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Antón Castro

Músicos

LA CHANSON, CASI UN DICCIONARIO

LA CHANSON, CASI UN DICCIONARIO

[El pasado viernes, en el Teatro de la Estación, Paco Cuenca ofreció un concierto de la Chanson, en compañía de Chema Callejero al piano, Coco Balasch al contrabajo y Pedro Vega a la batería. Tuvo la gentileza de invitarme a presentar el acto. Redacté algunas notas sobre los músicos... En esencia, esto es lo que he leí. Paco, tan amable y afectuoso siempre, me dedicó una de mis canciones favoritas: 'Ne me quitte pas'. No me dejes / no me abandones.]

 

CASI UN DICCIONARIO MÍNIMO DE LA CHANSON

 

LA CHANSON. La canción francesa procede de una tradición que se remonta al siglo XV. En los años 40 y 50 del siglo XX alcanzó un nuevo esplendor. ¿Por qué? Por su acento lírico, la calidad de su poesía y la variedad de asuntos que abordó (el amor, la rebeldía, la injusticia, la transgresión, la resistencia, la vida cotidiana y sus accidentes). Destacó por la solidez de sus registros interpretativos y su conexión con el pueblo. Fue un canto coral y emocionante, que integraba músicas como el folk, la balada, el jazz o los ritmos del cabaré. Exaltó la belleza y la sonoridad del francés. Y también la camisa negra, suavemente abierta, que usaron algunos cantantes.    

  

CHARLES AZNAVOUR. Armenio. Ahí sigue: como el barón rampante, minúsculo e inspirado. Nonagenario. Fue el secretario, el chófer y uno de los jóvenes amores de Édith Piaf. Posee un modo peculiar de cantar; como si le costase pronunciar las endiabladas erres del idioma, posee una dicción muy personal. Canta, sobre todo, al sueño, a la felicidad y a la melancolía. Canta, en París o en Venecia o en cualquier lugar del mundo, a ‘Todos los rostros del amor’.  

  

GEORGES BRASSENS. Es el cantante sobrio, irreductible, bohemio, el artista de las afueras y de las pequeñas cosas, el anarquista suave que nunca se encogía; solo ocultaba su profunda timidez tras el mostacho. Maestro de José Antonio Labordeta, de Paco Ibáñez y Javier Krahe, se reía hasta de su sombra y de la música militar. Creó himnos sin pretenderlo: era demasiado modesto y huía de la solemnidad. Era el actor-trovador que ni parece pestañear. Y era un pensador y un poeta admirable, de esos que tejen los versos con ironía, rima, ritmo, música oculta y cartabón de métrica.  

  

JACQUES BREL. Belga en París y Ámsterdam. Cantante que se forjó en los cabarés y en los amores difíciles. Fue el vocalista de la intensidad capaz de arrancarse el corazón más allá de las lágrimas y ofrecérselo al público. Fue gesto, teatralidad y pasión. Tenía sentido del humor y de la voluptuosidad, coqueteó con su prima Rosa, y con otras mujeres, y creó la canción más hermosa y desesperada del mundo: ‘Ne me quitte pas’. Paco Cuenca, que lo cantó aquí en el Teatro de la Estación hace dos temporadas, ha dicho: Poco o nada se sabe del Jacques Brel intérprete, el volcán, el histrión, el actor capaz de rellenar sin economía de gestos o muecas un escenario entero con su sola presencia”.  

  

FRANCIS CABREL. De origen italiano, fue un rebelde con causa en la escuela. Lo expulsaron. Quiso ser zapatero. Y, aunque haya publicado una docena de discos, parece el músico de una sola canción: ‘La quiero a morir’, de 1979. Como suele decir que la guitarra es su primer amor, no se sabe con certeza a quien le susurra ‘La quiero con locura’, como traduce Paco Cuenca. La actriz mexicana María Félix dijo que en realidad un amante suyo, muy joven, se la había compuesto para ella y que Cabrel se la apropió. Quizá solo sea un delirio de Doña Bárbara en su madurez.  

  

LEO FERRÉ. No se sabe bien si parecía un goliardo o el viejo Aristóteles con esos cabellos blancos y desordenados al viento. Su canto late, estremece; su canto es cántico, oración pagana, salmo de rebeldías, hermosura fijada en constantes metáforas, temblor de espumas. Interpretó a los clásicos: Baudelaire, Rimbaud, Breton. Era tan personal e inesperado que podía decir que el estilo de una mujer es su culo, su culo, su culo, pero también su corazón. Y ya puesto se atrevió a indagar los misterios del tiempo. ‘Con el tiempo’ es una canción escrita en dos horas que resume ‘la historia de un trozo de vida’, según confesó Ferré en una carta a una amiga.  

 

YVES MONTAND. Nació en la Toscana con el nombre de Ivo Livi. Antes de ser el actor ideal de Costa Gavras, fue el amor juvenil de Édith Piaf y la aventura inolvidable de Marilyn Monroe. Alternó el teatro y el cine con la música, donde parecía el caballero elegante que abandona los bajos fondos y la noche salvaje, y se pone a cantar. Es capaz de recitar y de interpretar a Jacques Prevert en ‘Las hojas muertas’. O ‘C’est it bond’, aquella canción de 1947 de Henri Betti, que también popularizó Louis Armstrong y que debe ser una de las más versionadas de la historia. Lo ha hecho hasta Miguel Poveda. Yves Montand parecía un Bogart europeo con gabardina. A veces pensaba, en contra de Simone Signoret, que la nostalgia no es un error y decía: “El mar borra en la arena los pasos de los amantes desunidos”

CLAUDE NOUGARO. Le dio la vuelta al mundo con la música: en Francia, en Estados Unidos, anudado al espíritu del jazz, y en Brasil. Cantó al mayo francés y se hizo más famoso en sus giras con Dalida. En 1978 realizó una versión de ‘O que será’ de Chico Buarque: ‘Tu verras’. Un canto a la esperanza, a las segundas oportunidades, a la alegría de vivir. “Verás a todos los que creíamos muertos recobrar aliento y vida en la carne de mi voz hasta el fin de mundo”.

ÉDITH PIAF. Fue un misterio de la naturaleza. Amó el amor hasta más allá de la locura, se sintió cautiva de la soledad, conoció los rincones oscuros del alcohol, de la droga y de la enfermedad. Pese a ello, mostró una fortaleza inmensa: estaba poseída por la ciencia secreta de la canción y del escalofrío. Parecía frágil, doliente, casi agonizante. En un escenario se sobreponía y provocaba un cataclismo universal. Su voz es de otro mundo y de esta orilla de la desesperación; su voz es la partitura de un dolor inefable, como un veneno necesario que te planta en el abismo, entre el desgarro y el fuego sombrío de la vida. Una vida que para Édith Piaf en rara ocasión fue de color de rosa.

CHARLES TRENET. Acumula definiciones: para unos es “el padre de la canción francesa”; para otros “el cantante loco”. Jean Cocteau dijo que encarna “la llamarada que perdurará”. Fue músico de cabaré, y defendió la vitalidad, la alegría, las pequeñas cosas y la dignidad. Cantó hasta casi el final de sus días y triunfó, como otros colegas, en el Olympia en varias ocasiones. Su canción más famosa la compuso antes de los 30 mientras viajaba en tren en 1943: ‘La mer’. El mar. Existen más de 400 versiones, entre ellas una de Bob Dylan y otra de Miguel Bosé. Escribió: “El mar ha acunado mi corazón para siempre”. A Charles Trenet le gustaba cantarla con un clavel rojo en el ojal de la chaqueta.

PACO CUENCA. Cantante y compositor, pero también fotógrafo, escritor, viajero y hedonista, desde la música, el coche, el avión, el barco y la bicicleta. Siente la chanson hasta la médula: se transforma en autenticidad. Cuando canta se reencuentra consigo mismo, con la oscura raíz del grito y con los ecos de la memoria. Hace algún tiempo reveló: “La primera vez que canté delante de alguien fue en Bruselas. Suena algo exótico pero fue sin gloria, ante cinco o quizá seis adolescentes y nadie, ni siquiera mi hermano que estaba cerca, lo recuerda. Pero así fue. Tenía catorce años”. Paco Cuenca rodea de buena gente: Chema Callejero al piano, Coco Balasch al contrabajo, como le gustaba hacer a Brassens, y Pedro Vega a la batería. Y le gusta, sobre todo, animar a la felicidad y a la emoción, no solo con voz y la mímica del corazón sino con el movimiento de su sombrero.

 

1989. RECUERDO DE LABORDETA

1989. RECUERDO DE LABORDETA

LABORDETA, 1989. GARRAPINILLOS
EL TROVADOR ENTRE AMIGOS

No tengo muchas fotos con José Antonio Labordeta (1935-2010). Lo conocí en 1988 cuando publicó 'Qué vamos a hacer' y me sumé al grupo de sus amigos. Recuerdo que al año siguiente, me pasó los borradores de su nuevo álbum, 'Trilce', lleno de referencias poéticas e íntimas: Cesare Pavese, César Vallejo, un homenaje amoroso explícito a Juana de Grandes, su mujer, una foto espectacular de Ángela Labordeta, periodista en Diario 16 de Aragón y escritora ya... La foto está tomada por Paco Aguarod en su estudio de Garrapinillos: están dos de sus mejores amigos de siempre, Mariano Gistaín (que acababa de escuchar el disco del Abuelo en un taxi y lo contó) y Luis Alegre, y yo.
Creo recordar que hablábamos de una canción titulada 'Mi mujer', que al final se tituló 'Juana'. Labordeta, que se reía como nadie y era capaz de estos gestos, se burla de aquellos jóvenes que rondaban la treintena y que trabajaban en 'El día de Aragón' que dirigía Plácido Díez Bella. Ha pasado un cuarto de siglo... Y Labordeta sigue ahí, en el cielo, en la memoria, en el corazón, cantando...

ANDREA MOTIS & CHAMORRO, EN ZARAGOZA

ANDREA MOTIS & CHAMORRO, EN ZARAGOZA

[Hoy, a las 22.00, en la Sala Multiusos de Zaragoza, Andrea Motis y Jona Chamorro, con su banda y la incoporación de Luis Grasso, ofrecen el aperitivo del Festival de Jazz de Zaragoza, que se celebraré entre el 4 y el 8 de noviembre. Organiza SIAMM, empresa constituida por Jaime Borobia y Miguel Ángel Tapia Jr. A ellos les debo este dossier. Oí una mañana a Andrea Motis y me interesó mucho como cantante e instrumentista.]

 

ANDREA MOTIS & JOAN CHAMORRO QUINTET

Andrea Motis y Joan Chamorro colideran un grupo musical especial. Pese a pertenecer a dos generaciones distantes,  por su diferencia de edad, han conseguido, después de cinco años de trabajo conjunto, convertirse en figuras destacadas en una serie de proyectos en Barcelona (entre los cuales cabe destacar la creación de una big band). 

En menos de un lustro, Andrea y Joan han llenado Barcelona y otras ciudades europeas de alegría con el sonido jazz más positivo de ambos lados del Atlántico.

Desde que comenzaron a colaborar, Andrea y Joan han grabado cuatro álbumes juntos a su nombre, cinco en el seno de la Sant Andreu Jazz Band y siete más colaborando con otras formaciones; han celebrado giras por Europa y América del Sur, y compartido escenario o estudio de grabación con una amplia lista de reconocidos artistas, entre ellos Dick Oatts, Scott Hamilton, Ken Peplowski, Scott Robinson, Terrell Stafford, Wycliffe Gordon, Jesse Davis, Bobby Gordon y muchos otros.

A lo largo de su carrera han recibido numerosos premios y reconocimientos por sus esfuerzos artísticos. En 2011 recibieron el premio ARC como “Mejor Artista Revelación” y “Mejor Artista del Año” en los premios Enderrock Jaç.

Además de los premios, también han recibido nominaciones de algunas de las más prestigiosas organizaciones musicales de Europa: “Mejor Grupo del Año” (ANJIM, 2011), “Mejor Grupo de Jazz y Blues” (Premios Arc, 2011) y “Mejor gira en Teatros y Salas de Conciertos” (Premios ARC, 2011). Y, sin embargo, a pesar de todos los éxitos alcanzados, su historia se resume en un profesor, una estudiante y la pasión compartida por la música en general y el jazz en particular.

Joan Chamorro nació en Cáceres en septiembre de 1962. Pasó su infancia escuchando música pop; y con 18 años comienza a centrarse en la música clásica y el jazz; cuando empieza a tocar el saxofón y la guitarra se topa con el Taller de Músicos (escuela de Barcelona dedicada al jazz). Después de cuatro años acaba renunciando a la música clásica y la guitarra, y comienza a centrar sus esfuerzos en el jazz y el saxofón.

Además de tocar y grabar con la big band del Taller de Músicos, Chamorro comparte escenario con varias big bands locales. "Tuve mucha suerte de ser parte de esta escena", recuerda, "y tener la oportunidad de tocar con grandes solistas de numerosas big bands". Desde que finalizó sus estudios, Chamorro ha tocado con reconocidos artistas internacionales de la talla de Stevie Wonder, Manhattan Transfer, Slide Hampton y Randy Brecker, entre otros. También ha grabado con Tete Montoliu, Bebo Valdés y muchos otros. "Siempre es gratificante, si además tienes la oportunidad de hacerlo con gente de ese nivel, el placer se multiplica", dice. "Además es una gran oportunidad para crecer musicalmente".

 

Además de sus colaboraciones artísticas, Chamorro ha desarrollado su carrera educativa como director de la Sant Andreu Jazz Band, un grupo de Barcelona formado por niños y adolescentes de entre 9 y 20 años. Fue aquí donde conoció a la trompetista Andrea Motis, cuando tan solo tenía 11 años, y fue en ese momento cuando Andrea inició sus estudios de saxofón con Joan como profesor. “Andrea era muy atenta y seria a la hora de estudiar y preparar lo que se le pedía", recuerda Chamorro. "Un día yo estaba enseñando a la banda y pregunté si alguien quería cantar una melodía, ella fue la primera y única que dijo que sí. Tenía 13 años en ese momento. Desde el principio oí algo especial en su voz, algo que se podría mejorar si se les daba la oportunidad de aprender y crecer en la compañía de músicos de calidad. Fue entonces cuando hablé con sus padres por si estaban interesados en seguir esa línea y si querían que yo contara con ella en mis diferentes proyectos musicales".

Desde una edad muy temprana, Motis ya se había sumergido en la música y sus diversos estilos. Comenzó a tocar la trompeta con apenas 7 años, y sus primeros recuerdos musicales incluyen Charlie Mingus (uno de los músicos favoritos de su padre), así como el jazz cubano.

A los 10 años es cuando inicia la exploración de casi todas las formas de jazz estadounidense hasta llevarla a la actualidad a las grandes voces femeninas americanas como Sarah Vaughan, Billie Holliday, Nancy Wilson, así como Cécile McLorin Salvant, la ya difunta Amy Winehouse, Esperanza Spalding, Gretchen Parlato e instrumentistas como Tom Harrell, Roy Hargrove, Wynton Marsalis, Perico Sambeat, sin contar emblemáticas figuras del jazz como Charlie Parker, Cannonball Adderley, Miles Davis, Dizzy Gillespie y Clifford Brown.

"La primera vez que canté en público fue en una audición en la escuela de música ", dice Motis . "Canté un basin street blues que Joan colgó en internet al cabo de poco tiempo. Y fue entonces cuando me propuso cantar en su disco". El álbum, titulado “Joan Chamorro presenta Andrea Motis”, fue lanzado en 2010, cuando Andrea tenía 14 años. Como sugiere el título, el álbum es un escaparate para la joven estudiante de Chamorro en el que toca la trompeta, saxofón y canta a lo largo de la grabación. "Grabamos muchos temas en diferentes días para este disco ", dice Motis. "Fue durante la elección de los temas finales, cuando nos dimos cuenta de que nos gustaron más los cantados, por esto Joan pensó en convertirlo en un disco de presentación, porque había quedado con más protagonismo mío del que en principio había pensado". En el corte final del álbum, Andrea canta 16 de las 17 canciones. “Mostró una gran sensibilidad y una capacidad para transmitir emociones", dice Chamorro. "Una naturalidad que se plasmó en todas las canciones que grabamos".

El proyecto resultó ser una experiencia de aprendizaje muy valiosa. Motis recuerda: "Tuve la oportunidad de tocar por primera vez con increíbles músicos como son Ignasi Terraza, Josep Traver, Esteve Pi, Dani Alonso y Bobby Gordon, clarinetista americano que había tocado con todos los grandes del jazz clásico, que murió hace unos meses".

Le siguió “Feeling Good”, una grabación de actuaciones en directo por toda Barcelona, grabado en 2012. Dos años después de su primer álbum, Motis había crecido y madurado como músico y vocalista. "Este fue el punto en el que empezó a improvisar, y eso se refleja en el cedé, en donde todos sus solos son absolutamente suyos", dice Chamorro. "Confié en sus conocimientos y la animé a improvisar durante nuestros conciertos también. Estábamos realizando una gran cantidad en ese momento y que era un buen momento para practicar eso. Era increíble ver su progresión en cada ensayo y cada show".

Su tercera grabación, “Live at Jamboree”, captó a la banda durante sus tres apariciones en la sala de jazz Jamboree de Barcelona junto al saxofonista Scott Hamilton como artista invitado. "La cosa fluyó con tanta facilidad", dice Motis. "Estrenamos temas e hicimos otros que llevábamos verdaderamente rodados y nos sentíamos muy a gusto tocando. Fue una experiencia muy especial y yo estaba realmente feliz con el resultado final".

Chamorro y Motis grabaron en directo conciertos de la big band, esta vez en vídeo y audio, en el Festival Internacional de Jazz de Barcelona en 2013 y otro en 2014. El paquete de cedé/deuvedé tiene previsto su lanzamiento a lo largo de este mismo año. La mayor parte del repertorio en el próximo lanzamiento de Motis & Chamorro Big Band tiene interpretación vocal de Motis, además el saxo barítono de Chamorro y la trompeta de Motis ocupan un lugar destacado en la mezcla. "Este proyecto incluye los mejores músicos de la escena jazz de Barcelona”, dice Chamorro. “Todos ellos grandes y reconocidos solistas que también tienen su momento de protagonismo en algunos de los temas del repertorio".

Además de su extenso trabajo en la escena de Barcelona, Motis & Chamorro Quintet también ha actuado en numerosos festivales internacionales en Francia, Suiza, Brasil y Turquía. "Andrea y yo estamos intentando hacer las cosas lo mejor que sabemos e intentando compartirlas con la mayoría de gente posible, porque de eso se trata, ¿no?", dice Chamorro. "¿Quién sabe lo que estaremos haciendo en unos años? A Andrea le vislumbro un futuro precioso en donde puede llegar a ser una artista muy conocida (ya lo está siendo), y lo más importante es que, sin pretenderlo, se lo habrá merecido, porque tiene el talento, la capacidad y la magia necesaria para que sea así, y todo esto acompañado de lo que yo creo que es más importante: autenticidad, honestidad, humildad y ausencia de ego".

"Estoy muy contenta de poder colaborar en nuevos proyectos musicales, experimentando con nuevos estilos", dice Motis. "Y como Joan dice: la creatividad no tiene límites. Tenemos muchos proyectos y la oportunidad de colaborar con tantos artistas. Seguir en esta línea está claro que es lo mejor que puedo hacer, ¡y más tarde, ya se verá!".

 

GEORGINA JELICIÉ: IN MEMORIAM

GEORGINA JELICIÉ: IN MEMORIAM

Cuentos de domingo 

 

El álbum de Gina

 

Georgina Jelicié (1923-2015), argentina de padres yugoslavos y uruguayos, tenía una cabeza fabuladora. Le gustaba adornar sus recuerdos, embellecerlos, quizá porque su marido, el pianista Luis Galve (1908-1995), cuya vida glosó Alfonso Zapater para TVE, era modesto, suave y un tanto lacónico. Se habían conocido en una fiesta hacia 1947. Él había sido un auténtico galanteador con diversas aventuras; ella, veinteañera, nacida en una familia de nueve hermanos, era pícara y elegante: le sentaban bien las gabardinas y las boinas grises. Se vieron y se produjo el flechazo. Vivieron juntos 46 años: alrededor del mundo, de concierto en concierto, en Buenos Aires, en Madrid, en Montmorency y París, en Madrid de nuevo y finalmente en Zaragoza, en la calle San Jorge. Octogenario ya, Luis Galve decidió recuperar la ciudad de su memoria; aquí fue niño prodigio, estudió con el violinista Rafael Martínez, se fue a Madrid y descubrió el mundo en París. Acompañó a Antonia Mercé ‘La Argentina’, que le hacía sitio en su programa y, según la propia Gina, en su corazón. Estalló la Guerra Civil cuando regresaba a casa y vio cómo le arrojaban el piano por la ventana. Estuvo en la contienda y reinició su carrera con Scarlatti, Falla, Albéniz, Granados... Apareció Gina y se convirtió en su musa, en su agente, en su administradora de más de 3.000 conciertos en más de 60 países, en la bella esposa a la que le gustaba hacer amigos, ver arte, ir al cine y al teatro, salir y lucir hermosos trajes. En un instante de charla con ella, te hablaba del escultor Victorio Macho, del pintor Quesada, de su amistad con Joaquín Rodrigo y Andrés Segovia, de Ataúlfo Argenta y la historia de amor que le costó la vida cuando era el director de moda en España. Le encantaba mostrar fotos y recortes, recorrer el álbum de los sueños y de la música, evocar viajes en su Citroën Tiburón. En su casa, Luis y Gina conservaban libros firmados por Pérez de Ayala, Cela y autores franceses. A ella le gustaba decir que le habían puesto su hombre por un famoso poema, legendario, de Juan Ramón Jiménez en el que se decía: “El cónsul de Perú me lo dice: Georgina Hübner ha muerto / Has muerto. Estás, sin alma, en Lima”. Gina murió en Zaragoza veinte años después que su marido, el pasado domingo. Una de las cosas que más le emocionaba era mostrar la habitación que habían compartido, hablar del mar “que a él le hacía soñar” y acariciar el piano Yamaha con la foto de su único amor. Si le pedías que te repitiese una anécdota, con teatral cansancio respondía: “Te digo lo mismo que decía Luis con los bises: el corazón no se puede dar dos veces”.

JAVIER RUIBAL: 35 AÑOS EN ESCENA

JAVIER RUIBAL: 35 AÑOS EN ESCENA

JAVIER RUIBAL:

 

EL GALANTEADOR DE LA ISLA DE LAS MUJERES

 

[El próximo mes de septiembre Javier Ruibal celebra sus 35 años en la música con tres conciertos. Recupero este texto que le dediqué hace algún tiempo para un libro del escritor y experto en música Luis García Gil.]

 

Por Antón CASTRO

“Javier Ruibal no ha llegado a las plazas de toros o ha llegado a muy pocas y, sin embargo, toca por todo el mundo, tiene un prestigio inmenso. Yo llegué un día en Santo Domingo a casa de Juan Luis Guerra y me sacó un disco de Javier Ruibal como si fuera oro. Es magnífico y para serlo no tiene necesidad de llenar el Bernabéu”. Así ha definido en una larga entrevista Joaquín Sabina a Javier Ruibal (Puerto de Santa María, Cádiz, 1955). Este tipo de elogios son frecuentes hacia este trovador sensual y lírico que se afirma en los sonidos negros del flamenco y abraza en cántico apasionado y galante el jazz, el rock o infinidad de sonidos magrebíes, judíos, turcos y caribeños.


Javier Ruibal es un cantante con magia; y la magia vibra en su voz, en su melodía, en su inspiración arrebatada que habla de seres marginados, de prostitutas, de enamorados irremediables, de los gitanos, de la pasión y del mar, ese mar que va y viene y adormece en la bahía con furia tranquila. Paisano de Rafael Alberti, el rumor del oleaje habita en el temblor de su voz y en el corazón salino de sus versos. Para muchos, Ruibal encarna “el músico de culto” (no hay más que entrar en su página web para comprobar el volumen de “ruibalanos” del mundo), y tal vez sea en los conciertos en directo donde mejor llegue su sensualidad. A veces, el público tiene la impresión de que con sus canciones se adentra en un vergel oriental, en un huerto florido de mujeres, de ebriedad, de erotismo y de alegría.
Autor de seis discos (el último de ellos es “Las damas primero”) y de un recopilatorio como “Sahara”, ha escrito canciones para otros como Mónica Molina o Ana Belén, y son muchos los artistas que han popularizado piezas de su repertorio. Además de cantante y letrista, también es un excelente compositor que investiga, que se arriesga, de ahí que en ocasiones haya sido calificado de “heterodoxo”. Igual se atreve con una versión de una canción de García Lorca que se inspira en una composición de Erik Satie. Es, como ha dicho él mismo en alguna ocasión, un trovador montaraz que hunde la fuerza de su canto en la raíz, en el Mediterráneo.
Admiro a Javier Ruibal desde hace muchos años. La primera vez que lo oí en director fue en Zaragoza, hacia 1988 ó 1989, en la Facultad de Ciencias, en un concierto organizado sobre la canción de autor, del que hablé en otro momento a propósito de la muerte de Imanol, con quien tanto quería. Javier Ruibal dio un recital impresionante: hondo, delicado, intenso, con su guitarra que mezclaba el flamenco, la rumba, la música árabe, los sones del Mediterráneo y la voluptuosidad del que absorbe el mundo con luminosos ojos de asombro y de gozo. Entonces ya, Javier Ruibal me pareció un cantante que salía de “Las mil y una noches” o de una noche del sur con fragua y fuego y bandoleros en la serranía y odaliscas. Fue increíble: talento, calidez, energía, llanto y beso, todo a la vez, administrado con belleza, rigor y profesionalidad. Sufrí un deslumbramiento. Y hacia las dos o las tres de la mañana, en un bar que se llamaba La Avenida de la Ópera, conversé con Javier Ruibal. Más que conversar, le hice una entrevista con otros sonidos y voces de fondo. Sus orígenes, sus raíces, las letras, el gusto por el embrujo que te coloca en el umbral de un precipicio de viajes, paisajes o amores locos...


Ruibal entraba en mi modesta discoteca cada vez que publicaba un disco. Y a finales de los 90 estuve con él en el Puerto de Santa María. No sólo era un magnífico cantante, admirado y querido por otros cantantes, venerado por un público quizá no demasiado mayoritario pero muy atento y sensible a su talento, un guitarrista estupendo, sino que también era, es, un tipo extraordinario. Tuvo el detalle de ser uno de los presentadores de mi libro de cuentos “Los seres imposibles” (Destino, 1998), y lo hizo con canciones. Narró nuestro encuentro en Zaragoza, contó a los asistentes aquella loca noche de copas y palabras, y luego hizo lo que mejor sabe hacer: cantó dos canciones “a capella”. Temblaba el salón de actos de aquel colegio. Y un estremecimiento unánime recorrió a los asistentes, un temblor de estrellas, un fogonazo de emoción. Yo me quedé literalmente pasmado y agradecido... Había ido al Puerto de Santa María sólo a eso, a verlo de nuevo, a oírlo en dos temas prodigiosos. Al salir, un paisano me dijo: “Se habrá dado cuenta: esa voz ya lleva la música dentro...”

 

*Este texto apareció en un libro de Luis García Gil, escritor gaditano, especializado en asuntos musicales.

 

RAFAEL BERRIO: 5 CANCIONES-POEMAS

RAFAEL BERRIO: 5 CANCIONES-POEMAS

CINCO POEMAS Y CANCIONES DE RAFAEL BERRIO

Rafael Berrio es uno de los cantantes españoles con mayor personalidad y talento. Es compositor, letrista e intérprete. Nació en San Sebastián en 1963. Sus letras son hondas, divertidas, irónicas, tienen mucha fuerza. Acaba de publicar un nuevo álbum, ‘Paradoja’, tras dos espléndidos trabajos como ‘Diarios’ y ‘1971’. Ha tenido la gentileza de enviarme cinco canciones-poemas y esta foto suya de Gema Amiama, que lo ha retratado así en el Café-Fado de Coimbra. Ella dice: "Rafael Berrio en plena saudade".

Linko aquí una estupenda canción como 'Mis ayeres muertos'.
https://www.youtube.com/watch?v=cNeoxv79ggc

 

LAS MUJERES DE ESTE MUNDO

Yo me moriré un día borracho junto a una tapia,
y mis pupilas reflejarán la última luz de esa mañana.
Se cuajarán mis ojos rememorando bajo la lluvia
un torbellino de espantos y de bellezas pasadas.

Ya no me importarán entonces ni el hambre ni las estrellas.
Seré para esa nave un equipaje bien liviano.
No me haré de rogar con despedidas interminables,
pues sólo lamentaré perder a las mujeres que amamos.

A las mujeres de este mundo.
A las mujeres que soñamos.
Sólo lamentaré perder a las mujeres que amamos.

Yo me moriré un día de pulmonía bajo los puentes,
y los perros aullarán toda esa inmensa madrugada.
El alba dará mi hora y con el último suspiro
entonaré un salmo antiguo rescatado de la infancia.

Pero no dejaré preguntas en el aire ni reproches.
No me abrazaré a la vida tan desesperadamente.
Por mí, conservará intacto el virgo de su misterio,
pues sólo lamentaré perder el amor de las mujeres.

De las mujeres de este mundo: 
de las mujeres que soñamos.
Sólo lamentaré perder a las mujeres que amamos.

SATURNO

Tristes. Estamos tristes, Saturno. 
Porque en nombre de los galenos
nos has negado el vino. 
El vino que acostumbramos.
La pausa en el suplicio.
El único respiro. 
El vino del olvido...

El vino de los amantes que lo beben frente a frente.
El vino de los soldados que los torna valientes.
El ángelus campesino y el santo vino obrero.
El vino del pueblo austero.

El vino de los marcados por el vino de por vida.
El vino de los sin techo que los mece y los abriga.
El vino de los altares y el vino del rito profano.
El vino del buen samaritano.

El vino del infeliz que lo franquea ante su amada.
El vino del estudiante que lo vomita de madrugada.
El vino que invoca la musa y el que trae la mala idea.
El vino bronco de la pelea.

El vino del exiliado por el que cobra su terruño.
El vino del joven poeta que lo dispensa del ayuno.
El vino del palacio y el corriente de la casa.
El ansia de vino que nos abrasa.

El vino de los entierros tras el caer de la losa.
El vino amargo del duelo, de la ausencia en cada cosa.
El vino reminiscente y el vino del olvido.
El vino que nos duerme compasivo.

El vino de los amigos que lo brindan por su encuentro.
El vino del solitario que lo rumia en sus adentros.
El vino de los grandes fastos y el vinazo de la plebe.
El vino y que la tierra nos sea leve.

El vino del gran mundo y los salones exclusivos.
El vino de las meriendas campestres bajo los pinos.
El vino de las fondas del camino y las posadas...
Adiós a todo eso, camaradas.
Adiós a todo eso, camaradas.

Tristes. Estamos tristes, Saturno. 
Porque en nombre de los galenos
nos has negado el vino. 
El vino que acostumbramos.
La pausa en el suplicio.
El único respiro. 
El vino del olvido...

CASA AISLADA

Una casa aislada en Tierra de Campos, por ejemplo.
Una quietud de estancias en penumbra y muebles trasnochados.
Un cargamento de botellas de vino de Oporto en la despensa.
Una cava secreta bien servida de puros toscanos.


Una casa aislada y modesta, más puritana que alegre.
Un corral de altas tapias y emparrado centenario.
Un salón Luis XV donde un solo libro más no quepa.
Un atlas caduco, un laúd, y un inquilino estrafalario.

Una casa, sin ir más lejos, en el secano palentino.
Un horizonte ilimitado de monotonías curvilíneas.
Un clima áspero y seco en conformidad con el espíritu.
Una casa en un paraje de misticismos y semiruinas.

Una casona vetusta, de alcoba de lecho alto y baldaquino. 
Un gabinete donde escribir con pluma digna de anticuario.
En la cocina dieta sola de sopas de ajo en loza blanca.
Un zaguán, un perro ciego y un inquilino estrafalario.


Ese inquilino 
estrafalario, 
es claro, sería yo.

Que soy quien sueño 
con esa casa 
desde hace años... 
y no la tengo.

CAMBIOS A MANSALVA Y DECADENCIA

Cambios a mansalva y decadencia
como único horizonte en la retina.
Si mis ojos no me engañan sólo veo
cambio y decadencia en torno a mí.

Cambios como aves de mal fario
que anuncian un presente sin pasado.
Un presente insobornable cuya amnesia
causa el cataclismo tras de sí.

Y decadencia, como espada de Damocles
enfilada a la crisma de un futuro,
un futuro en los huesos cuyo rictus 
pocas trazas tiene de buen fin.

Sólo cambio y veleidades por un lado,
y roña y decadencia en su contrario.
Quisiera ver, y no lo veo, otro escenario,
otro argumento que el argumento por excelencia.

Mas sólo cambios a mansalva y decadencia.
Sólo cambio y decadencia
en torno a mí.

Así que cambios y mudanzas trepidantes,
y un desmán de polvo y sillas cojas.
En suma, un panorama donde nadie 
encuentra su lugar ni de perfil.

Así que cambios a mansalva y decadencia.
Y eso es todo, eso es todo en esencia:
Medio mundo se hunde y medio mundo boga.
Hacia dónde, no lo sé decir.

NIENTE MI PIACE

Porque el tiempo es de oro 
perderlo a placer
en un acto solemne 
que triunfe del tiempo:
Beber, por ejemplo.
Dormir, despertar... 
volver a dormir.
Leer una línea al azar del Apocalipsis.
Tratar de ser nadie en la cama que yazco.
Gozar de la manta sutil que me cubre.
Fuera de eso, niente mi piace,
todo me aburre.

Hacer, deshacer, 
en el fondo da igual
mover un peón 
o rendir la partida.
Total, qué es la vida
sino una liturgia 
que vuelve siempre al inicio.
Visto lo visto, qué hacer cuando ya es suficiente:
Fumar y observar cómo el humo se pierde.
Escuchar cómo el tiempo en el reloj transcurre.
Fuera de eso, niente mi piace,
todo me aburre.

Rendir culto al absurdo.
Sentir hondamente la nada.
Darse a la paradoja.
Mirar llover por la ventana.
Hervir un arroz,
fumar lo atroz,
Sentar un ritual de manías.
Hacer un té.
Pensar a la negligé
en locos planes de fuga.

Poner a girar la bola del mundo.
Gastar un humor tremebundo.
Bajar al bar, 
subir,
bostezar.
Anticipar con pereza otro octubre.

Doblar ropa de entretiempo.
Relamerse en la lentitud.
Ir mal de salud...
En fin: vivir; 
vivir, se me ocurre:

Fuera de eso
niente mi piace,

todo me aburre.

 

EL VIAJE DE 2014 DE NICK CAVE

EL VIAJE DE 2014 DE NICK CAVE

El viaje espiritual y sonoro por Estados Unidos

del poeta, narrador y cantante Nick Cave

 

El viaje espiritual y sonoro

del músico Nick Cave

 

Sexto Piso publica ‘La canción de la bolsa para el mareo’, la crónica en verso y prosa de una gira de 2014 por 22 ciudades

 

El músico australiano, nacido en 1957, Nick Cave es un creador aficionado a las máscaras, a las bromas, al cultivo de la ironía. Tiene un gran sentido del humor y no huye de la profundidad. Es compositor, cantante, se forjó en solitario y con un grupo como The Bad Sees, entre otros, y no escatima elogios a los demás: llámense Bob Dylan, Leonard Cohen, Brian Ferry o Johnny Cash.

Es, además, actor y un buen escritor. Lo ha demostrado en algunas novelas, en español se tradujo ‘Y el asno vio al ángel’ (Pre-textos, 1989), y lo demuestra con este libro, ‘La canción de la bolsa para el mareo’ (Sexto Piso. Traducción del poeta Mariano Peyrou), que es un libro de ruta, un viaje espiritual y sonoro, una indagación en el origen de las canciones y también una crónica, personal y sorprendente, de lo que puede suceder en una gira musical. En la furgoneta, en los conciertos propiamente o en los aviones. ¿Qué se piensa, qué se lee, de qué se habla? ¿Qué fantasmas azotan a los músicos, cómo llegan a las canciones esos fogonazos de surrealismo, que subyugan y desconciertan?

‘La canción de la bolsa de mareo’ se centra en una gira del contante con el grupo The Bad Seeds por Estados Unidos en 2014. Cada capítulo se titula como las 22 ciudades que visitan; Nick Cave escribe en el papel de la bolsa de mareo y lo hace con absoluta conciencia: escribe y corrige, anota frases y las acompaña de otras, a modo de apostillas o de intuiciones, de diversos colores, que subraya, etc. Utiliza el  verso narrativo y la prosa poética, reconoce ecos del vate John Berryman o de ‘La Biblia’, y casi nunca elude la confidencia o el autorretrato.

Por ejemplo, en Kansas City, Missouri, dice: “Soy un sistema nervioso que se alimenta de rimas y fantasmas. / Los fantasmas aúllan a través de las palabras haciéndolas armonizar”. Es consciente del carácter onírico de su texto y de su viaje. Anota: “Mis nueves musas duermen tranquilas, sobre mi pecho, pues han concluido su trabajo de hoy (...) En mi sueño, me transportan a través de un paisaje onírico norteamericano, delicado y violeta, una panorámica de solución y resolución, donde lo mejor que podemos hacer se revela sin ningún esfuerzo”.

Nick Cave arranca el volumen con la metáfora de un niño de catorce años que quizá soñase la vida que él ha llevado hasta ahora mismo, hasta estos días amargos en los que acaba de perder a un hijo. Cave apura la lectura de ‘Tejiendo sueños’ de Patti Smith, evoca a la poeta Sharon Olds, dialoga con el espectro de Elvis y compone canciones o las repasa, como ‘La mujer del colmenero’ o ‘El oficial de reclutamiento’. En Minneapolis analiza la relación con el público. Y casi todas las noches, por teléfono o en su atribulada cabeza, habla con su mujer (“coge el teléfono”, le suplica a veces), quizá porque “el corazón siempre está en otra parte”. Otra noche, en medio de la alucinación, ella le dice: “Me están comiendo desde dentro”. Tiene sentido: al fin y al cabo, Nick Cave sospecha que habita una pesadilla y que está a punto de vomitar.

 

 

LA ANÉCDOTA

Cuando lleva a Toronto, Ontario, Nick Cave decide hacer inventario de cuánto ha viajado, de lo que ha visto, de los conciertos, etc. Escribe de su peculiar odisea y explica la imagen inicial: “El hombre que sale al escenario en el Sony Centre de Toronto no se da cuenta de que no es un hombre en absoluto. Es el sueño de un niño que está de pie, con lágrimas en los ojos, paralizado en una trepidante vía de tren. El hombre y el niño se sueñan el uno al otro”.

 

*De la serie 'Lecturas de Verano' de Heraldo.

 

PACO CUENCA: ALGUNOS VERANOS

AVENTURAS DE VERANO

  

“No he veraneado dos veces

en el mismo lugar”

 

Paco Cuenca  (Tarbes, Francia, 1961) es cantante, empresario y se está revelando como fotógrafo en el proyecto Sinestepolis. Acaba de rendir tributo a Jacques Brel, con Coco Balasch y Pedro Gan, y es autor de varios discos, entre ellos uno dedicado a la canción francesa.

 

-1. ¿Qué hace un cantante en verano?

Por regla general, cantar, si se puede. Es, para la mayoría de los artistas, temporada alta. De modo que el verano es tiempo de final de trayecto, de recapitulación y de planificación. Pero también es tiempo de calma, diversión, lecturas, viajes y aventura. Todo esto agitado, no batido.

 

-2. ¿Ser músico significa ser un poco canalla, noctámbulo, bohemio? ¿Cuál sería la canción de su vida? 

No me gustan los canallas y pretendo no serlo. Los artistas que más admiro son personas responsables, respetables y de moral ordenada. Los prefiero revolucionarios, sin duda, es decir gentes responsables, respetables y de moral ordenada. Los bohemios no van a las barricadas, los noctámbulos no llegan a tiempo y los canallas están del otro lado. La canción de mi vida es ‘Ámsterdam’, de Jacques Brel. Tengo la suerte de cantarla y vivirla desde adentro.

 

-3. ¿Dónde suele veranear?

No recuerdo haber veraneado dos veces en el mismo lugar. No tengo pueblo, ni gran casa familiar, ni paraje que me reclame. Es la parte dolorosa y ciega del desarraigo, pero también tiene su parte dulce y luminosa. El apátrida va donde quiere. Y yo siempre he querido ir lejos, lo más lejos posible. Me recuerdo, niño y no tanto, mirando al horizonte, deseoso de emprender viaje, de partir. Aunque en Francia tuve una infancia de bosques, ovejas, montaña, aire puro y bicicleta soy urbanita.

 

-4. ¿Qué hace en esta época diferente al resto del año? 

Tomarme el tiempo de perderlo. La rutina tiene mala prensa pero a mí, la mía, me gusta y me sienta bien. Aún así aprovecho el verano para invertir los términos dejando que lo extraordinario sea lo ordinario y viceversa.

 

-5. ¿Cuáles son el viaje y la ciudad de su vida?

-No hay ciudad o hay muchas, demasiadas para ser preciso. Hice la ruta 66 conduciendo de Chicago hasta la playa de Santa Mónica y planeo recorrer la panamericana, los 25.000 km que tratan de unir Alaska con Tierra de fuego y vuelta a Buenos Aires. Aventura y emociones aseguradas. Soy feliz yendo siempre un poco más allá.

 

-6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Feliz, modesta y siempre combativa. Yo me encargaba sobre todo de la felicidad. Al combate se entregaban con generosidad mis padres, sucediendo a mis abuelos. Recuerdo haber venido cuatro veces de vacaciones a España. Era toda una aventura, un mundo nuevo, embriagador: los olores, el calor multicolor, las voces, el negro veneno, el bullicio, los pueblos sin agua corriente, los vendedores de barras de hielo... Pero quizá mi mejor verano fue el del año del traslado de mi familia desde el sur de Francia a París. Dos meses muy vividos, intensos, desbordantes de risas y exuberantes de descubrimientos que pasé con mi hermano Alain y mi primo (mi otro hermano) Patrick.

 

-7. ¿Qué le ha dado Francia, qué le debes en realidad?

 El azar y el destierro, las guerras y sus desastres me han hecho nacer en un lugar que es, al tiempo, mi patria chica y el exilio. No es poca cosa. A esa circunstancia accidental debo, en primer lugar, el idioma, mi lengua materna, esa que edifica, traza, esculpe. Y el idioma trae consigo las costumbres, la manera de relacionarse, los estudios o, en su defecto, los aprendizajes y la cultura, ese todo inacabable que, a esa edad, va desde Napoleón triunfal, la desconfianza hacia el teutón, la envidia al británico, Poulidor, Ocaña y el tour de Francia, Molière gimiendo moribundo, Fernandel, Boris Vian, la República, Asterix, el rugby, Dumas, Hugo, Zola... Todo eso me ata, además de que mis abuelos y mi bisabuela estén enterrados allí.

 

-8. ¿Cuál sería el menú ideal de un día perfecto?

Despertar, muy de madrugada, junto a mi maravillosa compañera María, el olor temprano a pan tostado, ver amanecer, disfrutar de mi familia, de mi hijo Léo, ser útil en cualquier actividad, aprender, hacer fotos, cantar, escribir, crear, invitar a comer, dejarme aconsejar, homenajear a mis amigos, trasnochar hasta verme forzado a dormir, exhausto. Todos mis días son perfectos. Hago lo que quiero, estoy con quien quiero. Soy el hombre más feliz del mundo.

 

-9. ¿Cómo recuerda la primera vez?

La primera vez que canté delante de alguien fue en Bruselas. Suena algo exótico pero fue sin gloria, ante cinco o quizá seis adolescentes y nadie, ni siquiera mi hermano que estaba cerca, lo recuerda. Pero así fue. Tenía catorce años.

 

-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

 Puesto a elegir sólo uno, escojo a mi abuela, dulce, encorvada, analfabeta, valiente y generosa preparando para sus tres nietos, en aquella cocina minúscula con olor a ganado del sur de Francia, aquellas «gachillas» inolvidables que, para evocar aquellos años felices, preparo ahora yo para los mismos comensales. Su historia de derrota y viles padecimientos no es la de mi abuela, es universal y merecería un libro. Quién sabe, quizá un día...

 

11. ¿Por qué lleva una especie de diario fotográfico?

La fotografía es una pasión, una necesidad. Fotografío las gentes que me rodean, que me cruzo, con las que convivo sin conocerlas. Para satisfacer mi otra necesidad, la de escribir, pensé un día que complementar una cosa con la otra tenía sentido. Así fundé Sinestepolis, una ciudad imaginaria que voy poblando con los ciudadanos de mis fotos y cuyos nombres e historias son pura fábula. El proyecto constará de unos 5000 personajes, con sus micro-historias-guiones.

 

-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’ de 140 caracteres, ¿qué diría?

El frufrú de las faldas/el cricrí de los grillos/el runrún de las olas/el cliclín de las copas/el muamuá de los besos/el sabor del verano.

 

-13. ¿Cuál es su mejor anécdota veraniega?

Por mi apego al pasado y a las tradiciones decidí buscar y juntar toda mi familia, los descendientes de mi abuelo Francisco Cuenca y de sus seis hermanos en ocasión de la «fiesta del emigrante », en pleno agosto, en Piñar, Granada, el pueblo de nuestros antepasados. Con la ayuda necesaria e insustituible de mi padre logramos encontrar y reunir 150 familiares que la diáspora de la pobreza y las guerras habían separado. Aquella convivencia y reencuentro es el acontecimiento más memorable y extraordinario de todos mis veranos. Aunque no está relacionado con mis actividades. O quizá sí.

 

*Estuve ayer, con Ricardo Calero, Ismael Grasa y Eva Puyó, y con muchos amigos más, con el cantautor Paco Cuenca. Recupero por ello esta entrevista de hace dos veranos.