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Antón Castro

Escritores

'VIVIR DEL AIRE': HISTORIAS DE LECTORES

'VIVIR DEL AIRE': HISTORIAS DE LECTORES

La fiesta de los libros siempre deja historias preciosas. Cada lector es un mundo y es un buscador de tesoros, de emociones, un buscador ansioso o apacible, un náufrago de soledades que necesita un remedio en las palabras, en las criaturas imaginarias y quizá en una firma amiga. Es fácil encontrarse con todo tipo de lectores: el intérprete casi oculto que prepara un disco y escribe en secreto cuentos infantiles mientras sueña “la música de la luna”; el joven que quiere ser escritor y lo es del modo más elemental y enternecedor: escribiendo poemas y editando, en fotocopias, sus pequeños libros que son como álbumes de aforismos, de relatos y de juegos de palabras. El cantautor y tenor lírico que ha sido devorado por el desdén del olvido y acaso por la enfermedad de la melancolía. La abuela, viuda y aún hermosa, que se ha reencontrado consigo misma contándoles cuentos cada noche a sus nietas: confiesa que así recupera el asombro de la niñez y sale de expedición por las selvas de la fantasía. También aparece la niña dulce que siempre había creído que le gustaban las sirenas y de repente se percata de que su auténtica debilidad es Hanna Montana. O el escultor y pintor Miguel Torrubia, que desea un volumen para entrar en el sueño con una dedicatoria inolvidable, y  acaba hablando de las torres mudéjares que ha hecho de madera. Cuando muere el día, aparece una señora que querría comprar un libro: no sé sabe cuál, ni sabe bien qué busca, ni quizá con quién querría compartirlo. El librero, a punto de cerrar, le ofrece uno y le dice: “Es un regalo: es un libro sobre la felicidad de leer, de vivir. Es el libro que alguien escribió para usted”. La señora no sabe si cogerlo. Se emociona. Al fin lo acepta, lo acaricia y se adentra, con lágrimas en los ojos, en la incipiente noche de su cuento.

 

*El pasado 23 de abril, Día del Libro, firmé ejemplares de ‘Vivir del aire’ en el puesto de Olifante. Gracias a la colaboración impagable de David, de Panda de Tolos, y de Reyes, fue resultó una jornada memorable. Por la mañana estuve con Ángel Guinda; por la tarde, a ratos, con Octavio Gómez Milián, que firmaba ‘Lugares comunes’ y atendía a sus clientes en la caseta de Comuniter, donde dirige varias colecciones. Firmé un centenar de libros. Jamás me había ocurrido algo semejante. Me ocurrieron cosas muy simpáticas con los lectores. Esta foto pertenece a Javier Burbano. 

'EPITAFIOS' DE PALOMA GONZÁLEZ

Esta foto es de Pablo Iglesias y está tomada en 2008.

Paloma González publica en Ediciones de la Discreta su primera novela: ‘Epitafio’, la historia de un hombre que de repente deja de ser amable. Paloma es correctora, traductora, editora (o lo ha sido) y ha trabajado muchos años en distintas actividades del mundo editorial. Paloma ganó en 2007 el premio José Saramago de relatos con la obra ‘Con los cinco sentidos’. Su pasión es la música. Y es coleccionista de epitafios. Ha declarado para una revista: “En los cementerios confluyen prácticamente todas las artes. Está la arquitectura funeraria, que es hija de su época y responde a los cánones estéticos y al nivel socioeconómico de la familia; la escultura aparece en el diseño de las lápidas y en la tipografía de los epitafios; y la literatura confluye en los propios epitafios, porque cuando al nombre y las fechas de nacimiento y de la muerte se le añade algo más –aparte de las fórmulas estereotipadas como el Descanse en paz- se está inscribiendo una historia personal, que es como microrrelato, cargados de mucho sentido. Para mí el mejor epitafio es el que aparece en el libro: Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, y vuestros caminos no son Mis caminos que encontré en Zermatt (Suiza)”.

 

FRAGMENTO DE ‘EPITAFIO’. Ediciones de la Discreta

Por Paloma GONZÁLEZ

El segundo día de desamabilidad me regaló una nueva revelación. Ya sabía lo que era ahora el cementerio: un espacio en blanco. Eso era. Un espacio en blanco como un álbum, donde cada cual deja lo que más le importa y, escrito en la lápida, billete o resguardo de admisión pétreo, el significado.

Arrugué la hoja de papel que sostenía en mi mano con sus epitafios copiados, ninguno de ellos tan poderoso como el epitafio que hallé en Zermatt. ¿Pretendía yo firmar esos epitafios, como esa impostora? ¿Quería editar bajo mi firma los nombres y sus fechas y los mensajes: “tu familia no te olvida”, “descansa en paz”?

El cementerio se me apareció bajo una nueva luz. Es un espacio en el que confluye todo lo que es importante en el arte. Esos nombres, esas fechas, las lápidas y sus distintas formas, las ofrendas florales, la arquitectura de algunos pequeños monumentos con su artesanía limpia, su homenaje privado.

Pensé en el espacio en blanco de la exposición. Sin querer sonreí. El símil del cementerio hacía del evento artístico un espacio más muerto que el recinto en el que me hallaba, mucho menos vital, un espacio de emoción fingida, un punto de encuentro perfectamente intencionado, antinatural. En el espacio en blanco del cementerio no confluyen quienes tienen la voluntad expresa de dejar su huella. El cementerio es el espacio en blanco artístico por excelencia, por necesidad. Las inscripciones que en él se registran son las últimas, las que no dan lugar a corrección, las sentencias inapelables.

****

Distinguí unas palabras escritas con pintura roja en el extremo de la sábana, un panel me había ocultado su vista hasta entonces. Una vez se avanzaba, el espacio parecía desdoblado por un espejo. Fue entonces cuando sentí que el vacío se instalaba en mí con todas sus fatídicas consecuencias.

Tus pensamientos no son mis pensamientos, había escrito Susana, porque reconocí en ella la cita y su oportunidad. No recordaba haberla hecho partícipe de ninguna de mis investigaciones sobre aquel epitafio. Era evidente que ella había indagado por su cuenta y, estaba seguro, el resultado de esa indagación había sido proyectado en mi contra en el transcurso de aquel día, a modo de venganza.

En el espacio contiguo, que era una réplica del primero, pero no un reflejo, había añadido:

No volverá a mí de vacío, sin que haya realizado lo que yo deseaba.

(…)Pensé en todas las horas que Susana había consumido en la reconstrucción en blanco de nuestra vida en común para sepultarla. La miré. Ahora era la mujer que bailaba sobre mi tumba. Ya había depositado sobre mí su epitafio. Y se me reveló que lo que buscamos con la amabilidad es la piedad en nuestro epitafio, que este solo registre nuestro nombre y fechas sin más juicio, y que arriba y debajo de nuestras señas de identidad, figuren los nombres y las fechas de los que nos despidieron y las de los que despedimos.

 

LOS LIBROS DE UNA VIDA / 3

LOS LIBROS DE UNA VIDA / 3

La escritora Olga Bernad, autora de ’Caricias perplejas’ y ’Andábata’, responde a la doble pregunta: los libros que más le han marcado, los libros que más ha regalado.

 

En mi vida ha habido muchos libros importantes.  Estoy convencida de que algunos me cambiaron irremediablemente, tal vez no siempre para bien.  Con cierta distancia, una acaba mirando hacia atrás, a veces, con un cierto sonrojo.  Pero hay libros que llegan en momentos muy concretos, como si ese libro y ese momento hubieran venido a bailar  un tango raro contigo.  Creo que eso me ocurrió con Rayuela, de Julio Cortázar.  Lo compré casi por casualidad a los dieciocho años.  Acababa de empezar segundo de Filología y me creía una intelectual (y ni siquiera me consideraba precoz), también acababa de volver de París y tenía muy fresco el primer viaje que -en contra de la opinión de mis padres- había realizado sola o en compañía de otros que ya no eran ellos.  Lo abrí  y tuve la sensación de que yo no había visto París, de que posiblemente nunca lo vería del todo y de que la palabra intelectual me iba a quedar grande para siempre.  Sin ningún recurso para frenar la admiración (y ninguna gana) casi puedo recordar cómo me fue invadiendo mientras lo leía -en sus varios órdenes y en otros más caóticos- y aún me sorprendo muchas veces buscando esa edición de Cátedra, absolutamente destrozada, entre el montón de mi mesilla, en la guantera del coche o en uno de los fondos mistéricos de los bolsos enormes a los que voy agarrada por el mundo.

Le guardo a Cortázar un rencor amable por haber llamado a Galdós “Benito el garbancero”, puesto que otra de mis novelas, sin duda, es Fortunata y Jacinta.  Pero le perdono. 

Sin embargo, nunca lo regalé.  Creo que el libro que más he regalado ha sido El invierno en Lisboa. Es un libro muy bien escrito, no demasiado largo y muy agradable de leer. Cuando regalo libros, procuro no pensar demasiado en mí.

 

Olga Bernad

 

LOS LIBROS DE UNA VIDA / 2

LOS LIBROS DE UNA VIDA / 2

-El pasado 23 de abril publiqué en Heraldo de Aragón un reportaje-encuesta acerca de los libros que más habían marcado a catorce aragonesas de las letras, la música, la literatura, la pintura o el cine. Aquí publico los textos completos de cada uno de ellos. En el post anterior, por razones que ignoro, solo he podido colgar tres. Añado ahora todos los nombres. El sistema de blogia no me permite corregir; añado la segunda entrega. La ilustración es de Ángeles Santos. (No va bien el sistema de blogia y no me ha dejado colgar el texto completo con varias fotos. De ahí esta segunda entrega).

 

 

JOSÉ MARÍA CONGET

 Profesor de literatura y escritor. Experto en tebeos.

Siempre declaro que los libros que más han influido en mi vida son los que leí de niño, especialmente las novelas de Guillermo Brown y las de Salgari, y entre éstas, posiblemente la serie de El Corsario Negro. Cuando en el quinto volumen de la serie, Yolanda, descubrí que el Corsario había muerto le supliqué llorando a mi abuela que me vistiera de luto; nunca después me ha impresionado tanto un relato. Creo, además, (aunque parezca una ingenuidad) que esas novelas, junto con algunas películas del Oeste, me conformaron una ética elemental a la que en cierto modo sigo fiel. Esos libros los elegía yo pero me los compraba mi tía Felisa, a la que debo mi iniciación en la literatura, el cine y los tebeos.

Regalé la incompleta edición de los Poemas completos de Antonio Machado en Austral, en 1967, a una chica; es el regalo libresco del que guardo mejor recuerdo: me casé con esa chica y con ella  continúo. El libro reciente que más he regalado y que recomiendo es Dientes de leche de Ignacio Martínez de Pisón.  

 

MIGUEL ÁNGEL LAMATA

Guionista y cineasta.

Tengo que nombrar dos libros decisivos en mi vida:

"Adelante, siete secretos", de Enid Blyton. Un día, a los seis años, mis padres me llevaron a comprar tebeos a la Librería Pérez de la Calle Cinegio y, de repente, me quede mirando la portada de "Adelante, siete secretos". Un libro, no un tebeo. Un reto. Hum, ¿sería capaz de leerlo? Y decidí que sí, que ya había que leer libros. Les pedí a mis padres que me lo compraran y ese mismo día me lo leí. Y me lo pasé como nunca. Es más, recuerdo que pensé: "Los libros son algo sensacional". Y decidí leer muchos más.


Y luego está Mujeres, de Charles Bukowski. A los dieciséis años lo robé de la estantería del profesor José María Bardavío, padre de un amigo que me invitó a su casa. Muchos años después se lo devolví, tras haberlo leído varias veces. Es el libro más triste y divertido a la vez que he leído nunca. Creo que, si no fuera Bukowski, jamás habría aprendido a reírme de mí mismo, una de las cosas más saludables de la vida. Así que siempre estaré en deuda con el viejo Chuck. Y le homenajearé cada vez que pueda. Como hago ahora.
 
El libro que más he regalado es Escrito en el cuerpo, de Jeanette Winterson. Es un libro de un romanticismo intensísimo, casi agresivo para los sentidos. Por eso me gusta compartirlo con la gente a la que quiero. Y tiene una frase que es un mantra para mí: "Lo que arriesgas demuestra lo que vales".

 

PILAR NAVARRETE

Directora de la Biblioteca de Aragón. Escritora.

El libro determinante para mí ha podido ser El libro del desasosiego de Fernando Pessoa, porque me descubrió al prototipo de escritor que crea un mundo literario totalmente diferenciado y único. Hay otros que también lo han hecho: Borges, Poe, Bernhard, Kafka..., pero Pessoa me cayó en el momento justo, un momento de felicidad, contrariamente a lo que representa Pessoa. Me derribó del caballo, me iluminó con su agnosticismo vital y me redimió de posibles insensatos delirios con su humildad de escritor descomunal siendo un mero oficinista. Encontraba grandiosa su forma casi humorística de "consentir" la vida, naufragando entre complejos espirituales, deudas emocionales, arquitecturas sintácticas. Me pasé diez años con él. Lisboa se convirtió en mi país de las maravillas. Me aprendí de memoria algunos poemas de Álvaro de Campos, uno de sus heterónimos.

No suelo regalar libros, y en cada momento o para según qué persona seguro que sería diferente. Hoy recomendaría leer un poco de poesía: Avanti, Poetas españoles de entresiglos XX-XXI, en edición de Olifante.  No todo es genial, pero tiene múltiples ventanas para no suicidarse.

 

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL

Catedrático de Historia del Cine. Escritor.

El libro que más marcó mis inicios como lector fue un tomo de las Obras Completas de Julio Verne que traducía las de Hetzel, con sus soberbios grabados. Era caro, una pequeña fortuna para un niño. Además de las novelas incluía dos seriales maravillosos, “Los descubrimientos del globo” y “Los grandes navegantes del siglo XVIII”. Todavía lo conservo y puedo reconstruir lo que le debo, porque subrayaba las palabras que no entendía, para buscarlas luego en el diccionario.                             

 

El librito que más he regalado ha sido Los Papalagi, los discursos del jefe samoano Tuiavii de Tiavea, publicados por la editorial barcelonesa Pastanaga en los años 1970. Es el mejor tratado de antropología sobre los europeos que conozco. Pero como no creo que esté en el mercado, añado el segundo que más he regalado: la Odisea. Ahí está todo.

 

 RAÚL CARLOS MAÍCAS

Director de ‘Turia’.

Fui un niño adicto a la lectura de tebeos y sigo siendo un tintinófilo confeso. Por tanto, en mi cuarto de jugar uno de los tesoros más codiciados era una caja de cartón repleta de aventuras de papel protagonizadas por el Capitán Trueno, Pumby, etc. Pero la estrella, la pieza más valiosa, eran aquellas ediciones de Tintín que Juventud publicaba en tapa dura. Siempre me ha gustado sumergirme en las peripecias del joven reportero y de sus amigos: el capitán Haddock, el profesor Tornasol y los demás protagonistas del universo Hergé. Si no recuerdo mal, comencé con Tintín en América. En aquel Teruel gris y rancio de los primeros años 70, Tintín era un pasaporte eficaz para vivir otras vidas a todo color.

 Me gusta regalar/recomendar cualquier libro de Borges o Virginia Woolf, dos escritores cuya literatura no tiene fecha de caducidad y sigue seduciendo hoy. Si tuviera que dar algún título, diría dos que me marcaron como lector: El libro de arena y Una habitación propia. En España los editaron Alianza y Seix Barral, pero continúan vivos en otros múltiples sellos e idiomas.

ROSENDO TELLO

 Profesor de literatura. Escritor.

A mis 8 años y antes de pensar en escribir poesía recibí influjos fundamentales de algunos episodios de la Sagrada Escritura, en especial el de Jacob, José y sus hermanos. En ellas adivinaba un fondo poético del que se desprendían acciones épicas que coincidían con ese fondo mágico. Venían a demostrar que los géneros literarios tenían algo en común, como lo ví en José y sus hermanos, de Thomas Mann.

 Un libro que he regalado muchas veces, además de varios libros poéticos, ha sido la novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo. Es de un lenguaje poético fundamental, que todo poeta debería leer.

  

PAULA ORTIZ

Guionista y directora de cine.

Uno de los libros que me atrapó con una fortísima fascinación hipnótica cuando apenas tenía diez años fue: El bosque raíz-laberinto, de Italo Calvino. Fue en una de aquellas tardes, que ahora valoro, en que mis padres me llevaban a una librería y me decían: elige uno. Aquel azul, aquel pájaro rojo, aquellos arboles negros de la portada los reproduciría después insistentemente en mi clase de dibujo, atrapada por completo en aquel universo del país de Arándano y Verbena. Con el tiempo, ya de mayor, descubrí a Calvino, sus novelas, sus cuentos, sus lúcidos ensayos... Y se convirtió en uno de mis autores-brújula, y comprendí que quería decir con aquel mundo donde las ramas y las raíces eran formaban un solo bosque.


El libro que posiblemente más he regalado es Poeta en Nueva York de Federico Garcia Lorca, porque nunca viene mal volver a oír la voz de un poeta cuando ciertos días caminas por las calles entre las cuatro columnas de cieno en el alba mentida de New York, Zaragoza, Madrid...

 

JAVIER TOMEO

Escritor.

El libro que más me ha marcado ha sido ‘Pan’ de Knut Hamsun, una narración que me parecía panteísta, con destellos surrealistas. Creo que fue la primera novela que me enseñó que el protagonista, un teniente enamorado, negaba hasta tres veces sus sentimientos, y eso equivalía a una afirmación. Es una novela magnífica. Decisiva para mi carrera y mi vida, una novela de amor apasionado y enloquecido.

No suelo regalar otros libros que los míos, y el que más he regalado de todos ellos ha sido Amado monstruo.

 

MAGDALENA LASALA

Escritora. 

1) El libro que me marcó especialmente fue Las mil y una noches, que leí a los trece años, en una edición encuadernada en piel con bordes en oro que mi padre había comprado a plazos.  Me prohibió leerlo, taxativamente, porque no lo creía apropiado para una chica.  Yo lo devoré a escondidas, por supuesto, mezclando el deseo de su lectura, el secreto de lo clandestino y la pasión de la trasgresión.  Yo era todos los personajes de sus historias,  igual Sherezade que Alí Babá; esas páginas tenían poesía y sueños por igual, historias, historia, ideas y maravilla...  Así, entregada a un disfrute insospechado, comprendí la magia de la palabra, igual en quien la recibe como para quien la expresa.

 

2) Suelo regalar libros de mis amigos escritores, porque son como regalos dobles. Pero regalé especialmente El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, porque es la novela que hubiera querido escribir yo, a una persona a la que quería expresarle que él era la historia de amor que yo quería escribir.

 

AURORA EGIDO

Catedrática de Literatura.

No creo en la marca de un libro para toda la vida, sino en libros que jalonan el camino. Recuerdo, por ejemplo, lo que supusieron para mí las Rimas y leyendas de Bécquer, que me llevé  al internado cuando tenía 14 años. Sobre todo porque no pegué ojo la primera noche que pasé en un dormitorio lleno de camas vacías al que todavía no habían llegado las demás colegialas y en el que me pareció sonaba aquel órgano casi celestial que tocaba solo en Maese Pérez. A cambio, los poemas de Bécquer me abrieron un mundo más allá del mundo de la rutina escolar. Cuando aprendíamos a escribir a máquina tecleando textos de Derecho Administrativo,  yo los sustituí por el "Cendal flotante de leve bruma/ rizada cinta de blanca espuma/ rumor sonoro de arpa de oro..."  y otros versos igualmente luminosos que se quedaron para siempre en mi memoria.


Generalmente suelo regalar los libros que creo van a gustar al destinatario.  Una vez sin embargo envié a varios amigos El barón rampante de Italo Calvino. Siempre me sedujo la decisión irreversible de Cosme Piovasco de Rondó, un niño que no quiso comerse un plato de caracoles y decidió subirse a un árbol para quedarse allí toda la vida. Ello no le impidió sin embargo vivir la Revolución Francesa y estar al tanto de todo lo que pasaba a su alrededor. Puede ser el  paradigma de cualquiera que, una vez subido al árbol de los libros, no se baje jamás.

 

JORGE GAY

Pintor

 

El libro que en su momento me deslumbró por razones inefables y me ayudó a descubrir y caminar el mundo en el que quería moverme fue Cartas a un joven poeta de Rainer María Rilke. Yo ya había pasado el umbral de los veinte años cuando lo leí en la edición argentina “Siglo Veinte” de tipografía bella y adusta. Este pequeño-gran  texto ayudaba a definir quien eras y qué podías hacer con tu vida en los angustiosos años del aprendizaje Ya no tengo esa edición; la regalé hace mucho tiempo

 De los últimos libros que he leído, regalado y recomendado  ha sido: El ruido eterno de Alex Ros en Seix Barral. Es una fascinante historia de la música contemporánea entreverada con todo el arte del siglo XX .Tiene la virtud de poderse leer casi como una novela, pues  desmenuza la música explicándola con precisión, sin recurrir a la partitura, como ocurre con los  ensayos especializados. Te zambulle en todo el devenir histórico que estuvo cargado de pasión, dolor  o alegría. Un resumen poético del pasado siglo y  el modo en el que algunos supieron hacerlo arte: para herirnos con él,  para gozar con él, para conocernos con él.

 

 

 

LOS LIBROS DE UNA VIDA / 2

-El pasado 23 de abril publiqué en Heraldo de Aragón un reportaje-encuesta acerca de los libros que más habían marcado a catorce aragonesas de las letras, la música, la literatura, la pintura o el cine. Aquí publico los textos completos de cada uno de ellos. En el post anterior, por razones que ignoro, solo he podido colgar tres. Añado ahora todos los nombres. El sistema de blogia no me permite corregir; añado la segunda entrega.

 

 

LOS LIBROS DE UNA VIDA

-¿Qué libro le ha marcado especialmente?

-¿Cuál ha sido el libro que más ha regalado o el que piensa regalar el Día del Libro o en las próximas Ferias del Libro?

 

[Así vio Annie Leibovitz una de las escenas más famosas de 'Las mil y una noches'. Vuelan Jennifer López y Marc Anthony]

Contestan: José-Carlos Mainer, José Luis Borau, Rosendo Tello, José María Conget, Agustín Sánchez Vidal, Miguel Ángel Lamata, Raúl Carlos Maícas, Aurora Egido, Cristina Grande, Magdalena Lasala, Paula Ortiz, Pilar Navarrete, Jorge Gay y Javier Tomeo.

 

JOSÉ CARLOS-MAINER

Catedrático de Literatura Española y escritor.

El primer libro que me fascinó fue La isla del tesoro, de Robert L. Stevenson, un regalo de Primera Comunión, que formaba parte de aquella Colección Juvenil Cadete, de tapas verdes, a la que fui muy fiel desde entonces. Todavía releo la novela algún verano, aunque ya no conservo el volumen original...

 Nunca regalo el mismo libro. Con alguna excepción: he regalado bastantes veces novelas de W.G.Sebald y a los niños, casi siempre y desde hace mucho, Verne o Stevenson, o algún otro clásico de la literatura adolescente. En cambio, puedo decir qué regalaría a un amigo en estos días: Verano, la última parte de la trilogía autobiográfica de J.M.Coetzee, que acabo de leer yo con la admiración de siempre por su autor.

 

CRISTINA GRANDE

Escritora y fotógrafa.

-Un libro muy especial para mí es Platero y yo, en una edición de Espasa-Calpe de 1936, con ilustraciones de Fernando Marco. Mi madre se sabía párrafos de memoria y cuando pude leerlo por mí misma me gustó tanto, o más que los cuentos de hadas que solíamos leer a esa edad. Aún ahora, al releerlo, me sigue pareciendo un libro magnífico, que crece con el tiempo. Para mí, una delicia.

 
-Un libro que he regalado bastante es La vida de los libros de José Luis Melero. Es un libro que encanta a los bibliófilos, a los amantes de la cultura y de la erudición (sobre todo a hombres de cierta edad, eso hay que reconocerlo), y que además es muy entretenido.

 

JOSÉ LUIS BORAU

Cineasta y escritor. Académico y presidente de la SGAE

Fueron dos islas, la misteriosa, de Julio Verne, y la del tesoro, de Stevenson. A raíz de ambas quise ser náufrago, pirata, inventor y "manitas". Caer en un sitio con monos, palmeras, playas y disfrutar de todo ello en soledad.

 En cuanto al libro que más he regalado, exceptuando los de cosecha propia, creo que fue Celia en la revolución, de Elena Fortún. Y también, La forja de un rebelde, de Barea, cuya tercera parte viene a ser un complemento del anterior o viceversa.

 

 

MICRORRELATOS DE ÓSCAR SIPÁN

MICRORRELATOS DE ÓSCAR SIPÁN

Ayer, el escritor y editor Óscar Sipán ganó el IV Certamen Internacional de Relato Hiperbreves de la Universidad Popular de Talarrubias (Badajoz) con el micro ‘Prueba de vida’. Unos días antes había hecho lo mismo en Sallent de Gállego en el concurso de narrativa corta ‘Luis del Val’. Gentilmente, Óscar Sipán, editor de Tropo con Mario de los Santos, me envía esta colección de microrrelatos.

 

MICRORRELATOS DE ÓSCAR SIPÁN

 

 

la invisibilidad de los microbios

 

 

“Todo el mundo trata de realizar algo grande,

sin darse cuenta de que la vida se compone

de cosas pequeñas”

 

Frank Clark

 

 

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sofía

 

Malgasté mi vida entre galaxias, supernovas y agujeros negros, examinando ese 95 % del espacio que no conocemos, para descubrir una cosa: Sofía Loren.

 

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prueba de vida

 

Antes de entregar el dinero, exigí una prueba de vida.

Los secuestradores no pudieron demostrar que mi marido había vivido y le pegaron un tiro.

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 premios literarios

 

Añoro aquellos tiempos en los que concursaba en los Juegos Florales. Ganar el premio literario acarreaba una serie de obligaciones: leer el pregón, coronar a la Reina de las Fiestas y bailar con ella durante la cena de gala.

 

Pero aquel año ampliaron las bases.

 

Acabamos de tener nuestro segundo hijo y vamos a por el tercero.

 

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el teléfono ángel

 

Mi marido se durmió al volante y a mí me despertó la Guardia Civil para comunicarme su fallecimiento. Angustiada por no poder despedirme, el psicólogo me recomendó el Teléfono Ángel: se trataba de enterrarle con un móvil de última generación, para que pudiera desahogarme a cualquier hora del día o de la noche.

 

Llevaba llamando seis meses, cuando descubrí que había anotado mal el número.

 

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montañeros

 

Mi padre desapareció hace veinte años, en la ascensión al Nanga Parbat. He sentido emoción, vértigo y furia al encontrarlo en una grieta de la cara norte, sin una arruga, más joven que yo.

 

Creo que voy a matarle.

 

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la herencia

 

...a mi hija María le dejo la casa de la playa, las joyas que pertenecieron a la abuela y el Picasso de su época azul. Y a Mario, mi único hijo varón, las acciones de la fábrica, la colección de sellos y una melancolía genética que se manifestará cuando cumpla cuarenta y cinco años.

 

Maldito cabrón, pensé, se ha llevado a la tumba el arte de sonreír a las mujeres.

 

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tras la pared

 

Los oigo copular a todas horas, tras la pared de mi habitación.

 

Quizás debí emparedarlos por separado.

 

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visionarios

 

En cada patata vemos a la Virgen.

En cada pimiento, a Jesucristo.

Cada tomate se parece a un apóstol.

  

Nuestro pueblo se muere de hambre.

 

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21 gramos

 

En marzo de 1907, un doctor en medicina llamado Duncan MacDougall colocó a seis varones moribundos en diferentes balanzas; cuatro experimentaron una pérdida de entre 10 y 40 gramos en los 15 minutos alrededor de su muerte.

 

El experimento determinó el peso de la homosexualidad.

 

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góndola

 

Enfrascado en sus pensamientos, el gondolero veneciano avistó las costas de Tahití.

 

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el héroe

 

Todos llevamos un héroe en nuestro interior. En la operación de apendicitis encontraron al mío: la autopsia confirmó que había muerto de aburrimiento.

 

 

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mi brazo fantasma

 

Desde que perdí el brazo izquierdo en un accidente de moto su presencia es más real. Resentido con el mundo por su nueva condición de fantasma, mi brazo se ha vuelto retorcido y caprichoso: exige tocar la guitarra dos horas al día, hacerse un tatuaje de un Cristo yacente y golpear al guardia que nos multó; me amenaza con un dolor intenso si no secuestro a la vecina del quinto que tanto nos gusta.

 

 

Oscar Sipán

 

*Todas las fotos son de Sofía Loren, salvo la última que es de Eva Mendes en Venecia.

ALOMA EN EL DÍA DEL LIBRO

ALOMA EN EL DÍA DEL LIBRO

A su regreso de Cuba, donde participó en una gira de trabajo con El Silbo Vulnerado, en La Habana, Cienfuegos y Matanzas, la escritora Aloma Rodríguez (Zaragoza, 1983) se encontraba con la edición de su nuevo libro: ‘Jóvenes y guapos’, publicado por Xordica Editorial, con portada de Clara Carnicer, la estupenda pintora, hija de María Ángeles Cañada y sobrina de Nati Cañada, y nieta del maestro de pintores Alejandro Cañada. Clara es, ademá, guitarrista de la banda de Bigott, para la cual hace voces.

 

Ayer, Aloma firmó ejemplares en Xordica, por la mañana, y por la tarde en Los Portadores de Sueños. Pasó por allí Javier Burbano y le tomó esta foto, que me enviaba anoche. Aloma parte el próximo martes a una gira de casi un mes a Buenos Aires con El Silbo Vulnerado. Allí la compañía de Luis Felipe Alegre, acompañado de la cantante y actriz Carmen Orte, ofrecerá diversos recitales de Miguel Hernández, entre ellos el espectáculo ‘Rayo, viento y ausencia’.