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Antón Castro

Escritores

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS: UN POEMA A LA MADRE

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS: UN POEMA A LA MADRE

LA MADRE

La
madre soñaba oscuramente:
Será rubio, tendrá estos ojos mismos,
le amarán las muchachas. Una tarde,
de pronto, llorará junto a una rosa.

Le crecerá la angustia sin saberlo.
y cada nuevo umbral será una herida.
Temblará al traspasarlos, hijo mío.
Acaso una paloma, acaso nada.

El viento por la frente; las caídas
hojas que se acumulan; los rumores
del corazón callados: nadie sabe
las formas repentinas de la dicha.

Yo lo siento aquí hondo, en mis entrañas,
el río de tu vida, que me deja
una nostalgia antigua, una dulzura
vieja en mi corazón, como la sangre.

Me hace toda ribera, toda muro
donde pasan las aguas de tus años.
Vuelvo otra vez a ser niña que juega,
corriendo como niña entre las rosas.

¡Oh sueño en mis entrañas! ¡Oh alto río,
resonando de siempre en mis entrañas!

 

Pre-Textos, en un precioso volumen, manejable y sugestivo, acaba de publicar la Poesía completa en verso del escritor, casi centenario, José Antonio Muñoz Rojas, autor de un libro excepcional como Las cosas del campo o Las musarañas, también editados por Pre-Textos. Se trata de una poesía personalísima, vinculada al 27, de acento panteísta en ocasiones, serena, precisa, que se teje con la caligrafía de la emoción, de la sensibilidad y de la incesante hermosura. Uno de los poemas que más me gustan es éste, que evoca la figura de la madre. 

*La figura es de Bill Brandt.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: NOCHE DE NIEVE

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: NOCHE DE NIEVE

Quien haya visitado mi blog con alguna frecuencia, habrá leído mi pasión absoluta hacia Juan Ramón Jiménez. Admiro al poeta, al narrador, al hombre de letras, al mito, al raro rarísimo. Menoscuarto de Palencia, en su colección Reloj de Arena, que dirige Fernando Valls, publica Cuentos largos y otras prosas narrativas breves de Juan Ramón, con un estudio preliminar, brillante y minucioso, de Teresa Gómez Trueba. No lo he podido leer del todo, pero entre los veinte o treinta textos que he leído, me ha maravillado especialmente éste:

 

[NOCHE DE NIEVE]

 

Ella no hablaba español ni francés y yo no hablaba inglés. Pero se enredaron nuestros hilos en silencio, en el crepúsculo de nieve, y, aquella noche, tras una escaramuza violenta en la soledad de la acojinada estancia con fuego, una sombra blanca se deslizó suave por las paredes floreadas de mi alcoba. Alcé la ropa de la cama y ella se abrazó conmigo. Y pasamos aquella noche de nieve, en un lenguaje de caricias, como dos animales.

*La ilustración es un retrato de la actriz Veronica Lake.

 

LAS GRUTAS DE CRISTAL, EL GUADALOPE Y UN RETRATO

LAS GRUTAS DE CRISTAL, EL GUADALOPE Y UN RETRATO

He estado todo el día fuera de casa, de excursión con el naturalista y fotógrafo Eduardo Viñuales y con el ilustrador Alberto Aragón, con quien voy a publicar un libro infantil en breve: “Jorge y las sirenas”, que aparecerá en Marboré. He pasado una jornada especial, inolvidable, primero en las Grutas de Cristal de Molinos, donde tuvimos de guía a Emilio, que lo sabe todo de ese palacio encantado en el corazón de la piedra y que lleva allí desde hace casi un cuarto de siglo. Más tarde, en compañía del forestal José Luis Lagares y los alcaldes de Molinos y Ejulve, Mateo Andrés y José Manuel Salvador, nos fuimos a distintos parajes del Guadalope: las hoces bajas y el puente de Fonseca, dos parajes increíbles entre roquedales, en cuyo cielo límpido planean los buitres. En una ocasión hablé del Maestrazgo como “un paisaje sobrenatural”: ayer tuve la sensación de que, pese a la aparente desmesura de la frase, me quedé corto. Ahí, donde el Guadalope corre limpio y extiende, persistente, el “fragor del agua” (hablamos mucho de José Giménez Corbatón, cuya colección de cuentos había hecho mucha mella en mis compañeros de viaje), la naturaleza es opulenta, variada, cambiante. Posee los colores del mejor taller de pintura. Vimos cabras montés, un sapón común del tamaño de una uña y esperamos un instante sorprender a la escurridiza y hermosa nutria.

 

Tras llegar a casa, abrí el correo y me encuentro con este regalo de mi paisano, con parada y fonda en Bilbao: Pablo Gallo, dibujante y pintor que ha pasado días inolvidables en Armentón, cerca del pazo, cerca de los miradores que se abren hacia Barrañán.

FERNANDO SAVATER GANA EL PREMIO PLANETA

FERNANDO SAVATER GANA EL PREMIO PLANETA

[Leo en El País que el ganador del Planeta no ha es Javier Sierra, el escritor turolense afincado en el Sur. El ganador del Planeta ha sido el filósofo y escritor Fernando Savater (San Sebastián, 1947). La crónica es la del periódico madrileño y está firmada en Barcelona por dos grandes periodistas: Israel Punzano, a quien conozco algo menos, y Jacinto Antón, un apasionado de los griegos, de los egipcios, de la arqueología, de la Antigüedad, en general.]

 

ISRAEL PUNZANO / JACINTO ANTÓN. El País

El eterno candidato lo ha logrado finalmente: el filósofo, escritor y articulista Fernando Savater (San Sebastián, 1947), colaborador habitual de este diario, obtuvo anoche el Premio Planeta, dotado con 601.000 euros. Un galardón que le fue entregado en Barcelona en el transcurso de una cena literaria presidida por la Infanta Cristina. Aunque ya quedó finalista en 1993 con El jardín de las dudas —el mismo año que ganó Mario Vargas Llosa con Lituma en los Andes — su nombre ha aparecido recurrentemente durante años en todas las quinielas del premio.

Savater se ha impuesto con una novela presentada a concurso con el título de La curva del Pardo y firmada con el seudónimo de Patricio. En la obra tiene un gran protagonismo una de las aficiones confesadas del autor, las carreras de caballos. Así, la trama arranca con la desaparición de un yóquei famoso. Un multimillonario decide entonces contratar a unos mercenarios para localizarlo. El resultado es una obra detectivesca con numerosas citas filosóficas propias de una vasta bibliografía centrada en el pensamiento que incluye éxitos como Ética para Amador (Ariel) y que, en estos días, precisamente, acaba de crecer con un nuevo título: La aventura de pensar (Debate).

De hecho, Savater, también aficionado confeso a la novela policiaca —de la que hizo una inolvidable reivindicación en La infancia recuperada (Taurus), donde recordaba que el primer detective de la historia fue nada menos que el profeta Daniel al desenmascarar a los sacerdotes de Baal en un caso típico de habitación cerrada considera que hay muchas similitudes entre el método detectivesco y el filosófico. Si se añade el universo de los caballos de carreras, la conjunción no puede ser más savateriana

El escritor dedicó una de sus obras más personales, hermosas e inclasificables a ese universo en A caballo entre milenios (Aguilar, 2001), en la que, con la excusa de la búsqueda de la carrera perfecta, ofrecía un recorrido nostálgico —que transitaba por su propia memoria— y físico, al seguir durante un año las mayores pruebas ecuestres en los grandes teatros del asunto, desde el hipódromo de Lasarte en San Sebastián al de Hong Kong, pasando por escenarios tan legendarios como los de los derbies de Epson o Kentucky. Libro a caballo (y valga la palabra) entre el relato de viajes, el ensayo, la memorialística e incluso la crónica deportiva, A caballo entre milenios mostraba el enorme conocimiento de Savater de todo lo relacionado con la carreras de caballos —incluidos los retratos de los más famosos corceles—, una de las pasiones más curiosas de este hombre que igual vibra con Platón que con Jim Hawkins, con Juliano el Apóstata que con Guillermo el Proscrito. "Ya que no he podido tener una vida épica", ha dicho sobre su pasión por las carreras Savater, "al menos que sea hípica".

Con Savater, el Planeta sigue con su apuesta por autores de reconocida calidad y prestigio, algo que le dio muy buenos resultados en la pasada entrega al reconocer El mundo, de Juan José Millás, obra que esta semana se ha alzado con el prestigioso Premio Nacional de Narrativa.

En esta ocasión, el jurado —compuesto por Álvaro Pombo, Carmen Posadas, Rosa Regàs, Alberto Blecua, Alfredo Bryce Echenique, Pere Gimferrer y Carlos Pujol— tampoco ha querido errar el tiro para evitar escándalos como el provocado por Juan Marsé al dimitir de jurado en la edición de 2004, cuando venció Maria de la Pau Janer con Pasiones romanas, una novela que ha pasado con más pena que gloria a la historia de un premio que lleva 39 millones de ejemplares vendidos entre finalistas y ganadores, según el grupo editorial que lo convoca.

En esta edición se ha batido el récord de manuscritos recibidos, un número que ha alcanzado los 528 originales. La novela histórica ha sido el género más repetido, aunque las obras de intriga como la ganadora también han sido muy numerosas e incluso alguna de las finalistas se atrevía con una trama protagonizada por un terrorista de ETA.

A Savater le queda ahora por delante una agotadora promoción del libro que, en realidad, comenzó poco después de recoger el premio con una conferencia de prensa tan trasnochadora como abarrotada.

Ángela Vallvey queda finalista

La finalista del Planeta, que se lleva 150.250 euros, fue esta vez otra habitual de las quinielas: Ángela Vallvey, que presentó la novela La inocencia de los bárbaros. Como el propio Savater, Vallvey (San Lorenzo de Calatrava, Ciudad Real, 1964) también ha optado por el género detectivesco. En su caso, en el más puro estilo de Agatha Christie. El protagonista de su novela es un poeta que acude a Toledo a un encuentro literario en el que se produce un asesinato. Pronto se verá que todos tenían motivos para matar a la víctima. Junto a la típica pesquisa policiaca, la autora incluye referencias al mundo literario.

Se trata de un ámbito que Vallvey conoce. Antes que reconocida novelista y habitual de la prensa, la escritora manchega se dio a conocer en 1998 como poeta con El tamaño del universo (Hiperión). Un año después se consagraría como narradora con A la caza del último hombre salvaje (Salamandra). El gran salto lo dio en 2002 al ganar el Nadal con Los estados carenciales (Destino).

 

TALLER DE ESCRITURAS DE MUJER CON MERCÈ RODOREDA

TALLER DE ESCRITURAS DE MUJER CON MERCÈ RODOREDA

Hoy he iniciado en la Casa de la Mujer un taller de Escrituras de Mujer. Serán ocho miércoles: hablaremos de Sylvia Plath, de Natalia Ginzburg, de Patricia Highsmith, de Marguerite Yourcenar y de Marguerite Duras, así como de dos autoras contemporáneas. Hemos empezado con Mercè Rodoreda: hemos hablado de su trayectoria, de sus libros, de su escritura y de un cuento titulado “Amor”, que entusiasmó a las compañeras. Ese texto dio pie a muchas reflexiones y a muchos pequeños cuentos. Una mujer dijo:

 

“Mi marido es camarero de toda la vida y aún no sabe cómo me gusta el café”.

 

Ha sido una experiencia preciosa de dos horas: un aprendizaje compartido, un viaje a través de las palabras, de la belleza, de la memoria y de los pequeños detalles de la vida diaria.

UTILIDAD DE LA LECTURA, SEGÚN ANTOINE COMPAGNON

UTILIDAD DE LA LECTURA, SEGÚN ANTOINE COMPAGNON

“Leemos porque, aunque leer no sea indispensable para vivir, la vida es más agradable, más clara, más rica para aquellos que leen que para aquellos que no lo hacen. En un sentido más simple todavía: vivir es más fácil —he pensado últimamente en China— para aquellos que saben leer, no solamente las noticias, las instrucciones de uso, las ordenanzas, los periódicos y las papeletas de voto, sino también los textos literarios. Por otra parte, durante mucho tiempo se pensó que la cultura literaria hacía mejores a las personas y proporcionaba una vida mejor. Francis Bacon lo dijo claramente: «La lectura hace a un hombre completo, la conversación hace a un hombre alerta, y la escritura hace a un hombre cabal. Por eso, si un hombre escribe poco, debe tener una buena memoria; si habla poco, debe tener una mente alerta; y si lee poco, debe tener mucha astucia para aparentar saber lo que no sabe». Según Bacon, que pensaba casi como Montaigne, la lectura nos evita tener que recurrir al disimulo, la hipocresía y el engaño; nos hace, por tanto, sinceros y fiables, o, simplemente, mejores.”


Antoine Compagnon

 

Cita del nuevo libro del escritor, autor de Los antimodernos, que publica Acantilado.

AUTOR: Antoine Compagnon

TRADUCTOR: Manuel Arranz
COLECCIÓN: Cuadernos del Acantilado, 31
GÉNERO: Ensayo
ISBN: 978-84-96834-78-1
FECHA EDICIÓN: octubre 2008
PÁGINAS: 80
FORMATO: 12 x 18 cm.
ENCUADERNACIÓN: Rústica cosida
PVP: 12 euros

 

JUAN JOSÉ MILLÁS, PREMIO NACIONAL DE NARRATIVA

JUAN JOSÉ MILLÁS, PREMIO NACIONAL DE NARRATIVA

El  escritor  valenciano  Juan José Millás (Valencia, 31.01.1946) ha ganado hoy el Premio Nacional de Narrativa 2007, concedido por el Ministerio de Cultura, por su novela El mundo, con la que obtuvo justo hace un año el LVI Premio Planeta de Novela.

El  Premio Nacional de Narrativa, dotado con 20.000 euros, tiene como finalidad distinguir la mejor novela publicada en 2007, tanto en castellano como en alguna de las otras lenguas cooficiales del Estado.

La  novela  El mundo, desde su publicación en noviembre de 2007, ha recibido una espectacular acogida por parte de lectores y crítica.  Actualmente  se  han  vendido  alrededor de 380.000 ejemplares entre España y Latinoamérica. La novela ganadora, El mundo,  está  siendo traducida –hasta el momento- en los siguientes países: Alemania (Fisher Verlag); Grecia (Modern Times), Corea  (Munhakdongne  Publishing Corp), Serbia ( RDP B92); Egipto (The General Egyptian Book Organization); Brasil (Planeta); Italia (Passigli).


El  jurado  ha  estado  presidido  por  el  director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco, y han formado también parte del mismo, entre otros, José Antonio Pascual, Euloxio Rodríguez, Arantza Urretabizkai, Antonio Gómez Rufo, José María Pozuelo, Ramiro Pinilla y Vicente Molina Foix, los dos últimos autores premiados.

 

[*Alba Fité, jefa de prensa de Planeta, remite esta nota. No deja de resultar sorprendente que esta novela autobiográfica haya superado a grandes proyectos narrativos como el de Javier Marías: Tu sombra mañana, integrado por “Fiebre y lanza” (2002), “Baile y sueño” (2004) y “Veneno y sombra y adiós” (2007). Pero ahí está la interpretación del jurado. Como suele suceder casi siempre, Millás batió en las votaciones a estupendos proyectos narrativos como el de Almudena Grandes, Ricardo Menéndez Salmón, Rafael Chirbes y el ya citado Javier Marías, entre otros. Juan José Millás vive un periodo extraordinario: en la radio, en la prensa y en la narrativa. Posee ironía, sentido del humor, inclinación al juego, originalidad y un oficio indiscutible. Posee numerosas distinciones, en ficción y periodismo, y este premio viene a coronar su gran momento. Millás ha declarado a El mundo: "El libro me ha abierto también la posibilidad de llegar a un número más amplio de gente y cierra unas cosas y abre otras, todavía muy bien cuáles son, pero es así. Estoy seguro de que cierra una etapa personal de mi vida y de Juan José Millás como escritor". Añade que cree que el jurado habrá valorado la calidad literaria de la novela, "la belleza formal y los contenidos. Con este premio también se cae ese tópico según el cual las novelas con premio tienen algún estigma".

  

*La foto de Juan José Millás pertenece al archivo de “El País”, que dice en su edición digital que el autor nació en 1942.

 

ENRIQUE CEBRIÁN: DOS PROSAS Y DOS POEMAS

ENRIQUE CEBRIÁN: DOS PROSAS Y DOS POEMAS

[En el Concurso de Literatura Joven de la DGA de este año, el escritor Enrique Cebrián Mazurca ha ganado el primer premio en la modalidad de prosa y narrativa, y un accésit en la modalidad de poesía. Pronto saldrán los libros donde se recogen los galardonados, entre ellos Juan Luis Saldaña, músico de Nubosidad Variable, presentador de radio y televisión a través del Maquinista de la General y poeta y narrador. Aquí están cuatro textos de Enrique Cebrián de prosa y verso.]

 

 

I. PROSA

 

SICILIA

A Elena, que me contó cosas de la isla antes de visitarla yo,

 y me hablaba de cuando Sicilia era aragonesa

 

 

Este sol de miles de años, las colinas abrasadas de esta Sicilia que hoy visito, un calor sagrado de humedad antigua subiendo del asfalto de las mal asfaltadas carreteras de esta isla –mientras conduzco y tú estás a mi lado– me recuerdan al viejo Salina camino de su recreo en Donnafugata. Últimas pompas ofrecidas, esforzadas complacencias para un príncipe de un tiempo que marchita.

En la radio escuchamos los compactos que trajiste de España y éste que hemos comprado esta mañana al abandonar Palermo; es de canciones populares sicilianas. Folclore autóctono para turistas despistados. Acabará estallando este coche alquilado como sigas girando la rueda del aire acondicionado. Acabaremos cogiendo una pulmonía. En agosto y con las brisas insólitas que llegan de África tan cercana.

Acabarán estallando los caballos exhaustos de este carruaje de Salina. Tendrías que cambiar para que pudiéramos seguir tan felices como siempre, me dices. Hemos programado este viaje porque creemos ingenuos que abandonar un país es rectificar un mundo.

No vayamos al interior de la isla, es una hoguera. Cambia de dirección y marchemos a las playas aristocráticas de Taormina.

 

Hoy encuentro esta vieja foto y te veo surgir de las aguas del Jónico –como un Etna de espuma– con la piel estallada de una diosa de sal.

                                            

LECCIONES DE COSAS

A mi madre

 

Unos zapatos de aguja son la prueba de que estuvo allí hace muchos años. Nadie los ha tocado, nadie los ha movido del sitio donde ella los dejó –tirados en el suelo– hace ya muchos años, cuando volvió de aquella fiesta en la que todos y todas –sin excepción, con delectación– la desnudaron con los ojos. Un mural de ojos lascivos y ella que coge la copa pausadamente mientras me espera y yo que no voy que no llego nunca y ella que funde todos los relojes y ella que bebe y bebe más. Y ella. Y yo. Y yo que no voy que no llego nunca.

 

Unos zapatos de aguja son la prueba de que estuvo allí hace muchos años. Los dejó tirados en el suelo y me esperó desnuda tendida en la cama. Los restos de la noche por la alcoba. La fiesta en la que quiso estar sola mientras me esperaba y yo que no voy que no llego nunca. Los pendientes de perlas y ese brazalete que le regalé al volver de un viaje a no sé dónde. Era bonito el brazalete. Pero ese día no vuelvo. Quizás aún no haya ido nunca, a ningún sitio.

 

Unos zapatos de aguja son la prueba de que estuvo allí hace muchos años. Se tuvo que marchar. Pero los dejó, quietos, tirados en el suelo. Dispuestos estratégicamente como en una forzada reconstrucción de los hechos. No podía dejar de verlos. Ella sabía que cuando llegara a su habitación al cabo de los años yo los vería sin duda. Ella sabía tantas cosas y se las contó todas a los zapatos y luego las supe yo, porque me las contaron ellos.

Cuando llegué, descorché una botella del champán más caro y la bebí vertiendo su espuma en los zapatos. La bebí entera y le besé en los labios.

 

II. DOS POEMAS

 

30 DE OCTUBRE

Para María,

este regalo de cumpleaños.

 

 

Los años te han sentado muy bien,

hoy te has levantado

especialmente guapa,

te digo mientras desayunamos

–tostadas y dos cafés con leche

antes del trabajo–.

 

Tú sonríes a mitad de camino

entre la nostalgia y la alegría,

reconociendo la juventud serena

de tu rostro en el espejo,

los sueños de tu infancia

ya cumplidos,

los que aún faltan por cumplir.

 

Amar tanto la vida presenta,

en ocasiones, sus servidumbres duras,

sus peajes incómodos,

los atascos camino del trabajo

cruzando por las venas

de esta ciudad llena de zetas

cuyo nombre, a veces, nos cuesta pronunciar.

 

Cuando se tranquilicen

los semáforos,

me invitarás a cenar en ese restaurante

que tanto nos gusta,

te desafinaré una canción de cumpleaños

mientras soplas feliz las velas

de los deseos que aún faltan por venir.

 

                 

BANDERAS BLANCAS

 

A la memoria de Francisco Umbral

 

Ordenando la casa

el azar nos devuelve trozos de memoria

que creímos perdidos. La carta

de esa novia

que se fue con el frío

y con otro,

la entrada de un concierto

con la que entré también

en una cama, las fotos

de una noche.

 

Inquietos aparecen,

ordenando la casa, esperando su turno,

los poemas antiguos que creímos perdidos,

inquietantes, bilis como preguntas

de una comisaría, marchados para siempre pensaste.

Hacen muecas forzadas y tratan

de parecer amables, mueven banderas blancas

y has de admitir que a veces

te causan la sonrisa.

 

Encuentro, como un beso robado que provoca

y huye,

aquellos versos que decían la noche oscura

y suave de dos cuerpos.

Me asalta, niña rubia perdida

en la noche del agua,

aquel poema que se abría

con una cita de Fernando Sanmartín

y que hablaba

de un siete de espadas clavadas en la arena.

O aquella habitación en Santander,

ascética y triste

como la sopa de un convento.

 

Encontrarme con ellos. Reconocer

su aspecto

como alguien presentado en una fiesta antigua,

familiar e insólito,

como el hombre que,

con un plumero en la mano,

y rodeado de cientos

de libros y de trastos,

se mira en el espejo.

*Un cuadro del gran artista Dino Valls (Zaragoza, 1959), uno de los grandes intérpretes actuales de la denominada "Nueva figuración".