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Antón Castro

Temas aragoneses

CARBONELL EVOCA A LABORDETA

CARBONELL EVOCA A LABORDETA

  [Joaquín Carbonell me envía este artículo que se publicó el pasado domingo en ’El Periódico de Cataluña’ con motivo de la aparición de su libro ’Querido Labordeta’ (Ediciones B) que se presenta mañana miércoles 19 a las 19.30 en las Cortes de Aragón.]

 

 

MI QUERIDO LABORDETA

Joaquín Carbonell

 

 

Al presentar “Pongamos que hablo de Joaquín”, mi mirada personal sobre la vida y obra de Joaquín Sabina, me hice la pregunta que me hago siempre. Había dedicado tres años de trabajo a encauzar esa biografía. ¿Y ahora? Lo supe de inmediato: ahora toca Labordeta.

 

Le había pedido a José Antonio que me escribiese una introducción para el libro de Sabina, y no le quise comentar que un día tendría que afrontar su propia biografía. En otro tono, y con otra fórmula, ya lo había hecho: con José Miguel Iranzo le propusimos grabar una película de una hora, donde el propio cantautor va desgranando los episodios más destacados de su vida ante la cámara. Labordeta se muestra brillante como siempre fue, tan habituado a los focos y las miradas. Se muestra ingenioso, divertido, ocurrente, pero también profundo y asolado por esa tristeza que de ninguna manera se podía quitar de encima. También ese día supe que tenía que escribir los momentos únicos que pasamos a lo largo de 40 años.

Todo eso lo supe, pero no se lo dije nunca. La enfermedad le castigó con tal crueldad que al poco de escribir la biografía de Sabina, falleció. No pudo asistir a la presentación que hicimos en tantas ciudades y pueblos.

 

Alguna vez le he comentado a Juana, su viuda, que después de ella soy la persona que más tiempo ha frecuentado su existencia. Desde aquella mañana de 1967, cuando lo descubrí en el escenario del teatro del Instituto Ibáñez Martín, de Teruel, se puede decir que ya nunca dejamos de vernos con mayor o menor frecuencia. Son muchos años, son 43, que se cerraron la madrugada del 19 de septiembre de 2010, cuando falleció en una habitación del Miguel Server de Zaragoza, a la una y media del domingo.

Tenía necesidad urgente de poner eso por escrito, de contar a quien quisiera leerlo, que mi vida cambió de eje a partir de ese momento en que le vi dirigir a unos chicos tímidos e inexpertos, nada menos que una cumbre como “El mercader de Venecia”.

Tenía ganas de contar todo eso. En realidad lo he hecho desde pequeñas colaboraciones que a menudo me han pedido. Pero la mies era tanta, el agua de esa vida era tan caudalosa, que exigía todo un libro. Una biografía que no alcanza las 500 páginas por 1, qué pena...

Piensen si pueden, qué significa para unos chicos de aquella España gris y amodorrada, de un Teruel devastado y acobardado, acudir por vez primera a un instituto alejado de tu miserable pueblo. Llegábamos con timidez que casi era miedo, para enfrentarnos a una nueva forma de aprender y enseñar. Calculen qué les hubiera parecido cambiar aquellos maestros que solían encauzar a sus alumnos, con una vara de nogal o avellano, por un señor profesor que al saludar a sus chicos el primer día de clase les anunció: “Ya sé que tenéis mucho interés en aprobar, que vuestras becas dependen de sacar buena nota. No os preocupéis: estáis todos aprobados ya. Y el que no quiera venir a clase que no venga”. Fue nuestro primer choque con la modernidad, con un mundo desconocido, donde por vez primera se nos trataba como adultos. Por supuesto, nunca faltábamos a sus clases.

He tenido la fortuna de compartir a este maestro toda mi vida. Por eso este libro ha sido sencillo de redactar; solo tenía que poner a trabajar mi memoria para extraer pasajes de cada una de las etapas de su vida, que en gran medida, ha sido la mía. No me dejo vencer por la nostalgia ni por la ternura que nos suele deparar el recuerdo de la juventud, para endulzar aquellos años. Por fortuna hay otros testigos que también coinciden en la trascendencia de aquellos maestros como Labordeta, que quizás sin saberlo, hicieron de nosotros lo que hoy somos. Recuerdo que mi compañero de pupitre Federico Jiménez Losantos destacó sobre aquella etapa escolar una sentencia luminosa: “En aquella época de Teruel éramos los más modernos de España. Lo que pasa es que España no lo sabía y Teruel tampoco”.

En gran medida, José Antonio Labordeta fue uno de los responsables de que aquellos chicos crecieran hacia un futuro, donde la ética y la responsabilidad fueran agujas de nuestra brújula. Se lo conté a José Antonio una mañana, en esas visitas cuando ya la enfermedad le impedía pisar la calle. Se lo solté con cierta solemnidad, esperando que captase mi ironía gruesa. Le dije: “Labordeta, gracias a ti hoy día puedo decir que soy un desgraciado”. Labordeta me miró sospechando que detrás de esa sentencia venía el chascarrillo. Nos conocíamos tanto que a menudo el simple tono de nuestras voces anunciaba si aquello iba en serio o en broma. Pero la contundencia de mi afirmación lo desconcertó: “¿Un desgraciado?”, preguntó. “Eso es. Mira, yo a los quince años me fui a la Costa a trabajar de botones, luego de camarero, luego de somelier… A estas alturas yo podría ser un empresario hotelero de gran fortuna. Pero fui a Teruel a estudiar, apareciste tú y gentes como Eloy Fernández o Pepe Sanchis Sinisterra, me inyectastéis en vena libros y músicas y aquí me tienes: hecho un desgraciao”. Labordeta descubrió ya que mi relato traía buena carga de somardería, esa veta del humor que crece en Aragón. Me miró con la misma desgana y me sentenció: “No Joaquín, tú no eres un desgraciao. Eres un pringao, como yo”.

Tenía ganas de poner todo eso por escrito porque sé que el personaje lo merece. No abundan tipos como este Labordeta que fue capaz de mandar al carajo a un grupo de señores diputados sentados en las poltronas de todo un Parlamento nacional. Eso no suele suceder. Por eso, la noche en que soltó aquella agreste frase, media España supo que todos los políticos no son iguales, media España confirmó lo que ya sospechaba: que Labordeta era uno de los suyos. Un tipo así merece que su vida sea contada. No andamos sobrados de personajes tan auténticos, nobles, valientes, audaces y rebeldes. En realidad, una vez ausente Labordeta, yo no conozco a ningún otro.

 

Recorrer la vida de José Antonio Labordeta es pasear de la mano por la historia de los últimos 50 años de Aragón y por supuesto de España. En Aragón su huella es abrumadora: creador de la Nueva Canción Aragonesa (que él con su humor socarrón definió como “Nova Cançó Baturra, recogiendo el soniquete de la Nova Cançó). Cofundador de “Andalán”, esa revista cultural de izquierdas, que trató de quitar la costra baturra a un Aragón soñador de nubes. Siempre contracorriente, siempre fuera de la parva, siempre peleando contra una tierra que pretende regresar a un futuro de opacas miserias. Labordeta se convirtió de inmediato en la diana de una burguesía (¡) local que odiaba que alguien leyese novela americana… Ahí estaba reluciente la figura de su hermano Miguel, añorada toda la vida por José Antonio, como alocado tocapelotas de esos mediocres funcionarios zaragozanos.

Y la televisión. Y la cultura. Y la orientación a los más jóvenes. Y las canciones. Y el Parlamento nacional. Son muchas cosas. Tantas que ahora me doy cuenta de que he redactado la biografía del último español añorado con sinceridad innegociable por un pueblo necesitado de referencias. De gestos nobles y de experiencia doctoral. Ya no hay locos, gritaba el poeta, después de enterrar a Don Quijote. Labordeta es de momento el último taciturno, el eterno mosqueado, el fundador de la IDA, la Izquierda Depresiva Aragonesa, un reflejo de estos seres iluminados, de los que entran cuatro en ocho docenas. Y él fue el primero.

PACO PONS: UNA ENTREVISTA

PACO PONS: UNA ENTREVISTA

’TRECE AL SOL DE...’ PACO PONS. LIBRERO

 

José Francisco Pons es librero zaragozano e hijo y padre de libreros. Este año, tras mucho tiempo al frente de Librería Pons, se jubila. Responde aquí a un cuestionario veraniego, lleno de detalles y de autobiografía.

  

-1. ¿Qué hace un librero en verano?

-Un librero que acaba de jubilarse está asumiendo su nueva etapa vital y disfruta del clima y del paisaje del Pirineo –en Villanúa– como vengo haciendo desde hace muchos años…

 

-2. ¿Dónde sueles veranear?

–R: Mi mujer y yo dedicamos una parte de las vacaciones al Pirineo aragonés y otra parte a algún rinconcito tranquilo, dentro o fuera de España. Este año hemos estado recordando los paisajes de la Bretaña francesa, algo que conozco bien desde mi juventud.


-3. ¿Eres de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo? ¿Por qué?

-R: Soy más de ritmo que de lugares. Por ello, evito sitios que estén muy concurridos, tanto si son en playa como en montaña. Por otro lado, Rosa Mari y yo preferimos la vida tranquila, aunque en algún momento pudiera parecer casi aburrida. Una especie de imitación al “Beatus ille…” de Horacio, pero en el siglo XXI, claro.


-4. ¿Qué haces diferente al resto del año?

 -R: Como me acabo de jubilar, me imagino que la realidad será diferente, a partir de ahora. En los años anteriores, lo que buscaba era tranquilidad, tiempo para pensar, para leer – más todavía – para reencontrarme con rincones, paisajes y aunque suene un poco cursi, si puedo, para encontrarme conmigo mismo, que tan poco viene mal de vez en cuando el tomarse un café con uno mismo…

 


-5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? ¿Y la ciudad?

 R: Hay varios que recuerdo con cariño: Visitar el Cabo Norte en el extremo superior de Noruega; Perderme por las calles de Venecia, sin plano ni guía durante una semana; Pasear tranquilamente por los pueblos cercanos al Cabo de Gata (Almería) o por los rincones menos conocidos del Pirineo Aragonés. En cualquier caso, mis viajes preferidos están asociados a una compañía, de mi familia claro.  En cuanto a la ciudad, quizás “Dinan” – en la Bretaña francesa - sería un rincón en el que podría vivir muy a gusto. Recomiendo dedicarle unos días a esa ciudad, que sigue anclada en la Edad Moderna, aunque goce de los elementos propios de la vida actual.


6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo fue esa época para ti? ¿Existe una vinculación directa con los libros, con las librerías?

R: Mi vida ha estado vinculada a los libros y a las librerías, casi desde el momento de mi nacimiento. No en vano, soy hijo de libreros, estoy casado con librera y ya soy padre y suegro de libreros. Durante mi infancia conocí el Pirineo aragonés, pues pasaba unos días en Biescas, con mis padres.  En mi adolescencia, pasé los veranos en la Bretaña francesa, viviendo en una granja con una familia con la que mantengo vínculos casi fraternales cincuenta años después. Esa etapa influyó mucho y bien en mi formación.

 
-7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de entonces, el que más te persigue? 

 -R: Recuerdo con emoción mis estancias en la granja, conviviendo con una familia de seis hijos –eran como hermanos para mí– y haciéndome partícipe de las tareas de una granja agrícola –ganadera, a pesar de ser un “urbanita” zaragozano, que tenía solamente una hermana de menor edad. Recuerdo el primer día que tuve que ir a cambiar el lugar donde se encontraba el toro semental –unos ochocientos kilos– para que pastase en otro campo de hierba. Me miró y decidí que tenía que acercarme, superando el “respetillo” que me daba su mirada. Lo hice y descubrí que hay cosas que debemos hacer, aunque nos asusten.

 
-8.¿Cuál sería el menú perfecto de un día ideal? ¿Qué actividades sueles hacer: caminas, paseas, escribes, trabajas, cocinas, montas en bicicleta...?

 -R: Siempre me ha gustado la cocina sencilla. Además, desde hace 42 años comparto mi vida con una riojana, que ejerce de ello. Un arroz de verduras de temporada, acompañado de una buena ensalada, podría ser el menú perfecto para un día ideal. En  cuanto a las actividades, leo, escucho música, veo cine –en sala grande y en la tele- , me gusta caminar por la montaña y por la ciudad, pero sin “castigar el cuerpo”, como se dice ahora. Como cocinero soy un sencillo “pinche de riojana” y la bicicleta fue mucho en mis tiempos de juventud, pero ahora la he cambiado por mis piernas.

  
-9. ¿Un fetiche de un verano inolvidable?

-R: Recuerdo la emoción de tocar la esfera situada en el Cabo Norte; llegar a la fachada principal de la ciudad nabatea de Petra; emocionarme en los cementerios de los soldados que cayeron en el desembarco de Normandía, durante la Segunda Guerra Mundial, sin distinguir los de los aliados de los de los alemanes, claro. La representación de un “Don Giovanni” (Mozart) en la Opera de Munich también me caló hondo…y en cuanto a momentos inolvidables, algunos que he vivido con mis hijos y mis nietos. Tampoco olvidaré mientras viva cuando a mi madre, ya muy anciana, le contaba cuentos para que se le fuese el temor a estar ingresada en el hospital. Los que he vivido con mi mujer no los comento, por timidez. En cuanto a un objeto, tengo un libro impreso por el yerno de Cristóbal Plantino –Johann Moreto– a mediados del siglo XVI (Amberes) lleno de bellísimos grabados sobre plancha de cobre, que pasó de ser el libro favorito de mi padre a darme ratos muy gratos con su belleza.

 

10. ¿Cuál ha sido el personaje más importante o especial de tus vacaciones?

-R: Además de mi familia, claro, el personaje más importante de mi vida ha sido el sacerdote zaragozano Don Moisés García Sanz, quien influyó muy positivamente en mi formación humanística, con sus consejos y su ejemplo. No soy el único a quien ayudó este sacerdote, pero dejo a los otros que lo comenten, si lo desean.

 

11. ¿En qué han cambiado los veranos con internet? ¿Y con la crisis?

-R: Internet no me ha cambiado los veranos ni el enfoque general de mi vida. Simplemente es para mi una útil herramienta, que procuro utilizar sin emocionarme y solamente cuando la necesito. En cuanto a la crisis, todos estamos afectados por ella, incluso los que no tienen problemas económicos, pues contemplar el entorno debería producirles pesar. Me apena ver y saber lo que me toca conocer.

 

-12. Si tuvieras que resumir el verano en un ‘tuit’, ¿qué dirías?

R: Soy muy torpe para sintetizar, pero diría algo así como: “Vive el verano de forma que haya valido la pena disfrutarlo”.

 

13. ¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a tu profesión de librero?

-R: La más curiosa pudo ser el que mi mujer y yo dedicásemos nuestro primer verano de casados –en el año 1970– a visitar bibliotecas universitarias en Canadá, para abrir mercado para nuestra librería. No dio apenas frutos de negocio, pero fue una experiencia interesante.

 

ELOGIO DE BORJA

Elogio de Borja

 

Borja, Bursau en la antigüedad, es y ha sido una de esas localidades llenas de atracción, de carácter, de personajes. Era ese lugar especial que antecedía a Veruela, a Maleján y Bulbuente. Veruela es el reino del Moncayo, de Bécquer y de la brujería. En Maleján residía Emilio Alfaro, médico que escribía guiones, hacía películas, se carteaba con Buñuel y tenía el corazón inflamado de sueños y política. En Bulbuente veraneaba Julio Alejandro, con su hermana Matilde, que acaba de morir; cuando disminuía la ferocidad del sol se iba hacia el monasterio porque allí “percibía el olor del mar tumultuoso”. Manuel Gracia Rivas es un sabio de diccionario y buen conocedor de la aventura de Pedro Porter y Casanate, el zaragozano que delimitó las costas de California. Borja es el lugar donde nació Juan José Nogués, el único portero aragonés que ha sido internacional absoluto: sus hermanos conservaban sus fotos de “cancerbero de goma” y los recuerdos de un choque heroico ante Mussolini, cuando reemplazó a Zamora. Borja era la tierra de los viñedos, del arte y el patrimonio, del canto coral y del jazz: cada verano la villa se convertía en un apéndice de Nueva Orleáns o Chicago. Y es el lugar donde nació Romualdo Nogués, cuyas memorias aluden a su condición de viejo soldado de Borja, y donde fallecieron y reposan el gran Braulio Foz, Valentina Ventura, aquella niña ideal que fue la primera enamorada de Ramón J. Sender, y Ana María Navales, que culminó allí una vida literaria que discurrió entre Zaragoza, la ficción y las regiones de Bloomsbury. Por ser, Borja es también la tierra de Luis María Garriga, exalcalde y atleta olímpico que saltó justo antes de que lo hiciera el legendario Dick Fosbury.

 

*De 'Cuentos de domingo' en HERALDO DE ARAGÓN. En la ilustración de Cano, la joven Valentina Ventura y su enamorado Pepe Garcés (Ramón J. Sender, de niño).

EL AÑO QUE MURIÓ MARILYN

[Ayer domingo, en su sección 'Nunca se sabe' de Heraldo de Aragón, Luis Alegre publicaba este artículo centrado en su infancia y adolescencia y en su gran amigo José Luis Campos, que acaba de cumplir 50 años.]

LOS DEL 62 SOMOS GENTE DE SUERTE. NUESTROS PADRES NO FUERON TAN AFORTUNADOS. ES UNA LÁSTIMA QUE NO HAYAMOS SIDO UN POCO MEJORES

 

EL AÑO QUE MURIÓ MARILYN

Por Luis ALEGRE

 

Un sábado de este verano, en Calamocha (Teruel), los quintos del 62 nos reunimos en una velada para celebrar que hemos llegado al año en el que cumplimos los 50. El alma de la organización fue José Luis Campos, alguien que, ya de niño, era el mejor catalizador de todos nosotros. José Luis comenzó a diseñar el festejo en el verano de 2011. Fue la fiesta preparada con más mimo a la que yo haya asistido nunca.

 

Cumplir 50 años tiene algo inquietante. Hace tiempo que ya has rebasado la mitad de la duración media de una vida. Y resulta que estos primeros 50 se te han pasado volando. En una fiesta así también hay otra cosa muy inquietante: te vas a reencontrar con gente después de demasiados años. Con esas personas compartiste casi todo cuando eras un crío y es posible que ahora no compartas casi nada. Y, luego, está la impresión que te puede producir comparar las caras que recuerdas con las caras que ves o advertir la cara que ponen los otros cuando ven la tuya. Uno de los momentos de mayor zozobra es ese en el que saludas a aquella chica que te volvió loco en tu adolescencia. En Calamocha, varios de los quintos del 62 coincidimos en la misma musa: Consuelo Rodríguez. No la veíamos hacía 25 años, por lo menos. Sigue estando mucho mejor que nosotros. A medida que pasaba la madrugada, uno detrás de otro, nos acercábamos a Consuelo y se lo dejábamos caer: “Yo estuve enamorado de ti”. Lo que no nos atrevimos a decirle entonces, se lo decíamos ahora, 35 años después. Se puede tardar más, pero es complicado. Ella, como es natural, nos decía que no se enteró, que jamás lo supo.

 

Los que nacimos el año que murió Marilyn somos gente de suerte. Nuestros abuelos, padres y hermanos mayores no fueron tan afortunados. Somos de los primeros que nos libramos de la Guerra Civil y de la pesadilla de la posguerra, dos insuperables traumas colectivos de la España del siglo XX. Somos de los primeros cuya infancia convivió con el Seat 600, el frigorífico, el bikini, la tele, la calefacción y el agua corriente. Vivimos la muerte de Franco sin llegar a sufrirlo demasiado. Pertenecemos a la primera generación que pudo acceder, de forma masiva, a la Universidad. Nuestra adolescencia coincidió con el furor del baile agarrado y con Marisol en la portada de “Interviú” y nuestra juventud con el 12 a 1 a Malta y la entrada en Europa. Es una lástima que no hayamos sido un poco mejores.

 

Hasta los 18 años los españoles del 62 recibimos una avalancha de impactos emocionales: los goles de Marcelino, las fugas de “El Lute”; el “Yo soy aquel” de Raphael y el “La, la, la” de Massiel; Laura Valenzuela y Joaquín Prat en “Galas del sábado”, Sancho Gracia en “Los tres mosqueteros”, Trampas en “El virginiano” y Pepe Martín y Emma Cohen en “El conde de Montecristo”; el cuerpo de Carrero Blanco por los aires; los Chiripitifláuticos y la voz de Alfonso Sánchez; el Wimbledon de Manolo Santana y el oro de Paquito Fernández Ochoa; los cromos de fútbol; el duelo Eddy Merckx-Luis Ocaña y el duelo Ángel Nieto-Ángel Nieto; el Óscar de Luis Buñuel; Ana Belén en “El amor del capitán Brando” y Amparo Muñoz todo el rato; Arrúa, Violeta y Perico Fernández; Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, El Jabato y el capitán Trueno; Uri Geller con José María Iñigo y Serrano Suñer con Balbín en “La clave”;“Black is Black” de Los Bravos, “El himno a la alegría” de Miguel Ríos, “Balada de otoño” de Serrat, “Eva María” de Fórmula V, “Oh, July” de Los Diablos, “El Jardín prohibido” de Sandro Giacobbe, “Un beso y una flor” de Nino Bravo y “La Ramona” de Fernando Esteso;  Kiko Ledgard y Victoria Abril en el “Un, dos, tres”; el “¿Por qué te vas” de Jeanette en “Cría cuervos” de Carlos Saura; Fernán-Gómez en “El espíritu de la colmena” y Lola Gaos en “Furtivos”; el estreno de “Viridiana”; la muerte de Fofó y de Félix Rodríguez de la Fuente; las paradas de Luis Arconada; el fallo ante Brasil del enorme Cardeñosa; el “Pablo, Pablito, Pablete” de José María García; la peluca de Carrillo; el “La calle es mía” de Fraga, el “Ja sóc aquí” de Tarradellas y el “Hay que ser socialista antes que marxista” de Felipe González; el delirio terrorista; Eloy Fernández Clemente en la cárcel y Emilio Gastón en el Congreso;  “La peseta” de Joaquín Carbonell; “La vieja” de José Antonio Labordeta y “Venimos simplemente a trabajar” de La Bullonera; “Linda” de Miguel Bosé y aquello de “Al día siguiente nacía y luchaba por sobrevivir”, de los Pecos, y “Siempre me voy a enamorar de quien de mí no se enamora” de Camilo Sesto.

 

También nos marcó algo: la loca obsesión de nuestros padres por darnos una vida mucho más fácil que la suya. No estoy seguro de que les hayamos agradecido como merecen hasta qué punto lo lograron. Esa murga de “la cultura del esfuerzo” la representan ellos mucho mejor que nosotros y, desde luego, mucho mejor que los que nacieron desde mediados de los 70 y, por supuesto, que los que han nacido en los últimos 20 años. La última generación ha vivido una España más confortable, menos exigente, más definitivamente pija. Ahora se descubre que muchos de los cimientos de ese bienestar eran extremadamente frágiles y escondían un artificio, un espejismo, una completa mentira. Una de las grandes incógnitas de esta crisis de terror es si, sobre todo los jóvenes que han crecido entre algodones, están preparados para caminar por la cuerda floja.

 

Justo hoy domingo cumple 50 años José Luis Campos, el líder de mi quinta. José Luis es ahora Director de Comunicación y Marketing de la Denominación de Origen Vino de Cariñena y Director de Onda Cero Calamocha. Antes, animó iniciativas empresariales, sociales y periodísticas, como el despegue del Jamón de Teruel o la consolidación de Antena Aragón. De algún modo, José Luis Campos simboliza lo mejor de mi generación de chicos de pueblo. Él sabe muy bien cómo se camina por la cuerda floja.

 

*La foto de Marilyn es de Bert Stern; la de José Luis Campos de la Academia de Tv.

LUIS ALEGRE: LOS AMANTES DEL JILOCA

[Este domingo, en la contra de ‘Heraldo Domingo’ Luis Alegre publicaba este artículo donde contaba la historia de la diputada María Dolores Serrano, que se fugó con el cura de Calamocha Jerónimo Carela, y abandonó a su esposo Dámaso Paricio. Ambos regentaban el restaurante Zeus. La historia, por múltiples razones, le tocó muy de cerca al cinéfilo, escritor y profesor de Lechago.]

  

LOS AMANTES DEL JILOCA

 

Por Luis ALEGRE

 

HACE 25 AÑOS LA FUGA DE DOS AMANTES MUY PARTICULARES

EN LA COMARCA DEL JILOCA SACUDIÓ A LA SOCIEDAD ARAGONESA

 

 

Esta madrugada han acabado las fiestas de Calamocha, el otro pueblo de mi vida. Los días siguientes a las fiestas siempre eran los más anodinos del año. Nunca pasaba nada. Pero un día pasó lo que no había pasado nunca.

 

Fue el domingo 23 de agosto de 1987. Lo que sucedió fue esto: María Dolores Serrano, vecina de Calamocha y diputada por el PSOE en las Cortes de Aragón, se fugó de su casa con Jerónimo Carela, párroco de Báguena, otro pueblo de la Comarca del Jiloca. Dolores, de algo más de 40 años, estaba casada con Dámaso Paricio, de algo más de 50, y ambos regentaban el Zeus, un restaurante de Calamocha. No tenían hijos. Dolores y Jerónimo, el cura, eran primos lejanos. Justo ese domingo 23, a las 12, se celebraba en Báguena la misa central de sus fiestas. Los feligreses llenaron la Iglesia pero el párroco no apareció. Uno de esos días se celebró una reunión del PSOE en Daroca y extrañó mucho que Dolores no hubiera avisado de su ausencia. Se tardó un tiempo en relacionar las dos desapariciones. El suceso fue una bomba. La exclusiva apareció en “El Día”, el diario que dirigía Plácido Díez, el gran periodista de Fuentes Claras, otro pueblo del Jiloca. Plácido conocía muy bien a Dolores.

 

La gente no daba crédito. La cosa tenía su aquel: un cura rural y una roja, amantes furtivos, se habían dado a la fuga. Y, encima, eran primos. Y, encima, la roja era una mujer casada. El que menos crédito daba de todos era Dámaso, el marido. Lola Campos le hizo en Calamocha una entrevista inolvidable. Dámaso pensaba que ella volvería: “20 años de matrimonio no se pueden tirar así por la borda”. Dámaso era de Villarquemado y Dolores de Huesa del Común. Habían llegado a Calamocha en los años 70.  Allí montaron una pequeña tienda y luego abrieron el Pub Calamocha. Ese verano del 87 habían reconvertido el bar El Chato en el restaurante Zeus. Dámaso conocía a Jerónimo porque allí, en el Zeus, los dos primos se habían reencontrado. Pero en ningún momento Dámaso barruntó que en esa relación había gato encerrado. Luego se supo que la atracción entre Dolores y Jerónimo se remontaba a la adolescencia. Eran dos primos que se gustaban desde siempre. Eso sí que no es tan raro.

 

La noche del sábado 22 de agosto Dámaso, Dolores y Jerónimo coincidieron en un festejo en Calamocha. Jerónimo cantaba jotas mientras le pasaba el brazo por el hombro a Dolores. Antes de huir Dolores escribió dos cartas, una a Dámaso y la otra a una amiga. Cuando Dámaso reparó en la fuga de su mujer fue a Báguena y, dentro del coche, aguardó un buen rato delante de la casa del cura. Pero hacía horas que Dolores y Jerónimo se habían marchado en un taxi. Dolores se había ido de casa con la caja del restaurante y dejando a su marido sobrado de deudas. Poco después de saltar la liebre, los proveedores del Zeus, al ver que no podrían cobrar, entraron en el local para llevarse lo que era suyo.

 

Otros que andaban perplejos eran los compañeros socialistas de Dolores. Hipólito Gómez de las Roces acababa de relevar a Santiago Marraco en la presidencia de la DGA. Dolores era la única mujer en el Parlamento aragonés. El PSOE necesitaba su escaño pero el reglamento impedía disponer de él si la diputaba no renunciaba expresamente. Localizaron a Dolores por teléfono en Madrid, el primer lugar al que se dirigieron los amantes. Pero Dolores no renunció a su escaño. Luego, a Dolores y Jerónimo se les perdió la pista. El PSOE nacional indagó su paradero pero no hubo manera de dar con ellos. Formaban una pareja llamativa: Dolores, corpulenta; Jerónimo, casi todo lo contrario.

 

En 1989 Margarita Barbáchano dio una lección de periodismo de investigación y los encontró en Barcelona. Jerónimo trabajaba de conserje en un colegio de los Jesuitas. Dolores aceptó la entrevista de Margarita con un par de condiciones: no admitía preguntas personales y no se podía revelar su domicilio. La entrevista salió en el primer número de Diario 16 de Aragón y en ella Dolores se comprometía a devolver al PSOE el acta de diputada cuando saliera publicada. Así lo hizo. Margarita recuerda que aquel encuentro fue muy tenso: “Eran desconfiados, temerosos, reservados, estaban muy dolidos con el mundo”. En 1998 Margarita publicó “La dama rosa”, una novela que, en clave de ficción, recreaba la peripecia. A Juan Luis Galiardo le gustó tanto que proyectó una película escrita por Azcona y dirigida por García Sánchez. Fue una lástima que no saliera porque el argumento lo encerraba todo: aventura romántica, intriga, crónica de sucesos, culebrón, sainete, tragicomedia esperpéntica, thriller político, incesto, cuernos, morbazo, perdedores, las dos Españas, el clima moral de la España rural, un cura en pecado mortal y todo tipo de aristas de la condición humana.

 

Si hubo una familia impactada y desconcertada por este episodio esa fue la mía. Dámaso y Dolores eran muy amigos nuestros. Mi padre Alberto y mi hermano Salvador se emplearon en el pub Calamocha y mi prima Maribel y mi primo Raúl lo hicieron en el Zeus. La Nochebuena, la Navidad y la Nochevieja las celebrábamos con ellos. Una de las primeras cosas que hizo Dámaso al advertir la desaparición de Dolores fue ir a ver a Maribel y su marido Aurelio por si sabían algo. Dolores era culta, resuelta, emprendedora, arrolladora. Dámaso era un bendito. En nuestras reuniones, Dámaso tocaba el acordeón y nosotros cantábamos. Dámaso había sido el acordeonista de una orquesta que recorría las fiestas de los pueblos.

 

Dámaso se fue de Calamocha y, entre otros lugares, vivió en Luceni y Villanueva de Gállego. Solía trabajar de camarero. Venía a vernos de vez en cuando a Zaragoza y, cuando quería, las nochebuenas las pasaba con nosotros. Dámaso no conocía el rencor. Aún mantenía la esperanza de que Dolores volviera a su lado. Dámaso me parece, cómo no, el gran personaje de este relato.

 

El otro día supe que Dámaso murió hace unos años y que Dolores y Jerónimo han comprado una casa en un pueblo aragonés.

 

Nunca había escrito de esta historia que de forma tan intensa forma parte de mi vida. Y hoy, 25 años después, me ha apetecido brindar por Dolores y Dámaso. Como brindábamos en aquellas Navidades de Calamocha. Que fueron menos frías gracias a ellos.

 

 

CARRASQUER ELOGIA A RAMÓN ACÍN

[Francisco Carrasquer Launed fue un entusiasta de la obra y de la vida de Ramón Acín. Le dedicó varios artículos. Esta mañana, Emilio Casanova, que administra la interesantísima página web de la Fundación Katia y Ramón Acín, me ha enviado dos artículos de Carrasquer sobre Acín. Uno aparecido en el catálogo de la muestra de 1988; del otro aparecido en la revista ‘Trébede’, selecciono este fragmento.]

 

Ramón Acín por José Luis Cano, 1992.

 

Ramón Acín cree sobre todo en la educación, en la formación de la personalidad más que en el profesionalismo de «hacer carrera» y más que en la Información que puede ser mediatizada. Cree y se aplica a los métodos de la Escuela Nueva, cuya promoción impulsará con otros compañeros del joven magisterio oscense: Evaristo Viñuales, Francisco Ponzán..., con quienes se asoció para la difusión de la imprenta en la escuela, técnica del pedagogo francés Celestin Freinet, con la que los niños son capaces de investigar, estudiar y escribir e ilustrar juntos su propia revista, que intercambian con revistas de otras escuelas también confeccionadas por los alumnos. Con la imprenta en la escuela, no sólo aprenden los escolares a escribir, entre otras cosas, sino también a responsabilizarse de lo que hacen y, por trabajar en equipo, a contar con los demás, que es lo más importante que tienen que aprender y practicar los españoles.

Como artista, Ramón Acín no estuvo falto de talento e ingenio, aunque no me atrevería a calificar su arte de genial. Fue seguramente mejor maestro de dibujo que dibujante magistral, sin que por eso pueda llamársele un negado para la creación artística; al contrario, era un creador de arriba abajo, empezando desde su propia vida hasta sus ideas, pasando por sus aficiones manuales, sus hobbies y su labor en las artes plásticas. Quizá en lo que más destacó, como artista plástico, fue en la escultura. Sus estilizaciones de chapa metálica recortadas y sus famosas Pajaritas del parque, municipal de Huesca, atestiguan de sus aciertos en el arte escultórico, un arte más que simple y sencillo humilde, como lo califica Antonio Saura. No me resisto al impulso de transcribir aquí unas líneas de este gran pintor, también oscense, a propósito de esas Pajaritas:

«En realidad, he conocido a Ramón Acín por amor a una escultura. Esta escultura se convirtió en fetiche infantil, símbolo del perdido jardín de las delicias; icono fijado para siempre en la fervorosa nostalgia, resumidor, incluso, del sensual vuelco de la mirada. Desde mi infancia, este monumento ha permanecido en la memoria como un símbolo de mi ciudad natal, como un espacio feliz y central cuyo recuerdo se impregnó más tarde, en el conocimiento de la historia, de un contenido trágico.»[i]

 



[i] Antonio Saura, “Las Pajaritas de Ramón Acín”, pág. 63, en Ramón Acín 1888-1936, Manuel García Guatas (dir.), Huesca-Zaragoza, Diputaciones Provinciales, 1988.

ADIÓS AL BOXEADOR DE MAUTHAUSEN

SEGUNDO ESPALLARGAS ‘PAULINO’.

EL ÚLTIMO COMBATE DEL BOXEADOR DE MAUTHAUSEN.

 

Por JUAN MANUEL CALVO GASCÓN

Montserrat Llor, periodista y amiga, ha sido una de las últimas personas en entrevistarle y en la semblanza que hizo de Segundo Espallargas (Paulino), tan sólo hace unos meses (EL País 27-05-2012), ya señalaba que se encontraba debilitado, aunque aún era capaz de mostrar instantes de aquella fortaleza que le permitió sobrevivir al infierno de Mauthausen. Hoy ha sido la propia Montserrat quien nos ha comunicado la noticia de su fallecimiento, a los 93 años, en Francia, el país que le acogió dos veces en su azaroso trayecto, tras la derrota republicana a principios de 1939.

 

Segundo Espallargas había nacido en Albalate del Arzobispo, pero su infancia y primera juventud transcurrió en Alcañiz donde se habían trasladado sus padres para ocuparse del negocio familiar. Segundo explicaba, en uno de los documentales a los que dio su testimonio, como entró en contacto con el mundo del boxeo en la capital bajoaragonesa a partir de los 12 años.  La Guerra Civil dio un vuelco a su juventud, a su vida  y a su práctica amateur del boxeo. Pero fue este deporte el que, años más tarde, le salvó la vida en Mauthausen, aquel antro de terror, hambre, enfermedad y muerte al que fue deportado, junto a otros 7.000 españoles, durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Segundo ingresó el 27 de enero de 1941, cuando acababa de cumplir los 22 años, en el mayor transporte con republicanos deportados a Mauthausen: aquel día fueron registrados en el campo 1.500 republicanos. Su fortaleza física y su condición de boxeador le llevaron  a ser elegido, por los SS del campo, como uno de los participantes en los combates organizados algunos domingos para su entretenimiento. Combatió con boxeadores, prisioneros como él, de diferentes nacionalidades y una derrota podía acarrearle la muerte inmediata. Fue conocido popularmente entre los internos como “Paulino”, en recuerdo del boxeador guipuzcoano Paulino Uzcudun, y reconocía cómo el boxeo le había permitido sobrevivir. Su figura fue un acicate para sus compañeros republicanos quienes veían, en los combates de “Paulino”, el reflejo de su lucha y resistencia por la vida y la dignidad entre aquellos odiados muros de granito.

 

Han sido números supervivientes quienes han recordado los combates de “Paulino” y, entre ellos, destacaremos el testimonio del fragatino José de Dios  quien lo describía como un campeón neto que ganaba los combates por K.O y el de Mariano Constante al señalar cómo sus victorias le habían hecho merecer el respeto de sus compatriotas y le habían salvado de los trabajos más pesados. Segundo había estado destinado a trabajar a la estación de Mauthausen descargando trenes que transportaban pesadas mercancías y, tras sus primeros combates, fue destinado a la cocina. Un nuevo destino que le sirvió, también, para colaborar con la organización clandestina de los españoles. Su estancia en el “campo de los españoles” no estuvo exenta de peligros, puesto que nadie tenía asegurada la supervivencia en aquel infierno, donde la muerte estaba presente cada día y en cada instante. A pesar de ello, Segundo, reconocía su condición de privilegiado que le permitió llegar vivo a la liberación y era muy consciente del trato inhumano al que fueron sometidos, hasta las últimas consecuencias, tantos compañeros de infortunio.

 

Decíamos que Francia le acogió por segunda vez. Y así fue: tras la liberación de Mauthausen, en el lejano mes de mayo de 1945, los republicanos españoles no pudieron regresar a España y Francia se convirtió, para la mayoría de ellos y también para “Paulino”, en su nueva Patria.  En tierras francesas boxeó algunos años, trabajó y formó una familia. Regresó de forma asidua a su añorado Bajo Aragón, donde aún conserva familiares. Alcañiz y Albalate eran lugar de encuentro y de añoranzas juveniles que le  reconfortaban y a dónde aún pensaba, en los últimos años,  en trasladarse a vivir.

 

Participó en el homenaje a los deportados de la comarca del Bajo Martín que se celebró en la primavera de 2006. Su animada presencia, entre los familiares de las víctimas de la comarca, es uno de las imágenes que conservo de aquellas jornadas. Y sobre todo recuerdo el abrazo que me dio cuando Antonio del Río (alcalde de Albalate y hombre sensible a la memoria de la deportación) me lo presentó. En aquel afectivo abrazo de “Paulino” noté su fortaleza física y su enorme humanidad. Presidió el acto oficial y sus emocionadas palabras, en las que se mezclaba un marcado acento aragonés con expresiones francesas, fueron un momento cargado de emotividad donde Segundo mostró públicamente su agradecimiento por lo que se estaba haciendo aquellos días recordando a las víctimas locales de la deportación.

 

Su imagen y su voz apareció en dos documentales de factura aragonesa: ‘Aragoneses en el infierno de Mauthausen’ y ‘Adiós a la vida’ de Mireia Ruiz y Ramón J. Campo respectivamente. Problemas de salud le impidieron asistir al homenaje realizado por el Gobierno de Aragón, en Zaragoza, en mayo de 2010.

 

Segundo Espallargas Castro, “Paulino, el boxeador de Mauthausen, se ha ido definitivamente. Una voz más que se apaga. Un testigo menos para recordar aquella barbarie. Su lucha ha sido larga y tortuosa  pero,  sin duda alguna, un ejemplo de resistencia que le ha garantizado la victoria en su combate permanente por la dignidad de todas las personas y por el mantenimiento de la memoria de quienes, menos afortunados que él, no pudieron regresar de los campos de la muerte.

 

FÉLIX G. MODROÑO: RETRATO DE LISA

FÉLIX G. MODROÑO: RETRATO DE LISA

[Conocí a Félix G. Modroño, escritor y fotógrafo y muchas cosas más, en Sevilla, nos hemos carteado, leí su novela ‘La ciudad de los ojos grises’, que mezcla la evocación sentimental, el thriller, la aventura, entre París y el País Vasco]: Te envío la fotografía de una joven francesa, incipiente directora de cine. Se llama Lisa Díez Gracia y presentó en Gijón su película ‘La línea invisible’. Por otra parte, sigo de promoción de ‘La ciudad de los ojos grises’. La verdad es que estoy muy contento de cómo está funcionando el boca a boca, pues ha salido la segunda edición...