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Antón Castro

Escritores

CARLES ÁLVAREZ GARRIGA RECUERDA EN CAIXAFORUM A JULIO CORTÁZAR

CARLES ÁLVAREZ GARRIGA RECUERDA EN CAIXAFORUM A JULIO CORTÁZAR

HOY, MARTES 22, UN DIÁLOGO SOBRE JULIO CORTÁZAR
[CaixaFórum. Martes 22 DE NOVIEMBRE, 19.00H. Julio Cortázar. 'Siguiendo los pasos de la Maga'. CARLES ÁLVAREZ GARRIGA, editor y compilador del libro 'Cortázar. De la A a la Z', con Aurora Bernárdez. Dialogará con ANTÓN CASTRO, escritor y periodista, coordinador de 'Artes & Letras' de Heraldo de Aragón.]

¿Qué motivó el particular universo literario de Julio Cortázar? ¿Qué relación tuvo con las ciudades de Buenos Aires y París? Existió realmente la Maga? Entrar en el mundo de Julio Cortázar, hecho de ensoñaciones, personajes que buscan y encuentran, ideas brillantes y juegos infantiles, es entrar en el fundamento mismo de su obra.

CONGRESO DE 'PENSAMIENTO CRÍTICO Y FICCIONES...'

Carmen Peña Ardid explica el Congreso Internacional "Pensamiento Crítico y ficciones en torno a la Transición española (1975-2016)", que tendrá lugar los días 23,24 y 25 en la
Universidad de Zaragoza.

 

Dice: En él participarán más de 70 especialistas en la historia y la cultura (novela, teatro, cine, televisión) de la España democrática, procedentes de numerosas Universidades de España, Francia, EE.UU., Reino Unido o Nueva Zelanda. Entre las figuras destacadas  se encuentran el historiador Santos Juliá, la historiadora Paloma Aguilar, las escritoras Marta Sanz y Ana Rodríguez Fischer, la cineasta Josefina 

Molina o el dramaturgo aragonés Alfonso Plou, aparte de otros
distinguidos miembros del mundo académico
  El Congreso, inaugurado por el Sr. Rector el día 23, se celebrará en el
Paraninfo de la Universidad de Zaragoza y colabora con la Fundación
Manuel Giménez Abad en la realización de una mesa redonda (viernes, 25
de noviembre, !8:15) titulada "La Transición. Visones 40 años después"
en la que intervienen El Ex-Senador Constituyente, Lorenzo Martín
Retortillo, La filósofa Amelia Valcárcel, la escritora Marta Sanz y José
Tudela Aranda (Letrado en Cortes de Aragón y Secretario de la Fundación
Manuel Giménez Abad).
  También estará Antígona con una selección de libros.
  El Congreso está organizado por el Proyecto de investigación
"TRANSLITEME (Transición: literatura.Teatro.Medios)", del Departamento
de Filología Española de la Universidad de Zaragoza

 

 

 

PROGRAMA

Miércoles, 23 de noviembre

8:30 Entrega de documentación.

9:00-9:40h Acto inaugural.

 

9:40-11h Sesión 1: LA TRANSICIÓN Y LA MEMORIA DE LA GUERRA Y EL EXILIO

Paloma Aguilar (Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid) Memoria y transición en España a nivel local. Exhumaciones de fusilados republicanos y homenajes en su honor. Sarah Leggott (Universidad Victoria de Wellington. Nueva Zelanda)

Los ex-exiliados en la transición española: Representaciones literarias

contemporáneas.

11:30-12:40h Conferencia plenaria.

Santos Juliá (UNED. Madrid) Transición: lo que fue, lo que queda.

 

12:40-14:00h Sesión 2. INTELECTUALES ANTE LA CULTURA DEMOCRÁTICA

José Luis Calvo Carilla (Universidad de Zaragoza)

La era de las reacomodaciones: el caso de Torrente Ballester.

Carlos Femenías Ferrà (Universidad Pompeu Fabra. Barcelona) Gramática

intelectual en la Transición. Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio.

Elena Lázaro Ruiz (Universidad de Barcelona) El reflejo de la Transición en la

obra de Ana María Moix.

 

16:00-16:40h Sesión 3. MEMORIA CULTURAL DE LA TRANSICIÓN. PRESENTACIÓN DEL PROYECTO TRANSLITEME

Ana Esteban (Universidad de Zaragoza) Colaboración interdisciplinar en la

elaboración de una base de datos destinada a una difusión en abierto.

Carmen Agustín y Begoña Gimeno (Universidad de Zaragoza)

Nombrar la Transición. Fuentes de información para un estudio documental de la

terminología sobre la Transición española.

 

16:40-18h- Sesión 4. REPRESENTACIONES DE LA TRANSICIÓN EN LA NARRATIVA DE LA DEMOCRACIA.

Juan Carlos Ara (Universidad de Zaragoza) Un periodo extraño y extrañado. La

Transición como tormenta y trauma (1984-1992).

Mª Ángeles Naval (Universidad de Zaragoza) Memoria de la Transición en la

novela (2000-2010).

Gonzalo Pasamar (Universidad de Zaragoza)

La Transición española en la novela negra (1977-2015)

 

18:20-19:15h Sesión 5. REPRESENTACIONES DE LA TRANSICIÓN EN EL TEATRO Y EL CINE DE LA DEMOCRACIA

Teresa García-Abad (C.S.I.C. Madrid)

Representaciones de “la Cosa” o el monstruo reprimido: Transición y teatro.

Carmen Peña Ardid (Universidad de Zaragoza) Una historia de mala conciencia.

La imagen de la Transición en el cine español de la democracia.

19:20-20:30h Conferencia plenaria.

Carlos F. Heredero (Historiador y crítico de cine).

Espejos que se miran: el cine de la Transición frente a la España de la

Transición /1975-1982).

20:30h Recepción de bienvenida. Cafetería Paraninfo.

Jueves, 24 de noviembre

 

SESIONES PARALELAS

9:00-10:45h Sesión 6A. TESTIGOS DEL CAMBIO POLITICO SOCIAL: LITERATURA Y PERIODISMO

Jean-Pierre Castellani (Universidad François Rabelais de Tours).

Francisco Umbral protagonista y narrador de la Transición.

Bénédicte de Buron-Brun (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour )

Rojos, ultras y pasotas: la juventud en los años de la Transición según Francisco

Umbral.

Ana Rodriguez Fischer (Universidad Barcelona) Aquellos chicos de Argüelles:

poesía y crítica en la obra narrativa de José María Guelbenzu.

Claire Lafaille (Univ. Pau et des Pays de l´Adour) Los vencidos de la Transición

en Luz de la memoria de Lourdes Ortiz.

 

Sesión 6B. TESTIGOS DEL CAMBIO POLÍTICO SOCIAL: CINE Y LITERATURA

Silvie Ricouard (Universidad Grenoble-Alpes) Autopsia del cambio o el coste de

la libertad. La Transición en la trilogía de José Luis Garci: Asignatura pendiente

(1977), Solos en la madrugada (1978), las verdes praderas (1979).

Santiago Morales-Rivera (Universidad California-Irvine) ¿Quién teme a

Cristina Fernández Cubas? Humor, horror y memoria durante la Transición.

Ernesto Viamonte (Universidad de Zaragoza) “La cuestión vasca” en la novela de

la Transición española.

Ana Gandara Sorarrain (Universidad UPV) La Transición y sus relatos en la

literatura vasca. Silencios, polifonía y transtextualidad como instrumentos redentores.

11:15-13:00h

 

Sesión 7A. ESCENARIOS DE CONFLICTO Y DEBATE / EL TEATRO

Fanny Blin (Universidad Bordeaux Montaigne. Francia) ¿Transición o traición?

Cuando Luis Riaza denuncia a una generación en Antígona… ¡cerda!.

Diego Santos Sánchez (Universidad de Alcalá. Madrid) ¿Libertad en escena?

La censura teatral en la transición.

Anne Laure Feuillastre (Universidad Paris Ouest) Transición, monarquía y

sucesión el teatro colectivo durante la agonía del franquismo.

Claire Dutoya (Univ. Sorbonne Nouvelle - París III ) Recordar para conjurar la

repetición trágica: Mañana, aquí, a la misma hora (1979) de Ignacio Amestoy.

 

Sesión 7B. ESCENARIOS DE CONFLICTO Y DEBATE / EL CINE

José Antonio Pérez Bowie (Universidad de Salamanca)

El cine biográfico durante la Transición.

Carmen Gustrán (Universidad de Zaragoza) En la España de las maravillas.

Representaciones cinematográficas disidentes sobre la Transición (1975-1982).

María Camí-Vela (Universidad of North Carolina at Wilmington, EE.UU.)

Cine y Transición en España: La incómoda mirada de Helena Lumbreras.

Rafael Robles, Rafatal (director de cine) El quinqui cinematográfico: alegre

bandolero y pícaro burlón. El buscón de la Transición española.

 

13:00-14:00h Sesión 8. (RE)VISIONES CRÍTICAS DE LA TRANSICIÓN EN LA LITERATURA

Carmen Valcárcel (Universidad Autónoma de Madrid) El lienzo de Penélope:

identidad/es femenina/s en T(t)ransición

Dolores Thion Soriano (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour) Desmemoria,

posturas e imposturas en la Transición en las primeras obras de Rafael Chirbes.

16:00-17:20h

 

Sesión 9A. RECONSTRUCCIONES DE LA HISTORIA

Manuel J. Ramos Ortega (Universidad de Cádiz)

La otra transición. La novela El impostor de Javier Cercas.

Lucas Merlos (Universidad de Grenoble. Francia) Entre documento y monumento:

la defensa de la Transición en Anatomía de un instante de Javier Cercas.

Pilar Esterán Abad (Universidad de Zaragoza) Estrategias narrativas en la ficción

histórica. De Pérez Galdós a Javier Cercas

 

Sesión 9B. EL NUEVO ESPACIO DEMOCRÁTICO Y LAS ARTES

Igor Barrenetxea (Universidad País Vasco) Una metáfora de la transición a través

de ¡Arriba Hazaña! (1978) de José María Gutiérrez Santos.

María Villamarín (Universidad Santiago de Compostela) Impugnar la escritura de

la historia desde el archivo. Iniciativas artísticas hegemónicas y colectivos en el olvido

(Galicia, 1975-1985).

David García Ponce (Universidad de Barcelona) Fotografías con dedicatoria: la

(re)construcción memorialística del extrarradio como nuevo espacio democrático.

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17:45-19:35h Sesión 10A. LA DIALÉCTICA MEMORIA/OLVIDO. CRÍTICA DE LA TRANSICIÓN DESDE LA NOVELA

Irene Gonzalez y Reyero (Universidad de Sevilla) Transición: el espejo roto de

Los viejos amigos de Rafael Chirbes.

Víctor Manuel Muñoz (Universidad de Sevilla)

Rafael Reig o los p(r)ecios de la Transición.

Violeta Ros (Universidad de Valencia) “Siempre hace sol en el país de la

nostalgia”. Los afectos en el reciente corpus narrativo sobre la Transición española.

Denis Vigneron (Universidad d´Artois, Arras. Francia) Testimonio(s),

herencia(s), secreto(s): de la transición democrática a la transición narrativa.

 

Sesión 10B. MEMORIA/OLVIDO. REVISIÓN DEL PASADO EN EL CINE Y EL TEATRO ÚLTIMOS

Isabel Carabantes de Las Heras (Universidad de Zaragoza)

La CT evita el drama, pero el drama se vuelca con la CT. Ana Prieto Nadal (Escritora y miembro del Grupo de Investigación del SELITEN@T / UNED. Madrid) La Transición española en el teatro del siglo XXI: El

bordell (2008) de Lluïsa Cunillé, Transición (2012) de Alfonso Plou y Julio Salvatierra,

y El Rey (2015) de Alberto San Juan.

Javier Rodríguez Hidalgo (Universidad Angers. Francia)

La “red” invisible. La tortura en el cine de la Transición.

Christelle Collin (Universidad de Pau et des Pays de l´Adour) La transición a la democracia en el cine español reciente: La isla mínima (2014) de Alberto Rodríguez.

 

19:40h-21:00h Mesa redonda: LA TRANSICIÓN EN LA LINEA DEL TIEMPO. CREACIÓN Y COMPROMISO

Intervienen: Alfonso Plou (dramaturgo), Josefina Molina (directora de cine y de Televisión).

22:00h Cena del Congreso (opcional) Restaurante Teatro

Principal de Zaragoza

Viernes, día 25 de noviembre

 

SESIÓN PARALELA

8:45-9:40h

Sesión 11A. LA IMAGEN DE LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA EN EL EXTERIOR Y EN EL ARTE

Cristina Giménez (Univ. de Zaragoza) Reposicionamientos y prácticas

artísticas durante la Transición. La ruptura de un relato hegemónico.

Naftalí Paula Veloz (Univ. Carlos III. Madrid) La construcción de la

imagen de la transición española en América latina: Entre España y Juan Carlos I.

 

Sesión 11B. POESÍA: DISIDENCIAS EN LA TRANSICIÓN Y NORMALIZACIÓN DEMOCRÁTICA

María Beas Marín (Universidad de Granada) Sin saber cómo nos quedamos solos

en mitad de la historia: Una poesía otra en la Transición. Javier Egea.

Alejandro Simón Partal (Universidad du Littoral / IEMYR) Transición hacia el

tercer milenio: revisión e interpretación del periodo transicional en la poesía española

a partir de 1989

9:40:11:00h

 

Sesión 12. TELEVISIÓN Y PERSPECTIVAS INTERMEDIALES

Luis Miguel Fernández (Universidad de Santiago de Compostela)

1977-1982. Marco encuentra a su madre y los españoles sus males. Las transiciones

pendientes a través del relato televisivo y literario de los años ochenta.

David R. George, Jr. (Bates College. EE.UU.)

Dagoll Dagom en televisión: transición y transferencia intermedial.

Elena Cueto Asín (Bowdoin College, EE.UU.) En torno a Guernica como victoria

institucional y patrimonio: desde El Ministerio del Tiempo

11:30-12:40 Conferencia plenaria

Manuel Palacio Arranz (Universidad Carlos III. Madrid)

Transición y democracia. La televisión constructora de símbolos

culturales para el espacio público.

 

12:40-14:00h Sesión 13. TRANSICIONES PENDIENTES: LA ORIENTACIÓN DE GÉNERO

Ana Corbalán (Univ. Alabama. EE.UU.) Estereotipos femeninos en el cine sobre

la Transición: cuerpos silenciados y objetos deseados.

VÍctor Mora (Universidad Carlos III. Madrid) Política y sexo en transición: la

construcción de la normatividad sexual desde las nuevas narrativas cinematográficas.

Natalia Martínez Pérez (Univ. Carlos III. Madrid) Leyendo entre líneas: la ficción

televisiva de Miró, Molina y Salvador durante la Transición.

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17:00h Visita al Palacio de la Aljafería

18:15-19:30h Sala Goya. Palacio de la Aljafería

Mesa redonda: La Transición. Visiones 40 años después.

Intervienen: Lorenzo Martín Retortillo, Amelia Valcárcel, José Tudela Aranda y Marta

Sanz. Modera: Carmen Peña Ardid

19:30h Clausura del Congreso

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HIPÓLITO G. NAVARRO. UN CUENTO

HIPÓLITO G. NAVARRO. UN CUENTO

[Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es un creador de lenguaje, de situaciones, un narrador con ingenio y ternura. Publica ’La vuelta al día’, en Páginas de Espuma, y divide el volumen en cinco partes. El conjunto se cierra con este texto precioso, evocador, dramático, feliz...]

 

La poda y la tala de los árboles frutales

 

Hipólito G. Navarro

 

 

«Los libros son muy importantes, hijo mío; un libro es la cosa más importante del mundo, por lo menos eso apréndelo bien.» Que recuerde ahora, mi padre no fue nunca hombre dado a máximas y consejos. Él fue más que nada un hombre dado al alcohol, regalado al alcohol, en sus variantes más primitivas del vino blanco barato y el coñac de garrafa. Verdadero artista de su oficio, alimentó una sola y hermosa borrachera durante años y años. Como esos poetas secretos que entretienen toda su existencia en pulir los versos de un poema privado y único, así mi padre trabajó de manera ininterrumpida los de su particular soneto, aquella su melopea dulcísima que atravesó como un suspiro con estrambote mis dieciséis primeros años, que fueron a la vez los últimos suyos. Baste decir, para que se entienda de una vez, que apenas llegué a conocerlo sobrio, con lo que se me perdonará también que me burle un poquitín si aseguro que él fue, muchísimo más que otros bardos, absoluto dueño del don de la ebriedad.

Mi infancia son recuerdos de un... bar. Mi padre tuvo un bar. O un bar tuvo a mi padre, no lo sé. Las estanterías de los bares son muy distintas de las de las bibliotecas. No tienen libros. Ostentan infinidad de botellas. Esas botellas no contienen literatura, contienen alcohol, rotulado con títulos y colores muy atractivos.

«Un libro es lo más importante del mundo, hijo mío», me repetía él desde su delirio cada vez que tenía oportunidad. Me llevaba a un aparte en esos momentos, a la semioscuridad de la bodega, echándome el brazo por el hombro como si fuese un amigo, y sacaba entonces del fondo más secreto de unos estantes entelarañados su más preciado tesoro: una pequeña caja fuerte portátil donde guardaba bajo llave un libro, su único libro, el libro. Aún recuerdo sus manos temblorosas sacando el volumen de aquella breve cárcel blindada, sus dedos retirando con muchísimo cuidado el forro de papel de estraza con que protegía una cubierta ya bastante ajada por aquel entonces, su prevención ante el peligro de mis ansiosas manos infantiles, que nunca pudieron sin embargo ni tan siquiera sopesar el volumen. Enseguida recorría él, emocionado junto a su pequeño vástago, aquellas páginas apretadas de ilustraciones técnicas del oficio de su juventud, aquellas láminas donde convivían sin miedo, en instantes congelados, los troncos y las ramas de los frutales con las hoces, las hachas y las tijeras de podar. Pasaba las hojas con parsimonia, deteniéndose en la sobriedad de los gráficos, sin la más mínima intención de leer, pero contemplando las letras con la misma delectación que los dibujos, como si las letras fuesen dibujos también. Acurrucado en su regazo, me dejaba caer entonces en una dulce soñolencia, mientras él pasaba las hojas y de forma incansable, con su aliento de vino, musitaba el sempiterno consejo: «un libro es lo más importante del mundo, hijo mío».

Luego, andando el tiempo, cuando uno ya ha aprendido que nada es más peligroso en el mundo que el hombre de un solo libro, he reflexionado muchas veces sobre aquella obsesión suya. No sabría explicar lo que pienso. Tampoco es completamente cierto, debo confesar, que fuese mi padre hombre de un solo libro, pues además de ese que celosamente guardaba bajo llave he sabido que tuvo otros dos, hasta que me los regaló cuando aprendí a leer: un Quijote muy trabajado, casi hecho menuzos, y un fragante ejemplar encuadernado en tela de Los viajes de Marco Polo, con bellísimas ilustraciones a todo color. Durante mucho tiempo ignoré que antes hubiesen sido suyos; cuando lo descubrí, lamentablemente, ya no existían sobre la Tierra, como tampoco él. Todos los quemó mi madre tras el sepelio, para evitar el contagio al parecer, junto al resto de pertenencias de aquel borracho que tanto me quiso y a quien tanto amé.

Por eso mismo, porque sé que me quiso y que yo lo amé, es por lo que todavía no termino de comprender del todo por qué me eligió a mí su cantinela. Siendo dos sus hijos, ¿por qué libró a mi hermano de esta pesadilla de los libros, por qué quiso castigar tan sólo a su primogénito animándolo de manera tan inconsciente a la borrachera eterna del veneno de lo impreso? Antes de ponerme a escribir estas líneas pensaba en tres o cuatro libros de mi adolescencia, los que yo creía que me habían marcado para siempre, así sean bastante inocentes en verdad: uno de vampiros, el Drácula de Bram Stoker; otro de aventuras carcelarias, Papillón, la famosa autobiografía de Henry Charrière, y aquel descacharrado divertimiento de Woody Allen, Cómo acabar de una vez por todas con la cultura. Tenía hasta un título simpático para estas páginas, «Chupadores de sangre, de coca y de clarinete», pero ahora, y como me ocurre siempre, la línea de comienzo le dio la vuelta al argumento que quería expresar y caigo en la cuenta de que el libro más importante de mi vida ha sido precisamente aquel de mi padre que jamás leí, aquel que ni siquiera pude tener nunca entre las manos. Es curioso.

Siempre será para mí un misterio ya imposible de descifrar la obsesión de mi padre por aquel libro que no era ni Quijote ni Biblia, pero que en él operaba un efecto tan místico y arrebatador. ¿Un ejemplo de lo que digo? Conservo un recuerdo muy nítido de aquel entonces, cuando debía de tener yo doce o trece años: mi padre se había ensimismado más que otras veces, mientras me revolvía descuidadamente el pelo, en los capítulos dedicados a la vid; puedo ver aún los dibujos de las cepas retorcidas antes de que él cerrara el libro y lo guardase en su caja, antes de salir al bar, aquel negocio suyo venido muy a menos en los últimos años, cuando a él ya lo atacaba a veces el delirium tremens. Amuebló entonces la barra de vasitos, alineándolos como en una procesión, y los fue llenando hasta el borde con aquel vino blanco rasposo, pendenciero y sin marca que tanto le gustaba. No los conté, pero fueron más de cuarenta, y colmaron el mostrador entero; él aseguró más tarde que puso el número que contaba su edad. Los contempló un rato excesivamente largo en silencio, me miró con aquellos ojos suyos tan tristes, y luego se los fue bebiendo uno tras otro, apurándolos hasta el fondo. Los bebió de la misma manera que en la penumbra de la bodega se bebía junto a mí cada una de las páginas de su libro, en una relectura infinita, supongo ahora, del tiempo ido de su juventud.

Tengo un hermano. Siempre toma un whisky después de las comidas. No lee libros, y es feliz.

Yo tengo aquí detrás los estantes a rebosar de volúmenes. Cometo un texto como quien comete un crimen para llenar estas páginas. Soy abstemio. Y lloro, me cago en la literatura, como ya no me creía que fuese capaz de llorar.

 

[De La vuelta al día. Páginas de Espuma, 2016]

HIPÓLITO G. NAVARRO: PASIÓN POR EL CUENTO

Hipólito G. Navarro regresa a

su género favorito:  el cuento

 

Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) es, según su editor, el zaragozano Juan Casamayor, “el más importante de nuestros cuentistas actuales”. Se le emparienta con los autores latinoamericanos (Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro, Juan Rulfo, “a los que he leído mucho”, dice), pero ante todo es un escritor sorprendente, con personajes cotidianos y a la vez extravagantes, un tanto impredecibles. En su niñez y adolescencia encuentra asideros de narrador: su padre tenía bares y era un fabuloso aficionado al boxeo: “Perico Fernández y Urtain figuraban entre sus dioses. Entonces, en los 60 y 70 el boxeo era importante en España, formaba parte de las conversaciones de los adultos, pero  a mí  no me gustaba quizá porque no lo entendía”, dice.

Su padre era alcohólico y esa condición fue fuente de desdichas en casa. Murió cuando su hijo mayor tenía 16 años. Hipólito G. Navarro le rinde un homenaje en el último cuento del volumen ‘La vuelta al día’ (Páginas de Espuma), que presentó en Los Portadores de Sueños. “Ese cuento, ‘La poda y la tala de los árboles frutales’, vale por todo un libro y quizá una vida. Hay muchas cosas dentro de él y hay una historia familiar que me marcó mucho: en casa solo había esa guía práctica con dibujos. He encontrado una foto donde mi padre está talando con otros compañeros y la incorporo”.

Cuando mira hacia atrás, Hipólito G. Navarro, halla otras fuentes del narrador que es: su abuelo, que había sido herrero en Nueva York, le surtía de historias de personajes, de puentes, de hechos inverosímiles. Y también está su condición de niño desubicado en el colegio: malo en el fútbol, algo enfermo, con dolencias inesperadas, que se mezclaba con las chicas y oía sus historias. Quizá la suma de todas estas incidencias haya hecho de Hipólito G. Navarro, que trabaja de corrector en el Boletín Oficial de Andalucía, un autor desconcertante y original. Como ha ido probando en diversos libros. Llevaba casi una década sin publicar relatos inéditos, tras ‘Los últimos percances’ (Seix Barral, 2005). “Con ese libro y con ‘El pez volador’ (Páginas de Espuma, 2008), que preparó Javier Sáez de Ibarra, me pasó algo increíble: recibí muchas críticas y cartas positivas de los lectores y de los colegas. Fue como una tormenta de cariño. No exagero. Y en todo este tiempo me entró miedo, más miedo que sentido de la responsabilidad: temía decepcionar a tanta gente que había sido tan maravillosa conmigo. A este hecho se sumó otro: en 2005 murió mi madre, que ha sido siempre la primera lectora de mis cuentos”.

Por fin, aquí está ‘La vuelta al día’, un volumen de 22 piezas, repartidas en cinco partes, que toma el título de un cuento donde le rinde homenaje a Julio Cortázar. “Esto también responsabiliza. No puedes hacer cualquier cosa pensando en Cortázar. A mí me marcó mucho sobre todo ‘Historias de cronopios y famas’, un libro que leí con mucha pasión a la vez que leía ‘Cómo acabar de una vez por todas con la cultura’ de Woody Allen”. Ese cuento, ‘La vuelta al día’ es un viaje a la juventud de amor, paseos y cine, y es también la constancia de que ni en la pasión ni en el sexo el tiempo avanza en vano.

“En mi vida y en mi familia hay muchas historias que parecen fábulas, magia, que son dramas, pero yo escribo para no aburrirme. Escribo de lo que no sé. Si lo tengo todo previsto me aburro y lo dejo. Improviso como un músico de jazz y corrijo y corrijo luego porque un cuentista, que se mueve en poco espacio, no puede desperdiciar dos frases. Soy perfeccionista y busco que la frase tenga un sonido natural en el oído”, agrega.

Le interesan los pequeños y grandes temas. Los seres  modestos y quizá un tanto alucinados. Raros. “Locos, no. Me da mucho miedo la locura. Y también huyo del drama. Me inclino por el humor y por el leve disparate. De hecho, tres de mis escritores de cuentos favoritos son Álvaro Cunqueiro, Antonio Pereira y mi paisano Fernando Quiñones, que poseían mucho humor. No tengo una teoría del cuento: exploro, experimento, juego y me divierto”, resume. 

ROSA MONTERO Y 'LA CARNE'

ROSA MONTERO Y 'LA CARNE'

«El amor físico puede ser una cárcel» 

 

Rosa Montero presentó ayer ‘La cárcel’ (Alfaguara), una novela de amor, soledad y miedo a la vejez, en la librería Los portadores de sueños

 

Rosa Montero presenta esta tarde, en diálogo con Luis Alegre, su nueva novela: ‘La carne’, la historia de una mujer madura que pierde la cabeza por un prostituto. Soledad es comisaria de exposiciones, prepara un proyecto sobre escritores excéntricos para la Biblioteca Nacional, y decide contratar a un joven, Adam, para dar celos a un amante que la acaba de abandonar. A partir de ahí sobreviene lo inesperado. La escritora madrileña resume -en una charla en su casa madrileña, próxima al Retiro, con sus dos perras-, algunas claves del libro y de su escritura a través de diversas palabras significativas.

Vivir. «El ser humano es capaz de volver a empezar, una y otra vez, después de estar convertido en un moco en el suelo».

Madurez. «Ya soy suficientemente mayor para contar una historia de mi entorno sin que mi pequeña vida pierda o se empequeñezca. Ya domino esa distancia, la que decía Julio Ramón Ribeyro, “una novela madura exige la muerte del autor”. Muerte metafórica, que el yo del autor no exista, que se borre».

‘La carne’. «Me interesaba contar el vértigo de la vejez no solo como deterioro físico, sino en todos los sentidos. La enfermedad que está agazapada. Soledad es una hipocondríaca total. ‘La carne’ es una novela sobre el miedo a la muerte pero también de miedo a lo que la vida te ha hecho…»

El amor. «He llegado a la conclusión como persona, y además recientemente aunque parezca extraño, que el amor mueve al mundo. El amor y el desamor. El amor mueve el mundo en general. Y en ‘La carne’ quería llevarlo al extremo, no solo de desesperación, sino llevarlo al extremo de preguntar “qué he hecho con mi vida y no he conocido el amor”, que es lo que hace Soledad. Por otro lado, ‘La carne’ es una metáfora de todos, o de muchos, porque la gente casi siempre piensa, incluso la que ha tenido relaciones, más o menos satisfactoria, más o menos prolongadas, que no ha conseguido del todo ser feliz».

Juventud y deseo.  «Soledad, la protagonista de ‘La carne’, comisaria de exposiciones, se vuelve loca. Se enamora. Aunque había tenido otras relaciones, regresa con decepción de una historia de amor con un hombre más joven también, aunque casado, y dice: “No había vuelto perseguir a nadie hasta ahora”. Antes se había estado protegiendo porque se tenía miedo a sí misma. El amor físico puede ser una cárcel. Y lo he querido decir. La novela se titula ‘La carne’ porque es la carne que nos envejece, que nos mata, que nos aprisiona, y a la vez es la carne sexual, la carne que nos facilita un sueño de pasión; es la carne que nos permite ser eternos aunque sea un instante. El sexo pasional como el de Soledad, es una explosión de vida, de plenitud, la sensación de sentirse querida. Di de inmediato con el título y me pareció que era el más exacto, que aludía a todo lo que yo quería aludir».

Literatura. «Lo único comparable para mí con el amor pasional es el arte, en mi caso es escribir, la literatura, pero supongo que todo el arte es así…»

Adam, el prostituto. «Puede ser muchas cosas: un inocente, un niño, un desvalido, un superviviente. He intentado escribir una novela no convencional y huir de algunos prejuicios sobre un personaje como el gigoló, un inmigrante que busca su sitio como puede».

«¿Por qué escribo?». «Busco el sentido de la existencia. La escritura para mí es un viaje del conocimiento, del descubrimiento. No escribes una novela para enseñar. La escribes para aprender. Para poner un poco de luz en tus inquietudes y en tus obsesiones. El auténtico compromiso del novelista es escribir la novela más auténtica que sepa».

 

FICHA

‘La carne’. Rosa Montero. Alfaguara. Madrid, 2016. 240 páginas. (La foto es de Heraldo).

 

CALVO CARILLA: PICASSO EN EL BURDEL

José Luis Calvo Carilla estudia los orígenes de las vanguardias

 

Publica en Calambur ’Picasso en el burdel’

 

Como si fuera un aforismo definitivo, José Luis Calvo Carilla (Huesca, 1952) dice: “Nada nace de la nada”. Eso explica su libro ‘Picasso en el burdel’, que es una colección de textos de los precedentes de las vanguardias, “o las vanguardias antes de las vanguardias”, que fue el tema de una conferencia y el punto de partida de un libro, más o menos misceláneo, que reconstruye desde los orígenes del cubismo, con el cuadro ‘Les demoiselles de Avinyó’, hasta la interpretación de los sueños que tanto interesó y perturbó a Santiago Ramón y Cajal, en diálogo diferido con Sigmund Freud. Pero hay muchas más cosas, como suele ocurrir en los libros de este catedrático experto en el piropo, en los ecos de Quevedo en el 27, en Braulio Foz y su ‘Pedro Saputo’ o, entre otros asuntos, en el Modernismo, al que le dedicó su tesis doctoral.

“El concepto de modernismo, que abarca a todas las artes y la vida cotidiana, se va gastando y en la revista ‘Paraninfo’, de los hermanos Alcrudo, en la que colaboró el pintor uruguayo Rafael Barradas, casado en Luco de Jiloca, ya se habla del ultramodernismo –dice-. He intentado estudiar el período anterior a la I Guerra Mundial donde se dan muchos fenómenos modernos, gérmenes de la vanguardia: la radio, ya se hablaba de la televisión, de las máquinas, Joaquín Costa había dibujado, años antes, un modelo de bicicleta en París y la remitiría a sus amigos oscenses para que hiciesen una”. La pasión por las máquinas tuvo en el poeta futurista italiano Filippo Marinetti a uno de sus apóstoles. Dijo que valía un coche de carreras que la Victoria de Samotracia. “Entonces, en circuito cerrado de una milla o un kilómetro, en Milán ya se había puesto un bólido a casi 200 kilómetros por hora, o eso se decía. Quiero decir con este preámbulo que las cosas no aparecen de un día para otro, que todo cambia de golpe en un día o en unas horas. Y que poco a poco, esa aceleración de las cosas, se traslada a las obras de arte: Pardo cuenta como se acaricia una pared y se enciende la luz, habla de un frigofírico, Guillermo de Torre le dedica un poema a una avioneta y cuenta como abraza el motor como si hiciera el amor”.

Un instante capital de la historia del arte y de la modernidad lo marca Picasso. El pintor a principios del siglo solía frecuentar un burdel en la calle Avinyó 44, al que se accedía por unas escaleras que tenía un ventanal parisino, de planos y estrías, que pudo dar lugar a un arte nuevo: el troceamiento y la descomposición del cuerpo humano, que también empezaría a verse pronto en los atlas médicos, que explicaría su famoso cuadro de 1907 y el cubismo mismo. “Es una suposición plausible. Ese cuadro fue importantísimo porque anticipaba aspectos del expresionismo, que no tardaría en llegar, y contenía una propuesta sobre violencia que los franceses, durante la I Guerra Mundial, casi la verían como una agresión. Algunos escribieron que les recordaba a cuando una granada estallaba dentro de la trinchera”.

José Luis Calvo Carilla habla de un personaje aragonés “fuera de serie”: Mariano Miguel de Val. “Es todo un personaje. Fue periodista en HERALDO y dedicó una gran atención, a veces excesiva, a lo aragonés e incurrió en el costumbrismo baturro. Fue un divulgador constante del modernismo literario: desde Madrid, a donde se fue a vivir, enviaba sus notas y crónicas al periódico y se estaba al corriente de lo que sucedía. Y fue un dinamizador cultural, conectado con los Reyes. Era sobrino de Romualdo Nogués, escritor y militar, y estaba muy bien conectado. Trajo a Rubén Darío a Zaragoza en el verano de 1908, lo acogió en su casa y asumió el coste de la publicación de la revista ‘Ateneo’ del Ateneo madrileño”. Mariano Miguel de Val aparece en el libro porque fue el promotor de un congreso internacional de poesía, que contó con el apoyo real, y que había invitado a Marinetti. “Al final ni vino el poeta italiano ni se celebró”. Otros personajes capitales de la época fueron dos oscenses: José María Llanas de Aguilaniedo y Silvio Kossti. “En ‘Llanas Aguilaniedo firma en ‘Alma contemporánea’ un tratado de estética que defiende la fragmentariedad, una prosa nerviosa, atomizada. Y en otro de sus libros, ‘Pityusa’ anticipa una crueldad que prefigura a Luis Buñuel. Y en ‘Las tardes del sanatorio’, Silvio Kossti habla del cuerpo humano como una máquina, entre otras cosas”.

Santiago Ramón y Cajal es el sabio poliédrico, el científico obsesivo que, pugnaz y seguro, decía: “Tengo derecho a utilizar mi cerebro para pensar”. Y lo hizo contra viento y marea. Parece un hombre antidogmático, un explorador de la ciencia y de las sensaciones. “Todo empezó, en cierto modo, en Ayerbe cuando su padre lo encerró en un cuarto oscuro e inventó la fotografía, que ya estaba inventada. Luego publicaría el libro de las fotografía en color. Llegó a la misma conclusión que Leonardo. Quiso saber cómo trabajaba una pitonisa o bruja; llenó su casa de pacientes hasta que no pudo más y ensayó la hipnosis con su mujer en un parto”. Y no solo eso: llegó a conclusiones parejas a las de Freud respecto al subconsciente y al lenguaje de los sueños, e intentó darles coherencia científica. Una de sus intuiciones fue: “El creador se tiene que regir por el subconsciente”.  

En 'Picasso en el burdel' hay muchos otros asuntos: habla de Pío Baroja, de Ramón Gómez de la Serna, de la pasión de Alfonso XIII por los Ballets Rusos de Serge Diaghilev y por algunas mujeres.

 

*Tomo la foto de ’Les demoiselles de Avignon’ (como se conocen ahora) de aquí:

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BUSUTIL: EL TALENTO DE LAS MUSAS

EL TALENTO DE LAS MUSAS

 

guillermo busutil* 29.10.2016 | 23:58

Publicado en La Opinión de Málaga

Una mujer pinta en negro. Su trabajo carece de nombre. No firma su pincel en el ángulo inferior derecho del cuadro donde el talento rubrica su trazo. Nadie sabe si el color, los volúmenes, la profundidad, la luz, el gesto, le pertenecen a ella o son, en cambio, las pautas de un maestro que finalmente enriquece la obra con su toque ejecutor. La historia del arte está llena de obreros profesionales que armaban el cuerpo de la escultura o el universo del cuadro según un boceto del artista que les enseñaba, que se ocupaba a solas de un reto y que culminaba con su estilo el resto de las piezas de otros. No existen noticias de que alguien se rebelase. Aprender de los grandes exige humildad silencio, respeto. El discípulo esperando la muerte del maestro o metafóricamente cometiéndola. Hace un mes, la japonesa Fumiko Negishi denunció haber pintado 221 cuadros de la obra pop firmada por Antonio de Felipe, al que algunos críticos denominan el Warhol español. La batalla legal entre la idea y la ejecución seguirá su curso, pero la noticia coincidió en el mes con la publicación de Ellas mismas. Autorretratos de pintoras. Un excelente libro de Ángeles Caso acerca de 80 mujeres artistas seleccionadas con el propósito de mostrar los obstáculos que la sociedad del arte puso a estas mujeres para poder expresar su talento y siendo relegadas a la invisibilidad. El colofón a estas noticias es que el Prado dedica por vez primera una muestra a una pintora, la flamenca Clara Peeters, una pionera de las naturalezas muertas y pescados trazados al óleo con precisión fotográfica. Un museístico desagravio de género. El primero, que responde décadas después al famoso grito de Guerrilla Girls. ?¿Es que las mujeres han de desnudarse para entrar en el Metropolitam Museum??. El cartel contra las paredes de los museos fue un grito de combate, a mediados de los ochenta, contra centros de artes y museos. La estadística certifica 30 años después que sólo se cuelga, en la oficialidad de los templos de la cultura, el 5% de la obra de mujeres artistas, mientras que el 83% de los desnudos tienen como protagonistas a mujeres. Cenicientas de la bohemia, odaliscas turgentes, damas seducidas al óleo y ninfas desvestidas en el baño; el ingenuo deseo de la carne desflorado por un lápiz o de un pincel la piel enamorada. Cuerpos de mujeres poseídas por la mirada plástica de los hombres que tienen menos conciencia del cuerpo como pentagrama de los sentidos y del tiempo. La mujer enmarcada como belleza y enigma. Pero si es su mirada la que interpreta y narra, el espacio que expone su obra se estrecha demasiado. La Historia la ha preferido siempre como musa, y parece que todavía le cuesta abrirle acceso como artista. La exigencia del mercado y sus sanedrines es mayor a la hora de evaluar el discurso estético de ellas frente al del hombre.

¿A qué se debe esa falta de visibilidad en las artes plásticas? El machismo es la respuesta evidente. Un ejemplo moderno: los poetas y pintores de la Generación del 27 ocultaron a las pintoras y poetas de su misma Generación y afectos. El interrogante se abre más el extrañamiento si contraponemos que a lo largo del siglo XX no ha sido despreciable el número de mujeres mecenas, galeristas y comisarias como Peggy Guggenheim, Juana Mordó, Oliva Arauna, Soledad Lorenzo, Juana de Aizpuru, Rosina Gómez Baeza, Helga de Alvar o Elena Hernando, y nos preguntamos en qué medida han combatido, consensuado o sucumbido a las exigencias del mercado.

La toma de la Bastilla sigue estando en París. Sucedió de nuevo en 2009 cuando el Centro Pompidou reunió bajo el epígrafe Elles@centrepompidou a Louise Bourgeois, Sonia Delaunay, Meret Oppeheim, Tamara de Lempika, Natalia Goncharova, Niki de Saint Phalle, Frida Kahlo, María Blanchard y Cristina Iglesias. Si hubiesen vivido en ese año, a Renoir y a Ernt Gombrich se les hubiese caído la cara de vergüenza y de ira. El primero dijo que consideraba a las mujeres escritoras y juristas, como George Sand, tan absurdas como monstruosas; que la mujer artista era meramente ridícula, aunque él estaba a favor de las bailarinas. El segundo, en su Historia del Arte de 1950 no citó a una sola mujer. La misoginia es miope, y el machismo una falocracia fetichista. En esas mismas fechas, el Centro Valón de Bruselas, exponía la muestra Gritos y susurros en la que se exploraban los temas de identidad e intimidad de la mujer con obras de Kiki Smith, Sophie Calle, Nancy Spero y Ana Mendieta. Ambas exposiciones coincidían en el tiempo con la que el Museo Picasso Málaga mostraba sobre los trabajos de Sophie Taeube-Arp en pintura, dibujo y danza cercanos al dadaísmo y a la abstracción. Ser la esposa de Jean Arp, uno de los fundadores del dadaísmo, jugó en su contra. Cuatro años después el museo malagueño volvía a apostar por la espléndida obra de Hilma alf Klimt, pionera del abstracto. Las mujeres artistas cobraban actualidad en la noria del tiempo y del ostracismo. Sus voces plásticas también reclamaron atención este año en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla con la exposición Nosotras.

Espero que estas conquistas no sean efímeras. Y las celebro por su talento, porque entre ellas tengo predilecciones intelectuales y afectos de carrera, y porque su merecido éxito reivindica a las pintoras secretas como artistas con una creatividad deslumbrante e independiente. Autoras de un universo propio, innovador en la vanguardia o acorde con el triunfo del canon clásico de su época, pintado a la contra de costumbres y de una economía precaria y furtiva. Talentos inconformistas las de antes y las de ahora que hoy ya no tienen que quejarse como hacía en 1879 la rusa Maria Bashkirstelle en su diario, ?lo que más deseo es la libertad de salir sola, ir y venir, sentarme en las sillas de Tullerías, caminar por las viejas calles de noche. Esa es la libertad sin la que nadie puede llegar a ser artista?. Sus palabras, recogidas por Ángeles Caso, explican su pugna, al igual que la de muchas de las citadas, por dejar de ser invisibles y ocupar el mismo plano de la pintura que los hombres que las miraban como piezas de su cetrería artística. Nada lo explica mejor que la exposición, maravillosa por otra parte, de la Fundación Mapfre Renoir entre mujeres.

Ser y no representar. Una aspiración antigua. No hay más que ver las manos femeninas tatuadas en las paredes de la Cueva del Castillo de 25 mil años de tiempo en rojo y conjuro. O el divertimento de la monja Claricia, columpiándose del rabo de la Q capital en un Libro de salmos realizado en un monasterio de Augsburgo del siglo XII. Un selfie medieval como lo llama Ángeles Caso en el libro que nos acerca a unas pintoras soberbias, con una obra con la que entrar en un dialogo que enriquece la sensibilidad. Igual que hacen Berthe Morisot con la cotidiana naturalidad del impresionismo; Mary Cassat que siempre me hace soñar con ser ladrón de guante blanco para besarla en un palco de 1879 y robarle sus perlas, o con Marie Laurencin por cuyas jeunes filles de suave atmósfera cubista y chagalliniana hubiese aprendido a bailar con una copa de champagne en la mano.

Aún así no podemos brindar del todo. La batalla contra la invisibilidad del talento femenino no terminará hasta que sólo importe el valor de su discurso en diálogo con el mundo, sus interrogantes y misterios. Su conquista es la asignatura pendiente de la plástica y de las empresas. En literatura, en el ensayo y en el teatro, al igual que en la política, su talento, su inteligencia, su arte, no son un caso. Al contrario, son un presente que nos define, nos inspira y nos enmarca.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.es

ANA ALCOLEA: DISCURSO DEL CERVANTES CHICO 2016. ALCALÁ DE HENARES

ANA ALCOLEA: DISCURSO DEL CERVANTES CHICO 2016. ALCALÁ DE HENARES

DISCURSO PREMIO CERVANTES CHICO 2016

20 DE OCTUBRE DE 2016ALCALÁ DE HENARES

 

Ana Alcolea


Autoridades, miembros del jurado, premiados de este y de otros años, colegas, amigos, señoras y señores, niños, niñas, buenos días. Y digo buenos días en mi nombre y en el Miguel de Cervantes, cuyo nombre y cuya obra honramos aquí por encima de todo y de todos, en el teatro que lleva su nombre, en la ciudad que lo vio nacer. Buenos días a la palabra. Buenos días a la literatura sin adjetivos. Pues literatura es algo que no tiene edad, porque las palabras no envejecen, ni los cuentos, ni las historias. Y esos cuentos que nos leyeron cuando aún no teníamos la capacidad de distinguir las letras, son los mismos que leemos o escribimos cuando somos adultos, jóvenes, o ancianos. 

Porque los escritores y los lectores SIEMPRE creamos las mismas historias a través de los SIGLOS de la Historia, y a través de los AÑOS de  nuestra vida. Creamos historias que hablan de nosotros mismos: de nuestras alegrías, de nuestras tristezas, de nuestros amores, de nuestros desamores. De nuestra melancolía, de nuestra felicidad. Por eso nos gusta leer. Y escribir. Porque al hacerlo, nos unimos a lo más íntimo del resto de la humanidad. Aquello que tenemos todos  en común. Aquello que es universal. Aquello que todos somos capaces de sentir, y a veces, no siempre, de expresar. 

Los escritores y los lectores somos MAGOS. Sí, sí. Habéis oído bien. Hacemos magia con las palabras. Una magia que, con el debido respeto a los prestidigitadores, tiene mucho más mérito que sacar un conejo de una chistera. Que lo tiene, eh, yo no se lo quito. Pero al fin y al cabo, el prestidigitador lo que hace es sacar algo de donde está. ¿Y los escritores? ¿Y los lectores? Hacemos algo mucho más mágico y fascinante: porque leemos letras, signos arbitrarios, diferentes a través de siglos y de culturas. Los leemos y cada uno de nosotros crea, en su individual imaginación un mundo diferente. Si yo os contara la historia de Romeo y Julieta, esos dos  enamorados de los que escribió Shakespeare, cada uno de nosotros se imaginaría a Julieta con un color de pelo, de ojos, de vestido, diferente. Porque las palabras tienen ese maravilloso don: hacen que cada lector las viva de una manera diferente. Y cree en su imaginación, lo más íntimo y secreto que tenemos, algo también distinto.

Y al hacerlo, va creando aquí dentro, en la cabeza, la capacidad de imaginar, de pensar. Por tanto, va creando la posibilidad de tener pensamiento propio, crítico, reflexivo. Para no creerse lo que le digan los demás, y así poder ser LIBRES. La lectura nos hace libres. No sé si mejores o peores, pero libres porque nos abre ventanas al mundo exterior, ese que ahí fuera, y que es casi infinito. Y al mundo interior: ese que tenemos aquí dentro y que es tan infinito como nosotros queramos. 

Como don Quijote. Aquel Alonso Quijano que había leído mucho. Tanto como Cervantes, no olvidemos a su creador. Ambos habían leído mucho. Y don Quijote, NO OS CREÁIS,  no se había vuelto loco de tanto leer. No. Igual que Cervantes, que tampoco estaba nada loco. Tenía la cabeza muy bien amueblada. Don Quijote ha leído tanto que su mundo se ha hecho mucho más grande que su casa en un lugar de La Mancha, de cuyo nombre nadie se acuerda. Su mundo es el universo entero. Por eso quiere ser un personaje como los de las novelas que ha leído. Quiere ser un caballero de novela. Enamorado, compasivo, aventurero. Bueno. Quiere ser un hombre bueno. No consigue ser caballero, y tampoco tiene éxito en el amor. Pero sí que consigue ser un hombre bueno, y sí que consigue ser un personaje de novela. Cervantes, el mago Cervantes, lo ha convertido en el personaje más universal de la literatura. ¿Y por qué? ¿Porque estaba loco? No. Don Quijote es universal porque don Quijote somos todos. Tú, yo, ese señor de ahí, ese otro que lleva traje y corbata, esa señora tan elegante de ahí detrás. Las señoras que han limpiado el suelo de la sala en la que estamos. Todos somos don Quijote, porque todos queremos hacer de nuestra vida algo especial. Esa fue la enseñanza más hermosa que nos enseñó don Miguel de Cervantes. 

Esa, y que la palabra es el don más importante que nos ha sido concedido. Un don que alimenta al pensamiento, y que se alimenta de literatura, de teatro, de música, de poesía, de filosofía, de cine, de CULTURA. Eso que algunos piensan que no sirven para nada, porque no ven más allá de sus muy pequeñas narices. Todas las lámparas de la CULTURA, de la SABIDURÍA,  son las columnas en las que se asienta el ser humano. Y así lo ha hecho a lo largo de los siglos de la Historia con mayúscula. No alimentar la cultura en todas sus variantes es “pan para hoy, y hambre para mañana”, por usar un refrán, de los que tanto le gustaban a Sancho Panza. Eso lo supo bien Cervantes. Y don Quijote, que se alimentó de cultura para poder amar y seguir amando, a su inexistente Dulcinea, a las gentes con las que se encontraba en su camino, pero sobre todo, a la palabra, siempre creadora, sanadora y dadora de vida. 

Muchas gracias a lectores, libreros, comerciales, editores. Todos los que hacen y han hecho posible que hoy estemos aquí. Gracias especialmente a Pablo Cruz, editor de Anaya Infantil y Juvenil, que fue la primera persona que creyó en mi primera novela, y su “sí” significó el comienzo de este camino.Muchas gracias a los miembros del jurado por haber pensado que mis humildes novelas son merecedoras de este premio a la palabra creadora, que lleva el nombre de Cervantes. Es un honor inmenso para un escritor recibir este premio. Aquí, en este Teatro Salón Cervantes en el que tantas veces me senté para asistir a espléndidas representaciones. En esta calle, tan cercana a la casa en la que nació don Miguel. En esta ciudad, en la que viví dieciséis años, en la que me casé frente al catafalco de Cisneros, en la capilla de la Universidad. En Alcalá de Henares, donde di clase a quizás más de mil jóvenes que ahora están trabajando por el mundo. En Alcalá, mi casa, en  la que guardo muy queridos amigos. Y amigas. Para mí, recibir este premio en Alcalá de Henares, donde además escribí mis primeros libros, tiene mucho de esa magia maravillosa, y muchas veces inesperada, que nos da la fuerza creadora e inspiradora de la palabra. 

Por ella, por la palabra, por todos ustedes que hacen posible este premio en el que se  honra a un escritor, a maestros, a padres, a alumnos, a toda una comunidad educativa y CULTURAL, y que es el barco que TODOS compartimos, MUCHAS GRACIAS de todo corazón, y con toda mi emoción, que les aseguro que es MUCHÍSIMA. Muy BUENOS DÍAS a todos.