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Antón Castro

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INDIGNADO ESTOY, POR JAVIER RUEDA

Indignado estoy*

Por José Javier Rueda

LA REALIDAD es poliédrica y a mí, una vez más, me coge en medio. Esta mañana, me he encontrado con un político local que me ha preguntado mi opinión sobre el movimiento 15-M. Llevado por el 'buen rollito', le he comentado que yo estaba esperanzado, que valoraba que los jóvenes fuesen capaces de salir de la atonía para manifestar pacíficamente su indignación. Para mi sorpresa, me ha contestado airado que yo era un optimista trasnochado, un ingenuo ecociclista y un retrógrado verdirrojo. Acaso sea cierto, he pensado.

Después, me he topado con un líder sindicalista, y me ha preguntado lo mismo. «¿Qué te parecen los indignados?». Le he contestado que son una pandilla heterogénea de ingenuos y de extremistas. Hecho un ogro, me ha espetado que yo era un reaccionario, un quintacolumnista y un tránsfuga vendido al capital. Debe de ser verdad, he pensado.

Más tarde me ha abordado un dirigente empresarial. Desbordado por los encuentros anteriores, solo he podido confesarle que no tenía una opinión y que no sabía qué pensar. Me ha llamado alienado, inmaduro y pasota. Tiene razón, he pensado.

Un poco harto ya, cuando me ha preguntado una compañera del periódico, le he explicado que mi opinión es un asunto privado y que no la comento con nadie, aunque tengo un juicio muy firme. Me ha llamado soberbio y asocial. Está en lo cierto, he pensado.

Al llegar a casa, he abrazado a mi mujer y le he susurrado al oído: «Si me preguntas por los jóvenes de Sol, no te vuelvo a hablar».

 

*José Javier RUEDA, escritor y periodista de ‘Heraldo’, publicaba ayer esta columna en la contraportada de ‘Heraldo’. Una pieza espléndida que parece un relato de Dino Buzzati. He tomado la foto de aquí.

ÁLVARO CUNQUEIRO EN SU SIGLO

ÁLVARO CUNQUEIRO EN SU SIGLO

 

[Si he escrito algunos libros, si desde joven me aficioné a la literatura, es porque, entre otros autores (García Márquez, García Lorca y Bécquer serían los otros), leí con absoluta devoción a Álvaro Cunqueiro Mora, el señor de las palabras de Mondoñedo, nacido en 1911, hace ahora un siglo, y fallecido en 1981, hace ahora treinta. En este artículo recuerdo algunos datos de su vida, de su trayectoria, de sus libros.]

 

2011: el año de las mil magias de Cunqueiro

 

[Se cumple el centenario del nacimiento del gran escritor y erudito gallego, nacido en 1911 y fallecido en 1981. Fue narrador, ensayista, poeta, autor de teatro, charlista, gastrónomo y director del periódico ‘Faro de Vigo’]

 

 

Si 2011 es el año de Joaquín Costa y de Miguel Servet, también lo es de otro personaje singular, raro, desubicado en la vida y en la muerte, gallego de Mondoñedo y embajador de los secretos del trasmundo: Álvaro Cunqueiro Mora (1911-1981), un señor divertido que aprendió el arte de narrar en los sótanos del palacio arzobispal y en las tertulias desaforadas de la botica paterna.

Cunqueiro lo fue casi todo: un poeta que perteneció al neotrovadorismo y a las vanguardias cuando andaba por Santiago, bajo la lluvia, esbelto como junto y con paraguas; sería periodista hasta su muerte, dirigió ‘Faro de Vigo’ y escribió los pies de fotos más ingeniosos y poéticos que se recuerdan; elaboró relatos, retratos y novelas; fue viajero, cocinero, andariego y fue, ante todo, un escritor increíble, irreductible, emparentado con Jorge Luis Borges, con Marcel Schwob, con Marguerite Yourcenar, con Alfonso Reyes.

Encarnó al escritor que se sentía hermano de sangre y de invenciones de su paisano Rafael Dieste, aquel que firmó ‘Historias e invenciones de Félix Muriel’, que redactó en buena parte en el café Tortoni, en Buenos Aires y muy cerca de Borges; se sintió pariente de Joan Perucho y de Néstor Luján, entre otros nombres, con quienes firmó algún libro de cocina y anduvo ocasionalmente por Calaceite. Cunqueiro es el autor de dos libros inolvidables sobre gastronomía y cultura: ‘La cocina cristiana de Occidente’ (existe edición en Tusquets y es uno de esos libros que contiene erudición, diversión, picardía y un asombroso conocimiento del alma humana), y ‘Viaje por los montes y chimeneas de Galicia’ (1962), que compuso en colaboración con Xosé María Castroviejo, otro raro al que le gustaba la caza, el paisaje y contar historias hasta que se fundían la noche y la aurora y los espectros.

Álvaro Cunqueiro se inició como poeta en Santiago y perteneció al Partido Galleguista, en el que formaban los pintores y dibujantes Carlos Maside y Castelao, y escritores como Otero Pedrayo o Carballo Calero. En la Guerra Civil se alió con el bando nacional, perteneció a Falange, intentó hacer carrera en Madrid y finalmente abandonó la ciudad y la militancia falangista, y regresó, desposeído del carné de prensa y decepcionado del curso de los acontecimientos y de sí mismo, a Mondoñedo, donde empezó a escribir prosa.

Un día, retirado en una especie de desván con vistas al bosque y a un cielo raso de pájaros errantes, empezó a escribir un libro prodigioso: ‘Merlín e familia’, en el que recuperaba al mago Merlín y a la reina Ginebra. Ahí recomenzó su carrera: Cunqueiro poseyó siempre una sabiduría inagotable, de libros, de autores, de Historia, de lenguas y de la vida popular. Tenía un sexto sentido para los paisanos y captaba las existencias extrañas o exuberantes al vuelo, como se ve en los libros deliciosos de la trilogía compuesta por ‘Escola de menciñeiros’ (Escuela de médicos, 1961), ‘Xente de aquí e de acolá’ (Gente de aquí y de allá, 1970) y ‘Os outros feirantes’ (Los otros feriantes, 1979). Metió en sus libros las consejas populares, las supersticiones, los mitos, los miedos, el universo de la Edad Media y de los monasterios y de las peregrinaciones; metió en sus libros un acerbo cultural inagotable: igual rindió homenaje a Homero -en novelas como ‘Las mocedades de Ulises’ y ‘El hombre que se parecía a Orestes’ (Premio Nadal, 1948)- que a Shakespeare, a Chretien de Troyes y a ‘Las Mil y una noches’, recuperó a Simbad el marino en ‘Si el viejo Simbad volviese a las islas’, hizo desfilar a los muertos (piensen en ‘Las crónicas del sochantre’. Premio Nacional de la Crítica, 1959), narró historias inverosímiles y apócrifas basadas en los sueños, en la erudición o en su portentosa imaginación, que estaba siempre teñida por la melancolía, la vitalidad, el sentido del humor, la poesía y el disparate o la desmesura controlada.

Escribió en gallego y en castellano. Y es difícil hallar un escritor a quien le siente con tanta precisión el nombre de mago. Álvaro Cunqueiro fue un mago de la palabra, de la ficción, un bardo, un trovador de la narración y del verso; él se definía como “vagabundo y dado a la dispersión”. Amancio Prada hizo un disco espléndido con sus poemas: ‘A dama e o cabaleiro’. Cunqueiro falleció hace ahora 30 años y fue enterrado en un día de llovizna. En su tumba pidió que, entre otras cosas, escribiesen: “Eiqui xaz alguén que, coa súa obra, fixo que Galicia durase mil primaveras máis (Aquí yace alguien, que, con su obra, hizo que Galicia durase mil primaveras más)”. La Biblioteca Castro publica dos volúmenes con sus novelas y relatos, con piezas teatrales y poemas: más de 1500 páginas que introduce Miguel González Somovilla.

JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE VISITA ANTÍGONA CON 'LAS OLLERÍAS'

JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE VISITA ANTÍGONA CON 'LAS OLLERÍAS'

 

 

Estimados amigos/as, 

 

El próximo lunes  a las 20 h., Joaquín Pérez Azaústre presentará su último libro de poesía, LAS OLLERÍAS, con el que obtuvo el Premio Loewe, en Librería Antígona de Zaragoza (C/ Pedro Cerbuna, 25).


Acompañando al autor estaremos José Luis Rodríguez García y yo mismo.

Un saludo.

 

David Mayor.



Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976) ha publicado las novelas América (Seix Barral, 2004), El Gran Felton (Seix Barral, 2006) y La Suite de Manolete (Alianza, 2008). Sus libros de poemas son Una interpretación (Rialp, 2001), Delta (Visor, 2004), El jersey rojo (Visor, 2006) y El precio de una cena en Chez Mourice (Algaida, 2007). Incluido en varias antologías, ha sido galardonado con los Premios Adonais y Fundación Loewe de creación joven, entre otros, además del presente.
En palabras de autor, " Las Ollerías es una avenida de Córdoba transformada en un espacio simbólico de la memoria: un territorio en el que es posible la reconstrucción personal a través del poema, convertido en una fortaleza del ser".

 

LA MISIÓN 

 

Se escribe contra todo y contra todos.

Es una realidad:

la vida no es proclive a la escritura.

Esto se comprende en un principio:

luego ya se ha hecho tarde para una retirada.

Primero es una fuerza colosal

y hay que revelarla en la familia,

definir un destino y una vocación.

La etapa dura años. Un libro después,

comprendes que la pugna empieza ahora,

que no acabará nunca, si es que en el trayecto

no terminas tú contigo mismo.

Y no va a pasar nada.

Ver nacer a los hijos, ver sentarse a los viejos

y advertir en sus rasgos nuestros rasgos también.

Escribo como recuerdo,

escribo para acordarme a mí mismo.

Me gustaría volver a escribir:

Al principio dormíamos desnudos.

O escribir: Me despierto. Anochece

y escucho unos murmullos sobre el agua,

el aleteo aterido sin las gotas de sol.

Creo ver a mi padre, anciano y aún robusto,

guiando las primeras brazadas de mi hijo.

Me gustaría, sí, pero no puedo,

por más que esto se trate de una confesión,

aunque yo sea más viejo, aunque mi padre

sea mucho más joven que hace años.

Sin embargo, ¿qué hacer, y hacia dónde mirar,

si no es la sustancia de un buen texto?

No se trata tanto de realismo,

ni de una exactitud artificial:

quizá ser un licántropo del tiempo

consista únicamente en recoger

todos los fragmentos de la foto,

para poder guardarla en el armario

de las horas futuras.

 

(poema incluido en ‘Las Ollerías’)

POESÍA, MÚSICA Y DANZA EN 'LA NOCHE EN BLANCO' DEL PABLO SERRANO

 

Esta noche, dentro de la programación de ‘La noche en blanco’, donde habrá espectáculos de danza, a las 20 horas y a las 22 horas, el Museo Pablo Serrano también programa una doble sesión de lecturas de poemas y textos, a las 21 horas, en la tercera planta, y un recital poético musical a las 22.30, en la gran terraza, que está en la cuarta planta y que tendrá el bar abierto. La entrada es libre y habrá una veintena de escritores, narradores, libreros, rapsodas y músicos, entre ellos Nico Cassinello, que tocará algunos de sus temas. Andarán por allí Mariano Anós, Octavio Gómez Milián, José Luis Melero, David Mayor, Juan Marqués, Nacho Escuín, Almudena Vidorreta, María Coduras, Julio Espinosa, Ana Alcolea, Eva Cosculluela, Marta Fuembuena, Fran Picón, Fernando Burbano, Elia García, Fernando Sanmartín… Y más gente. Los poetas y escritores leerán textos suyos, pero también se leerán textos de Rosendo Tello, José Antonio Labordeta, etc.

MARCHAMALO O BICICLETAS MIL

MARCHAMALO O BICICLETAS MIL

Jesús Marchamalo, ese sabio de escritores y de bibliotecas, ese mitómano de los libros dedicados, me envía este regalo de medianoche. Y lo titula con sencillez: ‘Bicicletas mil’. Dentro de muy pocos días, Jesús publica un libro de su amado Julio Cortázar.

XOÁN ABELEIRA: UN POEMA

XOÁN ABELEIRA: UN POEMA

El poeta Xoán Abeleira –traductor de Sylvia Plath, de Ted Hughes, Robert Desnos, Apollinaire y Rimbaud, entre tantos otros- me envía este poema en edición bilingüe de su próximo libro que aparecerá en breve en Xerais, la espléndida editorial que dirige un tipo extraordinario, formado en universidades laborales: Manolo Bragado. Este texto pertenece a su orientación más mística y metafísica, a su poesía más depurada. Casi del silencio. [Ilustro esta entrada con un hermoso retrato de Lois Pereiro, a quien se le ha dedicado o Día das Letras Galegas, Libros del Silencio acaba de publicar su obra completa (una hermosa apuesta del gallego en Barcelona Gonzalo Canedo), retrato que ha realizado un gallego en Bilbao: Pablo Gallo, con quien tanto quiero.]

 

 

A CHAIRA EN PRIMAVERA

 

Ei-lo voso oenach

O voso santuario –

 

A foz interior

Do mar onde conflúen

O voso novo Alén

O voso vello Aquén

 

A terra devida

Un cortizo

Policárpico –

 

Agora que todo rompe a xenar todo

Gaña a súa xeira

 

Que as lamelas e as fragas bourean

Ó doután sen párroco nin patrón

A lla garduñar

 

Vide

As abellas doentes da Negrume

 

Vide

As derviches do Pobo dos Soños

 

Libade a vosa flor

Levade o voso mel

 

Vós

A quen Nada lle pertence

 

  

 

LA LLANURA EN PRIMAVERA 

 

Ahí está vuestro oenach

Vuestro santuario –

 

La desembocadura interior

Del mar donde confluyen

Vuestro nuevo Más Allá

Vuestro viejo Más Acá

 

La tierra transformada

En un panal

Policárpico –

 

Ahora que todo rompe a florecer todo

Gana su jornal

 

Que los prados y los bosques trajinan

A su antojo sin párroco ni patrón

Que se lo pueda hurtar

 

Venid

Las abejas dolientes de lo Oscuro

 

Venid

Las derviches del Pueblo de los Sueños

 

Libad vuestra flor

Llevad vuestra miel

 

Vosotras

A quien Nada pertenece

CRISTINA GRANDE: UN DIÁLOGO

CRISTINA GRANDE: UN DIÁLOGO

Cristina Grande recoge sus dos primeros libros, ‘La novia parapente’ y ‘Dirección noche’ en un tomo: ‘Tejidos y novedades’ (Xordica, 2011), que cuenta con siete nuevos cuentos, tan humanos y turbadores como los anteriores. Cristina sigue trabajando en silencio, viaja mucho, ha vuelto a enamorarse y trabaja en una nueva novela. 

-Han pasado casi diez años desde la aparición de su primer libro: ‘La novia parapente’. ¿Qué significó para ti ese libro, mirando ahora hacia atrás?

-Mirar hacia atrás es como mirar hacia abajo desde mucha altura, da un poco de vértigo. ‘La novia parapente’ fue una especie de milagro. Lo escribí con la libertad que da la ignorancia inocente o la inocencia ignorante. Tiene la espontaneidad de la primera vez, algo que se pierde automáticamente y que se recuerda con cierta nostalgia. 

-¿Por qué has elegido el cuento, y además corto, como una forma natural de expresión?

-En principio es la extensión natural para mí. La comodidad también es natural en mí. Tengo bastante aversión a todo aquello que parezca muy elaborado. 

-Cuatro años más tarde apareció ‘Dirección noche’, otro conjunto de relatos que ahondaba en la poética de los objetos. ¿Son los objetos como animales de compañía para ti?

-Sí. Los objetos guardan muchos secretos, recuerdos y vivencias que me acompañan. Quizás porque tengo mala memoria recurro a ellos como a un álbum familiar. A diferencia de los animales, tienen la ventaja de que no mueren. 

-Y añades siete piezas nuevas y aparece ‘Tejidos y novedades’ ¿Qué hay de tejido y qué hay de novedad?

-Los tejidos ahí están, como una vieja colcha patchwork en la que no se puede cambiar el orden de los pedazos. Y las novedades suman una fila más para abrigarte un poco mejor.  

 -Una característica de casi todos tus relatos es la elección de la primera persona. ¿No temes que se confunda persona y personaje?

-Siempre hay una distancia entre mis personajes y yo. La primera persona me permite alejarme más porque la controlo como yo quiero. A mis personajes les permito más cosas si hablan en primera persona. 

-El libro se cierra con el cuento ‘Cáscara amarga’ y narra una historia de amor más o menos imposible. ¿Eres consciente de que ese personaje central siempre está malquistado consigo mismo, a la defensiva, y que es un náufrago?

-La imagen del náufrago siempre me ha interesado y el amor sería en mis historias el remedio a la soledad del náufrago. Nada me da más miedo que la soledad, que en realidad se parece mucho al vacío. 

-Otra de las características de tus relatos es un cierto pesimismo y que no existe el futuro. “Nunca he creído en el futuro”, dice. ¿Es usted así?

-Aunque parezca contradictorio, soy profundamente optimista. Y tiendo a creer que el futuro será por lógica mejor que el pasado. Nunca volvería a mis veinte años. Quizás mi pesimismo es un afán por encontrar el equilibrio. Me gusta pensar que lo mejor está por llegar, y no creo en el pasado si no es como un mero almacén de experiencias (muy atiborrado, eso sí). 

-¿Qué hay en los secretos de familia, qué tesoro o qué atmósfera de inquietud y de frío encuentras ahí?

-Tesoro es la palabra que más relaciono con la familia. Soy un poco siciliana en ese sentido. En el entorno familiar y doméstico me siento muy cómoda. 

-Si tuviéramos que buscar afinidades en tu obra, ¿deberíamos pensar en Natalia Ginzburg, en Anne Tyler, en Clarice Lispector? ¿Qué escritores viajan con Cristina Grande?

-No leo para aprender, sólo para reconocerme. Me reconozco en muchos autores, en la Ginzburg por supuesto, pero también en Miguel Torga, en Julio Ramón Ribeyro, en Javier Tomeo, en Irene Nemirovski, en Agota Kristof, en Thomas Bernhard, en Ramón J. Sender...

-Uno de los cuentos nuevos se titula ‘Volanderas’ y mezcla la historia de unas amigas con otro de tus símbolos: las capitanas.¿Por qué la atraen tanto las capitanas?

-Que puedan echar raíces después de muertas me parece fascinante. Vencer a la muerte es el gran tema. 

-Uno de los cuentos más brillantes, entre los nuevos, es ‘Reserva especial’: ¿Cómo nace esa historia de amor, de vino, y de un joven despeñado por un precipicio?

-Quizás también tiene que ver con el afán de trascendencia. El vino, en esas botellas, no sólo sobrevive a las personas, sino que además es capaz de tirarse por un precipicio para advertirnos del peligroso espejismo del amor. El vino no miente. 

-¿Crees, de veras, que las verdades sin tapujos solo se pueden decir cuando apenas conoces al otro?

-No lo sé, pero he comprobado que cuando no tienes nada que perder puedes comportarte de forma más auténtica. 

-¿Por qué tus criaturas son tan frágiles que están siempre al borde del abismo?

-No creo que sean tan frágiles, al contrario, hay que ser muy fuerte y valeroso para vivir al borde del precipicio. Admiro a Philippe Petit, el funambulista que paseó entre las torres gemelas sin ningún miedo, y no precisamente por dinero. 

-Tus personajes siempre están de caza. ¿Es ese nuestro estado natural: buscar, intentar cazar, seducir?

-La cosa está en no quedarse quieto, y para eso hace falta un poco de entusiasmo, "ligerezza" y desprendimiento. Sobre todo busco reconocerme en mis semejantes.

 

ESTA MEDIANOCHE, BORRADORES

 

El vaquero Giuliano Gemma.

Faustino Cortés y María Pérez Collados: el dúo Mariaconfussion.

La escritora Elisa Plana y los fotógrafos Alfonso López y Eduardo García, autores del libro ‘Los pueblos dormidos’ (Rolde / Amarga Memoria) acuden esta  noche, a las 1.05, a Borradores para explicar las razones de la despoblación de diversos núcleos rurales de Aragón como Júnez, Lacasta, Castellote, Belchite, Jánovas, etc. Y también visitan el programa los escritores María Pérez Collados, autora del poemario en prosa ‘Diario de invierno’, y Carlos Manzano, que acaba de publicar su novela ‘Lo que fue de nosotros’, la historia de una pareja a la que le matan a un hijo de tres años, hecho que provocará una agria ruptura contada a tres voces. Ambos han publicado sus libros en el sello zaragozano Nuevos Rumbos.

El programa de esta medianoche es esencialmente literario. Ofrece entrevistas con Rafael Reig, autor de ‘Todo está perdonado’ (Premio Tusquets de novela), una narración de inspiración policial que aborda algunas peripecias de la Transición. El poeta y narrador catalán Use Lahoz, que pasó muchos veranos en La Hoz de la Vieja (Teruel), publica ‘Las estaciones perdidas’ (Alfaguara), donde cuenta la historia de un pícaro que va de aquí para allá, de flor en flor, de ciudad en ciudad, y en ese tránsito descubre al amor de su vida. Y también se ofrece un reportaje con el periodista, director de ‘Mercurio’ y escritor Guillermo Busutil, autor de los relatos ‘Vidas prometidas’, publicado en Aragón por el sello Tropo, un libro donde se mezcla la literatura, el cine, especialmente el western, el universo cotidiano del amor y del trabajo, y los mejores fogonazos de la infancia.

El joven pianista Alberto Menjón, que acaba de ser premiado en Vigo, es el encargado de la actuación musical en la que es su primera actuación en televisión.