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Antón Castro

MARÍA BUIL PINTA RETRATOS

MARÍA BUIL PINTA RETRATOS

El pasado miércoles, durante la presentación de ‘Pepe Cerdá, entre dos luces’, apareció esa estupenda pintora que es María Buil. Hace un par de meses expuso en París una selección de retratos. María lleva algún tiempo trabajando en esa dirección; entre las piezas que me envía está este retrato. Dice María Buil: “Te mando parte de la exposición que acabo de hacer en París. Todo son tamaños pequeños, los rostros a talla real. Son vecinos del Rabal que posan regularmente para mí, amigos que se prestan generosos y el nº 7 es mi adorada tía-abuela, muerta ya desde hace dos años, Carmina. María”.

TERUEL DESPIDIÓ A NENICHE

TERUEL DESPIDIÓ A NENICHE

 

La catedral de Teruel, esa mansión hecha mudéjar y memoria del tiempo, con su espectacular techumbre, acogía esta mañana la despedida de Adela Buñuel Adán, hija de José Buñuel, todo un personaje en la pequeña ciudad de las Torres Gemelas que fundó hace muchos años el Laboratorio de Análisis Clínicos. Adela había perdido hacía poco a su hermano José Cristóbal (marido de la locutora de la Cadena Ser en Teruel, Mari Carmen Hernández); nos contaba la periodista Conchita Hernández -a Mariano Gistaín, a María Pilar Clau y a mí, en la plaza de San Juan, al mediodía-, que la madre de Adela les ponía a sus hijos nombres familiares. Por eso, para sus íntimos, Adela era Niniche. O quizá Neniche. Y así me lo había dicho también Luis Fernández Uriel, arquitecto y ex alcalde de la ciudad, en la puerta. El sacerdote hizo un retrato de Adela: recordó sus últimos días, su serenidad, y su condición de madre (de Adela, Blanca y Manuel) y de abuela de seis nietos, preocupada por su entorno y por el destino de los suyos.

He contado aquí que he estado más de media docena de veces con Adela y con su marido Manuel Pizarro. Era una mujer luminosa y dulce, tranquila: sabía mirar el mundo con elegancia, con calma, con esa forma especial de estar en la tierra atenta a todo, laboriosa y pugnaz, pero sin reclamar atención. Parecía estar siempre en paz consigo misma y con los demás.

Esta mañana asistimos algunos a una escena conmovedora e inolvidable: el coche fúnebre traía el féretro y Manuel estaba ante él, casi en soledad, con ese gesto de calmo dolor. De negro, entre desolado y sobrio, transido de una pena inefable. Era como si, entre la multitud que aún no se atrevía a acercársele, estuviera solo [no lo estuvo: vino mucha gente de todo el país, acudieron sus paisanos, el paisaje humano de Teruel] en su adiós unos minutos antes de la ceremonia. Solo y desconcertado, asomado a un abismo aún indescriptible. El sacerdote recordaría poco después que en la catedral se habían casado Manuel y Adela hacía treinta y cinco años, y que habían celebrado hacía una década sus bodas de plata.

Hace algunos años a Manuel Pizarro le dieron la Medalla de Oro de Teruel. Uno de los premios que más le han gustado. Algunos amigos fuimos a estar con él unos minutos. En su discurso de amor a Teruel y a Aragón, tuvo un gesto precioso: recordó que durante algún tiempo, mientras opositaba y se recluía de las agitaciones del mundo, había sido un “mantenido”. Adela lo había mantenido y lo había protegido. Y mimado como lo ha seguido mimando durante años: con la sonrisa, con el afecto, con los gestos inadvertidos que dibujan el código de nuestros amores más particulares. Mariano Gistaín recordó esa anécdota. Me pareció un hermoso colofón, una bella despedida.

Siempre lo he pensado: no creo en el más allá, pero existe otra inmortalidad: la persistencia en la memoria, los cuentos que contamos de aquellos a los que nos es difícil olvidar. Ese álbum inmortal de recuerdos y de vida que se expande más allá de la muerte.

 

[Este es una fotografía que publicó el ’ABC’ de Sevilla de Adela Buñuel y que pertenece a su hemeroteca.]

CLARA USÓN POR GRAÑENA

CLARA USÓN POR GRAÑENA

Luis Grañena es un ilustrador, caricaturista y pintor muy especial. Un poeta del trazo, del color y del daguerrotipo. Así retrata hoy, en la contraportada de ‘Artes & Letras’, a la escritora Clara Usón, una novelista barcelonesa de origen aragonés. Clara ha publicado un libro magnífico, ‘La hija del Este’, un relato sobre la revelación, la relación padre e hija, los demonios de los Balcanes, los demonios de la política y la violencia, la convivencia imposible y los mitos, entre ellos el nacionalismo. El libro lo reseña Eva Cosculluela.

ADIÓS A ADELA BUÑUEL

ADIÓS A ADELA BUÑUEL

 

Me acabo de enterar de la muerte de Adela Buñuel, la mujer de Manuel Pizarro. La conocí primero en su casa en Teruel, cuando entrevisté por primera vez a Manuel Pizarro en aquellos días en que vivía a La Iglesuela del Cid. Pasamos una tarde preciosa: Adela estuvo absolutamente simpática, tanto que me permitió que le hiciera fotos con su marido desde lo alto de la biblioteca. Hablamos de todo: de Teruel, del jardín, de los perros, de la lenta construcción de la biblioteca, de los estudios de los hijos. Y hablamos de los felices que se sentían ambos allí: siempre retornaban a Teruel, que era su refugio, el abanico extendido de su memoria, el epicentro de su felicidad.

Más tarde, volvimos a vernos en Casa Amada en La Iglesuela del Cid. Adela y Manuel andaban de excursión por el Maestrazgo, y comimos allí: a los dos les gustaba mucho el menú casero de Amada Ibáñez, especialmente los garbanzos al ajo arriero.

Adela no ha podido superar un cáncer y fallecía anoche en Madrid: era una mujer dulce y discreta, inclinada a la sonrisa y a los afectos, y estaba entusiasmada con sus nietos y con esos pequeños refugios que le había ido dando la vida: uno, en el entorno de Molina de Aragón y la laguna de Gallocanta, donde creía vivir con sus nietos en una atmósfera de cuento con bosques hechizados. Murió y sufrió con una inmensa entereza. Que descanse en paz. Mañana, a las doce y media, se ofrecerá un funeral en la catedral de Teruel. Ella se irá despaciosamente y en el aire mudéjar se quedarán los pájaros cantando...

 

*Desde aquí les mando un gran abrazo y toda la condolencia a sus familiares y en particular a Manuel Pizarro. En nuestros encuentros en el Gran Hotel para reírnos básicamente, con Luis Alegre, con Mariano Gistaín, etc., siempre nos habló con muchísimo afecto de ella. Era el amor de su vida. Lo era y lo había sido.

JOSÉ VERÓN GORMAZ: POEMAS

JOSÉ VERÓN GORMAZ: POEMAS

[José Verón Gormaz, escritor y fotógrafo, me  manda una selección de poemas y de fotos. Hace ahora 25 años lo visité para hacer un reportaje, a la vez que hacía otro sobre la película ‘El aire de un crimen’ de Antonio Isasi.]

 

 

LAMENTO BAJO LA LLUVIA

 

De esperanzas pasadas por las armas

no me consuela el beso tierno y largo

del viento cundidor,

                                          no la promesa

ni los perfiles vagos de orillas infinitas.

 

De lares habitados por números ausentes

no me consuela el verso rescatado,

ni los sedientos corazones que persiguen la luna

por calles desusadas, oscuras callejuelas

donde agoniza ropa

                                          tendida en altas filas.

No me consuelan las cortinas dispuestas al combate

ni las nieblas vivientes que alrededor florecen,

ni la lluvia, que cae furiosamente sobre el yermo

sin poder disolver la herrumbre más penosa.

Ya todo humedecido, todo oscuro,

bajo mis pies heridos crece el barro,

y las aguas arrastran recuerdos y palabras

hacia el agrietado pavimento...

 

INSTRUCCIONES PARA CRUZAR UN PUENTE

 

Si a cruzar te dispones,

si vas a transitar la misteriosa longitud del puente,                                                        piensa en las   aguas del río que atraviesa,

piensa en las aguas como en tu propia sangre,

piensa en ellas, que fluyen incesantes

bajo las piedras prisioneras del arco,

sin pensar qué principio fue el suyo

ni a qué final deslizan su presura.

 

Si deseas cruzar a la otra orilla,

imprégnate primero del lugar que abandonas,

siente dentro de ti

el puñado de tierra que pisan tus zapatos,

contempla la arboleda que te prestó su sombra

y que quizá no vuelvas a mirar.

 

Cuando con decisión atravieses el puente,

camino de la orilla venidera,

sospecha de tus pasos,

tus propios pasos que al avanzar escuchas

 

 

con sonido de pasos que se alejan.

 

Y cuando la otra orilla pises,

hazlo como si de un suelo sagrado se tratara;

el lugar te recibe con todos tus recuerdos,

con todas las sombras miserables

que al otro lado creíste abandonar.

 

Avatares

 

Un día cualquiera, con amoroso hálito

soplará el sol sobre los cuerpos rancios

de los vagabundos,

y en la vieja taberna,

donde la vida pasa como el viento,

alguien levantará su copa

y brindará por algo memorable.

 

Un otoño cualquiera,

cuando el frío desnude lentamente los árboles

yel abanico gris de la estación

deshaga el humo sucio de las chimeneas,

alguien se irá muy lejos

en busca de otros mares.

 

Y un instante cualquiera,

en la doliente lucidez

que dan la soledad y la distancia,

bajo un cielo extranjero o un techo consumido

alguien vivirá la trémula emoción de leer un poema

que, sin saberlo,

                                   a esa persona dediqué.

 

 

 

ADIÓS DE CINE A NORA EPHRON

HA MUERTO NORA EPHRON

Nora Ephron era una escritora de fondo. Acaba de fallecer a los 71 años a consecuencia de una leucemia. Había colaborado en diarios y revistas, y poco a poco se había ido haciendo un hueco con su mirada crítica, con su visión descarnada de las cosas. A principios de los años 80 dio el salto al cine con el guión de una película de denuncia, ‘Silkwood’, basada en un hecho real (la historia de Karen Silkwood que murió mientras investigaba las deficiencias de una fábrica de uranio), en la que Mike Nichols dirigía a Meryl Streep. La película se estrenó en 1983 y por entonces Nora Ephron era la mujer de Carl Bernstein, uno de los periodistas que había desvelado el ‘caso Watergate’. Bernstein tuvo una aventura extraconyugal que supondría el final de la reacción y que dio lugar a una novela, ‘Se acabó el pastel’, que no tardaría en pasar el cine, de nuevo con Mike Nichols, y con Jack Nicholson y Meryl Streep en el reparto.

Aquella manera de lavar los trapos sucios en público le daría mucha fama e inclinaría sus pasos definitivamente hacia la industria del cine en casi todas sus facetas: fue productora, directora y guionista de comedia romántica, sobre todo, en películas como ‘Cuando Hally encontró a Harry’, ‘Algo para recordar’, ‘¿Tienes un em@il?’, que contaron siempre con la dulce y despistada Meg Ryan y en las dos últimas ejerció de directora. Fueron películas que marcaron el estilo de Nora Ephron, que ya no se parecía a la cáustica e irónica autora de ‘Se acabó el pastel’ o a la periodista lúcida que se asomaba a las revistas: contaba historias de amor, más o menos imposibles, que acababan casi siempre bien.

Eran comedias de costumbres, de tamiz amable, como lo fue, en el fondo, su última obra: ‘Julie y Julia’, basada en la vida y la pasión por la cocina de Julia Child, que escribió un libro de éxito de gastronomía en los años 60 e inspiró a una mujer de nuestros días, Julie Powell. Meryl Streep volvía a ser la actriz protagonista, en este caso acompañada de Amy Adams.

 

*En la primera foto, Nora; en la segunda, fotograma de 'Cuando Harry encontró a Sally' y abajo, 'Silkwood'.

MARIANO VARGAS Y SUS FOTOS

“Mi inspiración surge de mi memoria, de una visión, de una mujer. [La fotografía] es una herramienta maravillosa en todos los aspectos, que me permite canalizar mis emociones, plasmar mi inquietud, crear... El arte es la expresión de las emociones, es mostrar y compartir esas emociones..., cuanto más íntegro sea el proceso creativo del artista, mayor será la simbiosis entre su obra y el espectador”. Así se manifiesta el fotógrafo gaditano Mariano Vargas, en una entrevista con Maru Serra para la revista ‘La fotografía’, cuya portada ocupa. Mariano Vargas es un fotógrafo gaditano que rinde homenaje, con alguna ironía, a la pintura y que fusiona el clasicismo, de composición, de colorido, de asunto, con elementos contemporáneos. He aquí algunos ejemplos...

 

 

*Mariano Vargas retratado por Marco Valdés.

ORDOVÁS: VIDA Y ARTE DE CERDÁ

ORDOVÁS: VIDA Y ARTE DE CERDÁ

HOY, A LAS 19.30, CITA CON ORDOVÁS Y CERDÁ

[Esta tarde, miércoles, a las 19.30, Julio José Ordovás y Pepe Cerdá presentan el libro ‘Pepe Cerdá, entre dos luces’, en el Teatro Principal, en un acto organizado por la librería Los Portadores de Sueños. Acompañarán a los dos autores muchos amigos y, además, como maestros de ceremonias el escritor y profesor Ismael Grasa, y el poeta y profesor y editor Nacho Escuín. La foto de Cerdá es de José Miguel Marco y la de Julio José es de Vicente Almazán; en ella, creo, Julio tiene entre las manos el libro de Cerdá.]

 

 

Cerdá o el arte de pensar con las manos

 

Julio José Ordovás dedica una monografía al pintor oscense, que publica el sello Eclipsados de Nacho Escuín

 

Pepe Cerdá (Buñales, Huesca, 1961) es un pintor que piensa, un pintor ingenioso al que le gustan los desafíos y contar historias hasta el fin de la noche. Es tan buen narrador oral como pintor: después de estar en París decidió regresar a Villamayor, en la entrada de los Monegros, y desde ahí contar el mundo, contarse, “pintar su autobiografía pintando su mundo cotidiano y abandonándose a su instinto”, tal como dice Julio José Ordovás en el libro ‘Pepe Cerdá. Entre dos luces’, que publica Eclipsados. Ordovás, en este delicioso libro-retrato, apunta otros dos detalles: “En el fondo es un sentimental, como todos los cascarrabias”. Y, agrega: “Cerdá, que ha hecho de la amistad un arte, no podría vivir sin sus enemigos. Por ellos pinta. Para joderlos”.

Ordovás ha ordenado este libro tan cuidado y brillante en torno a un conjunto de sustantivos que definen la pintura y los temas del artista: retrato, parecidos, cielos, luces, lugares, árboles, caminos, deshielo, caras y tiovivos. Y así, como quien no quiere la cosa, repasa las claves de un artista que se siente pariente de Pradilla, Sorolla, Rusiñol; de Hopper y David Hockney por instantes; de Marín Bagüés como cazador de las luces doradas del desierto, de Darío de Regoyos, pero también de Constable, Corot y Velázquez, que pintaba mejor los cielos que Goya, que los hacía como un “atrezzo”, según Julio José Ordovás.

Pero quizá con el artista con quien más se siente más identificado podría ser Renoir: el autor traza un retrato paralelo de afinidades, cuya síntesis es esta sentencia: “Cerdá, como Renoir, piensa la pintura con las manos”.

Pese a su brevedad, este es un libro detallista, lleno de intuiciones felices y de juicios que parecen muy atinados. Por ejemplo, al hablar de los cielos, dice Ordovás: “Cerdá pinta el movimiento del cielo, que es una manera de registrar el fluir del tiempo y el peso de la vida”. Y añade otras imágenes poderosas: “Cerdá ha pintado cielos que se abren y se cierran sobre la tierra como la tapa de un ataúd. Aplastantes cielos de plomo, asfixiantes cielos de plástico y cielos de cristal que, al resquebrajarse, caen sobre la tierra como cristales”.

Al enunciar la importancia de las luces, matiza: “Cerdá pinta un camino que se adentra en la oscuridad y se pierde en ella. Y pinta el dispendio lumínico de la modernidad, preguntándose, como Pla, ¿quién paga todo esto?”. Cerdá también es el artista de los árboles, que se ha permitido un lujo, como dice Ordovás con algo de humor, de inventar: “El arbolado aragonés cuenta con una especie insólita, por su exotismo, y precisamente fue Cerdá quien la pintó. Se trata de un árbol cabaretero: la palmera de El Plata”.

Pepe Cerdá es el pintor de las gasolineras, de los caminos, de los deshielos del río Ebro (que suena distinto en cada estación: a Beethoven, a Bach, a Mozart o, en verano, como “un organillo de ciego”), de los tiovivos que le remiten a sus orígenes y a esa relación tan especial de cariño y reconocimiento que tiene con su padre, pero también a otras cosas: al niño que fue, al adolescente que se corría sus primeras juergas. De ahí que “más que melancolía, en la pintura de Cerdá hay resaca e incertidumbre”.

 

Pepe Cerdá. Entre dos luces. Julio José Ordovás. Eclipsados. Zaragoza, 2011. 86 páginas.