Blogia

Antón Castro

AL AMOR DE MERCÈ RODOREDA

AL AMOR DE MERCÈ RODOREDA

 

Hubo un tiempo en que quise ser lector.

Pensaba que antes de escribir había

Que conocer muchos libros, otras palabras,

Viajar de página en página con personajes,

Adentrarse en el universo cincelado de los otros.

Registro los bolsillos de mi memoria

Y el desorden de mis estantes.

Y aquí están los libros de Mercè Rodoreda.

La primera imagen que me viene a la cabeza

Es la de Colometa que mira el cielo

Mientras el mundo se deshace

en el movimiento y la música de una verbena,

en la cambiante luz de un barrio.

Me acerqué a ella a través de “La plaça

Del Diamant”, pero luego fui accediendo

a todos sus libros. Uno tras otro. Los leía

en cualquier sitio: en la piscina, en los buses,

mientras cenaba cuando era cajero de bingo,

en la alta noche, cuando paseaba

a mi azafranado perro Pluto a la sombra

de la torre mudéjar de la Magdalena.

De sus novelas pasé a sus cuentos:

Piezas de una escritura bellísima,

Intimista, casi sincopada, difícil sin duda

En su facilidad y en su aparente espontaneidad,

Vidas de mujeres que exhibían sus temblores,

El calor de su inocencia y el desgarro.

Vidas de mujeres de seda y fuego, mujeres

Indómitas, bravías como el mar,

Vulnerables como el rocío que despierta la mañana.

Acumulé sus libros: uno tras otro,

Sus imágenes. Vi la novela “Aloma”

Por capítulos, interpretada por Marta Angelat.

Vi a Mercè Rodoreda, en reportajes y entrevistas,

 Y me gustaba su voz aguda y a la vez sensual,

Su pasión por las flores, su energía,

Su amor océanico por Armand Obiols.

Elegí, como favorito, el relato “Amor”:

La historia de un hombre que entra

En una mercería para regalarle

Unos calzones a su oronda compañera.

Por entonces nació mi hija, apenas unos meses

Después de la reedición de la novela “Aloma”:

La historia de una adolescente, más bien solitaria

Y ensimismada, que ama a un hombre mayor.

Casi como le sucedió a la propia escritora.

Y decidí, decidimos, a modo de homenaje

A la misteriosa y lírica Mercè Rodoreda,

Que así iba a llamarse la niña: Aloma, Aloma.

 

*El pasado 10 de octubre se cumplía el centenario del nacimiento de Mercè Rodoreda. Nació en 1908 y falleció en 1983. Edhasa acaba de rescatar “Todos los cuentos” y “La plaza del Diamante / La calle de las Camelias”. Esta foto pertenece al archivo de Edhasa y la reproduzco aquí por cortesía de Raquel Reguera, del gabinete de prensa.

RAMIRO FONTE: TRES POEMAS

RAMIRO FONTE: TRES POEMAS

 VITA NUOVA

 

-páxina de diario-

 

Deixar que o solpor morra co seu ritmo

de imposible navío ou de rapaza

e descifre o remate da novela.

 

Beber na noite os seus licores lenes

e brindar cos amigos nesa copa

escura que nos ata á mesma causa.

 

Escribir algún verso que a fortuna me dicte

e nalguna hora acaso como esta,

mollada na lembranza, perseguir

sen pintalos nos lenzos,

certos corpos amados.

 

 

PERSÉGUENOS A MÁSCARA BALEIRA,

O símbolo, columna que se ergue

Como de nós ó deus, ó seu dominio

Quen nos refai no espello vai negando

Cidades ou xardíns, praias ou azas.

Nós conquerimos sedes ou esteiros,

Algún lugar incerto na memoria

No que a chorar estamos longamente,

Facedores de lumes, condeados

A poñer nome ás cousas e deixalas

Neutros ríos do tempo máis inmensas.

Xa sabedor de illas tan feridas

Ó recibi-los ventos na fronteira

Has te-la fronte clara, os ollos grandes.

 

*Dous poemas de As cidades da nada (Colección Esquío). O texto leva a traducción ó castelán de Luis Rodríguez Andrade e Carlos Oroza.

 

UNHA PARELLA DE NAMORADOS

 

Muller non para amar, mais para a morte;

Palidamente enfermos, desta luz de novembro, recibida

Á beira da lagoa, que é fermosa

No declinar da tarde.

Non para o amor, muller, para este rito

Amargue e ledo a un tempo, ceremonia

De bebermos do Hades, ámbolos dous soñando.

Eu son Von Kleist, poeta que dirán

Romántico e prusiano.

E tamén que eran os meus adaxios de Berlín,

Non houbo ser outro que ousara estar comigo

E certa será ela como a sombra das faias.

Non para dar desposta

O clamor do degaro estamos xuntos;

Xa non para sentímo-la sustancia do inverno

Nos nosos corazóns.

E nin sequera, acaso, para outorgar tristura.

 

**De Pensar na tempestade (Sotelo Blanco. Colección Leliadoura, 1986). Prólogo de Arcadio López-Casanova.

***La ilustración corresponde a la fotógrafa sueca Asa Sjöstrom.

RAMIRO FONTE MUERE LEJOS DE VIGO Y DE LISBOA

RAMIRO FONTE MUERE LEJOS DE VIGO Y DE LISBOA

No se puede decir que haya sido un amigo íntimo de Ramiro Fonte (Pontedeume, A Coruña), que fallecía anoche en Barcelona, en el hospital de Bellvitge, donde estaba ingresado desde septiembre. Leo ahora que era una muerte anunciada: no sabía nada, y me apena sinceramente (lo leí primero en Heraldo, luego en El mundo y luego en El país) porque siempre había soñado visitarlo en Lisboa, donde dirígía el Centro Cervantes. Recuerdo el día que me llamó César Antonio Molina para decirme que lo había enviado a Lisboa y a mi doble Antón Castro a Milán. No era amigo íntimo de Ramiro Fonte, pero sí he sido lector suyo desde muy pronto y llegué a conocerlo en una ocasión. Iba con Pepe Cáccamo a un homenaje al poeta de Tempo de Compostela Salvador García-Bodaño. Allí me encontré con muchos amigos y escritores a los que admiro: Miguel Anxo Fernán-Vello, poeta, editor y activista infatigable y amigo entrañable desde hace 20 años; Cesáreo Sánchez-Iglesias, poeta, responsable de la asociación de escritores y experto en patrimonio; Enrique Rabuñal, poeta, narrador y profesor, y también me encontré con alguien que había sido un lejanísimo lector de mis primeros poemas  y consejero en Galicia: Xosé Luis Axeitos, convertido hoy en un sabio de literatura y lengua y experto en Rafael Dieste. Tras la comida, se hizo una pequeña tertulia con estos amigos, a la que se sumó Ramiro Fonte. Me pareció de entrada un hombre muy seguro de sí mismo.

 

Acabamos en su casa con Cáccamo, con Rabuñal y con la mujer de Ramiro. Era una preciosa casa, con bellas vistas hacia Vigo, una casa gobernada por la sensibilidad, el buen gusto, la pasión por el arte y una insobornable vocación por la literatura. Fonte era un poeta de mar y de sinfonías, un poeta a lo largo y a lo ancho, autor de libros como Pasa un segredo, Pensar na tempestade o Adeus, norte, un estupendo narrador en libros como Os leopardos da lúa –título que siempre me ha gustado mucho-. Por entonces acababa de publicar la primera parte de sus memorias de infancia en Pontedeume: Os meus ollos (2003), un proyecto que crecería hasta convertirse en una trilogía: Vidas de infancia.

 

Hablamos de poesía, de poetas, de Galicia, de sus estancias en Vigo, de la bella historia de amor, insistente y lírica, de Eduardo Moreiras y Luz Pozo, hablamos de Cunqueiro, de Dieste, de los años de Ramiro Fonte en Londres, hablamos de fados y de cantantes portuguesas, y juraría que hablamos hasta de jazz. Hablamos muchos de la gozosa experiencia de sus memorias y del eco que habían tenido en su pueblo. Todos sus libros parecían haber sido cuidadosamente elegidos. Él quería ser un poeta en gallego pero un poeta que contase en España: al fin y al cabo, la democracia había traído la fiesta, la pluralidad y la diversidad de matices y de tradición de las lenguas. Escribía en gallego, se había traducido al castellano a sí mismo en alguna ocasión, y poseía un nervio pertinaz de escritor: escritor de todo, en todos los géneros, infatigable, poeta, sin duda, narrador en largo y en corto, memorialista de sus paraísos de la niñez cerca del Eume, ensayista, etc. Y por supuesto formaba parte de esa gran generación de poetas que surgió en Galicia a mediados de los años 80. Era un conocedor de la literatura y de sus alrededores: historias de editores, diferencias entre escritores, pequeñas pullas, encontronazos, anecdotarios de libros… Daba la sensación de saberlo todo, y sus amigos estaban en todas las lenguas, tradiciones y edades. Podría decirse que casi intimidaba. No mostraba interés aparente por ti ni por tus libros, ni por tus años lejos de Galicia, pero sabía cuándo habías publicado el último artículo en “Abc” o de qué iban tus últimos libros.

 

Hubo un momento en que nos enseñó su biblioteca y su despacho. Algunas joyas. Algunas conquistas: primeras ediciones de Lorca o de otros autores. Mimaba los libros, los disfrutaba, sabía muchos poemas de memoria, era un gran lector. O cazador de libros, se tituló una de sus obras que glosaba, en parte al menos, su condición de bibliófilo. Recuerdo que aquel día hice muchas fotos: a él en solitario, con un fondo de árboles en una de las avenidas de Vigo, junto a su mujer, con los amigos, con una elegante copa de vino oscuro y extraordinario que nos sirvió con cariño.

 

Tengo muchos de sus libros: As cidades da nada, Designium, Capitán Inverno… En gallego y su traducción al castellano (cuando las hay). Lo he seguido siempre con respeto y con interés en entrevistas, antologías, en distintos proyectos, en cada una de sus nuevas entregas. Cuando esta mañana he leído que se había muerto recordé aquella tarde de Vigo, primero en el Castro y luego en su casa, me lo imaginé como me lo había imaginado muchas veces leyendo a Faulkner y Kafka y Paul Celan, me lo imaginé en Lisboa paseando con sus fantasmas y con el fantasma de Pessoa y Ofelia, y deseé más que nunca no haber interrumpido un viaje a Lisboa que tenía previsto este verano.

 

*La foto corresponde al archivo de "La voz de Galicia".

  

[O meu admirado editor e escritor Manuel Bragado, o señor de Brétemas (http://bretemas.blogspot.com) recolle a bibliografía máis o menos completa de Ramiro Fonte. Cópioa aquí por se é de interese de alguén. No seu blog hai unha colleita de artículos de despedida ó poeta que viu “a ponte no ceo”. Por certo, o editor de Xerais declarou a El País-Galiza estou tan hermoso: “Fonte era un amigo de lealtad inquebrantable y uno de los grandes, grandes, escritores gallegos universales de todos los tiempos".

 

Ramiro Fonte (Pontedeume, 1957, Barcelona 2008), licenciado en Filosofía e Letras, profesor de Lingua e Literatura Galegas, era director do Instituto Cervantes de Lisboa. Membro correspondente da Real Academia Galega. Poeta, narrador, ensaísta, crítico e estudoso da literatura galega, formou parte dos poetas do Colectivo Cravo Fondo. Como poeta publicou: As cidades da nada (1983); Designium (Xerais 1984), Premio da Crítica e Premio Losada Diéguez de creación; Pensar na tempestade (1986); Pasa un segredo (Xerais 1989), Premio da Crítica Española; As lúas suburbanas (1991); Adeus norte (1991), Premio Esquío; Luz de mediodía (1995); Persoas de amor (1995); O cazador de libros (1997); Mínima moralidade (1999), Premio González Garcés; Capitán inverno (Xerais 1999); A rocha dos proscritos (2001, e Xerais, 2005, edición na que inclúe o libro O pasaxeiro inmóbil), O xardín do Pasatempo (Tambre, 2008) e Reversos (Xerais 2008). A súa obra poética foi antologada nas obras Ámbito dos pasos (1997) e nunha recente edición publicada polo Premio Esquío (2008). Como ensaísta publicou As bandeiras do corsario (1996). Como narrador deuse a coñececer en 1986 co relato «O retornado», Premio Pedrón de Ouro, ao que seguiron, Catro novelas sentimentais (Xerais 1988); As regras do xogo (1990); Aves de paso (Xerais 1990); «Iluminacións danubianas», relato incluído no volume Caderno de viaxe (Xerais 1989); «Razóns para matar a Martíns», incluído no volume O relato breve. Escolma dunha década (1990); Os leopardos da lúa (1993), novela; Soños eternos (1994), relato e a triloxía das novelas «Vidas de infancia» formada por Os meus ollos (Xerais 2003), Premio Losada Diéguez de creación 2004, Os ollos da ponte (Xerais 2004) e As ponte no ceo (Xerais 2007). No pasado mes de xullo recibiu o Premio Porto Magno, outorgado polo Real Coro Toxes e Fores de Ferrol, en recoñecemento a súa traxectoria.]

 

FRANÇOISE SAGAN, VISTA POR EDWARD QUINN

FRANÇOISE SAGAN, VISTA POR EDWARD QUINN

 Así retrató Edward Quinn, el gran fotógrafo del Festival de Cannes, a la joven escritora Françoise Sagan en su Jaguar.

II. MUJERES FOTÓGRAFAS / VICTORIA DIEHL

II. MUJERES FOTÓGRAFAS / VICTORIA DIEHL

VICTORIA DIEHL INAUGURA EL OTOÑO FOTOGRÁFICO EN GALICIA

El Festival PHotogalicia llega este año por primera vez a Vigo y lo hace con una participación muy especial: la exposición de la joven gallega Victoria Diehl (La Coruña, 1978). La muestra inaugura este otoño fotográfico en Galicia y es, además, producción propia de PHotoGalicia. La exposición muestra catorce fotografías de gran formato que repasan su trayectoria y, a la vez, avanzan su nuevo escenario artístico, sus nuevos proyectos. Cuerpos vulnerables (2007), Vida y muerte de las estatuas (2003-2004) y Vanitas (2005) son tres de las series que pueden verse en Vigo y que son buen ejemplo de sus inquietudes e influencias, desde el romanticismo a la escultura clásica. Y es que las imágenes de Diehl nos remiten a las leyendas y los mitos clásicos. Su interés por el cuerpo le conduce a una fotografía en la que el desnudo, preferiblemente femenino, va perdiendo vida y color para semejarse cada vez más a una estatua: la piel se agrieta y la superficie se cuarte como si fuera de piedra. Un trabajo, el de Diehl, que ya habíamos podido ver en la VIII Mostra Unión Fenosa de La Coruña, en el certamen de Fotografía INJUVE 2004, en Madrid o en los Encuentros Internacionales de la Imagen de Braga, Portugal. La galería Bacelos de Vigo también ha mostrado su obra con anterioridad. Para conocer mejor este trabajo, del 6 al 10 de octubre tendrá lugar en la Fundación Caixa Galicia de Vigo un ciclo de conversaciones con la artista.

 

*Tomo esta nota del blog de María G. Molina, Encuentros fotográficos. Siempre me había interesado mucho esta artista nacida en A Coruña, 1978.

 

II. MUJERES FOTÓGRAFAS / MIREIA SENTÍS

II. MUJERES FOTÓGRAFAS / MIREIA SENTÍS

[Estuve el viernes en Madrid, fui por el aire y volví por el viento, directamente de Atocha al Prado y viceversa; poco antes de subir al AVE entré un instante en la librería Central y vi el catálogo de Mireia Sentís. Lo ojeé un instante y me dije: lo compraré en Zaragoza. Luego me encontré con este estupendo artículo de José Andrés Rojo en su blog, sobre su exposición en el Círculo de Bellas Artes, que querría ir a ver. Conocía un poco el trabajo de Mireia, pero este texto me ha sentir una gran curiosidad por su obra. ]

 

El filtro de la mirada

Por José Andrés ROJO

Está el mundo, y están sus ruidos y conflictos, la larga sombra de su historia, las peripecias de sus gentes, la variedad de sus paisajes, las obras que concibieron compositores, pintores  y literatos, los misterios que exploraron los científicos. Y todo lo demás. Al otro lado, los hombres y las mujeres, que están medio mezclados con todo eso; con un pie dentro y otro fuera, como quien dice. Están ahí, tratan de entender, se comunican y celebran sus hallazgos, conforman sus propias interpretaciones de andar por casa, y de vez en cuando sufren (por no decir que lo hacen con frecuencia). Se podría formular una hipótesis y decir que el artista es aquel que de alguna manera agarra todo eso y lo fija en una obra. Como quien deja testimonio de estar viviendo, y de ir pasando por la alegría y el dolor, la duda y la furia, lo que se fue y lo que se va encontrando, lo que se descubre y se inventa. El caso es que Mireia Sentís ha repasado su historia de estos últimos 25 años y exhibe una muy completa antología de sus trabajos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Estuve en la inauguración, así que habrán de perdonarme. De todos los momentos para ver una exposición, el peor es ése. Cuando está lleno de gente y de saludos y de charlas. Así que me subí a un trampolín y salté por encima de todas aquellas cabezas para meterme en las piezas de la artista. Y encontré una extraña cercanía, una vieja familiaridad: como si ahí estuvieran recogidas las huellas de un camino común. Pero no es sólo el camino, o los caminos, no, para nada: es también la mirada o el lugar desde donde se mira o lo que se lleva encima cuando se mira o el tiempo cuando se ha mirado, ya no sé.

Está el mundo, y bla bla bla, y está el artista que agarra, elige, tuerce, añade, fija, transforma, rompe, manipula (y bla bla bla) cuanto acontece. Hay muchas cosas en esta antología de Mireia Sentís, pero yo quisiera concentrarme en lo que ha hecho con la memoria, con el paisaje, con las historias de los lugares y las gentes, y con la relación con el otro.

La memoria está en Claustrofobia, donde ha seleccionado fragmentos del pasado y los ha aislado y los ha vuelto a colocar (uno al lado de otro) tras cortar de manera inquietante el suceso que contaban (quedan las imágenes fotográficas de unas piernas, una falda, parte de un rostro…). Al paisaje lo ha atrapado con el blanco y negro de unos paisajes vacíos, como olvidados y arrinconados, como fuera del curso de las cosas (en Castillos de Castilla) y lo ha celebrado, fijándose en espacios concretos donde los choques de colores son elocuentes y directos, llenos de vida (Haití). A las gentes y a sus peripecias remotas las ha descubierto en las esquinas de las ciudades: hay una imagen que tiene una consistencia abstracta (un trozo de lugar), y al lado la narración de lo que ocurrió allí. Y luego está la mirada al otro en su inmenso collage sobre el mundo afroamericano. Esos trozos, esos vacíos, esa abigarrada mezcla. Todo eso habla de nuestra condición con extrema precisión, y lo hace además con una desvergonzada sencillez.  

*Una de las fotos de Mireia Sentís (Barcelona, 1947).


   

 

MAUPASSANT: LA LUNA, LA PALABRA Y LOS NENÚFARES

MAUPASSANT: LA LUNA, LA PALABRA Y LOS NENÚFARES

Maupassant, recuerda en el pequeño pórtico de su libro, que hizo su viaje en primavera por el Mediterráneo. Dice: “En suma, vi el agua, el sol, las nubes y las rocas –no puedo contar nada más- y simplemente pensé, como se piensa cuando el oleaje nos mece, nos aletarga y nos pasea”. Selecciono otros fragmentos sorprendentes y poéticos:

 

EL HOMBRE Y EL HECHIZO DE LUNA

-1. “El hombre que ama normalmente bajo el sol, adora frenéticamente bajo la luna.

Una mujer joven y encantadora me aseguró un día, ya no recuerdo a cuento de qué, que los golpes de luna son mil veces más peligrosos que los golpes de sol. Caemos presa de ellos, decía, y no nos curamos jamás; nos volvemos locos, no locos furiosos, locos de atar, sino locos de una locura especial, leve y continua; y nunca más pensamos, en nada, como los demás hombres.

Y, en efecto, esta noche he debido recibir un golpe de luna, pues me siento irracional y delirante; y el pequeño pedazo de luna que desciende hacia el mar me emociona, me enternece y me aflige”.

 

LA SEDUCCIÓN DE LA PALABRA

-2. “¿Pero en qué consiste hablar? ¡Misterio! Es el arte de no parecer nunca aburrido, de saberlo decirlo todo de un modo interesante, de complacer con cualquier cosa, de seducir con nada”.

 

ELOGIO DEL NENÚFAR

-3. “Todo el color del mundo, encantador, diverso y embriagador, aparece ante nosotros deliciosamente acabado, admirablemente resplandeciente, infinitamente matizado, en torno a una hoja de nenúfar. Todos los rojos, todos los rosas, todos los amarillos, todos los azules, todos los verdes, todos los violetas están ahí, en un fragmento de agua que nos muestra todo el cielo, el vuelo de los pájaros. Y además, hay otra cosa, no sé quién es, en la marisma, en la puesta de sol. Siento en ella como una revelación confusa de un misterio incognoscible, el aliento original de la vida primitiva que tal vez fue una burbuja de gas salida de un pantano al caer el sol”.

*Claude Monet fue un gran pintor de nenúfares.

GUY DE MAUPASSANT VIAJA EN SU BARCO "BEL AMI"

GUY DE MAUPASSANT VIAJA EN SU BARCO "BEL AMI"

Los fines de semana, y más en fiestas, uno ya no sabe donde están los hijos: si van a volver a dormir, y a qué hora, si duermen fuera o si ya han entrado en casa durante el sueño. Anoche llegaron a las seis, los dos juntos, Diego y Jorge. Oí la ruidosa puerta de hierro y luego sus pasos. Les abrí: parecían relajados, sin demasiado alcohol en el cuerpo. Volví a la cama, y apagué la luz. Pero poco después, como si estuviera desvelado, encendí la lamparilla de noche y elegí un libro, uno de los últimos –por allí andaban, Sylvia Plath, William Maxwell, José Luis Corral, ya he superado las 150 páginas de su “Fulcanelli” pródigo en coitos, las fotos de Jesse Fernández…-: Sobre el agua de Guy de Maupassant, el gran cuentista francés, nacido en 1850 y fallecido en 1893, tras varias tentativas de suicidio. En los años 80 leí con auténtica fruición los cuentos de Maupassant: recuerdo que Alianza publicó hasta cinco o seis volúmenes de relatos con títulos como “Bola de Sebo”, “El Horla” o “Madmoiselle Fifi”, entre otros. Era un escritor de cabecera, como lo fue Horacio Quiroga o Felisberto Hernández, como lo era, noche tras noche, Mercè Rodoreda.

 

Sobre el agua es un libro que ha editado Marbot, cuya editora, entre otros, es la traductora Elisenda Julibert. Y a ella le ha correspondido el honor de traducir este volumen que es un diario de viaje por las costas francesas en su barco “Bel Ami”, de igual título que su novela más famosa. Maupassant habla de todo: conversa con su patrón Bernard, describe el mar y sus furiosos vientos, los celajes, los golfos, las aves, pero pronto hace algo más: acaba convirtiendo el texto en un torrente de reflexiones, de confidencias y de recuerdos sobre hombres y mujeres, sobre pintura (a la que parece negar), sobre flores (le dedica un bello texto al nenúfar, que parece un elogio o una adivinación de los poemas de Juan Ramón Jiménez),  sobre ciudades. Escribe de la diferencia entre poetas y novelistas, de historias más o menos poéticas del sol y la luna que le notó hace algún tiempo una bella mujer. Cuenta historias paradójicas de un condenado a muerte, e incluso habla de animales vinculados a la creación del mundo o a los años del hombre sobre la tierra.

 

Bajo el agua es un libro improvisado al dictado de los estados de ánimo y del silbo de los vientos. Es un libro que tiene algo de barco: el autor, como un capitán indómito, nos lleva de aquí para allá, se desnuda, recuerda, hace inventario de mil cosas en un texto jugoso, ameno, extraño en ocasiones (a menudo uno se pregunta: ¿Cómo ha llegado hasta aquí para hablarme de esto el marino que avanza hacia las desérticas playas de Agay?), pero delicioso, que está impregnado del olor de las marismas, de la soledad de altamar y de la pasión de contar y contar hasta el fin de la noche. En un casino de juegos, cuando inicia el adiós de su libro, puede encontrar “a la joven de la bahía de Agay, la dulce enamorada del bosque soleado y del dulce claro de luna”. Como suele ocurrir en un naturalista tan particular como Maupassant, siempre hay lugar para la fantasía y las turbadoras presencias del trasmundo.

 

Selecciono aquí algunos fragmentos:

 

-1. “La mujer que se siente presa del gusto estrafalario de tener en su casa a un literato, como quien tiene a un loro cuya cháchara atrae a los porteros vecinos, puede escoger entre los poetas y los novelistas. Los poetas tienen más de ideal y los novelistas más de imprevisible. Los poetas son más sentimentales, los novelistas más positivos. Es un asunto de gusto y de temperamento. El poeta tiene más encanto íntimo y el novelista suele tener más espíritu. Pero el novelista presenta peligros que no tiene el poeta, pues el primero corroe, saque y explota todo lo que se presenta ante sus ojos. (…) Su ojo es como una bomba que lo absorbe todo, como la mano de un ladrón siempre dispuesta. Nada se le escapa; recolecta y colecciona sin tregua; recolecta los movimientos, los gestos, las intenciones, todo lo que transcurre y ocurre ante él; colecciona las menores palabras, los menores actos, las menores cosas. Almacena desde la mañana hasta la noche observaciones de cualquier naturaleza…”

Sobre el agua. Guy de Maupassant. Traducción de Elisenda Julibert. Marbot ediciones: Colección Tierra de nadie. Barcelona, 2008, 182 páginas. Incluye los mapas de la travesía. La fotografía del escritor es de Félix Nadar.