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Antón Castro

SERGIO DEL MOLINO, HOY, EN CÁLAMO

SERGIO DEL MOLINO, HOY, EN CÁLAMO

Sergio del Molino (Madrid, 1979), escritor y periodista de variados registros, salió un día de paseo y en la Feria del Libro Viejo y de Ocasión encontró “un buen fajo de panfletos de propaganda nazi (…) que procedían de una biblioteca particular de Zaragoza”. El librero no quiso darle más información, pero el escritor halló ahí un tema donde saciar su curiosidad. “Soy, así, obsesivo y cotilla”, dice. A partir de entonces, redactó una nota en su blog y rápidamente un amigo historiador le puso tras una pista que acabaría siendo el filón que busca: los alemanes del Camerún que llegaron a Zaragoza en 1916 y permanecieron aquí hasta 1956, aunque sus antepasados siguen viviendo en la ciudad y cultivando el arsenal de los recuerdos.

A lo largo de tres años, el periodista de ‘Heraldo’ y autor del volumen de relatos ‘Malas influencias’ (Tropo, 2008), realizó infinidad de pesquisas, y lo que podía haber sido un cuento extenso o una novela ha acabado siendo “un reportaje largo” que se lee como una novela donde interviene el autor y el investigador. Esas pesquisas le llevaron a Albert Einstein, claro, al cónsul Gustavo Freudenthal, a Alfonso Kurtz, el fabricante de salchichas, a los jefes nazis que hubo en Zaragoza, al arquero y suicida Erich Noak y a Peter Recknagel, que fundó una empresa puntera: la limpieza en seco de Tinte de los Alemanes.

En los dos primeros capítulos, Sergio del Molino viaja al mundo colonial de Camerún y a la presencia alemana, bastante apacible hasta que se produjo la I Guerra Mundial y fueron expulsados, tras estupendas peripecias que le invitan a glosar ‘El corazón de las tinieblas’ de Joseph Conrad. Acosados por sus enemigos, se refugiaron en la embajada de España, que era país neutral, en Guinea Ecuatorial. Y de allí viajaron en barco y en tren hacia Pamplona, Alcalá de Henares y Zaragoza, adonde llegaron 347 alemanes. Algunos de ellos, eran tan pintorescos como Paul Bieger, que se paseaba por la ciudad con un vestuario de colono y con un nativo negro, Nsango. Aquellos alemanes pronto organizaros sus orgías en el Royal Concert, suscitaron admiración y recelo, y poco a poco fueron dejando su huella. Ante su poderío económico, los periódicos incluso llegaron a redactar la publicidad en español y alemán. Trajeron el fútbol al nuevo ‘Campo de los Alemanes’, crearon un equipo correoso e invencible, en los primeros años, fundaron el Colegio Alemán e incluso un pequeño Barrio Alemán en el entorno de la calle Cervantes. Y en su pequeño cementerio, donde se enterrarían algunos soldados caídos de la Aviación Cóndor, solían jugar los domingos, y abrigar a sus muertos, antes de la merienda que ofrecía Alfonso Kurtz, un personaje enigmático que estuvo preso en Siberia, según él dijo. El trabajo está lleno de matices, de grandes personajes (como Albert Schmitz, Gustav Seeghers, Wilhem Canaris, vinculados al nazismo y al espionaje, o el ya citado Bieger, cuyo nieto ha ayudado a Sergio y le ha revelado que quiere escribir una novela sobre él), de juegos de espejos, de información y de pasión por el oficio de contar. Sergio del Molino desvela un insólito episodio de la historia de Zaragoza, lleno de recovecos, de episodios muy variados y de historias secretas. El libro, como se puede intuir, es un hermoso canto al periodismo.

 

Soldados en el jardín de la paz. De Sergio del Molino. Presentación esta tarde, a las 20.00 en Librería Cálamo. Intervienen: Javier Rodrigo, Paul Bieger (nieto del Paul Bieger del libro, aquel alemán que paseaba con traje blanco de colono y criado de color) y Chusé Aragüés, editor de Prames.

RETRATO Y ESTÉTICA DE J. FUEMBUENA

RETRATO Y ESTÉTICA DE J. FUEMBUENA

Hacía mucho tiempo, muchísimo, que no sabía nada de Emilio Jio, uno de los dinamizadores incansables de Zaragozame. Hoy ha entrado en este blog y nos recuerda que en su página ha colgado una serie de fotos de Jorge Fuembuena, distinguido en varias ocasiones, becado estos días en Albarracín y fundador del colectivo Zphoto.

 

 

La serie portraits  puede verse en

http://zaragozame.com/jorgefuembuena/portraits/

Jorge, que ganó el premio Isabel de Portugal de fotografía para artistas menores de 30 años, ha escrito este texto donde explica su línea de trabajo, su estética:

 

Por Jorge FUEMBUENA

Esta serie plantea un discurso en torno  al concepto de individualismo contemporáneo, y se articula a través de 20 fotografías.

Partiendo de lo que hay, de la experiencia sensible, de lo existente, de la observación inmediata, cuestiono este mundo cambiante, una situación convulsiva, producida por el cambio profundo de las condiciones culturales que se han ido desarrollando, característico de la condición humana. Rasgos diferenciadores como el desasosiego son mostrados aquí. En un mundo cambiante, el problema de la propia identidad se convierte en una cuestión obsesiva. La fotografía sirve  como instrumento para reflexionar sobre la naturaleza del ser social y del ser individual. Con ella construimos una visión sobre quiénes somos. ¿Somos como nos vemos? ¿Nos vemos como somos? Las fotografías   presentadas  reflexionan sobre la contemporaneidad, proponiendo una mirada consciente sobre estas personas.

Existen precedentes de este trabajo documental. Este trabajo no pretende celebrar la diversidad ni convertirse en un himno a la unidad como hizo Edward Steichen en 1955 en “The Family of man”. Tampoco se trata de  ningún compendio de personas al estilo del trabajo de documentación del pueblo alemán  que llevó a cabo August Sander. En este trabajo se aborda a los sujetos desde una perspectiva sumamente personal, con un proceso cuidado de selección de personas en su espacio cotidiano. Mi intención es dotarlos de toda su humanidad. En esta serie, el hombre se convierte en metáfora de la mezcla de deseo, compasión, avaricia y miedo que nos hace  humanos.

La selección  de los sujetos constituye una declaración en sí misma.  Se enmarca en la fotografía de calle. En mis fotos busco cierta calma y serenidad. Me gusta que todo quede reducido a la esencia. Me interesa la obra de Diane Arbus y August Sander, y de otros contemporáneos como Anton Corbijn o Rineke Dijkstra. Los retratos me han interesado desde mis comienzos, todos mis referentes procedían de la pintura.

Al final la foto es un momento singular lleno de preguntas que amplía tu pensamiento.

*No he podido vincular la página. Esta mañana no me deja el sistema. Uno de los retratos de Jorge Fuembuena.

 

JORGE FUEMBUENA, BECADO EN ALBARRACÍN

JORGE FUEMBUENA, BECADO EN ALBARRACÍN

Desde Zphoto queremos comunicaros que a uno de nuestros miembros, Jorge Fuembuena, le han concedido la beca de la Fundación Santa María de Albarracín, siendo el primero por orden de selección y unanimidad  entre más de 240 fotógrafos venidos de toda España,  con un jurado de excepción entre los que se encontraba Joan Fontcuberta, Oscar Molina o Rafael Doctor. 
 
 El año que viene expondrá junto con los premios nacionales de fotografía Chema Madoz, Alberto García-Alix, Cristina García-Rodero, Isabel Muñoz, Juan Manuel Castro Prieto,etc y convivirá con  ellos en las estancias de la fundación como becario.

 

 
Te mando una de las fotografías de la última serie "Portraits" que ha sido la premiada en el IX Seminario de fotografía de Albarracín, un referente nacional entre  fotógrafos.

 

 

Jorge Fuembuena Loscertales ( Zaragoza, 1979)

 

 

 

Miembro fundador del colectivo Zphoto, en el que organiza y coordina diversas actividades tales como la creación de un  festival  internacional de fotografía: Zaragoza Photo. Imparte talleres y seminarios sobre la práctica creativa de la fotografía.

 

 Trabaja desde el año 2004 en festivales de cine como fotógrafo oficial y como foto fija en grabaciones. Ha publicado sus trabajos en diferentes medios nacionales e internacionales como Ouest France, El Mundo, Heraldo de Aragón, Cahiers du Cinema, Contraluz, Aulafoto, Photorevista, Mondosonoro..

 

Ha recibido la beca de Jóvenes creadores del Gobierno de Aragón o la beca de arte Multicaja y ha expuesto sus trabajos en Gdansk (Polonia), Espace Cosmopolis de Francia, Contemporary Art Museum de Reykyavik , Expociencia Internacional de Kuwait, IFEMA en Madrid, Centro de Arte y Naturaleza de Huesca, Sonimagfoto Barcelona, Valencia, Centro de Historia de Zaragoza, Galería Art-nueve de Murcia..

 

  Ha  recibido reconocimientos  tales como el premio Joven de Arte Santa Isabel de Portugal, el 1º premio de Arte Joven del Instituto Aragonés de la Juventud, el premio de Artes plásticas de la Universidad de Zaragoza, Vision Abierta, Orienta o  Andalán. Su obra se encuentra  presente en  colecciones como la del Gobierno de Aragón, la  Diputación Provincial de Zaragoza, el Instituto Aragonés de la Mujer, la Universidad de Zaragoza, la Fundación Buñuel,  la Fundación Borau, el Museo del Calzado o la Filmoteca Española.

*Una de las obras de Jorge Fuembuena.

DOS FRAGMENTOS DE REYES MATE

DOS FRAGMENTOS DE REYES MATE

1.

 

LA HERENCIA DEL OLVIDO. Ensayos en torno a la razón compasiva remonta río arriba el curso de la memoria. No mueven a estos escritos la nostalgia del tiempo pasado, sino la pregunta por la significación política, moral y epistémica de lo olvidado. Nuestro presente está construido sobre los vencidos, que son la herencia oculta. La memoria trae al presente ese continente invisible en un gesto moral y epistémico pues nos pone delante un mundo desconocido sin el que no podemos ser sujetos morales. Ése es el lugar de la razón compasiva.

La historia de un pueblo, decía Walter Benjamin, puede condensarse en una época; una época, en una vida; y, una vida, en una obra. Lo decía para llamar la atención sobre el poder del detalle, la fuerza subversiva de la anécdota o la riqueza misteriosa de una única palabra. Una de ellas es «compasión». En este vocablo de raíces griegas resuena todo el equívoco moral de Occidente, de sus grandezas y miserias, de sus mejores sueños y peores pesadillas, de liberación y opresión.

«Compasión» evoca, de entrada, la conmiseración, la empatía con el que sufre, la solidaridad con el que está en la miseria. Es un concepto «abajista»  que va de arriba a abajo, del que tiene hacia el que no tiene y / o hacia el que se encuentra doliente. Ahora bien, en la tradición cristiana que inspira a Occidente ese término tiene originariamente otro sentido. El otro, el que sufre, el caído, el olvidado, es el «tú» del que decía el filósofo Hermann Cohen que nos permite el descubrimiento del yo. Sabemos lo que somos cuando respondemos a la pregunta del otro, de ese otro ninguneado por la vida, la sociedad o la historia. No se trata, por tanto, a propósito de la compasión de hacer un favor al necesitado, sino de devenir uno mismo sujeto moral o, como se llama en la jerga cristiana, «prójimo». Ser prójimo es constituirse en sujeto moral y esto ocurre cuando nos aproximamos al caído.

«Compasión» tiene, por un lado, el sentido débil, aunque generalizado, de echar una mano al necesitado; y, por otro, el sentido fuerte de constituirse en sujeto moral, gracias a la interpelación del otro. Esos dos sentidos, opuestos en sus significados, explican el equívoco moral de Occidente. En el primer caso, nos bastamos a nosotros mismos para ser buenos: basta seguir los dictados de la conciencia. En el segundo, nada somos sin la pregunta que nos dirige el otro desde su necesidad o inhumanidad. Que el propio cristianismo se haya desentendido del sentido fuerte de la citada parábola, para interpretarla en el sentido «abajista» convencional, da idea de lo exigente y difícil que es la compasión originaria, que es la que aquí se trae a colación. ¿Por qué identificamos todos «prójimo» con el caído o necesitado, cuando en verdad es el que se aproxima a ellos? Es más cómodo ser generoso con lo que sobra, que reconocerse necesitado del indigente.

 

 

Y el segundo:

7.

La composición de este libro es rizomática. Hay una serie de raíces espaciales —lo iberoamericano y lo judío— y temporales  —la memoria y la actualidad— que trenzan un cuadro en el que los temas se cruzan, fecundándose constantemente.

Pensar no es fácil. Lo habitual es echar mano de un sucedáneo consistente en revestir viejos tópicos con nuevos ropajes. Los tópicos son, en general, verdades conquistadas con mucho esfuerzo pero que se convierten en letra, conceptos o imágenes muertas si no se las arranca del contexto en que nacieron y somos capaces de sorprendernos de nuevo. Dice Foucault que «penser est dé-prendre», es decir, desprender o liberar los tópicos de las convenciones recibidas y pensarlos de nuevo. Tomemos, por ejemplo, la verdad establecida de que la modernidad es una secularización del cristianismo. Nos lo hemos dicho tantas veces que hemos perdido de vista algo que siempre ha estado ahí y que ahora necesita ser dicho: es tanto una secularización del cristianismo como un cristianismo secularizado. No es lo mismo una cosa y la otra porque mientras que la primera afirmación subraya el momento de liberación o desprendimiento de la modernidad del pasado religioso, la segunda está indicando que esa modernidad secularizada depende en su formación histórica y en su comprensión temática de la matriz religiosa que la dio a luz. Esto puede gustar o no, pero nada entenderíamos de nuestro tiempo, de sus conflictos y aporías, si no lo tuviéramos en cuenta.

Otro tanto ocurre con el tema de las víctimas: durante siglos han sido invisibles; ahora se han hecho presentes, pero sólo sabemos decir de ellas que hay que acompañarlas, consolarlas, venerarlas o repararlas. No nos decidimos aún a pensarlas políticamente porque eso significa poner en tela de juicio una lógica política, que sigue presente, dispuesta a avanzar cobrándose nuevas víctimas. Pensar políticamente las víctimas significa repensar la relación entre política y violencia, asunto sobre el que pasamos de puntillas.

Un último ejemplo del pensar como «dé-prendre»: el alcance de la postura de Bartolomé de Las Casas. Valoramos su sentido crítico en el enfrentamiento con Ginés de Sepúlveda, porque consideraba a los indígenas sujetos de derechos a todos los efectos, también políticos, pero no podemos ignorar que su valoración consistía en reconocerlos «como nosotros», sin llegar a reconocerles valor en su diferencia. «La alteridad más irreductible», escribe Luis Villoro, «aún no ha sido aceptada: el otro no puede determinar el orden y los valores conforme a los cuales podría ser comprendido. El otro es sujeto de derechos, pero no de significados. Podríamos decir que Las Casas reconoce la igualdad del otro pero no su diferencia. Para ello tendría que ser aceptado con una mirada distinta sobre él y sobre el mundo y tendría que aceptarse como susceptible de verse, él mismo, a través de esta mirada». Estas puertas, habitualmente cerradas, son las que el discurso rizomático sobre la «razón compasiva» trata de forzar o, al menos, entreabrir.

Por una extraña carambola este libro tiene un precedente francés —Penser en espagnol— que aborda asuntos que también aquí aparecen. Que allá se llame Penser en Espagnol y acá La herencia del olvido se justifica porque no son los mismos trabajos aunque haya un aire de familia entre ellos. Hemos guardado la introducción a la edición francesa de Catherine Chalier porque recoge bien el significado universal de lo iberoamericano y de lo judío que se aborda en los trabajos de ambos libros. Quiero agradecer el interés de Errata naturae en unir el destino de la nueva editorial con este libro.

                                                                     

Reyes Mate

                                                                      Madrid, enero de 2008.

 

 

*La siempre encantadora Irene Antón me ha mandado dos fragmentos del libro ‘La herencia del olvido’ de Reyes Mate, Premio Nacional de Ensayo, que ha publicado su sello editorial, Errata Naturae. Enhorabuena para el autor y para sus editores, que frecuentan a menudo Zaragoza. La foto es de Helen Levitt.

UNA INOLVIDABLE MUJER AL PIANO

UNA INOLVIDABLE MUJER AL PIANO

 Se cumplen 30 años de la muerte, por accidente, de la gran intérprete Pilar Bayona (1897-1979), que frecuentó la Residencia de Estudiantes y enamoró a un joven Luis Buñuel

 

Pilar Bayona (Zaragoza, 1897-1979) poseía una “insaciable curiosidad musical”, tal como escribió Federico Torralba, una absoluta pasión por la música y una memoria prodigiosa, que la llevaba a realizar conciertos incomparables, llenos de riesgo, de sutileza y de energía interpretativa. Perteneció a la Generación del 27, y tocó en la Residencia de Estudiantes, con Gerardo Diego y con Federico García Lorca; este, fascinado con su talento, le dedicó el ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’ con sumo afecto. Desarrolló, con tanto fervor como intensidad, una espléndida carrera sin renunciar nunca a residir en Zaragoza y a participar en la vida cultural de la ciudad a través de sus numerosos conciertos y de su vinculación con la Sociedad Filarmónica, el grupo ‘Sansueña’ y Radio Zaragoza, donde solía tocar con mucha frecuencia.

Pilar Bayona fue la pianista de Zaragoza por excelencia: cabe decir que optó por quedarse en su ciudad, por impartir clases en ella y en el Conservatorio de Pamplona. Visitaba, casi todos los días el Pilar, como un rito íntimo, con su hermana Carmen. Fue una mujer menuda y hermosa, de cabello rizado y rubio, que despertó diversas pasiones: desde Luis Buñuel, que estuvo enamorado de ella un año o dos, hasta José Camón Aznar, Luis García-Abrines o el periodista Manuel Casanova, director de HERALDO. Tenía la facultad, casi inconcebible, de atrapar la música al vuelo: la atrapaba, la retenía y luego la interpretaba con frescura y viveza como si hubiera estudiado horas y horas aquella literatura. Joaquín Turina la calificó como “maestra del decir, de sonoridades exquisitas”.

Se ha dicho una y mil veces que con Luis Galve y Eduardo del Pueyo formó esa trilogía de magníficos intérpretes de piano que ha dado el siglo XX en Aragón. Los tres eran muy distintos y grandes amigos: Del Pueyo fue un reconocido profesor desde Bruselas y un sólido pianista de Beethoven, entre otros; Luis Galve realizó una importante carrera profesional que le llevó a desplegar tres mil conciertos a lo largo de más de 60 países. Y Pilar lo hacía casi todo: deslumbraba con sus repertorios, igual tocaba con primor a Guridi, Granados, Esplá o Albéniz, a quienes grabó, que a Debussy, Cesar Frank o a Maurice Ravel, al que conoció y trató en Zaragoza.

 

El vuelo libre de la música

Nacida en Zaragoza en 1897, Pilar Bayona demostró muy pronto un talento especial hacia la música. Asistió a las clases de los hermanos José y Ángeles Sirvent y actuó, con cinco años, en un festival benéfico patrocinado por el monarca Alfonso XIII. Hizo su presentación a los diez años en el Teatro Principal con el cuarteto Ballo. Y a partir de ahí, con doce años, inició su carrera de concertista. Apostó por la música española contemporánea, muy especialmente, y realizó giras por distintas ciudades, sola o en compañía del violinista Manén. En la segunda década del siglo XX creció, perfeccionó su técnica y estableció numerosos vínculos con los compositores nacionales: desde Usandizaga a los Halffter, Mompou o Esplá, aunque tocaba a los rusos, a los impresionistas y a Mozart.

Algunos le dedicaron sus partituras y soñaron con que ella tocase sus obras. Actuó en Stuttgart y Berlín en 1924 y en 1928 estrenó el ‘Concierto valenciano’ de López Chávarri e incorporó a su repertorio al maestro Mingote. Poco a poco, iría cobrando fama y sería requerida por doquier: por fotógrafos, por los poetas del 27, entre ellos su paisano Tomás Seral Casal, por artistas (Sanz Lafita, Honorio García Condoy, Javier Ciria, Bayo Marín; después Guillermo o Paco Rallo), y estaría presente en la foto legendaria del grupo del 27 que rindió homenaje a Hernando Viñes.

Tras la Guerra Civil, continuará su quehacer: tocará en toda España, en distintos lugares de Francia, Portugal y Marruecos. Entrará en contacto con con el poeta y crítico de arte Juan Eduardo Cirlot, entonces músico y soldado en Zaragoza, que le dedicará dos composiciones y su libro ‘Pájaros tristes’, y con Julián Gállego, Alfonso Buñuel o Eduardo Fauquié, entre otros. Grabaría ‘Iberia’ de Albéniz, siete de las doce piezas, y dejaría en todos los foros una impresión de mujer de talento apabullante. Pilar Bayona fue una pianista apasionada, personalísima e incansable. Fue agasajada una y otra vez por su ciudad, con una calle, con el título de Hija Predilecta e incluso con el premio San Jorge.

En noviembre de 1979 dio su último concierto en el salón de actos de la CAI. Fue un recital vibrante, ya padecía escoliosis y andaba levemente encorvada. ¡Nadie lo habría dicho! Muy pocas semanas más tarde, al cruzar la calle, un coche se la llevó por delante y murió pocos días después. En 1981 Plácido Serrano recuperó algunas de sus grabaciones en un disco y en 2004 las Cortes de Aragón, en colaboración con el Archivo Pilar Bayona –que dirigen su sobrino Antonio Bayona y Julián Gómez-, organizó la muestra ‘Pilar Bayona. La pasión de la música’. El Auditorio de Zaragoza le rinde un homenaje con un ciclo que lleva su nombre y con un concierto internacional específico, cada trece de diciembre, que coincide con la fecha de su muerte. Este año se cumplen 30 años de su fatal accidente. 

*Esta foto de Pilar Bayona es de Dücker y pertenece al Archivo Pilar Bayona, que dirigen y sostienen Antonio Bayona y Julián Gómez.

 

JOSÉ

JOSÉ

RETRATO DE JOSÉ AGOSTINHO BAPTISTA

Hace casi una década, José Agostinho Baptista, el amigo portugués, se despidió de su perro José, una especie de mastín del Pirineo al que le encantaba ladrar por teléfono, y se vino a Zaragoza. Quería ver a sus amigos aragoneses y españoles -Enrique Vila-Matas, del cual había traducido Lejos de Veracruz y Bartleby y compañía, entre otros libros, el narrador Martínez de Pisón, y su editora Trinidad Ruiz-Marcellán-, y soñaba tal vez con repetir uno de aquellos viajes que debió hacer en la compañía de taxis que su padre tenía en Funchal (Madeira), su lugar de nacimiento. Baptista había estado una vez de paso por Zaragoza: recordaba vagamente la plaza del Pilar y algunas callejas con tabernas más o menos evocadoras donde le gustó tomar, beber tequila o whisky. Así fue como conocí yo a José. José.

            Baptista conoció las tertulias de amigos y escritores en Casa Emilio, un modesto restaurante por el que han pasado casi todos los artistas y escritores y bohemios de la tierra. Departió con José Antonio Labordeta, Ismael Grasa, Miguel Mena, Pepe Melero, Ángel Artal y Cristina Grande, entre otros. Salió a la calle, asaltada por un cierzo furioso, y experimentó un viejo miedo infantil, descrito por Vila-Matas: Baptista siente auténtico pavor a las tormentas. De niño, en Funchal, los relámpagos, rayos y truenos rebotaban en una inmensa y vertical montaña, cerca de su casa, y aquel estruendo lo sobrecogía. Jamás ha podido superar la impresión: el cierzo loco y frío de la ciudad, Zaragoza es “la novia del viento” y “la novia del cierzo”, le trajo esos recuerdos. Ante la desértica y nocturnal plaza del Pilar, Baptista recordó que había sido un niño enfermizo, protegido por su madre, sus tías y sus hermanas; luego apareció en su vida Carmelita -quizá se enamorase de ella, en un primer momento, por su nombre de corrido mexicano-, otra protectora angelical que lo ha llevado y lo ha traído por el mundo porque él no conduce durante algunos años. La vida, como un bolero o un fado de violentas nostalgias, da muchas vueltas y se expande en adioses y olvidos.

            José Agostinho Baptista es un formidable especialista del fútbol español. Conoce a todos los jugadores, desde Arconada hacia aquí, y recuerda a la perfección la mítica noche del 10 de mayo de 1995 en París cuando Esnáider y Nayim -no le salía este nombre; sí el del exfutbolista e intelectual Pardeza- tumbaron al Arsenal en la Recopa con uno de los goles del siglo. En otro orden de cosas, confiesa que no le atrae Luis Buñuel porque "no me gustan los hombres ingratos. Cuando uno va a un país y se le acoge con generosidad, este no puede ni debe criticar tan ferozmente su forma de vida". Si hubiera sido aficionado al fado, Baptista habría dicho “su extraña forma de vida”. No sabemos si era una crítica general o aludía, como algunos mexicanos de entonces, a la película Los olvidados. No hay quien lo disuada de esa idea. Baptista es un enamorado de México, a pesar de que nunca ha estado allí porque teme al avión. Lo sabe casi todo de Juan Rulfo, de Octavio Paz, de algunos exiliados en la tierra de promisión mexicana, de Malcom Lowry -tiene algo del cónsul de Bajo el volcán-, de Chavela Vargas o de Jalisco, y su casa con jardín es la más mexicana de todas las casas portuguesas. En ella rara vez suele escucharse el fado porque le produce una añoranza insoportable, pero sí podría sonar una ranchera tribal de Lila Downs.

            El día que yo conocí a José Agostinho Baptista, visitó el Moncayo, el monasterio de Veruela –donde se alojaron los hermanos Bécquer; Gustavo Adolfo redactó ‘Cartas desde mi celda’, dibujó y soñó amores imposibles; Valeriano realizó dibujos costumbristas, sobre todo-, visitó el castillo de Trasmoz, vinculado a la brujería, y callejeó por Tarazona, donde visitó la Casa del Traductor, donde también ha estado su querido Enrique Vila-Matas. Vila-Matas, que tiene algo de personaje de Baptista, así como este tiene algo de criatura vilamatiana, dijo que sus padres habían venido a pasar su luna de miel al monasterio de Veruela y que podía asegurar casi con total certeza que había sido engendrado entre sus muros. Baptista, con nobleza lusa, rechazó la invitación de acudir a la Casa del Traductor: no soporta hablar en público, ni en una emisora de radio o en un plató de televisión. Sólo de pensarlo se violenta como un perro rabioso. José Agostinho Baptista es un poeta de la lentitud, un poeta de las soledades, un hombre que mira en derredor y atisba el mar y sus naufragios. Dijo que Tarazona es como un misterio ambivalente: "No podría vivir en un lugar tan cerrado, con este peso de callejas y de historia, y a la vez me encantan estos espacios abiertos, tan modernos. Los bares de aquí son los mejores".

            Nadie consiguió que hablase de poesía. Ni de sus autores favoritos, ni de sus traducciones, ni siquiera de su libro de libros, Biografía. José Agostinho es un poeta sigiloso y profundo como un océano secreto. Si se le preguntaba, daba un giro a la conversación, declaraba su pasión por el Boca Juniors de Riquelme y se quedaba tan ancho. En Litago, otro pueblo del Moncayo donde reside su primera editora española, Trinidad Ruiz-Marcellán, vive un fanático de Boca, que le prestó su camiseta: el economista, editor y profesor universitario Marcelo Reyes. Se la puso y a nadie se le habría ocurrido pensar que ese mismo hombre era el autor de Agora e na hora da nossa morte, ese impresionante homenaje de amor y conocimiento al padre que se despide de todos en un hospital  mientras golpean el viento y la espuma.

 

 

*Este texto aparecerá en breve en Portugal, en portugués, en un diccionario de entradas dedicadas a José Agostinho Baptista. Esta foto pertenece a los archivos de la editorial Baile del Sol que acaba de publicar a José.

DEL FOTÓGRAFO MANUEL ARRIBAS

DEL FOTÓGRAFO MANUEL ARRIBAS

El cielo gira y su linterna mágica se esconde tras el telón de la noche negra por el horizonte, que limita esta tierra de Monegros. El sentir  que te envuelve la oscuridad te hace apresurar el paso, para no dejarte envolver en el destierro de lo desconocido, por caminos de destinos inciertos. Pero antes hemos podido contemplar la belleza de un acto, acto final por este día, del balbuceo de la luz agonizante en su propio espectro cromático. Es el ocaso en Los Monegros. Al fondo pequeñas luces, como luciérnagas esparcidas al aire, intentan iluminar la soledad del pequeño caserío.

 

De Manuel Arribas. Fotógrafo de Los Monegros y de otros territorios. El texto es suyo y corresponde a su blog. http://manuelarribas.blogspot.com/.

Ha titulado la obra ‘Anochecer en Monegros’.

EXILIO Y GUERRA CIVIL EN HUESCA

EXILIO Y GUERRA CIVIL EN HUESCA

Vencedores y vencidos:

exilio y dictadura, setenta años después

 

 

España vivió a partir de abril de 1939 la paz de Franco, las consecuencias de la Guerra Civil y de la actuación de quienes la causaron. Atrás había quedado una guerra de casi mil días, que dejó cicatrices duraderas en la sociedad española.

Nuestro país quedó dividido entre vencedores y vencidos. Las mentiras y distorsiones, las memorias de vencedores y vencidos han coexistido en los últimos años con avances sustanciales en los estudios históricos.

En este Congreso se presentan algunas de las mejores investigaciones sobre la historia y la memoria de la dictadura de Franco y sobre su legado en la literatura y en el cine, setenta años después del inicio de aquella larga dictadura.

 

19 de octubre

20.00 h. Conferencia inaugural:

Franco. El gran manipulador.

Paul Preston. Catedrático de Historia Contemporánea

Española.

 

20 de octubre

19.00 h. España en blanco y negro. ¿Hubo alguna vez un cine franquista?

Agustín Sánchez Vidal. Catedrático de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza.

 

20.00 h. Los pasos de una restitución: modernidad y literatura en el franquismo.

Jordi Gracia. Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Barcelona.

 

21 de octubre

19.00 h. La dictadura que duró cuarenta años.

Julián Casanova. Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.

 

20.00 h. Las marcas de la derrota. El exilio del general Vicente Rojo.

José Andrés Rojo Ramírez. Escritor y periodista.

 

22 de octubre

20.00 h. Conferencia de clausura:

Entre el esplendor y la melancolía, memorias del exilio.

Almudena Grandes. Escritora.

 

El 19 de octubre, a las 22.30 h, en el Centro Cultural del Matadero tendrá lugar la representación de la obra Ligeros de equipaje por el Grupo Alboroque Teatro, creación colectiva a partir de testimonios, poemas, canciones y novelas de los exiliados de la Guerra Civil.

 

Dirección: Javier García. Vídeo: Javier Mendiara.

Adaptación y dirección musical: Marta Barrena.

Diseño de iluminación: Teresa Pérez Bambó.

Entrada libre y gratuita.

 

Comité Científico

Julián Casanova, director. José M.ª Azpíroz. José Domingo Dueñas. Agustín Sánchez Vidal.

*Este Congreso, organizado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, otorga dos créditos a sus estudiantes. La foto es de Paul Senn.