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Antón Castro

Escritores

AMY HEMPEL Y SUS 'CUENTOS COMPLETOS'

AMY HEMPEL Y SUS 'CUENTOS COMPLETOS'

Desde hace unos cuantos días estoy leyendo los ‘Cuentos completos’ de Amy Hempel (1951), una extraña escritora que ama los perros y que es admirada por autores tan diferentes como Alice Munro o Chuck Palaniuk. Amy Hempel es una escritora inteligente y ceñida, que domina sus recursos y no teme incurrir en lo insólito ni en la extravagancia. Posee lirismo y sentido del humor (tras una accidente, escribe: “No perdió el conocimiento. Pero se le había desgarrado un brazo hasta el hueso mismo y, cuando lo vio… le dio un susto de muerte. // Es decir, que se murió”), un sinfín de personajes estupendos, y puede ser tierna, cruda, cruel, implacable. Puede dar giros inesperados al curso apacible de la acción. Estos ‘Cuentos completos’ –que edita Seix Barral en traducción de Silvia Barbero- son el trabajo minucioso de veinte años que había desplegado en cuatro libros. Probablemente, el mejor de todos ellos sea la última recopilación: ‘El perro del matrimonio’.

Me ha encantado esta foto de Amy Hempel. Ante ella y en derredor, diferentes cuadros con motivos de perros.

MELISSA GHEZZI: UNA POETA LIMEÑA

MELISSA GHEZZI: UNA POETA LIMEÑA

Les Motiv…

(bitácora de una boda)

(2008)

 

Dom. 18 de enero

 

La abuela,

mujer sabia y rebelde,

ama las uvas y los cuentos

así como ama vernos

tomadas de las manos.

 

Nos faltan las horas

para entretenernos a escondidas,

picando anécdotas jugosas.

 

Nos midió cuidadosamente

de cuello a pies

para tejer los dos vestidos.

Pidió siete madejas de hilo crema.

 

Aconseja que colguemos

piedra translúcida

de cuellos, manos y orejas

para que luzcan al brillo

del sol de mediodía,

entretenido con sus años,

caminemos descalzas al altar

así se cuelen los cangrejos

y llevemos girasoles de bouquet.

El abuelo la enamoró

con sus pétalos amarillos

y sus ojos gigantes.


Dom. 14 de diciembre

 

No vengo a ofrecerte

mi cuerpo almidonado.

No traigo remedios para los años

ni canciones fabricadas para la nostalgia.

 

No he traído flores

no he traído chocolates

ni una cena a velas

ni tatuajes en mis senos

ni la luna por encargo

de divinos elefantes.

 

No he comprado arte

de supermercado

ni he envuelto

un recuerdo diminuto

amarrando con soguillas

mis intentos.

 

En cambio, te ofrezco

mis versos domesticados;

pura y ufanamente tuyos.

 

No hay maleficios;

no hay recetas

Sólo esta voz temblorosa;

solamente

esta silueta descubierta.


Dom. 19  de octubre

 

Quien pueda excitar

mis espacios más puros,

no lleve disfraces

el día que se anuncie.

Quien toque mis venas

sin tocar mis bellos

buscándome debajo

de alfombras de sabiduría.

 

Quien ordene cada esquina vacía

con carácter de urgencia;

me ate y desate

sin víctimas

ni descuidos.

Quien me escriba si viajo,

un poema por hora

y amanezca siempre

con una sonrisa ante lo adverso.

 

Quien transite conmigo

las calles de Lima

con manos entrecruzadas,

siendo sólo nosotras

y que importan las arrugas

si dormidas

vestimos el mismo abrigo.


Universo de Mujer

2005

 

 

Errores y diluvios

 

También te usaré.

 

Repetiré errores y diluvios,

beberé el tacto de tu tacto,

abusaré de tus flujos,

de tus hechizos,

de tus embrujos.

 

Entonces,

postergarás tus temores,

entregarás tu vientre,

absolverás tu frigidez,

penetraremos en la muerte.

 

Penúltimo beso

 

Bastan mi tacto

rozando el noreste de tus comisuras;

una palabra

frente a tu rostro semidespierto;

una fragancia de paz en tus oídos;

un beso,

tantas veces penúltimo.

 

La luz apagada por si mi piel se enciende;

fijando una cita con tus cinco sentidos;

tus párpados desnudos,

tus diablos dormidos.

 

Mi izquierda a tu derecha

si te declaras rendida;

la puerta entreabierta, nota acertada;

un “te amo” recurrente,

causal de mis motivos

y alertando mi presencia

mi índice en tus rodillas,

recorriendo tus certezas

...para que enciendas.

 

La otra poeta

(Inédito)

 

Mi escritora

deshila la palabra

envolviéndome en su madeja.

Se atreve a superar mis años,

y el exceso es totalmente

proporcional al deseo.

 

Su ventana de aluminio delata un octavo piso.

Enmarca el talud de la bajada al mar

tapizada de verde,

Más allá, la espuma en la orilla.

 

A la lectura del séptimo poema,

la humedad intimida,

más tacto y menos textos.

Recitamos lo escrito por los índices

en los espejos de los techos,

y así matamos dos placeres

en un solo disparo.

 

Deliciosa fruta de domingo

por la mañana

devorada por dos cuerpos.

 

 

*La poeta peruana Melissa Ghezzi (Lima, 1975), a la que conocí durante mi estancia en su ciudad, ha estudiado arquitectura en la Universidad Ricardo Palma. Es autora de dos poemarios: ‘Universo de mujer’ (2005) y ‘Les motiv. Bitácora de una boda’ (publicado en Calcomanía, en coedición con el Centro Cultural de España en Lima). Es una poeta que exalta el amor entre dos mujeres, el deseo y lo que ella denomina “la más pura desnudez del alma”. Esta foto de mujer junto al fuego es de Willy Ronis, el excepcional fotógrafo francés.

 

 

'O AFIADOR' DE XOÁN ABELEIRA

'O AFIADOR' DE XOÁN ABELEIRA

O AFIADOR

 

XOAN ABELEIRA

 

A Manuel Nóvoa Coello, afiador da súa pobreza.



I. Versión orixinal

¿Conoces bien el silbo que lo anuncia?
¿Oíste alguna vez ese reclamo?
El viento esculpe, acoda los enebros
Cuando recibes al afilador.

La noche es avanzada. El cielo un esmeril
Que abrasa vuestras dos figuras
Implicadas en lo oscuro.

Y la labor empieza,
Sin pronunciar palabra,
Sin convenir el precio que luego has de pagar.

La muela gira. Las centellas
Que intercambia la piedra aguzadera
Van conformando ese instrumento
Tajante, visionario
Que empuñarás mañana.

Y cómo se reavivan
Ante esa nueva luz tus ojos quedos,
Cómo te reconforta ese aluvión de ascuas
Después de tanta espera.

Pero el afilador no tiene tiempo,
No puede demorarse en tu entusiasmo.
Afirma el eslabón
Y, con disimulada maestría,
Suaviza, pule, sana
La grave embotadura,
Las hondas mellas que ha dejado el uso.

Después, sobre el mandil,
Limpia el filván de la hoja y, justo entonces,
Cuando es más alta tu alegría,
Te hunde severo en el costado
Cuatro dedos de amor inoxidable.


II. Versión en galego

Coñeces o asubío que o anuncia?
Sentiches algún día ise reclamo?
O vento esculpe, alomba os xenebreiros
Cando recibes o afiador.

A noite en avanzada, o ceo un esmeril
Que abrasa as vosas dúas
Figuras implicadas na negrume.

E o labor empeza.
Sen pronunciar palabra,
Sen axustar o prezo que logo has de pagar.

A moa xira. As faíscas
Que intercambia a arria aguzadoira
Van conformando ise instrumento
Tallante, visionario
Que empuñarás mañá.

E cómo se reavivan
Ante esa nova luz teus ollos quedos!
Cómo te reconforta ise aluvión de ascuas
Despois de tanta espera!

Pero o afiador non che ten tempo,
Non pode demorarse
Fitando o teu enlevo.
Afirma ben a chaira
E, con disimulada habilidade,
Adonda, pule, sanda a grave mela,
As fondas fanas que deixou o uso.

Despois, sobre o mandil,
Limpa o filván da folla e,
Xusto entón, cando máis alta
É a túa ledicia,
Afúndeche severo no costado
Catro dedos de amor inoxidable.




NOTA: Velaquí unha boa proba de que: a) os poemas só funcionan de todo na súa lingua orixinal, ou sexa, na lingua na que nós os recibimos nise intre de faíscas; e b) que os tradutores aínda nos padecemos máis cando versionamos un texto propio. Iste poema, pertencente a un novo libro que agora estou a artellar, escribino hai xa varios lustros, denantes de voltar á Galiza e retomar a lingua de meu e dos meus. "Catro dedos de aceiro" é a medida que cómpre pra atravesarlle o corazón a alguén, disque. A palabra arria (pedra de afiar), coma a de tarazana (roda ou moa de afiar), son propias do barallete, o argot dos afiadores/paraugueiros: esoutra clase de sabios, coma o meu bisavó.

 

*Este texto publícase hoxe en ‘La Opinión de A Coruña’. É un poema de Xoán Abeleira que prepara, tras a edición bilingüe de ‘Animais animais’, un nuevo poemario.

LA TESIS ROBADA

LA TESIS ROBADA

La noche se quedó pegajosa. Una luna caliente de oro viejo acariciaba las antenas y los tejados más altos. Descubrieron de repente que no les funcionaba internet y decidieron ir a uno de los bares con terraza donde había wi-fi. Aprovecharían para tomar algún refresco y ultimar algunos trabajos: ella seguía fascinada con el mundo literario de García Pavón y quería redondear algunas canciones para grabarlas. Y él llevaba muchos meses, acaso años, trabajando en su tesis de literatura sobre Luis de Góngora: había acumulado muchos folios y de esa labor iba a depender su retorno a las clases en Nueva York. Buscaron acomodo y abrieron sus portátiles. El tiempo pasó de prisa en medio de su afán. Les dieron las once, las doce, la una; les dieron las dos, y los dueños del bar con terraza en la Magdalena les recordaron que era hora de cerrar. Tan inspirados estaban los dos –ella, con la música, con su blog; él, con las metáforas gongorinas-, que decidieron quedarse un rato más, en un banco, hasta donde llegaba el wi-fi. Y en ello andaban, tan absortos y tan confiados, que no tuvieron tiempo de reaccionar: tres sujetos aparecieron de golpe, lo redujeron a él hasta dejarlo inconsciente, desmayado sobre el suelo, y les arrebataron los ordenadores. Ella vio sus caras, su determinación ruin e, inerme ya, aún recibió una patada. Nada pudo hacer. En la rueda de reconocimiento todo eran sombras borrosas, cuerpos y rostros indefinidos. ¿Qué ocurriría luego? ¿Venderán los ladrones de inmediato los ordenadores o tendrán la curiosidad de mirar sus tripas y sus archivos? A lo mejor descubren esa interminable tesis doctoral y optan a una plaza de profesor de literatura española en Nueva York. O mejor aún: dejan un cedé en el mismo bar con una nota: “Robamos ordenadores, pero no nos interesa Góngora. Les devuelvo la tesis y el pendrive”.

 

*La fotografía es de Brigitte Lacombe. ¿Adivinan quiénes son ellos en este retrato de 1975? Este texto apareció ayer en 'Cuentos de domingo' en 'Heraldo de Aragón'.

AMOR Y LEYENDA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

AMOR Y LEYENDA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Andrés Trapiello dice: “Juan Ramón Jiménez es él solo y de una vez, como Australia, país y continente inabarcables, el mayor territorio poética, literario y biográfico de la literatura española y en español de todo el siglo XX, acaso el único universo poético que, a semejanza del deducido por los físicos, está en permanente expansión”. Este primer párrafo a la edición del ‘Album Juan Ramón Jiménez’, que publica la Residencia de Estudiantes, es una advertencia y una guía de lo que viene luego: un paseo por la travesía de un hombre, enfermo de poesía, arrebatado de sensualidad y misticismo, que “fue un solitario… muy sociable, tan defendido del mundo como expuesto a él, tan inexpugnable como vulnerable y susceptible”. Insiste Andrés Trapiello en su retrato: “Ningún poeta español de su tiempo vio, trató, frecuentó, alentó, ayudó y se relacionó con tanta gente de toda clase”.

Las páginas que siguen, más de 600, son una confirmación deslumbrante y minuciosa, repleta de datos, de documentos, de revelaciones y de humanidad… Trapiello ha trabajado mano a mano con dos zaragozanos: el profesor Javier Blasco, director de diversos proyectos sobre el poeta de Moguer, y el diseñador y tipógrafo Alfonso Meléndez. Meléndez y Trapiello ya habían colaborado en dos álbumes anteriores: el de Luis Cernuda y el Pablo Neruda.

Javier Blasco es el encargado de repasar la biografía de “este poeta que vivió ‘en poeta”,  mientras Juan Antonio Expósito es el responsable de fijar la iconografía de 7312 fotografías e imágenes que ofrece el volumen. Javier Blasco acompaña la existencia de Juan Ramón Jiménez (1881-1958) a la luz de su propia obra: su nacimiento en Moguer en 1881; el contexto familiar a la sombra de su padre, un comerciante de vinos cuya muerte le dejará sumido en una terrible crisis, que le llevará a frecuentar distintos hospitales; la relación con los profesores; el aprendizaje paulatino de la pintura y su inclinación hacia la literatura. Juan Ramón fue enamoradizo y vehemente -como ya había demostrado otro aragonés, Ignacio Prat, en su libro ‘El muchacho despatriado’-, tanto que sedujo a la mujer del señor Lalanne, director de la Maison de Santé lo acogió tras su primera crisis, y luego a varias monjas del Sanatorio Rosario, tanto a la abadesa del convento como a la aragonesa Pilar Ruberte, entre otras. En aquellos días de voluptuosidad enardecida, también vivió una aventura amorosa en el balneario de Alhama de Aragón con la joven Eloísa de Córdova.

Poco a poco, tras pasar por un episódico romanticismo y por el modernismo, va afirmando una lírica personal, de gran pureza. Alterna su residencia en Sevilla, Moguer y Madrid; en 1913 se instaló en la Residencia de Estudiantes y allí dirigirá las publicaciones del centro, editará a José Ortega y Gasset, y cuidará los libros de los amigos. En ese mismo año, se enamora de “la americanita” Zenobia Camprubí Aymar, que había vivido en distintas épocas en Estados Unidos. Ese es el asedio amoroso más definitivo de su vida. Ella, que al principio no lo quería y se burlaba con bromas que desconcertaban al poeta, acabó convirtiéndose en su esposa, su enfermera, su compañera en mil faenas y en su protectora.

Juan Ramón Jiménez era un trabajador vocacional como editor, como traductor incansable de los simbolistas, de Synge o de Tagore (dejó de firmar las traducciones de su obra con su esposa porque luego le acusaban de plagio) y, sobre todo, como poeta, que renovaba una y otra vez su expresión con libros como ‘Diario de un poeta recién casado’ o los ‘Sonetos espirituales’, que dialogaban con Shakespeare.

Dejó la Residencia de Estudiantes y se cambió hasta cuatro veces de domicilio. Cuando se produjo la Guerra Civil, se marchó de España, y anduvo de aquí para allá: Washington, La Habana, Coral Gables en Florida, Maryland, Buenos Aires, donde coincidió con los grandes escritores argentinos, y finalmente Puerto Rico. Juan Ramón Jiménez tuvo un sobrino, Juan Ramón Jiménez Bayo, que falleció a los 22 años en el frente de Teruel, el 15 de febrero de 1938. Este le mandó una postal a su tío: “A mis tíos Zenobia y Juan Ramón, con todo cariño”. JRJ agregaría luego: “¡Pobre iluso!”.

Defendió la República española y mandó dinero para los niños durante la contienda. En el exilio trabajó sin descanso, impartió conferencias y, a pesar de su carácter huraño y de sus continuas enfermedades y rarezas, estuvo cerca de sus lectores, de los exiliados y se afanó en la divulgación de la lírica. En 1956, poco después de la muerte de Zenobia, recibió el Premio Nobel de Literatura, un galardón que reconocía su trayectoria y libros tan especiales, redactados en el destierro, como ‘Animal de fondo’, ‘Un dios deseante y deseado’ o el poema ‘Espacio’. A su mujer la despidió con esta elegía sincera: “A Zenobia de mi alma, este último recuerdo de su Juan Ramón, que la adoró como la mujer más completa del mundo, y no pudo hacerla feliz. J. R. J. Sin fuerzas ya”.

Este álbum excepcional, en hondura y rigor, en rescate iconográfico de fotos, documentos y portadas, es a la mejor puerta de acceso a ese complejo laberinto que tejió el poeta y que proclamó: “Intelijencia, dame // el nombre exacto de las cosas”. Rubén Darío, a quien tanto admiró JRJ, lo definió como “el intérprete de las voces ocultas”.

 

LA FICHA

Álbum Juan Ramón Jiménez

Dirección: Andrés Trapiello. Biografía: Javier Blasco. Iconografía: José Antonio Expósito. Calidoscopio Juanramoniano: Andrés Trapiello. Diseño de colección y tipógrafos: Andrés Trapiello y Alfonso Meléndez. Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Madrid, 2009. 634 páginas. (En la foto, Juan Ramón Jiménez con Jorge Guillén y Pedro Salinas).

FERNANDO GARCÍA DE FIESTA

FERNANDO GARCÍA DE FIESTA

Hace unos días coincidiendo con el cumpleaños de Miguel Mena, el pasado día 3, escribí una nota donde decía que Fernando García Mongay también había nacido en 1959. Ayer, amablemente, me envió una nota donde me corrige: lo he hecho un año más joven. “Como nuestro querido Mariano Gistaín”, me ha apostillado. Le había puesto la edad que aparenta.

 

Fernando está estos días de fiesta laurentina. Como el sistema ahora no me acepta las correcciones, la hago aquí, le devuelvo un año –“yo nunca me quito años –dicen que decía Sara Montiel-, no vayas a quitarme el mejor de mi vida”- y le dedico esta estampa tan veraniega de James Russell, tomada en 2003.

TROPO PUBLICA 'VIRGINALES' DE M. PONS

TROPO PUBLICA 'VIRGINALES' DE M. PONS

Oscar Sipán me envía la noticia de una nueva publicación de Tropo, el sello editorial que dirige con Mario de los Santos: se trata de Virginales, el libro de relatos breves de Maurice Pons que llevó al cine François Truffaut.

 

"La hermana de Jouve era demasiado guapa, no podíamos soportarlo. Se contoneaba siempre, con su falda de vuelo, seguro que no llevaba enaguas". Así arranca Virginales, de Maurice Pons, que Tropo Editores ha traducido del francés y que publicará en breve.

 

 

Virginales

 

Autor: Maurice Pons (Estrasburgo 1927-  )

Premios: Grand Prix de la nouvelle 1955 (Gran Premio de Relato Corto)

Editor: Cristian Bourgois Éditeur

1ªed. 1955 / 2ª ed. 1984. Reimpresión en Francia en 2001.

Páginas: 106

 

AUTOR

Maurice Pons estudió filosofía y se dedicó puntualmente a la edición. Es actor amateur y en 50 años ha escrito algo más 10 novelas y libros de relatos. Virginales fue su opera prima y obtuvo bastante éxito en la época, aunque su obra más aclamada ha sido Las Estaciones, traducida a varios idiomas, incluido el español (Siruela, 1994). Esta es su única obra traducida en nuestro país.

 

Aunque no publicaba nada desde los años ochenta, a partir de 2000 retomó su actividad literaria y en 2006 salió al mercado Délicieuses frayeurs (Deliciosos espantos), un  libro de relatos sobre los reveses de la vida y el existencialismo, compuesto de nueve historias plagadas de personajes excéntricos y desgastados por la vida. Tuvo una buena acogida por parte de la crítica.

 

RESUMEN

Virginales comienza con una introducción de tres páginas en las que el autor relata su trayectoria como escritor novel. Pons también cuenta cómo estos relatos de principiante, recogidos en 1955 en el presente volumen, llegaron al público, en primera instancia, a través de la prensa. El éxito que obtuvo con este libro le animó a seguir escribiendo.

 

Los 10 relatos que siguen a este pequeño prólogo son historias contadas en primera persona y en pasado por niños y niñas (¿o debería decir exniños con buena memoria?). Relatan situaciones de infancia, lugares comunes que todos guardamos en nuestra memoria más primitiva y en los que es fácil reconocer una parte de nuestra propia niñez. Son historias de seres virginales, incorruptos, puros y libres aunque no por ello desprovistos de una maldad ingenua y de una sexualidad instintiva, intrínseca a los seres inmaduros.

 

Estas historias de planteamiento lineal, cortas y sencillas, son un reflejo del razonamiento de sus protagonistas, que a pesar de su corta edad (calculo que no superan los 10 años) muestran el ingenio agudo y atrevido asociado a los genios, los locos y los niños. Ocurrencias, temores, juegos, placeres sensuales, lugares prohibidos… Pura fantasía cosida en retales de realidad. En pocas palabras; chispeante, divertido, cotidiano y entrañable.

 

A nivel visual lo describiría como un viejo álbum de fotografías de los veranos de nuestra infancia.

 

En Miss Fraulein, Ma marraine, Le seducteur, La communiante y A bicyclette, se adivina  una serie de placeres sensuales que casi rozan lo sexual, lo exuberante, lo prohibido, pero tratados de un modo velado e inesperadamente natural. Los niños perciben y expresan sensaciones físicas desconocidas, instintos que siguen sin pararse a pensar. Todo a su edad es espontáneo, nuevo, prohibido y excitante. Se abandonan sin tapujos al placer sensual, siguen sus impulsos por puro hedonismo, como es natural en los niños, y consiguen trasladarnos a esos juegos ambiguos con nuestras primas y primos, a las tardes de verano al sol, al contacto, casual o pretendido, con personas adultas, a los olores y las sensaciones reconfortantes…  

 

                Por otra parte, Balzac, Le gniagnia, Mots d’enfants, En Tripolitaine y Los mocosos nos transportan a los juegos y travesuras de antaño. En realidad los niños se mueven en universos paralelos, en mundos improbables; la fantasía forma parte de su realidad.

 

 En estos relatos se habla de sus diversiones y entretenimientos, de su espontaneidad, de su credulidad, de su crueldad, de sus tesoros y sus secretos. A veces sus ocurrencias son sorprendentes. Estas historias tienen una parte de travesura, consciente o totalmente inocente. La lógica de sus razonamientos y de sus juegos parece nítida para el lector, que sigue la historia desde dentro, convertido en un niño más, mientras los adultos que aparecen en las historias se sorprenden de sus actos y reacciones, puesto que las viven desde fuera.

 

                Tanto en los relatos sensuales como en los de vivencia Pons hace gala de una total maestría a la hora de meterse en la piel de un niño y logra hacernos viajar a un mundo olvidado. Las historias son atrevidas, divertidas, y dejan un regusto a ternura y nostalgia. Algunas, como Los mocosos, tienen un final triste e incluso una moraleja, aunque sus protagonistas, despreocupados e inconscientes, no sean capaces de percibirlo; al fin y al cabo son sólo niños.

 

 El autor relata de un modo natural situaciones cotidianas en la vida de un niño, sin artificios, sin efectos especiales ni dobles sentidos. Las historias no son insólitas o rebuscadas; cualquiera de nosotros podría haberlas vivido. De hecho hay una especie de sensación de deja-vu permanente a lo largo de la lectura del libro.

 

La magia de estos relatos reside en la capacidad que tienen de provocar una sonrisa y de despertar en el lector recuerdos de un universo perdido.

 

 

Los mocosos

(Francia, 1957)

 

RESUMEN

 

Basado en tres de los diez cuentos que Maurice Pons escribió para su colección Virginales, este cortometraje de Truffaut sigue a una pareja de amantes, que son perseguidos por una banda de cinco chicos, deseosos de espiarlos… Realizado antes de Los 400 golpes, el film que lo consagrara en el festival de Cannes al año siguiente. Le Mistons cuenta la historia de una pandilla de chiquillos que espían y entorpecen los amoríos estivales de una pareja de estudiantes, Yvette y Etienne. Será el primer papel de la guapa Bernadette Lafont. El rodaje de Les Mistons tiene lugar durante el verano de 1957, cerco de Nîmes. Presupuesto diminuto, equipo limitado a algunos amigos, material mínimo.

FICHA TÉCNICA

 

  

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Título Original: Les mistons

Duración: 23 min.

Filmada en: Blanco y Negro

Subtitulada: Subtitulada

Género: Familiar

Dirección: François Truffaut

   

1957. LES MISTONS. Director: Francois Truffaut. Nacionalidad: Francesa. Productora: Les Films du Carrosse (François Truffaut). Jefe de producción: Robert Lachenay. Exteriores: Nîmes. Fechas de rodaje: 5 agosto a septiem­bre 1957. Argumento: Relatos «Les mistons», «A bicyclette» y «Miss Fraulein» del libro «Virginales» de Maurice Pons. Adaptación, Guión y Diálogos: François Truffaut. Fotografía: Jean Malige, en blanco y negro y 16 milímetros. Operador: Jean-Louis Malige. Música: Maurice Le Roux. Montaje: Cécile Decugis. Ayudante de montaje: Michéle de Possel. Ayudantes de dirección: Claude de Givray y Alain Jeannel. Intérpretes: Gérard Blain (Gérard), Bernadette Lafont (Bernadette), cinco niños de Nîmes (Los «mistons»), Michel François (Voz del narrador). Estreno mun­dial: Noviembre 1957 en el Festival de Tours. Duración: 23 minutos. Premios: A la mejor dirección en el Festival de Bruselas; Premio de los Jóvenes Espectadores de Bélgica; Medalla de Oro en Mannheim; Blue Ribbon Award en Estados Unidos. Nota: Duración original 28 minutos, después se redujo a 23 para la exhibición comercial.

*Esta foto pertenece a Bernadette Lafont y está realizada a principios de los 60.

 

 

 

 
   

 

 

NOTAS DE LECTURA / 6

NOTAS DE LECTURA / 6

La marca de Creta

Óscar Esquivias. Ediciones del Viento. La Coruña, 2009.170 páginas.

Oscar Esquivias fijó la atención de la crítica y de los lectores con una espléndida visión de la Guerra Civil: ‘Inquietud en el paraíso’ (2005). Desde entonces, con pareja maestría y una vocación literaria incuestionable, ha redactado novelas y relatos. Con ‘La marca de Creta’, que alude a la piedra blanca con la que los romanos indicaban sus días felices, ganó el premio Setenil al mejor libro de relatos de 2008. Hay piezas extraordinarias y hay, sobre todo, una poética del cuento, un aliciente de extrañamiento, un aroma continuo de originalidad y de estupor. La familia, la exótica aventura y lo mágico cotidiano son algunos de los temas de un libro redondo, insólito, de una indecible belleza.

 

Tom Ripley

Patricia Highsmith. Trad. de Jordi Beltrán y otros. Anagrama. Barcelona, 2009. 1280 páginas.

Patricia Highsmith es una de las grandes escritoras de su época: domina las atmósferas, conoce la turbiedad del alma humana, establece parentescos entre el hombre y la bestia, y ha sabido crear antihéroes. Uno de ellos, el más famoso de los suyos, es Tom Ripley. Anagrama reedita ahora en un único volumen sus cinco novelas, que muestran su universo cambiante y su personalidad ambigua, excéntrica y desapacible. En los distintos títulos vemos al joven tímido de Nueva York, al hombre seguro que se apasiona por la pintura, al seductor que se casa y que sigue amando a hombres y a mujeres, y siempre, siempre, hallamos a un amoral fascinante y burgués que vive de escaramuza en escaramuza, casi a salto de mata.

 

Luna caliente

Mempo Giardinelli.. Alianza Literaria. Madrid, 2009. 160 páginas.

Alianza rescata ‘Luna caliente’ (1983). Mempo Giardinelli se deja arrastrar por una certeza: cualquier situación es susceptible de ser empeorada. La novela, breve y concentrada como un poema, recuerda a una ‘Lolita’ más tropical: cuenta la historia de un joven abogado que regresa a casa y se queda embrujado, seducido, desarmado por completo, por la belleza y el descaro de una joven de apenas trece años. Araceli es una ‘femme fatale’ de poderosa e insaciable sensualidad. Ella será la detonante de la desgracia, de la huida, de la fatalidad. Próxima al género negro, esta novela mezcla la pasión maléfica e irresistible con la muerte y el espejismo. Vicente Aranda ha trasladado esta ficción al cine.

 

El hombre mojado no teme a la lluvia

Olga Rodríguez. Debate. Barcelona, 2009. 346 páginas.

El verano también es la estación de la reflexión. La periodista Olga Rodríguez, una de las más brillantes de su generación, dice en el prólogo que quiere “contar sin juzgar, poner nombre, voz y rostro a gente que normalmente es presentada tan solo como integrante de una gran masa a la que llamamos los árabes, los musulmanes o los judíos”. Y aquí, en estas crónicas de siete países (Irak, Palestina, Israel, Líbano, Siria, Egipto y Afganistán), aborda vidas impresionantes: dolorosas historias de la pérdida, de la injusticia y de la persecución, historias familiares donde conviven el crimen, el éxodo o los sueños como los de un egipcio que trabaja sin desmayo, con toda la esperanza de la tierra.

*En la foto, un retrato de la joven actriz Kirsten Dunst. No será la Araceli de 'Luna caliente' de Vicente Aranda pero podría haberlo sido.