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Antón Castro

Escritores

MARCHAMALO: BICIS EN PARÍS

MARCHAMALO: BICIS EN PARÍS

Hace unos días, Jesús Marchamalo –os recomiendo ‘Cortázar y los libros’ (Fórcola)- estuvo en París, vio un par de fotos de bicicletas y me las mandó. He aquí una de ellas. Marchamalo lo hace todo: escribe con un gran sentido del humor, coloca adverbios, trabaja para el Cervantes, redacta textos fantásticos sobre pintura, retrata personajes, se preocupa de sus hijos, los mima y los lleva de paseo, y toma fotos. Y, además, es uno de los autores favoritos de Ofelia Grande, de Siruela.

Leo en su blog 'El don de la impaciencia' esta feliz noticia:

"Hoy me han mandado las pruebas de Donde se guardan los libros, el libro que publicará Siruela en octubre, dedicado a las bibliotecas de una veintena de escritores. Por primera vez, un libro mío llevará fotos que también he hecho yo. Son detalles de las baldas y estanterías, y retratos de los protagonistas.
Me ha gustado fotografiar escritores". [En la foto de Jesús Marchamalo, vemos a Enrique Vila-Matas, uno de los escritores que sigo desde hace más de veinte años.]

DIÁLOGO CON JUAN VILLORO

El escritor mexicano Juan Villoro, nieto de zaragozano y descendiente de turolenses de La Portellada, publica '8.8: el miedo en el espejo. Una crónica del terremoto en Chile' (Candaya), donde construye un libro de numerosas voces e historias sobre el miedo, la muerte o el azar

EL AUTOR QUE SOBREVIVIÓ AL PÁNICO

Juan Villoro (México D. F. 1956) ha heredado el espíritu viajero de sus antepasados: reside en la ciudad donde nació, en Barcelona o en Princeton, donde va a sustituir a Mario Vargas Llosa en sus clases. Y también ha vivido en Berlín. Escribe de fútbol en libros como 'Dios es redondo', novelas (ha sido Premio Herralde de novela con 'El Testigo'), cuentos e incluso piezas teatrales. Y no solo eso: es capaz de firmar un libro tan curioso como '8.8: el miedo en el espejo. Una crónica del terremoto en Chile' (Candaya), que presentaba el pasado jueves en Cálamo, en compañía de Manuel Vilas.

Juan Villoro visitó el Teatro Principal con absoluta fascinación. «Soy descendiente de turolenses de La Portellada, en Teruel, muy cerca de La Fresneda. Allí más del 60% de la población se apellida Villoro y son familiares míos. Pero, además, es que mi abuelo paterno era zaragozano: nació aquí, era médico, y se trasladó por distintas razones a México. Acabó dejando su profesión y se dedicó a los negocios familiares. Se casó con mi abuela y de esa relación nació mi padre, que tiene ahora ochenta y nueve años, y sigue siendo un modelo para mí. Un modelo de vitalidad, de energía y de compromiso. Es un experto en Derecho, le interesa mucho la política y la ética, y en los últimos tiempos se ha aproximado al subcomandante Marcos».

Este periplo, que le apetecía contar -«aquí tengo amigos muy entrañables, zaragozanos, como Ignacio Martínez de Pisón o Félix Romeo»-, le lleva de alguna manera a uno de los viajes que más le han marcado en los últimos tiempos: su estancia en Chile en febrero de 2010.

«Había sido invitado, en mi condición de escritor de literatura infantil y juvenil [es autor de títulos como 'El libro salvaje' y 'El profesor Ziper y la guitarra eléctrica'], a un congreso donde se iba a hablar del miedo. Ese miedo que es una especulación infantil y que está en casi todos los cuentos de hadas». Y en ese debate estaban los participantes -«el miedo es lógico, es una pesadilla y un presencia en ese tipo de literatura», recuerda Villoro-, cuando irrumpió ese miedo que nunca quieren sentir los adultos: «Se palpó el sabor de la muerte» en un terremoto que duró siete minutos la madrugada del 27 de febrero del 2010.

Cuenta Villoro que él se encontraba en una habitación de hotel, que se cayó de la cama y que lo primero que hizo fue intentar socorrer a su hija de once años. «En ese clima de extrañamiento, me di cuenta de que en realidad estaba en Chile y no en México». Dice Villoro que fue una experiencia increíble donde se percibe el sabor de la muerte y donde uno se percata de inmediato del apego a la vida. «Y luego, tras el vértigo, uno acaba preguntándose cómo y por qué ha sobrevivido. Cómo se sobrevive a una catástrofe, a un cataclismo así. Además, el aeropuerto estaba cerrado. Al menos para nosotros. Así como hubo países como Colombia, Brasil o España que mandaron aviones para sacar de allí a sus ciudadanos, a nosotros México nos dejó en el desamparo. Y eso nos llevó a vivir una experiencia que parecía de 'El ángel exterminador', de Luis Buñuel: no podíamos salir de allí, de un hotel de Santiago. Estábamos como cautivos».

Juan Villoro, que posee una memoria asombrosa, conoció a muchas personas que le contaron sus historias, sus vidas, incluso le hablaron de una mujer que estaba en coma, a la que le dedica un texto tan conmovedor como 'Ella duerme', y realizó un auténtico viaje a un universo de terror, de sorpresa, de contradicciones, de monólogos.

Ya de regreso en México, y en muy pocos días, «redacté el libro. Un libro que, en cierto modo, fue un diálogo con el gran terremoto que nosotros padecimos en 1985 y que dejó miles de muertos en el país. Felizmente, en Chile no había pasado eso, pero el hecho me puso en confrontación con la historia, con la memoria. El índice del 8.8, por otra parte, es uno de los cinco más altos de la historia, y el hecho de que sean esas dos cifras, literariamente, también tenía algo de juego de espejos», dice el escritor que ya hace algunos años había escrito: «Desconfío de los que en momentos de peligro tienen más opiniones que miedo».

Villoro reflexiona sobre las consecuencias de sobrevivir a la tragedia y sobre los sentimientos cuando se siente la muerte tan próxima, y habla también sobre el azar. «De repente, me encontré con un cuento de Heinrich von Kleist, el escritor alemán de quien admiraba 'El cántaro roto' o sus textos sobre marionetas, que se titulaba 'El terremoto de Chile'. Me impresionó y me pareció simbólico o premonitorio: es un cuento largo de unas veinte páginas de un hombre que siempre había meditado sobre la muerte y que incluso la había buscado. Sobrevive a la catástrofe y agradece a Dios la vida y a la vez le pregunta por qué se ha salvado». Curiosamente, cuando redactó ese texto, Von Kleist tenía unos 30 años, aún no tenía del todo claro si iba a ser escritor o no, «y jamás, jamás había estado en Chile», explica Juan Villoro, y recuerda que el escritor acabaría suicidándose a los 34 años. «Este libro ha sido para mí una catarsis, un acto de desintoxicación de quien ha vivido la proximidad de la muerte. Las réplicas más fuertes de un seísmo son psicológicas».

 

8.8: el miedo en el espejo. 'Una crónica del terremoto en Chile'. Juan Villoro. Candaya: Colección Abierta. Barcelona, 2011. 110 páginas.

AMÓS MILTON: SEVILLA, LA LEY, EL AMOR

Un hombre de ley en la Sevilla de Cervantes

 

[Amós Milton publica ‘El abogado de Indias’ (Almuzara), una novela de amor, aventuras y educación sentimental que recrea el proceso de Elena de Céspedes y la prisión del autor del Quijote]

 

Sevilla, Sevilla, Sevilla. Siempre Sevilla: la de los baños árabes, la ciudad donde nacieron Vicente Aleixandre o Luis Cernuda (que vivió en los años 20 en la Calle del Aire, que tiene un punto que se halla a diecisiete metros del nivel del Guadalquivir, el más alto de la ciudad, y ve correr una suave brisa), la ciudad donde estuvo preso Cervantes, la ciudad donde se conserva, en el Archivo de Indias, el complicado proceso de Elena de Céspedes o Heleno de Céspedes, a quien Agustín Sánchez Vidal dedicó ‘Esclava de nadie’. Sevilla: la ciudad donde mora el escritor aragonés José María Conget y en la que residió el pintor y matador John Fulton.

Ahí transcurre una curiosa novela: ‘El abogado de Indias’ (Almuzara) de Amós Milton, un escritor almeriense, nacido en 1969 y afincado a orillas del Guadalquivir, que acaba de debutar por la puerta grande: el pasado martes ejercía de anfitrión de un grupo de periodistas españoles y les mostraba los lugares que aparecen en su novela, entre ellos un edificio de baños árabes en cuya terraza se ve la majestuosa Giralda y la urbe expandida, el palacio de los Pinelo, de origen genovés, con su espléndido patio interior con flores, que es Museo de Bellas Artes Isabel de Hungría, Museo de Arte Oriental y Academia de Medicina. También les mostró la Sevilla barroca y las angostas calles con sabor a fino y pescaíto, y con olor a naranjos.

Amós Milton dijo que debía su nombre a su padre, Amós, un abogado de origen judío que tenía un amigo norteamericano, que se llamaba Milton. Ese nombre Amós Milton le ha llevado a prescindir de sus dos apellidos: García Orozco. Y dijo también que su novela había nacido del interés que había despertado en él el cautiverio de Cervantes, en una época en que era recaudador y que cometió un desliz. Y ahí, en aquella ciudad, pródiga en oro y plata, considerada también la Puerta de Indias, transcurre su novela que cuenta la historia de Alonso Ortiz de Zárate, un joven abogado de extracción humilde que logra doctorarse y vive su particular educación sentimental. Pronto sobresale como abogado inteligente y perspicaz. Alonso empieza a triunfar de la mano de su tío Diego, su padre está en Cartagena de Indias (más tarde sabremos que tuvo que marcharse de Sevilla), y de la mano de la familia de Sebastián Pinelo, en particular gracias a la complicidad de su hijo Andrea.

Alonso sale a un mundo de incitaciones. Conoce a varias mujeres, en especial a dos: Carmen, una granadina morena, de misterio y fuego, con quien vive el centelleo del amor, el embrujo de un erotismo explosivo; esa joven tiene mucho que ver con el personaje de ‘La lozana andaluza’ de Francisco Delicado y a la vez parece una anticipación de la Carmen de Merimée. Y también experimenta una aventura muy romántica con la joven Constanza, a quien había ayudado a conservar su dote y a recuperar el patrimonio familiar, tras la muerte de su padre. Ambos se aman y pasean bajo la luna por Sanlúcar de Barrameda en el episodio más lírico del volumen.

Aunque parezca que en un principio a la novela le falte tensión o que carezca de esos torvos personajes que entorpecen la vida del héroe, pronto surgen distintos conflictos y las primeras derrotas en los procesos. Por ejemplo, Alonso tendrá que usar toda su astucia para vencer al clero en su cruzada moral y carnal contra la prostitución; tendrá que exhibir la máxima inteligencia y agudeza de ingenio para sacar a Cervantes de entre rejas, un Cervantes famoso tan solo por ‘La Galatea’. Y, sobre todo se verá inmerso en el proceso de ese personaje ambiguo, para unos hombre, para otros mujer, para otros “hermafrodita, mulata y esclava”, al que la Inquisición intenta mandar a la hoguera: Heleno de Céspedes o Elena de Céspedes, “un caso extravagante y único. Nos encontramos claramente en un asunto de trato con el maligno para transformación de la naturaleza”, tal como dice un personaje. ‘El abogado de Indias’, por otro lado, tiene un pie en Cartagena de Indias, donde vive y trabaja el padre de Alonso, ese hombre que dejó a su esposa doña Beatriz en una Sevilla tumultuosa de finales del siglo XVI y principios del siglo XVII y que también se ve inmerso en algunos amoríos y en asuntos de esclavitud.

La historia está escrita con amenidad y avanza sobre la topografía de una ciudad compleja y un tanto babilónica, de rufianes, mercaderes, bellas mujeres y noches de taberna.

 

El abogado de Indias. Amós Milton. Almuzara. Sevilla, 2011. 356 páginas.

JUAN VILLORO, HOY EN CÁLAMO

 

JUAN VILLORO Y EL TERREMOTO DE CHILE, EN CÁLAMO

Esta tarde, a las 20.00 en la librería Cálamo, el escritor Juan Villoro presenta su último libro: ‘8.8: el miedo en el espejo. Una crónica del terremoto en Chile’, editado por Candaya, donde narra “los siete minutos de vértigo en que se palpó el sabor de la muerte” en Chile el 27 de febrero de 2010. Es un libro muy coral, lleno de historias secundarias, de relatos inquietantes como ‘Ella duerme’ o históricos como la narración sobre Heinrich von Kleist en 1808, que también vivió un terremoto. El libro tiene esa bella y cuidada factura de los libros de Villoro, que desciende de Teruel. El libro lo presentará el poeta y narrador Manuel Vilas.

EL MONCAYO Y OLIFANTE CON CELAYA

X FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA MONCAYO

 

28 / 29 / 30  de  Julio de 2011

 

Novallas.  Litago.  Monasterio de Veruela.  Museo del Vino

 

Poesía Necesaria

 

Homenaje a Gabriel Celaya

 

Centenario de su nacimiento

 

 

Actuaciones especiales:

 

MIGUEL ÁNGEL BERNA

 

RICARDITO ORTIZ & TIPICO ORIENTAL CUBANO

(Ex integrante de Vieja Trova Santiaguera)

 

 

 

 

POESÍA NECESARIA

 

 

En un mundo que cree imprescindible lo necesario y considera necesario lo superfluo, las palabras de Gabriel Celaya ondean como una bandera de paz, solidaridad y salvación: “Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día”. Alimentos, sí, también para el espíritu. Poesía cargada de valores para rehumanizarnos, para mejorar el mundo.

 

Trinidad Ruiz-Marcellán

 

 

 NOVALLAS

Jueves 28 de julio

19,00 h.

Ayuntamiento

Intervención del Alcalde Jesús Fernández

Lectura de Poetas de la A.A.E.

Miguel Ángel Yusta, Fernando Sarría, Fran Picón, Juli Micolau, Ricardo Fernández Moyano, Víctor Guíu,  Blanca Langa, Javier Arruga, Elena  Peralta, Agustín Blanco, Mª José Castejón,  Ana Mª Aznar Villabona, Venancio Rodríguez, Inés Ramón Campodónico y Graciela Giráldes Pérez

 

Actuación de Luigi Maráez y Âlime Hüma

 

 

LITAGO

Viernes 29 de Julio

18,00 h.

 

Calle

BookCrossing

Lecturas en las calles

Música de Alam

 

Iglesia

19,00 h. Inauguración

Intervención del Alcalde Pedro Herrero

 

20,00 h.

Lectura de Poéticas y textos

Intervención de: César Ibáñez, Victoria Puig, Jesús Ortiz Pejón, Mario Hinojosa, Rafael Lobarte, Miguel Ángel Longás, Luis Rafael Hernández, Itxaso Corrales, Sonia Serrabao,  Lucía Delbene, Lucía Camón, Daniel Morena, Antonio Molina, Gabi Moreno  y Daniela Bartolomé.

 

21,00 h

Plaza Tiro de Bola

Actuación de poesía Hip Hop

Actuación de Jordi Skywalker y la Compost Band

 

 

 

MONASTERIO DE VERUELA

 

Museo del Vino

Sábado 30 de Julio

11,00 h.

 

Intervención del Presidente de la D. O. Campo de Borja, Gregorio García

Presentación de Poéticas y Poetas por Manuel Forega

Intervención de los poetas: Ángel Guinda, Antón Castro, Marifé Santiago Bolaños, Manuel Rico, Marguerite Bobey y Yoko Fukushima

 

Instalación: Yoko Fukushima (Proyecto HITO del Gobierno de Aragón)

 

Sala Capitular. Claustro

18,00 h.

Presentación de Poéticas y Poemas

Poetas YIN.  Poetas aragonesas

Ana Alcaraz, Carmen Aliaga, Anais Pérez Layed, Amparo Sanz, Reyes Guillén, Clara Dávila, Lourdes Fajó, Luisa Miñana, Goya Gutiérrez, Pilar Martínez Barca, Inmaculada Marqueta y  Milagros Morales

 

Actuación de los músicos Irene GuillénJesús López

 

Performance de Marguerite Bobey (Proyecto HITO del Gobierno de Aragón)

 

 

 

Iglesia

19,00 h.

Presentación: Reyes Guillén

 

Proyección de Koldo Mitxelena

 

AGURRA

Pilar Castro Blanco

Joseba Ibarra

 

Actuación de Angi Ruiz Forés y Ana Segura

 

Actuación de MIGUEL ÁNGEL BERNA. Danza.

 

Acción poética a cargo de las/os poetas participantes en el Festival con la colaboración de Ricardo Calero

 

 

Actuación de

 

RICARDITO ORTIZ & TIPICO ORIENTAL CUBANO

(Ex integrante de Vieja Trova Santiaguera)

 

 

Dirección: Trinidad Ruiz Marcellán y Marcelo Reyes

 

Organiza: OLIFANTE EDICIONES DE POESÍA

 

Grabación DVD: David Francisco

Proyecciones y Exposición de Libros: Fundación Koldo Mitxelena de San Sebastián

Instalaciones y Performances

BookCrossing

 

Patrocina: Diputación Provincial de Zaragoza, Gobierno de Aragón, Ministerio de Cultura, Ayuntamiento de Litago y Fundación Koldo Mitxelena de San Sebastián

 

Colaboran: Casa del Poeta, Ayuntamiento de Novallas y D. O. Campo de Borja

BORRADORES, UNA NOCHE POÉTICA

[En las fotos: Carmen Ruiz Fleta, Marta Fuembuena, Perico Fernández, Mariano Anós y José Luis Romeo, y Fernando Beltrán.]

Mariano Anós y José Luis Romeo son dos de los invitados al programa ‘Borradores’, que emite un monográfico sobre poesía: el estado actual de la lírica, el momento que se vive en Aragón, autores y nuevas voces, y la relación entre poesía y fútbol. Anós y Romeo presentaban hace poco el espectáculo ‘Retrato’, de poesía y música, e interpretan tres poemas a lo largo de la emisión: ‘Retrospectivo existente’ de Miguel Labordeta, ‘Y si después de tantas palabras’ de César Vallejo y ‘Arte poética’ de Jorge Luis Borges.

Acuden al plató Juan Luis Saldaña y Octavio Gómez Milián para hablar de su poemario ‘Perico Fernández que estás en el cielo’ (Libros de la imperdible’), donde analizan el mundo pop que rodeó al campeón del mundo de los pesos superligeros de boxeo, las canciones, el mundo de los ‘zaraguayos’ y el Real Zaragoza, los últimos coletazos del franquismo, etc. Y otras dos poetas, Marta Fuembuena y Carmen Ruiz Fleta, hablan de sus últimos poemarios: ‘La excusa de los días’ (Comuniter: Col. Resurrección) y ‘Polaroids’ (Olifante), libros que coinciden en la exploración de la intimidad, el mundo familiar, el cuerpo, la identidad y el amor.

 

Además, Borradores ofrece un reportaje con Fernando Beltrán, que ha recogido su lírica en el volumen ‘Donde nadie me llama’ (Hiperión); a la par, Beltrán es uno de los grandes tituladores de empresas y proyectos del país con su empresa El Nombre de las Cosas, y también analiza ese parte de su trabajo, que tiene algo de prolongación de su condición de poeta. A él se le deben nombres como Opencor, Faunia, Amena, Suma de Letras o La Casa Encendida. El poeta Carlos Pardo se pasa a la narrativa y habla de su novela, ‘Vida de Pablo’ (Periférica), que cuenta la historia de un artista que se ve obligado a trabajar de camarero y compagina su nueva dedicación con otra pasión: la música. Por último, el aragonés Francisco J. Uriz, poeta y  Premio Nacional de Traducción en 1995, habla de sus investigaciones en torno a la poesía y el fútbol, que ha cristalizado en varios proyectos, entre ellos, la antología ‘Poesía a patadas’ (Vaso Roto), que se publicó en el sello Vaso Roto, donde ha seleccionado a poetas aragoneses, nacionales y extranjeros: Umberto Saba, Gerardo Diego, Nicanor Parra y Seamus Heaney, Blanca Varela, Günter Grass o Mario Benedetti, y entre ellos jóvenes aragoneses como David Mayor o Ignacio Escuín Borao.

LAS CEREZAS DEL DESEO

 

POESÍA ERÓTICA EN LA ALMUNIA

 

La Almunia de Doña Godina tiene un nombre eufónico, evocador, casi de cuento. Y ahí, al calor del Club de Lectura y de un sinfín de iniciativas que incluyen el cine o la música, germinan los cuentos orales y la poesía erótica. El pasado viernes, una treintena de rapsodas, poetas y lectores, acompañados de Clara Salaverría al órgano, incendiaron la noche de amor y humor, de picardía e imaginación, de incitaciones y de anhelo, de caricias y de piel desnuda: esos son algunos de los elementos del erotismo. Se leyeron a poetas debutantes (del lugar, muchos de ellos), a poetas clásicos, desde Félix Samaniego, Carmen Conde, Pedro Salinas y Gonzalo Rojas a Alfonsina Storni; cuando sonó ‘Al oído’ de la escritora argentina que se arrojó al mar, aquel poema de besos en los ojos que cantaba Imanol Larzábal, la noche se descosió de emoción. Algunas rapsodas escribieron sus propios versos y se los dedicaron a sus amados, a su marido, con el que llevan 35 años, al novio que se ha ido con otra o a esas amigas casadas que arruinan cualquier intento de aventura. Algunos poetas, como Manuel Forega, jugaron con la rivalidad de Góngora y Quevedo. Otros, como Luisa Miñana, leyeron uno de sus textos y otro de Juan Ramón Jiménez, dedicado a una de las monjas aragonesas que cortejaba y desvestía cuando era un joven melancólico, salaz y modernista. Alguien dijo que aquella era una noche de flores de fuego. Una noche de amor que precede al sexo con amor. Al final, al clima de lujuria le sucedió otro clima de sensualidad: se sirvió exquisita repostería y las mejores frutas de la zona: paraguayos, albaricoques, melocotones, manzanas rojísimas, melones y sandías, uvas y cerezas. Las últimas cerezas del deseo.

[Este texto apareció ayer en ‘Cuentos de domingo’ de Heraldo de Aragón. La foto es de Michael G. Magin.]

MEMORIA DE LOS PRESOS DEL FRANQUISMO

Las mujeres de los cautivos de Franco

 

Irene Abad y Eva Abad presentaron en Zaragoza el documental ‘Fuimos mujeres de preso’, donde narran la vida, el miedo y la esperanza de trece compañeras de encarcelados políticos

 

Carmen Casas.

A veces parece que España hubiese cambiado del día a la mañana. Sin embargo, este es un país de humillados y ofendidos hasta hace cinco minutos o hace treinta y cinco años. Y eso lo prueba a la perfección el documental ‘Fuimos mujeres de preso’, un título que no teme a la obviedad. La idea nació de los trabajos y la tesis doctoral de Irene Buil Abad, que dirigió Alberto Sabio, y brotó de los conocimientos de cine de la joven realizadora Eva Abad y de Pablo García, que ha sido el hombre para todo: montador, responsable de fotografía... Este es un documental viajado y nada perezoso que cuenta la vida de trece mujeres que fueron las esposas, y muchas lo siguen siendo, de otros tantos presos políticos, algunos tan conocidos como el sindicalista Marcelino Camacho, o los comunistas Simón Sánchez Montero y Manuel Gil, entre otros.

Hemos dicho que es un documental viajado, como recordaba el pasado viernes Gracia Querejeta durante su presentación en la sede de la Delegación del Gobierno de Aragón, en un acto que organizaba la Fundación María Domínguez: los protagonistas y los directores de la película han estado en Barcelona, en Madrid, en Tarragona, en Burgos, en Canarias y, por supuesto, en la cárcel de Torrero, donde en el año 1969 ocurrió algo que parece de película: Esperanza Martínez y Manuel Gil se declararon apóstatas (de apostatar y apostasía: “Negar la fe de Jesucristo recibida en el bautismo”) y se casaron por lo civil ese mismo año y recorrieron la ciudad en un tranvía.

Todo el equipo viajó con sus personajes por los lugares del doloroso recuerdo para componer una película emocionante que reflexiona sobre la memoria histórica, el coraje, la doble vida de aquellas mujeres que “llevaban comida” a sus maridos, que portaban también consuelo, esperanza y amor y, en algunos casos, periódicos como ‘Mundo Obrero’.

Lo hacían desde una evidente sensación de esquizofrenia: jamás lloraban aunque fuera lo que más deseasen en el mundo (no había que dar más motivos de burla al enemigo), a veces no sabían muy bien quién era la víctima, si las ellas o sus presos, tal como dice alguien, y además iban y venían con el miedo en el cuerpo. Tenían clara su misión: sabían que estaban en “un camino oscuro con una luz enfrente que decía que había que seguir adelante”. Y siguieron. Siguieron hasta la excarcelación.

Irene, Eva y Pablo ordenan el documental de manera cíclica con Carmen Casas como hilo conductor. Ella va a un colegio y explica a los jóvenes su peripecia. Entra, reaparece y cierra la pieza: así, como recordaba Gracia, los jóvenes que la oyen embelesados representan también a los espectadores    que hemos seguido el documental con idéntica perplejidad con la que ellos han oído a Carmen. Todos los protagonistas tienen su voz y cuentan sus historias. Es difícil saber cuál es más conmovedora: si la de Josefina, la mujer de Marcelino Camacho, que recordaba una y otra vez a los carceleros que su marido no era un asesino, y percibía como mucha gente la miraba mal, y otros le decían tan solo: “Dale recuerdos”. Apostilla Josefina: “No te decían más”. El pánico habitaba en el ambiente; pese a ello, su frutero a menudo en vez de ponerle diez lechugas le ponía trece.

Otra historia muy cercana es la de Rosalía Sánchez que, de pronto, descubre que su novio era comunista y ya no sabía si casarse o no. Su relato es emocionante porque se ayuda de una carta que le escribió a su preso o de un texto que podía ser un fragmento de sus memorias. Lo cierto es que todas las vidas son realmente conmovedoras: la de Lola González, la de Maruja Cazcarra, hermana del traductor y líder comunista (que se sobrepuso, como las demás, “a la injusticia, a la indignación y a la rabia”), Esperanza Martínez, Carmela Campos, Vicenta García, Carmen Rodríguez, Rosa Morales… En el fondo, estas mujeres, con su arrojo y su entereza, “mantuvieron las vidas de sus hombres”. Fueron las heroínas que reclamaron sin descanso la llegada de la democracia y un nuevo horizonte de libertad.

 

Fuimos mujeres de preso. Dirección: Irene Abad y Eva Abad. Montaje, fotografía y cámara: Pablo García. DGA: Amarga Memoria. Zaragoza, 2011. 58’.