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Antón Castro

GUSTAVO GIMÉNEZ, UN DIÁLOGO

GUSTAVO GIMÉNEZ, UN DIÁLOGO

-¿Cómo defines tu trabajo esencialmente? Sería el trabajo vocal de un narrador, de un cantante, de un filósofo, de un rapsoda, de un poeta…

El trabajo de narrador presupone que el universo está cosido de historias, que nosotros no somos más que los personajes de un puñado de historias que se vienen contando desde el principio de los tiempos, que el propio tiempo no es más que un elemento narrativo y que nuestra vida sólo adquiere sentido cuando la convertimos en narración. Narrar es consustancial a la vida. Todos tenemos una o varias voces con las que nos contamos la vida, a través de las cuales nos relacionamos con nosotros mismos y con nuestro entorno. El tono y la manera en que esa voz se expresa define la relación que tenemos hacia nosotros mismos y hacia el resto de seres.

Los filósofos antiguos consideraban la sabiduría como aquella narración que trasciende el drama individual. El logos era la voz divina al margen de los acontecimientos que presencia el espectáculo cósmico. Consideraban que el conocimiento era esa voz, que pensar era escuchar esa voz. Para oír esa voz se aplicaban a ejercicios catárticos y necesitaban aquel favor de la divinidad que llamamos inspiración. Por eso todos los discursos y narraciones en la antigüedad comenzaban con un encomio a las Musas.

La filosofía consistía en aquellos ejercicios, incluida la dialéctica, que nos arrancan de la historia parcial en la que estamos inmersos; se servían de expresiones que provocaban cambios en la percepción, destruían identidades, desvanecían ilusiones, despertaban de los sueños individuales, expresiones de fuerza que sacaban fuera del ensimismamiento o planteaban nuevos escenarios; véanse, por ejemplo, los fogonazos de Heráclito, la impracticable propuesta de Parménides, las locas aventuras de Nasrudín o los desconcertantes koanes de tradición zen. Aún a día de hoy, la filosofía desempeña ese papel de preservar la alteridad en las culturas y de provocar giros argumentales en la historia imperante; siempre advirtiendo que las cosas no son lo que parecen y que la historia que nos contamos tal vez no sea cierta.

Como performer vocal trabajo la voz más como acción que como expresión. Exploro el poder de la voz para fabricar nuevos contextos, como si la voz fuese una mano de aire que moldea el alma del oyente.

¿Qué hay en ti de chamán? ¿O de mago vocal?

En realidad, aunque Mircea Eliade haya generalizado este concepto, un chamán es un especialista de una región oriental bastante concreta. He tenido el privilegio de conocer a chamanes de aquella zona, de alguno incluso he recibido clases de voz, y he podido saber cosas como que el poder del chamán es de transmisión familiar aunque haya, por éstas latitudes y por aquellas, mucha gente sin poder impartiendo formaciones a turistas de la espiritualidad. Un chamán es algo muy determinado y maneja una cosmología muy específica, no un pupurri, que sólo en ciertos puntos conecta con las de otras culturas. Ellos ven claramente la descontextualización comercial y neocolonial que se ha hecho de su tradición. Es posible que yo coja elemento e ideas de ésta, como cojo de otras, pero yo no tengo ese conocimiento, no he heredado ese poder ni tengo una inclinación terapéutica. El poder que yo pueda tener lo desconozco aunque sepa que está relacionado con la voz.

Y en cuanto a la magia: si considero mi trabajo como un desafío al sentido común, como una disidencia de la ciencia, que no es otra cosa que la hegemonía de filosofía de la naturaleza anglosajona, si me tomo como alguien abierto a la maravilla, como un creador humilde de pequeños rituales y no como un especialista de aquella antigua religión de Zaratustra, entonces, sí, en un sentido laxo, soy un mago de la voz. De hecho encuentro muy útil para explorar la voz echar mano de principios animistas y demonológicos.

¿Es la experimentación una de tus constantes o características?

Considero la experimentación como una metodología. Experimentación significa que la teoría es el resultado de la práctica y no a la inversa; significa que cualquier teoría debe ser tratada como mera hipótesis de trabajo; significa que la teoría es un simple pretexto para mi búsqueda; significa que no sé qué busco pero sé que busco algo y que no sabré qué es hasta que no lo haya encontrado; significa que estoy abierto a ese encuentro, y significa, también, que no tengo que demostrar nada pero que os voy a mostrar algo.

¿Cómo nace ¿Ora’, de qué espectáculos, de qué tentativas? ¿Qué ideas tenías en la cabeza? Por ejemplo, me ha parecido reconocer algunos instantes de tus trabajos con Natxo Arantegui.

Trabajar con Natxo Arantegui me ha permitido explorar otros registros y me ha colocado en escenarios que me dan la oportunidad de ahondar en la dimensión narrativa de la voz y en su vertiente performática. Y, aún habiendo afinidades previas, como cierto primitivismo o alusión a la fantasía, he de decir que trabajar con él también me ha impregnado de su hermosa estética.

El concepto ORA nace en una etapa mínima de fuerzas en la que no tenía nada que decir pero sí podía cantar. En aquel momento empecé a caminar hacia algo muy esencial. El disco no es más que el reflejo de un tramo de ese camino; es sólo un episodio en esta historia de búsqueda en la que estoy inmerso, en esta historia que yo me cuento.

Mis hallazgos los voy volcando en mis encargos y, supongo, que un prerrequisito que debe asumir quien requiere mis servicios es el respeto hacia mi trabajo creativo. Puede sonar caprichoso pero para mí es sagrado. Por suerte, es tan específico lo que hago que quien me contrata sabe que le voy a ofrecer el resultado de una investigación que parte de su propuesta, que puede contar con mi expresa voluntad de contribuir a que las cosas salgan bien y que creo, además, que si algo que se me da bien es precisamente realzar el trabajo ajeno. Así lo entendió, por ejemplo, Santiago Meléndez las veces que contó conmigo, dejándome libertad total para interpretar las obras de teatro; como director se empleó en favorecer mi interés por el fondo de la obra y en ser claro a la hora de exponerme su visión.

ORA recoge espacios sonoros para algunos espectáculos; por ejemplo, “Diagonal”, que considero el tema más duro del disco, es una la diagonal de danza; hay temas que aparecen en “In between” o “Attraverso” de la bailarina italiana Elisa Sbaragli, con la que tengo la suerte de colaborar a menudo, por eso también encontramos la versión de un clásico de la canción romántica italiana que sirvió para contar una historia de violencia de género. Encontramos “Las puertas del Alma”, uno de mis favoritos, que es un tema creado para Pares Sueltos (danza y diversidad funcional) con quienes colaboro con frecuencia, o “Mientras dormías” que es la voz en off del documental “Local 7” del realizador Jorge Nebra... Tras su publicación, también han cogido otros temas del álbum con fines diversos. A día de hoy, creo que sólo quedan dos temas (que yo sepa) que no hayan sido usados. Es para mí un honor y me hace muy feliz que tomen mi música para otras creaciones, sobre todo de danza. Díganme si no es magia eso de mover cuerpos con la voz.

-¿Qué buscas, qué sugerencias o sensaciones deseas transmitir?

Al menos durante el tiempo que me escuches querría abrir una puerta en el mundo ordinario, invitarte a que recorrieses el viaje que te propongo, que entrases conmigo en cuestiones interesantes, en las zonas oscuras de mis inquietudes y trasmitirte una pasión. Quisiera sugerirte otras maneras de comunicar, comunicar otros universos distintos al habitual y generar nuevas experiencias en las que encontrarnos para hacer saltar por los aires este mundo fascista y desgastado.

¿Cuál es la relación de tu trabajo con el misterio?

Como trabajo la voz desde la musicalidad más que desde el verbo, se podría decir que trabajo sobre lo inefable. No sé qué me voy a encontrar, no sé qué pongo en juego, no tengo suficiente conocimiento del instrumental que voy a usar y me aventuro a hacer cosas que no sé hacer y no he hecho nunca, con escasas referencia o sin ellas. Llevo una antorcha en la mano y me rodea el misterio. Lo más difícil a veces es manejar la ansiedad que produce todo esto; pero, ¿es que, acaso, sería interesante la vida si no hubiera misterio?

Contra la certeza y la repetición conviene una cierta ignorancia autoinducida, porque si ya sé todo, no tengo nada que aprender. Tener siempre presente el “¿y si no es así?”, como una hipótesis para darse la vuelta y quedarse del revés, siempre funciona porque nunca es así, una especie de falsacionismo creativo, y ser conscientes de que cada vez que nos expresamos con la arrogancia de la certeza está hablando por nosotros el “genio maligno” para evitar que escuchemos otras voces que nos cambien.

Me parece que tu obra se acomoda mejor a la noche. ¿Sería así?

Sí, mi obra es nocturna. Esta hecha de fuego y oscuridad. Hay una lumbre con la que sólo vemos la forma sinuosa de lo inmediato y el resto permanece en la penumbra. En la oscuridad no sabemos si hay algo o no hay nada pero nuestra imaginación proyecta, sobre cualquier sonido o sombra, fantasmas, ilusiones y monstruos. La oscuridad es una reserva infinita de posibilidades. Conviene recordar entonces, en el caso de que nos sintamos amenazados por la oscuridad, que siempre podemos apagar nuestra antorcha y volver a ser parte de esa noche, y así, en igualdad de condiciones, convertirnos en los fantasmas, ilusiones y monstruos de los seres que nos acechan. No debemos olvidar nunca que también nosotras y nosotros podemos ser temibles.

¿Quién son tus referencias, tus maestros, los creadores con quienes te sientes afín?

Aquí nombraría siempre a Meredith Monk, a Demetrio Stratos, a Joan La Barbara, a Juan Pablo Villa, a Tanya Tagaq..., pero realmente no soy muy mitómano. En mi trayectoria autodidacta he tenido pocos maestros y aquellos que los han sido han acabado convirtiéndose en amigos. Creo que mis mejores maestros están entre mis amigas y mis amigos, todos ellos, si leen esta entrevista, se pueden dar por aludidos. También los enemigos enseñan y no hace falta ir muy lejos para encontrarlos, que todos aquellos que trabajamos con la voz sabemos que nuestro peor enemigo lo llevamos dentro.

LLAMAZARES VUELVE A AINIELLE

JULIO LLAMAZARES SIEMPRE VUELVE A AINIELLE
El escritor visita el territorio del Sobrepuerto oscense donde sucede 'La lluvia amarilla', que cumple 30 años de su publicación en Seix Barral
Ainielle es un territorio de la literatura universal. Es un lugar imaginario, gracias a ‘La lluvia amarilla’ de Julio Llamazares, que se publicó en Seix Barral hace ahora 30 años, y es un enclave real, físico, como una concavidad de piedra, tierra y fronda entre Escartín, Oliván y Susín, en el Sobrepuerto de Huesca, que parece “una inmensa caracola de resonancias” como escribió Miguel Torga de sus paisajes de Tras-os-Montes. Aludimos a este autor porque es uno de los escritores más amados por el autor leonés (o más bien aragoleonés), que acude a otra frase que explica el éxito de la novela sobre el último habitante, imaginario, del Ainielle: “Lo universal es lo local sin paredes”. El autor de ‘Las lágrimas de San Lorenzo’ y ‘Las rosas de piedra’, también acude a otro narrador luso, Antonio Lobo Antunes: “La literatura es la memoria fermentada”. “Esa frase también me define a mí. Todos tenemos trastornos emocionales que nos persiguen, que nos asedian, y que acaban convirtiéndose en novelas, merced a la palabra y a la destilación de la memoria”, dice julio Llamazares.

Julio Llamazares acaba de regresar a Ainielle. Son las once de la mañana del miércoles 23 de mayo. “En los últimos 30 años habré estado aquí más de 20 veces. La última vez fue en 2016, en esa suerte de peregrinación ritual que se hace aquí el primer domingo de octubre, que se llama ‘La senda amarilla’. Vienen entre 250 y 500 personas. Yo solo escribí una novela, no he escrito ‘La Biblia’. ‘La lluvia amarilla’ has sido importante para mucha gente, capital incluso, y a veces me siento como responsable porque para mucha gente se ha convertido en un libro sagrado”, decía el miércoles. Volvió a Ainielle con un equipo de cine, capitaneado por el realizador zaragozano Javier Calvo, el productor y fotógrafo Ernesto Tejedor (autor de la galería de este reportaje) y el operador de cámara José Carlos Ruiz, para revivir la historia de la novela y, en el fondo, la historia de su propia existencia, su biografía de escritor.

El escritor había participado el martes, en Huesca, en la presentación de un documental de Eduardo de la Cruz sobre Ainielle, acompañado por el director y por el etnógrafo Enrique Satué Oliván. En el palac
o de Villahermosa y en Ainielle contó varias veces cuánto le debía a él y a su libro ‘El Pirineo abandonado’.

Orígenes de una novela sagrada

“Tras la publicación de ‘Luna de lobos’, una novela sobre la memoria histórica, los maquis y el paisaje, una novela de acción, que también tenía su lirismo, empecé a interesarme por los pueblos abandonados de España. Y entre 1985 y 1988 di muchas vueltas. Anduve por pueblos de Lugo, de Guadalajara, de Teruel y de Soria. Mis libros nacen de las preguntas que me hago. Creo que recordar que fue en Sarnago (Soria), ante la desolación general, ante esa soledad que casi te asusta, que pensé: “¿Cómo viviría el último habitante del pueblo?”. Así nació la novela. No lo recuerdo muy bien, pero más tarde, en un pueblo de Guadajalara, o viajando por carreteras secundarias, se me apareció la frase: ‘La lluvia amarilla’. Para escribir necesito una voz, un escenario y un tiempo verbal”. Y, por supuesto, un título tan contundente y polisémico como este.

Julio Llamazares cuenta ante la escuela de Ainielle, que tuvo de profesoras a María, Eulalia y Leonor, entre otras, que al principio la protagonista de ‘La lluvia amarilla’ no era Andrés, sino su mujer, Sabina, que se ahorcará con una soga en el molino del pueblo, el único edificio restaurado y el único que se mantiene en pie. “El término ‘La lluvia amarilla’ es una metáfora y las metáforas tienen muchos significados. Por ejemplo, alude a las cosas, el polvo y los cuadernos que amarillean, alude al paso del tiempo, alude al otoño, alude al desamparo. ¡Quién sabe!”, dice. Y desmiente que “sea una novela escrita en estado de gracia, si lo fue no era consciente”. Lo que parece claro es que es un libro que evoca el paraíso perdido, que contiene drama y evocación, que habla de la muerte y del miedo, que también es un símbolo de la despoblación y quizá de la ecología.

“¿Sabe cómo escribí el libro? En la calle Gravina de Madrid, en el barrio de Chueca, sobre una sala de fiestas, Madrid la Nuit, donde la apoteosis era una canción de Sara Montiel, ‘Mi hombre’. Yo lograba concentrarme y, poco a poco, a lo largo de dos años salió el libro”. Inmerso en su redacción, salía a diversos lugares, como si fuera un cineasta (el director de cine zaragozano, con ecos riojanos y donostiarras, se reía) que iba a localizar. Y por indicación de un amigo jacetano dio con el libro ‘El Pirineo abandonado’ de Enrique Satué, que hablaba de Ainielle, donde había vivido su familia hasta finales de los años 50. Ainielle le gustó por casi todo y antes, muchos antes de visitar la localidad, -“antes incluso de haber estado en él; lo vi desde lejos y escribí la novela antes de haberlo visitado”, confiesa el escritor-, decidió que allí sucedería la acción de su novela, de su monólogo dramático. “Soy un escritor intuitivo, trabajo sin mapas, sin planos. Todo lo que pasó luego se me escapó de las manos. Ni en el mejor de los sueños, te pasa algo así”.

Con Rosalía, de Casa Juan, y Ángel, de Casa Botero

Las novelas hacen milagros. Y eso se ve en el interior de la iglesia destejada y ruinosa. Allí, Enrique Satué Oliván - “fue muy generoso conmigo, siempre, de los que más me han ayudado, y el auténtico especialista de Ainielle, como probó de nuevo ‘La memoria amarilla’”, dice Llamazares- suele poner cuadernos donde la gente va dejando sus mensajes: frases, dedicatorias, recuerdos, dibujos o acuarelas. Los hay de niñas que se llaman Ainielle, de gentes de Francia, Barcelona, Madrid, Albacete. “El libro en castellano ha tenido más de 50 ediciones y ha sido traducido a más de 25 lenguas. Y me pasan cosas curiosas todo el tiempo”. Hay muchos fanáticos de Ainielle y del espíritu del libro. El fotógrafo y naturalista Eduardo Viñuales Cobos recordaba hace unos días: “Tras la aparición de la novela, fui hasta siete veces y me quedaba a dormir. Me impresionaba aquella atmósfera”.

Rosalía Ramón Azón, de 82 años, de Casa Juan, y Ángel Azón Miranda, de 81, de Casa Botero, acompañaron al autor en su viaje a Ainielle. Ahora residen en Sabiñánigo. Rosalía partió del pueblo en 1959; Ángel, en 1948. “Creo que lloré al irme, claro, y que he llorado alguna vez al volver. Ainielle significa mucho. ¡Son tantos recuerdos! Los días de nieve, los juegos en las calles, las vacas, las cabras, la matacía y el mondongo”, dice Rosalía, que se acerca al cementerio y acaricia la lápida de su madre, Jovita Azón, y asiente Ángel. “Nos bautizaron el mismo día, hemos vivido en diversos pueblos, nos casamos, y de vez en cuando nos reencontramos aquí. Yo he leído la novela de Julio Llamazares dos veces. Ha colocado a un lugar tan humilde como este en el mundo”, matiza Ángel.

El fin del mundo y las ruinas

Julio Llamazares dice que avanzan las ruinas cada vez más. “El paso del tiempo hace de las suyas y es como si la naturaleza volviese a dominarlo todo. Ya no queda ningún edificio en pie salvo el molino. El pueblo no da miedo, exactamente, aquí la mejor línea de fuga es el cielo. Estamos en el fin del mundo, con esa música de la corriente. Lo que da miedo de veras son esos pueblos donde parece que la gente acaba de irse, que las camas están recién hechas. Es como si desde las ventanas un montón de ojos te mirasen”, dice. Con todo, Ainielle, de flora variada y fascinante, tiene algo de región espectral, donde conviven los pájaros, los murciélagos, los saúcos del olvido y las palabras.

Allí, si cierran bien los ojos, parece oírse: “Cuando lleguen al alto de Sobrepuerto estará, seguramente, comenzando a anochecer. Sombras espesas avanzarán como olas por las montañas, y el sol, turbio y deshecho, se arrastrará ante ellas...”. Es decir, el inicio de ‘La lluvia amarilla’ que suena maravillosamente en la voz del actor José Sacristán en la película 'Ainielle' de Eduardo de la Cruz.

XESÚS FRAGA: LA CORRESPONDENCIA DE LUIS BUÑUEL

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2018/05/18/bunuel-puno-letra/0003_201805G18P37991.htm

Buñuel, de su puño y letra

La correspondencia del cineasta, coeditada por el investigador gallego Breixo Viejo, revela aspectos inéditos de su personalidad y su papel como interlocutor cultural

   
XESÚS FRAGA 
REDACCIÓN / LA VOZ 18/05/2018 05:00 H
 

En la década de los cuarenta del siglo pasado, Luis Buñuel(1900-1983) presentó su película Las Hurdes en la Universidad de Columbia, donde el FBI aprovechó para investigarlo. Décadas después, en este mismo centro neoyorquino lo han vuelto a investigar, pero con fines muy distintos. Breixo Viejo (Santiago, 1976), profesor de cine en Columbia, es el coeditor, junto a Jo Evans de Luis Buñuel. Correspondencia escogida(Cátedra), un volumen que este jueves salió a la venta y que recoge una amplia selección de cartas -casi un millar- del cineasta, tanto en número como en arco temporal: arranca cuando tiene nueve años y concluye con cinco fechadas el año de su muerte.

 

Recopiladas en archivos públicos y privados de varios países, la edición se nutre de un buen número de misivas inéditas, como también es inédito el retrato que emerge de las palabras del propio puño y letra del director. En un mundo como el cine, tan dado a mitificaciones, Buñuel es una de esas figuras que se rodean de un halo enigmático en el que se hace complicado distinguir lo verídico de lo fantasioso. Breixo Viejo cree que la edición de esta correspondencia contribuye a dar una imagen más veraz del cineasta: «Buñuel é tan coñecido que xa ninguén o coñece», neutralizado su carácter subversivo. El objetivo, por tanto, era «revitalizar o legado do cineasta desde unha perspectiva histórica, social, que desafíe o mito individualista que presenta o artista como xenio illado».

 

Temperamento combativo

La lectura del epistolario permite seguirle la pista a la evolución personal pero además profesional de una carrera que también es, en cierto sentido, la del cine en un buen tramo del siglo XX. La primera carta ya revela su «temperamento combativo». Fechada en 1909, emplaza a dos compañeros de colegio a una pelea: «Mañana, a las tres de la tarde, os espero a los dos solos en el callejón que hay en la facultad. Si no podéis ir al colegio, me la pagaréis los dos juntos». «Buñuel mozo é moito máis expresivo e apaixonado e, por tanto, espráiase máis na súa correspondencia», confirma Viejo. A medida que madura y también llegan los reconocimientos, las cartas se abrevian, «pero gañan en sintetismo e humor. O Buñuel maduro é máis conciso e abstracto, pero nunca resulta distante nin oficial».

 

Un simple vistazo al índice del volumen permite apreciar el privilegiado papel de Buñuel como interlocutor cultural. No solo compendia una historia del cine -Eisenstein, Selznick, Trumbo, Truffaut, Malle, Fellini, Saura, Rabal, Bardem...-, sino que incluye todas las artes: Aub, Cortázar, Octavio Paz, Breton, Carlos Fuentes, Man Ray o René Char, entre muchos otros, son nombres que se comunicaron con BuñuelCorrespondencia escogida incluye tanto misivas del cineasta como las que recibió, lo que contribuye a perfilar cómo era visto, la recepción y repercusión de sus obras, y la amplitud de sus contactos e intereses. No faltan, claro está, sus compañeros de juventud en la Residencia de Estudiantes -Lorca, Dalí, Bello- como también figura una notable presencia de corresponsales gallegos.

 

En 1928 le escribe desde París a Bello una carta que acaba con una «Historia indecente» en la que alude a una menstruación de Maruja Mallo. «É unha broma das que se gastaban na Residencia de Estudiantes. Sen mala intención, coido, pois semella que a relación entre Buñuel e Mallo foi de amizade. O que si indica, alén do chiste específico, é que -fronte á España monárquica e católica, claramente conservadora, da época- os residentes eran principalmente liberais e progresistas, sen temor a mencionar debates en relación á sexualidade feminina, o ateísmo, o movemento obreiro», aclara Viejo. Otras alusiones son más difíciles de descifrar. Como cuando en 1956 se refiere a Carlos Velo, con quien tuvo tantos puntos en común, como «ilegible», quizás una referencia a la película que coescribió con Juan Larrea, Ilegible, hijo de flauta, pero que no llegó a filmar.

 

Cantigas gallegas

Otros gallegos con presencia frecuente en el epistolario de Buñuel son el actor Fernando Rey, el médico José Luis Barros, que aparecía en sus películas -le llama «nuestro actor-cirujano»-, o José Rubia Barcia, con quien mantuvo una intensa correspondencia. En 1982 el escritor le envía sus Cantigas de bendizer, a las que Buñuel responde así: «Sus ‘cantigas’ me han parecido deliciosas, tiernas, originales. Las lei? en castellano y en gallego, en voz alta estas u?ltimas, para disfrutar de su dulce fone?tica, hazan?a atrevida por ser yo aragone?s. Buen ero?tico, pero muy fino, esta? usted hecho, entreverado con la nostalgia de su tierra». También ese año Buñuel le excusa a Rubia Barcia su asistencia a un homenaje que le rendirán en el Pazo de Mariñán por motivos de salud. Unos meses después le llega la muerte, no sin antes escribir un «testamento» para sus amigos: «Dry martini: ginebra, cotas de vermú, preferiblemente Noilly-Prat. Tal vez angostura. El hielo, muy duro, que no suelte agua. Buñueloni: carpano, ginebra y Cinzano dulce. Más ginebra que los otros componentes. Bebida de los surrealistas: cerveza, Picon y granadina».

 

AVA GARDNER Y LUIS MOMPEL

AVA GARDNER Y LUIS MOMPEL

Antón CASTRO

Ava Gardner (1922-1990) ha pasado a la historia como una actriz de fotogenia deslumbrante que se comía la cámara y que interpretó estupendas películas como ‘Forajidos’ (1946), ‘Mogambo’ (1953; el director John Ford perdió la cabeza por ella), ‘La condesa descalza’ (1954) o ‘Pandora y el holandés errante’ (1951), que rodó en España. Ava, que se hizo acreedora a la frase “el animal más bello del mundo”, llegó a Tossa de Mar en la primavera de 1950 y allí vivió un romance, un tanto publicitario, con el torero y poeta Mario Cabré. En sus memorias, Ava no fue demasiado generosa con él: “Mario era apuesto y viril, pero también presuntuoso. Escribió los poemas de amor más idiotas que se puedan imaginar”.

Ambos fueron carne de primera plana y las fotos hicieron morir de celos a su marido, el cantante y actor Frank Sinatra. Esa historia y otras –por ejemplo, la afición de la actriz a subirse a las mesas y orinar como si tal cosa- las cuenta Carlos Reyero en ‘Nunca volveré a ese maldito país’ (2015). La presencia de Ava en España está muy historiada: el escritor y crítico teatral Marcos Ordóñez siguió sus pasos en ‘Beberse la vida. Los años de Ava Gardner en España’ (2010) y Nieves Herrero noveló su episodio de amor con Luis Miguel Dominguín en ‘Como si no hubiera un mañana’ (2015). En sus memorias, dijo Ava: “Yo era su chica y él era mi hombre: así de sencillo. Éramos buenos amigos, además de buenos amantes, y no nos exigíamos demasiado el uno al otro». El cineasta Isaki Lacuesta le dedicó un documental: ‘La noche que no acaba’ (2010).

A pesar de lo mucho que se sabe de Ava Gardner y sus amoríos y sus parrandas, no se recuerda en exceso que también estuvo en Zaragoza. Parece que en dos ocasiones. Una está perfectamente datada: acudió a la plaza de toros de La Misericordia el 14 de octubre de 1955 a una corrida con toros de Atanasio Fernández. Según el cronista taurino de HERALDO Don Faroles fue una espléndida tarde de fiesta con la presencia de Antonio Bienvenida, que brindó por la presidencia y la afición y recordó que su padre había debutado en Zaragoza hacía medio siglo; resultaría cogido por un astado. Lo acompañaban Antonio Vázquez, ovacionado, y Julio Aparició que escribió “una página para la historia de nuestra plaza”. En el coso estaban, entre muchos otros, el embajador de Estados Unidos en España John David Lodge y la actriz Ava Gardner. Don Faroles solo alude a ella en el inicio de su texto, en el que elogia “la muleta prodigiosa movida por el temple de la muñeca de Aparicio, y dice: “Y en el momento oportuno brindó Julio Aparicio la faena que jamás se borrará de nuestro ruedo a la estrella cinematográfica Ava Gardner, espectadora de barrera de todas las ferias de España”. Eso es todo. Miguel Marín Chivite captó la imagen de Ava cuando el diestro le rinde honores, o eso se supone, aunque a él no se le ve. Llevaba una chaqueta de lana o rebeca sobre camina blanca, con los puños vueltos. En ese mismo año 1955, la actriz de Carolina del Norte se acababa de instalar en el Hotel Castellana Hilton. Luis Antonio González Marín cuenta en un libro sobre la memoria musical del recinto –donde fecha esta corrida en 1954- que oyó piezas musicales como ‘El mejor torero’, ‘Don Indalecio’, ‘Gallito’ y ‘La jota de los toros’.

Ava Gardner pudo haber estado otra vez más en Zaragoza o, cuando menos, otro día, aunque fuese del mismo año. Todo parece indicar que debió ser antes, se le veía más joven: Luis Mompel, que trabajaba para el estudio de Miguel Marín Chivite, le hizo una impresionante foto en el tendido. Mompel no recordaba con precisión de qué año era. No debió publicarse en HERALDO y el fotógrafo la rescató después. En el rastreo de hemeroteca que han realizado Elena de la Riva y Pilar Rodríguez no aparece la foto impresa ni una alusión explícita a una segunda estancia de la actriz entre nosotros. Mompel solía decir: “Al principio no reconocí a Ava Gardner. Simplemente vi a una hermosa mujer entre la gente y disparé. Descubrí luego quién era”. Detrás de Ava se ve, o eso parece, a un joven José Luis Borau, que era crítico cinematográfico de este diario, y abajo está el alcalde de Herrera de los Navarros, Saturio Bedoya, que “procedía de Valladolid, era farmacéutico, se casó con una joven de la localidad y arraigó en Aragón”, tal como cuenta Genoveva Crespo. Quizá ni sabía que le habían hecho una foto para la historia con una diosa del cine.

MIGUEL FLETA EN EL PABLO SERRANO

Una gran retrospectiva recorre en el IAACC Pablo Serrano la vida y la obra del gran tenor aragonés Miguel Fleta*

 

La vida y la excepcional trayectoria artística de Miguel Fleta protagonizan la última muestra del IAACC Pablo Serrano, una retrospectiva en la que a través de fotografías (muchas de ellas inéditas), programas de mano o carteles, además de discos, películas o documentación personal se reconstruye la figura del gran tenor aragonés para que los ciudadanos profundicen en la figura del artista, que llevó el nombre de la Comunidad por todo el mundo. 

El director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón, Nacho Escuín, ha participado en la presentación y ha declarado que esta exhibición constituye uno de los puntos álgidos del calendario expositivo de la Comunidad. Escuín ha declarado que la exposición tendrá dos lecturas distintas: que los que no conocen al tenor puedan indagar en su figura y que los entendidos puedan entender a la persona, convertida en uno de los grandes iconos culturales de la Comunidad. Entre los asistentes a esta inauguración también ha estado la nieta del cantante, María Fleta, acompañada de una hija y una nieta.

Enmarcada en los actos de conmemoración del 80 aniversario de su fallecimiento, ‘Miguel Fleta. El hombre y el mito’ pretende dar a conocer todas las aristas del genial cantante, desde su nacimiento en 1897 hasta su muerte en 1938. La exhibición, comisariada por la Asociación Aragonesa de la Ópera “Miguel Fleta” de la mano de Sergio Castillo y Alejandro Martínez, se ha inaugurado esta tarde y podrá verse hasta el próximo 14 de octubre.

Para acercar la figura de Fleta a todos los visitantes, la muestra se ha dividido en cinco zonas:

Presentación: Se señala el fallecimiento de Miguel Fleta, en mayo de 1938, en tiempos de la Guerra Civil. Se contextualiza su muerte en La Coruña.

Aragonés universal: Este espacio describe su nacimiento en Albalate de Cinca (Huesca) en diciembre de 1897, su despegue y formación como cantante, incluyendo sus primeras actuaciones en Europa y recapitulando sus nexos con Aragón, haciendo especial hincapié en sus estudios en el Conservatorio del Liceo y la relación sentimental con su primera pareja y maestra, Luisa Pierrick.

El gran tenor: Espacio central de la muestra, que aborda el fenómeno vocal de Fleta en sus años de máximo apogeo: lugares donde actuó, programación y repertorio… Se incluye en este apartado su vinculación con el cine y se presta atención a sus numerosas grabaciones.

Ídolo de masas: Miguel Fleta fue mucho más que un gran cantante de ópera en los años 20 y 30 del pasado siglo XX. Jaleado, ovacionado, seguido por los medios y las multitudes, fue una figura enormemente conocida en una época que la lírica estaba lejos de las aficiones más populares de los españoles.

Ideología y conciencia social: El periodo que comprende la vida profesional de Miguel Fleta coincidió con el reinado de Alfonso XIII, la Dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Guerra Civil, que no llegó a ver finalizada. Se estudian aquí sus relaciones con la clase social y política de este corto e intenso periodo, sin olvidar su faceta más solidaria y próxima a los más necesitados.

Además de las más de 200 piezas de las que está compuesta, se han habilitado 19 puntos de escucha para que los visitantes puedan escuchar alguna de las brillantes interpretaciones de Fleta, tanto de lírica como también de zarzuela y de jota.

Para poder dar forma a tan ambiciosa exposición, ha sido necesaria la colaboración de numerosas instituciones públicas y privadas, además de colecciones particulares, material de la propia familia Fleta, y archivos locales, nacionales e internacionales procedentes de filmotecas. En total han colaborado en la muestra 31 instituciones. Entre ellas, destacan piezas que provienen de archivos de España (Histórico Nacional de España, General de la administración) de Patrimonio Nacional, del Museo de Almagro, del Instituto del Teatro de Barcelona o del Histórico Provincial de Zaragoza o del Municipal de Zaragoza. También ha habido aportaciones de la Fototeca de Huesca, de la Castilla León, de Filmoteca Nacional o de la Casa Museo de Unamuno, y de grandes escenarios desde el Teatro Principal y el Circo de Zaragoza hasta el Iris Park, Conservatorio del Liceu o del Metropolitan de Nueva York.

Como novedad se incluye también una intervención del artista plástico Paco Simón, titulada “Fleta iluminado”.

La lírica, protagonista

El Departamento de Cultura está llevando a cabo un extenso calendario de actividades para conmemorar el 80 aniversario de la muerte de Miguel Fleta, que comenzó ya el pasado año con las actuaciones de dos de las mayores figuras de la lírica contemporánea: el tenor barcelonés José Bros y el estadounidense Gregory Kunde, ambos aclamados en los principales escenarios de todo el mundo y a los que se han otorgado los mayores reconocimientos del género.

Coincidiendo con esta exposición, la semana que viene tendrá lugar en Zaragoza la actuación de Plácido Domingo, con un repertorio en homenaje también a Miguel Fleta. Además de la muestra, también se editará un libro catálogo de la misma en colaboración con Prensas Universitarias de la Universidad de Zaragoza para acercar la figura del gran tenor a todos los aragoneses. De esta forma, el Gobierno aragonés afianza su colaboración con la Asociación Aragonesa de la Ópera, tras el éxito del ciclo que se desarrolló en 2016 con la figura de Pilar Lorengar como protagonista.

Fleta y Aragón

La historia de Miguel Fleta, nacido el 1 de diciembre de 1897 en Albalate de Cinca (Huesca), es la de un muchacho humilde, algo tosco, noble y generoso que terminó siendo un ídolo de masas y una estrella lírica sin igual. Sus primeras notas sonaron en los campos y huertas de Albalate y Zaragoza donde trabajó en el campo, como criado y después como mozo labrador, acarreando frutas y verduras al mercado de la Plaza zaragozana de Lanuza.

Tras presentarse, sin éxito, a un concurso de jotas en las Fiestas del Pilar de 1917, decidió seguir su vocación del canto y emprendió viaje a Barcelona, para formarse en el Conservatorio del Liceo Allí conoció a su profesora, su mentora, amante y fiel compañera, Luisa Pierrick. Ella le enseñó técnica de canto, idiomas, comportamiento social; todo lo que el joven aragonés necesitaba para llegar a ser Miguel Fleta.

Su debut en Trieste en 1919 y su consagración definitiva en 1922, convirtieron a Miguel en un ídolo popular, admirado, jaleado, ovacionado hasta el éxtasis. Y con frecuencia sacado a hombros de los escenarios tras frenéticos aplausos.

Miguel Fleta no solo fue un excepcional tenor, un cantante de ópera capaz de llenar con su voz y con su nombre los principales escenario sede medio mundo. Se codeó con reyes, presidentes de repúblicas y primeros ministros, sin olvidar nunca sus orígenes humildes.

Falleció en La Coruña el 29 de mayo de 1938 y su ideal lírico fue el engrandecimiento de la ópera como arte para ponerla a disposición de todos los públicos.

 

*Nota oficial de prensa del Gobierno de Aragón de la muestra organizada por Sergio Castillo y Alejandro Martínez Rodríguez.

MIGUEL FLETA, POR LUIS CALVO

MIGUEL FLETA, POR LUIS CALVO

Luis Calvo pinta y evoca a su tío abuelo

Miguel Fleta a los 80 años de su muerte

 

-Se cumplen 80 años de la muerte del tenor lírico en La Coruña en 1938, durante la Guerra Civil española

-El artista dice que el cantante lo sentó en sus rodillas en su última estancia en Zaragoza en 1937

 

 ZARAGOZA. El próximo mes de mayo se cumplirán 80 años de la muerte de Miguel Burró Fleta (Albalate de Cinca, Huesca, 1 de diciembre de 1897 - La Coruña, 29 de mayo de 1938), el gran tenor lírico que estremeció con su canto -la suya, según el crítico Rivadeneyra, «no es voz de hombre, sino de ángel y de un cantor divino»- los años 20, en concreto entre 1922 o 1923 y 1928. La Asociación Aragonesa de la ópera ‘Miguel Fleta’ inaugurará una gran exposición de su vida y obra en el IAACC Pablo Serrano, en la sala 0, comisariada por Sergio Castillo y Alejandro Martínez.

El pintor Luis Calvo (Zaragoza, 1935) es sobrino nieto de Miguel Fleta; su abuela materna Clara era hermana del cantante, que antes había sido recadista en un bazar de Ventura Morera de su pueblo y luego mozo de labranza en dos torres de Cogullada: la de su cuñado Mariano Marqués, que se había casado con su hermana Inés Burró Fleta, y luego en la Torre de las Monjas, que llevaban Higinio Díez y la citada Clara. «Ellos serían mis abuelos. El joven Miguel Burró Fleta, y eso siempre se ha contado en casa, tenía muchos amigos, pero el más especial de todos fue mi padre, Ricardo Calvo », dice.

De la torre a Barcelona

Miguel Fleta iba a diario al mercado de Lanuza a llevar las hortalizas con su carromato. Su presencia no pasaba inadvertida: solía cantar la jota con una energía especial. «Cantaba a pulmón, con una voz maravillosa», escribió Pablo Antonio Santolaria. Él, Ricardo y otros amigos solían frecuentar el café Ambos Mundos, lleno de espejos y de músicos, acudían a la pastelería Casa Sánchez e iban a Casa Aparicio en el Coso Bajo, que aun sigue abierta. Y si querían bailar se desplazaban a las Delicias, a la Tienda la Rita, sobre todo los sábados.

Un domingo, 30 de septiembre de 1917, Miguel Burró Fleta, que no tardaría en cambiarse de nombre, fue a las fiestas de las Sagradas Reliquias de Villanueva de Gállego. Allí lo oyó el gran jotero Miguel Asso, elogió su voz y le recomendó que se presentara al Certamen de Jota del Pilar. El propio Asso, que vivía en la calle San Lorenzo haciendo esquina con el Coso, le daba clases y le enseñó los estilos. «Ya sabe lo que pasó. Mi padre, Ricardo Calvo , fue al Teatro Principal y lo recordaría siempre. No le dieron ningún premio». Fleta no obtuvo galardón alguno, pero el público sí fue sensible a su voz y le aplaudió a rabiar. Ese 16 de octubre hubo protestas, abucheos y pataleos ante el veredicto. Al parecer uno de los responsables del Teatro Principal le dijo al joven mozo de labranza: «Y tú, vete a entrecavar cebollas». Fleta no se mordió la lengua y le replicó que nunca volvería para cantar en el Principal.

«Fue una gran decepción para Miguel y para sus amigos y familiares, con mi padre a la cabeza. Poco después, como tenía a su hermano Vicente en Barcelona, era guardia urbano en la Rambla de Santa Mónica, se marchó allá. Y desde allí empezaría a triunfar. Lo más bonito para mi familia es que a mi padre, incluso antes de ser novio de mi madre, le escribía cartas y le preguntaba por las cosas del campo». Su curiosidad era tan explícita que quería saber si del parto de una yegua nacía hembra o macho. Una de las cartas la publicó hace años Francisco Oliván Baile en estas páginas. Miguel Burró Fleta cometía muchas faltas de ortografía, algo que corregiría apenas dos años después; cuando escribió desde Livorno en 1920 su caligrafía y su ortografía ya habían mejorado.

Miguel Fleta nunca perdió el contacto con su familia ni con sus amigos. Solía ir a las actividades del Centro Aragonés de Barcelona, de la calle Costa, y allí oyó al gran jotero Cecilio Navarro. «Fue a probar al Conservatorio del Liceo, y por fortuna lo oyó Luisa Pierrick, que creyó ciegamente en él y en su portentosa voz sin educar. Pensó que ella podría domarla. Le enseñó, le eligió el repertorio y encauzó su carrera», dice Luis Calvo . Y no solo eso: se enamoró de él y, aunque estaba casada con un músico, Miguel y Luisa iniciaron una relación sentimental y tendrían dos hijos.

Allá va la despedida...

El 16 de mayo de 1924 se casaron los que iban a ser sus padres, Ricardo y Pilar Díez Burró, en el Pilar de Zaragoza «Fue un día precioso. Inolvidable. Así lo contaban mis padres. Miguel era una figura e hizo de padrino. Se amontonó la gente, tomó la iglesia, porque querían escucharlo, pero él no quiso robarle protagonismo a los recién casados. Se hospedó en el hotel Europa».

Algunos se enojaron con él y tuvo que intervenir la guardia urbana. Acabó prometiendo que volvería al Pilar para cantar y el 28 de mayo del año siguiente entonó, en dos ocasiones, el ‘Ave María’ de Schubert. Tras la ceremonia nupcial, al día siguiente asistió a la zarzuela ‘La Virgen capitana’ en el Teatro Circo, de público, y participó en una jornada de caza por los montes de Santa Fe, donde solo se cazó un conejo.

El cantante volvería varias veces a Zaragoza. En 1937, el 22 de enero cantó en el Teatro Parisiana en apoyo del auxilio social, y el 17 de marzo lo hizo en el Teatro Circo. «Yo tengo recuerdos como muy borrosos. Venía siempre a mi casa y nos regalaba entradas. A mis padres les escribía desde cualquier sitio del mundo. Teníamos sus discos de piedra. Vino a merendar y yo recuerdo que me sentaba en sus rodillas, aunque no había cumplido los tres años», dice Luis Calvo , que no sabe del todo si los suyos «son recuerdos reales o inventados».

Su propio padre contó que la última vez que estuvo en Zaragoza Miguel Fleta, se reunieron con los amigos de siempre en el café Gambrinus y que luego fueron a su casa a merendar. «Esa celebración también fue una despedida. Fleta murió un año después en La Coruña». Fue en la plaza de Orense, muy cerca del mar.

 

 DETALLES DE UNA VIDA, UNA EXPOSICIÓN EN MARCHA

Sergio Castillo y Alejandro Martínez, de la Asociación Aragonesa de la Ópera ‘Miguel Fleta’ preparan la gran exposición sobre el tenor. En 2107 rindieron homenaje a la cantante Pilar Lorengar. Explican aquí algunos detalles de su labor.

Miguel Fleta. El hombre y el mito’. Este es el título de la muestra que contará con muchas novedades en todos los terrenos: grabaciones, películas, fotografías de distintos lugares del mundo, cartas, los libros que han publicado de Miguel Fleta. «Quizá no existan tantos materiales como en el caso de Pilar Lorengar, pero nos gustaría resaltar algunas cosas: Miguel Fleta era el Messi de su época. La gente lo admiraba, acudía a saludarlo a los hoteles, le pedían que saliese a las ventanas o al balcón a cantar. Se entregaba y estaba dispuesto a cantar en cualquier instante. Y eso al final no es bueno para la carrera de un artista de su dimensión. Esa generosidad fue contraproducente y lo pagó caro», dicen Sergio Castillo y Alejandro Martínez.

Inicios. «Su marcha a Barcelona fue determinante. Pero nada fue fácil, a pesar de la gran intuición de Luisa Pierrick, su maestra de canto y también su amante. Se fogueó en el Casino Republicano de Barcelona, cantó muchas jotas y, durante su formación, las pasó canutas», agregan.

Política. «Nos interesa mucho analizar la trayectoria política de Miguel Fleta. Es sabido que fue enterrado envuelto en la bandera de Falange y que actuó en algunos mítines. Su actitud política merece un análisis detallado: saludó la llegada de la II República en Madrid, se sumó a la celebración, y cantó el ‘Himno de Riego’. Y se comprometió en diversos actos populares con muchas causas sociales».

Cantantes de su época. «Técnicamente, nadie cantaba como él. Era un animal en escena», dicen Sergio Castillo y Alejandro Martínez. «Con Caruso, Pavarotti, Domingo, Chaliapine y Kraus, Miguel Fleta está entre los mejores de todos los tiempos. Miguel Fleta es un icono para los amantes de la lírica, por su timbre reconocible y sus filados sin fin, por ese arte inimitable que le hizo cosechar los más grandes triunfos en Milán, Nueva York o Madrid», insisten.

Personajes. «Miguel Fleta cantó en muchos escenarios un amplio repertorio. Si hubiese que elegir las óperas en las que se sintió especialmente cómodo, citaríamos tres: ‘Carmen’ de Bizet, en la que encarnó a Don José, su papel fetiche; ‘Tosca’ y ‘Turandot’, de Puccini, en concreto el ‘Nessun dorma’».

En Zaragoza. Miguel Fleta cantó el 28 de mayo de 1925 en la Basílica del Pilar el ‘Ave María’ de Schubert. En el Teatro Circo, en los días siguientes, actuó con ‘La Bohème’, ‘Aída’ y ‘Carmen’.

Carmen Mirat. Así se llamaba su esposa, una joven de Salamanca con la que se casó el 20 de abril de 1927. Vinieron a Zaragoza y luego se trasladaron a Huesca; allí los retrató el fotógrafo y tendero Nicolás Viñuales. Tendrían dos hijos.

Teatro Principal. Por fin Miguel Fleta pisó el escenario del Principal. Fue el 15 de junio de 1932: participó en un concierto benéfico, ‘Homenaje a la vejez’. Cantó el cuarto acto de ‘Carmen’. Aquel día tocó la pianista Pilar Bayona. «Tres años después -dicen Sergio y Alejandro- ofreció un nuevo concierto benéfico, ahora en el Teatro del Hogar Pignatelli, acompañado por el violinista Carlos Sedano y el pianista Ataúlfo Argenta, que luego sería director de orquesta». Es probable que Argenta viviese una bella historia de amor y atracción con Pilar Lorengar. A. C. 

JAVI HERNÁNDEZ: MUSEO DE LARRÉS

JAVI HERNÁNDEZ: MUSEO DE LARRÉS

[El jueves 17 de mayo, en el Museo de Larrés, Javier Hernández, ilustrador, editor y cuentacuentos, presenta una selección de su obra. Este es una nota que he escrito sobre su obra. Abajo, puede leerse una síntesis de su trayectoria. La imagen corresponde al libro leporello 'El tango de Doroteo'.]

JAVIER HERNÁNDEZ: ARTE Y ARTESANÍA

DE LA EVOCACIÓN Y LA SUAVIDAD

Javier Hernández es un argentino de ida y vuelta con antepasados en Siresa y Hecho que, un día, decidió desandar el camino que había recorrido su abuelo. En su trayectoria ha hecho de todo: ha sido experto en sonido, conductor de furgoneta, montador teatral, excelente conversador (lo es todavía, claro, y a cualquier hora) y un actor y rapsoda al que le gusta contar sus propios cuentos.

Volvió al viejo solanar del abuelo y aquí, en Huesca o en Siétamo, ha encontrado acomodo para desarrollar su mundo. Le apasiona el tango, desde Gardel a Piazzola, le apasiona el jazz y tiene sensibilidad para la música clásica. Con todo ello, y con esa mano que puede ser preciosista y luminosa, herida de sensibilidad, hace lo que se propone. Ya tiene bastantes libros: libros suyos, dibujados y escritos y contados. Libros ajenos, donde se encarga de encender la luz esencial de muchas páginas. Y en todos ellos ha probado algo esencial: domina el lápiz, los colores, sabe ofrecer una narratividad inmediata, atmósfera, texturas del alma. A la vez, explora la magia, la manufactura, la armonía y el arte contemporáneo.

Javier sabe lo que se trae entre manos. Posee una manera personal y paciente de coger el lápiz, un poderoso sentido del color, el equilibrio y la osadía de la composición, o el encuadre, y una delicadeza increíble para sugerir cosas. Es despacioso y sereno. Disfruta de su quehacer y se atreve a mirar por la ventana hacia el campo, hacia los sueños y su infinito horizonte, hacia el pozo sin fondo de sí mismo. La ansiedad se oculta bajo su sombrero de gaucho. Y se reencuentra con sus dioses: Rembrandt, Vermeer, Picasso, Goya, Monet, los impresionistas. Tiene muchos, aunque ha aprendido a domesticar su idolatría.

Como se sabe de esos viajes por la creación y el delirio trae magníficas compañías: las brujas, los duendes y las brumas del Altoaragón, Doroteo Melero, el hombre que tocaba el bandoneón en un barco hacia Buenos Aires y en la Boca, o Pancracio, una de sus últimas criaturas, atrapada en la corriente del Ebro. Javier Hernández es fino, seguro, incansable. Es algo más que un ilustrador: es un artista de la suavidad, de la melancolía, de la evocación, de la vida arrebatada, pero también es editor, cuentacuentos, titiritero, jardinero y campesino, alguien que se asoma a la noche, al lado de una higuera, un almendro o un olivo, y escucha el murmullo inaudible de los astros. Con los ojos bien abiertos en la oscuridad radical del artista, atrapa luces, fuegos fatuos y esos pájaros insomnes de la fantasía que se vuelven paleta de emoción e intensidad en sus dibujos.

Para alguien como él, tan entusiasta, tan enamorado de lo minúsculo, exponer en el Museo de Larrés es un honor, un regalo y un acto de justicia poética.

 

Antón CASTRO

 

 

 

JAVI HERNÁNDEZ. Currículum profesional

Son veinticinco años los que Javi Hernández lleva dedicado a la producción artística en diversos formatos. Desde su paso por la Escuela de Artes visuales de Rosario su ciudad de origen en Argentina, donde adquirió los conocimientos de la herramientas fundamentales para la expresión plástico visual y formación pedagógica para transmitir esos conocimientos en el ámbito infantil durante diez años.

Compaginando siempre su labor docente con la ilustración en diversos medios gráficos, periódicos, revistas, etc. Colaboraciones en cine de animación con estudios de Rosario y la cineasta Mariana Wenger  y una producción personal de dibujo y pintura que le ha llevado a realizar numerosas exposiciones individuales y colectivas desde 1991 en Argentina, España y Suecia.

En 1997 gana el primer premio de dibujo en el XXIX Salón de Otoño de Artistas Rosarinos. A comienzos del nuevo milenio desarrolla su actividad en España formándose primero como Técnico en dibujos animados tradicionales en Barcelona donde colaboró en la realización de series televisivas  Las tres mellizas o una versión italiana animada de Médico de familia en los estudios Frameman.

Más tarde comienza su experiencia con diferentes compañías teatrales con quienes colabora en la realización de atrezo, títeres y escenografías formándose con la Maestra titiritera Helena Millán.

Actualmente desarrolla su actividad de ilustrador y editor creando el sello Libros de ida y vuelta donde publica los álbumes ilustrados  "Haberlas haylas", "El secreto de Jacinto" adaptando historias populares, "El tango de Doroteo" junto a Antón Castro, "Como ella me enseñó" junto a Arancha Ortiz y "Pancracio el niño batracio" una historia de José María Tamparilla y además  El niño el viento y el miedo y La leyenda de la ciudad sumergida también sobre textos de Antón Castro para la editorial Nalvay. Sueños en papel en editorial Cosquillas o La sonrisa del león con textos de Roberto Malo  y Grotesque de Ignacio Cid Hermoso en la editorial Dissident Tales.

'MATERIA Y LUZ' DE CARMELO REBULLIDA

'MATERIA Y LUZ' DE CARMELO REBULLIDA

Carmelo Ramos Rebullida está radiante: ayer, en la Lonja de Zaragoza, con la inauguración de su exposición ‘Materia y luz’, cumplía un sueño. Lleva más de 40 años viviendo de la pintura, desde que expuso en 19878 en la galería Trazos, y resume en 58 obras dos de sus líneas esteticas: sus ‘Aproximaciones a los fósiles’, serie que inició en 1992, donde rinde homenaje a los minerales y al paso del tiempo, y sus ‘Planetas’, una treintena de piezas, realizadas entre 2015 y 2017, donde refleja su pasión por los cuerpos celestes, las constelaciones, que abren un nuevo camino en su pintura: poético, como siempre, placentero, vitalista y de indagación en el trabajo y en los sueños. “Son planetas imaginarios que tienen algo de paisajes del subconsciente y, por lo tanto, algo extraño. Hay planetas rosas, gaseosos, planetas líquidos como ríos inmensos.

Dice: “Pintar ha sido una terapia para mí. Me ha salvado de muchas cosas y me ha ayudado a vivir. ‘Materia y luz’ es una exposición gozosa, terapéutica, un canto a la alegría de vivir. Yo me considero un clásico moderno. Las armonías del color me salen así, sin afectación, de un modo natural, y reflejan lo que soy. Esta es una muestra lúdica: he disfrutado con cada cuadro”. Insiste en que ya no tiene edad para intentar deslumbrar a nadie ni aparentar ser lo que no es, pero tiene clara una cosa: “Siempre he querido hacer cosas nuevas. No acomodarme. Al fin y al cabo el arte contemporáneo es una evolución constante. Se trata de cambiar y cambiar. Yo he aprendido siempre”.

Carmelo Ramos Rebullida es autodidacto absoluto, pero quiere aprender todo el tiempo: le sucedió con un tío suyo, perito mercantil, manco, al que veía pintar con una mano los domingo, y que le acabaría regalando una caja norteamericana de pinturas; le sucedió luego con Eduardo Laborda, con quien compartió una buhardilla; le sucedió en el Museo del Prado, donde veía a los copistas de Goya y, años más tarde, en Zúrich, lo deslumbró la pintura de Paul Klee.

No voy de nada. Ni me creo nada. La pintura me sale así, unas veces con muchas texturas, otras veces con esta ligereza, aguada, sutil. Muchos de los cuadros de estos dos últimos años son como de primera intención, sin retoques. He buscado la frescura y aquí está, pero también el resultado, sobre todo en algunas piezas, creo que es refinado; lo digo sin arrogancia alguna. Hace años que he amansado el ego”, matiza.

Desde que Rafael Ordóñez Fernández, exdirector de Servicio de Cultura, le confirmó en 2015 que ocuparía la Lonja en la primavera de 2018, no ha parado de trabajar y de acumular, casi a partes iguales, pasión, ansiedad, ambición, deseo de ser como es, más que de agradar exactamente. “En esta última serie de planetas no utilizo pincel. He trabajado con diversas herramietnes, esponjas, escorrederas, con la mano, con la escoba. Pieza a pieza, me siento reflejado y creo que me reconozco”.

 

*La foto es de Raquel Labodía.