RETRATO SERENO DE HANNA SCHYGULLA
Andrej Glusgold retrató así a una serena Hanna Schygulla.
Andrej Glusgold retrató así a una serena Hanna Schygulla.

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) siempre lo ha tenido claro: la literatura era su pasión, y a ella se ha dedicado con método, con claridad, con vocación de contar sin ínfulas, con un estilo sereno y límpido, elegante y eficaz, como lo hacen lo clásicos o los maestros del cine norteamericano: con un estilo invisible. Pisón, además, destacó desde muy pronto por algo más: por la elaboración tranquila de un universo que se suspendía en la familia y en sus entresijos.
Una y otra vez, en sus cuentos o en sus novelas, ha explorado su propia familia, su condición de hijo de militar con antepasados carlistas, del que se quedó huérfano a los nueve años, y ha explorado familias ajenas, historias y personajes que se le han ido imponiendo. Pisón siempre ha tenido muy claro que ha querido contar su tiempo, y por extensión el siglo XX y XXI. Su obra narrativa puede repasarse como un gran friso realista de los episodios más vibrantes de la historia de España: desde la guerra de África, la guerra civil, la posguerra o la Transición.
Vivió en Logroño y Zaragoza. En la casa de su abuelo materno, en la calle Zurita, descubrió todo un universo de sugestiones. Con él iba al cine o leía en su despacho la ’Enciclopedia Espasa’ y la trilogía ’La guerra carlista’ de Ramón María del Valle-Inclán. Y después la obra de Baroja. En la Universidad de Zaragoza descubrió a compañeros que siguen siendo sus mejores amigos: el bibliófilo José Luis Melero, el poeta Gerardo Alquézar, el profesor Antonio Pérez Lasheras. La lista es mucho más amplia y abarca al economista Vicente Pinilla o al cinéfilo y periodista Luis Alegre. Entre sus profesores, recuerda siempre con mucho cariño a Juan Manuel Cacho, que le enseñó a navegar entre las fábulas y las criaturas de las novelas de caballería, y a José-Carlos Mainer, “que exhibía un conocimiento deslumbrante y globalizador”, y acababa de publicar ’La Edad de Plata’; Mainer siempre ha sido uno de los lectores más atentos de su obra.
Ignacio Martínez de Pisón se casó con María José Belló, profesora de inglés e hija de Luis Belló, el ex futbolista y ex entrenador del Real Zaragoza de Los Magníficos, y juntos se trasladaron a Barcelona. Tienen dos hijos: Eduardo y Diego. Pisón se licenció en Filología italiana, dio algunas clases, pero pronto vio que ese no era su camino. En1984, con ’La ternura del dragón’, una novela corta que tenía mucho que ver con su abuelo, ganó el Premio de Novela ’Casino de Mieres’, que apareció en Anagrama. Poco después publicó los cuentos de ’Alguien te observa en secreto’, y se ratificó como un formidable cuentista y como una de las voces más originales de la Nueva Narrativa Española, en la que también se integraban autores aragoneses como Soledad Puértolas, Javier Tomeo o José María Conget.
Desde entonces, con paso firme, con una vocación insobornable, Pisón ha desarrollado una carrera rica, variada y coherente, que se suspende por igual en la invención y en la documentación. En 1996 publicó ’Carreteras secundarias’ (Anagrama), que ha sido llevada al cine por Martínez Lázaro y Emannuel Poirier y ha sido publicada, en edición crítica, por Larumbe. Se despidió del sello de Jorge Herralde con una de sus novelas más ambiciosas: ’El tiempo de las mujeres’ (2003). En 2005 dio el salto a Seix Barral y allí ha publicado algunas de sus obras más ambiciosas: ’Enterrar a los muertos’, una investigación en torno a la ejecución de José Robles Pazos, traductor de John Dos Passos, que conmovió a Mario Vargas Llosa; ’Dientes de leche’ (2008), la historia de una familia de fascistas italianos en la Zaragoza de posguerra; ’El día de mañana’ (2011), la historia de un delator en Barcelona de finales del franquismo, una historia coral de doce personajes que le llevó a ser finalista del Premio Nacional de Literatura. Y en 2014, publicó ’La buena reputación’, la historia de una familia, con vínculos aragoneses, que sucede en el Protectorado de Melilla y que le acaba de dar el premio más importante de una trayectoria distinguida y reconocida. Este mismo año ganó el Premio Cálamo.
Pisón decía a HERALDO: “’La buena reputación’ es mi libro más decimonónico: quise hacer una novela del siglo XIX de manera consciente, como una propuesta específica. Rindo homenaje a la narrativa del siglo XIX y reflexiono sobre la tercera persona: ese narrador omnisciente que interesa tanto a Tolstói. Como a él, me atraen mucho las historias familiares”.
También es traductor del italiano y guionista de varias películas de Emilio Martínez Lázaro, entre ellas ’Las trece rosas’, y de ’Chico y Rita’ para Fernando Trueba. Se ha convertido en un auténtico especialista de la guerra civil española, como probó también en su libros de reportajes ’Las palabras justas’ (Xordica, 2007), y en su edición de ’Partes de guerra’ (RBA, 2009). Se confiesa aragonés y zaragozano con locura, discípulo de José Antonio Labordeta y amigo de Félix Romeo, y zaragocista hasta la médula. Dijo para este mismo periódico: “Me siento aragonés por todos los costados. Y muy zaragozano. Fue la literatura de José María Conget la que me enseñó que Zaragoza era una ciudad literaria, y muchos de mis textos transcurren aquí. Zaragoza es el espacio de mi memoria y el lugar donde viven muchos amigos. Y a mí me encanta pasearla, recorrerla y reconocerla”.
El Premio Nacional de Literatura distingue a un espléndido narrador, pudoroso, que posee cada vez mayor sentido del humor, riguroso y metódico, que afirma: “Escribo desde el fondo de un rincón oscuro del corazón y quiero que en mis libros aliente la vida”.
*Este artículo, con estos subrayados y llamadas de atención, se publicó en Heraldo.es el pasado martes, tras la concesión del Premio Nacional de Narrativa a Ignacio Martínez de Pisón por su novela ’La buena reputación’ (Seix Barral, 2014).
’LA NOVIA’ EN SAN SEBASTIÁN. POEMA DE ’BODAS DE SANGRE’
[Ayer se proyectó en San Sebastián la película ’La novia’ de Paula Ortiz, que tendrá su día grande en esa capital del cine mañana viernes con su presencia y la de su equipo, en el que figuran, entre otros, Inma Cuesta, Asier Etxeandía, Álex García, Luisa Gavasa, Laura Contreras Sequeira, Manuela Vellés, Leticia Dolera, Consuelo Trujillo, María Alfonso Rosso, Verónica Moral y Carlos Álvarez Nóvoa (1940-2015). Será un díaespecialmente emotivo. He aquí el diálogo de la novia y Leonardo cuando, tras la boda, huyen porque no pueden contener la fatalidad o el abismo de la pasión. Aquí vemos una foto de Jorge Fuembuena, responsable de foto fija, que retrata a las mujeres protagonistas con la directora Paula Ortiz. En la foto podemos ver a Laura Contreras, Consuelo Trujillo, Verónica Moral, Inma Cuesta, Manuela Vellés, Leticia Dolera y Paula Ortiz.]
DE ’BODAS DE SANGRE’. FEDERICO GARCÍA LORCA
-¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
Que si matarte pudiera,
te pondría una mortaja
con los filos de violetas.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!
-¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos
me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta.
Con alfileres de plata
mi sangre se puso negra,
y el sueño me fue llenando
las carnes de mala hierba.
Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que te sale
de los pechos y las trenzas.
-¡Ay qué sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
He dejado a un hombre duro
ya toda su descendencia
en la mitad de la boda
y con la corona puesta.
Para ti será el castigo
y no quiero que lo sea.
¡Déjame sola! ¡Huye tú!
No hay nadie que te defienda.
-Pájaros de la mañana
por los árboles se quiebran.
La noche se está muriendo
en el filo de la piedra.
Vamos al rincón oscuro,
donde yo siempre te quiera,
que no me importa la gente,
ni el veneno que nos echa.
-Y yo dormiré a tus pies
para guardar lo que sueñas.
Desnuda, mirando al campo,
como si fuera una perra,
¡porque eso soy! Que te miro
y tu hermosura me quema.
-Se abrasa lumbre con lumbre.
La misma llama pequeña
mata dos espigas juntas.
¡Vamos!
-¿ Adónde me llevas ?
-A donde no puedan ir
estos hombres que nos cercan.
¡Donde yo pueda mirarte!
-Llévame de feria en feria,
dolor de mujer honrada,
a que las gentes me vean
con las sábanas de boda
al aire como banderas.
-También yo quiero dejarte
si pienso como se piensa.
pero voy donde tú vas.
Tú también. Da un paso. Prueba.
clavos de luna nos funden
mi cintura y tus caderas.
DOS POEMAS DE MANUEL RICO: 'LOS DÍAS EXTRAÑOS'

[Manuel Rico es poeta, ensayista y narrador. Dirige colecciones de poesía como la de Bartleby y es un sinvivir de las letras. Un letraherido inagotable. El siete de octubre, en La Central de Callao, acompañado por Emma Rodríguez, presentará su último poemario: 'Los días extraños', que publica Valparaíso. Ofrezco aquí, gracias a su cortesía, una pequeña selección de poemas.]
EN TREN
I
Avanza el tren, trenza la vida en fuga, enciende
el pensamiento con ritmo inverosímil, rasga
el aire, es veloz como nunca pudiste imaginar.
Otras veces
fue la oscuridad de los abrigos
en interminables esperas o en andenes
helados en las más altas horas
de cualquier madrugada. Fue el sueño no vivido o sólo
levemente apuntado por encima del humo
en viajes de una noche y tensos duermevelas.
Avanza el tren por la memoria, con el dolor
de todas las huidas, de los viejos espantos,
de las separaciones y de los crecimientos.
Siempre. En cada regreso al mar,
el tren me habla de mis miedos de antaño,
de la eternidad manchada de otros viajes.
II
La vida, quieta, apenas se dibuja en las casas perdidas de la tarde,
en la proximidad de los rebaños, en la intuición
de las alcobas o en la muerte fronteriza
del tapial lejanísimo
de algún cementerio entre olivares,
de la noche que entrega acres olores y carbonilla,
viajantes sin destino y carne frágil,
olvido y nieve, soledad de invierno
y resol de un verano que, vivo todavía, apunta
en las lomas lejanas donde el sueño convive
con los campos de Córdoba.
III
Imagino tormentas sobre campos batidos
por el halcón de la soledad. El agua,
encendiendo las ramas con su brillo de tránsito.
El hombre solo, como el testigo
de tormentas antiguas, temeroso en la tarde,
tocando la raíz
de los antepasados, rozando el miedo
de los niños oscuros, desvalidos
y solos contra el relámpago o el vendaval
o los armarios desconocidos.
IV
Soy memoria de viajes y reencuentros:
campos entre la niebla cruzados por un tren
y viejas devociones soñadas en la voz y en la música
más joven. Viento deshilvanado,
cartas jamás escritas, dormitorios
adolescentes de primer adulterio
y decepción primera.
Y allí,
la voz y su envoltura
creciendo sobre el viaje y el tren y atizando el estío,
lamiendo los retratos evocados,
lloviendo en estaciones
nocturnas, en sueños
de un tiempo venidero que, quizá,
te la juegue
con la luz engañosa
de una felicidad que siempre huye.
EL TELESCOPIO
Sabía de aquel cielo de antracita y de frío.
Sabía de otras noches casi idénticas.
De momentos azules, olorosos
a mies recién cortada y al relente
de agosto en la montaña
y observaba a mi hijo, absorto entonces
en la noticia que llegaba del jardín de enfrente.
Ramón, amigo de aquel tiempo, tenía
el telescopio abierto al infinito del verano nocturno.
Mi hijo cruzó el camino y se asomó con miedo
al círculo temido y deseado.
Descubrió una luz distinta a la soñada.
Viajó por nebulosas, tocó cráteres
e imaginó una noche diferente,
quizá sin cicatrices ni carencias.
Era agosto. Quizá mil novecientos
noventa y cinco. Y la luna parecía la misma
que pisó un tal Neil Armstrong una noche
en que mi padre me enseño que era frágil la vida,
que madurez y muerte a veces se contemplan,
se saludan de paso, casi huyendo,
o se asoman, como en la noche aquélla,
al círculo de luz de un telescopio.
*Textos de Manuel Rico. De 'Los días extraños'. Valparaíso. 2015. La fotografía es de Gustavo Cuevas, de EFE. La tomo de una página de 'La Vanguardia'.
“No hay que hacerse el gracioso todo el rato”
“El romanticismo es esencial para mí y es
necesario en estos tiempos tan difíciles”
El actor oscense Vito Sanz es uno de los protagonistas de ‘Los exiliados románticos’ de Jonás Trueba
Las fotos son del archivo del autor
Antón CASTRO
Vito Sanz Pérez (Huesca, 1982) posee encanto, humor, ironía, desparpajo, naturalidad y un candor que parece desmañado y primitivo. Es uno de los tres amigos que viajan a París, Toulouse y Annecy en ‘Los exiliados románticos’, la película de Jonás Trueba que está conquistando al público y a la crítica y que enamoró en el Festival de Málaga.
¿Qué le parece si empezamos? ¿Desde cuándo es actor?
-Desde los quince años. Mi padre es aparejador y trabajaba en Almudevar. Allí tenía un compañero de trabajo, cuya esposa era apasionada del teatro. A los quince años me incorporé a la Compañía de Teatro de Almudévar; con ella, haciendo obras cómicas de Jardiel Poncela y Mihura, obras de repertorio, recorrí en furgoneta bastantes lugares de Aragón. Casi como sucede en la película. En los veranos hacía cursos de teatro en Madrid y Barcelona, de quince días... Y luego estuve tres años, entre los 18 y los 21, en Barcelona. Estando allí me ocurrió una cosa muy simpática...
-¿Cuál?
Que me contrataron de figurante en el Liceo y participé en grandes montajes como ‘Aída’, donde salía maquillado de árabe. De Barcelona me fui a Madrid y estudié con el argentino Fernando Pierna. Vivía como podía; de repente trabajada de limpiacristales, de recepcionista o en Cortefiel. Me llamaron para una película chilena, ‘Desierto sur’, y con el dinero me fui a Argentina, sobre todo a Buenos Aires, y a Chile.
¿A seguir estudiando?
Más bien a vivir. A la aventura, a crecer. Tenía muchos amigos por allá. Estuve unos cinco meses y me llamó Fernando Pierna para que trabajase en una obra de teatro: ‘Trampolín’.
¿Se siente, ante todo, un actor cómico?
Me gustan el humor y la comedia. Para que funcione una comedia tiene que haber drama, y viceversa. No soporto esas actuaciones subidas de tono, histriónicas. Ni hay que provocar la risa todo el tiempo ni hacerse el gracioso, hay que esquivar la caricatura, el estereotipo, porque si no los papeles están vacíos... En los matices, en la complejidad y en la profundidad es cuando el público se identifica con un papel.
¿Cuándo conoció al director Jonás Trueba?
Fue hace algunos años a través de la actriz Ana Risueño. Trabajábamos juntos en una pieza de microteatro. Jonás estaba preparando ‘Los ilusos’, su segunda película, me vio actuar y me llamó. Concertamos una cita y Jonás no venía, no venía. Lo llamé varias veces. Finalmente me cogió el teléfono: había tenido una mala noche y se había olvidado por completo.
¡Vaya inicio!
Sí, ja, ja, ja. Jonás es fundamental en mi vida. Ha supuesto mucho. Somos muy amigos y, poco a poco, he accedido a su peculiar mundo: a su núcleo de afectos, a su pasión por el cine y por la literatura. Yo procedía del teatro, sabía poco, muy poco del cine, y él cambió mi perspectiva, el foco y me enseñó a entender la gran mentira que es el cine, el gran truco, comparado con el teatro. A veces hablas apasionadamente y ante ti no hay nadie: luego en el montaje aparece que estás hablando con alguien. Cosas de este tipo te llevan a enfrentarte a un gran vacío que acaba por volverse apasionante. Jonás, por otra parte, además de sensibilidad y conocimiento, contagia entusiasmo, pasión y le encanta hacer las películas en equipo.
Bueno, desde ‘Los ilusos’ (2013), no ha parado.
No me puedo quejar. Sigo haciendo teatro, tengo la Compañía Club Caníbal y acabo de hacer la película ‘María y los demás’ de Nelly Reguera, con Bárbara Lennie y Pablo Derqui, que se estrenará en 2016. Una película sobre una mujer en crisis.
Vayamos con ‘Los exiliados románticos’. ¿Es verdad que no tenían guion?
No del todo, pero sí es cierto cómo nació la película. Un día nos reunimos Jonás, el actor Luis Parés y yo, y empezamos a hablar así como quien no quiere la cosa de hacer una película en francés, una historia de amor... Cada vez estábamos más bebidos. Nosotros no le dimos demasiada importancia, pero Jonás sí y decidió hacer eso... Con pequeñas pruebas e improvisaciones fuimos haciendo la película, salvo algunas partes que Jonás había coreografiado y que estaban escritas: la historia de Francesco y Renata, mi historia con la joven en los Jardines de Luxemburgo...
Maravillosa y difícil escena. ¿Lo pasaron tan bien como parece en la película?
Es una película inolvidable, pero cometimos algunos errores. Calculamos mal algunas distancias... La furgoneta amarilla que empleamos es de mi madre, Cristina Pérez, y una amiga suya y no puede ir a más de 80 kilómetros por hora... Las distancias se nos hicieron eternas y, aunque conducíamos casi todos, hubo momentos de mucho cansancio. La película se rodó en París, en Annecy y en Toulouse y nada fue tan fácil como aparenta.
-¿Cómo la define usted, cómo la ve?
Es una película sobre la juventud, el amor, la amistad y la aventura, las relaciones que quieres recuperar, las pasiones soñadas y fugaces... Y luego es muy bonito como está siendo todo. Es una película pequeña, de mínima producción. Jamás pensamos que iba a tener esta repercusión, la publicidad ha surgido del boca a oído y fue un gran espaldarazo el eco del Festival de Málaga. Sé que se ha estrenado en Zaragoza, me encantaría que se estrenase en Huesca.
-¿Qué tipo de actores le interesan o le marcan?
A mí me emocionan Saza, Fernando Fernán Gómez, Agustín González. Esos grandes actores españoles que pertenecen a una tradición y se manejan a la perfección en el teatro y en el cine, que forman parte de nuestra historia. Actores versátiles, que le dan valor a la palabra, que resultan creíbles y que saben estar en su sitio. De ellos se aprende siempre.
¿Se siente usted romántico?
A veces demasiado. El romanticismo es esencial en mi vida, es necesario en estos tiempos tan difíciles. Lo he heredado de mi madre.
INÉDITOS
1
NUEI EN VEILA (NOCHE EN VELA)
canso de mirar o vocable chusto a imposible precisión d’o lenguache
zarro diccionarios vocabularios libros e amato totas as voces que i caben
en totas as lenguas escritas en toz os idiomas ditas
deixo que o corazón s’i aduerma entre que á bonico se putren os suenios
…
tanco os uellos
lueñes de tu tot se descompone como as parolas que yo mesmo he muerto
Vera , 31 d’agosto de 2015, 3 h (Luna plena)
--------------------------------
cansado de buscar el vocablo justo la precisión imposible del lenguaje
cierro diccionarios vocabularios libros y apago todas las voces que en ellos caben
en todas las lenguas escritas en todos los idiomas dichas
dejo que el corazón se duerma en ellos mientras muy despacio se pudren los sueños
…
cierro los ojos
lejos de ti todo se descompone como las palabras que yo mismo he matado
2
PLEVE TRISTURA (Llueve tristeza)
a nuei que leva o tuyo nombre borra escuseramén estrelas e amata luna
un paxaro azul en vertical volito que d’a boca mía fui ye o beso que me furtas
ixa caricia que sondorme n’o vientre baixo lo tuyo caxo fa ulor d’algas de mar fura
cinco rius que esnavesan per o peito son os tuyos didos que á preset me sulcan
…
soniabe
…
en revellar siento que pleve tristura
Vera 6 de setiembre de 2015, 17.15 h / 7 de setiembre, 13 h
………………………….
la noche que lleva tu nombre borra sigilosamente estrellas y apaga luna
un pájaro azul en vertical vuelo que de mi boca huye es el beso que me robas
esa caricia que dormita en el vientre bajo tu mejilla huele a algas de mar enfurecida
cinco ríos que me recorren el pecho son tus dedos que a fondo me surcan
…
soñaba
…
al despertar siento que llueve tristeza
-------------------------------------------------------------------------------------------------
3
PAXARO CIEGO (Pájaro ciego, Pássaro cego)
podrí escribir o més poliu poema este amaneixer de mar en calma
de cerpetas (1) color rosa de cielo azulblancoamarillenco
u alcaso
recitar sin rima las més bonicas parolas d’amor pa tu inventadas
pero
a voz no me naix cosa no veigo ni mar ni boiras ni cielo
solenco paxaro ciego soi yo capuzau n’a espelunga d’o silencio
…
callo
e sinse dormir m’aduermo
Vera, 2 de setiembre de 2015, 6 h
(1) cerpeta: nube en forma de estrasto
………………………………………
podría escribir el más bello poema este amanecer de mar en calma
de nubes color de rosa de cielo azulblancoamarillento
o acaso
recitar sin rima las más hermosas palabras de amor para ti inventadas
pero
la voz no me nace nada veo ni mar ni nubes ni cielo
solitario pájaro ciego soy yo sumergido en el abismo del silencio
…
callo
y sin dormir me duermo
4.
UELLOS (Ojos)
os tuyos uellos
inmenso firmamento d’incoloras estrelas
amataus son toz os sols e adormidas totas as planetas
os tuyos uellos
viero sinse esbarres sayeta enta o corazón direita
Barcelona, 16 de setiembre de 2015
………………
tus ojos
inmenso firmamento de incoloras estrellas
apagados están todos los soles dormidos todos los planetas
tus ojos
camino sin desvíos saeta hacia el corazón directa
DEL POEMARIO (elijo algunos de los que se han incorporado en esta reedición)
‘LUNA QUE NO YE LUNA’ (Los Libros del gato negro)
1
ARENA
alasveces siento que a sangre se torna arena
cuan en mirar-te
no trobo sique o silencio que me deixas
Vera, 23 de chulio de 2014, 21 horas
………………………………..
a veces siento que la sangre se vuelve arena
cuando al buscarte
solo encuentro el silencio que me dejas
2
CALMA
cuan te pienso
esnaviesa o mío interior un riu d’escuma rosa
siento
que tot lo mío cuerpo esdeviene cotón de zucre
cuan te tiengo
me s’implen as mans d’adormidas multicolors birabolas
n’iste preciso momento
sondormiu per o tranquilo remor d’o mar en nuei que no duerme
t’aspero
Vera, 30 d’abril de 2015, á las 23, 30 horas
…………………………..
cuando te pienso
atraviesa mi interior un río de espuma rosa
siento
que todo mi cuerpo se convierte en algodón de azúcar
cuando te tengo
se me llenan las manos de dormidas multicolores mariposas
en este preciso momento
adormecido por el tranquilo rumor el mar en noche que no duerme
te espero
3
DUNA BLANCA
dame a esbruma marina d’a tuya mirada tobos uellos que sinse parpaguiar o
[mundo cambean
deixa que me i acomode que ocupe o puesto chusto que amenisto no pas més
[tampó no menos
entanto afalagau per a tuya pausada bafada me sondormo sobre as olas que
[con tu alientan
recostada la cabeza n’a blanca duna d’o tuyo peito bebo zucrosa aglor d’agave
[primverenco
…
m’acorrupo n’o cocholón d’a tuya nineta e conto cuántos traquius faltan pa que
[ameneixca
Barcelona, 1 de mayo de 2015
dame la espuma marina de tu mirada blandos ojos que sin parpadear el mundo
[cambian
deja que me acomode en ella que ocupe el lugar justo que necesito no más pero
[tampoco menos
mientras acariciado por tu pausado aliento me adormezco sobre las olas que
[contigo respiran
apoyada la cabeza en la duna blanca de tu pecho bebo azucarado olor de agave
[primaveral
…
me acurruco en el regazo de tu pupila y cuento cuántos latidos faltan para que
[amanezca
*Así captó Hermann Landshoff al joven fotógrafo entonces Robert Frank con su esposa Mary y con su hija Andrea. Es una foto de 1956, en Nueva York.
ALBERTO DUCE, PINTOR DE LA LUZ, EL CLASICISMO Y LA MUJER
Se cumple un siglo del nacimiento del pintor (Zaragoza, 1915-Zaragoza, 2003)
Hay pintores que, como ciertos músicos, son esencialmente melodistas, si admitimos el paralelo melodía-línea, y su complementario armonía –colorido. Alberto Duce es uno de estos”. Así definía el poeta José Hierro al pintor aragonés, nacido en Zaragoza el 10 de agosto de 1915, hace ahora un siglo. Añadía que le importaba la belleza y no la expresión y que en su obra “aparecen esas criaturas, huéspedes de un mundo donde ningún drama es posible, reposado ballet donde parecen evocarse Grecias míticas”. La principal de esas criaturas, como también ha recordado Josefa Clavería, la mayor estudiosa de Duce, es la mujer, y en particular el desnudo femenino: hizo cientos, miles, fue más que un tema, el núcleo de una pintura clásica, elegante, que se afirmaba en el dibujo, en la nitidez de la línea y por supuesto en el color. Alberto Duce practicó todas las técnicas: el óleo, el dibujo, “del que era un auténtico maestro”, tal como afirma Eduardo Laborda, y el grabado: lo estudió, investigó la litografía, el aguafuerte, las suertes de la estampación, hizo cursos y montó varios talleres en sus respectivos estudios; le apasionaban los libros de artista y realizó varios con poemas de Safo o las ‘Soledades’ de Luis de Góngora.
Alberto Duce tuvo una vida de novela. Intensa. Llena de peligros y aventuras. Estudió en Las Escuelas Pías, pero pronto sintió la llamada del arte: estudió en la Escuela de Comercio y en las Escuela de Artes y Oficios. No tardó en sentirse atraído por la fotografía a través de la figura de Jalón Angel. Cuenta Josefa Clavería que con doce años fue ayudante suyo y que vivió una experiencia fantástica en torno a 1927 o 1928 cuando Miguel Primo de Rivera vino a Zaragoza a retratarse: estuvo con él en el estudio y luego, con Jalón Ángel, lo acompañó a recorrer algunos lugares de la ciudad. Otra de sus pasiones fue meterse en las salas del Museo de Bellas Artes y copiar uno de los cuadros más famosos de Juan José Gárate: ‘La copla alusiva’. Poco más tarde, hacia 1931, se integró en el Estudio Goya hasta la Guerra Civil. A la sombra de Mariano Gratal y otros artistas, solía acudir casi todas las tardes y aprovechar los fines de semana para realizar salidas y pintar del natural. Intentaba estar al día: leía monografías y revistas, seguía a los clásicos y a los maestros del momento, como Bartolozzi, Penagos o Ribas. Y en esos años de indesmayable aprendizaje, cuando la publicidad y el cartelismo, la caricatura y el humor vivía un gran momento, entró a trabajar en diversas empresas: en Roldos Tiroleses tuvo de maestro a Manuel Bayo Marín, enamorado del art decó y artista refinado por excelencia. Pasó a Industrias del Cartonaje y luego a la Empresa Parra e hizo portadas para los cines Goya y el Argensola y carteles, programas y telones para el Alhambra y el Frontón. Frecuentaba el Ateneo Popular y se hizo de las Juventudes Socialistas. Así que cuando estalló la Guerra Civil fue detenido de inmediato y probablemente habría sido ejecutado –como lo fueron el joven pintor Federico Comps, el arquitecto Albiñana o los médicos Moisés y José Miguel Alcrudo, entre otros cientos-, gracias a la mediación de un amigo de la familia, llamado Coderque, logró detener la gran amenaza y como gesto de redención se alistó en la Legión. Hizo carteles para diversas conmemoraciones del nuevo régimen.
En la posguerra se instaló en Zaragoza, en un estudio en el Coso, que se convirtió en un centro de tertulia de creadores: por allí pasaban Marcial Buj ‘Chas’, periodista y humorista de HERALDO (de quien Eduardo Laborda publica un impresionante libro que sale estos días), Ildefonso-Manuel, que le dedicará un soneto con motivo de su exposición en Libros en 1941, un joven Antonio Mingote o la pintora Pilar Aranda, que viviría una literaria historia de amor con el poeta e historiador del arte Juan Eduardo Cirlot antes de casarse con Francisco Sanjosé.
Por aquellos días, Alberto Duce redecoró el salón Ambos Mundos y empezó a frecuentar el balneario de Panticosa, donre realizaría algunos murales de paisaje, ponientes de oro y esquí. En 1942, se marchó a Madrid con una beca de la Diputación de Zaragoza y empezó a frecuentar los círculos artísticos de la Escuela de Madrid: siempre tuvo un enorme deseo de aprender y frecuentaba el Museo del Prado o el Círculo de Bellas Artes, asistía a las tertulias del Gijón o del Lion d’Or, cosechó galardones. Y no solo eso: vivió una historia de amor con Irene Golberger, una misteriosa mujer a la que le dedicó un retrato en 1948, quizá una de sus obras maestras. La pintura del final de esa época marcó un hito en su producción: Josefa Clavería dice que entonces trabajaba con tres modelos: Mercedes, la más habitual, Pepi y Nori. Le gustaba explorar los paisajes mesetarios y no tardaría en realizar, con distintas ayudas y pensiones, viajes clave en su trayectoria: París, donde coincidiría con Pablo Palazuelo y Honorio García Condoy, Roma y finalmente Nueva York, donde llegó en la primavera de 1949. Permanecería una larga década. Consiguió establecer numerosos contactos, sobre todo entre los judíos, y le hicieron muchos encargos. Pasó por muchas dificultades, tuvo problemas con el permiso de residencia, pero acabó viviendo holgadamente. En 1955 se casó con Mary Lee Sansbury, que le daría dos hijos, Alberto y José Luis. Un lustro después, cuando la pareja se había roto y habían irrumpido el desamor y el odio, Alberto Duce protagonizó “una huida holliwoodiense”: secuestró a su hijo Alberto y lo trajo con él a España. En 1962 ya estaba en Madrid de nuevo y contó con la buena acogida del médico y apasionado del arte Alberto Portera, zaragozano como él, a quien le habían dicho que la policía nortemericana lo estaba buscando.
Regresó por un tiempo a Zaragoza y ya en 1963 se instalaría de nuevo en Madrid. Estuvo hasta en 1988, instante en que regresó definitivamente a casa, a un amplio estudio en el entorno de la plaza de Los Sitios. En esos años, además de mantener la coherencia de su obra, clásica, de rasgos académicos, cuidada factura y pasión absoluta por la mujer y la figuración (retrató a los Reyes de España, a los alcaldes de Zaragoza Cesáreo Alierta y García Belenguer...), también se significó en su crítica contra la guerra de Vietnam, intensificó su interés por el grabado e instalaría un tórculo. Arregló una masada en Cornudella (Tarragona) y alternó sus períodos de creación entre el campo y la ciudad (Madrid o Barcelona). Fue objeto de sendas antológicas en el Palacio de Sástago en 1988 y en Ibercaja en 2002. Murió en su ciudad el 28 de agosto de 2003. Quiso ser hasta el final “un pintor auténtico” que había hecho de la materia, de la representación, la hermosura y el sueño el argumento central de su vida.
*Este texto se publicó ayer en el suplemento ’Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón. El cuadro, de 1948, se titula ’Irene’ y es mi obra favorita de Alberto Duce. Y quizá el cuadro de una intensa y formidable historia de amor.