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Antón Castro

Escritores

RAFAEL LOBARTE: CINCO POEMAS

Rafael Lobarte es un estupendo traductor de Keats o Shelley, pero también de Ezra Pound o Yannis Ritsos. El próximo miércoles, en el Teatro Principal, en compañía de Luisa Miñana, presentará su poemario ‘Los negros soles’ (Olifante. Papeles de Trasmoz: La Casa del Poeta): poesía medida y ceñida, de ritmos trabajados, rica en imágenes y sensaciones, poesía clásica y serena, que explora sensaciones, instantes, la felicidad y el dolor. Por ejemplo, hay una elegía dedicada a su padre, otra a un niño de seis años, un soneto al cuerpo, pequeñas desazones y desamores, como sucede en ‘La niña con trenzas’. El libro tiene una factura elegante. Rafael Lobarte me envía, a petición mía, una selección de cinco poemas.

 

 

 

Por Rafael LOBARTE 

 

EL VELADOR

 

Cuando los negros soles se hundieron en las copas,

salí con mi levita y mi bastón agudo.

El verde de la noche gemía iluminado

como una flor abierta por el cuello de Osiris.

 

Teas que se engarzan en brillante corona

refleja sobre ónix la escondida corriente.

Muchedumbres se cubren de blancura los rostros

abocadas sin límite a un abismo rotundo.

 

Por si acaso amaneces he bajado a la orilla

que calan de penumbra las arquerías ciegas,

para envolver en lodo la oquedad de mis manos

y elevar horizontes y praderas y nubes.

 

Traspasé el umbral de espejos quebrados

donde tiembla la voz y las poses se fijan

en mueca estudiada de perfectos contrastes,

amatista o coral sobre nieves de armiño.

 

Camareros borrachos custodiaban la sombra

ornándose de vidrios y de húmedos trajes,

nadadores intrépidos que añorasen los peces

por una tierra hendida transitada de velas.

 

Tu recuerdo callado, el velador antiguo,

la rota claridad que aún me estremece.

Hojas suaves y enormes se poblaban de ausencia

y la música ardía poderosa y distante.

 

La ira desbordaste agolpada en mi boca.

Tu cuerpo se tensó como un arco preciso.

Ancho cauce atrapado entre llamas furiosas

donde yace confusa multitud de guerreros.

 

La avenida sucumbe en su danza maldita

de rincones perdidos y temibles sirenas.

Bajo los sucios porches no se muestran los astros

y el vómito irrumpe como antílope intruso.

 

Desnuda madrugada de cobrizos cabellos

su ebrio hálito esparce con pesarosa brisa.

Hílax ladra de nuevo por los grises confines.

Mas el rosa desmiente un turquesa indeciso.

 

 

 

ORIENTAL

 

  Omar, Omar, Omar.

  Largo balcón abierto.

  Caracola de mar.

 

  Blancas banderas y altos estandartes

  galopaban, Omar, sobre tu pecho.

  Pero la negra luna,

  ceremoniosa y grave,

  alzó por el Oriente inmarcesible

  cien mil jinetes persas

  y aljabas califales.

 

  Samarra: laberinto.

  Fortificada rosa

  en la lengua con púas del desierto.

 

 

 

JÚBILO

 

Es una criatura tan hermosa,

que ya puede llenarse de ramos y caminos

la oquedad de la luna, y poblarse

del candor tembloroso con que miran los pájaros.

 

Porque por donde pasa,

se derrumban enormes los bloques del silencio

y encuentran su camino las caravanas ciegas.

Porque por donde ondea,

dulcísimas aroman las arpas del banquete

y brota el fresco lirio de la dicha.

 

 

 

SONETO INSOMNE

 

La noche deja por mi triste boca

gusto acerbo de liras enlutadas.

En mis sienes dos lumbres apagadas

ángel sin sueño en su dolor coloca.

 

Alza la eternidad escudo y roca

al paso de las horas desoladas,

y tiemblan como esquirlas las espadas

de un cielo que el alba apenas toca.

 

No estás aquí, que estás del otro lado

doliéndome en los bordes escondidos,

doliéndome de ansia en el costado,

 

doliéndome con dardos encendidos,

doliéndome de azul iluminado,

doliente en la raíz de mis sentidos.

 

 

EPITAFIO SENTIMENTAL

 

Ya se desvaneció tu pequeña figura

con un leve gemido.

 

Tu pequeña figura de diversos colores,

de colores tan vivos, luminosos y tiernos.

 

Con un leve gemido se ha quebrado el murmullo

de tu voz incesante.

 

Ahora, diminuta y verde ave celeste,

te alejas de esta lluvia de otoño que no es tuya.

 

Vuelas al escondido lugar donde frecuentes

aleteos afines que requieran tu canto.

 

Será un amanecer de trópicos y palmas.

 

Aquí ya sólo encuentro tu cuerpecillo inerme.

Se apresta a devorarlo la tierra y sus raíces.

 

Aquí ya sólo encuentro este débil susurro

que apenas rozará el breve umbral del aire.

 

 

*Todas estas fotos son de la fotógrafa norteamericana Louis Dahl-Wolfe (1895-1989), que trabajó mucho en moda para 'Harper's Bazaar'.

ELOY FERNÁNDEZ: MEMORIA DE SÍ

[El catedrático de Historia Económica y cofundador de ‘Andalán’ con Labordeta, publica ‘El recuerdo que somos. Memorias, 1942-1972’ (Rolde, 2011, 616 páginas). Mantuvimos esta conversación con él a propósito del libro.]

 

 

¿Qué tipo de memorias ha querido escribir?


Contar mi tiempo, los hechos que he vivido, directa o indirectamente pero que me influyeron, las personas que conocí, siquiera fuera desde lejos. También, solo en este tomo, las lecturas, cine y otros elementos que me fueron formando. Pero no quiero ser el sujeto principal, sino el portavoz de una generación, una época. Me gusta mucho el género memorias. Por ejemplo, las maravillosas de Eric J. Hobsbawm, quizá el mejor historiador vivo actualmente.



¿Cómo se ha fraguado luego ‘El recuerdo que somos’ (Rolde)?



Había ido guardando infinidad de materiales, que fui ordenando, releyendo, seleccionando. Y durante varios años procuré en lecturas, preguntas a amigos, y consultas en la red, completar datos, cuando hablo de alguien procuro decir quién «venía siendo» (una expresión muy gallega). He encontrado en ese inmenso baúl metafórico muchas cosas que había olvidado. La memoria ha sido guía global, pero los recuerdos proceden de esos trabajos en un 70%.


¿Cuál es su principal vocación?


Un poco de todo. Comunicador. Economista no soy, aunque he estudiado mucha economía; maestro, profesor, ha sido mi profesión durante medio siglo y me ha sido muy grata; historiador y periodista han ido juntos: he procurado investigar con cuidado y contarlo de modo claro, directo, lo más ameno posible.


Aragón es su gran tarea y su gran obsesión. ¿Qué fue primero: ese gran conflicto religioso o Aragón?


Sin duda el conflicto religioso, la inmensa búsqueda y el enorme desengaño. Y del mismo modo, poco a poco, fue formándose una gran preocupación aragonesa. Fascinado por tantos aragoneses, con Costa a la cabeza, laboriosos, honrados, inteligentes, y por la evolución toda de nuestro pueblo.


¿Qué es Aragón para usted?


Es casi imposible definirlo. Es un hermoso territorio, con notabilísima cultura, y una comunidad acaso demasiado ingenua y sencilla, donde uno se siente a gusto y procura dejar algo mejor que lo encontró. Y sin problemas con una España plural, federal, sin privilegiados, ni con Europa y el mundo.ç


Trabajó en la revista ‘Pilar’, en Radio Popular, le besó la mano al Papa y casi coquetea con el Opus Dei. ¿Cómo logró zafarse de todo eso?


Para zafarme precisaba ser acosado, y no lo fui. Era un buscador tremendo. Y en ese ambiente religioso fui muy religioso, pero preferí la Acción Católica por cuestiones de estilo y apertura. Y fui evolucionando muy lentamente hasta mi situación actual de lejanía (no de muchas personas pero del todo de esas jerarquías, ese montaje inmenso, esas obsesiones dogmáticas, ese ultramontanismo).


¿Qué mundos le abrieron la universidad y sus profesores?


Muchos. Me pareció extraordinario poder recibir enseñanzas superiores, entonces era algo difícil. Cuando escuchaba a profesores excelentes, me fascinaban, aunque muchos solían volcarse pocas veces, y los había muy mediocres; pero el sistema, esa especie de club del saber, era algo fabuloso.


Y luego, Madrid…


Fue como una segunda parte de esa gran oportunidad. Conocer a personas en las que creía, vivir acontecimientos importantes en la lucha por la democracia, ir madurando más, encontrando un camino escurridizo.


Siempre ha tenido una gran devoción a José Luis Aranguren, ¿por qué?


En efecto. Devoción no es la palabra, pero sí admiración por su valentía y porque era un adelantado en percibir, estudiar, explicar muchas cosas. Era cordial, sencillo, hondo, sin ocultar sus dudas.


José Antonio Labordeta, su gran amigo, se definía como un ser dudante. ¿Usted también se siente así?


Por supuesto. Yo he sido siempre tímido, inseguro. La vida va enseñando, y vas encontrando soluciones a muchas cosas, pero con frecuencia dudo. No estoy seguro de muchas cosas.


¿Qué hay de verdad, más allá de la hojarasca, de la leyenda de los años de Teruel y del colegio San Pablo?


Creo que no es hojarasca, aunque sí algo de leyenda. Era un lugar y un momento que resultaron ideales para experimentar lo que se podía hacer, hasta dónde, en una época durísima, hermética, sobre todo allí. Que coincidiéramos unas docenas de profesores motivados y alumnos magníficos, libres, divertidos, fue una suerte para todos. Teruel me enseñó que si tienes un bagaje de formación, acceso a libros, buenos amigos con los que debatir de casi todo, vivir unos años en una pequeña ciudad no es un problema, sino, en muchas cosas, un privilegio.


¿Era necesario hacer unas memorias tan apabullantes y exhaustivas de nombres?

No lo sé, quizá no era necesario y sea un error. Pero me puse a escribir y ha salido esto. Es una historia coral; es toda esa gente a la que conocí que me influyeron, ayudaron, acompañaron, a veces «incomodaron». No es preciso leer como un manual, aprendiendo estos miles de «reyes godos»; al revés, los no interesados pueden pasar párrafo, anotando solamente que había mucha gente por allí. A otros, en cambio, les gusta coincidir en recuerdos (o discrepar, bueno), y comprobar si me acuerdo de que estaban también ellos o ellas por allí, aunque no siempre ocurre, ay.


¿Se ha querido hacer el testigo invisible en el contexto del libro?


No me he querido hacer: lo era, casi invisible, en muchos casos. Y he adoptado ese tono, porque otro sería falso.


¿Qué nos queda de usted, tras la escritura del libro y tras tantas utopías?
Un cierto intento de ajustar cuentas solo conmigo, con mi tiempo, de hacer de testigo de una época relativamente poco conocida, los 50 y 60 del siglo pasado, mostrando lo lento y difícil que era el cambio en un régimen tan tremendamente duro, en nuestras propias personas llenas de contradicciones. La necesidad de contemplar el pasado comprensivamente, y apoyarse todavía en él para seguir caminando.


Se despide en la plataforma de lanzamiento de ‘Andalán’…


En la medida en que ‘Andalán’ iba a estar bastante en mis manos (con un equipo espléndido alrededor), todo esto permite entender lo que va a venir. A ver si tengo tiempo y fuerzas para acabar ese segundo tomo, quizá último, en que hablaré de «los años de ‘Andalán’» y de bastantes cosas más. El cariño que han echado muchos amigos me anima a ello.

 

ENRIQUE VILLAGRASA, TRES POEMAS

En la colección de plaquettes de Comuniter, Resurrección, que dirige Octavio Gómez Milián, Enrique Villagrasa publica ‘Lágrima de mar’, que puede leerse como un único poema que aborda, en clave lírica, un viaje desde el lugar de sus raíces, Burbáguena, los viñedos y el Jiloca, hasta el mar. Y en ese viaje se arrastra el amor, la esperanza, la escritura poética misma. Cuelgo aquí una selección de textos de Enrique Villagrasa, crítico de poesía de medios como ‘Qué leer’, ‘Turia’ o ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón, y traducido a varias lenguas del mundo.

 

LÁGRIMA DE MAR

 

Por Enrique VILLAGRASA

 

 

I

Ahí florecen los silencios.

Una lluvia acaricia distancias.

Pero en la lejanía y en la memoria

las manos desafían al tiempo,

buscan la cicatriz del aire.

El día amanece vestido de gris,

es una plomiza mañana de primeros de mes.

Gritas su nombre en tu habitación vacía:

la página es tu voz

y la palabra el silencio sido.

Cómo palpita el momento,

qué melancolía de gestos

en un huir de arrasadas lágrimas,

para ocultar el instante

y los tañidos del cristal.

Pero, de nuevo, las estrellas te arropan

en su belleza.

La clepsidra derrama su gota última.

Acaricias su sonrisa

en el guiño del verso.

Por descifrar su mirada

sucumbes ante la noche

al oír las estrellas.

 

II

Doblan lentas las voces.

Estériles arpegios

se repiten por ti.

El rasgueo del alba

duplica raudo su eco.

No puedes verla. Te recreas

en el olor de las sábanas.

Marcha un poeta en su taxi.

Llueve esta mañana,

su otra casa espera.

Regresas a tu papel,

a escribir. Diríase

que llevas en tus manos

sus palabras.

Has perdido un paisaje,

nunca representarás

ni el amor ni el dolor.

Coge una botella de sombras

y compra esta noche pasiones,

para encender sus ojos y los tuyos.

Entrada anda el alba

con su silencio clandestino,

que de voces sin rostro anda coronado.

 

III

Noviembre llora siempre

lágrimas ocres.

Te aferras al jarro vacío

de claridad que huye.

En ti ha germinado

la voz en minúsculas.

Reconoces el guiño,

no las palabras.

La tristeza difumina la tarde,

es un eco del arroyo.

Su luz, la sílaba

del anochecer.

Una saeta herida

escancia fragancias.

Sus plurales ecos

funden secretos candentes.

Cuando el poeta sedujo a la vida

y el lenguaje y los gestos

delimitaron la máscara.

La pluma dictó su verdad:

la noche es un callejón perdido.

Tú, que recorres sus esquinas,

ves que no está sola la playa.

 

*Las fotos son de Amelie Chassary. 

 

 

 

HOY, EL BORRADORES 250

‘BORRADORES’ LLEGA A LOS 250 PROGRAMAS

[Menú para esta noche a las 0.45: Actuación musical Jahsta. Plató: Félix Teira y Joaquín Berges. Reportajes y entrevistas: Rosa Montero, escritora y periodista; Inka Martí y Jacobo Siruela, editores de Atalanta y escritores, y Félix Anaut, pintor, Gonzalo Alonso, músico, y Marta Almajano, autores del proyecto ‘Zaragoza: Visual Simphony’]

 

El magazine cultural ‘Borradores’ alcanza mañana sus primeros 250 programas: lleva en la parrilla desde mayo de 2006. Ha contado con más de 240 actuaciones en directo, más de mil invitados en plató y ha realizado en torno a mil reportajes. Por el programa, entre otros, han pasado Zubin Metha, Montserrat Caballé, Chucho y  Bebo Valdés, Joaquín Achúcarro, Jorge Edwards, Philippe Claudel, Eleftheria Arvanitaki, Lila Downs, Julieta Benegas, Víctor Erice,  Fernando Trueba, Joan Manuel Serrat, Violadores del Verso, Carmen París, Soledad Puértolas, Rafael Azcona, los hermanos Taviani, Javier Tomeo, Luis del Val, Agustín Sánchez Vidal, Juan Luis Buñuel, Aurora Egido, José-Carlos Mainer, Martínez de Pisón, Ángel Guinda, José Antonio Labordeta, y una buena parte de los creadores aragoneses de todas las disciplinas: nuevos, conocidos y consolidados.

En la emisión de mañana cuenta con dos novelistas aragoneses de proyección: Joaquín Berges, que acaba de publicar en Tusquets su segunda novela, ‘Vive como puedas’, la historia de un hombre casado que añora a su primera mujer y que vive peligrosamente entre su madre, su nueva esposa, sus hijos y alguna de sus maestras, y un amigo complicado. Y Félix Teira, autor de ‘laciega.com’ (Funambulista), donde cuenta lo que le ocurre a una pareja cuando él pierde el trabajo y ella decide sumergirse en el mundo del porno por internet. La novela realiza un viaje a los infiernos y a la vez utiliza, y exalta, Zaragoza como escenario de la ficción.

‘Borradores’ ofrecerá, además, una entrevista con Rosa Montero, que hablará de ‘Lágrimas en la lluvia’, una novela policíaca y de ciencia ficción, y de su libro de artículos literarios ‘El amor de mi vida’. Jacobo Siruela hablará de su editorial Atalanta, que cumple cinco años, de sus colecciones y de su concepto de edición artesanal, y de su libro ‘El mundo bajo los párpados’, un texto literario sobre el mundo de los sueños. Inka Martí publica ‘Cuaderno de noche’ (Atalanta), donde ha recogido los sueños que ha ido recordando y anotando a lo largo de diez años: sueños con monstruos y selvas, sueños arquitectónicos y eróticos, pesadillas y premoniciones, viajes a regiones inquietantes, sueños turbadores.

 Y ‘Borradores’ se cierra con un proyecto muy especial: ‘Zaragoza: Visual Simphony’, donde se mezcla la pintura, la música y el canto. El pintor Félix Anaut ha querido poner color y forma a la pintura; Gonzalo Alonso ha compuesto una pieza musical inspirada en sus cuadros y la soprano Marta Almajano, acompañado de un cuarteto de cuerda y del propio Alonso al piano, interpreta un aria.

La actuación musical corre a cargo del grupo de reggae Jastha, que se presenta en ‘Borradores’ con cinco componentes. Dos de ellos, Suizo y Karty, analizan la trayectoria del grupo, y la banda interpreta dos temas: ‘Escúchalo’ y ‘María’.

ROSENDO TELLO: POESÍA Y VIDA

Rosendo Tello busca el origen de la poesía

 

[El escritor, Premio de las Letras Aragonesas 2005, publica ‘El regreso a la fuente’ (Prames), un viaje de las tinieblas a la luz y “a la vida auténtica”, que supone su retorno editorial tras el ictus cerebral que sufrió en 2009. “Ahora me siento como alguien encerrado en mi habitación con el silencio”, confiesa]

 

 “La vida siempre tiene razón”, dijo una vez Rainer María Rilke. Y a esa frase acudió, un tanto enigmáticamente, hace pocos meses Rosendo Tello Aína (Letux, Zaragoza, 1931) en una de sus últimas cartas, redactada en letra grande y vacilante con la mano izquierda, para explicar su situación. Su nueva situación. El 29 de agosto de 2009, el Premio de las Letras Aragonesas de 2005, profesor, ensayista y esencialmente poeta “de la luz, de las imágenes y de la música”, sufrió un ictus que le dejó inmovilizada la mano derecha, una leve cojera y con dificultades para hablar. Rosendo emite sonidos, más o menos pausados, a veces reconocibles, se le entiende casi a la perfección el golpe de voz “¿Dónde?”, pero resulta difícil seguirle. Ha perdido la palabra, aquella fluidez y aquella elocuencia casi barroca que tenía una correspondencia inmediata en sus versos.

Maribel, su esposa, le hace de intérprete, pero a menudo los sonidos de Rosendo resultan incomprensibles incluso para ella: entonces, el poeta toma el bolígrafo y escribe. “Ha tenido que aprender a escribir con la mano izquierda”, dice su esposa. Más que escribir, parece dibujar las palabras, como a vista de pájaro. Rosendo siempre había tenido una letra armoniosa y ceñida; la poesía, y la mayoría de los textos, los escribía a mano. Al llegar al salón de su casa, vemos uno de sus últimos versos, que ha corregido varias veces, y vemos su último poemario: ‘El regreso a la fuente’, que ha publicado Prames. Un libro que puede resumirse como “una travesía personal, interior y exterior, desde la tiniebla hacia la luz. Es eso, sí”, dirá. El poeta piensa como siempre: con rapidez, con exuberancia de ideas y de metáforas, con ese fulgor en los ojos de quien está vivo para la poesía, para la amistad y las emociones cotidianas.

Premonición y misterio

Rosendo Tello abre el libro por el primer poema. Y dice, con ayuda de traductor y del folio en blanco: “Este poema, ‘La lengua de los hombres’, ha sido un poema premonitorio, es como si yo barruntase la enfermedad, el ataque. Mira: ‘Fascinante y terrible es la lengua del hombre, / oscura y balbuciente a un mismo tiempo. (…) Mil lenguas no podrían expresar el enigma / del sueño del amor o el sentido del sueño’. Mi poesía, y quizá toda la poesía, nace del misterio”.

Rosendo Tello había publicado últimamente ‘El vigilante y su fábula. Obra poética reunida (1955-2005)’ en 2006 y el primer volumen de sus memorias ‘Naturaleza y Poesía’ (Prames, 2008). Dice: “La fuente del título es la vida auténtica. El título podría entenderse así: el regreso del poeta a la vida auténtica, y también hablo del retorno a los orígenes”. El libro propone un itinerario simbólico a los paisajes, a la memoria, a la intuición, a la música, a la sensibilidad, a la mitología (en ‘El final de una época’ llora el cadáver de Héctor, vencido por Aquiles) y a la noche, aquellos lugares en que brota la poesía y sus gestos: “Atento estaré a los rumores, a las palabras libres que no mienten, / a las dulces tormentas de la sangre, / a los graves avisos que me llegan de allá, / del lugar del que vuelven los amores perdidos, / de la tierra en que cesa de golpear el mundo”, anota en ‘Serena plenitud’, un texto de exaltación que dedica a su gran amigo José-Carlos Mainer.

Las imágenes de lo sagrado

‘El regreso a la fuente’ también es un viaje en el tiempo y una pregunta acerca del sueño y del desvelo, del más allá, de lo inefable. Escribe Tello: “Quien sabe unir dos tiempos, / con la fuente cantando su canción, /consagra su futuro”. El poeta anota en el folio: “La prosa no es el verso; cuando empleamos el verso hablamos de lo ceremonial. El verso se convierte en canto, en lo sagrado. Este libro habla de lo divino, de lo numinoso: de la inspiración”. Intenta acudir a las palabras y dice, con esfuerzo: “El verso parte siempre de la imagen, no del concepto. Yo soy un poeta de imágenes y sigo haciendo esa poesía. Antes del ataque y ahora. La primera visión que utilizo siempre es la de la metáfora, no es la de idea”.

Más que nunca, observador de las estaciones y de los fantasmas de su intimidad, Rosendo Tello se siente un poeta de la noche y del día. Un poeta que navega hacia las sombras de la oscuridad y del plenilunio. Dice: “El día es lo superfluo. La naturaleza profunda del hombre está en la noche y en silencio. La luna siempre ha sido esencial en mi poesía y en mi existencia: posee una luz especial que lo matiza todo. Ahora me siento como alguien encerrado en mi habitación con el silencio”. Rosendo pelea día tras día, con lentitud y hondura, con un nuevo libro que va a titular ‘El silencio’.

Maribel interviene y lo retrata así: “Ha sido muy solitario y su nueva situación lo hace aún más solitario”. No obstante, todos los días sale a pasear y a contemplar “las estancias del sol” por los alrededores de la plaza del Portillo, acude al fisioterapeuta, recibe la visita semanal de su amigo Tomás Ortiz, y de vez en cuando araña el piano con la izquierda. Antes de poner fin a la entrevista, Rosendo Tello busca el poema o monólogo dramático ‘Confesiones de Bartolomé Leonardo Argensola’ y dice: “Aquí también estoy yo”. Y señala estos versos: “Cansado, ya no quiero / ni persigo más gloria que pasar en silencio / los días que aún me quedan por vivir”. En ese instante, su gato Titín, negro y elegante, se acerca y se le sube al regazo. El felino, como la imaginación y la poesía, también está con él.

 

 

FICHA: El regreso a la fuente. Rosendo Tello. Prames. Colección: As tres serols / Las tres sórores / Las tres sorors. Zaragoza, 2011. 62 páginas. Poemario en cuatro partes, y un prefacio, de más de 1100 versos que contiene un viaje desde el dolor y la oscuridad a la luz y la alegría.

FERNANDO LALANA: DOS SONETOS DE AMOR

En la exposición ‘Visión emocional de una ciudad’, Ricardo Marco y Carlos Buil seleccionaron  a un conjunto de autores para que hablasen de Zaragoza. Entre ellos Fernando Lalana que, siempre tan original e inesperado, le dedica dos sonetos a su ciudad, a la capital del Cierzo, a novial del viento surcada por el Ebro.

 

 

ZARAGOZA EN SETECIENTOS

 

Por Fernando LALANA

 

La Harta en setecientos caracteres

resulta ser empeño complicado

y aun presumiendo de ser un desalmado

es difícil negar cuánto la quieres.

Y ello a pesar de los atardeceres

ateridos de cierzo despiadado,

del implacable estío que ha llegado

para fundir la cal de las paredes

después de que se ausente primavera

sin apenas haber dado un mal paso

y anunciando un otoño tan escaso

que dura lo que dura la carrera

del actor al que nadie le hace caso.

Por mi foro hace mutis la ribera.

 

Esa es la Zaragoza de mi vida:

un paseo a la orilla del canal;

saberse del desierto capital,

un tranvía, una fiesta desmedida;

el mar Mediterráneo como huida

hacia un nuevo horizonte; y al final,

cabezudos corriendo la avenida,

puente piedra, muy noble y muy leal;

por la Gran Vía paseando inquieto

tras mi primer amor de adolescencia

el mismo que derriba sin respeto

mi Torre Nueva; mi mayor secreto,

el Ebro en que naufraga mi conciencia

ocho puertas, cien torres... y un soneto.

 

FERNANDO LALANA

PÉREZ AZAÚSTRE: DIRECCIÓN PARAÍSO

PÉREZ AZAÚSTRE: DIRECCIÓN PARAÍSO

 

[Joaquín Pérez Azaústre publica su poemario ‘Las Ollerías’ (Visor, 2011), que tiene algo de cuaderno de ruta de la memoria con ciudades, amores, viajes y personajes]

 

 

El premio Loewe de poesía es uno de los más prestigiosos de la lírica en España. Entre sus ganadores figuran Luis García Montero, Juan Luis Panero, José María Álvarez, Carlos Marzal, Jaime Siles, Guilermo Carnero y Cristina Peri Rossi, entre otros. Joaquín Pérez Azaústre había ganado el premio a la Creación Joven, que también concede la Fundación Loewe, con ‘El jersey rojo’ (Visor, 2006) y ahora ha obtenido el premio absoluto con ‘Las Ollerías’ (Visor, 2011. 76 páginas), un libro de poemas de amor y viaje, un itinerario de la memoria, que este joven escritor cordobés define así: “Las Ollerías’ es una avenida de Córdoba, transformada en un espacio simbólico de la memoria: un territorio en el que es posible la reconstrucción personal a través del poema, convertido en fortaleza del ser”.

Nacido en Córdoba en 1976, Pérez Azaústre es un joven autor con experiencia. Ha publicado novelas como ‘América’ (Seix Barral, 2004) o ‘La suite de Manolete’ (Alianza, 2008. Premio Fernando Quiñones), y como poeta también está en posesión del siempre prestigioso premio Adonais. Hace algunas semanas, Pérez Azaústre presentaba su nuevo poemario en la librería Antígona de Zaragoza, acompañado de dos poetas: José Luis Rodríguez y David Mayor, con quien coincidió en la Residencia de Estudiantes de la calle Pinar. Por cierto, uno de los mejores poemas de este libro es ‘Residencia de Estudiantes’, donde se hizo escritor, allí “había una cortina / de chopos derramados en la lluvia caliente / junto al sendero antiguo del canal”.

‘Las Ollerías’ podría leerse como un “cuaderno de ruta”: un viaje hacia la memoria que contiene un poema nuclear como ‘Una figuración del paraíso’, que hace pensar en el libro ‘Sombra del paraíso’ de Vicente Aleixandre, y un viaje hacia el misterio. El escritor, que se acerca en ocasiones al poema narrativo e incorpora una parte de textos en prosa en el apartado ‘La aguadora’, sugiere, evoca, rescata imágenes y fotografías que recompone como un puzzle, recuerda historias legendarias como sucede con la composición ‘La Malmuerta’ y exhuma desde el fondo de su imaginación instantes, visiones, como sucede en ‘La siesta’, personajes como ‘El indiano’ o ‘Vida de Antonio Amaro’ (“Antonio Amaro tiene los dedos como espigas / que hicieron germinar el pan del desayuno, / levadura social, destello de un jazmín / en la nuca morena de su hija más alta…”); merece una mención especial ‘Una actriz contempla su retrato en Manila’, que se cierra así: “Nada puede acabar con la belleza / si no es una plenitud del corazón”. Con una mirada elíptica que selecciona hechos y atmósferas a su antojo, Joaquín Pérez Azaústre recrea algunos viajes: a Lisboa, a Barcelona. También hay algunos homenajes al padre en ‘Los nadadores’, donde, muy cerca de su progenitor, el protagonista percibe que “Nadar era crecer. Nadar para empezar a ser un hombre”.

En un poemario que admite muchas lecturas, muchos trayectos para la emoción, tampoco faltan las reflexiones sobre la escritura poética. Dice Joaquín Pérez Azaústre: “La poesía ha de ser honesta, la poesía es un artificio, / la poesía ha de ser mentira en su verdad objetiva”, y algo más adelante añade: “Se escribe contra todo y contra todos.  (…) Escribo como recuerdo, / escribo para acordarme de mí mismo”. Aquí está una de las claves y acaso la poética más nítida de un poeta que ha dado un paso decisivo hacia la madurez literaria y vital.

GIRALT TORRENTE, EN PORTADORES

“Me lancé sobre la escritura de este libro de manera irreflexiva y automática. Lo del amor vino después”, dijo Marcos Giralt Torrente a propósito de su nuevo libro, ‘El final del mar’, compuesto por cuatro relatos de formato medio, casi ‘nouvelles’; el volumen ha ganado el II Premio de Narrativa Ribera del Duero, que publica Páginas de Espuma.

Esta tarde, a las 20 horas, en Los Portadores de Sueños presenta el libro. Los relatos se titulan ‘Nos rodean palmeras’, ‘Cautivos’, ‘Joanna’ y ‘Última gota fría’. El primer texto narra el viaje emocional de una pareja por África; el segundo es una historia de amor convencional; el tercero se centra en los amores adolescentes y el último opta por el rescoldo de la pasión en una pareja separada. Marcos Giralt, tras el gran éxito que tuvo con ‘Tiempo de vida’ (Anagrama, donde contaba la historia de su padre y la relación recuperada entre ambos al final de la vida del pintor), vuelve a la ficción y al género en el que siempre se ha encontrado muy cómodo. En la presentación, Marcos Giralt estará acompañado por Félix Romeo (uno de sus mejores amigos zaragozanos con Ismael Grasa) y por su editor Juan Casamayor, responsable de Páginas de Espuma.