Escritores
JORDI DOCE: DIARIO DE LA PANDEMIA
Jordi Doce, ocho semanas en el territorio hostil de la pandemia
El poeta, ensayista y traductor publica ‘La vida en suspenso. Diario del confinamiento’ en el sello Fórcola
Jordi Doce (Gijón, 1967) es un estupendo poeta y traductor y uno de esos escritores que siempre tienen muchos proyectos entre las manos: compilaciones, antologías, entrevistas, reseñas, textos para revistas. Es un admirable, sin exageración alguna, dietarista: ha recogido sus impresiones, aforismos y crónicas particulares de su intimidad y su observación en libros como ‘Hormigas blancas’, ‘Perros en la playa’. Son de esos libros en los que apetece entrar y quedarse, o salir para volver a zambullirse al puro azar. Hay en sus textos sinceridad, reflexión, voluntad de contemplación, conocimiento y una forma serena de sentir y decir.
Jordi Doce, que vive en Madrid y es un paseante asiduo de su perra Layla, inició con el estado de alarma un diario, que se ha prolongado hasta mayo y que acaba de aparecer en Fórcola. Es el libro de alguien que habla de su perplejidad sin precipitarse, que mira en derredor, que lee la prensa, que lee a algunos columnistas -a los que parece, considera, que el coronavirus les haya atacado de manera especialmente personal, casi como una afrenta en exclusiva-, y dice qué le incomoda, qué le desconcierta, en particular de Mario Vargas Llosa o Almudena Grandes.
A la vez, con un admirable equilibrio de vida privada y vida pública, habla de lo que ve: de la policía, de los traperos que buscan residuos, de la pestilente huella de algunos caballos, de las nuevas formas de civilización y de los saludos. “Me da que esconder la cara o mirar para otro lado cuando nos crucemos en la calle será pronto una evidencia de buenos modales”, anota.
Habla de la gente en las terrazas y balcones, de los que salen a tomar un café caliente como él, de los se ponen el fosforescente traje de ciclista y apuran la pedalada. Habla de los libros que lee, o que aparca, como los diarios de Cioran, textos de Yeats, de frases que huelen a Beckett, de cómo le impresiona el disco ‘Alina’ de Arvo Pärt, que escucha su hija, de la escritura de Tomás Sánchez Santiago, y uno siente deseos de ir a leerlo de inmediato. Habla de sus terrores, de la imposibilidad de dormir, de un extrañamiento que es físico y psicológico dentro de la reclusión.
Habla de la meteorología: de las tormentas, de las distintas clases de lluvia, de las nubes, del dominio del dios sol. Y habla, muy especialmente, de los pájaros y sus diversos cantos. De entrada, casi sorprende que haya tantas aves en su derredor, por la calle Bailén de Madrid, pero las hay y Jordi Doce no solo las escucha, sino que las observa, las describe, las nombra: mirlos, gorriones, vencejos, torcazas. Dice: “Esta vida en suspenso, a la expectativa, en la que no dejamos de trabajar y cumplir con lo que se espera de nosotros. Esta vida de encierro que, sin embargo, no puede abdicar de lo que sucede fuera en un tiempo -pasado, presente-, del que apenas tenemos vislumbres. Como un coche parado con el motor en marcha”.
Este libro está lleno de recodos, de hallazgos, de sensaciones, de lecturas, de autores, de confesiones (su pasión en otro tiempo por la ciencia ficción, por ejemplo; su afición al cine catastrofista, que promete corregir; la difícil relación con su padre, que le dijo que sería un “matafiebres”, y al final, como el autor, también nosotros sabremos a qué se refiere ese sustantivo), y está lleno de belleza, de preguntas que buscan respuesta y, por supuesto, de intuiciones. He aquí una de ellas: “Me gusta la expresión con que el poeta mexicano Hernán Bravo Varela definió ayer estas notas: ‘diario de un náufrago interior’. Podría ser un buen título, a condición de darle otra salida: ‘Náufrago de interior’”.
En el libro, despojado de énfasis, está casi todo lo que vivimos: el desconcierto, el miedo, las mascarillas, los cambios de hábitos, la gimnasia, los juegos, la enfermedad, la muerte, la ira, los vaivenes de la prensa, la psicosis. Y a la vez hay fogonazos de imágenes que parecen intemporales, enigmáticos de tan sencillos y luminosos. “Ayer por la tarde, cuando subí al balcón con la taza de café en la mano y sentí el viento de paso entre los árboles, eran las cuatro y diez”, dice Jordi Doce.
‘La vida en suspenso’ nos retrata a todos y nos pide: lean, lean y lean, y si lo hacen con calma, aún mejor. El autor nos enseña a conversar con el mundo en que vivimos y los límites que nos impone. Sin pretenderlo, este es un libro humilde y para siempre donde “la primavera toca a rebato”.
NUEVAS CULTURAS A TRAVÉS DE LAS REDES SOCIALES
Las nuevas culturas
a través de las redes sociales desde Aragón
[El coronavirus ha obligado a desarrollar y a presentar la actividad artística de otro modo. De forma virtual, con toda la imaginación posible. Durante 80 días, Facebook, Instagram, Whatsapp, las webs y los canales de Youtube han sido fuente constante de creación en la música, la literatura, el arte, el cine, y de búsquedas de nuevos públicos. Quizá sea el inicio de otros métodos que han venido para quedarse.]
La pandemia ha cambiado los usos de la cultura. No es que haya traído cosas que no se hubieran hecho antes, como el chat simultáneo, la videollamada, la transmisión en directo a través de Facebook, Instagram o Youtube, pero sí ha puesto en acción otros sistemas para hacerlo. Y la presentación, el concierto en directo, la entrevista, la conversación a varias bandas o la emisión diaria de contenidos ‘online’ ha sido algo que hemos visto muchísimo a lo largo de estos 80 días de crisis.
Por poner algunos ejemplos en el ámbito nacional: Elvira Lindo, en contacto con su editorial y una librería, presentó la novela de su vida y de sus padre, ‘A corazón abierto’ en la red; otro tanto hizo Almudena Grandes, con su relato sobre Aurora Rodríguez Carballeira, la madre y asesina de Hildegart, ‘La madre de Frankestein’. En la misma esfera de la literatura, el poeta Fernando Beltrán, el hombre que pone nombres a las cosas (Faunia, Opencor, Rastreator, Amena, Musa a las 9), ofrecía todos los días uno de sus poemas. El escritor y periodista Guillermo Busutil leía y comentaba, y aún lo hace, un texto ajeno desde su ventana del ‘Diario del Nautilus’ en Facebook; el crítico literario Fernando Clemot, vinculado a la revista ‘Quimera’, abría todos los días su Facebook para contar un autor, un libro, una época, casi como un ritual. Algo semejante, en otras esferas, lo han hecho Bruce Springsteen, el escurridizo Bob Dylan o Elton John, que organizó un festival virtual con muchos protagonistas.
Canciones, orquestas, libros
Ejemplos de este tipo se han dado en Aragón desde distintas órbitas. Una de las novedades que más han llamado la atención ha sido la grabación simultánea de temas musicales y la cuidada edición en vídeo en un múltiple de voces y de instrumentistas. Pensemos en la versión aragonesa de 16 voces del ‘himno oficial’ de la crisis del coronavirus, ‘Resistiré’, del Dúo Dinámico, canción traducida por Fernando Bravo, mezclada por Carlos Estella y editada en vídeo por José Estella. Este procedimiento, que tenía también algo de caleidoscopio de diversas intimidades, ha sido constante con la covid-19. Lo hemos visto en grabaciones de folk, en la celebración del Día Internacional de los Museos, en piezas de música clásica o de pop.
Distintos artistas han conectado desde casa para hablar de su último disco y leer poemas, como ha hecho Ángel Petisme con ‘Pilar’, o David Angulo, que aprovechó los días de reclusión para componer y grabar su primer tema propio una década después de ‘La habitación 404’: ‘Nos pilló desprevenidos’, que ha tocado con una formidable banda y con dos voces de la familia: Marisol Aznar e Inés Angulo Aznar. En otros territorios, en la escena, los Titiriteros de Binéfar combatieron el estado de alarma con dobles sesiones diarias de música y teatro que han sido muy seguidas. El pasado 23 de abril, la Orquesta Reino de Aragón ofreció con 52 músicos de forma virtual la pieza ‘Aragonaise’ de la ópera ‘Carmen de Bizet’.
La celebración del Día del Libro en Zaragoza ha sido virtual. Y ha tenido distintas opciones, que se han podido seguir en el canal de Youtube de Copeli, en la web de la Biblioteca de Aragón, en la web de las Cortes de Aragón y en la Fundación Ibercaja, por citar algunas referencias. Algunos autores conectaron con sus lectores a través de las ‘firmas virtuales’: la narradora Margarita Barbáchano, la ilustradora Vera Galindo, el dibujante Óscar Sanz, la poeta Sandra Santana, y los novelistas Chesús Yuste y Sergio del Molino. El autor de ‘La España vacía’ y ‘La hora violeta’ publica uno de sus libros más ambiciosos e híbridos, de claro calado autobiográfico y de mirada social a la vez, ‘La piel’, que acaba de presentar virtualmente, el pasado jueves, desde el Instagram de Casa del Libro y la editorial Alfaguara, en diálogo con Edu Galán. El lector puede hacer comentarios y plantear preguntas, y a menudo el entrevistador las recoge y las integra en la charla.
Cálamo, Bunbury, diálogos
Este procedimiento también lo está planteando la librería Cálamo en los pasos hacia una ‘nueva normalidad’. En las últimas semanas ha presentado, entre otros, los últimos libros de Héctor Abad Faciolince, Marta Sanz, Ricardo Menéndez Salmón, Peio H. Riaño y Miguel Albero. Paco Goyanes, codirector de Cálamo, está muy contento con el procedimiento.
Enrique Bunbury eligió el viernes un sistema semejante para la puesta de largo de su nuevo álbum, ‘Posible’, del que ha ido ofreciendo píldoras en forma de canciones, como si quisiera animar el camino hacia la desescalada. Otro instante especial, sin duda, fue el pasado ‘Martes de libros’, que organizó la Fundación Ibercaja, donde Nuccio Ordine (desde Calabria), Irene Vallejo (en Zaragoza) y Emilio del Río (en Madrid) debatieron sobre el mundo clásico en un diálogo vivaz que ahondó en la necesidad de recuperar la cultura grecolatina, la educación, y unieron el tema a la democracia y los muertos de la pandemia. En las próximas semanas, la Fundación mantendrá citas en la red con Manuel Vilas y Javier Cercas.
Todo ha sido empezar. Aunque reclamamos el roce, el contacto, el vis a vis con el público, para laibercaja crisis económica que viene encima a lo mejor es otra salida.
*Sergio del Molino presentaba ‘La piel’ el pasado jueves en diálogo con Edu Galán en la Casa del Libro. heraldo. Este artículo aparece hoy domingo en la página 3 de Cultura de 'Heraldo de Aragón'.
OTRA CAMPAÑA DE APOYO A LAS LIBRERÍAS
- Rosa Montero, Fernando Aramburu, Almudena Grandes, Isabel Allende y Bernardo Atxaga se unen a la nómina de participantes
- La iniciativa ha partido de Elvira Sastre y Beatriz Luengo con el objetivo de visibilizar al tejido librero de las ciudades
- ‘Mis libros en tu librería’ es el lema de la campaña que arranca hoy en redes sociales
Les mueve el deseo de ayudarlas a que recuperen su normalidad y que consigan mantenerla en el tiempo. El apoyo a las librerías redunda, además, en beneficio para toda la cadena del libro, ya que, gracias a su trabajo cotidiano, se revitaliza todo el sector, integrado también por distribuidoras, editoriales, autores y un sinfín de profesionales autónomos.
Y es que, sin recurrir a algoritmo alguno, los escritores saben que las librerías les miman durante todo el año: les hacen un hueco en sus calendarios de eventos culturales para organizar sus presentaciones; exhiben en sus mesas de novedades sus últimos proyectos editoriales hechos realidad; recomiendan sus libros por todos los medios que tienen a su alcance; y les hacen partícipes de la dinamización cultural de los barrios en los que están radicadas. “Creo que los escritores no somos nadie sin los libreros, y lo mismo digo de los bibliotecarios, cuyo apoyo es fundamental, y qué menos que darlo de vuelta ahora”, afirma la autora de Días sin ti, Premio Biblioteca Breve 2019.
DANIEL GASCÓN PUBLICARÁ EL 11 DE JUNIO 'UN HIPSTER EN LA ESPAÑA VACÍA'
80 AÑOS DE 'POETA EN NUEVA YORK'
El grito de García Lorca en ‘Poeta en Nueva York’
La editorial Norton publicó, 24 de mayo de 1940, el libro en edición bilingüe y unos días después, Bergamín lo publicó en Séneca
En 1979, en el Barrio Oliver, acudí a un recital de El Silbo Vulnerado y aún hoy no he podido olvidar cómo Luis Felipe Alegre entonaba la ‘Oda a Walt Whitman’ de ‘Poeta en Nueva York’, de Federico García Lorca (1898-1936), ni el instante en que decía: “Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño. / Este es el mundo, amigo, agonía, agonía” y poco después, “… y la vida no es buena, ni noble, ni sagrada”.
Más tarde, ese texto sonaba en ‘A un dios desconocido’, la película de Jaime Chávarri, y muy pronto aquel poemario tan moderno, actual y estremecedor, se convirtió en un libro talismán. De cabecera. Ahí, el poeta daba un salto de calidad, de ambición y de expresión, esquivaba los metros tradicionales en los que se había movido, y hablaba del caos y del desgarro del mundo exterior que era una gigantesca metáfora de su corazón ofendido y de su desconcierto vital, como les diría a sus padres en una carta: “La culpa es de la vida y de las luchas, crisis y conflictos de orden moral que yo tengo”.
García Lorca, el gran amor de Dalí, el amigo entrañable de Buñuel (que diría “la obra maestra era él”), se fue de España en junio de 1929 con el alma en vilo y la decepción en vena: su amante, el escultor Emilio Aladrén (que era hijo de un militar zaragozano y había sido amante de Maruja Mallo), le había dejado; sus dos amigos de la Residencia de Estudiantes habían criticado su ‘Romancero gitano’ y el cineasta de Calanda pensaba en él cuando tituló su primera película ‘Un perro andaluz’. En Nueva York fue bien acogido por la colonia española (entre ellos el poeta León Felipe), hizo amistades, tuvo amores, conoció Harlem y la colonia de los negros, las atmósferas del jazz, la noche loca y los garitos de homosexuales y, por supuesto, la Universidad de Columbia, donde fue acogido. La alegría inicial dio lugar al arrebato, a la angustia, a la crítica: aquel era un mundo deshumanizado e industrializado, vertiginoso e injusto, la exaltación de la máquina desalmada, el país vivía el ‘crack’ de 1929, y empezó a escribir poemas distintos.
Fue la explosión del surrealismo con imágenes brutales de dolor, de aspereza y de misterio, donde se mezclan la exploración de su intimidad, la perplejidad absoluta ante lo que acontecía en su derredor y la denuncia de alguien que aboga por la hermosura, la justicia y la armonía, pero percibe el vacío, la violencia y la inmensa soledad de la ciudad, de la que dice: “un símbolo patético: sufrimiento”. Lorca habla de su pena, de lo que ve alrededor e incorpora algunas historias que le contaron, levemente falseadas o ficcionadas como ‘El niño Stanton’ y ‘Niña ahogada en el pozo’.
En marzo de 1930, crucificado por tantas contradicciones, se fue hacia el mundo sensual de Cuba, y atisbó nuevas alegrías. Estuvo en La Habana y en Santiago de Cuba y pronunció varias conferencias, y se asomó a un mundo nuevo de ritmo, trópico y exuberancia. De esas dos experiencias (de junio de 1929 a junio de 1930) nacería ‘Poeta en Nueva York’, sito en Nueva York y alrededores, en Cuba y redactado también en Granada. Un libro muy trabajado, de muchos asuntos, desenfadado e intuitivo, de una imaginería radiante, dividido en diez partes o secciones.
El poeta barajó publicar dos libros: ‘Poeta en Nueva York’ y ‘Tierra’. Seguir el rastro de los textos y las intenciones de Federico García Lorca sería materia novelesca, y lo han contado de maravilla Eutimio Martín, Andrew A. Anderson, Mario Hernández y María Clementa Millán, entre otros. También pensó en ilustrarlo con fotografías y con dibujos. La edición de Cátedra, Letras Hispánicas, realizada por la citada María Clementa en 1992, incluye 18 fotografías.
El poemario quedó inédito. Lorca se lo entregó al poeta José Bergamín, director de la revista ‘Cruz y raya’ (al parecer se lo hizo llegar, “volveré mañana”, le decía, pero no se lo dio en persona) poco antes de partir hacia Granada donde sería fusilado el 19 de agosto de 1936. El libro saldría de España en 1939 en dirección a París de la mano de Pilar Sáenz de García Ascot, que era secretaria de José Bergamín. Guillermo de Torre, casado con Norah Borges, y por tanto cuñado de Borges, publicaría algunos poemas en 1938 en la edición en varios volúmenes de las ‘Poesías completas’ de Losada de Federico García Lorca.
Tal día como hoy, en 1940, apareció ‘The poet in New York and other poems’ (W.W. Norton Company. Nueva York), en una versión bilingüe de Rolfe Humphries. Tres semanas después, en México y sin autorización de su familia, José Bergamín publicaba y redondeaba, puntuaba de otro modo los versos, en la editorial Séneca ese poemario inolvidable en un volumen con cuatro dibujos originales, un poema de Antonio Machado y un prólogo suyo. ‘Poeta en Nueva York’ ha tenido muchos ilustradores como Juan Carlos Eguillor y Luis Martínez Comín, en Prames; Fenando Vicente en Reino de Cordelia, Carles Esquembre en Panini en cómic, y el aragonés Santiago Arranz, que le ha dedicado muchas obras y varias exposiciones a ese conjunto de 35 poemas, tildado por algunos de “quincallería surrealista”, donde Federico García Lorca aún grita: “Quiero mi libertad. (…) ¡Mi amor humano!”.
RETROSPECTIVA. DIÁLOGO CON MANUEL VILAS Y 'EL LUMINOSO REGALO'
--¿No habrías sentido celos del éxito de ‘Las sombras de Grey’?
No, en absoluto, aunque tanto “La sombras de Grey” como “El luminoso regalo” tratan el mismo tema: el erotismo. Creo que la gente quiere leer novelas sobre sexo, está en el ambiente.
--¿Qué es lo que te lleva a escribir un libro tan descaradamente sexual, incluso pornográfico si eso se puede sostener en estos tiempos?
El erotismo, en mi opinión, es un asunto todavía sin resolver, y de eso se habla en “El luminoso regalo”. El sexo sigue ocupando un lugar central en las relaciones humanas y en la búsqueda de la felicidad, he intentado poner el dedo en esa llaga. Hemos resuelto muchas cosas a lo largo de la Historia, pero el erotismo es una fuerza atávica y ancestral que nos devuelve al origen de la especie.
--Más allá de los términos del Apocalipsis o de tus habituales desafueros, que quizá sea tu modo de escribir en libertad, ¿qué reflexiones querías abordar? ¿Cuál es la importancia del sexo en nuestra vida y en nuestra imaginación?
Supongo que por desafueros tengo que entender imaginación y libertad radical en mi escritura; y efectivamente, en esta novela insisto en mi senda habitual de indagación sin prejuicios ni límites en aquellos aspectos que alienan la felicidad de los hombres y de las mujeres. En cuanto a la importancia del sexo, diré que no me invento nada que no esté en Sade, Freud, Jung, Bataille o Lacan, lo único que hago es narrar el misterio del erotismo. Es un libro muy influido por Lacan en el plano teórico. En mis anteriores novelas había tratado la alienación del capitalismo en los ámbitos sociales, económicos y culturales. Me faltaba el erotismo. Como dice Bataille, la civilización ha domesticado el sexo; pero su pulsión está allí y aparece inesperadamente. Es un monstruo dormido.
--Vayamos con los personajes. El libro se abre con un capítulo casi apabullante y febril protagonizado por Ester, una ninfómana... ¿Cómo ves a este personaje, cuál es su función en la novela?
Ester es una ninfómana sumamente hermosa. Es sexo en estado puro, pero también es amor. Ella representa la compleja relación entre el sexo y el amor. Es un personaje muy voluble. A veces es una mujer terriblemente enamorada y su abyección desaparece. Hay un capítulo muy complejo en donde Ester se transforma en una mujer bondadosa y humilde y conmovedoramente enamorada. He jugado con distintos planos de ficción. Ester es un enigma en “El luminoso regalo”, es una pregunta al lector.
--Entre las definiciones que le concedes, dices que es una Bruja y “una incandescencia carnívora que vuelve locos a los hombres”.Su primer antagonista, al que quizá haya que interpretar en clave irónica, es un psiquiatra o psicoanalista de vida sexual bastante disoluta, como iremos viendo. ¿Esto es broma o nadie, nadie, se escapa a poder del sexo?
Nadie se escapa del poder del sexo. La gente, simplemente, lo domestica o lo encauza o lo racionaliza o le da un sentido moral o lo convierte en amor o en matrimonio o en relaciones de pareja. El amor a veces parece una construcción cultural encaminada a dar al sexo un sentido civilizador. De todo eso se habla en la novela. El sexo sin ley es destrucción, pero Sade no estaría de acuerdo. El sexo normalizado es un pacto social necesario para que exista la civilización.
--El protagonista es Víctor Dilan. ¿Has querido que este hombre de 49 años, escritor de éxito, sea un ejemplo de Don Juan Tenorio o de Giaccomo Casanova?
He querido actualizar el mito de Don Juan, que es un mito importantísimo en la cultura europea. Víctor Dilan es un adicto al sexo. La adicción al sexo es la manera contemporánea de calificar al donjuanismo.
--Dilan está casado con Elena, pero tiene una obsesión: la mujer, no dormir solo, el deseo...¿Es posible que tantas y tantas y tantas mujeres pierdan la cabeza por un hombre como él? ¿Qué les atrae: saberse queridas, la seducción, la fama, el poder, cierta animalidad, saber que estado?
Allí es donde la novela tiene su toque de esoterismo. Víctor Dilan es un brujo, un donjuán con poderes. De hecho al final de la novela se revela su identidad. Se revela quién es en realidad. “El luminoso regalo” pasa entonces de ser una narración erótica a ser una narración sobre el enigma de la vida y el lector tiene suficientes elementos de juicio para deducir la verdadera identidad de Víctor.
--Por cierto, ¿es posible ser fiel o leal en este mundo, sexualmente hablando?
En mi novela la fidelidad es una construcción cultural más. Ahora bien, yo he escrito una novela; es decir, una obra de ficción. Creo que fidelidad y lealtad son dos cosas distintas. La fidelidad es una construcción cultural de la masculinidad. En “El luminoso regalo”, todos los personajes son promiscuos. La promiscuidad, históricamente, estaba reservada para la aristocracia. Porque como dice el psicoanálisis de inspiración marxista si se trabaja no se puede ser promiscuo. La promiscuidad solo era posible para quienes no trabajaban. En nuestra sociedad, la promiscuidad está reservada para la clase alta, para empresarios, políticos, artistas, etc. La monogamia procede del culto al trabajo. En la aristocracia no hay ni “cornudos” ni “cornudas”.
--Dilan hace el amor con casi todas sus amantes con la música de Bob Dylan de fondo. ¿Eso qué es: vicio, perversión, una excentricidad, una de tus pasiones ocultas?
Es una ironía cultural. Es un juego. Es también un homenaje inesperado a la figura más emblemática del Pop de todos los tiempos. Quería también resaltar la importancia que la cultura Pop tuvo a la hora de liberalizar el sexo.
--¿Qué relación existe entre coito y desesperación? muchas veces tus personajes parecen irremediablemente desesperados...
Bataille llamaba discontinuidad a la imposibilidad de dejar de ser “yo” y entrar en “el otro”. Víctor Dilan no soporta la discontinuidad, pero el sexo no alivia su discontinuidad, su soledad. De ahí su desesperación. El coito es el momento en que se produce la pérdida de la identidad y se alcanza la fusión con el otro. Ocurría algo parecido en la película “Shame”, estrenada hace poco.
--¿Qué tiene todo el libro de parodia, de gran broma?
Yo creo que por primera vez en mucho tiempo no he utilizado el humor. Creo que “El luminoso regalo” es una novela muy dura. Es un libro sobre la relación entre el Erotismo y el Mal. No es paródico ni hay humor; o en todo caso, muy poco humor. Esa ausencia se compensa con el morbo y la atracción que producen la lectura de las abundantes escenas eróticas que hay en “El luminoso regalo”.
--¿Qué le debe a Sade y a Bataille, sobre todo? ¿Y a ‘2001. Una odisea en el espacio’ o a las novelas románticas del siglo XIX y XX?
He leído mucho a Sade y más a Bataille. A este último la novela le debe mucho en los planos filosóficos o teóricos; en los literarios no le debe nada. A Kubrick le debo la búsqueda de lo absoluto. Y a Emily Brontë le debo la locura en el amor, el amor convertido en fantasma, en enfermedad. Todas esas cosas impulsan la acción en “El luminoso regalo”.
--¿Has querido llevar al lector a un territorio más bien desapacible: el territorio del mirón que contempla todas las guarrerías posibles y soñadas entre los amantes?
“Guarrería” es un término de jerga juvenil o masculina que banaliza el sexo. “El luminoso regalo” sitúa el sexo en el centro de la desesperación y la soledad humanas. El sexo es de una complejidad humana infinita, y eso quiere mostrar mi novela.
--¿Crees que falta aquí alguna práctica sexual, incluso alguna depravación?
No es para tanto. No hay orgías. No hay zoofilia. No hay nada que no sea normalito. Quizá lo anormal sea llamar a las cosas por su nombre, eso puede extrañar en un país como el nuestro, muy dado a no hablar de sexo o hablar de sexo de una forma codificada, artificial y roma.
¿Tiene Manuel Vilas una desolada visión del mundo? Parece que aquí no se salva nadie, ni siquiera el sexo…
Manuel Vilas aquí no pinta nada, es inexistente y carece de interés lo que piense. Desde que el lector entra en la novela, son los distintos narradores de “El luminoso regalo” quienes deciden lo que se cuenta y lo que no se cuenta; para eso se inventaron las novelas. La ficción nos hace más libres, no tiene sentido moralizar la ficción. Moralizar la ficción es tanto como quitarle la gracia y la fuerza a la literatura. Es verdad que ha habido lectores, a lo largo de la historia, que por juzgar y moralizar han sido capaces de condenar al infierno a la mismísima Madame Bovary. Imagino que Flaubert aún se debe reír desde su tumba.
RETROSPECTIVA. VILAS HABLA DE 'GRAN VILAS'
Diálogo de 2012 con Manuel Vilas con motivo del poemario 'Gran Vilas' (Visor, 2012), que recibió el Premio Ciudad de Melilla.
‘Gran Vilas’. ¿A qué alude el título: al poeta, a un planeta, al culto a la personalidad?
A la construcción de la identidad como un laberinto y a la vez a la liberación de nuestra propia identidad. También es llevar la célebre autoficción hasta el límite de sus posibilidades.
¿Has querido un poemario de megalomanía o hay que leerlo todo con ironía, con humor?
Es todo humanidad. Es un ofrecimiento. He escrito un evangelio un poco hippie, que en efecto usa la ironía y la provocación.
¿En qué se parece ese personaje Vilas al ciudadano y escritor Manuel Vilas?
Flaubert dijo “Madame Bovary soy yo”. Y lo era. Pessoa era Alvaro de Campos. Yo soy también Gran Vilas. La literatura nos da la libertad que la historia nos niega.
¿Es este el libro de una escisión, de una esquizofrenia, de una enfermedad misteriosa, como dirían los portugueses?
Es muy pessoano, muy Alvaro de Campos. Sí que hay algo portugués en el libro, una especia de suave desesperación.
¿Cuál es la huella real del hombre contemporáneo, kafkiano, desamparado, contradictorio, en el poemario?
El libro afirma que el Amor es el único sentido de la vida humana, que todo lo que no es Amor es alienación y sufrimiento. El libro dice que los seres humanos venimos a este mundo a amar y a ser amados. Es muy whitmaniano.
Vilas quería ser santo, Cristo, Lenin, San Pablo... ¿Has intentado crear, como Nietzsche, una idea del superhombre?
Me gusta Nietzsche, era un provocador. Necesitamos figuras históricas que rompan el rito de la usura y de la economía especulativa. Necesitamos volver a repensar el sentido de la vida colectiva. El capitalismo se está suicidando.
¿Te propones suplantar a Dios?
No, Dios me libre. Creo en la literatura, en eso sí. Dios es literatura, y de la buena, o lo fue históricamente.
Vilas está en todo, es un poco todo. ¿Cómo definiríamos el mundo Vilas?
Es una identidad que se esparce sobre la vida, sobre el mundo. Es un derramamiento generoso. Es un “darse”.
Una de las cosas que más llaman la atención es el cosmopolitismo del libro: los viajes, las ciudades, incluso la palpitante actualidad.
Las ciudades me fascinan. He sido muy feliz en ellas. Me fascina viajar, y temo viajar. Me da miedo viajar. Siempre que emprendo un viaje, pienso que no regresaré jamás. Es muy contradictorio. Me gusta que la poesía hable de política y de lo que está pasando ahora mismo. Me gusta que la poesía diga el mundo con palabras sencillas.
¿En qué medida el libro quiere ser una radiografía de la actualidad?
Ahí se habla mucho del dinero...
Del amor y del sexo, del desamor, a veces te aproximas casi a la misoginia... De la infancia y de los coches de nuevo...
Todo el mundo habla de dinero. Es el gran tema de nuestro tiempo. El sexo también. Deberíamos hablar más de sexo y menos de dinero. Es más importante el sexo que el dinero, eso sí lo afirma mi libro. Los coches, bueno, están allí. Todo el mundo quiere tener un coche. En mi poesía no hay distinción de géneros. No hay ni hombres ni mujeres. Solo hay seres humanos. Es metafísicamente imposible la misoginia en mi libro. La misoginia me ha repugnado siempre. De hecho, yo me siento mujer. Hay un poema en el que se dice que el Gran Vilas es, en realidad, una mujer.
¿Qué quieres decir cuando dices que el amor es la razón de tu escritura, la clave de tu poesía?
El Amor es el lugar donde no es posible la mentira ni la alienación. Mi poesía quiere estar allí, en ese sitio donde no se miente ni se explota a nadie.
¿Has llegado a ese punto, de extravagancia o de provocación calculadas, que todo tiene cabida en tu escritura?Intento decir lo que veo en mi escritura. A unos les gustará más, a otros menos. Yo hago lo que creo que tengo que hacer. Ya no me importa demasiado lo que se diga de mi literatura. Estoy a punto de hacer lo que hace mi amigo Antonio Orejudo: no leer las críticas de mis libros.
¿Qué escritores estarían detrás del libro: Walt Whitman, Bukowski, Gil de Biedma?
Sobre todo Whitman, que es el que más me interesa. También algo de Alvaro de Campos, y algunas cosas de Gil de Biedma y de Octavio Paz. Bukowski no me interesa demasiado, pero lo respeto.
¿Qué le pides a un poema?
Que te haga temblar de amor.
¿Cuál es el cometido de la poesía ahora? ¿Sigue siendo un arma cargada de futuro?
La poesía debe regresar a la vida pública. Mi poesía lo hace. La poesía es útil y necesaria. La poesía tiene que volver a ser social y a ser política, pero en el marco del siglo XXI. Creo que existe una nueva poesía social, que está a punto de estallar.
Me ha dado la sensación de que con este libro has llegado a un cierto límite... ¿Qué pasará ahora con el personaje poético Vilas?
Al final del libro, en un poema muy importante que se titula “The End”, Vilas muere. Se ha acabado un ciclo, sí. Ya no volveré a escribir así. Vilas se marcha de este mundo. Dice adiós aquí. Ya no lo veremos nunca más. Me da pena que se marche. Era un buen tipo. Te reías con él y siempre te pagaba una copa.
*Manuel Vilas, retratado por Daniel Mordzinski.