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Antón Castro

FERNANDO AÍNSA: NUEVO POEMARIO

 

PODER DEL BUITRE SOBRE SUS ALAS

Fernando AÍNSA

Ediciones Olifante, 2012

[El escritor firma ejemplares estos días en la Feria de Zaragoza y en la de Huesca de su nuevo poemario, 'Poder del buitre sobre sus alas', publicado en Olifante, el sello de Trinidad Ruiz-Marcellán y Marcelo Reyes.]

 

Los dueños del cielo que me cubre

 

 

Hablaré de buitres.

 

Hablar de buitres desconcierta

  Ese volar sin batir las alas

  ese andar torpe sobre la tierra

  esa ave solitaria a veces tan gregaria

esa austera dignidad desmentida por su mala fama

siembran dudas sobre su destino de carroñero.

 

Mas creo saber de estas cosas y asumo el riesgo

Convivo con ellos en la distancia desde hace tiempo

en el aislado refugio de mi comarca.

 

Me digo que los buitres aunque han perdido su guerra contra el sol

y saben del final de aquellas alas derretidas del pretencioso Ícaro,

son los dueños del cielo que me cubre

              y con eso les basta.

 

Peinan el silencio del aire

 

Patrullan este valle

Peinan el silencio del aire

Con vueltas en espiral

se dejan caer con elegancia innata

Abiertas sus alas desvían la horizontal

hasta el ángulo con que doblan hacia su destino.

 

Sorprende el estilo circular

del vuelo devastador,

            la eficacia del timón bien gobernado

lo concéntrico del objetivo en que se ciernen

  sobre su propia sombra en la tierra.

 

Mas en ese girar sobre ellos mismos

no hay indicio de un rumbo desvariado

            sino advertencia de vida detenida para siempre

                        allí donde se agrupan

en algún rincón de este paraje.

 

Proyectan así el talle cimbreante de su silueta en la ladera

cuando advierten de la muerte su marca definitiva

la inmovilidad completa y prolongada

de aquella oveja perdida del rebaño.

Un deseo de tu fantasía

 

Tal vez el buitre no es más que un deseo de tu fantasía.

 

Crees amarlo

pero no ves en su imagen sino un obsesionado capricho revestido de plumas y un cuello pelado,

grotesca fealdad con que se aparece

en tantos sueños y pesadillas.

 

Sospechas entonces que no te buscas más que a ti mismo

De ahí la insistencia con que intentas transformar su vuelo en poesía.

 

Clavar un pico en la palabra

 

Página en blanco con buitres proyectados

  trazando sombras.

 

Quisiera ajustar mi verbo a su vuelo rápido y preciso

remontarlo en un batir de alas

hacerlo caer luego

hacia el hueco de esta pantalla

—imposible reflejo

de ese cielo tan perfecto que nos cubre—

para clavar su pico en la palabra

hasta sangrarla y hacerla suya.

 

La visita del buitre

 

Entró por mi boca

el buitre a visitarme

  y allí se quedó

Hizo en la tibia entraña nido

y de mi desazón su alimento.

 

Desde entonces, el buitre que me habita

  —Jonás memorioso de la ballena

  varada en la seca tierra de mi presente—

espera paciente la endoscopia que extraiga

sin sangrar en exceso

versos de sus garras

capaces de vivir por sí mismos

lejos de mí y de su mirada.

 

 

Esperado festín en las alturas 

 

Si la ceniza no fuera el destino de mi final ya escrito

por haberlo así decidido

antes que mi cuerpo sea morada de gusanos

quisiera que un festín de buitres procurara.

 

Cuando observo sus desplazamientos

la concentración de que son capaces

ante todo signo de la muerte

silenciosos

batiendo alas en el horizonte

sueño en convocarlos desde mi inercia yacente

  llevado a la cima, cerca de su morada.

 

Lo sé

vendrían desde lejos

Uno de ellos indicando en qué lugar los espera

  este banquete que ninguno desdeñará

  tanta es “el hambre atroz que nunca se les apaga”.

 

Feliz picotear de mis entrañas inaugurando el sacrificio

Altar de la celebración

allí estarían los buitres

Mi cuerpo desgarrado

Carniceros ávidos me repartirían entre ellos

para luego volar en sus cuerpos dividida

  mi ambición de frustrado panteísta

agnóstico resignado

creyente en la sola Naturaleza.

 

 

Estar, por fin, disuelto en otras sangres

 

Estar, por fin, disuelto en otras sangres,

y decirme

me veo multiplicado desde arriba.

 

Asimilado,

sobrevivir en ellos

convertido en carne de su carne

ese destino de un sueño de otros

  mito del eterno retorno 

reencarnado en avergonzado poeta

empeñado en volar hacia lo alto.

 

 *Todas las fotos de los poemas son de Stanley Kubrick, que fue un magnífico fotógrafo antes que director de cine.

 

ANTÓN CASTRO, EN CALATAYUD

 

 

Os hacemos llegar una nota de prensa del Ayuntamiento de Calatayud con información sobre la visita que el escritor y periodista Antón Castro realizará a la ciudad mañana, miércoles 6 de junio, para comentar su libro "El testamento de amor de Patricio Julvé". El encuentro tendrá lugar en la Biblioteca Pública Municipal Baltasar Gracián, a las 19.00 horas, y la entrada será libre.

 

 

El escritor y periodista Antón Castro visita mañana miércoles

la biblioteca municipal de Calatayud

 

  • Antón Castro se reunirá con todos aquellos bilbilitanos que lo deseen mañana miércoles, 6 de junio, a las 19.00 horas, para comentar su libro “El testamento de amor de Patricio Julve” (Xordica). El escritor publicó en 2011 ’El paseo en bicicleta’ (Olifante) y en 2012 ’Versión Original’ (Isla de Siltolá)

 

Calatayud, 5 de junio. El escritor y periodista Antón Castro visitará este miércoles Calatayud para comentar su obra “El testamento de amor de Patricio Julve”. La actividad, organizada por la Diputación Provincial de Zaragoza (dentro de la Campaña de Primavera de Animación a la Lectura 2012) con la colaboración del Ayuntamiento bilbilitano y la Biblioteca Pública Municipal Baltasar Gracián, tendrá lugar en la propia biblioteca, a partir de las 19.00 horas. La entrada será libre.

“El testamento de amor de Patricio Julvé” es un libro de relatos que resume 150 años de historia: desde los tiempos de Ramón Cabrera, “El tigre del Maestrazgo”, hasta el rodaje de “Tierra y libertad” de Ken Loach en 1994. Una criatura espectral le otorga unidad al volumen: es el fotógrafo Patricio Julve, que retrata a mujeres de cine negro, a aquellos que quieren descansar en el cementerio con su retrato en la tumba, al coronel Balfagón, a los maquis, a los bandidos y a los jinetes que cruzan las sierras para encontrarse con su enamorada en un lugar fantasmal.

ENRIQUE CARBÓ, HOY EN A DEL ARTE

ENRIQUE CARBÓ, HOY EN A DEL ARTE

 

[Esta tarde, a las 20 horas, en la galería A del Arte se inaugura la muestra ‘En el paisaje’ de Enrique Carbó (Zaragoza, 1950), para la que he escrito esta aproximación al proyecto, a su estética y a su trayectoria.]

 

LA NATURALEZA ESCULPIDA DE ENRIQUE CARBÓ

 

Por Antón CASTRO

 

Enrique Carbó (Zaragoza, 1950) llegó a la fotografía por necesidad y por el estímulo de fotógrafos y expertos en fotografía como Andrés Ferrer, Rafael Gómez Buisán, Gonzalo Bullón, Julio Álvarez, Rogelio Allepuz y Ángel Fuentes. Pronto encontraría en el paisaje una forma de interpretación de la realidad: el paisaje estaba ahí, con su orografía y con su carga cultural, como un palimpsesto de imágenes y de sueños, y había sido analizado del derecho y del revés por maestros tan distintos, entre otros, como Ansel Adams o Edward Weston, que desarrollaron un auténtico sistema de zonas que portaba la llama de la modernidad. La naturaleza era un espacio de contemplación, de observación y de metamorfosis; ellos, más que ser documentalistas, interpretaban el paisaje. Creaban un código, un universo, una caligrafía cambiante con la mudanza de las estaciones. Adams hizo del paisaje una aventura de los sentidos y un espectáculo íntimo del objetivo. Weston convirtió el cuerpo en un paisaje y el paisaje en sustancia carnal. Los dos, a su modo, eran andariegos y exploradores.

Enrique Carbó también es un paseante de las montañas. Un andarín de su órbita con la cámara al hombro. Como Briet, como Soler i Santaló, como el citado Ansel Adams. Allá arriba, más cerca del cielo que del suelo, en el confín de un ibón, en la concavidad de un barranco, en un aprisco de pastor, en un col que fue refugio de contrabandistas y ventana abierta hacia las estrellas, en las colinas del ocaso, halla su territorio: su morada, su atalaya, el confín donde la mirada es libre y donde la selva, el bosque o la piedra altiva se transforman en otra cosa: en una escultura antigua, en un menhir, en una instalación, en un palacio improvisado o en el fortín de los gnomos, tan minúsculos como invisibles. “En la montaña tienes que hacer un esfuerzo, físico y de contemplación, y eso a veces te provoca una ascesis que te limpia la mente. Allá arriba la mente trabaja y los ojos miran, en realidad ven, conquistan esa mirada productiva y productora de imágenes. Para mí la hermosura no está en el paisaje, está en la propia foto”, dice Carbó.

Lleva Enrique Carbó más de media vida caminando monte arriba. Es el montañero fotógrafo y el fotógrafo de la montaña. Huye del preciosismo o de la majestuosidad evidente de las cordilleras. El suyo, por decirlo así, es un romanticismo contenido, de piedras labradas en su propia mente y en su propia lente. Enrique es un buscador de un ángulo concreto, de una luz especial, de un relieve; se define por la posición del fotógrafo. No se conforma con lo que todos vemos: con la grandeza que invade el ojo. Con la paleta exuberante de colores. No. No se conforma con el impacto de una textura. Con el arabesco desnudo del pedregal. Le definen otros matices: la memoria, el punto de vista, la imaginación, el sueño o la piedra encontrada de golpe al mirar de forma no usada. Con los ojos de poeta que se atreve a escrutar para ver. Y aprehender.

‘En el paisaje’ resume la obra y el universo de Enrique Carbó. Sus obsesiones. La búsqueda de la perfección en el positivo. Su defensa de la fotografía analógica y su pasión por el laboratorio. El compromiso radical con sus principios: él desarrolla un concepto, una apuesta, una estética que dialoga con la tradición y contra ella. La cámara interviene en la escena en esta travesía de años que él denomina, tan literariamente, ‘working in progress’, un trabajo en el tiempo. Un trabajo con el tiempo de la luz. La obra siempre en marcha. En la galería A del Arte presenta varias series complementarias. O entreveradas entre sí: son como los afluentes y los meandros de un río, las partes de un todo. La primera serie se titula ‘Fictional Primitive Sculpture’ y está realizada en el col de Causiat, en Candanchú, entre la frontera de España y Francia: Carbó descubrió una piedra de cinco metros que tenía un mensaje oculto. Y digo descubrió porque le ha intentado extraer todo: el corazón, el temblor, el relieve, la forma sorprendente, la vida oculta. Al fondo, se ven distintos cielos con diversa claridad y la galanía del horizonte anchuroso. Ahí también está un matiz esencial. Dice el fotógrafo que quizá haya realizado todas las tomas con una especial luz de la tarde. “Así las fotos son como una escultura primitiva, un menhir, una piedra encontrada, casi de ficción. Estas imágenes son esculturas producidas por el movimiento de la cámara, por la posición del fotógrafo”, insiste el artista. En cierto modo, esta es una consideración que puede extenderse a toda la muestra.

La segunda serie se titula ‘Memoria de la cantera’ y está vinculada a una anécdota entrañable: en Jaca, en el denominado Paseo de la Cantera, que alude al canto de la explanada del río Aragón, hay una serie de árboles que parecen esculturas, formas fósiles, arrugas de la madera difunta. En Jaca existe, o existía, un jardinero que cuando se moría un árbol le podaba las ramas y lo dejaba ahí como un fragmento de la memoria de lo que había sido el parque. Enrique se ha acercado a esos volúmenes cuando cae la noche, o quizá ya de medianoche, y como si fuera Josef Sudek los ha fotografiado con esa apariencia estática de estructuras, totems o moles varadas en el tiempo. Esos troncos son los residuos de otra existencia: los restos del naufragio.

La tercera serie se titula ‘Gardens’. Jardines. El artista no busca, encuentra. El artista anda, mira, indaga. Se deja ir al aire de su capricho con un anhelo: tropezarse con el tesoro. Merced a la mirada, a la capacidad de edificar una abstracción desde el objetivo, halla  espacios “que me recuerdan lugares especiales, con atmósfera, diseñados por un maravilloso arquitecto de jardines”. Le sucedió en un ibón de Piedrafita, en el valle de Tena, donde encontró una suerte de jardín de los gnomos. Pero también es capaz de ver un ‘Jardín de las Delicias’ de El Bosco, con un paraíso especial para sus ominosas figuras.

Enrique Carbó ha recuperado para esta muestra obras de distintas épocas. Proyectos e imágenes que habían viajado con él a lo largo de los años y que ahora muestra por vez primera: instantáneas de la Canal de Izas, de 1992; piezas como ‘10.00’ y ‘10.05’ capturadas en Borao; ‘Le bateau ivre’, ese ‘barco borracho’ que tomó en los barrancos d’os Batanes, en el valle de Tena, en agosto de 1989. Proyectos e imágenes que ahora cristalizan en un todo y en una idea: estas “construcciones de carácter conceptual” que nacen de caminatas y de momentos excepcionales de ánimo, de luz y huida. La quinta serie sería ‘Tres estudios románticos y una coda’. Enrique Carbó no es un buscador de la belleza más deslumbrante, pero aquí, en el valle de Canfranc, aisló unos árboles y compuso un paraje especial, que recuerda a los románticos alemanes, a Hölderlin, a Friedrich, tal vez, al mundo imaginario de Goethe. La ‘coda’, que propone un retorno al origen o a los inicios, corresponde al ibón de Besiberri. Hay más piezas, al menos dos dípticos: uno es una composición que evoca el mundo pastoril de alta montaña de Ricardo Compairé (“Pero qué miraban. / Ensimismados. / Yo lo vi”, dice la leyenda) y la transparencia evocadora del lago de Pondiellos. Y el otro se titula ‘Accidente’, y capta los despojos de la avioneta Robin que se desplomó en la Canal Roja (Canfranc) el dieciséis de julio de 2000 y que él fotografió tres años después.

Enrique Carbó ofrece en ‘En el paisaje’ una síntesis de su mundo y de más de treinta años de fotografía. Hay emoción, vida, sacrificio, empecinamiento; hay una hermosa lección de arte y cultura. La cámara hace hablar a la naturaleza y esta se revela con elegancia y precisión, con la exactitud de la geometría y del volumen. En el fondo, para Enrique Carbó monte arriba se halla el perfecto paraíso para el ojo y para esa cámara de gran formato que se planta en las cumbres como un árbol centenario.

 

'ODISEA ESPECIAL': PELICULIBROS EN 3D

'ODISEA ESPECIAL': PELICULIBROS EN 3D

Recibo este correo de la escritora Raquel de la Morena:

Soy Raquel de la Morena, coautora con el zaragozano Pedro Estrada de la colección infantil 'Peliculibros 3D' (editorial Hidra). En Navidades lanzamos el primer título: 'Monstruos en Acción', que ha tenido muy buena acogida (acaba de salir la tercera edición). Ahora, en junio, la editorial ha lanzado el segundo volumen: ‘Odisea Espacial’.

 

En estos tiempos que corren de crisis, creemos que no hay que perder la ilusión y sí echarle toda la imaginación que se pueda para llegar hasta nuestros jóvenes lectores. Por ello, Pedro y yo hemos puesto en marcha una iniciativa que está inspirada en el 'geocaching': "La búsqueda del Tesoro de los Peliculibros". Se trata de enterrar en un lugar secreto de España una lata de cine llena de regalos (dos DVD, un libro, una camiseta...). ¿Pero cómo encontrarlo? Cada ilustración doble del Peliculibro esconde una letra. Entre todas, componen una palabra que sirve para acceder a la sección de Contenidos Especiales de nuestra web (www.peliculibros.com) y ahí se encuentran las coordenadas y las pistas para encontrar el tesoro.

 

Ya íbamos por la segunda edición de ‘La búsqueda del Tesoro’ (el primero lo hallaron en Madrid), pero justo este fin de semana uno de nuestros lectores, Daniel Estremiana, de 10 años, ha localizado la segunda lata, que se encontraba enterrada en el Parque José Antonio Labordeta de Zaragoza. El niño había viajado a Zaragoza para visitar a sus abuelos. Resulta curioso que el tesoro, después de llevar enterrado mes y medio en el mismo lugar, justo haya sido desenterrado el primer fin de semana de la Feria del Libro de Zaragoza.

ZARAGOZA EN LA MIRADA AJENA

 

ZARAGOZA EN LA MIRADA AJENA

INSTANTÁNEAS DEL ARCHIVO ROGER-VIOLLET DE PARÍS:

J. LÉVY ET CIE, 1889

 

[Del Dossier de prensa de las Cortes de Aragón. Envío de Manuel Lorenzo]

Durante los años 1888 y 1889, con motivo de la Exposición Universal de Barcelona y aprovechando la consolidación y expansión de la red ferroviaria, los fotógrafos de la firma francesa J. Lévy et Cie realizaron un exhaustivo recorrido por la península, que les llevaría a visitar y fotografiar las principales ciudades de España haciendo uso de la moderna técnica de la instantánea. La empresa familiar J. Lévy et Cie estaba integrada por Isaac Georges Lévy y sus dos hijos, Abraham Lucien y Gaspard Ernest y regentó gabinetes fotográficos ubicados sucesivamente en el boulevard de Sébastopol, 113 y en la rue Letellier, 44, de París.

Su ambiciosa iniciativa artística y comercial generó un ingente material fotográfico en diferentes formatos (estereoscópico, panorámico, formato álbum, etc.), que se constituye en uno de los más importantes repertorios iconográficos sobre la España del siglo XIX, junto a los obtenidos por fotógrafos predecesores como Charles Clifford o la firma Jean Laurent & Cía. Este monumental archivo, que ha permanecido inédito en su mayor parte desde hace más de un siglo, se custodia hoy en día en la agencia fotográfica Roger-Viollet de París.

Por fortuna, Zaragoza se constituyó en una de las etapas de este dilatado viaje peninsular. Precisamente nuestra ciudad, a principios de la década de 1880, ya había sido protagonista de algunas de las primeras experiencias documentadas en España al respecto de la nueva técnica del gelatino-bromuro de plata o de la instantánea, que fueron debidas al Dr. Ramón y Cajal en colaboración con el fotógrafo local Lucas Escolá, aunque desgraciadamente no se haya conservado ninguna de aquellas tomas pioneras.

La mayor fotosensibilidad de la nueva emulsión al gelatino-bromuro de plata, conocida también como fotografía instantánea, permitía reducir la exposición temporal a apenas unas fracciones de segundo, lo que posibilitaría por fin capturar escenas en movimiento. En definitiva, detener la vida en un instante. Así, frente a anteriores repertorios fotográficos urbanos en los que las técnicas precedentes (colodión húmedo, etc.) condicionaban con sus prolongadas exposiciones de varios segundos el aislamiento y soledad de los monumentos y rincones urbanos retratados, la inmediatez y frescura de la moderna técnica de la instantánea permitirá por fin que la ciudad y sus habitantes cobren vida en sus imágenes. En la presente muestra, organizada por las Cortes de Aragón, la mirada cómplice de aquellos fotógrafos y viajeros franceses nos devuelve una Zaragoza inédita, en la que la vida en la calle reclama también su protagonismo. A través de sus instantáneas, podremos evocar algunos monumentos e hitos urbanos ya desaparecidos, como la añorada Torre Nueva, el moderno y versátil Teatro de Pignatelli o la recoleta Puerta del Duque de la Victoria, entre otros, pero también podremos observar el palacio de la Aljafería tal y como era en aquel momento. Y junto a ellos, descubrir el retrato colectivo y espontáneo de aquellos zaragozanos de ayer, sus

expresiones, sus modas y sus oficios callejeros. El chirriante ajetreo de los tranvías de mulas acompañará nuestro recorrido visual por aquella monumental y elegante Zaragoza de finales del siglo XIX.

Culmina y complementa este evocador itinerario un grupo de tarjetas postales, codiciadas entre los coleccionistas por su rareza, que fueron editadas por la propia casa Lévy a partir de los negativos fotográficos originales de 1889 y comercializadas ya a principios del siglo XX, todas ellas procedentes de colecciones particulares zaragozanas

 

 

EXPOSICIÓN: Zaragoza en la mirada ajena – Instantáneas del archivo Roger-Viollet de París: J. Lévy et Cie, 1889

 

ORGANIZA: Cortes de Aragón

 

NÚMERO DE OBRAS: 30 fotografías

19 tarjetas postales (fototipias)

 

COMISARIO: José Antonio Hernández Latas,

Investigador de la Agencia Aragonesa

para la Investigación y el Desarrollo

(Araid)

 

FECHA: Del 31 de mayo al 30 de agosto de 2012

 

HORARIO DE VISITA: De 10 a 14 horas (mañanas)

De 16,30 a 20 horas (tardes)

Todos los días de la semana

 

*Por ahora no dispongo de fotos. Las colgaré esta noche.

 

 

 

 

PREGÓN DE JOSÉ MANUEL BLECUA

PREGÓN DE LA FERIA DEL LIBRO

ZARAGOZA 2012

 

Por José Manuel BLECUA PERDICES

 

http://www.libreriasdezaragoza.com/

 

 

En la dedicatoria de la edición de Zaragoza de 1449 de la Ortografia de Juan de Iciar, que era natural de Durango, se lee este elogio de Zaragoza y de sus habitantes.

"Por ende yo, dexada mi propia patria que es Vizcaya, con deseo de fructuosamente comunicar parte del talento que Dios fue servido darme, escogí por lugar conveniente para emplear mis trabajos esta ínclita ciudad de Çaragoça así por la grandeza della como por las buenas costumbres, virtudes y habilidades de los ciudadanos que la habitan."



La imprenta zaragozana había sido lugar importante en la impresión de incunables, como ha examinado Fermín de los Reyes en el prólogo al Sinodal de Aguilafuente, primer líbro impreso en España, en Segovia, en 1472. La imprenta zaragozana, por iniciativa de las autoridades eclesiásticas, inició sus actividades en 1475, con el encargo a Mateo Flandro en octubre de dicho año o del Manipulus curaturum, en tipos góticos. En 1476 Pablo Hurus se instala en sociedad en Zaragoza junto Enrique Botel o de Sajonia; ambos firman un documento para imprimir por suscripción unos Fueros del Reino de Aragón, junto a ellos trabajarán Juan Plank y Juan Hurus. Se inicia con ellos una larga lista de impresores zaragozanos emparentados que van a generar gran parte de la producción editorial aragonesa. Y que publicarán la obra del durangués Juan de Iciar. Nombres como Cod o Pedro Bernuz, que se van a sumar a los Hurus ya citados, que habitarían o tendrían sus talleres en la conocida con el nombre de calle de Imprenta.

LIBRO; LECTURA Y ESCRITURA


Libro, lectura y escritura se entrecruzan a lo largo de nuestra historia cultural. Como ha escrito Fernando Bouza en su admirable estudio sobre la biblioteca de la Torre Alta del Alcázar: "...la percusiva mezcla de textos escritos, palabras habladas e imágenes parece haber constituido uno de los rasgos comunicativos que mejor definen la cultura de la Edad Moderna como una experiencia esencialmente diferenciada. No obstante, los evidentes avances del libro desde el siglo XV permitirían calificar a la europea como una civilización escrita."


Los textos impresos van a permitir la difusión de operaciones intelectuales complejas: la comparación de textos, la construcción de índices, las citas y obras mucho mas complejas como los diccionarios secretos y Polianteas, autores clásicos con textos perfectamente comentados, de acuerdo con la tradición de los textos bíblicos ilustrados por Nicolás de Lira.



El libro admite siempre una visión poliédrica; como ya estudió Curtius, el libro es un símbolo, el mundo puede ser leído como un libro o el libro puede relacionarse ampliamente con la música, o con o la pintura ("plumas y pinceles son iguales", como escribe el clásico o como tituló un excelente trabajo Aurora Egido: "La página y el lienzo").


Muy interesantes son los problemas que va a originar la lectura en esa lucha de leer y oír que estudió Margit Frenk en El silencio de la escritura; María Jesús Lacarra y Juan Manuel Cacho han seleccionado para su magnífico Entre oralidad y escritura, la Edad Media, en la colección Historia de la Literatura Española que dirige J. C. Mainer en la editorial Crítica, un texto muy ilustrativo de Fray Hernando de Talavera de la obra De cómo han de vivir las monjas de San Bernardo en sus monasterios de Ávila: "Demás de esto tenga cada una que supiere leer algún libro consigo muy familiar en que a menudo lea los tiempos que le vagare, y en el que lea a las que no saben leer, si alguna se le ayuntare. Todas estas lecciones conventuales vos sean leídas y por vos oídas en los tiempos ya dichos en el capítulo y casa deputada para decir y corregir las culpas. Las cuales se lean así distintas y pausadas, pero no así entonadas como a la mesa, y se oyan con tanto silencio y atención y mucho más, pues entonces pueden estar enteros y más quietos todos vuestros sentidos a las oír y entender. Como quier que, si entonces quisiésedes allí hazer alguna labor, no sería malo, aunque asaz es buena labor oír bien la tal lección..."
En la Biblioteca Nacional de Madrid existe un códice, cuyo folio 112 recto quiero someter a su consideración como imagen del autor, en él aparece la figura de un sabio que se encuentra buscando la solución de un problema intelectual, es la noche del día San Andrés, se acerca el amanecer, se está terminando la vela y también el papel en el que escribe. El autor aparece luchando con la oscuridad y con la escasez de papel.


MIS DESEOS EN ESTA TARDE


Cuando pienso de qué me gustaría hablar esta tarde lo primero es sin dude de mis librerías y de mis libreros en mi vida zaragozana, porque fueron, junto con mis profesores y bibliotecarias, parte fundamental de mi formación.


Pilar Moneva y Teresa Punsac me ayudaron con paciencia infinita en mis estudios universitarios y, sobre todo, cuando preparaba oposiciones en los cálidos veranos. La familia Blecua recalaba muchos días en la Librería General (también en su imprenta), mi padre escribía libros de texto y dirigía la colección Ebro; teníamos una gran amistad con don Luis Boya lo recordé el otro con Luis Joaquín; en la tienda estaba el señor Pons que luego se independizaría y en las oficinas el bondadoso señor Querol, que para mí era como de la familia, como me ha recordado esta misma tarde Joaquín Casanova. Subíamos por el Paseo y nos parábamos en la librería Lepanto para pasar al centro del Paseo, al kiosko de Pórtico en el que estaban de guardia los Alcrudo. En esta parada mi hermano y yo poníamos al día, a la semana, la bibliografía de tebeos más reciente. Con Pepe heredé después la magnífica amistad que había tenido mi padre. Al ir a la calle Forment, a case de mis abuelos, pasábamos por la tienda de don Inocencio Ruiz, el primer librero de viejo que yo conocí en mi vida, al que recuerdo con gran cariño. Luego Hespería nos trasportaría a mundos de libros objetos de deseo.

Existe una cuestión que me apasionó en los tiempos de profesor: el libro y su estructura; la visión del libro como un microcosmos de paratextos y textos de extraordinaria complejidad. Cesare Segre ha planteado a propósito del texto su posible movilidad y su falta de fijeza. Basta recordar la edición de Cien años de soledad llena de correcciones de su autor o la reciente de La ciudad y los perros en la que Mario Vargas Llosa ha hecho las últimas enmiendas.

Últimamente, al tener que presentar el segundo volumen del Epistolario de Juan Ramón Jiménez en la espléndida edición de Alfonso Alegre he podido darme cuenta de que algunos libros de la poesía contemporánea española no se deben en su construcción a sus autores. El ejemplo más hermoso es de Presagios de Pedro Salinas, que fue organizado por Juan Ramón Jiménez.


Ya en el terreno de la lectura existen cuestiones apasionantes ¿quiénes fueran los primeros lectores del Quijote? Fernando Bouza descubrió en el Archivo Histórico, en los papeles de Murcia de la Llana, quién fue el primer lector de la obra cervantina; los siguientes fueron los pasajeros de la flota que llevaban los fardos de la obra a América en el primer embarque y en los siguientes, desde el capitán hasta Mateo Alemán. Este comercio construyó gran parte de la cultura de los Virreinatos; cuestión que enlaza íntimamente con las relaciones entre libro y educación, como estudiaron Marrou o Garin o la importancia de obras como el Arte subtilísima de Juan de Iciar.


Vuelvo al inicio de mis palabras: la alabanza de Zaragoza, de su grandeza, de las costumbres, virtudes y habilidades de sus vecinos.

Sólo falta que todos los habitantes, obedeciendo a la voz de este pregonero, disfruten de la Feria del Libro, compren muchos libros y, además, los lean y los oigan.

He dejado pendiente a nuestro sabio al amanecer del día de San Andrés con su problema intelectual, vuelvo al códice en el que puede leerse:
"En la noche de San Andrés encontré la solución final de la cuadratura del círculo cuando ya se terminaba la vela, la noche y el papel en que escribía, al filo del amanecer."

Se trata del Códice Madrid. II, f. 112r de Leonardo de Vinci.
Al cerrar un acto como este, la profesora Aurora Egido recordaba a nuestro Baltasar Gracián: "Nacemos para saber, para sabernos, y los libros con fidelidad nos hacen personas."

Hemos examinado muy rápidamente el libro, el escritor y nos quedan ustedes, los lectores, yo dejo la palabra ahora a Juan de Iciar:



"Salud, vida, paz y honor
Quede al discreto lector"
Muchas gracias



RAÚL LAHOZ, HOY EN PORTADORES

RAÚL LAHOZ, HOY EN PORTADORES

“Me enseñaron que no hay nada más

bonito que hacer de tu pasión tu oficio”

  

Raúl Lahoz, por Aurelio Villuendas.

 

“Con el periodismo me sucedió como

cuando conoces a la chica de tu vida”

 

El redactor de Deportes Raúl Lahoz firma en Independencia, en Antígona, su primer libro, ‘Tinta en vena’, centrado en sus columnas, reportajes, crónicas y entrevistas en la contra de HERALDO

 

Tinta en vena. Raúl Lahoz. Edición de autor. Portada: Greg Pappas. Ilustraciones de Julia Serrano. Prólogo de Pablo Ferrer. Gráficas Vela. Zaragoza, 2012. 120 páginas. [Contenido. El libro está dividido en tres apartados: 1. Artículos de Opinión. 2. Reportajes y crónicas. 3. Entrevistas.]

 

 

 

-¿Por qué te hiciste periodista, qué te atraía de este oficio?

Dicen los que me conocen que siempre mostré inquietudes, deseos de observar y la necesidad de transmitir lo observado. Por ahí va el periodismo, ¿no? Ahora mismo me pilla paseando por el puerto de Flensburgo en Alemania, preparando la información sobre la semifinal de la Recopa de Europa con el Caja3 Aragon. Me introduje en el periodismo a través del deporte, que me apasiona. Iba a ver jugar al fútbol al equipo de mi hermano, el Montecarlo. Me telefoneaban desde los periódicos para dar los datos de las crónicas de los partidos. Decían que no lo hacía mal. Un día me llamó José María Ara y me comentó la idea de incorporarme al Heraldo. Me pilló en el Tourmalet. Eran los tiempos de Induráin. A los pocos días, ya en Zaragoza, fui a la redacción. Recuerdo que me presentó a Alejandro Lucea. Yo era un chavalito. Tenía aún flequillo y todo (sonríe). Nada más entrar en Heraldo, sentí la misma sensación que cuando conoces a la chica de tu vida. Como los sueños, como el amor, todo fue inopinado.

 

-Entre sus débitos habla con mucho cariño de dos nombres: Antonio Belío y Alfonso Zapater. ¿Qué les debes, qué te enseñaron?

Me gusta corresponder. Es una acción de reciprocidad. Fueron dos personas que siempre mostraron un extraordinario afecto hacia mí en el tiempo que compartí con ellos en Heraldo. Los dos nos han dejado. Los dos me enseñaron que no hay nada más bonito que hacer de tu pasión tu profesión.

 

-¿Cómo y cuándo decides ser un personaje de tus propios textos? Siempre apareces como un personaje lateral, como un observador, como un decisivo actor de reparto...

Es cierto que me gusta mutar en la perspectiva del narrador. Juego con el narrador omnisciente, el narrador observador, el protagonista, el secundario. Siempre desde el deseo de fijar la atención del lector, que a mi juicio es algo esencial. Además de escribir, es importante que te lean. De lo contrario, vale poco lo escrito.

 

-Pablo Ferrer dice que has encontrado un estilo. ¿Cómo definirías tu estilo, qué buscas en la escritura?

Pablo Ferrer es un pedazo de periodista, pero me quiere demasiado para hablar con objetividad sobre mi persona y los textos que aporreo en los teclados de los ordenadores. En cuanto a por qué escribo, la cuestión aglutina un carácter tan simple y a la vez trascendente como preguntar por qué respiro, por qué veo, por qué como, por qué meo, por qué amo… Porque, al menos en mi caso, representa una actividad vital.

-Vayamos directamente con ‘Tinta en Vena’ ¿Qué es eso, cómo nació ese proyecto? ¿Para quién está pensado?

Hace aproximadamente dos años, un señor me preguntó en el bar Gregorys de la calle Costa si la firma R. Lahoz correspondía con el ser humano que tenía ante sí. Y me dijo luego que seguía las entrevistas y crónicas de tal R. Lahoz y que debería hacer un libro para reunir las más interesantes. La idea gravitaba sobre mi cabeza hasta que en la pasada Noche Vieja decidí llevarla a cabo. Fue una noche especial que pasé en un hospital, una noche muy recomendable para quien quiera discernir lo esencial de lo accesorio de la vida. Esa noche fui a ver a mi tía Pilarín al hospital Miguel Servet. Acababan de diagnosticarle un cáncer de colon, temí lo peor y pensé que tenía que leer mi libro antes de que la dolencia fuera a más. Afortunadamente, todo fue bien. Le arrancaron 37 centímetros de intestino, pero ya se encuentra mucho mejor. El alto cuerpo de letra en que están escritos los textos está pensado para que no se canse su vista cuando lo lea, igual que mi tía Inmaculada. Ellas me educaron cuando quedé huérfano a los seis años. A ellas y a mi madre, Carmen, va dedicado el libro. Lo he hecho con celeridad, pues ante todo quería que estuviera para el Día del Libro y lo pudiera leer mi tía. Tanta prisa me he dado, que hasta voy a firmarlo antes de presentarlo, acto que realizaremos en unos días. Desde estas líneas pido perdón a los bastantes familiares y amigos que no les he dicho nada del libro. Ya nos veremos todos en la fiesta de la presentación.

 

-En la primera parte, de columnas, muestras una vena mordaz y satírica: eres demoledor con Javier Bardem, con Pilar Miró, con Zapatero o con Víctor Manuel. ¿Qué te han hecho, qué te indigna?

No hablaré de Pilar Miró, pues se trata de una persona fallecida. En cuanto al resto, no todos, pero sí un elevado porcentaje de las personas que ha citado usted con anterioridad representan un reflejo fiel de la España que padecemos.

-A la vez resultas muy sentimental. Pareces conmovido con los trabajos y los días de Javier Planas...

Javier es un fenómeno. Está volcado con ASPANOA. Se deja la vida por ayudar a las familias que padecen cáncer infantil. Reconozco que me muestro especialmente sensible con esta enfermedad, pero creo a su vez que soy justo con una persona admirable como Javier Planas.

-¿Cuál es la clave de un reportaje deportivo? Por ejemplo el de Cani...

 

Alejandro Lucea me dijo el tercer día que pisé Heraldo que era fundamental que entendiera mis crónicas el portero de su casa. Además de redactar en un lenguaje sencillo para el lector (no sé si he conseguido satisfacer el consejo de Alejandro…), resulta esencial la perspectiva y el conocimiento del personaje, equipo o competición de que se trate. El caso de Cani fue punto de convergencia de otras circunstancias. Lo conozco desde que nació. Por tanto, disponía de muchísima información para elaborar su perfil.

 

-Para ti el periodismo está vinculado también a la noche. ¿Qué te ha dado la noche, qué te enseña? La noche de las tabernas, la noche del flamenco...

 

Entiendo que se refiere a las crónicas nocturnas del pasado verano aparecidas en Heraldo. Yo creo que surgieron porque el director, Mikel Iturbe, y los subdirectores, Ángel Gorri y Jesús Frago, querían que no les diera la paliza durante todo el mes, que ya se la doy bastante durante todo el año, y me enviaron a hacer unas crónicas por Zaragoza y Aragón. En serio: fue una experiencia bonita, enriquecedora. De noche también se puede disfrutar en vacaciones sin salir de Aragón. En cuanto a la noche en sí, ya dijo Goethe que la noche es la mitad de la vida, y la mejor mitad. Con lo cortita que es la vida, vamos a vivirla enterita, ¿no?

 

-La última parte del libro está centrada en las entrevistas. ¿Cómo te planteas la entrevista, tienes una estética, una línea, te dejas llevar por la intuición?

Puedes obtener mucho más del personaje si se realiza cara a cara, si te concede el tiempo suficiente, si muestra predisposición, si se sincera. Desde luego, si no dice nada interesante, hay que incitarlo con algo. O seducirla, si se deja… Me gusta estudiar al personaje, saber de sus vivencias, de sus amigos, de sus pasiones. Si el diálogo es extenso, mucho mejor, pues así luego puedes extraer lo esencial, acabar y cerrar la entrevista con ideas que atrapen al lector. Me gustaban mucho las entrevistas que hacía Feliciano Fidalgo en El País. La contraportada de La Vanguardia también me parece excelente.

 

-¿Quién te ha impresionado como entrevistado, quién te ha enamorado por su brillantez, por su ingenio, por su humanidad?

Joaquín Sabina tuvo el detalle de concederme la entrevista tras un año y medio de silencio en los medios. Serrat también se portó sensacional, pues llegué tarde a la cita (las circunstancias las  contaré en el próximo libro) y me regaló una entrevista preciosa. A Mister España le apreté muchísimo y supo responder. Igual diría del arzobispo de Zaragoza. La capacidad intelectual de Eduardo Punset, sin duda, es sobresaliente.

 

-¿Quién ha sido el personaje más silencioso, más difícil?

Paco de Lucía. Con la guitarra en la mano está 25 años por delante del resto de los humanos, pero con las palabras es más bien parco.

-¿Qué lugar ocupa el humor en tus textos?

¡Pero si yo soy más triste que un panteón, hombre! El humor es una cosa muy seria: recuerde que existe para recordarnos que por alto que sea el trono en que uno se sienta, todo el mundo utiliza el culo para sentarse.

-Dices que Belío ni Zapater no están la Facultad. ¿Espera  que lo esté un libro como ‘Tinta en Vena’?

Belío y Zapater están en el cielo para desgracia de los que todavía quedamos en la tierra. En cuanto a ‘Tinta en Vena’, me comentaron que el reportaje ‘Y me diste de beber…’, esto es, la noche religiosa que pasé con Mila, una polaca que quitaba el sentido, fue utilizado en septiembre pasado para un examen de Bachillerato de análisis de texto en un colegio zaragozano. Aunque ya dije que con que mis tías Pilarín e Inmaculada lo puedan leer sin que se les canse demasiado la vista, y que mi madre piense desde allá arriba que la cesárea que le practicaron sirvió para algo, me doy por satisfecho. Si los lectores lo pasan bien conmigo, mucho mejor. Aunque debo confesarle que también lo escribí para que Antón Castro me hiciera algún día una entrevista…

RAMIRO GAIRÍN, DOS POEMAS

En la foto, Luis Borrás, Ramiro Gairín y Javier Delgado.

La editorial madrileña Vitruvio publica El mar en el buzón, el nuevo poemario de Ramiro Gairín (Zaragoza, 1980).

El día 6 de junio, este miércoles, en horario de tarde, de 18:00 a 21:30, tendrá lugar la ‘presentación en sociedad’ del nuevo libro de poemas del zaragozano Ramiro Gairín, El mar en el buzón (Ed. Vitruvio, 2012). El autor firmará ejemplares de su nuevo poemario en la Feria del Libro de Zaragoza, en la caseta de la Asociación Aragonesa de Escritores. Se trata de una colección de poemas en prosa que despliegan a dos personajes, dos figuras poéticas, y que cuentan con un desarrollo temporal a través del cual se va desovillando una historia, con principio y final. La obra se constituye, por tanto, como un todo unitario, en el que cada pieza construye el conjunto. El libro fue finalista del Premio de Poesía Isla de Siltolá.

Para aquellos que conozcan al poeta, cronológicamente se sitúa entre Pintar de azul los días laborables (Islavaria, 2010) y Que caiga el favorito (Prensas Universitarias, 2011). Y también literariamente; en lo que a tono, estilo y tratamiento de los temas se refiere. El autor volverá a la Feria el sábado, 9 de junio, por la mañana (a partir de las 12); firmará ejemplares, en la caseta de Prensas Universitarias, de su anterior poemario, Que caiga el favorito.

Blog de Ramiro Gairín:

http://haciaotrasaventurasmashermosas.blogspot.com/

 

Cuelgo aquí dos poemas en prosa del libro de Ramiro Gairín.

 

1 

 

 

Cuando hablan los amantes el lenguaje se limpia, no es ningún secreto. Las palabras renacen, cargando con sus dunas; debajo está su forma. Cuando nombran al mundo dos amantes pronuncian los objetos, todos y cada uno. Antes de recogerlas los serenos, las palabras son cosas y las cosas palabras. Son nubes de palabras los silencios.

 

Si los amantes hablan del hogar, todas las casas se vuelven hogueras. Cuando evocan sabores no se tira comida, hay pueblos a las puertas de los supermercados. Cuando dicen desdén las calles se anestesian. Cuando dicen su patria las patrias se atomizan, son las patrias las camas donde irradian el calor de su espalda.

 

Si los amantes hablan del amor, el suyo viaja sobre las ciudades. Y es al alba cuando su mano tibia, miel de pájaros secos, desciende sobre hombres y mujeres y acaricia su nuca mientras duermen o penan, y les arranca un orgasmo mínimo, apenas apreciable, que cambia para el día que empieza el signo de sus actos.

  

2

  

La habitación se mece cargada con palabras. Pensamos que podían estallar los pulmones; han caído a la almohada como peces. Hablar de vientos limpios que levantan los labios, de la suerte de ser invulnerables, de nuestro parentesco con dioses olvidados. Que nada tiene nadie a cambio de los hechos.

 Lo ya dicho mil veces cuajaba en los muñecos, en la ropa doblada, como un billete roto cada frase. El ácido sonido de la nieve, que desclavija sueños. Hacer un cuenco de aire con las manos, un hueco en la corteza del árbol rumoroso. Y decir en voz baja, dentro del agujero, de qué no respondemos, que queremos que ocurra esta mañana.

 Ha salido a tocar los primeros peinados. El frío de los coches; las baldosas perfectas. Cuando llame a la puerta traerá el humo del día, los pasos con que se hacen las paredes.

 

 

*Las fotos son de Vivian Maier.