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Antón Castro

Escritores

DE PELAYO CARDELÚS Y LA PAREJA

DE PELAYO CARDELÚS Y LA PAREJA

 

LA PLAYA, LA DESNUDEZ Y LOS DEMONIOS DE LA PAREJA

 

El matrimonio puede ser un infierno de baja intensidad. O un escenario de rutina, de indiferencia, de un quiero y no puedo. De ese silencio inquietante en el que uno se olvida de cómo se decían y se hacían las cosas. Y puede ser, desde luego, lo contrario: ese lugar donde la convivencia y la confianza se alían con el amor, con el sexo, con el placer de la compañía, con la seguridad en el otro y con el sosiego que aporta el otro. No es este el caso de Íñigo y Laura. Llevan seis años viviendo juntos en Madrid, cuatro de casados legalmente, tienen treinta y cinco años. Ella, un tanto pasiva y enigmática, trabaja en una entidad financiera; él es escritor, hace reseñas literarias y sueña novelas. Las sueña más que las escribe.

‘Las vacaciones de Íñigo y Laura’ (Caballo de Troya, 2013), de Pelayo Cardelús (Madrid, 1974), autor del libro de viajes ‘América en el espejo’ y la novela ‘El esqueleto de los guisantes’ (Caballo de Troya, 2006), narra diez días de julio de la pareja en una playa de diez kilómetros en Zahara de los Atunes. Uno de esos lugares donde todo parece posible: la calma, el descanso, el reencuentro, el afecto y el deseo. Laura es una mujer hermosa, atractiva, y está embarazada de tres meses; pese a ese estado, sus pechos no son excesivamente generosos. Esos pechos tendrán un lugar importante en la novela, sobre todo para Íñigo, que pronto se revelará con un hombre extraño, con un montón de fantasmas, con algo de psicópata. Mientras toman el sol, Íñigo le pide a su esposa que se quite el bikini, que luzca busto, la mira, la masajea, se excita, pero de repente le entran miedos atávicos, neuras, una enfermiza posesividad, y le exige a su mujer de inmediato que se cubra: viene alguien, un joven atlético, un muchacho moro, un bañista alemán que puede grabarla como graba la atmósfera de la costa; viene alguien o puede venir y puede hacerle fotos o grabarla furtivamente. Esta invitación y este temor obsesivo se repiten capítulo a capítulo, como si fueran los lances de una comedia tan hilarante y  patética como machista.

El comportamiento irracional de Íñigo lo domina todo y brota desde el centro mismo de sus debilidades o de sus anomalías psicológicas. El autor, que mantiene la tensión y sabe bien lo que quiere y adonde va (habla del deseo, de la posesión, de la insatisfacción, de la artificiosidad de las actitudes), incorpora otros elementos: una pequeña novela de Beltrán y Rosa, que emprenden un viaje por las islas griegas, que se parece bastante a la que ellos están viviendo aunque aquí entra de lleno en el terreno de las fantasías y el intercambio de parejas; Cardelús incorpora una entrevista de Mercedes Milá a Joaquín Sabina, en la que dice que los casados se hartan de fornicar, a diferencia de los solteros, que son puros cazadores en busca de la ocasión propicia, e incluye un informe de ‘Vida en pareja’, que concluye que los matrimonios se rompen durante las vacaciones.

Pelayo Cardelús aborda muchos asuntos, con humor e ironía, con sentido del absurdo y de la tragedia, como la desnudez, qué misterios esconde el sexo femenino, la posesividad, los celos, los resquemores y, sobre todo, el miedo a la libertad. Laura, de algún modo, trata a su marido con piedad;  él “la quiere más de lo nunca jamás ha querido a nadie en este mundo”. La novela tiene algún parentesco con Houellebecq. Pelayo Cardelús lleva la acción hasta donde quería. Al centro de la paradoja y de la irracionalidad. Y del disparate. A veces, lo que más temes, lo que combates puede volverse en contra. Es el espejo deformante de la impostura o de una fragilidad enfermiza que adquiere el vuelo de un bumerán. Tras la reincidencia, llega lo inesperado: otras formas más turbias aún del infierno. El miedo llama por el miedo. Aquí tiene ojos de Gata, una hermosa camarera. Y de algo, o de alguien, quizá mucho más ruin.

 

‘Las vacaciones de Íñigo y Laura’. Pelayo Cardelús. Caballo de Troya. Madrid 2013. 224 páginas. [Esta nota apareció el jueves en ’Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón. La foto es de Jock Sturges.]

 

AVENTURAS DE VERANO / 4: B. ORO

AVENTURAS DE VERANO / 4

BEGOÑAORO.  ESCRITORA Y EDITORA

“Sin vacaciones no hay nada que contar”

La foto de Begoña es del Archivo SM. Ayer os mandé dos muy simpáticas de niña

Begoña Oro es Premio Gran Angular con ‘Pomelo y limón’ (SM, 2012) y este año ha publicado ‘Croquetas y wasaps’ (SM, 2013). Es editora y lectora y una gran especialista en literatura infantil y juvenil. El humor es uno de sus registros.

-1. ¿Qué hace una escritora para jóvenes en verano?

¿Soy una escritora para jóvenes?

 

-2. ¿Dónde suele veranear?

¿Cuántos años hay que repetir un mismo destino para que se considere habitual?

 

-3. ¿Eres de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Uf. Cuando me preguntan si quiero flan, helado, pudin o fruta, tardo unos diez minutos en responder. Tardaría un verano entero en contestar a tu pregunta. Esta entrevista me está quedando un poco gallega, ¿no?


-4. Por ahora sí. ¿Qué hace diferente al resto del año?

A esto sí puedo responder: encerrarme a escribir. Lo que echo de más a mi hijo cuando pretendo escribir, lo echo de menos cuando estoy sin él un mes en verano. Es entonces cuando aprovecho para escribir por encima de mis posibilidades.


-5. ¿Cuáles son el viaje y la ciudad de su vida?

Mi ciudad del verano podría ser Santander. Me he buscado miles de excusas para asistir allí a los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en el Palacio de la Magdalena. Dedicar el verano a aprender, y en palacio, es un lujo difícilmente superable.

6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo ha sido esa época?

Intensa. Recuerdo a mi pérfida prima Marta obligándome a caminar descalza por el rastrojo y a un perrazo enorme que me daba miedo y que se llamaba Whisky en una finca junto a Luna; recuerdo los veranos lluviosos en el País Vasco; recuerdo perderme en la playa en Torredembarra; recuerdo los campamentos en Boltaña en los que mi tío Lorenzo se transformaba en “don Lorenzo”; recuerdo los viajes familiares en coche, camino a algún congreso internacional de química, con el maletero abarrotado de maletas, la tienda de campaña y una bolsa entera llena de latas de atún y de sardinas; recuerdo la frustración de haber querido ser y no llegar a ser ‘majorette’ en Tabuenca; recuerdo ir a esquiar con mi familia varios veranos a Tignes y celebrar allí el 14 de julio como si nosotros sí quisiéramos ser franceses...


-7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de entonces, el que más le persigue?

Todos los veranos hacíamos un viaje familiar muy largo en coche por varios países europeos. Me recuerdo sentada durante horas al borde del asiento de en medio (no había sillitas ni cinturones), bebiéndome el paisaje, con las rodillas encajadas entre el hueco de los asientos de mis padres mientras mis hermanos dormitaban atrás, recostados en mi asiento. Eso sí, cuando llegábamos a una frontera (había fronteras), ya estábamos los tres incorporados estirando el brazo para ver quién era el primero en cruzarla.


-8. ¿Cuál sería el menú ideal de un día perfecto?

Un día perfecto de verano no es un día de menú, es un día a la carta, con plena libertad para hacer algo, todo, o absolutamente nada. Un día perfecto de verano comienza abriendo el ojo a la hora que me dé la gana, encontrando algo interesante al lado, quedándome un ratito más en la cama… Y luego todo sigue así, en ese agradable tránsito entre la pereza y las ganas de hacer algo.


-9. ¿Cómo recuerdas la primera vez?

La primera vez que pasé hambre fue un verano en Inglaterra, en Sheffield, siendo niña. Pasé un mes con una familia comiendo exclusivamente patatas asadas con mantequilla y pan negro. Pasaba tanto frío y tanta hambre que una noche escribí una carta a mis padres y les dije, por primera vez también, que los quería. Al día siguiente, me compré una chocolatina y, con el estómago lleno, me avergoncé terriblemente de aquella carta lastimera. Pero ya estaba dentro del buzón.


-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de tus veranos?

Fue una casa, la casa de mi familia materna en Miravalles, cerca de Bilbao. Era una casa con escaleras hechas a la medida de las chisteras, parqué de madera crujiente, pianos con pianola, pabellón de apicultura, anexo para los jardineros, cuartos para el servicio… Pero de toda esa opulencia no quedaban más que las estancias, algunos retratos, la arrogancia incombustible de un tío abuelo que se paseaba con canotier y traje de hilo por el jardín, y los árboles, incluida una maravillosa secuoya que partió un rayo una noche de tormenta. Era un escenario alucinante para hacer el salvaje, una especie de ‘okupación’ infantil que intentaba controlar en vano otra tía abuela, una monja medio francesa de exquisitos modales y escasa tolerancia al gamberrismo que, sin embargo, nos permitía referirnos a ella como “la tía Marimonja”.


11. ¿En qué han cambiado los veranos con el móvil, el Ipod, el ebook...? ¿Y con la crisis?

Me temo que el mayor cambio está en el relato. Antes nos guardábamos cosas para contar a la vuelta. Ahora esta conexión y difusión permanente de lo que hacemos nos priva de hermosos relatos y de la selección de qué olvidar y qué recordar. Ya está todo contado, todas las fotos subidas, los vídeos colgados… Respecto a la crisis, se produce el mismo drama pero en grado absoluto. Las vacaciones son la cara B del trabajo. Si no hay cara A, tampoco hay cara B. Si no hay vacaciones, no hay nada que contar, solo las míseras monedas que nos quedan. Tener que contar el dinero quita las ganas, y la posibilidad, de contar nada más.


-12. Si tuviera que resumir el espíritu del verano en un ‘tuit’, ¿qué diría?

 “Always Coca-Cola”. Es tu culpa, Antón, que después de la pregunta anterior, esta respuesta suene sarcástica.

 

13. Tiene razón. ¿Cuál es la mejor anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Hace unos años fui ‘mayordoma’ de mi pueblo Aquarius, ese que uno se busca para decir que tiene pueblo: Egea, en el Valle de Lierp. Los mayordomos son los responsables de montar las fiestas. Entre otras cosas, organizamos un concurso literario al que se presentaron bajo pseudónimo los vecinos y lo ganó una oriunda del valle. Resultó ser... Luz Gabás; fue antes de que publicara ‘Palmeras en la nieve’. Yo tengo el honor de ser campeona absoluta de la carrera de sacos y la mujer de todo el Valle de Lierp con la cabeza más grande, medida por un psiquiatra experto en mediciones craneales. Palabra. Soy Premio Gran Angular y Premio Hache, pero dudo que llegue a ganar nada que supere a aquel premio estival a mi cabezudismo.

 

AVENTURAS DE VERANO / 1: PISÓN

AVENTURAS DE VERANO / 1

 

ENTREVISTA. IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN

 

“El Zaragoza es mi equipo

para lo bueno y para lo malo”

 

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es escritor. Ganó el Premio Nacional de la Crítica y Premio Ciudad de Barcelona, de 2011, con ‘El día de mañana’ (Seix Barral, 2011). Y es Premio de Las Letras Aragonesas de 2010. Adora Zaragoza y al Real Zaragoza. Reside en Barcelona desde principios de los años 80. Trabaja en su nueva novela, que transcurre en Melilla.

-1. ¿Qué hace un escritor como usted en verano?
La verdad es que el verano es una buena época para escribir. Este
verano espero darle un buen empujón a mi novela.

 -2. ¿Dónde suele veranear? ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?
Soy muy de ciudad. Con mi mujer, María José Belló, y mi hijo pequeño, Diego, suelo hacer algún viaje a alguna ciudad europea. Luego, en agosto, cuando ya el calor se vuelve insoportable en Barcelona, nos vamos diez o quince días a la playa.

 -3. A usted le gusta mucho la música. ¿Cuáles son sus canciones preferidas del verano?
Me estoy haciendo mayor. Cada vez me gustan más las canciones viejas. Últimamente me ha dado por escuchar ‘Downtown’, de Petula Clark.

 -4. ¿Qué hace diferente al resto del año? ¿Cuál es el menú de un día perfecto?
En verano es cuando tengo más tiempo para leer. El verano invita
también a la ingesta desmedida de cerveza, lo que luego obliga, como una penitencia, a hacer unos cuantos kilómetros de footing.

 -5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? ¿Y la ciudad?
En 1988 vivía en Edimburgo y aproveché el verano para conocer las
Highlands: kilómetros y kilómetros de maravillosos paisajes y
carreteras estrechas en las que casi nunca te cruzabas con nadie.

 -6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. Al
amor y a los ritos de paso. ¿Cómo fue esa época?

Mis mejores recuerdos veraniegos me devuelven, en efecto, a la
infancia: a un chalet que tenían mis padres cerca de Logroño. Había
unos pocos árboles frutales, y las peras limoneras y las cerezas
estaban en sazón. Cuando tenías hambre, sólo tenías que acercarte al
árbol y coger la fruta que te apeteciera.

 -7. ¿Cómo fue la primera vez?
¿La primera vez de qué? Si te refieres a la primera vez que viajé por
mi cuenta, fue un verano que pasé en Londres hace muchos, muchos años. Lo único malo de ese verano fue descubrir que el inglés que había estudiado en el colegio no me servía ni para entender ni para hacerme entender.

 -8. ¿Qué tipo de lecturas u otras actividades realiza estos días?
Suelo dejarme para el mes de agosto novelas bastante largas. Hace poco releí ‘Ana Karenina’ de Tólstoi. Tal vez este verano relea ‘Guerra y paz’.

 -9. ¿Cuál es la película que le marcó especialmente uno de sus veranos?
‘Tiburón’. Después de ver esa película, lo normal cuando te metías en el mar era pensar que iba a aparecer un tiburón gigante para
arrancarte la pierna de un mordisco.

 -10. ¿Cuál ha sido el gran personaje, real o imaginario, de tus veranos?
Tintín. Me recuerdo a mí mismo de niño en el chalet de Logroño leyendo una y otra vez los libros de Tintín.

-11. Acaba de publicar 'El siglo del pensamiento mágico' (Libros del K. O.) ¿Qué ha significado, qué significa el Real Zaragoza en su vida?
El Zaragoza es mi equipo para lo bueno y para lo malo.

 -12. Si tuvieras que resumir el verano en un 'tuit', ¿qué diría? ¿Cuál sería su microcuento del verano?
Como en ‘El nadador’, el famoso cuento del escritor norteamericano John Cheever, no me importaría viajar por el mundo yendo de piscina en piscina.

 -13. ¿Cuál es la mejor anécdota veraniega vinculada a su profesión?
Un verano viajé a La Habana para hacer un reportaje. Entre otras
personas, tenía que hablar con un diplomático español que vivía en una urbanización de chalés. Me citó para la noche, aprovechando que organizaba una fiesta en honor de no sé quién. El taxi me dejó a la entrada de un chalet del que salía sonido de música y risas. La gente de la fiesta era tan simpática que no quería disgustarme diciéndome que allí no vivía ningún diplomático español, así que tardé casi una hora en darme cuenta de que me había equivocado de fiesta y de chalet.

ZTV: UNA ENTREVISTA DIVERTIDA CON JOSÉ LUIS MELERO RIVAS

ZTV: UNA ENTREVISTA DIVERTIDA CON JOSÉ LUIS MELERO RIVAS
José Luis Melero Rivas (Zaragoza, 1956) es escritor, bibliófilo y un apasionado de la poesía, la historia, los libros de viejo, el Real Zaragoza y la jota, entre otras muchas cosas. Hace unos días, en ZTV, en el programa ’Los aragoneses’ que conduce y dirige Victoria Martínez, conversó largó y tendido de lo divino y lo humano, y de otras de sus pasiones: Aragón. Como territorio de fondo, como espejo, con refugio, como paisaje y escenario de sus amistades. En la foto, José Luis Melero pintado por Pepe Cerdá. He aquí el link.
http://www.youtube.com/watch?v=n11Oh12vPlo&list=PLB435A71384A5FC47&index=1

IN MEMORIAM JAVIER TOMEO

IN MEMORIAM JAVIER TOMEO

[Ayer, antes del entierro de Javier Tomeo en su tierra mítica de Quicena, escribí este texto en su recuerdo. Javier fallecía el pasado sábado en Barcelona, donde vivió desde la posguerra, aunque jamás se olvidó de Aragón, ni de Huesca ni de los pájaros, los grajos o ‘grallas’, que sobrevolaban La Cobertera, como le contó a Ismael Grasa. La foto de Javier es de Aloma Rodríguez.]

 

 

IN MEMORIAM JAVIER TOMEO

 

En mi principio está mi fin, dijo el poeta.

En mi final está mi origen: la luz de Quicena,

el castillo altivo y melancólico de Montearagón,

el majestuoso vuelo de los buitres insomnes,

 la tierra y sus fósiles de mi memoria,

podría haber dicho nuestro poeta en prosa.

Javier Tomeo era un misterio de la química,

la intuición que disparaba con bala,

la lucidez que desarma las contradicciones del mundo.

Javier Tomeo era obsesivo: le gustaba el silencio,

tener una vida oculta, convivir con los monstruos,

oír las voces cotidianas y su fogonazo de asombro.

Miraba como si nadie lo hubiera hecho antes,

miraba como si nadie lo volviese a hacer después.

Observaba. Caminaba con calma y a trompicones,

con una ansiedad furiosa, desde la lentitud

del que tiene una prisa definitiva.

Hablaba de la extravagancia, de la soledad,

del vacío, de las heridas del cuerpo y del alma,

de lo raros que somos sin darnos cuenta,

de lo lunáticos que seremos algún día.

Javier era un visionario desde la terraza de un bar.

Un ciclón varado en la penumbra de su mesilla de noche.

Javier amaba los paisajes, la raíz del canto,

el silbo de las fuentes, el eco de los niños con un mauser,

los paisajes peinados por el sol que veía desde La Cobertera.

Javier tenía miedo de perderse en un teatro.

Y a la vez no tenía miedo a nada. Ni a los aviones.

De golpe pasaba una mujer y recobraba una alegría

auroral: el desorden de los sentidos, el arrebato,

la promesa de felicidad. Toda la belleza del sueño

se concentra en los gestos de un cuerpo femenino.

Su inspiración esencial. “La mujer es para mí expresión

terrestre de la inmortalidad”, dijo una vez.

Javier Tomeo era así. Un loco de atar, un cuerdo

invencible, el amigo de los insensatos y los soñadores.

El escritor que regresa a casa para soñar la mejor siesta.

¡Cuidado! Buitres, grajos, insectos, paisanos del atardecer:

los aleteos, la caricia en el suelo, todo lo que digáis,

lo seguirá escribiendo y contando hasta el fin de los tiempos,

en silencio, sombra y limo, en Quicena. Su Quicena.

Su paraíso irreemplazable. El último refugio.

 

Zaragoza, 27.06.2013

JAVIER TOMEO: PENÚLTIMO DIÁLOGO

JAVIER TOMEO: PENÚLTIMO DIÁLOGO

 [Javier Tomeo será enterrado mañana en Quicena, su pueblo, a las 17.30. Esta entrevista fue la última que yo le hice, un sábado 20 de octubre de 2012, creo recordar. Dos días después presentaba su libro 'Cuentos completos', en el sello Páginas de Espuma, con edición y prólogo de Daniel Gascón. Esta foto, de 1989, es de uno de los grandes fotógrafos de Aragón: Rogelio Allepuz. Se la tomó para la primera entrevista que yo le hice para 'El día de Aragón' en 1989, coincidiendo con el estreno de 'Amado Monstruo' en el Teatro Principal, con dirección de Jacques Nichet. Rogelio Allepuz hemos trabajado muchos años juntos: alrededor de trece. Algunos cientos de entrevistas y reportajes juntos.]

 

 

¿Qué supone para usted la edición de los ’Cuentos completos’, que se presenta mañana, a las 19.30, en el Teatro Principal?
Estoy muy contento. Creo que es una edición muy oportuna, se han recuperado textos que estaban en el baúl de los recuerdos y se ponen de nuevo al alcance de los lectores. Además, tengo otra satisfacción: el editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, es aragonés, es entusiasta, dinámico y ambicioso, tiene ganas de triunfar, y le auguro un porvenir muy brillante.
¿Ha repasado todos los cuentos?
He tenido que hacerlo. Si no el editor y prologuista, Daniel Gascón, me habría matado. Apenas he cambiado nada, salvo algún que otro adjetivo poco afortunado por otro más preciso y contundente.
¿Se arrepiente de algo, percibe que ha evolucionado?
Muy poco. Me sigo reconociendo en todos los textos. Creo que no he cambiado apenas en los últimos veinticinco o treinta años. No he pretendido moralizar ni he pretendido perfeccionar a la gente. Ni he querido ser Pepito Grillo ni un francotirador. Invito a la gente a reflexionar sobre problemas pendientes como la soledad, el exceso de egoísmo, la incomunicación. La auténtica literatura plantea preguntas , pero no tiene respuestas. Las respuestas son del político, del teólogo, del científico.
¿Desde cuándo escribe cuentos?
Casi desde el principio. Empecé haciendo novela social, pero a las diez o quince páginas me cansaba. Me aburría. Me pasé a los relatos, de media distancia, aunque también he escrito microcuentos, y me pasé a la novela corta, que es el género donde me siento muy cómodo. Eso sí, siempre he escrito cuentos de anomalías, psicopáticos.
Usted estudió Criminología. ¿Viene de ahí el interés por las personalidades anómalas o psicopáticas?
Más bien al revés. Estudié Criminología para perfeccionar mi escritura, para zambullirme en la etiología de la condición humana. Lo digo siempre: a mí me interesó mucho Sigmund Freud, que distinguía tres partes en la conducta del hombre: el yo, el superyo y el ello. A mí me apasiona mucho investigar en el ello, que es la parte más atávica, rebelde, primaria, surrealista, esas reacciones instintivas que fluyen. No soy un gran lector de ficciones, pero en cambio me interesan mucho los libros-herramienta sobre animales, insectos o mitología.
Vayamos con el mito. Por ejemplo: siempre se le ha vinculado a usted con Kafka. ¿Qué le debe de veras?
Sinceramente poco. He leído ’La metamorfosis’ y poco más, y lo hice después de que me dijeran que me parecía a él. Es verdad: había una cierta afinidad, semejanzas, nos interesa a ambos el absurdo, lo irracional. Me fascinó, pero también me prohibí leerlo, sobre todo porque no quería que me contagiase ni quería volver a escribir lo que él ya había escrito. Kafka es uno de los grandes autores del siglo XX por su valor metafórico, por su conocimiento del alma humana... Pero somos distintos: yo creo que tengo mayor sentido del humor. Por cierto, en el libro le rindo un homenaje específico en el cuento ’Gregorio, el insecto’, que es mi favorito con ’El apartamento’.
¿Por qué le interesan tanto los animales?
Porque te permiten conocer mejor el instinto de los hombres. Los animales son metáforas vivientes, minúsculas; te ayudan a acceder al ser humano. En el fondo hay un gran paralelismo entre el hombre y el animal. Piense en el mimetismo de los insectos; piense en el camaleón. El hombre también es un maestro del camuflaje o de colocarse al sol que más calienta. Es rojo donde más hay que serlo, pongamos por caso.
¿Cómo pasó del animal a otra presencia recurrente de su obra: el monstruo, que tiene una dimensión simbólica y a la vez tiene mucho que ver con la identidad, con lo que somos?
Es mucho más fácil escribir sobre gente imperfecta, inquietante, con amputaciones psicológicas o físicas, con diversas anomalías. Dejemos a los hombres bellos en paz, tranquilos, felices con su suerte, no vayamos a descubrir que no eran tan perfectos. Otra cosa: escribiendo sobre monstruos uno se consuela y a veces puede decir: «Ese es peor que yo».
Del monstruo interior, casi inabordable, a un monstruo exterior e ilustrado: Goya. Dicen que usted es heredero de él...
Me llena de orgullo esa idea, pero no es fácil para mí entender en qué somos parecidos. Él es un genio universal. Quizá sea por nuestro origen aragonés, por un paisaje de fondo, por el carácter. Si de Goya me gusta todo, otro tanto me ocurre con Luis Buñuel. Siempre recordaré una frase de mi editor Jorge Herralde, de Anagrama. Dijo: «Javier Tomeo es una inesperada colisión entre Kafka y Buñuel». Ja, ja, ja. La idea es bonita. Luis Buñuel también es amigo de los monstruos y escarba como pocos en los abismos de la conciencia humana.
¿Ha conocido muchos monstruos reales?
Como todo el mundo, pero en realidad los monstruos no se exhiben. Mi amigo, y personaje de mis textos, Ramón o Ramoncito me decía siempre que había gente que sacaba a pasear a sus monstruos a las cuatro o cinco de la mañana. Decía que estaban ocultos durante el día y que salían de madrugada y por poco tiempo. Es probable.
Hablemos del humor y del absurdo...
No sabría cómo definir mi humor. Es muy aragonés. Y es muy espontáneo. Me sale así, sin buscarlo, como si fuera la constatación del contraste entre lo que puede suceder y lo que sucede. El mío es más bien un humor negro que intenta hacer reflexionar. No provoca la carcajada, no es una invitación a reírse; mi humor desata una risa leve, una mueca, y poco a poco se transforma en meditación. Tampoco me gusta que la gente se desternille con mis cuentos. Y de esa reacción en cortocircuito irrumpen el absurdo, el descontrol, la sorpresa. Aún así, soy muy meticuloso escribiendo, corrijo mucho. Me tomo mi oficio muy en serio.
Fue propuesto para el Nobel desde aquí hace más de una década. ¿Le gustaría recibir el Cervantes o el Príncipe de Asturias?
Me gustaría por el dinero que conllevan, que no sobra nada, pero yo no estoy en esa órbita ni en ese círculo. Soy un solitario. Voy a mi aire: hago lo que me da la gana.
¿Qué le queda por escribir?
No lo sé. Ahora estoy haciendo una cosa de vampiros, muy divertidos, que no se parecen para nada a los de ’Crepúsculo’.
Reside en Barcelona desde hace años. ¿Como vive el conflicto sobre la independencia de Cataluña?
No lo vivo. Lo sigo por televisión, pero me incomoda un poco Artur Mas. Lo veo como muy satisfecho de sí mismo, arrogante, como si fuese un «mesías», el ayatolá Mas. Pienso que todo volverá a su sitio. He vivido y vivo en Barcelona sin conflictos.

JAVIER TOMEO SERÁ ENTERRADO MAÑANA JUEVES EN QUICENA

  

 

Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932-Barcelona, 2013) reposará para siempre en el cementerio de Quicena, su pueblo irreemplazable, a la sombra de su amado castillo de Montearagón, “una silueta que le obsesionaba y que, alegóricamente, está en su literatura”, tal como ha escrito Ismael Grasa. Instituciones aragonesas, amigos, albaceas y familiares han llegado a un acuerdo para que los restos de uno de los escritores aragoneses más internacionales de todos los tiempos, después de Gracián y Sender, descanse en su tierra, Aragón. El entierro, tras el funeral de este miércoles en Barcelona, será este jueves a la cinco y media de la tarde. 

“Javier Tomeo era un amante del paisaje aragonés de su infancia y siempre quiso que se le reconociese como escritor aragonés, y que así constase en todos sus libros”, recordaban algunos de sus amigos en la propuesta de traslado, que ha sido muy bien acogida por las primas del escritor, por su agente y por las autoridades que han llevado a cabo las gestiones: Humberto Vadillo y Dolores Serrat por el Gobierno de Aragón; Antonio Cosculluela, Elisa Sanjuán y Juanjo Javierre por la Diputación de Huesca; la diputada socialista Mariví Broto; Juan José Vázquez por el Ayuntamiento de Zaragoza, y el concejal de cultura de Quicena, Rafael Blasco, respaldado en todo momento por el alcalde de la localidad, entre otros que han empujado con absoluta generosidad. Al fin y al cabo, como se ve en tantos y tantos cementerios, en tantos y tantos libros, las tumbas de los escritores se convierten a menudo en un patrimonio valioso. Y Tomeo cierra así un ciclo: regresa de la diáspora en su camino hacia la inmortalidad de sus ficciones y su figura.

En 1989, decía Javier Tomeo a HERALDO. “Tierz, Quicena, Siétamo, Nueno... Algunos dicen que son los nombres de las legiones romanas que estaban acampadas allá. En Quicena estaba la quinta; en Tierza, la tercera; en Siétamo, la séptima... Pero otros dicen que eran las unidades de distancia que existen entre el pueblo en cuestión y Huesca, la capital. Nuevo, nueve. Quicena, cinco. Quicena está a la sombra del monasterio de Montearagón, uno de los grandes monumentos históricos de Aragón”.

Javier Tomeo vivió la Guerra Civil en Quicena, y luego partió con sus padres a Barcelona. Intentó ser uno de los arqueros del Huesca en los tiempos en que jugaba el ya legendario Tomás Hernández, Moreno, y pronto firmaría dos crónicas: una sobre un partido San Andrés-Huesca y una nota sobre la Semana Santa. A uno de sus grandes amigos, Ismael Grasa, le contaba: “Hace mucho tiempo que no voy por ese territorio mítico. Yo iba desde mi pueblo, Quicena, a La Corbetera. Recuerdo que una vez, después de estar unos años sin venir, entré en trance cuando regresé. Fui volando, sin pisar el suelo, desde mi pueblo hasta La Corbetera”.

 

MARIFÉ SANTIAGO, UN DIÁLOGO

ENTREVISTA

 

“El mal existe como existe la bondad”

“La memoria es el pilar que nos sustenta”

 

Marifé Santiago Bolaños transforma en poesía su viaje a Auschwitz-Birkenau: ‘Nos mira la piedra desde las alambradas’ (Olifante)

 -¿Cómo nace ‘Nos mira la piedad desde las alambradas’ (Olifante) que tiene algo de viaje a la memoria del espanto?

-Me invitaron, junto a otros poetas y creadores, a ir a Auschwitz. Mi compromiso era estar allí, contar la estancia. Así ha nacido, definitivamente, el libro. Recorrer con el cuerpo además de con la ética y el pensamiento esa “memoria del espanto” es dejar que se grabe sobre la piel de lo humano algo de otros que, de inmediato, se hace tuyo: ser con los otros, com-pasión, y, sin duda, ejercicio de piedad cuando no es mera contemplación estéril, sino “contemplación activa”.

 
-¿Había alguna efemérides específica en ese  agosto de 2011 en que data el libro?

-Hacía años del genocidio sobre el pueblo gitano en Auschwitz-Birkenau. Esa fue la razón de la invitación que me hizo Casa Sefarad. Fui con mi admirado Juan Carlos Mestre, Premio de la Crítica por ‘La bicicleta del panadero’, con mi querida Berta Ojea, con el Lebrijano, con Henar Corbí. Pero me llevaba también la memoria de muchos y muy queridos amigos y amigas por quienes yo iba allí, en cierto modo, peregrinando. Y la memoria de los sin nombre en mi memoria personal que, sin embargo, guían los pasos en este lugar de la infamia.

 
-¿Qué se encontró, qué sensaciones iniciales experimentó?
Las que ya llevan se mezclan con las que intuyes, y las que intuyes acaban desapareciendo ante la constatación de que lo imposible fue, y por lo tanto sigue siendo, perfectamente posible. Saber de la vulnerabilidad de la ley, de la ética, de la decencia moral. Saber que bajar la guardia un segundo es una irresponsabilidad imperdonable. Y sentir que no es una tarea individual solamente, sino un compromiso cívico, a pesar de que, como escribía Giner de los Ríos, las revoluciones se hacen en la conciencia.
 
-¿Es posible encontrar poesía en un campo de concentración?

La poesía, como corresponde a su valor, no actúa aquí como bálsamo, como sueño, sino como una esperanza doliente y entregada, como el desvelamiento desgarrado de la palabra que gime y grita, que se agarra a ti y no te dejará marcharte sin que hayas dejado, a partir de ella, el óbolo que hay que pagar por saberte, también, habitante del otro lado. La poesía aquí es el sendero que te lleva hasta las entrañas de lo que allí se abrió y te exige verlo sin que entrecierres los ojos del alma.
 
-Dice: “Quiero que broten rabia o tristeza desde mi corazón para no sentirme tan sola”. ¿Qué pesa más la tristeza o la rabia?

La perplejidad insistente a pesar de todo lo leído, escuchado, hablado y sentido. Y, desde luego, la rabia y la tristeza aliadas, confundidas la una con la otra. Rabia y tristeza de saber que no hay que buscar razones al espanto, que el mal existe, como existe la bondad: sin causas que la razón explique o justifique. Muy duro esto.

 
-¿Qué fantasmas le rondaron allí? ¿Qué voces?

Las de mis queridos amigos y amigas que llevan en sus biografías células gestadas allí, imposibles de destruir. Los fantasmas de tantos hombres y mujeres valerosos, justos, que dejaron enterradas sus palabras en ese lugar simbólico que ha sustituido a los símbolos y los ha convertido en corporeidades, en “cosas” que son, a su vez, símbolos de otras que habrían de llegar, que han llegado. Las voces podridas en silencios cómplices y duraderos, eficaces como lo son las armas del miedo y la humillación. Y los fantasmas vivos de tantos seres humanos grandes, ejemplares que, desde las alambradas, le hacían sitio a la piedad para que nos mire de frente.

 
-Cita a Primo Levi, a Paul Celan. ¿Cómo alumbraron su su escritura en Auschwitz?

Gelman, Jabès, Primo Levi, Celan, Valente, Gamoneda, Semprún (‘la escritura o la vida’), Daniel Mordszinki, Margalit Matitiahu, Tsvietáieva, María Zambrano, y muchos otros. Estaban todos allí, de un modo u otro, con procedencias distintas, con experiencias vitales distintas, pero haciendo el mismo viaje que yo hacía: mezclada su obra, su vida, su fama ejemplar o su ejemplar anonimato, como luciérnagas “porque en Auschwitz está prohibido encender fuego”. Levi y Celan propusieron, en alguna página del libro, ser nombrados; los otros aceptaron esa decisión, ese coro que es ‘Nos mira la piedad desde las alambradas’

-¿Cuál es aquí la importancia de la memoria?
La memoria no es solo el pilar que nos sustenta como seres humanos, sino la ofrenda que como tales hacemos al tiempo. Desde la memoria establecemos una continuidad respetuosa con los que nos precedieron y reconocemos su valía a la hora de dar testimonio de quienes somos. La memoria es, por lo tanto, un ejercicio de humildad y de encuentro presente. La memoria no es paralización, melancolía o esterilidad, sino todo lo contrario.


-¿Qué quiere decir el título del libro?

¿Qué quiere decir un poema?, ¿qué es escribir poesía?, ¿qué significa poesía?... Alambrada y Piedad, una violenta contradicción, un enfrentamiento que ha de derramar dolor, sin duda alguna. Pero la piedad nos mira, nos mira... A nosotros.

 
-¿Cómo conviven en su obra la poesía y la filosofía?
Como dos buenas y queridas amigas: cada una tiene su espacio, su libertad y su estilo,  y cuando se necesitan están juntas sin pereza, aportando cada una lo mejor de sí para el crecimiento de la otra.


-Últimamente se utiliza mucho el término nazi para definir cualquier conflicto social. Después de estar en Auschwitz, ¿le parece exacto?

Antes de estar en Auschwitz me parecía tan deleznable como me lo parece después de haber estado allí. Y dado que en Auschwitz “como en el meridiano de Greenwich, se pusieron en hora todos los relojes”, es tan reprobable como cuando ciertas palabras nobles por lo que atesoran (cultura, diversidad, justicia, paz, alianza, dignidad...) se usan en contextos que destruyen su poder, que lo aniquilan. Lo más grave es que no se trata de un descuido, sino de un plan urdido para destruir y para ocultar, para reducir a escombros inútiles actitudes que son luz, cerco y barrera para la maldad. Lamentable, muy lamentable.

 
¿Cómo valora la experiencia de editar la correspondencia de María Zambrano con el aragonés Gregorio del Campo?

Como un regalo que me ha hecho, que nos ha hecho a todos los que aprendemos de su obra, María Zambrano, a través de la familia maravillosa de Gregorio del Campo, de esas “hadas nobles”, como las llamo en la dedicatoria del libro, que han custodiado un tesoro que trasciende a sus dueños.

[‘Nos mira la piedad desde las alambradas’. Marifé Santiago Bolaños. Olifante. Zaragoza, 2013. 92 páginas. El libro se presentó en la librería Antígona. La foto es de 'El Correo Gallego'.]