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Antón Castro

Escritores

ALOMA RODRÍGUEZ DEDICA UNA NOVELA A SERGIO ALGORA, EN XORDICA

 

El lunes salía a la venta el libro ‘Los idiotas prefieren la montaña’ (Xordica) de Aloma Rodriguez (Zaragoza, 1983), una visión muy particular sobre el cantante, poeta y narrador Sergio Algora, que integró grupos como El Niño Gusano, Muy Poca Gente o La Costa Brava y que falleció poco antes de cumplir los 40 años. El libro –con una estructura de evocación fragmentaria, un poco a la manera de Valerie Mrejen o Francesco Piccolo-, más que un libro de duelo o el documento de una ausencia, es una exaltación de la amistad, un viaje hacia un personaje complejo y fascinante, afectuoso y con grandes dotes para la narración oral, el extravío y el descubrimiento. Hablar de alguien tan cercano que muere joven no es fácil: Aloma, que trabajó con Sergio Algora varios meses en el Bar Bacharach y que tuvo y tiene una gran amistad con su compañera Maribel, descubre a Sergio, sus gustos, sus motivos de inspiración, el círculo de amistades y a la vez se descubre a sí misma.

Y el libro tiene otra cosa importante: recoge muchos de los testimonios de escritores, periodistas, músicos y amigos que han recordado, y recuerdan, a Sergio Algora a diario, ese cantante que amaba a Serge Gainsbourg y a Boris Vian y que se atrevió a cantar “los idiotas prefieren la montaña”. Era una de esas frases-versos de un iconoclasta dulce y entrañable. Irreductible. En cierto modo, me ha parecido que esta novela híbrida tiene algo de canto de plenitud de una criatura inolvidable y poliédrica de la estirpe de Félix Romeo.

Copio este fragmento de la página 70

“Me da pena que no nos escribiéramos más correos, se nota que no te gustaba mucho. Si nos hubiéramos escrito más, podría leerlos de vez en cuando. Creo que internet tenía algo árido y desconocido para ti”.

 

Y este de la página 78

“Tus padres seguían viviendo en las Delicias. Una tarde entraste en la sala a oscuras y te tropezaste con algo: era tu padre. Estaba tumbado en el suelo, con las gafas de sol puestas. Te dijo que se estaba más fresco así”.

-De ‘Los idiotas prefieren la montaña’. Aloma Rodríguez. Una novela sobre Sergio Algora. Xordica. Zaragoza, 2016. 112 páginas. [La foto de Aloma es de María Sánchez; la portada es la distribuidora UDL Libros. La foto de Sergio, que él mismo me la cedió para la publicación 'Paulus e Irene' es del artista Óscar Sanmartín Vargas.]

CROMOS DE LETRAS / 6: RUBÉN DARÍO

CROMOS DE LETRAS / 6: RUBÉN DARÍO

El pasado sábado se cumplían cien años de la muerte, en su ciudad de León, del poeta Rubén Darío (1867-1916). Apenas llegó al medio siglo. Cuando se repasa su trayectoria, sus mudanzas y sus ocupaciones -fue poeta niño, periodista, inspector de aduanas, bibliotecario, corresponsal de prensa en el extranjero, director de diario, secretario particular del director de Correos y Telégrafos de Buenos Aires, cónsul, etc.- parece que hubiese agotado varias vidas. Fue el gran poeta del Modernismo, el maestro de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, a los que conoció. Juan Ramón le dedicó un precioso retrato y dijo que «modelaba el verso en plástica de ola». El propio Darío resumiría de esta manera el movimiento que lideró: «El Modernismo no es otra cosa que el verso y la prosa castellanos pasados por el fino tamiz del buen verso y de la buena prosa franceses».
Ahí quedan ya fijados sus dos territorios estéticos: asumió la tradición poética española, el siglo de Oro, Bécquer, Zorrilla y Campoamor, y la renovó, y filtró como nadie la poesía francesa, especialmente la simbolista; conversó en uno de sus viajes a París con un alicaído Paul Verlaine. Su pasión por las letras del país vecino está bellamente definida en su libro ‘Los raros’ (1896. Tenemos edición en Libros del Innombrable, de Zaragoza), retratos y perfiles de poetas y escritores que enviaba a ‘La Nación’ de Buenos Aires. A la nómina gala añade otras dos figuras: el cubano José Martí (lo saludaría en Nueva York y escribió: «Era Martín de temperamento nervioso, delgado, de ojos vivaces y bondadosos (…) Arrastraba muchedumbres. Su vida fue un combate») y el norteamericano Edgar Allan Poe, reivindicado en Europa por dos grandes poetas como Stéphane Mallarme y Charles Baudelaire.
El huérfano nómada
Rubén García Sarmiento nació en Metapa (hoy Ciudad Darío ), Nicaragua, en 1867. Sus padres se separaron y se reunieron varias veces hasta que quedó en un estado casi de orfandad. Su progenitor se inclinaba por la vida bohemia, el alcohol y la prostitución, y su madre reharía su vida, pero ya sin él. Se crió con sus tíos abuelos, el coronel Félix Ramírez y su tía, hermana de su madre, Bernarda Sarmiento, a los que identificó como padres. Cuenta en sus memorias que a los tres años, según le habían dicho, ya había aprendido a leer. Pronto se sentiría inclinado hacia la poesía y la lectura. Anotó: «En un viejo armario encontré los primeros libros que leyera. Eran un ‘Quijote’, las obras de Moratín; ‘Las Mil y una noches’; ‘La Biblia’; los ‘Oficios’ de Cicerón; la ‘Corina’, de madame Staël...», entre otros. El desfile de la Semana Santa le inspiró sus primeros versos con diez años y con trece ya publicó sus primeros versos en ‘El termómetro’. Los periódicos serían capitales en su vida: escribió en ellos hasta prácticamente el final de sus días. Alguna vez, por sus opiniones y su talante liberal, conoció la cárcel.
Vivió en varias ciudades de su país: en León, en Granada, luego se trasladó a Valparaíso (Chile) y, por su tendencia a la bohemia y al desorden sensual, pasó por períodos duros de absoluto desamparo. Se afilió a la masonería, se interesó por el ocultismo y el hipnotismo, y siempre fue un joven ardoroso, inclinado al amor y al deseo. Amó mucho, desde muy joven, y sus versos rezuman erotismo y sensualidad. En sus memorias cuenta con gracia y desparpajo diversas aventuras de amor. Esta quizá sea la más sugerente: «… nunca había sentido una erótica llama igual a la que despertó en mis sentidos e imaginación de niño una apenas púber saltimbanqui norteamericana, que daba saltos prodigiosos en un circo ambulante. No he olvidado su nombre: Hortensia Buislay».
Algún tiempo después, cuando residía en Managua, protegido por el historiador Lorenzo Montúfar y el licenciado Modesto Barrios, vivió otra epifanía amorosa: «Una noche oí cantar a una niña. Era una adolescente de ojos verdes, de cabello castaño, de tez levemente acanelada, con esa suave palidez que tienen las mujeres de Oriente y de los trópicos. Me enamoré». Ese era su estado casi permanente. Se enamoraba y escribía versos, y sobrevivía como podía, de lugar en lugar, de oficio en oficio, con más escasez que opulencia, igual estaba en El Salvador, que en Lima o en Buenos Aires. Poco después de publicar su primer libro, ‘Abrojos’, apareció en 1888 en Valparaíso ‘Azul’, un libro de cuentos y poemas impregnado de belleza, pasión, un lenguaje nuevo y sonoro, de espíritu cosmopolita. El propio Darío dirá: «El azul era para mí el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental».
Añadirá que ‘Azul’ es «una producción de arte puro» que contiene «la flor de mi juventud». El volumen pasó inadvertido en Chile pero tuvo buenas críticas en España de Juan Valera, que vio en él «una poderosa individualidad de escritor», algo que no tardaría en confirmar con ‘Prosas profanas y otros poemas’ (Buenos Aires, 1896), quizá su libro más ambicioso y perfecto, contemporáneo de ‘Los Raros’.
Pasiones y amigos españoles
Rubén Dario había vivido una gran pasión amorosa con «la garza morena» Rosario Murillo, pero por distintas razones se separaron y apareció en su vida Rafaela Contreras, con la que se casó en 1890 en El Salvador, donde le ofrecerían la dirección de ‘La Unión’, a la que vez que era corresponsal de ‘La Nación’ de Buenos Aires. Rosario Murillo volvería a su vida y se convertiría en su segunda esposa, aunque su gran amor sería una joven analfabeta de Ávila, Francisca Sánchez, con la que tendrá cuatro hijos y solo le sobreviviría uno. Esa historia la rescató la periodista Rosa Villacastín, su nieta, en una biografía novelada.
Rubén Darío amó España. Con locura. Viajó por ella, conoció a casi todos los poetas, frecuentó a Juan Ramón, a Machado, a Unamuno, a los escritores mallorquines, y uno de sus grandes amigos fue el zaragozano Mariano Miguel de Val, que le ayudó y lo acogió cuando las cosas le iban mal. También tuvo palabras de elogio para Mariano de Cavia: dijo que «es el caso rarísimo de un hombre de talento sin enemigos». En 1905 publicó su poemario ‘Cantos de vida y esperanza’, que arrancaba con una estrofa antológica: «Yo soy aquel que ayer no más decía / el verso azul y la canción profana, / en cuya noche un ruiseñor había / que era alondra de luz por la mañana». En 1915, contra todo pronóstico y contra los deseos de Francisca Aguirre, volvió a su país a morir. Su existencia fue tan intensa y tumultuosa como sus versos, en los que buscó las formas más sublimes y perfectas de la hermosura y la ciencia musical de la mejor poesía.

MARÍA PILAR CLAU Y 'PÉTALOS DE LUNA': "AÚN SE PUEDE MORIR DE AMOR"

Esta tarde, a las 19.00, en la Casa del Libro, en la calle San Miguel, la periodista y escritora oscense María Pilar Clau presenta su primera novela en solitario, ‘Pétalos de luna’ (Booket), una reflexión sobre el amor (y la muerte por amor a través de la relación entre Héctor y Noelia), la amistad, la muerte, la incertidumbre y el desempleo, pero también las traiciones, la promiscuidad y las cartas de amor, que a veces más que ridículas, como decía Fernando Pessoa, son afectadas. Acompañarán a la escritora Luis Alegre (aún no se sabe si cantará Noelia de Nino Bravo) y Antón Castro.

-¿Qué es, qué quiere ser 'Pétalos de luna’ (Booket)? 

“Pétalos de luna” es una novela y eso es lo que quiere ser: una novela que llegue a muchos lectores porque contiene un mensaje para cada persona que a mí me parece vital. Es un mensaje que no se puede compartir sino que cada uno ha de recibir de forma íntima cuando lee. A grandes rasgos el mensaje es que se puede matar y morir de más maneras y por más motivos de los que acostumbramos a considerar. Pienso que hay muchas personas que matan de ese modo o mueren por esas causas y, sin embargo, en ningún momento son conscientes de ello. Los sentimientos son auténticas armas con las que podemos cometer un homicidio o con las que podemos suicidarnos. La diferencia entre estas armas y las otras (las que conocemos más) es que acostumbramos a emplear las primeras de manera inconsciente, y solo la conciencia nos puede salvar. Quizá eso es lo que quiere “Pétalos de luna”, despertar la conciencia.

-¿Aún es posible morir de amor o es más bien una licencia literaria que te permites en la ficción? 

Se puede morir de amor, igual que se puede morir de angustia, de miedo, de dolor... Los sentimientos son poderosísimos y, si nos dejamos dominar por ellos, acaban teniendo consecuencias en nuestro cuerpo. Decimos que alguien ha muerto de infarto, de cáncer... Pero, ¿cuál ha sido la causa de esas enfermedades? En algunos casos los motivos son físicos; pero en otros, las causas tienen que ver con nuestros sentimientos, con nuestros pensamientos, con nuestra alma... Creo que si somos conscientes de ello podemos, en algunos casos, prevenirlas o curarlas.

Parece que no te sientes cómoda en el epíteto: novela romántica. ¿Sería una novela psicológica, una novela negra, sobre las pasiones traicionadas?

Sí que me siento cómoda. ¡Me gusta! Lo que ocurre es que me sorprende. No pretendía escribir una novela romántica; pero, ahora que lo pienso, ¿hay algo más romántico que morir de amor? Me parece bonito que sea una novela romántica. Aún así, creo que la novela tiene otros componentes que me hacen poner en duda esa clasificación: la otra historia, la de Clara, por ejemplo; incluso la propia complejidad de los sentimientos de Héctor y Noelia. A mí me parece que es una novela realista.

-Son muy importantes aquí las cartas de amor en forma de emails. ¿Crees que hay una resurrección del género? ¿Son todas las cartas de amor cursis?

 No creo que haya una resurrección del género epistolar, más bien al contrario, cada vez hay más canales que invitan a comunicarse de modos distintos, más rápidos, más directos.

Las cartas de amor no tienen por qué ser cursis. Además, eso depende de la percepción de cada uno. Las cartas de Héctor son cursis para Clara, pero en absoluto lo son para Noelia. Tampoco lo son para mí. Pienso que son narcisistas. Héctor se recrea en su propio estilo, en su conocimiento, en su vocabulario. Son una exhibición.

-¿Sería Héctor un modelo de Don Juan?

Si respondo a esa pregunta me arriesgo a desvelar algo que no debería. Solo al final se sabe si lo es o no. Solo diré que a él le gusta sentirse así algunas veces y esa es una de las facetas que exhibe en sus cartas, pero solo una.

-Me interesa mucho la amistad entre las dos protagonistas: la muerta, Noelia, y la que escribe la historia, Clara. ¿Sería esta una novela de amistad también? ¿Cómo es Clara, que pierde su empleo?

 La amistad es uno de los temas de “Pétalos de luna”. Toda la narración se basa en una relación de amistad, y en cada acontecimiento, por pequeño que sea, hay una reflexión sobre la amistad y sobre la tremenda y a la vez preciosa responsabilidad de la amistad. No solo está la amistad entre Clara y Noelia, sino también entre Manuel y Clara, Silvia y Rafa, y otros personajes. Clara se pregunta constantemente hasta qué punto pudo haber evitado la muerte de Noelia y si no fue una buena amiga por no haberlo hecho, se pregunta si debe o no tener piedad y acoger a quien fue la causa de los sufrimientos de su mejor amiga... En “Pétalos de luna” hay amistades que nacen, otras que se rompen, otras que se confunden con amor, incluso con nostalgia o con venganza...  

Clara escribe la historia de Noelia en 2011, en plena crisis. La empresa para la que trabaja se queda sin subvenciones oficiales y tiene que despedir a algunos trabajadores, entre ellos Clara. Pienso que refleja bien lo que en ese momento está sucediendo a muchas personas. El paro es un drama, una lacra social muy grave que no solo tiene repercusiones económicas. Me pareció oportuno ponerlo en evidencia. 

-¿Qué importancia tienen para ti las ciudades? Hay una constante defensa de Zaragoza…

Las ciudades son importantes en la medida en que lo son las personas que viven en ellas. Zaragoza es escenario en el que se desarrolla “Pétalos de luna”. Me encanta Zaragoza no solo porque me parece una ciudad preciosa sino, sobre todo, porque aquí vive mucha gente a la que quiero mucho. También hay más de un guiño a Huesca.

 -¿En qué tipo de lector has pensado? ¿A quién te diriges?

En cualquiera que le guste disfrutar de la lectura, que le guste reflexionar, descubrir, ahondar en la complejidad y en la intensa fuerza y debilidad de lo humano.

-¿Qué preocupaciones tienes de estilo? ¿Qué autores te marcan o te interesan?

Me gusta cuando me dicen que tengo un estilo propio y aspiro a identificarme con él cada vez más y, como en todo, a mejorarlo. No sé si eso suena muy pretencioso, pero creo que lo sería más intentar parecerme a alguien. Me interesan los clásicos, siempre he releído mucho a los clásicos. Me interesa y disfruto con literatura del siglo XVI, con la del siglo XIX: releo mucho a Clarín, a Galdós... Me gustan Magdalena Lasala, Alejandro Dumas, Flaubert, Goethe, Kafka, Dostoievski ... Me encantan Ignacio Martínez de Pisón, Faulkner, Scott Fitzgerald, y también Sándor Márai, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Álvaro Pombo, Carmen Martín Gaite, Mariano Gistaín...

 -Hasta ahora habías escrito con Mariano Gistaín… ¿Cómo te has sentido al escribir en solitario?

 Más sola, pero a la vez, más entregada a los personajes, a su intimidad.

¿Qué leeremos de María Pilar Clau en el futuro?

Espero que muchas cosas porque estoy escribiendo unas cuantas a la vez y confío en sacarlas todas adelante. La próxima novela está ya bastante avanzada.

 

*Tomo la foto de Pilar Clau de aquí: 

https://lh3.googleusercontent.com/proxy/R83TqkAYTX-uPz1yGUIVau0Q5Uc87rByPeV9g4x_BbiVtSQ2ziYFkNdV1h0on2_Dc_j3HWfMcQNXv3zeX54ZQ3DqHCKHXsiW7GvUmnx94KzH=w506-h591

 

DIÁLOGO CON RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN, PREMIO BIBLIOTECA BREVE

DIÁLOGO CON RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN, PREMIO BIBLIOTECA BREVE

ENTREVISTA CON RICARDO SALMÓN

 

[Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) ganaba ayer con ’El Sistema’ el Premio Biblioteca Breve de 2016. El veredicto se hizo público y en una rueda de prensa y en una comida ayer en el Museo Marítimo de Barcelona.]

Nada en su prosa es casual, todo tiene su razón de ser. ¿Cuál es el origen del pseudónimo Juan María Brausen, con el que ha concurrido al Premio Biblioteca Breve?

Juan María Brausen es el agente publicitario que protagoniza ‘La vida breve’, mi novela preferida de Onetti. Lo peculiar del personaje es que, durante el desarrollo de la acción, funda Santa María, el territorio de ficción en que transcurre la mayor parte de la obra del maestro uruguayo. Sin embargo, en los textos posteriores a ‘La vida breve’, Brausen ya no aparece como un personaje de carne y hueso, sino como una instancia mí- tica, una especie de demiurgo al cual incluso se rinde culto. Acerca de ese carácter demiúrgico del lenguaje se reflexiona en ‘El Sistema’ a través de personajes como los Ideólogos y los Forenses, y a través de una institución como la Boca. Hasta ahora ha situado sus novelas en lugares reales, países nombrados o intuidos, momentos concretos de la Historia.

¿Cómo decidió escribir sobre un mundo futuro y qué diferencias ha encontrado a la hora de situar la trama en ese contexto?

Este mundo futuro, que adopta la forma de archipiélago, posee muchos elementos del nuestro, que le ha servido de inspiración y hasta cierto punto de modelo. Lo interesante de escribir sobre un mundo que no existe, pero que es plausible, es que obliga al escritor a conciliar la imaginación, que es su mayor potencialidad, el ámbito más puro de su libertad, con el horizonte del tiempo en el que vive y con sus experiencias personales, con todo aquello que lo constriñe necesariamente. Siento que con ‘El Sistema’ he añadido, al placer de la creación de los personajes y de la trama, el placer de la creación de un espacio ficcional único: un mundo dentro del mundo.

‘El Sistema’ es una novela híbrida, ¿de qué fuentes literarias y artísticas bebe?

Sería imposible mencionarlas todas. En la novela se advierte el influjo de autores que reflexionan sobre la velocidad imparable del presente (Ballard, DeLillo, Houellebecq), el ascendente de los maestros de la parábola (Borges, Kafk a, Lem), la importancia de pensadores que indagan en la evidencia del lenguaje como mecanismo de control por antonomasia (Foucault, Nietzsche, Orwell). También está presente la pregunta por la imagen, con especial atención a la representación pictórica y a una pintura en concreto, ‘La lección de anatomía del doctor Tulp’, la obra de Rembrandt, que en la novela se convierte en una suerte de aleph para su protagonista, el Narrador.

 

El arte es uno de los temas fundamentales de su obra. En esta novela, el arte traspasa las «fronteras realistas» y adquiere una dimensión casi de cábala. ¿Cuál es el papel del arte en el destino del Narrador y por lo tanto de la humanidad?

En ‘Niños en el tiempo’ se menciona una idea de Robert Filliou que sigo considerando decisiva. Según Filliou, el arte es la única actividad humana que enseña que la vida es más importante que el propio arte. Y lo es porque es la parcela que con mayor claridad nos permite reconocer nuestro lugar en el gran ecosistema de las edades históricas y en el gigantesco mapa del tiempo cósmico. Quizá ése sea el verdadero carácter cabalístico del arte: mostrar que en él se encierran todas las posibilidades de interpretación de la realidad, las factibles y las incongruentes, las probables y las aberrantes. Que el propio arte es a la vez contingente e imprescindible, descorazonador y liberador.

 

‘El Sistema’ es su novela más extensa, y sin embargo mantiene la densidad filosófica y el tono mítico que vemos en sus novelas. ¿Qué lugar ocupa ‘El Sistema’ en su obra?

El lugar de un esfuerzo acentuado y de un reto asumido. Había llegado el momento de probarme en términos de pergeñar una historia con más meandros e implicaciones, sin por ello perder la densidad presente en libros anteriores. El reto era escribir una novela tan intensa como podía ser ‘Medusa’ pero sostener esa intensidad en un esfuerzo dilatado, casi agonístico. En ese sentido, ‘El Sistema’ es la culminación de una década de aprendizaje, de afianzamiento en un estilo, la constatación, en términos de ideas pero también de páginas, de cuanto me ha venido convocando como creador desde que en 2006 publiqué ‘La noche feroz’.

 

En un momento de la novela, el Narrador dice que la escritura está reservada a los más débiles, y que es un acto de insumisión y de insubordinación. ¿Son el lenguaje y el discurso artístico la única defensa ante el abuso de los poderosos?

Una característica inmutable del poder es sospechar de la cultura. A lo largo de la Historia la literatura se revela como una actividad incómoda para el poder, cuya constante tentación es prohibirla o, al menos, domesticarla. El odio a cierta literatura es, pues, un índice paradójico pero fenomenal de su valor. Todo gran libro, desde esa óptica, es una mala noticia para el poder. Y cuando pienso en el poder como generador de discurso, pienso también en el poder de la banalidad literaria, en la dictadura del mal gusto, en la imposición de las modas y de sus corifeos. También todo gran libro propone un contradiscurso frente a esa esterilidad del mercado que a menudo nos ahoga.

 

‘El Sistema’ está narrada desde distintos puntos de vista y en todas sus formas está presente la idea de la escritura como impostura desde el momento en que el impulso creador cobra forma, es decir, la autoconciencia como límite. ¿Puede explicar esta idea tan delilliana?

Es una convicción que se encuentra en el centro de mi trabajo. La literatura esconde un doble movimiento: fracaso y éxito; renuncia y hallazgo; aporía y solución. Al inicio el escritor trabaja desde la impostura, pues en su pretensión por aprehender el mundo debe confesar que nunca alcanza su objetivo, que la literatura no es una red que pueda lanzar sobre la realidad para atraparla; pero luego llega una revelación, y es que en el proceso de ese movimiento fallido el escritor descubre que la vida nunca es tan coherente, comprensible e inteligible como en sus representaciones literarias. Dicho de otro modo: que cualquier vida sólo adquiere sentido como relato.

 

Siendo ‘El Sistema’ la historia de una alucinación colectiva, transmite una tremenda soledad, ¿es intencionado?

Existe un factor biográfico que afecta a la novela y ayuda a explicar esa sensación. Redacté la mayor parte de ‘El Sistema’ viviendo en Alemania, en unas condiciones excepcionales para la creación pero que me obligaron a una relación difícil con mi entorno. Estar apartado un año de mi propia lengua acentuó cierta vivencia del exilio. Hablo de un exilio más emocional que intelectual, pero que se trasladó con inusitada fuerza al texto. No en vano, y hasta cierto punto, ‘El Sistema’ es la narración de un hombre solo en medio de un mundo que se desmorona y que no entiende, un hombre que posee un único instrumento para interpretar esa situación: la escritura. La identidad, la independencia, el control político, los refugiados, el poder destructor de la tecnología, la crisis económica, los atentados terroristas, la inseguridad, el colapso del sistema capitalista...

 

¿Por qué ha escogido una distopía [una sociedad ficticia indeseable en sí misma] para narrar la realidad?

Por dos razones. La primera es la urgencia con la que la realidad se desplaza y cambia desde hace unas décadas. Entendía que, en este caso, la velocidad de crucero de la realidad era mucho mayor que la de mi ficción, así que necesitaba anticiparme un poco a los calendarios para no resultar obvio, ingenuo o ambas cosas; la segunda razón es que uno de los temas que aborda la novela, y que en cierto modo la corona y culmina, es el poshumanismo, la superación de nuestra especie, pero no planteada como una quimera o como alimento para elucubraciones más o menos edificantes, sino como una certeza irrebatible. 

 

*Esta entrevista con el ganador del premio Biblioteca Breve la ha realizado el gabinete de comunicación y prensa de Seix Barral.

 

**Esta foto tan bella la tomo de internet, pertenece a Antonio Heredia, la publicó ’El mundo’ y el autor de ’La ofensa’ o ’Derrumbe’ está en la librería Central.

ÁLBUM DE CROMOS / 5. ANDRÉ BRETON

ÁLBUM DE CROMOS / 5. ANDRÉ BRETON

ÁLBUM DE CROMOS / 5. ANDRÉ BRETON

 

EL POETA, EL MAGO, EL CHAMÁN

 

Xoán Abeleira traduce la antología ‘Pleamargen’ para Galaxia Gutenberg

 

Xoán Abeleira es poeta, apasionado del arte y traductor. Cada vez que trabaja sobre un escritor lo hace con intensidad, con voluntad de escrutar su poética, su existencia y los versos hasta sus últimas consecuencias. Lo hizo, pongamos por caso, con Robert Desnos y Arthur Rimbaud (para Hiperión), con Sylvia Plath y Ted Hughes (para Bartleby), y acaba de hacerlo con André Breton (1896-1966), al que define como uno de los grandes poetas del siglo XX.

Lo califica así y lo explica en un prólogo de más de un centenar de páginas, amasadas con referencias, citas, opiniones y con su propia percepción expuesta con veneración y con rigor; el volumen incluye una amplia selección de notas que ofrece el esclarecimiento de los poemas, casi a verso a verso. El libro se titula ‘Pleamargen. Poesía 1940-1948’ y lo ha publicado Galaxia Gutenberg en una colección que dirige el gran poeta y traductor Jordi Doce.

 

Poesía extraña, radical y única

De las casi 500 páginas del tomo, solo 200 son de la poesía, toda en bilingüe, salvo dos textos en prosa: ‘Arcano 17’, un poemario inspirado en el tarot (lo estudió en Nueva York, gracias al pintor Kurt Seligmann), y en concreto en La Estrella, que nació de su relación con la pianista chilena Elisa Bindhoff, a la que conoció en 1943 en el café Larrés de Nueva York y con quien se casó en 1945, y ‘Calados’. Esa cifra de páginas da una idea de la labor del traductor: es una apología entusiasta. 

Abeleira utiliza una cita del poeta, «normando, criado como bretón», en su primera página: «No ser nada, ser todo, abrir el ser», y asegura que su su poesía «es extraña. Es marginal. Es inquietante. Es radical. Es única». Tras elegir el término superrealismo frente a surrealismo, recuerda que Henri Béhar, que transcribió el poemario ‘Arcano 17’, dijo que las tres obsesiones de Breton fueron: «conseguir la mayor precisión semántica y sintáctica posible (“la palabra justa en el lugar justo”), evitar repetir un término en el mismo párrafo o en la misma estrofa e incluso en la misma página, y armonizar el ritmo, siempre el ritmo». A partir de ahí el traductor analiza algunas de las constantes del escritor, que sintió un gran interés por la filosofía analógica y la hermética, «los secretos mistéricos» y el ocultismo (que «fue para Breton un crisol donde someter al baño María sus propios materiales»), e identificó al poeta con el mago, algo que avanzó Novalis, otorgándole tres cualidades: la de vidente, la de mago y la de sanador.

André Breton iba para médico, pero lo dejó. Con todo, tocado ya por el ángel de la poesía, en 1915 fue movilizado en la I Guerra Mundial en sanidad y aprovechó el lapso de treguas para leer, sobre todo a Arthur Rimbaud, interiorizó su verso «Yo soy otro». A esa referencia se irían sumando otras: Stéphane Mallarmé, Guillaume Apollinaire e incluso Paul Valéry. Pero también le apasionó Sigmund Freud, que le daría algunas claves para desarrollar el superrealismo y firmar en 1924 el ‘Manifiesto surrealista’. Para entonces ya era amigo de surrealistas y vanguardistas como Tristan Tzara, Paul Eluard, Louis Aragon, Philippe Soupault (con quien firmará su libro ‘Los campos magnéticos’ en 1920) o Francis Picabia.

Aunque en apariencia Breton no haya sido el surrealista más leído, sí quizá fuese el más influyente. En 1927, con sus colegas, se afiliaría al Partido Comunista, militancia que interrumpiría en 1935. Entre tanto no dejó de publicar: se casó con Simone Collinet, con Jacqueline Lamba, con quien tuvo una hija. Fue llamado a filas en 1939 como auxiliar sanitario en Poitiers.

La selección de textos abarca desde ‘Pleamargen’, una pieza de 80 versos, sigue con ‘Fata Morgana’, que arranca con este bello despliegue de imágenes -«Esta mañana la hija de la montaña sostiene en sus rodillas un acordeón de murciélagos blancos»-, entroncadas con un rasgo que no se le escapa a nadie: la escritura automática. ‘Fata Morgana’ fue redactado en diciembre de 1940 en Marsella, en la villa Air Bel, en un momento en que los Estados Unidos protegían a los intelectuales de los nazis; Breton hacía recelar al infame Gobierno de Vichy. El escritor declararía que con este extenso poema quería afirmar «su resistencia, más intransigente que nunca, a las tentativas masoquistas que, en Francia, tienden a restringir la libertad poética o a inmolarla en el mismo altar que las otras».

 

El amor de Elisa Bindhoff

‘Pleamargen’ incluye una de las piezas más brillantes del conjunto, y quizá de toda la obra bretoniana, la ‘Oda a Charles Fourier’, un poema épico de exaltación, matizado por la libre asociación de imágenes. Otro texto es ‘Los Estados generales’, que puede leerse como una síntesis de sus grandes asuntos: el amor, la libertad, el sueño, el poder de adivinación, la presencia femenina. Sin duda, el poema más conmovedor del volumen  es el ya citado ‘Arcano 17’, porque revela una historia de amor y de angustia (Elisa Bindhoff acababa de perder a su hija y había intentado suicidarse; Breton se había separado de Jacqueline Lamba) y, sobre todo, compuso una historia sobre la eterna juventud y el mito de la resurrección; al fin y al cabo, Elisa y Breton resurgían los dos de distintos dolores. Escribe Breton en un texto complejo y rico, lleno de elementos confesionales: «Tú bien sabes que, al verte por vez primera, te reconocí de inmediato sin la menor vacilación. Y de qué confines terribles, los más custodiados de todos, no vendrías. (…) Cuando te vi, aún flotaba en tus ojos toda aquella niebla de una especie indecible».

‘Pleamargen. Poesía 1940-1948’ es, ante todo, una invitación emotiva para conocer mejor a André Breton. Y a sentirlo, a intentar entenderlo y a reubicarlo con precisión. A veces, lúcido y entrañable, confiesa: «Existe en el hombre, antes que nada, una terrible necesidad de infancia que pide ser colmada».

 

 

*André Breton y Elisa Bindhoff. Este texto pertenece a la serie que se publica todos los jueves en ’Artes y Letras’ de Heraldo. Por ahora han aparecido Marcel Schwob, Harry Kessler, Camilo José Cela y Karen Blixen.

MARTÍN CAPARRÓS: 'LACRÓNICA' EN CÁLAMO

MARTÍN CAPARRÓS: 'LACRÓNICA' EN CÁLAMO

En el libro ‘Lacrónica’ de Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957), el escritor publica una selección de 23 crónicas, comentadas o con elementos teóricos y autobiográficos (lo cual, además, resulta de mucha utilidad), y entre ellas figura una cita con el polaco Ryszard Kapuscinski, a llama El Maestro. Reacio a las entrevistas, el texto es enjundioso. El reportero le dice a Caparrós:

-1. La crónica es literatura construida a partir del material de la realidad.

-2. [¿‘Territorio comanche’?] Todo eso es falso, completamente falso. Yo nunca encontré un periodista como los de ese libro: nosotros teníamos miedo, tomábamos todas las precauciones. Lo de Pérez Reverte son puros inventos.

-3.  Yo nunca en mi vida hice una sola entrevista. Nunca jamás. A mí me hacen entrevistas, pero yo nunca hice ni una sola. (…) Sí, cada vez hay más, y es un género despreciable.

-4. Para ser periodista hay que ser, ante todo, un buen hombre o una buena mujer: buenos seres humanos. Una mala persona nunca puede ser un buen periodista (…) El trabajo del periodista es como el del misionero, tiene que abrir caminos para que los pueblos se conozcan. La misión del periodista es hacer algo bueno por los otros: una obligación ética. Yo tengo una visión muy idealista de esta profesión.

-5. Yo empecé como poeta, lo primero que publiqué fueron poemas, y todavía escribo poesía. Los únicos que realmente se ocupan del idioma son los poetas: para ellos el lenguaje es lo más esencial. Por eso, si se quiere tener un buen idioma, escribir de una manera bella, hay que leer constantemente poesía: no hay otra fuente de belleza, de riqueza, de frescura para el idioma. Por eso yo desde hace años no leo ninguna novela, pero sigo leyendo poesía.

 

-Del libro ‘Lacrónica’ de Martín Caparrós, publicado por el sello Círculo de Tiza, que se presenta esta tarde en Zaragoza, en la librería Cálamo, en compañía de la profesora María Angulo. Marrtín Caparrós recibirá el día cuatro de marzo uno de los premios Cálamo en una gala, en el Teatro Principal, que conducirá la escritora y periodista Lara Siscar.

 

*La foto de Martín Caparrós la tomo de aquí:

https://eloficiodenarrar.files.wordpress.com/2012/01/caparros-martin.jpg

 

UN TEXTO SOBRE HÉCTOR ABAD, PREMIO CÁLAMO DE 2016

UN TEXTO SOBRE HÉCTOR ABAD, PREMIO CÁLAMO DE 2016

Cuentos de domingo / Antón Castro

 

 

Aquí, hoy Héctor Abad

Hay escritores que tienen aura de verdad. Uno de ellos es Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958). Visitó Zaragoza para presentar, en Cálamo, ‘La Oculta’ (Alfaguara, 2015), una novela sobre la tierra. Es autor de una docena de libros, pero uno le ha hecho famoso en todo el mundo: ‘El olvido que seremos’ (Seix Barral, 2006), donde cuenta una compleja historia familiar que acaba con el asesinato de su padre, en plena calle de Medellín, el 25 de agosto de 1987. Era médico y amaba los libros y la poesía. Héctor Abad llegó al lugar del crimen, acarició su cuerpo aún caliente y halló en su bolsillo un soneto que empezaba por “El olvido que seremos”. Dijo que era de Borges, por su estilo, por la frase feliz del inicio y porque, manuscrito, llevaba abajo las iniciales J. L. B. Esa atribución daría mucho que hablar: algunos colegas y expertos le dijeron que el texto no era de Borges y que quería impulsar su novela con la fama del autor de ‘El hacedor’; hasta la propia María Kodama le dijo que era apócrifo. Becado en Berlín, Héctor Abad inició una fascinante aventura detectivesca y literaria para probar que su corazonada era cierta. Lo cuenta en un libro espléndido, como un cuento fantástico, ‘Traiciones de la memoria’ (Alfaguara, 2010): escribió a los grandes expertos, localizó a un escritor que decía que ese poema lo había escrito él, contrató a colaboradoras con alma de espía como Bea Pina, buscó en librerías de viejo –Héctor Abad tiene una librería de viejo, Palinuro; sus dos grandes pasiones son las librerías de viejo y el vino-, y al final probó que ese poema se lo había dado el viejo Borges, poco antes de morir, a algunos amigos: al escritor francés Jean-Dominique Rey, al pintor Guillermo Roux y a su esposa Franca Beer... Localizó el folleto donde se había publicado ‘Aquí, hoy’, con otros cuatros textos en Ediciones Anónimos, y le dieron una grabación donde su padre recitaba el texto en la radio. Héctor Abad concluye así el cuento borgeano de su pesquisa: “Es hermoso que unas letras manchadas de sangre por los últimos hilos de su vida hayan rescatado, sin pretenderlo, para el mundo, un olvidado soneto de Borges sobre el olvido”.  

 

*Este texto apareció en mi sección dominical tras la visita de Héctor Abad a Cálamo, donde conversó con Ignacio Martínez de Pisón. Fue un día memorable. Aquí, Héctor, entrañable, con sus padres. Los otros dos ganadores de los Cálamo son la chilena Lina Meruane y Martín Caparrós, que presentará este jueves 'LaCrónica' (Círculo de tiza).

RAFAEL MORENO IZQUIERDO: DIÁLOGO SOBRE LAS BOMBAS DE PALOMARES

RAFAEL MORENO IZQUIERDO: DIÁLOGO SOBRE LAS BOMBAS DE PALOMARES

'LA HISTORIA SECRETA DE LAS BOMBAS DE PALOMARES' (CRÍTICA):

DIÁLOGO CON RAFAEL MORENO IZQUIERDO


[Hoy martes se presenta en Madrid, en la FNAC de la Castellana 79, el libro ’La historia secreta de las bombas de Palomares’ de Rafael Moreno Izquierdo, que publica Crítica. Hace algunos días, el autor tuvo la gentileza de responderme a algunas cuestiones sobre este asunto, lleno de silencio, de medias verdades, de ocultación por parte del franquismo. Parte del diálogo se publicó en ’Heraldo de Aragón’. Acompañarán al autor Inocencio Arias y Felipe Sahagún.]


-¿Por qué le interesó tanto esta historia? ¿Qué pensó que podía haber detrás?

En 1996 me encontraba en Washington como corresponsal de la Agencia EFE y estaba investigando el tema de las armas nucleares estadounidenses en España y las bases cuando me encontré con documentos sobre Palomares. Solicite la desclasificación de documentos a Estados Unidos y al final me ha tomado casi 20 años concluirlo. La dificultad mayor ha sido la falta de colaboración por parte de las autoridades españoles que no han facilitado ni un solo documento oficial sobre el tema ni han colaborado.

-Si tuviera que definir la Guerra Fría, ¿Qué diría? ¿Qué aspectos le han interesado sobre la soterrada batalla nuclear?

Conocer lo cerca de estuvimos de un holocausto nuclear le pone los pelos de punta a uno. Me ha impacto saber que durante muchos años, el Pentágono mantenía volando las 24 horas del día decenas de bombarderos con armas nucleares preparados para recibir en cualquier momento la orden del presidente de EEUU para atacar a la URSS… y lo que es aún más revelador, que España era protagonista –ignorante- de esta guerra. Por eso, desgraciadamente, se produjo el accidente de Palomares que podría haberse producido en otros lugares de nuestro país.

-¿Cuál era la importancia estratégica de las tres bases americanas de España?

Las bases en suelo español fueron críticas en la planificación militar norteamericana para prevenir o defenderse en el caso de que la Unión Soviética iniciara una tercera guerra mundial. A principios de los años 50, en las bases de Zaragoza, Torrejón y Morón estuvieron destinados de forma rotatoria bombarderos B-47 que tenían como función estar preparados para lanzar en cualquier momento bombas atómicas sobre la URSS. Los B-47 operaron en territorio español hasta 1965 cuando son retirados a EEUU. A partir de entonces, las tres bases pasan a ser importante por sus unidades de aviones de reabastecimiento de combustible en vuelo porque los bombarderos con armas nucleares saldrán y regresar a EEUU sin tocar suelo. En resumen, la base aérea de Zaragoza fue clave en la planificación estadounidense de la Guerra Fría.

-Dado que estamos en Zaragoza, ¿qué peculiaridades tenía respecto al conflicto nuclear? Cuenta jugosos detalles de las naves…
Pocos saben que el B-52G que se estrelló en Palomares había pasado en su viaje de ira muy cerca de Zaragoza. Es más, desabasteció en vuelo gracias a los aviones cisternas estadounidenses KC-135 que estaban estacionados en ese momento en la base de Zaragoza. En ellos años, la base zaragozana era absolutamente crítica en estas misiones aéreas de disuasión. Los planificadores militares estadounidenses tenían señalado una zona comprendida entre León y Zaragoza para que los B-52 repostaran en vuelo en su viaje hacia la frontera entre Turquía y la Unión Soviética. Si no se hacían esos reabastecimientos, los aviones no podían completar sus patrullas. En principio, el accidente de Palomares podría haberse producido también sobre Zaragoza. El riesgo podemos decir que era muy similar.

-Vayamos con el 17 de enero de 1966. ¿Qué pasó exactamente?
En el viaje de vuelta a Estados Unidos, después de patrullar cerca de la frontera con la URSS y más de 24 horas de vuelo, un bombardero B-52 se acercó a la zona de Almería para tomar el combustible necesario para poder cruzar el Atlántico y regresar a ella. Lo previsto es que rellenara sus depósitos de gasolina gracias a un avión cisterna que había salido poco antes de la base aérea de Morón. Mientras realizaba la operación algo sucedió y el bombardero se estrelló contra el cisterna que se incendió y explotoóen vuelo. El bombardero se partió en mil piezas y las cuatro bombas termonucleares cayeron sobre varios kilómetros de los alrededores de Palomares

-Recuérdenos brevemente qué pasó en Palomares, específicamente, por qué se convirtió en una localidad universal…
El accidente de Palomares fue el suceso nuclear más importante y grave hasta el caso de Chernóbil. Por eso, se convirtió en un acontecimiento mundial. Además se generó una expectación muy grande no solo por la contaminación radiactiva que se produjo sino también porque durante más de 80 días se busco una bomba atómica que había caído en el Mediterránea y que estuvo a punto que caer a un abismo marino y perderse para siempre. En ese momento, todo lo relacionado con armas nucleares era máximo secreto y se especuló incluso con que la URSS hubiera intentando rescatar la bomba habla aprender su tecnología.

-¿Por qué se silenció tan obstinadamente el choque de aviones por el Gobierno de Franco y el Gobierno de Johnson?

El accidente aéreo fue reconocido desde el principio pero se silenció el tema de las armas nucleares para no generar polémica y problemas. En realidad, el Gobierno norteamericano quiso ser más trasparente sobre el tema pero fue el general Muñoz Grandes –el general de dirigió la División Azul y que entonces era jefe del Alto Estado Mayor- quien impuso una política censura informativa hasta el extremo de que se negó a hacer público un comunicado de prensa que le propuso el departamento de Estado y que reconocía lo más básico. Franco no quería generar problemas a Washington o poner en peligro las bases de utilización para el Pentágono. También quería evitar una oposición al programa nuclear español –civil y militar- que en ese momento estaba en pleno desarrollo.

-La sensación que se tiene al leer el libro es que estuvimos al borde de una auténtica catástrofe nuclear. ¿Fue así?

Las bombas termonucleares de Palomares eran 75 veces más potentes que las de Hiroshima y Nagasaki. Ese pudo ser el riego. Sin embargo, los sistemas de seguridad funcionarios y no se produjo una reacción en cadena. El peligro se produjo porque dos de las cuatro se rompieron y dejar expuesto el combustible radiactivo de plutonio que contenían. Esta contaminación podría haber afectado gravemente a la población local que –inconsciente de lo que estaba pasando- estuvieron jugando y visitando las bombas sin saber que podría contaminarse y morir. Gracias a Dios no se hay constancia que se produjera esta contaminación.

-¿Se sabe por qué no estallaron esas bombas, más peligrosas que las Hiroshima y Nagasaki como usted acaba de decir? Recuérdenos cómo eran, cuánto pesaban, dónde están, dónde se exhiben…

Las bombas no estallaron porque los sistemas de seguridad funcionarion pero todavía hoy es secreto cómo funcionaban estos seguros. Las bombas atómicas eran máximo secreto y hasta Palomares nunca se había fotografiado una. En realidad su forma era más parecida a un torpedo o un misil más que a una bomba de aviación, y así las describieron en un primer momento los habitantes de Palomares. Dos de las bombas se exhiben hoy en Museo de la Energía Nuclear en Nuevo México. Uno puede ir allí e incluso tocarlas. Creo que al menos una de ellas debería ser cedida o donada a Palomares para conocer y explicar toco el incidente.

-Más allá del gesto de Fraga, ¿cuál fue el comportamiento de Estados Unidos, cómo se transportó tanta y tan superficie de tierra contaminada?

Estados Unidos asume que tiene una responsabilidad directa en el tema de Palomares aunque Franco y su gobierno "se lo ponen fácil" hasta el extremo de que no solicitan compensaciones económicas y les ayudan a contentar a la población. Jurídicamente, Franco pudo incluso haberse quedado con las bombas al haber caído en suelo español. Respecto a la tierra contaminada, los representantes españoles llegaron incluso a aceptar que se enterraran en suelo español, lo que hubiera creado el primer cementerio nuclear en nuestro país. Curiosamente, la oposición al cementerio nuclear no viene por los españoles sino por el propio departamento de Estado que lo considera una locura y lo veta. Tenían claro que si lo dejaban en España, se crearía un ´monumento´ que utilizaron los anti-nucleares para criticar a EEUU y la energía nuclear.

-Llama la atención la cantidad de dificultades y secretos que envuelve este asunto y las dificultades que usted ha tenido para investigar. ¿Sería esa la gran historia periodística del libro?
Me gustaría creer que el secretismo y la falta de trasparencia no es lo más importante. Lo verdaderamente relevante es contar la verdad. Lo que pasó exactamente. De todas maneras creo que es críticamente desde todos los puntos de vista que las autoridades españolas –el Consejo de Seguridad Nuclear y el CIEMAT- no han querido aportar documento o explicar las cosas. ¿Ocultan algo? No lo sé pero su actitud no es aporta credibilidad sin todo lo contrario. Alimenta los rumores, las leyenda urbanas y la especulación.

-Hay muchos muchos muchos nombres propios. ¿Quién fue Simó Orts?

Simó Orts es un pescador de un pueblecito cercano –Águilas- que ve como cae la bomba en el Mediterráneo y ayuda a los estadounidenses a encontrarla. Por eso se le conoce como “Paco el de la bomba”. Al principio, los estadounidenses no le hacen mucho caso pero como no son capaces de encontrarla por métodos científicos y, al final, recurren a él. A pesar de no tener radar ni sofisticados equipos, Simó les lleva y les indica exactamente donde pueden encontrarla. Así ocurre. El gobierno franquista lo convierte en un héroe para demostrar que el ingenio español es tan valioso o más que la tecnología norteamericana. Tanto EEUU como España le condecoraron aunque luego él demando a Washington por entender no estar contento con la compensación económica recibida. Al final, un juez estadounidense le dio la razón pero solo le concedió una indemnización de 10.000 dólares por haber encontrado la bomba.

-¿Qué papel jugó la duquesa de Medina Sidonia?
Es un personaje muy interesante. Estamos en 1966, en plena dictadura, y una duquesa decide ponerse al lado del pueblo contra lo que considera abuso de las autoridades, tanto españolas como norteamericanas. Les asesora e incluso gasta su dinero en abogados y médicos. Incluso ayuda a organizar una protesta que llega a Madrid en defensa de sus intereses. El régimen y los estadounidense, que la denominan ´la duquesa roja´, la critican con dureza y es incluso es juzgada por el Tribunal de Orden Público que no duda en encarcelarla y mandarla a la cárcel. La condenó a un año de cárcel y una multa de 10.000 pesetas de las de entonces.

-¿De quién fue la idea de bañarse en las aguas de Palomares? Ahí se impone como clave la esposa del embajador…
Sabemos hoy que la bañarse en las aguas de Palomares para transmitir un mensaje de tranquilidad no fue de Fraga sino de la entonces esposa del embajador estadounidense que había trabajado en el departamento de marketing de la multinacional Pepsi. De acuerdo con un consejero del embajador estadounidense, aunque Fraga aceptara la idea, en realidad no tenía ninguna intención de protagonizar el happening político con el estadounidense ya que no coordinó ni la hora ni el lugar. Por ello, Duke se bañó en solitario cerca del Parador Nacional de Turismo (se ambos debían inaugurar) y luego tuvo que volverse a bañar por segunda vez con Fraga en la playa de Quitapellejos. Como no tenía bañador, tuvo que pedirle uno prestado a un buzo de la Navy que se encontraba en los alrededores. Y hubo un tercer baño. Ya que cuando terminan Fraga y Duke, apareció el teniente general de la Zona Aérea del Estrecho, Antonio Llop Lamarca, y tuvieron que meterse de nuevo en el agua que, por orden del ministro, “estaba buenísima”.

-¿Cuál ha sido el efecto negativo sobre la población de Palomares?
Las consecuencias muchas. La preocupación, el miedo a estar contaminados o que afecta a sus hijos. El no poder vender los tomates por decir que provienen de Palomares… Independiente de esto, es evidente que las consecuencias del accidente de 1966 siguen gravadas hoy en la memoria y mirada de los lugareños de la zona y sus descendientes. La Guerra Fría no tiene una lista oficial de veteranos y víctimas pero si alguien, en algún lugar del mundo y en algún momento, construyera un muro de piedra para honrarlos,, habría que esculpir en él todos los nombres de los habitantes de Palomares: los de entonces y los de hoy. A ellos no les preguntaron ni les movilizaron para ir la guerra y, al menos, de esta manera se les haría justicia por su contribución a la consecución de la paz mundial aunque fuera de forma involuntaria pero no por ello gratuita.

-¿Cuál sería su gran conclusión de este accidente?

Creo que lo importante es mirar hacia el futuro. Lo relevante es que la “segunda” limpieza de Palomares se celebre cuanto antes y se piensa en cómo hacer positiva esta historia con el objeto de pasar página lo más rápidamente. Me gusta la idea de que las tierras ahora en manos del Estado –una vez estén limpian- sean para el beneficio del pueblo y soy partidario de crear un centro de interpretación y estudio de la era atómica y sus consecuencias.

-¿A quién le va a doler su libro? ¿Ha tenido ya alguna consecuencia, amenaza, felicitación, etc.?¿Le harán hijo adoptivo de Palomares?

El libro no gustará a aquellos que no quieran transparencia. A los que tengan algo que ocultar o no tenga tranquila la conciencia. La información y el conocimiento solo contribuyes a la credibilidad y, por tanto, espero que esa sea mi aportación. He hecho todo el esfuerzo posible por contar la historia desde la equidistancia y el rigor sin especular y sin sensacionalismo. Espero haberlo logrado.

 

*La foto de Fraga está en el libro, pero la tomo de aquí:

http://www.nuevatribuna.es/media/nuevatribuna/images/2014/01/19/2014011913584580231.gif

**El retrato de Rafael Moreno es cortesía de Salvador Pulido y de Crítica.