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Antón Castro

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OTRO MIGUEL HERNÁNDEZ

OTRO MIGUEL HERNÁNDEZ

Serrat Sobre Miguel Hernández y

Otro Miguel Hernández

 

Por Agustín Sánchez Vidal *

 

Esta segunda entrega Hernandiana no es una simple Prolongación de la Qué hizo Joan Manuel Serrat hace 38 años. Supone algo distinto, una Relectura atenta, que enriquece y amplía considerablemente la primera.

Mucho ha cambiado entre tanto la percepción del poeta. Cuando murió, en 1942, su obra impresa no llegaba a las 500 páginas. De ellas, el franquismo sólo permitio la libre circulación de unas 200. Y hubo que esperar un 1960 para que la edición de Losada Argentina alcanzase el millar. Sobre ese corpus se asentaba aquel álbum, que tantos caminos Abrio.

Las Obras completas aparecidas en 1992 acrecentaron al escritor Hasta las 2.500 páginas. ESE ES EL Hernández Espigado para culminar Hijo de la Luz y de la sombra, El cantautor Donde no ha dudado en arriesgarse, yendo a buscar los versos hasta los rincones más escondidos. Y si ya en 1972 se habían rehuido Obviedades tantas, ahora se ha ido Todavía más lejos, ensanchando todos los registros: poemas de adolescencia, tanteo y Formación, de tránsito, experimentación y plenitud, de repliegue, el equilibrio y depuración.

El arranque, "Uno de Aquellos", Se basa en un soneto en alejandrinos Incluido en Viento del pueblo, "Al soldado internacional caído en España". La adaptación, nada fácil, ha preservado su empaque, La Poderosa Osamenta épica, subrayada por instrumentos como la trompa. Pero los acordes encomendados a la guitarra rinden homenaje a los cantantes de folk Estadounidenses y los combatientes de la Brigada Lincoln, (uno de Cuyos integrantes, por cierto, colaboró con Hernández para convertir sus versos en canciones). Y en su apoyo ACUDE un sonido tan paisano y cotidiano como la armónica, instrumento que tocaba el poeta para entretener sus soledades de Cabrero.

Temáticamente esta pieza guarda inicial con afinidad "Si me matan bueno: si vivo mejor", Extraído de la obra de teatro bélico Pastor de la muerte. Sin embargo, en lo musical es otra historia. El Aunque existan vínculos entre el Caribe y Folk Americano - como la Guantanamera de Pete Seeger-el Arrimo A LOS sones cubanos de esta composición evoca a Pablo de la Torriente, un brigadista de esa nacionalidad, muy querido por Miguel.

También fluye una corriente subterránea entre los poemas menores "Del ay al ay ay por el" y "Dale que dale". Serrat ha captado con no poca sutileza esa veta que discurre bajo toda la obra Hernandiana. Raíz que arranca de su temprana afición al flamenco en Una Orihuela, para prolongarse en la pena negra de El rayo que no cesa desembocar y - ya a tumba abierta - en la etapa carcelaria. Un Venero que en el segundo tema aflora de modo explícito en las apoyaturas vocales de Miguel Poveda.

La zona de sombra que contrapuntea este disco se acentúa con "El hambre", de El hombre acecha, Libro donde las esperanzas se gangrenan por fricción con la inminente derrota. Y termina dándose de bruces en "El mundo de los demás", Tan desasosegante y opaco, marcando la traslación desde el combate y los versos proferidos hasta el intimismo donde apenas se susurran.

Este último registro enlaza un tema del novio primerizo, "Tus cartas son un vino", Con Dos de esa etapa de postrera. Son apuntes inermes e despojados, que oscilan entre la levedad de "Cerca del agua " - una desleída acuarela-y el más esperanzado de "Sólo quien ama vuela".

Entre medio, se despliega todo un mundo de contrastes y claroscuros. La "Canción del esposo soldado", de Viento del pueblo,ha de transcribir el desgarro de quien se siente tan Capaz de propagar la vida como de dar la muerte. Mientras que "La palmera levantina", Merodeo con su instrumental, traduce la ardua polimetría y continuo Trasiego metafórico del Luminoso original escrito por Miguel un casi adolescente.

Y en "Las abarcas desiertas" desengaños se van desgranando en una dicción Próxima A LOS registros más melodramáticos de la copla. El cierre lo pone insuperable la canción "Hijo de la Luz y de la sombra", convertido ya en una de las cumbres de Serrat, con su de condensación magistral del extenso poema original. Todo rezuma plenitud en ella, un Través de su intenso recitativo, celebrando el sacramento de la vida, ese pozo de misterio donde se transmiten y las estirpes Sellan, El Imán de los cuerpos proyectados hasta la dimensión cósmica de la que proceden.

Miguel Hernández Llego a concebir su poesía como un itinerario desde el negro de la tinta hasta el Cárdeno de la sangre. No se Refería sólo ni principalmente a la vertida en las trincheras, sino a la nutria que los sentimientos y enfebrecía los tinteros hasta volverlos rojos y trémulos, en pudorosa metáfora del corazón. Pues un Proceso de madurez similar Puede advertirse entre los dos discos que le ha dedicado el cantante, desde aquel primero de luto riguroso este otro en negro y rojo.

Con todo, Quizá existan Algunos elementos de continuidad. Los rescoldos de aquel espíritu colectivo, solidario y generoso, Qué hizo posible la Transición. Y que aquí ha cuajado en el DVD Imágenes en busca de un poeta, Donde se han Implicado Algunos de los más destacados profesionales del cine español. Un tributo al poeta, sin duda. Pero También a todo lo que repre en nuestras vidas Joan Manuel Serrat.

Ese remate Otorga al conjunto una dimensión excepcional, la de un proyecto Difícilmente repetible, que Carece de antecedentes. Quien Acceda a los tres discos - el de 1972, este CD y el DVD que lo Acompaña - obtendrá un entrelazo de palabras, canciones e imágenes de las Naciones Unidas Resulta que Miguel Hernández en tres dimensiones. El raro milagro de este Hijo de la Luz y de la sombra.

 

Agustín Sánchez Vidal

 

* Texto de Agustín Sánchez Vidal para el nuevo álbum de Joan Manuel Serrat, 'Hijo de la Luz y de la sombra ", que consta de trece poemas de Miguel Hernández (Orihuela, 1910 - Alicante, 1942), que incluye vídeos de las Naciones Unidas ceder con Distintos realizados por directores Dedicados a varios poemas del poeta oriolano. Pertenece a la foto 'y la otra es un montaje de' El País 'Papel en blanco'.

FERNANDO ARAMBURU. UN DIÁLOGO

FERNANDO ARAMBURU. UN DIÁLOGO

“En Zaragoza  conocí todas las facetas del amor”

“No quiero ser el escritor de los crímenes de los terroristas de ETA”

 

De alguna manera, la novela ‘Viaje con Clara por Alemania’ (Tusqutes) de Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) empezó en Zaragoza hace casi treinta años: una mañana de 1982, hacia las diez, cuando una joven de ojos azules, de cabello rubio y moreno a la vez, pulsó el timbre de un piso de tres estudiantes. El que abrió,  “a aquella hora criminal y extemporánea en la vida de un estudiante aficionado a trasnochar y a la marcha”, fue Fernando. La muchacha respondía a la llamada de un tablón de anuncios donde se ofrecía una habitación de alquiler. Poco más tarde, entre aquella pareja saltarían chispas o eso que se ha dado en llamar la química del amor. Meses después, el joven escritor y licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza se vio en la tesitura de elegir entre quedar en España e iniciar el asalto a un puesto de profesor o marcharse a Alemania con su enamorada para vivir una gran aventura. Optó por el amor y Alemania, donde “he hecho de todo. Este libro de viajes, que también puede considerarse una novela, desde luego, es un homenaje de gratitud y de cariño, en clave irónica, al país que me acogió”.

-¿Cuánto tiempo vivió en Zaragoza?

-Desde 1979 hasta 1982. Pero en uno de esos años hice el servicio militar.  He vivido en muchas calles: en María Moliner, en la calle Huerva, en la avenida de Goya, muy cerca de un semáforo al que daba mi habitación, en Gómez Laguna. Fue un periodo maravilloso para mí. Zaragoza significó la libertad, la diversión, acabar con una serie de rutinas familiares, todo era un ir y venir, dar vueltas. Me lo pasé genial.

-Concrete, concrete un poco más…

-En Zaragoza viví mi juventud al máximo. Fue una vida de estudiante llena de excitación, de fiestas, de amigos, de juegas nocturnas.

-¿Podríamos decir que su vocación literaria se forjó en la ciudad?

-Yo no diría eso. Ya había escrito antes. En Zaragoza escribí poco, pero me colmé de experiencias, de lecturas, de muchas lecturas, conocí el amor en todas sus facetas. Zaragoza era una ciudad barata y muy acogedora. Y, además, me gustó mucho la Universidad: recuerdo que había profesores como Agustín Sánchez Vidal o Aurora Egido, que tenían poco más de treinta años y era todo lo contrario a esos profesores apolillados y aburridos que de vez en cuando te encuentras en las aulas. Con ellos aprendías no solo literatura, sino cine, teatro, arte… También he tenido otros amigos inolvidables como José Fernández Moreno, el librero de Antígona. Ya le digo: el ambiente era muy bueno.

-Y un día ocurrió aquello: llegó el amor como una aparición.

-Sí. Aquella mujer es mi esposa y llevamos juntos desde entonces. Tenemos dos hijas, de 24 y 20 años. Sin un duro en los bolsillos y sin saber qué iba ser de mi vida, me marché a Alemania. Y ahí sigo, en Hannover. El pasado mes de junio abandoné la enseñanza.

-¿Qué hay de usted en el protagonista de su novela?

-Algo habrá, desde luego. Pero yo intento deslindar mis libros de mi propia vida. Hay cosas que me sucedieron a mí y le atribuyo a otros personajes, hay experiencias, sensaciones, pero estamos en un libro de ficción donde es el propio arte de la palabra el que da relevancia a las cosas. Yo creo que haya cosas más importantes que otras: es el escritor, con su estilo, con su intensidad y con su mirada, el que le da trascendencia y sentido a cuanto ocurre en un libro.

-Este viaje también tiene una motivación literaria.

-Sin duda. Esta es la historia de una mujer, Clara, a la que le encargan la redacción de una muy personal guía de Alemania, e intenta llevarlo a cabo en compañía de su esposo. Ella es y quiere ser una escritora profesional, y él no tiene ningún interés en serlo, pero por diversas razones también escribe el libro del viaje, un libro muy diferente al que escribiría ella.

-No obstante, podría decirse que les interesan cosas muy diferentes, pero igualmente literarias.

-Desde luego. A Clara le interesa conocer museos, casas de escritores, de compositores, visitar librerías, etc. Y al marido le interesen otros detalles. A mí como escritor me sucede un poco igual: me interesa todo, los amigos, las relaciones, hasta el paso de una mosca. Y todo cuanto ocurre lo someto a un filtro literario, intento sacar provecho de todo cuando ocurre. Desde que he dejado la enseñanza me ocurre una cosa curiosa: vivo las 24 horas como escritor, incluso cuando duermo, incluso cuando sueño. Por eso creo que este también es un libro, con humor e ironía, de un escritor que colecciona buenos momentos, que los ha vivido intensamente y que los recupera para el presente, para la novela, con la toda la riqueza de la lengua. Al recordar esos momentos, los quiere hacer presentes con todos sus sabores, sus olores, sus sonidos.

-La ironía es constante. Incluso con el gran escritor alemán Goethe, bautiza a un perro con su nombre, y además su libro dialoga con el suyo ‘Viaje a Italia’, al que tilda de ideal para insomnes.

-Ja, ja, ja. Bueno, ese libro es pesadito. Es pesadito. Entonces viajaba muy poca gente y la actitud de Goethe era muy distinta a la de mis viajeros. Goethe era un viajero analizador. Lo primero que hacía era contar el clima, pasear por las calles, recogía minerales y los coleccionaba y luego hacía un listado, describía minuciosamente todos los detalles de una catedral. Yo soy todo lo contrario: a mí me interesa sobre todo el ser humano desde una mirada irónica, contracultural y escéptica.

-El libro también habla de la tirantez conyugal. Da la sensación de que el marido busca un poco de sexo y siempre hay alguna extraña razón para que no lo tenga…

-Lo tiene, lo tiene, pero nunca lo describo. No soy explícito. En todo caso, el sexo es muy importante. Es una fuente de placer y de comunicación, pero Clara parece decirle a su marido que si quiere su orgasmo al atardecer o por la noche debe ganárselo. Debe conducir bien, cocinar o fregar bien, arreglar tal o cual cosa, hacer buenas fotos. Solo así obtendrá su recompensa. Las relaciones de pareja es otro de los elementos fundamentales del libro y se resuelven aquí por la vía jocosa. Este es mi libro más divertido, más lleno de humor.

-En sus  libros anteriores, especialmente en ‘Los peces de la amargura’ (Tusquets) abordó el conflicto de ETA. ¿Volverá a ese tema?

Para mí la ETA no es un tema. Es un trauma y un drama que llevo muy dentro desde la niñez: he conocido a muchos muertos, a sus huérfanos, he conocido a un sinfín de víctimas, lo he sufrido como muchos otros vascos. Tampoco quiero ser el escritor de los crímenes de los terroristas de ETA. Detesto repetirme, cada libro es una aventura diferente, es un riesgo, pero tarde o temprano ese dolor reaparecerá en mis novelas.

-Usted vive en Alemania. ¿Sigue lo que ocurre en España?

-Por supuesto. Leo a muchos escritores alemanes. Me interesan mucho, pero también lo que se hace en España, he colaborado y colaboro en medios de comunicación. Sigo a autores más jóvenes que yo, por supuesto. Entre otros autores, me llama mucho la atención la narrativa de Óscar Esquivias, de Ricardo Menéndez Salmón, de Agustín Fernández Mallo. Siempre he estado muy atento a las nuevas generaciones, entre otras cosas porque yo nunca renuncio a aprender.

-En los últimos tiempos también ha reivindicado a Ramiro Pinilla y a Félix Francisco Casonova.

-Yo no soy crítico literario ni arqueólogo de la literatura. Hablé bien de ellos como lector. Soy un lector voraz, ocupo varias horas al día en la lectura. Y además con Ramiro Pinilla me ha ocurrido una cosa muy hermosa: me gustó mucho su novela, ‘Las ciegas hormidas’, me han pedido un prólogo en Tusquets y ahora tenemos una estupenda relación, una muy buena amistad, y eso para mí es muy emocionante. Por desgracia con Casanova, el autor de ‘El don de Vorace’ (Demipage, 2010), ya no puedo hacerlo porque se murió hace años.

 

*Una versión algo más resumida de esta entrevista apareció hace unos días, ayer sábado en concreto, en las páginas de Cultura de ‘Heraldo de Aragón’. Fernando fue extraordinariamente amable. Tras la entrevista, telefónica (a través de la gestión de Nieves Angulo), Fernando partía hacia San Sebastián a ver a sus padres. Esta foto de Fernando Aramburu es de Daniel Mordzinski, el maravilloso fotógrafo de los escritores.

'LOS ELEGIDOS' DE BORRADORES

'LOS ELEGIDOS' DE BORRADORES

LOS ELEGIDOS DE ‘BORRADORES’

María Zambrano. Desde la sombra llameante.

Clara Janés

El Ojo del Tiempo. Siruela

Madrid, 2010

130 páginas

 

Esencia y hermosura

María Zambrano

Selección y relato prologal de José-Miguel Ullán

Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores

Barcelona, 2009

“María Zambrano es tan genuina que parece fantasmal”, dijo Julio Cortázar. En las últimas semanas han publicado libros sobre ella Clara Janés y José-Miguel Ullán. Janés en ‘Desde la sombra llameante’ recoge un conjunto de ensayos acerca de la relación entre ambas mujeres: el libro tiene un tono confidencial y, además, abunda en la relación entre poesía y filosofía. Ullán en ‘Esencia y hermosura’ prologa y selecciona una colección de textos de Zambrano en los que aborda un sinfín de temas: su interés por la pintura, en concreto por Velázquez, Juan Soriano y Luis Fernández; la obra de Unamuno; sus años en Cuba y su interés por José Martí o su amistad con José Lezama Lima. También escribe sobre San Juan de la Cruz, el drama del destierro, algunos libros de Kafka y de Galdós. En otras páginas, evoca el regreso a España en 1984 y a algunos amigos como Rafael Dieste, José Bergamín o José Ángel Valente. Entre la melancolía y los fuegos de la memoria, María Zambrano sugiere: “Recordar es también el verdadero corazón de la vida”. María Zambrano nació en Vélez-Málaga en 1904 y murió en Madrid en 1991. En 1988 recibió el Premio Cervantes.

 

Infiel. Historias de transgresión

Joyce Carol Oates

Traducción de MariCarmen Bellver

Alfaguara

Madrid, 2009

548 páginas.

 

La escritora neoyorquina Joyce Carol Oates suena todos los años para ganar el Premio Nobel. En 2001 publicó el libro de relatos ‘Infiel’, que ahora Alfaguara presenta en España. Son veintiuna piezas marcadas por la violencia, la tensión, el odio, la muerte, el pecado y la transgresión. El volumen es un viaje al lado oscuro del ser humano. Una y otra vez aparece lo terrible, la sangre y la fatalidad. Abundan las historias de adolescentes y la perversidad. La melancolía y el amor conviven con la sátira y la tragedia. La atmósfera a menudo es claustrofóbica. Eso sí, todo está narrado con la potencia y la valentía de una mujer indómita que se confiesa realista: “La escritura es un campo repleto de tensión”.

 

FRAGMENTO:

“La soledad es como el apetito: no te das cuenta de lo hambriento que estás hasta que empiezas a comer” // “Es una verdad amarga: en una sociedad capitalista, la verdad debe ser comercializada como otro cualquier otro producto”.

 

El desvío a Santiago

Cees Nooteboom

Siruela: El ojo del tiempo

Madrid, 2010

368 páginas

 

“Zaragoza aparece la lejanía como una visión temblando en el calor”, escribe el holandés Cees Nooteboom en ‘Desvío a Santiago’, volumen que acaba de reeditarse en este Año Santo Xacobeo 2010 con nuevas fotos en color de su esposa Simone Sassen. En este viaje, Nooteboom, que pasa muchos meses del año en Menorca, recorre todo el país y se encuentra con la memoria de Machado en el sur, de Lorca en Granada, de Diego Velázquez en El Prado, del Quijote en tierras manchegas. Aragón tiene una presencia decisiva: el escritor y viajero se queda extasiado en la catedral de Jaca, visita el monasterio de Veruela, acude al Museo de Zaragoza en un día de calor entre monjas, y emprende la ruta hacia Teruel, por Cariñena, Daroca, Burbáguena y Monreal del Campo. “El color de Teruel depende del estado de ánimo que tengas. O bien es dorado, o tiene el color del barro seco”, escribe, y mira la catedral y las construcciones del mudéjar.

 

PELÍCULA

Novecento

Bernardo Bertolucci

Divisa

Madrid, 2009

Estuche con dos cedés

 

Bernardo Bertolucci intentó contar a mediados de los 70 la historia de Italia desde 1900 hasta 1945. Desde la muerte de Giuseppe Verdi hasta la caída de Hitler y de Mussolini. Y lo hizo en una espléndida película, ‘Novecento’, en la que plantea las vidas paralelas de Alfredo (Robert de Niro) y Olmo (Gerard Depardieu), que son la cabeza de un reparto coral que crece con el comunismo, el fascismo y el socialismo, y el zureo de la vida en el campo. La política es importante, pero también las tradiciones familiares, un mundo que se desmorona, y los amores casi siempre tan turbulentos como la época. Por ahí andaban mujeres tan hermosas como Dominique Sanda, Stefania Sandrelli o la inolvidable, y veterana ya, Alida Valli, que interpretó ‘El tercer hombre’. Una película épica de más de cinco horas que siempre apetece ver y oír: la fotografía es de Vittorio Storaro y la música de Ennio Morricone.

*En la foto, Joyce Carol Oates, de la cual se recomienda su libro 'Infiel'.

MAÑANA, REDIFUSIÓN DE 'BORRADORES'

MAÑANA, REDIFUSIÓN DE 'BORRADORES'

Aragón Televisión redifunde mañana a las 9.15 Borradores, con este menú:

Borradores recibe esta semana a la historiadora del arte Carmen Morte que acaba de publicar ‘Damián Forment. Escultor del Renacimiento’ (CAI), que contiene la vida y la obra del artista valenciano que trabajó en Aragón, en Cataluña y la Rioja, y que mantuvo tres talleres abiertos: en Zaragoza, en Huesca y en Poblet. Hijo de tallista de la madera, Damián Forment nació en Valencia hacia 1475 (otros dicen que procedía de Alcorisa, Teruel) y falleció cuando trabajaba en el retablo de Santo Domingo de la Calzada. Entre 1509 y 1518 realizó su primera gran obra maestra: el Retablo del Pilar, y entre 1520 y 1534 el de la catedral de Huesca, ambos en alabastro. Además, trabajó en las iglesias de San Miguel de los Navarros y en San Pablo, así como en el monasterio de Poblet.

La antropóloga Elisa Sánchez y la filóloga Esther Ortas hablan de su libro ‘Viajeros por la Jacetania’ (Comarca de la Jacetania), un volumen que narra la llegada de los primeros viajeros, excursionistas, montañeros, artistas y escritores, a principios del siglo XVIII hasta las vísperas de la Guerra Civil. El libro recorre los paisajes, los monumentos, los medios de transporte, las relaciones con la habitantes del Pirineo, y aborda personajes tan importantes como Richard Ford, sir Henry Russell, Joaquín Sorolla, Cajal, José María Quadrado o Gustave d’Alaux, entre otros.

Además, Borradores emite reportajes con diferentes escritores: con Alex Rovira y Francesc Miralles, autores de ‘La última respuesta’ (Premio Torrevieja de novela), donde abordan la personalidad y los misterios de Albert Einstein, que tuvo una hija secreta y que se habría pasado los últimos años de su vida trabajando en una fórmula que fuese la quintaesencia del mundo. La entrevista se realiza en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, donde Einstein pronunció una conferencia en 1923. Andrés Pascual habla de ‘El compositor de tormentas’ (Finalista del Premio Torrevieja), una narración que transcurre en el siglo XVIII entre Francia y Madagascar, en la cual un músico busca, en medio de intrigas y muertes, la melodía del alma. Ambos libros pertenecen al sello Plaza & Janés. Luis Landero, Premio Nacional de Literatura, habla de su último libro: ‘Retrato de un hombre inmaduro’ (Tusquets), el relato de un hombre de 65 años que, desde un hospital, reconstruye su vida.

En la foto, María Zambrano. 

Además, Borradores recupera la sección ‘Los elegidos de Borradores’ y recomienda libros de María Zambrano, de Cees Nooteboom, de Joyce Carol Oates y una película: ‘Novecento’, de Bernardo Bertolucci, editada en dos cedés.

La actuación musical corre a cargo de Luis Cebrián, integrante de varios grupos como Experimentos in da Notte, Intruso y Louisiana, que toca dos temas: una adaptación muy personal de una canción casi legendaria en el pop-rock aragonés, ‘Cass’, basada un poema de José Luis Rodríguez, que popularizaron Mauricio Aznar y Gabriel Sopeña, y una pieza que tiene algo de juego de palabras: ‘Invéntate un final’.

 

Borradores. Aragón Televisión. Emisión: de martes a miércoles, a las 0.45, tras la última edición de los informativos. Redifusión: mañana sábado a las 9.15 de la mañana. Canal Satélite Digital, 97. Imagenio: 182. Puede verse ya el programa completo en el blog de Borradores: borradores.blogia.com, dividido en dos partes. Creo que ha quedado un programa muy compacto y variado. En la foto, Cees Nooteboom, visto por Klaas Koppe.

DE POESÍA. 3 / OCTAVIO GÓMEZ MILIÁN

DE POESÍA. 3 / OCTAVIO GÓMEZ MILIÁN

-¿Está ocurriendo algo especial con la poesía? Vuelve a leerse, se organizan recitales, ciclos poéticas, se programa en los bares, se intercala con la música…

 Yo no diría que es ahora... más bien lleva un tiempo gestándose y desarrollándose de manera clara. Yo colocaría un comienzo en el año 2005, más o menos, un lustro... la aparición de editoriales independientes, la formación de bandas de rock recitado o de poetas que recitan con música en los bares (Puritani, Donoso y los Betorringas, Experimentos in da notte, Rabanaque con los Dadá, ahora Delirium Tremens...), la mezcla de estilos, disciplinas... los primeros espectáculos de El Sótano de Dios auspiciado por La Caja Nocturna o Voces de Zeta que montaron Confesiones de Margot.Los encuentros de este Jueves poesía, con las visitas de Sofía Castañón, de Enrique Cabezón, Lucas Rodríguez, la presentación de Hank Over en el Interferencias, Mar de Dios, Candy Warhol...  Recuerdo el montaje de Jose Luis Esteban y JJGracia de No siempre fue tan feo con textos de Vilas y Miriam Reyes... la llegada de Giorno y su recital de maestro beatnik en el Páramo... los recitales de El Chorrito de Plata, con Julio de la Rosa, las bandas del spoken... todo esto lleva tiempo, creando tejido, público, promoviendo la escrictura y la edición.  

Gómez Milián retratado por Gustaff Choos.

-¿Hay o ha habido algún fenómeno específico que permite ser optimista sobre el lugar de la poesía?

 La aparición de editoriales de poesía independiente en estos últimos cinco o seis años ha sido, sin duda, un punto de inflexión. Empezando por El Chorrito de Plata, por supuesto Eclipsados, algunos títulos de Olifante, la colección Resurrección, la vuelta a la actividad de Lola Editorial... más las autoediciones, la cercanía de la gente de Logroño (sobre todo 4 de Agosto, donde publican autores aragoneses y los riojanos que publican en Aragón)... el Parque de Atracciones de Ediciones de El Imperdible.

 ¿Podría decirse que hay una revitalización, una resurrección, que la poesía es una forma nueva-antigua de transgresión y rebeldía?

 No veo tanto el papel de transgresión y de rebeldía como el de deseo de narrar, de llenar de palabras la vida, de provocar emociones... es el salto cualitativo, el escapar de las formas académicas, las ediciones de transfondo exclusivista, perversamente clásico... y saber que hay algo más, rock, cine, recitado, fotografía... siendo especias y parte del cóctel poético contemporáneo.

-Qué líneas de trabajo, qué estéticas son las dominantes ¿Cómo es el lenguaje? 

Lo junto en una sola pregunta... no hay estética dominante, desde el hermetismo más académico, la exaltación de la arquitectura de las palabras como base de la poesía hasta el realismo sucio, la revisión del beat, el postmodernismo, la hibridación, la poesía de la experiencia...la desfachatez del que se forma leyendo a sus contemporáneos o buscando una métrica y un ritmo más inspirado en la matemática del pop que en las formas clásicas...

¿Han sido, están siendo importantes los premios?

Bueno... todo depende. Pero siempre están bien. Aunque son eso, premios.

-Autores, libros de referencia, maestros.

Me gusta pensar que en este movimiento poético actual  hay una característica que lo hace coherente y auténtico...no existe la ansiedad por la destrucción sistemática de los mayores...todo lo contrario, se les admira, relee y comparte mesa y mantel con ellos. Eso da una solidez muy grande... y crea una atmósfera perfecta para el renacimiento de la poesía. Aquí ya juego en la respuesta a título personal: En Aragón, Manuel Vilas, Ángel Guinda, Sergio Algora, Dolan Mor y Manuel Forega. En España: Pablo García Casado, Luis Alberto de Cuenca, Leopoldo María Panero... y los contemporáneos, de los que hay que alimentarse también: Enrique Cabezón, Vicente Muñoz, Lucas Rodríguez, Elena Medel, Sofía Castañón, Miriam Reyes, Mercedes Cebrián...  

Ángel Guinda, Manuel Vilas, Octavio Gómez, Jesús Jiménez y Sergio Algora.

-¿Cuáles han sido los dos o tres libros importantes del último lustro? 

Fundido en negro de Jesús Jiménez...porque es un libro que te golpea fuerte. Abierto, moderno, trabaja todas las influencias posibles, desde lo más culto hasta lo más cotidiano, el cine, la música y a pesar de mezclar y revisar casi de manera agotadora ciudades, culturas, movimientos... es extremadamente coherente, personal y tiene un poso de obra conceptual que quita la respiración.

 

Resurrección de Manuel Vilas: el estallido, la marejada... parte de la trilogía básica que comienza con El Cielo y termina con Calor, pero la segunda parte, como casi siempre en las trilogías es la mejor. Zaragoza desde una perspectiva delirante, el narrador que se mueve y desenfoca a conciencia hasta que no sabes quién habla, quién lee, quién escribe, postmodernidad, la hibridación, el ritmo salvaje...  

Ademenos de Manuel Martínez Forega: podría hablar de Ángel Guinda también, pero este libro de Forega es, en mi opinión, muy importante... es un libro abierto, emocional y sensible, de línea clara, poderoso en los ritmos... un libro para el ayer, para el hoy y para el mañana. Poemas contundentes sin un ápice de autocomplacencia, se nota en la lectura el poder y la capacidad de manejo del lenguaje del autor pero también se percibe que no hace ostentación del mismo. Y eso, en los tiempos que corren, se agradece. La belleza está en otros sitios.

*La foto de Octavio Gómez Milián la he tomado de zaragózame.

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL ESCRIBE DE ELEN@A DE CÉSPEDES, CIRUJANA

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL ESCRIBE DE ELEN@A DE CÉSPEDES, CIRUJANA

Agustín Sánchez Vidal presentaba ayer en Madrid, y hoy lo hace en Zaragoza, su nueva novela: ‘Esclava de nadie’, sobre Elena de Céspedes, una mujer que se casó como mujer, combatió en la batalla de las Alpujarras, amó como hombre, contrajo nupcias de nuevo, aprendió el arte de la cirugía y finalmente fue objeto de un proceso inquisitorial en 1587. La novela ha sido publicada por Espasa.

 

¿Quién fue Elena / Eleno de Céspedes? Haznos un retrato de aproximación y vincula un poco la ficción con la realidad

Se trata de un personaje real. Hermafrodita, por más señas. Y uno de los casos más extraordinarios de coraje en nuestra historia. Alguien que nace esclava, mulata, en un entorno morisco, pobre de solemnidad. Que se casa como mujer y tiene un hijo, para luego participar como hombre en la guerra de las Alpujarras. Y termina contrayendo matrimonio con una mujer y siendo cirujano, con dos títulos. El primer caso que se conoce en todo el mundo de alguien que lo lograse teniendo el sexo femenino, porque el oficio estaba prohibido a las mujeres.

¿Qué te atrapó de un personaje así, tan infrecuente en su época, hermafrodita?

Por supuesto el hermafroditismo es esencial, porque lo singulariza ya de un plumazo. También su nacimiento en esclavitud, un tema muy poco tratado en nuestro país. Pero hubo una razón añadida: que el lector actual podía seguir la historia con naturalidad, sin que las truculencias del caso tapasen a la persona. Si hubiera nacido ahora, en Alhama de Granada, Céspedes no tendría ningún problema: habría podido someterse a una operación de cambio de sexo por la Seguridad Social, alistarse en el ejército y, por supuesto, ejercer la cirugía.

Como curiosidad: la acción se desarrolla en el contexto del conflicto entre cristianos y moriscos, y el libro aparece cuando se cumplen 400 años de la expulsión de los moriscos. ¿Hay alguna relación, ha sido casualidad?

Los moriscos están en la novela porque condicionan en todo momento la vida real de Céspedes: crece en ese ambiente, la encarcelan porque la toman por uno de ellos y los combate durante tres años para que no la confundan más con los perdedores.

¿Qué novela querías escribir exactamente porque tiene la estructura de un biopic con las elipsis muy bien elegidas y bien distribuidas: aprendizaje y educación sentimental, casamiento, aventura, identidad, guerra, proceso…?

Al estar narrada desde la doble perspectiva de un proceso judicial y la memoria de Céspedes, puedes detenerte en su vida de una forma selectiva, y eso es muy eficaz para que la acción no se estanque. Además, llevó una vida tan ajetreada que contarla toda habría dado para el doble o triple de páginas. Y yo quería algo sintético, intenso, con mucho nervio.

También podría decirse que es, ante todo, una novela sobre la identidad sexual…

Sin duda. Era una cuestión muy debatida entonces, cuando uno de los discípulos del anatomista Vesalio reivindicaba el descubrimiento del clítoris. Y sigue siéndolo ahora, cuando la transexualidad está a la orden del día, en los titulares de los medios de comunicación.

En la novela no dejan de pasar cosas. ¿Cómo te has planteado el ritmo del libro?

Cada momento tiene su propio ritmo. No puedes contar del mismo modo una guerra que el aprendizaje del oficio de cirujano. Pero he pretendido que fuera ascendente, a partir de los sucesos que van marcando al personaje protagonista. De modo que culmina en un proceso judicial en el que lo tiene todo tan en contra que será un milagro que pueda salir con vida. En realidad, fue lo que pasó.

¿Era tan importante el arte de la costura en la época?

Sí, para una mujer que pretendía vivir de su trabajo con cierto grado de emancipación. La costura era de los pocos dignos que estaban a su alcance. Además, la destreza que adquiere Céspedes como tejedora, calcetera y sastre es fundamental para su desempeño como cirujano. Al parecer, era un cirujano excepcional.

Uno de los capítulos más reveladores del libro es la historia de amor con Ana de Albánchez… Ahí, ya se ve claramente que Elena pasa a ser Eleno…

Ana de Albánchez es algo deslumbrante en su vida. Todavía en el proceso judicial se transmite ese fogonazo. Incluso estando en la sala de audiencias de una cárcel, ante un tribunal inquisitorial, se deduce esa fascinación. Es el deseo en estado puro, la potencia de la sexualidad femenina en todo su esplendor, una fuerza desatada de la Naturaleza.

Nunca había habido tanta descripción sexual en tus libros. ¿Cómo has afrontado el erotismo, el sexo explícito, incluso tan explícito como luego se narra en el juicio?

La clave de todo el juicio y del personaje es el sexo. O coges ese toro por los cuernos, o no hay historia ni protagonista. Cerca de la mitad del proceso --es decir, unos trescientos y pico folios-- hablan una y otra vez del sexo. Y de forma muy pormenorizada, con los detalles más escabrosos.

El otro gran personaje del libro es María del Caño…

Cuando decide casarse con Eleno de Céspedes, María demuestra una determinación y valentía admirables. Tiene poco más de veinte años, es una chica de pueblo y se ve envuelta en turbulencias que habrían echado atrás a la más templada. A mí me parece conmovedor que se comportara como lo hizo, sabiendo que podía acabar en la hoguera por apoyar en todo momento a su marido.

¿Cómo valoras el capítulo de la guerra de las Alpujarras, cómo cambia al héroe? Ahí juegas con el mito de la doncella guerrera.

La guerra contra los moriscos fue una de las más feroces y terribles de este país, quizá sólo superada por la de la Independencia y nuestra última guerra civil. Y el travestismo femenino en los ejércitos europeos, de esa época te deja pasmado. Por aquel entonces se ingresaba en la vida adulta mucho antes que ahora. Se alistaban con 16 y hasta con 14 años. Y muchas mujeres se camuflaban entre estos adolescentes barbilampiños.

¿Ocurrió así la transformación del ex soldado que acaba siendo un gran cirujano? ¿Se parece esa parte tan importante, la relación con León y Francisco Díaz, a  la realidad?

Esa relación y aprendizaje se zanja en las declaraciones de Céspedes con un par de líneas. Ni siquiera dice el nombre del cirujano, sólo insiste en que era de Valencia. Está claro que trataba de encubrirlo. Lo que he hecho ha sido estudiar el perfil personal y profesional de docenas de cirujanos y reconstruirlo del modo más verosímil.

Esa parte, tan decisiva para la historia, supone la reivindicación del humanismo, los ecos del erasmismo…

El humanismo es la espina dorsal de la cultura europea, el momento en que se propone que el destino de cada cual está en sus propias manos, y no en otras ajenas, por muy Altas que se pretendan. Ahí no caben ambigüedades, ni invocar instancias superiores, ya sean dioses, el Estado, el Proletariado o el Mercado.

La novela es un gran flash back, desde la cárcel, en vísperas del gran juicio. En ese instante la novela parece recomenzar de nuevo con una gran fuerza. ¿Te lo habías planteado así, como un recurso, como un nuevo impulso a la trama?

Absolutamente. Esa era la idea. Si la última parte no arrancaba y remataba bien, la narración se habría quedado coja. Es una de las cuestiones que te quitan el sueño: cómo contar las cosas del modo más eficiente y enriquecedor. Lo demás me parece secundario.

Se cita varias veces el ‘Discurso de la dignidad’ de Pico Della Mirandola. ¿La palabra clave de la novela es esa: una defensa de la dignidad?

Sí, y también de la libertad, porque Céspedes nace esclava e hija de esclava. En esa cita de Pico della Mirandola está seguramente la quintaesencia de esta historia: la dignidad humana entendida como la asunción de una identidad propia, a partir de las decisiones individuales.

Esta es tu tercera novela, quizá la más fluida, la más contenida también. ¿Cómo ves tu propia evolución?

Soy consciente de que estoy aprendiendo el oficio. Todavía me siento muy torpe. Miro hacia atrás y lo que veo son fallos, mucho más que logros. Tengo un montón de historias en el telar, bastante más de las que lograré escribir. Cada una plantea sus propios desafíos, y hay algunas que aún no estoy en condiciones de sacarlas adelante. Pero otras espero que sí.

La novela también tiende puentes con la actualidad a través de aspectos como la libertad, la identidad y el cambio de sexo. ¿Cuál sería ese mensaje, qué nos quieres decir, qué quieres reivindicar?

Lo que cuento es real, tiene mucha mayor autoridad de la que yo pueda pretender. Sencillamente, muestro cómo en pleno siglo XVI, alguien muy en su sano juicio, una persona perfectamente productiva, estaba reivindicando algo que hemos tardado cuatrocientos años en asumir con naturalidad: que se puede ser mujer, nacer esclava, y mulata, y ser tan profesional como el mejor cirujano del momento. ¿Necesitamos esperar otros cuatro siglos para proceder en consecuencia con otra serie de reivindicaciones similares?

¿Te ha supuesto muchos viajes, investigación, proceso de escritura? Nos interesa cualquier detalle que te parezca curioso...

Tenía ganas de escribir sobre un caso verídico para tantear algo que hace tiempo barruntaba. Tanto si escribes sobre algo real como si se trata de ficciones, es esencial dosificar la documentación. En el momento en que estés en condiciones de asumir las sensaciones y ambientes a través de la piel de tus personajes, debes echar a andar y primar la lógica narrativa y el ritmo sobre cualquier otra consideración.

 

CHRISTOPHER HITCHENS EN DEBATE

CHRISTOPHER HITCHENS EN DEBATE

El escritor y traductor Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) acaba de publicar en Debate la traducción de ‘Amor, pobreza y guerra’ de Christopher Hitchens, un trabajo en el que ha empleado un verano completo al menos. En su blog, Danielgascon.blogia.com publica este artículo sobre el escritor, su mundo, este proyecto y la experiencia de la versión. Christopher Hitchens podría definirse ahora como un heredero de George Orwell. Es un artículo largo, pero realmente jugoso.

 

AMOR, POBREZA Y GUERRA

La vida, la obra y el pensamiento de Christopher Hitchens

Por Daniel GASCÓN

El primer libro de Christopher Hitchens que leí es Cartas a un joven disidente (Anagrama, 2003), por recomendación de Félix Romeo. Creo que es un libro que no tuvo el éxito que merecía; todavía lo releo de vez en cuando porque está lleno de anécdotas y frases estupendas, y algunas cosas todavía más importantes, como su defensa de la libertad, su reconocimiento de que a veces uno puede encontrarse defendiendo una posición con alguien con quien tiene desacuerdos fundamentales (y que eso no debería echarnos para atrás), el principio de que no hay que perdonar u ocultar los errores de los de “tu bando” para no “ayudar al adversario”, la recomendación de que es más importante cómo se piensa que lo que se piensa exactamente, o la afirmación de que hay algo saludable y revitalizador en leer el periódico y sentir indignación y polemizar.

Después leí La victoria de Orwell (Emecé, 2003), un estupendo ensayo que reivindica la importancia del autor de 1984 por reconocer a tres enemigos fundamentales –el imperialismo, el fascismo y el comunismo-; estudia y rebate las críticas que se le han hecho desde la izquierda, la derecha y la escuela posmoderna; y también refuta las calumnias que vierten sobre Orwell quienes nunca le han perdonado que enseñara la mentira brutal y repugnante del estalinismo.

Hasta entonces el nombre de Hitchens me sonaba por algunas de sus apariciones en Experiencia, de su amigo Martin Amis: allí se cuenta una virulenta discusión sobre Israel con Saul Bellow; en Koba el Temible (por entonces aún no lo había leído: salió en castellano poco después) Amis polemiza con Hitchens. En ese momento, Hitchens era un crítico literario y periodista de izquierdas que se había sentido asqueado por un sector progresista que buscaba la explicación los ataques del 11 de septiembre en la política estadounidense y los “agravios” sufridos por el “mundo islámico”: como si Bin Laden, su grupo de asesinos y su ideología retrógrada representaran, de un modo algo brutal, a la justicia internacional ignorada. En las atrocidades de Nueva York, Washington y Pensilvania y la ideología de muerte y estupidez que había detrás, Hitchens –que ya había defendido robustamente a Salman Rushdie frente a la fetua de Jomeini y las voces de los intelectuales occidentales que pedían “respeto” para las religiones, al igual que a los musulmanes de Bosnia- vio a un enemigo esencial, y eso también le valió su excomunión de la izquierda oficial. Su apoyo a la invasión de Afganistán e Irak lo hicieron aún más polémico.

Fue un descubrimiento, que también me ha llevado a escritores que citaba y a otros libros suyos, como el estupendo Unaknowledged Legislation, sobre los escritores y la política; como Blood, Class and Empire, sobre la relación entre Gran Bretaña (su país de origen) y Estados Unidos (su país de adopción); The Missionary Position, su formidable ataque a la madre Teresa de Calcuta (que no tuvo reparos en aceptar el dinero que Duvalier había robado a los pobres de Haití); o Dios no es bueno (Debate, 2008), una acusación al veneno de las religiones, llena de erudición, indignación e ironía, y la antología de pensadores ateos y anteístas Dios no existe (Debate, 2009), que también puede leerse como una historia de los escritores de la libertad.

Hitchens, que Forbes clasificó en 2009 como uno de los 25 liberales (en el sentido anglosajón) más importantes de Estados Unidos, y al que Foreign Policy y Prospect situaron como número 5 de los 100 intelectuales públicos más importantes del mundo, estudió en Oxford, fue inicialmente trotskista, se define como un “radical”, no como un liberal . Sus visitas a Cuba o Polonia le hicieron desconfiar de las revoluciones y los regímenes socialistas, y le mostraron que muchos de sus principios más queridos solo tienen sitio en una democracia liberal. El disidente polaco Adam Michnik se lo explicó así: “La gran lucha para nosotros es que el ciudadano deje de ser propiedad del estado”. Se oponía al comunismo, pero también tomó parte en muchas batallas de la izquierda, desde Palestina –colaboró con el fatuo Edward Said, de quien luego se distanció- a Vietnam, y se relacionó con la oposición a la dictadura de Pinochet en Chile, o de la dictadura militar argentina (era amigo del periodista secuestrado Jacobo Timerman).

Así posó este chico malo para 'Vanity Fair'.

Hitchens es famoso por sus violentos ataques: a Kissinger, a los Clinton, a Michael Moore o Teresa de Calcuta. Cuando escribió Dios no es bueno, The Guardian dijo: por fin ha encontrado un enemigo a su altura: Dios. Pero también ha dedicado hermosos textos a personas que han defendido la libertad, la razón y la justicia aunque eso también los haya condenado al ostracismo; gente que, por usar una frase de Félix Romeo, “se ha atrevido a estar sola” y defender sus principios aunque sean impopulares: un ejemplo sería George Orwell, pero también Spinoza o Tom Paine, el inglés panfletista en la Revolución americana (donde algunos les parecía demasiado radical), que también participó en la Revolución francesa (donde fue encarcelado por moderado), que escribió los Derechos del Hombre y a cuyo entierro solo acudió media docena de personas. En nuestra época, ha sido un firme defensor de Ayaan Hirsi Ali, una mujer amenazada de muerte por el fascismo islámico, que resulta tremendamente incómoda para ciertos sectores biempensantes (cuando mataron a Theo Van Gogh, El País dijo que el cineasta era un “provocador”; por no hablar de los problemas con el visado de Hirsi Ali o de los vecinos que le pidieron que se marchara de casa...). Paine, Orwell o Thomas Jefferson, “autor de América”, son referentes esenciales para Hitchens, como parte de Marx, Stuart Mill o Victor Serge, o como Auden, Philip Larkin, Anthony Powell u Oscar Wilde.

He tenido mucha suerte: gracias a internet, he podido leer sus artículos cada semana, en Slate, y cada mes en The Atlantic y Vanity Fair, entre otras publicaciones. A veces, he traducido algunos. He podido ver intervenciones de sus debates en Youtube. Lo he visto analizar los acontecimientos de la actualidad: desde la guerra de Irak -que apoyó- a la candidatura de Obama -que defendió- o la denuncia de las torturas en Guantánamo, hasta la matanza de unos cerdos en el Cairo; el uso de la expresión “o sea”, una crítica durísima a Gore Vidal o una lectura de Larrson. Muchas veces, cuando ocurre algo, me pregunto qué pensará Hitchens: no siempre estoy de acuerdo, pero su visión siempre me resulta interesante e iluminadora.

En otros lugares –especialmente The Atlantic- he leído artículos suyos sobre Philip Roth, Saul Bellow, Evelyn Waugh, V. S. Naipaul, Arthur Koestler o Ian McEwan. Hitchens también es un crítico literario perspicaz, con un oído muy fino, erudición y mucho sentido del humor. Un artículo suyo sobre la crisis de los misiles empieza: “Como todo el mundo, recuerdo exactamente el día en que el presidente John Fitzgerald Kennedy estuvo a punto de matarme”. Que Dios no es bueno y Love, Poverty, and War estuvieran dedicados respectivamente a Ian McEwan y Martin Amis me gustaba. También me gustaba leer algunos perfiles, que lo mostraban con sus amigos en casa, comiendo y bebiendo, y yéndose un momento para escribir un artículo. Me dijeron que, cuando viajaba con sus editores, tenían que turnarse por horas, porque les resultaba imposible resistir el ritmo de su ingesta de alcohol.

Y también he tenido suerte por poder traducir este verano Amor, pobreza y guerra, que acaba de salir en Debate. Es uno de los libros más importantes de Hitchens, quizá el que mejor explica sus pasiones y sus facetas intelectuales. La primera parte, “Amor”, son sobre todo artículos literarios y biográficos: repasa las vidas contradictorias de Winston Churchill, que se colgó “las medallas de sus derrotas” y Rudyard Kipling, el imperialista que se pasó la vida alertando de los peligros y la inutilidad del imperio; revisa la aventurera trayectoria de Lord Byron y la biografía de Trotski, desde su trabajo periodístico a sus advertencias sobre el nazismo y Stalin, la caducidad de muchas disputas marxistas y su influencia póstuma –finalmente- en una revolución: contra el socialismo; recuerda una visita a Jorge Luis Borges y analiza con brillantez La suerte de Jim, la obra de Graham Greene y Ulises, prestando una atención especial a las relaciones del libro con la masturbación (Joyce situó la novela en la fecha en la que Nora Barnacle le hizo su primera paja; “¿Puedo besar la mano que ha escrito el Ulises?”, le preguntaron después a Joyce; “No, ha hecho muchas otras cosas”, respondió). Uno de mis capítulos preferidos es el que dedica a Noticia bomba, de Evelyn Waugh, donde recuerda sus años como corresponsal.

 

La parte de “Amor” tiene una sección titulada “Americana”, donde se incluye un reportaje sobre Sunset Boulevard (donde Hitchens viaja con Billy Wilder); un viaje por la Ruta 66 o un bello texto sobre Las aventuras de Augie March: según Hitchens, la importancia de esa novela –que marca la llegada de un grupo brillantísimo de autores judeo-americanos al mainstream de las letras estadounidenses- reside en la “eligibilidad universal”, en la promesa de que cada uno puede ser lo que quiera. El texto final, con el fondo de “Septiembre de 1939” de W. H. Auden, habla de Nueva York: tras el 11-S, Hitchens recuerda los años que vivió en la ciudad, y retrata una ciudad conmocionada.

“Pobreza” incluye algunos de sus ataques más lúcidos y feroces: critica duramente Fahrenheith 9/11 y La Pasión de Cristo y el fanatismo religioso (por ejemplo, habla de Malcolm Muggeridge, y de apariciones de vírgenes). En uno de los artículos más divertidos del libro, Hitchens cuenta cómo el Vaticano lo llamó, después de que publicara su libro, para que testificara en contra en el proceso de canonización de la madre Teresa: esa vez, Hitchens sí que fue verdaderamente “abogado del diablo”. Un texto de unas páginas contiene lo mejor de Dios no es bueno, como su defensa de una moral laica. Pero también visita el corredor de la muerte, critica las regulaciones del alcalde Bloomberg en Nueva York rompiendo leyes que prohíben fumar en restaurantes, dar de comer a los patos o atarse las zapatillas en el metro; estudia la deficiente enseñanza de historia en Estados Unidos o relata un espeluznante encuentro con David Irving (aunque defiende su derecho a publicar sus libros), además de hablar de los judíos y la historia del antisemitismo. A Hitchens le obsesiona una característica de la fama moderna: que se juzguen las acciones de una persona según su reputación, en vez de que la reputación de una persona se construya a partir de sus acciones. Pasajes sobre personajes como el dalai Lama, John Fitzgerald Kennedy, Gandhi denuncian esta práctica que vemos cada día.

La tercera parte, “Guerra”, se divide en dos secciones. En la primera, “Antes de septiembre” Hitchens visita el Kurdistán, y Montenegro poco antes de su separación de Serbia. Habla del régimen atroz de Corea del Norte, y de la corrupción abyecta de la dictadura de Cuba: son artículos que tienen años, pero desgraciadamente conservan una su actualidad. Y siempre tienen una mirada autobiográfica y datos interesantes, como la pasión cinematográfica de Kim Jong il, que llegó a secuestrar a un director y a una actriz chinos para que hicieran películas con él. El último artículo de esta sección denuncia el bombardeo ordenado por Bill Clinton de una fábrica farmacéutica en Sudán –el complejo de Al Shifa, atacado porque supuestamente producía armas químicas en un momento de bajada en las encuestas del presidente-, y de las explicaciones que dio, copiadas de la película El presidente y Miss Wade.

 

La parte final del libro, “Después de septiembre”, recoge los artículos sobre el 11-S. En ellos, Hitchens habla de la perplejidad inicial, del cambio del paisaje y de la irrupción duradera del terror. Después analiza las respuestas: desde algunos despliegues inútiles del Gobierno hasta la reacción pacífica de los neoyorquinos. Y, sobre todo, se enfrenta a quienes buscan “racionalizar” los motivos de los terroristas: aquellos que explican que un ataque diseñado para producir el mayor número de víctimas civiles posible –entre las que había miles de musulmanes- es, por supuesto, un crimen horrible, pero obedece a causas profundas, como la “humillación del mundo islámico” a manos de Occidente, la pobreza, Israel... Según Chomsky, por ejemplo, no era un crimen distinto al bombardeo de la fábrica farmacéutica en Sudán. Hitchens recuerda a Chomsky que no denunció el bombardeo con la misma vehemencia en su momento y también que gran parte de la izquierda no quería exagerar con ese asunto para no dar argumentos a la derecha, y matiza, por ejemplo, que los misiles no estaban cargados de civiles inocentes, o que el objetivo era militar.

Para él, estaban ante una ideología totalitaria (“el fascismo con rostro islámico”), y era mejor escuchar simplemente las reivindicaciones de Al Qaeda en vez de otorgarles una especie de condición justiciera: quizá fuera un buen momento para hablar de la situación de los palestinos, pero desde luego eso debía hacerse al margen de las reivindicaciones al-Qaeda. (Por otra parte, a al-Qaeda los palestinos tampoco parecían importarles mucho, salvo para legitimarse: en sus reivindicaciones en la época, pedían la retirada de tropas estadounidenses de la Península Arábiga, para luego reclamar Cachemira o Palestina... Poco después también reclamaron Al Andalus. Luego, en algún comunicado, han hablado también del cambio climático.) Dice Hitchens:

Para los sectarios de al-Qaeda, adoctrinados en el wahabismo, solo los más puros y fanáticos son dignos de consideración. Las enseñanzas y proclamaciones públicas de esta secta nos han iniciado en la idea de que los tolerantes, los de mente abierta, los apóstatas o los seguidores de distintas ramas de La Fe solo merecen matanza y desprecio. Y eso es antes de considerar siquiera a los cristianos y los judíos, por no hablar de los ateos y los laicistas. Los motivos de queja y la animosidad son anteriores a la Declaración de Balfour, no digamos la ocupación del West Bank. Son anteriores a la creación de Irak como estado. Las puertas de Viena tendrían que haber caído ante la yihad otomana antes de que cualquier bálsamo pudiera aplicarse sobre estas heridas psíquicas. Y ese es precisamente ahora nuestro problema. Los talibanes y sus sucedáneos no se contentan con empobrecer sus sociedades hasta la miseria y la servidumbre. Están condenados, y erróneamente se creen ordenados, a extender el contagio y llevar el infierno hasta los que no son virtuosos. El primer paso que debemos dar, por tanto, es la adquisición del suficiente respeto por nosotros mismos, y la confianza suficiente para decir que hemos encontrado un enemigo y no somos nosotros, sino alguien distinto. Alguien con quien la coexistencia –afortunadamente, creo yo- no es posible. (Digo “afortunadamente” porque también estoy convencido de que esa coexistencia no es deseable.)

Quizá ahora parezca evidente. Pero no lo era en ese momento, ni después: algunos explicaron el atentado del 11-M como una respuesta a la participación de España en la guerra de Irak. El atentado era terrible, injustificable, brutal, claro, pero no hay que jugar con fuego. Lo que pasa es que desde el punto de vista de los fanáticos se juega con fuego enseguida: con unas caricaturas, con una película, con un libro, con que las mujeres vayan descubiertas, con determinadas comidas, con la libertad sexual...

Lo que abominan de “Occidente”, por decirlo en una frase, no es aquello que los progresistas occidentales rechazan y no pueden defender de su propio sistema, sino lo que les gusta y deben defender: sus mujeres emancipadas, su investigación científica, su separación entre religión y estado.

“Amor, pobreza y guerra” reproduce sus polémicas con Chomsky y sus compañeros de The Nation, que abandonó poco después (y contiene un elogio al juez Baltasar Garzón, por ordenar la detención de unos miembros de al-Qaeda y de Pinochet). Incluye un artículo sobre la guerra de Afganistán, señala muchos de problemas que todavía existen en un viaje por Pakistán, donde visita Peshawar y la frontera de Cachemira; y también tiene dos textos escritos en Irak (uno durante la guerra, otro poco después). Según Hitchens, Estados Unidos y Reino Unido no deberían haber recurrido a las armas de destrucción masiva para justificar la invasión: las violaciones de los derechos humanos del régimen de Sadam Husein, el asesinato masivo de los kurdos y la persecución de los opositores habrían sido razones suficientes. Se puede pensar que la exportación de la democracia no funciona fácilmente, que la guerra fue un error, un crimen o un disparate, o que por otra parte no se hizo –ni siquiera nominalmente- por esas nobles razones, pero el relato de los desenterramientos de las víctimas, el terror del régimen de Sadam Husein y el regreso de los exiliados es verdaderamente poderoso.

Al traducir Amor, pobreza y guerra, he vuelto a pensar en algunos debates importantes, he aprendido bastantes cosas de historia, política y literatura; he descubierto novelas, ensayos y poemas, me he desesperado con alguna frase y me he reído bastantes veces. Recorrer sus páginas ha sido una hermosa experiencia, y espero que también lo sea para los lectores.

 

 

RETRATO DEL HURAÑO CELINE

RETRATO DEL HURAÑO CELINE

Hace pocos días, releí con atención el libro ‘Álbum de radiografías secretas’. Uno de los retratos más complejos y fascinantes del libro es el del escritor y médico Louis-Ferdinand Celine (1894-1961). Sender y él no se caen demasiado bien de entrada; la primera conversación que mantienen es un tanto paradójica o chocante: Celine mea y mea y habla de espaldas al escritor oscense. Sender le corresponderá en su libro, muchos años después, con un retrato espléndido que intenta explicar la atracción por el mal, sus rincones oscuros y su entrega generosa a sus pacientes.

Me ha encantado esta foto de Louis-Ferdinand Celine.