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Antón Castro

Escritores

BELÉN GOPEGUI, HOY, EN CÁLAMO

Esta tarde, a las 20.00 horas, en Cálamo, Belén Gopegui (Madrid, 1963) presenta su nueva novela: ‘Acceso no autorizado’, una reflexión sobre el mundo de la política, el poder, el mundo de internet y los ‘hackers’. La protagonista es una mujer que hace pensar en María Teresa Fernández de la Vega; la autora de ‘Lo real’, ‘La conquista del aire’ o ‘Deseo de ser punk’ también aborda la traición de la izquierda, los fracasos y la falta de foco en sus objetivos. La posee la brillantez, la fluidez y la mirada personal de Belén Gopegui, que debutó en la ficción con ‘La escala de los mapas’. Acompañaré a Belén, a quien conozco desde ese libro, en la presentación. Esta novela ha supuesto su paso de Anagrama a Mondadori.

CARLOS DE ABUIN: TRES POEMAS

 

 

ICH BIN NICHT GROSS

 

Como la aleta dorsal de un gran pez

La montaña-horizonte de Ginebra

Enfrente de mi ventana enhebra

Hilachas de nubes con tozudez.

 

Pasados los laberintos de Fez

Las palmeras que el aire seco quiebra

Trazamos más mapas, pieles de cebra

Sobre este mundo creado en estrechez.

 

Somos viajeros, olas de un lago

Reclusos de una vida atrapada

En los barrotes de un monte alpino.

 

¿Quién será me pregunto el hábil mago

Que urdió esta aventura que cada

Cual ha de vivir como su destino?

  

 

CUATRO RUEDAS

 

Cuando en el silencio mi voz te nombra

Fluyes como un río infinito

Apenas puedo verte en la sombra

Y cada beso a la noche es un grito.

 

Los astros brillan en su oscura alfombra

Tu frente exuda un veneno exquisito

Es un honor que aún ahora me asombra

Ver en tus ojos el Amor escrito.

 

Huele a rosas ácidas, gasolina…

Un cercado juega a ser muralla

Un coche es castillo en la colina

 

El Destino es el campo de batalla.

Sin armas, la Muerte se adivina.

Temible es, cuando nos mira y calla.

 

A Beatriz

 

 

TRASMOZ

 

Una begada estié en Trasmoz.

En ixe mon cobalto e solenco,

D’o desierto parezía un troz:

Suenio chelau de bel alunadenco.

 

Sentié d’un mago arabe a boz;

O infinito d’un zielo azulenco.

Carreras buedas, un calor atroz,

Un sudor, como augua de mayenco.

 

A mía memoria ye un río, ye ebidén.

No quiero ir-me-ne d’astí, luén…

Fuyir d’o esdebenidero destín.

 

No. Beberé a ambista totalmén.

Os míos labios conoxen o camín;

As bruxerías d’o zierzo sin fin.

 

*Las fotos son de Wayne F. Miller.

INGRES Y LADY MONTAGU: AMOR Y ARTE

Una pasión imposible con Oriente al fondo

 

Cuatro cuadros de Ingres: 'La gran odalisca', 'El baño turco', 'La pequeña bañista' y 'Rafael y La Fornarina'

[Patricia Almarcegui, la orientalista zaragozana, publica la novela ‘El pintor y la viajera’ (Ediciones B), donde reúne a Ingres y a Lady Montagu]

Mary Wortley Montagu, vista por Jonathan Richardson. 

Patricia Almarcegui fue bailarina antes que profesora, fue orientalista antes que narradora. El ballet la llevó a Roma y Florencia; regresó a Zaragoza y aquí se licenció en Filología Hispánica. Más tarde, la lectura de Edward W. Said fue como una revelación: le descubrió el mundo oriental, y se zambulló en ese universo en el que aparecen figuras como Alí Bey, Richard Burton, traductor de ‘Las mil y una noches’, Gustave Flaubert, Bruce Chatwin, y otras figuras fundamentales. Vivió en distintos países de Asia y de África, y ha publicado artículos y monografías sobre los viajeros a Oriente. Por eso no sorprenderá a casi nadie que su debut como narradora sea con un libro como ‘El pintor y la viajera’, que acaba de aparecer en Ediciones B y que presentaba el pasado lunes en Ámbito Cultural, en compañía de Rafael Argullol.

Ella define esta narración de corte intelectual, ajustada y fluida, como el “fruto de un deseo imposible. El deseo de que el pintor Jean Auguste Dominique Ingres y la viajera lady Mary Wortley Montagu se hubieran conocido”. Eso, como recuerda Patricia Almarcegui, no llegó a suceder: habían nacido con un siglo de diferencia. Se le ocurrió la idea durante la observación en el Louvre del cuadro ‘La pequeña banista’ de Ingres (1780-1867), de inequívoco influjo oriental. Lady Montagu (1689-1762) fue una viajera muy especial: estuvo en Turquía, conoció los baños y los harenes, y envío una intensa correspondencia desde Estambul. Ingres, romántico y realista, acusó el impacto oriental, como lo acusaron Delacroix, su gran rival, o Matisse, muchos años después.

La novela comienza con Ingres en crisis. “Por primera, se había dado cuenta de que había dejado de desear. Habían desaparecido las mujeres, los cuerpos y la piel”, se dice. Tenía la sensación de que había perdido su mejor sentido, el de la vista, y estaba desencantado con su propia trayectoria de pintor. Hasta que su mejor amigo lo rescata y lo lleva a la representación de la ópera ‘Orfeo’ de Glück, que le conmueve. Y allí se encuentra con Gerard de Nerval, con Baudelaire, “elegante y estirado”, y, por magia de la escritura, con Lady Montagu. Hablan vagamente y se emplazan a otra cita. Ingres se traslada al campo y allí recibirá, con bastante indolencia, a Delacroix, con el que estaba enemistado. Saltan chispas en un diálogo muy interesante sobre la pintura francesa del siglo XIX, sobre el color, el dibujo, la forma, la mirada hacia Oriente.

Más tarde, Lady Montagu e Ingres se reencuentran y ahí empieza un diálogo intelectual sobre arte, sobre el viaje, sobre Oriente, sobre las mujeres y sobre el amor. Por ejemplo, Lady Montagu le dice que a veces le irritan sus cuadros, y que el mejor de los suyos es ‘Rafael y la Fornarina’, mejor que ‘La gran odalisca’ o ‘El baño turco’. Ingres explica que ella es Madeleine, el amor de su vida. Hay amagos de erotismo, de pasión, pero sobre todo la novela, muy entretenida, de gozosa lectura, es casi un retrato de dos personajes muy diferentes: el más acomodado Ingres, uno de los pintores protegidos por el poder durante años, y la aventurera Lady Montagu. Los diarios de él, las cartas de ella, los sueños y la imaginación de Patricia Almarcegui alimentan esta novela que pertenece a la literatura histórica y a la literatura fantástica. Una novela que tiene otra virtud: es breve, rápida y está escrita con naturalidad a pesar del anacronismo del que parte.

 

El pintor y la viajera. Patricia Almarcegui. Ediciones B. Barcelona, 2011. 200 páginas.

SOPEÑA, CHOOS, BLANCA BK, ROMÁN, C. FALLARÁS Y CLAUDEL: BORRADORES

Gabriel Sopeña visto por Esther Casas.

Gabriel Sopeña, profesor, poeta y cantautor, presenta su nuevo poemario ‘Máquina fósil’ (Olifante) en Borradores, que se emite esta noche a las 0.35 horas. Interpreta dos temas, uno de los poemas del libro, ‘Como antorchas’, y ‘Políticamente incorrecto’ de Luis Alberto de Cuenca, a quien acaba de musicalizar para un disco en el que cantará Loquillo.

Los otros dos invitados al plató son dos artistas aragoneses: Blanca BK, una ilustradora que tiene varios proyectos recientes y que acaba de ser reclamada para trabajar en Estados Unidos, y el fotógrafo Gustaff Choos (Jesús Royo), que se ha especializado en el mundo de la música y en diversos festivales y en campañas publicitarias que le han llevado a retratar, entre otros, al futbolista Lionel Messi.

Philippe Claudel con su hija Lys. Foto de Aloma Rodríguez.

Borradores, entre otros reportajes, ofrece una entrevista con la escritora Cristina Fallarás, que acaba de ganar el Premio Barbastro de novela. Fallarás habla de su última novela, ‘Las niñas perdidas’ (Roca), donde una detective de vida complicada debe investigar el secuestro y asesinato de dos niñas. Olga Román recorre su trayectoria, sus años con Aute y Sabina, con motivo de su tercer disco: ‘Seguir caminando’. Se ha especializado en música latina y en jazz. Y el narrador y cineasta francés Philipe Claudel analiza sus novelas, su estética, y sus películas. El autor de ‘Almas grises’ o ‘La nieta del señor Lihn’ es un escritor muy meticuloso e intenso, uno de los valores más sólidos de las letras francesas y europeas. Es el autor de la película ‘Hace mucho que te quiero’ (2008), con Kristin Scott Thomas, en la que actúa su hija, que también aparece en la entrevista.

 

 

POETAS DE LA VIDA Y DEL LOCO AMOR

POETAS DE LA VIDA Y DEL LOCO AMOR

Las maletas de poesía de cinco mujeres

 

[Nuevos poemarios de Magdalena Lasala, Carmen Ruiz, Marta Fuembuena, Maribel Hernández y Milagros Martín que exploran la pasión, el cuerpo y sus heridas, el viaje y la memoria]

Algo pasa con la poesía en Aragón. Con la poesía en general y con la poesía de mujer en particular. El libro ‘Yin. Poetas aragonesas, 1960-2010’ (Olifante) está siendo un pequeño acontecimiento: no sabemos si de ventas, pero al menos de promoción, de recitales, de viajes, de presentaciones aquí y allá. De exaltación de la palabra de mujer. La idea de Ángel Guinda, tan generoso él, tan alucinado hacia la poesía, mueve montañas, agita públicos, concentra espectadores y oyentes. Ya sea en Tauste, en Zaragoza, en Soria, en Teruel, en Tarazona o el Calatayud.

Estos días, han aparecido nuevos poemarios de mujeres. Elegimos hoy cinco. Hace unos días, Magdalena Lasala presentaba ‘Arderé en el exilio de tu cuerpo’ (Endymion), un nuevo volumen de amor (“amor loco” lo llama, que “domina, aturde, esclaviza, somete”) donde explora la intensidad de las relaciones, el dolor de la ausencia, la energía de la entrega, ese estado permanente de éxtasis que viven los amantes. Lasala había recorrido antes este territorio, con más ironía y sentido del humor tal vez: aquí recupera la pasión volcánica, la excitación febril (“dejo su boca /apresando con su fiebre la mía”), la urgencia de la consumación del deseo, los pequeños detalles del vivir con ese lenguaje característico suyo, tan voluptuoso y dado al arrebato. Dice Magdalena Lasala, por ejemplo: “…ven, bebe este exceso a sorbos, / floréceme con tu saliva plena / de tu deseo, de tu nombre en mí pleno/de ti/sáciama saciándote de las corrientes que fluyen / en tu paraíso”.

Carmen Ruiz Fleta es una poeta del amor, del cuerpo y de la identidad. En ‘Polaroid (Todos parecemos más fuertes en la fotografías)’ (Olifante) se acerca a la poética de la inquietud y de la fragilidad, parece próxima a Sylvia Plath, a Elizabeth Bishop y, entre las poetas aragonesas y españolas, se acerca a Miriam Reyes. Su poesía habla de un cierto desamparo, del extrañamiento que se produce entre los amantes, de la difícil relación con los padres, de un frío ambiental y anímico, y de esos enigmas de familia que te dejen un tanto perplejo, como asomado al umbral del abismo: “Hablas de mi padre, / de mi madre joven, / de los suicidas del álbum. / Eres un desconocido / que habla de mis recuerdos (…)/ Esta noche pronuncias / todos los nombres de mi prehistoria”. Quizá la poética de la autora podría concentrarse en este verso: “Voy desnuda, pero todos alabáis mis vestidos”. Es, hasta ahora, su mejor libro: ensancha los temas que ya había tocado antes y crea, además, nuevos espacios de ficción.

Marta Fuembuena es la autora de ‘La excusa de los días’ (Comuniter. Colección Resurrección), una plaquette que, ante todo, intenta construir una voz. Una voz que habla de la paradoja, de la fugacidad de las cosas y del amor, de la espera y de la esperanza, una voz que habla de esos desencuentros cotidianos, atravesados por el silencio o el malentendido, que cercenan la alegría, que casi excluyen la felicidad. La poesía de Fuembuena tiene una ironía propia, un punto de humor, un acento a menudo teatral: “Hay muchas maneras de decirte que sin ti, / es difícil planear las aves que seríamos. / En la caída un cielo incierto, /la única que se me ocurre es la mía”. Y dice también: “De tu casa a la mía / hay un desfiladero de fantasmas, / aparcados en fila de a uno. / Por las noches, / si se asustan, / corren a meterse en mi cama”.

Maribel Hernández firma ‘Extraños con paraguas’ (Bubok), un libro que alterna la prosa y el verso. El poemario podría ser algo así como un diario de viaje: la prosa es la acotación, el acta del tránsito (en el espacio, en el tiempo y en la historia), y los poemas son meditaciones acerca de la soledad, del cuerpo y sus heridas, del amado que se esfuma y reaparece (“…mi cuerpo en línea recta / gotea una ausencia tuya, / pusilánime, / avergonzada de existir / aún…”, dice), y reflejan también la mirada sobre el paisaje y las ciudades.

Y desde Barcelona llega ‘Descubriendo mi tiempo’ (Ediciones Carena) de la oscense Milagros Martín Carreras, una “poesía que brota, humilde, de los humildes rincones de la vida. Una poesía sutil, interna: ‘Oigo voces que pronuncian mi nombre’. El misterio del amor, del dolor del amor…”, escribe José Membrive de esta mujer de 80 años, que utiliza el copla, la canción y otras composiciones breves al servicio de sus recuerdos, de las pequeñas cosas de cada día, de lo que ve y siente, o de algunos homenajes, como el que le dedica a José Antonio Labordeta: “Y llorarán por ti las aguas de los ríos. /Recordarán las cumbres el eco de tu voz…”

 

*La primera foto, tan refrescante, es de Guy Bourdain. La segunda de Ellen Kooi.

JOAQUÍN BERGES: NUEVA NOVELA

 

Joaquín Berges (Zaragoza, 1962) publicó primero la segunda novela que había escrito: ‘El club de los estrellados’ (Tusquets, 2008), una narración que tenía algo de mezcla de película de Pedro Almodóvar y de novela de David Lodge, con quien se cartea desde hace una década.

Pero en realidad, Berges había escrito antes otra novela,
‘Vive como puedas’, que tenía algo de vuelta de tuerca o de versión modernizada de aquella película de Frank Capra: ‘Vive como quieras’. Y esa novela acaba de aparecer en vísperas de la Feria del Libro en la editorial Tusquets: se trata del relato de un hombre patético y contemporáneo que sucumbe a casi todos los obstáculos que le tiende la vida.

“Me llamo Luis, tengo cuarenta y tres años, odio los espejos y trabajo en una fundación dedicada al desarrollo de las energías alternativas. Tengo cuatro hijos. Dos de mi primera mujer, uno de mi segunda y una hijastra que venía con ella (¿Cómo en un pack de oferta de supermercado?). Estudié ingeniería industrial…”, dice el protagonista en su diario. De inmediato nos da más información: su primo Óscar le ha levantado el puesto a que aspiraba en su empresa y antes “lo había pillado en la cama con mi primera mujer”. Luis cuenta que su vida es un pequeño infierno que empieza en Sandra, su segunda mujer, una rígida ecologista, “una mujer esbelta pero no elegante. Todo en ella es tan natural que no deja espacio para la elegancia. No se maquilla, tampoco se peina, usa una ropa holgada que no se corresponde a su talla”; Luis insiste en sus descripciones, dice que no es fea y que sabe dar unos “indescriptibles masajes en los pies”, que nunca tienen una finalidad sexual.

Luis, en estas primeras confesiones, agrega que “Carmen, mi primera esposa, es a su lado un torbellino de cabellos negros, dientes manchados de nicotina y ojos pardos, un cúmulo de energía difusa que se maquilla y viste con la explícita pretensión de gustar y el inequívoco deseo de provocar”. Con él no debió lograrlo del todo porque, aunque lo “provocaba con sugerentes conjuntos de ropa interior”, nunca logró que fuese “un amante de primera”, y pronto se convertiría en “un fornicador distraído, flácido y precoz”. A este panorama inicial hay que sumar otros detalles: su viuda madre, que lo llama todos los días para comunicarle “los valores de su presión diastólica y sistólica. Y sus pulsaciones”.

Con estos datos ya se ve que nos asomamos a una novela de humor, de sarcasmo y de sátira, y de costumbrismo familiar actualizado, en la que se alternan las reflexiones del protagonista con diálogos chispeantes, con un aroma irónico de teatralidad y gran abundancia de detalles. A Berges, que es un gran observador, le encantan el humor y la comedia, y las desmesuras la vida cotidiana: a su hijo pequeño lo maltratan en el colegio, como le había sucedido a él, y al intentar arreglar el conflicto se encuentra con una profesora comprensiva y prometedora, tiene un amigo de vida secreta que también le crea algún que otro conflicto y sus hijos mayores se mueven en el pantanoso terreno de las drogas de diseño. Y por si fuera poco, él no puede olvidar a Carmen. Berges acaba construyendo una novela que hace pensar en David Trueba y en ‘Abierto toda la noche’, en climas de George Cukor y Billy Wilder, y en los sainetes de Arniches y de Jardiel. Se mezcla el desafuero con la acidez: este es un mundo un tanto siniestro, parece decir Berges.

Un libro divertido, pero cruel

El libro divierte, hace reír, es cruel en muchos momentos -de su mejor amigo se dice: “Óscar tiene la edad mental de un adolescente”-, no deja títere con cabeza y lo mejor de todo es que Luis Ruiz Puy no piensa en ningún momento que sea mejor que los demás. Dice que “la vida es para vivirla, no para escribirla”, y que va a arrojar el diario a la chimenea. Eso sí, antes ha recuperado “la capacidad de llorar” porque “las lágrimas pueden ser las palabras de una lengua universal que no requiere traducción”. Luis Ruiz Puy y Joaquín Berges son, en el fondo, muy en el fondo, unos sentimentales y unos neorrománticos.

 

*La foto es de Laia Navarra.


 

INKA MARTÍ Y SU 'CUADERNO DE NOCHE'

INKA MARTÍ Y SU 'CUADERNO DE NOCHE'

 

Inka Martí o los sueños con serpientes

 

[La escritora, antaño presentadora de TVE y ahora editora de Atalanta, publica un personal y turbador libro: ‘Cuaderno de noche’]

 

 

Inka Martí era conocida como presentadora de televisión. Uno de esos rostros dulces y luminosos que entran a mediatarde o de noche en el comedor y se quedan allí como las buenas compañías. Hace algún tiempo, tras publicar dos libros infantiles, Inka Martí se unió al editor Jacobo Siruela y juntos crearon el sello Atalanta, que ya ha cumplido más de un lustro y que ha ofrecido al mercado editorial más de sesenta libros, que exploran la memoria, la literatura fantástica, el pensamiento, la historia de las religiones y el cultivo de la imaginación. Ahí han publicado libros extraordinarios, libros raros, han realizado algunos rescates espléndidos y han redescubierto a muchos autores. El propio Jacobo Siruela ha publicado un hermoso libro sobre los sueños: ‘El mundo bajo los párpados’, que nos hace recordar aquella colección tan turbadora, ‘El ojo sin párpado’, que publicaba en Siruela. Un libro casi totalizador que mezcla la ciencia con la especulación y el viaje literario. Y hace muy pocas semanas, Inka Martí publicaba en Atalanta ‘Cuaderno de noche’ (Vilaür, Gerona, 2011. 160 páginas), un libro que recoge sus sueños “reales, no tratados literariamente, sin artificio”, de una década: desde el año 2000 hasta este 2011.

Es un libro personalísimo, un viaje al pantano cenagoso del cerebro que nunca duerme, es un inventario que no es nada inocente, por decirlo de algún modo. A través de lecturas concretas, de aventuras específicas, de una nueva forma de vida, Inka Martí ha modificado su existencia, y estos sueños tienen un hilillo de conexión inequívoca, más o menos visible, con el mundo que frecuenta: el viaje, las religiones, el misterio, el esoterismo, los escritores fantásticos que le interesan, el eco de Borges, de Kafka, la naturaleza exuberante que la rodea, esos espacios oníricos que ella ha fotografiado (y que se pueden ver en www.edicionesatalanta.como/espaciosoniricos.html). Y no decimos esto para rebajar ni la fuerza ni la sinceridad ni el latigazo de los sueños: Inka Martí, como el marqués de Saint Denis, del que tanto habla Jacobo Siruela en su libro, es una perfecta onironauta.

En esos viajes está casi todo: el amor y el desamor, la irrupción de escenarios idílicos e inquietantes a la vez, como el corazón del bosque, las islas, las casas vacías o las construcciones que parecen palacios, fortalezas o laberintos, como ocurre en ‘El templo del amor’; aparecen los chamanes, los colgados, los monstruos, las criaturas imaginarias o híbridas, como el hombre-cocodrilo; aparecen pesadillas (como la historia del ‘bebé a la parrilla’), sacudidas reales que dejan sin aliento como la presencia de los violadores. También hay muchos sueños con mar, y a menudo esas imágenes o secuencias que tienen mucho que ver la subversión de la propia vida: el cerebro desordena las cosas y parece enfatizar un desencuentro con el ser amado, con el hombre altísimo con el que vives a diario.

Este ‘Cuaderno de noche’ de Inka Martí tiene muchas claves simbólicas que invitan a la interpretación y la conjetura. Puede leerse como un bestiario. Está repleto de animales: águilas, asnos blancos, perros y gatos, ratas y tritones, y muy especialmente de serpientes. Dice la autora para HERALDO: “Hablar del mundo interno y de los sueños es muy complejo, el terreno es resbaladizo y, al mismo tiempo, tiene algo de encantamiento. Hoy desperté con la idea de que este ‘Cuaderno de noche’ podría ser como el beso del príncipe a la bella durmiente: un despertar al mundo interno”.

Jacobo Siruela prologa el volumen y subraya: “Cuaderno de noche’ es un testimonio veraz de cómo discurre la vida en sueños”. E insiste, con Theodor Adorno, que estas piezas, a las que no se les ha añadido retórica ni afeite literario, pertenecen al mundo unitario de la mujer que los sueña. La mujer que lee, que atisba los pájaros, que posee caballos y perros, la soñadora que adivina las serpientes en pleno campo. En el texto ‘Serpientes’, escribe Inka Martí: “En varias ocasiones sueño con estas imagen: Un perro al que le sale una serpiente por la boca”. En ‘Serpientes ordenadas’ recuerda: “En un cuadro, con el marco colgado en el vacío, hay una serie de serpientes de distintos tipos. Disecadas y clavadas con alfileres, como las mariposas de un naturalista”. La obsesión por las serpientes reaparece en ‘El campo de olivos’: “Estoy en un campo de olivos. Anochece. De cada árbol penden varias serpientes”.

El volumen está escrito con un estilo límpido y a la vez resulta refinado, mágico, nítidamente poético. Y los sueños, ordenados cronológicamente, también tienen una estructura especial: son como microcuentos, poemas en prosa, piezas autónomas que se encierran en una bella estructura donde hay lugar para la sorpresa, la perplejidad, el espanto, la odisea en el tiempo. Cabría decir que Inka Martí desliza, página a página, un perturbador autorretrato.

MIGUEL MENA PRESENTA 'ALERTA BÉCQUER'

Miguel Mena con los chicos de 'Toponimia nimia': Eva Hinojosa, Antonio Domínguez y Mikel Alcázar. El ingenio hecho palabra, humor y un poco de osadía.

 

‘ALERTA BÉCQUER’ DE MIGUEL MENA, EN EL TEATRO ROMANO

La literatura le sonríe a Miguel Mena. Quizá se haya convertido en el escritor más popular de las letras aragonesas. Un libro como ‘Piedad’ (Xordica) ha alcanzado la cuarta edición y ha cosechado elogios por doquier de autores tan distintos como Óscar López, David Trueba, Javier Cercas, etc. Es, sin duda, uno de sus libros más estremecedores en el que habla, en textos cortos e intensos, de todo lo que le obsesiona: el amor, el desamor, la injusticia, la violencia, el terrorismo, las historias secretas y el dolor y la felicidad que le proporciona su hijo Daniel, que padece el «síndrome de los niños felices». Y a la vez, como suele hacer en la vida cotidiana y en novelas como ‘Bendita Calamidad’ (que será llevada cine por Gaizka Urresti: el cineasta ya ha escrito el guión y ahora espera a ajustar los diálogos), Miguel Mena retorna al Moncayo, a Veruela y a Trasmoz, si en algún instante había dejado de mirar esa «montaña que ya no ampara».


Presenta esta tarde, en el Teatro Romano, con Luis Alegre de anfitrión, ‘Alerta Bécquer’ (Alba Editorial), una narración donde cuenta la historia de Eduardo, que es capaz de hacerlo todo para seducir a su novia Dafne. Para seducirla, convencerla y deslumbrarla. Emprende una aventura muy curiosa, muy goyesca: quiere trasladar, con su amigo Óscar, los restos de Bécquer, el espíritu del romanticismo y de la poesía amorosa, desde Sevilla al Moncayo.

De repente, ese cadáver, como le había ocurrido al de Francisco de Goya, pierde la cabeza, y ahí empieza una narración delirante, divertida, llena de guiños y de viajes, de peripecias que tienen un poco de sainete español y de aventura tan disparatada como medida, en la que intervienen la televisión (y el presentador Leo Rivas, que bien podría tener algo de Iker Jiménez) y el ya veterano inspector Ruiz, otro de esos personajes tiernos y tercos, que, además, cuenta con la colaboración de su esposa, así como quien no quiere la cosa. La novela, en el fondo, tiene mucho de ‘road movie’ con secretos: Eduardo quiere sorprender a Dafne; Dafne quiere encontrarse por sorpresa con Eduardo, con la complicidad del amigo Óscar, se asiste a diversas fiestas de pueblo e incluso hay una parada, cómo no, en Dinópolis (Teruel) y en la leyenda de los Amantes de Teruel: “Ni siquiera pudieron besarse (…) Murieron de amor. Se querían tanto que, al no poder estar juntos, el amor los fulminó”, así conversan Eduardo y Óscar. Los secretos de la policía, los enigmas que baraja Rivas, el perfil del propio Bécquer, todo ello ensancha el enigma de la ficción… El libro posee esa atmósfera festiva y jocosa y de intriga de los libros de Miguel, y a veces te hace pensar en Jerry Lewis.