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Antón Castro

Escritores

ESTA MEDIANOCHE, BORRADORES...

ESTA MEDIANOCHE, BORRADORES...

ACTUACIÓN: RICOCHEFO PRESENTA “DOIS”

 

PLATÓ: ADELA RUBIO CALATAYUD Y RAÚL TRISTÁN

 

REPORTAJES: EL CRIMEN DE FAGO, GUSTAVO MARTÍN GARZO Y “LA PIEDRA EN EL CHARCO” EN TERUEL

 

LIBROS: JORGE VOLPI Y “DESGRACIA” DE COETZEE. “LOS ELEGIDOS” (Virgilio Vieitez, Lili Marleen, Dionisio Cañas…)

 

El grupo Ricochefo, de música funk y reggae, actúa esta semana en Borradores con dos temas: “Revolucionario 2.03” y “República del Tongo”. Su líder Juan Montecchia habla de la trayectoria de esta formación, integrada por argentinos, chilenos, ingleses y aragoneses, que acaba de publicar el álbum “Dois”.

 

Borradores recibe en el estudio a la historiadora y cantante Adela Rubio Calatayud, autora de “Historia de la Corona de Aragón” (Delsán), en la que recorre toda su trayectoria, sus grandes hechos, los reyes o figuras como Roger de Flor. Y el narrador Raúl Tristán habla de su última novela: “Las nueve lunas de Belcebú” (Mira Editores), un relato policial sobre una cadena de muertes de jóvenes de la burguesía de Zaragoza. El detective Bruno Galván debe esclarecer este caso, vinculado con espacios tan conocidos como el chalet Casa Soláns, el Hotel Orús o la Azucarera.

 

Además, Borradores ofrece una entrevista con Jesús Duva, autor de “Emboscada en Fago” (Debate), un libro-reportaje sobre el famoso crimen de Miguel Grima, que hace recordar la “Crónica de una muerte anunciada”. Gustavo Martín Garzo, el Premio Nacional de Literatura, acaba de publicar “El jardín dorado”, y habla de ella, del descubrimiento de la lectura, de los mitos, del cine, del arte de contar y de la Biblioteca Martín Garzo que ha creado Lumen.

 

Borradores se desplazó -con Ana Catalá, Yolanda Liesa y el operador de cámara Moretti- al Congreso de escritores jóvenes en español, que se celebró en Teruel, “La piedra en el charco”, y ofrece un reportaje con varios autores: Eduardo Mendoza, Bryce Echenique, Unai Elorriaga, Enrique Cabezón, Miguel Ildefonso, Raquel Lanseros, Nacho Escuín, Mercedes Cebrián y Yolanda Castaño, que recita un poema. Además, Jorge Volpi recomienda sus “Letras para la vida”, y se ofrece la sección de recomendaciones “Los elegidos”. Una de las sugerencias es el volumen de Virxilio Vieitez, que ha publicado La Fábrica, un fotógrafo que inició su trayectoria en Aragón, tras adquirir, probablemente en Jaca, su primera cámara.

*Esta foto de poeta con serpiente es de Yolanda Castaño.

 

Borradores. Aragón Televisión. La noche del jueves 9 al viernes, 0.30. Canal Satélite Digital, 97. Redacción: Ana Catalá Roca. Producción: Jesús Arce, César Quílez y Ánchela Rubio. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Realización: Teresa Lázaro. Emisión: 116. 

 

SYLVIA PLATH: UN LIBRO ESPERADO EN LAS MANOS

SYLVIA PLATH: UN LIBRO ESPERADO EN LAS MANOS

 

 

He estado ajustado una entrevista con la fotógrafa Luisa Monleón (Zaragoza, 1979), que ha sido elegida por un jurado como Nuevo Talento FNAC en fotografía. Su trabajo, sugerente e intimista, tiene el color de algunas películas y la atmósfera mágica de lo privado, de lo íntimo, de un núcleo habitado por la belleza y lo cotidiano. Se expone estos días en la FNAC de la Plaza de España: aquí ha iniciado su gira por todo el país. En esas andaba, quitando caracteres para la entrevista que se publicará mañana en Heraldo, cuando me pidió mi hijo Jorge que lo llevase a Garrapinillos.

 

Pregunté en el quiosco de Servando y Ana si me había llegado un paquete: había llegado, era un envío emocionante y  bello: la Poesía Completa de Sylvia Plath, que ha editado Bartleby, con prólogo de Ted Hughes, el marido de Sylvia, del cual se había separado poco antes de su brutal suicidio, y con traducción y más de 200 páginas de notas de Xoán Abeleira. El libro, de entrada, es un regalo maravilloso, una promesa de intensidad, de turbadora belleza, de desgarro, de continuas sorpresas (por aquello de mi relato de la vaca, leo casi azarosamente: “Un grito, y me levanto de la cama dando tumbos, pesada como una vaca // y floral con mi camisón victoriano. Tu boca abierta es tan nítida // como la de un gato”, dice Plath). El libro tiene algo de tesoro, de libro de horas, de manantial de incesantes deleites que se irán postergando a lo largo de muchos días. Se me ha ocurrido hacer algo que no hago casi nunca: encuadernarlo en piel. Supongo que será por fetichismo. Eso sí, la portada, una espiral, es bonita.

 

Enhorabuena, de nuevo, a Pepo Paz y a Xoán Abeleira y a los lectores de poesía en general.

 

Copio aquí la traducción de un poema:

 

MUJER ESTÉRIL

 

Vacía, resueno hasta cuando doy el más ligero paso,

Museo sin estatuas, grandioso con sus pilares, pórticos, rotondas,

En mi patio, una fuente brota y se abisma en sí misma,

Con corazón de monja y ciega ente el mundo. Lirios de mármol

Exhalan su palidez como un aroma.

 

Me imagino a mí misma frente a un público numeroso,

Madre de una  blanca Niké y de varios Apolos sin párpados.

Pero, en vez de eso, los muertos me hieren con sus atenciones

          y nada puede ocurrir.

La luna posa una mano sobre mi frente,

Impávida y callada como una enfermera.

 

21 de febrero de 1961

*Éste es un grabado desconocido de Sylvia Plath.

“Esplendor en la hierba” es Deanie y Bud. Natalie Wood y Warren Beatty. El primer amor, la pantera que duerme en la carne, el paso del tiempo y un  beso francés, el primer beso con lengua de la historia del cine. A Mae West nunca la besaron en la pantalla grande. 

 

Todo el mundo tiene un momento de esplendor: un lugar al que nunca podrás volver. En esta hermosa y triste historia de amor, Bud y Deanie descubren la fragilidad de los sueños, con el crack del 29 como telón de fondo. Ella cuelga fotos de su novio en el espejo del cuarto. Él escucha los consejos de su padre (nadie en su sano juicio debería de escuchar a un padre; el mundo cambia a tal velocidad que las normas de un padre nunca le servirán a un hijo). El primer amor rompe el celofán de los sentimientos y la vida se convierte en una toma continua de decisiones. Pero, tarde o temprano, todo remite a Carlos Castán: hagas lo que hagas, te equivocarás.

 

Elia Kazan logró que William Inge, ganador del premio Pulitzer, escribiera el guión de esta película. Inge se inspiró en una experiencia personal muy fuerte que tuvo en su juventud y la película obtuvo un Oscar al mejor guión original. Durante los 63 días de rodaje, Kazan mantuvo una aventura extraconyugal con una de las actrices. Como Natalie Wood y Warren Beatty. Shirley Mac Laine, su hermana, decía que ir a Estados Unidos y no acostarse con Warren Beatty era como haber perdido el viaje. «De hecho -añadía-, creo que soy la única actriz de Hollywood que no se ha acostado con él». Peor suerte corrió Natalie Word, ahogada el 28 de noviembre de 1981, al abandonar, en plena noche, su yate: EL ESPLENDOR.

 

Siempre termino llorando con la escena de la despedida: Natalie Wood vestida de blanco, recién salida del sanatorio, Warren Beatty con las manos manchadas y su mono azul de trabajo, Angelina embarazada, las vacas, el campo, la granja. Y la cita de William Wordsworth: "Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo...". 

*[Esta estupenda foto pertenece a Edward Quinn y fue tomada en Cannes en 1962.]

CRISTINA FERNÁNDEZ CUBAS Y LA PELÍCULA "JENNIE"

CRISTINA FERNÁNDEZ CUBAS Y LA PELÍCULA "JENNIE"

 

 

Cuando empezaba a escribir cuentos, descubrí casi uno tras otro dos libros de Cristina Fernández Cubas, que publicó en Tusquets en sus Cuadernos marginales, creo: Mi hermana Elba (1980), un libro perturbador e intimista, que exploraba los ángulos de un horror más o menos suave en la línea de Poe y Maupassant, y Los altillos de Brumal (1983), que volvía a esos territorios de lo escurridizo y lo dramático, y jugaba con ambientes tenebrosos, donde parecía moverse sutilmente un fantasma, un aparecido, un cordón sibilante de sombra. Aquellos dos libros, como los de Mercè Rodoreda, decidieron un poco mi vocación: me gustaban aquella forma elegante de escribir, aquella sutileza, las presencias que acechan, los fogonazos de pánico. Me encantó el nombre Elba y estuve a punto de bautizar así a mi primera hija, al final bauticé así a un personaje de Golpes de mar (Destino, 2006), aquella mujer que sueña con su marido, que queda encinta durante el sueño y que finalmente, bajo un aplastante sol, se convierte en peñasco en la ribera.

Leí otros libros de Cristina Fernández Cubas. Casi todos. Y la he seguido como me gusta seguir a los escritores: desde lejos, con timidez, y muy cerca de sus libros. En una ocasión, poco después de que hubiese publicado una entrevista sobre su amigo Javier Gómez de Pablos, la encontré en el Torreón Fortea, cuando aún tenía café. A ella y a su marido, el escritor Carlos Trías. Y hablamos un rato: le llamaba la atención a la inteligente Cristina, que tiene dos ojos infinitos como grandes y brillantes cuarzos del mar, era que hubiese tantos raros en Aragón. Gómez de Pablos era el veintitantos. Le dije cuánto me habían marcado sus librosuánto había soñado con ellos, qué importantes habían sido en mi vida. Y ahora, en esa editorial extraordinaria que es Tusquets, publica sus “Cuentos completos”, 512 páginas de narraciones y personajes que aletean con la fantasía, con las vidas secretas, con lo mágico turbador, ese hilo levísimo de oro y noche que enlaza cada pieza entre sí.

 

En la revista Qué leer, que compro todas las semanas, leo una entrevista de Milo J. Krmpotic. Hay muchas cosas de enjundia, muchas, pero me ha llamado la atención una frase sobre la película Jennie, que era una de las favoritas de Luis Buñuel y de Julio Alejandro de Castro. La vi hace algunos años en TVE. Dice Cristina Fernández Cubas: “Tengo que decirte que, aunque parezca raro, si hay un filme que me conmocionó fue Jennie, de William Dieterle, con Joseph Cotten y Jennifer Jones. Es la historia de un pintor que se topa con una niña, pequeñita, vestida de una forma antigua… Encuentros sucesivos… Ella es cada vez más alta, va creciendo… No digo más… A mí esta burla del espacio y del tiempo absolutamente mágica me fascinó. De alguna manera fue un apoyo para mis fantasías y mi mundo. Magia pura”.

LA VACA: UNA HISTORIA INMORTAL

LA VACA: UNA HISTORIA INMORTAL

Mi madre siempre tenía una vaca. Morena o Marela solían ser sus nombres más frecuentes. Tenía un carro para una sola vaca, y en él íbamos casi todos los días a un prado, cruzado por un regato que bajaba hacia el valle desde lo alto de la montaña. Aparecía y desaparecía entre juncos y zarzas, y se remansaba primero al pie de un pequeño vado y luego en la espesura del bosque. Creíamos que era un bosque fantástico: mi madre me decía que en su interior había pájaros misteriosos y una dama encantada que irrumpía desnuda, con un espejo en la mano, al atardecer. Decía también que en la parte más oscura había una manada de lobos. A veces se oía su aullido interminable.

 

Mi madre dejaba la vaca con el carro y recogía la hierba. Volvíamos a casa, y yo siempre iba entre los haces frescos. Me decía: “Si tienes miedo, canta”. Y yo cantaba lo más alto que podía. El eco de mi voz se multiplicaba. Cuando llegábamos a las primeras casas, me decía: “El miedo ya ha pasado. Deja de cantar”.

 

Mi abuelo paterno era tratante de ganado y albéitar, curandero de animales. A él le gustaban, sobre todo, los terneros. En una ocasión, nos trajo una pequeña becerra azafranada. Era preciosa y menuda, pero muy rebelde. Cuando iba a entrar en el establo, se revolvió, se zafó de la cuerda y se marchó a las montañas. Y allá fueron varios hombres y mi abuelo, y yo con ellos. La buscaron durante varias horas: por las minas abandonadas, por la explanada de guijarros, por la floresta tupida, en el arenal de la playa de Barrañán. Dieron con ella y regresaron lentamente a casa. Miraba a mi abuelo Jesús con los ojos preñados de emoción. Aquel hombre silencioso y firme era mi héroe. Cuando entró en la cuadra, yo iba detrás. Intentó escaparse de nuevo, pero no lo logró. Lo que sí hizo fue soltarme una coz terrible con sus primeras herraduras que me impactó en el pómulo izquierdo, muy cerca del ojo. Empecé a sangrar. Mi abuelo me cogió en sus brazos, me llevó a la cocina y me aplicó agua. Cuando vio que ya se me había pasado el susto, me dijo: “Siempre tendrás una historia que contarle a tus nietos. Esa señal la llevarás de por vida”.

 

Y es cierto, aún la llevo y le cuento a quien quiera oírme que una vez me pateó una ternera, que se hizo vaca y que llevaba el carro al prado. Mi madre, con un palo, la refrenaba al grito de “Amodiño, amodiño, Marela”. Despacio, Marela. Despacio.

*Esta fotografía de granjeros es de Andrés Deinum.

JOAN MARGARIT, PREMIO NACIONAL DE POESÍA

JOAN MARGARIT, PREMIO NACIONAL DE POESÍA

LUZ DE MI VIDA

Yo era un chico que oía por la radio
las canciones de amor, y nada me gustaba
tanto como mirar a las mujeres.
Cuánta felicidad
la niebla de sus cuerpos por las calles
y tantos sueños donde desnudarlas.
Recuerdo todavía la brutal erección
de un chico abandonado entre la lluvia,
una premonición del viejo que ahora soy.
Me gusta recordar el cuerpo de la chica
que se quedó a mi lado. Todavía
creo escuchar su voz en el teléfono:
Da la cena a los niños. Regresaré más tarde...
Probablemente, nunca regresó,

pero ahora, ya viejos, nos da igual.

 

[El poeta Joan Margarit acaba de ganar el Premio Nacional de Poesía con un libro lleno de evocación, de emoción y de belleza: Casa de misericordia, publicado por Chus García en su editorial Visor. Copio aquí, de nuevo, uno de los poemas con los que más me he identificado. Cuando era niño conocí a Raúl, el hombre que vendía radios por Lañas (Arteixo, A Coruña) y una de ellas, quizá una Vanguard, se quedó en mi casa, y yo la oía a todas las horas, por la mañana, al mediodía, de noche, cuando leíamos las cartas de amor y de saudade de mi padre, en la cocina, cerca del fuego y bajo el rugido del vendaval. Raúl tenía una hija guapísima, me pareció una distante reina de la belleza en la adolescencia. Jamás la he visto a ver, y me quedo con aquella imagen y con este delicioso poema de amor y de despertar.]

 

DOS POEMAS DE JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO

DOS POEMAS DE JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO

Dos poemas de  BLUES DE LOS BAJOS FONDOS (Edit. CEB), Premio José Verón de Poesía 2008, finalista del Premio Provincia de Guadalajara 2007, poemario sobre el mundo de la prostitución  de José Luis Gracia Mosteo, de próxima publicación.

 

 

POR QUÉ NANCY TASIGUANO APALEÓ

 A UN CLIENTE

 

Su culo caribeño causaba sensación

entre los camioneros: un culo con tres hijos

y un negro en Costa Rica; así que diez o doce

clientes cada día en aquel club de la 2,

ya sabe, la Autovía de Madrid-Barcelona,

no era exactamente un sacrificio para ella

sino una carga digna: mantener a los suyos.

Cuando desayunaba, se comía dos huevos

con bacon y un café, además de un cubata

y un porro de maría que le ponía el chichi

como una pera de agua, los de la GCT

 lo habían comprobado, ellos ya conocían

la piel de esa mulata que cantaba boleros

en las mañanas frescas y saludaba riendo,

por eso no aceptaban que hubiera apiolado

a aquel plumilla incauto haciendo un reportaje

sobre los bares esos de carretera y putas.

 “Cuatro costillas rotas y un moratón de Cristo

y Señor en el cóccix”, diagnosticó un cliente

 que resultó ser médico. ¡A la calle con ella!,

añadió el propietario, ¡que folle en otro sitio!

 Nancy no dejó escapar una maldita lágrima:

subió a la habitación, cogió las fotos mustias

de sus hijos y el lápiz de labios, y bajó

cuando estaba arrancando la ambulancia. ¿Seguro

 que no te ha hecho nada raro?, dijo el pitufo,

¿no te habrá amenazado, se obstinó, para que hagas

algo sucio? Fue cuando pensó en Carlitos, en James,

en su negro, en Édison bebito; cuando dijo:

¡El muy hijo de puta: me paga un especial

 y sólo quiere hablar! ¡Hijo de mala madre!

¡A una profesional! ¿Pero ustedes son hombres,

papafritas chingados? Causaba sensación

lejos de sus tres hijos y de su negro en paro.

 

 

SANDRA SMITH Y LA POLLA MÁS GORDA

 

Viene una de por ahí, ya sabe, pubs

de carretera, casucas de alterne,

puticlubes, y un día, mientras echa

gasolina, conoce a un fulano y un

perro en un pueblucho, o lo que es lo mismo,

 a dos perros que le miran, o sea,

que buscan, ya sabe, una cocinera,

alguien que les caliente la manduca,

un coñito, dos que ofrecen futuro,

en fin, retirarte, vivir juntos,

envejecer sin fianzas ni hospitales

ni trullo; viene una hastiada de pichas

con tufo a requesón, de chulos con peste

a pachulí, de todo eso; viene una

y se queda un día, un año, una vida;

viene una y se piensa que puede hacer

la compra en el súper, levantarse

a las ocho, vestir de trapillo,

y se encuentra con alguien que no grita,

que se zampa sin chistar la paella

pasada, el café aguado, el mal vino;

que no pregunta; viene una y, joder,

se cree que puede lucir vaqueros

con peto, echar gasofa, follar

con uno, sólo uno, así que empieza

a aburrirse, o sea, a ser feliz, cuando

una noche para un camión y sale

un cabrito y le dice: Hombre, la Sandra,

¿qué haces tú aquí en este puto sitio?;

viene una y mira al colega y al chucho,

se mira en el retrovisor, espejo

para ver lo que nos sigue; viene una

al culo del mundo y se da cuenta

de que será siempre lo mismo, mientras

el machaca llena el depósito y

promete volver y opina de fútbol

con el que no protesta, el que tiene

la polla más gorda, o sea, el jodido

futuro; viene una de ahí al culo

del mundo y se queda un año, una vida,

cuando una noche se para un camión. 

*La foto de una prostituta en la noche de París es del gran fotógrafo Brassaï.

 

 

 

 

LA CENSURA EN LA RED. CONTRA LOS INQUISIDORES

LA CENSURA EN LA RED. CONTRA LOS INQUISIDORES

[He tenido un día de ayer y de hoy bastante agitado, así que no pude leer el artículo de Fernando Valls sobre la censura en la red. Suscribo sus opiniones y muestro mi solidaridad tanto a Antonio Cardiel, cuyo blog es realmente extraordinario y no me lo ha parecido menos su último libro En el bosque (Mira editores, 2008), y a Rolando Gabrielli. Y copio aquí el texto de Fernando, un lector apasionado y meticuloso de blogs y otras maravillas. ]

 

CENSURA EN LA RED

 

Por Fernando VALLS

Los que hayan visitado, en las últimas semanas, el blog Foto-relatos, de Antonio Cardiel, y el del chileno afincado en Panamá Rolando Gabrielli, se habrán llevado una desagradable sorpresa, pues antes de acceder, aparece el siguiente cartel, que ha colocado Google:
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"Advertencia de contenido. Algunos lectores de este blog se han puesto en contacto con Google porque consideran que el contenido del mismo es dudoso. Generalmente Google no revisa ni aprueba el contenido de este, ni de ningún otro blog. Para obtener más información relativa a las políticas de contenido, visita las Condiciones del servicio de Blogger".

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Respecto a lo cual, el lector deberá tomar una decisión:

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Lo comprendo y deseo continuar.

No deseo continuar.


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Si para acceder a la bitácora de Foto-relatos se optaba por la primera opción, en busca de ese contenido dududo, el lector accedía a un blog de fotos de viajes diversos, la India entre ellos; de personajes anónimos de principios del XX cuya historia el autor se proponía componer, y a fotos de guerras mundiales y ciudades alemanas destruidas, además de a una colección de postales antiguas de una joven, Eulàlia, que posaba desnuda, aunque emboscada tras un decorado vegetal, en el estudio de un pintor, también de comienzos del siglo pasado, lo que a estas alturas no parece que pueda tacharse precisamente de "contenido dudoso", aun cuando nunca falten mentes retorcidas dispuestas a pulsar la tecla "Contenidos de dudosa reputación".

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Ahora, sin embargo, Antonio Cardiel ha publicado en su blog la siguiente carta:

 

Queridos amigos:


Hace un mes, cuando regresé de mis vacaciones, me encontré con la desagradable sorpresa de que alguien había considerado a mi blog pornográfico y había escrito a google para interponer una barrera o advertencia de contenido. Por un lado, resulta intolerable que en un medio como internet pueda ejercitarse esta especie de censura indiscriminada: cualquiera puede ejercerla, ya que google ni controla contenidos ni supervisa esas quejas, por lo que los blogeros estamos sujetos al capricho de quienes se creen en posesión de una moral irreprochable, con lo reprochable que esto es. Por otro, el número de visitas ha descendio drásticamente, lo que todavía introduce más extrañeza en el asunto al comprobar que esa advertencia surte efectos y arredra a los posibles lectores. Es por ello que voy a abandonar este servidor, blogger, para, en cierto modo, independizarme en mi propio dominio, por lo que durante unos días este blog no se actualizará hasta que tenga preparado el nuevo espacio para mis escritos. Espero tener todo listo para la semana próxima, quizá hacia el 8 de octubre. Siento interrumpir esta comunicación con vosotros, amables lectores, pero espero que todo sea para bien y que mi nuevo espacio de escritura os siga interesando.
Un saludo,

Antonio Cardiel

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Por su parte, la escritora chilena Lilian Elphick, hace unos días, colgaba en su bitácora la siguiente entrada, con el título de "Yo acuso":

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Photobucket, el sitio web donde alojo mis fotos, ha censurado la imagen que Alejandro Gelaz realizó tan amorosamente para mi texto Arbeluc. Y este procedimiento, señoras y señores, es atroz; una falta de respeto.

¿Qué es lo que prohíbe Photobucket? ¿Una serpiente? ¿La palabra Arbeluc? No. Todos sabemos que la censura radica en la mostración de tetas, areolas, pezones y otras presas ‘dignas de pudor y de ocultamiento’. He aquí lo obsceno. Lo he dicho mil veces y no me canso de repetirlo: la única obscenidad es la guerra, el hambre, la moralidad imbécil y el doble estándar. Y el mundo está plagado de censores que se dedican a borrar, suprimir y satanizar, no sólo partes del cuerpo humano, sino ideas, concepciones culturales, modos de ver la vida.
Giordano Bruno fue quemado vivo en Campo dei Fiori en 1600; los asesores de Berlusconi hicieron desaparecer el pecho albo de la señora Verdad desvelada por el tiempo, del pintor renacentista Giambattista Tiepolo, en 2008. ¡Hasta cuándo! ¿Quién nos salvará de esta lacra de descerebrados defensores de las buenas costumbres? Y la respuesta es: nosotros mismos. ¡Quién más!

..
Las cosas se ponen feas. El mito de la red como un espacio de libertad, con episodios como éste, se desmoronará pronto. Los casos de Antonio Cardiel, en España, de Rolando Gabrielli, en Panamá, y el Lilian Elphick, en Chile, no deberían de repetirse, pero si no protestamos con energía, es probable que lo hagan. Seguro que existen más casos que desconozco, de los que podríais dar noticia. Desde esta nave loca os animo a que os suméis en vuestras bitácoras a la protesta y a que comentéis otros casos similares.

Véanse las bitácoras de quienes ya se ha sumado a la denuncia:

      *No sé si la imagen es obscena o no, pero me encanta. Ella es Ann Sheridan.