Blogia

Antón Castro

RECUERDO DE FÉLIX ROMEO

Por  Joaquín BERGES

Ahora que se ha ido inesperadamente recuerdo la primera y la última vez que hablé con Félix Romeo. Es curioso cómo funciona la memoria, perezosa muchas veces para dar con una condenada palabra (frecuentemente un nombre propio) y lúcida otras veces, como ahora que me entero de la triste noticia y zas: me llegan las dos imágenes a la vez.

 

Yo ya conocía a Félix, pero nunca había hablado con él. La primera vez que lo hice fue tras la presentación en Fnac Plaza de España de mi primera novela. Fue en un bar de la calle Alfonso de Zaragoza, con una copa en la mano. Eres el primer autor aragonés que figura en la Colección Andanzas de Tusquets, me dijo. Juan Cerezo, mi editor, se quedó de piedra. ¿Cómo podía saber alguien algo así? Pero no lo puso en duda porque conocía a Félix mucho mejor que yo y sabía que era una enciclopedia con patas, un ser culto y sensible con un disco duro de muchos teras de capacidad.

 

"Lo sabía todo", me ha dicho Juan hace un rato, cuando nos hemos enterado de su muerte. Sería un buen epitafio para alguien que vivió inmerso en las letras de los libros, huyendo siempre a la vanguardia, en el sentido opuesto a la ignorancia, la vulgaridad y la apatía.

 

La última vez fue que hablé con él fue antes del verano. En realidad no pronunciamos ni una sola palabra, pero nos entendimos. Fue a las tres de la tarde. Yo cruzaba el puente de Santiago con mi barra de pan en la mano en busca del coche. Me marchaba a casa. Él iba en un autobús, leyendo un libro junto a la ventanilla. Cómo no. Levantó la vista de su lectura y me miró. Me reconoció y me hizo ese gesto vago y quizá en otro contexto ambiguo que inequívocamente significaba "buen provecho", tanta era la evidencia que desprendía mi barra de pan con la punta ya mordisqueada.

 

Ése también sería un buen epitafio para alguien que degustó con tanto placer los manjares de la literatura y el arte.

 

No llegué a conocerlo bien, debo confesarlo. Lamentablemente no nos vimos las suficientes veces para que eso fuera posible, pero desde el primer momento me sentí presa de su magnetismo y hoy, ahora, siento la pesadumbre de su ausencia como si alguien le hubiera dado la vuelta al imán y, en vez de atraerme, me alejara en el tiempo y el espacio no sé hacia dónde, quizá huyendo a la vanguardia, en el sentido opuesto a la ignorancia, la vulgaridad y la apatía.

 

*La foto es del blog zaragozame.

ROSA ACQUARONI, EN OLIFANTE

ROSA ACQUARONI, EN OLIFANTE

[Olifante no para. Publica ahora ‘Discordia de los dóciles’ de Rosana Acquaroni, la poeta madrileña, con una solapa de presentación de Amalia Iglesias. Copio aquí, además, algunos poemas que me envía Trinidad Ruiz-Marcellán, así como la foto de Rosa Acquaroni. Las restantes son de Keith Carter, un magnífico fotógrafo que trabaja sobre una idea de la foto vintage y de la foto surrealista.]

 

ROSANA ACQUARONI

Por Amalia IGLESIAS

En el nuevo libro de Rosana Acquaroni, Discordia de los dóciles, no hay héroes ni nombres propios, sólo “rostros de cuyo nombre/ nadie quiere acordarse”. No hay hazañas que narrar, ni victoria, ni homenaje, ni exaltación, y, sin embargo, sus poemas tienen aliento de épica, se conjugan desde el nosotros, arrastran un poso de conciencia colectiva, retratan un mundo en decadencia, dibujan la vergüenza del fracaso social de nuestro tiempo. Muertas las utopías el mundo amanece apático y cansado. Podría decirse que la suya es la épica de los desheredados globales, la épica de los vencidos. A estos poemas se asoman los dóciles, “títeres sin hilos”, los que no tienen voz, los que deambulan por las orillas del mundo, porque todo sentido les ha sido negado; aquellos que ni siquiera buscan porque hace mucho que perdieron la esperanza de encontrar.

  Tras diez años sin publicar, Rosana Acquaroni nos ofrece en su quinta entrega poética un libro bicéfalo, en él que convergen de forma natural dos obsesiones extremas, por un lado la preocupación por el lenguaje, su elaborada visión de la poesía como lugar propicio para la belleza, como ocasión para el hallazgo y el misterio verbal siempre capaz de inaugurar nuevos sentidos. Y, por otro lado, la dimensión ética, inseparable de su modo de aproximarse a la palabra, que crece sujeta a la estética desde la raíz, como esas plantas cuyos troncos se alzan abrazados en trenza.

 

CUATRO POEMAS

 

ANOREXIA

Ella

sueña con despertarse en otro cuerpo,

un cuerpo ingrávido que ruede

                             o se deslice

en el silencio inservible

de las cosas.

 

No se deja tocar.

 

En su única isla

habitan maniquíes

que saquean las despensas vacías

del corazón.

 

Se irrita cuando hay algo

que llevarse a la boca.

Ella sueña senderos voladizos

que hagan caer su sombra

entre la nieve.

 

Su peor pesadilla:

engordar alimañas.

 

 

LA SENDA DEL MALTRATO

 

 

Mansa

disciplinada

 

deja que él

la alimente con su mano.

 

Como al amo que esconde

su señuelo

a veces le suplica.

 

Después

guarda cada pedazo

de corazón dormido

y amordaza su cuerpo.

MARCAS DE LA LOCURA

 

Contemplo a una mujer

sin rostro

ante el espejo.

Parece que regresa de algún mundo.

Lleva el alma vendada

y la boca cosida

con un ancla de labios y tristeza.

Cruza las avenidas,

huye

 tras la añoranza de sus pasos.

No hay camisa de fuerza

 y  sin embargo, arrastra

su cama de cartón descolorido,               

el tetrabrik que calma la miseria.

-Está el mar inclinándose ante mí; no os oigo respirar. Alguien viene a buscarme.

Las voces no responden.

-No torturéis mi alma, pertenece a la nieve.

Tras los muros le aguardan

su lecho inmaculado,

el vasito de plástico con la dosis pautada

y la tiniebla blanca

de un paraíso ausente y sosegado.

 

EL HIJO

 

Qué de cierto se esconde en el estigma

de esa mano que nace y se detiene,

volcando su destierro,

su deriva hacia dónde,

hacía qué rompeolas.

Hijo

grieta en el agua inerte,

tu silencio es quietud ya movediza,

cicatriz que despierta

y desanda la herida.

Hijo

huella creciente,

                  raíz  de un corazón

                                         varado entre la nieve

que rompe su silencio.

Recorrerás el mundo,

saldrás de todo esto.

                   Volverán las canastas

                                                     trampolines de aire

que incitan a los sueños.

Recogerás el mar en tus muñecas.

UN 'DESLIZ' EN BICI DE ELÍAS MORO

Recibo esta carta de Elías Moro: “Querido Antón: Hace un tiempo acabé por fin ese libro de ‘deslices’ (para el que ando buscando un título) con el que andaba entre manos.  El caso es que en él hay un relato a ti dedicado (y a Cristina Grande, y a Olga Bernad, y a Fernando Sanmartín y a José Luis Melero, me ha salido algo zaragozano) que es el que te envío. Algo escabroso, quizá, pero ese es el tono del libro”.

 

Etapa reina

Para Antón Castro, poeta y ciclista.

Apenas tres segundos nos separaban en la clasificación.

En las rampas más duras del categoría especial, él demarró creyendo que yo desfallecería.

Respondí al ataque con elegancia y tranquilidad.

Y cuando le iba a pasar y dejarle clavado en la ascensión, se me salió la cadena.

Su cara de culpable lo decía todo cuando se volvió para mirarme.

No le dio mucho tiempo a celebrar el triunfo.

Cuando llegué a la meta sin poder contener la rabia, le enrollé la cadena en el cuello y esprinté con ella todo lo que pude.

 

*Las tres fotos son de Stanko Abadzic.

CASPE RECUERDA A MIGUEL A. PRÍNCIPE

[En 2011, igual que sucede con Joaquín Costa y Miguel Servet, se cumple una importante efeméride del escritor y periodista Miguel Agustín Príncipe (Caspe, 1811-Madrid, 1863), a quien Santiago Aldea y Alberto Serrano dedicaron hace años una monografía. Recibo esta carta y esta nota de Alberto Serrano sobre el autor caspolino, uno de los representantes del Romanticismo en Aragón.]

 

DECLARACIÓN INSTITUCIONAL DE RECONOCIMIENTO Y HOMENAJE A LA FIGURA DE MIGUEL AGUSTÍN  PRÍNCIPE (CASPE, 1811- MADRID, 1863), EN EL AÑO EN QUE SE CUMPLE EL BICENTENARIO DE SU NACIMIENTO.

 

            El 16 de octubre de 1811 nació en Caspe Miguel Agustín Príncipe, celebrado dramaturgo, reconocido fabulista, prolífico poeta y apasionado periodista. Su obra lo ha hecho merecedor de ser considerado como uno de los máximos exponentes del romanticismo literario aragonés. En Zaragoza y en Madrid sus estrenos teatrales fueron recibidos con entusiasmo. La colección de sus fábulas en verso, editada reiteradamente, se difundió por España y Latinoamérica. Sus poemas festivos se recogieron en antologías y se insertaron en manuales escolares. Colaboró en más de cuarenta periódicos, alguno de los cuales dirigió en la capital de la nación.

            Profesor universitario, jurista, melómano, políglota y ensayista, formó parte destacada de la Junta de Teatros del Reino, de la Biblioteca Nacional, del Instituto de España, del Ateneo, del Liceo Artístico y Literario y de la Sociedad Económica de Amigos del País. De talante liberal y progresista, enemigo de todo autoritarismo, combatió las injusticias, apostó por la democracia, y pregonó su aragonesismo desde su apasionamiento por España. "Venciendo a la ignorancia / se vence al despotismo", escribió para impulsar desde su sólida formación humanista la necesidad de fomentar el estudio y el conocimiento. De profunda espiritualidad y convicciones religiosas, no dudó en censurar públicamente cualquier actuación arbitraria de los poderosos. "Bella es la libertad / Santo el progreso", afirmó.

            En el año del bicentenario de su nacimiento, y en puertas de que tal efeméride se cumpla el próximo domingo 16 de octubre, el ayuntamiento de Caspe aprueba en Sesión Plenaria proclamar su reconocimiento y homenaje a la figura, obra y proyección de quien debe considerarse un hijo ilustre de esta Ciudad del Compromiso. Esta Declaración Institucional se materializará a lo largo del Año Príncipe que ahora se inicia con la celebración de un acto académico y popular y con la colocación de una placa conmemorativa en el Teatro Goya, espacio escénico que acogerá el recuerdo perpetuo del caspolino que más ovaciones ha recogido como autor de dramas y comedias.

OFICIOS DE LA LITERATURA

Aviadores, fogoneros, agentes de seguros, carteros, piratas: los mil y un empleos de la literatura

LOS MIL Y UN EMPLEOS DE LA LITERATURA

[Félix Romeo traduce al castellano ‘Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores’ de Daria Galateria]

En las fotos, Jack London, Italo Svevo y Bohumil Hrabal.

 

La escritora y profesora Daria Galateria (Roma, 1950) publicó en 2007 el libro ‘Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores’, que acaba de traducir al castellano el escritor, crítico y colaborador de HERALDO Félix Romeo para el sello Impedimenta de Madrid. El libro tiene algo “de guía de supervivencia” de veinticuatro autores célebres y a la vez ofrece la posibilidad de verlos de otro modo: la cantidad de oficios tan pintorescos y cotidianos que desempeñaron, las aventuras que vivieron en ellos y cómo esas peripecias fueron determinantes en su fama; dos ejemplos muy claros serían Maxim Gorki y Jack London.

El libro ofrece otra peculiaridad: son bastantes los autores que eran felices en sus empleos, de diversa dureza y de incuestionables sacrificios, y los sacaba de indicio la exigencia de tener que vivir de su trabajo. Thomas Stearns Eliot, excepcional editor y gran poeta coronado por el Nobel en 1948, prefirió vivir de los números y de la contabilidad; Dashiel Hammett era muy feliz ejerciendo de detective y redactando luego, casi como un divertimento, cuentos que nacían del contacto con los personajes que conocía. Jean Giono trabajó dieciocho años en la banca y Franz Kafka, que soñó ser jardinero y agricultor, fue sobre todo agente de seguros, algo que también le sucedió durante algún momento de su vida al checo Bohumil Hrabal; el autor de ‘Trenes rigurosamente vigilados’ o ‘Yo que serví al rey de Inglaterra’ era muy introvertido: trabajó, además, de maquinista de tren y de maquinista de teatro, y al final fue un mantenido de su mujer.

Charles Bukowski hizo bastantes cosas. Y fue despedido en varias ocasiones. Y fue, como se sabe, una auténtica máquina de excesos en el sexo, las drogas y el alcohol. Sin embargo, ejerció catorce años de cartero; de golpe, cuando empezó a tener éxito con sus cuentos, y le cambiaba la vida porque le contrataban en las revistas se volvía histérico, y lo mismo le sucedía cuando tenía que dar una charla de su obra o pronunciar una conferencia. Todo lo relacionado con la literatura eran para él auténticos “trabajos forzados”.

En esta selección de veinticuatro escritores de los siglos XIX y XX solo hay una mujer, Colette. Tras el éxito de su personaje ‘Claudine’, su marido decidió hacer publicidad de esa joven pizpireta con lociones y polvos; años después, Colette fundará un instituto o salón de belleza. Partidaria de la publicidad, promocionó el cigarrillo y el placer de las mujeres, escribió poemas para la peletería, hizo giras por tiendas, ferias y almacenes, y se definía como “mimo, bailarina y un poco acróbata” antes que como escritora. A Maxim Gorki lo conocían como “el mendigo” porque recogía cuanto encontraba a su paso, y lo vendía: huesos de buey, trapos, clavos. Su nómina de oficios es muy extensa: fue pinche, fogonero, panadero, pescador en el Mar Negro, empleado en una zapatería de señoras y también ejerció de ladronzuelo. Alguno de sus hurtos resulta conmovedor: robó a su madre un rublo para comprar un cuento de Hans Christian Andersen. Su infancia y juventud parecen salidas de una pesadilla de Charles Dickens.

Jacques Prévert también bordearía años después la delincuencia juvenil y se haría pasar por un gigoló, aunque la realidad era que “se enamoraba de las empleadas” y preparaba los saqueos. Jack London, antes de convertirse en el escritor mejor pagado de su tiempo, fue fogonero, cazador de ballenas, repartidor de periódicos, enlatador de pescado, boxeador, arrastró maletas monte arriba sobre la nieve e incluso se disfrazó de bombero en los días de campaña electoral. Después de haber hecho tantas cosas, cuando se sentaba a la máquina de escribir le dolía la espalda. Era algo que tenía mucho que ver con el pánico al folio en blanco. También fue pirata de ostras y mitigaba el dolor del trabajo con la navegación y con la pasión por el bar del puerto. Dice Daria Galateria: “Frecuentaba a gente poco recomendable o a mujeres complacientes como Mamie, la reina de los ladrones de ostras, que tenía veinte años más que Jack. Frank ‘el francés’ le cogió celos. Todos en el puerto le aconsejaron a Jack que trabajara de noche, en un lugar apartado y con las luces apagadas”.

Otro caso muy paradójico es el de George Orwell, que dejó su puesto de policía en Birmania. Empezó una nueva vida que le llevó a trabajar de fregaplatos, a dormir a la intemperie entre los mendigos y a realizar otras faenas antes de empezar a tener éxito y de venir a España a luchar con las fuerzas republicanas. Daria Galateria encabeza sus relatos con frases que condensan una vida, una actitud y una manera de ser: “¿Escritor yo? Me lo pregunto. Mi verdadero trabajo consiste en pilotar aviones”, dice Antoine de Saint-Exupéry, el autor de ‘El Principito’, “pionero de los vuelos transatlánticos y del vuelo nocturno”. O “Bohumil Hrabal soñaba con ser futbolista (...) Hrabal era muy tímido, y en los partidos se sentía observado por los espectadores, se ruborizaba, y no sabía muy bien qué hacer con los brazos y con las piernas. En suma, se bloqueaba”.

Otra historia conmovedora es la de Italo Svevo, que fue industrial, vivió bajo el yugo de su suegra y dejó la escritura para dedicarse a la empresa. Eso sí, entre otras peripecias, fue alumno de James Joyce, que era el mejor profesor de inglés de Trieste. Cuando leyó su novela ‘La conciencia de Zeno’ le dijo que “es, de muy lejos, su mejor libro”. Svevo había dicho antes que una sola línea le bastaba para arruinar todo el trabajo acumulado durante horas o días en su negocio de pintura de barcos.

 

CUENTOS EN LA PANTERA ROSA

‘PROU, PROU LUEN’: CUENTOS ILUSTRADOS EN ARAGONÉS EN LA PANTERA ROSA

 

Presentación d'o libro ilustrato de cuentos en aragonés

‘Prou, prou luen...’ cuentos en aragonés ta un esdevenider sostenible

Quatre historias ta conoixer, d'una traza divertita y esferent, bells d’os animals y plantas que conviven con nusatros en quatre polius paisaches aragoneses: a Pineta de Rodeno, os Galachos de l’Ebro, a Sarra de Guara y Ordesa.

Presentación en Zaragoza o venient miercols 5 d’octubre, a las 20 horas, en a librería La Pantera Rossa (Sant Vicent de Paúl, 28).

 

Cuatro historias para conocer, de una forma divertida y diferente, algunos de los animales y plantas que conviven con nosotros en cuatro bellos paisajes aragoneses: los Pinares de Rodeno, los Galachos del Ebro, la Sierra de Guara y Ordesa.Presentación en Zaragoza el próximo miércoles 5 de octubre, a las 20 horas, en la librería La Pantera Rossa (San Vicente de Paúl, 28).

 

Autors: Tamara Marzo Rins y Carlos García Esteban

Ilustracións: Chusé Bolea

Voces CD: Antón Castro, Eduardo Lolumo, Jorge Romance, Jorge Asín, Francisco Fraguas, Mercedes Portella, Juan R. Fonseca, Tamara Marzo, Rubén Santarromana, Silvia Ferrando, Cherardo Callejón, Silvia Cebolla, Carlos Asín, Manuel Ramón Campo, Lourdes Ortíz y Natalia López

Edita: Ara Cultural

 

*En la foto de Heraldo, el ilustrador y narrador Chusé Bolea. Y abajo, el rapsoda y hombre del tiempo Eduardo Lolumo, en una instantánea de Aragón Televisión.

EL MATARRAÑA EN 'BORRADORES'

EL MATARRAÑA EN 'BORRADORES'

CULTURA Y CREACIÓN EN EL MATARRAÑA,

UN ESPECIAL DE BORRADORES

 

Plató: Javier Aguirre y el Dúo Recapte. Artistas: Gema Noguera, pintora fallecida en 2008, y Laia Vaquer, fotógrafa. Escritores: Marta Momblant, dramaturga y narradora, y Andreu Subirats, poeta. Libreros: Octavio Serret. Músicos: Sofía Asunción Claro, arpista, y Lars Graugaard, flautista y compositor. Actuación en directo: Dúo Recapte (Mario Sasot y Antoni Bengoechea.]

Borradores emite esta noche, a las 0.55, un programa especial sobre ‘Cultura y creación en el Matarraña’, grabado en Beceite, Calaceite y Valderrobres. El escritor y viajero Javier Aguirre, autor de diversos libros del Matarraña, acude al plató para hablar de sus publicaciones, de varios libros colectivos y los secretos de esa comarca, que se caracteriza por la exuberancia del paisaje, una intensa vida cultural y por el desarrollo del turismo y los espacios con encanto. Aguirre acaba de publicar ‘Remansos. El Matarraña y la tierra alta’, ‘Del Matarraña a Nueva York’ (escrito al alimón con Angélica Morales) y ‘Los follets del Matarranya’.

Arranca el programa el Beceite. Allí, en la Antigua Fábrica Noguera, se realiza un amplio reportaje sobre la pintora Gema Noguera, fallecida en 2008: se reconstruye su trayectoria, su línea de trabajo y su impacto en la zona de la mano de Ersi Samará, la artista griega que trabaja en las salas, Lola Pintado, del Museo Juan Cabré, y de su propia madre Rosa María, que recuerda su vida, la relación con su padre y nos muestra el nogal del jardín donde reposan para siempre sus restos.

Laia Vaquer es una escultora y fotógrafa que trabaja con su cuerpo como si fuera un paisaje: explica su obra, sus influjos, la relación que establece con la naturaleza del Matarraña y la complicidad que tiene con el fotógrafo Hugo Roglan, que es quien le toma las fotos. El librero y editor Octavio Serret, de Valderrobres, siempre quiso ser librero: es un animador cultural imprescindible de la zona, un defensor de la ‘paraula ebrenca’. Recuerda las actividades que se realizan con distintos colectivos, con editores y con sellos editoriales como March especialmente.

La escritora Marta Momblant compagina la literatura en catalán con la dirección escénica: ha montado a Shakespeare y a otros autores en castellano, catalán o inglés. Momblant, desde la orilla del río Matarraña a su paso por Beceite, habla de sus libros: la pieza teatral ‘Fora de temps, fora de lloc’ (Fuera de tiempo, fuera de lugar) y de su novela ‘La venta de l’hereva’ (La venta de la heredera), que recibió el premio Guillem Nicolau y está centrada en la enfermedad de Alzheimer. Otro escritor, Andreu Subirats, un poeta catalán que reside en La Fresneda y que ha traducido a François Villon, habla de su poesía, de la importancia del paisaje en su obra y de sus viajes al Matarraña desde su juventud. Subirats es rapsoda y lee uno de sus textos en la entrada de la Antigua Fábrica Noguera.

El programa visita a dos músicos instalados en Calaceite: la arpista chilena Sofía Asunción Claro, para la que han escrito piezas varios compositores, y el flautista y compositor danés Lars Graugaard, que trabaja en algunas obras que se estrenarán en Nueva York en los próximos meses. Ambos buscan el silencio y la inspiración en esa villa llena de literatura y de historia.

El Dúo Recapte, formado por Mario Sasot (bandurria) y Antoni Bengoechea (rapsoda), interpreta dos temas de Héctor Moret (‘Paisatge’) y ‘La solicitud’ de Desideri Lombarte.

 

[Borradores. Aragón Televisión. Realización: Teresa Lázaro. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Producción: Arantxa Melero. Empresa de producción: CHIP. Redacción: Carlota Muñoz y Ana Catalá Roca. Dirección y presentación: Antón Castro. Se emite los martes, a las 0.55, y se redifunde los sábados a las doce de la mañana. Para la elaboración de este programa ha sido decisiva la colaboración de Lola Pintado y Carmen Portolés del Museo Juan Cabré de Calaceite. En la fotos, Gema Noguera y Laia Vaquer.]

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ, EN ANTÍGONA

 

Esta tarde, a las 20.00, en la librería Antígona, la poeta Olga Bernad presenta al editor y poeta Javier Sánchez Menéndez, un gaditano de 1964, que había estado quince años sin publicar. En este 2011 publicó ‘Una aproximación al desconcierto’, un libro que tiene mucho de destilación de temas, de estilos, de percepción del mundo y de viaje en el tiempo.

 

[La propia Olga Bernad escribió esta reseña sobre el poemario: “Aparece en SIM Libros ‘Una aproximación al desconcierto’ de Javier Sánchez Menéndez, tras quince años sin publicar poesía (propia), dedicado a labores de edición y crítica y al trazado de su particular desconcierto poético. Veinticinco poemas conforman ‘Las limitaciones del lenguaje’, primera parte del libro.  Cada uno de ellos va formando una lenta avalancha en la que se esconden y se muestran rebeliones, impotencias y conclusiones expresadas desde un descreimiento teñido de una brusca ternura que parece querer resumirse en los versos finales del poema que da título a esta primera parte: “Comenzamos a hablar si sabiamente/volvemos a la infancia/ y descubrimos/ que comenzar a hablar es promover/las limitaciones del lenguaje”. Llegamos así a ‘Ataques de cordura’,  dos series de brevísimas composiciones agrupadas en ‘Lapsus’ e ‘Ictus’, que merodean el desconcierto mezclando la fuerza epigramática del graffiti, un cierto tono de soleá, aire de haiku y brillo, en ocasiones, de sentencia. En ‘Clases particulares’, tercera parte del libro, se agrupan  poemas más largos en forma de ejercicios de irreverencia,  represión, olvido y espiritualidad para llegar a una ‘Última partida’, broche de la obra, que se cierra con una única entrega -“Segunda inclinación”- en la que la cordura ya no importa, pues las lecciones aprendidas y posiblemente olvidadas tampoco nos salvarán del desconcierto: “No es bueno complicarse./Total si son tres días y hemos gastado cinco,/ para qué desatar lo imprevisible”.

 

DOS POEMAS DEL LIBRO

 

Suspiros de princesa

 

 

No mentí. Me reprochas día a día

que engañé con mis actos,

que iba a ser más maduro, mejor padre.

Hasta que haría las camas,

amante consumado,

poeta de domingo

tras el aperitivo.

Hombre obediente

y sumamente inculto.

 

Quédate con lo dicho.

Las palabras de ayer

son miseria en tus labios.

 

De Una aproximación al desconcierto (SIM-Libros, Sevilla, 2011)

 

 

Puerto Real, 1967

 

 

La lonja, pescadores, un olor

a sal sobre las redes

y mi padre rondando las esquinas.

 

Las calles, los ruidos del mar

cubren la noche,

y la voz de mi tía

que llamaba mi nombre

una vez y otra vez.

 

Hasta la boda todo fue imperfecto.

Después nadie entendió que quise regresar

y acabé como siempre, con tres años:

caliente y cabreado.

 

Descubrí los sentidos.

No hay brumas en el puerto,

pero hay libertad, arena

y mucho miedo.

 

De Una aproximación al desconcierto (SIM-Libros, Sevilla, 2011)