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Antón Castro

SIRENA: UN MICRORRELATO DE PATRICIA ESTEBAN

SIRENA: UN MICRORRELATO DE PATRICIA ESTEBAN

 

[Me ha hecho mucha gracia encontrar, en su blog, este texto de Patricia Esteban, autora de los excelentes relatos Manderley ha vuelto (Tropo editores), gran admiradora de los relatos de Carlos Castán, Ismael Grasa y Eva Puyó, entre otros contemporáneos aragoneses. En mi próximo libro hay un cuento que narra una historia semejante: en la piscina de nuestra casa, en una de las paredes, había una gran sirena pintada. El relato, que ya ha aparecido en un libro colectivo que coordinó Cristina Gil Imaz, Casas –participaron, entre otros, Antonio Fernández Molina, Soledad Puértolas, Cristina Grande, la propia Cristina Gil, directora del Museo Pablo Gargallo- cuenta lo que sucedió con esa casa y con esa pintura…]

SIRENA


La piscina venía con sirena. Nos dimos cuenta enseguida, en realidad nada más salimos al jardín, el día de la mudanza, dispuestos a limpiar el agua de musgos desvaídos y mariposas suicidas. Allí estaba ella. Su cara de muñeca de feria nos sonreía desde el fondo de nuestra maravillosa, diminuta piscina en forma de alubia, y la estuvimos mirando un rato sin saber qué decir, mientras ejecutaba para nosotros sus ejercicios rutinarios, como una Esther Williams con sobrepeso que no se resignara a olvidar las cámaras acuáticas de antaño. Ella fue quien rompió el hielo. Leímos un burbujeante “hola” en sus labios rojo mercromina, y entonces Carmen agitó la mano torpemente, como si fuera una aleta. Yo me sentía ligeramente incómodo, igual que si la vecina de enfrente me hubiera sorprendido espiándola con mis prismáticos, así que puse la boca en forma de “o” varias veces a guisa de saludo y dejé caer disimuladamente el cazamariposas verde, junto a la escalerilla.

*La foto es de Sally Gall.

DANIEL: UNA HERMOSA HISTORIA DE AMISTAD

DANIEL: UNA HERMOSA HISTORIA DE AMISTAD

[Luisa Miñana nos escribe a los amigos sobre su debilidad: Daniel, al que le han hecho un blog. Su madre Inma Rincón (madre del niño y cuñada de Luisa, aclaro) acaba de publicar este texto, una historia hermosa sobre la amistad, la complicidad y el cariño. Aquí está, en medio de tantas cosas frívolas que cuelgo a veces. La vida está en todas partes, y en alguna se la ve, desnuda, altísima, temblando. Y he aquí un ejemplo que pongo complacido.]

Hola a todos. Hace unos días que no escribo nada por falta de tiempo más bien, ya que desde que terminó el colegio, aunque Daniel va al campamento por las mañanas, mi vida casi es ahora más un poco más complicada y atareada y ando siempre entre fogones. Pero hay algo que quiero compartir.

Ayer por la tarde Daniel y yo hicimos una "excursión" a casa de mi amiga Beatriz. Digo bien cuando digo excursión, ya que vivimos cada una en una punta de la ciudad y tenemos una media hora de trayecto en coche, pero ayer tenía muchas ganas de verla. Beatriz es mi mejor amiga desde tiempos remotos, hace como 17 años y tiene dos hijos estupendos que son Marcos y Lucas. El día 27 fue el cumpleaños del pequeño Lucas y había que llevarle el regalo ayer, ya que el domingo no pudimos ir a verle porque estaba en el pueblo.

Pues como digo fuimos a verles y al llegar Daniel, claro, protesta al canto, cuando vio que nos metíamos en el ascensor. Le tuve que explicar un par de veces (aunque ya lo sabia) que íbamos a darle el regalo a Lucas y que luego nos iríamos a merendar también con Marcos y Bea, y que pronto volvíamos otra vez al coche: lo de bajar del coche a veces para Daniel es hasta traumático, porque le encanta pasear en la monovolumen. Cuando llegamos, y se dio cuenta de que sólo estaba Lucas y encima estaba dormido, con lo que no iba a hacerle caso ni a jugar con él se puso a protestar de tal manera que lo tuve que coger en brazos. Bueno, algo así como a los 10 minutos de haber llegado volvían Marcos y Beatriz del dentista y lo sorprendente de todo esto es que desde que apareció Marcos con la Nintendo ya no hubo niño (y me refiero al mío). Marcos se sentó a mi lado y Daniel se tiró literalmente encima de Marcos para verle jugar en esa minúscula pantalla. A Bea, a mi y a su abuela Rosa, nos entró la risa porque si no se ve no se puede creer, era como si la Nintendo tuviera un potente imán que atrajera a Daniel sobre todas las cosas.

Aun más sorprendente como siempre fue para mí el comportamiento de Marcos. Debo señalar que todavía tiene 7 años, pues cumple los 8 al mes que viene, y siempre que está con Daniel le observo una sensibilidad y un cariño bastante sorprendentes hacia mi hijo. Marcos estaba jugando a un juego de esos de darse puñetazos y Bea le dijo que le contara a Daniel todo lo que iba haciendo, pero como vio que no podía explicarle bien lo que hacía, en un momento determinado me dijo: " Tía, ya sé que voy a hacer, tengo un juego que le va a gustar que es de memorizar sonidos y yo creo que le va a gustar". Apagó el juego con el que trasteaba y se fue a buscar el otro para que pudiera jugar Daniel y me volvió a preguntar: "¿Tía, qué tal maneja las manos? ¿Tú crees que podrá jugar si se la dejo?" Yo le dije que era muy complicado y no se cortó un pelo, me contestó: "Pues toma el lápiz y juega tu con él, enséñale y jugáis juntos". Y me dejó la Nintendo, ¡que no se la deja ni a su hermano!, para que jugase Daniel.

La verdad es que no dejo de sorprenderme, como he dicho antes de lo atento que está siempre con Daniel. Me señaló varias veces que se le caía la babeta –lo que les ocurre a muchos niños con parálisis cerebral-, y él mismo se la limpió con un pañuelo de papel. Me pidió que lo sentara a su lado a ver los dibujos y, aunque Daniel no estaba muy por la labor, lo intenté pero no funcionó. Sin embargo, Marcos lo entendió y siguió estando pendiente. Claro está que a Daniel le pirra que le presten tanta atención. Aunque esta relación entre ellos pueda parecer algo sin importancia para mí la tiene, y mucha.

Creo que en este mundo debería haber más Marcos sueltos por el mundo y supongo que los habrá. No sabe este chico lo que agranda mi cariño por él cada vez que le veo un detalle de estos con mi hijo. Estoy segura de que si Daniel no tuviera problemas hoy en día serían inseparables como lo somos su madre y yo.

Gracias por estar ahí a los dos.

*Así describe Luisa Miñana la instantánea: “Una foto de los tres amigos: Daniel (en la silla), Marcos (el mayor) y su hermano Lucas (el pequeño que pone cara de ratón)”.

RUBÉN BLADES, EL CHISMORREO Y SU ABUELA EMMA

RUBÉN BLADES, EL CHISMORREO Y SU ABUELA EMMA

 

[Ayer, el periódico El País publicaba una entrevista de Carlos Galilea con el músico, actor y ministro de Turismo de Panamá, Rubén Blades, que llevaba cuatro años sin cantar y que actúa el día uno en la Expo, en el Anfiteatro 43. Hay muchas cosas interesantes en la entrevista, pero me gustaron especialmente los dos últimos párrafos: uno sobre lo que le interesa a la gente y otro sobre su abuela Emma. Los copio aquí y los transcribo. Esa abuela Emma parecía gallega…]

 

-El chismorreo: La inclinación de los periódicos por el chismorreo le entristece. "No me interesa que alguien me venga a preguntar: 'Usted trabajó con Salma Hayek, ¿y se acostó con ella?'. Me preocupa que estemos alentando los peores anhelos del ser humano. Estas cuestiones escandalosas no son edificantes. Ni siquiera como diversión. El argumento de que 'esto es lo que la gente quiere' es el mismo que da el que vende droga".

 

-La abuela Emma. Se emociona al hablar de su abuela, que le transmitió la pasión por la lectura y los libros. "Mi abuela Emma era del carajo. Siempre me decía que la peor pobreza era la espiritual, la de aquellos que vivían en un gueto emocional. Era maestra, escritora, pintaba, defendió los derechos de la mujer, fue rosacruz, espiritista, vegetariana en la década de los treinta. Pasó mucho tiempo conmigo y me enseñó a leer. Tuvo cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres, y como no tenía dinero para mandarlos a todos a la escuela, porque se divorció de los dos hombres y no quería aceptar plata de ellos, mandó a la escuela a las dos mujeres y a los hombres les enseñó en la casa. Las mandó a ellas porque decía que el mundo era de los hombres, y que las mujeres tenían que prepararse mejor".

 

*La foto es de Dan Steinberg. Rubén  Blades actúa en la Expo el día uno de agosto.

LAS OLIMPIADAS / 5 bis. JENNIFER STUCZYNSKI, SU RIVAL

LAS OLIMPIADAS / 5 bis. JENNIFER STUCZYNSKI, SU RIVAL

Jennifer Stuczynski, la pertiguista norteamericana de origen polaco, nacida en Freedonia (Nueva York) en 1982, que desafía con absoluta naturalidad a Isinbayeva. Ella también ha puesto el listón en 5.04. Por ahora, lo ha puesto en vano...

LAS OLIMPIADAS / 5 BIS. YELENA ISINBAYEVA Y EL RÉCORD

LAS OLIMPIADAS / 5 BIS. YELENA ISINBAYEVA Y EL RÉCORD

Yelena Isinbayeva sigue deslumbrando al mundo desde lo alto de la pértiga. Ayer, en Mónaco, tras un intenso concurso –empezó con 4.71 y tuvo dificultades en todos sus saltos-, batió por un céntimo su propio record del mundo: se elevó hasta 5.04, un centímetro más que la marca que obtuvo en Roma hace 18 días. Isinbayeva quiere parecerse a Bubka, quiere forjar una leyenda: ya ha batido 23 veces la mejor marca del mundo. Le ha salido una importante rival, hay que decirlo, y por ahora no es la bella Allison Stokke ni su enemiga Svetlana Feofanova, sino una norteamericana de Nueva York, nacida como ella en 1982, que ya ha superado los 4.92: hablo de Jennifer Stuczynski, de origen polaco. Quizá nunca nadie la ha amenazado tan en serio. A pesar de sus éxitos, de su ascenso centímetro a centímetro, euro a euro, Isinbayeva se siente presionada y quiere obtener su segunda medalla olímpica. Sabe que deberá esforzarse más que nunca. Jennifer Suczynski no se anda por las ramas: hace pocos días pidió que le pusieran el listón un centímetro superior al récord del mundo. Exactamente en 5.04. Isibanyeva dijo: “Demostró que estaba muy confiada y que no tenía miedo de mí. Es muy interesante. Soy muy orgullosa. Me gusta estar en la cima".

 

 

Stefka Kostadinova, en altura, y el propio Bubka han mordido el polvo en las Olimpiadas, a pesar de ser los grandes favoritos y de poseer, de largo, la mejor marca. Se avecina otro apasionante duelo.

LAS OLIMPIADAS / 6. STEFKA KOSTADINOVA

LAS OLIMPIADAS / 6. STEFKA KOSTADINOVA

Una de las mejores saltadoras de altura de la historia, aunque no siempre la más regular, fue la búlgara Stefka Kostadinova (Plovdiv, Bulgaria, 25.03.1965), que se convirtió en la mejor del mundo ya en 1985, algo que ratificó en 1987: en Roma, un 30 de agosto, batió el récord del mundo, lo dejó en 2.09, y ganó la medalla de oro en los campeonatos del mundo. En Seúl fue plata con 2.06, igualada con la sorprendente norteamericana Louise Ritter, que saltó la misma altura pero con menos intentos, y el bronce fue para Tamara Bykova. En Barcelona fracasó estrepitosamente, ni siquiera logró medalla alguna. Venció la alemana Heike Henkel. Y a partir de ahí, pasó por una época llena de decepciones. Decidió casarse, fue madre de su hijo Nikolai, y en 1995 consiguió el oro en los campeonatos del mundo de Goteborg. Y en Atlanta-1996, por fin, logró el título que se le escapaba en una olimpiada.

 Posteriormente, debido a distintas lesiones, decidió retirarse. Era una saltadora elegante y esbelta, de una altura inacabable, que poseía una técnica exquisita y una ejecución rebosante de belleza, tersura y armonía. El récord del mundo sigue en su poder, más de veinte años más tarde, y ahora la amenaza seriamente otra extraordinaria saltadora: Blanka Vasic, que ha tomado la senda de otra extraordinaria campeona como Kajsa Bergqvist (campeona del mundoen Helsinki 2005 y solo bronce en Sydney 2000, y dos veces campeona de Europa), que se ha despedido de la competición con una inequívoca maldición: fue la mejor durante varios años y sin embargo nunca pudo vencer en una Olimpiada.

 

En los últimos años, entre otras, las ganadoras del salto de altura en las Olimpiadas han sido Rosemarie Ackerman (1976, usaba el rodillo ventral), Ulrike Meyfarth (ganó en 1972 y en 1984), Sara Simeoni (1980), Heike Henkel (1992), Louise Ritter (1988) y Yelena Slesarenko (2004).

JEAN-CLAUDE CARRIÈRE RECUERDA A LUIS BUÑUEL

JEAN-CLAUDE CARRIÈRE RECUERDA A LUIS BUÑUEL

“Buñuel decía que un buen guionista

debe matar cada mañana a su padre”

 

“Para Buñuel el cine no es el arte de lo

visible sino también de lo invisible”

 

“Buñuel luchaba contra la influencia

de Goya con la ayuda de Lorca”

 

 

Jean-Claude Carrière recuerda la vida, la personalidad y los métodos de trabajo del hombre que le dictó sus memorias: “Mi último suspiro”

 

Jean-Claude Carrière (Colombiéres-sur-Orb, 1931) es uno de los guionistas más importantes del mundo, dramaturgo, narrador y colaborador y amigo de Luis Buñuel (1900-1983). No solo redactó guiones surrealistas para él, sino que el cineasta le dictó sus memorias: “Mi último suspiro”. Junto a Juan Luis Buñuel ha rodado un documental, “Mi último guión”, dirigido por Javier Espada y Gaizka Urresti. Recuerda Carriére: “Tenía catorce o quince años, y en París un amigo mío me dio a leer ‘El manifiesto surrealista’ de André Breton. No lo entendí, era imposible entonces; pero fue un choque para mí. Este libro me impidió leer otros libros, muchos otros libros no necesarios y, al revés, me dirigió a leer otras cosas, ha sido realmente una fecha muy importante en mi vida”. De algún modo, esa lectura tan insólita tuvo algo de premonición. Carrière evoca al amigo Buñuel a los 25 años de su muerte desde el Gran Hotel de Zaragoza, en concreto desde la habitación que solía utilizar el ahora Rey Juan Carlos I cuando estuvo en la Academia General de Zaragoza. 

Años después, cuando usted se encontró con Luis Buñuel, ¿halló una conexión entre él y “El manifiesto surrealista”?                                              

Cuando lo conocí tenía 32 años, en Cannes, sabía mucho más que a los quince, y también me gustaba mucho el cine. Conocía las películas de Buñuel y conocía bastante de la literatura surrealista y de la otra. Me acuerdo que la primera vez que vine a España, Luis me llevó a Toledo a filmar una emisión para la televisión francesa y una de las preguntas del periodista francés fue: “Monsieur Buñuel, en su opinión, ¿cuáles son las diferencias entre la cultura española y la francesa?”. “Bueno, es muy fácil –dijo-, los españoles lo saben todo de la cultura francesa; por ejemplo, yo he leído a Balzac, Racine, Marcel Proust, y los franceses no saben nada de la cultura española. El señor Carrière, que acaba de llegar a España y que es profesor de Historia, hasta ayer creía que Toledo era una marca de motocicletas”. Ese era el humor de Buñuel.

Quedémonos un instante en Cannes. Usted le sedujo no solo por su escritura, sino por su vinculación con el vino…

Buñuel estaba buscando un joven guionista francés que conociera bien Francia y fui a verlo al hotel Montfleury. Y la primera pregunta que me hizo Buñuel, con una mirada muy precisa, profunda, fue: “¿Bebe usted vino?”. Cuando le contesté que no solamente bebía vino sino que venía de una familia de productores de vino del sur de Francia su cara se iluminó, y bebimos, bebimos...

¿Y qué pasó luego?

Yo me había preparado porque sabía que se trataba de adaptar el “Diario de una camarera”. Hablamos durante toda la comida de otras cosas y también de las dos películas que yo había hecho: una película cómica con Pierre Étaix, asistente de Jacques Tati, y un documental sobre la vida sexual de los animales. Las dos cosas le interesaban mucho: fue una extraña coincidencia. Una semana después, me dijo el productor que me había elegido y me tenía que ir a Madrid a trabajar. Llegué con un coche muy viejo y no hablaba ni una palabra de español, pero en la carretera, en los Pirineos, me encontré con tres seminaristas españoles que querían ir a Madrid y yo los llevé. Durante todo el viaje hablamos en latín.

Usted escribía los guiones, unas veces originales y otras adaptaciones. ¿Qué hacía Buñuel con sus textos?

Trabajar con Buñuel quería decir vivir con Buñuel, solos los dos en un lugar aislado, el Monasterio del Paular de Madrid, el parador de Cazorla. Los dos estábamos sin esposas y sin amigos; los dos totalmente concentrados durante semanas y semanas, seis, siete, ocho semanas. Comiendo los dos, yo he calculado que he comido más de 2000 veces con Buñuel, los dos solos, que es mucho más que muchas parejas, para llegar a un tipo de concentración único, de pensar únicamente en el guión del desayuno a la cena. Y después, el trabajo consistía en reunirnos tres horas por la mañana y tres horas por la tarde, en mi cuarto siempre: actuábamos, improvisábamos, escribíamos un poco. A veces partíamos de una novela, a veces de una idea “original”. Y después por la noche yo escribía la primera versión de las escenas sobre las cuales habíamos conversado durante el día.

¿Se despedían ya con el guión acabado?

No, no. Dos veces fuimos a encerrarnos a uno de esos lugares durante ocho o diez días sin conseguir nada. Hay guiones, como el de “El discreto encanto de la burguesía”, que rescribimos completamente cinco veces a lo largo de dos años con interrupciones de dos o tres meses. Lo que le interesaba mucho era el trabajo común y después pararnos, volver él a México y yo a París, y dejar que se hiciera el trabajo invisible. Yo trabajaba con otro director, él se quedaba meditando en su cuarto de México con un dry martini, por ejemplo, y mientras se hacía una labor invisible. Y cuando nos encontrábamos otra vez, había otras ideas, otras soluciones, otras luces sobre el guión.

Es muy sugerente ese método...

Esa parte del trabajo inconsciente pertenece realmente a Buñuel, es una de las cosas que me enseñó. En una pintura de Velázquez o de Goya, por ejemplo, hay cosas que se ven y cosas que no se ven. Lo invisible es casi tan importante como lo visible. Para Buñuel el cine no es el arte de lo visible sino también de lo invisible.

Las películas mexicanas de Buñuel y las que hizo usted son muy distintas, ¿sabe por qué?

Hay una evolución natural de Buñuel mismo, a los 60 años no es el mismo que a los 30 años. A partir de “El ángel exterminador” Luis cambia. Un crítico francés que era amigo de Buñuel, Robert Benayoun, habló una vez de una “subversión dulce”: otra manera de subvertir la sociedad, pero dulce, con ironía, con humor, sin la violencia de los tiempos surrealistas. Un día Buñuel y Breton se encontraron en los años 60 y de repente Breton se puso a llorar: “¿Qué pasa?”, le preguntó. “Luis -contestó Breton-, hoy es imposible escandalizar a nadie”. Después de Auschwitz, después de la II Guerra Mundial, después de Hiroshima, el escándalo surrealista parecía infantil.

¿De qué película se siente usted más satisfecho de las que hizo con Buñuel?

De todas y de ninguna; eso es imposible de decir. Me siento particularmente conmovido por la última: “Ese oscuro objeto de deseo”, hay cosas en esa película que podrían ser palabras de Buñuel mismo. Cuando Fernando Rey habla me parece que le estoy escuchando a él.

¿Qué le enseñó?

He aprendido dos cosas básicas con Buñuel. La primera es que la imaginación es el lugar sin límites: podemos inventar aquí mismo en este cuarto real mil historias a partir de dos o tres elementos. La segunda es que la imaginación humana siempre es inocente, no puede cometer crímenes, el pecado en intención no existe.

Eso es, específicamente, Ensayo de un crimen

En nuestra educación católica pensar en un crimen es un pecado, ligero, pero es un pecado de intención. Como decía Buñuel, un buen guionista cada mañana debe matar a su padre, violentar a su madre y traicionar a su patria; si no lo hace no es un buen guionista, no es un buen novelista, no es un buen autor de teatro. Va a acabar con agua con azúcar.

Uno de sus últimos guiones es “Los fantasmas de Goya”, que rodó Milos Forman. ¿Qué parentesco ve usted entre Goya y Buñuel? ¿Qué le debe Buñuel a Goya, si le debe algo?

A Buñuel no le gustaba mucho que le comparasen con Goya, algo que ocurría muchas veces porque son dos aragoneses, dos sordos y, solía añadir Buñuel, dos afrancesados. Buñuel fue el primero que me enseñó las “Pinturas negras” en el Museo del Prado y también sabemos que el primer guión que escribió Buñuel en su juventud era un Goya. A mí me parece que en la historia de la cultura española Goya es más que un pintor: es un ojo extraordinario y un testigo incomparable, casi aislado en la historia de la pintura española. ¿Y de Goya a Picasso, qué hay? Interesantes pintores, muy buenos, pero no hay un monumento como Goya. Por otro lado, el encuentro en la Residencia al inicio del siglo XX de Lorca, Buñuel y Dalí quizás es el evento número uno de la historia de la cultura española. No veo nada que se pueda comparar a esa extraordinaria coincidencia. Y Buñuel luchaba contra la influencia de Goya con la ayuda de Lorca, de los tiempos modernos. Pero claro que tenía una afinidad profunda que no se trataba únicamente de una afinidad por ser aragonés, sino de algo mucho más humano, profundamente humano.

*Esta entrevista se publicó ayer en Heraldo de Aragón. La foto de Jean-Claude Carrière corresponde al gran fotógrafo francés Olivier Roller.

BUÑUEL: FOTÓGRAFO PARA SUS PELÍCULAS MEXICANAS

BUÑUEL: FOTÓGRAFO PARA SUS PELÍCULAS MEXICANAS

Luis Buñuel es una continua fuente de sorpresas. Y una de las últimas ha sido conocer su condición de fotógrafo. Al menos durante casi 20 años, desde 1947 hasta 1965, realizó instantáneas para localizar sus películas. Era muy escrupuloso con los detalles, con las atmósferas y, sobre todo, con los encuadres. Buñuel tomó algunos miles de fotos que le fueron de gran utilidad para doce de las veinte películas realizadas en México. Le interesaba todo: las selvas tropicales y los manglares de Acapulco, las playas, los ríos y los desiertos, las grandes avenidas de la capital azteca, los balnearios, los hoteles, los bajos fondos, donde situó el ámbito de su película más universal y tal vez su gran obra maestra: “Los olvidados” (1950).

Luis Buñuel preparó esta película con especial minuciosidad: leyó inicialmente la historia de la aparición de un cadáver en una escombrera y partía todos los días a las afueras en un autobús. Iba vestido con sus peores ropas, y hablaba “en los arrabales improvisados” con los niños, y así fue tomando cuerpo en su cabeza y en su cámara Leica aquella película. Esas son las fotos que reciben al visitante en la sede de Filmoteca Española en Madrid, donde se expone una selección de ese material inédito: ese poema de la infancia y la juventud ultrajada, rodado en 1950, que conmovió a Paz, a Cortázar y al Festival de Cannes.

         Se ha insistido mucho en que las fotos de Buñuel –en su mayor parte, horizontales, de planos muy abiertos- carecen de valor estético. Se recuerda que son documentos de trabajo que guardó en pequeñas cajas en positivos de todos los tamaños y que suelen llevar algunas notas manuscritas. Sin embargo, hay instantáneas de gran belleza que evocan las fotos que hacían Juan Rulfo y su propio director de fotografía Gabriel Figueroa. Luis Buñuel era metódico y eficaz; en cada toma anticipaba planos y secuencias de grabación, algo que se evidencia con nitidez porque al lado de cada foto se reproduce un pequeño fotograma de cada película: “El ángel exterminador”, “Abismos de pasión”, “Simón del desierto” o, entre otras, “Él”, la película que más se parecía al paranoico que confesaba ser. Hay fotos del balneario de San Jorge de Purúa y del Hotel Las Hamacas de Acapulco donde le gustaba refugiarse: Buñuel nunca olvidaba que tras la exigencia del trabajo llega el placer de la comida y de la bebida en un bar o en un restaurante.

 

*Esta muestra, que se ha podido ver en la Filmoteca en Madrid, también se ha inaugurado hoy en el Centro Buñuel de Calanda que dirige Javier Espada, codirector, con Gaizka Urresti, del documental: “Mi último guión. Memoria de Luis Buñuel”, que se pasó ayer, en su versión reducida, por Aragón Televisión. Ayer se cumplieron 25 años de la muerte de Buñuel en México D. F.