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Antón Castro

Escritores

"EL LLANO EN LLAMAS". Por MAGDA DÍAZ MORALES

"EL LLANO EN LLAMAS". Por MAGDA DÍAZ MORALES

[Magda Díaz Morales, nuestra embajadora cultural en México, nuestra cómplice de mil y un saberes, escribe un estupendo artículo sobre uno de los grandes cuentistas del siglo XX: el silente, tímido y talentoso siempre Juan Rulfo, autor de dos libros inolvidables: “Pedro Páramo” y los relatos anteriores de “El llano en llamas”, un volumen que ha sido para mí como un catecismo, aunque ese modo de escribir sea irrepetible. Hace años conocí, en Tarazona, a su hijo Juan Carlos Rulfo, un estupendo director de cine y guionista. Entonces, venía a presentar una faceta estupenda de Rulfo: su condición de fotográfico casi etnográfico, de fotógrafo de almas y cuerpos de pueblos y villorrios mexicanos, casi como su soñado Luvina. Aquí está el texto de la profesora y escritora Magda Díaz Morales, ahora en portada de su visitado blog Apostillas literarias.]

 

 

Juan Rulfo, El llano en llamas (México: Fondo de Cultura Económica, 1985)


Varias veces he escuchado en entrevistas a Juan Rulfo. Mesurado, breve en sus respuestas, reflexivo, inteligente y un poco tímido, pero siempre una belleza de señor. Es un placer leer y releer sus cuentos de El llano en llamas, no hay un solo relato que no guarde dentro de él esa prosa poética que conmueve. He tomado algunos párrafos que poseen esta estética vibrante.


Cuando el narrador de "Nos han dado la tierra" dice: "Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera, y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello" o cuando el hombre que asesina a Remigio Torrico, en "La cuesta de las comadres", se da cuenta de que ya no es tan joven para andar en los trabajos con los Torricos y expresa: "Entonces me di cuenta de que me faltaba algo. Como que la vida que yo tenía estaba ya muy desperdiciada y no aguantaba más estirones. De eso me di cuenta".

En "Es que somos muy pobres", sobrecoge leer que a la Serpentina se la ha llevado el río, esa vaca que el padre de Tacha, después de mucho trabajo, le regaló para que tuviera un capitalito "y no se fuera de piruja como lo hicieron mis otras hermanas", nos cuenta el narrador. "Tacha está tantito así de retirado de hacerse piruja. Y mamá no quiere. (...) Y Tacha llora al sentir que su vaca no volverá porque se la ha matado el río. Está aquí a mi lado, con su vestido color de rosa, mirando el río desde la barranca y sin dejar de llorar. Por su cara corren chorretes de agua sucia como si el río se hubiera metido dentro de ella".


En "El hombre", un hombre persigue a otro. Al perseguido, José Alcancía, le falta el dedo gordo del pie izquierdo y al hundir sus pies en la arena va "dejando una huella sin forma, como si fuera la pezuña de un animal". Las rupturas temporales que se dan por las interposiciones de los pensamientos de los personajes, son notables. El que persigue, un cuidador de borregos, va detrás de un hombre que asesinó a toda la familia Urquidi: "Se persignó hasta tres veces. "Discúlpenme", les dijo. Y comenzó su tarea. Cuando llegó al tercero, le salían chorretes de lágrimas. O tal vez era sudor. Cuesta trabajo matar. El cuero es correoso. Se defiende aunque se haga a la resignación. Y el machete estaba mellado: "Ustedes me han de perdonar", volvió a decirles". Cuando el borreguero le cuenta al licenciado que había visto a ese hombre que buscaba, le cuenta:

Lo conocí por el arrastre de sus ojos: medio duros, como que lastimaban. Lo vi beber agua y luego hacer buches como quien está enjuagándose la boca; pero lo que pasaba era que se había tragado un buen puño de ajolotes, porque el charco donde se puso a sorber era bajito y estaba plagado de ajolotes. Debía de tener hambre.

La presencia del paisaje a nivel configurativo, es sobresaliente. Por ejemplo, el primer párrafo de "En la madrugada" describe al pueblo de San Gabriel, lugar de la historia narrada, como si miráramos una fotografía. Y qué decir de "Talpa", un gran relato donde vemos transcurrir al incesto, las creencias religiosas, la fe, la devoción, el remordimiento, la enfermedad, la ignorancia y la muerte. Tanilo Santos, su hermano, Natalia, los tres caminando rumbo a Talpa para que la Virgen del lugar curara a Tanilo de sus "ampollas moradas repartidas en los brazos y en las piernas que después se le convirtieron en llagas por donde no salía nada de sangre y si una cosa amarilla como goma de copal que destilaba agua espesa". El camino era largo y ya cuando Tanilo no quiere seguir, el hermano y Natalia "a estirones" lo levantan del suelo para que siguiera caminando. Por las noches:

Siempre sucedía que la tierra sobre la que dormíamos estaba caliente. Y la carne de Natalia, la esposa de mi hermano Tanilo, se calentaba en seguida con el calor de la tierra. Luego aquellos dos calores juntos quemaban y lo hacían a uno despertar de su sueño. Entonces mis manos iban detrás de ella; iban y venían por encima de ese como rescoldo que era ella; primero suavemente, pero después la apretaban como si quisieran exprimirle la sangre. Así una y otra vez, noche tras noche, hasta que llegaba la madrugada y el viento frío apagaba la lumbre de nuestros cuerpos. Eso hacíamos Natalia y yo a un lado del camino de Talpa, cuando llevamos a Tanilo para que la Virgen lo aliviara.

Después "Macario", el jovencito que vive con su madrina y una sirvienta (Felipa), quien gusta darse de cabezazos contra lo primero que encuentra, que siempre tiene hambre y miedo de morir, pero que está tranquilo porque Felipa le dice, cuando tiene ganas de estar con él, que ella se morirá primero y le dirá al Señor que le perdone "toda la mucha maldad que me llena el cuerpo de arriba abajo". Macario duerme en un cuarto donde hay chinches, cucarachas y alacranes "entre las arrugas de los costales donde yo me acuesto", pero cuando tiene visita puede "probar algunos tragos de la leche de Felipa, aquella leche buena y dulce como la miel que le sale por debajo a las flores del obelisco".


"Luvina" es un cuento desolador, como "Diles que no me maten" y "No oyes ladrar los perros". Y, por último, "Anacleto Morones", ese Niño Anacleto tan mañoso y embaucador en quien todos creen menos Lucas Lucatero...

 

AL AMOR DE MERCÈ RODOREDA

AL AMOR DE MERCÈ RODOREDA

 

Hubo un tiempo en que quise ser lector.

Pensaba que antes de escribir había

Que conocer muchos libros, otras palabras,

Viajar de página en página con personajes,

Adentrarse en el universo cincelado de los otros.

Registro los bolsillos de mi memoria

Y el desorden de mis estantes.

Y aquí están los libros de Mercè Rodoreda.

La primera imagen que me viene a la cabeza

Es la de Colometa que mira el cielo

Mientras el mundo se deshace

en el movimiento y la música de una verbena,

en la cambiante luz de un barrio.

Me acerqué a ella a través de “La plaça

Del Diamant”, pero luego fui accediendo

a todos sus libros. Uno tras otro. Los leía

en cualquier sitio: en la piscina, en los buses,

mientras cenaba cuando era cajero de bingo,

en la alta noche, cuando paseaba

a mi azafranado perro Pluto a la sombra

de la torre mudéjar de la Magdalena.

De sus novelas pasé a sus cuentos:

Piezas de una escritura bellísima,

Intimista, casi sincopada, difícil sin duda

En su facilidad y en su aparente espontaneidad,

Vidas de mujeres que exhibían sus temblores,

El calor de su inocencia y el desgarro.

Vidas de mujeres de seda y fuego, mujeres

Indómitas, bravías como el mar,

Vulnerables como el rocío que despierta la mañana.

Acumulé sus libros: uno tras otro,

Sus imágenes. Vi la novela “Aloma”

Por capítulos, interpretada por Marta Angelat.

Vi a Mercè Rodoreda, en reportajes y entrevistas,

 Y me gustaba su voz aguda y a la vez sensual,

Su pasión por las flores, su energía,

Su amor océanico por Armand Obiols.

Elegí, como favorito, el relato “Amor”:

La historia de un hombre que entra

En una mercería para regalarle

Unos calzones a su oronda compañera.

Por entonces nació mi hija, apenas unos meses

Después de la reedición de la novela “Aloma”:

La historia de una adolescente, más bien solitaria

Y ensimismada, que ama a un hombre mayor.

Casi como le sucedió a la propia escritora.

Y decidí, decidimos, a modo de homenaje

A la misteriosa y lírica Mercè Rodoreda,

Que así iba a llamarse la niña: Aloma, Aloma.

 

*El pasado 10 de octubre se cumplía el centenario del nacimiento de Mercè Rodoreda. Nació en 1908 y falleció en 1983. Edhasa acaba de rescatar “Todos los cuentos” y “La plaza del Diamante / La calle de las Camelias”. Esta foto pertenece al archivo de Edhasa y la reproduzco aquí por cortesía de Raquel Reguera, del gabinete de prensa.

RAMIRO FONTE: TRES POEMAS

RAMIRO FONTE: TRES POEMAS

 VITA NUOVA

 

-páxina de diario-

 

Deixar que o solpor morra co seu ritmo

de imposible navío ou de rapaza

e descifre o remate da novela.

 

Beber na noite os seus licores lenes

e brindar cos amigos nesa copa

escura que nos ata á mesma causa.

 

Escribir algún verso que a fortuna me dicte

e nalguna hora acaso como esta,

mollada na lembranza, perseguir

sen pintalos nos lenzos,

certos corpos amados.

 

 

PERSÉGUENOS A MÁSCARA BALEIRA,

O símbolo, columna que se ergue

Como de nós ó deus, ó seu dominio

Quen nos refai no espello vai negando

Cidades ou xardíns, praias ou azas.

Nós conquerimos sedes ou esteiros,

Algún lugar incerto na memoria

No que a chorar estamos longamente,

Facedores de lumes, condeados

A poñer nome ás cousas e deixalas

Neutros ríos do tempo máis inmensas.

Xa sabedor de illas tan feridas

Ó recibi-los ventos na fronteira

Has te-la fronte clara, os ollos grandes.

 

*Dous poemas de As cidades da nada (Colección Esquío). O texto leva a traducción ó castelán de Luis Rodríguez Andrade e Carlos Oroza.

 

UNHA PARELLA DE NAMORADOS

 

Muller non para amar, mais para a morte;

Palidamente enfermos, desta luz de novembro, recibida

Á beira da lagoa, que é fermosa

No declinar da tarde.

Non para o amor, muller, para este rito

Amargue e ledo a un tempo, ceremonia

De bebermos do Hades, ámbolos dous soñando.

Eu son Von Kleist, poeta que dirán

Romántico e prusiano.

E tamén que eran os meus adaxios de Berlín,

Non houbo ser outro que ousara estar comigo

E certa será ela como a sombra das faias.

Non para dar desposta

O clamor do degaro estamos xuntos;

Xa non para sentímo-la sustancia do inverno

Nos nosos corazóns.

E nin sequera, acaso, para outorgar tristura.

 

**De Pensar na tempestade (Sotelo Blanco. Colección Leliadoura, 1986). Prólogo de Arcadio López-Casanova.

***La ilustración corresponde a la fotógrafa sueca Asa Sjöstrom.

RAMIRO FONTE MUERE LEJOS DE VIGO Y DE LISBOA

RAMIRO FONTE MUERE LEJOS DE VIGO Y DE LISBOA

No se puede decir que haya sido un amigo íntimo de Ramiro Fonte (Pontedeume, A Coruña), que fallecía anoche en Barcelona, en el hospital de Bellvitge, donde estaba ingresado desde septiembre. Leo ahora que era una muerte anunciada: no sabía nada, y me apena sinceramente (lo leí primero en Heraldo, luego en El mundo y luego en El país) porque siempre había soñado visitarlo en Lisboa, donde dirígía el Centro Cervantes. Recuerdo el día que me llamó César Antonio Molina para decirme que lo había enviado a Lisboa y a mi doble Antón Castro a Milán. No era amigo íntimo de Ramiro Fonte, pero sí he sido lector suyo desde muy pronto y llegué a conocerlo en una ocasión. Iba con Pepe Cáccamo a un homenaje al poeta de Tempo de Compostela Salvador García-Bodaño. Allí me encontré con muchos amigos y escritores a los que admiro: Miguel Anxo Fernán-Vello, poeta, editor y activista infatigable y amigo entrañable desde hace 20 años; Cesáreo Sánchez-Iglesias, poeta, responsable de la asociación de escritores y experto en patrimonio; Enrique Rabuñal, poeta, narrador y profesor, y también me encontré con alguien que había sido un lejanísimo lector de mis primeros poemas  y consejero en Galicia: Xosé Luis Axeitos, convertido hoy en un sabio de literatura y lengua y experto en Rafael Dieste. Tras la comida, se hizo una pequeña tertulia con estos amigos, a la que se sumó Ramiro Fonte. Me pareció de entrada un hombre muy seguro de sí mismo.

 

Acabamos en su casa con Cáccamo, con Rabuñal y con la mujer de Ramiro. Era una preciosa casa, con bellas vistas hacia Vigo, una casa gobernada por la sensibilidad, el buen gusto, la pasión por el arte y una insobornable vocación por la literatura. Fonte era un poeta de mar y de sinfonías, un poeta a lo largo y a lo ancho, autor de libros como Pasa un segredo, Pensar na tempestade o Adeus, norte, un estupendo narrador en libros como Os leopardos da lúa –título que siempre me ha gustado mucho-. Por entonces acababa de publicar la primera parte de sus memorias de infancia en Pontedeume: Os meus ollos (2003), un proyecto que crecería hasta convertirse en una trilogía: Vidas de infancia.

 

Hablamos de poesía, de poetas, de Galicia, de sus estancias en Vigo, de la bella historia de amor, insistente y lírica, de Eduardo Moreiras y Luz Pozo, hablamos de Cunqueiro, de Dieste, de los años de Ramiro Fonte en Londres, hablamos de fados y de cantantes portuguesas, y juraría que hablamos hasta de jazz. Hablamos muchos de la gozosa experiencia de sus memorias y del eco que habían tenido en su pueblo. Todos sus libros parecían haber sido cuidadosamente elegidos. Él quería ser un poeta en gallego pero un poeta que contase en España: al fin y al cabo, la democracia había traído la fiesta, la pluralidad y la diversidad de matices y de tradición de las lenguas. Escribía en gallego, se había traducido al castellano a sí mismo en alguna ocasión, y poseía un nervio pertinaz de escritor: escritor de todo, en todos los géneros, infatigable, poeta, sin duda, narrador en largo y en corto, memorialista de sus paraísos de la niñez cerca del Eume, ensayista, etc. Y por supuesto formaba parte de esa gran generación de poetas que surgió en Galicia a mediados de los años 80. Era un conocedor de la literatura y de sus alrededores: historias de editores, diferencias entre escritores, pequeñas pullas, encontronazos, anecdotarios de libros… Daba la sensación de saberlo todo, y sus amigos estaban en todas las lenguas, tradiciones y edades. Podría decirse que casi intimidaba. No mostraba interés aparente por ti ni por tus libros, ni por tus años lejos de Galicia, pero sabía cuándo habías publicado el último artículo en “Abc” o de qué iban tus últimos libros.

 

Hubo un momento en que nos enseñó su biblioteca y su despacho. Algunas joyas. Algunas conquistas: primeras ediciones de Lorca o de otros autores. Mimaba los libros, los disfrutaba, sabía muchos poemas de memoria, era un gran lector. O cazador de libros, se tituló una de sus obras que glosaba, en parte al menos, su condición de bibliófilo. Recuerdo que aquel día hice muchas fotos: a él en solitario, con un fondo de árboles en una de las avenidas de Vigo, junto a su mujer, con los amigos, con una elegante copa de vino oscuro y extraordinario que nos sirvió con cariño.

 

Tengo muchos de sus libros: As cidades da nada, Designium, Capitán Inverno… En gallego y su traducción al castellano (cuando las hay). Lo he seguido siempre con respeto y con interés en entrevistas, antologías, en distintos proyectos, en cada una de sus nuevas entregas. Cuando esta mañana he leído que se había muerto recordé aquella tarde de Vigo, primero en el Castro y luego en su casa, me lo imaginé como me lo había imaginado muchas veces leyendo a Faulkner y Kafka y Paul Celan, me lo imaginé en Lisboa paseando con sus fantasmas y con el fantasma de Pessoa y Ofelia, y deseé más que nunca no haber interrumpido un viaje a Lisboa que tenía previsto este verano.

 

*La foto corresponde al archivo de "La voz de Galicia".

  

[O meu admirado editor e escritor Manuel Bragado, o señor de Brétemas (http://bretemas.blogspot.com) recolle a bibliografía máis o menos completa de Ramiro Fonte. Cópioa aquí por se é de interese de alguén. No seu blog hai unha colleita de artículos de despedida ó poeta que viu “a ponte no ceo”. Por certo, o editor de Xerais declarou a El País-Galiza estou tan hermoso: “Fonte era un amigo de lealtad inquebrantable y uno de los grandes, grandes, escritores gallegos universales de todos los tiempos".

 

Ramiro Fonte (Pontedeume, 1957, Barcelona 2008), licenciado en Filosofía e Letras, profesor de Lingua e Literatura Galegas, era director do Instituto Cervantes de Lisboa. Membro correspondente da Real Academia Galega. Poeta, narrador, ensaísta, crítico e estudoso da literatura galega, formou parte dos poetas do Colectivo Cravo Fondo. Como poeta publicou: As cidades da nada (1983); Designium (Xerais 1984), Premio da Crítica e Premio Losada Diéguez de creación; Pensar na tempestade (1986); Pasa un segredo (Xerais 1989), Premio da Crítica Española; As lúas suburbanas (1991); Adeus norte (1991), Premio Esquío; Luz de mediodía (1995); Persoas de amor (1995); O cazador de libros (1997); Mínima moralidade (1999), Premio González Garcés; Capitán inverno (Xerais 1999); A rocha dos proscritos (2001, e Xerais, 2005, edición na que inclúe o libro O pasaxeiro inmóbil), O xardín do Pasatempo (Tambre, 2008) e Reversos (Xerais 2008). A súa obra poética foi antologada nas obras Ámbito dos pasos (1997) e nunha recente edición publicada polo Premio Esquío (2008). Como ensaísta publicou As bandeiras do corsario (1996). Como narrador deuse a coñececer en 1986 co relato «O retornado», Premio Pedrón de Ouro, ao que seguiron, Catro novelas sentimentais (Xerais 1988); As regras do xogo (1990); Aves de paso (Xerais 1990); «Iluminacións danubianas», relato incluído no volume Caderno de viaxe (Xerais 1989); «Razóns para matar a Martíns», incluído no volume O relato breve. Escolma dunha década (1990); Os leopardos da lúa (1993), novela; Soños eternos (1994), relato e a triloxía das novelas «Vidas de infancia» formada por Os meus ollos (Xerais 2003), Premio Losada Diéguez de creación 2004, Os ollos da ponte (Xerais 2004) e As ponte no ceo (Xerais 2007). No pasado mes de xullo recibiu o Premio Porto Magno, outorgado polo Real Coro Toxes e Fores de Ferrol, en recoñecemento a súa traxectoria.]

 

FRANÇOISE SAGAN, VISTA POR EDWARD QUINN

FRANÇOISE SAGAN, VISTA POR EDWARD QUINN

 Así retrató Edward Quinn, el gran fotógrafo del Festival de Cannes, a la joven escritora Françoise Sagan en su Jaguar.

MAUPASSANT: LA LUNA, LA PALABRA Y LOS NENÚFARES

MAUPASSANT: LA LUNA, LA PALABRA Y LOS NENÚFARES

Maupassant, recuerda en el pequeño pórtico de su libro, que hizo su viaje en primavera por el Mediterráneo. Dice: “En suma, vi el agua, el sol, las nubes y las rocas –no puedo contar nada más- y simplemente pensé, como se piensa cuando el oleaje nos mece, nos aletarga y nos pasea”. Selecciono otros fragmentos sorprendentes y poéticos:

 

EL HOMBRE Y EL HECHIZO DE LUNA

-1. “El hombre que ama normalmente bajo el sol, adora frenéticamente bajo la luna.

Una mujer joven y encantadora me aseguró un día, ya no recuerdo a cuento de qué, que los golpes de luna son mil veces más peligrosos que los golpes de sol. Caemos presa de ellos, decía, y no nos curamos jamás; nos volvemos locos, no locos furiosos, locos de atar, sino locos de una locura especial, leve y continua; y nunca más pensamos, en nada, como los demás hombres.

Y, en efecto, esta noche he debido recibir un golpe de luna, pues me siento irracional y delirante; y el pequeño pedazo de luna que desciende hacia el mar me emociona, me enternece y me aflige”.

 

LA SEDUCCIÓN DE LA PALABRA

-2. “¿Pero en qué consiste hablar? ¡Misterio! Es el arte de no parecer nunca aburrido, de saberlo decirlo todo de un modo interesante, de complacer con cualquier cosa, de seducir con nada”.

 

ELOGIO DEL NENÚFAR

-3. “Todo el color del mundo, encantador, diverso y embriagador, aparece ante nosotros deliciosamente acabado, admirablemente resplandeciente, infinitamente matizado, en torno a una hoja de nenúfar. Todos los rojos, todos los rosas, todos los amarillos, todos los azules, todos los verdes, todos los violetas están ahí, en un fragmento de agua que nos muestra todo el cielo, el vuelo de los pájaros. Y además, hay otra cosa, no sé quién es, en la marisma, en la puesta de sol. Siento en ella como una revelación confusa de un misterio incognoscible, el aliento original de la vida primitiva que tal vez fue una burbuja de gas salida de un pantano al caer el sol”.

*Claude Monet fue un gran pintor de nenúfares.

GUY DE MAUPASSANT VIAJA EN SU BARCO "BEL AMI"

GUY DE MAUPASSANT VIAJA EN SU BARCO "BEL AMI"

Los fines de semana, y más en fiestas, uno ya no sabe donde están los hijos: si van a volver a dormir, y a qué hora, si duermen fuera o si ya han entrado en casa durante el sueño. Anoche llegaron a las seis, los dos juntos, Diego y Jorge. Oí la ruidosa puerta de hierro y luego sus pasos. Les abrí: parecían relajados, sin demasiado alcohol en el cuerpo. Volví a la cama, y apagué la luz. Pero poco después, como si estuviera desvelado, encendí la lamparilla de noche y elegí un libro, uno de los últimos –por allí andaban, Sylvia Plath, William Maxwell, José Luis Corral, ya he superado las 150 páginas de su “Fulcanelli” pródigo en coitos, las fotos de Jesse Fernández…-: Sobre el agua de Guy de Maupassant, el gran cuentista francés, nacido en 1850 y fallecido en 1893, tras varias tentativas de suicidio. En los años 80 leí con auténtica fruición los cuentos de Maupassant: recuerdo que Alianza publicó hasta cinco o seis volúmenes de relatos con títulos como “Bola de Sebo”, “El Horla” o “Madmoiselle Fifi”, entre otros. Era un escritor de cabecera, como lo fue Horacio Quiroga o Felisberto Hernández, como lo era, noche tras noche, Mercè Rodoreda.

 

Sobre el agua es un libro que ha editado Marbot, cuya editora, entre otros, es la traductora Elisenda Julibert. Y a ella le ha correspondido el honor de traducir este volumen que es un diario de viaje por las costas francesas en su barco “Bel Ami”, de igual título que su novela más famosa. Maupassant habla de todo: conversa con su patrón Bernard, describe el mar y sus furiosos vientos, los celajes, los golfos, las aves, pero pronto hace algo más: acaba convirtiendo el texto en un torrente de reflexiones, de confidencias y de recuerdos sobre hombres y mujeres, sobre pintura (a la que parece negar), sobre flores (le dedica un bello texto al nenúfar, que parece un elogio o una adivinación de los poemas de Juan Ramón Jiménez),  sobre ciudades. Escribe de la diferencia entre poetas y novelistas, de historias más o menos poéticas del sol y la luna que le notó hace algún tiempo una bella mujer. Cuenta historias paradójicas de un condenado a muerte, e incluso habla de animales vinculados a la creación del mundo o a los años del hombre sobre la tierra.

 

Bajo el agua es un libro improvisado al dictado de los estados de ánimo y del silbo de los vientos. Es un libro que tiene algo de barco: el autor, como un capitán indómito, nos lleva de aquí para allá, se desnuda, recuerda, hace inventario de mil cosas en un texto jugoso, ameno, extraño en ocasiones (a menudo uno se pregunta: ¿Cómo ha llegado hasta aquí para hablarme de esto el marino que avanza hacia las desérticas playas de Agay?), pero delicioso, que está impregnado del olor de las marismas, de la soledad de altamar y de la pasión de contar y contar hasta el fin de la noche. En un casino de juegos, cuando inicia el adiós de su libro, puede encontrar “a la joven de la bahía de Agay, la dulce enamorada del bosque soleado y del dulce claro de luna”. Como suele ocurrir en un naturalista tan particular como Maupassant, siempre hay lugar para la fantasía y las turbadoras presencias del trasmundo.

 

Selecciono aquí algunos fragmentos:

 

-1. “La mujer que se siente presa del gusto estrafalario de tener en su casa a un literato, como quien tiene a un loro cuya cháchara atrae a los porteros vecinos, puede escoger entre los poetas y los novelistas. Los poetas tienen más de ideal y los novelistas más de imprevisible. Los poetas son más sentimentales, los novelistas más positivos. Es un asunto de gusto y de temperamento. El poeta tiene más encanto íntimo y el novelista suele tener más espíritu. Pero el novelista presenta peligros que no tiene el poeta, pues el primero corroe, saque y explota todo lo que se presenta ante sus ojos. (…) Su ojo es como una bomba que lo absorbe todo, como la mano de un ladrón siempre dispuesta. Nada se le escapa; recolecta y colecciona sin tregua; recolecta los movimientos, los gestos, las intenciones, todo lo que transcurre y ocurre ante él; colecciona las menores palabras, los menores actos, las menores cosas. Almacena desde la mañana hasta la noche observaciones de cualquier naturaleza…”

Sobre el agua. Guy de Maupassant. Traducción de Elisenda Julibert. Marbot ediciones: Colección Tierra de nadie. Barcelona, 2008, 182 páginas. Incluye los mapas de la travesía. La fotografía del escritor es de Félix Nadar.

EL COSMOPOLITA LE CLÉZIO, NOBEL DE LITERATURA

EL COSMOPOLITA LE CLÉZIO, NOBEL DE LITERATURA

I. LE CLÉZIO, PREMIO NOBEL DE LITERATURA

 

ESTOCOLMO (Reuters) - El novelista francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, aclamado en los años 60 por sus juegos de palabras e imaginería y que luego se inclinó por temas infantiles, ganó el jueves el premio Nobel de Literatura 2008.

La Academia Sueca, que decide el ganador del prestigioso premio, dotado con 10 millones de coronas suecas (aproximadamente un millón de euros), alabó a Le Clézio por sus novelas de aventuras, ensayos y literatura infantil.

Es la primera vez que un autor francés gana el Nobel de Literatura desde 2000, cuando le fue otorgado al escritor chino Gao Xingjian, refugiado político en Francia que adquirió la nacionalidad francesa. El escritor francés Claude Simon también ganó en 1985.

La academia dijo que el escritor era un "autor de partidas nuevas, aventura poética y éxtasis sensual, explorador de una humanidad que está por encima y por debajo de la civilización actual".

Nacido en abril de 1940, su primera novela, "Le procès verbal", se publicó en 1963. "Como escritor joven en las postrimerías del existencialismo y la ’nouveau roman’, fue un conjurador que intentó ensalzar las palabras por encima del estado degenerado del discurso de cada día y recuperar el poder de invocar una realidad esencial", dijo la academia.

"El énfasis en la obra de Le Clézio se ha trasladado con el tiempo hacia una exploración del mundo de la infancia y de su propia historia familiar", según la academia.

La fase final del premio de este año se ha visto envuelta en la controversia después de que la secretaría permanente del comité del galardón dijera la semana pasada que Estados Unidos estaba demasiado aislado y no participaba en el "gran diálogo" de la literatura.

Horace Engdahl, de la Academia Sueca, generó una tormenta de airadas respuestas de escritores y críticos en Estados Unidos con sus comentarios, que se hicieron a una agencia de noticias.

La última vez que un estadounidense ganó el premio fue en 1993 cuando recayó en el novelista Toni Morrison.

Le Clézio, nacido en Niza, se trasladó a Nigeria con su familia cuando era pequeño. Escribió sus primeros viajes - "Un long voyage" y "Oradi Noir" - durante el viaje de un mes de duración.

Engdahl, en declaraciones en la rueda de prensa en la que se anunció el premio, dijo: "Su obra tiene un carácter cosmopolita. Francés, sí, pero más que nada un viajero, un ciudadano del mundo, un nómada".

Todos salvo uno de los galardones fueron creados por el magnate del siglo XIX Alfred Nobel y se han entregado desde 1901. El de economía lo estableció el Banco Central de Suecia en 1968.

 

II. NOTICIA EN “EL PAÍS”

AGENCIAS / EL PAÍS

 

"El escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante", así califica la Academia Sueca la obra del nuevo premio Nobel de Literatura, el francés Jean-Marie Le Clézio (Niza, 1940). En 45 años de oficio, Le Clézio, un gran viajero fascinado por los mundos primarios, ha escrito una cincuentena de libros cargados de una gran humanidad, señalan los medios franceses. "Como todos los premios literarios, [el Nobel] significa ganar tiempo, resurgir, tener más ganas de escribir", ha declarado en la radio France Inter, Le Clézio antes saberse premiado.

El autor considera que el galardón es "una respuesta" y señala que "escribe para ser leído y ser respondido". Le Clézio sonríe cuando se le insinúa que este premio le inscribirá con mayor presencia en la historia de la Literatura: "Todo eso es relativo, no hagamos de esto algo demasiado grande".

En cuanto a su hipotético discurso de aceptación del premio, Le Clézio asegura que le gustaría que versara sobre las dificultades que tienen los jóvenes para que les publiquen, o las que tiene un autor que escribe en lengua criolla para encontrar traductor y editor.

Carrera fulgurante

El flamante Nobel recibió mucha atención con su primera novela Le procès verbal, (El interrogatorio, 1964). Por ella, con tan sólo 23 años, recibió el prestigioso premio Renaudot por "Le procès verbal", una obra que definía su literatura existencialista, próxima a Georges Perec y Michel Butor, admirativa de Michel Foucault y Gilles Deleuze. Le Clézio se conjuró para intentar elevar las palabras "por encima del degenerado estado del discurso cotidiano" y restaurar el poder de éstas para invocar una realidad esencial, señala la Academia Sueca.

Su novela de debut fue la primera de una serie de descripciones de los tiempos crisis, que se incluyen en la colección de relatos La fiebre (1965) y La inundación (1966), en las que señala los conflictos y el miedo reinantes en las principales ciudades occidentales.

Incluso en esta primera etapa, Le Clézio destacó como un autor comprometido con la ecología, una orientación que se acentuó con obras como Terra amata (1967) y El libro de las huidas (1969).

Espaldarazo definitivo

En 1980 recibe un nuevo espaldarazo al recibir el premio de la Academia Francesa por Désert (Desierto), un evocador relato del contraste entre la grandiosidad de las culturas perdidas del norte de África y la mirada de los inmigrantes indeseados en Europa. La proximidad con el norte de África le viene de su esposa Jemia, de origen marroquí, con la que contrajo matrimonio en 1975.

A partir de ese momento, Le Clézio comienza a centrar su obra en el universo amerindio, una cultura en la que profundiza a partir de la traducción de obras como Las profecías de Chilam Balam o El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido. La temática de sus obras cambia, se centra en viajes y en mundos desconocidos y comienza a tener un gran éxito de ventas. En 1994 una encuesta le señala como el mejor escritor francés vivo.

Con Le Clézio son ya 14 los escritores de nacionalidad francesa que obtienen el más alto galardón de las letras. Su nombre no estaba en las quinielas de los favoritos para el Nobel. A sus 68 años, el escritor recibirá un cheque de 10 millones de coronas suecas (1,02 millones de euros), el 10 de diciembre en Estocolmo.

*La foto de Le Clézio es del gran fotógrafo de escritores: Daniel Morzinski.