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Antón Castro

IMG: EL MAESTRO MÍTICO

IMG: EL MAESTRO MÍTICO

Temía José-Carlos Mainer, ese sabio de letras, que la figura de Ildefonso-Manuel Gil (1912-2003) no fuese tan recordada. Y quizá lo sospechase también Manuel Hernández, ambos han coordinado un seminario dedicado a la obra del escritor y modelo de conducta cívica que tuvo, además, “una inmensa capacidad para disfrutar de la vida”. Acudieron cada día en torno a cien personas. En la última sesión, tres de sus grandes amigos, María Antonia Martín Zorraquino, Guillermo Fatás y Lola Albiac recordaron al profesor en Zaragoza y en Estados Unidos, al director de la Institución ‘Fernando el Católico’ y al lector, enamorado de Mor de Fuentes, de su obra ‘La Serafina’ y la ilustración, y de Jarnés, a quien conoció y admiró en Madrid, tal como dijo Albiac, a quien llevó a Daroca y despidió en 1949. Ildefonso decía siempre que su amigo entreabrió los ojos y vio en ellos una luz última de alegría o un relámpago de memoria. Guillermo Fatás glosó sus vidas paralelas –estudiaron en Las Anas, dieron clases en el colegio de los Labordeta, fueron profesores universitarios...- y dijo que la elección del autor de ‘La moneda en el suelo’ como director de la IFC fue una gran ocasión política que Ildefonso acogió “con extraordinaria ingenuidad”. Una de sus primeras propuestas fue un ciclo de sesiones poéticas. Quedó claro que fue “un hombre de su tiempo y un maestro mítico para las generaciones jóvenes” (Martín Zorraquino dixit), y que estuvo rodeado de amor (Pilar Carasol fue su actriz preferida, su musa y la madre de sus cinco hijos) y de amigos. Cuando fue despedido de HERALDO (se enteró en Salamanca), Ynduráin, Blecua o Ayala llamaron a rebato y logró recomponer su vida, lejos, para dedicarse a su obra y a la de los otros.

 

*Este texto apareció en la sección 'Cuentos de domingo' de HERALDO. En la foto, Pilar e Ildefonso-Manuel Gil.

'EL PALACIO DE LIRIA' DE ATALANTA

'EL PALACIO DE LIRIA' DE ATALANTA

HISTORIA Y ARTES DEL PALACIO DE LIRIA

Me gustan mucho los libros de Atalanta, el sello de Jacobo Siruela y de Inka Martí. He disfrutado mucho con alguno de sus títulos: los cuentos de Felisberto Hernández, tan reciente, los de Francisco Tario, tan desconocido, los de Salvador Elizondo. Son muchos libros, muchos géneros, con inclinación al híbrido, cuentos, novelas, confesiones, sueños (es muy sugerente el ‘Cuaderno de noche’ de Inka Martí), libros de viajes (como el de Jordi Esteva: ‘Socotra, la isla de los genios’), etc. Y ayer cuando llegué a casa me había llegado ‘El palacio de Liria’, uno de esos libros con los que difícilmente podrá competir el libro electrónico. Lo tiene todo: elegancia, olor, sabor, abre un inmediato laberinto para el viaje y el extravío. Jacobo Siruela invita a conocer mejor a sus antepasados, y luego Carlos Sambricio revela los secretos de la Arquitectura del palacio; Mónica Luengo habla de jardines, un tema muy hermoso, sin duda; Fernando Checa, ex director del Museo Prado, aborda la pinacoteca, aunque hay que decir que todo el libro es como una pinacoteca en sí misma (Tiziano, Rembrandt, Rubes, Ribera, Murillo, Goya, Velázquez, Zuloaga, Franz Xavier Winterhalter), José Manuel Calderón aborda la biblioteca y el archivo, Javier Sala se acerca a los Salones y José Francisco Yvars se centra en el tema de la Memoria, donde se unen la colección y las historias de familia. El libro es una maravilla. El palacio fue terminado en 1785 y poco después, el escritor y viajero William Beckford lo definió como “el más espléndido de Madrid”.

SANTIAGO FUMAZ, ADIÓS A LAS FOTOS

SANTIAGO FUMAZ, ADIÓS A LAS FOTOS

HA MUERTO EL FOTÓGRAFO AMBULANTE

SANTIAGO FUMAZ, CENTENARIO

 

Por Estela PUYUELO 

 

Fumaz Cazcarra, Santiago. Fonz (Huesca), 24.VII.1912- 02.XII.2012. Fotógrafo ambulante.

 

La primera profesión de Santiago Fumaz fue la de peón de albañil, pues su padre y sus dos hermanos pertenecían a este gremio, pero quiso la desgracia –o la buena fortuna- que a los 18 años cayera de un andamio y una pierna le quedara inutilizada. Dadas las circunstancias, su padre le aconsejó ejercer un oficio que se pudiera desempeñar sentado y en Barbastro (Huesca) aprendió los de zapatero y barbero. Pronto, la llegada de la guerra y la emigración le ofrecieron una nueva posibilidad allí donde lo visual acerca lo ausente: la fotografía. En Lérida compró su primera cámara y en el año 1938, con un carro y una caballería, el retratista de Fonz comenzó su andadura con la fotografía del minuto (según el tiempo en el que transcurre el revelado) buscando posados de fiesta en fiesta. Estos primeros pasos terminarían completando un largo, infatigable y fiel recorrido por la provincia de Huesca y algunas localidades cercanas, especialmente ilerdendes, que duraría 40 años. Cuando se retiró, en los 80, había gastado siete coches.

A lo largo de cuatro décadas de vida como fotógrafo, Santiago Fumaz llegó a formar un voluminoso archivo del que se conservan algo más de 15.000 negativos.  Datan mayoritariamente de los años 50 los más antiguos, fecha en la que Fumaz ya compra cámaras con negativo de 35 mm.,  y de la década de los 70 los más actuales. Son testimonios de las fiestas populares de una parte importante de las localidades oscenses, de entre las que destaca Fonz: orquestas y bailes, romerías, procesiones, bodas, bautizos y otros actos sociales quedan retratados en una época en la que todavía no se habían generalizado las cámaras particulares en el Alto Aragón rural.

Conscientes del valor testimonial de estas fotografías, la Diputación de Huesca, a través de su Fototeca Provincial, llegó a un acuerdo con Santiago Fumaz para reproducir su colección en soporte digital e  incorporarla al proyecto Memoria Gráfica del Alto Aragón.

Tuvimos la suerte, junto a José Luis Pano, de acceder a estos fondos fotográficos para estudiarlos junto al autor de las fotografías para escribir sus memorias. Fumaz nos regaló sus recuerdos, puso voz a muchas de las imágenes, nos brindó su amistad y vio su libro publicado en vida. Hoy, a sus 100 años de vida, el retratista de Fonz ha emprendido el viaje más largo pero, como los grandes hombres, no se ha ido del todo. Nos ha dejado un rico patrimonio visual a los aragoneses: todas las sonrisas que pudo capturar en las fiestas rurales de la Postguerra. Y sus memorias.

 Solo falta una exposición fotográfica itinerante que muestre el trabajo de un experto en caminos, lugares y gentes, testigo de romerías, bailes, tradiciones, amigo de músicos, cantadores y danzantes. De otros fotógrafos. De otros ambulantes. De la gente que vivía en los pueblos. Todos nuestros abuelos fueron fotografiados por Santiago Fumaz Cazcarra. Solo tuvieron que decir sí a la pregunta habitual: ¿Quieres un retrato? ¡Cuánta magia encierra una fotografía! Gracias, Santiago por agitar tu varita para convertir instantes fugaces en eternidad.

VIRGINIA WOOLF EN CÓMIC

VIRGINIA WOOLF EN CÓMIC

 

VIRGINIA WOOLF : “TODO  ME HA ABADONADO”.

UN CÓMIC DE IMPEDIMENTA

Cada vez me interesa más la figura de Virginia Woolf. Acabo de leer un cómic o novela ilustrada de Michèle Gazier, ilustrada por Bernard Ciccolini, que se titula simplemente así: ‘Virginia Woolf’, que publica Impedimenta en un nuevo sello ‘El Chico amarillo’. Es un libro  cronológico y sencillo que aborda la compleja, dolorida y fascinante vida de esta escritora que veía morir muchos familiares con demasiada frecuencia: su madre, su padre, tan severo, su hermano, algunos amigos. Tuvo una relación especial con su hermana Nessie, amó a algunas mujeres (hacia Katherine Mansfield experimentó atracción y alguna envidia literaria; amó con locura a Vita Sackville West...), se casó con Leonard Woolf, fundaron juntos la editorial Hogarth Press, vivieron entre Londres y el campo, muy cerca del río Ouse. Virginia siempre buscó su lugar en el mundo e intentó sobrevivir a sus sombras, a la turbulencia de sus sueños, a su bipolaridad, a  su incesante melancolía. Escribía sus diarios y magníficas novelas. El estallido de la II Guerra Mundial la llenó de pánico y de aprensión; acentuó su fragilidad. Y un día decidió irse; antes dejó una carta para Leonard, su compañero sigiloso y sabio. Le decía: “Todo me ha abandonado, excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida”. Era el 28 de marzo de 1841. En el libro todo está contado con sencillez y unas cuidadas ilustraciones, llenas de colorido, de sensualidad, de hermosos paisajes. Y nos permite ver las fiestas, las tardes de té del grupo de Bloomsbury. Y nos invita a conocer de cerca, con todos sus fantasmas, el universo de creación e incertidumbre de una gran escritora.

GABI MARTÍNEZ: VIAJE Y AVENTURA

GABI MARTÍNEZ: VIAJE HACIA LA GRAN BARRERA DE CORAL

Hace unos días Albert Padrol me envió el libro ‘En la Barrera’ (Altaïr) de Gabi Martínez (Barcelona, 1971), al que define como “un libro de viajes y mucho más. El hilo principal lo sirve el recorrido de Gabi Martínez por la costa del Estado australiano de Queensland. Ese litoral, bañado por el Oceáno Pacífico, en ocasiones, parece inventado o producto del ensueño (...) Casi resulta obligado que un aliento épico envuelva a los hombre y mujeres que habitan ese paisaje”. Y añade, entre otras cosas, que “con sencillez, transmite una emoción compleja, y deja intuir cuál podría ser nuestro lugar en el universo”. Gabi ha hecho del viaje su forma de vida y el impulso de su literatura. Conoció a Paul Bowles y a Mohamed Chukri y ha publicado libros como ‘Los mares de Wang’ o ‘Solo para gigantes’, entre otros títulos.

Gabi Martínez, con toda la generosidad del mundo, me envía el arranque de su viaje.

 

PAISAJE

 

Por Gabi MARTÍNEZ

Ahí abajo, la costa australiana y el mar componen una abstracta constelación de meandros en tan armónico equilibrio que hace pensar en una fuerza distribuidora superior a todo lo imaginable. Las curvas de los riachuelos, los claros del bosque, los brazos de arena que se alargan agua adentro, las islas, el coral... Existe un orden geométrico que se entiende a través de los colores: sin transiciones bruscas, siempre bien compensados, de acuerdo con la curva de aquel río, con la loncha blanca de playa, con el cabrilleo escalonado de las olas que vierte el océano ya amansadas tras chocar contra la Gran Barrera de Coral.

La línea de arrecifes más larga del mundo ha dotado a las barreras de un significado distinto. El enorme pantano del Sudd -que en árabe significa Barrera-, la Gran Muralla China o la barrera del sonido son obstáculos que alguna vez alguien deseó vencer al menos con la intensidad con la que los negros estadounidenses desearon compartir autobús con los blancos o con la que la fotógrafa Helena Henriques quiso aprender a nadar aun teniendo más de treinta años. Pero la Gran Barrera se vincula en especial a los regalos, los tesoros y, sobre todo, a la supervivencia, no importa en qué lado del arrecife estés.

Si Australia fuera un animal, la Gran Barrera actuaría como una piel extrafina, la capa más sensible al deterioro y, por eso, la que revela su salud. Desde el avión, la piel todavía aparece espléndida. La selva subacuática se prolonga durante kilómetros, interrumpida en ocasiones por canales sinuosos aunque suficientes para la navegación, o sesgada por amplias brechas que conectan al mar abierto, si bien las fisuras no importan, más bien forman parte de la estructura dominada por los macizos de coral. Al apiñarse, los pólipos dan lugar a algo semejante a planicies o a islotes de forma irregular pero de contornos tan precisos y compensados que algunas galerías de arte limitan su oferta a exponer fotografías del paisaje tomadas desde el aire. Cuando uno ve el trabajo de un cartógrafo en Queensland, puede pensar en Kandinsky, en la obra de Yann Arthus-Bertrand...

 

El autor también me envía esta citas que coloca en el pórtico de su viaje.

Bill Bryson, escritor: “Nadie se pone de acuerdo sobre dónde empieza y dónde acaba la Gran Barrera de Coral. Es el equivalente oceánico a la selva amazónica. El ser vivo más grande de la Tierra, el único visible desde la Luna”.

 

Josep García, biólogo: “Por muy preparado que vayas, no sabes dónde estás hasta que no te enfrentas a esa inmensidad. En Australia, el espacio es otra cosa, tiene unas medidas distintas, todo se magnifica. En cuanto a los animales... buf, es un no parar. Lo curioso es que cuesta localizarlos, sabes que se ocultan cerca pero no los ves... y sin embargo no tienes sensación de peligro. Me acuerdo de que cuando al fin empecé a explorar sobre el terreno, veía pasar un animal desconocido, lo buscaba en la guía y entonces pasaban cinco más. Así varias veces, hasta que dije: mira, cierra la guía y a disfrutar”.

 

Emma Darwin, esposa de Charles Darwin: “Es un grave error razonar mientras se observa, aunque es necesario hacerlo antes y muy útil hacerlo después”.

 

Lorenzo de Médici, último de una estirpe: “Las playas son muy bonitas pero no puedes entrar en el agua porque está llena de medusas que matan. Bueno, hay unos cuadraditos precintados para darse un baño...¡una piscina municipal es más grande que eso! Así que en muchas playas salvajes no ves un alma, y te preguntas, ¿es un sueño? Pues no: en la arena están los equipos de emergencia, por si te pica algo que no mueras en tres horas. En Green Island, para ir a la playa desde mi bungalow debía atravesar un bosque y, de pronto, me encontré rodeado de iguanas. Tuve que aplaudir para abrirme camino. Los bichos se apartaron pero fue una experiencia muy muy desagradable. Ahí fue cuando me pregunté: ¿Qué hago yo aquí?”.

 

Anna Baldellou, submarinista: “Vivir en el barco era estar en el paraíso. Me levantaba a las cinco de la mañana y pasaba todo el día en el agua. Nadé cerca de tiburones, una ilusión que tenía, y no me defraudó. Conocí a un chico increíble, no había visto a nadie tan feliz como él. Tenía tan pocos problemas que me costaba entenderlo hasta el punto de preguntarme si sería yo la que veía problemas donde no había. Me recuerdo con un collar de corales que siempre llevaba puesto”.

 

Xavier Moret, viajero: “Hay pocas cosas en el mundo más maravillosas que la barrera de coral de Australia”.

CubAhora (internet): “En 1998 -considerado el año más cálido del siglo XX- cuando el agua subió un grado su temperatura, murió el 16 por ciento de los corales del mundo, pero los científicos advirtieron que los futuros cambios en Australia tendrían resultados mucho peores, ya que se estimó que las aguas locales aumentarán su temperatura de 2 a 6 grados en los próximos 50 años”.

Jane Wooldberg, técnica en aparatos de aire acondicionado: “Lo del cambio climático no nos afecta. En Queensland tenemos agua, ríos limpios... A la gente le gusta hablar pero parece que no tenga ojos para ver la realidad, este cielo. Además, ¿sabe lo que supondría cambiar las mecánicas de producción? ¿Quién va a dejar en el paro a gente que montó su negocio de forma legal cuando nadie hablaba de ecología? ¿Cómo se justificaría eso?”.

 

John Berger, crítico de arte, pintor y escritor: “Hoy, en el Oeste, cuando la cultura del capitalismo ha abandonado todas sus pretensiones como tal cultura y se limita a ser simplemente una “práctica inmediata”, la fuerza del tiempo se representa en forma de un supremo aniquilador a quien nadie osa oponerse. El planeta Tierra y el universo se están agotando. El desorden aumenta con cada unidad de tiempo que pasa”.

Guía sobre los pueblos indígenas de Australia: “El mayor arrecife del mundo, la Gran Barrera de Coral australiana, tiene una superficie de 350 000 kilómetros cuadrados en los que se hallan 900 islas, 400 tipos de corales, 1 500 de peces y 4 000 especies de moluscos”.

Paul Marshall, miembro de la Australian Coral Reef Society (ACRS): “Desde el verano austral 2001-2002 nos dimos cuenta, después de sobrevolar 640 de los 2 900 arrecifes que forman la Gran Barrera y de habernos sumergido en 27 sitios, que cerca del 95 por ciento de los corales del Parque había emblanquecido”.

Edward O. Wilson, sociobiólogo: “La superficie de la Gran Barrera de Coral, el yacimiento más grande y más protegido del mundo, se redujo a la mitad entre los años 1960 y 2000. En conjunto, un quince por ciento de los arrecifes de coral del planeta han desaparecido o se han degradado de manera irreversible, y una tercera parte podría desaparecer durante los próximos treinta años si continúa la actual tendencia a la baja. Se calcula que el actual ritmo de extinción es unas cien veces superior al que había antes que los humanos aparecieran sobre la Tierra, y se cree que aumentará unas mil veces o más durante las próximas décadas. Somos el meteorito gigante de nuestros tiempos y hemos iniciado el sexto cataclismo de la historia fanerozoica. Si esta pérdida permanente no remite, pronto llegará la era eremozoica: la era de la soledad”.

 

Mark Carwardine, zoólogo: “La gran mayoría de las extinciones se ha producido en los últimos trescientos años. Y de las ocurridas en los últimos trescientos años, la mayor parte corresponde a los últimos cincuenta años. Y de las ocurridas en los últimos cincuenta años, casi todas han tenido lugar en los últimos diez años. Lo más pavoroso es ese índice de aceleración. Cada año echamos fuera del planeta más de mil especies diferentes de animales y plantas”.

 

Yasutaka Tsutsui, escritor: “Creo que el cambio climático es uno de los motivos por los que se extinguirá la humanidad. Por eso mismo he pensado en escribir algo sobre ese futuro que nos espera”.

 

Charles Darwin, biólogo: “El exterminio de las especies se produce a raíz de cambios en las condiciones externas y del aumento o inmigración de especies más favorecidas. En Australia, las condiciones serían muy favorables para que las especies de esos órdenes se adaptaran para desempeñar papeles en la economía de la naturaleza que en otros lugares serían desempeñados por tribus especialmente adaptadas a esos papeles”.

 

Edward O. Wilson, sociobiólogo: “Las especies invasoras son la segunda causa de extinción de las especies autóctonas, después de la destrucción del hábitat causada por la actividad humana. La creciente marea de invasores está homogeneizando los ecosistemas terrestres”.

 

Charles Darwin, biólogo: “A menudo basta un solo nuevo ser para tener un efecto más allá de nuestros cálculos al ocupar y participar de la subsistencia de otro, de varios o de muchos organismos. Todo ser orgánico aumenta naturalmente en progresión tan alta y rápida que, si no es destruido, la Tierra pronto estaría cubierta por la descendencia de una sola pareja. Aun el hombre, que es lento en reproducirse, se ha duplicado en veinticinco años y, según esta progresión, en menos de mil años su descendencia no tendría literalmente sitio para estar en pie”.

 

Josep García, biólogo: “Las plagas están azotando fuerte en los últimos tiempos y los australianos se inventan fórmulas de lo más raras para combatirlas: hay safaris nocturnos para turistas que vienen a matar canguros. Encienden los focos de los todoterreno para deslumbrarlos y venga, a matar”.

 

Linda Rowe, fundadora de las Croc-Shop: “Cuando llegó el ganado a Cape York, los cocodrilos se multiplicaron. Eran tantos que también empezaron a liquidar las reservas de pescado en los ríos así que hubo que mantenerlos a raya. Por aquí hemos tenido a grandes tiradoras, como Grace Brees y Krys Paulovski. Pero entonces fueron los cocodrilos los que empezaron a escasear y se prohibió la caza... aunque yo aún pude cargarme unos cuantos, mira la portada de mi libro. Ésa soy yo. Hay que defenderse”.

 

(2. Portada del libro)

 

Bruce Chatwin, escritor viajero: “Donde existe el peligro también se desarrolla aquello que salva”.

 

Charles Darwin, biólogo: “En todos los países los habitantes indígenas han sido hasta tal punto conquistados por producciones naturalizadas que han permitido a algunos extranjeros tomar posesión de la Tierra. El cruzamiento entre variedades distintas da vigor y fecundidad a la descendencia”.

 

César Manrique, artista del paisaje: “La consciencia del milagro de la vida y su brevedad me han hecho ver claramente que el sentimiento trágico de nuestra existencia nos empobrece”.

 

Jeffrey Caine, pescador: “Lo que me fastidia de la gente que viene de fuera a escribir es que luego no hablan más que de animales y de aborígenes. ¿Y nosotros? Porque aquí viven personas. ¿O qué soy yo? ¿Soy un erizo? ¿Soy un koala? ¿Soy un emú? Yo soy un tío de 102 kilos, con 43 años y una historia acojonante. Pero busque usted algo sobre la gente que vive aquí. Mucho pez, mucho coral, pero, ¿y las personas? ¿Qué pasa con las personas?”.

 

Jan Morris, escritora: “¿Cuál es la verdadera definición de australiano? Un hombre que mira fútbol en la televisión con un sombrero de felpa en la cabeza y una lata de Foster’s balanceándose encima de la barriga”.

 

Jeffrey Caine, pescador: “Bueno, es verdad, ese Morris habló algo de la gente, pero no sirve, porque él escribió sobre Sydney, y la Gran Barrera no tiene nada que ver con Sidney. Además, por lo que he oído, no puso más que idioteces. Por cierto, es marica, ¿no?”.

 

Mi diario 2007: “El salvajismo del mundo infraacuático se exacerba en esta costa que revela espacios aún vírgenes, enormes y sanos, preservadores de una autenticidad que muchos ya creían archivada”.

 

Linda Rowe, fundadora de las Croc-shop: “Al instalarme, me sorprendió el increíble número de serpientes. Habrás visto a mucha gente caminando descalza en otras zonas del país pero puedes creer que cuando yo llegué aquí nadie del área había sido mordido jamás por una: eran lo bastante astutos para llevar linternas y calzar botas por la noche”.

 

Mi diario 2007: “Las moscas son gigantes en Magnetic Island. Y muerden, afirma Chris mientras conduce descalza el Rolls Royce en una estampa bastante representativa de esta vida lujosamente asilvestrada”.

 

Jordi Serrallonga, arqueólogo y naturalista: “Australia es el país donde menos he podido racionalizar. Tengo muy claro por qué me apasionan África o las Galápagos pero Australia... el caso es que, cuando veo a compañeros con los que viajé allí o a alguien a quien le interesa el tema, podemos pasar horas hablando, entusiasmados”.

 

John Denny, turista de 73 años: “He venido porque quiero ver Cape York y el norte de la Gran Barrera antes de morir... o antes de que se muera ella. Sé que no es un viaje fácil. Nada fácil. ¿Crees que estoy loco?”.

ILDEFONSO Y SU GRAN AMOR

ILDEFONSO Y SU GRAN AMOR

PILAR E ILDEFONSO: UNA LARGA Y BELLA FÁBULA DE AMOR

El pasado viernes concluyó el seminario sobre Ildefonso-Manuel Gil. En la mesa redonda final hablaron Guillermo Fatás, que hizo un viaje por las vidas paralelas que habían tenido él y el poeta; Lola Albiac recordó algunos de sus trabajos en torno a Mor de Fuentes y a Benjamín Jarnés, a quien admiraba mucho. Y María Antonia Martín Zorraquino analizó su condición de profesor, la importancia de la amistad en su vida y recordó su historia de amor y convivencia con su musa, su esposa, su compañera Pilar Carasol Torralba. Una foto entrañable de ambos.

 

ALEJANDRO MONGE, PREMIADO

ALEJANDRO MONGE, PREMIADO

ALEJANDRO MONGE, EL ESCULTOR DE RETRATOS, GANA EL X PREMIO BIENAL DE PINTURA ’DELEGACIÓN DEL GOBIERNO EN ARAGÓN’ EL MISMO DÍA QUE INAUGURA SU PRIMERA EXPOSICIÓN EN SOLITARIO

 

[Nota de Eugenia Aragonés]El artista zaragozano Alejandro Monge inauguró el pasado jueves su primera exposición en solitario a las 19:30, en la Galería Carlos Gil de la Parra, Ps. Constitución, 28. La inauguración fue doblemente satisfactoria para el artista que pocas horas antes recibía la llamada en la que se le comunicaba que su obra había resultado galardonada con el X Premio Bienal de Pintura “Delegación del Gobierno de Aragón”.

El jurado, que emitió ayer su fallo, estuvo compuesto por el delegado del Gobierno en Aragón, Gustavo Alcalde; la directora del Área de Alta Inspección de Educación y la jefa de sección de la Alta Inspección de Educación de la Delegación del Gobierno en Aragón, Ana Grande y María Isabel San Román, respectivamente; la responsable del Programa de Educación y Cultura de la Obra Social de IberCaja, Magdalena Lasala; la directora del Museo IberCaja Camón Aznar, María Rosario Añaños, la catedrática de Instituto de dibujo y pintora, Esperanza Altuzarra; el comisario de Exposiciones y crítico de arte, Ricardo García; y la ganadora del primer premio de pintura Delegación del Gobierno en Aragón 2010, María José Laplana. El fallo se emitió tras valorar las 88 obras presentadas este año.

Alrededor de 150 personas se acercaron a lo largo de la tarde por la Galería Carlos Gil de la Parra para celebrar la primera exposición de Alejandro Monge en solitario y para felicitarlo por el premio. A lo largo de las dos horas que duró la inauguración pasaron por la Galería amigos de la Escuela de Artes donde el artista se formó como escultor, familiares, clientes, coleccionistas así como rostros conocidos del mundo del arte. La exposición que estará abierta al público hasta el 10 de enero del 2013 recoge un total de 34 obras del artista que se exponen por primera vez en Zaragoza.

La obra de Alejandro Monge, especialmente los retratos de gran formato, despierta admiración por su técnica, perfección y realismo. Ayer además se pudo ver, tocar y examinar su escultura de los billetes que se convirtió en lo más comentado; está hecha de papel petrificado con resinas,  pintada y modelada a mano, no se ha utilizado el fuego en ningún momento.

Alejandro Monge, nacido en 1988, es técnico superior de artes plásticas y diseño con la especialidad de escultura en la Escuela de Artes de Zaragoza. Escultor vocacional, hace tres años cogió los pinceles por primera vez y descubrió en el retrato una nueva vía de expresión.

 

Los retratos de Alejandro Monge trascienden del lienzo, el volumen y profundidad que crea los convierte casi en esculturas que pugnan por liberarse de las dos dimensiones. Los claroscuros recuerdan a Caravaggio; la estética a los impresionistas, principalmente a Sargent, el pintor que más le ha influido.

Como el mismo pintor afirma sus retratos son realistas. Cada obra de gran formato le lleva meses en los que se vuelca en cuerpo y alma hasta que la da por concluida produciéndose un feedback emocional y psicológico entre el artista y el retrato.

Su siguiente proyecto “Micara Enunmuseo” ha arrancado ya en facebook; el artista busca a una zaragozana menor de 27 años para convertirla en protagonista, durante año y medio, de su próxima obra en la que también estará muy presente la escultura.

Como escribe Antón Castro en el catálogo de la exposición: Alejandro Monge intenta ser un artista libre. Abierto al propio ritmo de pintura. Lento y seguro. Busca la contundencia y la belleza. No pretende ser amable. Y no pone títulos a los cuadros porque no quiere que el espectador se sienta condicionado. Al contrario: el cuadro se completa en el corazón y en los ojos del espectador a través de la ciencia de la observación y de la libertad del pensamiento.

 

*En la foto de Eugenia Aragonés, Alejandro Monge con Carlos Gil de la Parra y Pepe Cerdá.

LA ZARAGOZA QUE DESAPARECIÓ

LA ZARAGOZA QUE DESAPARECIÓ

LA ZARAGOZA DESAPARECIDA

[marisa Soler y Joaquín Merchán me envían el dossier y algunas fotos de la exposición, en el Centro de Historias, 'Zaragoza desaparecida'.] 

Organiza: Sociedad Municipal Zaragoza Cultural

Comisariado: Trazacultura.es (María Uriol y Sergio Artiaga)

Producción: Centro de Historias

Diseño gráfico: Víctor Gomollón

Montaje: Brigadas municipales de arquitectura

Seguro: AON–Gil y Carvajal

Colaboradores: Rafael Castillejo, Mª José Moreno, Juan Martín,

Jesús Gimeno, Agustín Muñoz y Amparo Martínez

Centro de Historias de Zaragoza

Plaza de San Agustín, 2

50002 Zaragoza

www.zaragoza.es

 

Horario:

De martes a sábados de 10 a 14 h y de 17 a 21 h

Domingos y festivos de 10 a 14 h

CONTACTO para mayor información y entrevistas:

Centro de Historias de Zaragoza

Tel: 976 721 885

Comisariado: Trazacultura (Sergio Artiaga)

 

Esta exposición, producida por el Centro de Historias de Zaragoza, pretende recuperar los lugares desaparecidos relacionados con el ocio en la ciudad entre la sociedad de posguerra y la sociedad expectante de la llegada de la democracia. Gracias a una intensa labor de documentación y búsqueda de materiales, además del apoyo prestado por una larga nómina de colaboradores y personas vinculadas al ocio de estas décadas en Zaragoza se va a poder mostrar un mosaico de recuerdos que permitan reconstruir la memoria sentimental del pasado inmediato de la ciudad y su gente.

Durante el siglo pasado la ciudad y sus ciudadanos cambiaron de forma radical en su forma de ser, de estar y de hacer; ocupando su tiempo en actividades y lugares de los cuales hoy sólo quedan recuerdos. Unos recuerdos que no son tan lejanos, que muchos zaragozanos tienen en mente, y que volverán a recordar a través de las paredes de esta muestra. Pero, además, se mostrará una ciudad desaparecida, nueva para varias generaciones de zaragozanos que permitirá crear un diálogo entre ambas.

 

BLOQUES TEMÁTICOS DE LA EXPOSICIÓN

Aquella Zaragoza

Antes de que las paredes de la exposición pasen a evocar los lugares del ocio desaparecidos de la ciudad, de un solo vistazo, se presenta cómo es la Zaragoza de la que se está hablando. Una ciudad que se va a modernizar en estas décadas, que va a crecer con nuevos paseos expandiéndose más allá de los límites que había tenido durante siglos y que incluso se va a atrever a cruzar la otra orilla del Ebro, para dar cobijo a sus ciudadanos, creando el barrio conocido como el Actur. Para llegar al centro, donde se concentraban los lugares de ocio, desde los barrios y viceversa los zaragozanos pagaban gustosamente el billete del tranvía, del trolebús, del autobús o, si había prisas, se cogía un taxi o uno de subía a lomos de las modernas Vespas.

 

 

En Zaragoza también había playa

Todos los zaragozanos saben que el verano en la ciudad, a veces, es imposible y que tierra adentro se sueña con la playa. Para solucionar esta situación ha estado ahí el Ebro —la mayor calle de la ciudad— cuyas orillas y cuyo cauce han sido durante años lugar predilecto de entretenimiento de la ciudad. Todo empezó en 1928 con la construcción del conocido popularmente como Balneario del Ebro. Un simpático pabellón de madera, pintado en blanco y azul, ante cuyo arenal se desplegaban los bañistas, al igual que en otros puntos del río como eran la Playa de los Ángeles y la Playa de las Hojalatas.

En 1965 estos entrañables Baños fueron derribados. ¿Los culpables? Los tiempos modernos, los modos nuevos y los gustos nuevos, es decir, el Club Náutico, las primeras piscinas y el Club Helios. Éste último, un lugar pionero en ofrecer a la ciudad pistas de frontón, de tenis, de baloncesto e, incluso, pistas de bolos, antes de la llegada de los americanos.

Su piscina se abarrotaba año tras año y sus actividades se trasladaban a las aguas del Ebro. La diversión unas veces tomaba forma de trampolines flotantes y otras veces eran las piragüas y los remos los que arañaban las aguas del río.

 

 

El Paseo de la Independencia: bares,

cafeterías y restaurantes

Este paseo era, y es, el ombligo de Zaragoza y el lugar que ha concentrado a lo largo del siglo XX los sitios de ocio de la ciudad: cines, teatros y, por supuesto, cafeterías y bares.

A mediados del siglo XX los cafés abiertos en el siglo XIX van a cerrar sus puertas para dar paso a otro tipo de hostelería. La vida moderna ya no se ve pasar desde una mesa sino que la gente se agolpará en las barras para tomarse un café Express mientras suena el murmullo de la música, la

radio o la recién llegada televisión. Para ilustrar estos lugares desaparecidos se han localizado fotografías, dibujos, vajillas, posavasos, menús o cerilleros de un buen número bares abiertos en estas fechas tales como el Café Salduba,

la Cervecería Abdón, el Café Alaska, Antiguos Espumosos, La Nueva Maravilla, La Maravilla, el Café Avenida, el restaurante Bienvenido, el Café París o Las Vegas, un local que supuso toda una revolución en 1955 en la ciudad por su espectacular decoración por parte de la empresa zaragozana Simón Loscertales Bona, lo que supuso que fuera bautizada como la mejor cafetería de España.

 

Las salas de fiesta: el embrujo de la noche zaragozana

Salir de noche, bailar, «alternar» no son cosas inventadas hoy. Si ahora en Zaragoza hay ambiente nocturno de jueves a sábado, hace cinco décadas era posible ir de sala en sala todos los días de la semana.

El color gris de otros aspectos de la sociedad era borrado por el colorido de las salas de fiesta que ofrecían espectáculos y atracciones en directo para todos los gustos: orquestas, cómicos, rockeros, vedettes, cuadros de baile o flamenco, artistas de primera fila y chicas en la barra con las que beber e intentar «algo más». También Zaragoza va a tener las mejores Salas de Fiestas del país, solo superadas por alguna de Madrid y Barcelona:

Cosmos, Rumbo, Pigalle, Venus, Capri, Cancela, Río Club, Corinto o Aída, la última sala de este tipo abierta en la ciudad, en 1975.

 

 

Los lugares desaparecidos

de la música

Estas décadas del siglo XX van a estar acompañadas por la banda sonora de una multitud de solistas y grupos de música —profesionales y aficionados— que surgían en la ciudad bajo la influencia de las estrellas nacionales e internacionales: The Beatles, Los Brincos, The Shadows, Adriano Celentano, etc. Más de cien grupos verán la luz estos años, y podrán actuar en casi otros tantos escenarios: salas de fiestas, el Jardín de Invierno del Parque Grande, las verbenas de los barrios como los de Montañana o Santa Isabel, los teatros e, incluso, en los cines. Y es que en cines como el Pax, Dux o el Madrid de las Delicias se celebraban las famosas matinales donde, los domingos por la mañana, la juventud acudía a animar a su grupo de música favorito y ver a los nuevos talentos.

 

Futbolines, billares y boleras

Muchos locales en el Coso, el Tubo, o la Calle San Miguel, ofrecían en Zaragoza tacos y bolas para jugar al billar de carambolas o francés, no al billar americano que es el que es habitual hoy en día. Aunque este otro tipo de billar se fue implantando en bares y pubs para que los americanos de la Base Aérea se sintiesen como en casa. «Culpa» también de los americanos es que Zaragoza sea una ciudad pionera en bowling.

Hasta cuatro boleras llegaron a funcionar en la ciudad en los años setenta.

La mejora: el Bowling Club de la Calle San Juan de la Cruz con dieciséis pistas abiertas.

 

Zaragoza: ciudad de cines

Zaragoza ha sido una ciudad liga - da al cine, desde sus orígenes. Si en la actualidad no llegan a diez los lugares donde disfrutar de una película, a mediados del siglo pasado habría más de cincuenta. Para ver las películas de estreno se debía ir al centro de la ciudad a las confortables y modernas instalaciones del cine Rex, Avenida, Coliseo o Actualidades, pero en cada barrio —Las Delicias, Oliver, Torrero, San José, etc.— había una sala donde ver películas de reestreno, una detrás de otra, mientras pasaban las horas de la tarde. En los años setenta, la expansión de la televisión hizo que muchos cines cerraran o acabaran siendo bingos por lo que esta sala de la exposición pretende descubrir y recordar mediante abundantes imágenes y curiosidades una larga lista de estos cines desaparecidos.

 

El cine de los cines

Tan importante como las salas de cine era la cartelera. Junto a fotografías de los cines desaparecidos se muestra una selección de carteles de películas que han sido fundamentales en las pantallas de la ciudad: desde la novedad de La Túnica Sagrada (1953) que fue la primera película proyectada en Cinemascope hasta el éxito de películas tan dispares como El Último Cuplé (1957) protagonizado por Sara Montiel o lo prohibido de El último tango en París (1972).

 

Los teatros

Los cines no eran los únicos escenarios para pasar una buena tarde o noche. La ciudad contaba con tres magníficos teatros, hoy ya desaparecidos: el Teatro Circo en la Calle San Miguel, el Teatro Argensola en el Paseo Independencia y el Teatro Fleta del cual aún se puede ver su «esqueleto» en la Avenida César Augusto, un verdadero icono de la arquitectura moderna en la ciudad.

Hoy en día un teatro es para obras de teatro, hace unas décadas un teatro acogía los espectáculos más variopintos que se pueda imaginar: circo, shows con fieras, revistas, zarzuelas, óperas, conciertos de música culta, festivales de música pop, proyecciones de cine, concursos de belleza, variedades, comedias, etc.

 

Fotografías de estos teatros y de los artistas que se pudieron ver desde sus butacas y antiguos affiches y programas de mano de sus actuaciones permitirán mostrar la intensa actividad de estos tres escenarios.

 

La eclosión del Teatro Independiente

En paralelo y mezclándose con el resto de programación teatral, Zaragoza va a ver como surgen con fuerza una generación de Grupos de Teatro Independiente que también tendrán ocasión de desplegar sus escenografías y fuerza dramática sobre los escenarios del Teatro Principal, del Teatro Argensola o de los aforos de los colegios de El Salvador y Marianistas o

el Casino Mercantil. Estos grupos aunarán el objetivo de divertir con sus montajes con la finalidad última de invitar a la reflexión, e incluso a la rebelión.

El Teatro Universitario de Zaragoza, uno de los más sobresaliente del país, marca el resurgimiento de una larga y heterogénea lista de agrupaciones: Teatro de Cámara (1963) —prolongado en el Teatro Estable—, Grupo 29 (1964), Teatro de Hoy (1965), Morfeo (1967), Teatro Club (1968), Tántalo (1969), Teatro Escuela, convertido luego en La Taguara (1970), Teatro

de La Ribera (1974), Mosca Teatro (1977), Talía (1979) o Tabanque-Imagen 3 (1980).

Todas ellas tenían en común la fuerza de voluntad de abrirse paso hacia la libertad creativa y la profesionalización de su trabajo en Zaragoza y Aragón; les diferenció casi todo lo demás.

 

El Plata

En 1943, en «el Tubo», el ombligo de Zaragoza, los oscenses hermanos Trallero abrieron un local que bautizaron como Bar Café Cantante Plata

que tras el paso de los años resistirá como el último café-cantante de Europa.

Espectáculos de lo más variopintos brillarán en su pequeño escenario hasta su primer cierre en 1992. Espectáculos que pretendían donar un rato de alegría a los espectadores, siempre con el acompañamiento musical del piano, la batería y el saxo. Sus artistas trabajaban en sesiones de noche, en sesiones de vermut en fiestas y también en la sesión del café pensada para que la gente de los pueblos que habían bajado a la capital pudieran gozar del espectáculo.

Para sentarse en sus sencillas mesas y sillas de formica no se pagaba entrada, el único importe era el de la consumición. Una vez que las luces se encendían empezaba un tira y afloja entre el público y los artistas: se les jaleaba, se les hacían comentarios jocosos a gritos y se les pedía determinados números a lo que los protagonistas del espectáculo contestaban con gracias, elegancia o grosería.

 

Un «Oasis» en la ciudad

Mientras en el resto de Europa los cafés cantantes, las variedades y el music-hall se iban desvaneciendo, en Zaragoza El Plata y El Oasis acompañaron a la ciudad en todas las décadas del siglo XX ofreciendo un heterogéneo panorama de actuaciones donde cabían la comedia, la música popular, el flamenco, la revista, el baile y el teatro, e incluso, aunque bajo el atento ojo de la censura, la sensualidad y el acercamiento a lo prohibido.

Este reducto de la Calle Boggiero fue bautizado como tal en 1942 tras un concurso convocado por Heraldo de Aragón aunque había abierto sus puertas muchos años antes, concretamente en 1909 como Royal Concert, nombre que se castellanizó en 1927 y que se cambió con La República y pasó a convertirse en Salón Variedades.

Su escenario se llenó de vida durante estas décadas gracias a su propietario Celestino Moreno, llamado por alguno «Catedrático de Estrellas». Celestino controlaba todo: desde los aspectos más burocráticos a las contrataciones y, por supuesto, el lado artístico del negocio llegando a hacer canciones, coreografías, carteles y decorados. La Historia de El Oasis y de Celestino Moreno, es la Historia del espectáculo español del siglo XX.