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Antón Castro

LOS PREMIOS ESPIELLO 2011

 [Dolores Galindo, jefa de prensa del Festival Espiello de Cine Etnográfico de Boltaña, nme envía gentilmente todo el palmarés del certamen y me cuenta el gran salto cualitativo que ha dado. Ha tenido eco hasta en algunos periódicos de Inglaterra.]

 

'IN THE BAZAAR OF SEXES', UN DOCUMENTAL SOBRE MATRIMONIOS TEMPORALES EN IRÁN, GANADOR DEL ESPIELLO 2011

 

El palmarés de la novena edición de Espiello consagra a la Muestra como un referente mundial en la difusión del documental etnográfico.

 

El canto emocionado de Mariem Hassan, Mención Especial de Espiello da paso a una brillante entrega de premios entre gritos de “Sahara libre”

 

“Es el acontecimiento cultural más importante de Aragón”, dijo Mª Victoria Broto, Consejera de Cultura del Gobierno de Aragón

Cristina Argota e Iván Golovnev, galardonados por Espiello.

 

Los premios Espiello 2011 se fueron este año, el pasado fin de semana, a Australia, Austria, Argentina, Ecuador, Suiza, Camboya, Madrid y Galicia. De la calidad y la originalidad de los 23 documentales seleccionados a concurso pueden dar fe las cuatro mil personas que han acudido durante los nueve días de proyecciones al Palacio de Congresos de Boltaña (Huesca).

La realizadora Sudabeh Mortezai con su documental “In the Bazaar of Sexes” es la ganadora del premio Espiello (1500 euros más trofeo). En la película Mortezai habla del 'sigheh', práctica chiíta mediante la que se establecen matrimonios temporales que pueden durar desde una hora a toda una vida. Un soltero de mediana edad, una madre divorciada y un joven mullah son los protagonistas de este retrato de las relaciones íntimas entre sexos en Irán. Mortezai, nacida en Alemania y criada en Teherán y Viena, recogió el premio con emoción, satisfecha por haber abierto una ventana a la realidad de su país. Dedicó su Espiello a quienes luchan por los derechos humanos, en especial a las mujeres de Irán.

El premio Espiello Choben al mejor documental realizado por menores de 30 años, dotado con 800 euros y trofeo, ha sido otorgado a “Baltazar Ushka, el tiempo congelado” de Jose Antonio e Igor Guayasamín (Ecuador). La película narra la vida del último hielero del volcán Chimborazo. Guasamín agradeció en su discurso la existencia de un festival etnográfico “algo que no es muy común”, dijo.

El jurado este año ha decidido repartir dos accésit especiales dotados con 400 euros cada uno,  valorando el trabajo de los realizadores más jóvenes, a “Boteros”  de Martin Turnes (Argentina) y “Mulleres Da Raia”  de Diana Gonçalvez (Galicia, España).  El primero habla de la situación de unos conductores de botes a quienes un puente les hace replantearse su lugar en el mundo y el segundo es un viaje a las fronteras del norte de Portugal y Galicia.  Gonçalvez dedicó el premio a las mujeres de la frontera y prometió volver a Espiello en 2011 con un nuevo documental.

El Premio Espiello Pirineos ha quedado desierto y su dotación se destina a los accésits nombrados.

“Bunong Guu Oh – Bunong´s Birth Practices” es la ganadora del Espiello Rechira, al mejor trabajo de investigación, dotado con 800 euros y trofeo. La película coproducida entre Suiza y Camboya y dirigida por Tommy Mendel habla de los cambios que la “medicalización” introduce en las tradiciones ligadas al parto y al nacimiento en la etnia bunong. Mendel acudió a recoger el premio y en un correcto castellano agradeció el apoyo al uso del audiovisual en las investigaciones antropológicas y a la difusión de los trabajos en esta área.

El premio del  público (500 euros más trofeo) ha sido para “Contact”, una película australiana en la que la protagonista, Yuwali, narra el momento en el que un equipo de blancos que van a lanzar un cohete espacial la sacan del desierto junto a un reducido grupo de aborígenes para evitar el peligro de los desechos espaciales.

La Asociación Española de Cine e Imagen Científico ha concedido el premio “Guillermo Zúñiga”, dotado con trofeo y diploma, a “Pueblos Originarios III: Pilagá Bañado La Estrella”, de Ulises Rosell (Argentina), un documental sobre dos indígenas que han visto sus tierras inundadas por obras hidráulicas que salen a cazar anacondas en una canoa. Cristina Argota, responsable del INAPL de Argentina, recogió el premio. Cristina, a su vez, entregó a la Muestra de Documental Etnográfico de Sobrarbe una distinción por su labor difusora: un hacha de la cultura Tehuelche (patagones). Patricia Español recogió este galardón.

El  premio al mejor proyecto para realizar un documental etnográfico escolar, dotado con material audiovisual por valor de 600 euros es para el proyecto “Rastros”, del colegio público Santa María de Lavapiés, Madrid.

La Consejera de Cultura del Gobierno de Aragón, Mª Victoria Broto clausuró la entrega de premios con grandes elogios a  la muestra que se ha convertido “en el acontecimiento cultural más importante de Aragón” y comparó la lucha de las mujeres como Mariem Hassan o Sudabeh Morzai por cambiar el mundo con la de las mujeres de Sobrarbe que en tiempos de la dictadura hicieron grandes esfuerzos y sacrificios por que sus hijos fueran más libres a través de la educación.

La cantante saharaui Mariem Hassan ha sido también protagonista en una entrega de premios de signo claramente femenino. Hassan ha recibido la Mención Especial y ha traído aires del Sáhara a este rincón del Pirineo, que la ha recibido con tímidos “esgarits” (el grito tradicional saharaui) que ella ha superado con maestría en un intenso concierto antes de la ceremonia de entrega.

Mariem no aprendió las canciones de su pueblo en las fiestas del Tambor, como ha sido tradicional entre los nómadas: las aprendió con una garrafa de agua en un campamento en Argelia. Lo hizo para poder transmitir mejor el mensaje de independencia para el Sáhara ya que confía en llegar a más corazones con la música que con los discursos políticos.  Entrevistada por Pepe Quílez, director de la televisión aragonesa, Hassan ha declarado que mira con atención lo que está ocurriendo en el mundo árabe a partir de la revolución tunecina pero que mientras que la democracia no llegue a Marruecos, la independencia del Sáhara no será posible. Al recoger el premio de manos de la Consejera de Cultura del Gobierno de Aragón los gritos de “Sahara libre” han llenado el Palacio de congresos.

Desde hace nueve años medio centenar de habitantes de la comarca de Sobrarbe, en la provincia de Huesca se han convertido en algunos de los mayores expertos del documental etnográfico en nuestro país: han visto alrededor de cuatrocientas películas formando parte de la comisión permanente de la muestra Espiello. Su trabajo ha sido fundamental en la selección de películas, en la recepción a los documentalistas que acuden al festival, en el reparto y recuento del voto del público, en la difusión en redes sociales… Todos ellos coordinados por la directora de Espiello, la técnico de cultura comarcal Patricia Español.

Espiello es el único festival de nuestro país dedicado exclusivamente al documental etnográfico y basa su prestigio en la independencia de criterio otorgado por esa participación de los habitantes de esta comarca pirenaica junto a la colaboración de autoridades mundiales en este campo del audiovisual: el director del Centro de Antropología Visual de la Universidad de Manchester, Paul Henley, la responsable Medios Audiovisuales del Instituto Nacional de Antropología de Argentina (INAPL)  Cristina Argota y el profesor de Antropología Visual de la Universidad Complutense José Carmelo Lisón formaron parte de Espiello en la pasada edición. Este “Sundance” del documental etnográfico se enorgullece de haber recibido este año 127 documentales de todos los rincones del mundo.

ÁNGEL GUINDA: SEÑOR DE LA POESÍA

ÁNGEL GUINDA, UN POETA CON ESPECTROS

 

[Ángel Guinda recibe esta tarde el Premio de las Letras Aragonesas 2010, en el Museo Pablo Serrano. Hace unas semanas publicaba un libro-confesión, un libro-río de acento surrealista: ‘Espectral’ (Olifante)]

 

Ángel Manuel Guinda Casales, Ángel Guinda, recibe esta tarde, a las 20.00, en el Museo Pablo Serrano el Premio de las Letras Aragonesas 2010. Guinda, nacido en Zaragoza en 1948, encarna al hombre que ha vivido la poesía como una urgencia, una condena, una necesidad y una exaltación de la vida. ‘Vida ávida’, ‘Claustro’, ‘Biografía de la muerte’ o ‘Conocimiento del medio’ son algunos de los títulos básicos de un poeta muy particular: existencial y desgarrado, poeta en convivencia con la muerte, poeta metafísico y de la introspección más doliente, poeta social, satírico, comprometido, poeta visionario. 

Ángel Guinda es un poeta marcado la noche y sus espantos, pero también por la vocación de utilidad, por la ironía y el humor. Se ríe hasta de su sombra y en un poeta del drama íntimo y de la alucinación, como él, ya es reírse. Hace unas semanas publicaba ‘Espectral’ (Olifante. La casa del Poeta, 2011), un largo poema en prosa que es un viaje a la raíz, un viaje a las tinieblas, una indagación en lo que somos, en los que seremos y en los fantasmas reales e imaginarios que persiguen al escritor: desde la madre muerta cuando le dio la vida hasta Zaragoza, desde el amor, la idea del suicidio al tabaco. El libro nace de una obsesión y de una iluminación: es un viaje al corazón de la noche, es un atravesar la claridad de la existencia sabiendo que la muerte acecha, y la desdicha, y las pesadillas. Y los amores turbulentos.

Ángel Guinda es un Poeta en el sentido más extenso de la palabra. Un poeta y un hombre generoso. No solo ha alimentado su obra, sino que ha difundido la obra de los otros, como crítico, traductor, como antólogo y director de revistas: pensemos en Cecco Angiolieri, en Álex Susanna, en Ana Cristina César, en Teixeira de Pascoaes, en Florbela Espanca, en las poetas aragonesas de los últimos 60 años, a las que ha recogido en su antología ‘Yin’. Y además, poeta de variados registros, pariente de poética de Baudelaire, León Felipe, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, Ángel Guinda también es un eslabón decisivo en la historia de la poesía aragonesa: él ha asimilado el magisterio de autores como Ildefonso-Manuel Gil, Miguel Labordeta, Julio Antonio Gómez, Luciano Gracia y Rosendo Tello, y a la vez ha abierto caminos para sus contemporáneos y grupos más jóvenes: desde Joaquín Sánchez Vallés y José Verón Gormaz, Manuel Vilas y Fernando Sanmartín hasta David Mayor, Olga Bernad, Carmen Ruiz, Ana Muñoz o Juan Marqués. Ángel Guinda es lo más cercano que tenemos a un poeta popular sin dejar de ser intenso, oscuro, diáfano, sin dejar de proclamar que “querría morirme de pie como los árboles”. 

 

 

 

“NO DEJO DE SUFRIR CON LOS QUE SUFREN”

Ángel Guinda señala que "Espectral’ (Olifante) es un libro de viaje hacia la muerte desde la más implacable resistencia a morir”.

 

Ángel Guinda (Zaragoza, 1948) recibía el pasado mes de diciembre el Premio de las Letras Aragonesas por “el valor de una obra poética importantísima dentro de la historiografía literaria aragonesa, fundada en la poesía española pero expresada con un lenguaje renovador adherido a su compromiso estético y humano”. Ese galardón coincidía casi con la aparición de la antología ‘Yin. Poetas aragonesas, 1960-2010’ (Olifante), preparada por él. Ahora, el autor de ‘Vida ávida’, ‘Claustro’ o ‘Conocimiento del medio’ publica uno de sus libros más complejos y ambiciosos, de un elevado nivel léxico y conceptual:’Espectral’ (Olifante. La Casa del Poeta. Zaragoza, 2011. 96 páginas), que llega estos días a las librerías y que se presentará el día tres de febrero en el Teatro Principal. El poeta, profesor, crítico literario y traductor explica las claves del poemario, de su escritura, de su vida y de las sombras que le persiguen.


¿Cómo se gestó ‘Espectral’?

Una noche de enero del año pasado, en Madrid. En una cafetería próxima al Museo Sorolla, mientras bebía un gintónic, contemplaba fijamente la calle a través de una imponente cristalera. Veía los enormes los faros de los coche, como fanales estallándome en los ojos, y recordé un poema de hace veinte años que ha sobrevivido a mis retractaciones; se llama ‘Desierto’ y dice: “Camino / sobre antorchas de silencio. / Oigo sombras: / son los pasos del sol.” Comencé a escribir.


¿Cuál era su estado de ánimo, qué zozobras le marcaban? ¿Dónde quería ir?
Mi estado de ánimo era y es feliz y vitalista… La procesión va por dentro. Desde niño tengo muchos miedos, cada vez más con el paso del tiempo: pánico a mí mismo, sobre todo; a las apariciones (que las he tenido), a desaparecer, a la voz de los muertos, miedo a abandonar, a ser abandonado, a la soledad, al dolor, a la decrepitud, a molestar a quienes amo, a soñar, a desear, a viajar solo por el mundo sin conocimientos de inglés… Quería ir al infinito, a la eternidad, a la nada.


¿Qué ocurrió durante la escritura? ¿Cómo fue en un sentido físico, de horarios, a mano o a máquina, qué leía, etc.?

Este poema lo he escrito en estado de trance, de arrebato, poseído por mis fantasmas, obsesiones y recuerdos personales. Lo he reescrito numerosas veces. Me levantaba temprano y comenzaba a pensar, a sentir, a evocar, a redactar a mano en el primer papel que encontraba y, permanecía atrapado hasta las diez de la noche. También en el Metro, en el autobús, en plena calle… De madrugada, me despertaba sobresaltado por una pesadilla y volvía a la carga: me levantaba, y a seguir. En esa época leía ‘Introducción a la metafísica’, de Bergson; ‘Manual del perfecto ateo’ (Anónimo), libros de parapsicología como ‘El otro lado del hombre’, de Miguel Lucas; libros de astrofísica… En poesía he releído a Dante (una de sus versos encabeza el libro), Pere Gimferrer, el Leopoldo María Panero de la primera época, Dylan Thomas, y también me he releído. Sigo el programa radiofónico ‘Milenio 3, de Iker Jiménez’.

Me quedo un poco desconcertado. ¿En qué momento supo qué libro quería hacer?
Aquella misma tarde de invierno en la cafetería.


Vayamos con el resultado final. ¿Qué libro cree que ha escrito?

Tal vez un libro de viaje hacia la muerte desde la más implacable resistencia a morir, desde el vitalismo más atroz y despiadado. Un memorámdum existencial y poético, un testamento: “Os dejo a todos cuanto no he vivido”.


¿Cabría decir que aquí está Ángel Guinda, por completo, pero de otro modo?

Sí, pero fundamental y literariamente aquí está el dramatismo de mi propia experiencia de la poesía frente al anecdotario de la poesía de la experiencia como corriente actual.
De entrada podríamos decir que el libro es un autorretrato, un vómito, un ejercicio de desnudez y a la vez el libro de alguien que pertenece a un contexto social (un paisaje exterior y una época), y a sus sombras.Todo eso más la interiorización del mundo exterior, más determinados aspectos inexplicables que surgen del proceso evocador, de la exploración del misterio y de lo desconocido que llama a nuestro espíritu para un mayor reconocimiento propio.


¿Es consciente de que se trata de su libro más complejo, sobre todo de imágenes y de estilo literario, de metáforas, de enumeraciones, de registros verbales?

Lo he intentado. Por una parte he querido combatir uno de los tópicos de la literatura aragonesa: su carencia de imaginación. Por otra, he procurado expresarme y comunicarme en un lenguaje radicalmente poético, con figuras del realce expresivo como las citadas por usted más la sinestesias o confusiones sensitivas (secuela de mi experiencia con el LSD y otras sustancias psicotrópicas), las paradojas, antítesis, hipérboles, comparaciones…

Es un libro de imágenes de un observador del dolor ajeno, ¿no?
Toda imagen es una reproducción pero también una modificación idealizadora del referente. No dejo de sufrir con los que sufren.


Es un libro de lo cotidiano, de las pequeñas cosas, pero también de la trascendencia, del más allá. Un libro donde se habla mucho de la eternidad.
‘Espectral’ es una peregrinación meditativa desde lo natural a lo sobrenatural pasando por lo preternatural y paranormal.


Después de escribir un libro así, ¿ya se puede contestar qué es la poesía?
Además de palabras sin apenas palabras, intensidad frente a extensión, la poesía, como la belleza, es una aparición: unas veces constatación de la realidad, otra conspiración contra ella; a veces espejo y a veces espejismo y, siempre, una iluminación.

Dice: ‘Yo vivo en una nube de tabaco, la más lenta estrategia de suicidio. Oigo desafinar la orquesta de mis bronquios. El humo que respiro raspa como estropajo, lija como flor de alquitrán, tapona la roja arboleda de mi pecho y me ahoga’. ¿Es un homenaje a la ley antitabaco o expresas el drama del fumador que no puede dejar de fumar?

Más bien esto último. Patológicamente, desde hace cuatro décadas soy fumador compulsivo de dos paquetes diarios de cigarrillos. Una adicción terrible para la salud. Una instintiva técnica de autodestrucción. Es la única droga que no he conseguido superar.

¿Cuál es su postura ante la ley? ¿Es, como dicen algunos, una nueva forma de inquisición?

Conflictiva y contradictoria: como el poeta, como la vida misma. El ácrata idealista que llevo dentro se rebela contra determinadas leyes (de tráfico: me quedan cuatro puntos en el carné de conducir; antitabaco: fumo a escondidas en algunos lugares públicos) Pero el demócrata que soy me invita a respetar la ley y a pagar las multas cuando la incumplo.

Todo el libro posee un tono de búsqueda desesperada. ¿Por qué?

Búsqueda del yo, del yo épico disuelto en el yo lírico. Necesito ser dueño de mi identidad personal en tiempos en los que el Estado deshace individuos para hacer ciudadanos, el Poder nos anestesia para debilitarnos y la globalización nos uniforma para desunificarnos, desunirnos, y, en definitiva, desintegrarnos en seres despersonalizados.

El libro tiene la atmósfera de un diario, de un diario de viaje al interior y con el exterior. ¿Ha sido adrede?

Se trata de una expedición desde la oscuridad a las tinieblas por caminos de luz y ruido; desde el estruendo hacia el silencio, desde aquí y ahora al más allá y al mañana. Un libro testimonial, un memorial de sucesos personales tan impactantes como inolvidables, una agenda de acontecimientos que me han fundado, de técnicas de escapismo (como ciertas drogas) que me han confundido y colocado al borde del abismo.


Dice usted: “¿Mi vida es ya ese torpe buey tan lento, este viejo tractor que no se pone en marcha?” ¿Es esto pesimismo, retórica, temor a la vejez?

Pesimismo lúcido. Un eufemismo del acabamiento.


Siempre identifica la palabra y la vida. ¿Ha vivido así? ¿Qué habría sido de Ángel Guinda sin palabras?

Exactamente: escribir como se vive, escribir como se es. He intentado hacer vida la palabra y hacer palabra la vida. Vivo el silencio y convivo con las palabras. Sin ellas no sería nada, sería nadie, o acaso el misterio y la suprema sencillez de una piedra o una gota de lluvia.

¿Con cuántas sombras, con cuántos fantasmas, con cuántos espectros viaja Ángel Guinda?
Las sombras de cuanto he tenido y arrojé al pasado, de cuanto he perdido por no saber encontrarlo hacia el futuro; y todo lo presente me parece espectral como un mundo en el que no quiero vivir. No paseo, floto; y más que pensar necesito, como Larra, aniquilar para transformar.

Siempre me llama la atención por qué un hombre como usted, rebelde, pícaro, con mucho sentido del humor, es también un hombre trágico, atormentado, que convive con la muerte… ¿Tiene una respuesta Ángel Guinda?

Ante los demás, para no torturarles con mis tormentos, despliego la sonrisa, la carcajada y la ironía desdramatizadoras. Ante mí mismo me muestro cejijunto y torturado, como en el fondo soy.


¿Tiene la sensación de que ‘Espectral’ es el gran libro de su vida, el gran libro de su producción lírica?

Salvador Espriu me enseñó a vivir la creación poética como un aprendizaje. Intento hacerlo mejor constantemente. ‘Espectral’ no deja de ser un libro pequeño repleto de grandes cuestiones. Lo que me preocupa más es pensar qué puedo escribir, si es que sigo escribiendo, en adelante.


Siempre ha sido un defensor de la poesía útil. A la luz de ‘Espectral’, ¿dónde se asienta la utilidad de la poesía?

En su incitación al desconocimiento de la realidad adversa mediante la fuerza y posibilidades de la imaginación. En la invitación a la serenidad en los temas y momentos más graves de nuestra existencia.


¿Por qué ha escrito? ¿Por qué escribe? ¿Para seducir a sus cuatro mujeres, para contentar a sus suegras, para ser más famoso y tener discípulos…, para enloquecer con la belleza de algunas palabras? ¿Para encontrarse?

Para sofronizarme y para no morir. Para enloquecer de lucidez, para huir de la realidad con la imaginación y la existencialidad de las palabras. Las palabras son seres vivos, semillas cargadas con el silencio de los mundos. Rosendo Tello no se cansa de decir que soy un seductor; Carmen Sender, que fue mi profesora, dijo que soy un creador de lenguaje; Manuel Martínez Forega: un romántico; el escritor y periodista Roberto Miranda: un heterodoxo; mis mujeres: un anciano muy niño; y mis suegras: un yerno cariñoso.

 

*Las fotos de Ángel Guinda pertenece a José Miguel Marco, fotógrafo de Heraldo. la foto de la entrevista, que copio aquí de nuevo, es de David de Francisco.l

HA MUERTO MIGUEL MARTÍNEZ-LAGE

HA FALLECIDO EL TRADUCTOR Y ESCRITOR

MIGUEL MARTÍNEZ-LAGE

Esta noche, mi hija Aloma me escribía diciéndome que se había muerto por la noche, y probablemente de infarto, en Vera (Almería) el gran traductor Miguel Martínez-Lage (1961-2011), con quien he coincidido varias veces: en Zaragoza, recuerdo una noche memorable de tertulia y parranda y toda la pasión por la vida que él exhibía siempre (regresó a Tarazona en su coche, un poco chisposo), y por supuesto en Tarazona. Solía acudir, en tiempos de Uriz y de Maite Solana, a la cita anual de los traductores españoles. Cobijó el sueño de dirigir la Casa del Traductor. Se sentía muy feliz en el Moncayo, protegido por la montaña y la leyenda, se sentía un ave nocturna, y en el fondo, viviendo como vivía entonces en Pamplona, se sentía muy cerca de casa.

Recuerdo que me veía bastante con él: no conozco mucho su vida sentimental, pero durante un tiempo vivió una relación muy romántica con una chica de Barcelona, Miguel y ella se citaban en Zaragoza los fines de semana, y eran como dos enamorados de sábado y domingo en una ciudad que cada vez les era menos extraña. Miguel era apasionado, vehemente, enamoradizo y, sobre todo, muy trabajador. Muy trabajador; parecía caótico, pero debía ser todo lo contrario. En 2008 recibió el Premio Nacional de Traducción por su trabajo, monumental de veras, sobre la ‘Vida de Samuel Johnson’ que publicó Acantilado en casi dos mil páginas. En realidad, puede decirse que Miguel Martínez-Lage era como un torrente, un traductor insaciable, curioso: ha traducido a William Faulkner, Martin Amis, Auden, Samuel Beckett (“Rumbo a peor, de Samuel Beckett. Es la traducción más hermosa que he hecho nunca, quizá porque la hice en compañía, con otros cuatro traductores”, le decía a la periodista Nuria Alejos), Saul Bellow, Steinbeck, Stevenson, Evelyn Waugh, Eudora Welty, Coetzee, Joseph Conrad, Don DeLillo, Hemingway, Henry James, George Orwell, Poe, Pound, Steiner o Virginia Woolf, entre otros muchos. Siempre decía que una de sus traducciones más difíciles había sido ‘Absalón Absalón’ de Faulkner, y en 2008 confesó que lleva tres años sin ver la televisión. “La virtud indispensable de un traductor es la invisibilidad, que no se note que un texto está traducido, pero luego es difícil conseguir una cierta consideración social. Afortunadamente, hay editoriales que ponen el nombre del traductor en la portada”, declaró al ‘Diario de Navarra’ en 2008.

Miguel Martínez-Lage era un animal literario, un letraherido, que también escribía y que cobijaba un último afán: quería hacer una carrera personal como escritor.

UNA LECTURA DE MARTÍNEZ DE PISÓN

 

 

El día de mañana. Ignacio Martínez de Pisón. Seix Barral: Biblioteca Breve. Barcelona, 2011. 382 páginas.

 

Pícaro, delator e iluminado

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es un novelista metódico y talentoso. Y de una constancia imperceptible: se aplica a sus libros sigilosamente, con vehemencia, con una lucidez tranquila y con una especial conciencia del oficio. No quiere deslumbrar a nadie: es un novelista de fondo, realista, natural, el forjador de un estilo casi cinematográfico, tan paciente como invisible. Siempre hace muchas cosas: investiga el misterio y la muerte de José Robles Pazos, escribe guiones como ha hecho en ‘Las trece rosas’ o ‘Chico y Rita’, redacta novelas de excelente factura como ‘Dientes de leche’, ‘El tiempo de las mujeres’ o ‘Carreteras secundarias’. O incluso ordena una antología de cuentos sobre la guerra civil española en ‘Partes de guerra’. Pisón es un parsimonioso pugnaz: obsesivo, perfeccionista, discreto. Al quite y sin obsesión alguna por el desquite. Y es, ante todo, un auténtico novelista, heredero de Pío Baroja y de Sender, de John Cheever y de Patrick Modiano, de Mario Vargas Llosa, por citar algunos ejemplos.

Lleva en Barcelona alrededor de 30 años y ahora ha decidido rendirle un homenaje a una de las ciudades más literarias de España con ‘El día de mañana’, una novela que cuenta la vida de un personaje como Justo Gil Tello que será emigrante a la deriva, superviviente, pícaro, delator e iluminado. A través de una especie de casa con muchas ventanas, de un caleidoscopio del recuerdo, a Justo Gil Tello lo irán dibujando quienes lo conocieron, quienes lo ayudaron, quienes sufrieron algunos de sus desmanes y sus muchas deslealtades o aquellos para quienes apenas era un loco, un enamorado que soñaba, como don Quijote, en construirle una mansión o un refugio a una dama que solo era tal en una de sus más extrañas e imprevisibles quimeras.

Ese Justo Gil Tello, de origen aragonés y procedencia rural, llegó a Barcelona a con una madre enferma, a la que cuidará, a la que lavará, a la que sacará a paseo este inicial buen chico. Aquella era una España sórdida: de mentiras y miedos, de delaciones, de amores urgentes y de queridas a las que se conquistaban con perfidia y flores, y de hambre atrasada. Justo, en medio de una selva de hechos, de personajes (como aquella Ju-Ju, mucho más alta que él, tan sensual, tan rebosante de carne y belleza que le hinchaba la falda), intenta encontrar un camino. Va de trabajillo en trabajillo, de afán en afán, de chapuza en chapuza y secreteo, de estafa en estafa, y poco a poco se convierte en confidente de la policía política del régimen. Pisón cuenta todo eso con una fluidez imperceptible: sus criaturas rezuman verdad, verdad literaria y verdad vital, y colaboran en resolver un pequeño enigma: “¿Cuántas cosas se pueden contar de un personaje?”. Un personaje que vivía “en un constante estar alerta”, un personaje que se va haciendo acreedor a epítetos que no honran a nadie: idiota, paleto, “el peor de los confidentes”, que cobrará 4.000 pesetas al mes, capaz de matricularse en Derecho y de zambullirse en círculos nacionalistas, en las noches de Bocaccio o de leer a Jaime Gil de Biedma.

El procedimiento narrativo de Martínez de Pisón es el del ‘quest’: doce seres, con su propio latido y con su propia biografía, recuerdan a Justo. Entran y salen de su vida y de la novela. En cierto modo, Pisón emplea la estética de la mancha de aceite controlada, el mapa de las emociones. Esos doce seres entran y salen en diálogo con el lector, en diálogo con Barcelona y con una época abonada a la marginalidad, a la miseria, a la represión y a la impostura permanente. Justo Gil Tello es un impostor sin escrúpulos, y quizá se corriese el peligro de que la aventura de ese ser repulsivo y antipático pudiera interesarnos algo menos. Sin embargo, ocurre lo contrario: los personajes que cuentan se alzan una y otra vez, como ocurre con Carme Román -que es una mujer noble que se reinventa a sí misma y encarna la capacidad de aprendizaje, de rebeldía y de evolución de muchos españoles-, con Mateo Moreno, con Elvira Solé, con esa Loreto que decide cambiarse el nombre y ser Chantal, casi una diosa cotidiana a la busca del placer y de la libertad, con el periodista Manel Pérez, que escribe de la ultraderecha catalana, con el joven Noel. Esta es una novela de personaje y personajes, de vida y destino, de contexto social, una novela de una ciudad, y es el retrato de un desalmado que se anuda y desanuda a la fatalidad.

Pisón ha manejado mucha documentación y ha desempolvado muchos periódicos y las crónicas de Xavier Vinader. Y traza una paradójica existencia, dibuja numerosas tramas, recrea episodios y personajes –la protesta de los curas, el encierro de Montserrat, el entierro posterior de Carlos Barral, en un viaje al futuro, la evocación de Gil de Biedma…-, mira de frente al pasado (el franquismo y el principio de la Transición), y se permite numerosos detalles de humor (por ejemplo, aquellos “pedos vaginales” de Fina, una novia fugaz de Justo) y da rienda suelta a una vieja obsesión suya: la asociación de escritores de palíndromos, que llegan a reunirse en Sos del Rey Católico y dejan perlas del tipo “Eva usaba rímel y le miraba suave”.

‘El día de mañana’ es una novela compacta, muy bien hilvanada con sus voces y sus elipsis, dotada de una extraordinaria fluidez, una novela que prueba que Ignacio Martínez de Pisón conoce las respuestas más definitivas de los seres humanos, explora el camino del corazón y lo exhibe, sin retórica, en toda su belleza, en todo su dolor y en toda su complejidad.

 

AMANCIO PRADA EN LA ALJAFERÍA

 

¿Dónde naciste, trovador de las nieblas y de las espigas?
¿Fue al sur de los castaños invadidos por la lluvia,
fue en la umbría de los pinares, en la olmeda
de oro y sombra que peina el lecho de los ríos?
¿Dónde arrancaste esa melancolía esencial, penetrante
como el llanto seco de los madroños y el grito del bosque?
¿Y esa voz: lentísima, acariciante, que paladea las sílabas,
esa voz que es canto de rapsoda y de campesino,
dónde la encontraste, en qué surco del atardecer?
¿Dónde naciste, juglar de estrellas, erizado de sierpes?
¿En qué monasterio, en qué ermita, en qué claustro
de rosales te encontró la infancia con un cantar en los labios?
Amancio, ¿quién te puso ese nombre de perro sin dueño
o de emigrante que lleva en la maleta la hoja del avellano,
el último musgo del estío, la luz de los vencejos?
Cuando cantas habla la piedra y sus naufragios.
Cuando cantas se estremecen los siglos
y un ruiseñor grave de verdad entra en la noche.

[Amancio Prada –el hombre que ha musicado a Jorge Manrique, Lorca, Rosalía de Castro, Álvaro Cunqueiro, los trovadores, San Juan de la Cruz- interviene esta tarde en el ciclo ‘Conversaciones en la Aljafería’, con Plácido Serrano y Gabriel Sopeña. Será a las ocho.]

'DEL MONTE A LA MESA': VIAJE, NATURALEZA Y GASTRONOMÍA

'DEL MONTE A LA MESA': VIAJE, NATURALEZA Y GASTRONOMÍA

Hoy se presenta el libro ‘Del monte a la mesa’, de Eduardo Viñuales y Sara Ruiz. Será a las 19.00, en El Atrapamundos. Al acto de presentación, además de los autores y muchos amigos –viajeros, naturalistas, fotógrafos, ecologistas…- estará el consejero de Medio Ambiente Alfredo Boné.

 

ORÍGENES DE UN LIBRO

 

Eduardo VIÑUALES

 

El otro día fui a la oficina de Correos. En el remite de la carta que entregué ponía: Ediciones Del monte a la mesa. Y el funcionario de aquella oficina de Zaragoza no se pudo reprimir y me dijo: “¡Oye, esto de Del monte a la mesa, tiene muy buena pinta!, ¿eh?”… Y es verdad, yo creo que ha sido una buena idea tirar adelante con este proyecto porque todo el mundo dice que le encanta. ¿Será verdad?, nos preguntamos. Ojala sí.

 

Para mí este libro es algo nuevo, pues somos además de autores también editores que han solicitado su propio ISBN y que ponen el libro en manos de una distribuidora. Para mí, como lector, escritor, fotógrafo y coordinador de muchas otras publicaciones este es un paso más en el bonito mundo de los libros.

 

Para mí, además, es también una de esas sorpresas de la vida. Porque ¿quien me iba a decir, siempre dedicado a los animales, las plantas, las montañas y los viajes… que iba a hacer un libro de cocina?, ¿será que me estoy haciendo mayor?, ¿qué me estoy aburguesando?

 

Aunque ya se ha dicho, los orígenes del libro hay que buscarlos dos años atrás a los pies del Moncayo. También es cierto que cuando conocí en Tarazona a Sara y su buen gusto por todo lo relacionado con la cocina pensé, entre otros motivos, que esta chica sería un buen fichaje para que ella estuviese a mi lado. Ahora bien, bromas aparte, pensé: “¡Corcho, por qué no podemos hacer un libro así, a medias, juntando lo que más nos gusta a cada uno: la naturaleza y la gastronomía. Yo describiría las plantas silvestres que encontramos en los montes aragoneses: cómo son, dónde viven, cuando y cómo recogerlas, que usos y virtudes alimenticias poseen estas especies vegetales…. Y ella  tendrá que pensar o buscar una receta acorde para elaborarla y describirla.

 

Ni cortos ni perezosos hemos viajado en todo este tiempo por muchos montes de Aragón, por Guara, por los Pirineos, por el Moncayo, por el Bajo Cinca, por las estepas y riberas… llenando nuestra cesta de setas, arándanos, té de roca, grosellas, menta, berros, alcaparras… para finalmente completar este libro que reseña 41 plantas comestibles, siempre silvestres, no cultivadas, y sus correspondientes 41 recetas.

LITERATURA, HUMOR Y MÚSICA, ESTA MEDIANOCHE EN BORRADORES

Borradores ofrece esta noche, a las 0.45 horas, un programa especial de literatura, en vísperas del Día del Libro, que en esta ocasión se ha adelantado al domingo 17 de abril. Los invitados al plató son el cantante y compositor Raúl Almazán, Copiloto, que publica un nuevo disco: ‘El inicio, el desencanto y el círculo de confianza’, del que interpreta, acompañado por Javier Polo en las percusiones, ‘Ya me conoces’ y ‘Salvar el día’. En la entrevista, Javier Almazán habla del espíritu del disco, de las claves de sus canciones, de su relación con la poesía y con Sylvia Plath, y de su modo de componer y de algunas referencias.

Copiloto visto por Gustaff Room.

Por otra parte, Joaquín Carbonell y Roberto Miranda presentan su nuevo libro: ‘Aragón sin empalmes’ (Voces del mercado), un libro que ahonda en su sentido del humor y en la línea que habían emprendido con otros títulos como ‘Gran Enciclopedia de Aragón preta’ o ‘Aragón a la brasa’. Crean, inventan personajes, glosan hechos, narran, miran Aragón con ironía, entre el absurdo, el surrealismo y la somardería. Roberto Miranda, además, acaba de jubilarse como periodista, oficio que ha ejercido durante treinta años y hace una valoración de su trayectoria.

Roberto Miranda y Joaquín Carbonell.

Por otra parte, Borradores ofrece otros cuatro reportajes y entrevistas. Francisco Ferrer Lerín habla de dos libros: ‘Familias como la mía’ (Tusquets) y el poemario ‘Fámulo’ (Tusquets: Nuevos Textos Sagrados), por el que recibió el premio de la Crítica 2010; Ferrer Lerín se retrata como un raro. Aurora Egido comenta dos estudios: ‘El águila y la tela’ (Olañeta), centrado en la obra lírica de San Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, y ‘El político’ de Baltasar Gracián, a propósito de una nueva edición que se ha publicado en Almuzara de Sevilla, de la que ella es coeditora. Luis García Jambrina habla de su segunda novela con Fernando de Rojas, como protagonista: ‘El manuscrito de nieve’ (Alfaguara), que aborda la investigación de varios crímenes encadenados y explora la presencia en Salamanca, en el círculo de Isabel la Católica, de un puñado de mujeres marcadas por el estudio y la erudición. Y para cerrar, el escritor y traductor Daniel Gascón habla de su tercer libro de relatos: ‘La vida cotidiana’, por el que fue elegido Nuevo Talento FNAC. Esta colección de cuentos, publicada por Alfabia, analiza los amores difíciles, el hecho de hacerse mayor, los pequeños detalles y los gestos de la vida.

ADOLFO GARCÍA ORTEGA: 3 POEMAS

Ese escritor (narrador, ensayista y poeta) y editor que es Adolfo García Ortega acaba de publicar un nuevo poemario en Abada. Se titula ‘Nuestra alegría’ y he aquí una selección de tres textos que me remite, con total cortesía y a petición mía, Adolfo,a quien conocí hace algún tiempo durante una visita a Zaragoza, en la librería Antígona.

 

 

NUESTRA ALEGRÍA

 Nunca te he dicho

que cuando bebo champán

soy inmortal, soy inmortal.

 

Nunca te he dicho que es de locos

nuestra alegría, de locos

nuestros besos, inmortales.

 

Nadamos en el mar de la música

que oímos en el champán

de los locos, la alegría inmortal.

 

En el champán de los locos

la alegría suena inmortal

y tu voz loca suena dentro

de mi ser alegre, suena inmortal.

 

Tengo suerte. Una suerte alegre.

Mala inmortal buena suerte

alegre, pero pienso cambiarla,

es en eso en lo que más pienso

a cada hora, hora inmortal.

 

Cambiar mi amor por tu amor.

Beber champán. Alegre, inmortal,

extraño champán que nos cambia.

El cielo sí, de verdad que sí

nos cambia en el champán inmortal.

 

No hay más alegría que la nuestra,

nuestra alegría que nos cambia.

Tú y yo observamos ciertos cambios

cuando bebemos champán.

Sí, hay ciertos cambios

en el cielo inmortal cuando

el alegre champán nos dice locos.

 

Luce el sol, alegría y buena suerte

hasta donde yo recuerdo,

hasta donde tú recuerdas.

¿Recuerdas, champán

loca alegría inmortal?

¿Sabes acaso que eres inmortal,

que yo soy inmortal?

 

Vagamos por el amor como en inmortal

día soleado, como en alegre día loco

impropio de este mundo.

Somos extraños entre los extraños

locos de este mundo inmortal.

 

¿El próximo año qué locura traerá,

y el próximo mes, y el día que viene

detrás de este día, qué locura?

Un día inmortal

y soleado de alegre champán

será suficiente para nuestra alegría.

 

TODO

            

Todo es un regalo y tiene nombre.

A veces una despedida lo envenena sangrientamente,

como el dolor de un labio roto,

como el sabor de un labio roto

en mil pedazos.

Y desespera pensar que todo

—ese todo regalado,

ese todo con nombre—

cabía en ti, de quien sé la piel,

espiritual forma de la luz,

hada,

crepúsculo,

aroma del té,

temprana alegría y alegría temprana,

voz y palabra,

incendio de cada hora,

voz de nuevo y voz nueva,

época sellada,

atrás y adelante,

siempre comienzo y suma,

todo en ti,

toda tú.

 

ANUNCIACIÓN

 

 

A Pere Gimferrer

 

 

 

Mucho he pensado

cuánto tiempo tardan

en llegar a su casa

un ángel que baja

y un ángel que sube.

 

Y

cuánta vida

con sus siglos y desiertos

han de atravesar

para llegar a su casa

un ángel que baja

y un ángel que sube.

 

Y

cuántas huellas

y noticias irreparables

tienen que borrar

antes de llegar a su casa

un ángel que baja

y un ángel que sube.

 

Ellos,

los ángeles de la historia,

los mensajeros de la última palabra,

la que se dice al final

y se dice al principio,

como el latido de la vacilación

al desvestirse.

 

*Las tres fotografía son de Gertrude Kasebier. Una fotógrafa que creaba atmósferas de belleza y refinamiento, próximas a la estética de 'Camera Work'.