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Antón Castro

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JOSÉ LUIS SAMPEDRO: UN DICCIONARIO

JOSÉ LUIS SAMPEDRO: UN DICCIONARIO

[El pasado martes, José Luis Sampedro (Barcelona, 1917) recibía el premio Nacional de las Letras. Hace un par de años, en el verano de 2009, Paco Martín Martín, especialista en la obra de José Luis Sampedro, me invitó a participar en un curso de la Universidad de Verano de Jaca dedicado al autor de ‘La vieja sirena’. Leí todos sus libros, recordé nuestros encuentros y nuestra correspondencia (me escribió mucho a Urrea de Gaén y a La Iglesuela del Cid en los años 90), y confeccioné este diccionario, en el que recuerdo a un amigo inolvidable: Francisco Gonzalo Gómez, que murió de infarto demasiado joven, demasiado, y que era un enamorado absoluto del mundo y de la sensibilidad, del compromiso y de la lucidez de José Luis Sampedro, que vivió en Zaragoza y se casó, en segundas nupcias con Olga Lucas, en Alhama de Aragón. Esta maravillosa foto es de Jordi Socías, uno de esos fotógrafos extraordinarios al que he seguido con admiración y cariño a través de ’El Europeo’ y de ’El País’. Hace unos días, con Jonás Trueba y Daniel Gascón por mensajeros, me envió desde Washington un libro dedicado. He aquí un maravilloso retrato Jordi Socías-José Luis Sampedro.]

 

SAMPEDRO: ACASO UN DICCIONARIO

 

Antón CASTRO

 

ADOLFO ESPEJO. Empezamos con este muchacho, airado contra sí mismo, que tenía tantas ganas de saber y de disfrutar el mundo, tanta ansiedad, que parecía disolverse en hastío, en incertidumbre. Tenía sed de vida y de amor: era víctima de la soledad y parecía buscarla, era víctima de los despertares de su propio cuerpo y parecía sentirse un extranjero dentro de él. En el fondo, este es el primer héroe o antihéroe de José Luis Sampedro, un alter ego que asomaba a su novela ‘La estatua de Adolfo Espejo’, que concluyó hacia 1939 y apareció en 1994. Adolfo concentra muchos de los momentos decisivos de Sampedro: sus años de nomadismo, su estancia en Zaragoza, en los jesuitas, sus viajes a Melilla donde, tal como le sucedió a José Luis con Ahisa, conoció el vendaval del amor, el estrépito del deseo. De algún modo, ese personaje reaparece en una novela delirante, en una crónica de costumbres y de desmesuras: ‘El caballo desnudo’ (1971). Es Adolfito quien denuncia la visión en paños menores del équido, y ocurre lo que ocurre. El mundo, fanático y angosto, se desordena de manera terrible con esa moralidad de pandereta. Quizá ‘El caballo desnudo’ sea el libro más desternillante del autor, el más satírico.

 

 

José Luis Sampedro y Olga Lucas, en una foto de 'El País'.

 

ALHAMA DE ARAGÓN. Es un paraíso con agua y selva en la tierra. José Luis Sampedro, escritor, pensador y economista, se refugia allí desde hace medio siglo. Suele decir que es para relajarse, para combatir el estrés, para reencontrarse con la naturaleza. Han sido muchos los autores que han hablado de su sentido de la descripción y de su mirada frente al paisaje. Allí quiso celebrar una ceremonia inolvidable: en medio de las neblinas y los vahos que emergen de los lagos, se unió a Olga Lucas. En el fondo, Alhama tiene algo de persistencia de lugares muy queridos por el narrador: el mar, el río Tajo de los gancheros y los recuerdos, los humedales y los jardines de Aranjuez. En la dedicatoria de ‘La vieja sirena’, el escritor agradece “Finalmente, a mi circunstancia: cinco ambientes con A que se hicieron refugio. Alhama de Aragón, Alicante, Aranjuez, Aravaca y la principesca hospitalidad de Andorra”.

 

AMOR. Sampedro escribió, en ‘Octubre, Octubre’, citando a Rumí: “Bajo la visible evolución de las formas es la fuerza del amor lo que impulsa todo progreso”. “De no ser por el amor, ¿cómo hubiese llegado a existir nada?’. Y también proclama con el clásico: ‘Ama y haz lo que quieras’. El amor con todos sus complejos apéndices o derivados es el personaje más importante de todas sus novelas. El amor es la creación total que ansía página a página, personaje a personaje. Leemos en ‘Octubre Octubre’: “Al hacer el amor éramos todavía más libres, no sé cómo explicarte, más inocentes. Diría que más puros, pero la palabra ‘pureza’ está manchada por los curas. De verdad, sentirse pura antes de amar es muy fácil, pero falso. La pureza sólo llega a ser auténtica haciendo el amor”. Recojo en ‘La vieja sirena’: “El Amor siempre es verdad”.

 

ARANJUEZ. Ese lugar cantado por los poetas, por los músicos, y pintado por el pincel matizado de Santiago Rusiñol, entre otros, es un espacio fundamental. Es el jardín de la memoria, el edén exuberante de verdura, de belleza, de misterios,  pero también es el hechizado solar donde Sampedro se reencontró consigo mismo y, muy especialmente, con su padre, aquel médico militar que era capaz de tocar instrumentos de púa, dibujar mapas y planos, realizar fotografías y hablarle, así, como habla el viento y como quien no quiere la cosa, del conocimiento. Ha dicho José Luis que allí disfrutó de su padre como nunca. Él fue la figura tutelar, el amigo soñado, la puerta a la sabiduría y a un sinfín de emociones, y además estaba en un real sitio con solera, con nobleza. Aranjuez reaparece en muchos libros, como un pespunte, como una sugerencia, como un instante de plenitud, y aparece sobre todo, con su hermosa complejidad, en la novela ‘Real Sitio’ (1993), que narra dos historias distintas y complementarias, una en 1807-1808 y otra en 1930-1931, y que ensaya, de nuevo, un modelo de novela histórica muy personal. Ahí estaban muy claros algunos temas decisivos de Sampedro: el tiempo y sus laberintos, los ecos de la II República, la dignidad de los amores tardíos, la idea de segunda oportunidad mientras haya aliento y una piel que sentir al lado, un cuerpo, unos luminosos ojos henchidos de edad. Aranjuez es el escenario de ‘Real Sitio’, un libro cuya prosa refinada y elegante se corresponde con su ámbito y con su leyenda de majestuosidad, de aroma, de intimidad y de amotinamientos. Es un “paisaje definitivo del alma” y es, a la vez, ese lugar que le permite decir al autor: “Mi paraíso terrenal está situado en esas riberas del Tajo”. Anoto aquí una hermosa reflexión de Yvan Lissorgues: “Real Sitio es la plena recuperación, con la palabra, del tiempo pasado que nunca se da como tiempo perdido”. Como si apostillase, ha escrito Sampedro: “El Real Sitio fue decisivo para orientar mi vida y por eso ha permanecido siempre en mi corazón”.

 

BRUNO. La novela donde se produjo esa alquimia perfecta de identificación entre el escritor y el lector fue ‘La sonrisa etrusca’ (1985), el relato del anciano Salvadore que se ha quedado viudo y visita a su hija, que tiene un niño, Bruno. La novela, así de entrada, era como un grito de soledad del narrador. La historia nació en Estrasburgo, en la casa de su hija, “donde me había nacido un nietecito”, y el novelista tenía en la cabeza a Goethe y su primer amor, Federica Brion, porque veía los parajes donde el joven escritor alemán había recibido sus primeras lecciones de amor. Ha escrito Sampedro: “Una noche algo como un gemido me despertó y me hizo acudir a la alcobita del niño. La nevada caída durante el día reflejaba el resplandor lunar y el de las farolas callejeras derramando por el ventanal una líquida claridad mágica. Todo era silencio; ¿habría yo soñado aquel gemido? Me acerqué a la cuna y contemplé la lunita del rostro. Iba a retirarme cuando el niño me retuvo abriendo los ojos, redondos y misteriosos como pozos oscuros. Antes de sollozar le cogí en brazos y envolví nuestros cuerpos en una manta, acunándole mansamente. Pero tardó en dormirse y, al paso de los minutos, iba el niño pesando en mis brazos, entrándose en ellos y haciéndome suyo al hacerse mío… Eso fue todo: evadirme con él del reloj y de los mapas, contemplar su carita aún no surcada por los afanes y los días, respirar su olor lácteo y frutal, acoger la elástica firmeza del cuerpecito, flotar juntos en la noche transfigurada. Eso fue todo”. Ese niño acabaría siendo Bruno, Brunettino, el nieto de Salvatore, y se llamaba Bruno como se llamó él cuando era partisano y combatía con los nazis. El nombre era un juego del azar y un homenaje de su familia. Sampedro redactó una novela emocionante durante muchas noches, en la hora ideal de la madrugada, y trasladó la acción a Calabria. Le añadió algo que le obsesiona desde hace mucho tiempo: la idea de una última pasión que alumbra el túnel de la despedida y lo llena de dignidad, de hermosura, de grandeza inadvertida, de sigilosa plenitud. Eso sí, redactó aquella novela humilde y artesana, ‘La sonrisa etrusca’, con el estilo más difícil, “el más sencillo”, y con ternura, con emoción, con profundidad y con el intento de entender la vida. José Luis Sampedro, que es un vitalista más que un optimista, se ha pasado la mayor parte de sus días de escritor intentando comprender los pliegues del existir.

 

CASTILLO, ANTONIO. Es el protagonista de ‘La sombra de los días’, una novela concluida en1945 y publicada en 1994. Podríamos decir de manera simple que es la visión de la Guerra Civil de Sampedro. Se trata de una ficción redactada en cuatro partes, en cuatro voces y un prólogo. Es un ensayo sobre el punto de vista, un libro puzle, una narración impresionista donde las voces hablan, recuerdan y completan el carácter del desaparecido. Es una novela de formación y está centrada en un personaje de ficción que encarna al inolvidable Germán Sanginés, aquel amigo de Sampedro, con el que coincidió en Santander en vísperas de la contienda civil y que fallecería demasiado pronto en combate. A él, entre otras muchas cosas, le debe Sampedro recuerdos imborrables vinculados al mar, a la poesía, a algunos poetas y a algunos libros como la Antología poética de Gerardo Diego o a la Segunda antolojía poética de Juan Ramón Jiménez. Cuando José Luis dirigía la revista ‘UNO’, Germán le exigía calma, conciencia, rigor, y logró algo inesperado: el poeta Sampedro está encriptado en las ficciones de Sampedro. Gregorio Salvador descubrió este fragmento poético y otros en ‘Octubre octubre’:

No tengo miedo. Sé que tú no ignoras

que nunca te perdí en mis confusiones.

Que, si seguí adelante,

fue buscando tu faro allá en lo oscuro,

llevado de deseos de tu cuerpo,

de la sed de morir sobre tu pecho

derramando en tu sexo mis entrañas.

Porque mi vida pasa y me destroza

la espera de morir para encontrarte.

 

DIGNIDAD. Es un vocablo clave: para Sampedro es un fin y un territorio. Todas sus criaturas intentan otorgarle sentido a cuanto les sobreviene o les ocurre.

 

ESCRITURA. “El escritor es un voyeur, confesémoslo de una vez, y lo digo en francés para que no parezca indecente. El escritor lo ve todo, lo oye, lo huele todo –no digo que lo toca porque eso ya sería pasarme-, pero el escritor, verdaderamente, es un cotilla (…)”. De ahí que a sus lecciones sobre su vida y su escritura los hubiera titulado ‘Escribir es vivir’. La escritura de José Luis Sampedro se nutre de su propia existencia, de sus recuerdos, de los personajes que conoció, de un sinfín de incidencias que le marcaron la vida, su prosa es como un laberinto de la memoria, el depósito y las huellas del pretérito transformados en arte de la experiencia. La escritura de Sampedro nace de su curiosidad por el mundo que le ha tocado vivir: el convulso siglo XX, desde la dictadura de Primo de Rivera y el crack de 1929 hasta la proclamación de la II República, la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la Transición; la escritura de José Luis Sampedro también tiene su origen en los sueños, en los mitos, en la historia, en la vasta cultural que nos conforma, y en eso estado fronterizo de la realidad y la ficción que algunos críticos le han dado en llamar ensoñación. La escritura de Sampedro se amasa con muchos materiales: con investigación, con lenguaje, con almas a la deriva y generalmente dotadas de buenos sentimientos, y se amasa con una impronta poética, con humor y con un especial sentido del ritmo. El libro poético por excelencia de Sampedro es ‘La vieja sirena’, al menos en un sentido conceptual y en su sentido estilístico. Está redactado con un  vocabulario extenso, frugal, casi de lujo.

 

HISTORIA. La novela histórica, más bien rutinaria y un tanto previsible, se ha puesto de moda. Parece vivir su edad de oro y a la vez su ocaso: el exceso, la superficialidad y la frivolidad están a punto de condenarla por agotamiento. José Luis Sampedro es un escritor de su tiempo, un narrador de los círculos y las espirales del tiempo, un ciudadano comprometido desde cada una de sus ficciones, pero también podríamos calificarlo como un novelista histórico de la mejor estirpe: un novelista fiel a sus orígenes y a su estilo. ‘La vieja sirena’ es, ante todo, un tratado de la imaginación, un libro totalizador de los mitos con parada y fonda en Alejandría, una novela de personajes y de sueños de intención alegórica y simbólica. Es, en cierto modo, la novela de la luz, de la sensualidad arrebatada, del viaje y de la mutación permanente. La protagonista se mueve entre dos amores: Ahram el Navegante, y el filósofo Krito, filósofo que posee la virtud de la palabra y la facultad de ser hombre y mujer a un tiempo, como Orlando, como ‘El hombre lesbiano’. ‘Real Sitio’ es una novela del siglo XIX y del siglo XX. El tapiz histórico late como una alfombra de la memoria en los libros de Sampedro. Incluso cuando se trata de épocas más cercanas: la aventura de los gancheros, la historia de Shannon y Paula, en ‘El río que nos lleva’; los ecos de aquel Tánger multirracial y multicultural de la infancia; la misma Villabruna de ‘El caballo desnudo’…

 

HUMANISMO. Hace algunos años, pero especialmente en los últimos tiempos, he descubierto a grandes fotógrafos franceses: Willy Ronis, Robert Doisneau, Emmanuel Sougez, Gerald Bloncourt o Jean Dieuzaide. Para definirlos, por lo regular, se utiliza el calificativo humanista e incluso se habla de una corriente estética, nítida, que es la fotografía humanista. Ellos, además de dominar la magia de la luz, la fuerza del contraste, los secretos de un rostro, son capaces de crear una corriente de afecto, de lucidez, de comprensión general del mundo. Saben que todo es importante, que cualquier gesto, cualquier ser humano, cualquier peripecia son dignas de atención. Así, con esa actitud, con esa infinita y dulce curiosidad hacia todo lo humano, han creado una poética, un modo de estar en el mundo. Son cronistas de lo esencial, son espectadores del azar, registran los sentimientos, las emociones, la felicidad y el dolor. Una auténtica vida en llamas. En España también tenemos fotógrafos humanistas, de esa línea: piensen en Gabriel Cualladó, en Virxilio Vieitez, Eugenio Forcano, Joan Colom, Alfonso o Marín, por ejemplo. José Luis Sampedro es de esta estirpe: es un fotógrafo humanista con la palabra hecha imagen, exaltación y dibujo del tiempo. Abraza a los seres y los integra en sus ficciones con pasmosa complicidad.

 

LIBROS. Suele decir que “la literatura es el camino de la vida”. En ese tramo siempre hay compañeros de viaje que son como los fantasmas familiares: ‘El principito’, los poemas de Juan Ramón Jiménez y los Kavafis, Rilke y Fernando Pessoa. Entre los novelistas, hay muchos (no hay más que asomarse a ‘Octubre octubre’ para verlo y leerlo), desde Pío Baroja a Leon Tolstoi. Una de sus novelas predilectas, a la que vuelve una y otra vez, es ‘Guerra y paz’. Regreso un instante a Pío Baroja: Sampedro se siente con él y como él “un hombre humilde y errante”.

 

MAR. En su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua, Sempedro, autor de una colección de cuentos de tema marino, ‘Mar al fondo’, escribió: “El mar es como la dulce llama de la chimenea: nos lleva a un más allá, nos sorbe la imaginación, se disfraza de figuras y sugerencias (…) El mar no era confín ni barrera sino la más ancha de las aperturas a la libertad”.

 

MUJER. De ‘La sonrisa etrusca’: “¿Qué poder tiene la carne de mujer? Redonda y blanca como la luna, que dicen que levanta el mar”.

 

NOVELA. “Con palabras se construyen las fronteras en el mundo de la literatura, donde se desenvuelve la novela, alzada sobre el filo mismo de la realidad y la ficción porque participa de ambas. Oponer lo novelesco a lo real solo alcanza a ser una interpretación, pues la novela  despliega la inapelable verdad de su autor, que la ha vivido al crearla, para que se haga también en los lectores. Por eso los grandes personajes de ficción resultan más reales e influyen más en nosotros que muchos seres de carne y hueso”.

 

SEXO. El sexo ocupa una porción importantísima en la obra de Sampedro. En algunos libros, en particular: en ‘La vieja sirena’, quizá el libro más erótico, donde hay un permanente ejercicio de lenguaje, que se funde con la sexualidad y la sensualidad. En ‘El amante lesbiano’, que habla de los deseos ocultos, de los espacios desconocidos, de los sueños inconfesados, de la metamorfosis.  Ya en ‘La vieja sirena’ podía leerse: “…hay mucho sexo en el cerebro. ¿Qué está haciendo? ¿Qué más da? ¿No es su oscuro deseo, muy hondo, ser amante lesbiano? ¿Es todo esto una promesa del destino”. ‘El amante lesbiano’ tenía mucho que ver con la literatura galante francesa e inglesa. El sexo es determinante en ‘Octubre octubre’, otra novela que transcurre entre los años 60 y el inicio de la Transición, donde el autor ha tejido una compleja red de relaciones, de sentimientos y de exaltación del cuerpo en el que pretende dar salida a un amor imposible. El sexo un camino de conocimiento, en un umbral de sabiduría. Sampedro defiende el placer y sus líquidos, defiende la piel y su textura, defiende el coito, defiende la fantasía, el ritual del encuentro. La pasión, que es una palabra que debiera tener entrada propia, está hermosa descrita y sentida en muchas de sus ficciones. Sampedro es un novelista apasionado, vigoroso, sensual, con todos los sentidos despiertos. Es un libertario de los sentimientos. El único límite lo ponen los amantes. En varias ocasiones, ha escrito: “La cama es el mejor sitio para estar juntos un hombre y una mujer”. Quizá tras la redacción de ‘El amante lesbiano’, la frase ya no sea tan exacta. Oigan como se define el personaje de este libro que ha ensanchado la literatura de Sampedro hacia la androginia, el fetichismo, la homosexualidad y la vida privada y recóndita de las criaturas. Dice Mario: “Mi sexo es masculino, pero mi género es femenino, atraído hacia la mujer y, para concluir, sumiso. Así es que resulto lesbiano”.

 

VIAJES. Muchos de los libros de Sampedro son viajes, expediciones al pasado, aventuras con intensa acción, exploración de territorios junto al río, a los jardines, indagación a mar abierto. Pensemos en ‘La senda del drago’, que tiene algo de odisea de Martín Vega hacia el océano deteriorado y quien sabe si degenerado de la cultura occidental. Pensemos, claro, en ‘El río que nos lleva’, que narra un hecho real: la última maderada, a finales de los 40, desde Peralejos de las Truchas hasta Aranjuez. Sampedro, como hace siempre, trasciende la anécdota y engarza con la novela objetiva española del momento y con la idea del reportaje.

 

VIEJOS AMANTES. José Luis Sampedro, encarna, creo que en la vida y en la ficción, al amante eterno. Al tema de la dignidad de los viejos amantes, de la nobleza de la carne antigua, le ha dedicado muchas páginas. Anota: “Palabras y silencios en la penumbra primaveral de la alcoba, cernida por las cretonas estampadas. Tendidos uno junto a otro bajo la sábana y la colcha, desvestidos a medias, las palabras son estrellas en el crepúsculo de cada día, rojas brasas en un fuego tranquilo, misterios compartidos. Y los silencios lo cantan todo, son la vida entera de cada uno resucitando, reconstruyéndose y requiriendo a la otra para completarse; son las existencias de ambos abrazándose en un trenzado de anhelos y esperanzas”.

En la escena final de ‘La sonrisa etrusca’, Salvatore y Hortensia se encuentran en un momento de intimidad. Él percibe que “el magnífico animal” ya no es el de antaño, que se ha quedado dormido, y dice:

-¿No te da pena tener en tu cama sólo una carne ya muerta?

-¿Muerta? –protesta esa ternura absoluta-. ¡Vive! ¿Es que esa carne no está sintiendo mi caricia? … ¡Qué vello el de tu pecho, qué rizos ásperos, cómo se enredan y se demoran mis dedos! Y bajo tu corazón, tu corazón que habla, que me grita, ¡Estoy vivo!”

 

ZARAGOZA. Nos quedan muchas cosas en el tintero de José Luis Sampedro. Muchísimas. Es un gran creador de criaturas, es un pensador, defiende la alegría, la tolerancia y la felicidad. Y las posibilidades de la ciencia como fuerza motriz para transformar el mundo. Otra palabra que le retrata es autenticidad: la vida y la obra de Sampedro son una continua aspiración a la Autenticidad. Vivió unos meses de niño en Zaragoza y estudió en el mismo colegio de Luis Buñuel, y conoció de primera mano la inhumana represión sexual que se pregonaba. Vivió en la calle Pilar, Méndez Núñez y Don Jaime. En Zaragoza conocí a un joven escritor: Francisco Gonzalo Gómez, hijo de gallega y enamorado absoluto de los libros de Sampedro. Decía que los dos, a su modo, su madre y José Luis, eran brujos. Hablaba de los libros de Sampedro como quien hablaba de un conjuro, de un sortilegio, de un baúl particular que contiene lo necesario para andar por el planeta, para amar, para sentirse más vivo cada día: aquí están los recetarios de amor, los buenos consejos; allí están los sentimientos, las lágrimas, la emoción, el temblor de un paisaje barrido por el cierzo, la picardía; dentro están la luz, la hermosura, el ideal de la modernidad, la exuberancia de las mujeres, que todo lo pueden, la melodía exacta del castellano, las píldoras de la imaginación, los frascos de la cultura y de la sabiduría. Francisco Gonzalo murió de un infarto al corazón cuando más feliz era: se le juntaban los días con las noches, escribía en esa madrugada ideal en que llega la inspiración y los personajes también se desvelan en el cerebro del escritor. En su esquela en el periódico se recordaba su condición de lector de Sampedro y alguien redactó una brillante frase que agrupaba casi todos los títulos del escritor, que eran el mejor pasaporte hacia el más allá. Jamás había visto nada igual. He buscado la necrológica, la guardaba en el espléndido libro de conversaciones de Gloria Palacios con Sampedro, y no he podido encontrar ese volumen de Siruela, uno de mis libros favoritos de entrevistas con un escritor.

Aquel joven escritor me había dicho una vez, tras reseñar los cuentos de ‘Mientras la tierra gira’: “¿Sabes por qué me gusta Sampedro? Ama al hombre y se ahogaría de amor en los ojos de una mujer bonita. Es un narrador apasionado”.

 

*Las fotos son de Terra, de ADN y de Heraldo de Aragón.

JULIO JOSÉ ORDOVÁS: UN POEMA

JULIO JOSÉ ORDOVÁS: UN POEMA

 

Julio José Ordovás (Zaragoza, 1976) publica un nuevo libro, en verso y prosa, 'Una pequeña historia de amor' (La isla de Siltola: colección Vela de Gavia. Sevilla, 2011. 160 páginas). Le pido algunos textos y recibo este poema. Hay historias de amor y muerte de Sándor Marai y su mujer, de Alain Delon y Romy Schneider, del propio autor, de personajes inventados, declaraciones de amor, confidencias, historias de putas. Al final el autor hace toda una sinfonía sobre la pasión, la soledad, el desencuentro, el cariño, el sexo y el deseo.

  

LA TORMENTA PERFECTA

 

 

Nunca nos poníamos de acuerdo,

obstinados en llevarnos la contraria.

Es verdad que hubo días de tregua,

como la noche que hicimos planes para los próximos cien años:

una casita de chocolate perdida en el bosque,

un niño que tendría tus ojos y llevaría mi nombre,

un crucero galáctico con escalas en Venus, Saturno, Marte y Plutón.

Cenamos con la tele apagada y el vino de las grandes ocasiones,

brindando por la continuidad del alto el fuego.

Me había quedado sin tabaco, bajé corriendo al chino

y cuando volví me sorprendiste con la música a oscuras,

el vestido en la alfombra, los zapatos señalando la ventana abierta

y la luna encharcada a tus pies.

Fue un buen polvo, uno de los mejores.

Maullabas a gritos con la espalda erizada.

Después sacaste la manta y recogiste las copas.

Nos dormimos contando las estrellas.

Como cada sábado, nos despertó el perro de la vecina.

Hasta que el sol nos echó de la terraza no dejaste de ronronear.

 

 

El otoño llegó a primeros de agosto.

Descenso notable de las temperaturas.

Fuertes rachas de viento y lluvias

generalizadas en toda la península.

El hombre del tiempo lo había advertido

y nadie le hizo caso.

Me irritaba aquel tipo, con su sonrisa postiza y sus corbatas chillonas,

repitiendo una y otra vez las mismas palabras, los mismos gestos.

Un día muy negro

amenazó con la posibilidad de que una tormenta perfecta

asolara la costa gallega y el litoral cantábrico.

Me pareció un presagio

y quise cambiar de canal. Compréndelo. ¿Qué otra cosa podía hacer?

 

*[La foto es de Luis Márquez]

 

LA COCINA SEGÚN DUMAS

LA COCINA SEGÚN DUMAS

[Javier Santillán es un editor entusiasta y arriesgado. Le apasionan autores muy diferentes: desde Yourcenar, Dino Buzzati o Abel Hernández, por citar algunos ejemplos. Ahora acaba de abrir una serie de viajes, y a la vez publica el ‘Diccionario de cocina’ de Alejandro Dumas. Esta es el texto de la introducción.]

GADIR PUBLICA EL 'DICCIONARIO DE COCINA'

DE ALEJANDRO DUMAS

 

 

Es un hecho poco conocido que Alejandro Dumas (1802-1870) fue un gran cocinero y un notable gourmet. Nieto de un maître del duque de Orléans, en su ilimitada curiosidad, propia de un novelista de mentalidad enciclopédica, la cocina y la gastronomía ocuparon un lugar preeminente. Era frecuente verlo en la cocina preparando todo tipo de platos suculentos, de lo que existen numerosos testimonios. Louis Bouilhet escribió a Flaubert en mayo de 1858: «Dumas, en camisa, mete mano a la masa, hace una tortilla fantástica, dora la pularda… Corta la cebolla, remueve las ollas, y les da 20 francos a los pinches». Esto ocurría en el hotel en que se estaba alojando, es decir, lo hacía por puro placer.

El siglo XIX fue una verdadera edad de oro para la gastronomía francesa, que entre la burguesía y la aristocracia, toma cuerpo y se impone frente a las cocinas regionales. Fruto y reflejo de este proceso es la creciente presencia del arte culinario en la literatura, como atestiguan las obras de Balzac, Flaubert, Georges Sand, Maupassant…y, sobre todo, la de Alejandro Dumas, autor de numerosos y exquisitos pasajes gastronómicos en El conde de Montecristo, Los tres mosqueteros, en sus Memorias o en sus Impresiones de viaje.

Dumas sostenía que, para conocer bien el arte de la cocina, «no hay nadie como los hombres de letras: habituados a todas las exquisiteces, saben apreciar mejor que nadie las de la mesa». En 1858, en plena fama, concibió la idea de rematar su obra literaria con un gran diccionario gastronómico. No lo acometería hasta once años después, ya enfermo y con el ánimo abatido, un año antes de morir, lo que explica que no llegara a verlo publicado. El proyecto era realmente ambicioso. Dumas utilizó para su obra otras existentes que consultó y citó a menudo, pero el grueso de su Diccionario de cocina se basa en su prodigiosa memoria, su gran experiencia viajera y su saber acumulado durante tantos años. Todo ello, sazonado por la pasión que siempre sintió por la cocina y el arte gastronómico.

Este diccionario constituye una especie de memorias gastronómicas de su autor, es la obra de un humanista, de un hombre sabio y erudito. El libro está lleno de humor, de deliciosas anécdotas que mantienen la sonrisa, de pequeños pasajes biográficos del mayor interés, y, por supuesto, de recetas.

Dada la amplia extensión de la obra original, se presenta aquí una selección que atiende por un lado a lo más interesante y ameno de la obra para el lector actual, y por otro a un criterio elección de aquellas recetas que pueden ser más factibles para los gourmets de hoy, profesionales o aficionados, que se decidan a ensayar la cocina de Dumas. El resultado es una obra amena, divertida, de grata lectura, casi un libro de humor, que es, al mismo tiempo un libro de recetas sumamente interesante y también práctico, por más que encontremos usos culinarios con cierto sesgo francés, fácil de soslayar, si se quiere, reemplazando, por ejemplo, el uso de la mantequilla por nuestro aceite de oliva.

La primera parte de la obra –Algunas palabras al lector– es una pequeña historia de la cocina. Las entradas del diccionario propiamente dicho se encuentran en mayúscula cuando se refieren a un alimento, ingrediente u otros conceptos, y en minúscula cuando se trata de recetas.

 

*En la foto de Felix Nadar, Alejandro Dumas con su esposa.

POEMAS DE JOSÉ JAVIER MAURO

José Javier Mauro, joven poeta, me envía una selección de sus poemas. Cuelgo aquí: parecen el embrió de un libro futuro.

 

SÍGUEME

 

Sígueme

que el viento nuestros pasos

guíe al universo.

Ven por senderos

de hechizos

donde florece

la esperanza

en racimos de ilusiones.

Haremos del amor

nuestro común denominador

abriendo en nuestros corazones

dos puertas hacia el sol.

 

Sígueme

que el cielo con sus astros

envuelva nuestro abrazo.

Ven al reino

de los sentimientos,

donde habita la ternura

entre manantiales de placer.

Alcanzando el cenit

del saber vivir

cultivemos al besarnos

los frutos que alimentan

nuestras almas.

 

Sígueme

que el viento nuestros pasos

guía al universo

que el cielo con sus astros

envuelve nuestro abrazo.

 

 

 

GUIRNALDA TU SONRISA

 

Quiero sentir esa guirnalda

hecha de rosas y de gozo,

nácar puro de fuego rodeado

esencia de lo grande

candor alborozado,

de un amor de tupido follaje.

 

Abre la puerta

que conduce al color,

llena en mi vida

huecos que el azar pasó por alto;

abrazando la esperanza

engendrando cualidades

entre variedad de melodías.

 

Tu que gota a gota

te entregas a mi

de mi corazón eres habitante,

llamas sublimes tu presencia

suaves pautas de armonía,

subyugado por tus besos

no se posan sobre mi

las alas del desaliento.

 

 

 

SIENTO

 

Siento que  un viento ardiente

agita mis venas.

Siento el bullir de mi sangre

en mi pulso y mi sien.

Color y luz, que inundando

nuestros corazones:

duende es la noche

que explora mi piel.

 

Ingiero el polen divino

de tu flor divina.

Embriagadora pasión

llena nuestro querer

esos tus besos

que escalando mi inocencia

hoy a mis labios devuelven la fe.

 

Tu blando aliento

en mi cuello se aposenta

esos tus brazos

decorando mi cintura

y que las cumbres

de mi lecho y de mi pecho

con gélida incandescencia

recorren ya.

 

 

LAS FOTOS SON DE FRANCESCA WOODMAN.

Francesca Woodman nació el 3 de Abril de 1958 en Denver Colorado. En enero de 1981 se arrojó al vacío por una ventana. Le escribió a un amigo una carta, donde decía: “Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones… en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas…” Dejó más de 800 fotos y se han expuesto más de un centenar. Todas las fotos de estos textos son de Francesca, que es ahora motivo de una exposición por parte de La Fábrica.

DÍA DE LAS LIBRERÍAS EN ANTÍGONA

Julia Millán de Antígona envía esta carta:

 

Jesús Marchamalo entre los ojos de Juia Millán y Pepito Fernández.

 

El 25 de noviembre, viernes, se celebra el Día de las librerías.

Nuestras puertas estarán abiertas hasta las 22 horas y se hará el 5% de descuento en todos los libros.
Hemos preparado una selección de libros sobre el mundo de las librerías.

Por la tarde, para el público infantil y los amantes de la ilustración y la literatura sin complejos de edad, nos visitarán:

  • DAVID GUIRAO e ISABEL SORIA, A LAS 17,30 H. Nos enseñarán en primicia su novedad "Moscografías" Precioso libro en 3 dimensiones.
  • ALBERTO GAMÓN A LAS 17,30 H. Dedicará ejemplares de sus libros, Seis Leones y Operación J.
  • PEPE SERRANO A LAS 19,00 H. Nos contará sus cuentos-recetas de "Cocina rápida para tortugas".
  • DANIEL NESQUENS A LAS 20,00 H. Leerá alguno de sus cuentos y alguna sorpresa inédita.
  • ELISA ARGUILÉ  A LAS 20,00 H. Dibujará dedicatorias de todos sus libros.

Para terminar, haremos lectura de un precioso texto de Félix Romeo, sobre su amor por las librerías: LOS AÑOS DE PAPEL, publicado en la Revista Zut, donde hacía un recorrido por muchas de ellas y donde también nos recordaba.
" ...me siento muy a gusto escribiendo en la trastienda de la librería Antígona de Zaragoza, sin duda una de las librerías en las que más tiempo paso: me gustaría que me alquilaran alli un espacio, echo de menos el barullo cuando escribo en casa...".
Haremos un gran brindis por el más apasionado amante de las librerías.

RAFAEL LOBARTE: TRES POEMAS

[Rafael Lobarte es poeta y traductor. Trabaja en un nuevo libro, y me envía, a petición, mía tres de sus nuevos poemas, de diferente factura y de nítida sugerencias. Todas las fotos son de Anka Zhuravleva.]

 

 

 

NGORONGORO

 

Para Rosa e Isabel

 

 

Se tendió el leoncillo de ojos tristes

sobre la pista dura y polvorienta.

 

Desolada, su madre le lamía 

el flanco enfermo, el hocico dulce.

 

Se alzó el leoncillo renqueante

y se tendió de nuevo

-como si ya estuviese

cansado de la luz

y anhelara la sombra-,

entre las sucias ruedas

de un vehículo inmóvil.

 

Y una multitud terca y obscena

disparaba sus dardos fotográficos

sobre el desperezarse

lento de esa mísera agonía.

 

Ahora que ya has sido descarnada

carroña de las aves,

tu recuerdo fugaz

que mece la sabana

en su oleaje trémulo y pajizo,

aún me habla de ti

y perdura en mis labios tu tristeza.

 

 

 CALIGRAFÍA

 

El viento desplaza

levemente a la lluvia

en este atardecer

de brumas chinesco.

 

Los pájaros huyen

por un cielo agrisado

presintiendo el otoño.

 

Y una suave quietud

se ha como adueñado

de mi alma este día

de octubre en Zaragoza.

 

 

 

POETA CHINO

 

Cierto poeta chino

de la dinastía Tang,

budista fervoroso,

logró arrancar un día

de su corazón todos

los deseos. Ahora

ya sueña para siempre

en un halo inmóvil

de inacabable añoranza.

 

LOS ESCRITORES Y SUS ANIMALES

[El pasado quince de noviembre, Ana Marcos publicaba este reportaje en ‘El País’ sobre el libro colectivo ‘Perros, gatos y lémures. Los escritores y sus animales’, editado por Errata Naturae y coordinado por Irene Antón y Rubén Hernández. El libro incluye uno de los últimos textos póstumos de Félix Romeo a quien no le gustaban los animales, pero hace un retrato magistral de los bichos de los Bowles... Hay algunos textos impresionantes: pienso en el de Trapiello, nuestra perra Noa murió así (le he dedicado un texto y otro a nuestro perro Pluto quenos acompañó por todo Teruel y le dediqué un texto, 'Un perro entre reyes', que quizá fuese el favorito de todos los míos de Félix Romeo). La foto es de álvaro García y retrata a Soledad Puértolas en su casa de Pozuelo. Soledad Puértolas es objeto de un monográfico de la revista ‘Turia’ en su número 100.]

 

Por sus perros, gatos y lémures los conocerás

Soledad Puértolas y Andrés Trapiello cuentan su relación con sus animales. Berta Marsé recuerda la historia de Truman Capote y su perro Charlie. Y otros ocho escritores relatan en un libro cómo las mascotas son los mejores confidentes de los narradores

 

Ana MARCOS / El País. Día 15 de noviembre.

"En su casa mexicana de Acapulco, Paul y Jane Bowles convivían con muchos animales: un loro, un gato, un pato, un armadillo y dos coatíes, mamíferos de cola larga", escribió Félix Romeo en El hombre invisible y el zoo de los Bowles, uno de los relatos de Perros, gatos y lémures. Los escritores y sus animales. La historia del matrimonio Bowles, que se imbrica con la del novelista estadounidense William S. Burroughs, trata de explicar cómo "los animales son un extraño invitado a los pliegues más íntimos de la personalidad, allí donde indaga y se alimenta la literatura", cuenta Irene Antón, editora de Errata naturae y responsable de convocar para esta empresa a 11 narradores, entre ellos Soledad Puértolas, Andrés Trapiello, Berta Marsé y José Carlos Llop.

Antón y su compañero Rubén Hernández pergeñaron este libro desde las perspectivas del editor en busca de nuevas ideas literarias y del dueño de animales de compañía. Con una lista previa, se acercaron a unos cuantos escritores para proponerles que hablaran de sus mascotas o de las que acompañaron a otros. "Todos aceptaron con entusiasmo, el hilo común que teje este libro", asegura la editora. Desde el prólogo, Antón y Hernández auguran una lectura esclarecedora, como si al pasar la tapa se entrara en territorio habitualmente vedado al lector: la soledad del escritor. "El animal asiste como amigo, como único depositario de unos sentimientos, e, incluso, de unas ideas, que el autor no osaría compartir todavía con nadie más", apunta Antón.

"No es fácil hablar de un animal próximo y querido, porque a menudo ha acabado pareciéndose a su dueño y hablar de él es hablar de uno mismo", explica Andrés Trapiello. El escritor y poeta cuenta las últimas horas de su mastina Mora, un relato que ya había aparecido en el último de los tomos de sus diarios, Salón de los pasos perdidos. El final de la perra fue parecido al de Sócrates, recuerda Trapiello, "se fue despidiendo de cada uno de nosotros solo con la mirada, ampliando el sentido de la vida". Aunque el autor de Los confines confiesa que le habría gustado hablar del burro de Sancho Panza, "protagonista de uno de los reencuentros más sentimentales de la literatura".

El Relato del escritor con perro de Soledad Puértolas, aunque en primera persona, describe la variedad humana de escritores con animales, tomando como ejemplo al dúo antagónico formado por J. R. Ackerley y su amor pasional por su perra Tulip, y Thomas Mann y su meditada y soberbia actitud respecto a su perro. "Salvadas todas las distancias, me identifico con Ackerley, indudablemente", afirma la novelista. "Me enamoré de mi perro Moss y me costó admitir su naturaleza de perro. Una vez que lo conseguí, seguí enamorada, pero la relación fue más tranquila".

De amores menos privados trata la segunda parte del libro. Liderados por el zoo de Félix Romeo, Berta Marsé y Andrés Ibáñez recuerdan al perro de Truman Capote y a Teodoro W. Adorno, el gato de los Cortázar. "Un gato callejero que conocieron en un basurero", presenta Ibáñez, casi recitando, al felino que fue capaz de mimetizarse con su dueño en homenaje a las fábulas de Escher, "en las que es difícil decir dónde empieza el gato y termina la persona".

Berta Marsé confiesa que su pasión por Charlie, el perro de Truman Capote, responde a una mezcla de admiración y comodidad, "es más interesante hablar de otros que sobre mí". En su despacho, entre la fotografía de su hijo, sus sobrinos y sus gatos, cuelga la de este can al que Capote enviaba cartas. "¡Es cierto que les mandaba postales a sus perros!", remata la escritora que descubrió el galimatías en Truman Capote. Un placer fugaz. Correspondencia que publicó recientemente Lumen. La historia que cuenta Marsé, la de un escritor casi sincronizado emocionalmente con su animal, surgió también de la biografía que Gerald Clerk hizo del autor de A sangre fría.

Antón Castro, Ignacio Martínez de Pisón, Marta Sanz, Pilar Adón y Carlos Pardo completan esta selección de historias sobre personas y animales, porque como concluye Irene Antón, tras terminar estas hilarantes, tristes e íntimas lecturas, se descubre que "los escritores se relacionan con los animales como cualquiera de nosotros".

UN POEMA DE JESÚS JIMÉNEZ, PREMIO CIUDAD DE BURGOS 2011

Jesús Jiménez Domínguez es uno de los poetas más personales de la lírica aragonesa de la última década. Solo ha publicado dos libros: ‘Fermentaciones / Diario de la anemia’ en Olifante en 2000, en la época en que yo coordinaba la editorial, y ‘Fundido en negro’ (DVD, 2007), un libro espléndido. Jesús acaba de recibir el premio Ciudad de Burgos de poesía de 2011 con su libro ‘Frecuencias’. Con su cordialidad habitual, me envía este poema que cuelgo aquí con sumo gusto. Jesús es para mí un modelo de rigor, de paciencia y de inspiración, uno de esos escritores a los que uno siempre querría parecerse.

 

 

THE CRACK IN THE CUP OF TEA

Y la grieta en la taza de té abre
un camino al país de los muertos
W. H. AUDEN

Hay una grieta abriéndose camino
en mi taza de té.

Lleva días explorándola,
recorriéndola en el asombro,
abrazándola con su rúbrica
en un intento de hacerla suya.

Estéril como una raíz sin tallo,
¿de dónde vino y adónde pretende llegar?
¿Qué busca hoy entre mis cosas?

Fuera de la taza era invisible, no era nada;
pero ahora que entró en ella, puedo verla al fin:
eres aquí, grieta, la ausencia de la taza.

Tal vez si la sigo, si voy tras ella,
tenga algo que mostrarme
cuando alcance su destino.
Quizás al final de su rayo minúsculo
me aguarde una gran tormenta
y algo estalle para que algo cambie.

De noche, la grieta y yo permanecemos despiertos.
Echamos un pulso por el dominio del mundo:
Yo, firme, mantengo la entereza.
Ella, esquiva, prefiere ir por partes.




[Poema perteneciente a mi libro ‘Frecuencias’, Premio de Poesía "Ciudad de Burgos" 2011, que se publicará el año que viene en DVD Ediciones. He tomado esta foto del estupendo blog poético de Fernando Sabido Sánchez].