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Antón Castro

VIAJE AL CORAZÓN DE LA PRENSA

VIAJE AL CORAZÓN DE LA PRENSA

VIAJE AL CORAZÓN DE LA PRENSA

 

Prólogo al libro 'Así nacen y mueren los periódicos en España'. Roberto Pardos. Doce Robles. Zaragoza, 2015.

 

Antón CASTRO

Hay hombres de carácter, sinceros, casi desabridos o provocadores, capaces de decirle a un ciclista como Miguel Induráin: “Tú nunca ganarás un Tour de Francia”. Y quedarse tan anchos, al menos al instante. Aunque luego, dándole vueltas a las cosas y a ese desaire que ha dado pie a más de un chascarrillo de redactores, serían capaces de descolgar el teléfono y decir: “Soy un patoso. Me he pasado tres pueblos y medio y algunas ciudades. Te pido disculpas”.

Roberto Pardos es un hombre de genio y a la vez un compañero ideal, cómplice, pero parece tener muy claro un principio: allí donde hay un conflicto, un malentendido, una sombra, va directamente a la comezón para que estalle. Lo hizo a menudo con esa aparente brutalidad que en Aragón se llama franqueza, como dijo Rafael Cansinos Asséns. Eso es algo que queda muy claro en este libro que es una historia de la prensa española y que es un formidable autorretrato, lleno de paradojas, de experiencias maravillosas, de compañeros de viajes, de sueños y también de tragedias difíciles de digerir. En un libro lleno de conmociones y escalofríos, uno se queda tieso al leer cómo una noche, al salir de la sala de fiestas Gala, un coche arrolló a su compañero Juan Molina Cobo; iba en un grupo en el que también estaba Roberto y este, como impulsado por un resorte de supervivencia, logró eludir el impacto. Luego tuvo que llamar a su mujer y contarle algo que supera a la ficción más dramática y brutal.

Hay otros hechos así, espeluznantes, pero también hay camaradería, fraternidad, travesías compartidas: el mejor ejemplo sería, sin duda, la relación de hermanos que mantuvieron y mantienen Roberto y su dilecto jefe de talleres Florencio Nogués; en una ocasión los dos pugnaban sin saberlo por un puesto en El Noticiero y eran estrechamente vigilados para saber a cuál debía hacerse jefe. El elegido fue Roberto y Florencio el primer en felicitarle: “Han acertado, Roberto, tú tienes cosas que yo nunca llegaré a tener”. Luego formarían “un tándem casi perfecto, porque nos entendíamos a las mil maravillas en pocas palabras”.

Este es un libro con nombres, con muchos nombres y cabeceras y con gratitud. Por ejemplo dice Roberto: “Mi trabajo en Egin fue una aventura formidable. (...) Los dos primeros años, que son los que conozco, fueron para enmarcar”. Y desliza una de las tesis centrales del volumen: “Estoy convencido de que los lectores compran los periódicos únicamente por los contenidos que escriben sus periodistas; el crecimiento de las tiradas se consigue con la credibilidad de los periódicos y estos solo se pueden mantener económicamente con la publicidad”.

Roberto Pardos amaba desde niño el papel impreso: los libros y la prensa. Aquí recuerda que su padre era responsable de pastelería en Panticosa y que él pasó veranos inolvidables en un tiempo en que Perico Chicote visitaba el balneario. Le gusta recordar que fue flecha de Falange, que fue actor de guiñol y que voceaba, cuando la gente salía del cine, la Hoja Deportiva por unas cuantas perras gordas. Fue un chico travieso y feliz. De repente, entró los talleres de Librería General, donde se editaban monografías científicas y Clásicos Ebro. “Desde el momento en que conocí la linotipia, ya no tuve otra aspiración que no fuera ir destinado a la sección de linotipias”, confiesa. Al abrigo de Sandalio Martínez, José Pablo y Félix Belloch aprendió el oficio y vio escenas que parecen de Berlanga: “Un año, durante las Navidades, llegó a la puerta del taller una furgoneta cargada con pollos vivos y coles, para repartir a cada uno de la plantilla. Al ser yo el último mono de la empresa, me ordenaron vaciar la furgoneta y atar a los pollos por las patas en una barandilla, a la entrada del local. El pollo, con las patas trabadas, te lo llevabas vivo a casa de tus padres, en el tranvía. Y nadie protestaba, aunque la presencia del pollo desataba la envidia general de los viajeros. Las coles más gordas eran para los oficiales y jefes de sección, y bajaban de tamaño hasta llegar a las de los aprendices, que nos llevábamos las peores”. La historia sigue y sigue, y deriva hacia un divertido capítulo de picaresca y apropiación indebida.

Con apenas 18 años, en 1960, Roberto Pardo entró de linotipista en El Noticiero, sito en el Coso 71. Y algún tiempo después fue nombrado jefe de talleres y regente. Cuenta cómo era la redacción, cómo trabajaban los novatos y las bromas que les hacían Roberto y Florencio, habla del batallón de colaboradores. Dice, entre otras cosas, a propósito de los redactores que llegaban a media mañana a la sala de lectura: “Era un espectáculo verlos leyendo en silencio, fumando cigarrillos o algún puro por la mañana, para, al final, entablar sus discusiones diarias, que concluían con el vermú en cualquier bar de las calles más cercanas”. Y también extrae una conclusión general sobre la rentabilidad de la prensa: “Mi empresa disponía de espacio suficiente para, además, tener dentro del mismo recinto una editorial en marcha para componer e imprimir toda clase de trabajos comerciales. Esta era la muleta en la que se podían apoyar las empresas periodísticas para evitar pérdidas económicas”. Y eso también sucederá con El día de Aragón y con El Periódico de Aragón, donde volvería a ejercer de regente o director técnico, con ese sexto sentido que él tenía.

Tras el cierre de El Noticiero, Roberto Pardos participará en la aventura de “parir el Egin”, que nació el 29 de septiembre de 1977. Estuvo en dos etapas y en la primera le expuso al director Mariano Ferrer un decálogo para fundar un periódico. Antes de salir a la calle, recomendaba en el capítulo 7: “Tendremos que seguir haciendo más números cero mientras no estemos suficientemente preparados”. Salió el primer número y el director incluyó una dedicatoria inolvidable: “Roberto, gracias a ti, Egin ha nacido hoy”.

La vivencia de Egin es fascinante y compleja: de la felicidad inicial se pasó a la tensión, a las amenazas de ETA, al debate político puro y duro. “Presencié situaciones sorprendentes, al menos para mí. Igual nos venían a visitar los desterrados de ETA, los cuales pasaban tranquilamente delante de los guardias civiles de guardia, y no ocurría nada, que acudía a nuestras instalaciones Fran Aldanondo, que era el último preso que salió de la cárcel de Martutene, que fue aclamado por el camino durante el trayecto de su visita al diario”, confiesa.

Tras Egin trabajó en Barcelona, en Pamplona, en el Grupo Mundo, habla de la llegada del ‘offset’, “un sistema de impresión directa que daba mejor calidad, pero del que en España se desconocía casi todo”, y luego fue decisivo en la fundación de El Diario de Valencia, que, recuerda, fue voceado en las calles, en sus orígenes, por vendedores ciegos. Allí, entre otras peripecias, vivió la intentona de golpe de Estado de 1981. “Nunca olvidaré el impacto, la impotencia y el miedo que pasé dentro del periódico con el intento de golpe de Estado del 23-F. No niego que en el resto de España se tendrían estas sensaciones, pero había que estar allí, en Valencia, y dentro del periódico para sentirlas de verdad, de cerca”, dice y recuerda otro motivo para el pánico: tenía un ejemplar dedicado del libro Operación Ogro, cuyos autores eran, “al parecer miembros del comando etarra que asesinó a Carrero Blanco”.

De Diario de Valencia pasó a El Día de Aragón, que se abrió, con Fernando García Romanillos al frente, el 28 de mayo de 1982. Roberto permaneció allí hasta 1990 que se incorporaría a El Periódico de Aragón. En ambos dejó profunda huella y vivió sensaciones inolvidables con la redacción, en los talleres, con la distribución y en una intensa labor editorial. Dice Roberto: “El Día de Aragón fue, con el inestimable apoyo del consejero Vicente Sánchez, el primer periódico de España que puso en marcha un equipo de Macintosh en una redacción”; recuerda otras cosas: la rivalidad con Heraldo de Aragón, la importancia de Andalán, la creación de La Hoja del Lunes (por cierto, Roberto recomienda a los periódicos que dejen de salir un día) y de El Punto Deportivo, y glosa, sobre todo, a una redacción espectacular y variada, quizá la mejor y la más completa que conoció jamás, según sus declaraciones. El Día de Aragón daría para un libro. Roberto recuerda con cariño a sus hacedores, desde la administración y el sello empresarial, y a la redacción y a sus noctámbulos compañeros de taller.

Glosa sus vínculos con El Adelanto de Salamanca y se despide con El Periódico de Aragón y Equipo. Revela, por ejemplo, su nueva condición en el diario del Grupo Zeta de Antonio Asensio: “Mi papel en esta espectacular empresa, como se puede suponer, ya no sería como el que había desempeñado en otras hasta el momento. En todas las anteriores yo había sido la ‘estrella’ durante algún tiempo, y en esta había muchas personas importantes y preparadas que lo decidían todo. En nómina iba a ser el director técnico, pero, a la hora de la verdad, solamente era hombre de confianza de Zaragoza para el día a día”. 

INGRID BERGMAN EN SU SIGLO

INGRID BERGMAN EN SU SIGLO

Ingrid Bergman, la actriz que escandalizó al mundo por amor


Se cumple un siglo del nacimiento de la intérprete sueca, ganadora de tres Oscars y musa de Hitchcock y Rossellini

 

Antón CASTRO

Ingrid Bergman, calificada alguna vez en los años 40 como “la actriz más amada de Hollywood”, dijo que “la interpretación me eligió a mí”. Asombrosamente tímida, confesó: “Soy más yo misma cuando soy otra persona”. Nació en Estocolmo el 29 de agosto de 1915. Hace un siglo. Su madre, de origen alemán, murió cuando ella tenía tres años y su padre, el fotógrafo sueco Justus Bergman, la dejó huérfana del todo a los doce. La cuidaron sus tíos y pronto les hizo saber sus intenciones. Era realmente buena en las tablas y quería ser actriz. Estudió en el Liceo Femenino y se aficionó, casi por igual, a la lengua francesa y a Juana de Arco, a la que encarnaría en la pantalla muchos años después. El azar la llevó al cine y trabajó en varias películas suecas y alguna alemana; llegó a conocer a Goebbels. Su presencia en ‘Intermezzo’ no pasó inadvertida para Kay Brown, que la recomendó a su jefe, David O’Selznick. Este la llamó y la dirigió en la versión norteamericana del filme junto a Leslie Howard. Ahí ya estaban su naturalidad y su elegancia, su belleza etérea e hipnótica. En los años 40 participó en películas como ‘Casablanca’ (1942) de Michael Curtiz, toda una revelación con su rostro de luz, ‘Por quién doblan las campanas’ (1943) de Sam Wood, donde encarnaba a una republicana española, María, ‘Luz que agoniza’ (1944) de George Cukor, donde estaba radiante, suave y malherida a la vez, acosada por un hombre sin escrúpulos y por sus recuerdos; obtuvo su primer Oscar. En esa década rodó, además, ‘Recuerda’ (1945), ‘Encadenados’ (1946) y ‘Atormentada’ (1949), tres títulos de Alfred Hitchcock, que la convirtió en una de sus musas y en una de sus rubias peligrosas: esas mujeres enamoradas, de turbio pasado, una hermosura femenina que desarma, capaz de realizar grandes desafíos y sacrificios. A François Truffaut le encantaba ‘Encadenados’, casi tanto como ‘Vértigo’, y el trabajo de la actriz: decía que era “el sueño filmado”.

Ingrid Bergman estaba casada con el médico Peter Lindström, con el que tuvo una hija, Pia. Con el paso del tiempo fueron distanciándose. Durante la II Guerra Mundial, como hicieron otras actrices, estuvo en Alaska animando a los soldados, donde cogió una neumonía, y viajó a diversos frentes europeos. En uno de ellos conoció al reportero de guerra Robert Capa, con quien vivió una intensa historia de amor; Capa llegó a presentársela a su madre y quizá fuese él también quien le recomendase la película ‘Roma, ciudad abierta’ (1945) de Roberto Rossellini. De su visión surgió una carta y quizá la experiencia más intensa de su existencia. Ingrid Bergman le escribió al realizador italiano, compañero de Anna Magnani: “He visto sus películas y me han gustado mucho. Si necesita una actriz sueca que sabe hablar bien inglés, que no ha olvidado el alemán, que no resulta muy comprensible en francés y que en italiano lo único que sabe decir es: ‘Ti Amo’, estoy dispuesta a hacer una película con usted…
Afectuosamente, Ingrid Bergman”. Se conocieron fugazmente en Londres (o en París, según otros) y luego Rossellini la visitó en Hollywood para que colaborasen juntos en ‘Strómboli’, en cuyo rodaje nacería una gran pasión que convulsionó a Suecia, Italia, el Vaticano o Estados Unidos, donde fue vituperada y recibió multitud de cartas llenas de odio. Tuvieron tres hijos, Robertino y las gemelas Isotta e Isabella, e hicieron seis películas. La relación acabó enfriándose –a pesar de que rodaron ‘Te querré siempre’– porque iban de fracaso en fracaso: ninguno de los dos estaba a su mejor altura y estaban cerca de la ruina. En 1956, su gran amigo Jean Renoir acudió en su ayuda y le ofreció protagonizar ‘Elena y los hombres’. Y poco después compartiría reparto con el joven Yul Brinner en ‘Anastasia’ (1956) de Anatole Litvak: su trabajo fue tan convincente que ganó su segundo Oscar; su gran amigo Cary Grant recogería su estatuilla en medio de un gran ovación. Estados Unidos la había perdonado.

Poco después se casó con el productor teatral Lars Schmidt, que la acompañó hasta el final de sus días, aunque se separasen en 1975, poco después de que ella obtuviese su tercera estatuilla, como actriz de reparto, por ‘Asesinato en el Orient Express’ de Sidney Lumet. En esa fecha se le descubrió un cáncer de pecho. En los últimos años alternó teatro, televisión y cine, y cumplió un antiguo sueño: trabajó de nuevo en sueco y además con uno de los grandes cineastas de todos los tiempos, Ingmar Bergman, en ‘Sonata de otoño’ (1978). Enferma, resistió en su casa de Londres, hasta el 29 de agosto de 1982, el mismo día en que había nacido 67 años antes. “Nunca miro atrás. He intentado vivir al máximo”, le dijo a Liv Ullmann. Su familia arrojó al mar Báltico sus cenizas, las de una de las mujeres más adorables, bellas y versátiles de la historia de Hollywood.

LA ANÉCDOTA

Ingrid Bergman fue muchos personajes en el cine, en el teatro y en la televisión. A Juana de Arco la encarnó en varias ocasiones. Su último trabajo fue el telefilme ‘Una mujer llamada Golda’, sobre la que fuera primera ministra israelí, ya enferma. Realizó un trabajo soberbio por el que recibió un Emmy y un Globo de Oro. En su centenario ha sido homenajeada en Cannes y Jeremy Irons y su hija Isabella llevarán a escena sus cartas con Rosellini. Y el sello Schimmer / Model publica ‘Ingrid Bergman. A Life in Pictures’.

 

 *Ingrid Bergman en ’Luz que agoniza’ de George Cukor. Ganó el Oscar.

CUENTO: UN PUEBLO CON SIRENAS

CUENTO: UN PUEBLO CON SIRENAS

UN PUEBLO CON SIRENAS 

 

Soy de un país de brujas y cuentos. Mi padre me decía que los aparecidos llegaban con la lluvia y que las salamandras de la fuente eran sagradas: las veía allá en el fondo, entre azulencas y doradas, en el centro mismo del manantial. Siempre me decía lo mismo: míralas, sueña con ellas, pero no las toques. Mi pueblo estaba cerca del mar y nunca había conocido una nevada. En cambio, tenía mendigos que contaban historias de amor y que bailaban diversas melodías. Un día apareció un hombre joven; llevaba unos lápices en la mano y unas tizas de colores. Llamaba a las puertas, pedía un poco de agua y de conversación, y cuando tomaba confianza se ponía a dibujar. Dibujaba sirenas: en la pared, en el suelo, en la puerta de dos hojas de las casas. Lo más extraño era que de noche, cuando nadie se lo esperaba, aparecía la sirena que había pintado en la tinaja del ganado o en la bañera. Mi propio padre me decía que eso había pasado una, dos, tres, hasta diez veces y en diez casas diferentes. Casi todas las casas tenían su sirena. Los paisanos querían ponerle el nombre más bonito: Violeta, Beatriz, Lena, Sarai, Adelina, Aura, Albaida, Rosalía… Hubo un instante en que todos querían ver la sirena del vecino, e iban en auténtica procesión, como a una romería. Yo también quise ir, pero mi padre me detuvo: “Andrés: no vayas –me dijo-. Las sirenas son más bellas cuando las imaginas”.

 

*Este texto apareció en mi libro 'Versión original', que publicó el sello Isla de Siltolá de Javier Sánchez Menéndez. La ilustración es de John William Waterhouse. El texto estaba dedicado al editor Juan Casamayor.

VINCENT VAN GOGH: 125 AÑOS

VINCENT VAN GOGH: 125 AÑOS

 

VINCENT VAN GOGH

125 años de inmortalidad de un genio

 

El pintor postimpresionista holandés, nacido en 1853 y muerto 1890, es unos de los casos más conmovedores de fracaso en vida y triunfo más allá de la muerte

 

Antón CASTRO

Para muchos Vincent Van Gogh (1853-1890) es uno de los más grandes pintores de todos los tiempos que se resarce de su infortunio en vida en el incierto terreno de la inmortalidad. En apenas diez años, según algunos inventarios, llegó a realizar alrededor de 2000 dibujos, unos 500 dibujos y redactó unos 700 documentos, entre ellos sus maravillosas cartas a su hermano Theo, que sería su protector y su mejor cómplice. En esa correspondencia, que se inició en 1872, había cariño, confesiones, lucidez, locura, formidables intuiciones plásticas, una honda tristeza e incluso hermosos cuentos.

Van Gogh, antes de dedicarse a la pintura (y cabría decir que el año decisivo de sus inicios fue 1881), intentó ser comerciante de arte, predicador como su propio padre e incluso dependiente de librería. Trabajó en la firma artística Groupil & Cie., que incluso lo mandó a Londres, donde experimentó una decepción amorosa con la joven Úrsula, hija de su casera, y luego fue destinado a la de París en 1875. Entonces, víctima tal vez de sus desarreglos nerviosos, desatendió sus obligaciones, dejó el empleo (en el que sí se consolidaría su hermano Theo), se volcó con La Biblia y se convirtió en adjunto del predicador británico Stokes.

Nunca encontró su sitio en el mundo: residió en Ámsterdam, en La Haya, en Bruselas (en Cuesmes fue contratado como evangelista laico), en el domicilio de sus padres en la casa parroquial de Etten varias veces, en París. En 1881 recibió clases de dibujo y pintura de su primo Anton Mauve y poco después vivió una confusa historia de amor con una prostituta, Cristina Maria Hoornik, alcohólica, embarazada y madre de un hijo. Le sirvió de modelo, pero acabó huyendo de ella. Se instaló en Brabante para dibujar y pintar a los campesinos. Ese proyecto le indicó el camino. Estaba entusiasmado. Un cuadro tan fascinante como el lóbrego ‘Los comedores de patatas’ (1885) coincidió con la muerte de su padre, algo que le perturbó mucho, aunque siempre habían tenido unas relaciones muy tensas. Admiraba a Corot, a Rembrandt, a Rubens (de hecho fue a ver una exposición suya a Amberes), y hacía copias de cuadros de Millet y de Delacroix para avanzar. Asistió a la Academia de Amberes, fue recibido en el estudio de Cormon en París, que le presentó a los grandes artistas del impresionismo como Toulouse-Lautrec, Monet, Sisley, Pissaro, Degas, Renoir y Paul Gauguin, con quien surgió una inmediata comunión espiritual.

Exponía a veces, sin éxito alguno. Nada le salía bien y decidió en febrero de 1888 partir a Arlés, donde alquiló la famosa ‘Casa Amarilla’. Allí convivió entre octubre y diciembre con Gauguin en medio de grandes tensiones. Un día, Van Gogh lo amenazó con un cuchillo, su amigo logró huir y pasó la noche en un hotel. Vicent se cortó la oreja y le regaló el trozo a una prostituta. Volvieron sus ataques de nervios y hubo de ser internando en el psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole, en Saint Rémy, donde estaría en varias ocasiones, en una de ellas por exigencia del pueblo. Se le consideró un ciudadano perturbado y peligroso. Allí pintó algunos de sus mejores cuadros: los ‘Girasoles’ (hizo una serie de doce), ‘La noche estrellada’, su autorretrato con la oreja herida, ‘Plantas de lirios’, ‘La silla de Gauguin’ o ‘La habitación de Van Gogh’. Mediante el color expresaba una intimidad exacerbada, cósmica y sensual, una sensibilidad herida, la sinuosa senda de la locura y la beldad.

En busca de la calma se instaló en Auvers-sur-Oise. Pintar era una necesidad, una forma de posesión, su combate contra el extranjero de sí mismo. Solo logró vender un cuadro (por ello, Theo le mandaba dinero a menudo): ‘La vigne rouge’ a la pintora belga Anna Boch por 400 francos. Uno de sus géneros favoritos fue el autorretrato: hizo muchísimos. En los últimos 70 días que estuvo en Auvers-sur-Oise pintó 80 cuadros. Entre ellos, el célebre retrato del ‘Doctor Gachet’ (que se vendió en 1990 por 65 millones de euros), artista y médico de los pintores, que tanto lo mimó, y que hace pensar en el ‘Retrato del doctor Arrieta’ de Goya. También pintó ‘La iglesia de Auvers’ o ‘Campo de trigo con cuervos’, quizá el último: azul, llano en llamas y manchas de sombra.

La existencia de Vincent Van Gogh es una corriente continua de enigmas que alcanza a su propia muerte, de la que se cumplen 125 años: siempre se había dicho que se había suicidado; los nuevos estudios parecen indicar que le dispararon, por pura imprudencia o por hostigamiento, dos jóvenes del lugar y que murió a los pocos días, el 29 de julio de 1890. Llamó sigilosamente al más allá y abrió la puerta de la inmortalidad y del mito para quedarse. Su hermano Theo falleció un año después; su viuda Johanna Bonger quiso que reposasen juntos en el cementerio quienes tantas cosas –belleza, dolor, locura...- habían compartido en la vida.

 

 

LA ANÉCDOTA

Vincent Van Gogh es toda una industria cultural: en La Haya, en Ámsterdam, en París, en Arlés... Se le recordará de muchas formas, incluso se creará un carril bici en su tierra de origen con su nombre. En España, el sello Edelvives de Zaragoza ha publicado ‘El pájaro enjaulado’, que es un cuento alegórico que Vincent Van Gogh le escribió a su hermano Theo entre las 660 cartas que le envió. El cuento, ilustrado por Jabier Zabala, tiene algo de autorretrato alegórico de Van Gogh. Una frase define el espíritu del álbum: “Ansía la libertad. Lo único capaz de derribar esta cárcel será el amor”. 

 

*De mi entrega diaria en 'Heraldo de Aragón'.

FAYÓN: MUSEO PARA PILAR BURGES

FAYÓN: MUSEO PARA PILAR BURGES

Fayón creará un espacio museístico

dedicado a la pintora María Pilar Burges

 

El municipio zaragozano también tiene previsto nombrar hija adoptiva a la artista, con carácter póstumo

 

[Nota del Ayuntamiento de Fayón] El legado artístico de la pintora zaragozana María Pilar Burges (1928-2008) está cada vez más cerca de exhibirse al público de forma permanente. El Ayuntamiento de Fayón (Zaragoza) se ha convertido en el propietario de cerca de 200 obras de la artista, después de que su familia lo haya donado al municipio con la intención de que se cree un espacio museístico en su honor.

 

Así, al tener las obras en propiedad, el Consistorio podrá acceder a distintas vías de financiación públicas para acometer la creación de un espacio que “previsiblemente estará finalizado en un margen de tiempo de dos años" ha explicado el alcalde de Fayón, Roberto Cabistany, que deberá continuar en esta legislatura un proyecto iniciado por su antecesor en el cargo, José Arbonés.

 

Contará con más de 400 metros cuadrados y ocupará una de las tres zonas estancas de una gran nave que el Ayuntamiento está rehabilitando de forma progresiva para crear un complejo museístico. Por el momento, en el citado edificio ya se encuentra el Museo de la Batalla del Ebro, al que pronto le seguirán el Museo de la Navegación y el Museo de María Pilar Burges. 

 

Debido al gran número de piezas artísticas donadas, --cerca de 200-- y a la imposibilidad de exhibirlas todas ellas de vez, se pretende hacer una exposición rotativa que cada cierto tiempo muestre al público las diferentes etapas pictóricas por las que atravesó la creadora zaragozana, quien aseguró en vida que "debido a su total dedicación, sólo podía estar casada con el arte". Además, como complemento a la muestra, se impartirá un taller sobre la técnica del fresco, una de las que dominó la artista.

 

Para Juan Antonio Burges, hermano de la pintora, este acuerdo supone el cumplimiento de los deseos de María Pilar ya que “quería que su obra estuviese reunida en un mismo lugar donde a la vez pudiese ser contemplada y estudiada”. Asimismo, ha asegurado que Fayón es un sitio “inmejorable” para albergar el museo, dado el vínculo que tenía la autora con este enclave de la comarca del Bajo Aragón.

 

En concreto, los lazos de unión de Burges con la localidad se remontan a la década de los 50, cuando ganó un concurso que le dió la oportunidad de pintar una parte del interior de la ermita de la Virgen del Pilar. Debido a la buena acogida que le dieron los vecinos, en 2006 el Ayuntamiento volvió a contactar con ella para que dejase su impronta artística en el resto de las paredes, objetivo que cumplió -- entonces tenía 78 años-- con la ayuda de los pintores Juan y Héctor Baldellou.

 

 

 

NEGOCIACIONES

 

La donación de las obras se ha concretado este pasado mes de junio después de varios meses de negociaciones entre la familia de María Pilar Burges y el consistorio fayonense, regido hasta las pasadas elecciones municipales por José Arbonés, quien ha expresado al respecto que “es un honor que las creaciones de una persona destacada de las artes aragonesas, que luchó más de la cuenta por ser mujer, pueda tener aquí su espacio expositivo”.

 

De esta manera se pone punto y final a un larga odisea testamentaria que comenzó al fallecer la pintora en 2008. Según dejó por escrito antes de morir, su legado artístico y documental debía pasar a una entidad pública o privada --en su mente estaba la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ)-- siempre y cuando aceptara las condiciones del documento, que contemplaba la creación de un espacio para la exhibición y el estudio de las obras.

 

Tras no llegar a un acuerdo con la DPZ, la familia de la pintora ha custodiado el legado material hasta encontrar en Fayón "una solución que garantiza que la obra esté expuesta de forma permanente en una localidad que tiene además un buen recuerdo de ella y que ha mostrado desde el primer momento un gran interés en acoger sus creaciones", ha precisado el propio Juan Antonio.

 

EXPOSICIÓN EN AGOSTO

 

Como pequeño adelanto de lo que será futuro Museo de María Pilar Burges, el Consistorio tiene previsto dar a conocer parte de su obra con una exposición temporal desde el 8 de agosto en la que se exhibirán una selección de pinturas que tiene como titulo “Regreso a Fayón” y dedicada básicamente al retrato, uno de los géneros preferidos de la artista. "La haremos coincidir con las fiestas mayores al ser la época del año en la que más gente viene", ha señalado el actual regidor de Fayón, Roberto Cabistany, para destacar que "es un buen momento para hacer difusión de nuestro proyecto y que unos y otros puedan conocer la faceta artística de Burges".

 

La muestra tendrá lugar en una pequeña sala junto a la Plaza Mayor, donde actualmente realiza sus actividades la Sociedad Recreativa y Cultural Fayonense. "En función de la acogida que tenga, nos plantearemos alargarla todo el mes o incluso el resto del verano", ha apostillado.

 

HIJA ADOPTIVA

 

Cabistany también ha adelantado que María Pilar Burges será nombrada hija adoptiva de Fayón “en los próximos meses” convirtiéndose así en la primera persona en tener este título honorífico.  “Es muy importante para nosotros porque no hay nadie al que hayamos hecho todavía hijo adoptivo o hijo predilecto”, ha agregado.

 

Por su parte, ha querido recordar que Fayón es un municipio que quedó sumergido en 1967 bajo las aguas del actual embalse de Ribarroja, lo que obligó a sus habitantes a abandonar sus casas y refundar la localidad en un emplazamiento cercano al original. "Por este motivo, el poco patrimonio cultural con el que contamos hoy en día tiene un gran valor para todos los vecinos, como es el caso de los frescos que pintó Burges en la ermita de la Virgen del Pilar", ha sostenido.

 

BIOGRAFÍA

 

María Pilar Burges, nacida en la capital aragonesa en el año 1928, comenzó su formación artística en las academias de Manuel Bayo Marín y de Joaquina Zamora, donde aprendió los conocimientos necesarios para ganar en 1951 la beca Francisco Pradilla de la DPZ, la cual le permitió estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes de Barcelona y participar posteriormente en dos estancias internacionales: una en Paris y otra en Roma.  En 1996 culminó su formación con un Doctorado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, a la edad de 68 años.

 

Sus inquietudes no se centraron solamente en el campo de la pintura sino que se extendieron a otras disciplinas como los anuncios publicitarios, el figurinismo y la escenografía teatral o los cristales decorados, llegando a crear una escuela-taller llamada 'Burglas' con Pilar Ruiz de Gopegui. Además, impartió clases en su propia escuela de arte, escribió artículos en medios de comunicación y compartió sus conocimientos en numerosas conferencias.

 

Fue premio en el Salón de Artistas Aragoneses en 1954; premio Tarazona en 1956; medalla de bronce en el III Salón Hispano Francés en 1964; medalla de oro del V Salón Hispano Francés en 1966 o la primera medalla de artesanía aragonesa en vidrio decorado, entre otros.

 

NACIONALISMO: SINSENTIDO Y SENSIBILIDAD

NACIONALISMO: SINSENTIDO Y SENSIBILIDAD


En su artículo de los jueves en la revista 'Letras Libres', con el apoyo de algunos pensamientos y escritos de George Orwell, Daniel Gascón, escritor y traductor, reflexiona sobre el nacionalismo.
http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/nacionalismo-sinsentido-y-sensibilidad
NACIONALISMO: SINSENTIDO Y SENSIBILIDAD

 

En Notas sobre el nacionalismo, George Orwell escribió que el nacionalismo era “hambre de poder mitigada por el autoengaño”. Empleaba un concepto del nacionalismo que es más amplio que el que utilizamos habitualmente. Designa “la propensión a identificarse con una sola nación u otra unidad, colocándola por encima del bien y del mal y sin reconocer otro deber que promover sus intereses”. Ese nacionalismo, que el autor británico contraponía al patriotismo y que se caracteriza por la obsesión, la inestabilidad y la indiferencia a la realidad, estaba presente en los comunistas y en los trotskistas, en los católicos proselitistas como Chesterton y en los imperialistas británicos, en los sionistas y los antisemitas.

Orwell terminó de escribir su breve ensayo en mayo de 1945. Una fuerza poderosa en la construcción de la política europea en los últimos decenios ha sido la conciencia de la amenaza del nacionalismo: del nacionalismo en el sentido amplio que empleaba Orwell, pero también de las ambiciones y los peligros del Estado-nación, que destruyó Europa dos veces en treinta años.

Orwell explica que el nacionalista elige de qué lado está (de hecho, no le resulta difícil cambiar de lealtades) y luego busca los argumentos que apoyan la causa que ha elegido. En los años de crisis se ha empleado alguna vez una metáfora elocuente: son aquellos que utilizan los datos como los borrachos una farola: no para tener luz sino para apoyarse.

Daniel Kahneman ha mostrado que todos tendemos a sobrevalorar nuestra aportación en las empresas compartidas. Si trabajas en equipo, tienes hermanos o vives en pareja es posible que hayas observado esta tendencia (normalmente, en los demás).Exageramos nuestra aportación y nuestros sacrificios. También encontramos matices y justificaciones en nuestras acciones que no solemos encontrar en las acciones de los otros. El nacionalismo construye a partir de esa distorsión cognitiva una forma de ver el mundo.

Orwell escribía: “El nacionalista no solo no desaprueba atrocidades cometidas por su propio bando, sino que tiene una notable capacidad para ni siquiera enterarse de ello.” Hay un elemento de ese tribalismo en todos los movimientos políticos. Y las tendencias pueden combinarse. A veces se habla con cierta sorpresa de la asociación entre la izquierda y el nacionalismo territorial, supuestamente incompatibles. Lo que muestra el falso oxímoron es el éxito de la versión que la izquierda querría creer de sí misma. Cuando les ha venido bien, las fuerzas de izquierda del siglo XX, en regímenes y latitudes muy diferentes, no han tenido problemas en incorporar un discurso nacionalista.

Todo movimiento nacionalista parte de un soborno. Ofrece las virtudes, los valores eternos, heredados, que tienen los que pertenecen a una identidad frente a los otros.Los halagos hacen que la propaganda sea más efectiva: pocas cosas anulan con más eficacia el sentimiento crítico que la adulación. La afirmación más o menos explícita del nacionalismo no es “somos diferentes” sino “somos mejores”, como ilustró en un artículo inolvidable Jordi Cabré.

Como todo populismo, el nacionalismo dice lo que intuye que su público quiere oír. A menudo requiere un enemigo exterior, el opresor, y un agravio, que normalmente es una derrota heroica y antigua, desde Gettysburg y Trafalgar a Kosovo o Masada. La presencia de un enemigo exterior exige también la presencia de un enemigo interior, un quintacolumnista. (Los enemigos interiores de los enemigos exteriores se consideran héroes.) Los símbolos propios se tratan con una cursilería proporcional a la virulencia con que se tratan los símbolos de los otros. “Nada hay más insensible que el hombre sentimental”, escribió Kundera, y la realidad se encarga de darnos cada día nuevos ejemplos.

Introduce una visión en blanco y negro en una realidad compleja. Sus acciones suelen tener consecuencias negativas, en primer lugar para los supuestos beneficiados del nacionalismo. Sus condiciones perfectas no son la normalidad, sino el momento excepcional. En ocasiones, esa situación anómala (un estado de excepción) permite saltarse las leyes.

Sirve para crear y extender todo tipo de mentiras. Es, en el mejor de los casos, una maniobra de distracción: las promesas que ofrece son falsas, porque dice que hará cosas que no dependen de él, pero distrae de otros asuntos. En el caso de la candidatura independentista de Cataluña, Artur Mas ha conseguido reciclar a personas bajo sospecha por corrupción, soslayar la ruptura de su coalición anterior, ocultar sus fracasos sucesivos en gestión y en votos, y quizá logre debilitar también a Esquerra Republicana.

“No hay límite a las locuras que se pueden tragar cuando uno está bajo la influencia de sentimientos de esa clase. He oído a gente que decía con toda seguridad, por ejemplo, que las tropas estadounidenses no estaban en Europa para luchar contra los alemanes sino para aplastar una revolución inglesa”, decía Orwell, que pensaba que los intelectuales eran especialmente vulnerables: “Uno debe pertenecer a la intelligensia para creer cosas así: ningún hombre corriente las creería.”

Las tentaciones contrarias, escribía Orwell, eran caer en “una especie de conservadurismo” o “el quietismo político”, una suerte de relativismo. El autor de Homenaje a Cataluña rechazaba ambas opciones. “En cuanto a los amores y odios nacionalistas de los que he hablado, forman parte de la mayoría de nosotros, lo queramos o no. No sé si es posible librarnos de ellos, pero creo que es posible luchar contra ellos, y que eso es esencialmente un esfuerzo moral.”

RAFAEL BERRIO: 5 CANCIONES-POEMAS

RAFAEL BERRIO: 5 CANCIONES-POEMAS

CINCO POEMAS Y CANCIONES DE RAFAEL BERRIO

Rafael Berrio es uno de los cantantes españoles con mayor personalidad y talento. Es compositor, letrista e intérprete. Nació en San Sebastián en 1963. Sus letras son hondas, divertidas, irónicas, tienen mucha fuerza. Acaba de publicar un nuevo álbum, ‘Paradoja’, tras dos espléndidos trabajos como ‘Diarios’ y ‘1971’. Ha tenido la gentileza de enviarme cinco canciones-poemas y esta foto suya de Gema Amiama, que lo ha retratado así en el Café-Fado de Coimbra. Ella dice: "Rafael Berrio en plena saudade".

Linko aquí una estupenda canción como 'Mis ayeres muertos'.
https://www.youtube.com/watch?v=cNeoxv79ggc

 

LAS MUJERES DE ESTE MUNDO

Yo me moriré un día borracho junto a una tapia,
y mis pupilas reflejarán la última luz de esa mañana.
Se cuajarán mis ojos rememorando bajo la lluvia
un torbellino de espantos y de bellezas pasadas.

Ya no me importarán entonces ni el hambre ni las estrellas.
Seré para esa nave un equipaje bien liviano.
No me haré de rogar con despedidas interminables,
pues sólo lamentaré perder a las mujeres que amamos.

A las mujeres de este mundo.
A las mujeres que soñamos.
Sólo lamentaré perder a las mujeres que amamos.

Yo me moriré un día de pulmonía bajo los puentes,
y los perros aullarán toda esa inmensa madrugada.
El alba dará mi hora y con el último suspiro
entonaré un salmo antiguo rescatado de la infancia.

Pero no dejaré preguntas en el aire ni reproches.
No me abrazaré a la vida tan desesperadamente.
Por mí, conservará intacto el virgo de su misterio,
pues sólo lamentaré perder el amor de las mujeres.

De las mujeres de este mundo: 
de las mujeres que soñamos.
Sólo lamentaré perder a las mujeres que amamos.

SATURNO

Tristes. Estamos tristes, Saturno. 
Porque en nombre de los galenos
nos has negado el vino. 
El vino que acostumbramos.
La pausa en el suplicio.
El único respiro. 
El vino del olvido...

El vino de los amantes que lo beben frente a frente.
El vino de los soldados que los torna valientes.
El ángelus campesino y el santo vino obrero.
El vino del pueblo austero.

El vino de los marcados por el vino de por vida.
El vino de los sin techo que los mece y los abriga.
El vino de los altares y el vino del rito profano.
El vino del buen samaritano.

El vino del infeliz que lo franquea ante su amada.
El vino del estudiante que lo vomita de madrugada.
El vino que invoca la musa y el que trae la mala idea.
El vino bronco de la pelea.

El vino del exiliado por el que cobra su terruño.
El vino del joven poeta que lo dispensa del ayuno.
El vino del palacio y el corriente de la casa.
El ansia de vino que nos abrasa.

El vino de los entierros tras el caer de la losa.
El vino amargo del duelo, de la ausencia en cada cosa.
El vino reminiscente y el vino del olvido.
El vino que nos duerme compasivo.

El vino de los amigos que lo brindan por su encuentro.
El vino del solitario que lo rumia en sus adentros.
El vino de los grandes fastos y el vinazo de la plebe.
El vino y que la tierra nos sea leve.

El vino del gran mundo y los salones exclusivos.
El vino de las meriendas campestres bajo los pinos.
El vino de las fondas del camino y las posadas...
Adiós a todo eso, camaradas.
Adiós a todo eso, camaradas.

Tristes. Estamos tristes, Saturno. 
Porque en nombre de los galenos
nos has negado el vino. 
El vino que acostumbramos.
La pausa en el suplicio.
El único respiro. 
El vino del olvido...

CASA AISLADA

Una casa aislada en Tierra de Campos, por ejemplo.
Una quietud de estancias en penumbra y muebles trasnochados.
Un cargamento de botellas de vino de Oporto en la despensa.
Una cava secreta bien servida de puros toscanos.


Una casa aislada y modesta, más puritana que alegre.
Un corral de altas tapias y emparrado centenario.
Un salón Luis XV donde un solo libro más no quepa.
Un atlas caduco, un laúd, y un inquilino estrafalario.

Una casa, sin ir más lejos, en el secano palentino.
Un horizonte ilimitado de monotonías curvilíneas.
Un clima áspero y seco en conformidad con el espíritu.
Una casa en un paraje de misticismos y semiruinas.

Una casona vetusta, de alcoba de lecho alto y baldaquino. 
Un gabinete donde escribir con pluma digna de anticuario.
En la cocina dieta sola de sopas de ajo en loza blanca.
Un zaguán, un perro ciego y un inquilino estrafalario.


Ese inquilino 
estrafalario, 
es claro, sería yo.

Que soy quien sueño 
con esa casa 
desde hace años... 
y no la tengo.

CAMBIOS A MANSALVA Y DECADENCIA

Cambios a mansalva y decadencia
como único horizonte en la retina.
Si mis ojos no me engañan sólo veo
cambio y decadencia en torno a mí.

Cambios como aves de mal fario
que anuncian un presente sin pasado.
Un presente insobornable cuya amnesia
causa el cataclismo tras de sí.

Y decadencia, como espada de Damocles
enfilada a la crisma de un futuro,
un futuro en los huesos cuyo rictus 
pocas trazas tiene de buen fin.

Sólo cambio y veleidades por un lado,
y roña y decadencia en su contrario.
Quisiera ver, y no lo veo, otro escenario,
otro argumento que el argumento por excelencia.

Mas sólo cambios a mansalva y decadencia.
Sólo cambio y decadencia
en torno a mí.

Así que cambios y mudanzas trepidantes,
y un desmán de polvo y sillas cojas.
En suma, un panorama donde nadie 
encuentra su lugar ni de perfil.

Así que cambios a mansalva y decadencia.
Y eso es todo, eso es todo en esencia:
Medio mundo se hunde y medio mundo boga.
Hacia dónde, no lo sé decir.

NIENTE MI PIACE

Porque el tiempo es de oro 
perderlo a placer
en un acto solemne 
que triunfe del tiempo:
Beber, por ejemplo.
Dormir, despertar... 
volver a dormir.
Leer una línea al azar del Apocalipsis.
Tratar de ser nadie en la cama que yazco.
Gozar de la manta sutil que me cubre.
Fuera de eso, niente mi piace,
todo me aburre.

Hacer, deshacer, 
en el fondo da igual
mover un peón 
o rendir la partida.
Total, qué es la vida
sino una liturgia 
que vuelve siempre al inicio.
Visto lo visto, qué hacer cuando ya es suficiente:
Fumar y observar cómo el humo se pierde.
Escuchar cómo el tiempo en el reloj transcurre.
Fuera de eso, niente mi piace,
todo me aburre.

Rendir culto al absurdo.
Sentir hondamente la nada.
Darse a la paradoja.
Mirar llover por la ventana.
Hervir un arroz,
fumar lo atroz,
Sentar un ritual de manías.
Hacer un té.
Pensar a la negligé
en locos planes de fuga.

Poner a girar la bola del mundo.
Gastar un humor tremebundo.
Bajar al bar, 
subir,
bostezar.
Anticipar con pereza otro octubre.

Doblar ropa de entretiempo.
Relamerse en la lentitud.
Ir mal de salud...
En fin: vivir; 
vivir, se me ocurre:

Fuera de eso
niente mi piace,

todo me aburre.

 

EL VIAJE DE 2014 DE NICK CAVE

EL VIAJE DE 2014 DE NICK CAVE

El viaje espiritual y sonoro por Estados Unidos

del poeta, narrador y cantante Nick Cave

 

El viaje espiritual y sonoro

del músico Nick Cave

 

Sexto Piso publica ‘La canción de la bolsa para el mareo’, la crónica en verso y prosa de una gira de 2014 por 22 ciudades

 

El músico australiano, nacido en 1957, Nick Cave es un creador aficionado a las máscaras, a las bromas, al cultivo de la ironía. Tiene un gran sentido del humor y no huye de la profundidad. Es compositor, cantante, se forjó en solitario y con un grupo como The Bad Sees, entre otros, y no escatima elogios a los demás: llámense Bob Dylan, Leonard Cohen, Brian Ferry o Johnny Cash.

Es, además, actor y un buen escritor. Lo ha demostrado en algunas novelas, en español se tradujo ‘Y el asno vio al ángel’ (Pre-textos, 1989), y lo demuestra con este libro, ‘La canción de la bolsa para el mareo’ (Sexto Piso. Traducción del poeta Mariano Peyrou), que es un libro de ruta, un viaje espiritual y sonoro, una indagación en el origen de las canciones y también una crónica, personal y sorprendente, de lo que puede suceder en una gira musical. En la furgoneta, en los conciertos propiamente o en los aviones. ¿Qué se piensa, qué se lee, de qué se habla? ¿Qué fantasmas azotan a los músicos, cómo llegan a las canciones esos fogonazos de surrealismo, que subyugan y desconciertan?

‘La canción de la bolsa de mareo’ se centra en una gira del contante con el grupo The Bad Seeds por Estados Unidos en 2014. Cada capítulo se titula como las 22 ciudades que visitan; Nick Cave escribe en el papel de la bolsa de mareo y lo hace con absoluta conciencia: escribe y corrige, anota frases y las acompaña de otras, a modo de apostillas o de intuiciones, de diversos colores, que subraya, etc. Utiliza el  verso narrativo y la prosa poética, reconoce ecos del vate John Berryman o de ‘La Biblia’, y casi nunca elude la confidencia o el autorretrato.

Por ejemplo, en Kansas City, Missouri, dice: “Soy un sistema nervioso que se alimenta de rimas y fantasmas. / Los fantasmas aúllan a través de las palabras haciéndolas armonizar”. Es consciente del carácter onírico de su texto y de su viaje. Anota: “Mis nueves musas duermen tranquilas, sobre mi pecho, pues han concluido su trabajo de hoy (...) En mi sueño, me transportan a través de un paisaje onírico norteamericano, delicado y violeta, una panorámica de solución y resolución, donde lo mejor que podemos hacer se revela sin ningún esfuerzo”.

Nick Cave arranca el volumen con la metáfora de un niño de catorce años que quizá soñase la vida que él ha llevado hasta ahora mismo, hasta estos días amargos en los que acaba de perder a un hijo. Cave apura la lectura de ‘Tejiendo sueños’ de Patti Smith, evoca a la poeta Sharon Olds, dialoga con el espectro de Elvis y compone canciones o las repasa, como ‘La mujer del colmenero’ o ‘El oficial de reclutamiento’. En Minneapolis analiza la relación con el público. Y casi todas las noches, por teléfono o en su atribulada cabeza, habla con su mujer (“coge el teléfono”, le suplica a veces), quizá porque “el corazón siempre está en otra parte”. Otra noche, en medio de la alucinación, ella le dice: “Me están comiendo desde dentro”. Tiene sentido: al fin y al cabo, Nick Cave sospecha que habita una pesadilla y que está a punto de vomitar.

 

 

LA ANÉCDOTA

Cuando lleva a Toronto, Ontario, Nick Cave decide hacer inventario de cuánto ha viajado, de lo que ha visto, de los conciertos, etc. Escribe de su peculiar odisea y explica la imagen inicial: “El hombre que sale al escenario en el Sony Centre de Toronto no se da cuenta de que no es un hombre en absoluto. Es el sueño de un niño que está de pie, con lágrimas en los ojos, paralizado en una trepidante vía de tren. El hombre y el niño se sueñan el uno al otro”.

 

*De la serie 'Lecturas de Verano' de Heraldo.