. Yo planeo añadir una pequeña antología al libro que preparo sobre su vida y obras y también me gustaría reeditar los artículos de la serie "crónicas madrileñas" y algún disperso más que son realmente interesantes. También, cuando buscaba papeles entre las cosas de la familia, encontré dos obras de teatro manuscritas e inéditas y a veces fantaseo con la idea de representarlas sino tal cual están reescritas y adaptadas con lo que ahora sé.

 ¿Su gran amigo aragonés fue Mariano Cavia?

Sí, de Val lo llamaba "el maestro" y según cuenta solían ir juntos al Café Pombo a degustar sus deliciosos sorbetes y charlar de Aragón y libros, Cavia participó en todas las grandes empresas de Val como la Academia, la revista Ateneo o los actos del centenario del Quijote y el de Los Sitios en Zaragoza. También tuvo mucha amistad con otros aragoneses como García Mercadal, los Royo Villanova o Rafael Pamplona con quien escribió a medias algunas obras de teatro que quedaron inéditas y cuyos manuscritos atesoro. En Zaragoza de Val era un conocido de todos con muy buenas relaciones y mucha influencia, de hecho, llegó a conseguir para su amigo Rubén Darío la Medalla de Oro de los Sitios.

ZARAGOZA / DESDE EL PILAR

 

Desde la altiva torre la vista se dilata

sobre las anchas cúpulas y esbeltos capiteles,

por la vasta llanura de frondosos vergeles

donde el Ebro sus ondas fecundantes desata.

Rico blasón heráldico, cuya bandera de plata

es el río que corta los múltiples cuarteles,

campos de trigos de oro, frutales y laureles

y musgosos ribazos floridos de escarlata.

La fértil vega, el huerto, la riente pradera,

llenan los infinitos cuarteles de colores,

y su casco de oro, de opulenta cimera

coronada de nubes como plumas de raso

blancas, azules, rojas de vívidos fulgores,

es el sol, que agiganta su incendio en el ocaso.