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Antón Castro

JESÚS MARCHAMALO RETRATA A ISIDRO FERRER Y A NERUDA

JESÚS MARCHAMALO RETRATA A ISIDRO FERRER Y A NERUDA

[El jueves se inaugura en Caja Madrid una exposición de las ilustraciones de Isidro Ferrer para el Libro de las preguntas de Pablo Neruda, que publicó Media Vaca, dirigida por ese inmenso lector y editor y buscador que es Vicente Ferrer. El periodista y escritor Jesús Marchamalo, experto en vidas de escritores, en bibliotecas y en retratos de autor, firma uno de los textos del catálogo. Isidro Ferrer, con su gentileza habitual, me envía el artículo. Jesús Marchamalo es un estupendo escritor y colabora a menudo con pintores e ilustradores. Acudirá el jueves por la mañana a la rueda de prensa.]

 

La nariz de Neruda

Jesús Marchamalo

 

 

 

I. A Neruda le encantaban las casas. Vivió en decenas de ellas, aquí y allá, cerca y lejos, y a todas les puso nombre: La Sebastiana, La Chascona,  la Casa de las Flores se llamaba ésa en la que vivió, en el Madrid de los milicianos, monos y correajes, que resultó bombardeada durante la Guerra Civil, y donde perdió libros y papeles y recuerdos y fotos. Le encantaban las casas, y llenarlas de objetos singulares; la de Isla Negra, allí, al borde del mar, como un vigía, repleta de caracolas, cartas marinas, mascarones, pisapapeles, trozos de madera rascados de salitre y esqueletos de animales arrastrados hasta la playa por la marea. Recieza, se llama. Esa línea en la arena, oscura, de algas apagadas, lacias, moluscos y exvotos laicos: cristales pulidos, pedazos de cabos, redes, y un día una tabla enorme, una pieza de un barco, o lo que fuera, que se llevó a su casa, y con la que se hizo un escritorio.

Ahí se sentaba a escribir. Con su letra enorme, verde, siempre, mirando al mar y fumando en pipa. Con una gorra de capitán, a veces, o de chulapo, y su cara, con perdón, de patata.

 

Antiguamente había una empalizada en Isla Negra que flanqueaba el paso desde la carretera. Hay decenas de fotos suyas, allí, con sus amigos, y con Matilde Urrutia, la bella Matilde de pelo negro y ojos de fuego.

 

A aquel escenario exótico, casi de guardarropía, de gabinete de curiosidades, de bazar o de vieja cacharrería de barrio viajó Isidro Ferrer hace tiempo.   

Y de allí cogió piedras, según impone la costumbre. De recuerdo.

 

 

II. Isidro leyó, hace años, a Italo Calvino, el Libro de arena. Desde entonces siempre que va a una ciudad recoge piedras del pavimento que luego, cuando regresa a casa, limpia y etiqueta como un científico chiflado: escribe el lugar del que provienen, y la fecha del viaje. Tiene piedras de Lisboa, Tegucigalpa, Berlín, Venecia, París, Oporto, Santiago de Chile, Buenos Aires… Piedras blancas, terrosas, planas, punzantes, bastas, talladas y redondas, a veces, que forman un secreto empedrado, un mapa, y más que un mapa una senda que se puede seguir, como el pan desmigajado de Pulgarcito.

También tiene la costumbre de fotografiar, por la mañana, deshechas –las sábanas revueltas, la almohada con el hueco de la cara- las camas en las que ha dormido cuando está fuera de casa: habitaciones de hotel, de pensiones y hostales, de aquí y allá, cercanos y lejanos, casas de amigos, cuartos en los que se despierta de prestado.

 

Como a Neruda, a Isidro le gusta recolectar objetos, acumular tornillos y herrajes oxidados, trozos de madera, pedazos de alambre, cajas de lata, una jaula, el trozo de una rama. Los objetos, al menos algunos de ellos -es cuestión de mirar-, conservan una remota condición humana, guardan el tacto de las manos por las que han pasado, la experiencia indecible de haber sido tocados –dice- ,rozados, acariciados.

En sentido literal, manoseados.  

 

Y es capaz, después, de encontrar en ellos la metáfora, la paradoja, el significado oculto o evidente: una percha es un perro, es una garza, un tren. Una esponja es la luna, o un pedazo de pan.

 

 

III. Hay una historia de Paul Auster, que tal vez se titule El palacio de la luna. Digo tal vez porque siempre he tenido mala memoria para los títulos, y una dificultad ordinaria para, no sólo recordarlos, sus palabras exactas,  sino para asociarlos a aquello que titulan. En todo caso, cuenta Auster la historia de alguien que hereda una habitación llena de libros, y cómo, a falta de muebles, los construye con ellos: butacas de libros, estantes, mesas, sillas de libros.

Isidro nunca ha tenido casa propia. Así que durante años ha tenido los cuadros por el suelo, en ese mundo sin cartografiar, cerca del rodapié, que no es de los caseros, ni de los inquilinos. Nunca una escarpia, ni una lámpara colgando del techo, ni un sombrero en la percha de entrada. O hasta hace poco. Todo su mundo ha tenido desde siempre esa impronta de provisionalidad, de desembalaje, de decorado a medio terminar del que los carpinteros han tenido que salir, para comer, y al que deben regresar a media tarde.   

 

Isidro Ferrer tiene una casa, y un estudio. Probablemente, un perro, le pega pero no lo sé. Su estudio, amplio, diáfano, luminoso, en forma de L, ocupa lo que antiguamente fue el local de una tintorería.  

 

Siempre me ha interesado, de los artistas, saber cómo es el lugar donde trabajan. El sitio donde se realizan los prodigios: esa trastienda apenas percibida, de tijeras, papel, cinta y pinceles, salpicada de olores untuosos: a pegamento, pintura, trementina. En ese estudio en L tiene tres espacios. Una zona de dibujo con botes (uno de cola blanca), reglas, pinceles, un lápiz azul y otro rojo; un taller, con mesa de carpintero, y en la pared herramientas de nombres sonoros y misteriosos: gubias, punzones, sacabocados, limas; y un tercer espacio donde hay una mesa que él llama tecnológica, con un ordenador, impresora, escáner, y cámara de fotos.

Paredes blancas. Y suelo oscuro.

 

Hay una foto en el Libro de las preguntas en que los dos están allí, en el estudio, sentados en un sofá. Neruda, unas enormes piernas de madera, las manos enlazadas, mirando de reojo. Isidro, zapatos de cordones, camiseta de rayas, las manos apoyadas en las piernas.  

Neruda tiene una enorme nariz de madera sobre la suya propia. E Isidro, una casa que le cubre la cabeza. Podría decirse que se trata de un empate.  

 

 

IV. Neruda siempre dijo que quería ser un poeta gordo. “¡Quiero ser un poeta gordo, gordo como Balzac!”, decía. “¡Y no flaco, como los románticos. Flaco como Becquer!” Se cuenta de él que una vez, en París, gordo y panzón, retó a Alberti a ver cuál de los dos lo era más.

Y ante el escaparate de una librería de viejo donde se mostraban las obras completas de Victor Hugo, Neruda, de perfil, pegado al cristal, señaló cómo su tripa llegaba hasta Los miserables, mediado incluso el tomo, mientras que la del Alberti sólo lo hacía hasta Los trabajadores del mar. Había ganado.

 

Durante una larga época, al final de su vida, el viejo poeta, gordo por voluntad poética, se levantaba cada mañana, aquí y allá, en lugares cercanos y lejanos, y anotaba las preguntas que se le iban ocurriendo, ¿La rosa está desnuda o sólo tiene ese vestido?, decía un día en voz alta, en una cafetería, o lo escribía, en verde, como siempre, en libretas, cuartillas, cuadernos, folios, billetes de autobús y papeles diversos de envolver. ¿Por qué el sol es tan simpático en el jardín del hospital?, se preguntaba. O ¿El 4 es 4 para todos, son todos los sietes iguales?

 

V. Isidro acostumbra a trabajar con ideas que va plasmando en libretas o cuadernos, en papeles y folios sobre los que dibuja, y recorta o pega: notas, bocetos, esbozos, collages, pequeños apuntes. Una garza, una casita blanca, una calavera. En todas esas imágenes que pueden ahora contemplarse en esta exposición descubrimos el germen, el destello, el guiño del que surgieron las del libro: una mano de alambre, un pájaro de mimbre posado en el alero de una ventana, una sirena sobre una carta manuscrita, un perro que ladra a las hojas caídas, escritas, y una escalera que conduce a la luna, por la que sube un sonriente Neruda.

 

Porque es Neruda siempre -Neruda con chistera, Neruda boca abajo, Neruda leyendo, o dormido- quien nos va a acompañando por el libro, también por la exposición, como un diligente maestro de ceremonias. Neruda riéndose, Neruda mirando, Neruda con un guacamayo en la cabeza, Bailando con un perro, o con un esqueleto, dormido en un ancla, cargado con una mochila, como un excursionista; Neruda en un tren que expulsa por la chimenea nubes tejidas a ganchillo. Neruda y su mundo, cartas, ciudades, botellas, mar.

 

Las imágenes de Isidro Ferrer, al final, no responden preguntas sino que formulan otras. ¿Por qué me preguntan las olas lo mismo que yo les pregunto?, por ejemplo. Y hay una doble lectura, posible o sugerida, de versos que preguntan, y fotos –en blanco y negro- que preguntan también, como las olas.

Le propongo a Isidro que elija una. Y me señala ésa en la que hay una casa, blanca, con tejado y chimenea, prisionera dentro de una jaula. Y digo prisionera porque la casa tiene la puerta abierta, pero la jaula está cerrada, y hay un pájaro encima, fuera, con un gesto que resulta indescifrable.

Me fijo en que la sombra de la jaula, los barrotes borrosos, se cruzan con al final con los reales.  

 

Pienso, de repente, que el suyo, Neruda e Isidro, Isidro y Neruda, tal vez aquí o allá, más lejos o más cerca, era un encuentro, al fin, inevitable. Un hallazgo de pájaros y hojas, e iniciales que crecen como brotes, árboles, ramas, nidos, un globo, un laberinto… Neruda, unas enormes piernas de madera, las manos enlazadas, mirando de reojo. Isidro, zapatos de cordones, camiseta de rayas. Y una casita blanca en la cabeza.

 

Y para terminar, una pregunta –parece necesario tratándose del libro que se trata-: ¿Por qué Neruda siempre sale con la nariz tapada? ¿Por qué a veces, incluso, con su propia nariz?

 

"SITIOS SARAGOSSE": UN PREESTRENO DE MARIANO ANÓS

"SITIOS SARAGOSSE": UN PREESTRENO DE MARIANO ANÓS

LA FUNDACIÓN ZARAGOZA 2008 Y EMBOCADURA PRESENTAN ‘SITIOS, SARAGOSSE’, ESPECTÁCULO TEATRAL A PARTIR DE TEXTOS DE MARIANO ANÓS

 

El Palacio de Congresos de la Expo 2008 de Zaragoza acogerá hoy y mañana el preestreno de esta obra, que se representará del 17 al 21 de septiembre en el Teatro Principal de Zaragoza

 

El Palacio de Congresos de la Expo 2008 de Zaragoza será escenario hoy y mañana (a las 20,30 horas) del preestreno de SITIOS, Saragosse, un espectáculo que reúne teatro, danza y música, partiendo del texto original de Mariano Anós.

 

Su puesta en escena se concreta en función del interés inicial que suscita esta idea en la Fundación Zaragoza 2008 del Ayuntamiento de Zaragoza, principal promotor de la propuesta a la que se suman los apoyos del Gobierno de Aragón, Caja Duero y el Centro Dramático de Aragón.

 

Después de estas dos representaciones ofrecidas por la Expo dentro de la programación teatral del Palacio de Congresos se llevará a cabo el estreno oficial y la temporada de exhibición del espectáculo en el Teatro Principal de Zaragoza a partir del 17 de septiembre dentro de las actividades organizadas por la Fundación Zaragoza 2008 alrededor del bicentenario de los Sitios de Zaragoza.

 

La producción de SITIOS, Saragosse supone un paso más en la trayectoria emprendida por Embocadura, en la dirección de facilitar la colaboración en proyectos artísticos de destacados profesionales de las artes escénicas en Aragón: Mariano Anós en la dirección, la música original de José Luis Romeo -compositor de la banda sonora del espectáculo del Iceberg de la Expo- la coreografía de Victor Orive, la escenografía de Pepe Melero, la iluminación de Javier Anós y José Ramón Bergua.

 

La elección del reparto, formado también íntegramente por actrices y actores aragoneses con una larga trayectoria de trabajo, es también una apuesta decidida por ayudar a consolidar la profesión teatral aragonesa.

 

Embocadura, empresa de servicios culturales con un amplio campo de actividad del que forma parte la producción de espectáculos ya ha venido desarrollando desde hace años una fructífera colaboración en el terreno de la producción con otras empresas aragonesas: Con Ciudad Interior en el estreno de “Acreedores” de Strindberg y con Teatro Arbolé en los estrenos de “El viejo y el mar”, “Alguien va  a venir”, “Archipiélago” y “Travesía”.

 

 

 

"PAPI": TRADUCCIÓN DE UN POEMA DE SYLVIA PLATH

"PAPI": TRADUCCIÓN DE UN POEMA DE SYLVIA PLATH

[Bartleby Ediciones, de Pepo Paz, está a punto de publicar la Poesía Completa de Sylvia Plath, la primera vez que se traduce en el ámbito hispanohablante y la segunda en todo el mundo. El poeta Xoán Abeleira es el encargado de la traducción. Desde A Coruña nos envía este poema, “Daddy”, con una ilustración suya.]

 

PAPI

 

 

Tú ya no, tú ya no

Me sirves, zapato negro

En el que viví treinta años

Como un pie, mísera y blancuzca,

Casi sin atreverme ni a chistar ni a mistar.

 

Papi, tenía que matarte pero

Moriste antes de que me diera tiempo.

Saco lleno de Dios, pesado como el mármol,

Estatua siniestra, espectral, con un dedo del pie gris,

Tan grande como una foca de Frisco,

 

Y una cabeza en el insólito Atlántico

Donde el verde vaina se derrama sobre el azul,

En medio de las aguas de la hermosa Nauset.

Yo solía rezar para recuperarte.

Ach, du.

 

En tu lengua alemana, en tu ciudad polaca

Aplastada por el rodillo

De guerras y más guerras.

Aunque el nombre de esa ciudad es de lo más corriente.

Un amigo mío, polaco,

 

Afirma que hay una o dos docenas.

Por eso yo jamás podía decir dónde habías

Plantado el pie, dónde estaban tus raíces.

Ni siquiera podía hablar contigo.

La lengua se me pegaba a la boca.

 

Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.

Ich, ich, ich, ich,

Apenas podía hablar.

Te veía en cualquier alemán.

Y ese lenguaje tuyo, tan obsceno.

 

Una locomotora, una locomotora

Silbando, llevándome lejos, como a una judía.

Una judía camino de Dachau, Auschwitz, Belsen.

Empecé a hablar como una judía.

Incluso creo que podría ser judía.

 

Las nieves del Tirol, la cerveza rubia de Viena

No son tan puras ni tan auténticas.

Yo, con mi ascendencia gitana, con mi mal hado

Y mi baraja del Tarot, y mi baraja del Tarot,

Bien podría ser algo judía.

 

Siempre te tuve miedo: a ti, a ti

Con tu Luftwaffe, con tu pomposa germanía,

Con tu pulcro bigote y esa

Mirada aria, azul centelleante.

Hombre-pánzer, hombre-pánzer, Ah tú…

 

No eras Dios sino una esvástica

Tan negra que ningún cielo podía despejarla.

Toda mujer adora a un fascista,

La bota en la cara, el bruto

Bruto corazón de un bruto como tú.

 

Mira, papi, aquí estás delante del encerado,

En esta foto tuya que conservo,

Con un hoyuelo en el mentón en lugar de en el pie,

Mas sin dejar por eso de ser un demonio,

El hombre de negro que partió

 

De un bocado mi lindo y rojo corazón.

Yo tenía diez años cuando te enterraron.

A los veinte intenté suicidarme

Para volver, volver a ti.

Creía que hasta los huesos lo harían.

 

Pero me sacaron del saco

Y me amañaron con cola.

Y entonces supe lo que tenía que hacer.

Creé una copia tuya,

Un hombre de negro, tipo Meinkampf,

 

Amante del tormento y la tortura.

Y dije sí, sí quiero.

Pero, papi, esto se acabó. He desconectado

El teléfono negro de raíz, las voces

Ya no pueden reptar por él.

 

Si ya había matado a un hombre, ahora son dos:

El vampiro que afirmaba ser tú

Y que me chupó la sangre durante un año,

Siete años, en realidad, para que lo sepas.

Así que ya puedes volver a tumbarte, papi.

 

Hay una estaca clavada en tu grueso y negro

Corazón, pues la gente de la aldea jamás te quiso.

Por eso bailan ahora, y patean sobre ti.

Porque siempre supieron que eras tú, papi,

Papi, cabrón, al fin te rematé.

 

 

12 de octubre de 1962

Traducción de Xoán Abeleira

 

CARTIER & SARRÍA: UNA INSTANTÁNEA Y UN POEMA

CARTIER & SARRÍA: UNA INSTANTÁNEA Y UN POEMA

[Fernando Sarría, el poeta que alimenta varios blogs de poesía y música y fotografía, sigue escribiendo poemarios. Tras su primera publicación, El error de las hormigas (Eclipsados, 2008), ha iniciado una nueva línea, y este texto es una muestra de su apuesta por la contención y la búsqueda de nuevas imágenes.]

 

 

Cauro viento.

El ángaro se enaltece en tu prolijo impulso.

 

Febril noche donde tus labios se reposan.

Visito tus silencios, tu hábitat nevado.

 

Vasija a vasija, el barro se recreó en mí.

Yo nunca fui de bronce.

El hierro me oxidó como a los barcos la humedad del tiempo.

 

En tu saliva hay viejas historias.

Tus labios nunca mienten cuando me arrastran lejos.

 

Eres un viaje cercando una bahía.

Protejo el borde extremo de mi deseo.

Dársena donde las brújulas se sinceran

y duermen en las manos de Ulises.

 

Amar es respirarte.

Un hábito de luces cubre mi rostro.

Soy un astro sin luz cuando te alejas.

 

Las drizas cabalgan.

Los mástiles se conmueven y te nombran.

Al oeste el sol es un ser habitado por la calima.

Sabara derramada en los pliegues del horizonte.

 

Gaviotas azules remontan el cielo.

Duermen en el viento.

Cantan su dolor de sangre.

 

Ahora soy el faro.

¿Acaso no llega a ti el calor de mi mano?

 

 

 

Una de las fotos más veraniegas y voluptuosas de Henri Cartier-Bresson. La tomó en Italia.

FOTOBIOGRAFÍA DE XOSÉ MARÍA ÁLVAREZ BLÁZQUEZ

FOTOBIOGRAFÍA DE XOSÉ MARÍA ÁLVAREZ BLÁZQUEZ

En ese viaje urgente a Galicia no tuve tiempo ni de visitar la muestra de Paul Strand. No quería regresar sin un ejemplar de la Fotobiografía de Xosé María Álvarez Blázquez que publicó Xerais, el poeta y polígrafo a quien se le dedicó el Día das Letras Galegas de 2008. Desde muy joven he sido seguidor de Álvarez Blázquez: lector de sus poemas, de sus monografías de poesía, de sus textos sobre Vigo, y he sido un admirador de los libros que publicaba en Monterrey y, sobre todo, en Castrelos, que ha sido con Galaxia, la editorial de mi juventud. Conservo sus libros como oro en paño: los leo, los repaso, y con ellos repaso mi vida, mis lecturas en gallego, aquellos días lejanos en los que soñaba en escribir en gallego, y lo hacía, secretamente, en cuadernos, en folios, en un ático de la calle Las Armas 138.

 

El libro es estupendo. Quizá las fotos no sean tan buenas como las de otros, pero se percibe el universo de Álvarez Blázquez: su relación con Galicia y el mar, su interés por la poesía medieval, sus juegos literarios (publicó Cancionero de Monfero como si fuese un libro perdido de los trovadores galaico-portugueses, aquellos primorosos poetas a los que quizá no conozca George Steiner; publicó Roseira do teu mencer, en homenaje a su hija Colorín, publicó su obra maestra probablemente: Canle segredo), su curiosidad intelectual, su compromiso con la izquierda, la carga literaria de la estirpe, la relación con sus hermanos, sus historia de amor y complicidad con María Luisa Cáccamo, de ascendencia italiana y tan bella y elegante… Álvarez Blázquez, curiosamente, publicó en 1943 una pequeña novela policíaca en Zaragoza: El crimen de la Isla Verde, que apareció en la revista Letras, 1941.

 

Algunos años después, entraba ya o en la librería Hesperia de la plaza de Los Sitios y descubría allí una sección de libros en gallego: eran de Castrelos en su mayor parte. Iba casi todas las semanas y los compraba poco a poco. Al cabo de un par de meses, aquella sección menguó notablemente.

 

Los pies de fotos, ampliamente comentados, casi la novela visual de una vida, son de Alfonso Álvarez Cáccamo, y hay dos textos complementarios, uno de Xosé María Álvarez Cáccamo (el excelente poeta Pepe Cáccamo, también escritor de bellos relatos infantiles, editado entre nosotros por Olifante), y otro de Darío Xohán Cabana, poeta, traductor, narrador y colaborador de Álvarez Blázquez, que es el padrino de su hija Alexandra.

ANTONIO GAMONEDA: UNA ENTREVISTA

ANTONIO GAMONEDA: UNA ENTREVISTA

Entrevista. Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) es uno de los grandes poetas españoles del último cuarto de siglo. Autor de libros como “Blues castellano”, “Descripción de la mentira,” o “Libro del frío”, su obra tiene algo de mística de la materia y de alegoría sobre el drama de la vida y el placer de la búsqueda. Recibió el premio Cervantes en 2006.

 

“Soy un proletario que escribe poemas”

 

“El poeta es impúdico y debe serlo”

 

“La poesía puede ser una liberación

satisfactoria y una forma de placer”

 

 

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha estado hace unos días en Zaragoza, invitado por el Pabellón de España. En la Tribuna del Agua leyó un conmovedor, “Ha de llover”, una pieza épica sobre el silencio, el olvido, la represión y la necesidad de defender la memoria histórica. Antonio Gamoneda cosechó el premio Reina Sofía en 2005 y el Premio Cervantes en 2006.

Usted aprendió a leer en un libro de poemas, “Otra más alta vida”, que firmaba Antonio Gamoneda, su propio padre.

Este libro es significativo de otra cosa: es significativo, precisamente, de que en aquellos meses yo, con los cinco años cumplidos, quería aprender a leer y no se podía porque el ejército se había sublevado contra la II República y estábamos ya plenamente en la Guerra Civil. Las escuelas no se abrían así como así. Hubo una muy fuerte expulsión de maestros. Entonces, este libro, datado en 1917, que podía tener la entidad significativa, incluso afortunada y hermosa de que yo aprendiese a leer con un libro de poemas de mi padre, lleva consigo la otra significación: el contexto histórico era bastante duro; sino no hubiera aprendido a leer con este libro, que era el único que teníamos en casa, aunque mi padre en su biblioteca perdida tenía ejemplares dedicados por Valle –Inclán, Unamuno, Azorín...

¿Conoció a su padre, periodista y poeta modernista?

Yo creo que no tenía un año cumplido cuando se murió en 1932 y mi madre me contaba que yo los reconocía, pero eso no quiere decir que a esa edad eso pueda generar memoria. Mi padre era periodista, y director y administrador de un diario. Lo que me contaba mi madre de él estaba rodeado por el amor que le conservó incluso cuando ella estaba ya en plena senilidad. Emigramos a León por el asma de mi madre.

Pero, ¿su padre era como un fantasma para usted?

No, un fantasma, no. Pero, por una especie de paradoja expresiva, era una ausencia que estaba constantemente presente. Mi padre había muerto, pero ese ausente que era mi padre, la misma actitud hacia mí de mi madre, creaba una presencia constante, lo que podríamos llamar presencia de la ausencia.

El hecho de que el libro se llame “Otra más alta vida”, ¿puede entenderse como una definición de la poesía?

Yo pienso que este título hay que leerlo en términos dialécticos. Hay que leer no su contrario pero sí la referencia oculta pero real del título. Si hay una aspiración a otra más alta vida, se trata y sucede porque hay un disgusto, una disconformidad con la vida que se tiene para todos los días y para todos los seres humanos sobre la Tierra.

¿Cómo evolucionaba ese joven que desarrollaba su educación sentimental paralelamente a la del poeta autodidacta?

Esto nos llevaría a una síntesis biográfica un poco complicada. Permítame una pregunta: ¿por qué al día siguiente de cumplir catorce años yo estoy encendiendo a las cinco de la mañana con carbón la caldera del banco Mercantil? El pequeño patrimonio que pudiera tener mi madre en Asturias había desaparecido y teníamos unas circunstancias duras de vida, muy duras. Ahora respondo: yo estaba encendiendo aquella caldera a las cinco de la mañana porque había tenido que salir huyendo de un colegio religioso donde se practicaba la pedofilia con frecuencia y mal gusto. Desaparecí del colegio y le planteé a mi madre la alternativa de que yo quería trabajar; no tenía la edad, pero la tuve al cabo de unos pocos meses y se dio la circunstancia de que ése fue mi primer trabajo…

Un trabajo de recadero, de botones, de chico para todo, ¿no?

Sí, sí, pero con la particularidad de que yo tenía dos jornadas a los catorce años: una, de botones, de recadero, no muy propia de un chiquillo; pero luego tenía también la ya inexistente condición laboral de meritorio. Se trataba de hacer méritos para ir trascendiendo. Entonces era cuando empezaba mi segunda jornada y yo empezaba a las cinco de la mañana y terminaba a las ocho de la tarde, con un rato para comer. Esa experiencia no me ha dejado amargura. Creo que me ha dejado una comprensión de la vida que no hubiera tenido si yo hubiera sido hijo de un papá afortunado.

Su poesía inicial, por ejemplo “Blues castellano”, incluso “Descripción de la mentira”, sajados por la censura, comprende libros donde asume su lugar en el mundo, su clase social, y donde denuncia la represión, la violencia, el olvido ¿Está de acuerdo?

Seguramente es en esos pocos libros donde se hace más evidente todo eso, pero creo que no ha desaparecido de mi escritura el hecho de que yo sea, por decirlo así, con una palabra que ya no usa nadie, un proletario. Soy un proletario que se da la circunstancia de que escribe poemas. En todo caso, tengo que reconocer, me guste o no me guste, que mi materialismo es un tanto visionario. Y esa circunstancia preside gran parte de mi escritura porque mi escritura es constante y únicamente autobiográfica.

En sus libros siempre me ha impresionado esa idea pertinaz del frío, del invierno, del paisaje desolado, algo que se refleja en uno de sus poemarios más estremecedores que es el “Libro del frío”. El frío y la nieve, más que el agua, como emblema de la muerte.

Yo vivo en una localidad y en una provincia fría y, por tanto, como circunstancia, como componente del mundo sensible que me rodea, la nieve tiene una presencia fuerte en León; por tanto, no es extraño que si, como decía antes, mi escritura es fundamentalmente o quizá únicamente autobiográfica, ese contexto natural te viene dado también por la nieve. Y a la nieve le ocurre lo mismo que al agua (escribí por entonces uno de mis poemas más físicos, “Siento el agua”) porque a fin de cuentas es agua en estado sólido con unas virtudes visuales y de otros órdenes característicos. Y aparece la proyección simbólica de la nieve, el entendimiento de la nieve como el frío preambular de la muerte.

Otro detalle sorprendente, vinculado al paisaje: da la impresión de que su poesía nace del paseo, de la contemplación, casi de la “andadura”, como dice usted.

Esto es muy frecuente, por ejemplo, en Claudio Rodríguez, creo que escribió prácticamente su obra andando, y yo, también. La andadura, y hasta podría decir por qué, es la creación de una circunstancia en la cual tu pensamiento puede dar ese pensamiento poético. Lo que pasa es que ahora tengo problemas de osamenta que no me dejan andar todo lo que quisiera y tengo que aprender a andar más bien sentado. Es muy importante sobre todo para el poeta porque el paso crea una rítmica. La rítmica del paso se incorpora a la sensibilidad del poeta y de alguna manera termina estando presente en la escritura también.

¿En qué medida la poesía ha sido para usted adivinación, presagio?

Paul Valéry decía que el primer verso nos lo regalan los dioses. Es una manera irónica e inteligente de decir que el primer verso, y seguramente todos los que le siguen, es ajeno a cualquier proyecto, a la premeditación, a un diseño. El primer verso, y la poesía, es una especie de aparición. Aparece en ti. El pensamiento no es otra cosa que lenguaje, lenguaje íntimo, lenguaje interior. De repente en tu pensamiento aparecen palabras que están dotadas de una rítmica, es muy posible que sea ya la iniciación del poema.

Dice que su poesía es autobiográfica. ¿Se siente impúdico cuando hace poemas?

Si mi escritura no es una emanación de mi vida, no me interesa. Y si es una emanación de la vida tiene que serlo hasta el punto de no encubrir, no ocultar. Por naturaleza y casi por obligación, el poeta es impúdico y debe ser impúdico. La principal utilidad de la poesía consiste en que puede convertirse en una liberación satisfactoria, en una forma de placer. De esto mismo hablan Giaccomo Leopardi y otros poetas grandes.

¡Quién lo diría: Gamoneda aboga por el placer! Parece usted siempre tan serio, tan grave, tan taciturno.

No se crea. Recibo bastantes cartas de gente joven y hasta muy joven que me dicen que mi escritura les ha proporcionado una, no dicen una satisfacción, dicen algo así como una iluminación, una conformidad con la vida finalmente, y yo no sé qué. La poesía no necesita explicaciones, incluso no le convienen. El poema en sus contenidos más o menos comprensibles puede estar cargado de amargura, pero finalmente se configura como una pieza cuya lectura proporciona placer. Un poema desolador es el de Jorge Manrique, “Coplas a la muerte de su padre”; cuando lo lees, lo haces buscando algún tipo de placer. Esto no es exclusivo de la poesía.

La primera recopilación de su lírica, en el año 88, en el volumen “Edad” pareció concentrar el foco nacional en su escritura. Pasaba de ser un poeta de provincia…

Alto, alto. Era y sigo siendo un poeta de provincia y a mucha honra. Mi hábito y mi manera de ser consiste en ser un provinciano, y el mejor poeta de mi barrio.

Desde la publicación de “Edad”, la antología de una revelación, por decirlo así, han pasado muchas cosas. Publicó el “Libro de los venenos”…

Sí, sí, claro. Estudié el “Dioscórides” y la obra de Andrés Laguna, que era un escritor excepcional. Una maravilla.

… publicó “Arden las pérdidas” y ha ganado el Premio Reina Sofía en 2005 y el Premio Cervantes en el año 2006. ¿Cómo lo ha vivido?

Sin duda, los premios me han proporcionado satisfacción, si no me la proporcionasen los hubiera rechazado. Me han producido satisfacción, agradecimiento, pero simultáneamente la conciencia de que el día que me daban ese premio mi poesía no era mejor que el día anterior. He tenido que pagar una pequeña factura que consiste en que llevo año y medio sin casi escribir porque viajo constantemente y estoy muy fatigado, pero no todo va a ser bueno y además gratis. Vengo a la Expo encantado: me siento un poeta del agua, en el agua y con el agua, por decirlo de algún modo. Con los galardones, hay que pagar la factura. Y lo hago con mucho gusto.

 

*Una parte muy extensa de esta entrevista apareció en Heraldo de Aragón hace tres semanas.

LE CORBUSIER, EN EL BURDEL Y EN EL ESTUDIO

LE CORBUSIER, EN EL BURDEL Y EN EL ESTUDIO

Phaidon publica una inmensa biografía de Le Corbusier, el gran arquitecto que tomó en brazos a Fernando García Mercadal, donde refiere, entre otras cosas, que era cliente asiduo de los burdeles parisinos donde dibujaba en su cuaderno escenas sexuales de mujeres que se masturbaban. A veces, pintaba así, desnudo, con esa inmensa cicatriz, en la Costa Azul.

DIEGO HE: UN FOTÓGRAFO EN TERUEL

DIEGO HE: UN FOTÓGRAFO EN TERUEL

Salté  un océano que apenas conozco y un continente desconocido.

Viajé sobre el silencio de la música lejana y el asfalto de la primera autopista, paralelo siempre a la brisa

de tus dedos sobre los míos,  y a tu alma de reojo.

Crucé también los puentes que nos unen y que  nos separan.

Escuché el oleaje sereno de tu sonrisa paralizando mis pasos.

Caminé descalzo  sobre las arenas y las piedras de tu mágica incertidumbre.

Ascendí a la montaña mientras dormías para verte despertar después del vino y de la bruma.

Hipnotizado por el canto del faro quise romper mi barco contra el acantilado para no partir más,

y sin darme cuenta, ya me habías abrazado y sumergido en las pacíficas aguas de tu existencia.

 

Moví mi silla cuarenta y tres veces sobre tu pequeño planeta

para contemplar en un día los reflejos del ocaso sobre el azul

intenso de tu mirada.

 

*Leo Tena, que ha organizado un gran ciclo de exposiciones, talleres y proyectos fotográficos en Teruel, me envía esta foto de Diego HE.